martes, 3 de diciembre de 2013

Para Simeone hay una sola palabra posible: ganar (Clasico, Dinamarca)



El 23 de diciembre de 2011, cuando Diego Simeone llegó como entrenador del Atlético Madrid, comenzó a escribirse una historia que toda la afición soñaba y en algún rincón depositaba en este ídolo del club que aparece nada menos que en el himno moderno, compuesto por el magnífico poeta Joaquín Sabina.

Hasta ese día, el “Aleti” era “el pupas”, como se conoce en Madrid al equipo que parecía portar mala fortuna, desde que perdió insólitamente la final de la Champions League de 1975 ante el Bayern Munich, cuando Miguel Reina, también arquero y padre de Pepe, actualmente en el Nápoli, dejó el arco para firmar un autógrafo a segundos del cierre y los alemanes le empataron y obligaron a un nuevo partido, 0-4.

Los “colchoneros” no pudieron recuperarse nunca del todo de aquel día, y su problema se profundizó en los ochenta con la constitución en sociedad anónima y la llegada del fallecido empresario Jesús Gil y Gil a la presidencia. Hoy mismo se dice que sigue en la conducción la familia Gil aunque con el empresario cinematográfico Enrique Cerezo en la presidencia.

Al Atlético le pasó de todo en este tiempo. No consigue un título desde la temporada desde “el doblete” (Liga y Copa del Rey) de la temporada 1995/96 (con Simeone líder de ese equipo), descendió a Segunda División (“El Infierno”, según el propio club) a principios del siglo XXI y permaneció dos temporadas, estuvo a punto de fundirse y arrastra una deuda enorme con el fisco, y desaprovechó cracks que vistieron su camiseta, como Fernando Torres, Christian Vieri, David de Gea, Diego Forlán, Sergio Agüero, Maxi Rodríguez, Simao y tantos otros.

También arrastraba más de una década sin ganarle a su rival de la ciudad, el Real Madrid, y casi sin siquiera sacarle puntos ni de local ni fuera de casa. Estar realizando una mala campaña ya era lo habitual, jugara quien jugara y pocos entendían cómo por momentos ni siquiera compartían el once titular sus dos mejores hombres, el “Kun” Agüero y el uruguayo Diego Forlán.

Aún ganando, por fin, una Europa League, había sido despedido  Quique Sánchez Flores, y el psicólogo Gregorio Manzano manejaba un equipo insípido, en una mediocre campaña en la que no se veía la luz y es así que el presidente Cerezo y el director deportivo, el ex jugador José Luis Pérez Caminero, entendieron que era el momento justo de cambiar y llamar al que para todos era el único capacitado para cambiar un eje de tantos años de derrotas o situaciones sin salida: Simeone.

“No me duele confesar que no estuve entre aquellos devotos del Atlético de Madrid que celebraron sonoramente la contratación de  Simeone como entrenador de la primera plantilla. El catastrófico comienzo del curso 2011-2012 desorientaba a los futbolistas y soliviantaba a los aficionados, cada vez más críticos con el despotismo nada ilustrado de la Directiva. A algunos, nos pareció un resorte vano y populista, una forma de acallar a los hinchas más inconformes con un jugador que hizo historia por su coraje pero también por su brusquedad.

Por fortuna los errores en el fútbol son mucho más subsanables que por ejemplo en el matrimonio. Y por fortuna la capacidad de sorpresa de nuestro deporte favorito desnuda los pronósticos y revienta las expectativas. El futbolista que transitaba de bronca en bronca se tornó en un entrenador calmado, respetuoso, astuto. Del desmán de sus arengas nació un discurso ponderado en las formas pero capaz de transmitir las cualidades de fe y de coraje que le distinguieron en el añorado doblete del 96”, nos cuenta con claridad Fernando Vara de Rey, intelectual y miembro de la Asociación “Los 50”, un grupo de caracterizados hinchas y socios del club, conformado por periodistas, historiadores e intelectuales, opuestos a las conducción.

Coincide con estas apreciaciones el periodista Aritz Gabilondo, encargado de seguir al Atlético Madrid para uno de los dos diarios deportivos fuertes de Madrid, el “As”: “Simeone cambió al Atlético. Con el técnico argentino, volvió el espíritu ganador que parecía perdido y que llevó incluso al equipo a Segunda. No era un problema de jugadores, era un problema de mentalidad. El Cholo ha construido un equipo de ganadores, que no se acobarda ante nadie y en ningún escenario. Eso, y la intensidad que ha puesto al estilo de juego, han sido la mezcla perfecta. Su sentimiento al escudo ha calado en el vestuario. Los jugadores son en el campo lo mismo que era Simeone como jugador: impetuoso, guerrero, inteligente, entregado”.

En media temporada que quedaba, el “Cholo” consiguió parar un equipo sólido, que comenzó a funcionar en ataque haciendo explotar al goleador Radamel Falcao, se consolidó en las posiciones de arriba en la Liga, y ganó de manera brillante la Europa League en una recordada final ante el Athletic de Bilbao de su compatriota Marcelo Bielsa por 3-0, para vapulear nada menos que al Chelsea, en la final de la Supercopa de Europa en Mónaco por 4-1, con una exhibición del colombiano Falcao.

¿Por qué Simeone? “Nosotros siempre pensamos en él, pero era muy joven, había regresado a terminar su carrera en la Argentina y seguimos siempre su muy buena carrera de entrenador, pero es un hombre del club, identificado con su gente, y campeón en sus tiempos de jugador, ¿qué más podíamos pretender?”, comenta Cerezo.

Simeone fue, desde pequeño, un protagonista especial del fútbol, alguien que desbordó con su pasión el hecho de haber sido jugador. Él mismo se definió una vez como alguien que jugaba “con el cuchillo entre los dientes” y su vehemencia muchas veces le jugó en contra, como aquella imagen de la marca de sus botines que dejaron sangrando la pierna de Julen Guerrero, del Athletic, uno de los sex-symbols de los noventa, o cuando en el Mundial de Francia, una actuación haciéndose el lesionado, motivó la expulsión de David Beckham en un Argentina-Inglaterra de octavos de final, que tardó cuatro años en cicatrizar y que dio lugar a ríos de tinta.

“Yo siento el fútbol así y siempre digo que el sacrificio no se negocia. Muchas otras cosas las puedo llegar a hablar con mis jugadores, pero no el hecho de que deben matarse en la cancha, ese es mi piso. De allí en más, podemos conversar”, sostiene el propio Simeone quien todo parecía indicar que se había encontrado dirigiendo a su amado Racing Club porque aún era jugador en 2006 cuando los dirigentes le pidieron que cambiara de status. Pero no era así. El “Cholo” siempre había sido DT, desde muy joven, desde cuando con la camiseta de Vélez, o la juvenil de la selección argentina, ya gritaba desde la mitad de la cancha a compañeros más veteranos para ordenarlos o para que lo ayudaran a marcar.

Lo fue con entrenadores de distintas filosofías y personalidades y por eso tampoco se enojó cuando Carlos Bilardo lo marginó del Mundial de Italia 1990, para quedar ya definitivamente instalado en el equipo titular desde el año siguiente y son conocidas sus escapadas en el Sevilla, junto a Diego Maradona, entre 1992 y 1993 para cruzar el Oceáno Atlántico y ponerse la camiseta celeste y blanca aunque no tuviera autorización del club.

De todos modos, son pocos los jugadores que logran tanta identificación en los clubes en los que jugaron. Simeone lo consiguió primero en Vélez Sársfield, luego en el Atlético Madrid, donde integró aquel equipo, excepcional para esos años, que ganó el “doblete”, como en la Lazio italiana, y luego en Racing Club, o en la selección argentina, aún sin ganar en tantos años más títulos que dos Copas América (1991 y 1993).

“Tal vez todo eso suceda porque de jugador siempre antepuse a mi juego el hecho de sacrificarme, de ponerlo todo, de vivir profesionalmente al máximo, así entiendo yo las cosas y se las transmito ahora a mis hijos”, en referencia a Giovanni y Gianluca, que están en River Plate, el primero hasta ya ha jugado una decana de partidos, mientras su padre dirige en España.

La epopeya de Simeone como entrenador comenzó cuando tras un paso breve por Racing, fue a dirigir a Estudiantes de La Plata, justo cuando había regresado al equipo uno de sus máximos ídolos, Juan Sebastián Verón, desde el fútbol europeo, en 2006 y con quien no es amigo pese a años de compartir equipos italianos y la selección. “Nos tenemos un gran respeto, aunque somos muy distintos”, aclara.

Estudiantes siguió de cerca a Boca Juniors, que iba por su tricampeonato consecutivo, hasta el final. A tres jornadas estaba a seis puntos de distancia, a dos jornadas, a cuatro, a una jornada, a tres, y finalizaron iguales y tuvieron que jugar a los tres días un partido de desempate, que ganaba Boca 1-0 y terminó ganando Estudiantes 2-1 para volver a la gloria luego de 24 años sin títulos. Tal vez sea el mejor resumen de Simeone: la eterna lucha contra la adversidad, la necesidad de revertir situaciones.

Poco tiempo después pudo dirigir a River Plate, donde en 2008 ganó el último campeonato de este importante club, aunque en el torneo siguiente estaba último cuando a poco del final, tuvo que irse y River acabó descendiendo a Segunda dos años después y como para descender se toman las últimas 3 temporadas completas y se hace un promedio, algunos lo colocan como parte del problema. Pero Simeone sufrió mucho más que eso. Distanciado de su esposa, la modelo Carolina Baldini, las revistas del corazón la mostraron en sus portadas de vacaciones con un bañero, por lo que en el siguiente clásico ante Boca, en la Bombonera, los hinchas locales, cruelmente, lo recibieron arrojándole botes salvavidas.

Pero “El Cholo” (apodo que le pusieron de pequeño al tener el mismo apellido de un jugador de Boca de los años sesenta al que lo apodaban igual aunque de nombre Carmelo, lateral derecho) sabe cómo son los medios y de hecho, fue armando todo un clan. Su hermana, que lo representa, está casada con el preparador físico Carlos Dibos, que integró el plantel de la selección argentina con Alfio Basile, y tiene representante de Prensa, algo poco común en el mundo del fútbol.

Luego de un paso sin mucha fortuna por San Lorenzo, decidió (con acierto) que era el momento de buscar fortuna en Europa, más aún con sus antecedentes. Primero salvó del descenso al Catania en el Calcio, y fue allí cuando en 2011 apareció la oferta del Atlético, sumando como ayudante al ex arquero de la selección argentina y del mismo Atlético, Germán Burgos, antes extravagante, rockero, melenudo y gracioso, hoy regordete y serio, y que en un derby ante Real Madrid, en plena discusión por una jugada desde un banquillo al otro, llegó a decirle a José Mourinho “Mira que yo no soy Tito (por Vilanova), yo te arranco la cabeza”.

“Yo siempre supe que esto es lo que quiere la afición del Atlético, y coincide con mi manera de ser. Vivo el fútbol con una enorme intensidad”, dice Simeone, quien desecha los cargos de “tribunero” (hacer cosas para que la gente las vea).

Mourinho supo tras ese derby (ganado por el Real Madrid, por la Liga), que con Simeone del otro lado no la tendría fácil y cuando se conoció que la final de la Copa del Rey de la pasada temporada los volvería a enfrentar, como último partido del año, se preocupó. El partido se iba a jugar en el Santiago Bernabeu y qué mejor motivación para sus rivales de ciudad que erradicar años de derrotas en una sola noche y en el escenario más preciado, y terminó ocurriendo.

No sólo eso: el Atlético lograba la clasificación directa para la Champions League, algo que no conseguía desde el “doblete” de 1995/96, aunque muchos creyeron que todo se terminaría con la inevitable venta de Falcao, que aterrizó en el Mónaco del magnate ruso Dmitri Rybolovlev.

Se equivocaron una vez más. Simeone pidió que dejaran en el plantel al talentoso turco Arda Turan, fichó a David Villa del Barcelona, pero más que todo, potenció al brasileño Diego Costa, que hoy es el centro de la atención porque se lo disputan para el Mundial las selecciones de su país y la española, que lo quiere nacionalizar.

Para que no quedaran dudas y nadie se durmiera en los laureles, el Atlético comenzó la nueva Liga ganando los primeros ocho partidos consecutivos, siguiéndole el ritmo al Barcelona, volvió a ganar (y con absoluta autoridad) al Real Madrid en el Bernabeu, lleva ganados sus tres partidos de Champions League y mantiene la misma solidez, mientras crece como equipo.

Todo esto consiguió Simeone, porque no entiende otra cosa que no sea ganar. Da lo mismo que sea con una defensa de cuatro jugadores o de tres, que use cuatro volantes, tres y un mediapunta, un delantero o dos. Se adaptará siempre a las necesidades. Difícil calificarlo como defensivo u ofensivo. Es un pragmático a todas luces, llamado para las grandes cosas, y ya en carrera, junto a Gerardo Martino, del Barcelona, para suceder a Alejandro Sabella en la selección argentina.

“Sé que algún día dirigiré a la selección”, nos dice. ¿Y quién puede dudar de que así será si se le metió eso en la cabeza?.


domingo, 1 de diciembre de 2013

Momento crucial para el Barcelona (Yahoo)


Más allá de que seguirá peleando por ganar la Liga Española, y que como cada año regresará en febrero para jugar los octavos de final de la Champions League, el panorama del Barcelona en esta temporada no se asemeja para nada a muchas de las anteriores y hay que remontarse casi a los tiempos de Louis Van Gaal para encontrar críticas a su estilo de juego.
La que por ahora es una mini crisis que debe enfrentar el Barcelona no se debe precisamente a los resultados, a los números, sino al estilo, al sistema de juego, al estado de sus principales estrellas y a si por primera vez en años, está cambiando su filosofía que tantos adherentes encontró en el mundo entero.
La llegada del argentino Gerardo “Tata” Martino a principios de temporada, como entrenador reemplazante de Tito Vilanova, quien por razones de salud no pudo tener continuidad en el banquillo, tampoco ayudó demasiado porque no ser europeo le otorgaba un plus en contra muy importante para los analistas y el público en general, que desconfiaban de su falta de experiencia para encarar una etapa del equipo que ya asomaba complicada, desde la salida de Pep Guardiola en 2012 hasta la travesía por un año complicado que terminó con la dura eliminación ante el Bayern Munich en la Champions pasada.
Algunos medios catalanes que se habían volcado por Luis Enrique para el cargo que dejaba Vilanova, debieron tragar cuando se enteraron de la determinación de la contratación de Martino y especialmente, cuando el argentino encadenó varias victorias seguidas y recién perdió el invicto en Amsterdam, la semana pasada, ante el Ajax con su grupo de Champions ya casi definido.
Sin embargo, con la llegada de Martino, y aunque es evidente que supo ganarse el vestuario y a sus principales líderes, empezaron a aparecer algunas cuestiones en el juego y el sistema que no son compatibles con lo que pudo observarse en los últimos años, como salidas desde la portería con pases largos o a dividir, centros en los córners, cierto desinterés por la posesión del balón o cambios continuos en el sistema con la idea de “sorprender” a los ocasionales rivales.
Todo esto se fue mezclando con dos hechos fundamentales que van marcando a fuego al equipo en la temporada: que muchos de sus principales jugadores no se encuentran en el mejor estado físico (algo que se evidenció en Amsterdam, cuando el propio Gerard Piqué los arengó y el entrenador procedió a sacar a algunas “vacas sagradas” para colocar a jóvenes de la cantera) y que Lionel Messi no pudo tener continuidad por algunas lesiones recurrentes que no habían aparecido en los últimos tiempos.
El hecho de no contar con el genio fue tirando abajo la idea, siempre polémica, del llamado “Falso 9” porque Cesc Fábregas, casi siempre reemplazante en esa posición, no es más que un muy buen mediocentro y si llegó al Barcelona desde el Arsenal no fue con otra idea que ser quien en el futuro reemplazará a Xavi Hernández, desde la colocación y acaso el mando.
Martino, entonces, fue dándole un lugar cada vez más protagónico a un excelente jugador como el brasileño Neymar, pero éste aún se está adaptando al fútbol europeo y al estilo del Barcelona, y además, necesita de la ayuda del resto de los atacantes que salvo en el caso del chileno Alexis Sánchez, recuperado por el entrenador argentino, no ha funcionado a su nivel hasta aquí.
Martino notó a su llegada, con acierto, que el estilo de juego del Barcelona ya era demasiado conocido y que muchos equipos ya habían conseguido encontrarle la vuelta y alguna sorpresa debía dar, y también, que el plantel había perdido el sentido de la presión en el ataque que había logrado, casi como un reloj, con Guardiola. Y se propuso mejorar estos dos aspectos, convencido de que con ellos, el equipo tenía que volver a ser el que fue.
Pero la falta de estado de varias de sus estrellas, la lesión de Messi en un año clave previo a lo que podría ser su Mundial en Brasil, fue minando estos objetivos, más allá de los números, que son más que aceptables.
Este periodista recuerda cuando aquel Milan ganador de Arrigo Sacchi-Fabio Capello terminó un ciclo y para enterrarlo y tratar de cambiar, recurrió a otro sudamericano con galardones suficientes, como en aquel caso, en los años noventa, el del uruguayo Oscar Tabárez, quien nada pudo hacer cuando se encontró con que aquel plantel “rossonero” tenía más apellidos que jugadores dispuestos al trabajo que necesitaba, porque ya sus mejores años habían pasado, algo que parece que podría ocurrir en el Barcelona y que también, de a poco, comienza a sospecharse en la selección española con algunos signos de alarma.
Tal vez en febrero Messi regrese a pleno de su lesión y pueda emparchar la situación y estos planteos quedarán en el olvido, pero un equipo que pierde tanto cuando el genio no está, demuestra que depende casi exclusivamente de lo que él haga, y eso significa que el Plan B no está funcionando en la medida de lo necesario.
Es el tiempo el que se encargará de demostrar, al final de la temporada, cuál es el punto exacto en el que hoy se encuentra el Barcelona, y si es capaz, como equipo, de pelear una Champions League ante Real Madrid, PSG, Manchester City, Bayern Munich, Borusia Dortmund o Manchester United.


viernes, 29 de noviembre de 2013

El enigma Barça (Jornada)



Perdió el Barcelona en Amsterdam ante otro clásico de Europa, el Ajax, y por 2-1. Cayó, de esta forma, el invicto en todo el ciclo de Gerardo Martino como entrenador, aunque no parece peligrar su clasificación a los octavos de final de la Champions League, que recién volverá a fines de febrero, mientras sigue líder en la Liga.

Todo esto indica que el resultado, en este caso, es lo de menos. Lo que menos interesa, lo que menos trasciende. En cambio, lo que sí traspasa las fronteras futboleras y llega a todo el planeta, lo que preocupa a los aficionados del Barcelona, a la prensa catalana, a los gustadores de ese juego que por años venía deslumbrando como pocas veces lo consiguió un equipo en los últimos treinta años, son las formas.

Este Barcelona enigmático que ya no respondía de la misma manera que en el pasado, que ya no seguía los preceptos de la cantera a rajatabla como en los tiempos de Josep Guardiola (casualmente o no, su Bayern Munich parece asemejarse a aquel Barcelona pero a más velocidad y con sello propio), fue pasado literalmente por arriba por un Ajax muy joven, que naturalmente mostró las enormes diferencias de movilidad, de sistema aceitado, y si se quiere, de juventud.

Por momentos, buceando en la memoria, que a veces es traicionera, este periodista pudo encontrar alguna semejanza con lo que le ocurriera al Maestro uruguayo Oscar Washington Tabárez, hoy en la selección de su país, cuando aquel glorioso Milan de los años noventa recurrió a su conducción tras el fin de ciclo de Arrigo Sacchi-Fabio Capello.

Grandes estrellas con casi todos los títulos (algunos perdieron la final del Mundial por penales ante Brasil, en Estados Unidos 1994), que habían deleitado a los aficionados con partidos memorables (este escriba aún guarda como tesoro un videocasete adquirido en el Ricordi de Términi en Roma como “Los 10 mejores partidos del Milan”), y el club rossonero recurría a un entrenador sudamericano exitoso, campeón con dos grandes, Boca y Peñarol, para tratar de cambiar de aire y revitalizar un ciclo que parecía caerse.

Pero Tabárez no pudo contra todo lo que se derrumbaba, llegó cuando lo bueno ya había pasado y con la necesidad de dar a luz otra etapa como todo en la vida, que nace, se desarrolla, madura y muere.

¿No habrá llegado Martino demasiado tarde para implementar lo que en teoría piensa que es lo mejor para el Barcelona? ¿No comienza a tener menos movilidad un equipo con tantas estrellas que lo dieron y ganaron todo, y que se liberaron, hace más de una temporada, de la durísima presión competitiva de Guardiola cuando éste se fue, y que se acostumbraron por un período demasiado largo, a decidir por sí mismos, con Tito Vilanova enfermo y con Jordi Roura haciendo lo que humanamente podía?

¿No habrá arribado Martino, con toda su carga de profesionalismo y su fuerza tras su gran campaña en Newell’s Old Boys, con la idea de reencontrar la motivación, que los de arriba presionen la salida adversaria como en los mejores tiempos, con la intención de un aprovechamiento total del genio que estaría como una moto en los meses previos a lo que debería ser su Mundial, y sin embargo nada de lo pensado fue así?

Lo cierto es que por el momento, este Barcelona es un enigma porque no se sabe bien a qué apunta, si a ganar, por el hecho de ganar, de mantenerse arriba, o si efectivamente pretende mantener esos principios que se originan en el fútbol-base y que, paradójicamente, se inspiraron en su rival del martes en Amsterdam, y en la llegada de un tal Johan Cruyff, presente en el Arena de la capital holandesa e identificado con los dos equipos por su enorme historia en ambos.

El Barcelona puede ganar y hasta ceder muy pocos puntos en la Liga porque tiene rivales en muchos casos inferiores a los de la Champions. Y puede hacerlo aunque ahora tire centros en los córners, sus arqueros más de una vez saquen la pelota y la tiren a dividir, sus delanteros casi no definan si Messi no está, o aunque ya no interese demasiado la posesión de pelota desde la explicación, también enigmática de que lo que importa es la efectividad cuando antes, tenerla resultaba efectivo, no era tenerla por tenerla.

Un día, todo cambió, aunque fue cambiando en los meses previos y hasta en el final de la temporada anterior, como ante el PSG y ante el Bayern, y hasta comienza a aparecer el fantasma de una posible salida de Messi (Inter, Manchester City, Bayern) y de jugadores “sin actitud”.

Por el momento, no es más que una derrota aunque es todo un símbolo, un enorme signo de pregunta que sólo el devenir de la temporada podrá responder, pero que se acabaran las certezas en un equipo que fue tan brillante, es una primera respuesta.

¿El sueño terminó? El tiempo dirá.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Una tarde con Götze (Por Fernando Vara de Rey)

 
 
Antes, durante, y después del nuevo clásico de la Bundesliga, la Liga española regresaba del parón internacional con una verdadera catarata de goles. 4 del Barcelona, 5 del Real, 7 del Atlético que son números que nos hablan con entusiasmo de grandes equipos y con inquietud de la extensión de un abismo entre los grandes y los demás incluyendo los digamos medianos. Como el Getafe, que navega por puestos europeos y fue vapuleado en el últimamente temible Vicente Calderón.
 
Sin embargo era Alemania el centro de la Europa futbolística durante el fin de semana. Borussia Dortmund y Bayern de Münich, dos de los más grandes del planeta en los vaivenes de esta década, se medían de nuevo tras su alternancia en la conquista de los dos últimos títulos, la victoria sin paliativos de los de Baviera en la final de Champions, y el consuelo no tan pequeño de los del Rühr en la última Supercopa.
 
Las bajas considerables en uno y otro bando podían ser  menoscabo de espectáculo pero en modo alguno de expectación. No estarían Hummels ni Gundogan, no estarían Schweizteiger ni Ribery. Pero son muchos los astros del fútbol que militan en Bayern y Borussia, y entre ellos el más aunque menos esperado: Götze, la estrella del Dortmund que anunció su pase al enemigo Bayern en vísperas de la final de Wembley.
 
Pep Guardiola decidió que de salida Götze presenciara el partido en el banquillo. Desde luego el español conocía la defensa de circunstancias que presentaban los locales en lugar de los siempre seguros Subotic y Hummels: Papastathopoulos y Friedrich. El primero abonaba el inventario de nombres extraños que visten la camiseta amarilla –Blasczylowsky, Lewandowsky, Mkhitaryan, Grosskreutz- en tanto que el segundo volvía a los terrenos a los 34 años y después de permanecer retirado durante varios meses. Siempre astuto, Guardiola dispuso un esquema destinado a encerrar a los locales en su feudo y a buscar las fisuras de su defensa de ocasión.
 
Así, el Bayern alineó un once muy agresivo: Lahm se colocaba en el medio centro, los laterales –magnífico Rafinha, imperial Alaba- desdoblaban una y otra vez. Javi Martínez desempeñaba todos los oficios y sus compañeros de medular –Kroos, Robben, Muller- buscaban las artes goleadoras de Mandzukic.
 
Desde luego la mayor parte del peligro corría a cuenta del Bayern. Pero el Borussia fue sacudiéndose el dominio rival con una buena combinación de disciplina y buen trato del balón: y cuando se juega con Reus y Lewandowsky, todas las opciones de victoria son razonables.
 
Cero a cero fue el resultado de la primera parte, y de los 20 primeros minutos de la segunda. Minutos antes Pep puso en marcha su plan menos secreto, el toque, dando entrada a dos especialistas: uno era Tiago y el otro… Götze. El hombre del día calentó en el túnel de vestuarios, ajeno a las iras de sus antaño seguidores devotos. Tomó nota sin duda Lewandovsky, muy tentado a emular su discutido tránsito.
 
Cambió enseguida el tono y el ritmo del equipo bávaro, que buscó la velocidad y las jugadas colectivas. Una de ellas acabó –no podía ser de otra manera- en la bota de Götze, que volvía a romper los corazones de los hinchas del Signal Iduna Park. Era el 0-1.
 
El Borussia, a siete puntos virtuales del líder, no tenía más remedio que atacar. Adelantó líneas, buscó desesperadamente la pólvora de su excepcional ariete. Pero inevitablemente abrió huecos, uno de ellos convertido en vía de tránsito en un delicioso pase largo de Tiago a un hasta entonces desaparecido Robben. Era el 0-2.
 
El holandés, siempre vehemente, colaboró de forma decisiva en el 0-3 que estallaba escasos minutos después. Robben cede a Lahm, y este a Müller que remata con pierna derecha: esta vez sí, los centrales del Borussia demostraron que tan solo pasaban por ahí.
 
El Borussia se retiró con la herida de un goleada sufrida en su casa y contra su más temido rival –no el más detestado, tal dudoso honor corresponde al Schalke 04-. Pero cuando uno cae en fútbol como cuando uno cae de un caballo, lo más recomendable es cabalgar cuanto antes: este miércoles, frente al Nápoles, será otro tarde de esplendor o de desaliento. Afortunadamente no hay tiempo de que fichen a Götze.
 
 
 
 

sábado, 23 de noviembre de 2013

¿Un Balón de Oro para Cristiano? (Yahoo)


De repente, la FIFA decidió reabrir la votación para el premio Balón de  Oro FIFA World Player cuando ya estaba cerrada y cuando sólo medió la gran actuación del excepcional delantero portugués Cristiano Ronaldoen  los dos partidos de la repesca para el Mundial de Brasil 2014.
Pocas veces en los últimos años, la FIFA fue tan clara para marcar un camino de lo que quiere y es que se diversifique el premio y no lo gane siempre el mismo (Lionel Messi) y aunque desde el punto de vista del marketing y hasta de la diversidad, sería bienvenido, desde la ética y la justicia deportiva, eso entra en una polémica.
Sería bueno aclararlo desde el principio. ¿Sería justo que Cristiano Ronaldo ganara el Balón de Oro como mejor jugador de 2013? seguramente sí, porque si bien Messi tuvo partidos de altísimo nivel, no tuvo la continuidad necesaria y en cambio sí la tuvo el portugués, tanto en su selección como en el Real Madrid, aunque no ganara títulos de importancia.
En todo caso, lo que se planteaba para este año, como novedoso, era la llegada entre los máximos candidatos de Frank Ribéry, por su gran actuación en la pasada Champions League que acabó ganando, y de manera notable, el Bayern Munich. Incluso, pocos protestarían si entre los máximos candidatos entrara el holandés Arje Robben, con cuya exquisita definición ganaron los muniqueses al Borussia Dortmund.
Pero se observa todo un movimiento de prensa que va favoreciendo a Cristiano Ronaldo que comenzó en el momento en que Messi cayó lesionado y no alcanzó la continuidad necesaria en el Barcelona y que lo ausentó en muchos partidos de la selección argentina.
Hasta el propio Messi alentó primero la llegada de Cristiano Ronaldo al Balón de Oro al citar en esta semana que el portugués se encuentra “en un momento excepcional”, aunque tras la extraña respuesta del delantero del Real Madrid, sobre que su gran forma se debe “a que si uno se prepara bien, no se lesiona”., el argentino colocó a Francia entre los favoritos a ganar el Mundial, una forma de apuntalar nuevamente  a Ribéry.
De cualquier modo, no está todo dicho y que se haya reabierto la votación no significa que el duelo del mayor premio individual del fútbol mundial vaya a alterarse y hasta parece responder a un intento por restituir la confianza de la FIFA con el Real Madrid y con el propio Cristiano Ronaldo tras la extraña teatralización del presidente Joseph Blatter con unos jóvenes, cuando imitó al portugués mostrándose como soberbio y afirmando que prefiere a Messi.
No es que Blatter no pueda preferir a Messi sobre Cristiano Ronaldo. Pero siendo el presidente de la FIFA, lo mejor sería no expresarlo en p{ublico y mucho menos en ese contexto y a poco de una votación en la que se ponen tantas cosas en juego.
Caben recordarr no menos de dos hechos en los que la FIFA demostró que cuando quiere, altera, si es necesario, lo que ya estaba instituid por ella misma.
En 1992, y para  sorpresa de muchos, la FIFA obligó al Nápoli a escuchar una oferta del Sevilla por el pase de Diego Maradona, aunque el club español no tenía los fondos para el pago y el italiano no quería trraspasarlo.
La FIFA prefirió apoyar al jugador, que no quería seguir en el Nápoli y que venía de purgar quince meses de suspensión por supuesto doping en la Serie Ai, y de esta forma, aún sin ser claros los avales presentados por el Sevilla, Maradona terminó jugando en el equipo andaluz y luego, cuando regresó a la selección argentina para la repesca contra Ausrtralia en Sydney, para la clasificación al Mundial de Estados Unidos 1994, tampoco hubo control antidoping, aunque el partido fuera de muchísima importancia.
Todo ese apoyo que recibió Maradona para que se vendieran boletos en el Mundial y para que hubiera cierta expectativa en un país que no lo garantizaba, quedó muy pronto en el olvido, y el mismo Maradona fue sancionado con dopíng y luego quince nuevos meses de suspensión por haber ingerido “un cóctel de sustancias”, a decir del doctor belga Michael D’hooge en la recordada conferencia de prensa de Dallas aunque luego se demostrara que no había sido así.
Es decir que la FIFA favoreció excesivamente a Maradona cuando quiso, y lo borró cuando ya no lo necesitó.
Más adelante, la FIFA abrió una votación en internet para determinar al mejor jugador de la historia y Maradona se impuso a Pelé, pero eso significaba un problema de relación con el astro brasileño y entonces decidió dar dos premios a la par, en un cambio inesperado.
Todos estos movimientos, como ahora la reapertura de la votación justo cuando terminó la repesca mundialista y Cristiano Ronaldo fue la gran figura, no ayuda ni al portugués, que bien pudo ganar el premio sin necesidad de estas maniobras.
Tal vez, si Blatter hubiera sabido callar o no hubiera necesitado actuar para imitar a Cristiano Ronaldo, no se habría llegado a todo esto, pero ya es tarde y la polémica ya quedó definitivamente abierta, gane quien gane.


jueves, 21 de noviembre de 2013

“Versatilidad” y “equilibrio”, las dos apuestas de Sabella (DPA)


Nueva York (DPA).- Tres esquemas tácticos diferentes en dos partidos utilizó el entrenador de la selección argentina, Alejandro Sabella, en los amistosos ante Ecuador y Bosnia Herzegovina, pese a lo cual se resiste a debatir sobre una supuesta pérdida de identidad en el juego, con dos palabras que van definiendo su siclo al frente del equipo albiceleste, versatilidad y equilibrio.

“La identidad no se pierde por defender con cuatro y atacar con tres, o defender con cinco y atacar con dos, sino por mantener la pelota al pie, salir jugando desde abajo y tratar bien la pelota, con equilibrio”, sostuvo Sabella, cuando fue consultado sobre los cambios en el sistema tàctico en los dos últimos partidos.

Sabella comenzó ante Ecuador en Nueva Jersey, el pasado viernes, con un sistema 4-3-3, que, se supone, será el que mayormente utilizará en el Mundial de Brasil si logra disponer de su once titular, con el que casi no pudo contar durante 2013 por lesiones, y que incluye a Sergio Romero, Pablo Zabaleta, Federico Fernández, Ezequiel Garay, Marcos Rojo, Fernango Gago, Javier Mascherano, Angel Di Marìa, Lionel Messi, Gonzalo Higuaín y Sergio Agüero.

Sin embargo, ante el mismo Ecuador, y sin el genio de Messi ni Gago, fue dominado en el primer tiempo y cambió por un 4-4-2 con el que el conjunto argentino cambió el trámite del partido y ya pasó a dominar el juego, aunque no tuvo potencia en la definición.

Para sorpresa de muchos, y ante un rival que no parecía de los más temibles, como Bosnia Herzegovina, Sabella colocó tres días después en saint Louis en el campo a un equipo alternativo manteniendo una estructura básica (Romero, Fernández, Mascherano y Di María) pero con cinco defensores, tres volantes y dos atacantes.

Lo que parecía un esquema conservador, no lo fue tanto, y el conjunto albicelste fue amo y señor del partido, y apenas necesitó los primeros diez minutos para acomodarse en la cancha.

“No quedaban muchos partidos y quería ensayar las distintas variantes”, dijo luego Sabella, que sabe que antes del Mundial ya no quedan muchas posibilidades, apenas un amistoso en Bucarest ante rumania en marzo, tal vez uno en Israel o en Europa, y una posible despedida del equipo en Buenos Aires y ya luego vendrá la máxima cita.

En cuanto a la lista definitiva de veintitrés jugadores, Sabella ya tendría no menos de veinte confirmados, de no mediar circunstancias ajenas al juego.

Los tres arqueros están prácticamente definidos (Romero, Mariano Andújar y Agustín Orión), a los cuatro defensores titulares (Zabaleta, Fernández, Garay y Rojo) se les sumarían Hugo Capagnaro y José Basanta, mientras que cada volante titular ya tiene casi definida su alternativa (Mascherano-Lucas Biglia, Gago-Ever Banega, Di María-Maxi Rodríguez).
En el ataque, además de Messi, Higuaín y Agüero, tienen asegurado un lugar Rodrigo Palacio y Ezequiel Lavezzi.

De los tres restantes de la lista, todo indica que uno sería defensor (Sabella probó con dos laterales, Facundo Roncaglia y Lucas Orban que no habrían convencido demasiado, y estaría entre Fabricio Coloccini, Sebastián Domínguez y Nicolás Otamendi)), otro, volante externo (entre Augusto Fernández o Ricardo Alvarez) y otro, entre volante ofensivo y atacante (Eric Lamela, Mauro Icardi, Hernán Barcos, Franco Di Santo o Ignacio Scocco).


domingo, 17 de noviembre de 2013

Dos meses sin Messi (Yahoo)


“Es para San Filé”, lloraba, emocionado, Ronaldo Nazario de Lima en el  vestuario cuando Brasil se consagraba campeón mundial por última vez en Yokohama en 2002, con el excepcional entrenador Luiz Felipe Scolari, el mismo que ha vuelto para intentar la sexta corona como local.
Filé era quien ayudó a Ronaldo a atravesar los duros momentos con su rodilla y a llegar en perfecto estado a la máxima cita y  no sólo eso, sino que muchos consideran que la clave en ese Mundial fue que cuando todos los jugadores de élite llegaban con mucho desgaste después de una dura temporada, el notable goleador brasileño tenía una frescura que marcaba la diferencia, y el hecho de estar en el mejor momento y en ascenso en lo físico cuando el resto decaía.
¿No podría terminar pasando esto con Lionel Messi en el Mundial 2014? aunque de momento la mayoría de las expresiones después de su novena lesión muscular fueron de queja, no debería dejarse de lado un hecho singular: justo en la temporada previa al Mundial, Messi habrá tenido sus vacaciones más extensas sin fútbol oficial en muchos años, y luego habrá estado otros dos meses parado, recuperándose con tranquilidad hasta enero.
Más allá de algunas críticas que recibió el astro argentino por sus continuos viajes y partidos amistosos entre “amigos”, sus vacaciones sin fútbol oficial llegaron a tres meses, a los que hay que sumarles estos dos de paro de ahora, es decir que al Mundial podría llegar con cinco meses sin haberse expuesto al máximo rendimiento. ¿No podría esto ser visto acaso como una ventaja a futuro?
Más allá de estas consideraciones, ¿hay temor sobre la evolución de la lesión de Messi? creemos que lo que hay, y es lógico, es preocupación. ¿Cómo no estar muy atentos a lo que pudiera pasar con el mejor jugador del mundo, tanto ensu equipo, el Barcelona, como en su selección, la argentina, en una temporada que desemboca en el Mundial de Brasil?
No hay dudas sobre eso, pero aparecen una serie de condicionantes que hacen que todo se maneje con cierta calma, si bien el equipo argentino envió a Barcelona a un colaborador para enterarse de la situación muscular del astro.
Sorprendería que cuando Fernando Gago se lesiono jugando para Boca  Juniors, el manager de la selección argentina, el ex entrenador Carlos Bilardo, llegara a decir que si fuera necesario “me iría a vivir con él a su casa” como una forma de estar encima del jugador y controlarlo, a tan poco del Mundial.
Sin embargo, nada dijo Bilardo sobre un control de la evolucion de la lesión de Messi y además, siendo él mismo medico.
Sin embargo, esto tiene explicación y pasa por la muy buena relación que hace ya entablaron el Barcelona y la Federación Argentina (AFA) de cuando estaban en un juicio en el TAS por la negación del club catalán de cer a Messi a la selección olímpica en 2008 y fue el entonces entrenador, Josep Guardiola, el que decidió liberar al jugador, que regresó con la medalla dorada de Pekín.
Desde ese momento, el Barcelona y la selección argentina se fueron consultando y complementando en el cuidado de Messi, materializado con los continuos viajes del fisioterapeuta blaugrana Juanjo Brau y extendido desde que Gerardo Martino se hizo cargp del plantel catalán en esta teemporada, dada su excelente relación con Alejandro Sabella, el entrenador argentino.
Es por eso que Sabella siempre manifestó que no hay necesidad de presionar al Barcelona “que es un gran club y tiene un gran cuerpo médico”, aunque no quite que el equipo nacional argentino trate de obtener todos los datos posibles del grado de la lesión y su evolución.
Lo que resulta claro es que este parón futbolero de Messi aparece justo cuando el Barcelona ya no se juega mucho en la fase de grupos de la Champions League, parece tener buena marcha en la Liga y la selección argentina tiene muy pocos compromisos de cara al Mundial.
En cuanto a esquemas tácticos, entonces, parece haber perdido mucho más la selección argentina que el Barcelona, que cuenta con distintas previsiones para casos como éste y asi lo hizo saber Neymar, quien reconoció que Martino venia trabajando con él ante una posibilidad como esta.
Para la selección argentina, en cambio, la falta de Messi es un serio problema. La imposibilidad de un entrenamiento continuo hace que los planes B ó C quie Sabella pudiera armar, no tienen forma de ser trabajados lo suficiente por falta de tiempo.
Lo dijo el propio entrenador en la conferencia de prensa tras el magro empate 0-0 ante Ecuador en el amistoso del pasado viernes en Nueva York. “Como algunos otros entrenadores, yo nunca dispuse de mis jugadores en un torneo largo, como un Mundial o Copa América, porque asumí luego del torneo sudamericano de Argentina 2011 pero trabajaré todo lo que pueda y espero tenerlos a todos juntos para el Mundial 2014”.
Sabella viene ensayando distintas variantes tácticas en el equipo argentino. Sabe que encontró en Rodrigo Palacio, el delantero del Inter, a un quinto delantero fundamental pero también que necesita equilibrio en todas sus líneas y que Messi es irreemplazable (“si lo es en el Barcelona, que es uno de los mejores equipos de la historia, ¿cómo no lo va a ser para nosotros?”)
Sabella sabe muy bien que la seleccion argentina, sin Messi, es muchisimo menos. A lo sumo pasaria a ser un buen equipo, con capacidad de gol y problemas defensivos, que se debate entre mantener el esquema 4-3-3 o marchar hacia un equilibrio con un 4-4-2.
Por el momento, sigue buscando variantes, a la espera de que se recupere el mejor jugador del mundo.