miércoles, 13 de noviembre de 2013

Un tercio de campeonato (Por Fernando Vara de Rey)


Gol a gol y domingo a domingo, los principales campeonatos ligueros de Europa han consumado el primer tercio del Campeonato.  Es tiempo ya de medir confirmaciones y decepciones, peldaños hacia arriba y hacia abajo en la rutina esplendorosa del fútbol. En él la sorpresa es ingrediente móvil y perpetuo, así que con cautela veremos si permanecen las tendencias que marca el tercio inicial de las cuatro principales ligas del viejo continente. Bien puede decirse que en dos de ellas preside la continuidad, en otra la alternativa, en otra la incertidumbre.
En efecto la continuidad es la nota dominante en la Liga Alemana. En la pasada temporada el Bayern de Múnich se repuso con creces de haber caído derrotado en su feudo en la finalísima de Champions, restañando la herida con la triple corona: Champions League, Bundesliga, Copa. Alcanzadas tales cotas la misión de Pep Guardiola parecía tan clara como compleja: mantener al equipo en la cima, ungirle del fútbol de toque que hizo inmortal a su BarÇa. Lo primero parece en buena senda, tras 37 partidos invicto entre ésta y la pasada temporada y póker de victorias en la fase de grupos de Champions. Lo segundo va algo más despacio, si bien la autoridad con que el Bayern se impone a sus adversarios y el rendimiento de jugadores como Lahm y Ribery son ya síntomas de excelencia.
Más atrás quedan un Dortmund con apuros incluso para superar la fase de Champions y un Leverkusen meritorio pero al que es dudoso considerar como alternativa.
Precisamente el FC Barcelona figura como líder del otro gran campeonato en el que prepondera la continuidad: la Liga Española. Se critica la búsqueda de recursos diferentes al toque que propugna el Tata Martino, se llama la atención al rendimiento sólo discreto de Leonel Messi, pero lo cierto es que doce victorias y un empate en trece partidos revelan un inicio formidable.
Sin embargo los cumplidos más gentiles parece llevárselos el Atlético de Madrid. El carisma, la prudencia, el espíritu ganador de Simeone, han impregnado definitivamente a un equipo que ha sumado tres títulos en dos temporadas. Sólo  Bayern y Atlético cuentan por victorias sus apariciones en Champions, en tanto que en Liga los colchoneros aguantan a sólo 3 puntos el arranque fulgurante de los blaugranas. Tampoco la selección española es ajena a tal momento de esplendor, y ya es habitual que un puñado de jugadores del Vicente Calderón alimente las convocatoria de Vicente del Bosque: el último en incorporarse es Diego Costa, poderoso y turbulento en cada una de sus apariciones.
Entretanto el Real Madrid inició la Temporada con balbuceos, con un Ancelotti que parece haber tardado 3 meses en confeccionar un once solvente. Se traspasó a Ozil y se fichó a un Bale aún justo de forma, pero el retorno de Xabi Alonso y el esplendor de un Cristiano que revoluciona los partidos y acribilla las porterías rivales invita a pensar que los merengues aún tienen mucho que decir en esta Temporada.
La Liga Italiana sería la liga de la alternativa. Son ya varios los años en que el Inter y no digamos el AC Milán se han evaporado de las posiciones hegemónicas en el Calcio. En ausencia de ambos y superado su paso por la Serie B, la Juventus se hacía coser dos nuevos scudettos en las dos últimas temporadas. La condición presuntamente inmortal de Pirlo, la excelente medular con Pogba y Arturo Vidal, y un abanico de delanteros al que se sumaban Llorente y Tévez, hacían presagiar un tercer triunfo.
En el otro confín del país, el Nápoles contaba con argumentos para erigirse en revelación. El siempre competitivo Benítez volvía a formar un bloque sólido –como en Valencia, como en Liverpool, como en Londres- y volvía a probar suerte en Italia tras su efímera aventura interista. Un buen comienzo, y un buen rendimiento de los ex madridistas Callejón e Higuain, parecen haber hecho olvidar las gestas de Cavani.
Sin embargo el equipo a batir en este primer tramo ha resultado ser la Roma. Diez victorias en diez partidos, cifra inédita en la historia del Calcio, y un solo gol encajado, despertaban la expectación de todo el Continente. El francés Rudi García ha armado un bloque excelente alrededor de clásicos como Totti y De Rossi y donde hay espacio para jugadores de calidad como Pjanic y Gervinho. Sólo los dos empates consecutivos ante Torino y Sassuolo hacen dudar de las opciones de los capitalinos, trece años después de conquistar su última liga con Montella, Batistuta… ¡y Totti!.
Y la incertidumbre es la nota de la Liga Inglesa: el United acusó la marcha del sempiterno Fergusson y pareció borrarse pero vuelve, el Chelsea pelea dentro y fuera del campo a la voz de su redivivo entrenador pero no siempre con éxito, el Liverpool se apunta a la competencia a golpe de tantos del charrúa Luis García, el Tottenham añora a Bale y no acaba de encomendarse a Lamela, el City combina goleadas con fallos estrepitosos, y hasta el inesperado Southampton que dirige Pochettino se deja ver por las posiciones más ilustres de la tabla. Y entre todos ellos manda el Arsenal de Wegner: siempre lúcido, siempre valiente, nunca del todo fiable. Hace diez días batieron con autoridad al Liverpool, después vencieron a domicilio al Dortmund –ya en Champions-, finalmente cayeron sin mucha resistencia ante el United.
Tal vez sin embargo los “gunners” sean los más expertos en bogar en el océano de dudas de este primer tercio de Premier League. Podría ser, al fin, su año: buena noticia para el fútbol.


lunes, 11 de noviembre de 2013

Así gana el Madrid (Yahoo)

¿Le encontró, por fin, Carlo Ancelotti la vuelta al armado del equipo del Real Madrid? A tenor de los últimos resultados, y pagando un precio demasiado caro (no sólo por lo que costaron los fichajes sino por todo el derrotero sin tan buenos resultados y un andar muy confuso en todas las líneas), todo indica que pudo haber empezado a encontrar un camino, aunque queda demasiado trecho por recorrer.
Cuando la temporada comienza a llegar a la mitad y cuando quedan tres meses para el momento clave de definiciones, el italiano Ancelotti trabaja con un nuevo esquema táctico a partir de algunos experimentos extraños que no le dieron resultado, especialmente el de la insólita primera etapa en el Camp Nou ante el Barcelona, cuando optó por Sergio Ramos como mediocentro, y corrió a Cristiano Ronaldo al medio para colocar a Gareth Bale.
Fue evidente que eso no tenía demasiado sentido y que sus propios jugadores no creyeron en este sistema y que en cada paso que un entrenador da en falso en un club como el Real Madrid, comienza a perder credibilidad, luego irrecuperable, a no ser que vayan regresando sus máximas figuras y que otras, como Bale, se vayan adaptando a la nueva realidad.
Este Real Madrid, al contrario de lo habitual, pasa por fases experimentales que no se han visto últimamente. Primero, porque no sólo viene de no ganar la Champions League desde 2002, sino que ahora también llega tras terminar la pasada temporada perdiendo la Copa del Rey en casa ante su rival de la ciudad al que siempre había dominado en los últimos quince años, el Atlético Madrid, que ratificó su momento otra vez en el Santiago Bernabeu con cinco meses de distancia.
Real Madrid hizo una buena pretemporada esta vez y sus resultados fueron casi óptimos y el plantel parecía descomprimido, aliviado, tras la ruidosa salida del portugués José Mourinho, pero siempre termina ocurriendo que el fichaje estrella del verano, en este caso el galés Bale del Tottenham, arriba a último momento, cuando hay que volver a desmontar el equipo que se armó trabajosamente, y a eso se sumó la polémica con Iker Casillas, cuando con cierta falta de tino, y dando a entender que responde a un mandato superior, dirigencial, Ancelotti lo dejó sólo para la Champions dejándolo en el banco de suplentes en la Liga, detrás de Diego López.
Aquella paz del inicio, aquella tranquilidad, ese alivio, fueron dando lugar a signos de pregunta sobre el once inicial, con el comienzo de la titularidad en manos de Luka Modric y de Isco, que parecía que iba a constituirse en la sensación de la temporada, con Karim Benzema asentado con la ida de Gonzalo Higuaín y con la zaga Sergio Ramos-Pepe sólida, intocable.
Pasados dos meses, es claro que Raphael Varane comienza a ganar terreno atrás, de a poco regresa Xabi Alonso en el medio, con lo que Sami Khedira o Modric deberán abandonar el equipo, y Angel Di María, que iba a irse y al que le pidieron que se quedara, cuenta cada vez menos porque Ancelotti se va decantando por un 4-3-3 con Cristiano Ronaldo y Bale en las puntas y Benzema en el medio, mientras que Isco perdió el lugar de privilegio y ahora es un habitual de los banquillos.
Este Real Madrid, contrariamente a lo usual, se fue armando casi de adelante hacia atrás. Se basa en la enorme potencia y en la gran definición de uno de los mejores jugadores del mundo, Cristiano Ronaldo, que atraviesa un momento excepcional, tal vez el mejor desde que llegara al club, mientras que ahora se va acomodando lentamente Bale en la otra punta y Benzema va consiguiendo instalarse en el once inicial para un 4-3-3 aunque sin un reggista fijo sino que los volantes son de ida y vuelta y los dos laterales acompañan la jugada cuantas veces pueden y hasta se les puede sumar Ramos en el juego aéreo.
Es un Real Madrid de un inmenso poder ofensivo, de una potencia tremenda, que hasta puede llegar a ser dominado en algunos momentos determinados de los partidos, pero que fue acentuando su verticalidad, su fuerza y su enorme capacidad de gol, hasta matar si le dan los resquicios necesarios.
Varane garantiza velocidad y manejo de los tiempos atrás, Ramos o Pepe, fuerza y juego aéreo, y Diego López atraviesa una etapa de gran confianza luego del espaldarazo de Ancelotti sobre el mismísimo Casillas.
¿Alcanzará con todo eso para terminar la temporada con alguno o varios títulos? Es algo muy difícil de saber hoy, aunque en la Liga ya parece algo complicado no sólo porque el Barcelona no juega como antes pero gana siempre la mayoría de los partidos, sino porque esta vez se sumó un muy regular Atlético Madrid en la lucha, si bien su entrenador Diego Simeone insiste con que al final de la larga temporada, se sentirá la diferencia de jerarquía entre ambos planteles.
En Champions, el Real Madrid ya ha podido demostrar sus virtudes y eso va generando, de a poco, un ambiente de confianza.
Habrá que ver cómo sigue la temporada y si el momento de los experimentos ya terminó, por fin, y se consolida el equipo que pretende Ancelotti.
 
 

domingo, 3 de noviembre de 2013

La elección de Diego Costa (Yahoo)

Finalmente, Diego Costa se ha decantado por jugar en la selección española en desmedro de la brasileña, luego de tener en vilo a ambos equipos nacionales y también al mundo futbolístico de los dos países, que pugnaron por el centrodelantero de moda de la Liga Española.
Por lo que se ve, Costa tomó la decisión de jugar por España luego de medir el real interés de las dos federaciones en disputa y comprobar que el genuino interés provino de “La Roja” y que una vez que se conoció el deseo de ésta, apareció, recién allí, el de la de su país, que no termina de encontrar un ataque definitivo camino a un Mundial que será crucial, debido a su condición de local, y tan cerca ya en el calendario.
¿Qué es lo que pudo determinar la elección final de Costa a favor de la selección española, cuando el deseo de todo jugador brasileño es hacerlo con la “verde-amarilla” de su país? Seguramente los años que hace que el jugador participa de la Liga, el consenso unánime que ha generado, y las encuestas con fanáticos de todos los equipos, no sólo el suyo, el Atlético Madrid, aceptándolo como el gran delantero del momento (de hecho, uno de los máximos anotadores de todas las ligas europeas en lo que va de temporada).
A todas luces queda claro que, extraño en un entrenador de la experiencia del de la selección brasileña, Luiz Felipe Scolari, o del director nacional de selecciones, Carlos Alberto Parreira, faltaron los reflejos en ellos y en la Confederación (CBF) para una primera convocatoria para Diego Costa.
Cuando se decidieron, en el momento en el que ya el entrenador de la selección española, Vicente del Bosque, había oficializado su interés en contar con él, en Brasil se levantaron como un resorte para impedir la llegada del delantero a uno de sus rivales más complicados en el Mundial y jugaron con el nacionalismo y la seguridad de que el delantero del Atlético Madrid acabaría decidiendo con el corazón, pero mandó la razón.
¿Hizo bien Diego Costa en decidirse por España y no por Brasil? Más allá de la comodidad de jugar en su liga y sentirse muy valorado por sus compañeros y por el ambiente de fútbol español, hay por lo menos dos circunstancias que generan dudas. Una de ellas, es que al menos originalmente, el esquema táctico de Del Bosque en la selección española, no admite un centrodelantero de sus características, al menos como titular.
Justamente, una de las grandes polémicas suscitadas en la selección española durante la pasada Eurocopa de Polonia y Ucrania pasó por la falta de uso de un delantero de área y en cambio, optar por el llamado “falso nueve”, que le viene generando los mismos problemas que al Barcelona: un gran porcentaje de posesión de balón, pero escasa concreción en la red rival.
La otra gran duda pasa por la cantidad de jugadores que justamente podrían ocupar ese puesto de Diego Costa, y que aunque la posición no sea tan rentable, abundan entre los habituales convocados por Del Bosque: desde Fernando Torres, Soldado, Negredo hasta Villa e incluso Fernando Llorente.
¡Qué garantías, entonces, puede ofrecer Del Bosque a Costa que no sea un par de convocatorias en amistosos futuros?
Por lo contrario, si bien es cierto que aparece tarde, Scolari sí tiene más lugar para Costa, aunque no reparó en él. De hecho, en la Copa Confederaciones (en la que precisamente ganó la final a España hace poco menos de cinco meses) optó por un delantero como Fred para jugar entre dos extremos (Hulk y Neymar), que es otro esquema que no es el que más favorece a Costa, porque necesita espacios para moverse, pero no hay un recambio tan grande y allí tendría seguramente más posibilidades y a lo sumo debería pelear por un lugar contra Alexandre Pato u otros pocos atacantes que con su nivel pudieran ocupar esa posición. Al menos, es lo que parecía, luego de ser convocado, en marzo de este año, para dos amistosos con Brasil ante Italia y Rusia.
Más allá de haber elegido jugar por España, lo que hay que destacar es cómo desde sus tiempos en el Rayo Vallecano, a los 25 años, Diego Costa ha logrado explotar hasta niveles tan altos cuando le tocó reemplazar nada menos que al colombiano Radamel Falcao en el Atlético Madrid, y con la dura exigencia del entrenador argentino Diego Simeone, funcionó a la perfección en dupla con David Villa.
Costa es el símbolo del jugador luchador, que se hace desde abajo, porque ya a los 16 años emigró al fútbol portugués, tuvo que jugar en equipos pequeños antes de llegar al Sporting Braga y luego, ya fichado por el Atlético en 2007, volvió a ser cedido al Celta y al Albacete, en la temporada 2010/11 por fin formó parte del plantel del Atlético Madrid, pero perdió la primera mitad de la siguiente temporada al romperse el ligamento cruzado anterior y el menisco de la rodilla derecha, por lo que ni siquiera fue inscripto.
Recién regresó para 2012, y el Atlético volvió a cederlo, esta vez al Rayo por seis meses, en el que contribuyó con una gran actuación a la permanencia en la Liga, lo que generó su retorno al Atlético y la historia ya más que conocida en la pasada temporada.
¿Fue correcta o incorrecta la elección de Costa? El tiempo dirá. Sería triste que luego de tanta puja entre las dos federaciones, el delantero se quedara sin premio, pero no parece alguien resignado. Luchará hasta el final, como en cada uno de los partidos que tiene que jugar. Es parte de su muy fuerte carácter.
 
 

miércoles, 30 de octubre de 2013

El fútbol en la Ley de Medios

Con la histórica decisión de la Corte Suprema de Justicia de ayer, se cierra una etapa de impresionante concentración de medios por parte del Grupo Clarín y se abre una nueva que si bien incluye muchas incógnitas, también genera muchas ilusiones por la puerta abierta a la pluralidad y diversidad, lo cual constituye un claro triunfo de la Democracia en la Argentina.
Es en este momento cuando resulta pertinente recordar el rol que cumplió el fútbol durante este largo y nefasto período que acaba de finalizar y que da paso al período de “Adecuación” ya en manos del AFSCA.
El fútbol, y especialmente la AFA, desde ya que con la absoluta anuencia del Estado, cómplice y actor concreto en aquel momento, permitieron, desde 1986, el crecimiento de la empresa Torneos y Competencias (TyC) hasta la creación de TRISA (Tele Red Imagen SA) en 1991 y con ella, la llegada del monopolio de las transmisiones de los partidos en la Argentina por TV de una manera aberrante y que no se replicó de esta manera en ninguna parte del mundo.
No sólo resultó una aberración desde el punto de vista de la minimización de los minutos de fútbol en sí (los hinchas de muchos equipos que no eran los “grandes” directamente contaron con algunos segundos en el programa central de los domingos, “Fútbol de Primera” por Canal 13, y los goles no se repetían una vez concretados, en algunos casos, hasta dos o tres días después de producidos, ni siquiera en noticieros) sino que progresivamente, el fútbol resultó la herramienta principal del monopolio futuro, al ser utilizado para comprar canales de TV por toda la extensión del país, para luego ahogar a la competencia.
Aunque hoy parezca la prehistoria, hay que recordar que desde 1991, quienes por ejemplo eran hinchas de algún equipo “chico” y su partido se jugaba el viernes por la noche, en el caso de no llegar a verlo, ya no tenían acceso a las acciones ni los goles de ese equipo hasta el domingo a las 22 en “Fútbol de Primera” en el que apenas se televisaban segundos, debido a que el programa era de fútbol en general, y se centraba en los equipos “grandes”.
En el trayecto del fin de semana, ningún canal, bajo ninguna circunstancia, podía transmitir acciones de los partidos hasta llegar al domingo a las 22 por Canal 13, llegando a situaciones como que un noticiero mostrara imágenes de las tribunas, los vestuarios, pero no lo ocurrido durante los noventa minutos de cada partido.
Este dislate se complementaba los domingos con transmisiones desde los canales de TV cable de jornadas enteras de torneos de fútbol mostrando sólo las tribunas para comentar lo que ocurría en el campo de juego. Muchos recordarán a Carlos Bilardo y compañía con muñequitos o pizarrones para tratar de “simular” la jugada.
No sólo eso: como muchos de esos partidos sólo podían verse por TV de pago (canal TyC Max), mediante abonos o pagos por partido (sistema Pay Per View), el no poder hacer frente a esos pagos determinaba la humillación de tener que quedarse con las simulaciones de los canales sin partidos, que de esta manera, siendo de los mismos dueños del canal del PPV, generaban la necesidad de comprar:
Por ejemplo, ustedes podían sintonizar TyC Sports media hora antes de comenzar el partido que pretendían ver, observar las tribunas, el clima, la salida de los equipos a la cancha, los vestuarios, pero cuando iban a mover desde el medio para comenzar el partido….se cortaba la imagen y le quedaba la única opción de pagar o tragarse la simulación hasta que llegaran las 22 y Canal 13 le diera el “pedazo” de partido que más quisiera, y editara como quisiera. No había otra opción.
Siempre dentro de esta aberración comunicacional, que duró un cuarto de siglo, nada menos, también hubo lugar para la manipulación conceptual del fútbol desde el mismo relator que paradójicamente sigue hoy con el sistema abierto y el fútbol que llega a todos por los canales abiertos.
Algunos aprovecharon el monopolio del fútbol para hundirlo con conceptos futbolísticos que fueron forjando una forma de pensarlo y de sentirlo ligados al eje “éxito-fracaso”, típico de los años noventa en la Argentina neoliberal. Todo valía si era en pos de ganar. No importaba la forma. Hasta el discurso fue bajando de nivel con palabras soeces, que a fuerza de ser repetidas, especialmente por los niños y jóvenes, se hizo común.
Es en esos años en los que se profundizó la necesidad de jugar sin punteros, achicar en el campo de juego fue, por años, “un homenaje a Don Osvaldo Zubeldía”, había que “tener cuidado” contra todo rival, había que “reventar” la pelota (término que no casualmente usan los relatores jóvenes, formados en aquel período), a la pelota “se le entra”, ya no se la patea o acaricia, son “partidazos” los que tienen muchos goles…¡y expulsados! Y tantas otras cuestiones que fueron generando una pérdida de noción de la técnica de juego en desmedro de cuestiones cercanas al negocio, ni hablar de especulaciones concretas sobre arreglos de partidos y corrupciones varias.
Pero seguimos quedándonos cortos. También hubo edición de imágenes, y el público comenzó a especular con torneos arreglados para tal o cual, se enfatizó hacia la gloria de tal y hacia el fracaso de cuál, muchos protagonistas del fútbol se quedaron sin aire por un cuarto de siglo y fueron “mala palabra” por decisión suprema, avalada por la AFA, y festejada por el Estado.
Eran tiempos en los que el presidente Carlos Menem se hacía acompañar por protagonistas e ídolos del deporte para mirar los partidos en pantalla gigante desde su Residencia de Olivos.
Carlos Avila, amo y señor de aquellos tiempos de la TV, aunque aliado al Grupo Clarín (ahora derrotado en la Corte), ahora anuncia su presentación como candidato a presidente de River Plate para las elecciones de diciembre, lo cual puede ser legal, pero a todas luces resulta extraño siendo que supuestamente era neutral en aquellos años monopólicos, algo que no parece ser tema de interés a la prensa deportiva actual, como si lo pasado ya fuera “pisado”.
Siguiendo con la imposibilidad de ver partidos sin pagar, llegamos a lo que fue, más allá de todo lo citado anteriormente, el tema principal durante estos años. Porque si fue grave en Buenos Aires y alrededores, el mal llamado “Interior” del país lo pagó con creces, llegando a situaciones increíbles, propias del realismo mágico.
Porque desde fines de los ochenta, el Grupo Clarín fue comprando canales de TV cable en cada pueblito, en cada ciudad, hasta llegar a totalizar más de doscientas licencias (cuando la ley ahora permite 24, es decir que deberá desprenderse del resto) y aunque en muchos casos, compitió con los canales de cada ciudad, el hecho de disponer de los derechos del fútbol hizo que lo usufructuara en cada lugar para ahogar a su rival hasta destruirlo y a su vez, recomprarlo o dejarlo morir.
Esto aumentó a su vez la monopolización en todo el país y unificó el discurso aberrante, y generó que en todo el interior hubiera que comprar la mayoría de los partidos, o ir a algún bar con TV y pagar una consumición para poder verlos, siempre, claro, con la única voz que se los contaba, con el resultadismo a ultranza.
Así ocurrió, por ejemplo, que muchos argentinos jamás (literalmente) hayan visto a la selección argentina de Marcelo Bielsa o José Pekerman, por lo que su opinión pasaba por la de sus amigos, o los comentaristas de radio o TV, o los periódicos o revistas, pero no por sus propios ojos. Por no poder pagar los cánones que exigía la TV monopólica.
Y por supuesto. No sólo sirvió para cobrar por el fútbol en todo el país (que fue el gran negocio), ni siquiera para esclavizar a los clubes, obligados a firmar por una AFA que por un cuarto de siglo trabajó cómplicemente para los dueños del negocio (aunque ahora se tenga el discurso contrario), y necesitó en cada entidad de algún dirigente que les respondiera y que firmara los contratos a ojos cerrados (muchos dirigentes no conocían siquiera párrafos enteros de los contratos que habían firmado con la TV y llegaron a gastar hasta tres partidas futuras de pago, dejando pesadas herencias a sus sucesores).
El fútbol sirvió, que fue muchísimo peor, para unificar también el discurso político, para presionar al poder político, para que los televidentes no tuvieran demasiada escapatoria y tuvieran que sintonizar los canales del multimedio forjado en los noventa, cuando se le adaptó el artículo 45 para acceder a la TV desde los medios gráficos y la radio, y en los 2000, cuando se le autorizó a la fusión entre Cablevisión (que ya se había tragado a VCC) y Multicanal.
Todo aquello tuvo ayer su último capítulo, cuando la Corte Suprema determinó que habrá que recular y que el Grupo Clarín, que fue torciendo el brazo de cada canal del interior, que impidió ver a la selección argentina en tantos puntos del país, que manipuló y formó opinión a partir de una situación de privilegio, deberá adecuarse como uno más y cumplir con la ley como cualquier hijo de vecino.
Cuál será la política de Estado a futuro, si será equitativa o no, si las licencias serán otorgadas a los que las merecen, si habrá la pluralidad declamada, si habrá suficientes oferentes, si la calidad informativa o mediática será la buscada, son todos temas a debatir desde hoy, pero en todo caso, son otros temas.
Lo claro, lo nítido, es que la decisión de la Corte Suprema de ayer le abre las puertas a una mayor democracia en la Argentina y se hizo Justicia a un hecho largamente esperado: la democratización de los medios de comunicación. Y por eso, el de ayer fue un gran día.

lunes, 28 de octubre de 2013

150 años después (Por Fernando vara de Rey)

150 años se cumplen en estos días desde el feliz día en que los representantes de ocho clubes se reunieron en la Freemason’s Arms Tavern de Londres para aprobar las catorce primeras reglas del denominado “Football” y fundar la consiguiente Football Asociation. Difícilmente pudo anticiparse en aquel entonces que además de un deporte se sentaban los cimientos de una pasión, de una expresión de civilización y de cultura, y de un resorte de unión entre los pueblos. Gracias en mi nombre y en el de todos los que se adhieran a esos ocho talentos, que ojalá descansen en alguna región celestial en la que naturalmente se jugará todos los días al fútbol.
 
Los clubes Barnes y Richmond jugaron en diciembre de 1863 un primer partidote football. El resultado fue de 0-0 así que los espectadores –me los imagino con gorra y con mostacho- no pudieron conocer el gozo de gritar gol. Afortunadamente cada semana, y así pasó un siglo y medio, se citan los equipos y corre el balón y vibran los espectadores de los estadios más eminentes del planeta.
 
Como un homenaje involuntario, el sábado se disputó el Clásico español. Con un FC Barcelona más eficaz que estético respecto al modelo de Guardiola, con un R.Madrid un tanto frágil en el primer cuarto de Liga. Y con dos entrenadores veteranos y noveles –canta así el himno merengue- en el partido de máxima rivalidad de nuestra Liga. En un rincón Tata Martino, apenas conocido en España por su breve paso como jugador por el Tenerife, y a quien con visión más bien crítica se señala su paulatino distanciamiento del fútbol de toque que canonizó al equipo culé. Y en el otro rincón Carlo Ancelotti, en la siempre hercúlea misión –pregunten a Benítez, lo sufrió en el Inter de Milán- de sustituir al omnipresente Mourinho. También el italiano se ha granjeado algunas críticas de la vigilante prensa española, que cuestiona entre otros asuntos su extraña solución para la rivalidad entre Diego López y Casillas y su empeño en alinear a un Bale lejos muy lejos de su mejor forma.
 
Tímidas eran hasta hoy las críticas hacia el sentido táctico y al instinto de precaución propios de la escuela italiana. Hasta hoy, porque la prensa escrita amaneció feroz contra los ingenios tácticos que el preparador madridista urdió en el Nou Camp. Principalmente la ubicación de Sergio Ramos en el centro del campo, la posición de Bale como delantero centro no sé sabe si verdadero o falso, la ausencia de la convocatoria del pujante Morata. “Miedoso”, le dice Marca; “puso grilletes al Madrid”, denuncia As.
 
La obsesión de Ancelotti se cifraba en maniatar el centro del campo adversario. Desplegar a Khedira y Ramos para contrarrestar la virtud creativa de Iniesta y Xavi, encomendar a Modric la misión de tapar la salida de balón de Busquets. Y esperar las subidas de los laterales –solvente Marcelo, más que prometedor Carvajal- como soporte y trampolín de los explosivos Di María y Cristiano.
 
Los forasteros parecían tomar la iniciativa, los locales se rebelaban con la calidad mayúscula de Iniesta y con el comienzo figurante de Neymar. Precisamente el encuentro entre ambos propició el primer gol, ayudado por un rebote en el muslo del propio Carvajal. Corría el minuto 18, y hasta el fin de la primera parte el gris prevaleció sobre el azulgrana y el blanco.
 
Sin embargo en la segunda parte el color de moda fue el amarillo, el mismo que vestía el árbitro Undiano Mallenco. 150 años después los arbitrajes siguen siendo el ingrediente que da picante o que da amargor a la salsa suculenta del fútbol. Una mano aparentemente voluntaria de Adriano en el área chica fue reclamada como penalty, y sobre todo un derribo que no pareció inocente del Jefesito Mascherano a Cristiano Ronaldo.
 
Podrían haber sido la vía de un empate que no hubiera extrañado ni desalentado a nadie. Para entonces el FC Barcelona aguantaba el marcador con más oficio que talento, a imagen de un Messi insólitamente ausente y un Cesc más batallador que otra cosa. Y el R.Madrid mejoraba con una fórmula muy poco mágica: colocar a un medio centro puro (Illarra) en vez de un medio centro de ocasión (Sergio Ramos), colocar un delantero centro puro (Benzema) en vez de un medio centro de ocasión (Bale).
 
Rectificó Ancelotti, erró al menos una vez Undiano Mallenco, y de repente el protagonismo recayó en el más insospechado: Alexis. En el minuto 77’, el chileno –que había suplido a Cesc ocho minutos atrás- sorprendía a Varane y Diego López con un primoroso toque que se convertía en el 2.0. Poco tiempo para la reacción madridista, que se produjo a medias en una bonita combinación entre Cristiano Ronaldo y Jesé: 2.1, resultado final.
 
Marcelo, Ramos, Jesé, desde luego Ancelotti, denuncian el penalty a Cristiano que pudo cambiar el desenlace del Clásico. Busquets, Xavi, Tata Martino, se centran en la presunta superioridad culé y en el rédito de seis puntos con respecto a su rival. Dudas y reproches, euforias y desafíos. Leal a sus comienzos palpita el fútbol, ciento cincuenta años después.
 
  

sábado, 26 de octubre de 2013

El Barça gana un clásico de transición (Yahoo)



Más allá de las noventa y siete mil personas que colmaron el Camp Nou el pasado sábado, de las estrellas que presentaron los dos equipos, de la expectativa mundial por el partido, de los dos mejores jugadores del mundo en el campo de juego, incluso del resultado a favor del local por 2-1, el Barcelona y el Real Madrid certificaron, por si no quedaba claro, que son hoy dos equipos en transición.

¿Hacia dónde van? Es difícil saberlo. Aparece, tal vez con algo más de luz, el largo túnel del Barcelona. Porque los resultados a favor (once partidos ganados y cuatro empatados, ninguno perdido en toda la temporada) siempre ayudan a atravesar mejor los cambios tácticos, en este caso introducidos por el entrenador argentino Gerardo Martino, que sigue insistiendo, aunque con una falsa modestia, en que su incidencia en el equipo “sigue siendo mínima”.

En cambio intuimos que el Real Madrid, luego de esta derrota ante su máximo rival (aún cuando reclama que el árbitro Undiano Mallenco ignoró un penal de Javier Mascherano a Cristiano Ronaldo), tendrá mayores urgencias y que se acentuará el reclamo al italiano Carlo Ancelotti que sigue por mejor camino en el grupo de la Champions League que en el torneo local cuando ya había caído en el Santiago Bernabeu ante el Atlético Madrid y había cedido algunos puntos de esos que los blancos no pueden darse el lujo de perder.

Sin embargo, unos y otros, los que sonríen o los que atravesaron un fin de semana más triste, siguen hablando de resultados y no tanto de juego. Porque desde este punto de vista, el clásico del sábado fue descolorido, con demasiados errores y con algunos titulares en el campo, por parte de los dos equipos, que creemos que no tuvieron acertada elección por parte de los dos banquillos.

Claro, un clásico en el que ni Lionel Messi ni cristiano Ronaldo lucen, ya parte de una baja en su generación de espectáculo, pero seguimos creyendo, como sostenemos desde hace tiempo en esta columna, que Cesc Fábregas no es un “falso nueve” sino un mediocentro con cierta capacidad ofensiva y que no suele rendir demasiado cuando se adelanta en el campo, como ocurrió el sábado una vez más, y que el chileno Alexis Sánchez volvió a demostrar que se encuentra en gran forma en esta temporada tanto en su equipo como en su selección, y que es quien debe ocupar una de las tres posiciones del ataque azulgrana.

La baja producción de Messi podría deberse a que, se supo luego del partido, había estado con vómitos antes de jugarlo, porque sorprendió verlo partir desde la derecha en el ataque, como en sus inicios con Frank Rikjaard (para darle lugar a Cesc por el medio), pero se observa en el Barcelona, mucho más allá de la merma en este caso de su mejor jugador, un problema que se va haciendo crónico y pasa por su sistema de juego y por la disposición de los jugadores.

No parece casual que Víctor Valdés se vaya convirtiendo en una super-estrella cuando siempre fue un muy buen arquero. El salto de calidad está dado porque al Barcelona le llegan más y con mayor claridad pero no porque sus defensores marquen peor, sino porque ya no regresa igual que antes y eso se debe a que, primero que todo, no administra el balón como antes.

Alguien dijo, en forma de síntesis, que el Barcelona pasó de la posesión de balón como filosofía, a la posesión de balón sólo para que no la tenga el otro y no lo administre mejor. Es decir, apareció una especie de temor a perderlo, a descuidar al adversario, a “cerrar los partidos” como con la entrada de Song por Andrés Iniesta, que no estaba presente con anterioridad, sumado el abuso de los pases largos (que antes se dosificaban y enriquecían el juego de toque) y cierta falta de coordinación del medio hacia atrás y hacia adelante.

En el caso del Real Madrid, en cambio, el problema parece de desaprovechamiento, hasta aquí, de su riqueza individual. Ancelotti aún no pudo sacar partido de sus cracks, debido a que por un lado se produjo una renovación en sus filas, con la salida de Mesut Özil como la de mayor incidencia en la creación, y en cambio, la llegada del galés Gareth Bale, que más allá de la fortuna que se pagó, también ocupa la banda y eso obliga a pasar al centro  a Cristiano Ronaldo, o a quitar a Angel Di María.

Como Ancelotti quiso que jugaran los tres, sacrificó a Karim Benzema y terminó anulando la fuerza de las bandas y el portugués se quedó sin espacios ni balón para poder utilizar su juego, y el entrenador italiano, ya en desventaja, terminó retrocediendo y colocando en el segundo tiempo al Real Madrid original, sin Bale, con extremos y un centrodelantero.

Tampoco funcionó en los blancos el experimento de Sergio Ramos como mediocentro, por delante de Rafael Varanne y Pepe, porque el defensor de la selección española no se siente cómodo allí, pero es evidente que el equipo necesita con urgencia el regreso de Xabi Alonso en esa posición, un jugador que por su precisión en los pases y su excelente colocación, no tiene reemplazo.

Es cierto que el propósito enunciado por Ancelotti desde el inicio de la temporada es el de adelantar unos metros al equipo y tener una mayor posesión de balón, algo para lo que necesitará de cierta adaptación, pero las derrotas van minando la confianza y los rendimientos y habrá que ver cómo se sobreponen los blancos a esta situación.

El Barcelona va dependiendo cada vez más de lo que hagan algunos de sus grandes cracks y aunque conserva cierta estética del pasado, los próximos meses, antes rivales de fuste por la Champions, darán la clave sobre si estos cambios van en el camino correcto.

De momento, nos quedamos con las ganas de disfrutar de uno de esos clásicos que paralizaban los corazones, como hasta la pasada temporada. ¿Los volveremos a ver?

 


martes, 22 de octubre de 2013

¿Puede irse Casillas del Real Madrid? (Yahoo)



Si bien el conflicto data de varios meses, desde los tiempos de José Mourinho como entrenador del Real Madrid, esta semana recrudeció con las declaraciones del laureado portero internacional Iker Casillas acerca de que si en unos meses no cambia su situación en el club, evaluaría marcharse luego de catorce temporadas.

Casillas cree, aunque no lo manifiesta, que la pérdida de la titularidad en la portería del Real Madrid no tiene relación con su juego sino con razones extra deportivas, por lo que coloca su situación en el nivel de la injusticia, desde que primero fue reemplazado por Jesús Adán y luego, ya de manera constante en la Liga Española, por Diego López.

Casillas no es un portero más sino uno de los mejores (acaso el mejor) del mundo y todo su entorna apunta a que la idea de su permanente suplencia no parte de su actual entrenador, el italiano Carlo Ancelotti, ni del todo por Mourinho, sino desde el mismísimo presidente del club, Florentino Pérez, desde que fue sindicado como una de las fuentes de conocimiento de la mala relación entre el plantel y el portugués en la pasada temporada.

Mourinho, enfrentado con casi todos los estamentos de la Liga y del propio Real Madrid, llegó a señalar a Casillas, a través de su pareja, como uno de los responsables de que se difundiera el conflicto y la relación entre ambos no tuvo vuelta atrás, mientras que en esos días calientes, que hoy parecen tan lejanos, el diario deportivo Marca llegó a informar de una reunión fuera del club entre los capitanes y Pérez, absolutamente desmentida por el dirigente hasta enfrentarse con el legendario periódico, en la que se le exigió la salida del portugués para junio de 2013, cosa que finalmente ocurrió.

Aún así, Pérez siguió manifestándose contra varios medios, ya con Mourinho fuera del plantel e incorporado al Chelsea, lo cual indica el nivel de enfrentamiento que sigue teniendo por aquello que sucedió con los capitanes y que provocó la salida de un entrenador con el que se había jugado mucho y había apostado a futuro y hoy mismo sigue diciendo que con él, el equipo dio “un salto cualitativo”.

Lo cierto es que Casillas lleva meses sin continuidad, y pese a estar en una élite de porteros, va perdiendo lugar como titular en la propia selección española a pocos meses del Mundial y cuando ya finalizó la etapa clasificatoria, por lo que desde ahora no son muchos los partidos amistosos que restan hasta la hora de comenzar en Brasil la Copa del Mundo.

Este factor, sumado a la incomodidad que tiene el propio Casillas con buena parte de la dirigencia del Real Madrid y que no toda la grada está con él porque aquellos que sostenían a Mourinho prefieren a Diego López, aunque sean minoría, han generado por primera vez en su trayectoria, siempre ligada a los blancos, un deseo de cambiar de aires ya sea para diciembre o para junio.

¿Puede ir Casillas al Barcelona? Aunque parezca una locura, no lo es y el impedimento pasa mucho más por la historia del portero y su afectivo vínculo con el Real Madrid, que por el presente y otros factores.

Uno de ellos es que el portero titular del Barcelona, Víctor Valdés, seguramente saldrá al final de la temporada para emigrar al Mónaco o a algún equipo de la Premier League, por lo que el camino queda abierto para un jugador de su nivel.

Otro es la gran relación existente entre Casillas y los referentes del Barcelona como Xavi Hernández y Carles Puyol, que fue lo que abrió la compuerta del conflicto en los tiempos de Mourinho, cuando el arquero los llamó por teléfono luego de la seguidilla de clásicos calientes que ya estaban generando un clima de guerra, para encontrar juntos una solución y aplacar los ánimos, algo que no gustó para nada al portugués, que vive de esos enfrentamientos. Son parte de sui juego.

Y el tercer elemento que podría jugar a favor es el de la estocada de Casillas a Florentino Pérez, al pasar a jugar en el archirrival, que si bien no sería una movida ajedrecística como la de la contratación de Luis Figo en aquella campaña electoral de 2000, no estaría lejos y produciría un notable daño al dirigente.

Por cierto, una encuesta difundida este fin de semana mostró que el cuarenta y cinco por ciento de los simpatizantes del Real Madrid cree que Casillas pasará a jugar en el Barcelona, es decir que sea así o no, hay una construcción en el imaginario del madridismo, y un real temor a que el hecho se concrete y a tener que soportar las consecuencias.

Por todo esto, tanto el Real Madrid como Ancelotti se juegan mucho en estos meses y los resultados de este fin de semana, que justo lo acercan a la punta gracias a su triunfo ante el Málaga y al empate del Barcelona en Pamplona ante Osasuna y la derrota del Atlético Madrid en Cornelía ante el Espanyol, generan una enorme expectativa para el gran clásico del próximo sábado ante los blaugranas.

Allí también, tal vez, haya alguna posibilidad de medir cómo el barcelonismo recibe a Casillas, aunque seguramente vuelva a sentarse en el banquillo, siguiendo nerviosamente las alternativas del partido. Algo a lo que un gran portero como él, no termina de acostumbrarse.