lunes, 25 de mayo de 2009

El despropósito de Ischia

Carlos Ischia se irá de Boca Juniors. Algo que debió ocurrir mucho antes y que parece que sucederá demasiado después. Los resultados, que a veces son los que mandan porque condicionan económicamente a los clubes y porque generan tontas reglas del capitalismo por las cuales, en el contexto deportivo, un entrenador termina siendo "exitoso" si gana, generaron que Ischia continuara en el cargo en 2009 cuando ya debía irse en diciembre. Pero aquel angustioso título del Apertura, conseguido a duras penas y por apenas un gol ante Tigre, con un penoso andar durante las diecinueve fechas para lograr alcanzar un triangular más que todo por la propia caída de San Lorebzo, lo venían disimulando. Muchos ya se olvidan de que en la última fecha, en la Bombonera y ante Colón, la distancia de 3-0 pasó a ser de 3-2 cuando quedaba cerca de media hora para el final. Nunca Boca dio garantías de solvencia y con un director técnico que fue encargándose de tirar por la borda cada uno de los beneficios con los que en los últimos años se encontraba cualquiera que ocupara el banquillo en el club de la ribera. El activo de contar con el mejor plantel de América fue derivando en la aparición de dos grupos claramente diferenciados. Uno, mayoritario, detrás del líder positivo, Martín Palermo. Y otro, minoritario, junto a Juan Román Riquelme, que comenzó a parecerse a aquel de los últimos tiempos en el Villarreal, creyéndose dueño de todo. Y ese Riquelme fue perdiendo fuerza, y ganando terreno debido a que contó siempre con los favores de Ischia, que pensó que tendiéndole la alfombra roja, se aseguraría el control del problema del juego, al fin y al cabo, lo único que interesaba. Pero no fue así y hasta un entrenador tuerto y caprichoso como Diego Maradona, en la selección, llegó a ver que el rendimiento del diez boquense distaba de ser el que debía y generó un problema por falta de códigos. Pero Ischia seguía sin verlo. Tal vez, incapacitado para hacerlo.
Tampoco pudo Ischia ir llevando como correspondía a los excelentes jugadores surgidos de las divisiones inferiores. Porque se dice que los partidos los ganan los chicos, pero los campeonatos, los grandes. Esto significa que a los valores jóvenes hay que irlos llevando de a poco. Pero se llegó a la definición del Apertura, y Javier García casi nunca se había puesto la camiseta titular en el arco. Y no sólo lo pagó caro, sino que con la llegada del veteranísimo Roberto Abbondanzieri, Ischia repitió el esquema con Josué Ayala, al que sigue sin darle partidos, ni siquiera los de menor cuantía, mientras que en la zaga central llegó a plantar a dos juveniles juntos.
Tanmpoco hubo coherencia en el ataque. Pocos técnicos en el continente cuentan con seis delanteros del nivel de los que tiene Boca. Tres extremos (en tiempos de carencia de esta clase de jugadotres en el mundo) y tres centrodelanteros. Sin embargo, ischia varió hasta confundir a todos. Incluso, en partidos de clara necesidad de dominio, ingresó el rapidito Noir, cuando tenía que entrar Mouche, y en partidos de contragolpe, llegó a jugar con Mouche cuando debía jugar Noir.
En todo ese desconcierto, en el que los jugadores fueron perdiendo también su nivel individual a falta de un sistema colectivo mínimo que los sostuviera, la dirigencia optó por su continuidad sólo porque en el Apertura, San Lorenzo se cayó. Y ya en el Clausura y la Copa Libertadores, la realidad fue contundente y aquello que estaba resquebrajado a fines de 2008, se rompió en todo sentido en 2009.
La dirigencia de Boca, es cierto, tuvo dos golpes en poco tiempo: la salida de Mauricio Macri a la Ciudad de Buenos Aires como jefe de gobierno la dejó sin su líder (aunque también, sin explicar algunos tantos negociados), y la muerte inesperada de Pedro Pompilio, sin su dirigente principal en el post-macrismo. Esto es cierto, como también, que la contratación de Carlos Bianchi como manager, sólo discutida por cierta prensa que lo odia por su absoluta y total coherencia, poco habitual en estos tiempos, fue lo mejor que la comisión directiva pudo haber hecho en lo que va de la temporada.
Pero Boca, con la enorme diferencia de plantel, economía y poderío de estos años, debió proyectar en convertirse en el Barcelona sudamericano, en el equipo de mejor fútbol, el que genere los mejores espectáculos, e ir renovando su plantel de a poco, subiendo los excelentes juveniles que posee como derivación del gran trabajo del maestro Jorge Bernardo Griffa en tantos años.
Pero no fue así. Pasó Ischia, quien sigue hasta el final del Clausura aunque lo más probable es que esto genere, por descreimiento en los jugadores y en el vacío de un mensaje sin sentido de alguien que se va, que Boca termine último, algo inédito para su riquísima historia. Pero los dirigentes siguen sin verlo, como tampoco, que renovar el contrato a Palermo y a Riquelme al mismo tiempo, significa prolongar el conflicto, cuando pocos entrenadores están capacitados para destrabarlo, evidentemente la dirigencia misma no puede hacerlo, y Bianchi no quiere.
Párrafo aparte para el Virrey: pocas veces en el ambiente del fútbol, se puede encontrar a alguien con tanta palabra y lealtad como la de Bianchi hacia Ischia. Hasta hizo colocar una cláusula en el contrato para no asumir cuando su amigo se fuera, y se mantiene firme.
Pocos lo pueden ver. Pero es lógico: en esta Argentina de los tiempos mediocres y la abundancia de grises, un buen gesto es visto con sospecha.

El mejor partido del mundo (Yahoo)

No hay mejor partido en el mundo entero, que el que jugarán este miércoles en Roma el Manchester United y el Fútbol Club Barcelona. Por el poderío de sus clubes, por ser los ingleses los actuales campeones de Europa y del mundo, y porque los catalanes tienen actualmente el juego más brillante. La Champions League, el torneo más prestigioso del planeta, tendrá la gala que se merece y tal vez la mejor de los últimos tiempos.

En cuanto a los antecedentes de ambos equipos, no hay dudas de que se trata de dos conjuntos coperos, con vasta experiencia en disputas de torneos continentales y ya habiendo sido campeones de la Champions (Manchester United en 1968, 1999 y 2008, y el Barcelona en 1992 y 2006), mientras que los dos han tenido tradicionalmente protagonismo en sus propias ligas y copas.

De hecho, ambos son los actuales ganadores en sus ligas, que, además, hoy son indiscutiblemente las dos mejores ligas del mundo. El Manchester United ha sido perseguido por el Liverpool hasta el final, obligándolo a un gran esfuerzo, mientras que el Barcelona pudo haber sido campeón de España mucho antes, de no ser por la excelente segunda rueda del Real Madrid, que desde la llegada de Juande Ramos como entrenador, sólo había cedido un empate hasta volver a enfrentar al mismísimo Barcelona y recién allí, caer categóricamente 2-6 en el estadio Santiago Bernabeu.

Si hablamos de ambos entrenadores, la diferencia está dada en la enorme experiencia del escocés sir Alex Fergusson, quien accedió al cargo en el lejano 1986 para ir acercándose tanto al Liverpool en títulos, que ya ha empatado el palmarés a nivel local (18) y se ha acercado a nivel internacional (si gana el miércoles la Champions, obtendrá la cuarta contra cinco de los “reds”). Todo lo contrario ocurre con Josep Guardiola, surgido como jugador en la cantera del Barcelona, y quien accedió al plantel profesional al inicio de esta temporada, luego de haber dirigido solamente al equipo B en la categoría Segunda B (Tercera división española).

Si de jugadores se trata, la cita no puede ser mejor. Podremos observar in situ el mejor duelo individual posible entre los dos mejores jugadores del mundo de la actualidad. El portugués Cristiano Ronaldo, ya consagrado como FIFA World Player y Balón de Oro en la temporada pasada, en el Manchester United y tal vez en su partido despedida, si se confirma su tan polémico pase al Real Madrid, y el argentino Lionel Messi, acaso el jugador más brillante de este momento, con una cuarentena de goles en la temporada y claro conductor de un conjunto de estrellas como es el Barcelona.

Pero ninguno de los dos equipos se queda en sus máximos exponentes. El Manchester United posee un plantel sólido y de probados jugadores en cada posición, aún cuando no podrá contar con el volante escocés Fletcher, suspendido, y desde ya con otro volante de contención, Owen Heargraves, lesionado durante toda la temporada. Todo esto puede hacer mermar demasiado el sistema de marcaje y justo ante un rival que se caracteriza por monopolizar la pelota. Pero más allá de estas ausencias, también hay mucha riqueza para contar en el ataque, algo de lo que no muchos equipos pueden presumir, y así es que además de Cristiano Ronaldo, Fergusson puede contar con Rooney, Tévez, Berbatov, Macheda, o Giggs y su experiencia. El Barcelona, por su parte, tendrá dos ausencias claves, como sus dos laterales habitualmente titulares, Eric Abidal y Daniel Alves, en especial éste último, acostumbrado a pasar al ataque por la derecha para sumarse a Messi y así generar superioridad sobre la marca por parte del rival de turno.

Sin embargo, también el Barcelona cuenta con riqueza para reemplazarlos, como Silvinho, y la posibilidad de volcar a la punta a Cáceres o Puyol, pero evidentemente, la falta de estos defensores y la lesión para toda la temporada de Gabriel Milito, termina por dejar al Barcelona una cierta debilidad en ese sector, y máxime teniendo que enfrentar a una potente delantera como la inglesa.

El otro punto será si el extremo izquierdo Thierry Henry podrá estar presente superando la lesión que lo alejó de las canchas en las últimas semanas. El francés es clave para abrir el juego, porque el Barcelona notó su ausencia en los últimos partidos, especialmente ante el Chelsea en semifinales. Paradójicamente, Henry disputó la final de la Champions de 2006 en París ante el Barcelona, jugando para el Arsenal, así como Gerard Piqué, el marcador central del Barcelona, tuvo un paso por el United hasta la pasada temporada.

El otro interrogante es lo que ocurrirá si el partido finaliza empatado, desde el aspecto físico, en el que ambos aparecen con una gran paridad, y en la seguridad de sus arqueros. En este sentido, el holandés Van der Sar saca una luz de diferencia sobre Víctor Valdez por su experiencia en este tipo de finales, y por ser un gran especialista en atajar penales.

Van der Sar fue considerado como el mejor jugador de la final de 2008, en Moscú, cuando el Manchester United se impuso al Chelsea por penales.

Manchester United y Barcelona se conocen bien: en 2008 tuvieron que enfrentarse en semifinales y la serie se definió de manera cerrada: fue 0-0 en el Camp Nou, donde Cristiano Ronaldo tuvo un penal a su favor al inicio, y lo desperdició, y los ingleses se impusieron 1-0 en la revancha en Old Trafford.

Ahora deben verse las caras el miércoles en Roma, en uno de los partidos más esperados de los últimos años, y que define nada menos que al próximo campeón europeo, y representante de Europa en el próximo Mundial de Clubes en Emiratos Arabes.

La mesa está servida.

viernes, 22 de mayo de 2009

Real Madrid deposita todas sus esperanzas en Florentino Pérez (Yahoo)

Sólo la tan anunciada conferencia de prensa de un dirigente de la talla de Florentino Pérez, como candidato a presidente en las próximas elecciones del Real Madrid, podía generar tanta expectación y una revolución en el mundo futbolístico que consiguieran tapar, o al menos competir en protagonismo, a los grandes éxitos del mejor equipo del mundo de la actualidad, el Fútbol Club Barcelona.

Es que para el Real Madrid, la cuestión era Florentino Pérez, o la nada misma. El presidente de una de las más grandes constructoras del mundo, Aceros y Dragados (ACS), cuenta con el gran antecedente de haber sido quien, por fin, había logrado emprolijar las cuentas de la siempre inabordable economía blanca, pero no sólo eso: inyectó de glamour a un equipo que llevaba años navegando sin un proyecto sólido.

Cuando Pérez llegó en el 2000, pocos creían en él. Real Madrid venía de ganar nada menos que la Champions League semanas antes en París y vapuleando al Valencia de Héctor Cúper, con un 3-0 inapelable, y eso mismo dio motivos para que el entonces presidente, Lorenzo Sanz, adelantara los comicios pensando en que el resultado de la final europea lo beneficiaría. Sin embargo, para sorpresa de muchos, ocurrió todo lo contrario: el entonces ignoto Pérez, con el anuncio del fichaje de una de las estrellas del momento, el portugués Luis Figo en caso de ganar, se quedaba con el poder debido a la ilusión que generó esta promesa, porque el delantero a contratar provenía del archirival, el Barcelona, y porque los socios castigaron los irregulares movimientos del anterior mandatario. Se había llegado a difundir que Sanz hasta había sacado dinero de la caja del club para apostar a las cartas con su colega del Atlético Madrid, el ahora fallecido Jesús Gil y Gil, también siempre muy cuestionado.

Pero Pérez, al vencer, no se quedó en lo de Figo, que representó a su vez un duro golpe al Barcelona, al pagar enteramente su cláusula de rescisión. Desde ese momento, ya bajo el nuevo mandato, se estableció por primera vez en años, con la dirección deportiva del ex jugador y entrenador argentino Jorge Valdano, una clara política que se llamó de “Zidanes y Pavones” en referencia a que el plantel blanco tendría como prioridades a los jugadores surgidos de las divisiones inferiores o directamente la contratación de los llamados “galácticos”, como comenzó siendo Figo, y luego pasó con Ronaldo, Zidane, Beckham y hasta Cannavaro.

El Real Madrid brilló como nunca y ordenó sus cuentas de manera impensada, hasta llegar a no tener deudas, pero allí comenzaron los problemas de otra índole. Los contactos de Pérez con la clase política y empresaria, pero especialmente con el gobierno español de turno (el de José María Aznar), fue generando un glamour tan particular que muchos concurrían al. Palco del estadio Santiago Bernabeu para cerrar negocios y no para ver partidos.

El proyecto deportivo se fue desdibujando, y Pérez comenzó a pensar sólo en el glamour y lentamente, los fichajes fueron apuntando más a vender camisetas y a obtener beneficios de marketing, que a ganar campeonatos. Se fue por esto un jugador fundamental en el mediocampo, como el francés Claude Makelele (que pasó a llevar sus éxitos al Chelsea de José Mourinho) y en cambio llegaron otros como Beckham y vinieron los tiempos de sequía y por tanto, la renuncia del presidente,

Muchos pensaron que allí, por 2004, volverían los éxitos deportivos con un proyecto que acercara al Real Madrid a su tradición, pero el club jamás encontró solidez en estos años, a los que ahora pueden ser llamados como de transición, con presidentes que no pudieron ejercer con lineamientos claros, y hasta en el último caso, el de Ramón Calderón, su etapa comenzó mal desde el procedimiento mismo de la votación, y terminó peor, cuando como resultado de la escandalosa asamblea de asociados, aparecieron miembros de los ultras y hasta algunos que ni siquiera tenían carnet ni habilitación para votar, lo que motivó la renuncia inmediata del presidente.

Todo esto, aún con dos ligas ganadas en estos últimos años (una con Fabio Capello, in extremis, y la otra, algo más holgada, con Bern Schuster), fue generando que un clamor general pidiera el regreso de Pérez, tan criticado en su momento por haberse ido y haber torcido su proyecto original.

En días de gloria del Barcelona, en Madrid saben ue no hay muchas opciones. Era Pérez o la nada misma. La posibilidad de grandes fichajes, de inyectar un proyecto sólido para que otra vez los jugadores que siempre saca la cantera., no engrosen las filas de otros equipos (como Negredo, Mata, en su momento De la Red, Parejo, Soldado y tantos más), y ya se habla de Kaká, de Ribery, de Cristiano Ronaldo y muchos otros cracks, que todos saben que Florentino Pérez es capaz de concretar.

Es la única forma, tal vez, de tapar tantos éxitos del Barcelona, que terminó de convencer a su rival de este camino, cuando hace tan sólo dos semanas lo destrozó en el mismísimo Santiago Bernabeu con una exhibición de fútbol y un 2-6 para el recuerdo. Tan duro fue este resultado, que pese a haber empatado un solo partido en una rueda entera, y haber ganado todos los demás, nada sirvió para que el entrenador Juande Ramos fuera ratificado en su cargo. Se habla ahora de Manuel Pellegrini (Villarreal) o de Arsene Wenger (Arsenal), ambos ingenieros, y con el mismo perfil de defensa del juego bonito.

Por todo esto, Pérez representa hoy la gran ilusión del madridismo para las próximas elecciones del 14 de junio.

El fútbol-maravilla del Barcelona comienza desde muy abajo (Jornada)

Para encontrar lo más hondo de la explicación del actual fenómeno mundial del Fútbol Club Barcelona, no hace falta viajar muy lejos. Basta, para quienes tienen la chance de visitar Buenos Aires, con hacerse una escapada a la ciudad de Luján y pasar por el Club Atlético Luján y observar cómo se preparan para la vida unos doscientos chicos preseleccionados, becados por el Barcelona Juniors, como se hizo llamar el club catalán en la Argentina, como homenaje a Boca Juniors, debido a que este predio anteriormente pertenecía a lo que fue La Candela, una institución como concentración de equipos xeneizes es el pasado.
Desde 2007, el Barcelona se inscribió jurídicamente en el país e invirtió cerca de dos millones de dólares para acondicionar el predio, que hace años explotaba el ex jugador de Boca de los años ochenta Jorge Raffo, y estableció su propio sistema de coaching para que los chicos se formen con una filosofía propia, la misma que hoy lleva a aquellos canteranos a los primeros planos internacionales. Jugadores como Andrés Iniesta, Xavi Hernández, Carles Puyol, Víctor Valdez, y en gran medida nuestro Lionel Messi y hasta Cesc Fábregas, hoy indiscutida figura del Arsenal, se han formado como personas en este sistema.
Hoy, el Barcelona argentino ya tiene cuarenta pedidos de chicos por parte de nueve equipos nacionales para ingresarlos a sus filas. De estos doscientos jovencitos seleccionados en todo el país, sesenta son residentes y el resto, venidos desde todas las provincias y cuentan con cuatro pasajes anuales para visitar a sus familias y un pasaje de los familiares para visitarlos en Luján.
¿Por qué el Barcelona recurre a su propio sistema de formación de los chicos que selecciona, en vez de permitirles crecer en una estructura de equipo nacional? Porque sus dirigentes consideran que el fútbol argentino transmite valores devaluados, especialmente en tópicos como violencia en el deporte, solidaridad y principios democráticos. Todo un llamado de atención para el trabajo de divisiones inferiores, cuyo resultante vemos cada domingo en primera división.
“¡La pedagogía!”, dice con orgullo Joaquín Hernández al ser consultado sobre qué destaca del trabajo del Barcelona tan exitoso con sus juveniles, en el predio catalán ubicado detrás de la tribuna norte del mismísimo estadio Camp Nou, en la estación “Badal” del metro. “La llave se llama pedagogía, porque no se puede enseñar a ganar, sino a jugar”, dice nada menos que el papá de Xavi. Por su parte, el ex coordinador del fútbol base Jaume Olivé, sostiene con claridad que si el Real Madrid siempre abrevó de la fuente latinoamericana, el Barcelona lo hizo con la misma Europa central, de equipos que marcaron época como el MTK de Budapest, el Austria de Viena, el Sparta Praga, el Honved o el Ferencvaros de Hungría, y ha tenido en sus filas a los mejores exponentes del gran fútbol en todos los tiempos, desde Ladislao Kubala, pasando por Johan Cruyff, Johan Neeskens, Diego Maradona, Bernd Schuster, hasta brasileños de la talla de Romario, Ronaldo, Rivaldo, Ronaldinho y hoy, a Lionel Messi. Y no fueron distintos, a excepción del más tacticista Helenio Herrera en los sesenta, los entrenadores como Rinus Michels, el propio Cruyff, Rikjaard y hoy, alguien formado en la casa, como Josep Guardiola.
La fábrica de cracks azulgrana se llama “La Masía” y el actual coordinador del fútbol-base, Albert Benaiges, insiste en que el factor más importante “es la doble pedagogía”, en el sentido de que los entrenadores de los distintos equipos son ex futbolistas y licenciados en educación física u otras disciplinas, como magisterio. “Buscamos a niños inteligentes y con buena técnica. La clave es la calidad y después se incide en la fortaleza y la rapidez”.
En vista del brillante fútbol que despliega en cada partido, y del comportamiento de sus jugadores, está claro que el sistema funciona y que lo institucional incide en mucho en los resultados finales.
Lo insólito es que pocos, en la Argentina, parecen ser proclives a estudiar los procedimientos de los que consiguen resultados asombrosos como el Barcelona, uno de los grandes ejemplos de consolidación de una filosofía futbolística.
La maravilla del fútbol que podemos ver hoy, había comenzado mucho antes, casi desde el cerebro de los dirigentes, para irse transmitiendo con coherencia a los demás. ¿Será posible que alguna vez se entienda esto entre los nuestros?.

jueves, 21 de mayo de 2009

La pelota y el poder (Por Octavio Palazzo)

Amigos lectores:

Les ofrezco aquí este articulo de uno de los mejores periodistas argentinos, además amigo, Octavio Palazzo, sobre las relaciones de muchos de los equipos argentinos y el poder político de turno en la Argentina.


La pelota y el poder
El ex presidente Néstor kirchner le paga a Alperovich su infinita lealtad con la posible llegada de los dos equipos tucumanos a la máxima división. Asimismo, Godoy Cruz está en Primera por la lealtad de Celso Jaque, rival de Cobos en Mendoza. Cuando en Rosario el Partido Justicialista perdió el municipio, vino la debacle de Newells y Rosario Central, que rozaron y rozan la promoción. Cuando Kirchner era presidente, en un acto junto a Gioja en San Juan, manifestó su expectativa porque la provincia tuviera un equipo en primera división. Al año siguiente, lo consiguió, en extrañas condiciones ante Huracán, cuando San Martín consiguió llegar del Nacional B. Todo esto hce que el poder muestre su cara en el fútbol: en la segunda provincia argentina, Córdoba, ninguno de sus cuatro principales equipos juegan en Primera. Cuando Kirchner y Marcelo Tinelli fueron socios, San Lorenzo, el club de los amores del conductor televisivo, salió campeón. Cuando el "cabezón" se fue al grupo Clarín, el "Ciclón" comenzó a perder todo lo que jugaba. Cuando Sergio Massa era el jefe de la Ansés e incondicional de los Kirchner,Tigre, el equipo de sus amores, fue subcampeón. Cuando se fue de la Ansés, Tigre cayó. Cuando lo nombran jefe de gabinete, lo premiaron con otro campañón. Y ahora que se quiere cortar solo, lo castigan con otra campaña deplorable. Mientras Alberto Fernández se mantuvo leal, Argentinos Juniors hizo una campaña bárbara, llegando a jugar la Copa Sudamericana, y fue liberado hasta hoy de los promedios del descenso. Ahora que Fernández rompió con el kirchnerismo, Argentinos se encuentra último. Cuando Yabrán y Menem tuvieron el poder, River se cansó de ganar todo. Cuando Yabrán se tuvo que exiliar en Miami,y Menem debió abandonar el poder en 1999, River empezó a vivir de esos recuerdos. Cuando Macri lanza su campaña política con apoyo del narcotráfico sudamericano, Boca ganó todo lo que se le puso por delante. Una vez que Macri logró su objetivo político, Boca gana y pierde como cualquiera. Cuando Duhalde tenía el poder (por él o por sus títeres), Banfield era sensación (con camiseta naranja, Bilos, Palacio, Paletta y Dátolo)....sin Duhalde, Banfield está a poquitos puntos de la promoción. Premios y castigos de la dictadura (y de muchos gobiernos anteriores). Guarda con el futbol!!!!!!! Es un monstruo grande y pisa fuerte, toda la pobre inocencia de la gente. Y qué decir del ascenso...y con los tradicionales clubes de la Capital Federal, con historia de Primera División, que fueron barridos en la era del narco (Platense, Ferro, Atlanta, Chacarita (volvió por Luis Barrionuevo), el mismo Huracán, All Boys, Nueva Chicago, etc). En cambio, clubes con la misma o menor tradición, pero de clientela narco-caudillesca, como los del Gran Buenos Aires, siguen sin problemas en la máxima división. Así es esto del poder......

lunes, 18 de mayo de 2009

Jugar o chocar al fútbol

Termina una nueva fecha del Torneo Clausura, y nos deja varios elementos para el análisis, pero nos detenemos, una vez más, en este soplo de aire fresco que significa el fútbol de Huracán, luego de vapulear y bailar a este recurrentemente triste River Plate por 4-0, al que le terminan los partidos antes acaso para evitarle males mayores.
Huracán tiene un plantel hecho con muy poco presupuesto, en el contexto de un club con serios problemas económicos, y que en sus años de últimas posiciones en Primera o peleando el ascenso en la B, ha dejado su lugar de privilegio que le daba su rica historia, para ser lentamente ocupado por Vélez Sársfield y sus éxitos internacionales.
¿Hablamos de Huracán porque anda bien en el campeonato y porque tiene chances de salir campeón? apenas un poco. Lo que interesa, más allá de los números, es que Huracán ha rescatado la esencia de un fútbol argentino que fue perdiéndose por absolutos despropósitos, principalmente los técnicos y tácticos, pero también los organizativos y los institucionales.
Huracán, como lo decimos cada vez más reiteradamente, ha decidido salir a jugar cada partido. Puede ganar o perder, aunque generalmente gana, con menos dinero que el rival en cuanto a los jugadores de los que dispone. Pero lo más importante es que tiene un sistema de juego al que no renuncia, y que este sistema permite agradar a los espectadores, disfrutar y sonreir un rato, no trasmitir que la vida se va en cada pelota, porque no está en juego la vida, sino apenas un resultado, y que tampoco hace falta aclarar que se juega para ganar, tratándose de un deporte.
Huracán sale jugando desde abajo, algo de Perogrullo hasta hace algunas décadas pero que hoy se fue olvidando. Si la pelota la tiene el arquero, y la lanza con el pie en forma potente hacia adelante, pasa a dividirla cuando antes de hacerlo, su equipo (en sus pies o manos) la tenía en su totalidad. Lo lógico es no jugar a perder el balón sino a tratarde mantenerlo, y salir jugando con las manos. Pocos lo hacen, porque se ha perdido el sentido común. Huracán no necesita, ni piensa, en apelar al inconcebible "doble cinco" por el que dos jugadores cumplen la función que antes podía realizar uno solo, y hasta con físico más pesado, y para el que (como siempre) se le resta un jugador al ataque, jamás a la defensa. Huracán apela a la mayoría de jugadores con buen pie, y entonces no teme si sus dos marcadores centrales titulares no pueden jugar, y recurre entonces a dos juveniles, como Cura o Filipetto, sin que se resienta la estructura. Huracán no ve con malos ojos recurrir tampoco al "uno a uno" con un recurso perdido en el fútbol argentino, en el que casi nadie lo puede conseguir ya: la gambeta. Ni tampoco aparecen los retos de Angel Cappa, su DT, a ningún jugador que ose tirar un caño, una rabona, como en todo partido insiste (y lo bien que hace) Javier Pastore en realizar. Ah, y algo fundamental: Huracán está a sólo dos puntos de Lanús, el puntero (al que bailó con un memorable 3-0 hace pocas fechas), y no corre. No sólo no corre, sino que Cappa se jacta de haber hecho una pretemporada sin aparatos, sin esfuerzo físico grande, sólo con pelota, porque aunque muchos se hayan olvidado, esto sigue siendo fútbol y lo que interesa en el fútbol, como dice nada menos que don Alfredo Di Stéfano (que supo pasar por el Globito en 1946) es "la pelotita".
Es cierto, a veces a Huracán le cuesta algunos minutos acomodarse a los partidos. Hasta que sus jugadores comienzan a tocar, a motivarse, y a ejercitar la memoria futbolística que los lleva a volver a su juego de siempre.
Y a este paupérrimo River, que corre y que mete, pero que no juega, Huracán le hizo pasar un profundo ridículo. Porque River corría como loco, pero la pelota la tenía Huracán que, paradojicamente, no corría nada. Era la pelota la que corría, el ABC del fútbol. Correr en el fútbol (ya lo decía otro jugador que algo supo, como Johan Cruyff) no es importante. Lo que importa es que sea la pelota la que corra. Y River se la pasó corriendo en vano a Huracán. Y así le fue.
Sucede que River no es la excepción. Los medios se cansan de alabar "cómo corrió fulano o mengano", y Ricardo Caruso Lombardi no necesita de muchos buenos resultados ni de que su equipo, Racing Club, juegue demasiado bien para aparecer en primeras planas o ser reporteado por el programa central y monopólico del fútbol argentino por la TV. En cambio, si Huracán gana por paliza y a River, será transmitido a las 23,45, en los últimos quince minutos, y la explicación científica entre aparatos sofisticados que miden una velocidad de remate que nada agrega a casi nadie, será que fue River quien facilitó el juego a Huracán. Y desde ya que Cappa no tendrá posibilidades de explicar su ideario.
Hace tiempo que el fútbol argentino perdió la brújula. Partidos que cada semana son "inolvidables" porque sus equipos por fin pasaron de la media de dos goles, o que se prometen como soberanos espectáculos porque hubo expulsados, muchos goles, penales dudosos e incidentes en las tribunas. Los "buenos partidos" se miden en goles y no en calidad o estética, y las grandes atajadas en muchos casos provienen de remates al cuerpo de los arqueros. Todo vale. Observábamos imágenes del Newells-Bánfield sin entender. Para no confundir a los televidentes, los jugadores del "Taladro" estaban vestidos con una camiseta negra con vivos verdes, mientras los rosarinos, con una blanca. Si es así, ¿por qué no jugar los de Newells con la rojinegra y los sureños con la blanca y verde, al fin y al cabo, sus dos camisetas tradicionales? porque el desconcierto ya le ganó por goleada al sentido común, por lo que River juega a veces con la negra con la banda roja, Boca con la amarilla, y Racing cada día con una distinta.
En esta situación insólita que vive el fútbol argentino, en el que la mayoría sale a "chocar al fútbol" en vez de jugarlo, con jugadores vendados de tantas lesiones, con tantos actores que se revuelcan al suelo ante cada caída, y con dirigentes que aceptan que sus clubes cobren apenas cien millones de dólares de los dos mil de mínima que deberían cobrar al año por ser televisados, al menos Huracán viene a poner una mínima dosis de cordura. Pero Cappa no aparece en los medios, parece que no tienen su teléfono. O no quieren que Cappa les diga lo que ya saben que van a escuchar.

Puntero izquierdo (Mario Benedetti, 1954)

Como tributo al gran poeta Mario Benedetti, recientemente fallecido, reproducimos este relato:


Vos sabés las que se arman en cualquier cancha más allá de Propios. Y si no acordate del campito del Astral, donde mataron a la vieja Ulpiana. Los años que estuvo hinchándola desde el alambrado y, la fatalidad, justo esa tarde no pudo disparar por la uña encarnada. Y si no acordate de aquella canchita de mala muerte, creo que la del Torricelli, donde le movieron el esqueleto al pobre Cabeza, un negro de mano armada, puro pamento, que ese día le dio la loca de escupir cuando ellos pasaban con la bandera. Y si no acordate de los menores de Cuchilla Grande, que mandaron al nosocomio al back derecho del Catamarca, y todo porque le había hecho al capitán de ellos la mejor jugada recia de la tarde. No es que me arrepienta ¿sabés? de estar aquí en el hospital, se lo podés decir con todas las letras a la barra del Wilson. Pero para jugar más allá de Propios hay que tenerlas bien puestas. ¿O qué te parece haber ganado aquella final contra el Corrales, jugando nada menos que nueve contra once? Hace ya dos años y me parece ver al Pampa, que todavía no había cometido el afane pero lo estaba germinando, correrse por la punta y escupir el centro, justo a los cuarenta y cuatro de la segunda etapa, y yo que la veo venir y la coloca tan al ángulo que el golerito no la pudo ni pellizcar y ahí quedó despatarrado, mandándose la parte porque los de Progreso le habían echado el ojo. ¿O qué te parece haber aguantado hasta el final en la cancha del Deportivo Yi, donde ellos tenían el juez, los línema, y una hinchada piojosa que te escupían hasta en los minutos adicionales por suspensiones de juego, y eso cuando no entraban al fiel y te gritaban: "¡Yi! ¡Yi! ¡Yi!" como si estuvieran llorando, pero refregándote de paso el puño por la trompa? Y uno haciéndose el etcétera porque si no te tapaban. Lo que yo digo es que así no podemos seguir. O somos amater o somos profesional. Y si somos profesional que vengan los fasules. Aquí no es el Estadio, con protección policial y con esos mamitas que se revuelcan en el área sin que nadie los toque. Aquí si te hacen un penal no te despertás hasta el jueves a más tardar. Lo que está bien. Pero no podés pretender que te maten y después ni se acuerden de vos. Yo sé que para todos estuve horrible y no precisa que me pongas esa cara de Rosigna y Moretti. Pero ni vos ni don Amílcar entienden ni entenderán nunca lo que pasa. Claro, para ustedes es fácil ver la cosa desde el alambrado. Pero hay que estar sobre el pastito, allí te olvidás de todo, de las instrucciones del entrenador y de lo que te paga algún mafioso. Te viene una cosa de adentro y tenés que llevar la redonda. Lo ves venir al jalva con su carita de rompehueso y sin embargo no podés dejársela. Tenés que pasarlo, tenés que pasarlo siempre, como si te estuvieran dirigiendo por control remoto. Si te digo que yo sabía que esto no iba a resultar, pero don Amílcar que empieza a inflar y todos los días a buscarme a la fábrica. Que yo era un puntero de condiciones, que era una lástima que ganara tan poco, y que aunque perdiéramos la final él me iba a arreglar el pase para el Everton. Ahora vos calculá lo que representa un pase para el Everton, donde además de don Amílcar, que después de todo no es más que un cafisho de putas pobres, está nada menos que el doctor Urrutia, que ése sí es Director de Ente Autónomo y ya colocó en Talleres al entreala de ellos. Especialmente por la vieja, sabés, otra seguridad, porque en la fábrica ya estoy viendo que en la próxima huelga me dejan con dos manos atrás y una adelante. Y era pensando en esto que fui al café Industria a hablar con don Amílcar. Te aseguro que me habló como un padre, pensando, claro, que yo no iba a aceptar. A mí me daba risa tanta delicadeza. Que si ganábamos nosotros iba a ascender un club demasiado díscolo, te juro que dijo díscolo, y eso no convenía a los sagrados intereses del deporte nacional. Que en cambio el Everton hacía dos años que ganaba el premio a la corrección deportiva y era justo que ascendiera otro escalón. En la duda, atenti, pensé para mi entretela. Entonces le dije el asunto es grave y el coso supo con quién trataba. Me miró que parecía una lupa y yo le aguanté a pie firme y le repetí que el asunto es grave. Ahí no tuvo más remedio que reírse y me hizo una bruta guiñada y que era una barbaridad que una inteligencia como yo trabajase a lo bestia en esa fábrica. Yo pensé te clavaste la foja y le hice una entradita sobre Urrutia y el Ente Autónomo. Después, para ponerlo nervioso, le dije que uno también tiene su condición social. Pero el hombre se dio cuenta que yo estaba blando y desembuchó las cifras. Graso error. Allí nomás le saqué sesenta. El reglamento era éste: todos sabían que yo era el hombre-gol, así que los pases vendrían a mí como un solo hombre. Yo tenía que eludir a dos o tres y tirar apenas desviado o pegar en la tierra y mandarme la parte de la bronca. El coso decía que nadie se iba a dar cuenta que yo corría pa los italianos. Dijo que también iban a tocar a Murias, porque era un tipo macanudo y no lo tomaba a mal. Le pregunté solapadamente si también Murias iba a entrar en Talleres y me contestó que no, que ese puesto era diametralmente mío. Pero después, en la cancha, lo de Murias fue una vergüenza. El pardo no disimuló ni medio; se tiraba como una mula y siempre lo dejaban en el suelo. A los veintiocho minutos ya lo habían expulsado porque en un escrimaye le dio al entreala de ellos un codazo en el hígado. Yo veía de lejos tirándose de palo a palo al meyado Valverde, que es de esos idiotas que rechazan muy pitucos cualquier oferta como la gente, y te juro por la vieja que es un amater de órdago, porque hasta la mujer, que es una milonguita, le mete cuernos en todo sector. Pero la cosa es que el meyado se rompía y se le tiraba a los pies nada menos que a Bademian, ese armenio con patada de burro que hace tres años casi mata de un tiro libre al golero del Cardona. Y pasa que te contagiás y sentís algo adentro y empezás a eludir y seguís haciendo dribles en la línea del córner como cualquier mandrake y no puede ser que con dos hombres de menos (porque al Tito también lo echaron, pero por bruto) nos perdiéramos el ascenso. Dos o tres veces me la dejé quitar pero ¿sabés? me daba un calor bárbaro porque el jalva que me marcaba era más malo que tomar agua sudando y los otros iban a pensar que yo había disminuido mi estándar de juego. Allí el entrenador me ordenó que jugara atrasado para ayudar a la defensa y yo pensé que eso me venía al trome porque jugando atrás ya no era el hombre-gol y no se notaría tanto si tiraba como la mona. Así y todo me mandé dos boleos que pasaron arañando el palo y estaba quedando bien con todos. Pero cuando me corrí y se la pasé al Ñato Silveira para que entrara él y ese tarado me la pasó de nuevo, a mí que estaba solo, no tuve más remedio que pegar en la tierra porque si no iba a ser muy bravo no meter el gol. Entonces, mientras yo hacía que me arreglaba los zapatos, el entrenador me gritó a lo Tittaruffo: "¿Qué tenés en la cabeza? ¿Moco?". Eso, te juro, me tocó aquí dentro, porque yo no tengo moco y si no preguntale a don Amílcar, él siempre dijo que soy un puntero inteligente porque juego con la cabeza levantada. Entonces ya no vi más, se me subió la calabresa y le quise demostrar al coso ése que cuando quiero sé mover la guinda y me saqué de encima a cuatro o cinco y cuando estuve solo frente al golero le mandé un zapatillazo que te lo boliodire y el tipo quedó haciendo sapitos pero exclusivamente a cuatro patas. Miré hacia el entrenador y lo encontré sonriente como aviso de Rider y recién entonces me di cuenta que me había enterrado hasta el ovario Los otros me abrazaban y gritaban: " jPa los contras!", y yo no quería dirigir la visual hacia donde estaba don Amílcar con el doctor Urrutia o sea justo en la banderita de mi córner, pero en seguida empezó a llegarme un kilo de putiadas, en la que reconocí el tono mezzosoprano del delegado y la ronquera con bitter de mi fuente de recursos. Allí el partido se volvió de trámite intenso porque entró la hinchada de ellos y le llenaron la cara de dedos a más de cuatro. A mí no me tocaron porque me reservaban de postre. Después quise recuperar puntos y pasé a colaborar con la defensa, pero no marcaba a nadie y me pasaban la globa entre las piernas como a cualquier gilberto. Pero el meyado estaba en su día y sacaba al córner tiros imposibles. Una vuelta se la chingué con efecto y todo, y ese bestia la bajó con una sola mano. Miré a don Amílcar y al delegado, a ver si se daban cuenta que contra el destino no se puede, pero don Amílcar ya no estaba y el doctor Urrutia seguía moviendo los labios como un bagre. Allí nomás terminó uno a cero y los muchachos me llevaron en andas porque había hecho el gol de la victoria y además iba a la cabeza en la tabla de los escores. Los periodistas escribieron que mi gol, ese magnífico puntillazo, había dado el más rotundo mentís a los infames rumores circulantes. Yo ni siquiera me di la ducha porque quería contarle a la vieja que ascendíamos a Intermedia. Así que salí todo sudado, con la camiseta que era un mar de lágrimas, en dirección al primer teléfono. Pero allí nomás me agarraron del brazo y por el movado de oro le di la cana a la bruta manaza de don Amílcar. Te juro que creía que me iba a felicitar por el triunfo, pero está clavado que esos tipos no saben perderla. Todo el partido me la paso chingándola y tirando desviado o sea hipotecando mis prestigios, y eso no vale nada. Después me viene el sarampión y hago un gol de apuro y eso está mal. Pero ¿y lo otro? Para mí había cumplido con los sesenta que le había sacado de anticipo, así que me hice el gallito y le pregunté con gran serenidad y altura si le había hablado al delegado sobre mi puesto en Talleres. El coso ni mosquió y casi sin mover los labios, porque estábamos entre la gente, me fue diciendo podrido, mamarracho, tramposo, andá a joder a Gardel, y otros apelativos que te omito por respeto a la enfermera que me cuida como una madre. Dimos vuelta una esquina y allí estaba el delegado. Yo como un caballero le pregunté por la señora, y el tipo, como si nada, me dijo en otro orden la misma sarta de piropos, adicionando los de pata sucia, maricón y carajito. Yo pensé la boca se te haga un lago, pero la primera torta me la dio el Piraña, aparecido de golpe y porrazo, como el ave fénix, y atrás de él reconocí al Gallego y al Chiche, todos manyaorejas de Urrutia, el cual en ningún momento se ensució las manos y sólo mordía una boquilla muy pituca, de ésas de contrabando. La segunda piña me la obsequió el Canilla, pero a partir de la tercera perdí el orden cronológico y me siguieron dando hasta las calandrias griegas. Cuando quise hacerme una composición de lugar, ya estaba medio muerto. Ahí me dejaron hecho una pulpa y con un solo ojo los vi alejarse por la sombra. Dios nos libre y se los guarde, pensé con cierta amargura y flor de gusto a sangre. Miré a diestro y siniestro en busca de S.O.S. pero aquello era el desierto de Zárate. Tuve que arrastrarme más o menos hasta el bar de Seoane, donde el rengo me acomodó en el camión y me trajo como un solo hombre al hospital. Y aquí me tenés. Te miro con este ojo, pero voy a ver si puedo abrir el otro. Difícil, dijo Cañete. La enfermera, que me trata como al rey Farú y que tiene, como ya lo habrás jalviado, su bruta plataforma electoral, dice que tengo para un semestre. Por ahora no está mal, porque ella me sube a upa para lavarme ciertas ocasiones y yo voy disfrutando con vistas al futuro. Pero la cosa va a ser después: el período de pases ya se acaba. Sintetizando, que estoy colgado. En la fábrica ya le dijeron a la vieja que ni sueñe que me vayan a esperar. Así que no tendré más remedio que bajar el cogote y apersonarme con ese chitrulo de Urrutia, a ver si me da el puesto en Talleres como me habían prometido.

(Tomado de "Montevideanos" Primera Parte, Tomo 9, Mario Benedetti. Obras Fundamentales, Ediciones La República, Montevideo - Uruguay, julio de 1991)