martes, 31 de agosto de 2021

Los recuerdos del “Maestrico” César González y su perspectiva para el partido del jueves: “Será duro, la selección argentina está con confianza y se nota la armonía” (Infobae)


 

- ¿Cómo es su presente?

- Con 38 años, sigo jugando al fútbol en el Atlético Venezuela, en Caracas. Estoy disfrutando de esta etapa de mi vida.

- Usted jugó muchos años en la Argentina, en Colón, Huracán, River y Gimnasia.  ¿Qué le genera cuando se acerca un partido entre Venezuela y Argentina y por una clasificación mundialista?

- Lo primero que ocurre es que cada vez que se enfrentan Venezuela y Argentina recibo muchísimas llamadas desde lo que es mi segunda casa, que me trae hermosos recuerdos de mi paso por el fútbol de allí y además, justo me fue muy bien en la Copa América de 2011, que también fue allá y para la que nos preparamos muy bien, primero en Isla de Margarita, luego en Buenos Aires. Ya me empiezo a alegrar cuando escucho la tonada de ustedes.

-. ¿En qué momento se encuentra la “Vinotinto”?

-  En cuanto a la producción de jugadores, cada vez crece más, y muchos se van al exterior. Creo que si el talento y las condiciones naturales del jugador venezolano se trabajan bien, nos va a ir bien. Lo que más falta es organización y dirigentes. Vamos a ver ahora, que hubo una renovación en la Federación (FVF) porque con un panorama más ordenado se va a poder crecer mucho más, pero creo que tenemos que parar con el discurso de “crecer” y empezar a hablar de “competir”. Hay que dar el paso siguiente que es apuntar a ir a un Mundial.

- Ahora, hay muchos jugadores venezolanos reconocidos.

- Claro que sí. Salomón Rondón acaba de firmar con el Everton, Yangel Herrera, con el Espanyol. Está Jefferson Soteldo en la MLS y antes en el Santos, Jefferson Savarino, en el Atlético Mineiro. Tenemos a Josef Martínez, a Tomás Rincón, jugadores muy importantes.

- Pero la FVF tuvo que cambiar de entrenador en medio de la clasificación mundialista. Se fue el portugués José Peseiro y llegó Leo González. ¿Qué puede aportar el nuevo DT? ¿Seguirá después de esta triple fecha o como dice la federación en el comunicado, va a salir a buscar a alguien con más trayectoria internacional?

- Leo González es un gran director técnico. Su continuidad o no en la selección venezolana dependerá de los resultados, pero me parece importante dar paso a alguien con experiencia internacional, que haya estado en Mundiales. Tenemos también entrenadores con peso, como César Farías o Richard Páez, pero en el caso del resto, todavía no tienen la experiencia suficiente en los altos niveles.

- Tomando en cuenta la tabla de clasificación mundialista en Sudamérica, ¿Venezuela tiene todavía chances de ir al Mundial 2022?

- Creo que el partido clave era como locales ante Paraguay, pero me imagino que en ese momento, todavía Peseiro estaría conociendo a los jugadores (por la segunda fecha, Paraguay ganó 0-1), pero hay que tratar de sumar muchos puntos, aunque nos toca uno de los más difíciles, Argentina, el campeón de América, y se nota la armonía que tiene, la confianza que tienen después de haber ganado la Copa América, que sumado a la garra y al talento y un jugador sobrenatural como Lionel Messi, va a ser un partido duro para empezar.

- Usted es muy recordado en la Argentina especialmente por sus pasos por Huracán y River, que fueron en momentos completamente diferentes. En River, le tocó estar en el peor año de su historia, justo cuando disputaba el Nacional B. ¿Cómo fue convivir con eso?

- Para mí es un orgullo haber vestido esa camiseta. Tuvimos una presión muy grande por ascender, y lo logramos por el equipo y el compañerismo que había, y con jugadores de mucho peso como Leo Ponzio o David Trezeguet y con un entrenador de personalidad como Matías Almeyda. En cambio, en Huracán pude disfrutar más del fútbol. Éramos  todos jóvenes y lo pasábamos muy bien. Siempre estoy pendiente del fútbol argentino.

- En Huracán, en 2009, se les escapó el título del Clausura contra Vélez en aquel controvertido partido de la última fecha.

- Sí, tengo un recuerdo muy triste de ese día porque llegamos con dos puntos más que ellos y éramos campeones con sólo empatar, pero aquella jugada del gol de ellos…en fin…pero me queda aquella alegría con la que jugábamos y fíjese que no se necesitaba tanto tiempo para armar un muy buen equipo. Teníamos pasión por lo que hacíamos en los entrenamientos, en la concentración. Nuestro entrenador, Ángel Cappa, fue muy importante.

- Hablando de entrenadores, acaba de salir campeón de la Copa de la Liga y dirigiendo a Colón un ex compañero suyo, Eduardo Domínguez.

- Sí lo sé, me puso muy contento. Le mandé una felicitación por el título de Colón con un conocido en común. Ya cuando era defensor de Huracán era un DT en potencia por la manera en que analizaba los partidos.

- Hizo una referencia a Cappa. ¿Cuáles fueron sus aportes en Huracán?

- Recuerdo que él se molestaba mucho con la prensa argentina porque lo criticaba mucho con eso del fútbol lírico. Lo que pasa es que él cree en ese fútbol y no en correr. No le gustaba cuando íbamos al gimnasio, nos decía que paráramos con eso, que jugáramos más al fútbol. Para él todo era la pelota. En esa pretemporada de 2009 hicimos once partidos amistosos, fútbol reducido, pero nada de andar corriendo por la playa o médanos. Todo pelota. Una vez vino Fernando Signorini  y recuerdo que nos dijo “la preparación física no existe”. Nos hacía querer la pelota. Cada partido era igual, más allá de los rivales, porque disfrutábamos jugando y los hinchas de todos los equipos se sacaban fotos con nosotros por la admiración que les generaba nuestro juego. Es que estaban Javier Pastore, Matías De Federico, Mario Bolatti…

- Lo de River en 2011/12 fue totalmente distinto…

- Sí, otra cosa. Había que ganar. Era un plantel con jugadores de mucha experiencia. El partido con mayor tensión fue como locales ante Instituto, y ganamos 1-0 con el gol de David Trezeguet, porque ahí quedamos primeros.

- Allí jugó Paulo Dybala para Instituto.

- Sí, tenía una habilidad terrible. Almeyda nos decía que tuviéramos cuidado porque jugaba muy bien y viniendo desde atrás. Ese partido fue clave.

- Y también la definición del ascenso.

- Ufff, eso fue tremendo. Estuvimos concentrados una semana en una posada en el Tigre, ni en el Monumental ni en el predio de Almeyda ni en Ezeiza, sino bien lejos de la gente, para estar enfocados. Recuerdo que íbamos del hotel boutique, en el que nos alojábamos, a los entrenamientos en lancha y regresábamos. Nos traían magos, comediantes, psicólogos. Y a veces venía a visitarnos también (Daniel) Passarella, el presidente.

- También pasó por Gimnasia y por Colón.

- Por Gimnasia sólo pasé dos meses y medio porque me fui poco más de dos meses antes a concentrarme con mi selección para la Copa América. Colón fue mi primer equipo en Argentina y me costó la adaptación. Leonardo Astrada me dijo que hasta los jugadores del interior tardan en acostumbrarse al fútbol argentino de primera y fui aprendiendo cosas. Yo venía de un fútbol mucho más tímido y allá todo se vice con gran intensidad y ganar o perder es de vida o muerte, y la vida es mucho más que eso, pero es la forma de vivir que tienen. Siempre mi sueño fue jugar allá.

- ¿Y qué opina de la liga argentina actual?

- Antes se jugaba mejor. Ahora se corre mucho. Me hace acordar a lo que nos decía Cappa, cómo se quejaba de los que corrían. Para mí fue un padre, un maestro, espero poder visitarlo en España.

- ¿Piensa ser entrenador en el futuro?

- No me preparo para eso. Por ahora quiero seguir disfrutando de jugar al fútbol y tratar de disputar alguna copa internacional. Tengo acá una academia de formación para niños y jóvenes con la idea de que crezcan y puedan jugar en las principales ligas del mundo.

lunes, 30 de agosto de 2021

La selección argentina es la única de Sudamérica que cuenta con los jugadores de la Premier League en el conflicto con los clubes europeos (Kicker)


 

Si bien el máximo tribunal del deporte mundial, el TAS, falló desde Suiza a favor de la FIFA y contra la Liga Española acerca de que los jugadores deben ser liberados para jugar en sus selecciones nacionales en las fechas de eliminatorias, en el caso del equipo argentino, la decisión de viajar a Caracas con los que militan en ligas europeas para el primer partido de la tanda de tres que se jugarán en septiembre, ya estaba tomada.

Si en Brasil el entrenador Tite tuvo que ampliar primero la lista con otros nueve convocados por si los de la Premier League no podían ser liberados por sus clubes y finalmente desconvocó a los que participan en Inglaterra, y lo mismo hizo con los suyos el director técnico de Uruguay, Oscar Tabárez, el de Argentina, Lionel Scaloni, se mantuvo firme y nunca  pensó en jugadores alternativos. “Tengo fe en que se va a resolver a nuestro favor”, dijo cuando le consultaron, y de hecho, sólo viajó a Caracas, donde el jueves juega su equipo ante Venezuela, con los dos únicos jugadores citados del fútbol local, el arquero Franco Armani y el delantero Julián Álvarez, ambos de River Plate, a la espera de los que juegan en Europa, que llegaron desde el lunes.

Tras el empate con el Brentford por la Premier League, el arquero Emiliano Martínez escribió en su red social “Punto muy disputado hoy. Próxima parada, Argentina”, justo en el momento en el que en el resto de las federaciones sudamericanas se daba por seguro que no llegarían sus jugadores que participan en el fútbol inglés.

A su vez, el Aston Vila emitió un comunicado tras la decisión del TAS, indicando que otorgaba un “permiso” a sus jugadores “de acuerdo con la reglamentación FIFA” para que viajaran con la selección argentina, pero que regresarían antes de jugar el tercero de los partidos de eliminatorias.

La selección argentina debe jugar el jueves 2 de septiembre ante Venezuela como visitante, el domingo 5 ante Brasil otra vez como visitante, y el jueves 9 ante Bolivia como local en el Monumental, en el que se ensayará el regreso del público a los estadios tras un año y medio, y con un aforo del 30 por ciento de la capacidad.

La idea original de los cuatro jugadores de la Premier League era jugar los dos primeros partidos ante Venezuela y Brasil y entrenarse diez días en una isla de Croacia, país que, a diferencia de los sudamericanos, no es considerado de riesgo para Inglaterra, como para estar listos para jugar en sus clubes al regresar, pero no se descarta que a último momento, la AFA los respalde si se quedan también al partido ante Bolivia.

“Es una historia con final feliz. Se trata de jugadores jóvenes y muy comprometidos con la selección argentina. Lo único que hizo la AFA fue hacer pesar el reglamento que la ampara, nada más”, dijo el gerente general de Selecciones Nacionales, Omar Souto.

Mientras se disputen estos tres partidos de eliminatorias sudamericanas, no se interrumpirá la liga argentina, cuya décima fecha se jugará entre el viernes 3 y el lunes 6, debido a que sólo dos jugadores del fútbol local fueron convocados para la selección argentina. En cambio, la pasada durante la pasada Copa América de Brasil no hubo competencia local porque ya había finalizado la Copa de la Liga y coincidió con el receso.


sábado, 28 de agosto de 2021

Los argentinos en el fútbol francés, su aportes a la selección en los Mundiales, grandes goleadores, mariscales y el inventor de la Roulette de Zidane (Infobae)


 


Lionel Messi podrá debutar, al fin, con el Paris Saint Germain para darse el gusto de jugar en una liga francesa en la que Diego Maradona estuvo muy cerca de participar, y que contó con muchos argentinos que hicieron historia, desde grandes goleadores como Delio Onnis o Carlos Bianchi en los años setenta, hasta mariscales como Ángel Hugo Bargas u Osvaldo Piazza, talentos como Marcelo Gallardo, Jorge Burruchaga o Alberto Márcico y hasta José Farías, el inventor de la “Roulette” que terminó tomando y trascendiendo al mundo Zinedine Zidane, José Urben Farías.

El aporte de los argentinos al fútbol galo es innegable, al punto de que uno de ellos (nacido en Francia pero hijo de argentinos y formado en las divisiones inferiores de Platense), David Trezeguet, no sólo fue campeón del mundo en 1998 sino que un gol suyo, en la final de la Eurocopa 2000,  ayudó a la obtención de este segundo título consecutivo para los “Blues”.

Otros dos argentinos, Néstor Combín y Héctor De Bourgoing, fueron mundialistas con la selección francesa en el Mundial de Inglaterra 1966.

Uno de los adelantados que pasó por la liga francesa fue el recordado Luis “Yiyo” Carniglia (1917-2001), de muy importante paso por Tigre y Boca Juniors, que recaló en el Olympique de Niza en la temporada 1951/52 y en 1953/55, con un intermedio en el Sporting Toulon en 1952/53, para continuar ligado más tarde al torneo galo como muy destacado director técnico del mismo club de Niza hasta 1957, lo que lo terminó catapultando al banco del Real Madrid, donde consiguió ser campeón de Europa dirigiendo a su compatriota Alfredo Di Stéfano, y terminó su carrera a cargo del Girondins de Burdeos en la temporada 1978/79.

Otro gran entrenador que primero jugó en Francia fue Helenio Herrera (1916-1997), quien tras iniciar su carrera en equipos marroquíes, pasó por varios equipos galos entre 1932 y 1945 (CASG París, Stade Franꞔais, OFC Charleville, EAC Roubaix, Red Star, EF París Capitale y CSM Puteaux), para llegar a ser el entrenador de la selección francesa entre 1946 y 1948 antes de sus éxitos en el Atlético Madrid, Barcelona e Inter de Milán.

“A nosotros siempre nos maravilla cómo juegan al fútbol los argentinos”, dijo en su visita al país Franꞔois Hollande, en ese entonces presidente de Francia, cuando recibió la compañía de uno de los ex jugadores más destacados de la historia gala, Trezeguet, quien si bien nació en Ruan en 1977, se inició futbolísticamente en las divisiones inferiores de Platense para luego pasar al Mónaco, donde marcó 62 goles en 125 partidos entre 1995 y 2000, antes de ser transferido a la Juventus.

Con el Mónaco ganó las ligas francesas de 1996/97 y 1999/2000 y la Supercopa de Francia de 1997. Participó en tres Mundiales (1998, 2002 y 2006) y en las Eurocopas de 2000 y 2004.

Los dos argentinos que pudieron vestir la camiseta francesa en un Mundial son Combín y De Bourboing, y ambos delanteros,  en Inglaterra. Combín (1940) era conocido como “le Foudre” (El Rayo) o luego en Italia como “Il Selvaggio” (El Salvaje), y su imagen aparece entre la de los grandes cracks de la historia del club en el acceso al estadio del Olympique de Lyon. Llegó a marcar 117 goles en la liga francesa (68 con el Lyon, con el que ganó la Copa de Francia en 1964 y 49 con el Red Star). Con la selección francesa llegó a marcar 4 goles en 8 partidos, ya veterano, de regreso de Italia, fue el goleador de la Ligue 2 en 1974.

Además de Torino y Juventus, Combín, nacido en Las Rozas, Santa Fe, integró el Milan campeón de Europa y de la Copa Intercontinental que venció en aquella final de 1969 al Estudiantes de La Plata de Osvaldo Zubeldía. En el partido de Buenos Aires, en la Bombonera, le fracturaron el tabique nasal y una vez que finalizó, fue detenido por la Policía Federal como desertor del Servicio Militar Obligatorio. A los pocos días fue dejado en libertad por la presión internacional.

De Bourgoing, nacido en Posadas en 1934 y fallecido en Burdeos en 1993, era un delantero procedente de Tigre que llegó a River a reemplazar los goles del extremo derecho Santiago Vernazza, transferido en 1957 al Palermo de Italia. Tuvo un buen paso junto a jugadores de la talla de Eliseo Prado y Norberto Menéndez y llegó a marcar 13 goles, pero en 1958 quedaron lejos del campeón, Racing y en 1959 emigró al Niza (65 goles en 114 partidos), en 1963, al Girondins de Burdeos (68 en 143) y en 1968 al Racing de París (6 en 16). Tras ganar la Copa América en Lima con los “Carasucias” de la selección argentina en 1957 obtuvo la nacionalidad francesa y disputó el Mundial 1966, y hasta convirtió un gol ante Uruguay en la derrota 2-.1 por la fase de grupos.

Uno de los futbolistas argentinos más reconocidos de la historia del fútbol francés es sin dudas José Urben Farías (nacido en 1937 en San Carlos de Bolívar y fallecido en 2004), el verdadero autor de “La Roulette”, un giro sobre la pelota pasándola de un pie al otro, que luego terminó identificando a Zinedine Zidane, quien reconoció del talentoso volante surgido en las divisiones inferiores de Boca, y que pasó también por Gimnasia, Lanús, Los Andes y Huracán.

En el fútbol de ascenso había logrado un promedio de un gol por partido hasta que llegó a Francia para brillar en distintos equipos entre 1962 y 1974. Comenzó en el Racing de País, luego recaló en el Lazio pero por un problema de papeles fue cedido al Racing de Estrasburgo,, donde ganó tanto la Liga como la Copa de Francia y marcó 47 goles en tres temporadas y aportó a la hazaña de desplazar al Milan y al Barcelona de la competencia europea hasta caer ante el Manchester United en los cuartos de final, y también vistió las camisetas del red Star y del Toulouse.

El gobierno francés llegó a distinguirlo con una medalla “por los servicios prestados” y posteriormente regresó a la Argentina para ser director técnico en Unión de Santa Fe, Témperley y Lanús y creó una escuela de entrenadores.

“Está en nuestra naturaleza –dijo una vez Farías-. Nosotros, los sudamericanos, somos grandes enamorados de la pelota. Desde muy chico, yo quise copiar a las estrellas. Vi jugar a Rubén Bravo, o René Pontoni, que tenía gestos técnicos extraordinarios, pero lo más impactante entre nosotros es la imaginación. Vean, por ejemplo, mi famosa jugada de La Roulette, como la llaman ustedes. Se la vi hacer a un ilustre desconocido en un terreno baldío. Un futbolista debe ser un mago con una valija”.

Farías fue compañero de equipo de otro argentino, del que se hizo amigo entrañable, Ángel Rambert – de destacada actuación en el Olympique de Lyon entre 1960 y 1970, que le valió jugar cinco partidos con la selección gala entre 1962 y 1964,  y un último año en el Avignon- al punto de que cuando éste falleció muy joven, a los 47 años, se convirtió en tutor y representante de su hijo, el ex delantero de Independiente y Boca Sebastián “Pascualito” Rambert.

En los años setenta hubo una gran corriente de futbolistas argentinos llegados al fútbol francés, la mayoría de ellos, con mucho éxito.

Ángel Hugo Bargas (1946), un marcador central surgido en las divisiones inferiores de Racing y campeón del Metropolitano 1969 con Chacarita Juniors, y luego integrante de la selección argentina en el Mundial de Alemania Occidental en 1974, llegó al Nantes en 1972, y fue tres veces campeón francés en 1973, 1977 y 1979, año en el que fue elegido como mejor jugador extranjero de la liga y se convirtió en ídolo de La Beaujoire, el estadio del equipo. Posteriormente siguió su carrera en el Metz (1979-81), Louhans Cuiseaux (1981-84) y Le Puy (1988), para finalizar en el Angouleme a los 41 años. Conocido como “El Mariscal”, llegó a marcar 26 goles en 374 partidos.

Ángel Marcos (1943),  un gran extremo derecho que fue compañero de Bargas en Chacarita aunque antes había jugado en Ferro y Nueva Chicago, y que participó en la selección argentina entre 1969 y 1971, fue transferido ese año al Nantes, donde también fue campeón en 1972/73 y vistió esa camiseta hasta 1975, con 34 goles en 82 partidos, para luego irse al Toulouse hasta 1978 y convirtió 38 goles en 86 partidos. Allí se retiró a los 36 años. Luego se dedicó a la dirección técnica de varios equipos franceses y de seleccionados africanos.

Para esa misma época también llegó al Nantes otro argentino, el goleador de Boca y oriundo de General Cabrera, Córdoba, Hugo “Tula” Curioni, surgido de Atlético Central de Bel Ville y que tuvo un gran paso por Instituto. Llegó para la temporada 1974/75, y convirtió 24 goles en 38 partidos, luego pasó por el Metz entre 1975 y 1978, con 59 goles en 109 partidos, un breve paso por el Troyes en 1978 con un gol en 5 partidos y finalmente en el Montpellier entre 1978 y 1980, con 21 tantos en 48 partidos, para regresar luego a terminar su carrera en la Argentina.

De Newell’s llegó al Stade de Reims en 1974 el extremo derecho Santiago “Cucurucho” Santamaría, Mundialista con la selección argentina en España 1982. Jugó 148 partidos hasta 1979 con 41 goles, aunque el más importante fue el que definió la Copa de Francia de 1977 ante el Saint Etienne. En 1980 regresó al club rosarino.

Otro argentino contratado dos años antes por el Reims fue el marcador central de River César Laraignée, quien tuvo una grave lesión en su rodilla en 1977, que truncó su carrera, aunque pudo jugar dos años más en el Stade Laval para finalizar su paso por Francia en el FC Rouen en la segnda división.

También muy destacada y extensa fue la campaña del delantero Raúl Nogués, llegado desde Chacarita en 1972 y que marcó 108 goles en 400 partidos jugando para Lille (1972/74), Olympique de Marsella (1974/77), Mónaco (1977/80), Niza (1980/81), , Saint Etienne (1981/82), RC Paris (1982/83), la Chaux De Fonds (1983/87), Etoile Carouge (1987/88) y FC Collex-Bossy (1988/89).

Pero sin dudas, los dos delanteros de mayor éxito en el fútbol francés de ese tiempo fueron Carlos Bianchi y Delio Onnis. “El Virrey” es recordado como un verdadero rompe redes y es un ídolo en tierras galas aunque no haya conseguido ser campeón en ninguno de los equipos en los que jugó (PSG, Stade Reims y Racing de Estrasburgo). Fue cinco veces máximo goleador de la Liga entre 1974 y 1979 y la primera gran estrella que contrató el PSG desde su fundación. En total marcó 179 goles en Francia (107 en el Reims, 64 en el PSG y 8 en el Estrasburgo) para quedar noveno en la tabla histórica. También dio en Francia sus primeros pasos como entrenador en el Stade Reims, para pasar luego por el Niza y el París FC antes de regresar a Vélez Sársfield y llegar a ser campeón intercontinental.

En Vélez, Bianchi tuvo como ayudante a Osvaldo Piazza, ex marcador central que tuvo una destacada carrera en el gran Saint Etienne que obtuvo el tricampeonato entre 1974 y 1976 y también se llevó tres Copas de Francia, 1974, 1975 y 1977 y llegó a ser finalista de la Copa de Campeones ante el Bayern Munich de Franz Beckenbauer, Sepp Maier y Gerd Müller en 1976. En 1975 fue elegido como mejor jugador extranjero de la Liga, en la que, en total, jugó 244 partidos.

Quien llegó a ser ocasionalmente compañero de Bianchi en el PSG fue Ramón “Cacho” Heredia, que provino del Atlético Madrid finalista de la Copa de Campeones que dirigía Juan Carlos Lorenzo y anteriormente había jugado en San Lorenzo. El también jugador de la selección argentina en el Mundial de 1974 vistió la camiseta del PSG entre 1977 y 1979, con un gol en 24 partidos, debido a que una lesión lo dejó afuera por varios meses y ya luego se retiró del fútbol.

Si Bianchi es uno de los grandes goleadores del fútbol francés, otro es el ítalo-argentino Delio Onnis, que fue apodado “El ADN del gol”. El ex delantero de Almagro y Gimnasia y Esgrima La Plata sigue siendo el máximo anotador de la historia con 299 tantos en 449 partidos  entre 1972 y 1986 vistiendo las camisetas del Stade de Reims (39), Mónaco (157), Tours (64) y Toulon (39). Fue cinco veces máximo goleador con tres equipos distintos. En 1975 y 1980 con el Mónaco, 1981 y 1982 con el Tours y en 1984 con el Toulon.

Otra gran estrella del fútbol argentino que pasó por la liga francesa fue el volante José Omar Pastoriza, quien jugó en el Mónaco entre 1972 y 1976, proveniente de Independiente. En 1974 ganó la Copa de Francia, y pudo festejarla con un ex compañero suyo en el “Rojo” de Avellaneda, el extremo izquierdo Anibal Tarabini, que jugó allí esa única temporada. En 1978/79 también vistió la camiseta del Mónaco el lateral Heriberto Correa, paraguayo nacionalizado argentino que llegó a jugar en la selección albiceleste.

Otros argentinos destacados a fines de los años setenta en Francia son el ex defensor de Colón e Independiente, Enzo Trossero, que jugó en el Nantes entre 1979 y 1981 y fue campeón en 1980,  Fernando Zapia, surgido de las divisiones inferiores de River y que pasó por Lanús y el fútbol austríaco antes de recalar en el Nancy (1980/83),  Metz (1983/87), Lille (1987/89) y otra vez Nancy (1989/90) para terminar su carrera en Atlanta en 1992.

También tuvieron un breve paso por el fútbol francés dos campeones mundiales de 1978. Norberto Alonso, en el Olympique de Marsella (1976/77) y Osvaldo Ardiles en 1982, a préstamo del Tottenham, debido a la Guerra de Malvinas, para luego regresar a Inglaterra.

Por esos años también tuvo un paso exitoso por Francia el delantero Oscar Víctor Trossero, que luego de jugar en Boca, Racing y Unión tuvo la posibilidad de recalar en el Nantes (1978/80, donde ganó la Copa y la Liga), el Mónaco (1980/81) y el Montpellier (1981/82) para regresar a River y fallecer poco tiempo después.

Por su parte, Omar Da Fonseca, quien estuvo cerca de Messi en la presentación, llegó desde Vélez en 1982 para jugar en el Tours y aunque estuvo una sola temporada en el PSG, en 1985,  fue el primer argentino en ganar un campeonato en este club, en el que jugó 25 partidos y marcó dos goles. Luego siguió en el Mónaco, el Toulouse y el Paris FC, donde se retiró en 1993 luego de marcar en total 69 goles en 244 partidos.

Quien también vistió la camiseta del PSG fue el ex campeón mundial juvenil 1979 y finalista en Italia 1990, Gabriel Calderón, entre 1987 y 1990, con 20 goles en 102 partidos, y en 1992/93 volvió a Francia para jugar una temporada en el Caen con 2 goles en 36 partidos.

Uno de los argentinos más destacados de los años ochenta en Francia fue sin dudas Jorge Burruchaga, campeón mundial con su selección en 1986 y que fue elegido como mejor jugador extranjero de la temporada 1985/86, la primera que disputó en este país. Jugó 139 partidos con esta camiseta y convirtió 27 goles. En 1992 pasó al Valenciennes, con 32 partidos y 10 goles, pero pasó por un duro momento cuando fue implicado en un caso de soborno alrededor de un partido contra el Olympique de Marsella y condenado a seis meses de prisión en suspenso y5000 francos de multa. Regresó a Independiente en 1995 para retirarse tres años después.

Burruchaga llegó a tener en el Nantes como compañero a otro campeón mundial de 1986, Julio Olarticoechea en la temporada 1986/87, luego de haber pasado por Racing, River y Boca. Luego regresó a la Argentina para jugar en Argentinos Juniors, nuevamente en Racing, y cerró su campaña en Deportivo Mandiyú en 1992. Otro argentino que jugó en el Nantes en aquella época es el delantero Víctor Ramos, ex Newell’s Old Boys, en 1985, cuando fueron subcampeones de liga. Luego siguió dos temporadas en el Toulon. Entre 1983 y 1985 había jugado también en el Nantes el marcador central Juan Simón, campeón mundial sub-20 en 1979 y finalista del Mundial 1990, que luego vistió la camiseta del Mónaco hasta 1987 y alcanzó a ganar la Copa y la Supercopa de Francia.

Por su parte, otro campeón del mundo de 1986, Sergio Almirón, llegó a vestir la camiseta del Tours –donde fue ídolo- en 1986/87 antes de regresar a Newell’s y terminar su carrera en los Tigres de México.

Otra de las grandes figuras de los años ochenta e ídolo del Toulouse fue Alberto Márcico. Si bien llegó de Ferro en 1985, su mejor momento fue en 1988/89, con compañeros como Yannick Stopyra y Phillippe Bergeroo, cuando eliminaron de la Copa UEFA al Nápoli de Diego Maradona. Permaneció siete temporadas en este equipo con 227 partidos y 62 goles, y para poder dejar el país para volver a la Argentina y jugar en Boca, debió dar una rápida vuelta olímpica saludando a los hinchas tras un triunfo, para regresar a su casa, cambiarse y dirigirse al aeropuerto con todo preparado para que no le pidieran que se quedara.

Márcico fue compañero de Alberto Tarantini, campeón mundial en 1978 y que tras jugar en Boca, talleres, River y el Birmingham inglés, llegó primero al Brest en 1983 y hasta 1985 y luego se incorporó al Toulouse hasta 1988 para finalizar su carrera en el St Gallen suizo en 1989.

Otros dos argentinos que jugaron en la liga francesa en los años ochenta fueron los ex marcadores centrales Jorge Higuaín - padre de Gonzalo, que por eso nació allí-, en la temporada 1987/88, y el ex campeón mundial y ya fallecido José Luis Brown, entre 1987 y 1989, ambos en el Brest. El “Tata” volvió a Francia para jugar en el Racing de Estrasburgo en 1989/90. También el goleador Ramón Díaz jugó para el Mónaco en 1989/90 tras un largo paso por distintos clubes italianos y antes de su regreso a River. Marcó 30 goles en 77 partidos.

Más adelante, en 1999, llegó al Mónaco Marcelo Gallardo, tras sus primeros seis años en River. Jugó hasta 2003 y fue una de las estrellas y pudo ganar la liga, la Supercopa de Francia y la Copa de la Liga y regresó a River en 2003 cuando el DT Didier Deschamps no lo tuvo en cuenta. Marcó 23 goles en 127 partidos. En 2007/08 volvió a Francia para jugar en el PSG, con 2 goles en 31 partidos.

Gallardo coincidió en Francia con el marcador central y ex finalista de Italia 1990, Néstor Fabbri, quien jugó en el Nantes entre 1998 y 2002, donde conquistó una Ligue 1, una Copa de la Liga y una Supercopa, para pasar una temporada más en el modesto Guingamp.

Uno de los más destacados jugadores argentinos del fútbol francés de principios del siglo XXI es el ex marcador central Gabriel Heinze, quien tras sus pasos por Newell’s, España y Portugal llegó al PSG en la temporada 2001/02 y se quedó dos años, con 8 goles en 132 partidos y ganó una Copa de Francia en 2004 y una Intertoto (2001), para luego regresar otras dos temporadas, de 2009 a 2011 en el Olympique de Marsella con 4 goles en 41 partidos y ganó dos Copas de la Liga, la Ligue 1 y la Supercopa de Francia.

Heinze llegó a ser compañero de zaga de otro ex Newell’s como Mauricio Pochettino, quien llegó al PSG en 2001 desde el Espanyol de Barcelona y se quedó por dos temporadas, con 4 goles en 81 partidos y actualmente es el entrenador del equipo, y ya lleva ganados la Supercopa y la Copa de Francia en 2020/21. En 2003/2004 jugó para Girondins de Burdeos, antes de retirarse regresando al Espanyol. En esa misma temporada jugó como delantero del PSG Martín Cardetti, ex jugador de Rosario Central y River con 8 goles en 26 partidos. Al año siguiente llegó al mismo equipo el ex lateral y central de Argentinos Juniors y River Juan Pablo Sorín, con 2 goles en 26 partidos y no sólo ganó la Copa de Francia, sino que con él en la cancha, su equipo nunca fue derrotado.

Otro ex Newell’s de gran paso por el fútbol francés de aquellos años es Lucas Bernardi, que jugó en el Olympique de Marsella en la temporada 2000/01 y luego 216 partidos en el Mónaco hasta 2008, ganando los Copa de la Liga 2003.

Un ex Rosario Central, Mauro Cetto –actual director de fútbol en San Lorenzo, donde recaló luego antes de terminar su carrera en los “Canallas”- jugó en el Nantes entre 2002 y 2007 (6 goles en 136 partidos) y luego en el Toulouse entre 2007 y 2011 (7 en 114), y regresó en 2012 para jugar en el Lille (sin goles en 8 partidos) tras un breve intermedio en el Palermo de Italia.

Entre 2009 y 2012 jugó en el Olympique de Marsella el ex Huracán, River y la selección argentina, Luis “Lucho” González, con 21 goles en 124 partidos, con un saldo de seis títulos, una Liga, tres Copas de la Liga y dos Supercopas de Francia.

Otro ex River que dejó huella en tierras galas es Fernando Cavenaghi, quien conquistó cinco títulos entre 2007 y 2009 con el Girondins de Burdeos: dos Supercopas, dos Copas de la Liga y una Liga, con 46 goles en 105 partidos,  y fue elegido mejor jugador extranjero en 2008.  Paralelamente, entre 2006 y 2008 jugó en el Mónaco el ex defensor de Gimnasia y campeón mundial sub.20 en 1997, Leonardo C ufré, con 4 goles en 64 partidos.

Por el Mónaco también pasaron el ex River Javier Saviola, con 17 goles en 42 partidos en la temporada 2004/05, y el ex Boca Hugo Ibarra. Un año antes, en 2003/04, integrando un equipo que llegó a la final de la Champions League ante el Porto de José Mourinho, y que dejó en el camino al Real Madrid. El formoseño fue ídolo del club, al punto de que uno de sus fanáticos fue nada menos que el príncipe Alberto.

Entre 2009 y 2013, Lisandro “Licha” López, el delantero de Racing, tuvo un importante paso por el Olympique de Lyon, con 82 goles en 168 partidos y pudo ganar la Copa de Francia en la temporada 2011/12 y una Supercopa de Francia en la 2012/13, además de ser considerado como el mejor jugador de la liga en 2010.

Para la temporada 2011/12 llegó a Niza el entonces lateral izquierdo de Boca Fabián Monzón. Sus muy buenas actuaciones derivaron en que Alejandro Sabella lo convocara a dos partidos de clasificación para el Mundial 2014 con la selección argentina y lo contrató el Olympique de Lyon para 2012/13, pero tras jugar sólo 13 partidos emigró al Fluminense de Brasil.

En los últimos años, muchos argentinos fueron protagonistas en el PSG. El cordobés Javier Pastore fue la primera gran contratación desde la llegada de los qataríes a la dirigencia del club. Procedente del Palermo italiano, fue presentado como una gran estrella para la temporada 2014/15 y terminó marcando 45 goles en 269 partidos hasta 2018, cuando partió hacia la Roma, y llegó a ganar muchos títulos, en un equipo en plena expansión: cinco ligas, cinco Supercopas, cinco Copas de la Liga y  cuatro Copas de Francia.

Paralelamente a Pastore, Ezequiel Lavezzi, subcampeón mundial en 2014, llegó desde el Nápoli, donde fue ídolo, en 2012/13, y jugó en el PSG hasta enero de 2016, cuando emigró al fútbol chino. Llegó a marcar 35 goles en 161 partidos, y conquistó doce títulos, cuatro Ligas, dos Copas de Francia, tres Copas de la Liga y tres Supercopas.

En ese mismo tiempo tuvo un paso de tres años por el PSG Giovani Lo Celso, actual jugador del Tottenham y de la selección argentina entre 2016 y 2019, con 6 goles en 54 partidos, y obtuvo seis títulos: dos Ligas, una Copa de Francia, una Copa de la Liga y dos Supercopas de Francia.

Quien desarrolló una larga carrera en Francia en la segunda década de este siglo fue Emiliano Sala, fallecido en un accidente aéreo justo cuando viajaba para incorporarse al Cardiff en 2019, para iniciar una nueva etapa en su carrera en el fútbol inglés.

Sala llegó a Francia en 2012/13 para comenzar en el Orleans, de la tercera división, en 2013/14 pasó al Niort, de segunda, ya desde 2014 se situó en la primera para vestir las camisetas de Burdeos, Caen y finalmente Nantes, de 2015 a 2019, con un total de 93 goles en 236 partidos. El Nantes llegó a jugar con la camiseta argentina ante el Burdeos (otro de sus ex clubes) como homenaje, en enero de 2020, al cumplirse un año de su muerte. El club puso a la venta un lote de camisetas de Sala, cuya recaudación fue enviada a sus clubes formadores.

Otro goleador argentino de éxito en Francia en este tiempo es Guido Carrillo, con 21 goles en 95 partidos en el Mónaco, donde ganó la Liga 2016/17 y antes de ser transferido al Southampton.

Justo antes de la llegada de Carrillo, también en el Mónaco se destacó el ex River y actual delantero del Sevilla Lucas Ocampos, autor de 15 goles en 96 partidos entre 2012 y 2015, para luego partir hacia el Olympique de Marsella, donde convirtió 27 goles en 132 partidos entre 2015 y 2019.

También tuvo una larga trayectoria en Francia el ex volante de Huracán y selección argentina sub-23 Alejandro Alonso, primero en el Girondins de Burdeos entre 2005 y 2008 (ganó la Copa de la Liga en 2007),  luego en el Mónaco entre 2008 y 2011 y finalmente en el Saint Etienne, entre 2011 y 2012, con 6 goles en 56 partidos.

Desde 2016 ataja en el Niza el chaqueño Walter Benítez, quien había debutado en Quilmes en 2014 y había integrado la selección argentina en el sudamericano sub-20 de 2013. Ya acumula130 partidos como titular.

En el presente, se destacan en el PSG el reciente campeón de América Ángel Di María, quien se encuentra a sólo cuatro de Pastore para convertirse en el argentino con más partidos en la historia del club, al que llegó en la temporada 2015/16 y lleva convertidos 88 goles y lleva ganadas cuatro Ligas, cinco Copas de Francia, cuatro Copas de la Liga y cinco Supercopas de Francia.

El ex Boca Leandro Paredes, también reciente campeón de América con la selección argentina, se incorporó al PSG en 2018/19 y lleva 3 goles en 91 partidos y ya ganó dos Ligas, dos Copas de Francia, una Copa de la Liga y dos Supercopas de Francia.

A mediados de 2019 arribó también al PSG Mauro Icardi, quien ya sumó 35 goles en 66 partidos y festejó cinco conquistas, una Liga, dos Copas de Francia, una Copa de la Liga y una Supercopa de Francia.

Ahora será el momento de la participación de Lionel Messi en una liga en la que Diego Maradona estuvo a punto de llegar en 1989, cuando recibió una tentadora oferta por parte del titular del Olympique de Marsella, el controvertido Bernard Tapie. Atado a seis años de contrato con el Nápoli hasta mediados de 1993, el presidente del club italiano, Corrado Ferlaino, aceptó que le había dado la palabra de que sería transferido, pero cambió de posición: “Es que si te dejo ir, me matan”, le dijo.

De haber jugado en el Olympique –donde ahora se desempeña Leonardo Balerdi como marcador central, y Jorge Sampaoli es el director técnico-, acaso Maradona habría sido campeón de la Champions League en 1993, cuando los franceses derrotaron 1-0 al Milan en la final de Munich y consiguieron el único título europeo de esa categoría para el fútbol galo.

 

 

 

 

 

 

 

 




 







 

 


viernes, 27 de agosto de 2021

Las selecciones sudamericanas, otra vez desafiadas por el poder (Jornada)


 

“Próxima parada, Argentina”, se animó a escribir, desafiante, en las redes sociales, el arquero Emiliano “Dibu” Martínez, tras el empate entre su equipo, Aston Villa, y el Brentford, por la tercera fecha de la Premier League. Acaso alguien osado como él, que en la pasada Copa América se la pasó amedrentando rivales a los gritos en el momento de la definición por penales en la Copa América pasada, pueda tener una actitud como ésta en medio de tanto poder político del fútbol en juego,

Lo que sucede con esta triple fecha de clasificatorias sudamericanas de los próximos días, entre los jueves 2 y el 9 de septiembre, con un partido intermedio del domingo 5, no es más que un nuevo capítulo de la larga disputa entre los clubes poderosos europeos, nucleados en la ECA (en inglés, las siglas de la Asociación Europea de Clubes), y las ligas nacionales en las que juegan, y las selecciones nacionales periféricas.

Desde que la FIFA cambió de manos tras las cuatro décadas de Joao Havelange y Joseph Blatter (1974 a 2016), para pasar a las de Gianni Infantino, se produjo también una importante modificación filosófica en la idea de lo que hoy es el fútbol mundial, y aquellas posiciones firmes en cuanto a que la actividad internacional se divide en competencias de clubes y selecciones nacionales, se maquillaron de a poco en una actitud prescindente: ahora es mejor no meterse con los poderosos en una etapa ultra capitalista, de pases multimillonarios y globalización.

Esta es una FIFA que utiliza demasiado la diplomacia y no tiene ningún argumento firme en prácticamente nada. Si Blatter llegó a decir aquello de que “tengo que administrar pasiones” (lo que parece una contradicción en sí misma), pero entendió que la competencia de selecciones nacionales es fundamental para alimentar el espíritu nacional y a su vez dejar encendida la mecha de los grandes negocios de los Mundiales (y las clasificatorias son parte de los mismos), Infantino envía una muy cuidadosa carta en la que le solicita indirectamente al primer ministro inglés, Boris Johnson, que trate de hacer entender a la Premier League de la importancia de que sus clubes cedan a sus jugadores a las distintas selecciones para estos próximos días, cuando el reglamento es clarísimo al respecto y no ofrece dudas.

Desde que se estableció el llamado “Calendario Platini” (porque fue una idea del ex crack francés cuando era presidente de la Unión Europea de Fútbol y congeniaba bien con la FIFA), ya no puede haber demasiado conflicto: durante una cantidad de veces al año, unas pocas, se suspende la gran competencia de clubes en todo el mundo para dar lugar a la de las selecciones nacionales, como para no superponerse.

Sin embargo, la prepotencia de los clubes poderosos, bajo el concepto de que “nosotros pagamos los sueldos y hacemos un enorme esfuerzo”, encontró ahora la excusa perfecta: por la pandemia, al regresar a Europa, los jugadores deberían hacer una cuarentena que terminaría perjudicándolos en los partidos futuros. Claro que para esto se necesita que el organismo que rige el fútbol, la FIFA, se muestre débil, dócil, sin firmeza, excesivamente diplomática, algo que cuesta creer que hubiera podido ocurrir en los cuarenta años anteriores. Es sencillo, basta con preguntarse si Julio Grondona, presidente de la AFA por 35 años y número dos de la FIFA como vicepresidente “senior”, habría aceptado una imposición como ésta.

Por otra parte, la queja de los clubes europeos no tiene sentido si se tiene en cuenta que todos ellos, antes de contratar a un jugador perteneciente a selecciones no-europeas, saben fehacientemente que  puede ser convocado a sus representativos nacionales, y también conocen (y lo admiten en privado) que muchas veces se benefician cuando en grandes torneos (como Copa América o Mundiales), estos mismos jugadores muchas veces aumentan su cotización, y en cantidades de ocasiones se basan en sus actuaciones para salir a comprar sus pases.

En otras palabras, si bien estos clubes europeos están avalados y hasta liderados por sus ligas como la Premier, la Española o la Serie A, y tratarán hasta último momento de impedir que unos sesenta jugadores sudamericanos viajen tras este fin de semana a integrarse a sus selecciones, el problema no son ellos sino la FIFA, la entidad que rige el fútbol mundial, que insólitamente trata de no meterse en dificultades, y con un sentido cada vez más europeísta, busca acomodarse donde circula el gran dinero, incluso hasta atentando contra su gallina de los huevos de oro, que son los Mundiales (y las clasificatorias son la etapa inicial de los mismos).

La pelota queda ahora, entonces, en los pies de los jugadores. Tampoco es necesario preguntarse demasiado qué habría pasado si Diego Maradona fuera jugador en este tiempo, pero todo cambió, y de aquella iniciativa del Sindicato Mundial de Futbolistas de 1995 a hoy parece que hubiera habido un terremoto que alteró las consciencias.

Ya en marzo pasado, la Conmebol tuvo que suspender las dos fechas de clasificatorias mundialistas por lo mismo: no encontró un eco firme en la FIFA  no hubo líderes que se pusieran los pantalones (cortos) para plantarse pese a todo, algo que ahora parece, por fin, avanzar, de acuerdo con las reuniones permanentes que mantienen  Lionel Messi (Argentina), Marquinhos (Brasil), Luis Suárez (Uruguay) y Arturo Vidal (Chile), en contacto con  colegas de los otros seis equipos del continente.

Llama la atención, por esto mismo, que la Confederación Brasileña (CBF) haya ampliado la lista de convocados para los tres partidos (uno de ellos ante Argentina) a futbolistas del torneo local, lo cual por un lado es una expresión de realismo, pero por otro, de debilidad. La AFA se mantiene, al menos hasta el cierre de esta columna, en su idea firme de esperar la llegada de sus jugadores, aunque haya veintidós  (nueve de España, ocho de Italia, cuatro de Inglaterra y el restante de Portugal), con dificultades ante estos poderosos que no quieren ceder ni aunque el reglamento no los ampare.

Apenas seis jugadores, tres de Francia (Messi, Leandro Paredes y Ángel Di María), dos de Países Bajos (Lisandro Martínez y Nicolás Tagliafico) y uno de Alemania (Exequiel Palacios), pueden viajar sin encontrar obstáculos.

Es el tiempo de los jugadores, los únicos que pueden plantarse ante la increíble mirada al costado de esta FIFA cada vez más ligada a los negocios, insensible (¿acaso no sigue vendiendo los derechos de TV a empresas vinculadas a la corrupción del FIFA-Gate?).

Tal vez muchos de los grandes cracks sudamericanos puedan darse cuenta, al fin, que juntos son una fuerza imparable y que sin ellos, no hay juego ni espectáculo ni derechos de TV. Acaso deberían escuchar la grabación de cuando Maradona ironizaba acerca de que entonces los dirigentes de la FIFA se pusieran los cortos y salieran a jugar ellos.

La pelota, ahora, es de los jugadores, y es el momento de ponerse firmes, como “Dibu” Martínez, y desafiar a este poder que va arrasando con el juego, y que desafía permanentemente dando cada día más pasos para adueñarse de la fiesta de miles de millones de aficionados en nombre del dinero.


El nuevo entorno de Messi en París (Infobae)


 

Lionel Messi sonrió, tomó la tarjeta personal y le agradeció al ex jugador del Paris Saint Germain (PSG) y hoy comentarista de la cadena “beIN Sports”, su compatriota Omar Da Fonseca, quien se puso a disposición por si necesitaba alguna escuela para sus hijos.

Si bien la vida del PSG dio un giro de ciento ochenta grados en 2011, cuando Qatar Investment Authority compró el 70 por ciento de las acciones del club por 50 millones de euros y se hizo cargo de una deuda anterior por otros 20, y al año siguiente compró el 30 por ciento restante y pudo contratar a estrellas como David Beckham, Zlatan Ibrahimovic o Edinson Cavani, el gran vuelco ocurrió en 2017 con la llegada de Neymar y de Kyllian Mbappé. Entonces,  el club decidió montar un enorme aparato de ayuda a cada una de las estrellas para que sólo se dedicaran a jugar y se desentendieran del resto de loa asuntos de fuera de las canchas.

Por esa razón, cuando Messi llegó a París el 10 de agosto a las 15,37 en su jet privado, acompañado de su esposa, Antonella Roccuzzo, sus hijos Thiago, Mateo y Ciro, y su padre y agente desde 2000,  Jorge, inmediatamente se puso a su disposición toda una maquinaria por parte del club, que fue generando un nuevo entorno, entre viejos protagonistas que siguen acompañándolo desde sus últimos años en el Barcelona, hasta los nuevos integrantes relacionados con el PSG.

Si su esposa Antonella es la que le aporta el equilibrio necesario para su ajetreada vida de superestrella y junto a sus hijos es el cable a tierra, suele haber otras tres personas a su alrededor en sus distintos quehaceres futbolísticos: Pepe Costa, Pablo Negre y Marcelo Méndez.

Como ya hizo anteriormente con Neymar o Mbappé, y días antes de su llegada, con Sergio Ramos y Gianluigi Donnarumma, el PSG alojó a Messi y a su familia en Le Royal Monceau, un lujoso y exclusivo complejo de departamentos contiguos al famoso hotel, con extremas seguridad y privacidad y muy cerca de los Campos Elíseos y del Arco de Triunfo.

 

Ubicado en el 37 de la Avenue Hoche, el apartamento es amplio, con tres dormitorios, tres baños, cocina equipada, siete grandes televisores, sala, comedor, gimnasio privado y una piscina para los huéspedes, y Messi y su familia son asistidos también por un chef y un chofer a su disposición las veinticuatro horas, con un costo diario de 17.00 euros, mientras el PSG le busca una casa a la que mudarse de manera definitiva para su estancia en París.

Tal como ocurre con la mayoría de las estrellas del equipo, el PSG busca para Messi y su familia una lujosa casa en la zona más “chic” de la ciudad, que es donde se encuentran los campos de entrenamiento del club, entre el Parque de los Príncipes y el Camp des Loges. La mayoría de sus compañeros prefieren la zona de Neuilly-sur-Seine, una comuna situada en el departamento de Altos del Sena, donde suelen residir las familias más adineradas (la tercera parte de sus residentes para el impuesto de solidaridad –un tributo que exige Francia a quienes poseen un patrimonio superior a 1,3 millones de euros- ) y se encuentran las escuelas más importantes. En caso de no encontrar nada de su agrado, también aparecen como posibilidad Paris XVI ó XVII, dos distritos en los que se encuentran embajadas extranjeras.

Esta zona suele gustar porque es muy accesible porque se encuentra a sólo veinte minutos en coche del centro de entrenamiento del PSG y va en sentido contrario a la entrada a París, algo que suele ser muy complicado en la mañana. Neymar y Ángel Di María, en cambio, prefirieron la zona de Les Yvelines,  que tiene como principal atractivo al Palacio Real.

Cerca de allí se establecerá también Pepe Costa, inseparable amigo de Messi desde los tiempos en el Barcelona, con su pareja. Su hijo Álvaro asiste a Neymar desde que el brasileño llegó al club catalán en 2013, habla fluido el portugués y fue el encargado de acercar a las dos estrellas sudamericanas, que conectaron de inmediato. Para eso trabajaron padre e hijo, y continuarán haciéndolo en Francia.

Puede afirmarse que Pepe Costa es la sombra de Messi. Siempre va con él, jamás lo deja solo, bajo ninguna circunstancia. Y hasta aparece en todas sus fotos. Lo acompaña hasta en las vacaciones, a las que suele acudir con su esposa y aparecen entre las parejas amigas como las de Jordi Alba, Luis Suárez o Cesc Fábregas. Tal es la cercanía entre ellos que el capitán de la selección argentina lo hizo pesar en su nuevo contrato con el PSG al considerarlo como asistente personal luego de que el Barcelona no le renovara el contrato justo luego del 30 de junio, el mismo día que el jugador puso fin a la relación al quedar en libertad de acción.

Para Messi, Costa es como si fuera parte de su familia. De joven, en los años ochenta,  fue un modesto futbolista profesional en equipos como Andorra, Sabadell o Murcia, pasó tres años trabajando para la filial brasileña de Nike y cuando regresó, le dieron el cargo de “director de asistencia al jugador” en el Barcelona y fue entrando en la intimidad de los vestuarios hasta ser considerado uno más en los tiempos de Frank Rikjaard como entrenador, entre 2003 y 2008, haciendo gala de lo que mejor le sale, relacionarse con los jugadores, a los que trataba de complacer en lo que necesitaran y entendiéndolos como pocos, por haber sido futbolista él también. En el club catalán se encargó de ser el nexo entre el plantel y la dirigencia, y en concreto, de canalizar las tensiones que fueron creciendo entre las partes en los últimos años.

Terminó haciéndose íntimo amigo de Messi, al punto de que el Barcelona optó por enviarlo junto al jugador, a donde viajara. Llegó a ir con él a los partidos de la selección argentina, por ejemplo. También fue invitado al casamiento en Rosario en 2017 y ahora continúa con él en París para despejarle cualquier problema y pueda concentrarse al cien por ciento como futbolista, incluso, si es necesario, protegiéndolo, con su 1,91 metro de estatura, si lo asedian en sus movimientos.

Por su parte, Marcelo Méndez es un periodista que desde 2014 es el agregado de Prensa de Messi. Antes era el encargado de Comunicación en “Play Station”, y luego, de las redes sociales de “Team Messi” (la plataforma de Adidas dedicada a él). Desde esos lugares ganó rápidamente la confianza de la estrella argentina y de su entorno por su profesionalismo y discreción. Está en permanente contacto con las redacciones de los medios deportivos españoles y del resto del mundo y es quien responde a los pedidos de entrevistas y consultas sobre el astro.

Méndez está especializado en comunicación de crisis y redes sociales y fundó la agencia de imagen y reputación “Unique FC”, que también representa a Jan Oblak, el arquero esloveno de Atlético de Madrid, al mediocampista brasileño de la Juventus y ex compañero de Messi, Arthur, y al lateral izquierdo argentino del Ajax, Nicolás Tagliafico. Alicantino de la Costa Blanca, suele asesorar y acompañar al crack rosarino en cada una de sus entrevistas o salidas públicas, como ocurrió en su presentación oficial con el PSG en el estadio Parque de los Príncipes.

Podría decirse que Pablo Negre Abelló es el gerente de la marca “Messi”. Fue jefe de Alianzas Comerciales del Fútbol Club Barcelona entre 2004 y 2009, cuando consiguió negociar excelentes contratos de patrocinio, para lo que se pudo apoyar en las estrellas del plantel como Roinaldinho, Xavi Hernández y Thierry Henry y generó importantísimos ingresos al club. Con esta base de operaciones acabó uniéndose al equipo de Messi en 2009, cuando ganó en Francia su Primer Balón de Oro, con la idea de desarrollar su imagen en el nivel internacional.

Ya vinculado con el equipo de Messi desde hace doce años, Negre es el encargado de negociar sus contratos con marcas de peso como Adidas, Pepsi, Mastercard o Hard Rock Café, así como es el responsable de rentabilizar las distintas licencias de la marca “Messi” y la explotación de los derechos de imagen del argentino en todo el mundo.  Especialista en marketing deportivo, también cuenta con su propia agencia de consultoría y creación de contenido para deportistas, clubes y asociaciones y entre sus clientes se encuentra el reconocido basquetbolista español Pau Gasol.

Si Costa, Méndez y Negre ya formaban parte del entorno de Messi desde Barcelona, en París se les unió “Bob”, que ahora pasó a ser como la sombra del argentino en cada uno de los pasos que da, pero representando institucionalmente al PSG.

Sucede que “Bob” (en realidad, Bouabdella Bessedik) es un francés de origen argelino que habla varios idiomas (español, inglés y francés, entre otros) y trabaja para el PSG desde noviembre de 2010 y es una de las principales piezas de lo que se llama en el club el “Familiy Care”, un servicio integral que brinda el club a cada futbolista para ayudar a sus familias a tener una adaptación mucho más dinámica y menos traumática, experiencia que comenzó a aplicarse en 2017 con la llegada de dos mega estrellas como Neymar y Mbappé.

El “Family Care” ayuda a encontrar colegios a los hijos, una casa (por ejemplo, agosto suele ser un mes complejo en asuntos inmobiliarios al coincidir con el período de vacaciones escolares en Francia), se encarga de todos los visados correspondientes en los documentos, de los trámites legales y de la movilidad. “En el club está Bob, que hace de todo y nos ayuda mucho y cuando necesitamos algo, siempre está ahí para ayudarnos”, le comentó en 2019 el arquero costarricense Keylor Navas a la revista “Culture PSG”. En 2020, Bob llegó a acompañar a Neymar, Mbappé, Mauro Icardi, Marco Verratti y Marquinhos, entre otros, a presenciar un partido de la NBA entre Charlote Hornets y Milwakee Bucks, en París. Desde que Messi llegó desde Barcelona, Bob estuvo a su lado en cada movimiento suyo tanto en el aeropuerto como en el hotel.

“El programa ‘Family Care’ se ocupa de todo, hasta ayudan en la organización de los cumpleaños familiares”, reconoció Luis Ferrer, ex dirigente del PSG entre 2009 y 2020, uno de los principales cerebros de este proyecto, y que anteriormente fue cazatalentos del Saint Etienne.

“Es un servicio que beneficia al jugador y a la familia”, insiste el argentino Ferrer, actualmente CEO de “LF-360.com”, una agencia de futbolistas, y advierte que “en todos los entrenamientos está el mate. Messi se va  sentir como en su casa”.

Ferrer era el jefe de reclutamiento del PSG en 2017 cuando llegó Mbappé, y para muchos fue gracias al argentino, porque el delantero estaba entre los parisinos y el Real Madrid pero el dirigente viajó seguido a Mónaco para tratar de convencer a él y a su familia de que era mejor quedarse en Francia aún cuando el poderoso intermediario portugués Jorge Mendes presionaba en sentido contrario.

Si Mbappé terminó en aquel momento aceptando ir al PSG fue justamente porque se dialogó con sus padres y no con un intermediario. “Lo que marcó la diferencia –sostiene Ferrer- fue el proyecto deportivo. Por suerte el dinero no entró en escena sino el hecho de que estuvieran presentes sus padres. Estábamos a un año del Mundial, tenía sólo 18 años y entendieron que Kyllian tenía que jugar, cuando en el Real Madrid estaba en el ataque la BBC, Bale, Benzema y Cristiano Ronaldo. Establecimos una relación de confianza con su familia”.

Ferrer, nacido el 21 de septiembre de 1975 en Laboulaye, Córdoba,  fue futbolista en River, ascendió de Primera B al Nacional B con Sarmiento de Junín en 1995/96) –logró convencer a Mbappé de que se hiciera socio del equipo bonaerense- y en el ascenso en Francia (Paris FC, Grenoble y Ajaccio) y fue secretario técnico de Niza, donde se hizo amigo del hoy arquero del Tottenham y campeón mundial, Hugo Lloris, y siguió en el Saint Etienne, cuando el director deportivo era Omar Da Fonseca, hasta que en 2009 lo vino a buscar el PSG y hoy trabaja a la par del brasileño Leonardo, el director deportivo. “Lo mío es indirecto, es un trabajo que no se ve”, suele decir.