domingo, 14 de septiembre de 2014

¿Hacia dónde va el Real Madrid? (Yahoo)



En apenas diez días, Angel Di María tuvo dos actuaciones excepcionales que generaron una complicada pregunta para los aficionados argentinos, sus compatriotas. ¿Qué habría pasado si hubiese podido jugar la final del Mundial de Brasil con su selección nacional? No se puede realizar un pronóstico certero y ya no tiene sentido, pero tal vez esta duda pueda indicar el momento que vive el delantero, uno de los mejores de su carrera profesional.

Mientras esto ocurre, mientras Di María genera un gol, tres asistencias que terminan en gol, y brinda un soberbio espectáculo en el que Manchester United gana por primera vez en la Premier League de esta temporada, o días después de otra exhibición del mismo nivel ante Alemania, en Düsseldorf, con la selección argentina en la victoria de 2-4 en el partido amistoso ante los campeones del mundo, Real Madrid, su ex club y con el que se encuentra envuelto en una polémica, deambula sin muchas ideas por la Liga Española, luego de haber perdido, en el inicio del ciclo, la Supercopa de España a manos del Atlético, el mismo rival que le acaba de ganar, sin atenuantes, por el torneo local.

Es extraño pero cuando por fin parecía que éste sería el año en el que Real Madrid podría terminar de recuperar la calma y apostar definitivamente al buen juego perdido en tiempos recientes, de la mano de Carlo Ancelotti, luego de ganar la ansiada Décima Champions League (justamente en una final muy dura ante el mismo Atlético Madrid), en pocos meses, todo eso parece irse derrumbando y el Santiago Bernabeu comienza a comprobar, con cierta desconfianza, que las cosas no son lo que parecían.

Todo parece haber comenzado con decisiones erróneas en la comisión directiva, y en algunos casos, avaladas por el propio Ancelotti. Lo cierto es que varios de los jugadores claves del Real Madrid del último tiempo han dejado el club, que prefirió buscar otros con mucho cartel, especialmente algunos que han tenido destaque en el pasado Mundial, pero que de ninguna manera garantizan mejor rendimiento que los que estaban y con los que, a no olvidarse, la Casa Blanca consiguió revalidar títulos importantes, que se le negaban en otro tiempo.

Si ya no se comprendió antes de la temporada pasada, la salida de Mesut Özil, que la terminaría como campeón mundial con la selección alemana en Brasil, y que es una pieza importante en el Arsenal, menos lógica aún parece la salida de Di María, que se había sobrepuesto de un mal comienzo de año, cuando todavía era discutido por parte de la afición y parecía no ser muy tenido en cuenta por el cuerpo técnico.

El argentino se recuperó, hizo un enorme desgaste físico, y deslumbró con su juego hasta convertirse en imprescindible hasta ser considerado hoy como uno de los mejores del mundo y pieza clave en su selección, casi en una segunda línea detrás de Lionel Messi y junto a Javier Mascherano.

Su desgaste fue tal que lo recorrido y jugado en la final de la Champions, y por la cercanía con el Mundial, tuvo repercusión en el torneo de Brasil, al que llegó agotado y una lesión lo privó de los últimos dos partidos, dando lugar a la controversia con el Real Madrid.

Una vez que dejó el club, el jugador dijo que el Real Madrid le envió una carta a Brasil desaconsejándole que jugara el partido decisivo ante los alemanes para cuidarse, mientras que dio a entender que nunca fue del agrado del presidente Florentino Pérez, aunque su marcha también parece relacionarse con la distante relación que ahora tiene el dirigente con su agente, el portugués Jorge Mendes.

Pero no sólo de Özil y de Di María se despojó el Real Madrid en el pasado verano, sino de un volante de muchísima categoría y de pases milimétricos como Xabi Alonso, quien quiso cambiar de aires cuando finalizó el Mundial de Brasil y no sólo comunicó su retiro de la selección española sino su deseo de buscar otros horizontes, y acabó jugando en el Bayern Munich de Josep Guardiola, viejo estandarte del Barcelona.

En Cambio, Real Madrid pareció preferir los fichajes de destacados jugadores del Mundial como el alemán Toni Kroos, el colombiano James Rodríguez o el costarricense Keylor Navas, y dejar ir a los ya comprobados Di María, Alonso y hasta su juvenil goleador Alvaro Morata, quien emigró a la Juventus, para apostar por el mexicano Javier “Chicharrito” Hernández, que no tenía lugar en el Manchester United.
Podría decirse entonces que el Real Madrid optó por desechar lo “viejo y conocido”, exitoso, por “la novedad” de estrellas que renuevan el interés, pero que no garantizan ni el sistema aceitado del juego, ni el éxito reciente.

No parece ser una decisión emanada del cuerpo técnico sino, una vez más, de una política dirigencial que ya tuvo conflictos parecidos en el pasado, como en 2003, cuando luego de ganar la Liga con muy buen juego y con brillantes ejecutantes, decidió despedir a algunos de ellos y a su entrenador, Vicente Del Bosque, que acabó siendo campeón mundial siete años después, y alabado en forma casi unánime.

¿Hacia dónde va el Real Madrid ahora? Sólo el tiempo lo dirá, pero el riesgo de volver a los tiempos de 2003 parece grande.


El inicio de temporada de Liga, con un opaco triunfo inicial ante un rival muy débil y ante un Santiago Bernabeu que ofreció sus primeros pitidos, la remontada de la Real Sociedad en el 4-2 luego de estar 0-2 arriba, y la derrota ante el Atlético, con una errática segunda parte, no son buenos indicios.

¿Dónde jugaría el Barça en una Cataluña independiente? (Perfil)


El próximo 9 de noviembre, si no se interpone el Gobierno español de Mariano Rajoy, los catalanes tendrán la oportunidad de votar en un referéndum para determinar si quieren o no la independencia, y el Fútbol Club Barcelona, desde su dirigencia, formó parte activa de este proceso basado en el lema de “Más que un club”, dando lugar a un interesante debate que ya se plantea en los escenarios europeos. ¿Qué pasaría con el Barcelona en el caso de que Cataluña se independizara? ¿Jugaría en la liga catalana, seguiría en la española o podría aceptar una invitación, por ejemplo, de una liga francesa en crecimiento y con equipos con inversiones millonarias en jugadores?
¿Se acabarían los Barcelona-Real Madrid, el clásico por excelencia, hoy por hoy, del fútbol mundial?

Lo cierto es que estos cambios posibles plantean interesantísimos y hasta apasionantes desafíos jurídicos, en lo político-deportivo.
Ya con Joan Laporta como presidente (2003-2010), el Barcelona había comenzado su apoyo cada vez más explícito a la independencia, que se incrementó aún más en este tiempo con Sandro Rosell en el poder. No es casualidad, por ejemplo, que en muchos partidos el equipo juegue con la “señera” (la camiseta con los colores de la bandera catalana) aunque de visitante le canten la tradicional “Que viva España” desde las tribunas.

Rosell suele defender el derecho a la autodeterminación de Cataluña, se sumó a manifestaciones independentistas en la Diada del 11 de setiembre (Día Nacional de Cataluña) y hasta llegó a ceder el propio Camp Nou para multitudinarios actos soberanistas, en tanto que la Junta Directiva en pleno apoya la campaña de la Generalitat para que las selecciones catalanas participen en competiciones oficiales.

El Camp Nou es escenario, desde hace tiempo, de gritos a favor de la independencia en los dos tiempos de cada partido del Barcelona, en el minuto 17 con 14 segundos, en referencia al año 1714 y a la capitulación de Barcelona del 11 de setiembre de ese año tras la resistencia a Felipe V de Borbón.

También Josep Guardiola aparece siempre apoyando cualquier acto independentista y aún cuando se encuentra en el exterior, como en su año sabático en Nueva York o actualmente en Munich, dirigiendo al Bayern, envía videos de adhesión.

El actual entrenador de la selección española, Vicente Del Bosque, campeón europeo y mundial, suele decir que no se imagina a su equipo “sin los jugadores catalanes” que son prácticamente la base del juego de su equipo, con ocho integrantes de “La Roja” que ganaron la pasada Copa del Mundo en Sudáfrica y que, tal vez, participen por última vez de un torneo de esta magnitud con esa camiseta. En efecto, Víctor Valdés, Jordi Alba, Gerard Piqué, Carles Puyol, Sergio Busquets, Xavi Hernández, Cesc Fábregas y Joan Capdevila, integraron aquel plantel y muchos de ellos podrían seguir jugando, pero defendiendo otra camiseta en el futuro.

Sin embargo, Rosell insiste en que el Barcelona seguirá jugando, pase lo que pase, en la liga española. ¿Es realista su criterio?
El valenciano José Del Olmo, titular del Centro de Investigación e Historia del Fútbol Español (CIHEFE) sostiene que la independencia de Cataluña perjudicaría al Barcelona, porque “dejaría de ser más que un club” pero sí beneficiaría al fútbol catalán.

En una ponencia en el foro Félix Martialday sobre selecciones autonómicas en España publicada por el CIHEFE, Del Olmo intenta despegarse de distintas especulaciones y artículos periodísticos que van y vienen desde Madrid y Barcelona, para basarse en la reglamentación vigente de la FIFA y la UEFA, que suelen proteger las Ligas Nacionales.

“La UEFA no admitiría que el Barça jugara en otra liga que no fuera la catalana, dentro de un país soberano, con su selección nacional y sus clubes participando en torneos europeos”, sostiene Del Olmo, algo con lo que coincide el presidente de la Federación Catalana, Andreu Subiés, que ya se relame: “lo más lógico es que el Barça y el Espanyol jueguen en la liga catalana”.

El Barcelona estaría en la Federación Catalana de Fútbol y allí competiría, lo que provocaría una reducción en el sentimiento actual de identificación entre el club y Cataluña, pues ese papel le correspondería a una selección nacional que en un principio tendría el nivel de un país medio como Hungría, Bulgaria o Noruega", señala Del Olmo.

"El Barcelona perdería su status y pasaría a estar al nivel del Ajax holandés o el Anderlecht belga como club predominante en un fútbol en el que equipos que actualmente militan en Segunda División B pasarían a ser de Primera y el Espanyol, opina, pasaría a ser el segundo club, con mayor peso en su liga, aunque ésta sería menor", agrega.

También consideró que en una primera fase, Cataluña exportaría jugadores porque los futbolistas de mayor nivel serían fichados por clubes de ligas más competitivas y recordó que la reglamentación actual permitiría a los futbolistas formados en la cantera del Barcelona elegir si juegan con Cataluña o con España, en un proceso similar al que se produjo tras el desmembramiento de Yugoslavia.

El jurista José Luis Pérez Triviño, director de Fair Play, profesor titular de Filosofía del Derecho de la prestigiosa universidad Pompeu Fabra de Barcelona, y miembro de Iusport, también investigó el tema con profundidad y en una enumeración de clubes que podrían participar en una Liga Catalana, encuentra suficientes equipos, pero comparte el diagnóstico de que sería una liga devaluada que acarrearía serios problemas con los ingresos y en especial, por uno de los rubros más importantes: la venta de derechos de TV, “lo que provocaría un probable éxodo de estrellas y disminuiría el potencial económico y deportivo del Barça e iría en perjuicio de la Liga Española”.

El otro punto es que para poder llegar a tener una selección nacional, la Federación Catalana debería ser aceptada en la UEFA, que establece como condición previa que Cataluña sea reconocida como Estado miembro de la ONU, algo que no parece sencillo en una primera etapa.

En cambio, Pérez Triviño especula con las otras dos posibilidades: seguir en la liga española o participar como invitado en una tercera competición europea.
Para seguir en la liga española, el requisito es que el Barcelona y el Espanyol deberían recibir el permiso tanto de la UEFA primero como de la Real Federación Española de Fútbol, después, pero advierte que el mayor problema sería que a partir de allí, el Barcelona pasaría a ser un equipo extranjero en la Liga y se encontrarían como visitantes con ambientes muy posiblemente más hostiles aún que en este tiempo, tal vez peor que en muchos partidos de Champions League, aunque mantendría a flote el negocio así como la rivalidad con el Real Madrid, la gran basa del torneo.

El tercer punto es aún más complejo y pasa por la posibilidad de jugar invitado en otra liga como la francesa o la italiana, lo cual, como en el caso de España, requiere de la autorización de la UEFA y la federación correspondiente.

Algunos analistas han llegado a comparar la situación del Barcelona con la actual del Mónaco en la liga francesa pero hay una diferencia sustancial: el Mónaco no tiene federación, ni es miembro de la UEFA, ni tiene selección nacional.

Una última instancia, aún más compleja y que rompería todos los moldes, pasaría por saltar a una Superliga Europea, tantas veces soñada y conversada por los dirigentes de la poderosa Asociación de Clubes Europeos (ECA), pero eso barrería con el futuro de las ligas nacionales, que perderían todo atractivo y se convertirían en una competición de segunda categoría.

The Catalan Project, una plataforma que se dedica a “crear y compartir ideas para decidir entre todos la Cataluña del futuro”, también tiene en estudio lo que podría pasar con el fútbol en el caso de la independencia, y compara la situación de los clubes catalanes con los de Andorra y San Marino, reconocidos por la ONU y la UEFA, tienen seleccionados y federaciones propios, pero sus principales equipos, a diferencia del Barcelona o el Espanyol, juegan en categorías inferiores de España e Italia, respectivamente y aclara que “no es cierto” que los clubes escoceses no jueguen en la Premier League inglesa por veto de la UEFA sino de la propia Federación Inglesa.

También tomaron como ejemplo la posibilidad que se barajó de una gran liga escandinava pero la Royal League Scandinavian, que reunía a los principales clubes de Dinamarca, Suecia y Noruega, duró apenas tres años, mientras que la Federación Finlandesa no aceptó formar parte “porque quizá los finlandeses no querían una liga conjunta en la que sus clubes jamás tendrían la opción de ganarla”, sostiene la entidad catalana, que concluye que entonces siempre fueron “razones políticas” las que impidieron el armado de una nueva competición.

Recuerda también que el Standart de Lieja, al notar que Holanda y Bélgica no se ponían de acuerdo en unificar sus torneos, sondeó la Liga Francesa, y que hasta el Celtic y el Rangers, al no ser aceptados por los ingleses, pidieron que se estudiara la posibilidad de una liga holandesa-escocesa-belga y que actualmente las ex ligas soviéticas estudian unificar un torneo patrocinado por Gazprom.

“Es curioso –resalta- la Europa sin fronteras vive en el decimonónico nacionalismo de sus ligas cerradas” y especula con la posibilidad hasta de una “Liga Ibérica” que incluya equipos de España y Portugal, mientras recomienda al Barcelona que pase a jugar en la Liga Francesa, aunque no descarta jugar en la Mayor League Soccer con una franquicia, y con el Barcelona B en la liga catalana, a la espera de una definición política, y proyecta que “serán los clubes, de manera privada, los que terminarán resolviéndolo en Europa”.

Si hay un periodista especializado en temas de fútbol internacional y conoce los vericuetos de la dirigencia política ligada a este deporte y especialmente la UEFA y la FIFA, es el columnista del diario “Mundo Deportivo” de Barcelona, Francesc Aguilar, quien no encuentra demasiados obstáculos a una Liga Catalana siempre que Cataluña sea reconocida por la ONU, según la reglamentación vigente, pero advierte sobre un nuevo escenario jurídico.

Los jugadores catalanes tendrían la posibilidad legal de seguir jugando con España o hacerlo con Cataluña. Pero una vez hubieran escogido su selección, no podrían cambiar. Actualmente, ya se ha vivido con las diversas federaciones de la extinta URSS y de Yugoslavia. Cada jugador ha podido escoger a su nuevo equipo”, escribió hace poco en un artículo para su diario.

Otro aspecto que casi nadie ha tenido en cuenta, dijo, “es la posibilidad de que mientras Cataluña no fuera admitida en el seno de la Unión Europea como nuevo miembro (en el caso probable de que Cataluña lo solicitara como sería lo lógico), sus futbolistas serían extracomunitarios en el caso de jugar fuera del nuevo territorio independiente, salvo aquellos que hubieran elegido seguir jugando con la roja que mantendrían el 'status' de comunitarios como jugadores 'españoles'. Bien es cierto que se podría negociar con la propia Unión Europea un tratado bilateral de carácter temporal para los futbolistas catalanes del nuevo país europeo”.

Aguilar cita como un hecho “interesantísimo, que puede dar un vuelco absoluto”, la aceptación del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) y su ratificación en mayo pasado en Londres por la UEFA de la aceptación de Gibraltar como miembro pleno número 54 pese a la rotunda oposición española, “porque la UEFA no debe dejar que se la utilice con fines políticos”.

Michel Platini, titular de la UEFA, respondió a la Real Federación Española que debe aceptar lo decidido por el TAS y que desde 2001 el organismo se rige por la norma que establece que deben ser aceptadas las federaciones de países que son aceptados por la ONU y que esto no aplica para Gibraltar, porque pidió antes su inclusión en la UEFA, en 1997.

“La UEFA, tras el mandato del TAS sobre Gibraltar, está estudiando seriamente todo el tema relacionado con los nuevos territorios que pidan su inclusión en el organismo europeo y posteriormente o a la vez, en la FIFA. La independencia de Escocia o Catalunya abriría unos escenarios verdaderamente apasionantes para cualquier experto en derecho deportivo”, concluyó Aguilar.

El prestigioso abogado y experto en temas futbolísticos, Ariel Reck ve factible que el Barcelona siga en la liga española y pese a los cambios políticos, en el caso de que Cataluña sea independiente, todo siga como está.

“El Barcelona necesitaría del acuerdo con la Federación Española para seguir jugando allí, como sucede en otros casos, incluso, hasta con los equipos canadienses en la Mayor League Soccer (MLS), pero hasta pesarían cuestiones históricas de pertenencia a la RFEF y la liga española”, agrega.

En efecto, el reglamento de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que organiza la liga española, establece que "los clubes que deseen participár en competiciones oficiales deberán estar afiliados a la RFEF o integrados en ésta".


Reck recuerda que el estatuto de la RFEF tiene varios artículos (del 6 al 10) que se refieren a la relación con las federaciones autonómicas “que podrían aplicarse en este caso”.

“Jurídicamente hay herramientas para todo, pero la decisión será principalmente política”, sostiene Reck, en lo que parece un resumen perfecto de la situación.






martes, 9 de septiembre de 2014

La Selección argentina comienza con buenas noticias (Jornada)



La goleada en territorio alemán, la exhibición, por momentos, de Angel Di María en Düsseldorf, la aparición de un Plan B en el caso de una ausencia de Lionel Messi, la posible convocatoria de Carlos Tévez y hasta la aparición de jóvenes con mucho futuro son muy buenas noticias que envuelven a la selección argentina con el inicio del nuevo ciclo a cargo de Gerardo “Tata” Martino.

Más allá de que el ex entrenador del Barcelona no asumió en el mejor contexto, en el apuro por el compromiso ante Alemania de la semana pasada, con la muerte del presidente de la AFA, Julio Grondona, condicionando las negociaciones, incluso sin una conferencia de prensa de despedida de su antecesor, Alejandro Sabella, en pocos días, las cosas se fueron encausando.

Martino no sólo chocó contra la noticia de la muerte de Grondona, sino que a poco de asumir, y a días de su debut con la Selección, volvió a encontrar un inconveniente en la ausencia de Messi por una “sobrecarga” en la pierna derecha tras el partido del Barcelona en la Liga Española.

Sin embargo, el discurso del nuevo director técnico argentino es claro, sin tapujos, como cuando dijo que Tévez “es convocable” o cuando destacó (cosa poco frecuente) el muy buen trabajo de Sabella, su antecesor, con quien tiene una excelente relación.
Este cronista puede dar fe de la gran relación entre Sabella y Martino porque en un diálogo extenso a solas con el ex director técnico de la Selección, en uno de sus viajes a Barcelona, se lo notó muy entusiasmado de haber estado con el entonces entrenador del Barcelona, justo cuando regresaba de observar un entrenamiento de los “blaugranas”.

Ya en el partido ante Alemania, y aunque hay que resistir la comparación con la final del Mundial, que por supuesto, era un partido de mucha mayor trascendencia, el equipo argentino dio señales interesantísimas, como la creatividad de Di María, aún envuelto en un importante cambio de rumbo en su carrera, desde la Liga española a la Premier inglesa, y en medio de una gran polémica con su ex club, el Real Madrid, o la técnica de un Erik Lamela (Tottenham) mucho más maduro y que apunta a pieza clave en la nueva etapa, jugando por la izquierda.

Con Martino, aún manteniendo la línea de tres medios como en el pasado Mundial (Enzo Pérez, Javier Mascherano y Lucas Biglia), pudo verse ya un sistema 4-3-3, que seguramente se acentuará cuando regrese Messi y la situación en ataque vuelva a parecerse a los partidos previos al Mundial, cuando podía contarse con todos los titulares.

En este sentido, además de los “cuatro fantásticos” (Messi, Di María, Gonzalo Higuaín y Sergio Agüero), aparecen en el horizonte nada menos que Tévez, quien no casualmente fue visto en una foto repetida constantemente, este fin de semana, en las redes sociales, el citado Lamela, y hasta jóvenes con futuro, como Angel Correa o Luciano Vietto, y no son para descartar ni Lucas Pratto ni Ignacio Scocco, del fútbol local.

La gran incógnita sigue pasando por el famoso equilibrio. Cómo hacer para no descompensarse ante tan fuerte ataque y menos jugadores para colaborar en la defensa, acaso como una vuelta a la clasificación mundialista, a 2013, aunque con mayor cantidad de opciones y con un fútbol de pelota al pie que nacerá en el propio arquero, para lo cual cuentan con chances desde el conocido de Martino desde los tiempos de Newell’s Old Boys, Nahuel Guzmán (hoy en el León de México) como el joven Ignacio Rulli, ex Estudiantes y hoy en la Real Sociedad.

Milton Casco (Newell’s, hoy lesionado), Federico Fazio (Tottenham) o Mateo Musacchio (Villarreal) también pueden llegar a tener su chance, y quien también tiene muchas fichas puestas no es otro que uno de los grandes talentos aparecidos en los últimos tiempos en el fútbol local, el volante central de River Plate Matías Kranevitter, una especie de “jefecito” moderno.

Hasta ahora, puede decirse que ante Alemania, en el 2-4 que por momentos fue 0-4 y que aguó la fiesta de los campeones del mundo, gran parte de la selección argentina estuvo conformada por la base del Mundial. Desde la próxima convocatoria, para los partidos ante Brasil en Pekín y Hong Kong ante los locales, en octubre próximo, será, definitivamente en este ciclo, el equipo que Martino irá moldeando.


Por el momento, la selección argentina comienza rodeada de buenas noticias, desde el juego hasta sus ejecutantes, pasando por la primera gran prueba.

lunes, 8 de septiembre de 2014

La selección argentina perfila su nueva etapa (Yahoo)



El pasado miércoles a la tarde, mucha gente tomó con cierto aire de indiferencia el partido amistoso ante Alemania en Düsseldorf. No causaba mucha gracia reeditar la final del Mundial de Brasil menos de dos meses después y ser partícipes de la fiesta de los vencedores, cuando se había estado tan cerca de ir a los penales en el Maracaná.

La noticia de una inesperada y a su vez extraña lesión de Lionel Messi, con una sobrecarga en la pierna derecha (según informó el Barcelona al término del último partido de Liga Española), y su anunciada ausencia del partido debut como entrenador de Gerardo “Tata” Martino, potenció los rumores de cierta desconexión con el crack desde la temporada pasada, especialmente cuando muchos se preguntaron si siendo el primer partido de una etapa, y siendo Messi el capitán de la selección argentina, no debió estar presente de todos modos (Maxi Rodríguez, también lesionado, viajó desde Argentina para apoyar a sus compañeros).

A cambio, Martino pudo contar, ante Alemania, con varios de los delanteros que no llegaron bien a la final del Mundial: Sergio Agüero y en especial, Angel Di María, mientras que a ellos se sumó, en una primera convocatoria en esta etapa, y a cambio de Messi, Erik Lamela, del Tottenham.

Es cierto que en Alemania faltaron los ya retirados del equipo, Per Mertesacker, Philip Lahm y Miroslav Klose, a los que hubo que sumar a Bastian Schweisteiger, o que Tomas Müller, Mesut Özil y Mario Götze estuvieron en el banquillo, pero pocos esperaban que cerca de los 15 minutos de la segunda etapa, Argentina estuviera imponiéndose 0-4, enmudeciendo por completo un estadio preparado para la fiesta.

Pese a que fueron apenas noventa minutos y más allá del 2-4 final, hay varios elementos para tener en cuenta en esta nueva etapa, y aún sin la presencia de Messi, fundamental no sólo en Argentina sino en cualquier equipo que integre: la acentuación del 4-3-3, con tres volantes que trabajan en la recuperación y el traslado de la pelota, tal como en el Mundial (Enzo Pérez, Javier Mascherano y Lucas Biglia), tres atacantes, como Lamela bien recostado en la izquierda, pero en especial, con un Di María brillante, pese a estar tratando de adaptarse a un fútbol tan diferente como el de la Premier League, en el Manchester United, recientemente traspasado por el Real Madrid. Muchos han lamentado su baja en la final del Mundial mucho más después de este amistoso, porque fue aumentando la hipótesis de que otro habría sido el resultado de ese partido con él presente en el conjunto albiceleste, pero una lesión lo dejó fuera del más importante compromiso de su vida deportiva.

A propósito de esta lesión, fue motivo de controversia también a las pocas horas del partido ante Alemania, cuando Di María reveló que antes de la final de Río de Janeiro recibió una carta del Real Madrid en la que le recomendaban no disputar ese partido para no arriesgar, pero que no hizo caso y rompió el papel, en otra vuelta de la disputa que viene teniendo desde hace meses con las autoridades de la entidad blanca, que según cree, no lo respaldaron como pretendía.

Atrás, la misma estructura del Mundial, con el único cambio de Federico Fernández por Ezequiel Garay (lesionado).

De cualquier modo, es claro que para este partido ante Alemania, Martino optó por respetar lo hecho durante el Mundial por los jugadores y el entrenador anterior, Alejandro Sabella, con el que tiene una óptima relación y destacó su trabajo en el ciclo anterior.

Eso no significa que las cosas vayan a continuar exactamente por el mismo camino y es muy probable que para los dos partidos de fechas FIFA programados para octubre, los amistosos ante Brasil en Pekín y Hong Kong ante los locales, ya haya otro tipo de convocatorias.

A Martino le gustan arqueros que tengan buen manejo con los pies, como Nahuel Guzmán (actualmente en Tigres de México y a quien tuvo en el Newell’s campeón) o Gerónimo Rulli (en la Real Sociedad, lesionado en la actualidad), es muy probable que Federico Fazio (ex Sevilla, ahora en Tottenham) y Mateo Musacchio (Villarreal) sean tenidos en cuenta en la defensa, seguramente habrá continuidad para Lamela, y asoma con chances, luego de tres años de sequía, nada menos que Carlos Tévez.

El caso de Tévez es especial porque ya había sido convocado para la Copa América 2011 en Argentina, en el último instante, luego de que el entonces entrenador de la selección argentina, Sergio Batista, no lo tenía en cuenta y hasta llegó a poner delante suyo al uruguayo Santiago Silva, a quien sugirió nacionalizar.

Tévez llegó luego de infinidad de presiones dirigenciales y empresariales, pese a no ser tenido en cuenta por el entrenador y ya desde ese tiempo se comentaba que los principales jugadores del equipo tenían cierto rechazo por algunas actitudes como no aceptar de buena gana ser suplente o salir reemplazado, en algunas instancias del juego.

Tévez acabó fallando su penal ante Uruguay por los cuartos de final, cuando el equipo argentino fue eliminado del torneo sudamericano, y ese fue su último partido porque tras ese campeonato, Batista fue reemplazado por Sabella, quien siempre respondió sobre el actual jugador de la Juventus que no hablaría de él “por respeto a los que no están con nosotros” y que además “el grupo está cerrado” pese a las mismas presiones de 2011 para que a pocos meses del Mundial fuera convocado.

¿Qué cambió ahora? Que sigue en muy buen nivel en la Juventus, que es un jugador del gusto de Martino, y que parece decidido a conversar con los principales referentes del equipo argentino, a partir de esta nueva etapa, para limar asperezas y así contar con una nueva oportunidad.

La sugestiva foto que apareció en los medios, posando junto a Messi en Milán, en este fin de semana, es un dato más que significativo.


La selección argentina arrancó un nuevo ciclo con muy buenas noticias, aunque para Rusia 2018 falte demasiado. No falta tanto para la Copa América de Chile 2015. Hacia allí apunta sus cañones ahora.

domingo, 7 de septiembre de 2014

Maradona y Messi, entre la continuidad y la ruptura (Revista Istor, México)



Jorge Valdano, mucho más que ex futbolista, entrenador, empresario o dirigente ligado al deporte, un intelectual que interpreta el fenómeno como pocos en el mundo, contaba hace poco tiempo que caminando por las calles de la pequeña ciudad de Las Parejas, donde nació, se le acercó un niño que al verlo le pareció alguien “reconocido” y no tuvo pruritos en preguntarle quién era. La timidez del argentino le permitió escudarse con la respuesta “yo jugué con Maradona”, pero ante su sorpresa, su interlocutor insistió: “pero ¿usted conoce a Messi y a Cristiano Ronaldo?”.

Esto sucedía en una ciudad argentina y tal vez en segundos, mostraba de manera brutal lo que significa el paso del tiempo y los cambios de paradigmas incluso en la idolatría de un pueblo que vibró como pocas veces en su historia moderna cuando la selección argentina ganó su último Mundial en México 1986 con las genialidades de Diego Armando Maradona, acaso su más grande alegría en los últimos cincuenta años.

Hoy, el mejor jugador del mundo también es argentino, lleva exactamente la mitad de su vida (tiene 26 años) en uno de los clubes más grandes a escala global, como el Barcelona (donde también jugó Maradona, aunque nunca tan identificado con la entidad), lleva ganados cuatro Balones de Oro que lo reconocen como top, pero para muchos, especialmente en su propio país, la única manera de alcanzar al ídolo anterior, o al menos discutirle la primacía histórica, será ganando el próximo Mundial de Brasil.

En efecto, Messi debe luchar casi contra un imposible. Porque Maradona ya terminó su carrera, lo que lo convierte en mito futbolero. No puede equivocarse ya. No puede dar pasos en falso como jugador, y su éxito en México 1986, especialmente sus dos goles históricos ante Inglaterra, mucho más que un rival deportivo para los argentinos, y por la factura de ambos, hasta lo han colocado en una situación de semidiós y hasta se ha conformado la Iglesia Maradoniana con ochenta mil fieles en todo el mundo.

Una de las últimas biografías escritas sobre Messi (1) y no casualmente publicadas en la Argentina, termina diciendo, a modo de elogio, que “Nunca alguien fue tan Maradona como Messi”, una forma de compararlos, pero al mismo tiempo, sostener que es prácticamente imposible alcanzar ese listón.

Una pregunta que podemos formularnos, a esta altura, es si efectivamente Messi quiere ser como Maradona. Tienen, en efecto, varios puntos de conexión, aunque cabe responder rápidamente que corresponden a tiempos distintos, formas de juego distintas, posiciones no exactamente iguales en el campo de juego, velocidades distintas, preparaciones físicas distintas, marcas distintas sobre ellos, tecnologías distintas asociadas al deporte.

César Luis Menotti, entrenador de la selección argentina que ganó el Mundial de 1978 como local, suele decir que si existió un Maradona en la Argentina es porque antes existió un José Manuel Moreno, un Enrique Omar Sívori, un Mario Kempes, a lo que podría agregarse que si Messi nació en la Argentina es por la misma razón y por la existencia de Maradona también.

Esto significa que los hechos no son casuales sino causales. Un punto de conexión entre dos supercracks de sus tiempos como Maradona y Messi pasa por su habilidad natural, cada uno en su contexto, con sus diferentes caracteres y filosofías de vida y hasta clase social.

Pero los dos nacen como consecuencia de una primera conformación de un estilo propio de juego, argentino, criollo, opuesto al inglés, que tiene como fundamento el juego al ras del suelo, la gambeta (superar al rival en el “uno contra uno”), la imprevisión y la creatividad.

El reconocido periodista Borocotó, de la revista argentina “El Gráfico” (2), utilizó la figura de “El Pibe” para describir a partir de él la frescura, la espontaneidad y la libertad en el jovencito que juega al fútbol, asociados a la infancia, a la primera adolescencia. Se trata de un juego despreocupado, sin maestros, como se solía jugar desde la perspectiva inglesa, la que trajo el fútbol al puerto del Río de la Plata.

Desde este punto de vista es que el antropólogo argentino Eduardo Archetti sostiene que Maradona es un Pibe y nunca dejará de serlo y representa un estado de perfección y de libertad cuando dejamos de lado aspectos negativos de alguien. Ser un Pibe, entonces, también es sentir la presión que viene de la propia familia, la escuela y la sociedad y asimismo, ser imperfecto, pero estas imperfecciones se relacionan con lo que se espera de una persona madura y Maradona, se sabe, no es perfecto como hombre, pero es perfecto como jugador.

A estos efectos de la definición de “Pibe”,  de un fútbol que se convierte en aspiracional desde lo socioeconómico en un país como la Argentina en el que el fútbol representa un modo de ascender en el escalafón por mérito propio, Maradona lo personifica como pocos, describiendo acaso la historia perfecta, ésa que se origina en una zona muy humilde, naciendo en las llamadas “Villas Miseria” en el gran Buenos Aires, hasta llegar a la ostentación del lujo, caer estrepitosamente, devorado por un sistema que nunca lo preparó para ese lugar de privilegio, y volver a recuperarse desde su propia lucha interior.

Si puede decirse que Maradona representa la síntesis de tantos cracks que lo antecedieron, parece estar más cerca de Sívori, o del huesudo y habilidoso wing derecho de los años setenta René Orlando Houseman (campeón mundial en 1978), o de su ídolo de la infancia, Ricardo Bochini (el mítico jugador de Independiente, máximo ídolo de su historia), por lo general, jugadores poco afectos a la disciplina colectiva y resolutivos desde su individualidad.

Si Maradona representa al “Pibe” por naturaleza, Messi, décadas más tarde, será más un “Niño” ligado al amor intrínseco por el juego, sin ninguna otra connotación. Por esta razón es que su tremenda capacidad de llevar el balón acaba rompiendo con cualquier esquema, aún aquellos que derivaron en toda clase de títulos nacionales e internacionales para el Barcelona.

Algunos llegaron a comparar la relación de Messi con la pelota como la de un perro cuando juega con ella, que sólo fija la vista en el objeto y no quiere que nadie se la quite, porque el vínculo que el crack del Barcelona establece con el balón es estrictamente lúdico.

Sin embargo, pocos jugadores en la historia del fútbol han sido tan generosos con sus compañeros como Messi. Tiene la extraña habilidad de servir a un sistema táctico si es necesario, y ha resignado partidos enteros con posibilidades de marcar para asistir a otros cuando la situación lo requiere.

Pocas veces, un jugador tan brillante y tan desequilibrante, aún cuando su juego le costara el lugar a otros cracks del equipo como Samuel Eto’o, David Villa o Zlatan Ibrahimovic, ha sido una pieza tan clave para un sistema colectivo, y en esto puede decirse que los genes de Messi tienen un parecido mayor a Alfredo Di Stéfano, en sus tiempos gloriosos de Real Madrid.

Messi no sólo se parece a Di Stéfano en esto, sino en muchas otras circunstancias, al menos hasta ahora. Ambos desarrollaron su carrera en el exterior, en la Liga Española, y ambos trascendieron por lo hecho en sus clubes y no tuvieron, uno casi en toda su carrera, y el otro en años, una gran identificación con sus selecciones argentinas.

Ambos, Maradona y Messi, tuvieron luchas interiores muy duras, aunque distintas.
Maradona deja de ser “Pibe” cuando salta al fútbol europeo, cuando se curte con el desencanto de ser dejado (sin explicaciones valederas) fuera del Mundial 1978 cuando ya era una estrella y goleador del torneo argentino, y cuando debe tener sus primeros enfrentamientos con la prensa europea y con el polémico presidente del Barcelona, Josep LLuis Nuñez.

A partir de allí, se transforma en un Poder en sí mismo, mediático, futbolístico, que crece en la medida que se convierte en el “salvador” de Nápoles, en su máximo estandarte que excede al fútbol, y se le planta a la mismísima FIFA, especialmente al ganar el Mundial de 1986.

Pero tendrá siempre un espíritu contestatario producto de su crianza, de sus inicios con limitaciones económicas, su “consciencia de clase” futbolera, ese desplazarse por los medios con la irreverencia que lo acerca al mito de James Dean y la “eterna juventud”.
Maradona y Messi se conectan también en que los dos son cracks producto de un país como la Argentina que exporta carne humana (artistas, bailarines, científicos), pero provienen de tiempos distintos.

Pese a su pobreza iniciática, Maradona proviene de la Argentina de los años setenta, aún rica, con una crisis incipiente, pero en la que en la propia “Villa Miseria” hay asados, y los padres de los amigos llevan equipos enteros de chicos en sus camionetas gastadas, pero propias al fin.

Messi, por el contrario, proviene de una clase media baja de Rosario, cuyo padre trabajaba en una empresa estatal y su madre era ama de casa, pero ya nacido en una Argentina en el umbral de una crisis terminal, que al año de irse a Barcelona, derivaría en un cambio de paradigma como consecuencia de veinticinco años de un plan económico que favoreció a las grandes potencias que se llevaron buena parte de sus riquezas, dejándole al paìs una deuda descomunal.

En esos paradigmas culturales no es ilógico que Maradona resulte más curioso con el mundo que lo rodea, que se haya granjeado enemistades al admitir que se llegó a plantear dejar de ser futbolista luego de ver las condiciones de vida del Africa con una gira con Boca Juniors en 1981, o manifestar su idolatría por Fidel Castro luego de un viaje a Cuba en 1987, o cuando intentó formar un sindicato internacional de futbolistas paralelo al FIFPRO, al que vio demasiado poco contestatario con el Poder, o cuando se quejó por los privilegios de la Iglesia.

Ese mismo contexto de declaraciones altisonantes le permite a Maradona, hasta el día de hoy, manifestar más su competitividad con su entorno, y ni siquiera Messi, que pertenece a otro tiempo, queda al margen de la situación, ante la chance certera (especialmente con el Mundial de Brasil a la vista) de que lo pueda superar como estrella del fútbol mundial.

Esto apareció nítidamente cuando Maradona y Messi compartieron el pasado Mundial de Sudáfrica 2010 y los dos años previos del ciclo, cuando Maradona fue entrenador de la selección nacional.

Si para el afuera siempre la relación apareció como afectuosa, diplomática, muchos descubrieron otros ricos elementos en ella. Desde aquella frase de Maradona de que la selección argentina es “(Javier) Mascherano y diez más”, hasta seguir manteniendo la capitanía en el hoy defensor del Barcelona, o un esquema táctico que no favorecía al crack y que le daba a Carlos Tévez (quien más medía en la popularidad de los argentinos según los sponsors)  un gran protagonismo.

Messi tuvo otras luchas que Maradona, más internas, más cerradas, menos sociales, más particulares, desde su imposibilidad de crecer y la necesidad de una hormona específica, que derivó en una gran polémica, primero con su club, Newell’s Old Boys, y luego su viaje definitivo a Barcelona, que le costeó el tratamiento, su dura adaptación a la nueva realidad (de la que se hace mención en muchas de las biografías que aparecieron en estos últimos años), con la separación familiar de hecho, incluída, con su madre y hermana regresando a vivir a Rosario, y más adelante, abriéndose camino en la selección nacional, cuando los medios, vinculados al maradonismo y a la estéril comparación entre los dos cracks, cerraron toda posibilidad de acercarse, en el afecto popular, al gran mito de la argentinidad.

Sin embargo, pasado el fracaso de la selección argentina en el Mundial 2010, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) comprendió al fin que Messi necesitaba el mismo respaldo que Maradona había tenido en sus tiempos de fulgor y primero designó a un entrenador afín, como Sergio Batista, y luego de otro fracaso como la eliminación en la Copa América de 2011 en condición de local, a Alejandro Sabella.

Estos últimos años de selección argentina encontraron a Messi en constante evolución personal y futbolística, fue padre, cambiaron algunas situaciones en su vida, y aún sin ser una voz altisonante como Maradona, se convirtió en líder del vestuario por derecho propio y por rendimientos futbolísticos para el asombro, y respetado y entendido por Sabella, tuvo su día fundacional para su relación con los argentinos cuando se sobrepuso al tremendo calor en Barranquilla y se hizo cargo del equipo que dio vuelta el resultado ante Colombia por la clasificación mundialista en 2012.

Ya no se pudo detener, desde ese momento, la escala de Messi a la categoría de ídolo y aquellas virtudes que antes aparecían teñidas de azulgrana, del Barcelona, como parte de un ser extraño que vivía lejos del país y al que nada parecía importarle, ahora se resaltaban como parte de una nueva argentinidad.

Messi había estado cerca de pensar en dejar de aceptar ser convocado a la selección argentina cuando más de una vez, en sus cruces del Océano Atlántico, se había encontrado con un ambiente indiferente, cuando no hostil, y con una prensa que no lo defendía y que constantemente lo comparaba con el mito viviente. Pero se sobrepuso y tal vez el Mundial de Brasil, lo encumbre todavía más.

Uno, Maradona, es la argentinidad. Representa cabalmente al argentino medio. Es polémico, sentimental, cambiante, sagaz, ocurrente, punzante, divertido, soberbio, melancólico, contestatario, competitivo, y lo ha ganado todo y en el momento perfecto ante el rival soñado.

El otro, Messi, es tímido, taciturno, familiero, sencillo, cumplidor, disciplinado, sistémico, solidario, profesional, inquebrantable, de bajo perfil y con una ocasión perfecta, como un Mundial en Brasil, y a la misma edad con la que Maradona triunfó en México 1986, para convertirse en mito.

Uno tenía un guante en el pie, una pegada lujosa, una precisión milagrosa, un talento especial para la improvisación (Maradona). El otro, la capacidad para llevar al balón pegado al pie a gran velocidad, un jugador con el talento de la era de la PlayStation (Messi).

Si la pelota para Maradona, en el siglo XX, es la prolongación de su prodigiosa zurda, para Messi, en el Siglo XXI, ya es casi parte constitutiva de su cuerpo.
¿Puede Messi convivir con Maradona?

Ambos son argentinos, supercracks, producto de los mismos genes, pero dos vidas diferentes, en contextos diferentes.

(1)  “Messi, el distinto”, Marcelo Sottile, Diario Olé, 2013

(2)  Revista fundada en 1919 y aún en circulación, de gran influencia en la Argentina y el continente sudamericano para los amantes del fútbol y todas las actividades deportivas.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Argentina tuvo a Di María y arruinó la fiesta alemana (Jornada)



Para la idiosincrasia argentina, participar en el fútbol en los festejos ajenos no suele causar mucha gracia. Lo saben bien los italianos, que lo padecieron en su propio Mundial, en aquellas semifinales de 1990 con aquel “siamo fuori”, los chilenos, en los dos partidos de la Copa América 1991 y ahora lo conocen los alemanes.

Todo estaba preparado, en Düsseldorf, como para festejar, y nada menos que ante los vencidos hace menos de dos meses en la final del Mundial de Brasil en el Maracaná, despedir a Philipp Lahm, Miroslav Klose y Per Mertesacker, que se retiraban de la “mannschaft”, y para el aplauso de los recientes campeones mundiales, pero se encontraron con una selección argentina concentrada, bien parada y especialmente con lo que no pudo tener en aquel partido decisivo de Río de Janeiro: un ataque contundente. El final, no fue el esperado por los germanos: 2-4 que pudo ser peor.
Más allá de que se trató del contexto de un partido amistoso, y de inicio de temporada y con muchas ausencias en ambos lados, hay elementos más que positivos para rescatar de este auspicioso debut de la selección argentina en esta nueva etapa con Gerardo Martino a cargo del equipo, y aún cuando no pudo contar con su máxima estrella, Lionel Messi.

El punto más alto fue, sin dudas, Angel Di María, en una etapa que lo encuentra en su plenitud. Recientemente adquirido su pase por el Manchester United, con una amplia gama de recursos, desde la velocidad, la gambeta, la asistencia y el gol. Un recital del rosarino que se va convirtiendo en uno de los mejores atacantes del planeta y que deja planteada la hipótesis de lo que pudo ser en aquella final de julio de haber podido estar presente, superando la lesión.

Pero Di María no jugó solo, en otro de los importantes cambios desde las fases finales del Mundial para el equipo argentino. Martino, tal como lo anticipó en la conferencia de prensa previa, optó por un 4-3-3 flexible, aunque no tan tradicional, a la usanza argentina, porque los tres del medio sí se parecieron al esquema del Mundial, más para la marca que para el juego ofensivo (Enzo Pérez, Lucas Biglia y Javier Mascherano), pero aportando lo suyo desde su lugar como para permitir la salida de Pablo Zabaleta y Marcos Rojo por los laterales.

Di María contó con buenas asociaciones con un Sergio Agüero ya más recuperado, como puede observarse en sus últimos partidos en el Manchester City, y con la sorpresa de uno de los dos “extra-mundialistas”, convocado a último momento por las bajas albicelestes, un Erik Lamela ya más maduro y con muy importante presencia en el dominio de la pelota y como complemento por izquierda en la ofensiva.
Así, en un partido que de entrada fue de ida y vuelta, el equipo argentino fue más contundente que el alemán, aunque su talón de Aquiles estuvo atrás, con Martín Demichelis y Sergio Romero algo desconcentrados, con errores que no pudieron aprovechar ni Marco Reus ni especialmente Mario Gómez.

Ya en el segundo tiempo, el equipo argentino, ante el desconcierto de los alemanes que poblaron el estadio, llegó a estar con un exagerado 0-4 arriba, que presagiaba lo peor para los locales en el día menos pensado, pero lentamente los jugadores argentinos fueron acusando el cansancio, los cambios ya no tuvieron el mismo nivel, y al revés, el entrenador Joakim Löw hizo ingresar a Mario Götze, Tomas Müller y Lucas Podolski, y ya con Hugo Campagnaro y Mariano Andújar como suplentes, todo fue distinto y terminó en un 2-4 un poco más ajustado a la realidad.

Para el equipo argentino fue un buen ensayo, para sacar muy buenas conclusiones y pensar en un panorama muy interesante si se sigue trabajando en la misma línea, especialmente en el trabajo en bloque de Mascherano-Biglia-Pérez, el trabajo de los laterales, y seguir profundizando en la línea de un 4-3-3, acaso con Lamela y tres delanteros cuando Martino pueda contar con todos y pueda regresar a la fórmula exitosa de Sabella durante la etapa clasificatoria al Mundial de Brasil.

El entrenador viene sosteniendo que para los próximos dos partidos de octubre (en Pekín ante Brasil y en Hong Kong ante los locales) podrá tener más días de trabajo en conjunto y acaso pueda ir aceitando su propio modelo, acaso ya con una primera convocatoria de nuevos jugadores jóvenes y que crea conveniente para sumarse a la base existente, y acaso cuente también con el plantel de estrellas completo.


Por ahora, el debut ha sido más que positivo, y la selección argentina, en un contexto de partido amistoso que poco tiene que ver con aquella final del Mundial, al menos no fue un mero partenaire de la fiesta ajena. Todo lo contrario. Terminó haciéndola suya y demostró que el fútbol albiceleste sigue siendo más que respetable. No es poco.

martes, 2 de septiembre de 2014

De ganas, cargas y sobrecargas (Jornada)



El comunicado médico del FC Barcelona, que aclara al final que cada informe cuenta “con el consentimiento de los jugadores”, dice que Lionel Messi tiene una “sobrecarga” en el abductor derecho y que por esa razón es “baja por precaución”, razón esgrimida por el capitán de la selección argentina para no poder jugar en el amistoso ante Alemania, de mañana, en Düsseldorf.

De esta forma, Messi se quedará en Barcelona, tampoco participó en Roma del Partido por la Paz, que organizaron anoche la Fundación PUPI, de Javier Zanetti y el Papa Francisco, en el que habría coincidido con Diego Maradona y también habría sido dirigido por Gerardo “Tata” Martino,  y no formará parte de la delegación argentina en el inicio del nuevo ciclo con miras al Mundial de Rusia 2018.

Se entiende que si Messi no está en condiciones de jugar, no entre al campo de juego, pero ¿no debió concurrir a sumarse a sus compañeros de equipo, siendo el capitán? Si se supone que de todos modos, la sobrecarga le debería impedir entrenarse con el Barcelona, y cuando no hay jornada de Liga en el fin de semana que viene, ¿cuál sería el motivo para no acompañar a la delegación y en cambio que sí lo haga Maxi Rodríguez, igualmente lesionado, pero que viajó desde la Argentina tanto para estar en Düsseldorf como en Roma, acompañando el partido del Papa?

Desde que se conoció que Messi padecía esta sorpresiva “sobrecarga”, que en ningún momento del partido ante Villarreal en El Madrigal se evidenció, y hasta participó sobre el final con absoluto protagonismo en el gol del juvenil Sandro, que le dio la victoria a su equipo, se sucedieron infinidad de rumores, que no benefician al supercrack argentino, pero que van en línea con lo que ya se venía insistiendo desde la temporada pasada con respecto a su producción en el Barcelona.

Por un lado, algunos allegados al círculo íntimo de Martino sostienen que la relación entre el entrenador y el jugador es muy buena en lo personal pero en lo futbolístico no todo iría por el mismo lado y hubo cierto cuestionamiento (algo que también habría ocurrido con Alejandro Sabella en el final del Mundial) al sistema de juego del equipo, que acabó sin títulos y con una necesidad de un recambio generacional.

Por otro carril, también se especula con un compromiso tácito del establecimiento del equilibrio por haber inclinado demasiado la balanza, en la temporada pasada, a favor de la selección argentina, en un año mundialista, para dar ahora más lugar a su equipo, con un nuevo entrenador y la necesidad de reposicionarse en la élite.

Otros recuerdan que cuando se inició el ciclo de Sergio Batista al frente de la selección argentina, y sin ser capitán aún, Messi dejó la gira del Barcelona en Asia para sumarse al partido ante Irlanda, una manera de mostrar su apoyo incondicional a la nueva etapa.
Incluso, se llegó a señalar que el hecho de que Martino le haya abierto la puerta a Carlos Tévez podría ser un motivo de influencia y hay hasta quienes vincularon su ausencia a un par de presencias en el partido de Roma.

Se llegó a decir que el crack está dolido por algunas críticas de la prensa argentina por sus actuaciones en el Mundial y que por eso meditaría tomarse un año sabático, limitar las convocatorias y ser selectivo en ellas o directamente, no volver a vestir de albiceleste.

Todo esto fue desmentido por su entorno más cercano y hasta una altísima fuente, si bien negó la especie, citó ante Jornada una enigmática frase: “No es cierto pero si insisten tanto, lo van a conseguir”.

Lo cierto es que el futuro de Messi en esta etapa de la selección argentina hasta Rusia 2018 parece lleno de nubarrones, que sólo el tiempo podrá despejarlos, o no.