lunes, 8 de diciembre de 2014

Estadísticas (Un cuento de Marcelo Wío)



Me estaba preguntando qué escribiría sobre el partido que acaba de terminar, sentado en mi butaca en la tribuna de prensa. Estaba terminando de decidir, además, no bajar a la zona mixta ni a la sala de prensa, harto de escuchar las mismas frases, excusas y triunfalismos. En eso estaba, mi ordenador con la página de Word en blanco y el cursor latiendo como despertador, cuando un colega, que estaba sentado a mi derecha se inclinó hacia mí y me preguntó, con esa mirada propia del que está por ofrecer una información extraordinaria: ¿Sabés cuánto recorrió el portero? No sabía muy bien qué quería decirme. No, le respondí. Seis punto tres kilómetros, y volvió a su ensimismamiento.

¿El portero caminó, corrió, salticó, resbaló seis punto tres kilómetros? El aburrimiento y los nervios en esa zona patibularia a las que algunos eligen desterrarse, puede llevar a un portero a caminar un poco, a dar un trotecito… ¿Pero seis punto tres kilómetros? ¿Cuánto embole podía tener? Una salida para achicar el ángulo, los pasitos para acomodar la barrera, una salida con la pelota al pie para patear un poco más lejos… ¿Seis kilómetros?

Pero, más importante aún, ¿qué carajo me dice esta estadística? ¿Que se movió mucho? El tipo se comió los dos goles que le dieron la victoria al rival – uno, por querer salir jugando; al intentar darle un pase al tres que ya empezaba a cabalgar por su punta (para tirar un centro a nadie), le pifió y se la regaló al delantero que se la puso por arriba; el otro, por arrepentirse a medio camino de un achique, reculando llenó de posibilidades a la definición, que fue a su palo más lejano. Eso me dice algo de su actuación. Pero que se trasladó seis kilómetros y pico, no me dice absolutamente nada.

Últimamente hay un frenesí estadístico que no alcanzo a entender (que si el técnico se levantó X veces del banquillo; que si el delantero le pegó Y veces con la pierna izquierda y Z veces con la derecha; si menganito se toma tres botellitas de agua por partido, etcétera). En el afán por informar o por acumular datos, se ha confundido lo relevante con lo superfluo y, además, se ha introducido un ruido molesto que no le permite al tipo que el lunes agarra el diario aprehender y entender la información importante. La estadística de cuánta distancia acumula un portero en su ir y venir patibulario, es ruido; no aporta nada, aclara menos, y oscurece mucho.

El portero hoy le fabricó dos goles al contrario. ¿Qué carajo tiene que ver que haya acumulado tal o cual distancia antes, entre y luego de esos dos eventos funestos?
Madre mía… A lo que hemos llegado…

Este es el partido 483 que cubro como periodista. ¿Dirá algo de mí esa cifra; más allá de evidenciar una veteranía que nunca negué?

  

domingo, 7 de diciembre de 2014

¿Tiene asegurado el Real Madrid el Mundial de Clubes? (Yahoo)



Todo indica que el Real Madrid es el gran candidato a ganar el Mundial de Clubes que comienza el próximo 10 de diciembre en Marruecos y que se prolongará hasta el 20, con la final en la que todos descuentan, disputará el equipo blanco, uno de los más poderosos de la tierra y que además, no sólo ganó la Champions League hace medio año, sino que luego del éxito se reforzó con grandes fichajes para la temporada que está llegando a su mitad.

Aún cuando es ya casi imposible que el colombiano James Rodríguez pueda viajar a Marruecos por una lesión, es claro que el Real Madrid cuenta con una plantilla tan rica, que tiene muchísimas opciones para jugar sus dos partidos, debido a que ingresa en la instancia semifinal, en la que jugará contra el que resulte ganador entre el WS Wanderers FC, el equipo australiano campeón de la AFC Champions League, tras vencer en la final al Al Hilal de Arabia Saudita, y el Cruz Azul, un tradicional equipo de México, a su vez campeón de la Concacaf tras derrotar en la final a su compatriota Toluca, hace ya casi ocho meses.

Contrariamente a lo que ocurre con muchos equipos, especialmente el otro candidato a jugar la final, San Lorenzo de Almagro, que por primera vez en su historia ganó la Copa Libertadores de América que organiza la Conmebol, Real Madrid se ha fortalecido desde que ganó la Champions en una tremenda final ante su rival de la ciudad, el Atlético Madrid.

Real Madrid ha cambiado bastante desde mayo pasado y aquello parece ya muy lejano en el tiempo. Ya no forman parte del plantel ni su mediocentro Xabi Alonso, ni la rueda de auxilio que significaba el delantero argentino Angel Di María, y en cambio sí cuenta con un gran distribuidor del juego como el alemán Toni Kroos, campeón mundial en Brasil, y su entrenador Carlo Ancelotti alterna entre colocar a Isco para reforzar la tenencia del balón, o a  Gareth Bale, para darle más potencia al ataque, y ahora, aunque muy recientemente, ha recuperado al delantero Jesé, luego de varios meses de ausencia por una dura lesión.

Este Real Madrid es un equipo que ya gusta mucho más de tener el balón y lo distribuye mejor, y juega sin complejos, con un tremendo poder de gol, de más de tres por partido en la Liga, y que no ha tenido problemas en ganar su grupo de Champions League jornadas antes de que finalizara.

En todo caso, Cruz Azul podría ser un semifinalista molesto debido a la riqueza de jugadores y la experiencia del fútbol mexicano, pero si hay una amenaza importante es sin dudas la de San Lorenzo, considerado uno de los cinco clubes grandes en la historia del fútbol argentino, y que ha dado jugadores de mucho peso en todos los tiempos, además de la nota simpática de ser el equipo por el que simpatiza el Papa Francisco I, líder de la Iglesia Católica.

San Lorenzo aún desconoce su rival de semifinales, debido a que en cuartos deberán jugar el argelino ES Sétif, campeón de Africa, contra el ganador del partido de octavos de final entre los locales de Moghreb Tétouan y los neocelandeses de Auckland City, campeones de Oceanía. Recién allí, se sabrá cuál de estos equipos será rival de los argentinos.

Contrariamente al Real Madrid y como suele suceder en los últimos tiempos por razones económicas, San Lorenzo se ha debilitado bastante desde agosto, cuando le ganó la final de la Copa Libertadores a Nacional de Paraguay.

Los equipos sudamericanos que ganan la ansiada Copa, suelen aprovechar para sacar muy buenos dividendos en ventas de sus principales jugadores al exterior, con lo cual ha perdido a varias de sus más importantes figuras sin haberles encontrado un justo reemplazo.

Así es que tres de sus jugadores más importantes, como Ignacio Piatti (en el Montreal Impact de la MLS), Angel Correa (en el Atlético Madrid) o  su defensor Santiago Gentiletti (en el Lazio) se han marchado y en cambio, ha retornado del exterior el volante ofensivo Pablo Barrientos y se ha recuperado de una grave lesión el goleador Martín Cauteruccio.

San Lorenzo cuenta con un buen ataque, entre los mencionados Barrientos y Cauteruccio, sumado a otro goleador como Mauro Matos, pero depende mucho ahora de la recuperación de una dolencia en un hombro de su máximo ídolo, Leandro Romagnoli, que llegará a Marruecos sin haber podido participar de los últimos partidos del torneo local, tratando de cuidarse para llegar, entre algodones, al Mundial de Clubes que para Sudamérica tiene un valor superior al que le dan los europeos.

El fuerte de San Lorenzo, sin embargo, no está allí sino en el eje medio con dos volantes de mucha experiencia y gran manejo de los tiempos, considerados una de las mejores duplas argentinas por el centro: Juan Mercier y el paraguayo Néstor Ortigoza, fundamentales para marcar el ritmo de todo el equipo, aunque bien acompañados por el lateral Julio Buffarini por la derecha y un arquero seguro como Sebastián Torrico.

San Lorenzo puede llegar a ser un equipo compacto si juega con concentración aunque no ha hecho un buen torneo local y las alarmas se encendieron cuando hace pocas semanas perdió ante un mediocre Milan en San Siro por un claro 2-0 en un amistoso.

El equipo argentino cuenta con el experimentado entrenador Edgardo Bauzá, que en 2008 ganó la Copa Libertadores con la Liga Deportiva de Ecuador, que en la final del Mundial de clubes de Japón llegó a complicar muchísimo al Manchester United de Cristiano Ronaldo, Rooney y Carlos Tévez.

Pero a todas luces parece bastante difícil para San Lorenzo, y mucho más para los otros equipos, poder destronar al Real Madrid.

Sólo un deporte hermoso e impredecible como el fútbol, siquiera puede abrir la puerta a una hazaña como ésta.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Los riesgos de la argentinización en el fútbol español (Jornada)



El asesinato del ultra del Deportivo La Coruña Javier Romero Taboada, “Jimmy”, por parte de sus pares del Frente Atlético, del Atlético Madrid, en una reyerta producida tres horas antes del partido en las cercanías al estadio Vicente Calderón de la capital española, encendieron todas las alarmas.

La Liga Española, que trata de vender su glamour hacia todo el mundo, que colocó a dos de los tres mejores jugadores del año en el mundo como candidatos al Balón de Oro FIFA World Player de su propio torneo, que ahora televisa un partido por fin de semana al mediodía para atraer el mercado asiático, debe explicar por qué fuera de los campos de juego, muere gente por violencia organizada.

Ni los medios, que observaron el fenómeno atónitos, ni la clase política, enfrascada en una grave crisis de representación que dio lugar al fenómeno aún poco esclarecido (salvo por la indignación a lo anterior) de “Podemos”, ni los dirigentes deportivos, salvo excepciones como el ex presidente del Barcelona Joan Laporta o el actual del Real Madrid, Florentino Pérez, casi nada hicieron para detener el monstruo que crecía.

Hasta se llegaba a señalar con cierta simpatía e incredulidad cuando los Ultrasur del Real Madrid aparecieron en los noticieros desde la Bombonera de Buenos Aires exclamando estar en “La Meca” de la violencia, para tomar clases allí, o apenas si se señalaban como faltas a tener en cuenta algunos insultos racistas en determinados partidos.

Ahora, el tema comienza a desbordar a todos y aparecen los nueve casos mortales de los últimos treinta y dos años, si bien es cierto que aún muy lejos de los 298 casos en la historia argentina, de a poco hay demasiados paralelismos que se siguen sin atender, salvo en  los días posteriores a un caso como éste.

El hecho de que los grupos ultras se hayan citado por redes con determinados códigos encriptados que los hacen inaccesibles para el resto, no invalida que falló la inteligencia, que los mecanismos políticos no fueron útiles desde el Ministerio del Interior, y que tampoco se controló bien el origen del problema, desde que el Atlético Madrid decidió (habría que ver por qué razón) entregar otras cien entradas al Depor por una vía que no es la tradicional y ellas fueron a parar a peñas con vínculos con ultras más pesados que como modus operandi alquilaron autobuses por fuera de la ciudad, cosa de poder escapar a los controles. Si a eso se suma que los Riazor Blues del Depor fueron reforzados en la reyerta por los Bukaneros del Rayo Vallecano y los Alkor Hooligans del Alcorcón, todos ligados a ideas izquierdistas, contra los Ultra Boys del Sporting Gijón, junto a los neonazis del Frente Atlético, los motivos del enfrentamiento comienzan a estar más claros.

Los españoles aficionados al fútbol y los que viven de él comienzan a entender que el fenómeno de a poco se parece al argentino. Peñas incontrolables desde la política que reciben favores de los dirigentes, ultras que hasta tienen armas y banderas en cuartos dentro de los estadios (¿les suena?), líderes que suben peldaños en su escala social y por si esto fuera poco, el presidente del Depor, Augusto César Lendoiro, que asiste al entierro de Taboada y de esta forma, es expulsado de la Liga de Fútbol profesional (LFP).

Estos mismos testigos, que hoy podrán seguir el tema en el mismísimo Congreso, con la presencia del Jefe de Policía Ignacio Cosidó, el ministro de Seguridad, Francisco Martínez, el polémico ministro de Cultura y Deporte, José Ignacio Wert y el secretario de Estado para el Deporte, Miguel Cardenal, para que expliquen sus posiciones, van entendiendo que como en la Argentina, al fin y al cabo, todo se trata de una cuestión de voluntad política: si se quiere, se puede acabar con la lacra.

Si Laporta pudo terminar con los Boixos Nois en el Camp Nou, y Pérez pudo arrinconar a los Ultrasur en el Santiago Bernabeu, para el resto de los dirigentes debería ser mucho más fácil, pero necesitan del acompañamiento político que tuvo el fútbol inglés luego de los episodios nefastos de Heysel (1985) y Hillsborrough (1989), que dio lugar al Informe Taylor para terminar en la actual modélica Premier League.

Si así fuera, si hubiera desde antes voluntad política, ni Lendoiro estaría en el entierro de Taobada, ni Raúl Pereiro hubiera recibido 68 entradas con números consecutivos de un talonario para repartir entre los ultras, ni Romero Taboada sería señalado sólo como una víctima, con antecedentes de trece delitos cometidos desde 2001. Tampoco faltarían al día siguiente del asesinato, al Comité Antiviolencia,, el presidente del Atlético Madrid, Enrique Cerezo, ni mucho menos el de la Federación Española, Angel Villar, el Grondona español, porque por más que hayan sido reemplazados por otros dirigentes, la necesidad de que estuvieran era simbólica.

La diferencia entre España y Argentina, en la violencia del fútbol de cada lado del Atlántico, hoy pasa porque en los europeos aún existe la indignación, la capacidad de sorpresa, que obliga a la LFP a expulsar a Lendoiro, o a Cerezo, a hacer lo propio con los del Frente Atlético, hasta quitarles el carnet o prohibirles la entrada al Atlético Madrid. O a Javier Tebas, titular de la LFP, prometer que habrá “un antes y un después” de este asesinato, o al propio presidente Mariano Rajoy, a apoyar las medidas desde París y prometer una rápida acción desde su cuestionadísimo gobierno.

Al menos el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, reconoce que “algo falló en el protocolo” y que la Policía “no estaba enterada” de los hechos de violencia hasta pocos minutos antes de comenzar el partido, y con el público ya en las instalaciones del estadio Vicente Calderón.

Los dirigentes se plantean ahora utilizar el control de identificación biométrico Tecstadium, presentado en febrero pasado por la empresa Tecisa en la Feria de Seguridad SICUR, para detectar violentos a través de la cara y la huella dactilar, para ser utilizado en partidos de Primera y Segunda, algo muy parecido a lo que en la Argentina es el AFA Plus, pero se insiste en lo mismo: ningún mecanismo funcionará si no hay voluntad política real.

Los argentinos lo sabemos por experiencias a sangre y fuego, conviviendo con una lacra que derivó en que ya ni los visitantes pueden ingresar a los partidos, y los locales están en guerras internas en distintas facciones.


Tal vez, si el fútbol español quiera salvarse de la violencia de su fútbol y no perder el glamour de una Liga construida con mucho esfuerzo, le bastaría con observar lo que ocurre en la Argentina y será un estremecedor, pero didáctico, viaje al futuro. 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Él (Un cuento de Marcelo Wío)



Un tal Descartes insertó la duda (dicen los mistificadores que lo planeó en solitario, frente a una estufa), hace unos cuantos años ya. Lo quitó de escena demostrando, paradójica o irónicamente, su existencia – o tal vez no tanto, pero le arrebató el papel central, eso seguro. Luego, pocas noticias tenemos de Él (no de Descartes). Se lo nombra aquí o allá, pero ya parece de capa caída.

Nietzsche, un alemán, lo vuelve a nombrar asegurando que ha muerto. Pero, ¿quién lo mató? El por qué, poco me interesaba. Mi curiosidad era quién. Eso me desvelaba. Tal vez, luego de saber quién, me desvelaría saber por qué. Pues bien, viajé hacia Alemania, puesto que era la tierra de Nietzsche (ya dije que era alemán) y éste aseguraba su defunción. Anduve de arriba abajo, sin saber muy bien dónde buscar. Por casualidad fui a dar a una librería de usados, en Heidelberg, de esas en las que también se pueden encontrar viejos periódicos. No recuerdo qué había entrado a comprar, o si simplemente había entrado a echar una ojeada (nunca puedo resistir la tentación de entrar en una librería, es más fuerte que yo; y generalmente, termino comprando algún libro). Allí, en la librería, mirando y revolviendo, encontré un pequeño periódico de Freiburg. Por curiosidad me puse a leerlo. Era del 25 de octubre de 1812. En una de las últimas páginas vi un titular que me llamó la atención: “Joven nihilista acusado de asesinar a un anciano”. Aquellos que dicen haberlo visto a Él, lo describen indefectiblemente como un anciano, así que tal vez fue eso lo que me llamó la atención (sumado a la palabra nihilista). La noticia explicaba que un anciano (como ya anunciaba el titular) de gran barba blanca y con aspecto cansado había discutido acaloradamente  (no aclaraba el motivo de la discusión) con un joven nihilista (el mismo del titular) en una taberna de Freiburg. Aparentemente, el viejo se había marchado y el joven se había quedado unos minutos más, para salir más tarde también de la taberna. Los parroquianos decían haberlo visto muy alterado al momento de la partida. Eso ocurrió alrededor de las 22.30, según relatan los clientes de la taberna. A las 24.05 el dueño del establecimiento cerró las puertas y salió. Antes de emprender el camino a su domicilio, se desvió a un baldío cercano a tirar unos cajones. Fue ahí cuando encontró al viejo muerto. Un puñal clavado en el pecho. El nombre del joven se mantenía en el anonimato debido al secreto de sumario. El viejo se hacía llamar Él, aunque nadie conocía su nombre. Nada más decía el artículo.

Me fui rápidamente para Freiburg (hermosa ciudad, pero no la pude apreciar, pues mi búsqueda todo lo nublaba). Nada pude sacar en claro. Allí se desvanecían todas las pistas. Nadie sabía quién era el viejo. Nadie recordaba aquel asesinato. Nada. Lo cual era lógico. El asesinato había sido uno de tantos, y había sucedido más de un siglo antes.

Anduve visitando algunas organizaciones que dicen estar en contacto con Él: estuve en algunas de sus oficinas, donde pude ver a personas monologando (casi zumbando, en algunos casos) – algunas arrodilladas, otras sentadas y con la mirada perdida en el techo, otros con los ojos cerrados (“Técnicas”, supuse) – pero no me pareció que tuvieran mucha idea de qué había sido de aquél que se hacía llamar Él. Los funcionarios de estas organizaciones no se ponían de acuerdo: en cada organización tenían versiones muy distintas y me aseguraban que eran los únicos que se comunicaban con él. Así que no me quedaba claro si él era Él o si él era simplemente él, un él que a saber quién era. En fin, que no encontraba ningún rastro de Él (el del principio, ése que Descartes... descentró, y que Nietzsche aseguraba estaba muerto).

Volví a Buenos Aires con las manos vacías, más confundido que al principio y muy desilusionado. Me consolaba diciéndome que por lo menos había viajado un poco, me había desenchufado de la realidad agobiante.

Unas semanas después, entré en un bar de la calle Arenales. Me senté en la barra, justo al lado de un viejo que llevaba una larga barba blanca y lucía muy cansado. El televisor estaba encendido con el volumen muy bajo. Miré al viejo con sorpresa y algo de temor mientras él le daba el último trago a un vaso opaco. “Poneme un poquito más de tintillo de la casa”, pidió el viejo. Le llenaron el vaso. “Haceme el favor de subir el volumen de la televisión que van a decir algo de él”, ordenó. El “Él” lo remarcó, y cuando lo dijo me tiró una mirada cómplice. Yo le sonreí algo nervioso y clavé la vista en el televisor.

“La salud del astro – informaba el periodista, desde la Clínica y Maternidad Suizo Argentina – es delicada; aunque los galenos informaron hace instantes que pasó una noche tranquila. De todas maneras, y siempre según fuentes médicas, es muy pronto para hablar de estabilidad”, continuaba el reportero. “Los seguidores se encuentran rezando por Él y brindándole su apoyo. Hay una guardia permanente frente a este nosocomio”. Y alguna que otra pavada de relleno para despedirse con un “todos hacemos fuerza por Él, que tanto nos dio, que tantas alegrías supo regalarnos en medio del sufrimiento de este pueblo, Su pueblo; de esta Nación, la que lo vio nacer”.

Quedé mudo. Era verdad eso que se decía medio en broma: Él era argentino. Y... entonces ese Él, el del diario de Freiburg, era simplemente él. Él estaba agonizando en una clínica en Buenos Aires. Y yo tanta vuelta, tanto viaje... Siempre había estado frente a mis narices. El viejo que estaba a mi lado levantó el vaso, como brindando  con el televisor (la imagen seguía en la Clínica, mostrando a los fieles del astro, Sus fieles) y se mandó un trago largo al buche. Yo pagué mi cerveza y me fui. Corrí por Arenales rumbo a Pueyrredón. Al rato llegué a la Clínica, turbado (por la reciente revelación) y exhausto (el cigarrillo me va a matar el día menos pensado). “Tanto viaje al pedo”, me reprochaba para mis adentros. Todo el tiempo estuvo allí, delante de mis ojos... ¡Pero las veces que lo habré nombrado en charlas de café! Claro... Él, Diego... cómo se me había pasado semejante obviedad.



domingo, 30 de noviembre de 2014

Un asesinato que enciende la luz roja (Yahoo)



Francisco Romero Taboada se convirtió en la décima víctima por violencia en el fútbol en España desde1982, debido a un paro cardíaco producto de una reyerta entre ultras de Atlético Madrid y Deportivo La Coruña, en lo que de a poco comienza a convertirse en una seria amenaza para una Liga que de a poco va comenzando a descender varios escalones.

Este hecho, el del duro enfrentamiento entre doscientos ultras, tres horas antes del partido que Atlético de Madrid le ganó al Deportivo por 2-0 el pasado domingo, deberá ser investigado exhaustivamente por las autoridades deportivas y políticas porque esconde demasiados datos que pueden llegar a ser sustanciales para el futuro.

Por un lado, que no se haya podido encontrar a las autoridades de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) para consultarlas sobre si la jornada debía jugarse o no, luego de este fallecimiento ocurrido a las 14 horas, es un muy mal indicio, que seguramente profundizará el enfrentamiento entre el Gobierno de Mariano Rajoy y el titular de la entidad deportiva, Angel María Villar.

Por otro, hay una gran preocupación de los dirigentes de la Liga de Fútbol Profesional (LFP), también enfrentado a la RFEF y hoy cercano al Gobierno nacional, y las autoridades políticas, porque todo indica que los ultras mantenían contacto entre sí y se citaron por whatsap para enfrentarse físicamente, mientras que por otro lado, se especula con la participación de ultras de un tercer equipo, los Boys de Sporting Gijón, que igual que los del Frente Atlético, son cercanos al neonazismo.

Todo esto puede derivar en un recrudecimiento de la violencia organizada en España, que desde hace rato viene amagando con un crecimiento del fenómeno, desde los vínculos de muchas agrupaciones ultras con determinados sectores políticos, y son muy pocos los dirigentes que lograron oponerse a su presencia en los estadios, entre ellos el ex presidente del Barcelona Joan Laporta con los Boixos Nois.  

Posteriormente, su sucesor Sandro Rosell, intentó restituirles su lugar en el Camp Nou, sin éxito.

Mientras esto ocurre, al mismo tiempo hay otra tormenta que se cierne sobre el fútbol español y es que los clubes pueden quedarse sin un importante subsidio estatal porque el presidente de la RFEF, Villar, ha desistido de la ayuda ante la Secretaría de Deportes que preside Miguel Cardenal.

Esto podría desencadenar una importante crisis, que no es la primera de la última década entre el Estado y la RFEF, porque ya con el anterior gobierno del presidente José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2012), hubo un problema similar que debió zanjar el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, quien amenazó con suspender la participación de La Roja en la Eurocopa 2008 de haber algún tipo de intromisión estatal en el fútbol.
En este caso, si bien la FIFA no intervino, a último momento Villar debió encontrar una masa de dinero prevista para el presupuesto de la participación de la selección española en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, para los que finalmente fue eliminada, para utilizarlo en resarcir a los clubes que perdieron el dinero del subsidio estatal, por el rechazo de Villar a cobrarlo.

Este rechazo de Villar se debe a que en el caso de continuar aceptándolo, debía incluirse en la nueva Ley de Transparencia, que comienza a regir en diciembre, por la que todos los clubes que reciban cualquier subsidio estatal deben dar a conocer todo tipo de cifras sobre gastos, ingresos, balances, licitaciones, y de esta manera, el máximo dirigente del fútbol español debería especificar todos sus gastos personales en todo este tiempo.

Pero no le resultó fácil encontrar una solución. Está enfrentado a la LFP, que maneja el fútbol, y también al Estado, pero se le sumaron muchas federaciones autónomas, que necesitan ese dinero que antes recibía la RFEF para sus gastos, en una época nada fácil debido a la crisis económica que atraviesa aún España.

Y por si esto fuera poco, el fútbol español todavía espera que se conozca el informe completo de Michael García, sobre posibles actos de corrupción en la votación por el otorgamiento de los dos próximos mundiales a Rusia en 2018 y especialmente a Qatar 2022.

Por el momento, la FIFA dio a conocer un documento de menos de cien páginas pero continua sin dar a conocer el más amplio de los dos, el que abarca a mayor cantidad de dirigentes de todo el mundo.

Y no termina tampoco allí, sino que esta semana, la Fiscalía entregaría un informe definitivo sobre un posible amaño del partido Levante-Zaragoza en 2011, que involucraría a la mayoría de jugadores del Zaragoza y nada menos que al entrenador del equipo de entonces, el mexicano Javier Aguirre, hoy entrenador de la selección japonesa.

Si bien se cree que el caso no se resolvería hasta finales de 2015, por asuntos burocráticos, las sanciones más probables son las de inhabilitación de uno a seis años en sus funciones. No sólo Aguirre está involucrado, sino el capitán del Atlético de Madrid, Gabi.


Muertes, posibles amaños, corrupción y opacidad en sus cuentas. El fútbol español parece acompañar a la crisis, lejos del glamour de su Liga cuando la pelota se aleja del césped y del estadio y se acerca al entorno o a los escritorios.

sábado, 29 de noviembre de 2014

River tuvo siempre más convicciones que Boca



Es necesario aclarar de entrada que los dos clásicos por la semifinal de la Copa Sudamericana fueron muy parejos, que River Plate, finalmente clasificado para la final ante Atlético Nacional de Medellín, no es el que fue hasta hace un mes, tras una caída física importante, sumada a la falta de un jugador clave como Matías Kranevitter, y que tal vez en el balance, Boca estuvo más cerca de pasar.

Sin embargo, la sensación que hay en el ambiente luego de los dos partidos, definidos en 180 minutos por un gol que con su gran pegada, concretó Leonardo Pisculichi, es que River fue justo vencedor. ¿Por qué esta idea es la que recorre las redacciones, las radios, las calles?

Todo se relaciona mucho más con la actitud y las convicciones, con el juego desarrollado durante el segundo partido, que con el gol o el resultado final.

En todo caso, River supo desde el primer minuto de la Bombonera que no estaba para construir aquel fútbol que tantos elogios le generó hace apenas unos meses, y se dedicó a defender el cero, con el peligro que acarreaba que de local, Boca pudiera concretar algún gol, algo posible de acuerdo a sus características de visitante durante todo el torneo.

Pero para ser campeón, es necesaria también una cuota de suerte y la suma de muchos detalles gravitantes. En el partido de ida, Leonel Vangioni lastimó (sin irse expulsado) a un Juan Manuel Martínez en ascenso (aunque seguimos creyendo que por sus características no es un jugador del estilo de Boca), y antes de la revancha en el Monumental se lesionó un jugador clave en el ataque xeneize como Andrés Chávez, por lo que su lugar  lo ocupó Emanuel Gigliotti, que venía teniendo cierta continuidad en la red en los últimos partidos.

Gigliotti terminó siendo un jugador clave en el segundo partido, porque Boca se encontró con una situación demasiado positiva apenas al comienzo. Un penal por una torpeza de Rojas, que muy bien cobró el árbitro Delfino, pero que el arquero Marcelo Barovero contuvo y desde ese momento, parecía que cambiaría el eje anímico en el Monumental.

No fue así porque hasta el gol de Pisculichi, Boca tuvo varias llegadas con peligro que una y otra vez, estando muy cerca, no pudo convertir Gigliotti, por lo que el resultado pudo ser tranquilamente para los visitantes.

Es decir que el problema de Boca no pasó ni pasa por el resultado. Pudo haberlo ganado, si Gigliotti convertía el penal porque eso ya obligaba a River a concretar dos goles y a Boca le daba una gran tranquilidad en lo táctico y el partido se planteaba para lo que más sabe hacer, contraatacar.

También lo pudo ganar en las situaciones siguientes, hasta que River se puso en ventaja. El tema, entonces, es otro. El tema de Boca no es el resultado sino el juego, la falta de convicción para saberse ganador, para confiar en algún aspecto del juego porque íntimamente sabe que no tiene algo que lo caracterice por su fortaleza entre sus once jugadores.

Boca no tiene, como en cambio River sí, la sensación interna de que en cualquier momento va a convertir, que va a dar vuelta un resultado, que tiene elementos suficientes. Todo lo contrario. El gol de Pisculichi vino de un remate sin parar la pelota, algo que hoy por hoy necesitan casi todos los jugadores del torneo argentino. Y si no era en ese momento, podía llegar con alguna de Carlos Sánchez por la derecha, o por Teo Gutiérrez, o por Rodrigo Mora.

River siempre supo que con una buena dosis de aquel fútbol perdido hace un mes, siempre podía embocar alguna. Boca, en  cambio, siempre dudó sobre si podía o no. Acaso mejor representado que nunca fue lo del cambio del chileno Fuenzalida, que en cuatro meses, aún no se sabe a ciencia cierta de qué juega, o al menos en qué puesto lo cuenta el técnico Rodolfo Arruabarrena.

En un clásico tan importante, definitorio, Fuenzalida entró y volvió a salir, porque no se supo bien para qué estaba. Tampoco se entendió cómo, por más líder que sea, Fernando Gago (hoy, mucho más un speaker de la mitad de la cancha que un atildado jugador de buena postura) pudo jugar cuarenta minutos cuando ya se había lesionado en el calentamiento previo. Un buen entrenador debe encontrar las palabras justas para explicar, aunque sea doloroso, que no se puede jugar en determinadas ocasiones.

En el fondo, Arruabarrena intentó mejorar, desde la autenticidad y el realismo, un equipo que desde hace mucho tiempo que no juega al fútbol, que no sabe bien cómo hacer para llegar al arco rival en base a los toques, al traslado estético de la pelota, sin que sea necesario empujar, presionar, meter, correr. Pero olvida que todo aquello es un aditamento a lo principal: el fútbol es primero que todo, un juego.

Por eso, ante cada libro de pases que se abre, Boca va y trae todo lo que parece bueno en otros lados, sin fijarse posiciones ni estilos. Si es bueno, viene y listo. Y primero está siempre la idea, luego el proyecto, luego los ejecutantes acordes. En Boca, primero están las estrellas, luego la camiseta, las urgencias, y entonces no parece haber tiempo para pensar y jugar.

Mientras esto no cambie, Boca seguirá perseguido por un torbellino. Con jugadores que no han contrastado con la historia del club, con otros que funcionan en equipos chicos pero no en uno que requiere de otro tipo de personalidades, con tres nueves en un ataque, sin usar las puntas, sin un jugador que conecte las líneas (era Juan Román Riquelme, en horas bajas en lo físico, pero se fue en conflicto con los dirigentes), con picapiedras en las tres posiciones en el medio, con Gago más dedicado a la queja, la pelea y las lesiones que a jugar, y con una defensa que tiene problemas de alto, en  los centros cruzados, al regresar de un ataque propio.

Esto era más grave en tiempos de Carlos Bianchi y luego, Arruabarrena heredó el plantel y aunque de palabra pareció tener buenos propósitos, no pudo reconducir el juego en ningún momento. Boca casi se queda afuera contra Deportivo Capiatá de Paraguay, no hay que olvidarlo.

Y sumado a esto, los problemas extra-deportivos, como la imperiosa necesidad de ganar algo porque se termina en un año el ciclo del radical-macrista Daniel Angelici como presidente del club, con Riquelme dando entrevistas importantes en los momentos claves, influyendo desde afuera en un grupo en el que no todo parece funcionar, y que viene de varios cimbronazos, y con un vestuario que ya no conserva aquellos ganadores de otros tiempos.

River no tiene estos problemas, y si bien su entrenador Marcelo Gallardo también se equivocó más de una vez, como colocar a los suplentes en un partido clave ante Racing Club que le puede hacer perder un torneo que lo tenía ganado, acertó en un punto crucial: el apostar a una estética, a una manera de jugar que transmite mayor seguridad a los suyos, y aunque últimamente no aparecía tanto, siempre estaba en algún rincón, esperando que se la recuperara.

En el segundo tiempo del Monumental, en el momento clave de la clasificación, River tuvo eso que se necesita para avanzar, para no ser uno más. Boca, con demasiadas dudas y en una noche en la que además no le salía nada, se fue hundiendo, sin encontrar los caminos, porque sabe en la intimidad que no cuenta con muchos recursos, que si el rival se pone exigente, no hay mucho de dónde sacar. Porque ni siquiera tiene un claro ejecutante de tiros libres, córners o penales. Porque hace mucho, demasiado tiempo, que no juega.



jueves, 27 de noviembre de 2014

El fútbol y los Estados



Como pocas veces, en estos días aparecieron situaciones con cierta similitud entre el fútbol argentino y el español, tomando en cuenta su relación con los Estados nacionales.

Es muy interesante lo que ocurre con ambos, como para que se pueda entender el contexto. Tanto en un caso como en el otro, las federaciones recibieron dinero estatal, es decir, público. Que se origina en el contribuyente a través de impuestos, servicios, etc. Es decir que es dinero que necesariamente, debe conocerse su destino si alguien lo requiere (incluso, aunque no lo requiriese, porque hoy internet permite publicar todos los gastos públicos).

Se sabe que a través del programa Fútbol Para Todos, el Estado argentino fue aumentando año tras año su dotación a la AFA, para que supuestamente ésta redistribuya a los clubes y hoy el monto anual supera los 1100 millones de pesos. Sin embargo, nada se sabe sobre el destino que la AFA dio a ese dinero, que es muchísimo, de hecho, muy superior al que la AFA recibía en el pasado de TRISA (Torneos y Competencias-Clarín).

Se necesitó en este caso de una denuncia de una legisladora (Graciela Ocaña) para que a través del juzgado de la doctora María Servini de Cubría, se allanaran 66 clubes para tratar de conocerse el uso que el Estado argentino le dio a ese dinero para el fútbol, cuando es algo que todos los argentinos debieron conocer sin ningún tipo de obstáculo y no sólo eso, sino que el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, justificó la opacidad de las cifras porque “nosotros pagamos los derechos de TV y no tenemos por qué preguntar qué hace la AFA con ese dinero”.

Casualmente y en paralelo, en España se produce una situación parecida, en el sentido de que se debate también sobre el uso de un subsidio desde el Estado hacia la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que para ser renovado, obliga, a través de una ley que comenzará a regir el próximo 10 de diciembre (Ley de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Buen Gobierno) por la que las entidades “de especial relevancia pública que reciban subvenciones del Estado deben publicar tanto información institucional, organizativa y de planificación como información económica, presupuestaria o estadística con el fin de reforzar la transparencia”.

Además, esta Ley de Transparencia fue explicada a los 66 clubes (casualmente, la misma cantidad que los clubes allanados por la Justicia argentina) pero también al resto de federaciones deportivas, ligas, comités olímpico y paralímpico.

Esto significa que todo club que reciba cualquier subvención estatal en España debe publicar todos los contratos, objetivos, duración de los mismos, importe, número de licitadores participantes en cualquier operación y hasta el porcentaje que significa cada gasto en el presupuesto total de la entidad.

Esto ocurre con un gobierno de reconocida derecha, como es el de Mariano Rajoy, en España, cuyo secretario de Deportes, Miguel Cardenal, está enfrentado con el presidente de la RFEF, Angel María Villar (hasta hace unos meses, el hermano casi mellizo de Julio Grondona en la FIFA), porque éste no quiere rendir sus gastos y está sospechado (cada vez con mayor fuerza) de haber usado, por ejemplo, fondos estatales para sus viajes personales.

Es decir que el Estado español mantiene al menos un cierto decoro (sea motu proprio o por presiones sociales) en cuanto a que intenta clarificar el uso del dinero público al entender el criterio básico acerca de que todo fondo público debe rendir cuentas. Esto ya sucedió también en la gestión de José Luis Rodríguez Zapatero, del PSOE, quien mantuvo un pulso con Villar hasta que cedió cuando el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, amagó con suspender la participación de España en la Eurocopa 2008,- que finalmente acabó ganando- al sostener lo de siempre: la eterna excusa de la intromisión del Estado en asuntos del fútbol, como si el fútbol no formara parte del planeta Tierra y no estuviera inmerso en las culturas y leyes de cada país.

No sólo esto: el tema de los subsidios en el fútbol español está desencadenando una crisis porque al renunciar Villar a los subsidios para no tener que dar a conocer sus números opacos, muchas federaciones necesitadas del mismo le están reclamando al presidente de la RFEF que explique los motivos, en tanto que el dirigente estaba evaluando utilizar los fondos destinados originalmente a la preparación para el equipo olímpico para Río de Janeiro 2016, que finalmente no participará por haber sido eliminado.

Por el lado argentino, aún tratándose de un gobierno autotitulado “progresista”, no hay derecho a saber qué hace la AFA con el dinero público y se necesita la participación de la Justicia y hasta se intenta cargar contra una diputada opositora por el hecho de reclamar algo básico.

Esto no ocurre solamente con los fondos del FPT en la Argentina. También con la opacidad para explicar la presencia de Torneos en reuniones decisivas de los dirigentes para establecer los nuevos campeonatos de los próximos años. Un menjunje que nadie entiende (como por ejemplo, para qué tender a 30 equipos para bajar luego a 22 en Primera A si ahora mismo hay 20, a no ser que ocurra por presiones de Gobierno en un año electoral).

Alejandro Burzaco,  de Torneos, participa en cuanta reunión de dirigentes se produce, cuando hace apenas cinco años era miembro de la sociedad que “secuestraba” los goles a los argentinos. Es que Torneos nunca estuvo en la mira del Gobierno. Pagó por poco tiempo sólo por haber sido socio del Grupo Clarín en los años del monopolio y los partidos de PPV que impidió que millones de argentinos accedieran al fútbol televisado y que casi no conocieran cómo jugaba la selección nacional.

“Con ustedes no es la cosa”, parecen haberles dicho desde la Casa Rosada a la gente de Torneos (ex TyC), y les dijeron que tuvieran paciencia y esperaran, y su momento ya volvió demasiado pronto. Por eso mismo es que en la TV Pública tan proclamada progre, no hay concursos de periodistas y se repiten muchas caras de las transmisiones privadas (sean éstas buenas o no, la calidad es otra cuestión).

No termina allí. Es tal el caos que la TV digital española estuvo meses sin poder retransmitir el fútbol argentino por no saber con quién negociar los derechos. Ahora que El Digital Plus llega a manos de Telefónica, sus nuevos dueños se preguntan para qué comprar un producto de baja calidad técnica pero que además, llega gratis a todo el mundo desde el sitio de internet de FPT.

“A nosotros nos sirve porque en la semana hacemos producciones con esas imágenes para otros programas, pero estamos comprando los derechos de algo que llega gratis y en HD en tabletas y ordenadores. Lo lógico sería que si compramos esos derechos, bloqueen la llegada gratuita por las otras vías”, me dice una fuente del canal.
Tampoco se entiende por qué, si la TV Pública tiene un buen producto para vender, no pueda hacer un buen negocio para el Estado.

Una vez más, el Estado ausente, que dice a cara descubierta que no tiene “nada que hacer” ante estos hechos. Lo mismo esgrime para terminar con la violencia del fútbol. “Es cosa de los dirigentes” cuando lo primero es que es cosa del propio estado y de establecer políticas públicas para terminar con la lacra. Pero no. No interesa terminar con ellas, todo lo contrario.

Entonces, en ese caos, ¿cómo no van a aparecer “cientistas sociales” que nos propongan dialogar con los violentos, como si esto fuera posible? A río revuelto, ganancia de pescadores.