domingo, 5 de enero de 2014

Pedidos para el fútbol de 2014 (Yahoo)



Como año mundialista que es 2014, y por lo tanto tan especial para los amantes del fútbol en todo el planeta, aprovechamos para hacer nuestros pedidos en el transcurso de la primera semana:

Que el Mundial de Brasil sea una gran fiesta. Que haya grandes partidos, en medio de un clima impresionante de aficionados mezclados de todas partes, en convivencia pacífica y armoniosa, y que el fútbol retorne a su máximo nivel. Exponentes para eso no van a faltar porque salvo el sueco Zlatan Ibrahimovic, estarán todas las estrellas.

Que definitivamente sea el año de la consolidación del uso de la tecnología por parte de la FIFA y que eso baje a todas las Confederaciones y Federaciones del mundo. No puede ser que el fútbol sea como es, el deporte más atractivo y que sin embargo esté tan atrasado en cuanto a la resolución de las principales controversias, como si el balón entró o no a la portería, si hubo o no infracción o mano dentro de las áreas o si fue o no fue córner.

 

sábado, 28 de diciembre de 2013

¿Cuál es el proyecto de Sandro Rosell en el Barça? (Yahoo)



Gerardo “Tata “ Martino está a punto de regresar de sus cortísimas vacaciones de fin de año en su ciudad, Rosario, para iniciar la segunda parte de la temporada como entrenador del plantel profesional del Barcelona, habiéndose mantenido lejos hasta del bar habitual en el que se suele encontrar con sus amigos, pensativo y cerca de su familia.

Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, también encara las últimas horas de su etapa de recuperación de la lesión de la que informó el Barcelona a los medios, antes de encarar el segundo semestre de la temporada, crucial para su puesta a punto futbolística con miras al gran objetivo de su trayectoria: el Mundial de Brasil con la selección argentina, más allá de que lo esperan decisivos partidos de Liga en enero y de Champions League en febrero, nada menos que ante el Atlético Madrid en el Vicente Calderón y ante el  Manchester City, por octavos de final de la competencia europea.

Tanto Martino como Messi saben que se encuentran en el umbral de un momento crucial. Un mal paso en cualquiera de las dos competencias (o en las dos) podría generar un cimbronazo y tampoco desconocen que esta no será una temporada cualquiera y que a fines de la misma, en el Barcelona pueden ocurrir movimientos como hace años que no se perciben.

Hay señales que indican que pese a las tibias desmentidas oficiales en el Barcelona, Martino sabe muy bien que el gran proyecto del presidente Sandro Rosell esconde algunas cuestiones como la ilusión por contar con el gran entrenador de la selección brasileña y ex campeón mundial en Japón 2002 Luiz Felipe Scolari, hoy, más que ocupado estudiando junto a su manager Carlos Alberto Parreira hasta el mínimo detalle del Mundial que se avecina, en el que Brasil será local y sus chances de ganar la sexta Copa del Mundo son importantes, por lo que no puede siquiera pensar en su futuro más allá de julio.

En Rosario, como en los circuitos del fútbol argentino y cercanos al entorno de Martino, aumenta la percepción de que el entrenador del Barcelona podría dejarlo cuando finalice la temporada aunque todo se mantiene top secret, pero hasta se especula con que después del verano europeo lo esperaría un desafío tan o más fuerte que el actual, aunque el proceso podría acelerarse de acuerdo con los resultados del equipo.

Tampoco es claro el panorama de Messi en el Barcelona, ni siquiera con la tan mentada renovación de su contrato hasta 2020, como se promociona cerca del club, más como respuesta de Rosell a la extraña declaración del vicepresidente económico del club, Javier Faus, sobre que “ese señor no puede hablar de aumento cuando ya tiene un contrato arreglado hasta 2018”, que a otra razón de orden.

Es más, si como se dice, la cláusula de rescisión del pase de Messi aumentara de 250 millones de euros a 290 por dos años más de contrato, la diferencia no sería significativa en cuanto a que alguna poderosa entidad europea manejada por multimillonarios, que bien podrían hacer el esfuerzo, si lo consideraran, como para llegar a la cifra pretendida o negociarla, si el jugador lo aceptara.

De hecho, el diario “Le Parisien” insistió en estas horas en que el PSG del jeque qatarí Mohamed Al Thani sí se plantea fichar a la superestrella argentina aún cuando algún medio afirmó que el club francés desmentía la información, y la suba de la cláusula en apenas 40 millones no es otra cosa que un indicio de que se busca desdibujar una situación incómoda para las partes.

Pero además de Messi y Martino, en el eje de posibles cambios para un futuro cercano está también un tercer argentino del plantel, Javier Mascherano, quien según los medios italianos habría ya dado un sí a Rafa Benítez para sumarse al proyecto del Nápoli desde la temporada próxima y retornar al trabajo a las órdenes de quien ganó todo con el Liverpool hace poco más de un lustro.

¿Qué hará el Barcelona con su plantel cuando termine la temporada? Algunos ya se animaron a hablar de cambios “dolorosos y necesarios” que podrían involucrar a algunos veteranos, mientras que, salvo que las cosas cambien mucho, se conoce que el arquero Víctor Valdés emigrará a otra liga europea.

¿Por dónde pasa, entonces, el proyecto de Rosell? ¿por un eje brasileño, con Scolari y Neymar como ejes o es sólo una percepción dentro de un enorme abanico de posibilidades? ¿Tiene este nuevo proyecto alguna relación con el reciente pasado del presidente del Barça en la actividad privada como hombre de Nike Brasil?

¿Pasa por mantener el statu quo y este mismo plantel, con Messi como eje, y con Andrés Iniesta a su lado, pase lo que pase con los resultados?

En todo caso, es el tiempo el que se encargará de responderlo.


martes, 24 de diciembre de 2013

Las cosas de Palacio. (Por Fernando Vara de Rey)

 
Lejos, muy lejos del frío bávaro, el Bayern Munich se confirmaba como equipo del año imponiéndose sin demasiada dificultad en el Mundial de Clubes. A unos cuantos miles de kilómetros, la Liga española cernía su interés en las remontadas de sus tres aspirantes: FC Barcelona, Real Madrid, y Atlético de Madrid.
 
Sin embargo, la expectación en el Viejo Continente se cernía sobre dos partidos que a la postre coincidieron en planteamiento y en nudo pero no en desenlace. Inter-Milán y Arsenal-Chelsea partían como derbies de sabrosa tradición, se iban desenvolviendo desde los pizarrones de la táctica, y finalmente se bifurcaban en diverso desenlace.
 
El denominado “derby de la Madonnina”, que enfrenta a Inter y AC Milan, es hoy por hoy el único que enfrenta a dos campeones de Europa en una misma ciudad. Diez títulos europeos exhibían los contendientes, que afrontaban sin embargo el partido en las zonas más tibias de la clasificación. No hace tanto tiempo que el Inter se alzaba con la Champions League, y sólo un poco más atrás era el AC Milan la referencia del fútbol mundial: hoy sin embargo ambos padecen una sensible zozobra económica e institucional –el Inter pasó a manos del consabido magnate exótico, el AC Milan pertenece al denostado Berlusconi- que los aleja de los puestos de cabeza.
 
Ya no nos sabemos sus alineaciones de memoria, ya no encontramos “Matthauses” ni “Gullits” en sus alineaciones. Quedan algunos jugadores notables –el mejor de todos habría de ser definitivo en la resolución del encuentro- y algunos viejos conocidos como Zanetti o Abbiatti que aportan al menos un ingrediente sentimental.
 
Sea como sea, las dos escuadras de Milán coleccionan toneles de estímulo y prestigio, elementos suficientes para ofrecer un buen espectáculo. Como era de esperar los duelos tácticos se impusieron, y los lances al límite del reglamento –terroríficos Muntari y De Jong- subieron la gélida temperatura local. Sea como sea pudo verse un partido a rachas, con dominio casi siempre visitante y buena planta defensiva local. Y a falta de escasos cuatro minutos, un centro al área de un destacado Fredy Guarín penetró en el área y llegó a las cercanías de Rodrigo Palacio; el ex de Boca improvisaba un movimiento tan inverosímil como su coleta, y con un taconazo batía al meta Handanovic.
 
Euforia en el Inter, lágrimas en el AC Milan, y un feliz problema para un Sabella que suma uno más a la colosal nómina de delanteros que aterrizará en Brasil el próximo mes de junio.
 
Más espeso  fue el Arsenal vs Chelsea, tan esperado –se jugó en lunes- durante el fin de semana pero verdaderamente decepcionante. Algo así como cuando la chica a la que aguardamos en un café y que ya llega con retraso aparece sin maquillaje y malhumorada.
 
Lo cierto es que el derby londinense fue poco más que un duelo táctico, y en esa lid pocos son más astutos que un Mourinho al que tras diez enfrentamientos Wenger ha sido incapaz de ganar. Sin demasiada brillantez el Chelsea merodea los puestos de cabeza, así que el equipo “blue” visitó al Emirates con atuendo de estibador portuario. El talento –Mata, Hazard- aguardaba en el banquillo, y el equipo dibujaba un triángulo que garantizaba el esfuerzo con Maikel, Lampard, y Ramires. En punta jugaba Torres, uno de los afectados por una estadística fatal: en todo 2013 y en Premier League, ningún delantero “blue” ha hecho un solo gol en territorio visitante.
 
El Arsenal no renunciaba sin embargo a las notas de calidad que le han llevado al primer puesto: jugaban Ozil, Ramsey, Rosicky. Faltaba Wilshere por sanción, pero Arteta le sustituía con bastante acierto.
 
Sin embargo los “gunners” estrellaban su talento en el centro del campo rival. El Arsenal guarda muchas virtudes pero –tal vez pos su larga racha sin títulos- parece un equipo poco seguro de sí mismo. Los empapados espectadores del Emirates vieron cómo su equipo se iba doblegando a la propuesta del rival, e incluso como una volea de Lampard pudo suponer un mal mayor.
 
Y pudieron ver además cómo, a consecuencia de los últimos resultados, el Arsenal ha cedido la primera posición de la tabla al Liverpool. Ambos en un puño en el que además caben Manchester City, Chelsea, incluso Everton. Sólo parece faltar el Manchester United sin Sir en una pelea apasionante que continuará durante las fechas navideñas: gracias, Premier League, por traernos el oro y el incienso y la mirra de estas fiestas también futboleras.

sábado, 21 de diciembre de 2013

La ola de los entrenadores argentinos en la Liga (Yahoo)



San Lorenzo fue campeón del Torneo Inicial en el fútbol argentino hace apenas unos días, y como se trata del club por el que simpatiza el Papa Francisco, sus principales dirigentes, director deportivo y algunos jugadores viajaron inmediatamente al Vaticano a ofrendarle un trofeo, los guantes del portero y elementos varios del club. Sólo faltó alguien importante, llamativamente. Nada menos que Juan Antonio Pizzi, el entrenador.

Pocas horas después, Pizzi salía sorpresivamente de escena y rescindía su contrato, identificado como parecía que estaba con la entidad, que ahora se proyecta para tratar de conseguir por primera vez la ansiada Copa Libertadores de América en 2014, para viajar a Valencia y ser presentado en el club “Che” donde jugó una temporada en los años noventa, como nuevo entrenador.

En efecto, Pizzi fue convencido de a poco por el nuevo director deportivo del Valencia, el también argentino Roberto Fabián Ayala, ex jugador del equipo, que anteriormente se había desempeñado en el mismo cargo, aunque sin mucho éxito, en el Racing Club de Avellaneda.

Con la llegada de Pizzi al Valencia, comienza a aparecer un hecho muy poco habitual y es que de los cuatro clubes más fuertes de la Liga Española, tres de ellos tienen ahora entrenadores argentinos, contando a Gerardo “Tata” Martino en el Barcelona y a Diego Pablo Simeone en el Atlético Madrid. Sólo el Real Madrid no cuenta con un argentino, aunque apenas un año atrás, su director deportivo general era también argentino, Jorge Valdano.

Salvo el caso de Simeone, tan identificado con el Atlético Madrid que hasta aparece mencionado en su himno moderno cantado por el popular Joaquín Sabina, en el resto de los casos, los entrenadores llegados desde los confines del sur de América son mirados con reojo por una competencia que descree demasiado de los que no tienen la suficiente experiencia del otro lado del Océano y suelen pensar que no hay tiempo que perder hasta que se logren adaptar a las nuevas circunstancias.

Estos pruritos no sólo aplican a los entrenadores sino también a los fichajes de jugadores. Es común escuchar o leer que un determinado club importante no tiene en la mira a cracks sudamericanos “porque nunca jugaron en Europa, que es lo que vale”.

¿Qué fue, entonces, lo que cambió? Muy posiblemente las muy buenas campañas no sólo de Martino y Simeone durante la presente temporada que los mantiene peleando palmo a palmo el liderato en la Liga, logrando el pasaje holgado a octavos de final en la Champions League y con sólidos rendimientos, sino también el nivel de conocimientos, manejo de los planteles y experiencia en un torneo durísimo y de tremenda presión como lo es sin dudas el argentino.

También el ingeniero Manuel Pellegrini, chileno pero con mucha experiencia en el fútbol argentino, y ahora con éxito en el Manchester City, como antes en el Villarreal o en el Málaga, y con ayudante de campo argentino (Rubén Cousillas) ha contribuido a que la mira esté puesta en los entrenadores albicelestes y por esa misma razón, Ayala llegó a ser designado manager del Valencia, y éste recurrió a Pizzi como entrenador.

Puede que en el medio español muchos se pregunten cómo Pizzi aceptó este ofrecimiento cuando venía de las mieles de ganar un campeonato con un equipo grande en la Argentina como San Lorenzo, siendo que tomará las riendas de un club tan endeudado y en crisis como el Valencia, si bien le han prometido que la entidad está a punto de venderse a un nuevo grupo empresario.

Lo que hay que entender, en el caso de Pizzi como en el de Martino o Simeone o Ayala mismo, es que son entrenadores que vienen de un torneo caótico, con quince muertes sólo en 2013 por violencia, en el que no se acepta que los hinchas del equipo visitante entren a los estadios para evitar enfrentamientos, en el que los contratos firmados son apenas papeles al viento y en el que las amenazas aparecen por cualquier factor, ante la primera derrota.

Estos factores, sumados a que la Liga Española es considerada una de las mejores del mundo, y que todos ellos la han jugado en el pasado y la conocen y han desarrollado una historia en ellas, les da respaldo como para plantearse una vida mejor, más normal y en equipos de repercusión internacional.

Pero no se debe descuidar su conocimiento de los distintos sistemas tácticos, sus colaboradores atentos permanentemente a los continuos cambios técnicos y su muy agudo sentido de la disciplina, que los ha convertido en entrenadores top, sin la necesidad de tener una experiencia anterior en la Liga para trabajar en ella y encaramarse a los primeros lugares.

La Liga Española ya conocía de la calidad de los futbolistas argentinos. Ahora comienza a poblarse de sus entrenadores, más allá de experiencias aisladas anteriores. Ahora comienza a ser sistemática la llegada de los argentinos a los banquillos. Y eso no tiene nada de casual.


jueves, 19 de diciembre de 2013

Jugué con un genio



En estos tiempos en los que Lionel Messi acapara Balones de Oro en sus vitrinas, o se lo compara con Diego Maradona o al propio Pelé, me pareció interesante contarles que tuve la suerte de jugar, con un genio que en mis tiempos de adolescente, bien puede compararse con ellos.

Ocurrió en el viejo “Muni”, el actual Club Ciudad de Buenos Aires, en un período que si mi memoria no falla, abarcó entre 1976 y 1982, en plena etapa de la dictadura cívico-militar que asoló la Argentina, y que nos sorprendió en una edad demasiado corta como para poder inmiscuirnos en asuntos más serios y acaso el fútbol haya obrado como buen disparador como para acaparar buena parte de nuestra atención.

Paradójicamente, eran otros tiempos para el fútbol argentino. Leíamos la revista “El Gráfico” que tenía decenas de posibilidades para sus tapas repletas de ídolos (futboleros o no aunque la mayoría de los primeros) y debatíamos a favor de César Luis Menotti o Juan Carlos Lorenzo, los dos DT de moda, mientras escuchábamos, a solas o en pequeños grupos, las canciones de Sui Generis o más tarde de Serú Girán, de a poco a León Gieco y a Queen, Electric Light Orchestra, Yes, Génesis o lo que quedaba de los recién separados Beatles.

La posibilidad de pasar todo el día en el club, especialmente en los veranos, nos permitía integrar un grupo base que se dedicaba a buscar terrenos donde jugar al fútbol, actividad que estaba prohibida en Muni, al punto de que las batallas contra los cuidadores de las bicicletas, con los que nos conocíamos de memoria, se hicieron tan clásicas como algunos partidos memorables.

Así fue que teníamos ya un sexto sentido para encontrar resquicios en canchas que correspondían a otros deportes. Por lo general, utilizábamos una de hockey sobre césped que daba a la Avenida Del Libertador, aunque a veces rumbeábamos hacia una más pequeña que se encontraba al lado de la de hockey sobre patines y hasta llegamos a emigrar a una de rugby, más alejada.

No hay demasiado rescatable en la mayoría de nosotros en cuanto a lo futbolístico, aunque sí en lo contextual. La amistad se profundizó y se extendió hacia fuera de los límites del club, desde los patys de “Rojo y Negro” (en alusión a los colores de Defensores de Belgrano), hasta las salidas a cines y en especial, a las distintas canchas de Buenos Aires.

Mis recuerdos llegan a tres canchas básicas, las de Ferrocarril Oeste (donde Vélez hizo de local porque su estadio se estaba remodelando para el Mundial 1978), el Viejo Gasómetro de San Lorenzo de Almagro, y la de Huracán, aunque también entramos a las de Argentinos Juniors, River Plate o Racing Club.

Ese grupo que tenía una base fija que integraba aunque como esforzado volante, a veces colaborando en la defensa o sumándome al ataque, si era necesario, contaba con un jugador especial, único, diferente a todos por su talento, reconocido hasta por el último de los ocasionales rivales: Jorge Goldberg.

Jorge fue un supercrack del fútbol, con un talento tan descomunal para colocar la pelota de un lado a otro de la cancha, o para gambetear casi sin esfuerzo a los rivales para definir cuando quisiera, pero me quedo corto en la definición, porque además era el compañero perfecto, la síntesis justa entre el juego deslumbrante, la solidaridad y la honestidad en un campo de juego, valores muy difíciles de reunir hasta por los más encumbrados futbolistas de todos los tiempos (tal vez Messi lo consiga, aunque creo que Jorge tenía mejor remate de media y larga distancia que el crack del Barcelona, créanme).

Era tal la superioridad de cualquier equipo que tuviera a Jorge en sus filas, como por suerte era nuestro caso, que en más de una oportunidad, nuestros rivales se quejaban y pedían o exigían jugar con un hombre más, y pese a nuestra adolescencia e inmadurez, aceptábamos resignados o, quién sabe, tal vez convencidos de que con el genio de nuestro lado, ganaríamos igual, y normalmente así sucedía.

Jorge nos mejoraba a todos. Todos jugábamos un poco mejor con él en el equipo porque te devolvía las paredes con la pelota redonda, la ponía al lado de tu pie para que remataras, y muchas veces, silenciosamente cansado de nuestros yerros, definía los partidos en soledad, en el final, para festejar con nosotros como si esa proeza hubiese sido colectiva.

Siempre de buen humor, jamás reclamando una sola pelota mal devuelta o pifiada o con destino equivocado, Jorge dejó muchas enseñanzas éticas, además de haber compartido con nosotros exquisitos momentos de charlas, cantos, viajes en grupo, debates futboleros o de jugadores de moda.

Sanlorencista que debe estar disfrutando hoy de las mieles de un nuevo título con sus hijos, Jorge terminó siendo mucho más que un proyecto de supercrack que pudo ganar fortunas y ser muy famoso, porque prefirió estudiar, seguir una carrera, cultivarse, instruirse.

Tuvimos la inmensa suerte de reencontrarlo, luego de que los oscuros días de la Guerra de las Malvinas y el maldito Servicio Militar, devastaran nuestros románticos partidos y en buena medida, nuestra adolescencia. Y sigue siendo tan puro como en aquel tiempo de cuando pasábamos horas con la pelota en la “clandestinidad”, o con las raquetas de metal de moda, y hasta la naranja de basquetbol, si fuera necesario.

El tiempo jugó su propio partido y alejó a algunos de los componentes de aquél equipo y con otros, la amistad siguió más allá del club y recorrió otros caminos pero les aseguro que jamás olvidaré tantos momentos compartidos con Roberto Ziger (una especie de Luis Galván, pero en versión académica), Sergio Wolf (Barú), Guido Levy (Cápsula, para nosotros), Vinchita (un Pedro González joven y con más movilidad), Daniel Zorzoli (cualquier riverplatense con empuje podría representarlo), Javier Abolsky, Mariano Furman y una larga lista que formaba parte de la planta permanente de futbolistas por “el pancho y la coca”.

También tuvimos rivales, hoy “famosos”, como los hermanos Vigil (hoy, “Cachito” es un reconocido hombre del deporte) o los también hermanos Korol, uno de los cuales, Diego, el hoy humorista, era el encargado de poner (y a veces, de llevarse) la pelota. También se hicieron clásicos los partidos contra los hermanos Lavalle.

Más de una vez, cuando salíamos a jugar fuera del club, al terminar los partidos se acercaba algún ojeador para preguntarle a Jorge si estaría interesado en jugar en su club, pero la respuesta era la misma, que prefería estudiar, para volver rápidamente con nosotros, los amigos, para festejar mucho más que haber ganado o perdido, el hecho de compartir un grato momento juntos.

Fue un privilegio haber jugado al fútbol con Jorge y más aún, continuar con su amistad.




miércoles, 18 de diciembre de 2013

¿Se queda Messi en el Barça? (Jornada)

Por estas horas, no sólo el médico del Barcelona, Ricard Pruna y el preparador físico argentino del plantel, Elvio Paolorroso, llegan a Buenos Aires para acompañar a Lionel Messi en lo que llamaron como segunda etapa de su recuperación, sino que se espera también el arribo del director deportivo del club, el ex arquero Andoni Zubizarreta.
¿El motivo? Tranquilizar al supercrack tras extrañas declaraciones del vicepresidente económico Javier Faus, que consultado sobre un posible aumento en la paga del contrato de Messi, respondió que “no hay nada que cambiar porque ese señor ya tiene un acuerdo vigente”.
Apenas horas más tarde, el presidente Sandro Rosell, pareció salir a poner paños fríos a lo manifestado por Faus y dijo que durante su mandato “es dificilísimo que Messi sea transferido”. “Dificilísimo” no es lo mismo que “imposible”.
¿Qué es lo que ocurre con Messi y el Barcelona? Por primera vez hay indicios de una relación resquebrajada, con algunas cuestiones que molestaron mucho al entorno del jugador y una sensación de que el club se plantea un cambio de ciclo, en buena parte porque el presidente Rosell quiere terminar con cualquier vestigio de los tiempos de su antecesor Joan Laporta, con el que está duramente enfrentado, y el crack argentino logró todo en la etapa anterior y ahora Neymar podría ser el símbolo de los nuevos tiempos.
Es más: Neymar cobra algo más que Messi, en buena parte porque acordó su contrato posteriormente al acuerdo de renovación del argentino, que dejó un detalle bastante sugerente, cuando se negó a aumentar la cláusula de rescisión que le ofrecía el Barcelona y prefirió dejar su valor en los 250 millones de euros. ¿Acaso para que por fin haya alguna entidad europea que lo tenga a tiro si quiere ficharlo en el futuro cercano?
Un dato no menor es que Rosell trabajó como ejecutivo de Nike en Brasil, antes de llegar a la dirigencia del Barcelona, y hasta tiene algunas dificultades porque se lo involucra en negocios de partidos amistosos de la selección brasileña junto al ex presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Ricardo Texeira.
Hay otro hecho sugestivo: el Barcelona se está planteando construir un nuevo estadio, a tono con los tiempos globales que corren, o bien reconstruir el Camp Nou, para lo cual necesita una fortuna. Muchos recordaron entonces que en 1961, cuando se construyó el Camp Nou, el club transfirió a una de sus estrellas, el español Luis Suárez, al Inter para poder hacer frente a este gasto enorme. ¿Casualidad o repetición?
Al mismo tiempo, aparecen las voces dirigenciales que dicen que al final de esta temporada, el club deberá tomar “decisiones profundas y dolorosas”. ¿De a poco se va terminando el tiempo del gran equipo azulgrana para pasar a una transición manejable? Todo es posible, como que este Barcelona de Gerardo Martino gane la Liga o acaso la pierda contra este gran Atlético Madrid de Diego Simeone, y que gane la Champions League o que bien pueda quedar eliminado en octavos de final, al no haber tenido suerte en el sorteo de ayer y tener al Manchester City como rival entre febrero y marzo.
Lo cierto es que hay una buena parte de la dirigencia que se encuentra intranquila por las continuas lesiones de Messi, los dos meses de inactividad, sumadas a los constantes viajes en el verano para partidos a beneficio en vez de aprovechar un período sin cotejos oficiales para descansar el físico a la espera de una temporada que desemboca en el Mundial.
Algunos creen que con estos cinco meses de inactividad (tres en el verano, dos ahora), Messi llegará fresco al Mundial y podría darse en Brasil el “efecto Ronaldo” en Japón 2002, cuando el brasileño llegó a pleno mientras el resto de la élite pagaba por el trajín de la temporada.
“Olvídense de Messi”, escribió el colega argentino Rodolfo Chisleanschi en un sonado y polémico artículo en el influyente diario “El país” de Madrid. Apuntaba a los fanáticos culés, que siguen soñando con Liga y Champions pero según el compatriota, al astro sólo le importa el Mundial, al menos hasta mediados de año.
¿Después? Difícil suponerlo, aunque ya circulan demasiados indicios.

domingo, 15 de diciembre de 2013

¿Se puede ir Messi del Barça? (Yahoo)



Si bien ya los indicios venían desde principios de 2013, esta semana hubo demasiados detalles que parecen irse agregando en el creciente rumor de que Lionel Messi, el mejor jugador del mundo y símbolo del Barcelona, podría dejar la institución cuando acabe la presente temporada, aunque todo se mantenga en estricto silencio.

Ya cuando terminó la pasada temporada, en el último verano europeo, el Barcelona rechazó ofertas por el astro argentino, tanto del PSG como de otros grandes europeos, y ni siquiera escuchó una indirecta que a través del Real Madrid llegaba solventada en una importante marca publicitaria.

Sin embargo, muchos se sorprendieron por un dato no menor cuando Messi renovó el contrato con el club hasta 2018, en febrero pasado. El argentino no quiso aumentar la cláusula de rescisión, tasada en 250 millones de euros, algo extraño porque es lo que en la generalidad de los casos ocurre tras un acuerdo con una figura. ¿Cuál habría sido la razón para la negativa? ¿No permitía, el rechazo a su aumento, una cercanía de clubes importantes, a la paga de su pase? ¿No mantenía al club en alerta a futuro por si llegaba alguna oferta importante?

Cuando llegó al Barcelona el brasileño Neymar, el tema volvió a instalarse. No por celos, porque el argentino, con cuatro Balones de Oro (que bien podrían ser cinco en unos días más) no tiene nada que envidiar a nadie y hasta aceptó la llegada de su compañero sudamericano con quien lo une una muy buena relación, sino porque el recién llegado acabó cobrando más, seguramente porque su contrato se firmó más tarde.

Lo cierto es que la llegada de Neymar disparó una primera frase hostil, que fue la del siempre escuchado y respetado Johan Cruyff, tan ligado al Barcelona, aunque en este momento fuerte opositor a Sandro Rosell y más cerca de su antecesor, Joan Laporta: “yo vendería a Messi. No pueden estar los dos juntos”.

Esta frase de Cruyff se puede entroncar con la del ex entrenador del club y ahora con suceso en el Bayern Munich, Josep Guardiola, que tuvo un revelador diálogo en una oportunidad en el final de su trabajo en el Barcelona, cuando llamó a sir Alex Fergusson para pedirle un consejo (según el brillante libro de Guillem Balagué “Guardiola, la otra forma de ganar”, 2012) sobre qué hacer cuando un jugador está muy por encima del equipo, y el escocés le recomendó “vender a ese jugador”.

En el pasado verano, se sumó lo de Neymar a la incomodidad del problema fiscal de Messi en España, que se solucionó demostrando rápidamente voluntad de pago, cuando ya la prensa de Madrid se le echaba encima. Sin embargo, el absoluto silencio del Barcelona dejó un cierto aire extraño.

Luego vino la llegada de Gerardo Martino como entrenador, de quien muchos dijeron que fue elegido por el guiño de la familia Messi, aunque fue ídolo de Jorge, su padre, en tiempos de jugador de Newell’s Old Boys de Rosario en los años ochenta y principios de los noventa, lo que no significa que tuviera diálogo con el astro previo a encontrarse en Cataluña.

Sin embargo, con Martino Messi comenzó a ser reemplazado en varios partidos, y a descansar en otros, algo nada habitual en el argentino, que con Guardiola atravesó situaciones tensas por lo mismo.

Su situación personal, sumado a ciertos cambios en el esquema, un juego que tuvo momentos de menos preciosismo y algo menos de apuesta a la tenencia del balón, agregaron más condimento al caldo que empezaba a cocinarse en el club, hasta que llegó el último parón que lo mantiene alejado de las canchas y en un proceso de recuperación en la Argentina, lejos de Barcelona.

“Olvídense de Messi”, escribió el periodista argentino Rodolfo Chisleanschi en un polémico artículo en el influyente diario madrileño “El País” acerca de que en esta temporada, lo que verdaderamente le importa al supercrack es el Mundial de Brasil y llegar lo mejor posible a esa instancia, para la que queda medio año.

No parece que a Messi no le vaya a importar ganar su cuarta Champions League porque es, tal vez, el más competitivo de todos los jugadores del planeta al punto de llorar desconsoladamente tras la final de 2006 en París, por no haber estado presente, aún ganando la Copa.

Lo que se quiere plantear, y es entendible, es que en un año mundialista no hay ningún objetivo que lo supere y máxime, con la edad perfecta de Messi para conseguirlo y porque es lo único que le falta para una carrera inigualable y que acaso lo terminaría de convertir en el mejor jugador de la historia.

En este contexto, sorprendió esta semana el vicepresidente económico del Barcelona, Javier Faus, afirmando que el club no se plantea mejorar el contrato de Messi “porque este señor ya firmó y arregló antes con el club”, en tanto que para enfriar la situación, el propio presidente Rosell dijo que durante su gestión “es dificilísimo que vendamos a Messi”.

Si Rosell quiso arreglarlo, no pareció muy completo. “Dificilísimo” no significa “imposible” y ya hay una diferencia sustancial.

Es que ya comenzaron algunas comparaciones con otros tiempos por parte de la alertada prensa catalana, que por primera vez observa un desgaste: en 1961, y para paliar el gasto de la construcción del Camp Nou, el Barcelona vendió a su astro Luis Suárez al Inter, y ahora el club se plantea agrandar el estadio o directamente construir otro. ¿De dónde sacaría el dinero? Y si además, llegó Neymar, aunque no se le quiera dar la razón a Cruyff..

Casualmente, uno de los clubes interesados en Messi siempre fue el Inter, que anduvo danzando alrededor del argentino en los últimos meses, desde que recibió la inyección de nuevos capitales desde que Massimo Moratti vendió sus acciones. También el PSG y el Manchester City se anotan en la carrera.

¿Se irá Messi del Barcelona tras el Mundial o sólo se trata de indicios que aportan a la confusión? ¿Estamos a pocos meses de una noticia de altísimo impacto en el mundo del fútbol?