Recibí el libro "Fútbol y Violencia, ¿Hasta cuándo?", compilado por Carlos Prigollini, del espacio www.futbolysociedad.blogspot.mx, en el que escribí junto al sociólogo Fernando Segura Trejo, el capítulo "Violencia en el fútbol argentino, entre diagnósticos y búsquedas de alternativas", y editado en México DF.
miércoles, 22 de abril de 2015
Fútbol y Violencia, ¿Hasta cuándo?
Recibí el libro "Fútbol y Violencia, ¿Hasta cuándo?", compilado por Carlos Prigollini, del espacio www.futbolysociedad.blogspot.mx, en el que escribí junto al sociólogo Fernando Segura Trejo, el capítulo "Violencia en el fútbol argentino, entre diagnósticos y búsquedas de alternativas", y editado en México DF.
La Champions de los ricos (Jornada)
Si no hay sorpresas, tendremos unas semifinales de
Champions League con el Barcelona, el Bayern Munich (ya clasificados), Real
Madrid o Atlético Madrid, y la Juventus de Italia. Más o menos, los mismos de
siempre, exceptuando esta vez a los equipos de la Premier League inglesa,
eliminados todos demasiado pronto.
De hecho, cuando restan dos partidos de cuartos de
final que se jugarán esta noche a las 20,45 (15,45 de la Argentina), entre
Mónaco-Juventus y Real Madrid-Atlético Madrid, ya hay una certeza: los seis
posibles campeones de Europa de esta temporada ya lo han sido en cuatro casos y
los otros dos, al menos, ya han jugado alguna vez una final.
Parece demasiado lejana aquella época en la que nos
podíamos encontrar con algún equipo sorpresa entre los “Top Four”, como alguna
vez lo fueron el Brujas, el Malmoe de Suecia, el Olympique de Marsella de los
tiempos locos del socialista de los misiles y de las tres tiras, Bernard Tapie,
el Bayer Leverkusen de la primaverita de los Bernd Schneider y Michael Ballack,
o la Sampdoria de Gianluca Vialli.
Como bien dice Mario Sconcerti en su gran libro “Il
calcio dei richi” (“El fútbol de los ricos”), todo ha quedado reducido a una élite
de clubes poderosos porque la riqueza vale sólo por la posibilidad de
endeudarse. “No hay un gran club sin un gran déficit”, dice Sconcerti, antiguo
director del “Corriere dello Sport”.
Sconcerti anuncia cuatro postulados del fútbol
europeo: 1) Si se quiere vencer, lo más importante es el dinero. No alcanza con
jugar bien, ni con una buena estructura. Gana el que gasta mucho. 2) El dinero
es condición necesaria para ganar, pero no garantiza el triunfo. 3) La grandeza
de un club pasa por cómo gasta el dinero,
no por cómo evita gastarlo, 4) A menudo, quien no tiene que ganar en el fútbol,
gana igualmente (gracias al dinero de los derechos de la TV).
No es casualidad que en años bajos para el fútbol
italiano, con flojas recaudaciones y un país en crisis económica, no haya
tenido un representante en la final desde el Milan de 2007, o que gracias a la
enorme diferencia de los cobros por los derechos de TV, Real Madrid y
Barcelona, que ganan más que todos los equipos de la Premier League inglesa, se
hayan encaramado casi siempre en las definiciones europeas.
Sconcerti habla de “la dictadura de la desigualdad”
en el fútbol europeo, gracias a la televisión y a la llegada de los potentados,
ya sea árabes, rusos o asiáticos, y su pregunta central es si se podrá ganar
sin tener que gastarse un tesoro. No parece nada fácil. Hasta el Atlético
Madrid ha recibido la ayuda del chino Wang Janlin, que compró el 20 por ciento
del paquete accionario, quien es el cuarto hombre más rico de su país, dueño de
la empresa Wanda Group, con 15.600 millones de euros en sus arcas.
Ni hablar entonces de cómo llegó el Mónaco hasta los
ocho mejores de esta Champions League, de la mano del magnate ruso Dmitri
Rybolovlev, quien compró la sociedad en 2011 y fue criticado porque saca
ventaja en la Liga Francesa al no tener que pagar impuestos en su país sede.
Si bien no conservó a muchos de los cracks iniciales
como Radamel Falcao o James Rodríguez, sigue teniendo un plantel más que
aceptable y lo mejor, una apuesta por el buen trato de pelota y cierta estética
que se agradece, y con la que eliminó sorpresivamente al Arsenal de Arsene
Wenger en octavos de final y complicó muchísimo a la Juventus de Carlos Tévez,
Andrea Pirtlo y Paul Pogba en la ida en Turín (apenas perdió 1-0).
Claro que poco pudo hacer el Porto ante la bestial
maquinaria del poderosísimo Bayern Munich de Josep Guardiola, que se dio el
lujo de no contar con sus dos extremos Frank Ribéry y Arje Robben, lesionados.
Da un poco lo mismo: siguen Xabi Alonso, Mario Götze, el polaco Robert
Lewandowski, el arquero Manuel Neuer o Phillip Lahm, y aunque perdió 3-1 en la
ida ante el Porto, en la vuelta le propinó un rotundo 6-1 aunque a mediados del
primer tiempo, todo estaba concluido y se fueron al descanso con un 5-0 que lo
dice todo.
Por eso, el gran mérito del “Cholo” Diego Simeone,
el director técnico del Atlético. Porque las diferencias de presupuesto y de
plantel siguen siendo grandes y aún así, el 0-0 de la ida en el Vicente
Calderón, no da muestras claras de que los blancos, esta tarde-noche en el
Santiago Bernabeu, vayan a sacar seguras diferencias.
Ya al Real Madrid le había costado mucho aquella
final del año pasado en Oporto, cuando aquél cabezazo sensacional de Sergio
Ramos, en el descuento, permitió un empate que luego fue goleada en el alargue,
pero en esta temporada ya se enfrentaron siete veces, y los de Carlo Ancelotti
nunca pudieron ganar a los albirrojos y hasta perdieron por la Liga 4-0 en su
visita al Calderón.
Pero hasta pasando el Atlético se reafirma que más o
menos son siempre los mismos los que llegan a las finales, por aquello de
Sconcerti. En este tiempo, no hay triunfo sin dinero atrás.
Al cabo, si el francés Thomas Piketty se ha hecho
famoso y uno de los personajes más influyentes del mundo hablando del problema
de la desigualdad en “El Capital del siglo XXI”, Sconcerti lo hace con el
fútbol europeo, y acaso mundial.
Es que el fútbol no es más que un pequeño recorte,
una fotografía, de la vida misma.
lunes, 20 de abril de 2015
La locura de los tres Superclásicos argentinos (Yahoo)
Pocas veces en el fútbol argentino ocurrió algo
igual. Tal como ocurre en España con el Real Madrid y el Barcelona, en el país
sudamericano, Boca Juniors y River Plate se reparten las preferencias entre los
seguidores del fútbol.
Según la mayoría de las encuestas, Boca (que entre
2000 y 2007 jugó cuatro veces la final en Japón para buscar el título mundial
de clubes) acapara un 44 por ciento de los hinchas argentinos y River, un 32
por ciento. Entre ambos, tres cuartas
partes del país.
Boca le había sacado a River una gran ventaja en la
primera década de este siglo porque su máximo adversario atravesó una notable
crisis económica, por varios hechos de corrupción de sus dirigentes, que lo obligaron
a malvender a muchas de sus figuras, hasta acabar descendiendo de categoría a
Segunda (torneo nacional B) en 2011 por única vez en su larga historia (fue
fundado en 1901, en tanto que Boca comenzó en 1905).
Pero al poco tiempo de regresar a la máxima
categoría en 2012, River volvió a crecer
y no sólo renovó su dirigencia, sino que en 2014 conquistó el Torneo Final a mediados de año, y con el ex jugador Marcelo Gallardo estuvo cerca de ganar el campeonato siguiente, en diciembre (lo perdió en el
final a manos de Racing Club) y se impuso en la Copa Sudamericana (una especie
de Europa League sudamericana), y la Recopa Sudamericana, al vencer a doble
partido a San Lorenzo, el campeón de la Copa Libertadores de América.
Tanto River como Boca se clasificaron para la actual
Copa Libertadores, en la que acaba de finalizar la fase de grupos, con la
participación de treinta y dos equipos sudamericanos y mexicanos, divididos en
ocho zonas de cuatro equipos cada una, de las que los dos primeros pasaban a
los octavos de final.
Boca no sólo logró tempranamente el pase a octavos,
sino que se impuso en los seis partidos jugados, con los 18 puntos en disputa,
pero River, en un grupo muy accesible (Tigres de México –líder-, San José de
Bolivia y Juan Aurich de Perú), no sólo tuvo que batallar demasiado para
conseguir un angustioso pase a octavos en la última jornada, a sólo 20 minutos
de terminar el partido y gracias a resultados ajenos.
Por el sistema de disputa de la Copa Libertadores,
que para definir las parejas de los octavos de final se toma en cuenta la tabla
general de los dieciséis equipos clasificados, Boca acabó siendo el mejor de
todos los que han jugado, pero lo extraño es que con su mediocre campaña (un
triunfo, cuatro empates y una derrota), River acabó siendo el peor de los
segundos clasificados y eso hace que deban enfrentarse ahora a doble partido
para definir el pase de uno de ellos a cuartos de final.
Serán dos partidos durísimos no sólo por el
histórico enfrentamiento entre los dos equipos, los dos más ganadores del
fútbol argentino y con una tremenda rivalidad, sino que presentará la
posibilidad de volverse a ver las caras luego de otros durísimos
enfrentamientos a fines de 2014, cuando debieron jugar por las semifinales de
la Copa Sudamericana.
En aquella ocasión, empataron 0-0 en la Bombonera
(el estadio de Boca Juniors) y River venció 1-0 en el Monumental, con un gol de
media distancia de su volante Leonardo Pisculichi, aunque Boca había tenido una
inmejorable chance de vencer (el gol de visitante vale doble) al tener un
penalti al minuto de iniciado el partido, que el portero Marcelo Barovero
contuvo al delantero Emanuel Gigliotti.
Luego, River acabaría ganando la Copa a doble final
ante Nacional de Colombia, aunque en los
dos partidos de preparación en el pasado verano de 2015, Boca venció en ambos,
y en uno de ellos, por un humillante 5-0, que se tomó con cierto aire de
revancha, aunque no fue oficial.
River mantuvo su plantel desde 2014, con algunas
figuras claves como el mencionado portero Barovero, una defensa muy firme en la
que se destaca el ex Boca Jonathan Maidana, el experimentado mediocentro
Leonardo Ponzio, el volante uruguayo Carlos Sánchez, los delanteros Rodrigo
Mora y el colombiano Teo Gutiérrez y la reciente incorporación, el talentoso
Gonzalo “Pity” Martínez.
Boca, en cambio, se ha reforzado mucho, en la
búsqueda de un título que no consigue desde 2012, cuando ganó la Copa Argentina
(similar en su formato a la Copa del Rey) y al portero Agustín Orión y al mediocentro Fernando Gago (mundialistas
en Brasil 2014), y al experimentado Daniel “Cata” Díaz (ex Alético Madrid) se
le sumaron jugadores claves como Marco Torsiglieri (llegado del fútbol
europeo), el uruguayo Nicolás Lodeiro
(desde el Corinthians) y el goleador de la selección italiana Daniel Osvaldo,
mientras hay rumores insistentes acerca de que regresaría desde el 1 de julio
nada menos que Carlos Tévez, gran figura de la Juventus, quien podría ser
incorporado para las semifinales de la Copa, si es que Boca continua en el
certamen, porque éste se parará durante la Copa América de Chile entre el 11 de
junio y el 4 de julio.
Pero no todo termina allí sino que paralelamente a
la Copa Libertadores, Boca y River pelean por el título argentino, en un nuevo
formato de torneo de treinta equipos que durará hasta fin de año, y la
casualidad hizo que deban enfrentarse en la Bombonera el 3 de mayo, mientras
que los dos partidos de Copa serán el 7 de mayo (en el Monumental) y el 14 de
mayo (Bombonera).
Es decir que los argentinos tendrán tres
“Superclásicos” en once días, que se vivirán con la tensión y la pasión con las
que los argentinos sienten el fútbol.
¿Quién tiene más chance de pasar en la Copa? Esta
vez, Boca llega con algo de ventaja, aunque mínima. Tiene un equipo más sólido
que en 2014 aunque no ha terminado de jugar a gran nivel, aunque el hecho de
que se defina el pase en su estadio, juega a su favor.
River suele tener un juego más atildado que Boca,
aunque ha tenido un mal comienzo de año, y recién ahora, que a duras penas ha
logrado pasar de grupo, se notó ante Bánfield, por el torneo local, un gran
alivio, y siendo el peor clasificado en la fase anterior, tiene poco que
perder.
Queda poco para dilucidar quién acabará más contento
o más triste, pero el fútbol argentino se paralizará dentro de pocos días.
viernes, 17 de abril de 2015
Los superclásicos que nos esperan
Con los resultados de la semana, tendremos tres
superclásicos argentinos que seguramente generarán una altísima tensión. Dos de
ellos por los octavos de final de la Copa Libertadores de América y uno, por el
Torneo argentino.
Lo extraño es la forma en que ambos llegan a los dos
partidos de Copa, recreando demasiado pronto aquellos enfrentamientos del
último cuatrimestre de 2014 por las semifinales de la Copa Sudamericana, un
certamen de nivel bastante menor al de mucho mayor tradición y jerarquía de la
Libertadores, pero que implicó en su momento un enorme despliegue, idas y
vueltas, y dos partidos muy tensos en los que acabó imponiéndose River por una
mínima ventaja de un gol de Leonardo Pisculichi desde fuera del área, luego de
que Emanuel Gigliotti perdieras un penal en el inicio, contenido por Marcelo
Barovero, que diera lugar a todo tipo de comentarios folklóricos y que implicó
una subida del arquero y la pronta salida del delantero, postergado, hacia el
fútbol chino.
Es que si los
superclásicos determinan cosas, mucho más, una serie clasificatoria a dos
partidos en un torneo tan importante, de hecho el más importante, del
continente sudamericano.
Por estas horas le preguntaron al director técnico
de Boca Juniors, Rodolfo Arruabarrena, si esta serie puede considerarse
revancha de la de la Copa Sudamericana y respondió que aquello “ya pasó” y que
esto es “otra cosa”. Y lo es, pero consideramos que no en el sentido de lo que
manifiesta el Vasco, sino porque aquella no tiene el nivel de ésta, y porque cada
contexto es importante resaltarlo.
Caso contrario, Boca podría argumentar que la
eliminación de aquella Copa Sudamericana de 2014 bien pudo empardarse con el
durísimo 5-0 del verano, pero tampoco significa lo mismo. Fue un amistoso en el
que había en juego más la tradición y el eterno enfrentamiento, que algo
oficial de mucho valor.
Acaso para River, y especialmente para Marcelo
Gallardo, su director técnico, esta serie a doble partido, pueda tener, tal
vez, cierto sabor a revancha histórica porque once años atrás, pero por las
semifinales de la Copa Libertadores, Boca había eliminado a River en dos
partidos para el infarto, con un último penal que convirtió José Villarreal
después de que Roberto Abbondanzieri le contuviera el suyo a Maxi López, en un
Monumental lleno sólo con hinchas locales, que en aquel momento era una
experiencia inédita y hoy, una triste costumbre del fútbol argentino.
En aquellos dos partidos, pero en especial en el
primero en la Bombonera, sólo con el público de Boca, Gallardo fue triste
protagonista cuando arañó al arquero de Boca, que no podía responder porque
estaba sujetado por otros jugadores, en un contexto muy violento, que en la
revancha se trastocó por permanentes cambios en el resultado, expulsiones y
todo tipo de aditamentos, como aquel festejo “de la gallina” de Carlos Tévez,
hoy próximo a regresar al club de sus amores y que hasta podría, tal vez,
disputar las semifinales y la final en el caso de que Boca avanzara a esas
instancias.
Lo extraño de esta serie es cómo llegan los dos
equipos, de la manera tan opuesta que la coincidencia es notable. Boca llega
con un notable récord en puntos, porque acumuló los 18 en juego de la fase de grupos,
consolidado como primero de los treinta y dos equipos participantes en el
torneo, lo que le da la gran chance, en el caso de progresar en las fases, de
definir siempre de local hasta la propia final. River llega como peor de todos
los segundos, después de una campaña mediocre, con una sola victoria, en el
último partido, en un grupo que más allá del buen equipo mexicano de Tigres,
contaba con San José de Oruro y Juan Aurich.
Así es que “el mejor de los mejores” (Boca) debe
cruzarse con “el peor de los peores” clasificados (River) y aún así, cosas del
fútbol y de la historia, nadie puede asegurar que los primeros sean amplios
favoritos, como en cambio sí se podría decir de muchos otros partidos de
octavos de final, en los que la distancia entre equipos, de acuerdo con la fase
de grupos, es menor.
¿Boca llega mejor que River a los dos partidos de la
serie, y al del torneo nacional? Nos animamos a decir que no tanto. River ha
tenido tropezones en la Libertadores y no ha tenido un buen rendimiento, pero
sí ha jugado mejor en los últimos partidos del torneo local, si bien sin
consolidar un once, con muchas rotaciones y varios jugadores que no encontraron
el nivel de 2014 (Pisculichi, Funes Mori, Kranevitter, Teo Gutiérrez), pero fue
mejorando su juego, y ha hecho una muy buena inversión con Gonzalo “Pity”
Martínez, un jugador desequilibrante por estos tiempos.
Aún jugando por debajo de su nivel, River siempre
conservó su identidad de juego. Presión alta (aunque sin la constancia de otros
tiempos), juego colectivo, desequilibrio individual y afecto por el buen toque
de pelota, con cierta endeblez defensiva como novedad, aunque con un grandísimo
momento de Barovero en el arco.
Boca, en cambio, es mucho más una incógnita. Porque
por más intento que Arruabarrena haya tenido por mejorar el sistema de juego,
sigue siendo, en casi todos los momentos, una suma de voluntades, algunos pocos
que tratan de bajar la pelota y pensar (Fernando Gago, Nicolás Lodeiro, el
chico Cubas, a veces Pablo Pérez, Daniel Osvaldo –cuando es abastecido-) pero
la mayoría sigue confundiendo correr y chocar con jugar y hasta hay quienes se
pasan de largo en ese afán (Marcelo Meli, Federico Carrizo, Cristian
Erbes-ahora lesionado- , Andrés Chávez).
Boca sí se ha consolidado atrás, lo que le da gran
respaldo, con dos arqueros de categoría como Agustín Orión y Guillermo Sara, y
una muy buena dupla central con Daniel “Cata” Díaz y Marco Torsiglieri, y un buen complemento de Nicolás Colazo por
el lateral izquierdo, aunque no tanto por la derecha.
Pero este Boca juega menos que River. Las dos
grandes diferencias a favor de Boca pasan por las individualidades, que si
funcionan bien pueden tener un peso decisivo, y por la condición de local en el
partido de vuelta, en el que en caso de empate, debe definirse todo en la
Bombonera y ante el público local.
¿Puede ganar River? Visto desde dónde vienen, parece
una empresa más difícil que en la Sudamericana, pero el equipo de Gallardo
viene en levantada y juega mejor que su adversario a lo largo del tiempo, pero
deberá sacar un muy buen resultado en la ida en el Monumental y deberá mejorar
mucho en la marca y conseguir hacerse del control de pelota en el medio.
¿Puede ganar Boca? Tiene elementos a favor en el
calendario y en algunos cracks, pero si juega como ante Nueva Chicago o
Palestino, se tiene que preparar para sufrir.
¿Puede condicionarlos el partido del campeonato
local, que se juega antes? Parece difícil. Allí sí, cada torneo puede ser
diferente. Los jugadores están muy acostumbrados a cambiar de chip.
Boca-River, River-Boca, tres partidos para que la
Argentina futbolera se paralice, para recrear uno de los enfrentamientos más
ricos del mundo. Diez días de gran tensión y para quedar en la historia.
miércoles, 15 de abril de 2015
Mendigos del buen fútbol (Jornada)
Pasó la primera de las dos jornadas de la ida de los
cuartos de final de la Champions League: Atlético Madrid y Real Madrid
empataron 0-0 en un partido duro, intenso, hablado hasta por los codos y con
tres buenas atajadas del arquero esloveno rojiblanco Jan Oblak. Juventus, como
local, le ganó 1-0 al Mónaco con un penal muy discutido al español Alvaro
Morata, que acabó convirtiendo el chileno Arturo Vidal. Y alguna que otra
llegada más.
En ese partido, en Turín, jugó Carlos Tévez, de
quien trascendieron declaraciones al diario “La Repubblica” de Italia, en las
que no sólo dijo que quería regresar a Boca para jugar y luego intentar ser
presidente del club, sino que reconoció, cuando le consultaron si el actual es
su mejor momento en el fútbol, que no es así y que “en Boca volaba”.
Es decir, Tévez no dijo que su mejor momento fue en
Manchester United, donde fue campeón de liga, europeo y mundial en 2008, ni en
Manchester City, en el que también fue campeón de la Premier League, ni
siquiera en el West Ham, al que salvó del descenso en pocos partidos jugados,
en los que metió goles a todos los
grandes de Inglaterra.
Tévez se refirió a su paso por Boca entre 2002 y
2004, cuando se dio el lujo de hilvanar jugadas memorables. Tévez juega y es
absoluta figura de una Juventus que no llega a una final de Champions League
desde 2003, y a punto de consagrarse campeón de la Serie A por cuarto año
consecutivo, en la que cuatro de los
cinco goleadores del certamen son él mismo, Mauro Icardi, Gonzalo Higuaín y
Paulo Dybala, entre los que apenas si se meten el francés Jérémy Ménez y el
local, Luca Toni.
Es que, como diría el recientemente fallecido gran
escritor uruguayo Eduardo Galeano, el
mismo de “Su majestad, el fútbol” y “Fútbol, a sol y a sombra”, somos “mendigos
del buen fútbol” y éste, quieran que no, viene muchas veces de la mano de los
argentinos, o para abrir el abanico, de los sudamericanos.
Galeano,
quien con su pluma excepcional caracterizó como pocos a Latinoamérica
con sus notables pinceladas, tuvo al buen fútbol, a ese que muchos se olvidan
de su existencia para llevarlo a una mesa con tablas de calcular o pretenden
compararlo con las matemáticas cual si fuera una ciencia exacta, como mito y
estandarte, y como parte de sus más nobles aspiraciones, una vez que entendió
que no podía jugarlo él mismo más que en su imaginación.
“Si hay una certeza en la vida, a los 35 años, es
que no seremos ya el número nueve de Boca”, suele decir, con un enorme grado de
acierto, otro gran pensador del fútbol como Alejandro Dolina. Y Galeano se
permitió escribir páginas hermosas para contarnos historias, emociones.
Como aquella, cierta o no, ya no importa, sobre el
gran capitán de la selección uruguaya campeona del mundo en Brasil en 1950, que
al terminar el histórico partido aquél del Maracaná con la victoria celeste
2-1, enojado con sus dirigentes de la Asociación Uruguaya por lo ocurrido en el
túnel antes de saltar al césped (aquella historia que tan bien canta el también
oriental Jaime Roos, “los de afuera son de palo”, como el corpulento Varela
arengó a sus compañeros para que no hagan caso a los conformistas de la
derrota), prefirió salir solo por las calles de Río de Janeiro, en donde se
impregnó de la tristeza popular hasta terminar abrazado a algunos de los
cariocas, perdido entre los bares.
No importa si esa historia fue cierta o no. Vale la
imaginación de Galeano, porque como decía otro célebre escritor ya fallecido,
el colombiano Gabriel García Márquez, somos selectivos cuando narramos y
siempre aparece nuestra subjetividad y nuestro deseo de que algo haya ocurrido.
Y en esas historias de lo que tal vez pudo ocurrir,
este cronista se dio el gran placer de participar junto a Galeano, Víctor Hugo
Morales, Osvaldo Bayer, Jorge Valdano y Gary Lineker, entre otros, de la
película “El Mundial olvidado”, de los italianos Lorenzo Garzella y Filippo
Macelloni, basada en “El hijo de Buch Cassidy”, el cuento de otro grande,
Osvaldo Soriano, sobre un supuesto Mundial de 1942 en la Patagonia, en cuya
final se habrían enfrentado alemanes nazis e indios mapuches.
Galeano escribió para los de abajo, para los
humildes. Pensó en ellos y en darle entidad a un continente latinoamericano
perdido entre las luces de los Estados Unidos. Y lo hizo con un gran talento,
especialmente en los textos cortos, donde más se destacó.
Por suerte para todos nosotros, el fútbol también
ocupó parte de su obra desde la fina sensibilidad, y desde aquella exigencia
que sólo puede nacer en un sudamericano para que el resultado no pueda opacar
al placer, para resaltar la finta, la gambeta, el amague, la cortina, eso que
hoy parece en extinción en buena parte del planeta, en estos tiempos de los ceroacero justificados desde el desdén
tacticista por el espectáculo y a favor del negocio de unos pocos en desmedro
de una mayoría resignada.
Y hoy juega el Barcelona en Francia ante el PSG. El
genio de Lionel Messi, al que Galeano también describió como pocos, así como al
genio rebelde de Diego Maradona, enfrentando a otro supercrack como el sueco
Zlatan Ibrahimovic, y tendremos, tal vez en el mismo partido, a Andrés Iniesta,
y a Xavi Hernández (si el director técnico Luis Enrique acaba con su fobia
contra el gran organizador culé), y acaso vivamos una fiesta que vivimos
postergando esperando que aparezcan esos instantes mágicos que el fútbol nos
puede brindar.
Y lo esperamos como el agua, porque en esta travesía
por el desierto del posibilismo, no abunda. Somos, al cabo, mendigos del buen
fútbol. Galeano no se equivocaba. Tampoco cuando ante los grandes acontecimientos
de la pelota, escribía (y pensaba) “Cerrado por fútbol”.
Hoy es uno de esos días. Que el homenaje a Galeano
no sea un minuto de silencio. Que sea un caño, una finta, una gambeta, un tiro
libre de los que Messi es capaz, una cortina.
@sergiole en Twitter
domingo, 12 de abril de 2015
¿Cuánto influirá la Liga en los choques de Champions? (Yahoo)
El ex jugador, entrenador y director deportivo Jorge
Valdano, alguien que tiene la capacidad de analizar el fenómeno a cierta
distancia, suele repetir que el fútbol “es un estado de ánimo”. Aunque esto no
debería ser llevado siempre como única consigna, también es cierto que la
influencia de lo que pasa por el cabeza termina influyendo cada vez más en los
rendimientos y éstos son los que suelen generar los resultados finales.
Esta semana, los tres equipos más importantes de la
Liga Española, el Barcelona, el Real Madrid y el Atlético Madrid, tienen
choques muy importantes por el inicio de los esperados cuartos de final de la
Champions League, y vienen de distintos momentos anímicos, especialmente por lo
ocurrido en el fin de semana.
El Barcelona tuvo que trabajar muy duro para poder
revertir lo que parecía una liga perdida a manos del Real Madrid y un triunfo
no muy convincente en el Camp Nou ante su clásico rival, lo alejó a cuatro puntos
a falta de diez jornadas, pero los dirigidos por Luis Enrique se encargaron ya
de mostrar que no hay nada dicho aún y cuando dominaron claramente la primera
parte al Sevilla en el Sánchez Pizjuán con una incuestionable distancia de 0-2,
el arquero Claudio Bravo calculó mal el remate de Ever Banega, el entrenador
azulgrana se equivocó (una vez más) al quitar a un delantero que estaba en una
buena noche, como Neymar, para conservar el resultado colocando a Xavi
Hernández, y Kevin Gameiro aprovechó un error en una salida de Gerard Piqué
para empatar.
Más allá de las circunstancias del partido en
tierras andaluzas, lo cierto es que el Barcelona no termina de tener un buen
andar porque no es un equipo. Consigue una serie de pases coordinados en una
ráfaga de minutos, cierta solidez defensiva por otros momentos, y se recuesta
en su poderoso ataque, aunque también irregular. Pero no mantiene aquella
filosofía de los tiempos de Pep Guardiola y Tito Vilanova, y por eso es que
Luis Enrique no tiene problemas en tratar de defender un resultado, arriesgando
perder la pelota, en vez de seguir apostando a un juego de posesión.
Habrá que ver cómo influye esta pérdida de dos
puntos clave ante el Sevilla en su próxima visita a París para jugar contra un
PSG en alza, tanto en la Liga, como en la Copa de Francia, que acaba de ganar
con una goleada de 4-0.
Puede decirse, por antecedentes, peso en Europa y
plantillas, que el Barcelona a priori es favorito en esta serie (además de
definir en Camp Nou en la revancha) pero si saca un mal resultado en Francia
puede llegar a complicarse.
El derbi madrileño, en cambio, tiene mucho más
difícil pronóstico. Sin dudas el Real Madrid llega mejor anímicamente porque
acaba de encenderse su esperanza, muy baja hasta hace días, en la Liga, a la
que dominó en gran parte de su trayecto.
Parecía todo acabado con la derrota en Camp Nou ante
el Barcelona, pero ya se veía cierto cambio de la mano de un perspicaz
entrenador Carlo Ancelotti, que buscaba afinar el trabajo para llegar a este
tramo final de temporada con el plantel a punto en lo físico y en lo
futbolístico, con un Luka Modric nuevamente aceitado, con el regreso de James
Rodríguez y Jesé, y ahora, aunque tras una pequeña lesión, también con un
recuperado Gareth Bale y por si fuera poco con un Cristiano Ronaldo que ha
vuelto a su senda goleadora, y Sergio Ramos también aparece sin problemas,
dándole otra firmeza a la defensa.
La seriedad con que el Real Madrid salió a jugar los
partidos ante los débiles Granada y
Eibar y ante un Rayo Vallecano que gusta de la posesión y tiene argumentos para
eso, es una buena muestra del grado de concentración blanca para lo que viene.
Pero Ancelotti y sus jugadores saben que el martes
en el Vicente Calderón tendrán enfrente a uno de los equipos más duros a los
que tuvieron que enfrentar en los últimos tiempos, y aunque acabaron venciendo
en la final de la Champions pasada, sufrieron hasta el último minuto para
empatarlo, y ya luego de esa definición, no pudieron ante los “colchoneros” que
incluso los golearon sin piedad 4-0 en el mismo escenario, semanas atrás, por
la Liga.
El Atlético Madrid no tiene secretos. Es un equipo
hecho a la medida de su entrenador argentino Diego Simeone, uno de los grandes
ídolos de la historia del club.
No pretende ningún lujo. Juega vertical, tratando de
marcar y evitar que le marquen, aunque pueda elegir vías diferentes, aunque
contrariamente al Barcelona, sí tiene claro lo que pretende en cada partido.
El Atlético sigue siendo un equipo aguerrido, que
trata de tapar agujeros de ventas importantes como lo fueron Diego Costa,
Thibaut Courtois o Filipe Luis, que ha traído lo que ha podido (especialmente
fue festejado, más allá de su irregular rendimiento hasta ahora, el retorno de
Fernando Torres), y que suple con los movimientos y el esfuerzo colectivo,
cierta pérduda de técnica en la elaboración, que suele quedar en los pies de
Koke o especialmente de Arda Turan.
En Liga, el Atlético no pudo seguir esta temporada
con la continuidad de la anterior, pero aún así, mantiene el tercer lugar, en
una disputa palmo a palmo contra el muy crecido Valencia, lo cual sigue siendo
un mérito si comparamos su presupuesto con el de los dos primeros, muy alejados
en lo económico.
El derbi de Madrid tiene muy difícil pronóstico por
todo lo que hay en juego, por la doble rivalidad que existe entre ambos clubes
desde siempre y en estos tiempos de títulos nacionales e internacionales de los
dos.
jueves, 9 de abril de 2015
Jugador velado (Un cuento de Marcelo Wío)
Llegó al Botafogo como
cualquier otro; hurtado al ignorado y anónimo interior del continente por un ojeador
(u oteador) con astucia, con visión de las habilidades que atesoran ciertas
piernas escurridas de polvo y mísera alimentación. Pero, para ser sinceros, no
hubo ninguna habilidad para leer la destreza de Itaete Ararayu; cualquiera que hubiera visto un partido de fútbol en su vida
hubiese hallado esa diferencia exquisita que poseía el joven paraguayo.
En favor del ojeador, hay
que decir que bregó de lo lindo para convencer a la familia, primero; y luego,
al propio Itaete, para llevarlo a Brasil. Itaete no jugaba con mayor visión de
futuro que la portería rival (cúmulo de ramas o piedras o lo que fuera que,
como dos tocones, marcaba una región de conversiones y glorias pequeñas pero
sumamente relevantes).
En aquel entonces, los
viajes no poseían el carácter de inmediatez de ahora. Así que Manuel Francisco dos Santos – que ese
era el nombre con el que el ojeador del Botafogo transitaba por la vida y
también por las calles de la ciudad en la que se encontrara – redactó un
informe donde detallaba la excepcionalidad de Itaete: “Habilidad es un término
ridículo cuando se intenta definir al señor Ararayu (el “señor” tenía 13 años,
pero el respeto, y las distancias, era algo que aún no se había perdido)”,
escribió en un pasaje de la referida memoria.
El hecho se produjo cuando
Dos Santos quiso hacerle una foto al joven Itaete. Ya no la familia, toda la
tribu – porque hasta allí, hasta una tribu amparada por el Chaco frondoso y
apiñado como un conjuro benefactor, se había llegado Dos Santos buscando lo que
él consideraba era el verdadero tesoro de los Césares – protestó. Dos Santos
corrió mejor suerte que Guido Boggiani al que también se le
ocurrió fotografiar a los miembros de una tribu de la zona: fue enterrado con
su cámara.
El padre de Ararayu le explicó a Dos
Santos que la fotografía les roba el alma a los miembros de la tribu. Eso, al
menos, fue lo que entendió Dos Santos. Así que el ojeador, respetuoso, guardó
la cámara, y anotó en su informe: “Por tradiciones de su pueblo, recomiendo
fervientemente evitar fotografiar al señor Itaete Ararayu”. Nada puede
reprochársele a Dos Santos.
“Eso sí, habrá que hacerle una – y una
sola – foto para federarlo”, le avisó Dos Santos al padre de Itaete.
“Una única…”, caviló el padre.
El anciano de la tribu opinó: “Una sola;
y nunca más. Su alma – concepto que entendió Dos Santos – se restituirá…
llevará su tiempo, claro… Pero es aceptable en términos… vitales”.
El informe llegó a Río de Janeiro unas
semanas antes que Dos Santos e Itaete. Quien lo leyó, tomó buena nota de la
advertencia del ojeador; no era la primera vez que un muchacho arribado de las
entrañas de la tierra exigía cuestiones que eran elementales en su cultura.
En las divisiones inferiores Itaete hizo
lo que quiso, como si una magia ancestral engañara al balón y a los rivales.
Con quince años el director técnico del primer equipo del Botafogo decidió
llevarlo al banquillo. Ese mismo día, mientras el partido transitaba por esos
rumbos del tedio y el sofoco, decidió meter a Itaete al campo de juego. “Qué
despiporre”; “Qué jolgorio paraguayo”; “Dios visitó el estadio General
Severiano”, y así, los comentarios de los relatores en la radio.
Al finalizar el partido, los periodistas
se fueron en malón al vestuario del Botafogo. ¿Quién era aquel purrete que se
había burlado de las leyes de la física?
Claro, periodistas… y fotógrafos. Los
flashes se comenzaron a disparar antes de que aquel que había leído el informe
se hubiera dado cuenta. En minutos… qué digo minutos; segundos, Itaete
desapareció.
Tiempo después, cuando Dos Santos
llevaba años obsesionado estudiando el tema, cayó en la cuenta de que cuando
los lugareños de aquel lugar del Chaco paraguayo dijeron lo que él creyó que
quería decir “alma”, estaban significando “existencia”.
Itaete es, desde entonces, un hecho
inexplicable omitido en silencio acordado entre todos los que presenciaron su
volatilización. Itaete fue la alucinación colectiva – del público y los
periodistas - en una tarde de fútbol anodino. Itaete fue literatura radial.
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