miércoles, 6 de mayo de 2015

El reencuentro de Messi y Guardiola (Jornada)



Uno de los dos acabará triunfando y el otro, vencido, cuando el martes de la semana que viene termine la serie de los dos partidos semifinales de la Champions League en el Arena de Munich entre el Barcelona y el Bayern, pero si hay algo para destacar de este enfrentamiento es que hoy a las 20,45 (las 15,45 de la Argentina), Lionel Messi y Josep Guardiola volverán a encontrarse en un gran acontecimiento, después de los años de esplendor que vivieron juntos entre 2008 y 2012.

Pocos han sido tan influyentes para Messi como Guardiola, el actual director técnico del Bayern, que pese a ser un emblema para todos los barcelonistas, apareció ayer vestido con buzo naranja en la conferencia de prensa previa en el Camp Nou, y la comenzó hablando en alemán.

Minutos antes, en el mismo lugar, Messi había reconocido que Guardiola había ejercido una gran influencia en su juego en los años del Barcelona pero que hacía mucho tiempo que no tenía contacto con él, y que apenas si se habían saludado en alguna fiesta.

Se llegó a decir, incluso, que la relación entre director técnico y jugador no fue más la misma y que el desgaste de tantos años juntos determinó su salida en 2012, cuando “La Pulga” ni siquiera pudo asistir al anuncio de despedida por la tristeza que sentía y para que los flashes y las cámaras no tomaran su rostro.

Antes que todo lo que ocurrió en estos tres años separados y del enfrentamiento a doble partido que comienza hoy, Guardiola y Messi construyeron juntos lo mejor del fútbol de las últimas décadas, apoyados también en un criterio estético poco común, como el que primó en el Fútbol Club Barcelona, con espectáculos que repartieron alegría a los seguidores del balompìé de todo el planeta.

Pocos como Guardiola entendieron y contuvieron al genio argentino, desde el primer entrenamiento, cuando el entonces muy joven entrenador catalán, que venía del Barcelona B, se sorprendió por el trato hosco del crack, que ni lo saludaba al terminar los ejercicios y hasta le retiraba el brazo, enojado.

Guardiola no lograba entender pero sí intuía que así, iba por mal camino, y decidió consultar con su ayudante de siempre, Manel Estiarte, quien llegó a ser “el Messi del waterpolo” Y éste le explicó que lo que el jugador quería era poder ir a los Juegos Olímpicos de Pekín con la selección argentina, pero el club le había ganado la disputa legal a la AFA en el Tribunal Superior de Suiza y parecía asunto cerrado. 

Guardiola entendió que lo mejor para el jugador era liberarlo, pese a que había que jugar la clasificación a la Champions en ese mismo tiempo, y lo bien que hizo: Messi terminó siendo campeón olímpico y volvió y explotó en un Barcelona que dio espectáculo, ganó la Liga, luego la Champions en 2009 y al final, el Mundial de Clubes.

Guardiola fue un entrenador muy exigente, que se metió hasta en la dieta de Messi, al que corrigió para hacer que almorzara en el club y no en los restaurantes en los que solía hacerlo sin control, pero también fue quien lo colocó como “falso nueve” en aquel 2-6 glorioso contra el Real Madrid en el Santiago Bernabeu, aunque eso le trajera problemas posteriores con los centrodelanteros carísimos que fichó el club (Zlatan Ibrahimovic, David Villa, el propio Samuel Eto’o que ya estaba).

Pero el director técnico, que ganó todo (en serio, no como frase mal utilizada en el uso corriente), protegió al crack de los rivales y de los propios. Entendió que el crecimiento del chico, que comenzó de extremo derecho pero fue tendiendo a jugar hacia el medio del ataque, significaba dejar de lado a los “nueves puros” y leyó bien, aunque sorprendido, aquél sms que le llegó en un bus oficial, sentado adelante, y que venía desde el fondo: “O Ibra o yo”.

Tal como le dijo al periodista  español Guillem Balagué, para su excepcional libro “Messi”, Guardiola  cree que nunca más verá un jugador de la calidad del argentino y siendo rival en semifinales de Champions, y con el buzo del Bayern, lo ratificó cuando le consultaron cómo se lo para. “No hay manera, si juega como está jugando. Por eso, nosotros tenemos que hacer nuestro juego y no pensar en eso”, dijo el catalán.

Tanto Messi como Guardiola saben lo que es pasar por La Masía, donde se genera el fútbol base del Barcelona y juntos vivieron tiempos excepcionales, únicos, que determinaron que tres jugadores nacidos en el club llegaran a optar para la terna del Balón de oro FIFA World Player: Messi, Andrés Iniesta y Xavi Hernández.

Guardiola, tras un año desgastante, fue reemplazado por su ex ayudante de campo y amigo Tito Vilanova, que fallecería poco tiempo después, y regresó a la dirección técnica en un Bayern al que le dio un vuelco cultural aún cuando venía de ganar los títulos más importantes con Jupp Heynckes.

La dirigencia del club apostó entonces por el juego de la posesión, los extremos, la prolijidad y el juego construido desde el fondo con un plantel de gran calidad, aunque ahora mismo tenga varias bajas por lesiones de jugadores fundamentales, aunque va recuperando al volante Thiago Alcántara, también de La Masía, pero que el Barcelona no pudo ver como parte del futuro, y Guardiola se le anticipó.

Hoy, entonces, asistiremos a este reencuentro entre maestro y alumno, entre un gran director técnico y un genio del fútbol, pero además, en el marco de uno de los grandes partidos que podemos llegar a ver en este tiempo, acaso el mejor posible de clubes: el Barcelona y el Bayern Munich, con dos formas de jugar muy parecida: al cabo, el equipo que tiene la base de Pep, y el equipo que va conformando Pep.

La clave, claro está, pasará por la disputa de la tenencia y la administración de la pelota, y con los mejores ejecutantes posibles.

Acaso sea el marco justo para que Pep y Leo, Guardiola y Messi, se fundan en un gran abrazo y todos disfrutemos de una gala como este partido de Champions se merece.


lunes, 4 de mayo de 2015

Una muy fuerte semana de Champions (Yahoo)



La UEFA Champions League regresa con la potencia que muy pocos torneos de fútbol en el mundo pueden llegar a tener, con dos semifinales de lujo y con cuatro equipos que ya la han ganado en más de una oportunidad, mientras que tres de esos cuatro serán ganadores de sus respectivas ligas nacionales, y el cuarto la habrá peleado hasta el final, todo un símbolo de la fortaleza de estos enfrentamientos.

Si siempre fue difícil pronosticar ganadores para la gran final de Berlín, mucho menos en este caso. La Juventus, que acaba de coronarse campeona de la Serie A italiana, aunque fue líder durante todo el torneo, ya puede enfocarse definitivamente en el Real Madrid que al contrario, se encuentra  siempre a dos puntos del Barcelona aunque lleva ganando sus últimos siete partidos en la persecución de los azulgrana, en un torneo español que parece que se definirá en la última jornada.

Si bien los italianos no están en el pico de su rendimiento, cosa lógica teniendo en cuenta el desgaste que han tenido y alguna lesión clave como la de Paul Pogba, el hecho de tener ya la mente sólo para esta serie hace que tengan un plus de ventaja física ante Real Madrid, que sí tendrá que afrontar en el medio, antes de la revancha como local en el Santiago Bernabeu, un duro partido ante el Valencia por la Liga.

En la Juventus hay dos jugadores clave: Andrea Pirlo, y su estado físico para clarificar el juego, y Carlos Tévez, en un momento espectacular de forma, pero que en un gran duelo deberá vérselas tratando de jugar en las espaldas de los volantes de contención blancos, y frente a una dura, y técnica, zaga central.

Por cierto, el entrenador Carlo Ancelotti, viejo conocedor de la mentalidad con la que los equipos italianos afrontan esta clase de compromisos, poco habituales en los últimos tiempos, probó en un tremendo partido del pasado sábado ante el Sevilla en el Sánchez Pizjuán una vez más con Sergio Ramos como mediocentro, al lado de Toni Kroos, algo que podría repetir en Turín el próximo martes, aunque esto puede ser complicado si Tévez se recuesta sobre este lado ante un jugador con mucho carácter, pero poco oficio en el sector.

Por el contrario, Real Madrid tiene una cantidad de variantes ofensivas que puede darse el lujo de probar una fórmula en Italia con los dos creativos (James Rodríguez e Isco) por detrás de la línea de ataque, en la que Cristiano Ronaldo atraviesa un gran momento, o bien recuperar pronto a Gareth Bale, como tercer atacante, tal como se encargó de demostrar ante el Sevilla, cuando si bien fueron dos los de arriba (en un sistema 4-2-2-2), tranquilamente podrían volver a ser tres.

El miércoles habrá otro duelo de campanillas en el Camp Nou, más allá de la carga simbólica del regreso de Josep Guardiola a su lugar de nacimiento (futbolero y real), aunque por primera vez, con otro equipo y tan poderoso como el Fútbol Club Barcelona.

Y el fútbol es tan rico que apenas dos años después enfrenta otra vez al Bayern Munich y al Barcelona, tras aquel durísimo 7-0 de la serie a favor de los alemanes, y aunque éstos ya se coronaron campeones de la Bundesliga, vienen de una mala semana tras caer sorpresivamente ante el Borusia Dortund en su casa por la semifinal de la Copa Alemana y de una derrota (sin demasiada importancia salvo en el aspecto anímico) ante el Basyer Leverkusen.

Este Bayern tampoco es el de su pico de rendimiento de la temporada, sin poder contar con dos de sus máximas figuras, Frank Ribéry y Arje Robben, quien intentó regresar luego de semanas de ausencia por lesión ante el Borusia Dortmund y duró unos pocos minutos, generando un gran signo de interrogación para Guardiola.

Eso sí: el gran entrenador catalán parece haber aprendido la lección del año pasado, cuando el haber ganado tan pronto la Bundesliga determinó que su equipo perdiera competitividad en la semifinal ante Real Madrid y lo pagó demasiado caro.  Esta vez, todo se decidió en Alemania mucho más cerca de las semifinales de Champions, con gran parte de la concentración en alza y el estado físico en buen nivel, incluso con otro regreso importante al Camp Nou, el del recuperado físicamente Thiago Alcántara.

El Barcelona también tiene tres noticias muy importantes en su favor: la familiarización definitiva del uruguayo Luis Suárez con el gol que ayuda a que el tridente ofensivo con Lionel Messi y Neymar haya llegado a los 108 goles en la temporada; que varios de sus goles hayan llegado de cabeza, por centros de Daniel Alves, algo muy infrecuente (por la ineficacia del lateral derecho y porque es una modalidad poco usada en los ciclos anteriores hasta la llegada de Gerardo Martino como entrenador) y los cada vez mayores indicios de cierta recuperación de Andrés Iniesta, en una de las peores temporadas que se le recuerden al crack azulgrana.

El duelo entre este Barcelona (que está rindiendo a pleno y cada vez más confiado en regresar al juego de la posesión del balón, aún cuando su entrenador Luis Enrique no recurre demasiado a su jugador más sabio, Xavi Hernández -a punto de emigrar cuando acabe la temporada-)  y este Bayern (con tantas estrellas y absoluto dominador de Alemania y siempre protagonista europeo en los últimos años) aparenta ser de una enorme paridad que puede definirse por detalles o por alguna individualidad, y en el que la condición de local en el segundo partido en el Allianz Arena, también puede ser determinante.

En cualquier caso, la mesa está servida para el gran banquete de fútbol.



domingo, 3 de mayo de 2015

Superclásico 1/3: Los cambios del Vasco y el efecto psicológico



Se fue el primero de los tres Superclásicos, con el triunfo de Boca Juniors sobre River Plate por 2-0 en la Bombonera, que deja a los auriazules como únicos líderes en el Torneo Argentino,  a tres puntos de su adversario, al que a su vez dejaron sin invicto en la competición. ¿Cuánta importancia tiene este partido, al final?

Parece difícil poder predecirlo en este momento y hasta es muy posible que no lo sepamos, a ciencia cierta, hasta muy avanzada la noche del jueves 14 de mayo, cuando acabe el tercero de los Superclásicos de esta serie, el que defina el pase de uno de los dos a los cuartos de final de la Copa Libertadores.

Sin embargo, el partido del domingo pasado en la Bombonera sí nos ha dejado buen material para el análisis y para tener cierta perspectiva de lo que viene.

Es claro que Boca llega bastante mejor que River al próximo partido del jueves en el Monumental, por la ida de los octavos de final de la Copa Libertadores. No sólo por haber ganado sino por haber podido constatar, aún jugando los dos un cotejo muy flojo, que los de Rodolfo Arruabarrena cuentan efectivamente no sólo con un plantel más amplio que su adversario, sino con más jugadores, hoy, en condiciones de desequilibrar.

Si bien el entrenador de Boca hizo los cambios muy tarde, que puede que tengan explicación (por ejemplo, que contaba con los tres ingresados muy descansados para el jueves y que el resultado y el devenir del partido obligó a arriesgarlos), no es un dato menor que por más que su equipo disponga de muchas variantes, hay nítidas diferencias entre un grupo de jugadores (Fernando Gago, Marcelo Lodeiro, Pablo Pérez, Daniel Osvaldo, el chico Pavón, Daniel Díaz, Marco Torsiglieri) que el resto.

Boca pudo haberse ido feliz del primer Superclásico pero eso para nada significa que haya jugado medianamente bien, aunque va en línea con la mayoría de los partidos de 2015 entre los que ganó casi todos, pero no consigue tener una línea de juego continua y colectiva sino que lo suyo es más espasmódico, u oportuno, en el caso de sus atacantes.

Claro que cuando los de arriba no están en sus tardes/noches, se evidencia mucho más la carencia de juego de este equipo, en el que la mayoría de las veces resuelven sus muy buenas individualidades.

Ante River, Boca tuvo la ventaja de que el rival también es mucho más potencialmente, pero jugó muy por debajo de su nivel, algo habitual durante 2015, y aún así, pudo haber convertido en tres claras oportunidades, una desviada, otra en el travesaño, y otra, conjurada por Agustín Orión.

River tampoco es el mismo cuando pierde algunos jugadores claves como Gabriel Mercado en el lateral derecho o Ramiro Funes Mori (en el banco) acompañando al muy buen central Jonathan Maidana en la zaga, pero su entrenador Marcelo Gallardo pecó en no colocar un armador de juego, ya sea Leonardo Pisculichi o Gonzalo Martínez, los dos en bajo nivel, porque el chico Driussi, algo más parejo en rendimiento en los últimos tiempos, no encontró tampoco el partido.

Tanto Boca como River jugaron un partido friccionado, trabado, luchado, con muchísimos pases errados, no sòlo al compañero sino a los propios límites al campo de juego, y para colmo de males, se cansaron en el segundo tiempo, y con el partido camino de un cero rotundo en cada arco.

En el caso de Boca, se sigue confundiendo correr con jugar. El empeño siempre es bienvenido como plus al juego, no como único recurso, y si hay una virtud en Arrbauarrena, fue la de notar que así, las chances de ganar eran nulas y aunque faltaran poco más de diez minutos, entendió que era el momento de arriesgar: el primer cambio fue más raro (Gago, un volante, por Chávez, un delantero), porque sonó a cierre, pero implicó un movimiento conceptual que pasó por emprolijar el juego, algo que profundizó con la entrada de Pablo Pérez por un Meli que hizo recordar a Blas Giunta: cortar el balón a los adversarios para luego entregarlo mal y perderlo, para redoblar ekl esfuerzo, volver a quitarlo…para volver a perderlo.

Pérez es otra clase de jugador. Fino, pensante, con gol, con llegada. Y sumado a Gago, ya Cubas de cinco clásico, y Lodeiro, no necesitaron demasiado tiempo para ganar el partido con claridad sino que si seguía, las chances de generar un marcador más alto iban en aumento.

¿Será parecido el partido de Copa del jueves? Todo indica que no. Boca, de por sí, irá con muchos jugadores distintos, tanto en el fondo como en el ataque (no parece que tanto en el medio, comparado con el equipo que acabó el clásico anterior).

River seguramente apelará a jugar un partido como los de las semifinales de la Copa Sudamericana de 2014. Necesita hacerlo y debe cambiar por completo el panorama de lo que dejó la Bombonera, con el interrogante sobre si Teo Gutiérrez està para ser titular, o si Pisculichi o Martínez, por fin, pueden levantar su nivel, y si no será que por más que Kranevitter va levantando, es el momento para el retorno de Leonardo Ponzio, con mayor experiencia en esta clase de partidos.


Boca tampoco debe engañarse. Si juega como gran parte del Superclásico del domingo, necesitará mejorar demasiado para sacar un buen resultado, pero tiene dos ventajas sobre River: el primer resultado, en lo anímico, y que sabe que cuenta con mucho recambio. ¿Le alcanzará con eso?

jueves, 30 de abril de 2015

Boca-River, enemigos íntimos de una rica historia futbolera (Jornada)



¿Qué sería de Boca Juniors sin River Plate, y qué sería de River Plate sin Boca Juniors? Imposible, para un hincha de cualquiera de los dos de estos días, y de casi todo el siglo XX en adelante, poder responderlo. Son tantas cuestiones las que se ponen en juego, es tan grande la rivalidad, que ha trascendido las fronteras argentinas para terminar conformando ambos, juntos, uno de los clásicos más apasionantes del planeta.

Es que Boca y River, que van a enfrentarse desde el próximo domingo por tres veces en doce días, una por el campeonato (al que llegan como punteros e invictos en diez fechas) y dos por la Copa Libertadores de América (los xeneizes como mejores primeros de todos, y los millonarios como los peores segundos), reúnen todas las condiciones, juntan todos los boletos, como para acaparar la atención de todo futbolero que se precie de tal.

Se ha estudiado la rivalidad desde la representación de clases sociales contrapuestas (Boca, como sinónimo de pueblo, del inmigrante, del “cabecita negra”, del oprimido, del villero; River, como el de la clase social acomodada, los ricos, el glamour, la clase dominante, el poder) aunque hoy todo se haya entremezclado, y los de la banda roja atraviesen una crisis económica de la que lentamente van saliendo, y los azul y oro hayan atravesado una década fashion, con muchos títulos en sus vitrinas y una situación más acomodada.

También se los ha estudiado, desde las ciencias sociales, por el proyecto contrapuesto de los puertos de Buenos Aires. El gran investigador Amílcar Romero (mucho menos consultado por la prensa de lo que debiera), analiza que Boca y River reúnen también representaciones, el primero, del proyecto de puerto popular, el del ingeniero Luis Huergo, y el segundo, el del puerto elitista, el del comerciante Eduardo Madero, que es el que finalmente triunfó en la capital argentina.

Pero también hay una historia de lucha por el barrio de la Boca, del que los dos son originarios, y siendo los xeneizes un club que aún estaba en Segunda División (fue fundado en 1905, cuatro años después que los millonarios), y River en Primera, una importante encuesta entre los vecinos determinó que los más pobres eran  más seguidos que los ricos, que entonces emprendieron su retirada hacia zonas más pudientes, por Palermo, Belgrano y Núñez, donde recalaron defintiivamente.

River fue el del paladar negro, el de los grandes cracks, el de las mágicas divisiones inferiores que hasta hace poco nutrieron a las selecciones argentinas.  Boca, la garra, la estirpe, la presencia, aunque no exenta de buen fútbol . En los primeros años, River, junto a Independiente y Racing fue considerado por los historiadores como integrando el grupo de los equipos con técnica, y Boca, junto a San Lorenzo y Huracán, los de fuerza.

Otros tiempos, otras divisiones, hoy todo mucho más mezclado, menos dividido en esas cuestiones, aunque quedan los rasgos de identidad de cada uno, aunque siempre fue igual: se necesitan para ser ellos mismos, con el único hecho que quebró la paridad que existió siempre: el descenso de River en 2011, que marca en ese sentido un antes y un después en la relación. De hecho, Boca es el único equipo que jugó todos los torneos del profesionalismo desde 1931.

Esta antinomia entre Boca y River  fue abordada en 2013 por el gran Rodolfo Braceli en su maravilloso libro “Querido enemigo”.

Braceli sostiene en su libro, que cuando River descendió, por un año las dos hinchadas padecieron el síndrome de la falta del enemigo, desasosiego latente en tantos hinchas de Boca de años recientes, aunque hayan aparecido carteles burlones que decían “Yo te vi en la B” o los que en las tribunas portaban sábanas representando al fantasma tan temido.

¿Boca llega mejor que River a estos partidos? La usanza de la prensa cotidiana indica que sí, que los dirigidos por Rodolfo Arruabarrena no sólo tienen una campaña más sólida en la Copa Libertadores (lo que hizo que la serie se defina en la Bombonera) sino que llevan invictos el 2015. Los de Marcelo Gallardo, que parecían irse recuperando, sorpresivamente cayeron el pasado sábado en San Juan ante Huracán por la Supercopa Argentina.

Sin embargo, bien dice Gallardo que una vez que su equipo pasó “por la ventanita” a los octavos de final, será difícil que lo paren, algo así como que no se puede matar al muerto. El peso, sin dudas, lo lleva Boca, no sólo por los rendimientos comparados, sino por la reciente eliminación a manos de su rival en la Copa Sudamericana de fines de 2014, aunque el último choque importante por la Copa Libertadores, en 2004, cuando se probó por primera vez la experiencia sin hinchadas rivales, fue Boca el que accedió a la final tras dos partidos infartantes, que la semana pasada recreó desde Italia Carlos Tévez, en un gol de la Juventus, con el símbolo de la gallinita en los festejos.

Las hinchadas es otro de los temas. Si durante tantos años se insistió con los Superclásicos, también fue por el color inigualable de los hinchas gritándose de tablón a tablón, de tribuna a tribuna, de canción a canción. La picaresca, los papelitos, el palpitar el partido desde la tercera, reserva y primera, los cambios de ánimo. Todo eso se va esfumando, perdiendo, porque hoy, parece que no pueden convivir en un mismo espacio social, un gran fracaso colectivo.

Por todo aquello que los une, aunque al mismo tiempo los separa, que Boca y River logren mantenernos en vilo por el fútbol, por el juego. Que sigan siendo “queridos enemigos” y que por años, recordemos estos tres partidos, que los podamos disfrutar.
Tanta rica historia lo merece.

domingo, 26 de abril de 2015

Leo vs Pep (Yahoo)



«La llegada de Guardiola se produjo en un momento en el que nosotros veníamos de dos años sin conseguir nada, veníamos mal anímicamente, él encontró un vestuario roto y la manera de trabajar, de ser, de transmitir su mensaje, la confianza que daba, ayudó a que todo cambiara. Tiene una personalidad para enfrentarse a cualquiera cuando tiene sus ideas claras.»

Varios años después de aquel 2008, Lionel Messi pudo recordar así la llegada y la incidencia de Josep Guardiola a su Barcelona y cómo fue transformando al equipo. Tanto, que cuando anunció que se iba, que ya no seguiría siendo el entrenador, en 2012, el genio argentino ni siquiera pudo estar presente en la sala, angustiado y sabiendo que las cámaras fotográficas y de TV se harían un banquete con su rostro.

La relación de hoy, mucho más distante, entre dos superstars del fútbol, ya no es lo que era, lo que cuenta el crack en esta entrevista para la TV argentina que recoge en su brillante libro, “Messi” (2014), el periodista Guillem Balagué.

“Ahora vivo en Munich. Allí estaré, si me necesitas”, fue lo que Guardiola le dijo a Balagué, autor también del libro “Pep Guardiola, la otra forma de ganar” (2013), sobre lo que le diría al crack en este tiempo, es decir, quien tal vez conozca mejor que nadie, en el mundo, a los dos personajes que por primera vez en su vida deberán enfrentarse por las semifinales de la Champions League, uno, como siempre, jugando para el Barcelona, y el otro, como entrenador del Bayern Munich, luego de haber convivido por años de gloria azulgrana.

Esta relación implicó una primera etapa compleja, en la que Pep tuvo que recostarse mucho en su ayudante, Manel Estiarte, para comprender la estructura de la personalidad del chico argentino, que no lo saludaba al principio, en los primeros entrenamientos en la pretemporada de Saint Andrews, Escocia.

Estiarte, acaso el Messi del waterpolo en su tiempo, comprendió lo que ocurría: el argentino deseaba ir con su selección a los Juegos Olímpicos de Pekín y el Barcelona le había ganado la pulseada a la AFA. Pero Guardiola ya comenzó a demostrar su flexibilidad y humanismo, y pidió al presidente Joan Laporta que lo liberara. Messi fue a China, ganó la medalla dorada, y entregó todo lo que tenía en años memorables, que el mundo del fútbol atesorará por siempre. Había valido la pena.

En esos cuatro años, Pep y Leo generaron con el Barcelona una sinergia especial, el mejor fútbol posible, y arrasaron con todos los títulos hasta llegar a que tres jugadores del club integraran la terna por el Balón de Oro FIFA World Player.

Sin embargo, Balagué cuenta en su libro que Oyendo hablar a Guardiola “da la impresión de que su época en el Barcelona fue como uno de esos memorables veranos: intensos, fructíferos, que se recuerdan con una profunda melancolía, que crean lazos que parecen indestructibles, pero que al acabar se descubre que las relaciones creadas pertenecen únicamente a ese momento y que, una vez dejadas atrás, son imposibles de recuperar”.

Parece ya lejano aquel glorioso 5-0 al Real Madrid de José Mourinho, y hasta el 4-0 al Bayern Munich, que los encontró juntos, del mismo lado, y con un Messi todavía extremo derecho, antes de que Guardiola lo moldeara y le encontrara una posición de “falso 9”, que daría tremendos resultados pero que generaría una nueva necesidad de comprensión del entrenador sobre que de nada valían fichajes de goleadores que terminaban obstaculizando al crack, como Zlatan Ibrahimovic o David Villa.

Hoy, ya en equipos enfrentados, en semifinales de Champions League, Messi es otro, un falso extremo que arranca mucho más hacia adentro que antes, mucho más dueño del equipo que en tiempos de Guardiola, pero el entrenador también es otro: alguien que habla alemán cada día más fluido, y que fue modelando y cambiando la estructura mental y futbolística de un club que tenía otra tradición y al que tuvo que adaptar a los nuevos tiempos.

Probablemente, Guardiola haya comenzado a irse del Barcelona en buena parte por Messi, aunque de manera indirecta. Fue cuando entendió que entre tantas presiones vividas en ese tiempo, por mantener el nivel y la exigencia, y ante la dificultad por imponer criterios (aún dentro de lo razonable) a un genio que se lo devoraba todo, lo mejor era tomarse un descanso y buscar otros rumbos.

Sin embargo, se siguen admirando mutuamente. No hacen falta declaraciones. Se pudo ver a Guardiola en el palco del Camp Nou disfrutando como un niño ante cada jugada de Messi, en esta misma temporada, y el abrazo que se dieron en el Vicente Calderón en aquella última final de Copa del Rey ante el Athletic de Bilbao, cuando el ciclo que compartieron, se terminaba.

Pep llegará al Camp Nou con un nuevo Bayern, el de la posesión y los cracks de buen pie, que hasta viste muchas veces una camiseta blaugrana, y Messi, con un Barcelona que intenta renovarse, y con un ex compañero de Guardiola en sus tiempos de jugador, Luis Enrique.

Pep sabe, y lo dice, que nunca más tendrá un jugador como Messi en sus filas. Leo sabe, y lo dice, que Pep ha sido el entrenador que más ha influido en su juego.

Que se enfrenten desde el Bayern Munich y el Barcelona es apenas una circunstancia de la vida, aunque abunden los flashes, los micrófonos, y las crónicas.







jueves, 23 de abril de 2015

La penitencia de Abelardo (Un cuento de Marcelo Wío)



Eran las 14.13 del domingo y la señora Antonioni seguía confesándose. El padre Abelardo miraba el reloj calculando lo que tardaría en quitarse los atuendos de misa, llegar a su cuartito, prender la radio, prepararse unos mates y sentarse a escuchar la transmisión de fútbol. El padre Abelardo, además, había dejado de escuchar la perorata de la Antonioni unos diez minutos después de que comenzara (a eso de las 13.03).

La señora Antonioni, a todo esto, no tenía valentía para pecar, pero ésta era suplida por una… corrompida imaginación para inventarse culpas todas las semanas. Era ésta una situación que se repetía fielmente cada domingo desde hacía casi año y medio – desde la llegada del padre Abelardo a la parroquia. El padre Abelardo, en algún momento, malició que su antecesor se había ido por ese motivo: así, lo de su fallecimiento habría sido un ardid de lo más bajo, pero nada censurable…

Esta mujer vive una vida paralela de ilusiones impuras, pensaba el padre, que calculaba que la transmisión ya habría comenzado, y que toda esa ceremonia le estaba siendo hurtada por esa señora que mentía faltas con una grandilocuencia que se oponía a su existencia chata.

In nomine pa…

Es que hay más padre…

Pero buena mujer, deje algo para la semana que viene… el Señor es comprensivo (¿Lo es? ¿Acaso no me tiene amarrado a este soliloquio? ¿Habré cometido, acaso, una infracción de la que no soy consciente?) y, sobre todo, se maneja mejor con dosis razonables de razonamiento… digamos que las juzga más sinceras…

Una voz cavernosa llegó a oídos del padre: ¿De dónde has sacado eso Abelardo?
El padre creyó que el encierro y el calor que iba ocupando cada espacio del confesionario lo estaba confundiendo en un sopor de alucinaciones.

Pero la voz volvió a manifestarse: No te preocupes, hijo, no es ningún castigo que yo haya decretado…

¿Entonces?, preguntó el padre.
¿Cómo?, cortó el hilo de sus fabulaciones, la señora Antonioni.
Nada, hija, prosiga, dijo el padre.

La voz le respondió a Abelardo, entonces: Todo es libre albedrío. Dejo que esta señora obre sus… seamos benévolos, narraciones. No te preocupes, Abelardo, que llegarás a tiempo para el partido que te interesa.

La señora en tanto, continuaba, en ese tono monocorde y fastidioso: Es que, padre, necesito sacarme este peso… cómo le diría… moral, sí, eso, peso moral, de encima.
Muy bien. Pero vaya al grano, a la flaqueza en sí, no se quede en la nota de color… en definitiva, señora Antonioni, ese… regodeo discursivo no es otra cosa que la vanidad metiendo la cola, y el Señor no tomará en serio la… sinceridad de la confesión.

La voz: Bien ahí, Abelardo, una linda gambeta doctrinal. Pero no te me agrandes.

La señora Antonioni dijo que sí, que era cierto eso que el padre decía, pero prosiguió con su particular sistema expositivo, explayándose en fabricaciones verbales.

Más allá de lo que la voz hubiese asegurado, el padre no podía tranquilizarse. 

Finalmente, sintiendo que le faltaba el aire, tuvo que quitarse el alzacuello. Casi podía oír las voces del relator, de los comentaristas, la conexión con todos los estadios – el sonido de las gradas de fondo – para conocer el ambiente, las formaciones de los equipos, la asistencia de público.

En tanto, la señora Antonioni relataba una lujuria inverosímil que involucraba al dependiente de una zapatería y una secuencia de miraditas, roces y sobreentendidos de lo más ridículos y, según la señora, “incómodos, padre”.

¿Y si la dejaba hablando sola? El Señor lo entendería… Incluso, probablemente lo aprobaría como un castigo a ese… envanecimiento verbal, ese narcisismo…
Ni se te ocurra, tajante, la voz.

La señora ahora refería sobre algo que involucraba a una vecina, un ferretero y un cuñado (¿de quién es cuñado?) y el padre Abelardo cavilaba imaginaba que Fioravanti, en la radio, estaría dando la formación de Deportivo Español, que seguramente alinearía a ese muchacho nuevo… ¿Cómo se llamaba…?
La voz: Bilardo.
Eso, Bilardo, el que había llegado ese año desde San Lorenzo… Y esta mujer hablando de verduleros…
La voz: Ferreteros…
Ferreteros, cuñados  y una red de chismes, seducciones y promiscuidades fraudulentas… Y de ser ciertas, ¿a quién podrían interesarle esas miserias mínimas de barrio? Todo ello, cuando en su cuartito lo esperaba ese momento tan suyo, esa comunión tan trascendente…

La voz: Ojo, Abelardo…
Perdón, padre…
Perdonado estás…

El padre Abelardo comenzó a pensar en la señora Antonioni como en esos niños caprichosos, poco habilidosos, que tienen una pelota y que coaccionan al resto a subordinarse a sus caprichos de mediocridad, de… cierto privilegio. Abelardo, en definitiva, comenzaba a sentir un gusto agrio en la boca: un odio puro, inmaculado, auténtico, prolijo y riguroso. Mientras tanto, la señora Antonioni seguía narrando ficciones que eran como artilugios para crearse una reputación de penitente y arrepentida fervorosa y exhaustiva.

Señora Antonioni, la voy a tener que interrumpir… Me encuentro un poco mal… un bajó de presión, una nadería seguramente…
Ay, padre, y yo aquí con mi catálogo de transgresiones…
No, hija, no se preocupe… Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del…
¿No me manda ninguna penitencia?
Tres Ave Marías y cinco Padre Nuestros. Yo te absuelvo de tus…
Menos que el domingo pasado… Padre, estas faltas… bueno… ejem… son más… bueno, usted ya sabe…
Está bien. Multiplique por tres lo anterior. Y lo repite cada día; mañana, tarde y noche.
¿No será mucho?
Es lo que hay, señora Antonioni… Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

El padre Abelardo esperó a que la señora Antonioni saliera de la parroquia; no quería arriesgarse a una charla “no profesional”. Cuando escuchó el golpe seco de la puerta exterior, salió disparado del confesionario hacia la sacristía. Si el próximo domingo se volvía a repetir esta situación, iba diciéndose, pediría el cambio de parroquia. Y si no se lo daban – tomó la decisión -, colgaría los hábitos y se iría a trabajar a la carpintería de su hermano… Esto es un sinvivir… perderme sistemáticamente los primeros minutos de los partidos es un sacrificio que Dios no puede exigirme…
La voz: Yo nunca te exigí nada… Yo no te pedí que te hicieras cura…
Abrió la puerta de la sacristía casi repuesto.

Pero allí lo aguardaba Ernesto Laferrere, uno de los monaguillos. Padre Abelardo, quería preguntarle algo.
Abelardo, en tanto, se iba quitando la casulla: Pregunta, Ernesto.
Padre, ¿si no se puede demostrar la existencia de Dios, se puede demostrar su contrario? Y si sólo nos apoyamos en la creencia de lo no comprobado, ¿no estamos creyendo en nuestras propias concepciones, y no en Dios propiamente dicho?
La voz, entre risas: Lo siento, Abelardo, pero no lo pude evitar…

Deportivo Español acababa de ingresar a la cancha. Entre los titulares, Bilardo.