miércoles, 13 de mayo de 2009

Mientras el Barcelona festeja, el Real Madrid sueña (Jornada)

El fútbol español vive a través de sus dos máximos exponentes, un contrapunto entre la alegría del presente, y la quimera del futuro. El Barcelona es el hoy, una actualidad mágica, única, pocas veces repetible. No hay dudas de que se trata de un equipo llamado a hacer historia y que paso a paso va cumpliendo con todas las propuestas iniciales.
La obtención, de manera contundente, de la Copa del Rey anoche en Valencia, al golear por el inapelable 4-1 al Athletic de Bilbao, es apenas el primer paso de una serie de festejos previstos para este mes, que podrían continuar este fin de semana cuando por la Liga enfrente al Mallorca en la isla, y hasta podría ser campeón sin jugar, si el día anterior el Real Madrid no logra vencer al siempre difícil Villarreal. Y para el 27 queda todavía el plato fuerte de la temporada, la final de la Champions League ante el Manchester United en Roma. El Barcelona está a muy poco de conseguir el triplete, un hecho sin dudas histórico para su institución y para el fútbol español en general, y su camino no pudo ser más brillante, tal como lo venimos comentando en estas columnas durante toda la temporada.
Hasta el momento, el equipo dirigido por Josep Guardiola ha convertido 154 goles en la temporada (103 en liga, 17 en Copa del Rey y 34 en Champions League), lo que significa, en 56 partidos jugados, un impresionante promedio de gol de 2,75 por partido, una cifra increíble para este fútbol-calculadora de estos tiempos en casi todo el mundo.
Los catalanes, que venían de borrar al Real Madrid, ridiculizándolo en el mismo estadio Santiago Bernabeu por la liga (2-6), ahora no dejaron mejor a sus rivales vascos de final de la Copa, que en algunos casos se retiraron del estadio entre llantos porque si bien se conocía de la superioridad del Barcelona, ni el más pesimista preveía un 4-1 tan lapidario como fue el segundo tiempo, en el que la diferencia pudo haber sido infinitamente superior y el trofeo ya estaba ganado a más de media hora de la finalización del partido, algo poco usual en este tipo de definiciones. Y cabe destacar que el Barcelona jugó este partido sin su arquero titular, Víctor Valdez; con Yaya Touré, volante central, como marcador central; con Puyol en su rara posición de lateral izquierdo, a falta de Eric Abidal. Con Keita reemplazando en el medio a Touré, y con el chico Bojan Krkic reemplazando al lesionado Thierry Henry, y hasta Sergio Busquets, en lugar de Andrés Iniesta. Y aunque lo niegue, el genio del equipo, nuestro compatriota Lionel Messi, si bien convirtió un gol, como casi siempre, ingresó pensando en cuidar su físico (de allí su posición de centrodelantero retrasado) con miras a la final de la Champions League. Pero al Barcelona le alcanza y le sobra y sólo sorprendió que antes de los primeros diez minutos quedara en desventaja con un bonito gol de Toquero para el Athletic. Cuando Touré logró empatar con un excelente remate de media distancia, veinte minutos después, todos sabían que el partido iba a decantarse por los catalanes, tal como ocurrió.
Todo este presente tan feliz en juego y resultados del Barcelona, encuentra su contrapeso en un atónito Real Madrid, que sueña con la mañana de hoy, el tan esperado “Día D” en el que el empresario Florentino Pérez anunciará que se presenta como candidato a las próximas elecciones del club. El imaginario colectivo del club blanco ha depositado todo en manos de Pérez, que no parece tener contra alguna, pero que esperaba regresar al trono madridista tal como está ocurriendo: que se lo pidieran todos por favor, y casi de rodillas. Pérez se había llamado a silencio de radio desde que dejó su cargo en 2004, cuando aquella política original de “Zidanes y Pavones”, de “galácticos” y juveniles formados en la cantera, se desmoronaba por los escasos resultados conseguidos cuando se decidió la venta del volante negro Claude Makelele, para contratar al inglés David Beckham, porque el primero no vendía suficientes camisetas. No correspondía a los planes de marketing previstos.
Pérez, para el imaginario madridista, significa la vuelta a pensar en grande, a los fichajes que repercutan en toda Europa con la poderosa chequera del magnate de ACS, la empresa de aceros y dragados que hasta tuvo a su cargo parte de la reconstrucción edilicia de Irak. Aparecen en la mira nuevamente Cristiano Ronaldo, junto a Kaká, Ibrahimovic, Ribery y tantos otros, sumados a la vuelta de Zinedine Zidane, ahora con un cargo dirigencial., y Jorge Valdano, nuevamente como director deportivo, aunque con más poder que en el ciclo anterior. También, la vuelta al glamour, con los grandes negocios concretados en el palco del Bernabeu, entre puros y cava, y por empresarios que sólo acuden al estadio con estos fines, sin importar el partido de turno.
La gran diferencia está en el momento que cada uno vive. El Barcelona es un magnífico presente, un proyecto claro, que funciona de maravillas, y el mejor fútbol visto en años. El Real Madrid, en cambio, por ahora es un sueño, que depende de la voluntad de un hombre, de su chequera, su estado de ánimo, y un nuevo proyecto ilusionante.
¿Y si el Barcelona pierde la final de la Champions? Puede ser. Pero habrá sido ante otro grande, el actual campeón del mundo, y luego de una temporada memorable e inmerso en un proyecto de gran fútbol, con eximios ejecutantes. ¿Y si Pérez dice que no se presenta? Mejor no promover este tipo de reflexiones. Pueden ocasionar pesadillas y un vacío imposible de llenar en la capital española.

lunes, 11 de mayo de 2009

Defendiendo a Angel Cappa de si mismo

Estimado Angel: lo conozco mucho y usted también me conoce. Hemos hablado muchas veces. Algunas más largas, como en Lima o en Madrid, otras, nos hemos saludado con amigos en común. Sé muy bien lo que siente por el fútbol, cómo le gusta el fútbol que amamos los que creemos en él como hecho estético, y cómo no se puede aislar al fenómeno deportivo de lo que ocurre en la sociedad. Como en todo en la vida, uno adopta posiciones aunque, como bien sabe usted, apareció ya hace tiempo un enorme grupo de individuos que dice sostener banderas de "progresismo" aunque sólo sea de pico, y luego en los hechos es todo lo contrario. Eso, Angel, usted lo sabe bien, ocurre en el fútbol, como en el periodismo, o en otros ámbitos.
Entiendo también su pasión. Me pasa lo mismo que a usted y no tiene que ver con aquella canción del autodidacta tucumano Palito Ortega. Entiendo que usted haya dejado tantas ocupaciones en Madrid, y hasta una interesante columna en un diario deportivo, por regresar a su país, el mismo que hace tres décadas lo persiguió, para dirigir un equipo (Huracán), al que usted ama, y seguro que cobrando mucho menos dinero del que percibía en España.
Usted me preguntará, o el lector se interrogará, entonces, para qué escribir esta columna. Lo hago, si usted Angel pudiera leerme, para pedirle, en nombre de los que seguimos el mismo fútbol que usted defiende, el de Huracán, el que ha vuelto a utilizar el sentido común en torneos sin sentido, como los argentinos, el que ha vuelto a poner la silla al lado de la mesa, el velador al lado de la cama, el inodoro en el baño, que por favor no se justifique.
No necesita usted, Angel, decir en ninguna entrevista que juega para ganar. Ya lo sabemos y usted también sabe que eso es de Perogrullo. Que no se hace deporte de competencia y menos que menos profesional, si no es para ganar.
Espero, Angel, que usted no sienta que necesita decirlo para que lo dejen trabajar en paz. Para que no le caiga encima el monopolio, que busca desesperadamente y a cada instante a Ricardo Carusso Lombardi (que desde ya que está realizando un buen trabajo ordenando a un Racing muy complejo y pobre de recursos), pero que la única forma que tiene de darle un espacio a usted, es tratando de llevarlo a su molino, como cuando usted dice que "allá otros con sus ideas, a mí no me molesta el debate".
Angel, no hace falta que usted venda que es democrático, que acepta otros discursos. Lo es, siempre lo fue. No hace falta declamar lo que ya se es, salvo que sea para que otros nos crean que somos así. Pero no tiene por qué aclarar lo que usted piensa cuando sostiene, con absoluta razón, que el fútbol argentino siempre tuvo un estilo, y que éste fue quebrado con el Estudiantes de Osvaldo Zubeldía en 1967, y que ahí terminó de comenzar el "fútbol-trampa" que ya se avecinaba cuando regresamos de aquella derrota en el Mundial de Suecia en 1958, cuando pocos repararon en que no habíamos llevado a aquel torneo nada menos que a Maschio, Angelillo, Sívori y Di Stéfano y la industria del espectáculo encontró el resquicio justo para comenzar a tratar de copiar a los europeos y su disciplina industrial. Qué lejos llegaron.....y usted, como pocos, sabe bien que ese no es un debate serio, Angel. La línea trazada por aquel Estudiantes no pasa por "cómo ganar" solamente, sino que coloca a los que no ganan en una posición de "tontos" o "perdedores" ante la viveza criolla del "todo vale" que tanto dañó a los argentinos. Hoy, y usted lo sabe bien porque vivió años en Europa, el mismo jugador que en Buenos Aires, Rosario o Córdoba se revuelca por minutos en el suelo quejándose, es el mismo que luego se incorpora inmediatamente en Londres, Madrid o París luego de recibir una falta. Hoy, se utiliza el miserable "doble cinco" en el medio, tan sólo para seguir alimentando el verso del defensivismo en detrimento del espectáculo y para seguir generando esquemas conservadores insólitamente apoyados por el monopolio que sigue sin darse cuenta de que un día perderá la gallina de los huevos de oro. Y usted, que juega con un solo cinco (Bolati), como siempre se jugó en la Argentina, lo sabe bien. Y sabe que en todo caso, el debate pasa por "cómo jugar mejor" o, le aumento la apuesta, estimado Angel, "cómo brillar más aún que el adversario", como se plantean Manuel Pellegrini, Arsene Wenger, Alex Fergusson, Pep Guardiola, y hasta Redknapp, si me deja.
Las vías para llegar al gol son todas válidas si se plantean honestamente, Angel. El tema es qué queremos para el fútbol. ¿Es sólo ganar y con eso contentaremos a los espectadores?, ¿o es que también hay que agradarlos con buen juego, con todo el arte posible? ¿Por dónde pasa nuestro respeto por ellos?
Sé que es difícil, Angel. Claro que es difícil. Sostener un fútbol ofensivo, de toque, con un esquema "antiguo", que tanto esplendor le dio al fútbol argentino, y con un bajo presupuesto en su club, es complicado porque si no gana, todo se le vendrá encima y usted lo sabe, en esta mediocre argentina, en la que el mejor comentarista televisivo es un ex jugador (Diego Latorre), en la que se ha perdido la noción de juego, no habrá muchos dispuestos a defenderlo y se lo defenestrará a la primera de cambio. A menos, como noto preocupado que comienza a ocurrir, usted trate de decirle al monopolio que no está en la vereda de enfrente para preservarse.
Le pido que recapacite, que no lo haga. Que se juegue. Seguro, Angel, que usted leyó aquel poema de Mario Benedetti. Por eso, yo también le pido que no se salve, y que no se justifique ante quien no debe. Usted, créame Angel, no lo necesita.

Una final anunciada, un camino diferente (Yahoo)

El mundo del fútbol esperaba que ocurriera, y sucedió. Los dos mejores equipos del planeta, el Manchester United y el Barcelona, dirimirán el título de campeón de Europa de la temporada el próximo 27 de mayo en Roma, aunque los caminos para llegar no fueron los mismos. Unos prácticamente no tuvieron inconvenientes (los ingleses) y los otros sufrieron más de la cuenta, y pasaron con un gol en el último minuto (los catalanes).

Las paradojas del fútbol aparecieron una vez más en esta Champions League. Porque si hay un equipo que atravesó con justicia y contundencia todas las fases hasta la semifinal, éste había sido el Barcelona. Hasta uno de los tradicionales animadores del torneo, como el Bayern Munich, sucumbió en cuartos de manera absoluta ante la superioridad rival. Pero todo lo fácil que había sido el camino hasta allí, se complicó luego, con un Chelsea que de la mano del gran entrenador holandés Guus Hiddink, le planteó muy bien el primer partido en el Camp Nou, en el que resistió el 0-0, y en Stamford Brigde se encontró con un golazo de Essien muy pronto, que facilitó el trabajo, muy parecido al del cotejo de ida, de soportar con estoicismo y punzantes contraataques, la infinitamente mayor posesión de pelota de los catalanes.

El Barcelona necesitó entonces de un aprovechamiento total del único tiro real al arco en todo el segundo tiempo, ya en el descuento y por parte de Andrés Iniesta –gran jugador al que ahora de manera elitista la prensa española exalta y pide para él el Balón de Oro que claramente correspondería a Lionel Messi-, para encontrar la clasificació cuando ya se esfumaba, y que ahora deja en lo más alto el ánimo de un equipo que llegaba de la fiesta de haberle metido seis goles al Real Madrid en el estadio Santiago Bernabeu.

Es cierto: el Barcelona cuenta, además de su excelso fútbol, con la dosis necesaria de fortuna que requiere todo campeón, tal como le ocurriera en 1992 con aquel fortuito cabezazo de Jose Mari Bakero en Kaiserlautern, en tiempos del “Dream Team” de Johan Cruyff, para llegar a aquella recordada final de Wembley con aquel tiro libre tantas veces repetido de Ronald Koeman a la Sampdoria de Gianluca Vialli.

Y por si quedara poco, al partido le cargó mayor dramatismo el polémico arbitraje del noruego Tom Henning Ovrebo, al que los jugadores y la afición del Chelsea le reclaman cuatro penales no cobrados, de los que realmente creemos que sólo hay uno realmente posible. En los casos de balones rebotados en la mano de los defensores, se toma en cuenta la intencionalidad y no creemos que haya habido en ningún caso.

En cambio del Barcelona, el Manchester United no había mostrado, en esta Champions League, la misma regularidad de la temporada anterior, si bien siempre se ha mostrado como un conjunto sólido y capaz de desequilibrar en cualquier momento por la contundencia de su ataque.

Por eso, y tras el antecedente de cuartos de final, cuando tuvo que imponerse al Porto en Portugal tras el sorpresivo 2-2 de la ida en Old Trafford, pocos pensaron en una semifinal tan descansada ante un rival conocido y clásicamente complicado como el Arsenal de Arsène Wenger.

Pero el abrumador dominio que los “diablos rojos” ejercieron en el primer partido, en Old Trafford, hizo que la diferencia de 1-0 resultara escasa de acuerdo a lo que se había visto, aunque aún así, la imagen dejada por el actual campeón europeo era que difícilmente en Londres podían esperarse cambios.

Y en Londres, los dos goles de entrada para el Manchester fueron determinantes para que la eliminatoria se definiera a falta de ochenta minutos, porque el Arsenal estaba obligado a marcar cuatro tantos, y esto constituía una empresa casi imposible, que su público sabía bien, al punto de iniciar la retirada del estadio con mucha antelación.

¿Significa algo, para la final, que uno llegue con tanta claridad y el otro, con tanto sufrimiento? Poco y nada. Un partido decisivo como el de Roma encierra otros primeros interrogantes, como cuál de los dos estilos se impondrá, si el del control del balón con mucha gente en ataque (Barcelona) o el de la potencia ofensiva con enorme capacidad de gol, pero con un mediocampo combativo (Manchester United).

También es bueno preguntarse si le alcanzará al Barcelona con una defensa de la que apenas si dispone de cuatro titulares, ausentes como estarán Gabriel Milito y Rafa Márquez (lesionados), Abidal y Alves (suspendidos), y si esto obligará a Pep Guardiola a retrasar una vez más a Yaya Touré como central para ayudar a Piqué, mientras Puyol probablemente pueda ir a la derecha y Silvinho, a la izquierda como laterales, o si apostará al uruguayo Cáceres como segundo central junto a Piqué, dejando a Touré en el medio.

Por el lado del Manchester, habrá que ver qué decide Fergusson ante la más que probable ausencia de Fletcher. Si se decanta por un juego más ofensivo, o más defensivo en ese sector.

Más allá de estas disquisiciones, no hay dudas de que tendremos, por fin, una final poco polémica en cuanto a quiénes merecen estar. Uno, el Manchester, es el campeón europeo y mundial, acaso el equipo más regular del planeta. El otro, el mejor equipo de la actual temporada en el mundo entero. La mesa está servida.


miércoles, 6 de mayo de 2009

El Barcelona llega a la final más por lo general que por esta eliminatoria (Jornada)

Los amantes del fútbol suspiraron con alivio con el golazo de Andrés Iniesta a un minuto de que se acabara la semifinal ante el Chelsea en Stamford Bridge. El Barcelona se quedaba irremediablemente afuera de la gran final de la Champions League porque no había forma de encontrarle la vuelta al tremendo vallado defensivo colocado por el gran entrenador holandés Guus Hiddink, y llegó el milagro cuando ya casi nadie lo imaginaba, pero así es el destino, que decidió premiar más al que viene ofreciéndonos una temporada de esplendor, que al que realmente mereció llegar a Roma.

No es la primera vez que al Barcelona le ocurre algo así, y seguramente muchísimos aficionados culés mayores de treinta años habrán apelado a la magia de aquel día de 1992 en Kaiserlautern, cuando a poco de la final de Wembley, el “Dream Team”de Johan Cruyff parecía ya eliminado cuando un cabezazo salvador de José Mari Bakero lo metió otra vez en la Champions, que luego ganó con aquel tantas veces repetido tiro libre de Ronald Koeman ante la Sampdoria de Gianluca Vialli. En ese equipo catalán jugaba Josep Guardiola, el hoy entrenador azulgrana, que festejó el tanto de Iniesta corriendo por todo el lateral, loco de contento.

Todos los caminos del Barcelona conducían a la final de Roma del próximo 27 ante el Manchester United, pero parecía que el equipo catalán se estrellaba en el último paso, y de hecho, no mereció avanzar, aún cuando siempre impone un porcentaje altísimo de posesión de pelota, que tampoco varió en los dos partidos ante el Chelsea.

Sin embargo, no es casual que en tres horas de fútbol, el Barcelona sólo haya marcado un tanto a los tres minutos de alargue del segundo partido. Se encontró por una de las pocas oportunidades en la temporada, con un equipo que le jugó “a la italiana”, con dos líneas de defensores muy bien posicionados, con un excelente estado físico, y con un gran manejo del contragolpe, además, con un enorme sentido de la verticalidad conseguido en los tiempos ganadores del portugués José Mourinho, y ahora continuados por el maestro Hiddink.

Así, el Chelsea se llevó un enigmático empate a cero en el Camp Nou pero que nada se sabía de las consecuencias que podía acarrear ayer en Stamford Bridge. Y el fútbol tenía preparado un golazo de Essien, antes de los diez minutos, que condicionó la eliminatoria, porque lo que parecía al revés, en el sentido de que el equipo inglés iba a tener que salir y dejaría espacios para el ataque rival, generó que el partido volviera a parecerse al primero, con los locales ahora defendiendo la ventaja, y un Barcelona desconocido y muy marcado, tuviera que salir a buscar el empate.

Más allá del pase milagroso del Barcelona a la final, algunos apuntes que no deben soslayarse. Los catalanes llegan ante el anterior campeón de Europa, el Manchester United, sin cuatro defensores claves: dos de los centrales, lesionados (Rafa Márquez y Gabriel Milito), y los dos laterales suspendidos (Daniel Alves por acumulación de tarjetas) y Abidal por expulsión. Guardiola sólo dispone del regreso de Carles Puyol, y deberá estructurar un nuevo sistema ante uno de los ataques más poderosos del mundo.

Y el joven entrenador catalán también deberá afinar su búsqueda de equilibrio cuando le falta algún titular desde el medio hacia arriba. Samuel Eto’o ya no funcionó del todo por la derecha ante Real Madrid, y menos que menos por la izquierda en Londres, mientras que Keita y Sergio Busquets son mucho más lentos en el andar, que los titulares Yaya Touré e Iniesta, ayer el primero como marcador central, y el segundo, como falso puntero derecho.

Al Chelsea se le escapa por un minuto una enorme chance de vengar aquella derrota de hace un año por penales en Moscú ante el Manchester United por la final de la Champions League, y debe ser, sin dudas, muy frustrante para su plantel, especialmente porque mereció jugar la final, pero tal vez con el paso de los días compruebe que ha sido mucho más que un digno rival. Ha logrado anular, y hasta superar al Barcelona. Y eso no es para cualquiera.

En cuanto al fútbol en general, no hay mejor final que la de Roma. Los dos mejores estarán allí en tres semanas. Cara a cara, dos estilos completamente distintos, ambos agradables, con excepcionales jugadores, y a partido único. El Nadal-Federer del fútbol. Y para nosotros, Carlos Tévez contra Lionel Messi. No podemos pedir más, el fútbol nos otorga este privilegio.


martes, 5 de mayo de 2009

La solidez del Manchester United lo proyecta a otra final (Jornada)

El recordado periodista Dante Panzeri decía hasta su muerte en abril de 1978 que el fútbol es “la dinámica de lo impensado” y sin dudas lo sigue siendo en el rectángulo de juego, por más previsiones que los entrenadores cientificistas quieran tomar. Pero también es claro que la lógica institucional va generando ciertas situaciones que van conduciendo a resultados esperados.
Esto puede ser ejemplarizado en este más que sólido Manchester United, campeón europeo de 2008, y ayer consagrado nuevamente finalista en Roma, para el 27 de mayo, a la espera de que hoy el Chelsea y el Barcelona definan su rival.
El Manchester United, conocido también como “los diablos rojos”, no llega para nada de casualidad a esta nueva final. No pierde un solo partido desde 2007, es decir, hace dos temporadas de Champions League, con veintisiete encuentros invicto. Su entrenador, el escocés sir Alex Fergusson, asumió el cargo en 1986, y tardó cuatro años en obtener su primer título. Ni pensar con la actualidad del fútbol argentino, en el que una campaña sin buenos resultados en dos meses genera una crisis casi terminal. En el Manchester United, decidieron esperar a Fergusson, hasta que consolidara un sistema que terminó arrasando primero en Inglaterra, y luego en Europa, desde los tiempos fabulosos de uno de los grandes ídolos de la modernidad, como el francés Eric Cantoná, hasta el imperio creado con jugadores de una generación brillante que están llegando al final de un ciclo: David Beckham, Ryan Giggs, Paul Scholes, Gary Neville, acompañados de otros figurones como el tremendo volante central Roy Keane, o un excepcional y veterano arquero como lo fue el danés Peter Smeichel.. La inolvidable final de la Champions League de 1999 en Barcelona ante el Bayern Munich, cuando a un minuto del cierre del partido perdía 1-0 y terminó ganando 2-1 (con tantos de los dos suplentes ingresados, Solkjaer y Sheringham), fue la cereza de la torta que permitió vivir de felicidad en felicidad y que con los lógicos cambios por fichajes y ventas, terminó por imponerse en el mundo entero.
Hoy el Manchester es el campeón europeo y mundial, luego de imponerse primero en una durísima final en Moscú al Chelsea por penales, y luego en Japón, ante el duro escollo que fue la Liga Deportiva de Ecuador en diciembre pasado, proyectando al galardonado como mejor jugador del planeta en 2008, el portugués Cristiano Ronaldo. El mismo que por el momento, no está consiguiendo que su seleccionado se clasifique para el próximo Mundial de Sudáfrica, por lo que tira a la borda aquel justificante de que el Manchester gana tan sólo por el portugués. Nada de eso. Gana porque desde hace muchos años que tiene una coherencia, porque se posicionó como el club más rico del mundo en base al trabajo, a una estrategia de marketing, e inmerso en la Premier League, la mejor liga por mantener un orden, una prolijidad y una muy buena dirigencia.
En 2008, los “diablos rojos” ganaron la Premier League, la Copa de la Federación Inglesa, la Champions League y el Mundial de Clubes, y aunque en esta temporada no pudo hacerse otra vez de la FA Cup (eliminado en semifinales por penales ante el Everton en Wembley, y jugando con su equipo B), tiene casi ganada otra vez la Premier, en una durísima lucha con el Liverpool, y se encuentra en la final de Roma por la Champions. Nada de esto es casualidad. Todo lo contrario. Cuando se esperaba una tremenda semifinal ante el Arsenal, por la rivalidad que siempre hubo entre ambos equipos, el Manchester se impuso hasta con cierta comodidad y como se preveía, el 1-0 conseguido en el partido de ida en su estadio, el “Teatro de los sueños” de Old Trafford, fue decisivo y a los 11 minutos, en Londres, ya se imponía 0-2, obligando al local a tener que llegar a los cuatro goles para eliminarlo. Una quimera, tratándose de uno de los equipos más serios. Y efectivamente, terminó imponiéndose casi en un entrenamiento, por 1-3 y con la mitad del público local ya retirado tiempo antes del estadio, sabiendo que no existía la más mínima posibilidad de llegar a la final.
Lo supo también el Porto de Portugal, que en los cuartos de final había conseguido un gran 2-2 en Old Trafford. Sin embargo, en la vuelta en tierras lusas, el Manchester sacó a relucir su tradición, su personalidad, y terminó imponiéndose 0-1.
Será interesante ver cómo resuelve el Manchester la segunda final consecutiva de la Champions League, ya sea ante el Chelsea (su vencido en 2008) o ante el Barcelona, en el que muchos consideran “el” partido del mundo del fútbol, el Nadal-Federer de los equipos de 2009.
Pero este nuevo acceso a una final, por parte del Manchester, está lejos de ser una casualidad. Más bien es producto de la causalidad.

domingo, 3 de mayo de 2009

El fútbol del Barcelona debe ser el ejemplo (Jornada)

Mejor, no se puede jugar. Para muchos, el mejor Barcelona de la historia. Para otros, tal vez algo apresurados aunque difícilmente equivocados, se trata del mejor equipo visto jamás. Lo cierto es que hasta el Real Madrid, y en el propio estadio Santiago Bernabeu, pagó demasiado cara su osadía de querer disputarle la liga a su archirrival y tuvo que padecer un humillante 2-6, un resultado que jamás había sufrido, en el partido que definía el devenir del actual campeonato español de fútbol.

Pero lejos de quedarnos detenidos en este partido, la idea es tratar de reflexionar cómo esta cuasi-final entre Real Madrid y Barcelona, apenas forma parte del epílogo de una temporada brillante de los catalanes, que si no han ganado muchísimo antes la liga siendo tan superiores a todos sus adversarios, fue justamente porque los blancos de la capital llegaron a ganar todos los partidos menos uno, que empataron, desde su caída en el Camp Nou también con el Barcelona (2-0) en el debut de su actual entrenador, Juande Ramos.

Sólo una excepcional campaña como la del Real Madrid, que no deja de serlo por haber sido vapuleado en su propio estadio por una máquina de jugar al fútbol, pudo demorar una definición que hasta generó alguna duda los días previos a este excepcional enfrentamiento del sábado que quedará entre los mejores de la historia del fútbol moderno.

Porque si bien el Real Madrid hizo todo lo posible por alcanzar a su rival, y hasta llegó a estar en ventaja de 1-0 que suponía quedar a un punto restando cuatro jornadas, la diferencia es tan grande como la que siempre suele haber entre un muy buen equipo, y otro brillante.

Y nos detenemos ahora sólo en el Barcelona, que el próximo miércoles en Londres, y por el partido de vuelta de la Champions League, debe jugarse ante el Chelsea su pase a la gran final del 27 de mayo en Roma, luego de empatar sorpresivamente en el Camp Nou por 0-0.

El Barcelona se encuentra en el gran momento de las definiciones. En el exacto tiempo de definir si los brillantes espectáculos, la enorme cantidad de goles convertidos en la temporada (casi 150), el excelso fútbol que nos ha mostrado a lo largo de un año, tendrán el corolario en títulos que es, al fin y al cabo, lo que termina de legitimar ante muchos todo lo hermoso que no necesita de catalogaciones.

Pero no viene mal tampoco, que el Barcelona se lleve todo, que arrase con la liga (asunto ya casi concretado), la Champions y hasta la Copa del Rey (cuya final debe disputar la semana siguiente en Valencia ante el Athletic de Bilbao). Porque de esta manera, también los resultadistas se quedarán, por fin, sin cháchara, sin argumentos inútiles con los que atacar a los osados, a los que decidieron pensar en la gente, los que sienten un fútbol lírico.

Porque tampoco sirve el argumento de los recursos económicos. También el Inter, el Chelsea, el Bayern Munich, el propio Real Madrid, el Liverpool o el Manchester, o el Arsenal, disponen de presupuestos parecidos, pero no logran lo que el Barcelona.

No todo es económico. Lo que genera el Barcelona es que reflexionemos por qué nosotros, con los jugadores que tenemos, con el mismísimo Lionel Messi que deslumbra al mundo entero, con cracks para elegir en los cuatro puntos cardinales, no generamos la misma admiración, los mismos comentarios.

Viene bien que gane el Barcelona para que a los que nos gusta el fútbol nos impulse el mirarnos en el espejo, reflexionemos con la almohada, y pensemos si “eso” que vemos los domingos, cómo chocan unos y otros al fútbol local, cómo gesticulan los jugadores pidiendo tarjetas para el contrario o simulando faltas, o tirándose sobre el rival con los dos pies para adelante, para quebrarlo en pos del resultado, es lo que queremos.

El Barcelona también obtiene resultados, pero optó por otro camino. Por uno más digno, que divierte, que asombra, que deslumbra, pero que gana. ¡Y cómo gana! Y es de este planeta, no de otro. Los jugadores son de carne y hueso, y muchos, con una habilidad no tan superior a la de los nuestros. Lo que cambia es la mentalidad, el deseo de terminar con la mentira malsana del resultadismo.

Es hora de tomar como referencia al Barcelona, a su fútbol, a su ideario, a su filosofía, a su juego. También así se gana, pero más que todo, así se juega al fútbol, más allá, incluso, de los resultados conseguidos.

sábado, 2 de mayo de 2009

¿Podrá el Barcelona evitar que se repita la final de 2008? (Yahoo)

Tras los dos partidos de ida de la semifinal de la Champions League, y el sorprendente empate conseguido por el Chelsea en el Camp Nou, cabe preguntarse si podrá conseguir el Barcelona un resultado que lo coloque en la ansiada final de Roma, mientras que por el otro lado, Manchester United parece haber conseguido una diferencia importante que le permite seguir soñando con retener el título conseguido en 2008.

Pocos esperaban una repetición de la final de Moscú, en la que Manchester United se impuso por la mínima a su compatriota Chelsea, que tal como ahora, llegaba en una etapa de una transición consolidada, cuando el israelí Avram Grant reemplazó a José Mourinho. Ahora los de Stanford Bridge pasan por una situación parecida, y al cabo de un año, el holandés Guus Hiddink tuvo que hacerse cargo en reemplazo del brasileño Luiz Felipe Scolari, en el que había depositadas muchas esperanzas. Sin embargo Hiddink, un entrenador de gran experiencia y exquisito trato con sus jugadores, pudo sacar adelante el desafío, y dirigiendo al mismo momento a la selección rusa.

Lo que pocos podían llegar a suponer, y nos incluímos en la mayoría, es que este Chelsea, aún con tantos buenos jugadores como dispone, iba a soportar un empate 0-0 en el Camp Nou ante un Barcelona con tanta capacidad goleadora en la temporada (está al borde de los 140 goles), y que viene desarrollando un juego imponente y arrollador.

Sin embargo, el equipo inglés, con una estrategia poco común, casi un sacrilegio futbolístico para los cracks que lo componen, se dispuso sin demasiados cuestionamientos internos con dos líneas de cinco defensores, y dejando para el contraataque tan sólo a alguna escapada de Didier Drogba, que casi aprovecha en un error defensivo y desperdició una doble ocasión frente a Víctor Valdez.

Este impresionante vallado, de todos modos, no fue el único motivo del empate, sino que también el Barcelona pareció más errático que lo habitual, acaso más nervioso por tener su mente dividida en dos frentes, siendo el otro nada menos que el desafío casi decisivo en el estadio Santiago Bernabeu ante el Real Madrid por la liga española.

Esto, y las ausencias de Carles Puyol (suspendido por acumulación de tarjetas amarillas) y Rafa Márquez (lesión), generan ciertas dudas para la revancha del miércoles en Stanford Bridge, si bien hay que hacer notar que el hecho de que el Chelsea no haya marcado en el Camp Nou puede determinar el pase a la final porque un gol del Barcelona obliga a los ingleses a marcar dos tantos, y el hecho de jugar de locales, obligaría al equipo de Hiddink a volcarse al ataque, dejando espacios que el Barcelona no tuvo en el anterior partido.

Por el otro lado, en cambio, el Manchester United parece más consolidado que el 1-0 que marcan las cifras de lo ocurrido en Old Trafford. La difrencia a favor de los “Red Devils” sobre el Arsenal fue mucho mayor que la de un gol, debido a que el dominio territorial y de posesión de pelota fue enorme, pero también las situaciones de gol.

En este sentido, el Arsenal sorprendió con su actitud defensiva mucho más que el Chelsea, porque el entrenador francés Arsene Wenger no acostumbra a tomar tantas precauciones. En este caso, no parece que el conjunto londinense haya salido a la cancha con una propuesta defensiva, sino que el propio andar del Manchester United lo fue retrasando hasta que sus líneas quedaron casi pegadas al arquero español Manuel Almunia, casi el exclusivo responsable de que el marcador no haya sido más amplio.

Aunque parezca pobre, el 1-0 no es poca distancia. El haber marcdo y a su vez no haber recibido goles en contra por parte del United, sumado a la enorme diferencia futbolística ejercida con la autoridad de un equipo experto y anterior campeón en 2008, parece decisivo incluso para la revancha del martes porque se trata de un plantel que maneja muy bien los tiempos de un partido cuando lo tiene a favor o cuando hay mucho en juego, y son testigos de ello tanto el Inter como el Porto, sus dos eliminados desde octavos de final.

El Arsenal dispone un plantel joven, aunque su líder natural, Cecs Fábregas, no parece haber tomado la forma que tenía previa a la lesión que lo mantuvo fuera de las canchas por largo tiempo, mientras que muchos de sus compañeros deberán cambiar mucho si quieren torcer una eliminatoria muy complicada y en la que un gol del United sería casi el final para los anfitriones en el torneo. No por nada el propio entrenador del Manchester, Alex Fergusson, había manifestado antes del partido de ida que se conformaba con un 1-0.

Habrá que ver entonces si el Barcelona puede torcer el rumbo de una eliminatoria impensadamente complicada ante el Chelsea, y si el Arsenal, con un equipo tan joven y cuando pocos imaginaban que llegaría hasta aquí, puede eliminar al anterior campeón europeo. De lo contrario, Roma verá repetir a los mismos protagonistas de Moscú, otra vez en la gran pelea por la copa más prestigiosa de Europa.