jueves, 6 de marzo de 2014

La selección acumula dudas (Jornada)



La selección argentina se fue de Bucarest con dudas nuevas tras un partido insípido, incoloro, ante un rival sin muchas luces y alejado desde hace tiempo de los Mundiales como es el equipo rumano, que con muy poco, le planteó un partido parejo a los de Alejandro Sabella.

A estas alturas, a tres meses de la cita máxima de Brasil, el resultado importa sólo para el envión anímico. Hay que detenerse entonces en el rendimiento, que es lo que a la larga ayuda a corregir errores y a profundizar en las virtudes.

Y la selección argentina apareció, tras los dos partidos en Estados Unidos de noviembre pasado, con algunas novedades. Una, es la buena actuación del arquero Sergio Romero, por más que tenga escasa continuidad en su equipo, el Mónaco, en el que apenas juega en la Copa de Francia. De cualquier modo, no hay que exagerar y una de sus intervenciones fue más por reflejos que por estirada, debido a que la pelota iba hacia su cuerpo, pero no deja de ser una agradable novedad.

Otra, es una defensa que no da señales perfectas de seguridad, aún cuando una pequeña lesión dejó afuera a Ezequiel Garay, uno de los titulares en una zaga central en la que junto a Federico Fernández, viendo siendo fija en el equipo argentino. En esta línea, el lateral Marcos Rojo (con algunos problemas personales extra futbolísticos en la semana, que fueron noticia en los medios) sigue generando inquietud por la izquierda, por sus bajos rendimientos.

Pero sin dudas una de las peores noticias pasa por la confirmación del muy mal momento que atraviesa Fernando Gago, uno de los jugadores clave en este equipo, por representar el nacimiento de la elaboración desde la recuperación del balón hasta la distribución.

El mal momento de Gago, evidente en un Boca Juniors que no tiene claridad en el juego, determinó que Javier Mascherano tuviera que multiplicarse en el medio, generando algunos huecos y pelotas perdidas, y que un Lionel Messi inexpresivo tuviera que bajar casi hasta la mitad de la cancha, repitiendo viejas problemáticas de etapas anteriores, cuando no le llegaba el juego y la única manera de encontrarlo era retrocediendo muchos metros, obligándolo luego al tradicional slalom ante varios adversarios.

El caso de Messi debe ser analizado en un contexto parecido al del Barcelona. La sensación en el 2014 es que la superestrella del fútbol mundial sabe que éste debe ser su Mundial y apunta todos los cañones en este sentido y se cuida todo lo posible, evitando los roces o las faltas que puedan ocasionarle cualquier daño. En consecuencia, no es posible observarlo en un cien por ciento, y es difícil objetarlo y cada uno sabe cuál es su prioridad. En todo caso, se podrá establecer un juicio de valor más exacto en julio.

Angel Di María resultó el jugador más claro en el ataque, confirmando el muy buen momento que atraviesa en el Real Madrid, mientras que Sergio Agüero mantiene su talento de siempre, recuperándose de su segunda lesión en un mes, aunque desperdiciara ocasiones claras, igual que Gonzalo Higuaín y luego Ezequiel Lavezzi o Rodrigo Palacio, cuando les tocó entrar.

De todos modos, el problema del equipo argentino no pasa por allí y esto es claro. Si hay algo que corregir, pasa por una defensa que ya parece cerrada a nuevas convocatorias y que no parece encontrar un marcador sólido que garantice tranquilidad entre los que están, dejando abierta la pregunta sobre si no hubiera sido mejor una última posibilidad para Martín Demichelis, de muy buen presente en el Manchester City, o un lateral como Milton Casco, de Newell’s Old Boys, con capacidad de llegada y gol, algo poco común en jugadores en esa posición.

El otro gran tema, aunque ya parece que inútil, aunque creemos que más que nunca válido tras la prueba de Bucarest, pasa por preguntarse qué haría la selección argentina si le tocara enfrentarse a equipos de mucha posesión de balón, que no lo pierden con facilidad, como Alemania, España, Holanda y hasta Brasil en algunas facetas.

Porque el equipo argentino es claramente frontal, dinámico, veloz, pero para poder tener este juego hace falta, vaya descubrimiento, tener la pelota. Y el gran tema es cómo recuperarla ante rivales que la saben tener y que no estarán dispuestos a prestarla.

Muchas dudas. Más, aún, que antes de Rumania, lo que no es poco decir. Ahora quedan dos amistosos de forma, en Argentina, y más para la despedida pre-mundialista que de prueba, y luego, el momento de las definiciones.

 


domingo, 2 de marzo de 2014

Ancelotti comienza a sacar frutos del Madrid (Yahoo)



Los dos goles del Real Madrid, el pasado domingo en el estadio Vicente Calderón ante Atlético Madrid, en lo que resultaba un partido clave en la lucha por el título de liga, pueden ser vistos como un reflejo de su actualidad.

En el primero de ellos, el de Karim Benzema, los blancos sacaron partido de la primera posibilidad, desde un centro al área, casi desde la salida desde el vestuario para afrontar el derbi, lo que demuestra el estado de gracia en el que se encuentra la plantilla a partir de los buenos resultados, y el buen rendimiento general.

El segundo, el del empate final en un partido que fue presionado en todas las líneas y en el que casi nunca tuvo el control del balón, fue a través de Cristiano Ronaldo, el infalible delantero portugués, como resultado del aprovechamiento del cansancio rival luego de un enorme esfuerzo y cuando estuvo cerca de colocarse 3-1 en varias ocasiones.

Esto significa que el Real Madrid entra al campo de juego con optimismo, y lo mantiene siempre, incluso cuando se encuentra abajo en el marcador, porque confía en sus fuerzas, en su calidad, y porque no se pone nervioso desde un banquillo que no lo presiona con gestos ni indicaciones y esto pasa mucho por el italiano Carlo Ancelotti.

Ancelotti, primero jugador reconocido de la Roma y el gran Milan de Arrigo Sacchi y luego entrenador en el Parma, Milan, Chelsea, PSG o ahora en el Real Madrid, siempre se caracterizó por no polemizar, por mantener una línea de conducta y por saber gestionar un vestuario que casi siempre le tocó colmado de estrellas difíciles de manejar.

En el Real Madrid saben muy bien lo difícil que es encontrar a alguien que tenga esta virtud porque salvo en el caso del ingeniero chileno Manuel Pellegrini, que además coincidió con el gran Barcelona de Pep Guardiolam eso casi nunca resultó posible desde que en 2003 se fuera Vicente Del Bosque.

El presidente Florentino Pérez, entonces, sabe muy bien lo que significa descansar tranquilo en la semana y los días de partido, sin que surjan grandes problemas y no sólo eso: Ancelotti, durante la semana, llegó a respaldar a su colega Gerardo “Tata” Martino, entrenador del Barcelona y que pasó de alabado a cuestionado por un par de malos resultados y baja en el rendimiento colectivo de su equipo.

No es un hecho habitual y es desde allí que debe entenderse que luego del derbi madrileño haya planteado en la conferencia de prensa que su colega del Atlético, Diego Simeone, haya planteado un “partido violento”, que tiene su correlato en aquella airada protesta del ayudante y ex arquero rojiblanco Germán Burgos, que le valiera la expulsión.

¿Será campeón de liga el Real Madrid? Es algo imposible de presagiar, cuando restan doce jornadas y por primera vez en años, el torneo se presenta bastante igualado entre los tres de arriba y tras el resultado del domingo, ya con la definición en contra ante el Atlético por haber perdido en la ida y empatado fuera si es que quedan igualados en puntos.

Lo que sí está claro es que este Real Madrid posee un juego bastante más estético que en la temporada pasada, no atraviesa ni por un cuarto de los conflictos de meses atrás (ya ni el de los porteros Iker Casillas y Diego López lo es en la medida en que lo fue), sus delanteros no sólo están todos en un gran momento sino que se sienten abastecidos por los volantes, y la sensación es que hay recambio en el banquillo.

No es poca cosa, si se tiene en cuenta que en marzo, el Real Madrid está en la final de la Copa del Rey ante el Barcelona, sigue líder en la Liga y debe recibir a su máximo rival en el estadio Santiago Bernabeu, y tiene resuelto su pase a cuartos de final de la Champions League luego de la paliza que le propinara al Schalke 04 por 1-6 en un territorio alemán que le fue tan adverso que en 26 partidos es apenas la segunda vez que triunfa.

Pero no son sólo los resultados los que brindan un panorama alentador, sino que todo se basa en el andar del equipo, mucho más adelantado que en la temporada pasada, y que lentamente fue aumentando la posesión del balón hasta parecerse al Real Madrid de otros tiempos: menos conflicto y más juego.

Es posible que parte del trabajo se le haya facilitado a Ancelotti con la lesión del alemán Khedira, porque Luka Modric es un distribuidor más ofensivo, y descansa en Xabi Alonso que tiene una gran precisión ya sea en juego corto o largo, y sumados los lanzamientos al ataque de los laterales y que en los últimos partidos sale casi con cuatro delanteros, si contamos a Angel Di María como agregándose a esa fase, notaremos que en los blancos hay otra vocación que en pasadas temporadas: ya no se depende de los errores rivales ni se apuesta a eso, sino que se depende mucho más de sí mismo.

Esta tranquilidad, acaso sumada a los conflictos que vive un Barcelona que recién ahora se plantea una cierta renovación de plantilla para la temporada que viene, rejuveneciéndola para estar a tono con su rival, no sólo ayuda al presente blanco, sino que habla específicamente del aporte de Ancelotti y su cuerpo técnico.

 


jueves, 27 de febrero de 2014

Martino y el Barça tratan de capear el temporal (Jornada)



Se suele decir que cuando un presidente ratifica a un entrenador, éste tiene los días contados. Si es por eso,  que el titular provisorio del Barcelona, Josep María Bartomeu, haya salido a respaldar a Gerardo “Tata” Martino, no genera la mejor sensación, si bien todos los dirigentes del club y su director deportivo Andoni Zubizarreta repiten hasta el hartazgo que ya se está planificando la temporada siguiente y el rosarino tiene contrato hasta mediados de 2015.

Lo cierto es que Martino, y el Barcelona, atraviesan una de las peores semanas del último tiempo. Uno, por el muy mal resultado en Anoeta ante la Real Sociedad (3-1 y pudo ser mucho peor) por la Liga, y no sólo por primera vez el equipo quedó segundo y a tres puntos del Real Madrid a trece jornadas del final, sino que, mucho más extraño, renunció a su habitual juego de toques y posesión para probar por otro más recto y con muchos suplentes, algo que es visto casi como un sacrilegio para los defensores de otra filosofía que hizo que el club tuviera fanáticos en todo el planeta.

Otra regla máxima de la liga española y de la prensa cercana a los clubes grandes pasa por “vender ilusión” a sus aficionados en los momentos más aciagos ya sea en resultados o institucionales, y no es casualidad entonces que se promocionen las llegadas posibles de la joven perla croata Alen Halilovic, de apenas 17 años, o que se intentará fichar a Tomas Müller, estrella del Bayern Munich que difícilmente los bávaros dejen marchar, y que el arquero alemán Marc André Ter Stegen ya habría pasado revisación médica azulgrana ante la segura salida en junio de Víctor Valdés, posiblemente al PSG o al Manchester City.

Martino venía siendo aceptado por los medios y la afición culé, al punto de que se consideró clave el partido que el Barcelona le ganara por los octavos de final de la Champions League al Manchester City nada menos que en el Etihad Stadium y por un 0-2 que hace difícil la remontada inglesa en el Camp Nou.

Una vez finalizado ese partido, llovieron elogios para el “Tata” por cómo planteó el juego desde lo táctico y el clasificarse casi para cuartos de final, con el liderazgo de la liga hasta entonces, y el pase a la final de la Copa del Rey ante el Real Madrid, al punto de darlo casi por consagrado, lo que forma parte del exitismo ya conocido, sea a favor o en contra.

Apenas días después, Martino reconocía su error en el planteo ante la Real Sociedad, en un extraño partido en el que además fue expulsado por decirle cosas inapropiadas al segundo entrenador rival, de banco a banco.

Pero a Martino, que sabe que llegó al Barcelona en un momento difícil, en el final de la carrera de algunos que sostuvieron un ciclo brillante y a los que nadie quiere encargarse de darles el adiós (de hecho, Carles Puyol ya dio a entender que se marchará al final de temporada), no es el único que atraviesa turbulencias.

El club mismo vive horas difíciles desde lo institucional cuando fue obligado a pagar otros 13 millones de euros a Hacienda por el fichaje del brasileño Neymar, que parecía de 57,1 euros al principio, y hoy ya pasa los 100, entre comisiones y obligaciones, mientras sigue la polémica sobre lo que hay que hacer con el Camp Nou, si venderlo o si remodelarlo y con qué dinero.

Ni Bartomeu, el presidente que tuvo que reemplazar al renunciante Sandro Rosell está seguro en su cargo. Podría caer si la Justicia avanza en el Caso Neymar, porque formó parte de su fichaje.

Mientras todo esto pasa, en el Real Madrid se regodean. No sólo el propio Atlético de Diego Simeone lo ayudó a quedar solo como puntero de la liga, al caer por un sorpresivo 3-0 en Pamplona ante Osasuna,  mientras los blancos van encontrando la mejor forma y golearon de manera implacable por 1-6 al Schalke 04 en su visita por la Champions con la máquina de hacer goles de Cristiano Ronaldo, Karim Benzema y Gareth Bale.

En Barcelona, rezan por un triunfo del Atlético en el derby del fin de semana ante Real Madrid en el Vicente Calderón, y que vuelva, por fin, la calma para el lado de los pirineos.

 


sábado, 22 de febrero de 2014

La semana agridulce del Barcelona (Yahoo)



Un gran periodista argentino entre las décadas de 1950 y 1970, Dante Panzeri, al que seguramente Gerardo “Tata” Martino leyó, acuñó una frase que luego sería retomada por muchos hasta transformarse en un clásico del fútbol mundial: “Dinámica de lo impensado”.

Con esto, el fino analista fallecido en 1978, apenas un mes y medio antes de comenzar el Mundial de su país, con el que era ácidamente crítico, se refería a que en cierto modo, en el fútbol resulta inútil preverlo todo, porque el azar juega su propio partido y hay cuestiones que ni los deportistas ni los entrenadores pueden cambiar ni aún con todo estudiado.

Seguramente Martino sufrió esto que hace tantos años sostenía su compatriota Panzeri cuando tras la lectura de periódicos deportivos o generales en referencia a su participación como entrenador del Barcelona en la presente temporada, lo dieron como triunfador por primera vez en forma casi definitiva, luego de mirarlo de reojo en el primer semestre por ser alguien llegado allende los mares, desde el otro lado del Océano Atlántico.

Martino fue recibido con cordialidad por la prensa catalana o española pero con una advertencia: esto no es el fútbol argentino ni sudamericano, se juega de otra manera, hay otros valores en juego, se ficha distinto, se piensa más en el mercado, se habla mucho más de los “alrededores” del torneo y hay demasiado show.

Al argentino, de buen hablar y de un notable sentido común, enseguida se le hizo saber que “no conoce” la liga y que debería adaptarse a las nuevas reglas, pero Martino fue obteniendo buenos resultados, rápidamente se amigó con el núcleo duro del vestuario, es decir, los capitanes y jugadores veteranos (Puyol, Xavi, Valdés, Iniesta) y no aparecieron problemas internos.

Sin embargo, con el correr de los meses, el juego del Barcelona comenzó a resquebrajarse. Las rotaciones, las lesiones (Iniesta, luego dos meses sin Messi, a la vuelta de éste, la de Neymar), la regularidad del Atlético y el mejoramiento del andar del Real Madrid, fueron generando algunas dudas en determinados partidos, en los que el equipo ya no se parecía tanto al de los últimos años que deslumbrara al planeta. Pero en otros, de repente, volvía a su cauce.

La atención se enfocó mucho (como es lógico en un club como el Barcelona) en lo que pudiera pasar en los octavos de final de la Champions League. Los dos partidos de la eliminatoria ante un durísimo rival como el Manchester City, ya con el grueso del plantel en condiciones físicas, darían la pauta real del equipo y al mismo tiempo, lo colocaría entre los finalistas, o por primera vez en más de seis años, lo dejaría en casa.

Como se sabe, aunque sufriendo, el Barcelona eliminó a la Real Sociedad en la Copa del Rey y descansa hasta esperar la final de abril en Mestalla ante Real Madrid, y aunque perdía gas en la liga, mantenía el liderato junto a los blancos y al Atlético Madrid, con la Supercopa de España ganada. Todo, entonces, apuntaba a la Champions.

Y allí, el Barcelona sacó el partido adelante nada menos que en el Etihad Stadium ante un Manchester City que no pudo contar con su principal estrella, el argentino Sergio Agüero, y que al encontrarse con un dudoso penal de Demichelis a Messi, con la expulsión del defensor, el panorama se abrió, y los azulgrana jugaron uno de los partidos más sólidos dejando casi cerrado su pase a cuartos de final.

Martino se encontró, a mitad de esta semana pasada, con que el mundo le sonreía. Para muchos, el escenario de una final de Copa, una Supercopa, un liderato parcial en la liga y un pase a cuartos casi cerrado equivalía a triunfo definitivo y rápidamente el presidente Josep Maria Bartomeu salió a hablar de renovación de contrato, sin darse tiempo para más.

Sin embargo, en medio de toda esa euforia, en el seno del Real Madrid se barajaba justamente este fin de semana para dar el zarpazo en la liga porque se sabía del difícil escenario que siempre fue Anoeta para el Barcelona, mientras los blancos tenían un partido accesible ante el Elche en el Santiago Bernabeu.

Así fue, y el triunfo de 3-0 de los blancos ante el Elche dejó al Barcelona ante la única chance de ganar a la Real para seguir arriba. Y Martino, en una semana dulce, optó por una nueva y demasiado fuerte rotación, dejando tres de los cuatro defensas titulares fuera del equipo, con un Neymar recién regresado, dentro de los once.

No sólo no alcanzó, ni siquiera cuando Messi, muy fuera del partido, pudo empatar parcialmente gracias a su genialidad, que le permitió superar al mismísimo Raúl en la historia de los goleadores del torneo. El Barcelona fue ampliamente superado por los locales, como ya había sucedido apenas días atrás en el mismo escenario por la Copa del Rey, aunque sin el mismo resultado final.

El Barcelona se quedaba atrás del Real Madrid por primera vez en la temporada, le marcaban tres goles y un remate en el palo, le generaron muchas situaciones de peligro y en ningún momento le permitieron dominar el partido a pleno, en tanto que Martino no sólo se fue expulsado en el entretiempo por una descarga verbal hacia un integrante del banquillo de la Real (algo extraño en una persona tan medida y educada) sino que en la conferencia de prensa reconocía con hidalguía que se había equivocado en el planteo.

Es decir, una vez más, cuando parecía que Martino atravesaba una semana triunfal, que lo colocaba en el podio de los exitosos, terminó de la manera que menos esperaba, como bien lo hubiera podido anticipar Panzeri, al que nos referíamos al principio.

Lo cierto es que este Barcelona es cada vez más desconcertante. Pasa por momentos lujosos y otros que se pierde en los partidos y hay algunos signos de que aquél juego que tanto nos deleitó, se va apagando de a poco, dejando aún algunas luces brillosas que aún nos hacen dudar, pero que cada vez se muestran menos.

Sigue siendo el tiempo el mejor instrumento para medir hacia dónde conducirá esta etapa tan extraña del Barcelona.


miércoles, 19 de febrero de 2014

La coherencia está en la confirmación (Jornada)



Con el entrenador del seleccionado argentino, Alejandro Sabella, se podrá debatir jugador por jugador, posición por posición, sistema por sistema, pero si hay algo que no se le puede negar, y que hasta ahora le dio resultado, es la coherencia para mantener su plan, su idea de cómo tiene que confeccionar la lista definitiva de veintitrés futbolistas para el Mundial de Brasil.

Con apenas cuatro meses de distancia del máximo acontecimiento, la lista de convocados de las ligas del exterior, que había generado tanta expectativa por ser prácticamente la última importante antes de la definitiva -debido a que se puede sostener que el partido amistoso ante Rumania en Bucarest del 5 de marzo es el más trascendente hasta el debut mundialista-, pone claridad ante todas las especulaciones previas.

Si comparamos con el ciclo anterior, el de Diego Maradona como entrenador para Sudáfrica 2010, el seleccionado argentino navegaba, a esta altura, en un mar de dudas. Ahora, la situación es otra, diametralmente opuesta, con la que se puede coincidir o disentir.

Uno de los elementos constantes de estas convocatorias, que volvió a repetirse ahora, es la presencia mayoritaria de una base de jugadores, que se fue haciendo definitiva y que ya llega a veinte, una cifra tranquilizadora en cuanto a que es evidente que Sabella no parece tener demasiadas dudas.

Los tres arqueros, por ejemplo, ya parecen estar fijos y serán, nomás, Sergio Romero, Mariano Andújar y Agustín Orión, que aunque juega en el fútbol local, es el que menos dudas parece generar por sus actuaciones, al menos comparado con sus dos colegas del mismo puesto, que no atraviesan, desde hace tiempo, un buen momento en sus equipos, Mónaco y Catania, respectivamente.

Había una expectativa por si Sabella optaba por una prueba final con otros arqueros como Willy Caballero, de gran presente en el Málaga, o Sebastián Saja, en la misma situación en Racing Club, pero el entrenador parece optar por mantener la base y brindar su absoluta confianza a sus tres arqueros de casi todo el ciclo.

Para sorpresa de muchos, si en la convocatoria de los futbolistas del torneo local no aparece ningún defensor, puede decirse que todos los de la lista para enfrentar a Rumania ya serían los que irán al Mundial, porque serían dos por puesto y si para Sabella, los cuatro del fondo titulares siempre fueron pablo Zabaleta, Federico Fernández, Ezequiel Garay y Marcos Rojo, sumados a Hugo Campagnaro y José Basanta como recambios, si sumamos a Nicolás Otamendi (ratificado tras el llamado anterior ante Ecuador y Estados Unidos) e Italo Peruzzi, de buen pasar en el Catania, tendríamos las dos líneas defensivas.

Tal vez la situación más complicada está en el medio de la cancha. Si bien no parece haber problemas para el recambio de Javier Mascherano con Lucas Biglia, no parece que Sabella vaya a dejar de lado en este momento a Fernando Gago y su reemplazante natural es Ever Banega, mientras que tampoco resulta fácil que salga Maxi Rodríguez, como volante externo.

Por esta razón, las convocatorias de José Sosa, Augusto Fernández y Ricardo Alvarez parece indicar que los tres se disputarán el único lugar disponible en la lista, con Erik Lamela ya casi fuera de la competencia.

Y el ataque, también aparece cerrado, con Lionel Messi, acompañado por Sergio Agüero, Gonzalo Higuaín, Angel Di María (que también podría ser tomado como volante), Rodrigo Palacio y Ezequiel Lavezzi.

Así es que pese a tanta presión mediática y del propio jugador en el último tiempo, y aún con su muy buen presente en la Juventus, en la liga italiana, Carlos Tévez parece ya definitivamente excluido del Mundial.

Tampoco en este punto se puede negar la personalidad de Sabella. Sin ruido, sin frases altisonantes, pero con una firmeza poco habitual para ni siquiera abrir una mínima hendija a las chances del “Apache”, negándose a cualquier polémica y a cualquier intento de presión dirigencial o empresarial.

¿Qué puede haber injusticias? Seguramente la mayoría tiene alguna objeción que hacer. Este periodista, por ejemplo, sigue sosteniendo que lo que más importa es “a qué se juega”, para luego determinar “con quién”. Y hubiera preferido otro arquero (Willy), dos centrales con más salida y técnica como Martín Demichelis y el propio Mascherano, un lateral con más juego con Emanuel Mas, por la izquierda, a Javier Pastore en la elaboración y a Tévez al menos en el banco.

Pero hay que comprender que se trata de un equipo que el entrenador debe ir armando paso por paso, administrando un grupo de estrellas mundiales, en muchos casos, con cuestiones internas que nadie conoce mejor que él mismo, y en todo caso, es su decisión a partir de las experiencias que ha tenido en el ciclo.

Es evidente que para la elaboración de la base estable del seleccionado, Sabella tomó dos ejes: los seleccionados sub-20 de 2005 y 2007, y el Estudiantes de La Plata que llegó hasta la final del Mundial de Clubes 2009, con el agregado de los grandes cracks, que son indiscutidos y dándole el liderazgo absoluto al mejor jugador del mundo, Messi.

Con la unión de estos dos grupos de base es que Sabella fue armando un seleccionado que cada vez dio mayores muestras de coherencia en la repetición de los nombres y no se jugó con la ilusión de tantos que anduvieron dando vueltas en otros tiempos más caóticos.

Los resultados, por ahora, le dieron la razón al entrenador. Lo grupal parece resuelto y los nombres también. Ahora que el seleccionado está a punto de convertirse en selección, es cuando llega el momento del examen final.

Los resultados, y el propio funcionamiento en el Mundial, son los que darán el veredicto.

 

 


lunes, 17 de febrero de 2014

Messi regresa en un momento crucial (Yahoo)



Cuando aparecían las primeras preguntas sobre su estado anímico, su comodidad en el esquema del Barcelona, su necesidad de cuidarse a poco de que comience el Mundial acaso más importante de su carrera, un día Lionel Messi regresó en todo su esplendor y dejó definitivamente aparcadas las dudas sobre su presente y su potencial.

Si jamás estuvo en cuestión su excelsa técnica y sus maravillosas condiciones, desde el regreso de su última lesión, que le llevó una recuperación de dos meses, nunca antes Messi se había visto tan pletórico de fútbol y si para muchos pareció una respuesta a los apuntes de su compatriota, el entrenador Ángel Cappa, para el supercrack eso ni siquiera contó y simplemente, se trató de la evolución del tiempo y la paciencia hasta conseguir su mejor forma.

Es que Messi apareció con todo lo mejor que puede dar en una cancha en el momento justo, cuando al Barcelona se le aparece el Manchester City en el horizonte para los dos partidos de octavos de final de la Champions League, y cuando tuvo que definir el pase a la final de la Copa del Rey ante la Real Sociedad.

Pero no todo termina allí. Messi sabe bien que al mismo tiempo, la selección argentina debe jugar en Bucarest, Rumania, el próximo 5 de marzo, el último partido con cierta validez internacional antes del Mundial y la lista que en las próximas horas entregue el entrenador Alejandro Sabella, para los jugadores convocados para ese amistoso, será prácticamente la confirmación de la definitiva de veintitrés que irán al torneo de Brasil en junio.

No parecen casual, entonces, las declaraciones que formulara en estas últimas horas, acerca de que el grupo de jugadores de la selección argentina “está mejor que nunca”, dando a entender, con simpleza pero no sin astucia, que no se necesita “nada nuevo” que altere la armonía y la tranquilidad.

Esto puede leerse como un mensaje por elevación a la posibilidad de que se convoque a Carlos Tévez (¿tal vez hacia alguien más?), presión que vienen realizando distintos medios poderosos de comunicación en Argentina tal como ya lo habían hecho para Sudáfrica 2010 y muy especialmente para la Copa América de 2011. Si con Diego Maradona de entrenador, el delantero de la Juventus pasó de suplente a titular, ya al año siguiente con Sergio Batista, en el Sudamericano llevado a cabo en la Argentina, ni siquiera contaba entre los componentes del plantel y de un día para el otro apareció jugando, y como titular.

Pasados los años, Batista admitió en entrevistas que tuvo que ceder ante la presión y que se arrepentía de ello. Tal vez por eso mismo, en estas horas, y nuevamente consultado por las chances de Tévez, Sabella afirmó con tranquilidad pero no sin rotundidad, que “no hablo de los jugadores que no convoco”, como una manera de aventar cualquier atisbo de diálogo y de mantener a raya al anciano presidente de la Federación Argentina, Julio Grondona.

Volviendo a la situación del Barcelona, Messi tampoco ahorró palabras para referirse a su actual entrenador y compatriota, Gerardo Martino, cuando dijo que “no se parece a Tito Vilanova ni a Pep Guardiola”, aunque con los días corrigió y agregó que “es muy inteligente, y se va adaptando a este mundo”.

Lo cierto es que hasta aquí, muchos se preguntan por si el Barcelona acabará recuperando aquel juego que deslumbró a todos y que hoy no siempre aparece en los partidos, y si lo hace, es más probable que sea en el Camp Nou y ante rivales más débiles (como por ejemplo el Rayo Vallecano del pasado sábado), que ante otros de una categoría similar, como podría ser, ahora, el Manchester City, aún sin Sergio Agüero y con otros jugadores recién recuperados pero sin mucho fútbol.

Este Barcelona no ha logrado la continuidad de un equipo titular por las rotaciones que ha determinado Martino, y que ha pagado especialmente Andrés Iniesta, aunque en los últimos minutos se haya visto una buena complementación con el propio Messi y el lento retorno de Neymar (en medio de un largo conflicto que generó su fichaje hasta con la renuncia del presidente Sandro Rosell).

La clave, nuevamente, está en Messi, que no tiene problemas, mientras tanto, en seguir batiendo cuanto récord se le cruce por el camino, ahora superando en goles de la historia de la liga a Alfredo Di Stéfano y alcanzando nada menos que a Raúl González con 228, salvo que necesitó casi de la mitad de los partidos del ex delantero del Real Madrid para conseguir lo mismo, y se sitúa ya a seis tantos del mexicano Hugo Sánchez para llegar al segundo lugar.

Messi todo lo hace con simpleza, como si nada lo afectara, como si no hubiera debates a su alrededor, como si le diera lo mismo que lo critiquen por no exponerse demasiado a los golpes, por jugar un poco más atrás, como asistente, como si hubiera partidos que jugara hasta con desinterés.

Messi sigue su camino, sabiendo que entra en semanas cruciales, en meses fundamentales, y que posiblemente ya no pare más hasta el Mundial. Sabiendo, en su fuero íntimo, que los tiempos de los partidos fáciles comienzan a acabarse y llegan los de la definición.

Pero Messi sigue jugando, batiendo récords, diciendo lo justo y necesario. Sin mirar para atrás.

 


domingo, 9 de febrero de 2014

Messi y las polémicas inevitables (Yahoo)

A esta altura de su carrera, con más de una década en Primera División de la Liga Española, aún siendo muy joven, Lionel Messi ya sabe desde hace mucho tiempo, pero lo comprueba día a día, que debe convivir, como mejor jugador del mundo que es, con la eterna polémica sobre su voluntad o no de jugar, y ante tres o cuatro partidos bajos, o en los que se esperaba más de su parte, que ya no es el mismo o que no volveremos a verlo en aquél nivel deslumbrante que mantuvo demasiados años como para dudar de su producción.
Eso no significa que Messi no sea humano, que no le pasen cosas como a cualquiera (estar en un mal día, haber sido padre y tener más preocupaciones, temer una lesión a pocos meses de un Mundial que marcará buena parte de su carrera y tal vez, su imagen definitiva para los aficionados de su país) y que no esté inmerso en un contexto complicado, como es por estos días el entorno del Barcelona.
Es que si bien es cierto que resultaba inusual la poca cantidad de goles de Messi desde que volvió de su última lesión, sumado al hecho de que comenzó a jugar de asistente para los atacantes de su equipo, esto es, detrás de Pedro y Alexis, también hay que recordar que el Barcelona estuvo muy cerca de perder no sólo el liderato en la Liga, luego de mucho tiempo, sino también el segundo lugar, si se toman en cuenta los primeros veinte minutos en el estadio Sánchez Pizjuán, dominado bajo la lluvia por un Sevilla que extrañamente le llegó tantas veces al área, con balón dominado, como tal vez nunca le llegaron en tantos años.
Y en muy buena parte, si el Barcelona acabó un partido que tenía para perder, goleando 1-4, se debe fundamentalmente al genio argentino, que apareció en el segundo tiempo con todo su esplendor, no sólo con dos goles de muy buena factura, sino con una asistencia en el primer tiempo a Alexis Sánchez (aunque éste se encontraba fuera de juego) y participando e interactuando en muchas otras jugadas que pudieron aumentar el marcador.
Hay que recordar también el contexto que mencionábamos del actual Barcelona, que vive una crisis institucional desde lo dirigencial, no sólo por la salida de su anterior presidente Sandro Rosell (al fin de cuentas, el que resultó electo con un altísimo porcentaje de votos), reemplazado por Josep María Bartomeu, sino porque éste también podría tener que irse si la Justicia aumenta la presión por el polémico contrato de fichaje de Neymar.
Pero el Barcelona atraviesa otra crisis que es la futbolística, porque hasta el partido del domingo ante el Sevilla, y aún con él mismo, se ha transformado en un equipo que, a diferencia de los cinco años anteriores, no pesa en las dos áreas, que son justamente los “espacios de la verdad” en el fútbol: de nada vale tener una larguísima posesión de balones si luego, a la hora de establecer las diferencias, no se concreta o no se mantiene lo conseguido.
En esta columna venimos dando cuenta desde hace tiempo de esta crisis en el juego, que fue generando un equipo cada vez más “normal” y menos espectacular, con jugadores que no parecen estar en su máximo nivel en muchos casos, lejos de sus tiempos de esplendor, y entonces resulta muy difícil que Messi pueda ser el que era si no tiene un acompañamiento acorde en el resto del equipo.
Uno de los especialistas en estadísticas de la Liga Española, el reconocido “Mister Chip” daba a conocer, en medio del partido y tras un pase recibido de Andrés Iniesta, en profundidad, que esto mismo, que parece una simpleza, no ocurría desde hacía poco más de un año. Reiteramos: pasó poco más de un año para que se pudiera ver que Messi recibía un pase en profundidad de su compañero Iniesta. Todo un indicio.
¿No hay nada, entonces, de responsabilidad en el propio Messi? Claro que sí. Aún con lo relatado y con la ausencia del Brasileño Neymar, uno de los que más lograba congeniar con el argentino en el último tiempo, es cierto que también habrá que revisar si es aceptable, o posible en una alta competencia, que alguien que llegó a marcar más de noventa goles en una temporada, un día decida jugar retrasado, cuando el equipo no tiene un goleador de área que lo reemplace.
Pero también hay que preguntarse qué podría hacer Gerardo “Tata” Martino, el entrenador del Barcelona, si un genio como Messi le pide jugar en esa posición, sea porque quiere cuidarse y no participar de roces físicos que le puedan truncar el Mundial, o sea porque retorna de una lesión y quiere darse el tiempo justo para recuperarse.
Bastó entonces que aparecieran tres o cuatro declaraciones de aquellas que gustan tanto a personajes que no pueden dejar de hablar en los medios, atraídos por ellos patológicamente, para despertar en el genio la sed de demostración de que nada le ocurre, que sólo atraviesa grados, etapas de recuperación, que no juega precisamente en un edén en este momento, pero que tiene su talento y su voracidad intactos, como si hiciera falta saberlo.
No necesitó muchos minutos, Messi, para demostrar que no tiene ninguna dificultad y que si juega más retrasado por momentos, es porque lo necesita en ese momento en particular, y nada más.
Eso sí: la genialidad de Messi, sus goles y sus asistencias no alcanzan para disimular que este Barcelona sigue lejísimo de aquel que hizo enamorar al planeta futbolístico.
El fútbol, aún con genios como Messi, sigue siendo un deporte colectivo.