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miércoles, 3 de enero de 2018

Las nuevas estrellas que pueden enriquecer a la Liga (Yahoo)




Más de una vez, el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, acentuó la idea del peligro que representa que clubes como el suyo, o el Barcelona o el Bayern Munich, más ligados a sus socios, no puedan competir en un futuro cercano con aquellas entidades europeas que reciben dinero mediante una simulación de sponsors de empresas estatales cuando en realidad llega desde los mismos Estados que quieren promocionarse a través del deporte, como Qatar y otros países árabes, en lo que se llamó “dóping financiero”.

Por eso llama poderosamente la atención que ahora una versión creciente coloque a Neymar en el camino del Real Madrid para junio, cuando el brasileño acaba de pasar del Barcelona al PSG por 222 millones de euros, una cifra que muy pocos pueden pagar y cuando el club parisino también hizo una erogación de 180 millones por otro delantero, Kyllian Mbappé, del Mónaco.

Suena extraño, entonces, que el PSG deje ir a Neymar y menos a un club competidor como el Real Madrid, precisamente rival suyo en una prometedora llave de octavos de final de la Champìons League para febrero próximo, pero especialmente porque los recursos con los que cuentan los franceses (tal como lo dice el propio Pérez) es muy superior al de los blancos de la capital española, que en todo caso seducen con su tradición ganadora en el fútbol mundial.

Es esto mismo lo que también intenta hacer el Real Madrid para atraer a otro gran goleador, el inglés Harry Kane, del Tottenham Hotspur, equipo que lo postergó al segundo lugar de la tabla de posiciones de la fase de grupos de esta Champions, y que ya en el pasado le vendió a dos jugadores muy importantes, como el croata Luka Modric y el galés Gareth Bale.

En ambos casos, los jugadores fichados fueron protagonistas del culebrón del verano, con la ayuda de los diarios deportivos de Madrid, metiendo presión a los jugadores, esperándolos en las puertas de sus casas con guardias las 24 horas, y con Florentino Pérez negando cualquier transacción (“never, never, never”) como lo hizo sistemáticamente en otros veranos anteriores con David Beckham (desde Manchester United) o Ronaldo Nazario (desde Inter).

Claro que para poder pagar estos fichajes (en el caso de Kane, estamos refiriéndonos al máximo goleador del 2017 en todo el mundo, con 56 goles, por encima de Lionel Messi y de Cristiano Ronaldo) y para eso, el Real Madrid deberá primero transferir a algunos de sus jugadores. La lista comienza con Toni Kroos, pretendido por el Manchester United, y sigue por un excesivamente castigado Karim Benzema, de notables prestaciones en estos años, aunque criticado por no tener tanto gol aunque se haya cansado de jugar para que los hicieran sus compañeros.

El otro caso de posible salida es mucho más complejo y tiene menos relación con lo futbolístico y es el de Cristiano Ronaldo, de quien no hace falta decir demasiado, luego de sus cinco Balones de Oro como mejor jugador del año en el mundo. El portugués tiene serios problemas impositivos en España y ante la posibilidad de que el panorama oscurezca más, todo indica que busca un regreso al Manchester United en agosto, una vez que pase el Mundial de Rusia, y en ese caso, claro los blancos ya contarán con dinero para fichar otras estrellas.

El Barcelona también parece que puede llegar a cambiar mucho en 2018, pero en este caso, más rápido que su rival. Con el alta médica de Osmane Dembélé, que puede ayudar al entrenador Ernesto Valverde al sistema 4-3-3 junto a Lionel Messi y a Luis Suárez, ahora todo se centra en la llegada del brasileño Phillippe Coutinho, del Liverpool, al que ya los azulgranas pretendían en el mercado de verano pasado y que no llegó por muy poca diferencia.

Con Coutinho, y la posibilidad de llegada de un central como el joven y altísimo colombiano Yerry Mina, y acaso un volante de mucha técnica como el brasileño Arthur (de destacada tarea con el Gremio en la pasada Copa Libertadores que ganó su equipo), puede decirse que el Barcelona podría convertirse en un equipo temible, y mucho más si sumara al argentino Ángel Di María, del PSG.

Claro que el Barcelona deberá blindar a su central Samuel Umtiti, ante el primer interés del Manchester City por ficharlo, y dejará salir a Arda Turán y a Gerard Deulofeu, además de aceptar que Javier Mascherano, que perdió minutos y protagonismo, emigre en los próximos días al Hebei Fortune chino, con la idea de mantener una regularidad en el juego a sus 34 años, para no llegar al Mundial demasiado fuera de forma.

También el Atlético Madrid ya comenzó a mostrar sus cambios entresemana por la Copa del Rey al golear al Lleida con el regreso de un gran delantero como Diego Costa, también de la selección española, y el fichaje de Vitolo, quien hizo una corta escala en Las Palmas, luego de su prolífico paso por el Sevilla.

Claro que ante la superpoblación de delanteros, el Atlético, que ya tiene casi atado al joven argentino Lautaro Martínez (una de las más grandes promesas del fútbol albiceleste) para la próxima temporada, deberá desprenderse de Luciano Vietto (Valencia) y Nicolás Gaitán (con varias ofertas en Europa y de Boca Juniors).

Lo importante es que la Liga Española ha decidido resistir y pelear por el lugar más importante entre los torneos del mundo, más allá del acoso económico desde clubes con otras posibilidades como PSG o Manchester City, que podrían alterar en estos años un equilibrio entre las potencias europeas que se mantuvo durante muchos años.


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