Después de un año con reiterados episodios de violencia en las tribunas y adyacencias a los estadios, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) determinó que a partir del Torneo Apertura que comienza en este fin de semana, los diez partidos de cada jornada sean televisados y que los clubes restrinjan al máximo las capacidades para los hinchas del equipo visitante.
Los dirigentes de los veinte clubes que participan del nuevo torneo de primera división, se vieron obligados a firmar una solicitada en todos los periódicos en la que piden perdón a los simpatizantes por estas medidas que consideraron “provisorias”, y que se inscriben en medio de una gran polémica al considerarse que todas las medidas apuntan a beneficiar otra vez al monopolio de la televisión, en manos de una alianza entre el poderoso diario “Clarín” de Buenos Aires, y la empresa “Torneos y Competencias”, quienes conforman juntos la compañía TRISA (Telered Imagen Sociedad Anónima).
Si hasta la temporada 2006/07 se televisaban seis partidos (dos de pago, tres por TV cable y uno en TV abierta), desde la actual se emitirán los diez partidos de cada jornada, pero además, con el cambio sustancial de que ninguno de ellos irá por la TV convencional, por lo que la única forma de acceder al fútbol será pagando un servicio de TV por cable, o TV digital, o bien, concurrir a algún bar de cualquier ciudad argentina.
El problema no termina allí, sino que Clarín, parte de TRISA, es accionista principal de las dos compañías de TV cable (Multicanal y Cablevisión) que están a punto de fusionarse, y también controla el canal de cable que emite los partidos sin codificar (TyC Sports) que se emite por las dos empresas de TV cable, y que tampoco existe más que un escaso número de decodificadores, lo que perjudicará a los habitantes que se encuentren lejos de Buenos Aires.
En síntesis, el simpatizante que quiere ver a su equipo, sólo podrá hacerlo si tiene acceso a pagar un servicio de TV cable, y si su corazón palpita por Boca Juniors o River Plate, no le alcanzará con ello sino que además, deberá pagar un extra por el sistema codificado, porque estos dos equipos se televisarán siempre por este sistema.
Quienes piensan que de todos modos los clubes serán beneficiados por el aporte económico que significa ser televisados cada semana, deberán conocer algunos otros detalles sustanciales, como por ejemplo, que a partir de esta temporada, la totalidad de clubes del fútbol argentino, esto es, los veinte de Primera A, y los veintidós del Nacional B, recibirá en conjunto como pago anual la suma de 180 millones de pesos por parte de TRISA, que significan poco menos de 60 millones de dólares (unos 50 millones de euros entre los cuarenta y dos) que en la mayoría de los casos, representa menos que la suma recibida por la transferencia de algún buen jugador al fútbol europeo.
La AFA tiene contrato con TRISA para la emisión de partidos hasta el 2014, aunque una cláusula permitía a los clubes revisar este contrato al llegar 2007, y fue allí cuando aprovecharon para presionar a la compañía y al propio mandatario de la entidad futbolística argentina, y dirigente número dos de la FIFA, Julio Grondona, para lograr “un aumento” de lo que percibían antes, menos de la mitad, pero la suma sigue siendo escasa para lo que se paga en el resto del mundo, y con respecto a lo que ingresan en otros conceptos. Por ejemplo, River recibió mucho más dinero por el pase de su portero Carrizo al Lazio italiano, que lo que percibe por emitirse sus partidos por TV codificada, lo que lo aleja de mucho de su público.
Si cada abono mensual a la TV cable vale unos 60 pesos, y se calcula que hay unos 4 millones de abonados en todo el país, las dos compañías de TV cable recaudan mensualmente unos 240 millones de pesos (unos 50 millones de euros), y aún a esto hay que sumarle el ingreso por la venta de paquetes de partidos codificados, a 25 pesos cada uno (unos 6 euros). Si apenas se vendiera un cuarto de paquetes sobre el total de abonados, se agregarían a las arcas de las compañías unos 6 millones de euros más. Es decir, 56 millones de euros mensuales, que ya serían más que el total de lo pagado a los cuarenta y dos clubes en el año. Lo que significa una ganancia de más de 600 millones de euros de ganancia, a costa de llevar partidos televisados a los viernes a la tarde o noche, o sábados en doble turno, o domingos a las 14, en pleno horario de almuerzo.
En cuanto a la lucha contra la violencia en los estadios, se ha debatido acerca de que la no presencia de hinchas visitantes (algo habitual en una liga que tiene mayoría de equipos de la ciudad o la provincia de Buenos Aires y los traslados no son muy extensos), no significa terminar con la violencia, sino simplemente suspenderla por falta de “ejércitos” para pelearse, pero al mismo tiempo demuestra la imposibilidad de convivencia social en el mismo contexto, como puede ser un estadio, entre quienes sostienen ideas o divisas diferentes.
Con más de cincuenta jugadores emigrados a otras ligas (más del diez por ciento de la totalidad de jugadores de la temporada pasada), y con estadios vacíos y la TV frotándose las manos, aún queda un pequeño resquicio para que los especialistas sostengan que Boca Juniors (campeón de la Copa Libertadores) y San Lorenzo (último campeón oficial) aparecen como los dos máximos candidatos a llevarse el Torneo Apertura que acaba de iniciarse.
sábado, 4 de agosto de 2007
viernes, 3 de agosto de 2007
La liga argentina regresa con menos público y más TV (Columna de Yahoo)
3-8-07
Los estudiantes de cualquier curso de marketing del mundo entero podrían tomar como buen ejemplo el fútbol argentino como para pensar, en algún posible ejercicio de práctica, cuál es la tentación que aparece en su oferta si por primera vez los diez partidos de cada fecha serán televisados, y si los espacios en las tribunas para el público visitante en cada estadio se reducirán a la mitad, para evitar episodios de violencia reiterados, como en la bochornosa temporada pasada. Pero si además a todo esto le sumamos que los mejores cincuenta jugadores han emigrado a otros países, ya cuesta entender cuál sería la atracción para acercar a la gente al fútbol.
Paradójicamente, el fútbol argentino acaba de ganar su sexto título mundial sub-20 en Canadá, siendo el quinto en los últimos siete campeonatos, de los cuales en seis, al menos llegó a la instancia semifinal, pero tratándose de jugadores que no llegan aún a los 20 años, ya hay varios que no juegan en este torneo oficial que se inicia este fin de semana, como los casos del arquero Romero (AZ Alkmaar de Holanda), los defensores Fazio (Sevilla) o Insúa (Liverpool), o los delanteros Zárate (Qatar) o Agüero (Atlético Madrid).
Pero el éxodo de los jugadores ha quedado lejos en las polémicas cuando en los últimos días previos al inicio del campeonato reapareció el tema de la televisión. En la Argentina existe una empresa llamada paradójicamente “Torneos y Competencias” (TyC) que lo que menos tiene en el mercado es, precisamente, competencia a la hora de emitir los partidos, y lo más extraño es que hace pocos años, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) renovó su vínculo con ella hasta el 2014 y si se habla tanto de la injerencia de la TV es porque en ese contrato de extensión de derechos, se indicaba que en 2007, es decir, este año, los dirigentes de la AFA podían rever el contrato, cosa que amagaron hacer pero fueron rápidamente “convencidos” llevando al doble la contribución total de TyC, que con todo, apenas llega a los 180 millones de pesos (poco menos de 60 millones de dólares), una cifra bajísima teniendo en cuenta los impresionantes beneficios que el fútbol le ocasiona anualmente.
Para tener una remota idea, se cree que si hay un hecho que catapultó a la Liga Española entre las dos primeras del mundo, peleando palmo a palmo con la inglesa (a la que le arrebató a David Beckham, Thierry Henry y va por Frank Lampard) fue precisamente el tremendo aporte de la TV, que ahora al renovar los contratos en 2007, por ejemplo, el Real Madrid, solamente, recibió 1000 millones de euros (unos 1150 millones de dólares, es decir, sólo el club blanco recibió más de diez veces lo que todo el fútbol argentino, unos cuarenta clubes) de Mediapro, para aceptar que se emitieran sus partidos, mientras que el Barcelona cobró apenas una cifra inferior, unos 950 millones, y el Atlético Madrid, cerca de 300 millones de euros.
Podría decirse que el mercado argentino es menor que el europeo o que la moneda vale cuatro veces y medio menos que el euro, pero si se calcula cuántos abonados tiene la empresa de TV por cable que emitirá los partidos cada fin de semana, se podrá ver con mucha claridad el negocio que representa el fútbol para la TV argentina.
Si bien es un secreto a voces que la cantidad de abonados en todo el país, a la TV por cable, es apenas menor a cuatro millones, y con un abono mensual de cerca de 20 dólares, la recaudación mensual es de 80 millones de dólares, por lo cual en un mes se cubre con creces la paga de todos los clubes en todo el año. El resto, 880 millones de dólares, queda como ganancia, aunque la cuestión no termina allí. Porque este año se decidió aumentar a cinco, sobre un total de diez, los partidos que irán codificados, es decir, por el sistema de Pay Per View (PPV), que deben pagarse aparte, a un precio de 8 dólares más. Si bien se calcula que ya no será tanta la gente que se abone a este sistema porque es tradicional ir a observar los partidos a bares, sin dudas representa un nuevo ingreso a las arcas de TyC nada desdeñables, sumado a que al no poder verse ni un solo partido oficial por televisión abierta, habrá muchos nuevos abonados, es más que probable que la ganancia anual supere los 1000 millones de dólares, y cuando el fútbol, que genera el espectáculo, le llegan 60. Un escándalo.
A tal punto es desbalanceada la situación, que hoy no queda claro por qué clubes de la tradición de River Plate, Boca Juniors, Racing Club, Independiente o San Lorenzo, por citar los más grandes, deben someterse a los dictados de la TV, aceptando jugar en horarios nocturnos los viernes o sábados, cuando los ingresos de cada uno por este rubro son incluso inferiores a los de algunas transferencias de sus jugadores al exterior. Por ejemplo River obtuvo por el pase de su excelente arquero Carrizo al Lazio de Italia, más dinero que lo que recibirá por todo el año por la TV.
En cuanto a la asistencia de público, tampoco parece ser una solución la rápida decisión de la AFA de disminuir a la mitad la cantidad de espectadores de los equipos que jueguen como visitantes para evitar enfrentamientos, porque la violencia no pasa por el número (salvo que interese mostrar hacia fuera que en las estadísticas disminuyeron los muertos y heridos) sino por la aceptación social del otro como alguien que apenas simpatiza por el equipo rival pero no es el enemigo.
Pero en vez de combatir a favor de un cambio de concepción de lo que es un espectáculo deportivo, la AFA consideró más rápido y fácil, bajar el número de espectadores visitantes con la idea tentadora de que “cuanto menos gente se enfrente, menos violencia”, sin entender que es importante que la gente aprenda a tolerarse y convivir dentro de un mismo espacio social.
Claro que falta un punto para entender el motivo de la rápida disminución de espectadores visitantes. Los que no puedan acompañar desde ahora a su equipo (la gran mayoría), los que se perjudican con esta medida, no tendrán otra alternativa que abonarse a la TV por cable, incluso a veces comprar el sistema PPV, o al menos, ir al bar a consumir y ver allí el partido. Siempre gana la TV pero hay algo aún más insólito: no hay casi ningún periodista que lo pueda decir en un medio como el argentino, en el que TyC lo controla todo, o casi todo.
Los estudiantes de cualquier curso de marketing del mundo entero podrían tomar como buen ejemplo el fútbol argentino como para pensar, en algún posible ejercicio de práctica, cuál es la tentación que aparece en su oferta si por primera vez los diez partidos de cada fecha serán televisados, y si los espacios en las tribunas para el público visitante en cada estadio se reducirán a la mitad, para evitar episodios de violencia reiterados, como en la bochornosa temporada pasada. Pero si además a todo esto le sumamos que los mejores cincuenta jugadores han emigrado a otros países, ya cuesta entender cuál sería la atracción para acercar a la gente al fútbol.
Paradójicamente, el fútbol argentino acaba de ganar su sexto título mundial sub-20 en Canadá, siendo el quinto en los últimos siete campeonatos, de los cuales en seis, al menos llegó a la instancia semifinal, pero tratándose de jugadores que no llegan aún a los 20 años, ya hay varios que no juegan en este torneo oficial que se inicia este fin de semana, como los casos del arquero Romero (AZ Alkmaar de Holanda), los defensores Fazio (Sevilla) o Insúa (Liverpool), o los delanteros Zárate (Qatar) o Agüero (Atlético Madrid).
Pero el éxodo de los jugadores ha quedado lejos en las polémicas cuando en los últimos días previos al inicio del campeonato reapareció el tema de la televisión. En la Argentina existe una empresa llamada paradójicamente “Torneos y Competencias” (TyC) que lo que menos tiene en el mercado es, precisamente, competencia a la hora de emitir los partidos, y lo más extraño es que hace pocos años, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) renovó su vínculo con ella hasta el 2014 y si se habla tanto de la injerencia de la TV es porque en ese contrato de extensión de derechos, se indicaba que en 2007, es decir, este año, los dirigentes de la AFA podían rever el contrato, cosa que amagaron hacer pero fueron rápidamente “convencidos” llevando al doble la contribución total de TyC, que con todo, apenas llega a los 180 millones de pesos (poco menos de 60 millones de dólares), una cifra bajísima teniendo en cuenta los impresionantes beneficios que el fútbol le ocasiona anualmente.
Para tener una remota idea, se cree que si hay un hecho que catapultó a la Liga Española entre las dos primeras del mundo, peleando palmo a palmo con la inglesa (a la que le arrebató a David Beckham, Thierry Henry y va por Frank Lampard) fue precisamente el tremendo aporte de la TV, que ahora al renovar los contratos en 2007, por ejemplo, el Real Madrid, solamente, recibió 1000 millones de euros (unos 1150 millones de dólares, es decir, sólo el club blanco recibió más de diez veces lo que todo el fútbol argentino, unos cuarenta clubes) de Mediapro, para aceptar que se emitieran sus partidos, mientras que el Barcelona cobró apenas una cifra inferior, unos 950 millones, y el Atlético Madrid, cerca de 300 millones de euros.
Podría decirse que el mercado argentino es menor que el europeo o que la moneda vale cuatro veces y medio menos que el euro, pero si se calcula cuántos abonados tiene la empresa de TV por cable que emitirá los partidos cada fin de semana, se podrá ver con mucha claridad el negocio que representa el fútbol para la TV argentina.
Si bien es un secreto a voces que la cantidad de abonados en todo el país, a la TV por cable, es apenas menor a cuatro millones, y con un abono mensual de cerca de 20 dólares, la recaudación mensual es de 80 millones de dólares, por lo cual en un mes se cubre con creces la paga de todos los clubes en todo el año. El resto, 880 millones de dólares, queda como ganancia, aunque la cuestión no termina allí. Porque este año se decidió aumentar a cinco, sobre un total de diez, los partidos que irán codificados, es decir, por el sistema de Pay Per View (PPV), que deben pagarse aparte, a un precio de 8 dólares más. Si bien se calcula que ya no será tanta la gente que se abone a este sistema porque es tradicional ir a observar los partidos a bares, sin dudas representa un nuevo ingreso a las arcas de TyC nada desdeñables, sumado a que al no poder verse ni un solo partido oficial por televisión abierta, habrá muchos nuevos abonados, es más que probable que la ganancia anual supere los 1000 millones de dólares, y cuando el fútbol, que genera el espectáculo, le llegan 60. Un escándalo.
A tal punto es desbalanceada la situación, que hoy no queda claro por qué clubes de la tradición de River Plate, Boca Juniors, Racing Club, Independiente o San Lorenzo, por citar los más grandes, deben someterse a los dictados de la TV, aceptando jugar en horarios nocturnos los viernes o sábados, cuando los ingresos de cada uno por este rubro son incluso inferiores a los de algunas transferencias de sus jugadores al exterior. Por ejemplo River obtuvo por el pase de su excelente arquero Carrizo al Lazio de Italia, más dinero que lo que recibirá por todo el año por la TV.
En cuanto a la asistencia de público, tampoco parece ser una solución la rápida decisión de la AFA de disminuir a la mitad la cantidad de espectadores de los equipos que jueguen como visitantes para evitar enfrentamientos, porque la violencia no pasa por el número (salvo que interese mostrar hacia fuera que en las estadísticas disminuyeron los muertos y heridos) sino por la aceptación social del otro como alguien que apenas simpatiza por el equipo rival pero no es el enemigo.
Pero en vez de combatir a favor de un cambio de concepción de lo que es un espectáculo deportivo, la AFA consideró más rápido y fácil, bajar el número de espectadores visitantes con la idea tentadora de que “cuanto menos gente se enfrente, menos violencia”, sin entender que es importante que la gente aprenda a tolerarse y convivir dentro de un mismo espacio social.
Claro que falta un punto para entender el motivo de la rápida disminución de espectadores visitantes. Los que no puedan acompañar desde ahora a su equipo (la gran mayoría), los que se perjudican con esta medida, no tendrán otra alternativa que abonarse a la TV por cable, incluso a veces comprar el sistema PPV, o al menos, ir al bar a consumir y ver allí el partido. Siempre gana la TV pero hay algo aún más insólito: no hay casi ningún periodista que lo pueda decir en un medio como el argentino, en el que TyC lo controla todo, o casi todo.
jueves, 2 de agosto de 2007
Que papelon, estan jugando para la television
En otro tiempo esto era un cántico casi ingenuo en las canchas argentinas. Se bailaba para la televisión. Claro, no alcanzaba con la multitud vociferante, y había que complementarlo con el afuera, los que ya no podían entrar y se tenían que confirmar con ver los partidos "con la ñata contra el vidrio/pantalla" y esperar a que otra vez se pusieran en venta las entradas para el partido siguiente.
Qué lejos que parece todo eso. Hoy, el fútbol argentino, rendido ante el sucio mercado de los agentes que van y vienen, del monopolio de la TV de los Torneos sin Competencia que hacen lo que quieren y contienen un ejército de periodistas cual suplente de un Estado inexistente que ya ni siquiera controla ni mete sus narices en nada (tanto declamar en otros órdenes y en uno más fácil y local, inexplicablemente no lo hace), ya no tiene mucho para ofrecer.
Partidos sin convocatoria por la poca oferta de calidad de sus jugadores, cuando los cincuenta más importantes emigraron hacia cualquier destino en busca de un destino mejor, es decir, más del diez por ciento de todos los jugadores del torneo anterior. Gran posibilidad de que haya que vivir maltratos policiales, estadios con deficiencias estructurales que son avalados por los organismos de control ante el menor guiño o promesa vana de solución inmediata, y ni qué hablar de la violencia, que se está llevando lo poco que nos queda.
Y en ese contexto tan triste, tan desilusionante desde ya, los incapaces dirigentes del fútbol argentino, acostumbrados a atarlo todo con alambre y a pegarlo con cinta adhesiva, entendieron que la mejor forma de seguir tapando la realidad era con un pañuelo, que en este nuevo caso significó reducir la cantidad de simpatizantes en calidad de visitantes para evitar así más choques entre hinchadas/barras bravas.
Cuando en la semifinal de la Copa Libertadores de 2004 se enfrentaron Boca Juniors y River Plate a dos partidos, ambos sin hinchada visitante, pudimos comprobar una mayor violencia en el propio campo de juego, como aquello que por ejemplo ocurriera en el partido de ida entre Marcelo Gallardo, Horacio Amelli y Roberto Abbondanzieri, la recordada escena del arañazo. Por entonces, la prestigiosa psicóloga aplicada al deporte y titular de la cátedra en la Facultad de Psicología en la UBA, Liliana Grabín, me recordó que la violencia existente no se disipa, sino que se tranforma, se traslada, desde las tribunas al campo de juego ante la inexistencia de la barra rival para el enfrentamiento directo. Ahora nos preguntamos si esta ausencia de violencia en los estadios casi por decreto, desde la AFA, no se trasladará a otro orden, a otros días y a otros espacios sociales, o es que morirá allí, en el intento. Nos preguntamos si acaso puede esta sociedad violenta dejar de serlo sólo porque dirigentes sin la menor idea ni creatividad, decidieron que no haya convivencia para que entonces no haya violencia. Parece un razonamiento infantil. Por otra parte, estamos ante la presencia de otro hecho, paralelo, que no vimos que se haya mencionado mucho en los reiterados análisis sobre el fenómeno. Cada vez más, notamos que en los espacios públicos es difícil que grupos que defienden otra idea, otros colores, puedan convivir sin agredirse, sin insultarse, y ultimamente, sin aceptar al otro como tal, es decir, sin anular su propia existencia. Pasamos de "esta noche les tenemos que ganar" a "A esos putos les tenemos que ganar" y hasta al "jugadores, a ver si ponen huevos, no juegan contra nadie". Al menos antes eran horribles, o putos, pero eran. Hoy, ya ni siquiera son. "No jugamos contra nadie", "no existen". Ante ese peligro de negación del distinto, los dirigentes, en vez de buscar las raíces con seriedad, siguen en el mismo camino de la exclusión, todo por unos pocos pesos de más que la TV les da, para que no molesten, para que no chillen aunque sea dos días, para que Raúl Gámez, uno de los escasísimos quejosos, se callen de una buena vez.
Mientras gran parte del periodismo debate si Boca o River deberían traer a fulano o mengano, el fútbol se desangra, se vacía con estas medidas ineficaces por donde se las miren, pero además, entreguistas, y sólo el impecable Víctor Hugo Morales y su equipo de "Competencia", de Radio Continental (lo más digno, por lejos), mantiene su independencia de criterios y su profundidad. El resto, a callar complicemente, para luego en muchos casos, aparecer luego hipocritamente como "combativos y progres".
Pocos se preguntan a quién cuernos favorece más que los hinchas no puedan seguir a sus equipos como visitantes, o como bien sostienen Morales y su equipo, que la TV esclavice a los clubes aún pagando por año menos que el pase de un jugador al exterior. Y cuál es entonces el rol de Julio Grondona, presidente de la AFA y dirigente número dos del fútbol mundial, pero también, por qué el Estado no puede regular esta situación y terminar de una vez por todas con que buena parte del país sólo pueda ver a River o a Boca (ahora que irán siempre por TyC Max), en el rato que aparezcan en el "Fútbol Deprimente" de los domingos a la noche. Ni qué hablar de los tres minutos por reloj que tendrán los hinchas de Bánfield o Argentinos Juniors, por dar dos casos, que no tegan el dinero para pagar al menos una consumisión en un bar de cualquier punto del país.
Sin dudas, antes estaban balando para la televisión. Ahora, ya juegan decididamente para ella.
Qué lejos que parece todo eso. Hoy, el fútbol argentino, rendido ante el sucio mercado de los agentes que van y vienen, del monopolio de la TV de los Torneos sin Competencia que hacen lo que quieren y contienen un ejército de periodistas cual suplente de un Estado inexistente que ya ni siquiera controla ni mete sus narices en nada (tanto declamar en otros órdenes y en uno más fácil y local, inexplicablemente no lo hace), ya no tiene mucho para ofrecer.
Partidos sin convocatoria por la poca oferta de calidad de sus jugadores, cuando los cincuenta más importantes emigraron hacia cualquier destino en busca de un destino mejor, es decir, más del diez por ciento de todos los jugadores del torneo anterior. Gran posibilidad de que haya que vivir maltratos policiales, estadios con deficiencias estructurales que son avalados por los organismos de control ante el menor guiño o promesa vana de solución inmediata, y ni qué hablar de la violencia, que se está llevando lo poco que nos queda.
Y en ese contexto tan triste, tan desilusionante desde ya, los incapaces dirigentes del fútbol argentino, acostumbrados a atarlo todo con alambre y a pegarlo con cinta adhesiva, entendieron que la mejor forma de seguir tapando la realidad era con un pañuelo, que en este nuevo caso significó reducir la cantidad de simpatizantes en calidad de visitantes para evitar así más choques entre hinchadas/barras bravas.
Cuando en la semifinal de la Copa Libertadores de 2004 se enfrentaron Boca Juniors y River Plate a dos partidos, ambos sin hinchada visitante, pudimos comprobar una mayor violencia en el propio campo de juego, como aquello que por ejemplo ocurriera en el partido de ida entre Marcelo Gallardo, Horacio Amelli y Roberto Abbondanzieri, la recordada escena del arañazo. Por entonces, la prestigiosa psicóloga aplicada al deporte y titular de la cátedra en la Facultad de Psicología en la UBA, Liliana Grabín, me recordó que la violencia existente no se disipa, sino que se tranforma, se traslada, desde las tribunas al campo de juego ante la inexistencia de la barra rival para el enfrentamiento directo. Ahora nos preguntamos si esta ausencia de violencia en los estadios casi por decreto, desde la AFA, no se trasladará a otro orden, a otros días y a otros espacios sociales, o es que morirá allí, en el intento. Nos preguntamos si acaso puede esta sociedad violenta dejar de serlo sólo porque dirigentes sin la menor idea ni creatividad, decidieron que no haya convivencia para que entonces no haya violencia. Parece un razonamiento infantil. Por otra parte, estamos ante la presencia de otro hecho, paralelo, que no vimos que se haya mencionado mucho en los reiterados análisis sobre el fenómeno. Cada vez más, notamos que en los espacios públicos es difícil que grupos que defienden otra idea, otros colores, puedan convivir sin agredirse, sin insultarse, y ultimamente, sin aceptar al otro como tal, es decir, sin anular su propia existencia. Pasamos de "esta noche les tenemos que ganar" a "A esos putos les tenemos que ganar" y hasta al "jugadores, a ver si ponen huevos, no juegan contra nadie". Al menos antes eran horribles, o putos, pero eran. Hoy, ya ni siquiera son. "No jugamos contra nadie", "no existen". Ante ese peligro de negación del distinto, los dirigentes, en vez de buscar las raíces con seriedad, siguen en el mismo camino de la exclusión, todo por unos pocos pesos de más que la TV les da, para que no molesten, para que no chillen aunque sea dos días, para que Raúl Gámez, uno de los escasísimos quejosos, se callen de una buena vez.
Mientras gran parte del periodismo debate si Boca o River deberían traer a fulano o mengano, el fútbol se desangra, se vacía con estas medidas ineficaces por donde se las miren, pero además, entreguistas, y sólo el impecable Víctor Hugo Morales y su equipo de "Competencia", de Radio Continental (lo más digno, por lejos), mantiene su independencia de criterios y su profundidad. El resto, a callar complicemente, para luego en muchos casos, aparecer luego hipocritamente como "combativos y progres".
Pocos se preguntan a quién cuernos favorece más que los hinchas no puedan seguir a sus equipos como visitantes, o como bien sostienen Morales y su equipo, que la TV esclavice a los clubes aún pagando por año menos que el pase de un jugador al exterior. Y cuál es entonces el rol de Julio Grondona, presidente de la AFA y dirigente número dos del fútbol mundial, pero también, por qué el Estado no puede regular esta situación y terminar de una vez por todas con que buena parte del país sólo pueda ver a River o a Boca (ahora que irán siempre por TyC Max), en el rato que aparezcan en el "Fútbol Deprimente" de los domingos a la noche. Ni qué hablar de los tres minutos por reloj que tendrán los hinchas de Bánfield o Argentinos Juniors, por dar dos casos, que no tegan el dinero para pagar al menos una consumisión en un bar de cualquier punto del país.
Sin dudas, antes estaban balando para la televisión. Ahora, ya juegan decididamente para ella.
jueves, 26 de julio de 2007
Los juveniles y los mayores (Mi columna de yahoo)
Los juveniles argentinos ganan lo que los grandes no pueden
Por Sergio Levinsky
27-7-07
En la columna de la semana pasada planteábamos la extraña situación que vive la selección argentina, que desde 1993 no ha logrado ganar ningún título internacional, y se sumó ahora la paradoja de que prácticamente en el mismo período, los equipos de jugadores menores de 20 años han logrado cinco de los últimos siete mundiales de la categoría, sumando el conseguido el pasado domingo en Toronto, Canadá.
Cabe preguntarse entonces, por qué tanta diferencia entre juveniles, que muchas veces son ya profesionales en sus equipos, con mayores que en muchos casos hasta son compañeros de estos jóvenes, y algo más trascendente aún: ¿por qué estos mismos juveniles en muchos casos luego no llegan a ganar algo en el paso siguiente, o tan siquiera llegan a integrar la selección mayor?
Una explicación al éxito de los distintos seleccionados argentinos juveniles (ya había ganado el Mundial de 1979 en Japón con una generación dorada con Diego Maradona, Ramón Diaz, Gabriel Calderón, Juan Barbas o Juan Simón), que ganaron los torneos de Qatar (1995), Malasia (1997), Argentina (2001), Holanda (2005) y la reciente de Canadá (2007) puede ser la de que a diferencia de los conjuntos de los otros continentes, los sudamericanos, pero en especial los argentinos, llegan y rápidamente a jugar en primera división por tratarse de un país netamente exportador de jugadores.
La diferencia entre el valor del peso (la moneda nacional argentina) y el dólar o el euro determina que la mayoría de los jugadores con cierta capacidad prefiera emigrar para hacer una diferencia económica y salvar a sus familiar y salvarse individualmente, regresando ya en el final de sus carreras, cuando sobrepasan los treinta años, o a veces retornan unos meses al país con la única idea de jugar en los mejores equipos para volverse a mostrar y ser ahora vendidos a clubes europeos de mayor importancia. Es decir que cuando regresan a la Argentina en una edad entre los veinte y los treinta años, es sólo un puente para volver a emigrar. Es por eso que se dice que los torneos argentinos de primera división son casi sub-20 o plus-30.
Entonces sucede que cuando los jugadores argentinos llegan a un Mundial de la categoría sub-20, muchos de ellos ya han jugado partidos de torneos oficiales con mucha presión, amenazas de los hinchas violentos en la semana, la prensa buscándolos para entrevistarlos, mientras que por lo general sus rivales aún no han debutado en primera división y no conocen a fondo estas presiones. Casi podría decirse que los mundiales sub-20 enfrentan a profesionales contra jóvenes, y allí se establece un desequilibrio, que por ejemplo pudo comprobarse en la final de Canadá.
Siendo los jugadores checos más altos y fornidos que los argentinos, por lo general de contextura pequeña, en los últimos veinte minutos pudo verse en la final cómo muchos jugadores checos eran atendidos por su cuerpo médico debido a calambres por no resistir el embate rival. Es decir que la fuerza y la propia tensión del juego les obró en contra por falta de experiencia. Por contrario, el equipo argentino aprovechó el pico de presión para dar vuelta el arcador y consagrarse campeón.
Por el lado de los jugadores europeos o asiáticos puede decirse lo contrario, que al tratarse de países importadores de jugadores (en especial los europeos), sus jugadores jóvenes no suelen tener lugar en sus equipos al ser tapados por estrellas provenientes del exterior, y tardan demasiado en subir a la primera división, y es uno de los motivos por el que en un Mundial sub-20, son demasiado inexpertos para enfrentar a jugadores con mucho rodaje.
Más allá de esta circunstancia está el trabajo en sí del cuerpo técnico argentino desde que en 1995, y cansada de los problemas de relación entre las categorías mayores y juveniles, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) decidió cambiar de raiz y terminar con la etapa anterior, por la cual el entrenador de la selección mayor decidía la contratación del de la juvenil. La AFA decidió generar un departamento distinto para los juveniles y llamó por primera vez a concurso de antecedentes, y fue allí que ganó el entonces casi ignoto José Pekerman, ex jugador en los años setenta quien por entonces había desarrollado un excelente trabajo con los juveniles de Colo Colo en Chile y antes de eso, manejaba un taxi por falta de trabajo.
Pekerman desarrolló una idea cabal para los jóvenes, no sólo regresando a las fuentes futbolísticas, con un juego de pelota al ras del piso que caracterizó siempre a los argentinos, sino generando fuera del campo un comportamiento ejemplar que hizo que hasta 2005, los equipos argentinos ganaran también el premio Fair Play. Es decir, generó una ética al servicio de los equipos juveniles. Parte de su anterior cuerpo técnico luego, ya sin él, ganó también mundiales, como Francisco Ferraro en 2005 o Hugo Tocalli en 2007.
Sin embargo, muchos de esos jóvenes ganadores de tantos mundiales (Argentina también fue semifinalista en Emiratos Arabes en 2003), fueron postergando su llegada a la selección mayor, porque la generación de futbolistas que comenzaron con la dirección técnica de Daniel Passarella en 1995, taponaron su llegada, al jugar en los principales clubes europeos. Es decir, el proceso de renovación no fue a la velocidad que debió ir. Siendo Pekerman el entrenador de la selección mayor en Alemania 2006, intentó el primer cambio apelando a muchos de sus jugadores en tiempos de los mundiales sub-20, pero todo indica que ante el fracaso de esta Copa América de Venezuela, el actual entrenador argentino, Alfio Basile, terminará de profundizar este proceso que parece irreversible.
Por Sergio Levinsky
27-7-07
En la columna de la semana pasada planteábamos la extraña situación que vive la selección argentina, que desde 1993 no ha logrado ganar ningún título internacional, y se sumó ahora la paradoja de que prácticamente en el mismo período, los equipos de jugadores menores de 20 años han logrado cinco de los últimos siete mundiales de la categoría, sumando el conseguido el pasado domingo en Toronto, Canadá.
Cabe preguntarse entonces, por qué tanta diferencia entre juveniles, que muchas veces son ya profesionales en sus equipos, con mayores que en muchos casos hasta son compañeros de estos jóvenes, y algo más trascendente aún: ¿por qué estos mismos juveniles en muchos casos luego no llegan a ganar algo en el paso siguiente, o tan siquiera llegan a integrar la selección mayor?
Una explicación al éxito de los distintos seleccionados argentinos juveniles (ya había ganado el Mundial de 1979 en Japón con una generación dorada con Diego Maradona, Ramón Diaz, Gabriel Calderón, Juan Barbas o Juan Simón), que ganaron los torneos de Qatar (1995), Malasia (1997), Argentina (2001), Holanda (2005) y la reciente de Canadá (2007) puede ser la de que a diferencia de los conjuntos de los otros continentes, los sudamericanos, pero en especial los argentinos, llegan y rápidamente a jugar en primera división por tratarse de un país netamente exportador de jugadores.
La diferencia entre el valor del peso (la moneda nacional argentina) y el dólar o el euro determina que la mayoría de los jugadores con cierta capacidad prefiera emigrar para hacer una diferencia económica y salvar a sus familiar y salvarse individualmente, regresando ya en el final de sus carreras, cuando sobrepasan los treinta años, o a veces retornan unos meses al país con la única idea de jugar en los mejores equipos para volverse a mostrar y ser ahora vendidos a clubes europeos de mayor importancia. Es decir que cuando regresan a la Argentina en una edad entre los veinte y los treinta años, es sólo un puente para volver a emigrar. Es por eso que se dice que los torneos argentinos de primera división son casi sub-20 o plus-30.
Entonces sucede que cuando los jugadores argentinos llegan a un Mundial de la categoría sub-20, muchos de ellos ya han jugado partidos de torneos oficiales con mucha presión, amenazas de los hinchas violentos en la semana, la prensa buscándolos para entrevistarlos, mientras que por lo general sus rivales aún no han debutado en primera división y no conocen a fondo estas presiones. Casi podría decirse que los mundiales sub-20 enfrentan a profesionales contra jóvenes, y allí se establece un desequilibrio, que por ejemplo pudo comprobarse en la final de Canadá.
Siendo los jugadores checos más altos y fornidos que los argentinos, por lo general de contextura pequeña, en los últimos veinte minutos pudo verse en la final cómo muchos jugadores checos eran atendidos por su cuerpo médico debido a calambres por no resistir el embate rival. Es decir que la fuerza y la propia tensión del juego les obró en contra por falta de experiencia. Por contrario, el equipo argentino aprovechó el pico de presión para dar vuelta el arcador y consagrarse campeón.
Por el lado de los jugadores europeos o asiáticos puede decirse lo contrario, que al tratarse de países importadores de jugadores (en especial los europeos), sus jugadores jóvenes no suelen tener lugar en sus equipos al ser tapados por estrellas provenientes del exterior, y tardan demasiado en subir a la primera división, y es uno de los motivos por el que en un Mundial sub-20, son demasiado inexpertos para enfrentar a jugadores con mucho rodaje.
Más allá de esta circunstancia está el trabajo en sí del cuerpo técnico argentino desde que en 1995, y cansada de los problemas de relación entre las categorías mayores y juveniles, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) decidió cambiar de raiz y terminar con la etapa anterior, por la cual el entrenador de la selección mayor decidía la contratación del de la juvenil. La AFA decidió generar un departamento distinto para los juveniles y llamó por primera vez a concurso de antecedentes, y fue allí que ganó el entonces casi ignoto José Pekerman, ex jugador en los años setenta quien por entonces había desarrollado un excelente trabajo con los juveniles de Colo Colo en Chile y antes de eso, manejaba un taxi por falta de trabajo.
Pekerman desarrolló una idea cabal para los jóvenes, no sólo regresando a las fuentes futbolísticas, con un juego de pelota al ras del piso que caracterizó siempre a los argentinos, sino generando fuera del campo un comportamiento ejemplar que hizo que hasta 2005, los equipos argentinos ganaran también el premio Fair Play. Es decir, generó una ética al servicio de los equipos juveniles. Parte de su anterior cuerpo técnico luego, ya sin él, ganó también mundiales, como Francisco Ferraro en 2005 o Hugo Tocalli en 2007.
Sin embargo, muchos de esos jóvenes ganadores de tantos mundiales (Argentina también fue semifinalista en Emiratos Arabes en 2003), fueron postergando su llegada a la selección mayor, porque la generación de futbolistas que comenzaron con la dirección técnica de Daniel Passarella en 1995, taponaron su llegada, al jugar en los principales clubes europeos. Es decir, el proceso de renovación no fue a la velocidad que debió ir. Siendo Pekerman el entrenador de la selección mayor en Alemania 2006, intentó el primer cambio apelando a muchos de sus jugadores en tiempos de los mundiales sub-20, pero todo indica que ante el fracaso de esta Copa América de Venezuela, el actual entrenador argentino, Alfio Basile, terminará de profundizar este proceso que parece irreversible.
La Copa America en pleno replanteo (Mi columna en Yahoo)
Por Sergio Levinsky, desde Maracaibo, Venezuela
13-7-07
Otra Copa America llega a su fin con la gran final entre Argentina y Brasil, que concita el interes del mundo futbolistico, y sin embargo, ademas de la expectativa por el juego, en los hoteles y despachos comienza el replanteo sobre su formato, el tiempo en el que debe jugarse, el sistema y hasta la cantidad de participante a futuro.
Los protagonistas de la Copa, especialmente los dirigentes de la Confederación Sudamericana de Futbol (Conmebol) y los periodistas que han llegado a Venezuela a cubrir el certamen, coinciden en que hay muchos aspectos por mejorar desde que hay interes en ciento cincuenta paises por su televisacion y el consecuente crecimiento.
Y si hay un momento para ese replanteo, es claramente este. ¿El motivo? Que con este torneo de Venezuela se llega al punto final del primer ciclo de la serie de campeonatos sudamericanos con este nombre, que comenzara en Argentina en 1987 y que se paseara por otros nueve paises hasta completar el ultimo como posible sede, Venezuela, y llega el momento de recomenzar y ya el año esta decidido, sera en 2011. ¿Por qué no en 2008 o en 2012, coincidiendo con la Eurocopa de selecciones en un año par, y en medio de los años de disputa de Mundiales?
Los dirigentes sudamericanos creen que coincidir con la Eurocopa implicaria ser opacados por este opulento torneo, con las mejores selecciones del viejo continente, con las cadenas de televisión volcadas a esta cobertura, y aun con figuras del futbol europeo, la Copa America pasaria a ser un torneo B en la comparación. Tampoco puede organizarse, deducen, en el tercer año post-mundial porque en Sudamerica las eliminatorias para el Mundial comienzan en el final del primero año (como ahora, a fines de 2007) y se prolongan hasta noviembre del tercero, con lo cual una Copa America se superpondría con las eliminatorias y se devaluaria. Por esta razon, 2011 aparece claro en el futuro, ya que como en 2007, seria en el primer año posterior al Mundial, en este caso, de Sudáfrica 2010.
El oto punto en cuestion es donde debe jugarse. Eduardo Peluca, el argentino que es secretario general de la Conmebol, nos dijo personalmente que no hay dudas en que Argentina debe ser la proxima sede, al comenzar un nuevo ciclo de organización de los diez paises del continente, pero ante nuestra requisitoria acercade que la presidente de Chile, Michelle Bachelet, ya ha adelantado que pedira el torneo, el dirigente respondio con claridad: “mire, si todos los paises pidieran la sed a traves de su presidente, siempre quedaremos mal con los que no la obtengan. Esto es futbol y ahora le toca a Argentina”.
Sin embargo, supimos del inmenso lobby que por estos dias genera tanto la dirigencia de la Federación Mexicana como Jose Awila, representante de la empresa brasileña Traffic, dueña de los derechos de televison de la Copa, quienes pretenden el proximo torneo para Mexico por primera vez. Peluca sostiene con firmeza que Mexico “es pais invitado, no pertenece a la Conmebol y de ninguna manera podemos aceptar que la organización salga del continente” pero deja abierta una puerta para que se pueda organizar una Copa America Extra en 2009 en tierras aztecas.
Es que Mexico genra muchisimo dinero a traves de su muy buen mercado, la alta performance de sus equipos y selecciones, que ya compiten hace mas de una decada con sudamericanos, y posee en Televisa un gram emporio televisivo. Sumado esto a la infraestructura de estadios y hoteles por haber organizado ya dos mundiales y Juegos Olimpicos, Mexico no parece ser una sede desechable.
La otra alternativa que se maneja es la de organizar un nuevo torneo continental que se llamaria Copa de las Naciones, una especie de torneo Panamericano, con la presencia de todos los selccionados del continente americano, con la idea de llegar a una fase final de dieciséis equipos en cuatro grupos de cuatro, pero por primera vez esto necesitaria de eliminatorias al menos en la parte de norte y centro del continente, debido a que la Concaf, que agrupa a estas federaciones, tiene treinta y ocho afiliados.
La idea parece tener aceptación poque uno de los hechos mas preocupantes de estas ultimas Copas America es que con doce equipos (diez sudamericanos mas os invitados), se clasifican a cuartos de final dos de los terceros en sus grupos, y esto no solo quita calidad al certamen, sino que se generan algunos partidos “especiales” en la ukltima jornada, en los que ambos equipos se benefician con empatar, lo que deteriora el nivel y la credibilidad.
Paso por ejemplo en este certamen, en el que con un altisimo promedio de goles, en la ultima jornada de la primera fase, Mexico empato con Chile 0-0 o Uruguay ante Venezula por el mismo marcador, cuando era claro que ninguno queria tacar porque el empate era un buen resultado, y el publico terminaba perjudicandose.
Otro punto a tratar es el de la organización en si. Hay demasiados choques entre la Conmebol y la burocracia estatal en la mayoria de los paises sudamericanos, y es notable como chocan los intereses de los gobiernos con los de los dirigentes del futbol. En este sentido, en Venezuela todo fue mas complicado porque se trata de un pais en el que el futbol no ocupa el primer lugar en el gusto popular salvo en determinadas zonas, y pocos entendieron las necesidades internacionales.
13-7-07
Otra Copa America llega a su fin con la gran final entre Argentina y Brasil, que concita el interes del mundo futbolistico, y sin embargo, ademas de la expectativa por el juego, en los hoteles y despachos comienza el replanteo sobre su formato, el tiempo en el que debe jugarse, el sistema y hasta la cantidad de participante a futuro.
Los protagonistas de la Copa, especialmente los dirigentes de la Confederación Sudamericana de Futbol (Conmebol) y los periodistas que han llegado a Venezuela a cubrir el certamen, coinciden en que hay muchos aspectos por mejorar desde que hay interes en ciento cincuenta paises por su televisacion y el consecuente crecimiento.
Y si hay un momento para ese replanteo, es claramente este. ¿El motivo? Que con este torneo de Venezuela se llega al punto final del primer ciclo de la serie de campeonatos sudamericanos con este nombre, que comenzara en Argentina en 1987 y que se paseara por otros nueve paises hasta completar el ultimo como posible sede, Venezuela, y llega el momento de recomenzar y ya el año esta decidido, sera en 2011. ¿Por qué no en 2008 o en 2012, coincidiendo con la Eurocopa de selecciones en un año par, y en medio de los años de disputa de Mundiales?
Los dirigentes sudamericanos creen que coincidir con la Eurocopa implicaria ser opacados por este opulento torneo, con las mejores selecciones del viejo continente, con las cadenas de televisión volcadas a esta cobertura, y aun con figuras del futbol europeo, la Copa America pasaria a ser un torneo B en la comparación. Tampoco puede organizarse, deducen, en el tercer año post-mundial porque en Sudamerica las eliminatorias para el Mundial comienzan en el final del primero año (como ahora, a fines de 2007) y se prolongan hasta noviembre del tercero, con lo cual una Copa America se superpondría con las eliminatorias y se devaluaria. Por esta razon, 2011 aparece claro en el futuro, ya que como en 2007, seria en el primer año posterior al Mundial, en este caso, de Sudáfrica 2010.
El oto punto en cuestion es donde debe jugarse. Eduardo Peluca, el argentino que es secretario general de la Conmebol, nos dijo personalmente que no hay dudas en que Argentina debe ser la proxima sede, al comenzar un nuevo ciclo de organización de los diez paises del continente, pero ante nuestra requisitoria acercade que la presidente de Chile, Michelle Bachelet, ya ha adelantado que pedira el torneo, el dirigente respondio con claridad: “mire, si todos los paises pidieran la sed a traves de su presidente, siempre quedaremos mal con los que no la obtengan. Esto es futbol y ahora le toca a Argentina”.
Sin embargo, supimos del inmenso lobby que por estos dias genera tanto la dirigencia de la Federación Mexicana como Jose Awila, representante de la empresa brasileña Traffic, dueña de los derechos de televison de la Copa, quienes pretenden el proximo torneo para Mexico por primera vez. Peluca sostiene con firmeza que Mexico “es pais invitado, no pertenece a la Conmebol y de ninguna manera podemos aceptar que la organización salga del continente” pero deja abierta una puerta para que se pueda organizar una Copa America Extra en 2009 en tierras aztecas.
Es que Mexico genra muchisimo dinero a traves de su muy buen mercado, la alta performance de sus equipos y selecciones, que ya compiten hace mas de una decada con sudamericanos, y posee en Televisa un gram emporio televisivo. Sumado esto a la infraestructura de estadios y hoteles por haber organizado ya dos mundiales y Juegos Olimpicos, Mexico no parece ser una sede desechable.
La otra alternativa que se maneja es la de organizar un nuevo torneo continental que se llamaria Copa de las Naciones, una especie de torneo Panamericano, con la presencia de todos los selccionados del continente americano, con la idea de llegar a una fase final de dieciséis equipos en cuatro grupos de cuatro, pero por primera vez esto necesitaria de eliminatorias al menos en la parte de norte y centro del continente, debido a que la Concaf, que agrupa a estas federaciones, tiene treinta y ocho afiliados.
La idea parece tener aceptación poque uno de los hechos mas preocupantes de estas ultimas Copas America es que con doce equipos (diez sudamericanos mas os invitados), se clasifican a cuartos de final dos de los terceros en sus grupos, y esto no solo quita calidad al certamen, sino que se generan algunos partidos “especiales” en la ukltima jornada, en los que ambos equipos se benefician con empatar, lo que deteriora el nivel y la credibilidad.
Paso por ejemplo en este certamen, en el que con un altisimo promedio de goles, en la ultima jornada de la primera fase, Mexico empato con Chile 0-0 o Uruguay ante Venezula por el mismo marcador, cuando era claro que ninguno queria tacar porque el empate era un buen resultado, y el publico terminaba perjudicandose.
Otro punto a tratar es el de la organización en si. Hay demasiados choques entre la Conmebol y la burocracia estatal en la mayoria de los paises sudamericanos, y es notable como chocan los intereses de los gobiernos con los de los dirigentes del futbol. En este sentido, en Venezuela todo fue mas complicado porque se trata de un pais en el que el futbol no ocupa el primer lugar en el gusto popular salvo en determinadas zonas, y pocos entendieron las necesidades internacionales.
miércoles, 25 de julio de 2007
La seleccion sigue perdiendo
Por suerte, nosotros no tenemos que andar diciendo "yo se los advertí" porque quien puede seguirnos en el blog, basta con leer la nota anterior, "No todo lo que reluce es oro" y sacará sus conclusiones. Simplemente, y con el resultado puesto tras largos días de ausencia (primero, por haber viajado a Venezuela por medios europeos, luego, ya de regreso, por nanas de salud como consecuencia quizá del stress), no es nuestra intención caerle a la selección argentina por un mal resultado en la final ante Brasil, acaso el peor escenario imaginado, un 3-0 ante nuestros tradicionales adversarios y ellos con su equipo B, tal como en 2004 aunque en este caso, con menos fútbol para ofrecer que tres años atrás.
Creo que debemos centrarnos - al revés que la mayoría de los medios, absolutamente mediocres que buscan culpables "sólo" en los Zanetti, Ayala, el "no trabajo" de Alfio Basile, o las pavadas de los peudo intelectuales como la nota central de Clarín de hoy que basa todo en la falta de un supuesto líder "a la Obdulio Varela" en tiempos muy diferentes a los años cincuenta- en lo estructural.
Y el problema de la selección argentina, que es el problema del fútbol argentino como tal, es mucho mayor que los Zanetti o los Ayala, o una generación perdedora que misteriosamente ha convivido una década y media justo con muchas generaciones de campeones juveniles, paradojicamente postergados en sus ascensos por estos jugadores que son los más ricos, economicamente hablando, de la historia de nuestro fútbol, con bolsillos llenos y hambres disminuidos o directamente nulos.
El problema del fútbol argentino, lo venimos diciendo hasta el hartazgo aunque ni siquiera pretendemos ya que se nos escuche, y tan sólo lo decimos para que conste que no somos cómplices de todo el desastre organizativo (o "des"organizativo) que está matando nada menos que la gallina de los huevos de oro, mientras todo el ambiente sigue mirando impertérrito, es cómo la estructura se viene abajo y cada día se coloca un nuevo palo en la rueda.
El fútbol argentino lleva cuarenta años buscando la forma de autodestruirse porque dejó de ser el faro al que intentaban seguir todos hasta que el maldito Mundial de Suecia 1958 nos llevó a otra realidad, sin analizarse nunca que si se llevaba el mejor equipo posible (el de los Carasucias que ganaron brillantemente elSudamericano de Perú en 1957) otro hubiera sido el resultado. En cambio, al ir con jugadores más lentos, y sin competencia internacional porque el mundo era otro, se perdió de manera dura y al regreso los factores de poder impusieron un sistema mercantilista, tanto en el orden deportivo como institucional. Ya la creatividad, el libre albedrío y los jugadores rebeldes, dieron lugar a la férrea disciplina, jugadores obedientes y la figura pasó a ser el DT, "el Gran DT", y así nos comenzó a ir. Se justificó la viveza, se aplaudió jugar al límite del reglamento, la trampa comenzó a ser vista con buenos ojos, se desnaturalizaron primero los wines, después los número 10, al punto de llegar a la locura de querer retirar la camiseta de Diego Maradona sólo por seguir la costumbre de la NBA (nos preguntamos, en 2007, ¿qué camiseta pidió Sergio Agüero para llevar en el Mundial sub-20?), luego se comenzó a jugar sin marcadores de punta para pasar a los "laterales" que ni atacan, ni defienden. Luego, ante la falta de gente con oficio y bajita (necesaria porque para cerrar cerca de la raya hay que tirarse mucho al piso), se recurrió a colocar en la punta a los marcadores centrales, que desde ya, no logran cubrir ese hueco. No contentos con esto, ahora en el fútbol argentino se juega con doble y hasta triple "cinco" (en la selección, Mascherano, Verón, Cambiasso y a veces hasta Gago), para que entre dos o tres cumplan la función que antes cumplía, y con creces, uno solo (desde Néstor Rossi, o Angel Peruca, hasta Rattín, Marangoni, Raimondo y hasta Mosyaza Merlo). ¿No era que antes se corría menos y se tenía peor estado físico?, ¿cómo se explica, entonces, que lo que antes hacía uno solo ahora lo tienen que hacer dos o tres?. Si sacamos la conclusión de lo que venimos planteando, el fútbol argentino, sobre once posiciones originales que nos hicieron brillar en el mundo, perdió los dos marcadores de punta, los dos wines, y un delantero para jugar como "doble cinco", además de irse quedando sin número 10 tradicional, el reggista, el que manejaba el equipo. Es decir, practicamente seis posiciones cambiadas. ¿Cómo no vamos a perder identidad?
Otra cuestión que no hemos leído que se tratara en los medios es la siguiente. Si tomamos el caso de alguien que ha sido figura en el reciente Mundial juvenil como el Kun Agüero, y leemos las críticas que recibiera de su temporada en el Atlético Madrid, veremos que hay disconformidad con sus desempeños, mientras que apenas un par de meses después, no sólo era galardonado como la mejor figura del Mundial sub-20, sino que también fue el goleador y desde ya, campeón por segunda vez consecutiva. ¿Qué milagro ocurrió para que este mismo jugador ahora rinda lo que antes en España no? ¿no será que con el equipo juvenil argentino volvió a desligarse de los tacticismos inútiles de los europeos para retomar el recuerdo del remanente de la técnica argentina? es decir, ampliando los horizontes a los jugadores de la selección mayor. ¿No será también que, además de perder puestos claves en nuestro diseño de juego, nuestros jugadores se europeizan cada vez más y van perdiendo calidad? hay que recordar que para ganar el Mundial de 1986, más allá de que Carlos Bilardo contó con el mejor Maradona, tuvo a sus jugadores 40 días antes de la competencia, tiempo más que suficiente para "argentinizarlos".
Y luego llegamos a Basile. Se trata, indudablemente de un buen técnico. No por nada, con tiempo, construyó en Boca Juniors en la temporada 2005/06 un imperio que hubiera seguido con el tricampeonato si la comisión directiva no hubiera traído el terremoto de Ricardo La Volpe. Pero no nos parece cierto que se diga con tanto simplismo que Basile "representa el gusto de los argentinos" con su fútbol, porque este mismo Basile jugó esta Copa América con doble cinco, a veces hasta con tres cincos, y para eso dejó en el banco a Carlos Tévez. ¿Para marcar a quién? ¿no era que nuestra tradición era la del fútbol bonito, de ataque? la prensa barata argentina celebró el "gran" éxito de golear 4-1 a Estados Unidos B, o un 4-2 ante una flojísima Colombia, o un 4-0 ante un débil Perú. ¿Fue para tanto? creímos siempre que nunca se jugó tan bien. Es cierto que Brasil tampoco, y hasta menos que Argentina, pero planteó bien la final, y van tres partidos consecutivos en los que Brasil vence a la Argentina por tres goles de diferencia. Si bien Brasil también va por la vía de la argentinización, es decir, perdiendo alarmantemente posiciones clásicas en su esquema, al menos va más lento y sigue respetando cierta creatividad. Argentina, cada vez menos, y nos contentamos con pases horizontales de fulbito, con los que no progresamos en el terreno de juego. Hasta el propio Maradona lo dijo.
En síntesis. No descubrimos nada, pero no nos podemos sumar a la ola triunfalista antes, ni a la de los fracasos ahora. El problema no es ganar o no una final. El problema es mentirnos a nosotros mismos diciendo que esta selección es brillante y que juegan todos los que deben jugar. Mientras no volvamos EN SERIO a las fuentes, nos va a seguir pasando esto. Un día quizá no y ganemos y nos seguiremos mintiendo, pero por lo general, nos segurá pasando. El ejemplo son los juveniles, que juegan con la frescura que nos gusta, desafiando incluso los pésimos trabajos de inferiores y la falta de espejos en donde mirarse. Ya lo dijo sabiamente Hugo Tocalli luego de haber ganado el Mundial de Canadá (lo que le da aún más credibilidad): "Yo no quiero ser DT sólo para ir a un Mundial y ganarlo. Yo quiero un proyecto de trabajo, de crecimiento". ¿Esta AFA, este fútbol argentino, y estos medios exitistas de hoy, podrían ser el contexto de ese trabajo? Lamentablemente, creemos que no. Se gane o se pierda. Pero de fondo, siempre se pierde.
Creo que debemos centrarnos - al revés que la mayoría de los medios, absolutamente mediocres que buscan culpables "sólo" en los Zanetti, Ayala, el "no trabajo" de Alfio Basile, o las pavadas de los peudo intelectuales como la nota central de Clarín de hoy que basa todo en la falta de un supuesto líder "a la Obdulio Varela" en tiempos muy diferentes a los años cincuenta- en lo estructural.
Y el problema de la selección argentina, que es el problema del fútbol argentino como tal, es mucho mayor que los Zanetti o los Ayala, o una generación perdedora que misteriosamente ha convivido una década y media justo con muchas generaciones de campeones juveniles, paradojicamente postergados en sus ascensos por estos jugadores que son los más ricos, economicamente hablando, de la historia de nuestro fútbol, con bolsillos llenos y hambres disminuidos o directamente nulos.
El problema del fútbol argentino, lo venimos diciendo hasta el hartazgo aunque ni siquiera pretendemos ya que se nos escuche, y tan sólo lo decimos para que conste que no somos cómplices de todo el desastre organizativo (o "des"organizativo) que está matando nada menos que la gallina de los huevos de oro, mientras todo el ambiente sigue mirando impertérrito, es cómo la estructura se viene abajo y cada día se coloca un nuevo palo en la rueda.
El fútbol argentino lleva cuarenta años buscando la forma de autodestruirse porque dejó de ser el faro al que intentaban seguir todos hasta que el maldito Mundial de Suecia 1958 nos llevó a otra realidad, sin analizarse nunca que si se llevaba el mejor equipo posible (el de los Carasucias que ganaron brillantemente elSudamericano de Perú en 1957) otro hubiera sido el resultado. En cambio, al ir con jugadores más lentos, y sin competencia internacional porque el mundo era otro, se perdió de manera dura y al regreso los factores de poder impusieron un sistema mercantilista, tanto en el orden deportivo como institucional. Ya la creatividad, el libre albedrío y los jugadores rebeldes, dieron lugar a la férrea disciplina, jugadores obedientes y la figura pasó a ser el DT, "el Gran DT", y así nos comenzó a ir. Se justificó la viveza, se aplaudió jugar al límite del reglamento, la trampa comenzó a ser vista con buenos ojos, se desnaturalizaron primero los wines, después los número 10, al punto de llegar a la locura de querer retirar la camiseta de Diego Maradona sólo por seguir la costumbre de la NBA (nos preguntamos, en 2007, ¿qué camiseta pidió Sergio Agüero para llevar en el Mundial sub-20?), luego se comenzó a jugar sin marcadores de punta para pasar a los "laterales" que ni atacan, ni defienden. Luego, ante la falta de gente con oficio y bajita (necesaria porque para cerrar cerca de la raya hay que tirarse mucho al piso), se recurrió a colocar en la punta a los marcadores centrales, que desde ya, no logran cubrir ese hueco. No contentos con esto, ahora en el fútbol argentino se juega con doble y hasta triple "cinco" (en la selección, Mascherano, Verón, Cambiasso y a veces hasta Gago), para que entre dos o tres cumplan la función que antes cumplía, y con creces, uno solo (desde Néstor Rossi, o Angel Peruca, hasta Rattín, Marangoni, Raimondo y hasta Mosyaza Merlo). ¿No era que antes se corría menos y se tenía peor estado físico?, ¿cómo se explica, entonces, que lo que antes hacía uno solo ahora lo tienen que hacer dos o tres?. Si sacamos la conclusión de lo que venimos planteando, el fútbol argentino, sobre once posiciones originales que nos hicieron brillar en el mundo, perdió los dos marcadores de punta, los dos wines, y un delantero para jugar como "doble cinco", además de irse quedando sin número 10 tradicional, el reggista, el que manejaba el equipo. Es decir, practicamente seis posiciones cambiadas. ¿Cómo no vamos a perder identidad?
Otra cuestión que no hemos leído que se tratara en los medios es la siguiente. Si tomamos el caso de alguien que ha sido figura en el reciente Mundial juvenil como el Kun Agüero, y leemos las críticas que recibiera de su temporada en el Atlético Madrid, veremos que hay disconformidad con sus desempeños, mientras que apenas un par de meses después, no sólo era galardonado como la mejor figura del Mundial sub-20, sino que también fue el goleador y desde ya, campeón por segunda vez consecutiva. ¿Qué milagro ocurrió para que este mismo jugador ahora rinda lo que antes en España no? ¿no será que con el equipo juvenil argentino volvió a desligarse de los tacticismos inútiles de los europeos para retomar el recuerdo del remanente de la técnica argentina? es decir, ampliando los horizontes a los jugadores de la selección mayor. ¿No será también que, además de perder puestos claves en nuestro diseño de juego, nuestros jugadores se europeizan cada vez más y van perdiendo calidad? hay que recordar que para ganar el Mundial de 1986, más allá de que Carlos Bilardo contó con el mejor Maradona, tuvo a sus jugadores 40 días antes de la competencia, tiempo más que suficiente para "argentinizarlos".
Y luego llegamos a Basile. Se trata, indudablemente de un buen técnico. No por nada, con tiempo, construyó en Boca Juniors en la temporada 2005/06 un imperio que hubiera seguido con el tricampeonato si la comisión directiva no hubiera traído el terremoto de Ricardo La Volpe. Pero no nos parece cierto que se diga con tanto simplismo que Basile "representa el gusto de los argentinos" con su fútbol, porque este mismo Basile jugó esta Copa América con doble cinco, a veces hasta con tres cincos, y para eso dejó en el banco a Carlos Tévez. ¿Para marcar a quién? ¿no era que nuestra tradición era la del fútbol bonito, de ataque? la prensa barata argentina celebró el "gran" éxito de golear 4-1 a Estados Unidos B, o un 4-2 ante una flojísima Colombia, o un 4-0 ante un débil Perú. ¿Fue para tanto? creímos siempre que nunca se jugó tan bien. Es cierto que Brasil tampoco, y hasta menos que Argentina, pero planteó bien la final, y van tres partidos consecutivos en los que Brasil vence a la Argentina por tres goles de diferencia. Si bien Brasil también va por la vía de la argentinización, es decir, perdiendo alarmantemente posiciones clásicas en su esquema, al menos va más lento y sigue respetando cierta creatividad. Argentina, cada vez menos, y nos contentamos con pases horizontales de fulbito, con los que no progresamos en el terreno de juego. Hasta el propio Maradona lo dijo.
En síntesis. No descubrimos nada, pero no nos podemos sumar a la ola triunfalista antes, ni a la de los fracasos ahora. El problema no es ganar o no una final. El problema es mentirnos a nosotros mismos diciendo que esta selección es brillante y que juegan todos los que deben jugar. Mientras no volvamos EN SERIO a las fuentes, nos va a seguir pasando esto. Un día quizá no y ganemos y nos seguiremos mintiendo, pero por lo general, nos segurá pasando. El ejemplo son los juveniles, que juegan con la frescura que nos gusta, desafiando incluso los pésimos trabajos de inferiores y la falta de espejos en donde mirarse. Ya lo dijo sabiamente Hugo Tocalli luego de haber ganado el Mundial de Canadá (lo que le da aún más credibilidad): "Yo no quiero ser DT sólo para ir a un Mundial y ganarlo. Yo quiero un proyecto de trabajo, de crecimiento". ¿Esta AFA, este fútbol argentino, y estos medios exitistas de hoy, podrían ser el contexto de ese trabajo? Lamentablemente, creemos que no. Se gane o se pierda. Pero de fondo, siempre se pierde.
lunes, 2 de julio de 2007
No todo lo que reluce es oro en la selección
Acaso será pura intuición, pero fruncimos el ceño cuando comenzamos a leer en los diarios, o escuchar en la mayoría de las radios, o en los programas zalameros de la TV, cómo enseguida todo lo relativo a la selección argentina pasa a ser maravilloso, fabuloso. Lo que antes era una pelea en cada esquina (remember el pirulito de Clarín sobre que tres jugadores le habrían- ay, ese potencial....-pedido a Basile que no incluyera a Verón, o aquellos enfrentamientos entre "la Brujita" y Sorín), ahora se transformó en un saludable ambiente familiar, todos juntitos en la pileta, besos y abrazos. Y todo por un mero 4-1 al equipo B de los Estados Unidos. Bien ganado el partido, eso sí, pero convengamos en que ganarle por tres goles, con tanto jugador cotizado y tanta figura, a un conjunto de muchachos empeñosos que corren mucho y van generando cierta técnica a futuro, no es para tanto.
Entedemos desde el interior de los hechos esta necesidad marketinera de tener que vender el producto "selección argentina" porque hay mucho dinero atrás, mucho interés de sponsors, mucho gasto en pagos de derechos, y muchas horas por cubrir en TV, pero no se puede dejar de decir la verdad y es que los equipos nacionales argentinos, en mayores, al menos, siguen dando poco y nada de espectáculo a la vista. Muy a la argentina de estos tiempos, siguen "zafando" pero el compromiso con el espectáculo es escaso o nulo.
Podemos entender que hace mucho calor en Maracaibo, cómo no, o que el equipo necesita rodaje (palabras que repite Basile hasta el cansancio) pero hay muchas cosas que no entendemos y se necesitó que hablara (cuándo no) el propio Maradona para que muchos pudieran aceptarlo y dejara de ser tema tabú: se juega demasiado para atrás, o para los costados, cuando el fútbol se juega para adelante, para hacer goles. No se dice con esto que haya que ser necesariamente vertical, pero tampoco todo el tiempo horizontal, jugando sin arcos.
Se entiende que Riquelme o Verón, a quienes no se les discute su calidad, puedan ser más lentos, pero de ahí a no poder acelerar cada tanto, o alternarse en el cambio de ritmo, hay un trecho. Tampoco se entiende por qué siempre hay que partir en desventaja por estar en babia en el inicio, o por qué el equipo argentino sigue sufriendo goles desde jugadas como tiros libres o corners, como contra Argelia, Estados Unidos, o ahora Colombia. Y una que es más seria: ¿qué necesidad hay de jugar con Cambiasso por izquierda?, para lo cual hay que sacar a Tévez y resignar un delantero. ¿Para marcar a quién? luego leemos o escuchamos que Basile (y los medios que jamás parece que pueden ejercitar cinco minutos de meditación antes de repetir consignas como loros) habla del "gusto popular" sólo porque por fin utilizó nada más que el sentido común para convocar a los que siempre hubo que convocar (y así y todo, sigue Burdisso como lateral cuando todos sabemos que no lo es, y se insiste con Heinze del otro lado, cuando tampoco lo es). Lo que pedimos es que no se repita como loro que Argentina juega "la nuestra" porque en todo caso, si la juega, por ahora no pasa de un cuarto de hora por partido. Y si bien a veces puede parecer un espejismo, como sucede con esos toques cortos entre los que saben, no hay que olvidarse de que "la nuestra" es tocar corto y al ras, pero también en pared, y progresando de atrás hacia adelante, y no jugando sólo para atrás y cada muy tanto, para adelante.
La selección argentina tiene tanta calidad, que pese a todo, lleva ocho goles en dos partidos, pero no hay que olvidar tampoco, que dos equipos como EEUU y Colombia, le metieron tres, y que estuvo a dos goles de llegar ante Paaguay como primero del grupo, pero prefirió dormirse y quedar segundo, y ahora necesitará ganar. No parece importar mucho, pero si se empata con Paraguay, muy posiblemente haya que jugar ante México cuando de quedar primeros, tocaría Venezuela o Uruguay. Es decir que no es lo mismo ser primero que ser segundo. Dependía de la propia Argentina y quedaba sólo un tiempo, pero prefirió dormirse, aunque los medios seguirán diciendo que hizo "la nuestra", cuando cada día que pasa parece ser más "la de ellos".
Por ahora no todo lo que reluce es oro en la selección argentina. Gane, empate o pierda.
Entedemos desde el interior de los hechos esta necesidad marketinera de tener que vender el producto "selección argentina" porque hay mucho dinero atrás, mucho interés de sponsors, mucho gasto en pagos de derechos, y muchas horas por cubrir en TV, pero no se puede dejar de decir la verdad y es que los equipos nacionales argentinos, en mayores, al menos, siguen dando poco y nada de espectáculo a la vista. Muy a la argentina de estos tiempos, siguen "zafando" pero el compromiso con el espectáculo es escaso o nulo.
Podemos entender que hace mucho calor en Maracaibo, cómo no, o que el equipo necesita rodaje (palabras que repite Basile hasta el cansancio) pero hay muchas cosas que no entendemos y se necesitó que hablara (cuándo no) el propio Maradona para que muchos pudieran aceptarlo y dejara de ser tema tabú: se juega demasiado para atrás, o para los costados, cuando el fútbol se juega para adelante, para hacer goles. No se dice con esto que haya que ser necesariamente vertical, pero tampoco todo el tiempo horizontal, jugando sin arcos.
Se entiende que Riquelme o Verón, a quienes no se les discute su calidad, puedan ser más lentos, pero de ahí a no poder acelerar cada tanto, o alternarse en el cambio de ritmo, hay un trecho. Tampoco se entiende por qué siempre hay que partir en desventaja por estar en babia en el inicio, o por qué el equipo argentino sigue sufriendo goles desde jugadas como tiros libres o corners, como contra Argelia, Estados Unidos, o ahora Colombia. Y una que es más seria: ¿qué necesidad hay de jugar con Cambiasso por izquierda?, para lo cual hay que sacar a Tévez y resignar un delantero. ¿Para marcar a quién? luego leemos o escuchamos que Basile (y los medios que jamás parece que pueden ejercitar cinco minutos de meditación antes de repetir consignas como loros) habla del "gusto popular" sólo porque por fin utilizó nada más que el sentido común para convocar a los que siempre hubo que convocar (y así y todo, sigue Burdisso como lateral cuando todos sabemos que no lo es, y se insiste con Heinze del otro lado, cuando tampoco lo es). Lo que pedimos es que no se repita como loro que Argentina juega "la nuestra" porque en todo caso, si la juega, por ahora no pasa de un cuarto de hora por partido. Y si bien a veces puede parecer un espejismo, como sucede con esos toques cortos entre los que saben, no hay que olvidarse de que "la nuestra" es tocar corto y al ras, pero también en pared, y progresando de atrás hacia adelante, y no jugando sólo para atrás y cada muy tanto, para adelante.
La selección argentina tiene tanta calidad, que pese a todo, lleva ocho goles en dos partidos, pero no hay que olvidar tampoco, que dos equipos como EEUU y Colombia, le metieron tres, y que estuvo a dos goles de llegar ante Paaguay como primero del grupo, pero prefirió dormirse y quedar segundo, y ahora necesitará ganar. No parece importar mucho, pero si se empata con Paraguay, muy posiblemente haya que jugar ante México cuando de quedar primeros, tocaría Venezuela o Uruguay. Es decir que no es lo mismo ser primero que ser segundo. Dependía de la propia Argentina y quedaba sólo un tiempo, pero prefirió dormirse, aunque los medios seguirán diciendo que hizo "la nuestra", cuando cada día que pasa parece ser más "la de ellos".
Por ahora no todo lo que reluce es oro en la selección argentina. Gane, empate o pierda.
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