sábado, 11 de octubre de 2014

Ante Brasil, algunos pasos hacia atrás



A esta altura del ciclo del seleccionado argentino, perder no es lo peor, ni siquiera aunque el rival sea nada menos que el gran clásico rival, Brasil. Tampoco, que el resultado haya sido por dos goles de diferencia y que haya podido ser mucho más amplio, aún sin merecerlo.

El mayor déficit del equipo de Gerardo Martino proviene de que han comenzado a aparecer algunas fallas en el sistema que pueden ser importantes si no se corrigen a tiempo, en especial, dos de ellas: lo posicional, y el marcaje.

Hoy, aunque el resultado indique lo contrario, el mejor equipo que pueda armar el fútbol argentino es mejor que el que pueda armar Brasil. Es una cuestión generacional, acaso con algo de fortuito (aunque suele haber siempre cuestiones causales antes que casuales en todo fenómeno social, por más pequeño que resulte), pero en estos años es así, porque Martino cuenta con una pluralidad mayor en calidad que Dunga a la hora de elegir a sus dirigidos.

Así es que para este Superclásico de las Américas de Pekín, luego de mucho tiempo, el equipo argentino llegaba como favorito ante el brasileño y los primeros veinte minutos demostraron por qué.

El conjunto argentino no sólo tuvo casi total dominio de la pelota, sino que tuvo gran precisión en velocidad y creó varias ocasiones de gol, pero como en la final del Mundial, ante los alemanes, incluso con más reiteración, esas jugadas no se concretaron, la presión bajó, los rivales comenzaron a respirar y a alejarse de su área, y se fueron encontrando con errores defensivos que capitalizaron a partir de la contundencia de Diego Tardelli (¿por qué no jugó en vez de Fred en el Mundial?) y la gran habilidad de Neymar.

Es saludable (lo dijimos antes del partido y lo decimos ahora que ya terminó) que el seleccionado argentino intente jugar con un número diez, sea Erik Lamela, Javier Pastore, o que baje unos metros Lionel Messi. Pero un armador de juego, alguien que pueda organizar al equipo en ataque, aunque ya no sea el diez que hemos conocido hasta hace muy poco y que hoy ya lucen en su camiseta los muy veteranos como Juan Riquelme, Pablo Aimar o Andrés D’alessandro, permite que el juego ya no sea tan vertiginoso y de ida y vuelta como en casi todo el ciclo anterior con Alejandro Sabella, a excepción de los cuatro partidos finales del Mundial 2014.

Eso no genera que el equipo argentino sea menos ofensivo sino al contrario. Hace que además de un armador, o un jugador cercano a la línea del ataque pero con mayor dominio de balón, se sume a Messi, a Agüero o Higuaín, a un volante con llegada por la derecha (en este caso, Roberto Pereyra), y a Angel Di María por el otro lado. Prácticamente, cinco jugadores para atacar contra cuatro del ciclo anterior.

Lo que sucedió ahora es que el equipo argentino se desequilibró un poco en sus espaldas, todavía no encontró rodaje para este cambio, que habrá que seguir viendo si seguirá de esta forma o ya para los partidos de noviembre retornará Lucas Biglia para acompañar a Javier Mascherano (no es seguro, porque Fernando Gago sí viajó a Pekín pero Martino no dispuso de él), y en especial, tuvo serios problemas en algunas marcas.

Se sabía, por cómo han sido siempre los equipos de Dunga, que Brasil apostaría al error, y en esta oportunidad, hubo muchos en el fondo. En el primer gol, Federico Fernández chocó con pablo Zabaleta en un despeje, dejando solo a Tardelli, y en el segundo, David Luiz, siendo de más baja estatura, le gana claramente el salto al mismo Fernñández para bajarle la pelota a Tardelli.

Del otro lado del campo, preocupa que Agüero continue en una mala racha, y que Messi parezca el de los últimos tiempos en el Barcelona (por más que los medios catalanes lo ensalcen a base de puras estadísticas para un jugador que sobra, con poco, al resto de sus compañeros y rivales), pero son delanteros que siempre han convertido y que así como fallaron, pueden volver a su contundencia habitual.

Los mayores problemas pasan por los altibajos durante el partido, de veinte minutos excelentes y de ritmo sostenido, a una desaparición formal en casi todo el campo y desconexión en las líneas, dando lugar a intentos individuales o remates de media distancia, o una zaga central que no dio nunca mucha seguridad.

Este Brasil no es como otros que metían miedo. Es, más bien, un equipo utilitario, dispuesto a sacar partido de sus mejores jugadores, y de cada error del adversario pero poco más.

Este seleccionado argentino había tenido un auspicioso comienzo ante Alemania y parecía que repetía la actuación aquella en los primeros minutos ante Brasil, pero luego apareció otra faceta, que habrá que estudiar y trabajar para generar los cambios necesarios.

Perder es una anécdota y no es más que un amistoso, aunque a nadie le guste. Lo importante, ahora, es no perder de vista el manejo de los espacios, el no descuidar las espaldas, tener una defensa segura, y que en el ataque jueguen los que mejor están, sin atarse a los nombres rutilantes.

Jugadores hay, y tiempo, por ahora, también.

miércoles, 8 de octubre de 2014

En la Feria del Libro de Mendoza

Hoy a las 16 hs estaré desertando sobre fútbol como pasión nacional, junto a Víctor Hugo Morales, moderados por el director del diario Jornada, Roberto Suárez, en el marco de la Feria del Libro de Mendoza.

El fútbol, la gran pasión nacional (Jornada)



Un sábado de agosto, ya de regreso del Mundial de Brasil, este cronista fue despertado, muy temprano, con una melodía que alcanzó a reconocer entre el sueño y el desconcierto.

Una banda militar estaba por ingresar al predio de La Rural, en el barrio porteño de Palermo, al ritmo de “Brasil, decime qué se siente”, con música original de Creedence.

A los pocos días, unos amigos relataron que no era la primera vez que en uno de los desfiles patrios, mucho más formal, otra banda ejecutó la misma melodía, marchando entre la gente.

Esa canción, repetida hasta el cansancio durante el Mundial, llegó a ser coreada en un mítico Fan Fest de Copacabana, el día anterior a la final del Mundial, por cien mil argentinos con camisetas celestes y blancas y de colores de sus distintos equipos.

Al margen de los partidos, si hay algo extra deportivo que debe ser señalado como espectacular durante el pasado Mundial fue la invasión de argentinos al Brasil, con y sin entrada, lo que hizo que el gran periodista carioca columnista de O Globo, Fernando Calasanz, pese a la histórica rivalidad, afirmara que en el partido decisivo ante Alemania no podía hinchar por otro equipo que no fuera el argentino, al notar el conmovedor esfuerzo de su gente por llegar, algunos sin recursos, sacrificando todo para poder estar presente y acompañar a su selección.

Si hay algo que se mantiene incólume en el fútbol argentino es la pasión, acaso transformada desde los años 90 con una idea distinta del hincha, en algún caso, pasando desde el “fana” (aquel que prefería meter la cabeza en la masa para pasar desapercibido en la tribuna, y con timidez admitía que era fanático de tal o cual equipo) al “fan” (el que busca mostrarse hincha, quiere que se note su pertenencia, lleva puesta la camiseta y es más proclive a aparecer en medios de comunicación para mostrar su devoción y hasta para enviar un recado a su rival, gracias a la expansión de los medios masivos de comunicación).

Las camisetas, las banderas, los “trapos”, forman parte ya de una liturgia que para algunos estudiosos va tomando forma de religión del siglo XXI.  Los hinchas lloran por una derrota que huela a descenso, de emoción por un ascenso, un título, un triunfo importante. No comen ni duermen, polemizan hasta la mínima jugada, como ocurrió en el interminable último superclásico, y suelen ver “manos negras” siempre en contra de los suyos, y ayudas en los rivales.

En el verano europeo pasado, en el festival “Offside” de cine relacionado con el fútbol, en Barcelona, se exhibió la gran película “El otro fútbol”, en la que Federico Peretti recorrió el país, de punta a punta, para mostrar distintos aspectos de la idiosincrasia argentina: desde un policía que se da vuelta, pese a que custodia la tribuna, para poder ver un tiro libre, hasta un jovencito trepado a lo más alto del alambrado en cualquier cancha casi sin césped, y con escasas tribunas. Todo vale.

Las canciones de los hinchas argentinos son copiadas en toda América, con algunas cadencias, o ritmos más lentos, y por la Europa latina, adaptadas a los distintos idiomas o idiosincrasias, aunque muchos no conozcan a nuestros Calamaros, Fitos, Giecos o Heredias.

Y si se tiene en cuenta que el fútbol argentino sufre cada seis meses una sangría tremenda, por la marcha al exterior de cracks y de promesas y hasta de los que seguramente regresarán al poco tiempo al comprobar que no eran para tanto o que no estaban maduros, que las condiciones organizativas para viajar, ingresar a los estadios sin horarios claros ni días seguros, dejan mucho que desear, y que ni siquiera se puede estar seguro de regresar con vida una vez terminado el “espectáculo”, vaya si se trata de pasión.

Ni qué hablar de querer conocer la situación económica de los clubes, o por qué contratan a fulano en vez de mengano o perengano, o por qué no atacan cuando el empate no parece alcanzar y la situación parece dar para más.

El hincha argentino lo es a prueba de balas, de malos resultados, de organizaciones penosas, de emigraciones constantes, de hábitats peligrosos, y al margen de sus equipos, y de un modo distinto, a veces de reojo, aunque los mundiales, o los grandes torneos, o los clásicos de renombre, lo es también de la selección cuando siente que su presencia es necesaria, y mucho más aún cuando se identifica con su juego, con su entrenador o con algunos de sus jugadores, o como mínimo, tiene esperanza en uno o varios de ellos.

Es difícil pretender una mirada fría, del fútbol, por parte de un hincha argentino. A veces es tan conmovedor, que aparece en momentos impensados como aquel descanso de la final del Mundial 1994 entre Brasil e Italia, que aburrían con un inamovible cero a cero. Hubo un silencio, en el intenso calor del Rose Bowl de Pasadena, y en un codo, de repente, un grupete de cien, doscientas personas, comenzó a agitar sus remeras, sus camisas, al grito de “ohhhh, Argentina, es un sentimiento, no puedo parar”.

La pasión es inexplicable, aunque viene de muy lejos, de cuando los “locos” ingleses, a través del puerto, introdujeron el fútbol en estas costas y jamás hubieran imaginado que en pocos años, un estilo distinto los iría quitando del mapa, hasta superarlos para dar lugar a todo tipo de polémicas, debates, conferencias, ponencias, guiones, películas, libros, enciclopedias, obras de teatro, fotografías, ríos de tinta, papers, tesis, pero también gente abrazada, que reza por un resultado, que espera un milagro, que se persigna.

Hasta el Papa Francisco se permitió bromear en El Vaticano con un éxito de su San Lorenzo. El fútbol da para todo, hasta para la comparación del gol con el orgasmo, o la gran pregunta del español Vicente Verdú si acaso el festejo de un gol no simboliza al que conquistó en tierras enemigas y regresa a la propia para contarlo.


El fútbol argentino, a lo largo de poco menos de un siglo y medio, fue construyendo una cultura propia, que superará y poco le importará todo este análisis para sumergirse una vez más, en la pasión, cuando la pelota vuelva a rodar.

domingo, 5 de octubre de 2014

El fenomenal inicio de temporada de Cristiano Ronaldo (Yahoo)



Parece que al espíritu insaciable del delantero portugués Cristiano Ronaldo, no le alcanza con haber ganado, en enero pasado, su segundo Balón de Oro FIFA World Player. Los 17 goles convertidos en poco más de un mes, desde que se inició la temporada 2014/15, en el Real Madrid, son la prueba más cabal de que apunta a superarse y a que no tiene límites en su empeño para conseguirlo.

Cristiano Ronaldo está más que asentado en el Real Madrid, club en el que se ha convertido en ídolo total, y en el jugador más emblemático e importante desde los tiempos de gloria del club blanco con las cinco Copas de Europa consecutivas entre 1956 y 1960 con el argentino Alfredo Di Stéfano, recientemente fallecido.

El portugués captó la atención de la afición blanca desde el mismo día de su llegada, con una impresionante multitud que colmó el estadio Santiago Bernabeu aún cuando el entrenador era el ingeniero Manuel Pellegrini (ahora en el Manchester City) aunque eso parece haber ocurrido hace un siglo, y mucho tiempo ha transcurrido y mucho ha tenido que luchar Cristiano para arribar a la actualidad.

Cristiano no pudo ganar el título con Pellegrini porque le tocó coincidir con el gran Barcelona de Josep Guardiola y el reinado de Lionel Messi, con quien mantiene un duelo futbolístico espectacular y hasta un promedio de gol parecido entre ambas carreras, debió lidiar con ideas de ataque con las que no siempre coincidió, en tiempos como entrenador de su compatriota José Mourinho, hasta terminar muy enfrentados, y aunque siempre tuvo excepcionales marcas con la camiseta blanca, sus mejores años, los de mayor aplomo y tranquilidad, parecen ser los actuales, bajo la conducción técnica del experimentado italiano Carlo Ancelotti.

Aquél Cristiano de los tiempos de Mourinho, aceptaba en muchos casos jugar a recibir balones largos, desde muy lejos, apostando al contrataataque y apostar al error de los rivales, aunque con Ancelotti, el equipo se fue adelantando en el terreno de juego, y de a poco fue comenzando a aumentar su posesión del balón, y a llegar con mucha más continuidad y soltura hacia el arco rival, hasta conformar la actual temible delantera BBC (Bale, Benzema y Cristiano) que acaba de vapulear al Athletic de Bilbao (5-0) y, como tantas otras veces, con un hat-trick del portugués, ya acostumbrado a que esto sea absolutamente normal cuando dista mucho de serlo.

Se dijo en su momento que a Cristiano le favorecía el juego a balón largo. En verdad, no era tan cierto porque más de una vez, se vio en problemas cuando los rivales le achicaron el campo o cuando le quitaron el balón a su equipo sin dejarlo jugar. Fue en aquellos tiempos cuando aparecieron en los primeros planos de la TV los gestos del portugués con los brazos en forma de aspaviento, quejándose de la falta de oportunidades para convertir, y más para un delantero insaciable como él.

Hoy, esto no ocurre. Cristiano recibe muchos más balones por partido. Ante el Athletic, se pudo observar cómo en uno de los goles, el galés Gareth Bale, en su carrera por la punta derecha, en la segunda parte, pudo levantar la cabeza y observarlo dos veces, para saber a dónde colocar con precisión su asistencia que, obviamente, concluyó en gol.

Más allá de que el Real Madrid perdió jugadores muy importantes en la creatividad como Mesut Özil primero, y Ángel Di María después, no es menos cierto que James Rodríguez e Isco, también pueden cumplir una función importante de enlace con los delanteros.

Pero si hay un hecho fundamental en el rendimiento de Cristiano, es la obtención de la ansiada Décima Champions League, a finales de la temporada pasada, por el Real Madrid, en una durísima final ante el Atlético, que estuvo a punto de perder.
Este título serenó al equipo y le dio amplias posibilidades de crecer, sin la presión que significa buscar un título tan importante. Cristiano, además, tiene en diciembre la posibilidad de una nueva vidriera, el Mundial de Clubes de Marruecos.

El próximo 18 de noviembre, además, se avecina un partido de campanillas. Un amistoso entre las selecciones de Argentina y Portugal y nada menos que en un escenario que dará que hablar: Old Trafford, el Teatro de los Sueños de Manchester, que enfrentará a Cristiano y su gran rival en los goles, Lionel Messi, y en el estadio del club que lo tuvo como gran estrella, el Manchester United, que busca su retorno para la temporada que viene.

Cristiano ha debutado antes que Messi en el fútbol profesional, pero en goles tienen carreras casi similares. El portugués lleva 442 goles en 694 partidos (un promedio de 0,63), mientras que el argentino lleva 403 en 527 (0,76).

En esta temporada, Cristiano lleva 17 goles, una cifra que muchos jugadores ansían para una temporada completa, mientras que Messi lleva 6, y junto con el brasileño Neymar (7), han totalizado en Liga Española la misma cantidad que el portugués.
Todo indica que, más allá de lo que pueda ocurrir, el inicio de temporada de Cristiano Ronaldo es espectacular y una muestra cabal de su poder de su fuerza y sus deseos de superación.



domingo, 28 de septiembre de 2014

Al fútbol argentino le sobran goleadores (Yahoo)



Las primeras planas del fin de semana, en los medios argentinos y no pocos de todo el mundo, en lo que respecta al deporte, se refirieron a que Lionel Messi, en el Barcelona, superó los 400 goles en su carrera profesional (739 tomando su etapa juvenil) a los 27 años, en la goleada de 6-0 ante el Granada en el Camp Nou.

Messi regresará a la selección argentina el próximo 11 de octubre, en un partido amistoso llamado “Superclásico de las Américas” ante Brasil, en Pekín, que será su primera aparición en el equipo albiceleste tras la final del Mundial, el 13 de julio pasado, ante Alemania, pero no está confirmada su presencia en el segundo partido de la serie, en Hong Kong, ante el conjunto nacional local.

Es que Messi le dio prioridad a su selección sobre el Barcelona, o al menos eso es lo que se dedujo de su temporada pasada, en la que se preparaba para el Mundial, y ahora que se reencontró con Gerardo “Tata” Martino en el equipo albiceleste, viene planteando la necesidad de repartir las cargas con su equipo en un tiempo algo más liviano con los albicelestes.

Seguramente en esta gira asiática de octubre, Messi y Martino, junto con otros jugadores argentinos de peso, podrán terminar de dialogar acerca de una posible futura convocatoria de Carlos Tévez, del que nunca se supo, oficialmente, un motivo claro de su ausencia en Brasil 2014.

Por toda respuesta, el entonces entrenador de la selección argentina, Alejandro Sabella, dijo siempre que “el grupo está cerrado”, lo que dio lugar a que se interpretara que la ausencia del jugador de la Juventus no obedecía a razones deportivas sino a no tener una gran relación con los referentes.

El presente de Tévez es cada vez mejor en la Juventus aunque ya tuvo una muy buena temporada en 2013/14, cuando ganó el Scudetto, mientras que ahora va puntero de la Serie A con puntaje ideal, y el delantero argentino lleva seis goles entre la Liga y la Champions en seis partidos oficiales jugados en la temporada. En su carrera lleva ya 238 goles, y entre todos los futbolistas en actividad, es uno de los que más títulos ha ganado (Scudetto, Premier League, torneos argentinos, Brasileirao, Copa Sudamericana, Copa Libertadores, Intercontinental, Mundial de Clubes, Champions League y Juegos Olímpicos).

Tévez iba a ser citado ya para la gira asiática, luego de que Martino defendiera su convocatoria ante la prensa y no dejara dudas sobre que quien toma las decisiones es él y que el jugador es de su gusto y que no depende de lo que digan los referentes.
Sin embargo, a último momento la convocatoria quedó atrás, sin que se dijera por qué. Apenas se manifestó que “por ahora no” y que “se lo sigue observando”. Muy confuso para lo evidente que era que el delantero de la Juventus participaría del nuevo ciclo desde el inicio.

Por un lado, se dijo que Martino se molestó con que la prensa, por una información filtrada por un dirigente del entorno de la selección argentina, adelantara que la AFA ya había pedido las tallas de Tévez a la Juventus para diseñar la indumentaria oficial, y por otro, se reveló que el tema pasa por una conformidad definitiva del plantel a la llegada de un jugador que habría sido resistido hasta hace muy pocos meses.

Pero Tévez no es el único jugador que desata polémicas. Otro es el potente delantero del Inter, Mauro Icardi, envuelto en las noticias del corazón, por estar involucrado con la ex esposa de otro buen delantero argentino, actualmente en el Chievo Verona y ex campeón de la Champions con el Barcelona en 2006, Maxi López.
Icardi, desde hace más de un año, no ha escatimado un lugar en los grandes medios para aparecer en actitudes provocativas sobre su vida privada y eso, en los códigos del fútbol, lo fue alejando de una posibilidad mundialista para Brasil, de la que futbolísticamente no estaba lejos.

Ahora, a Icardi se le presenta una nueva oportunidad con el cambio de entrenador de la selección argentina, y su rendimiento de los últimos meses, sumado a su muy buena técnica (que le valió llegar a La Masía antes de pasar al Calcio) y ya Martino dijo que lo evaluará por lo que juegue y no por lo que haga con su vida.

A estos jugadores, hay que sumar que Sergio Agüero viene recuperando su nivel en el Manchester City, a la vigencia goleadora de Gonzalo Higuaín en el Nápoli, la ductilidad de Rodrigo Palacio en el Inter, o las actuaciones de Ezequiel Lavezzi en el PSG, o el alto nivel que en el fútbol doméstico muestran interesantísimos delanteros como Ignacio Scocco (un viejo conocido de Martino, con quien fue campeón) en Newell’s Old Boys, y Lucas Pratto (Vélez Sársfield), acaso el mejor jugador del actual torneo argentino.

Y no hay que descuidar, en esa lista, a Gonzalo Bergessio (Sampdoria), Luciano Vietto (Villarreal), Germán Denis (Atalanta), Hernán Barcos (Gremio de Brasil), Franco Di Santo y su gran altura (Werder Bremen) y Leonardo Ulloa, una de las sensaciones de la Premier League, como uno de los máximos anotadores, jugando para el Leicester.
Y aún en el fútbol local no hay que dejar de lado lo que pueda ocurrir con Andrés Chávez (Boca Juniors), Gustavo Bou (Racing Club), Guido Carrillo (Estudiantes) o Silvio Romero (Lanús).


En el fútbol argentino si hay algo que sobran son goleadores, aunque sea irresistible la polémica que formas parte de la identidad nacional.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Panorama opuesto a 10 días del superclásico



¿Qué sucedería si el Superclásico se jugara hoy? Al menos, si es por la lógica (que en fútbol no existe pero que muchas veces condiciona por rendimientos e individualidades),  River Plate sería amplio favorito. No sólo para ganar sino para hacerlo por una importante diferencia de goles.

Hasta podría imaginarse un clásico aún con un desarrollo mucho más favorable para River, ante Boca Juniors, que ante Independiente en el partido de la semana pasada en el Monumental, porque los Rojos de Avellaneda, aún con muchísimas limitaciones y con un planteo equivocado, marcando con tres defensores, venían envalentonados por una buena racha que, como suele suceder en el fútbol argentino actual, no tenía más sustento que los resultados y una prensa que sólo se basa en ellos para un “análisis”.

Hoy, River es muchísimo más que Boca en todos los órdenes. El equipo de Marcelo Gallardo consiguió en pocos partidos, en poco tiempo de convivencia futbolera, un funcionamiento que pocos han conseguido en estos años, por momentos con galera y bastón, atreviéndose a elaborar juego que no se veía desde hacía mucho en las canchas argentinas, elevando los rendimientos individuales y con una gran seguridad en el traslado.

Puede decirse que el cambio de director técnico, desde el renunciante Ramón Díaz, a Gallardo, ha sido poco complicado debido a que con muchas críticas y algunas dudas, venía de ser campeón, lo que ya le daba un alivio particular, pero el nuevo entrenador decidió no quedarse en el simple recuerdo de un buen semestre y trató de darle su impronta, y elevó mucho más el nivel.

Boca, en cambio, vive tiempos traumáticos, como no tenía desde hace años. Desde 1998 llegaba prácticamente con títulos anuales hasta 2012, un tiempo glorioso que se va esfumando porque no terminó de encontrar los eslabones para el recambio desde el vestuario.

El jugador indicado en todos los aspectos, era sin dudas Sebastián Battaglia, joven en los tiempos de gloria, y por su puesto en el campo, posición exacta para el equilibrio desde su experiencia, pero una grave lesión lo hizo abandonar antes de tiempo.
Desde ese momento, se intentó con Juan Román Riquelme, Daniel “Cata Díaz”, pero ninguno ha logrado transmitir aquellos valores que hicieron de ese Boca un ciclo histórico y que no será fácil volver a alcanzar.

Este Boca navega en la mediocridad, en la búsqueda de tiempos exitosos desesperadamente, sin detenerse a pensar qué le sobra y qué necesita. Las divisiones inferiores (al contrario que en River, que no pesaban y ahora comienzan a dar frutos los Martínez, Boyé, Simeone, Kranevitter) son tenidas menos en cuenta, volvió a invertirse en jugadores “de mercado” antes de mirar a los propios y lo más importante, que en Boca hace mucho que no tiene lugar: el debate sobre a qué se quiere jugar.

Más allá de aquella frase de Mauricio Macri de “Un Boca Hegemónico”, ¿Qué se pretende, futbolísticamente? ¿Cuál es el proyecto? Porque a diferencia de River de los últimos años, que terminó descendiendo por primera y única vez en su historia, Boca no tiene esos problemas económicos y se encuentra en una posición de poder de la que no sacó, en este último tiempo, los réditos necesarios.

Los dirigentes de Boca repiten una lógica de contexto que no es tan aplicable como al resto de los clubes que compiten en el torneo. Boca no ha conseguido desplegar un buen fútbol desde hace años. Sus equipos han vuelto a confundir “garra” con reventar la pelota lejos, apretar los dientes y aguantar, que el arquero sacara lejos y fuerte, a dividir, no se dan tres pases seguidos, y teniendo la posibilidad de jugar con tres delanteros, un diez y un ocho de ataque, se ha preferido el maldito “doble cinco”, que a veces fue triple, dos nueves con despliegue y que muchas veces se han chocado, o un wing desalmado como Juan Manuel Martínez, pero no volcado a la punta sino como delantero cabal (que no es), esperando de él lo que ya se sabe que no dará, como no dio en Corinthians, otro grande en el que participó.

Boca pudo (y debería pretender) ser el Barcelona de Sudamérica. Por historia, poderío económico, y alivio futbolero, luego de todo lo ganado. El mejor ejemplo está en los extremos. Boca llegó a tener a Mouche, a Noir, a Gaitán, a Palacios, ahora a Martínez, pero juega con dos nueves, con volantes sin gol ni llegada, o ha apostado, en otro orden, a defensores que fue quemando en pocos partidos, hasta regalarlos o prestarlos hasta que se cansen y se busquen otros equipos (Burdisso, Pérez, Magallán, Caruzzo y tantos más). ¿No hay en todas las divisiones inferiores un buen marcador central? Y si es así, ¿para qué están esas inferiores? Lo que hay es gato encerrado y una necesidad de recurrir al mercado que no parece obedecer a cuestiones futboleras, precisamente.

Mientras Boca fue dilapidando una etapa de oro, River va volviendo de manera acelerada a lo que fue en el pasado, al revés que en el caso de Boca, apostando por una manera clásica de jugar, con seguridad en lo institucional (algo que no tuvo en un nefasto proceso de los últimos quince años), y eso se nota en el campo de juego.
Se ha tratado de comparar a este River con otros campeones de otro tiempo, pero cada época es distinta a la anterior y resulta complicado relacionarlas.  Algunos mencionan al River tricampeón 1996/97, pero creemos que aquél tenía individualidades que éste carece, aunque éste tenga jugadores que para el torneo local, y en este nivel de este momento, marquen una importante diferencia.

Otros lo han llevado a la comparación con el de Angel Labruna de 1975 y allí sí, nos resulta exagerado y tal vez, basado en el estado de lógica euforia que circula. Cabe recordar que aquel River contaba con cinco atacantes de enorme jerarquía, como Pedro González, Juan José López (un ocho de lujo y gol, que tranquilamente pudo ser diez), un tremendo goleador como Carlos Manuel Morete, luego reemplazado en el nacional por Leopoldo Luque, un diez de galera y bastón, uno de los mejores de la historia del fútbol argentino, como Norberto Alonso, y un crack de todos los tiempos como Oscar Más, además de un arquero como Ubaldo Fillol, el mariscal Roberto Perfumo (aunque ya veterano) como marcador central, Daniel Passarella, un cinco como Reinaldo Merlo que jugó trece años seguidos en esa función. Es decir, parece bastante difícil que un equipo de este tiempo pueda compararse a ese otro, tan diferente.

De cualquier modo, esto no significa que este River no merezca ser halagado. La propuesta de atacar, presionar muy arriba a los rivales, tener la pelota, administrarla bien, no desinflarse, y querer jugar siempre, es bienvenida.

Rodolfo Arruabarrena ha intentado cambiarle la cara a este Boca cansado, gastado, con jugadores quemados y otros, nuevos, que buscan desesperadamente un lugar pero que han tenido que mostrar todo lo que son en un contexto exigente de resultados y sin tiempo para conseguirlos, y no han podido todavía.

Han tenido una primavera muy corta, con el pico en aquel partido (que parece haberse jugado hace dos siglos pero fue hace pocos días) ante Rosario Central por la Copa Sudamericana, pero que ya tuvo su tormenta (y a la vez, tormento) ayer con el inesperado 1-2 ante un Racing Club que venía sacando apenas los pelos de la cabeza del fondo del agua, y que en pocos minutos encontró la mesa servida para redimirse en una Bombonera desangelada.

Boca, este Boca que no sabe mantener un resultado favorable porque no juega, porque no sabe llevar la pelota, porque no tiene gol salvo que sea por algún cabezazo fortuito o por alguna jugada individual luego de gastarse 10 millones de dólares en el último mercado, no pudo aguantar tampoco ante este Racing un 1-0 a 34 minutos del final como local, como no pudo tampoco en el 0-1 ante Central en Rosario, o ante Bánfield el pasado domingo.

Este Boca, ahora sin Díaz ni Juan Forlín atrás, con este Magallán, con este Fernando Gago que no llega a las divididas y que protesta absolutamente todo, con este Carrizo que no aparece, ¿puede dar el batacazo y ganar en el Monumental y sorprendernos a todos?

¿Tiene Boca el resto anímico para pelearle a River en su propia cancha, en la que lleva una impresionante racha de victorias consecutivas, ante los hinchas locales? Todo indica que para lograr un resultado honorable, deberá apelar mucho más a sus tradiciones que a su presente, o recuperar la memoria del partido contra Rosario Central.

La diferencia entre los dos es ahora de 10 puntos y podría ampliarse o reducirse. Acaso una derrota de River ante Lanús y un triunfo de Boca ante Quilmes cambie el panorama, pero hoy, esa distancia es aún mayor en sus realidades y en su juego.

Lo bueno del fútbol es que, como bien decía Dante Panzeri, es “la dinámica de lo impensado” y que en noventa minutos, las cosas pueden cambiar. Lo sabe bien Racing, que necesitó 34 para dar vuelta el partido en la Bombonera. Lo sabe Boca, por su pasado glorioso, aunque hoy su andar genere tantas dudas.

domingo, 21 de septiembre de 2014

El Barça de Luis Enrique, más resultados que juego (Yahoo)



De momento, los números del Barcelona en la temporada son impecables. Con los cinco partidos ganados, los cuatro de Liga Española y el restante de Champions League, poco se puede objetar en esta materia. Sin embargo, muy distinto es cuando nos ponemos a analizar el juego. En este sentido, el equipo que ahora dirige el ex jugador azulgrana Luis Enrique, se encuentra en franca deuda y no supera en absoluto lo hecho por el argentino Gerardo “Tata” Martino en la temporada anterior.

¿Puede corresponderse un inicio tan bueno en las matemáticas como dudoso en el juego? Desde ya que sí. Este Barcelona, si bien es un equipo de transición luego de que se acabara gran parte de un ciclo que quedará marcado en la historia del fútbol mundial por un conjunto de jugadores que nos deleitó durante un lustro, recibió en el pasado verano el aporte de nuevas adquisiciones de mucho calibre, desde el defensa central Mathieu, los porteros Ter Stegen y Bravo, el volante Rakitic y hasta la aparición del joven Munir, de la cantera, en el ataque.

Por otra parte, es cierto que Luis Enrique no ha podido contar por ahora con el central Vermaelen, lesionado, ni con el poderío ofensivo del uruguayo Luis Suárez, pero no es menos cierto que muchos de los jugadores que han sido fundamentales en tiempos cercanos, ahora no rinden ni la mitad de lo que son capaces, y en buena parte, eso es tarea del entrenador.

Este Barcelona, con una importante cantidad de cracks que pueden ganar partidos en apenas minutos, como sucedió el domingo ante Levante, con una goleada que pudo ser mucho mayor que el 0-5 final (se dio el extraño caso de que Lionel Messi fallara un penal), se ha reducido a un buen equipo pero que en el juego, en la posesión del balón, en su administración y en su andar general, ya es uno más entre tantos buenos que hay en el continente europeo.

No es ya, este Barcelona, sinónimo de exhibición, de espectáculo ni es para nada garantía de todo aquello. Puede ocurrir que aparezcan lujos, pero puede también que nada de eso ocurra y participe de un partido ordinario, corriente, como lo juegan casi todos los equipos.

No es única responsabilidad del entrenador actual, también hay que aclararlo rápidamente. Ya en la temporada pasada, cuando la comisión directiva del Barcelona apeló a Martino, lo hizo en buena parte porque no quería que fuera alguien cercano al club, algún histórico, el que se encargara de poner punto final a estrellas tan queridas por la afición, pero el argentino acabó ganándose al vestuario, al núcleo duro, y le costó tomar determinaciones.

Recién ahora, con los malos resultados de la pasada temporada, que quedó en sequía, a la vista, y con Puyol ya como directivo, Xavi en el banco de suplentes al igual que Piqué, y varios jugadores de una segunda escala cambiados de club, es que lentamente las cosas comenzaron a modificarse, pero el camino parece largo y complejo, si es que se pretende volver al nivel de juego de excelencia de hace poco tiempo atrás.

Este Barcelona ya no tiene tanta elaboración en el medio. Sí tiene buena recuperación en Busquets, ayudado por los centrales Mascherano y Mathieu, pero pierde en elaboración porque Rakitic no tiene la cintura ni la magia de Xavi, aunque sea un jugador importante en el andamiaje desde el medio hacia adelante, si bien no adquirió todavía el peso que tuvo en el Sevilla.

Tampoco Iniesta ni Messi son los de temporadas pasadas. El primero, ya no tuvo en 2013/14 la continuidad y brillantez de otros tiempos y más allá de que su excelsa técnica no se perderá jamás, no aparece tanto en los partidos, mientras que el argentino mantiene su genialidad pero cada vez apela más a la practicidad y a que su aporte no necesite de un enorme esfuerzo, sino que se dosifica para darle lo necesario al equipo y en muchos casos apela más a su rol de asistidor que al de definidor, aunque en buena parte, porque ante la falta de elaboración de juego en el medio, debe retrasarse en busca de la pelota y en lo posible, darle juego a los puntas, especialmente a Neymar.

Si ya en el final del ciclo de Josep Guardiola, el Barcelona era un equipo que no marcaba la proporción de goles por la cantidad de situaciones de peligro que creaba, esa tendencia fue aumentando con Martino y se prolongó con Luis Enrique, porque ahora juega unos metros más atrás del área rival y se ha acostumbrado a que los rivales le regalen las puntas y se concentren en el medio de sus defensas, sabiendo que allí reside el mayor problema de los blaugranas.

Ante el Apoel, por la Champions, si bien con una importante (y sorprendente, por tratarse del principal objetivo) rotación de la plantilla, se notó esta dificultad, y aunque la goleada haya sido fuerte ante el Levante, también en la primera etapa se pudo apreciar esta característica, hasta que el partido se abrió.

Es muy temprano para juzgar definitivamente a este Barcelona, y como se citó más arriba, aún faltan jugadores que no han participado como Vermaelen, Suárez y hasta Douglas, pero los aficionados y la prensa catalana deberán definirse sobre si pretenden un juego acorde o si los resultados son los que mandarán, luego de una temporada en el dique seco.


Lo seguro es que este Barcelona va teniendo poco, cada vez menos, de aquél que tanto nos hiciera gozar del fútbol y que recordaremos siempre, lo cual no significa que no pueda ser, a su manera, un gran equipo. El tiempo lo dirá.