domingo, 24 de agosto de 2014

El Atlético sigue haciendo historia (Yahoo)



¿Qué podría esperarse de un equipo desacostumbrado, en los últimos tiempos, a pelear por títulos importantes, y que de una temporada a la otra pierde jugadores como Thibaut Courtois, Filipe Luis, Diego Costa, David Villa, o Diego Ribas, y tiene lesionado a Arda Turán?

Seguramente, con la competencia de rivales como Real Madrid y Barcelona, que gastan fortunas en renovarse y que cuentan con jugadores de primer nivel, muchos podrían haber apostado a que para el Atlético, la primavera iba a llegar pronto a su final.

Sin embargo, no fue así, y hasta muchos otros intuyeron pronto que la historia podría continuar con una lucha de a tres, en España, por los grandes títulos en la temporada 2014/15 que acaba de comenzar.

¿A qué se debe esta apuesta por el más débil, en apariencia, de los tres? Mucho más que por los jugadores, por su cuerpo técnico y en especial, por su entrenador Diego Simeone, ídolo absoluto de la afición “colchonera”, parte del himno moderno del club, que canta el magistral poeta madrileño Joaquín Sabina, campeón en sus tiempos de jugador y generador principal de los éxitos en esta brillante primera etapa a cargo de la plantilla.

Si estuvo a segundos de ganar la Champions League pasada hasta el cabezazo de Sergio Ramos en Lisboa, el Atlético logró la Liga en el Camp Nou remontando ante un Barcelona que ganando en casa era campeón, la Supercopa europea, la Copa del Rey (también ante el Real Madrid) y la Europa League, a lo que ahora sumó, otra vez ante el Real Madrid, la Supercopa de España, empatando en el Santiago Bernabeu en la ida, para ganar 1-0 en la vuelta.

¿De quién es el mérito? Por supuesto que los entrenadores, preparadores físicos, médicos o entrenadores de porteros, no marcan goles ni pueden salir a los campos de juego. Sin embargo, hay una impronta, una marcada influencia de carácter en Simeone y sus colaboradores, que transmiten un carácter ganador y muy especial a sus jugadores y que pese a los cambios y las enormes sangrías en cada temporada (como antes cuando se fue Radamel Falcao y se pensaba que allí se terminaría todo) se mantuvo el espíritu ganador.

No es casual que, por ejemplo, Simeone haya tenido un problema con un línea y lo hayan expulsado. Por más que luego del partido reconozca su error o esté dispuesto a aceptarlo, esta forma de ser conforma un todo en su carácter, como su movimiento con sus manos provocando un mayor aliento al Vicente Calderón, o cuando ya en la vuelta olímpica filmaba a la hinchada, concediéndole todo el protagonismo, con su propio teléfono móvil desde el césped victorioso. Todo un símbolo.

Pese a algunos cambios, Simeone logró mantener la estructura del equipo que tuvo tanto éxito en la pasada temporada. Moyá reemplazó al excelente Courtois (también se espera por Oblak), pero se mantienen los dos centrales (Miranda y Godín), el lateral derecho (Juanfran), los volantes Gabi, Koke, Raúl García, Mario y Thiago, y como titulares, en el ataque, asoman Griezmann y Mandzukic, mientras que Siqueira o Ansaldi aparecen como novedad como posibles laterales izquierdos.

La sensación es que entre el dinero de los premios por los resultados de la temporada pasada, y algunas pocas salidas, el Atlético volvió a rebuscárselas para armar un nuevo equipo con el que pelear todo otra vez, con el mismo orden, una estructura sólida, un férreo marcaje pero un buen destino para cada uno de los balones en juego.

Además de maniatar a un Real Madrid que cada vez apuesta a mayor tiempo de posesión de balón con Carlo Ancelotti de entrenador y con los fuertes fichajes de tres figuras mundialistas como Toni Kroos, James Rodríguez y en menor medida el portero Keylor Navas, el Atlético jugó en el Vicente Calderón un partido soberbio en la administración del juego y los espacios, haciendo correr la pelota y el tiempo, desorientando y por momentos desesperando a su rival, hasta minimizarlo por completo, aún con jugadores no tan cotizados como los blancos.

Allí radica, una vez más, el mérito de un equipo que no se conforma con un par de buenas temporadas y apuesta a la mejor utilización de los recursos para los fichajes, manteniendo el espíritu ganador, un orden táctico cada vez más profundizado, y jugadores que entienden perfectamente las funciones que deben cumplir, con una afición completamente rendida a lo que genera la plantilla y a su cuerpo técnico.

Por todas estas razones, y con el éxito de la reciente Supercopa de España, al Atlético no le produce ningún temor ni este Real Madrid de grandes estrellas, ni este renovado Barcelona, que amenaza su hegemonía.

Cada vez es más claro que esta Liga será de tres, una vez más, y que el Atlético Madrid es también candidato en la Copa del Rey y en la Champions League y que nadie puede quitarlo entre los candidatos porque volverá a ser tan competitivo como en los últimos años.


La Supercopa de España fue el primer botón de la muestra.

domingo, 17 de agosto de 2014

Dudas y certezas de Martino, nuevo DT de la selección argentina (Yahoo)



Con el contrato firmado, Gerardo “Tata” Martino tendrá que postergar, otra vez, su deseo de tomarse un año sabático y descansar del stress de los últimos tiempos. Ya iba a intentarlo en julio de 2013 cuando le llegó la irresistible oferta del Barcelona, e iba a retomarlo ahora, cuando se enteró no sólo de que Alejandro Sabella iba a renunciar a continuar siendo el entrenador de la selección argentina, sino que lo había recomendado al recientemente fallecido presidente de la AFA, Julio Grondona, como su sucesor en el cargo.

Martino tuvo que encontrarse otra vez, además, con problemas institucionales que lo rodearon, como en la temporada pasada en el Barcelona con la renuncia de Sandro Rosell por el caso Neymar, la imputación al club por el caso de los jugadores juveniles, o el fallecimiento de su antecesor en el cargo, Tito Vilanova, sumado a las lesiones de varios jugadores claves del plantel.

Ahora, se encontró con que tras 35 años en el cargo, Grondona fallecía justo cuando iba a tratar con él la cuestión del contrato y los lineamientos de su trabajo, pero todo continuó con los sucesores, que no esperaban que las negociaciones se prolongaran tanto con el nuevo entrenador.

Martino no veía con buenos ojos trabajar junto al veterano Carlos Bilardo, hasta entonces manager de Selecciones Nacionales, pero que renunció a su puesto ni bien Grondona falleció, y tampoco le hace gracia coincidir con el hijo de Grondona, Humberto, en los equipos juveniles albicelestes, pero como ya en enero es el torneo sudamericano que clasifica para el Mundial sub-20 de Nueva Zelanda, prefirió esperar hasta que pasen estos campeonatos para instalar desde 2015 a Jorge Theiler, hombre de su confianza y ex ayudante de Hugo Tocalli cuando Argentina ganó el Mundial sub-20 de 2007 en Canadá.

Martino tiene varios desafíos. Uno de ellos es comprobar cuál es su relación futbolística con dos jugadores de mucho peso en el plantel argentino, como los dos jugadores del Barcelona Lionel Messi y Javier Mascherano, con quienes tiene un muy buen rapport personal, pero que vienen de una temporada desgastante que compartieron en Cataluña, sin buenos resultados, y que en la conferencia de prensa de esta semana en la que fue presentado como entrenador, aceptó que la experiencia y su propio trabajo no fueron buenos.

Una de las preguntas es si Mascherano será volante o defensor central con la selección argentina en esta etapa, cuando acaba de renovar su contrato con el Barcelona hasta 2018, y es evidente que tratará de jugar su cuarto Mundial, mientras que también habrá que ver cuál será la filosofía de juego del nuevo entrenador, que en principio gusta de un fútbol más técnico, menos férreo en el marcaje, con mayor grado de posesión de balón, si bien gusta de cierta amplitud táctica, como el uso de los pases largos, los contragolpes, si cabe, o cerrar los partidos, si esto es necesario.

Si bien la carrera futbolística de Martino, como jugador, es clara con respecto a un determinado gusto por la estética, él mismo suele repetir que sus equipos han jugado de manera completamente diferente, siempre de acuerdo a las características de los jugadores con los que ha contado en sus distintos planteles. Suele decir en este punto que la selección paraguaya (que casi elimina a España en los cuartos de final de Sudáfrica 2010) tenía un juego mucho más aplicado tácticamente y con un mayor uso del juego aéreo, que el Newell’s Old Boys campeón argentino, más parecido (con las distancias técnicas lógicas) al fútbol que practicaba el Barcelona y que llevó a sus dirigentes a pensar que el Tata tenía “el ADN Barça”, aunque luego no diera los resultados esperados.

En este punto,  Martino parece contento al señalar que con la selección argentina “mi universo es amplio porque cuento con muchos jugadores de renombre en todo el mundo”.

Otro tema clave pasa por la posibilidad o no de que Carlos Tévez, estrella en la Juventus, pueda regresar a las convocatorias, tras no haber formado parte del plantel en el ciclo 2011-2014, desde que Sabella asumió en el cargo, aunque tampoco había estado en el año anterior con Sergio Batista, que acabó convocándolo para la Copa América en la que no tuvo una buena actuación.

Martino dijo que su etapa será “de puertas abiertas para todos” pero habrá que ver cómo se resuelve la relación entre Tévez y el grupo de jugadores, luego de haber estado marginado en la etapa anterior sin que nadie alzara la voz para revertirlo y al contrario, más de una vez desde los vestuarios se escuchó la canción “Estamos todos, no hace falta convocar a nadie más”.

La selección argentina tiene previsto un partido amistoso ante Alemania en Dússeldorf, el próximo 3 de setiembre,  y dos partidos en octubre, ante Brasil en Pekín y ante Hong Kong, aunque su mayor objetivo en este tiempo pasa por la Copa América de Chile de 2015, donde intentará buscar, por fin, un título oficial que no consigue desde 1993.


Seguramente, tras la Copa América habrá un recambio generacional, con la posible salida de Martín Demichelis, Maxi Rodríguez, Hugo Campagnaro o Mariano Andújar, pero aparecen en el horizonte jóvenes como Angel Correa, Luciano Vietto, Rodrigo De Paul y tantos otros, en busca de nuevas esperanzas.

jueves, 14 de agosto de 2014

Argentina arma su rompecabezas para jugar ante Alemania (Kicker)



Apenas 20 días antes del amistoso que significará la revancha de la final del Mundial, Gerardo “Tata” Martino, que había dirigido al Barcelona en la pasada temporada, fue presentado como nuevo entrenador de la selección argentina, en reemplazo de Alejandro Sabella, en una muestra del caos institucional que vive el fútbol argentino inmediatamente después de Brasil 2014.

El presidente de la AFA, Julio Grondona, además vicepresidente primero de FIFA y uno de los dirigentes más poderosos del fútbol mundial, estaba dispuesto a tratar de convencer a Sabella para que siguiera en el cargo, tras el aceptable segundo puesto en el Mundial, pero se encontró con la negativa del entrenador, por estar “desgastado” lo obligó a pensar en un “Plan B”, aunque su intempestiva muerte dejó todo en el aire por varios días, ante el total desconcierto general de la dirigencia, acostumbrada a que todo fuera decidido por el veterano caudillo, quien había transmitido a las personas de su confianza que entonces había que recurrir a Martino.

En menos de un mes, desde que terminó el Mundial, el fútbol argentino se había quedado sin entrenador, sin presidente, pero no es todo: también, sin representación en la FIFA, en la Conmebol, y sin la candidatura al Mundial 2030 que en principio, iba a organizar junto al Uruguay, debido a que Eugenio Figueredo, uruguayo que reemplazó a Grondona en la vicepresidencia de la FIFA, inmediatamente afirmó que eso no es posible.

En estas condiciones es que los dirigentes que quedaron en la AFA, acostumbrados al mandato de Grondona desde 1979 (35 años en el poder con nueve períodos presidenciales consecutivos), trataron de arreglar el contrato de Martino como nuevo entrenador de la selección nacional, para lo cual hubo que buscar la manera de terminar también con el ex director técnico campeón mundial 1986 y subcampeón en 1990, Carlos Bilardo, que ocupaba el cargo de manager y que no era compatible con Martino, mientras se sigue buscando la solución al manejo de los juveniles, por ahora a cargo de Humberto Grondona, controvertido hijo del fallecido Julio.

Martino no tuvo un gran año en el Barcelona, en el que no obtuvo ningún título en la pasada temporada, y aunque en principio pensaba tomarse un descanso, los dirigentes de la AFA le transmitieron que no había otro candidato, aunque el entrenador pidió que primero quedara claro que contaba con la aceptación de Lionel Messi y Javier Mascherano, dos de los jugadores de mayor peso en el equipo, y a su vez, capitán y subcapitán, debido a que había existido cierto desgaste con ellos, aunque finalmente lo apoyaron para su llegada al equipo albiceleste.

El nuevo entrenador también tendrá que lidiar con algunos elementos con los que ya se había encontrado Sabella en el ciclo pasado, como el creciente poder de Messi en el equipo, los problemas para convocar a Carlos Tévez (Juventus) resistido por los jugadores en el ciclo anterior, o el recambio generacional que seguramente tendrá que ocurrir cuando pase el primer gran desafío, la Copa América de Chile de 2015.

Una vez finalizado este torneo, la Selección Argentina deberá afrontar una clasificación para el Mundial de Rusia 2018 en el que seguramente disminuirán las plazas para el continente sudamericano y con un peso mucho menor del fútbol albiceleste en el concierto internacional.

A su vez, Martino deberá estar muy atento a lo que ocurra tanto en el fútbol extranjero, donde se encuentra la gran mayoría de los jugadores argentinos de mayor cotización, debido a la inmensa ola emigratoria por la difícil situación económica de casi todos los clubes, obligados a exportar para obtener divisas.

Para no ir muy lejos, de la pasada temporada a la actual, el fútbol argentino exportó hasta tres equipos completos de sus principales figuras y a diferentes mercados, desde Franco Mussis (Dinamarca), hasta Luciano Vietto o Rodrigo De Paul y Angel Correa (España), hasta Lucas Orban (Francia), o Juan Sánchez Miño o Carlos Carbonero (Italia), teniendo que recurrir a jugadores surgidos de la cantera, cada vez más jóvenes, o veteranos que regresan al país a finalizar sus carreras, o sudamericanos que utilizan este torneo como trampolín para acceder al mercado europeo.

Desde el Estado, la AFA recibió desde 2009 5.000 millones de pesos (357 millones de euros), provenientes de los derechos de TV, que llega en abierto a todo el país y en forma gratuita, pero se desconoce buena parte del destino de esos fondos, que recibía la institución del fútbol sin rendiciones de cuentas por lo que días pasados, en medio de tanto caos, la sede de la AFA fue allanada por la jueza María Servini de Cubría, que investiga el caso gracias a la denuncia de una legisladora opositora, Graciela Ocaña.

El Estado tampoco informó sobre los fondos girados a la AFA durante estos cinco últimos años porque iban directamente a la Federación y ésta, a su vez, debía girar a los clubes de acuerdo con el convenio que había establecido con cada uno de ellos de acuerdo al rating, popularidad y venta de entradas, todo lo que era contenido por Grondona y no parece casualidad que el allanamiento de la Justicia se produjera tras su fallecimiento, debido a la estrecha relación entre el veterano dirigente y el gobierno de la presidente Cristina Fernández de Kirchner, debido a que en 2009, el dirigente rompió el contrato que tenía con el grupo mediático Clarín (el más grande del país) para la emisión del fútbol por TV desde 1991.

Regresando a Martino, la idea de éste es convocar, para el partido ante Alemania del 3 de setiembre, y por falta de tiempo por un lado, y como retribución por la buena campaña durante el Mundial por otro, a los mismos 23 jugadores que participaron en Brasil 2014.

Recién después de este partido, Martino comenzará a convocar jugadores de acuerdo a su propio criterio, con vistas a los dos amistosos de octubre, en Pekín ante Brasil, y en Hong Kong ante el seleccionado local, con el objetivo de la Copa América de Chile de 2015.

La línea de fútbol de Martino (51 años) es bastante amplia. Si bien suele tener un discurso ligado más a un estilo técnico, siguiendo la misma línea de lo que él fue como jugador entre fines de los años setenta y principios de los noventa (un mediocentro muy técnico pero bastante lento en los desplazamientos), no reniega de la alta presión, de los pelotazos largos o los contragolpes cuando hace falta, o hasta de “cerrar los partidos”, colocando en la cancha jugadores de marca, cuando el partido así lo requiere, lo cual hizo que, como Sabella en el Mundial, tuviera más de un desencuentro con Messi, en el Barcelona.

Justo en los días previos a su arreglo de contrato con la AFA, el actual presidente del Barcelona, Josep María Bartomeu, sorprendió afirmando en una entrevista a una cadena global de la TV, que Martino “no respondía a la línea de juego del club”.

Algunos analistas del fútbol argentino, si bien se mostraron de acuerdo con la contratación de Martino para la selección argentina, también indicaron que tal vez no era el mejor momento para este entrenador, debido a su mal paso por un Barcelona en declive y con problemas institucionales, pero no parecía haber otra opción.

Sabella se negó a continuar, Edgardo Bauzá estuvo concentrado en la Copa Libertadores de América con San Lorenzo, Ramón Díaz, que se fue siendo campeón con River Plate, se postuló pero no era del agrado de Grondona, mientras que Diego Maradona dijo en los medios que el indicado era el veterano César Luis Menotti, campeón mundial en 1978 pero que hace años que no dirige.

Todo quedó en la nada y finalmente, el elegido fue Martino, al que apuntaba Grondona como Plan B. En su última aparición en los medios antes de fallecer, un cronista le consultaba a la salida del edificio de la AFA si tenía alguna idea en caso de que Sabella no aceptara seguir.

“Si no tuviera un plan, no podría ser presidente de la AFA, pero esto es como cuando buscas novia. No hay que irlo diciendo”, afirmó, subiendo a un coche que lo esperaba.
Como cuando asumió en el Barcelona, muchos confundieron a Martino como continuador de la línea de Marcelo Bielsa, ex seleccionador argentino entre 1998 y 2004, seguramente porque ambos aman a Newell’s Old Boys y forman parte del mismo entorno, pero no es así.

Martino no se identifica tanto con el fútbol de Bielsa. Es menos mecanizado, menos obsesivo, trabaja más en la técnica que en la táctica y tiene otra relación con la prensa y con los jugadores.

El fútbol argentino, desde agosto de 2014, deberá acostumbrarse a los nuevos tiempos: un nuevo entrenador, sin el dirigente que marcó su ritmo por treinta y cinco años, y con la última oportunidad para una generación de futbolistas que tiene a Messi, Mascherano, Angel Di María o Sergio Agüero como estandartes.

Alemania, en pocos días, será testigo del inicio de esta extraña nueva etapa.


miércoles, 13 de agosto de 2014

El gran desafío del Tata Martino (Jornada)


Por fin, cuando mañana  a las 13 horas sea presentado en el predio de la AFA en Ezeiza, Gerardo “Tata” Martino tendrá la ocasión de su vida como director técnico para demostrar sus intenciones de que la selección argentina juegue un fútbol que guste y que retorne definitivamente a un estilo que se fue perdiendo con el paso de los años.

Más allá de si es la persona indicada para el puesto, pocas veces en la historia de la selección argentina fue tan clara una candidatura, una vez que Alejandro Sabella le comunicara al entonces presidente de la AFA, Julio Grondona, justo antes del fallecimiento de éste, sus intenciones de no renovar el contrato debido al desgaste sufrido durante sus tres años al frente del plantel albiceleste, aunque especialmente por lo ocurrido en el Mundial de Brasil.

El segundo puesto en el torneo y un buen ciclo con más buenos momentos que malos, no pudieron dejar de lado situaciones de mucha tensión, en especial, el tener que eludir constantemente las explicaciones sobre las ausencias de Carlos Tévez en las convocatorias o las idas y vueltas con el esquema táctico durante el Mundial, primero, con el cuestionado sistema defensivo del partido debut ante Bosnia, con cinco defensores en el primer tiempo, o las dos férreas líneas de cuatro en las fases finales, que dejaron demasiado solo, aislado, y sin contacto con la pelota, del astro Lionel Messi.

Martino, entonces, apareció como la única opción posible para los dirigentes de la AFA, aunque todo se terminó de complicar con la muerte de Grondona justo en el cruce de los dos entrenadores, y en esos días turbulentos ante la falta del máximo dirigente, algunos trataron de colocar a sus candidatos, en especial Miguel Russo (Rosario Central) y Edgardo Bauza (San Lorenzo), ambos del riñón del bilardismo.

Pero chocaron contra la estructura general de la dirigencia, que quiso cumplir con los deseos de Grondona de convocar a Martino como “Plan B”, basados en su experiencia en el Barcelona, sus buenos pergaminos en Newell’s Old Boys, clubes paraguayos y la selección de ese país y que cuenta con un equipo de trabajo con larga trayectoria en el trabajo con juveniles.

Martino, como en el Barcelona en la temporada pasada, deberá trabajar en condiciones externas de cierta turbulencia institucional. Cuando llegó al club catalán, encontró un equipo en declive, con los veteranos como Carles Puyol y Xavi Hernández en baja, al propio Messi enfocado en el Mundial, y un equipo que pasó por muy malos momentos, desde la reciente muerte del anterior entrenador Tito Villanova, la renuncia del presidente del club, Sandro Rosell, el affaire del contrato de Neymar, que acabó en la justicia, y finalmente, la lesión del arquero Víctor Valdés.

La experiencia acabó mal y el Barcelona terminó, por primera vez en años, con el palmarés vacío, eliminado en cuartos de final de la Champions League, para colmo ganada por el Real Madrid, sin poder vencer al Atlético Madrid de Diego Simeone en seis partidos oficiales, perdiendo la final de la Copa del Rey ante el Real Madrid y la Liga, como local, ante el Atlético.

Al propio Martino no se lo vio en buena forma, con algunas situaciones duras en lo personal, como el fallecimiento de su padre, y por haberse arrojado excesiva responsabilidad por la campaña del equipo, si bien hace pocos días, el actual presidente del Barcelona, Josep Bartomeu, llegó a afirmar que el técnico argentino “no respondía a la línea tradicional” del club.

Una de las grandes dudas, a partir de lo ocurrido en el Barcelona, era si Martino contaba con el apoyo de dos de los jugadores de mayor peso en la Selección, como Messi y Javier Mascherano, para lo cual hubo largas negociaciones y un llamado clave final con una persona fundamental del entorno del atacante, antes de la aceptación.

Otro de los temas fundamentales para Martino se subsanó enseguida, cuando el director general de selecciones Nacionales de la AFA, Carlos Bilardo (con quien Martino no comulga) decidió desvincularse debido a la muerte de Grondona.

El tercer punto estaba relacionado con el manejo de los juveniles, aunque para Martino, no significaba una traba en este momento sino a partir de 2015, a sabiendas de que Humberto Grondona viene trabajando con el seleccionado sub-20 para el Sudamericano de Uruguay clasificatorio para el Mundial de Nueva Zelanda y para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.

La idea de Martino es que sus colaboradores Jorge Theiler y Sergio Giovagnoli se hagan cargo de los juveniles una vez que pase el Mundial 2015 y trabajar ya con miras a 2016, lo cual contaría con la anuencia del actual entrenador de esa categoría.

Y finalmente, Martino pidió que el actual presidente de Newell’s Old Boys, Guillermo Llorente, forme parte importante de la Comisión de Selecciones Nacionales de la AFA, algo que contaría con la aceptación de la dirigencia.

Martino firmaría contrato hasta 2017 y en el caso de obtener la clasificación para el Mundial de Rusia 2018, automáticamente se extenderá hasta que se juegue el torneo
Tiene 51 años y aunque tiene como prioridad en su estilo la conservación de la pelota y la alta presión, tampoco rechaza los pelotazos largos ni los contragolpes cuando es necesario. No deja de lado cierto pragmatismo cuando hace falta aunque prefiere el juego técnico.

Sus grandes desafíos, a partir de ahora, pasan por recuperar la capacidad ofensiva de la Selección, perdida en la fase final del Mundial, la posibilidad de compatibilizar a Carlos Tévez con el plantel, y el manejo de la transición entre los más veteranos que irán dejando de ser convocados, con los jugadores emergentes de las nuevas generaciones.


En este sentido, la Copa América de Chile en 2015 parece ser el hito para la nueva etapa. Por ahora, Alemania espera en Düsseldorf para el amistoso del 3 de setiembre, mientras que en octubre, Brasil y Hong Kong serán los rivales en una mini gira asiática.

sábado, 9 de agosto de 2014

Los arqueros, en el centro de la escena en la Liga (Yahoo)



Tanto el Real Madrid, como el Barcelona y el Atlético Madrid, los tres equipos que han marcado el camino de la Liga en la temporada pasada, muy alejados del resto, han hecho importantes movimientos de arqueros en el verano, en una muestra de la renovación que se producirá para los próximos tiempos y al mismo tiempo, cierta inestabilidad en este sentido.

Puede decirse que en los tres casos, esta renovación era más que probable ya desde la temporada pasada por diferentes circunstancias, y pese a eso, la manera de afrontarla no fue la más planificada en cada uno de los clubes.

En el caso del Real Madrid, la polémica entre Iker Casillas, el tradicional titular del equipo desde hace catorce años, con el entrenador José Mourinho y los problemas que abrieron una grieta (todavía no del todo cerrada, si nos atenemos a los movimientos en las redes sociales del propio arquero y del lateral Alvaro Arbeloa, por ejemplo) en el vestuario, derivaron en un lugar impensado para Diego López cuando el campeón mundial con la selección española se lesionó en una mano.

La regularidad de López y sus muy buenas actuaciones fueron generando un problema de difícil solución en el Real Madrid, porque éste fue adquiriendo una continuidad que Casillas, aún recuperando espacios con la llegada de Carlo Ancelotti, jugando (y ganando) la Champions League y la Copa del Rey, no tuvo y que pagó muy caro luego en el Mundial de Brasil.

Cuando todo hacía prever una lógica salida de Casillas (el Arsenal parecía su destino principal), un golpe de timón, de lo que se seguirá hablando seguramente en los próximos días en la prensa española, determinó que todo se invirtiera y que fuera finalmente López el que emigrara al Milan, aunque llegaron a coincidir, por momentos, y en tensos entrenamientos, estos dos arqueros con la nueva incorporación blanca, el excelente jugador costarricense, de notable Mundial y gran temporada en el Levante, Keylor Navas.

Ahora, Navas llega para colocarse detrás de Casillas, y ya sin la competencia de López a la vista, en lo que parece el principio del fin del inconveniente.

No muy distinto, y hasta podría decirse que aún con mayores dificultades, se manejó el tema de los arqueros en el Barcelona, lo que sorprende porque en este club, el director deportivo es nada menos que alguien que ocupó ese puesto y que llegó a ser mundialista y defendió, entre otros, los colores azulgranas como Andoni Zubizarreta.
El Barcelona sabía que Víctor Valdés se quería marchar porque fue el propio jugador quien lo manifestó largamente en la pasada temporada, al punto de no querer renovar su contrato.

Su suplente, José Manuel Pinto, quien nunca contó con el total beneplácito de los dirigentes y que siempre fue aceptado por la afición del Barcelona en ese rol, también sabía que su futuro en el club era más que complicado, debido a que ya pasada la mitad de la temporada circulaba la información de que el alemán Ter Stegen estaba fichado.

Pero lo que pareció un sinsentido absoluto fue lo que ocurrió con Pinto cuando Veldés se lesionó y quedó fuera de los partidos decisivos, cuando a Pinto se le comunicó que no se le renovaría el contrato y que debería buscarse otro destino, en vez de esperar y darle toda la confianza necesaria para afrontar una situación tan complicada como la definición de la Liga, la final de la Copa del Rey ante el Real Madrid, o los cuartos de final de la Champions ante el mismo rival.

No sólo eso: se sabe que Pinto es uno de los mejores amigos de Lionel Messi, algo que podía tener peso en el vestuario en el momento de las definiciones, y para peor, el tercer arquero, que en orden de aparición quedaba como suplente principal, Oier Olazábal, sólo contaba con dos partidos oficiales vistiendo la camiseta del Barcelona.
Es decir que nunca se pensó en darle minutos, ni siquiera en partidos de primeras fases de la Copa del Rey, o en otros en los que la ventaja en el resultado fuera holgada como para que adquiriera experiencia.

Finalmente, a Ter Stegen se le terminó sumando el chileno ex arquero de la Real Sociedad y mundialista en Brasil, Claudio Bravo, mientras asciende desde la cantera, desde el Barcelona B, Jordi Masip. Todo un cambio de una temporada a la otra.

Por el lado del Atlético Madrid, luego de años de utilizar al cedido arquero belga Thibaut Courtois, de excelentes resultados, debió retornarlo al Chelsea por presión (una vez más) de su actual entrenador Mourinho, luego de la polémica suscitada durante la semifinal de la Champìons League, cuando el club inglés presionó para que no jugara ante su equipo original.

De esta forma, el conjunto de Diego Simeone perdió a una de sus principales estrellas, pero rápidamente fichó al esloveno Jan Oblak, proveniente del Benfica, en 16 millones de euros.

Por si fuera poco, los rojiblancos ficharon también, por 3 millones,  a otro muy buen arquero como Miguel Angel Moyá, del Getafe, que lo reemplazó por Vicente Guaita del Valencia, que a su vez fichó a Yoel Rodríguez, del Celta.


Cambio total de arqueros, y no sin polémicas, para la presente temporada en España.  ¿Cuánto hubo de planificación y cuánto de circunstancias? 

domingo, 3 de agosto de 2014

Una muerte que altera el mapa del fútbol (Yahoo)



Que haya muerto un dirigente importante, como el veterano presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Julio Grondona, no sería tanta noticia sino porque con su desaparición, cambia demasiado el escenario del fútbol internacional.

Grondona no era un dirigente más, sino el número dos de la estructura de la FIFA, como vicepresidente senior,  el primero después de Joseph Blatter en el orden jerárquico (al punto de que se decidió no reemplazarlo por otro y quedarán siete vicepresidentes), y quien lo sostuvo políticamente cuando el suizo fue entronizado en Francia 1998, como sucesor del brasileño Joao Havelange.

Grondona presidía la Comisión de Finanzas de la FIFA, nada menos, es decir, la economía de la FIFA, y siempre sostenía que aunque nunca supo hablar otro idioma que el suyo, el castellano, “conozco el idioma del fútbol, que es el que se necesita”, una forma de definirse como dirigente.

La muerte de Grondona no llega en cualquier momento para el fútbol sudamericano, sino en uno crucial, cuando acaba de terminar el Mundial de Brasil, el último jugado en Sudamérica antes de que le vuelva a tocar otro, acaso, en 2030, cuando se cumpla un siglo del primero, organizado por Uruguay, y cuando justamente Argentina y Uruguay iban obteniendo consenso para organizarlo conjuntamente, con los votos de todos los representantes de su continente.

La salida natural de Grondona de la FIFA se suma a la que ya hace tiempo se produjo con el ex secretario general de la Conmebol, el también argentino Eduardo Deluca, por problemas de salud, el del ex presidente de la FIFA, Joao Havelange, quien a los 98 años debió renunciar luego de quedar involucrado en hechos de corrupción, al igual que el paraguayo Nicolás Leoz, ex presidente de la Conmebol, y el ex yerno de Havelagne, Ricardo Texeira, ex titular de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF).

La salida de todos estos dirigentes, casi simultáneamente, colocan a Sudamérica en una posición de debilidad para los próximos años, con el solitario peso específico del también veterano dirigente uruguayo Eugenio Figueredo, actual titular de la Conmebol, lo que podría determinar una caída de plazas para el continente en el próximo Mundial  de Rusia en 2018 y en la lucha con la UEFA y en especial, contra el poderío de la ECA (la Asociación de Clubes Europeos, los más poderosos del viejo continente) en cuanto a lo que se llama “virus FIFA”, la cantidad de jugadores que suelen salir, por año, a partidos de sus selecciones nacionales.

Blatter, en el entierro de Grondona, llegó a decir que para tomar cualquier decisión primero lo miraba y el mundo del fútbol recordó que fue Grondona quien no sólo le levantó la mano cuando se supo que había ganado la presidencia de FIFA en 1998, sino que fue quien, con la voz más lenta y entrecortada por su avanzada edad y con problemas de salud, leyó el papelito que consagraba a Blatter como reelecto en Zurich durante 2012.

Grondona mantuvo las riendas del poder en el fútbol argentino nada menos que por 35 años, desde que asumiera como presidente de la AFA el 6 de abril de 1979, y pudo mantenerse en el cargo pese a atravesar una enorme cantidad de problemas, como la desorganización interna de los torneos, más de cien muertes por violencia, o el déficit crónico en las finanzas de los clubes.

En cambio, siempre trató de mantener la mejor cara en el frente externo con las selecciones nacionales, con la obtención del Mundial de México en 1986, dos subcampeonatos en Italia 1990 y Brasil 2014, seis Mundiales sub-20 en 1979, 1995, 1997, 2001, 2005 y 2007, y dos medallas doradas y una plateada olímpicas (Atenas 2004, Pekín 2008 y Atlanta 1996).

Muchos le han criticado un modo casi dictatorial para manejarse, debido a que casi todas las decisiones trascendentes las tomaba en soledad o con muy escasos consultados, y en los últimos años, las principales reuniones las llevaba a cabo en una estación de servicio de su propiedad, lejos de la sede de la AFA.

Para votar presidente de la AFA había que hacerlo ante su vista, a mano alzada, lo que generaba mucho temor entre los dirigentes, y tal vez sea por eso que entre 1979 y la actualidad solamente una vez hubo un voto en su contra y fue en 1991, y para un candidato que no provenía de ningún club sino para un ex árbitro, Teodoro Nitti.

Grondona no eligió cualquier momento para fallecer, sino justo cuando la AFA se aprestaba a designar el nuevo entrenador para la selección argentina, una vez que supo que no pudo convencer a Alejandro Sabella para continuar porque éste le manifestó que necesitaba descansar, algo que no le había gustado mucho.

Entre los candidatos con más chances para suceder a Sabella aparecen el ex entrenador del Barcelona, Gerardo “Tata” Martino, el actual entrenador de San Lorenzo, finalista de la Copa Libertadores, Edgardo Bauzá (que ya dirigiera a la Liga de Ecuador en el Mundial de Clubes 2008), el entrenador de Colombia y ex de Argentina en el Mundial 2006, José Pekerman y el actual entrenador de Rosario Central, Miguel Russo.


Grondona también murió justo cuando comenzaba un torneo local de transición para pasar desde febrero de 2015 a uno de 30 equipos, un raro experimento que implicó muchos cambios institucionales, pero el veterano dirigente ya no estará para comprobar si tuvo éxito.

sábado, 2 de agosto de 2014

El “milagro alemán”: autocrítica y proyecto (Revista Nueva)


Gary Lineker afirmó en una oportunidad, en los años ochenta, que el fútbol consiste en un juego de once jugadores por lado y una pelota, en el que siempre ganan los alemanes. No es del todo así, pero es cierto que algo hay y que no es casual que ya hayan conseguido cuatro Copas del Mundo, uno menos que Brasil, el que más títulos ha cosechado en la historia.

Nada de esto es casual. No lo fue en el llamado “milagro de Berlín”, cuando Fritz Walter, mítico capitán, llevó a ganar el primer Mundial en Suiza 1954, cuando consiguió vencer a la gran Hungría de Ferenc Puskas en la final por 3-2, luego de recibir ocho goles ante el mismo equipo en la fase de grupos y nadie pagaba dos centavos por su suerte.

La historia del fútbol alemán está ligada al trabajo, la autocrítica y la existencia de proyectos a partir de todo esto y más allá de los Mundiales de 1974 y 1990, historias muy conocidas, con grandes jugadores pero con una gran dinámica colectiva, el éxito de Brasil 2014 comenzó mucho antes, exactamente catorce años atrás.

En el año 2000, el fútbol argentino sufría la falta de un crack como Diego Maradona y se lamentaba por casi una década sin títulos cuando la selección alemana fue eliminada, sin pena ni gloria, de la Eurocopa que acabaría ganando la Francia de Zidane, Deschamps y Trezeguet.

Tampoco los alemanes tenían un crack y no habían hecho un gran Mundial en Francia 1998, pero en la Eurocopa tocaron fondo y ni siquiera consiguieron marcar un solo gol en el torneo. Fue entonces que clubes, federaciones locales y jugadores (algo impensable en nuestro país, caracterizado por el unicato) se reunieron para buscar una mayor competitividad y decidieron que la prioridad sería cerrar el torneo a estrellas extranjeras y crear una base de jóvenes para brillar diez años después.

En lugar de gastar fortunas en refuerzos, los clubes gastaron hasta mil millones de dólares para crear escuelitas de fútbol de manera obligada y hoy el país cuenta con 366 centros de entrenamiento para menores, empleando treinta mil entrenadores para que veinticinco mil niños prueben suerte en este deporte. Thomas Müller o Phillip Lahm fueron algunos de ellos, pero también abrieron la posibilidad de integrar a hijos de inmigrantes, un símbolo de la nueva Alemania unificada, que ya había mostrado otra cara cuando organizó su Mundial en 2006, un torneo de exposición de la diversidad cultural.

Así es que Mesut Özil es de padres turcos, Sami Khedira, de tunecinos, Miroslav Klose y Lucas Podolski nacieron en Polonia, Jerome Boateng, de familia ghanesa y Shkodran Mustafi es de Kosovo.

Otra medida fue la de congelar los precios de las entradas a los estadios, mientras que uno de los orgullos alemanes de estos años fue la prohibición de que empresarios extranjeros adquirieran clubes como sí pasaba en España, Francia, Italia o Inglaterra.
Entonces, no puede ser casual que hoy la Bundesliga sea el torneo más rentable de toda Europa, con el mayor promedio de asistencia de público del continente (45 mil por partido), y el único en el que todos los clubes permanecen en una situación financiera estable.

Pero no termina allí. Desde hace años que el fútbol alemán apostó por la estética. Tomó la idea de España, del brillante Barcelona de Josep Guardiola, y tras caer derrotado ante ella en la final de la Eurocopa 2008 y en la semifinal del Mundial 2010 de manera ajustada, entendió que había que persistir en el proyecto pero agregarle el toque de dinamismo propio.

Una vez más, mientras el fútbol argentino fue retrasando sus líneas y buscando un modelo pragmático, tratando de amoldar a sus jugadores a un mercado europeo supuestamente más táctico y en el que supuestamente no hay quien pare la pelota (sin un armador de juego), España primero y España después, fueron generando una contracultura de varios armadores y de jugadores de buen pie.

Aquellos jóvenes que se destacaban en las escuelitas creadas para terminar con la crisis, y que siendo promesas recibían tratamientos VIP, hoy son los cracks que no dependen de un Maradona o un Messi, como Schweinsteiger, Kroos o los anteriormente mencionados, que, cabe recordar, ya eliminaron a Argentina en los cuartos de final de 2006 y 2010 (en éste, por 4-0) y en la final de 2014, por tercer Mundial consecutivo.

Pero hay dos modelos que son los hegemónicos, como en cualquier competencia. Son los del Bayern Munich, el club más rico del país, y el Borussia Dortmund, que por ninguna casualidad protagonizaron en 2013 la final de la Champions League, considerada por la mayoría como la mejor de los últimos tiempos y para algunos, tal vez, la mejor de la historia.

El Bayern Munich lo había ganado todo en la temporada 2012/13 con Jupp Heynckes como entrenador, pero no se conformó y quiso perfeccionar su juego, su estilo, y rumbear hacia un fútbol más estético y así fue que apostó nada menos que por Guardiola.

El Borussia, de la mano de Jürgen Klopp y jugadores como Götze, Lewandowski, Reus o Hummels, encontró una dinámica espectacular, que la colocó entre los mejores equipos de Europa, que se entrena con una máquina para perfeccionar los pases a un toque y para triangular el juego.

De los 134 clubes europeos, el Bayern Munich es el que más jóvenes formó. 18 de los jugadores del seleccionado que participó en el último Mundial, salieron de esta escuela, pero también son reconocidas las escuelas del Schalke 04, reconocido como formador de arqueros (cinco de la Bundesliga se iniciaron allí, entre ellos el propio titular de la selección y elegido el mejor del torneo, Manuel Neuer).

Alemania no dejó librado nada al azar. Ni siquiera el lugar de concentración, que decidió construirlo con sus propios arquitectos. Nada de contratar predios con algunos requisitos a su gusto. Todo a la medida de lo que el equipo necesitaba, según declaró el presidente de la Federación, Wolfgang Niersbach, quien antes de comenzar el Mundial dijo, con una claridad pocas veces tan manifiesta, que la Mannschaft, como se conoce a la selección germana, estaba “preparada para ir a ganar la Copa”. El dirigente explicó entonces que el secreto “es haber trabajado mucho para llegar a ser ahora uno de los favoritos”.

Trabajo significó, por ejemplo, el uso de la tecnología SAP, un programa desarrollado por una empresa especializada en determinadas aplicaciones que analiza con riqueza de detalles el desempeño de cada uno de los jugadores del equipo propio y del adversario, desde kilómetros recorridos, pases acertados o errados o remates al arco.

Por ejemplo, al terminar el impactante 7-1 ante Brasil, el entrenador Joakim Low comentó que el programa le había indicado que la defensa de Brasil tenía problemas cuando era atacada en velocidad. Hans Flick, el auxiliar de Low, relató que ellos contaban con un equipo de observadores. “Hicimos un minucioso trabajo de scouting, como por ejemplo, 40 estudiantes de Ciencias del deporte que analizaban a cada uno de los adversarios con los programas que les dimos”.

Alemania fue campeón por decantación, por la prepotencia de la autocrítica, el trabajo y la planificación, muy lejos de depender de un supercrack. Un modelo demasiado lejos del argentino.

Los alemanes, antes de “cintura dura”, como se les decía de este lado del Océano Atlántico, ahora eran los que tocaban y jugaban. Los argentinos, aquellos de la gambeta y el engaño, eran ahora los que corrían tras los germanos, cansándose de ver pasar la pelota.

Pese a los siete minutos que separaron a los albicelestes de una definición por penales, el triunfo alemán parece lógico.  La consecuencia de un largo ciclo desde que en 2000, se sentaron a trabajar sin excusas de ninguna clase. Aquí están los resultados.