¿Cuántas veces, en la Argentina, habremos escuchado esta frase de distintas bocas supuestamente progres, ya sea de entrenadores o periodistas? Esta serie de partidos del seleccionado argentino (hago hincapié en la palabra "seleccionado" porque "selección" es un sustantivo utilizado para cuando ya se puede explicitar un plantel sin experimentación, lejos de lo que ocurre en estecaso), sirve mucho para evaluar ciertas frases hechas, muchas veces expresadas sin un claro sentido, o sólo basadas en la eterna e infantil división que el falso progresismo hace de "los buenos y los malos".
Para poder continuar con este artículo, antes conviene volver a discutir qué es el fútbol (además de un deporte, ya lo sabemos). ¿Está más cerca del arte o de la ciencia? porque a partir de esos parámetros cambia el eje de la discusión. Si está, como creemos, más cerca del arte, porque para ver un partido profesional hay que pagar una entrada, o los sponsors pagan por publicitar sus productos, o la TV paga derechos de emisión, es porque hay "algo" que interesa a la gente que va más allá del resultado final. Porque si fuera distinto, bastaría con comprar el periódico al día siguiente, o consultar en internet al instante, o escuchar el resultado en la radio y sería suficiente. Es decir, por la causa que fuera, la gente mira los noventa minutos de un partido, se apasiona, analiza, discute, se alegra, se entristece, castiga, acepta, elogia. Y es porque el fútbol nos atrae por sus riquísimas características.
Pues bien, si el fútbol tiene cierta relación, aunque más no fuere, con el arte, con la creación, aunque no sea sólo eso y se trata desde ya, de un deporte competitivo, y el entrenador del seleccionado nacional (como antes, otro como él, César Luis Menotti), Alfio Basile, dice que él intenta que su equipo practique "el fútbol que le gusta a la gente", analicemos entonces esto mismo sin tomar en cuenta el resultado.
Porque no tiene sentido, aunque ya sean cinco los partidos que el seleccionado argentino no gana en una clasificatoria contra rivales supuestamente más débiles, caer en esta serie de dislates de los grandes medios que cada vez que los malos resultados aparecen, resulta que todos están peleados, nadie sirve, todo es un desastre para pasar a que todo es fantástico y Riquelme automáticamente pasa a ser"Román" cuando se obtienen buenos resultados. Por eso, casi todos estos medios pierden autoridad a la hora del análisis serio.
El tema sigue pasando por saber a qué juega el seleccionado argentino. Y no lo sabemos aún. Insistimos con lo del irritante doble (y a veces hasta triple) cinco. Y también con la comparación con los volantes centrales hasta los ochenta, cuando un Claudio Marangoni o un Sergio Batista (innegables buenos jugadores), siendo más pesados y con menos dinámica que éstos de hoy, no necesitaban al lado a otros que cumplieran su mismo trabajo, y siendo que tenían que marcar a más jugadores de ataque y con mayor técnica. Pero también cabe preguntarse "para marcar a quién" es que Argentina, como local, juega con doble cinco, y con una línea de cuatro que a lo sumo, se permite que Javier Zanetti y sus eternas calesitas se suma al medio pero jamás termine una sola jugada en ataque y le ganen las espaldas dos de cada tres veces.
Tampoco hemos observado ningún razonamiento táctico desde lo que pasa con el fútbol argentino a niveles estructurales. Pero notamos que aquellos puestos iniciales que se perdieron por la sempiterna "europeización", ahora nos pasa factura. No en vano, el fútbol argentino, respetado y hasta temido en todos lados, ha perdido los dos punteros, los dos marcadores de punta, el ocho de complemento de ataque, y ahora va perdiendo los números diez, los nueve cada vez juegan menos y se parecen a los tanques europeos y los mejores jugadores salen tan jóvenes a Europa que regresan disciplinados pero con menos buen pie, acostumbrados al orden y los laboratorios de la mayoría de los entrenadores del Viejo Continente, salvo honrosas excepciones (Wenger, Del Bosque, y alguno más).
Si con todos estos problemas estructurales, además el seleccionado argentino sale a cada partido con siete jugadores en posición defensiva, a veces ocho, y sólo un enganche y dos delanteros, es muy probable que luego, si el técnico no es muy seguro, o no sea muy trabajador, o no tenga ni tiempo ni ganas de encontrarle la vuelta a un panorama complicado y que lo excede, terminemos apelando al talco, cambiando de saco, o jugando al misterio para decirle al ayudante que le diga al ayudante del ayudante, que le diga al preparador físico, que le diga al suplente que se quite el buzo porque va a entrar a los cuarenta minutos del segundo tiempo, y juguemos al misterio.
Porque al fútbol, hace rato que vamos dejando de jugar.
viernes, 12 de septiembre de 2008
martes, 9 de septiembre de 2008
Hay que poner un poco más de juego
Muchas veces llama la atención de este cronista, lo que se suele cantar en los estadios argentinos, en relación con lo que ocurre en ese mismo momento en los campos de juego. Uno de los recuerdos que viene a la memoria es aquel partido de hace poquito más de quince años, aquel 0-5 que marcó la peor historia del fútbol nacional y lo mejor del colombiano. Aquel 5 de setiembre de 1993, los hinchas argentinos cantaban “movete Argentina movete, hoy no podemos perder”, pero si se empataba, la clasificación se hubiera perdido igual. Por estos tiempos, cuando no se está obteniendo el resultado esperado en el césped, desde la tribuna se sigue pidiendo ese “movimiento”, o ya, con menos paciencia, se suele pedir que los equipos pongan “un poco más de huevo”, cuando si es por poner, casi podría abundarse de tanta clara y tanta yema futboleras.
Cuando cualquier equipo argentino acaba de ganar un campeonato, lo primero que dicen sus jugadores para explicar los motivos de la victoria es que la clave estuvo “en la entrega, los huevos” del plantel. Es decir que si fuera por la entrega, casi todos los equipos argentinos podrían salir campeones siempre. La selección, incluída. ¿Y entonces, qué es lo que falta, qué es lo que, en todo caso, diferencia a un equipo de otro? Porque convengamos en que si todos ponen, el campeonato estaría para cualquiera y la selección argentina sería siempre campeona del mundo, y sin embargo, lleva cinco mundiales no sólo sin conseguirlo sino que apenas en uno (1990) llegó a la final.
Todo indica entonces que más que poner “huevos”, lo que parece que falta poner es “·juego”, que se escribe parecido, o suena parecido en los oídos, pero no es precisamente lo mismo.
Poner “juego” significa entender, antes que nada, que el fútbol es un juego, un deporte atractivo, hermoso para ver, y en el que atacando con criterio, con jugadores de buen pie, pero que a su vez ocupen posiciones de ataque, es muchísimo más probable que se alcance el objetivo conformando y satisfaciendo, además, a los espectadores o hinchas.
Sería interesante reflexionar, al cabo, sobre el sistema que viene utilizando el entrenador argentino Alfio Basile, quien dice ser un defensor de “la nuestra”, llamando así al sistema de juego tradicional argentino, que según el fallecido periodista Dante Panzeri, se refiere en síntesis a jugar en paredes, con toques cortos, por abajo, progresando de atrás hacia delante, con elegancia.
Por lo general, el fútbol argentino se caracterizó por tener dos marcadores de punta con oficio y habilidad, un volante central que no necesita compañía a su lado para poder realizar su oficio (en este caso, Javier Mascherano, o Fernando Gago), un volante derecho con llegada, casi como un delantero más pero partiendo de un poco más atrás que la línea de ataque, lo que antes se llamaba también “peón de brega”, un diez clásico que era el organizador del juego, el “reggista”, según los italianos, y tres delanteros netos, consistentes en dos extremos o punteros o wines, y un nueve de área, un definidor.
Todo eso fue quedando atrás con el tiempo, gracias a los pizarrones, los esquemas, los intentos de “modernizarnos”, de “europeizarnos”, de “adaptarnos” al mundo del fútbol. Y así, los marcadores de punta elogiados por el mundo entero (como Silvio Marzolini en Inglaterra 1966), fueron dejando paso a “laterales volantes” que ni atacan bien, ni defienden porque les ganan las espaldas, “dobles cincos” para que dos jugadores hagan la función que antes necesitaba uno solo, y desde ya, quitando (siempre paga el ataque) un delantero para este objetivo “moderno”. Nos vamos quedando sin diez, al punto de que se llegó a sugerir retirar el número en homenaje a Diego Maradona, cuando la mayoría de los chicos argentinos aspiran a utilizarlo en sus espaldas. También se acabaron los punteros, que desbordaban y desequilibraban abriendo la cancha, y ahora, a partir de esto, tampoco tenemos, claro, un nueve de referencia dentro del área.
Claro, con este panorama nos encontramos con un Heinze que siendo central, hace lo que puede en un lateral, a Coloccini en la misma situación, al “doble cinco” con Mascherano y Gago cuando con uno alcanza, y terminamos jugando ante rivales más débiles con siete jugadores de marca y espera, y apenas cuatro de ataque, de los cuales uno lo hace tímidamente y debe, desde ya, bajar a colaborar en la dichosa marca ante rivales que por miedo justamente a nuestro pasado, no sólo atacan con un jugador, sino que no salen a buscar el balón a veces ni aún perdiendo, para que la diferencia no sea mayor.
En una oportunidad, allá por 1989, tuvimos la ocasión de entrevistar largamente a Ricardo Bochini, ya veterano, ídolo de Independiente, a punto de ganar el campeonato con Joge Solari de director técnico, pero el gran diez nos manifestaba su disgusto por el juego, y nos dijo que era porque no se hacía “la nuestra”. Cuando le preguntamos a qué se refería, dijo sin manual, “y bueno, tocar por abajo, en pared, progresando en la cancha, qué se yo”…..
Por eso, insistimos en que más allá de nombres, de triunfos o derrotas, el mayor tema que rodea a la selección argentina es conceptual, y es preguntarse a qué quiere jugar, para saber a dónde ir. Es decir, lo que hay que poner, señores, es más juego. De huevos, tenemos las calorías más que completas.
Cuando cualquier equipo argentino acaba de ganar un campeonato, lo primero que dicen sus jugadores para explicar los motivos de la victoria es que la clave estuvo “en la entrega, los huevos” del plantel. Es decir que si fuera por la entrega, casi todos los equipos argentinos podrían salir campeones siempre. La selección, incluída. ¿Y entonces, qué es lo que falta, qué es lo que, en todo caso, diferencia a un equipo de otro? Porque convengamos en que si todos ponen, el campeonato estaría para cualquiera y la selección argentina sería siempre campeona del mundo, y sin embargo, lleva cinco mundiales no sólo sin conseguirlo sino que apenas en uno (1990) llegó a la final.
Todo indica entonces que más que poner “huevos”, lo que parece que falta poner es “·juego”, que se escribe parecido, o suena parecido en los oídos, pero no es precisamente lo mismo.
Poner “juego” significa entender, antes que nada, que el fútbol es un juego, un deporte atractivo, hermoso para ver, y en el que atacando con criterio, con jugadores de buen pie, pero que a su vez ocupen posiciones de ataque, es muchísimo más probable que se alcance el objetivo conformando y satisfaciendo, además, a los espectadores o hinchas.
Sería interesante reflexionar, al cabo, sobre el sistema que viene utilizando el entrenador argentino Alfio Basile, quien dice ser un defensor de “la nuestra”, llamando así al sistema de juego tradicional argentino, que según el fallecido periodista Dante Panzeri, se refiere en síntesis a jugar en paredes, con toques cortos, por abajo, progresando de atrás hacia delante, con elegancia.
Por lo general, el fútbol argentino se caracterizó por tener dos marcadores de punta con oficio y habilidad, un volante central que no necesita compañía a su lado para poder realizar su oficio (en este caso, Javier Mascherano, o Fernando Gago), un volante derecho con llegada, casi como un delantero más pero partiendo de un poco más atrás que la línea de ataque, lo que antes se llamaba también “peón de brega”, un diez clásico que era el organizador del juego, el “reggista”, según los italianos, y tres delanteros netos, consistentes en dos extremos o punteros o wines, y un nueve de área, un definidor.
Todo eso fue quedando atrás con el tiempo, gracias a los pizarrones, los esquemas, los intentos de “modernizarnos”, de “europeizarnos”, de “adaptarnos” al mundo del fútbol. Y así, los marcadores de punta elogiados por el mundo entero (como Silvio Marzolini en Inglaterra 1966), fueron dejando paso a “laterales volantes” que ni atacan bien, ni defienden porque les ganan las espaldas, “dobles cincos” para que dos jugadores hagan la función que antes necesitaba uno solo, y desde ya, quitando (siempre paga el ataque) un delantero para este objetivo “moderno”. Nos vamos quedando sin diez, al punto de que se llegó a sugerir retirar el número en homenaje a Diego Maradona, cuando la mayoría de los chicos argentinos aspiran a utilizarlo en sus espaldas. También se acabaron los punteros, que desbordaban y desequilibraban abriendo la cancha, y ahora, a partir de esto, tampoco tenemos, claro, un nueve de referencia dentro del área.
Claro, con este panorama nos encontramos con un Heinze que siendo central, hace lo que puede en un lateral, a Coloccini en la misma situación, al “doble cinco” con Mascherano y Gago cuando con uno alcanza, y terminamos jugando ante rivales más débiles con siete jugadores de marca y espera, y apenas cuatro de ataque, de los cuales uno lo hace tímidamente y debe, desde ya, bajar a colaborar en la dichosa marca ante rivales que por miedo justamente a nuestro pasado, no sólo atacan con un jugador, sino que no salen a buscar el balón a veces ni aún perdiendo, para que la diferencia no sea mayor.
En una oportunidad, allá por 1989, tuvimos la ocasión de entrevistar largamente a Ricardo Bochini, ya veterano, ídolo de Independiente, a punto de ganar el campeonato con Joge Solari de director técnico, pero el gran diez nos manifestaba su disgusto por el juego, y nos dijo que era porque no se hacía “la nuestra”. Cuando le preguntamos a qué se refería, dijo sin manual, “y bueno, tocar por abajo, en pared, progresando en la cancha, qué se yo”…..
Por eso, insistimos en que más allá de nombres, de triunfos o derrotas, el mayor tema que rodea a la selección argentina es conceptual, y es preguntarse a qué quiere jugar, para saber a dónde ir. Es decir, lo que hay que poner, señores, es más juego. De huevos, tenemos las calorías más que completas.
viernes, 5 de septiembre de 2008
La Liga Española promete una competencia más abierta (Yahoo)
Comienza una nueva temporada en el fútbol español, aún con la euforia de su reciente triunfo en la Eurocopa de Austria y Suiza que no podía llegar en mejor momento. Justo cuando ya todos comenzaban a aceptar con resignación su segundo lugar en el continente detrás de la Premier League, lo que quedó reforzado con la decisión final de Cristiano Ronaldo de no pasar al Real Madrid y permanecer en el Manchester United.
Sin embargo, el aumento de cotización de los jugadores nacionales y los cambios operados en la mayoría de los equipos que animan el torneo, sumado a la inminencia de la Champions League, genera una enorme expectativa en toda España.
Tal vez la mayor sorpresa, hasta el momento, está del lado del Real Madrid, que podría decirse que luego de rondar tantos nombres conocidos como posibles fichajes, salvo en el caso de Rafael Van der Vart (holandés con raíces españolas por su madre), no ha tenido muchos refuerzos de fuste y hasta ha sufrido algunas pérdidas, como la de Julio Baptista, y la del lesionado Sneijder. A todo esto hay que sumarle la reciente crisis de Robinho, que forzó su salida al Chelsea de su compatriota Luiz Felipe Scolari, pero que ya no parece tener solución.
Sin embargo, durante el verano el Real Madrid parece haber logrado aceitar un funcionamiento de la mano de Bernd Schuster, y marcha sin dudas hacia su tercer título consecutivo.
El caso más enigmático es el del Barcelona, que a diferencia del Real Madrid, comienza un nuevo ciclo, ahora sin tantas estrellas mediáticas, con la salida de Ronaldinho y Deco, y especialmente con un cambio de línea futbolística con la salida del entrenador holandés Frank Rikjaard y su reemplazo por el catalán Joseph Guardiola, un hombre hecho en el club, y que proviene del equipo B, con el que logró ascender de Segunda B a Segunda en la temporada pasada.
En medio de una fuerte crisis institucional (el presidente Joan Laporta tuvo que cambiar a toda su primera junta deportiva al contar con un sesenta por ciento de desaprobación de socios en el último voto de censura), Guardiola y especialmente el director deportivo del club, Txiki Beguiristain, decidieron centrar el nuevo proyecto en la figura del argentino Lionel Messi, dejar permanecer a uno de los jugadores mediáticos a quien se había determinado transferir, el camerunés Samuel Eto’o, y han llegado jugadores muy importantes como refuerzos.
Entre ellos, hay que citar a uno de los mejores laterales del mundo, el brasileño Daniel Alves, que descollara en el Sevilla en las últimas temporadas, lo mismo que el volante Keitá, o el bielorruso Lev, proveniente del Arsenal, o el defensor central uruguayo Martín Cáceres, mientras que del medio para arriba no parece tener muchas dificultades aún con la salida del joven Giovanni, porque cuenta con Henry, Bojan y la ayuda de volantes creativos como Iniesta o Xavi.
Los otros cuatro equipos que podrían amenazar a los dos principales, son Atlético Madrid, Villarreal, Sevilla y Valencia. El Atlético ha crecido, sin dudas, en las últimas temporadas, a partir de sus buenas contrataciones y de una política que se fue ajustando con el correr de los años, hasta dar ahora con la propia Champions League. El interrogante del Atlético pasa por comprobar si podrá hacer frente al mismo tiempo a la liga y a la Champions, el verdadero problema con el que se enfrentan muchos planteles a la hora de determinar prioridades en la temporada.
Algo parecido, aunque con menos incertidumbre, sucede con el Villarreal, que ya ha tenido esta experiencia en el pasado y ha sorteado casi sin problemas este inconveniente y la clave parece estar en un plantel numeroso y de gran calidad, como el que siempre tiene (y va a más) el “submarino amarillo”. La experiencia de su entrenador, el ingeniero chileno Manuel Pellegrini, es determinante en este momento y la confianza absoluta que hay en él, refuerza las chances de este poderoso equipo, que en la pasada temporada desplazó al propio Barcelona de la clasificación directa de la Champions League.
Otro de los equipos llamados a ratificar su condición de candidato es el Sevilla, ahora ya consolidado Manolo Jiménez como entrenador luego de la traumática salida de Juande Ramos al Tottenham. Los andaluces, bicampeones de la Copa UEFA hasta la temporada pasada, también tendrán dos frentes pero mantienen un fuerte plantel con una base ganadora y la aparición, además, de una notable figura juvenil como Diego Capel, apetecido por los mejores clubes de Europa y llamado a ser la nueva estrella de la selección nacional.
Uno de los grandes signos de pregunta, en cambio, es lo que puede llegar a dar este Valencia, que parece ir superando de a poco la gran crisis institucional vivida en los últimos meses. Desde aquel tremendo conflicto con Albelda, Cañizares y Angulo, y el problema de la lucha por las acciones societarias, con altas y bajas permanentes de dirigentes, el Valencia no tuvo paz, y tampoco acertó con los entrenadores. Despedido Quique Sánchez Flores, que estaba realizando una aceptable campaña, la llegada de Ronald Koeman aportó sólo confusión y ahora se abre una nueva esperanza con un entrenador joven y de creciente importancia como Unai Emery.
Del resto de los equipos, ya con menos chances, subsisten algunas incógnitas, como si por ejemplo el Espanyol podrá mantener el alto nivel alcanzado en temporadas pasadas, ahora sin Riera, su mejor jugador, o si por fin el Athletic de Bilbao podrá atravesar esta liga sin sufrir tanto tratando de no descender, o si el Getafe podrá seguir jugando un fútbol colectivo tan aceitado.
Pero lo más importante de esta Liga española, además de la competitividad y la garantía de espectáculos con grandes estrellas, es el refuerzo en la cotización y la consideración de los propios jugadores locales, luego de los éxitos de la selección española. Por fin los extranjeros no son ya vistos como salvadores, sino tan sólo como enriquecedores del torneo.
Sin embargo, el aumento de cotización de los jugadores nacionales y los cambios operados en la mayoría de los equipos que animan el torneo, sumado a la inminencia de la Champions League, genera una enorme expectativa en toda España.
Tal vez la mayor sorpresa, hasta el momento, está del lado del Real Madrid, que podría decirse que luego de rondar tantos nombres conocidos como posibles fichajes, salvo en el caso de Rafael Van der Vart (holandés con raíces españolas por su madre), no ha tenido muchos refuerzos de fuste y hasta ha sufrido algunas pérdidas, como la de Julio Baptista, y la del lesionado Sneijder. A todo esto hay que sumarle la reciente crisis de Robinho, que forzó su salida al Chelsea de su compatriota Luiz Felipe Scolari, pero que ya no parece tener solución.
Sin embargo, durante el verano el Real Madrid parece haber logrado aceitar un funcionamiento de la mano de Bernd Schuster, y marcha sin dudas hacia su tercer título consecutivo.
El caso más enigmático es el del Barcelona, que a diferencia del Real Madrid, comienza un nuevo ciclo, ahora sin tantas estrellas mediáticas, con la salida de Ronaldinho y Deco, y especialmente con un cambio de línea futbolística con la salida del entrenador holandés Frank Rikjaard y su reemplazo por el catalán Joseph Guardiola, un hombre hecho en el club, y que proviene del equipo B, con el que logró ascender de Segunda B a Segunda en la temporada pasada.
En medio de una fuerte crisis institucional (el presidente Joan Laporta tuvo que cambiar a toda su primera junta deportiva al contar con un sesenta por ciento de desaprobación de socios en el último voto de censura), Guardiola y especialmente el director deportivo del club, Txiki Beguiristain, decidieron centrar el nuevo proyecto en la figura del argentino Lionel Messi, dejar permanecer a uno de los jugadores mediáticos a quien se había determinado transferir, el camerunés Samuel Eto’o, y han llegado jugadores muy importantes como refuerzos.
Entre ellos, hay que citar a uno de los mejores laterales del mundo, el brasileño Daniel Alves, que descollara en el Sevilla en las últimas temporadas, lo mismo que el volante Keitá, o el bielorruso Lev, proveniente del Arsenal, o el defensor central uruguayo Martín Cáceres, mientras que del medio para arriba no parece tener muchas dificultades aún con la salida del joven Giovanni, porque cuenta con Henry, Bojan y la ayuda de volantes creativos como Iniesta o Xavi.
Los otros cuatro equipos que podrían amenazar a los dos principales, son Atlético Madrid, Villarreal, Sevilla y Valencia. El Atlético ha crecido, sin dudas, en las últimas temporadas, a partir de sus buenas contrataciones y de una política que se fue ajustando con el correr de los años, hasta dar ahora con la propia Champions League. El interrogante del Atlético pasa por comprobar si podrá hacer frente al mismo tiempo a la liga y a la Champions, el verdadero problema con el que se enfrentan muchos planteles a la hora de determinar prioridades en la temporada.
Algo parecido, aunque con menos incertidumbre, sucede con el Villarreal, que ya ha tenido esta experiencia en el pasado y ha sorteado casi sin problemas este inconveniente y la clave parece estar en un plantel numeroso y de gran calidad, como el que siempre tiene (y va a más) el “submarino amarillo”. La experiencia de su entrenador, el ingeniero chileno Manuel Pellegrini, es determinante en este momento y la confianza absoluta que hay en él, refuerza las chances de este poderoso equipo, que en la pasada temporada desplazó al propio Barcelona de la clasificación directa de la Champions League.
Otro de los equipos llamados a ratificar su condición de candidato es el Sevilla, ahora ya consolidado Manolo Jiménez como entrenador luego de la traumática salida de Juande Ramos al Tottenham. Los andaluces, bicampeones de la Copa UEFA hasta la temporada pasada, también tendrán dos frentes pero mantienen un fuerte plantel con una base ganadora y la aparición, además, de una notable figura juvenil como Diego Capel, apetecido por los mejores clubes de Europa y llamado a ser la nueva estrella de la selección nacional.
Uno de los grandes signos de pregunta, en cambio, es lo que puede llegar a dar este Valencia, que parece ir superando de a poco la gran crisis institucional vivida en los últimos meses. Desde aquel tremendo conflicto con Albelda, Cañizares y Angulo, y el problema de la lucha por las acciones societarias, con altas y bajas permanentes de dirigentes, el Valencia no tuvo paz, y tampoco acertó con los entrenadores. Despedido Quique Sánchez Flores, que estaba realizando una aceptable campaña, la llegada de Ronald Koeman aportó sólo confusión y ahora se abre una nueva esperanza con un entrenador joven y de creciente importancia como Unai Emery.
Del resto de los equipos, ya con menos chances, subsisten algunas incógnitas, como si por ejemplo el Espanyol podrá mantener el alto nivel alcanzado en temporadas pasadas, ahora sin Riera, su mejor jugador, o si por fin el Athletic de Bilbao podrá atravesar esta liga sin sufrir tanto tratando de no descender, o si el Getafe podrá seguir jugando un fútbol colectivo tan aceitado.
Pero lo más importante de esta Liga española, además de la competitividad y la garantía de espectáculos con grandes estrellas, es el refuerzo en la cotización y la consideración de los propios jugadores locales, luego de los éxitos de la selección española. Por fin los extranjeros no son ya vistos como salvadores, sino tan sólo como enriquecedores del torneo.
¿Podrá la Premier League mantener la hegemonía en Europa? (Yahoo)
Si hay algo que fue claro en la Champions League de 2008 es que más allá del triunfo final del Manchester United, la Premier League se consolidó como la liga más importante de Europa (y del mundo) ahora ya sin discusión posible. Tanto es así, que para el premio al mejor jugador de la temporada pasada, la UEFA colocó a diecisiete jugadores de los veinte posibles, tomados del fútbol inglés, y apenas tres, del español.
El gran interrogante entonces, a niveles generales, para la temporada que se está iniciando en toda Europa, es si los equipos de la Premier League serán capaces de mantener este liderazgo o si su fuerza será minada por alguna aparición notable de los clubes de mayor tradición de países como España, Italia, Alemania o Portugal.
En este sentido, fue clave el resultado final del tironeo que durante todo el verano pasado sostuvieron el Real Madrid y el Manchester United por los servicios de uno de los mejores jugadores del mundo, el portugués Cristiano Ronaldo. Si éste emigraba a los blancos, muy posiblemente hubiera podido cambiar el eje de fuerzas europeo, pero como todo siguió en su lugar, con la continuidad que eso significa para el campeón actual, con los mismos jugadores con los que obtuvo tanto la Premier como la Champions, esto lo convierte una vez más en candidato firme a repetir.
Por contrario, pareciera que el Real Madrid ha quedado debilitado, con las salidas de Julio Baptista, muy posiblemente de Robinho al Chelsea y con la lesión de Snaijder, aunque la llegada de Van der Vaart le puede aportar otra riqueza en la creación.
El Barcelona, otro rival de cuidado desde la Liga Española, presenta la incógnita del recambio generacional y de plantel, con la salida de Frank Rikjaard y algunos jugadores clave en el ciclo anterior, como Deco, Ronaldinho o Edmilson, como también Giovanni, y ahora la estrella será el joven Lionel Messi, siempre bajo la batuta del también joven entrenador Joseph Guardiola, con la única experiencia de haber ganado un ascenso con el Barcelona B, y con nuevas figuras que cambiarán absolutamente el esquema, como Daniel Alves, Keita, Hleb o Cáceres.
No hay que descuidar tampoco al Villarreal, cada vez más fuerte de la mano del entrenador chileno Manuel Pellegrini, cuyo trabajo ya no se discute y a diferencia de 2006, cuando el argentino Juan Román Riquelme lo llevó a semifinales, perdidas por el fatídico penal final ante el Arsenal, ahora depende mucho más de un andamiaje colectivo, que llegó a dejar retrasado al Barcelona, al que mandó a jugar la etapa preliminar.
Volviendo a los ingleses, los cuatro equipos parecen muy fuertes. El Chelsea parece haber salido ganando con la contratación de un entrenador capaz y con experiencia de manejo de grandes planteles, como el brasileño Luiz Felipe Scolari, y la llegada de su compatriota Deco y muy posiblemente Robinho, mientras que fueron recuperados jugadores clave como Drogba, Lampard, Terry o Carvalho. Si en la temporada anterior perdió la Champions League sólo por un penal, por qué no pensar que ahora cuenta con las mismas chances, sumado al desafío de un entrenador sudamericano sentado en el banco de los suplentes.
También el Arsenal y el Liverpool mantienen a sus entrenadores que ya cuentan con varias temporadas en los equipos, Arsene Wenger por un lado y Rafa Benítez por el otro, garantizan competitividad con muy buenos planteles y también ellos garantizan una pelea por llegar a aspirar a un título que en el caso de los “Reds”, se conoce muy de cerca.
El gran signo de pregunta, en esta temporada, pasa por los dos equipos de Milán. El Inter acaba de generar una profunda renovación pese a haber llegado al tricampeonato italiano. Pero Roberto Mancini fue reemplazado por el extravagante y reconocido José Mourinho, quien parece decidido a apostar a un ataque con Adriano e Ibrahimovic, y en el contexto de la motivación que significa tener al portugués sentado en el banco, luego de todos los éxitos conseguidos.
El Milan, por su parte, ha entrado en una fase de cierto recambio con la llegada necesaria de jugadores que aporten al ataque, desde Alexandre Pato, que tendrá la posibilidad de continuidad ahora en el equipo, como la posible llegada de Sevchenko, luego del ostracismo londinense, pero especialmente, por la contratación de Ronaldinho. El ataque conformado por los brasileños, junto a Kaká, le otorgan un notable poderío que deberá ser refrendado por una defensa tildada de obsoleta, aunque con jugadores de excelente nivel técnico.
Fuera de este panorama, todo parece más parejo, con la incógnita de lo que pueda aportar en esta temporada el Bayern Munich a su regreso a la Champions, luego de su fracaso final en la Copa UEFA pasada pese a haber sido un gran animador. Los alemanes cuentan con un gran plantel, cada vez más afirmado, con cracks de la talla de Luca Toni, Frank Ribery o Miroslav Klose, ahora sin Oliver Khan, retirado, y bajo la conducción de Jürgen Klinsmann.
La otra gran incógnita es si el fútbol ruso, luego de su gran temporada con el Zenit en la Copa UEFA o con la muy buena actuación en la Eurocopa con la selección de Guus Hiddink, puede consolidarse este año en el mejor nivel, como viene amenazando en los últimos años, en los que ya acumula dos trofeos europeos.
¿Será otra Champions inglesa? Si bien esa es la tendencia, lo bueno del fútbol es que no suele ser un deporte tan lógico y si no, que lo diga el propio Bayern, que remontó una eliminatoria imposible ante el Getafe, en la Copa UEFA, pero luego sucumbió por goleada ante los rusos del Zenit.
El gran interrogante entonces, a niveles generales, para la temporada que se está iniciando en toda Europa, es si los equipos de la Premier League serán capaces de mantener este liderazgo o si su fuerza será minada por alguna aparición notable de los clubes de mayor tradición de países como España, Italia, Alemania o Portugal.
En este sentido, fue clave el resultado final del tironeo que durante todo el verano pasado sostuvieron el Real Madrid y el Manchester United por los servicios de uno de los mejores jugadores del mundo, el portugués Cristiano Ronaldo. Si éste emigraba a los blancos, muy posiblemente hubiera podido cambiar el eje de fuerzas europeo, pero como todo siguió en su lugar, con la continuidad que eso significa para el campeón actual, con los mismos jugadores con los que obtuvo tanto la Premier como la Champions, esto lo convierte una vez más en candidato firme a repetir.
Por contrario, pareciera que el Real Madrid ha quedado debilitado, con las salidas de Julio Baptista, muy posiblemente de Robinho al Chelsea y con la lesión de Snaijder, aunque la llegada de Van der Vaart le puede aportar otra riqueza en la creación.
El Barcelona, otro rival de cuidado desde la Liga Española, presenta la incógnita del recambio generacional y de plantel, con la salida de Frank Rikjaard y algunos jugadores clave en el ciclo anterior, como Deco, Ronaldinho o Edmilson, como también Giovanni, y ahora la estrella será el joven Lionel Messi, siempre bajo la batuta del también joven entrenador Joseph Guardiola, con la única experiencia de haber ganado un ascenso con el Barcelona B, y con nuevas figuras que cambiarán absolutamente el esquema, como Daniel Alves, Keita, Hleb o Cáceres.
No hay que descuidar tampoco al Villarreal, cada vez más fuerte de la mano del entrenador chileno Manuel Pellegrini, cuyo trabajo ya no se discute y a diferencia de 2006, cuando el argentino Juan Román Riquelme lo llevó a semifinales, perdidas por el fatídico penal final ante el Arsenal, ahora depende mucho más de un andamiaje colectivo, que llegó a dejar retrasado al Barcelona, al que mandó a jugar la etapa preliminar.
Volviendo a los ingleses, los cuatro equipos parecen muy fuertes. El Chelsea parece haber salido ganando con la contratación de un entrenador capaz y con experiencia de manejo de grandes planteles, como el brasileño Luiz Felipe Scolari, y la llegada de su compatriota Deco y muy posiblemente Robinho, mientras que fueron recuperados jugadores clave como Drogba, Lampard, Terry o Carvalho. Si en la temporada anterior perdió la Champions League sólo por un penal, por qué no pensar que ahora cuenta con las mismas chances, sumado al desafío de un entrenador sudamericano sentado en el banco de los suplentes.
También el Arsenal y el Liverpool mantienen a sus entrenadores que ya cuentan con varias temporadas en los equipos, Arsene Wenger por un lado y Rafa Benítez por el otro, garantizan competitividad con muy buenos planteles y también ellos garantizan una pelea por llegar a aspirar a un título que en el caso de los “Reds”, se conoce muy de cerca.
El gran signo de pregunta, en esta temporada, pasa por los dos equipos de Milán. El Inter acaba de generar una profunda renovación pese a haber llegado al tricampeonato italiano. Pero Roberto Mancini fue reemplazado por el extravagante y reconocido José Mourinho, quien parece decidido a apostar a un ataque con Adriano e Ibrahimovic, y en el contexto de la motivación que significa tener al portugués sentado en el banco, luego de todos los éxitos conseguidos.
El Milan, por su parte, ha entrado en una fase de cierto recambio con la llegada necesaria de jugadores que aporten al ataque, desde Alexandre Pato, que tendrá la posibilidad de continuidad ahora en el equipo, como la posible llegada de Sevchenko, luego del ostracismo londinense, pero especialmente, por la contratación de Ronaldinho. El ataque conformado por los brasileños, junto a Kaká, le otorgan un notable poderío que deberá ser refrendado por una defensa tildada de obsoleta, aunque con jugadores de excelente nivel técnico.
Fuera de este panorama, todo parece más parejo, con la incógnita de lo que pueda aportar en esta temporada el Bayern Munich a su regreso a la Champions, luego de su fracaso final en la Copa UEFA pasada pese a haber sido un gran animador. Los alemanes cuentan con un gran plantel, cada vez más afirmado, con cracks de la talla de Luca Toni, Frank Ribery o Miroslav Klose, ahora sin Oliver Khan, retirado, y bajo la conducción de Jürgen Klinsmann.
La otra gran incógnita es si el fútbol ruso, luego de su gran temporada con el Zenit en la Copa UEFA o con la muy buena actuación en la Eurocopa con la selección de Guus Hiddink, puede consolidarse este año en el mejor nivel, como viene amenazando en los últimos años, en los que ya acumula dos trofeos europeos.
¿Será otra Champions inglesa? Si bien esa es la tendencia, lo bueno del fútbol es que no suele ser un deporte tan lógico y si no, que lo diga el propio Bayern, que remontó una eliminatoria imposible ante el Getafe, en la Copa UEFA, pero luego sucumbió por goleada ante los rusos del Zenit.
Borghi, más bicho que Bichi (La Jornada, Mendoza)
Ya desde cuando comenzó a ser considerado por la opinión pública, cuando apareció con sus notables rabonas (las mejores que este cronista haya visto jamás), Claudio Borghi fue más bicho que “bichi”.
En aquellos tiempos cuando traspasaba las fronteras hacia la segunda década de su vida, cuando aquel torneo “Proyección 86” lo catapultó a la fama en dupla con Infantino, o cuando se quedó con el puesto de delantero de aquel mágico Argentinos Juniors campeón Nacional 1985, y luego también monarca de la Copa Libertadores de América tras eliminar en un memorable partido a Independiente en semifinales en el propio estadio de la Doble Visera de Cemento, Borghi nunca fue un jugador más.
Nunca se traicionó. Nunca aceptó correr por correr, aceptando aquella idea bochinesca de que el fútbol consiste en que corra la pelota, no el jugador, y en todo caso, la velocidad debe usarse en posesión de la pelota para superar a un rival, pero nunca como concepto en sí mismo. Ya lo decía el propio Ricardo Bochini cuando le preguntaron por Johan Cruyff, quien brillaba en el Ajax holandés: “corre mucho, pero juega bien”.
Y el “Bichi” Borghi defendió siempre sus ideas futboleras, dentro y fuera de la cancha. Afuera de los campos de juego, el “Bichi” que lo hacía todo, que era capaz de todo pero que nunca aceptó ser parte de un sistema enfermizo que le pedía matarse en una cancha en vez de disfrutar del juego, se transformaba en Bicho, por no aceptar lo establecido, por no declarar con un casette puesto, por no negar una creencia distinta a las tradicionales, por decir siempre lo que pensaba, con espontaneidad.
El mismo Borghi que deslumbrara aquella noche iluminada de Avellaneda en la que fue el puntaje más alto en un partido en el que todos los jugadores aprobaron su examen individual, en aquella oportunidad en la que arrastraba a sus rivales aún cuando lo tomaban de su camiseta, generando un murmullo de admiración en la hinchada local, es el que apenas meses después, igual que su compadre más veterano, otra vez Bochini, nos comentaba en varias oportunidades en pleno Mundial de México que extrañaba a su familia y que no se sentía cómodo.
El mismo Borghi, al que muchos rápidamente catalogaron como de escaso carácter, es el que ni se inmutó cuando en Japón, la organización de la Copa Intercontinental lo tomó como figura junto a Michel Platini (nada menos), de la Juventus y sus niveles fueron parejos durante el partido que los italianos ganaron por penales. Borghi no desentonó, aunque su carrera comenzó a decaer cuando llegado al Milan junto a los tres holandeses (Frank Rikjaard, Marco Van Basten y Ruud Gullit), Arrigo Sacchi optó por éstos y lo envió al Como. Borghi sólo le pidió una oportunidad, el torneo de verano. Allí fue elegido el mejor jugador, pero aún así, Sacchi lo envió al exilio, y fue demasiado. Ya no volvió a ser aquel crack, tal vez cansado de tanto manoseo y de tantas contradicciones sistémicas para quien sólo buscaba jugar.
Y ese mismo Borghi, una vez que dejó de jugar, siguió tomando el fútbol sin dramas, sin tensiones, apenas como lo que es: un hermoso juego que necesita de talentos, de tratar bien el balón, de respeto por el espectáculo y por los adversarios, y no caer en el ganapierde de cada partido.
Tal vez por todo eso es que Borghi se tuvo que hacer entrenador en Chile y no en su país, tan proclive al exitismo y a que ser segundo no vale y en el que para muchos, ganar no es lo importante “sino lo único”, algo que él mismo vio alguna vez en pizarrones como jugador y que le hizo fruncir el ceño.
Borghi llega a la Argentina desde su rotundo éxito en el Colo Colo chileno desdramatizando, ofreciendo su renuncia sin siquiera haber perdido un partido, harto ya de estar harto de un sistema podrido que presiona con violencia al menor resultado en contra, y que cuestiona al que no gana sin una mínima base de sustentación.
Borghi, dicente hincha de Racing, prefiere la oferta de Independiente y no entiende por qué hoy los aficionados de los equipos vecinos de Avellaneda no pueden compartir ni siquiera un café.
No entiende cómo pudo suceder este cambio cultural en el que los hinchas de dos equipos distintos no pueden compartir un mismo espacio social en un estadio, sin que medie un pulmón. No puede entenderlo. Como tampoco que en un plantel de un club tan rico en historia como Independiente, no encuentre jugadores como los que tuvo de compañeros, producto de la sinrazón de este fútbol de correr y correr.
Y Borghi no es justamente el enfermo, sino lo que lo rodea. Por eso hoy Borghi es más que nunca “Bicho”, más que aquel ingenuo “Bichi” que dejaba la pelota tan chiquita.
En aquellos tiempos cuando traspasaba las fronteras hacia la segunda década de su vida, cuando aquel torneo “Proyección 86” lo catapultó a la fama en dupla con Infantino, o cuando se quedó con el puesto de delantero de aquel mágico Argentinos Juniors campeón Nacional 1985, y luego también monarca de la Copa Libertadores de América tras eliminar en un memorable partido a Independiente en semifinales en el propio estadio de la Doble Visera de Cemento, Borghi nunca fue un jugador más.
Nunca se traicionó. Nunca aceptó correr por correr, aceptando aquella idea bochinesca de que el fútbol consiste en que corra la pelota, no el jugador, y en todo caso, la velocidad debe usarse en posesión de la pelota para superar a un rival, pero nunca como concepto en sí mismo. Ya lo decía el propio Ricardo Bochini cuando le preguntaron por Johan Cruyff, quien brillaba en el Ajax holandés: “corre mucho, pero juega bien”.
Y el “Bichi” Borghi defendió siempre sus ideas futboleras, dentro y fuera de la cancha. Afuera de los campos de juego, el “Bichi” que lo hacía todo, que era capaz de todo pero que nunca aceptó ser parte de un sistema enfermizo que le pedía matarse en una cancha en vez de disfrutar del juego, se transformaba en Bicho, por no aceptar lo establecido, por no declarar con un casette puesto, por no negar una creencia distinta a las tradicionales, por decir siempre lo que pensaba, con espontaneidad.
El mismo Borghi que deslumbrara aquella noche iluminada de Avellaneda en la que fue el puntaje más alto en un partido en el que todos los jugadores aprobaron su examen individual, en aquella oportunidad en la que arrastraba a sus rivales aún cuando lo tomaban de su camiseta, generando un murmullo de admiración en la hinchada local, es el que apenas meses después, igual que su compadre más veterano, otra vez Bochini, nos comentaba en varias oportunidades en pleno Mundial de México que extrañaba a su familia y que no se sentía cómodo.
El mismo Borghi, al que muchos rápidamente catalogaron como de escaso carácter, es el que ni se inmutó cuando en Japón, la organización de la Copa Intercontinental lo tomó como figura junto a Michel Platini (nada menos), de la Juventus y sus niveles fueron parejos durante el partido que los italianos ganaron por penales. Borghi no desentonó, aunque su carrera comenzó a decaer cuando llegado al Milan junto a los tres holandeses (Frank Rikjaard, Marco Van Basten y Ruud Gullit), Arrigo Sacchi optó por éstos y lo envió al Como. Borghi sólo le pidió una oportunidad, el torneo de verano. Allí fue elegido el mejor jugador, pero aún así, Sacchi lo envió al exilio, y fue demasiado. Ya no volvió a ser aquel crack, tal vez cansado de tanto manoseo y de tantas contradicciones sistémicas para quien sólo buscaba jugar.
Y ese mismo Borghi, una vez que dejó de jugar, siguió tomando el fútbol sin dramas, sin tensiones, apenas como lo que es: un hermoso juego que necesita de talentos, de tratar bien el balón, de respeto por el espectáculo y por los adversarios, y no caer en el ganapierde de cada partido.
Tal vez por todo eso es que Borghi se tuvo que hacer entrenador en Chile y no en su país, tan proclive al exitismo y a que ser segundo no vale y en el que para muchos, ganar no es lo importante “sino lo único”, algo que él mismo vio alguna vez en pizarrones como jugador y que le hizo fruncir el ceño.
Borghi llega a la Argentina desde su rotundo éxito en el Colo Colo chileno desdramatizando, ofreciendo su renuncia sin siquiera haber perdido un partido, harto ya de estar harto de un sistema podrido que presiona con violencia al menor resultado en contra, y que cuestiona al que no gana sin una mínima base de sustentación.
Borghi, dicente hincha de Racing, prefiere la oferta de Independiente y no entiende por qué hoy los aficionados de los equipos vecinos de Avellaneda no pueden compartir ni siquiera un café.
No entiende cómo pudo suceder este cambio cultural en el que los hinchas de dos equipos distintos no pueden compartir un mismo espacio social en un estadio, sin que medie un pulmón. No puede entenderlo. Como tampoco que en un plantel de un club tan rico en historia como Independiente, no encuentre jugadores como los que tuvo de compañeros, producto de la sinrazón de este fútbol de correr y correr.
Y Borghi no es justamente el enfermo, sino lo que lo rodea. Por eso hoy Borghi es más que nunca “Bicho”, más que aquel ingenuo “Bichi” que dejaba la pelota tan chiquita.
sábado, 30 de agosto de 2008
La Mano de Dios no es sólo argentina
Después de ver cómo el Zenit ruso venció sin atenuantes al Manchester United (eso sí, nada menos que sin Cristiano Ronaldo) por la Supercopa Europea en Mónaco, habrá que deducir que Scholes, el colorado y veterano talentoso volante de los "Reds devils", en lugar de llamarse Paul, debería ser Pablo, como con gusto se hizo llamar el genio de Mc Cartney en su gira por España o Argentina.
Es que no puede creerse ya que Scholes sea inglés, luego de haber intentado, sin éxito, ante la impotencia de su equipo para empatar un partido que se le escapaba, convertir un gol con la mano, disimulando para que el árbitro no se percatara. Efectivamente, la pelota ingresó en el arco de los rusos, y hasta el amigo Pablito llegó a tener a un compañero suyo colgado abrazándolo, tratando de que la pericia surtiera el efecto deseado. Pero no. Lamentablemente para él, la mano, utilizada al mejor estilo de remate alto del voleibol, fue claramente divisada por el juez de línea y por el árbitro, y a consecuencia de poseer previamente tarjeta amarilla, Scholes fue irremediablemente expulsado.
Decíamos que descreemos ahora de que Pablito sea inglés. es más, ha vestido, y viste, la casaca de la selección inglesa, y ahora aparece tratando de meter un gol con la mano, es decir, de engañar al árbitro y a los espectadores en un partido que no es otro que la final de la Supercopa europea, el que define al mejor de los dos campeones europeos de la temporada pasada.
Insistimos: no es un partido amistoso, se trata de un jugador que dice ser inglés (nosotros ya dudamos de eso), y que trató de engañarnos a todos, protagonistas, epectadores y críticos, utilizando su mano, igual que Diego Maradona en aquel recordadísimo partido ante Inglaterra en México 1986 y que fue tan protestado, y mucho más, criticado, por los ingleses y especialmente su prensa, por el "vil engaño" al que fue sometida la selección británica por el inescrupuloso argentino.
Desde aquel momento, aunque ya antes con la expulsión de Antonio Rattín en el escandaloso partido de Wembley en el Mundial de 1966 (cuartos de final), los argentinos en Inglaterra han tenido siempre el rótulo de tramposos, contrapuestos a la corrección de los "sportsmen" ingleses.
Bueno, parece que no es así, y que los ingleses también hacen goles con la mano, o lo intentan. Como Scholes ahora. O también los ingleses hacen trampas organizativas, como las que hizo Argentina en 1978. Inglaterra lo hizo en 1966, cuando pergeñó con los alemanes sacarse de encima a los tres equipos sudamericanos "molestos", reventando a patadas a los brasileños en la primera rueda ante la vista gorda de los árbitros, o colocando un árbitro alemán (Kreitlein) para el Inglaterra-Argentina en cuartos, y un inglés (Finney) para el Alemania-Uruguay.
Claro, luego los alemanes, confiados, lo pagaron en la mismísima final, cual cuento de Berthold Brecht, cuya versión futbolera sería "antes sacaron a los brasileños pero no me importó porque no era brasileño, luego a los argentinos, y tampoco, porque no era argentino, tampoco me importaron los uruguayos porque no lo era, luego en la final me tocó a mí, pero ya era demasiado tarde".
Bueno, ahora parece que aquella "Mano de Dios" que tanto molestó en 1986, también apareció por parte de Scholes en un partido trascendente, lo que no quita mérito al excelente juego de Paul (¿o Pablito?) pero indica que en la realidad, los ingleses también son ciudadanos de este mundo, también son de carne y hueso, circula sangre por sus venas (aunque a veces parezca que no), y cuando están desesperados porque pueden perder, también hacen trampas. Sólo que no la saben hacer, y tal vez el genio de Maradona lo hace mejor, o algún juez de línea pícaro, harto de algunas injusticias históricas británicas, decidió hacer la vista gorda. Eso ya es otro tema.
Pero nos resistimos aún así, a creer que Scholes sea inglés, aunque use este apellido very british, aunque sea coloradito y con cara de inglés, y juegue en el Manchester United y siga siendo convocado a la selección inglesa. Porque si intentó convertir un gol con la mano, no puede ser inglés, sino argentino. Ellos, los ingleses, jamás harían algo así. Sí, tal vez, tomar alguna isla ajena porque la situación los conducía, era inevitable. O sostener invasiones de sus amigos americanos, tal vez, por meras cuestiones de geopolítica, pero jamás, jamás, harían un gol con la mano. Eso es trampa, algo que queda para nosotros, los argentinos.
Por eso nos resistimos a llamar a Scholes como Paul. Es Pablito, y debe haber nacido en Villa Forito, y le habrán adulterado el documento los tramposos argentinos de siempre.
Es que no puede creerse ya que Scholes sea inglés, luego de haber intentado, sin éxito, ante la impotencia de su equipo para empatar un partido que se le escapaba, convertir un gol con la mano, disimulando para que el árbitro no se percatara. Efectivamente, la pelota ingresó en el arco de los rusos, y hasta el amigo Pablito llegó a tener a un compañero suyo colgado abrazándolo, tratando de que la pericia surtiera el efecto deseado. Pero no. Lamentablemente para él, la mano, utilizada al mejor estilo de remate alto del voleibol, fue claramente divisada por el juez de línea y por el árbitro, y a consecuencia de poseer previamente tarjeta amarilla, Scholes fue irremediablemente expulsado.
Decíamos que descreemos ahora de que Pablito sea inglés. es más, ha vestido, y viste, la casaca de la selección inglesa, y ahora aparece tratando de meter un gol con la mano, es decir, de engañar al árbitro y a los espectadores en un partido que no es otro que la final de la Supercopa europea, el que define al mejor de los dos campeones europeos de la temporada pasada.
Insistimos: no es un partido amistoso, se trata de un jugador que dice ser inglés (nosotros ya dudamos de eso), y que trató de engañarnos a todos, protagonistas, epectadores y críticos, utilizando su mano, igual que Diego Maradona en aquel recordadísimo partido ante Inglaterra en México 1986 y que fue tan protestado, y mucho más, criticado, por los ingleses y especialmente su prensa, por el "vil engaño" al que fue sometida la selección británica por el inescrupuloso argentino.
Desde aquel momento, aunque ya antes con la expulsión de Antonio Rattín en el escandaloso partido de Wembley en el Mundial de 1966 (cuartos de final), los argentinos en Inglaterra han tenido siempre el rótulo de tramposos, contrapuestos a la corrección de los "sportsmen" ingleses.
Bueno, parece que no es así, y que los ingleses también hacen goles con la mano, o lo intentan. Como Scholes ahora. O también los ingleses hacen trampas organizativas, como las que hizo Argentina en 1978. Inglaterra lo hizo en 1966, cuando pergeñó con los alemanes sacarse de encima a los tres equipos sudamericanos "molestos", reventando a patadas a los brasileños en la primera rueda ante la vista gorda de los árbitros, o colocando un árbitro alemán (Kreitlein) para el Inglaterra-Argentina en cuartos, y un inglés (Finney) para el Alemania-Uruguay.
Claro, luego los alemanes, confiados, lo pagaron en la mismísima final, cual cuento de Berthold Brecht, cuya versión futbolera sería "antes sacaron a los brasileños pero no me importó porque no era brasileño, luego a los argentinos, y tampoco, porque no era argentino, tampoco me importaron los uruguayos porque no lo era, luego en la final me tocó a mí, pero ya era demasiado tarde".
Bueno, ahora parece que aquella "Mano de Dios" que tanto molestó en 1986, también apareció por parte de Scholes en un partido trascendente, lo que no quita mérito al excelente juego de Paul (¿o Pablito?) pero indica que en la realidad, los ingleses también son ciudadanos de este mundo, también son de carne y hueso, circula sangre por sus venas (aunque a veces parezca que no), y cuando están desesperados porque pueden perder, también hacen trampas. Sólo que no la saben hacer, y tal vez el genio de Maradona lo hace mejor, o algún juez de línea pícaro, harto de algunas injusticias históricas británicas, decidió hacer la vista gorda. Eso ya es otro tema.
Pero nos resistimos aún así, a creer que Scholes sea inglés, aunque use este apellido very british, aunque sea coloradito y con cara de inglés, y juegue en el Manchester United y siga siendo convocado a la selección inglesa. Porque si intentó convertir un gol con la mano, no puede ser inglés, sino argentino. Ellos, los ingleses, jamás harían algo así. Sí, tal vez, tomar alguna isla ajena porque la situación los conducía, era inevitable. O sostener invasiones de sus amigos americanos, tal vez, por meras cuestiones de geopolítica, pero jamás, jamás, harían un gol con la mano. Eso es trampa, algo que queda para nosotros, los argentinos.
Por eso nos resistimos a llamar a Scholes como Paul. Es Pablito, y debe haber nacido en Villa Forito, y le habrán adulterado el documento los tramposos argentinos de siempre.
jueves, 28 de agosto de 2008
Las medallas y el apoyo estatal
Desde hace muchos años que la Argentina (como buena parte de Occidente) está invadida por un cáncer llamado "falso progresismo", o el discurso "políticamente correcto", que cree que debe haber conceptos fijos, inmutables, acerca de lo bueno o lo malo de acuerdo a criterios de este tipo: o son progres (es decir, "o son como yo pienso") o son "de derecha" o "están del otro lado", del lado de los que no quieren cambios en favor de "lo popular".
Si trasladamos estos conceptos a la Argentina, en esta versión vernácula aparecen los que creen que el gobierno de los Kirchner (primero Néstor entre 2003 y 2007, y ahora Cristina Fernández, su esposa, desde 2007 en adelante) es, efectivamente progresista. lo cual parece ser así en muchos de los aspectos trascendentes como el económico, Derechos Humanos o en las Relaciones Internacionales.
Ahora bien, ¿esto significa necesariamente que en Deportes también deba ser progresista? no necesariamente y es más: puede que haya la mejor buena voluntad en su secretario del área, el ex futbolista Claudio Morresi. Sin embargo, en gestión, la buena voluntad no es garantía. Es, en todo caso, condición necesaria, pero no suficiente. Sin conocimiento profundo del tema, sin capacidad de gestión ni formación académica al respecto, sin experiencia en el área, sólo queda el voluntarismo y la política de cara al público para justificar, demagógicamente, las acciones de gobierno como si éstas fueran efectivas, planificadas, pensadas.
Esto es lo que ocurrió esta semana con las lamentables y oportunistas declaraciones del funcionario acerca de que gracias a la política estatal se han concretado "los mejores Juegos Olímpicos argentinos de los últimos tiempos". Sinceramente, no se entiende qué es lo que se pretende con este tipo de manifestaciones. Tal vez, no desaprovechar una cosecha de medallas (seis) más o menos acorde a lo esperado, para rescatar "lo no tan malo" como algo "muy bueno" antes de que políticamente sea tarde y pasen los días de furor olímpico, intentando canalizar para el molino del oficialismo algo que, además de ser pobre en términos deportivos, nada tiene que ver con el Gobierno ni con ningún aporte estatal.
Creer que una mínima parte, aunque sea, de la sociedad argentina, va a aceptar que este Gobierno (reiteramos, con una política favorable en muchas de sus áreas), o siquiera el Estado, tuvieron que ver con logros como las medallas del fútbol, basquetbol, hockey femenino sobre césped, o ciclismo, es tomar al pueblo por tonto, o poco menos, con esas ridículas posturas.
En este sentido, es aún más esperpéntico buscar encontrar una tendencia positiva dividiendo las distintas épocas deportivas nacionales de acuerdo a un criterio antojadizo, como cuando en los tiempos de Juan Domingo Perón, en Buenos Aires se unían electoralmente circunscripciones como Mataderos y Barrio Norte.
Por ejemplo, en un comunicado de la Secretaría de Deportes, se toma "la dictadura militar" con cero medallas, cuando en verdad, en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, poco tuvo que ver la política militar cuando el golpe de Estado recién había ocurrido, o ni hablar de Moscú 1980, a los que la delegación argentina ni siquiera concurrió, plegándose al boicot organizado por los Estados Unidos.
Pero es aún menos coherente comparar épocas, cualquiera sean éstas, para terminar dando a entender que estas seis medallas representan una performance superior a otros tiempos, si luego se nos dice, en el mismo discurso oficial, que no interesan las medallas sino que cada vez más personas practiquen deportes. Si eso es lo que se persigue, ¿qué importa si se obtuvieron más, menos o iogual cantidad de medallas que antes? ¿importan o no importan las medallas?
Pero hay algo todavía más lamentable que esto, que es la claque de mediocres defensores de una gestión inexistente que aparece en algunos medios de comunicación masiva. Y todo porque se trata de "gomías progres" que ocupan esos cargos de funcionarios, y que puede que tengan en el pasado una importante militancia, pero eso no significa, absolutamente para nada, tener una mínima idea de gestión ni del área en la que se desempeñan.
Así, ahora descubrimos en el uno de los grandes diarios argentinos, que el Estado "no es el único responsable" de lo que ocurre con el deporte, que hay "otros" y que los que hablan de la falta de una política deportiva (como nosotros, que lo ratificamos absolutamente) son "oportunistas".
¿Es, acaso, oportunista, decir lo que es tan evidente como que la tierra gira alrededor del sol?, ¿Es oportunista bregar para que el Estado, de una vez por todas, planifique, oriente, piense, una política deportiva?, aunque haya "otros" responsables, ¿no es el Estado el principal a la hora de un proyecto deportivo nacional? ¿o es que acaso lo son las empresas privadas? ¿quién es el encargado de diseñar y llevar a cabo una política deportiva?
Parece que no basta con que los propios deportistas que viajaron a Pekin hayan sostenido a su regreso que se consideran "indigentes deportivos", o las duras respuestas de Juan Curuchet a las declaraciones de un Morresi que parece obnubilado y lejos de aquel muchacho tan lúcido que conocimos hace ya un cuarto de siglo.
Y tampoco se justifica en que antes de los Kirchner tampoco hubo una política deportiva estatal. Lo dijimos antes, lo decimos ahora y lo diremos mañana, con gobiernos de cualquier color político, si la situación lo amerita, porque no estamos atados a nada ni a nadie, somos independientes en serio, y no tenemos "gomías" a los que defender o con quien transar.
No hay una política deportiva estatal, no hay un proyecto serio, y quienes están en funciones desconocen el tema.
O ahora lo único que nos falta escuchar es que gracias a Morresi, Riquelme, Messi o el Kun Agüero se trajeron la segunda medalla dorada consecutiva. .
Pero en los medios de comunicación, especialmente los escitos, hay otros falsos progres. Los que ni siquiera se la juegan para justificar al Gobierno. Son los que tiran la piedra y esconden la mano, los que escriben de la FIFA, de los que están a miles de kilómetros, pero nada dicen de los "gomías" de acá a la vuelta, los que antes criticaban duramente a las distintas gestiones deportivas, y ahora callan por amistad, los que demuestran una vez más que se mueven por intereses personales, aunque la vayan de "izquierdistas".
Todos ellos integran la jungla de los "falsos progres", capaces de todo, de justificar o de omitir vendiendo "ideas de izquierda" que no existieron nunca.
No hay que dejarse engañar. No hay política deportiva, y hay que decirlo bien clarito, como corresponde. Y así lo decimos, una vez más.
Si trasladamos estos conceptos a la Argentina, en esta versión vernácula aparecen los que creen que el gobierno de los Kirchner (primero Néstor entre 2003 y 2007, y ahora Cristina Fernández, su esposa, desde 2007 en adelante) es, efectivamente progresista. lo cual parece ser así en muchos de los aspectos trascendentes como el económico, Derechos Humanos o en las Relaciones Internacionales.
Ahora bien, ¿esto significa necesariamente que en Deportes también deba ser progresista? no necesariamente y es más: puede que haya la mejor buena voluntad en su secretario del área, el ex futbolista Claudio Morresi. Sin embargo, en gestión, la buena voluntad no es garantía. Es, en todo caso, condición necesaria, pero no suficiente. Sin conocimiento profundo del tema, sin capacidad de gestión ni formación académica al respecto, sin experiencia en el área, sólo queda el voluntarismo y la política de cara al público para justificar, demagógicamente, las acciones de gobierno como si éstas fueran efectivas, planificadas, pensadas.
Esto es lo que ocurrió esta semana con las lamentables y oportunistas declaraciones del funcionario acerca de que gracias a la política estatal se han concretado "los mejores Juegos Olímpicos argentinos de los últimos tiempos". Sinceramente, no se entiende qué es lo que se pretende con este tipo de manifestaciones. Tal vez, no desaprovechar una cosecha de medallas (seis) más o menos acorde a lo esperado, para rescatar "lo no tan malo" como algo "muy bueno" antes de que políticamente sea tarde y pasen los días de furor olímpico, intentando canalizar para el molino del oficialismo algo que, además de ser pobre en términos deportivos, nada tiene que ver con el Gobierno ni con ningún aporte estatal.
Creer que una mínima parte, aunque sea, de la sociedad argentina, va a aceptar que este Gobierno (reiteramos, con una política favorable en muchas de sus áreas), o siquiera el Estado, tuvieron que ver con logros como las medallas del fútbol, basquetbol, hockey femenino sobre césped, o ciclismo, es tomar al pueblo por tonto, o poco menos, con esas ridículas posturas.
En este sentido, es aún más esperpéntico buscar encontrar una tendencia positiva dividiendo las distintas épocas deportivas nacionales de acuerdo a un criterio antojadizo, como cuando en los tiempos de Juan Domingo Perón, en Buenos Aires se unían electoralmente circunscripciones como Mataderos y Barrio Norte.
Por ejemplo, en un comunicado de la Secretaría de Deportes, se toma "la dictadura militar" con cero medallas, cuando en verdad, en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, poco tuvo que ver la política militar cuando el golpe de Estado recién había ocurrido, o ni hablar de Moscú 1980, a los que la delegación argentina ni siquiera concurrió, plegándose al boicot organizado por los Estados Unidos.
Pero es aún menos coherente comparar épocas, cualquiera sean éstas, para terminar dando a entender que estas seis medallas representan una performance superior a otros tiempos, si luego se nos dice, en el mismo discurso oficial, que no interesan las medallas sino que cada vez más personas practiquen deportes. Si eso es lo que se persigue, ¿qué importa si se obtuvieron más, menos o iogual cantidad de medallas que antes? ¿importan o no importan las medallas?
Pero hay algo todavía más lamentable que esto, que es la claque de mediocres defensores de una gestión inexistente que aparece en algunos medios de comunicación masiva. Y todo porque se trata de "gomías progres" que ocupan esos cargos de funcionarios, y que puede que tengan en el pasado una importante militancia, pero eso no significa, absolutamente para nada, tener una mínima idea de gestión ni del área en la que se desempeñan.
Así, ahora descubrimos en el uno de los grandes diarios argentinos, que el Estado "no es el único responsable" de lo que ocurre con el deporte, que hay "otros" y que los que hablan de la falta de una política deportiva (como nosotros, que lo ratificamos absolutamente) son "oportunistas".
¿Es, acaso, oportunista, decir lo que es tan evidente como que la tierra gira alrededor del sol?, ¿Es oportunista bregar para que el Estado, de una vez por todas, planifique, oriente, piense, una política deportiva?, aunque haya "otros" responsables, ¿no es el Estado el principal a la hora de un proyecto deportivo nacional? ¿o es que acaso lo son las empresas privadas? ¿quién es el encargado de diseñar y llevar a cabo una política deportiva?
Parece que no basta con que los propios deportistas que viajaron a Pekin hayan sostenido a su regreso que se consideran "indigentes deportivos", o las duras respuestas de Juan Curuchet a las declaraciones de un Morresi que parece obnubilado y lejos de aquel muchacho tan lúcido que conocimos hace ya un cuarto de siglo.
Y tampoco se justifica en que antes de los Kirchner tampoco hubo una política deportiva estatal. Lo dijimos antes, lo decimos ahora y lo diremos mañana, con gobiernos de cualquier color político, si la situación lo amerita, porque no estamos atados a nada ni a nadie, somos independientes en serio, y no tenemos "gomías" a los que defender o con quien transar.
No hay una política deportiva estatal, no hay un proyecto serio, y quienes están en funciones desconocen el tema.
O ahora lo único que nos falta escuchar es que gracias a Morresi, Riquelme, Messi o el Kun Agüero se trajeron la segunda medalla dorada consecutiva. .
Pero en los medios de comunicación, especialmente los escitos, hay otros falsos progres. Los que ni siquiera se la juegan para justificar al Gobierno. Son los que tiran la piedra y esconden la mano, los que escriben de la FIFA, de los que están a miles de kilómetros, pero nada dicen de los "gomías" de acá a la vuelta, los que antes criticaban duramente a las distintas gestiones deportivas, y ahora callan por amistad, los que demuestran una vez más que se mueven por intereses personales, aunque la vayan de "izquierdistas".
Todos ellos integran la jungla de los "falsos progres", capaces de todo, de justificar o de omitir vendiendo "ideas de izquierda" que no existieron nunca.
No hay que dejarse engañar. No hay política deportiva, y hay que decirlo bien clarito, como corresponde. Y así lo decimos, una vez más.
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