lunes, 18 de mayo de 2015

Un Barça campeón diferente a otros (Yahoo)



Y al final, el Barcelona resultó campeón de la Liga Española a falta de una jornada, algo impensable apenas unos pocos meses atrás cuando la disputa con el Real Madrid era reñida como casi siempre (la excepción, en parte, fue en la temporada pasada, cuando el Atlético Madrid ganó el título),  y puede ir en camino hacia el triplete si gana las dos finales que le quedan, la de Copa del Rey y la de la Champions League.

Este Barcelona, que acaba ganando merecidamente la Liga, sin embargo, no se parece a los otros equipos que ganaron las seis anteriores de este último tiempo. No puede decirse que haya tenido demasiados pasajes de fútbol lujoso, ni siquiera que se haya tratado de una plantilla unida y sin fisuras, ni que su entrenador, Luis Enrique, genere tanta simpatía desde todos los sectores.

Al contrario, a nadie sorprende que en una de las semanas más felices de los últimos tiempos para los “culés”, Luis Enrique ni siquiera asegura que vaya a continuar en el puesto, debido a algunos distanciamientos con jugadores claves del equipo, como en algún momento fue con el propio Lionel Messi, la gran estrella, que además, tiene el camino casi libre para el Balón de Oro de la FIFA si consigue ganar a la Juventus en Berlín y si luego realiza una buena Copa América en Chile.

Este Barcelona fue campeón pese a no haber desplegado su juego tradicional, aquel que practicó ya con Frank Rikjaard de entrenador hace poco menos que una década, y que luego continuaran Josep Guardiola y Tito Vilanova.

No porque no haya intentado tener el balón todo lo que pudo, sino porque Luis Enrique no confió tanto en el juego de la posesión, dándole mucho más énfasis a la productividad al triplete ofensivo, el punto fuerte del equipo, con atacantes fenomenales como un Neymar ya muy adaptado a la Liga y en una temporada espectacular, y un Luis Suárez que necesitó un par de meses para entender el nuevo juego, distinto al que practicaba en el Liverpool, hasta que la confianza volvió a aparecer y con ella, a definir los partidos cuando hizo falta con su categoría intacta.

El Barcelona, a diferencia de otros equipos anteriores, tuvo entonces un ataque contundente (las siglas MSN ya se imponen como una marca) y una firme defensa, especialmente por parte de los centrales (la regularidad de Javier Mascherano y la categoría de un Gerard Piqué que fue de menor a mayor en su rendimiento), aunque también Daniel Alves fue mejorando desde un arranque con mucha incertidumbre, y acabó pareciéndose mucho más a sí mismo que a lo que parecía al inicio: un lateral que se desprendía pronto del balón a puros centros aéreos sin destinatario.

Con altibajos, especialmente en el medio, puede citarse como destacado en esa zona al croata Iván Rakitic, con algunos buenos pasajes de Sergio Busquets, pero por primera vez, Luis Enrique optó por darle muy pocos minutos a Xavi Hernández, en su última temporada de azulgrana. Demasiado poco para lo que aún Xavi está en condiciones de dar, pero también porque en muchos partidos, especialmente cuando se ponía en ventaja, el veterano volante garantizaba posesión y perfecta distribución del balón y manejo de los tiempos.

Sumado a Xavi, Andrés Iniesta tuvo una temporada opaca, casi para olvidar si no fuera por alguna que otra jugada con su sello, y recién sobre el final, y acaso montado en una actitud optimista del plantel por encadenar buenos resultados, apareció con cuentagotas, pero ni por asomo fue el de otros tiempos.

Es difícil poder establecer con claridad que este Barcelona acabó siendo superior al Real Madrid de Carlo Ancelotti. En los altibajos de ambos en el largo torneo, puede decirse que el Barcelona tuvo algo más de tirón en sus mejores momentos, y en especial, que aprovechó el arreón final para acelerar y no perder puntos, como para mantener la distancia necesaria para ganar en esos detalles, pero como sucedió en otros años, la paridad sigue siendo muy grande entre los dos.

Real Madrid pagó demasiado caro ciertos partidos irregulares promediando la segunda rueda, porque desde que le había ganado al Barcelona en la ida en el Santiago Bernabeu, venía manteniendo bien el liderato, que ya luego de haberlo perdido, no pudo recuperarlo.

Como tantas otras veces, la dirigencia del Real Madrid puso menos atención en la estructura, en lo colectivo, que en lo individual, y fue decididamente a fichar jugadores estrellas del pasado Mundial, como james Rodríguez, Toni Kroos o Keylor Navas, pero dejando en el camino, por distintas razones, a jugadores clave como Xabi Alonso, Angel Di María o antes, a Mesut Özil.

Sumado a la lesión de Luka Modric y a la de Sami Khedira (luego en conflicto), y con escaso uso del fichaje de invierno, Lucas Silva, o de Asier Illarramendi,. Ancelotti acabó colocando a Sergio Ramos como volante central, posición que no siente y que genera que rinda muchísimo menos que lo habitual como central.

Estos cambios tácticos, sumados a malos momentos como los que atravesó Gareth Bale, la lesión de Karim Benzema, aunque acertadamente reemplazado por Javier “Chicharito” Hernández, cuando le tocó ingresar, aunque haya derivado en muchas oportunidades en un 4-2-2-2 (con James e Isco por detrás de Cristiano Ronaldo y Bale), determinaron cierta irregularidad en los tramos finales de temporada, que costaron demasiado, al punto de que con una plantilla riquísima y variada, el Real Madrid acabe 2014/15 sin ningún título oficial.

Tampoco el Atlético pudo repetir la hazaña de la temporada anterior, algo lógico si se tiene en cuenta que lo hecho en 2013/14, ante dos plantillas como las de Real Madrid y Barcelona, es un hecho excepcional.

Aún así, consiguió ganar la Supercopa de España, avanzó en la Copa del Rey dejando de lado al Real Madrid y este equipo acabó eliminándolo de la Champions League recién en el final de la serie.


Cabe recordar que el Atlético se desprendió de jugadores de notable rendimiento como el portero Courtois, el lateral Filipe Luis o el delantero Diego Costa, y aunque llegaron jugadores de buen nivel, no alcanzaron el de sus antecesores, aunque el más que probable tercer puesto en la Liga, sumado a los desempeños en las otras competiciones, le siguen dando vigencia y lo proyectan a continuar en los primeros planos en la próxima temporada.

jueves, 14 de mayo de 2015

Al Superclásico y al fútbol argentino les echaron más gas pimienta



Pocas veces, un Superclásico expresó tanto la argentinidad al palo, como éste de anoche en la Bombonera, suspendido vaya a saber si definitivamente o si, siguiendo con la locura que caracteriza a este tiempo sin red y sin sentido común que caracteriza a esta sociedad, ahora continúa, como parece, en los despachos oficiales, en la Justicia, en la Policía, y hasta tironeando los dirigentes de los dos clubes en la Conmebol.

Escribir otra vez que lo de anoche en la Bombonera fue un bochorno es quedarse demasiado corto. Porque el fútbol argentino ya está acostumbrado al bochorno y siguiendo con estos tiempos indefinibles porque la realidad ya superó ampliamente a la ficción, podríamos entonces afirmar que se llegó, en el fútbol argentino, al pozo más profundo, del que ya es imposible seguir descendiendo.

Poco se necesitó para dar por tierra con esas visitas falsas de los dos presidentes de los dos clubes de mayor cantidad de hinchas, Daniel Angelici (Boca Juniors) y Rodolfo D`Onofrio (River Plate) a los medios de comunicación que como comparsas de un circo sistémico se sumaron a repetir sus consignas vacías, sólo pour la galerie, como quedó demostrado.

La anécdota casi menor dirá que el contexto original era el de un partido de vuelta de los octavos de final, luego de que River le ganara a Boca ajustadamente 1-0, de penal, con un clima de máxima tensión, parecida a la que cada cuatro años vive la sociedad argentina durante los Mundiales. Ese extraño aroma que envuelve en momentos decisivos que acaso sólo el fútbol puede generar entre los argentinos.

Y el partido defraudó, una vez más, en cuanto a lo futbolístico. Porque Boca no podía de ninguna manera por el (otra vez) mal planteo de su director técnico, Rodolfo Arruabarrena, y se fue poniendo nervioso por el paso de los minutos, y porque River aguantaba bien, mucho más tranquilo, el empate que lo depositaba en los cuartos de final, hasta que vino el descanso, y la locura justo al salir para el segundo tiempo.

Siempre se dijo que en cualquier ámbito con una considerable cantidad de asistentes, en la sociedad argentina, basta con que uno “encienda una mecha” para que todo estalle, ese eterno Cromagnón que anda dando vueltas y que incluso aparece menos de lo que podría. Y estas vez, pasó lo que tantas otras veces pudo pasar. Detrás de la manga por la que debían regresar los jugadores de River a la cancha, alguien logró colarse (huele a zona liberada, como en tantas otras ocasiones y en tantas otras circunstancias) para arrojar una especie de gas pimienta o similar que dio en la humanidad de, cuanto menos, Ramiro Funes Mori, Leonardo Ponzio, Lionel Vangioni y Matías Kranevitter y fue el inicio de una cadena de locuras que podríamos estar enumerando por páginas y páginas.

Lo que sí queda claro es que pocas veces aparecieron juntos todos los clichés, los malos pensamientos, la mala leche, la absoluta falta de solidaridad, la mal llamada viveza criolla, el descontrol de buena parte de una hinchada adolescente, que desde hace años repite consignas violentas como si fuera normal, la falta de toma de decisiones de las autoridades, ya sea el inexperto árbitro Darío Herrera como de una lamentable Conmebol, que depende de lo que digan la AFA y la CBF para poder caminar.

En ese aquelarre se estancó la situación, con los protagonistas tratando de llevar agua para su molino, con los jugadores y cuerpo técnico de Boca buscando que el partido se juegue de cualquier manera, sin importar que compañeros suyos del mismo sindicato (porque son trabajadores, ¿verdad?) lo estén pasando mal y hasta con riesgo físico, con el plantel de River atónito, buscando la forma de que no se siguiera jugando, pero chocando con un árbitro que buscaba responsabilizar a la Conmebol o al organigrama de seguridad para no asumir solo tamaña decisión, y hasta con llamados a los celulares del más alto nivel. Pasó de todo, y todo fue absolutamente bochornoso, traspasando todos los límites que las migajas éticas permitían.

Tanto es así que nadie sabía cómo comunicar la decisión de suspender el partido (algo que caía de maduro, o al menos así ocurriría en cualquier país normal), con todo Boca al acecho, con pánico, a su vez, a la reacción de los cincuenta mil espectadores que colmaron la Bombonera y que pagaron fortunas, en muchos casos de una lamentable reventa, para poder estar presentes. Nadie se quería hacer cargo de esta decisión y a su vez, Boca presionaba para que Herrera esperara hasta el final una imposible recuperación física de los jugadores de River.

Pero, se sabe, era pedirle peras al olmo. Ésta no es una sociedad que acepte porque sí una decisión formal, porque si jamás fue apegada a los reglamentos y las leyes, menos en este tiempo de contradictorios mensajes desde cualquier poder, sumado a la falta total de autoridad de una Conmebol que siempre estuvo en manos de dirigentes paraguayos o uruguayos para que argentinos y brasileños pudieran mandonear colocando un tercero para no exponerse.

Esa sumatoria de incapacidad, complicidad, inexperiencia, indecisión rodeada de un ambiente violento, no podía tener buen augurio y todavía faltaba el final, el juego de los dos planteles para que se vaya del campo de juego primero el otro, para no quedar como el que abandonó, el que se fue, algo que en la jerga futbolera está visto como sinónimo de cobardía, de huida.

Peor papel para los de Boca, que sabiéndose con el público a favor, no respaldaron nunca a los de River y buscaron siempre exponerlos. Por eso su permanencia en el césped hasta el final, en vez de proponerles una salida en conjunto, entremezclados, para salvarlos.

No se puede pedir comprensión cuando no hay sentido común y cuando importa sólo el “sálvese quien pueda”, aunque mañana pueda ser al revés. Tampoco pensar en la aparición en escena de Futbolistas Argentinos Agremiados, ausente sin aviso, y los dirigentes de los dos clubes parecían más preocupados por la clasificación y los próximos pasos burocráticos para seguir en la Copa Libertadores.

En esa tierra de nadie, y mientras por fin se anunció la lógica suspensión del partido, la mayoría silenciosa, que pagó tanto por ver este partido, se fue en silencio, pero quedaron varios miles con ganas de seguir insultando y provocando hasta el último segundo.

Para completarla, todo esto ocurrió en el Día del Futbolista y en el que se había decidido parar la fecha del torneo local del fin de semana por la muerte del joven Emanuel Ortega. Vaya homenaje.

¿Puede terminar con la violencia un fútbol como éste, cuyos dirigentes avalan a las barras bravas y esconden entradas que luego aparecen misteriosamente mucho más caras en la reventa?

Pregunta como ésta, hay muchas y desde hace ya muchos años, no menos de medio siglo, pero no hay solución, bañados tantos en el mismo lodo, todos manoseados.

El fútbol es cada vez más una excusa en este juego bastardeado en el que la mayoría revolea la pelota y choca con los adversarios como autitos mientras tantos relatores del circo siguen elogiándolos como si se refirieran a Maradona, Brindisi, Alonso o JJ López. Esos tiempos, amigos, ya pasaron hace mucho. Hoy, esto es lo que hay.

Y lo que hay, es lo que no sólo se vivió ayer, sino lo que se seguirá viviendo en los días que vendrán, porque lo que en otro país sería suspensión definitiva y los puntos para el visitante (River), en la Argentina puede ser continuación del segundo tiempo en otra cancha, a puertas cerradas, y hasta que termine siendo Boca el que se clasifique.
Ya no extraña nada. Todo es posible. Incluso, que este Superclásico se siga jugando ahora en la AFA, en la Conmebol, con los árbitros, los dirigentes, el Estado, la TV y hasta la barra brava.

Ya lo dijo sabiamente el ya fallecido José María Suárez, “Walter Clos”, “el fútbol de los domingos en la cancha es para los giles, el verdadero partido se juega de lunes a sábado en los escritorios”.

Cuánta razón tenía.

La argentinidad, nunca más al palo que anoche.


El último, que apague la luz.

Barça-Juve o Messi-Tévez, el gran duelo de Berlín (Jornada)



Si el mundo del fútbol ya sabe que el próximo 6 de junio, el Barcelona y la Juventus se enfrentarán en una final con una enorme cantidad de matices, los argentinos tendremos un motivo doble para estar expectantes de conocer al nuevo campeón de la Champions League en Berlín, porque de cada lado jugarán nada menos que Lionel Messi y Carlos Tévez.

Por supuesto que en el Barcelona también estará Javier Mascherano, y en la Juventus, el tucumano Roberto Pereyra, pero las presencias de Messi y Tévez le dan al partido final de Berlín un condimento especial por todo lo que ambos significan para los argentinos.

Messi ha tenido una muy buena temporada, con sus 53 goles en todas las competiciones azulgranas, y algunos toques de genialidad, aunque también graduando como nunca sus apariciones y luego de algunos rumores hace pocos meses acerca de cierto malestar en el Barcelona, de algunos roces con su entrenador, Luis Enrique (confirmado luego cuando todo se enfrió) y llega en plenitud con el espectacular trío que conformó con los otros dos sudamericanos, Neymar y Luis Suárez. (114 goles de los 166 del equipo en 2014/15).

Hoy, es el famoso MSN el punto fuerte del Barcelona, que se desplazó de los esplendorosos años de Pep Guardiola y Tito Vilanova del medio hacia arriba, y genera algunas dudas abajo, algo que ni siquiera quedó disimulado por el pase a la final ante un Bayern Munich muy disminuido por lesiones (sin Alaba, Robben, Ribéry, Javi Martínez, Bastuber y con un Thiago sin forma).

El Barcelona sigue sin ser, del todo, un equipo, y es una suma de individualidades que por algunos momentos alcanza a tener una serie de toques interesantes, pero que en general, mata de contragolpe o cuando alguno del medio conecta con el trío ofensivo, en una extraña temporada en la que el director técnico Luis Enrique decidió prescindir de Xavi Hernández (jugará su último partido con la camiseta azulgrana en Berlín, antes de emigrar), y Andrés Iniesta tuvo su peor actuación en muchos años.

Por el lado de la Juventus, sorprendió que haya salido tan airoso del Santiago Bernabeu ante el potente Real Madrid, casi imbatible como local, y que había sacado cierto rédito en la ida en Turín al perder 2-1, y máxime cuando con un penal muy discutible, Cristiasno Ronaldo convirtió el 1-0 que necesitaba, promediando el primer tiempo.

Sin embargo, la Juventus es, esta temporada, un equipo con muchas soluciones posibles porque tiene lo más importante: la materia prima, con jugadores de gran nivel en todas sus líneas como Buffon en el arco, Chiellini, Evra o Lichteiner abajo, Pirlo (algo gris anoche en Madrid), Pogba (recién recuperado de una lesión), Vidal en el medio, y Tévez o Morata en ataque.

Así es que un gol del ex Real Madrid Alvaro Morata, a los pocos minutos que el enigmático entrenador Massimiliano Allegri decidió adelantar unos metros el equipo, le dio el empate necesario con el que luego los italianos sacaron su oficio para aguantar el tirón blanco hasta el final.

En una semana, Real Madrid tiró a la basura la Liga Española (en la que ya tiene escasa chance) y la Champions, en una temporada que terminará extrañamente sin títulos.

Tévez es, tal vez en menor medida pero sí en cuanto a la importancia interna, casi lo que Messi al Barcelona, porque si bien el astro del equipo catalán no admite ningún tipo de discusiones, pocos imaginaban que  el “Apache” sería tan decisivo en la “Vecchia Signora”, por sus movimientos, los espacios que consigue, cómo retiene la pelota, asiste a sus compañeros y por la muy buena cantidad de goles marcados, que además lo posicionan como el máximo anotador de la Serie A (20)  y con 29 tantos en la temporada.

Antes de sumarse a la concentración de la selección argentina para la Copa América, Messi y Tévez, dos caras casi opuestas para los futboleros argentinos, y dos jugadores con inmensa cantidad de títulos, deberán enfrentarse en una final de Champions como ya lo han hecho en Roma en 2009, cuando el Barcelona venció al Manchester United.

Enfrentados desde trayectorias distintas (uno contó siempre con el respaldo del público argentino luego de haber jugado y ganado todo con Boca Juniors, el otro, desde adolescente en el Barcelona y sin el mismo carisma) y caracteres muy diferentes (uno, extrovertido, cantante, bailarín, el otro habla sólo en el campo de juego), se llegó a decir que Tévez no jugaba en la selección argentina por no compatibilizar con Messi, aunque ambos lo niegan de manera no muy enfática, si bien ahora parecen convivir en la albiceleste sin dificultad.

Antes de la Copa América de 2011, se llegó a decir que Tévez fue convocado por el entonces entrenador Sergio Batista por presión de las empresas patrocinantes, que lo preferían incluso sobre el mejor jugador del mundo. Habrá que ver cómo se distribuirán las simpatías de los argentinos entre los dos finalistas.

Pero esta final entre el Barcelona (campeón ya cuatro veces) y la Juventus (dos títulos) tendrá otros aditamentos, como el reencuentro de Chiellini y Luis Suárez luego del episodio del mordisco en el pasado Mundial de Brasil en el Italia-Uruguay, y el del propio delantero uruguayo con el francés Evra, con quien tuvo problemas serios en el Manchester United-Liverpool de la Premier League hace dos años.


Mucho se hablará todavía de esta gran final de Berlín, que promete aportarnos muchísimos más elementos para el análisis.

lunes, 11 de mayo de 2015

Los riesgos del Real Madrid (Yahoo)



Con el empate ante el Valencia 2-2 en el estadio Santiago Bernabeu, el Real Madrid casi tiene perdida la Liga en manos del Barcelona, por lo que al haber quedado eliminado de la Copa del Rey, el próximo miércoles se juega todo lo que le queda de la temporada ante la Juventus por la Champions League.

El Real Madrid deberá revertir el 2-1 en contra del martes pasado en Turín y con el 1-0 como local accederá a la segunda final consecutiva de la Champions League de Berlín, pero se enfrentará con un durísimo equipo italiano que recupera a Paul Pogba, tiene al argentino Carlos Tévez en excelente forma, una sólida defensa, un gran portero como Gianluiggi Buffon y en especial, gran experiencia para partidos de esta clase, siendo el tetracampeón consecutivo de la Serie A italiana.

Los equipos italianos son especialistas en mantener el empate cuando lo necesitan, desde aquellos tiempos de los años sesenta con el “Catenaccio” (candado) y siempre fueron complicados en estas instancias. Tanto, que ya cuando Tévez marcó el 2-1 de penal en la ida, el entrenador Massimiliano Allegri comenzó a practicar el nuevo sistema de aguantar en el fondo ante Real Madrid, con buenos resultados.

La Juventus no llega a una final de Champions League desde 2003, y en todo el siglo 21, apenas cinco veces un equipo italiano pudo acceder a la máxima definición, siendo el último caso el Inter de José Mourinho en 2010, justamente en el Santiago Bernabeu, ante el Bayern Munich. Demasiado tiempo pasó desde entonces.

¿Por qué Real Madrid no parece ser el de la temporada pasada, siendo que la base de su plantilla es muy parecida a la anterior? Porque si bien no se desprendió de tantos jugadores, sí lo hizo de dos claves como Angel Di María, que fue fundamental en la final de Oporto ante Atlético Madrid, y Xabi Alonso, muy importante en el equilibrio táctico del equipo, y en la precisión en los pases cortos y largos;  y porque tuvo algunos contratiempos con algunos lesionados en momentos clave, como Luka Modric en el último semestre, y Karim Benzema en este tramo final, aunque bien reemplazado por el mexicano Javier “Chicharito” Hernández. En otro momento también fue importante la baja de Pepe, en la zaga, aunque fue bien reemplazado por el francés Raphael Varane.

Si hay otro elemento importante en el Real Madrid es que también hubo jugadores que pasaron etapas muy negativas, como el galés Gareth Bale, que se recuperó hace pocas semanas y en un partido de su selección nacional ante Israel por la clasificación para la Eurocopa 2016, y hasta el propio Cristiano Ronaldo, que rindió muy por debajo de su nivel en el primer trimestre de 2015, aunque su performance en el total haya sido espléndida.

Contrariamente al claro sistema táctico de la temporada pasada, con un 4-3-3 marcado, con Di María y Modric además de los tres delanteros, estas irregularidades entre lesiones y bajones de rendimientos generaron que el entrenador italiano Carlo Ancelotti oscilara entre el 4-3-3 de siempre, aunque con el colombiano James Rodríguez por Di María y el alemán Toni Kroos por Xabi Alonso, y el 4-4-2, cuando alguno de los tres delanteros no jugaba (especialmente Benzema o a veces Bale) para colocar en su lugar al muy reconocido Isco, de gran talento, y que ha cumplido en la mayoría de los casos.

Parece increíble que alguna parte de la afición madridista pueda querer culpar al portero Iker Casillas de algún fallo, como en algún gol del Valencia el pasado sábado por la Liga.

Al comenzar la temporada, Ancelotti optó (como antes tantos entrenadores) por mantener a Casillas, uno de los mejores porteros del mundo y dueño de todos los títulos posibles, dándole vía libre a Diego López para que se buscara otro destino (finalmente el Milan) y como segundo portero llegó el costarricense Keylor Navas, de gran actuación en el Mundial de Brasil, por lo que tampoco hay polémica en este sentido.

¿Jugó menos el Real Madrid en esta temporada que en la anterior? Creemos que no, y que entonces, el tema no pasa por sus actuaciones sino por las del Barcelona, que sin jugar tampoco un gran fútbol, porque nunca pudo repetir aquellos años de esplendor de Pep Guardiola y Tito Vilanova, sí consiguió un enorme poder de gol con su tridente sudamericano con Lionel Messi, Luis Suárez y Neymar, respaldado por un buen mediocampo con la llegada de Iván Rakitic, y de una defensa sólida, con la dupla Javier Mascherano-Gerard Piqué y la alternancia de Jérémy Mathieu y un buen portero como el chileno Claudio Bravo.

Es decir, la gran diferencia entre la pasada temporada y ésta no pasó tanto por los cambios en la plantilla blanca, ni cierto relajamiento luego de la Champions ganada en Oporto, sino en ciertas irregularidades en algunos rendimientos, lesiones, y especialmente, en que su rival fue el que ha mejorado mucho en comparación a la misma situación.

De todos modos, si Real Madrid pasara a la final el próximo miércoles, habrá conseguido algo muy difícil como repetir en forma consecutiva  una final de Champions, algo que sólo dos veces se ha podido en el último tiempo: Valencia (2000-2001) y Bayern Munich (2012-2013), y ninguno de los dos equipos mencionados pudo vencer en ambas ocasiones.
¿Podrá terminar la temporada el Real Madrid en seco? Parece extraño, con semejante plantilla, pero puede ocurrir también que se clasifique para la final de Berlín y esto puede acabar con cualquier polémica.

El miércoles a la noche, lo sabremos.



domingo, 10 de mayo de 2015

Derechos de autor (Un cuento de Marcelo Wío)



Por intermedio de un conocido en común, J.L.B., secretario del Juzgado de lo Mercantil Nº 3 de la ciudad de Bérgamo, Italia, me facilitó la fotocopia de una sentencia llamativa. Lo hizo, me aseguró, en el bar de un hotel de Florencia, con intención de que yo averiguara si detrás de las motivaciones de los demandantes (además de la económica, tan trillada, y potencialmente tan tramposa) existía una finalidad ulterior de índole destructiva.

El dictamen decía:

Se presentan ante mí en este Juzgado de lo Mercantil Nº 3, de la ciudad de Bérgamo, a 14 de abril de 2015, el Sr. Elogio Unzaga Asla, mayor de edad, de nacionalidad chilena; la Srta. Estroncia Unzaga Asla, mayor de edad, de nacionalidad española; quienes acreditan, mediante certificados de nacimiento – y de defunción de padres y abuelos -, ser descendientes directos del Sr. Ramón Unzaga Asla, español naturalizado chileno, con último domicilio fijo en la ciudad de Talcahuano, Chile.
Los supra mencionados  presentan, a su vez, documento legal de la Oficina Central del Registro de Derechos de Autor de Chile – con apostilla de La Haya -; al que anexan el siguiente material: libro “El fútbol a sol y a sombra”, del escritor Eduardo Galeano; libro “75 años de campeonatos profesionales del fútbol chileno”, publicado por la Asociación del Fútbol Profesional de Chile; así como una acreditación de la Asociación de Fútbol de Talcahuano.
Según consta en el documento legal de la Oficina Central de Derechos de Autor chilena – y corroboran los mencionados anexos -, Don Ramón Unzaga Asla inventó y registró, en la recién mencionada oficina – delegación Talcajuano -, con fecha 23 de enero de 1914, la jugada (o ejecución) llamada “chilena” (se adjunta a continuación esquema de dicho movimiento, tal y como figura en el documento de registro de derechos de autor):



Los supra mencionados, solicitaron a este juzgado el pago por derechos de autor al señor Germán Denis, de nacionalidad argentina, jugador del equipo de fútbol Atalanta, de esta ciudad, por la realización de la recién mencionada jugada (en adelante, “chilena”) en el partido que su combinado jugó contra el Sassuolo (y que terminara con victoria de la escuadra de esta ciudad).

En vista de los documentos presentados por los demandantes, decido que el Sr. Denis, en un plazo de quince (15) días hábiles, debe instar a los medios de comunicación a borrar los textos e imágenes que hagan referencia a la “chilena” ejecutada en dicho partido, así como a que la liga italiana anule el susodicho tanto; o que, en su lugar abone la cantidad de quinientos treinta mil Euros (€530.000) en virtud de derechos de autor. Si en el mencionado plazo no se produjera ninguna de estas disposiciones, el Sr. Denis deberá realizar, en los siguientes diez (10) días hábiles, un pago de un millón de Euros (€1.000.000) en calidad de indeminización y derechos de autor.

Firma
Juez del Juzgado de lo Mercantil Nº 3 de Bérgamo, Italia
Giuseppe Meazzinni


Evidentemente, en cuanto J.L.B. me entregó el papel, lo leí. Evidentemente, me asombre. J.L.B me miró y asintió, sin decir nada: no era una broma. Era tan cierto como que ninguno de los tres que estábamos allí teníamos ni puñetera idea de nuestra función en la danza del cosmos.

El secretario del juzgado me confió que había hecho algunas averiguaciones en el mundo judicial europeo, y que los demandantes habían iniciado – tal como había sospechado o maliciado (las ganancias de esta herencia, podían ser gigantes) – demandas similares a Rooney, Ibrahimovic, Falcao, Francescoli, Rivaldo, Messi, Cristiano Ronaldo y Hugo Sánchez, entre otros.

A través de averiguaciones posteriores inmediatas que realicé – un mero rascar la superficie del intríngulis -, he podido saber que los familiares se enteraron accidentalmente de que su antepasado había creado la destreza, y que la había registrado. Los papeles, según me comentó un colega periodista chileno (que me ha pedido el más estricto anonimato – al parecer, tiene un entredicho con su mujer sobre cuál de los dos es más chismoso), aparecieron de chiripa durante una limpieza fondo en la delegación de Talcahuano del Registro de Derechos de Autor. El empleado de la empresa de limpieza entrevió el posible negocio y buscó y (evidentemente) encontró descendientes del beneficiario de los derechos sobre la “chilena”.

Este mismo periodista, luego de realizar las consultas que le había requerido, me informó que algunas personas habían aventurado que los familiares no serían más que agentes a sueldo de federaciones y asociaciones internacionales de otros deportes, que trabajan con el objetivo de restarle vistosidad, virtuosismo al fútbol, para así terminar acaparando aficionados de este deporte. No son pocas, me dijo mi colega, las federaciones que ansían los beneficios publicitarios y de televisación del fútbol para sí…

Así pues, estoy ahondando en esta dirección. Debo decir, que lo hago con cierto temor. Sobre todo, después de que ayer, regresando a mi hogar, me dieran con una pelota de baloncesto en pleno rostro. Los niños que jugaban, parecían inocentes… Pero uno nunca sabe. Hay demasiado en juego. Y comienzo a creer que se van prefigurando dos bandos muy definidos.


viernes, 8 de mayo de 2015

El ajedrez del Superclásico



Cierto, esto es fútbol. Pero estos tres Superclásicos en serie, de mayo, tienen mucho de ajedrez, de cálculo, de optimización de los recursos, de psicología. No sólo de fútbol-juego, aunque también. Más que nunca, el éxito consiste en una sumatoria de causas y azares, pero aún en el azar, es importante qué uso se le dará.

Tenemos dos rivales que no llegaban en las mismas condiciones. Boca cuenta con un plantel bastante más largo que River y por primera vez en años, habiendo acertado en la mayoría de las últimas contrataciones, lo cual no significa que, en la cantidad de buenos jugadores, tenga más que su rival, sino que cuenta, en número, con más jugadores de calidad. Eso es todo.

Entonces, en el caso de su director técnico, Rodolfo Arruabarrena, reside la decisión de cada alineación para cada uno de los partidos, el del campeonato, y especialmente los dos de la Copa Libertadores.

Para los que leen nuestro blog, es sabido que jamás nos dejamos influir por las versiones o las opiniones de los grandes medios. Hay una corriente que se va contagiando de algunas firmas o voces de peso y repiten consignas muy de este tiempo, sin mucha profundidad, acerca de que, por ejemplo, en Boca se hizo un “gran trabajo” durante 2015, por el hecho de ser líder de un torneo mediocre con no menos de diez equipos que deberían estar en el Nacional B pero que por razones políticas coinciden en el mismo campeonato, o por mantener un invicto ante la mayoría de estos mismos equipos, o por haber sacado los 18 puntos en la fase de grupos ante rivales de muy poca monta.

Pero Boca no juega bien, sino que, a veces, logra establecer diferencias porque tiene, en algunas posiciones, jugadores de gran calidad, que no es para nada lo mismo que ser un buen equipo. Salvo parcialmente Estudiantes o Huracán, y River en la Bombonera en el partido del campeonato, o contra Lanús (gracias a haber sufrido un gol de entrada que lo despertó), los rivales no indicaban demasiado y hasta ha sufrido más de la cuenta contra muchos equipos con planteles humildes (San Martín de San Juan, Nueva Chicago, buena parte ante Defensa y Justicia).

El exitismo y las “opiniones autorizadas” basadas en el exitismo, fueron derivando en esta idea que se hizo carne, la del “gran” trabajo de Arruabarrena, un tipo sensato, equilibrado en las declaraciones, que parece mantener un buen clima en el plantel, pro que nada de eso significa que Boca sea un equipo sólido, y mucho menos, que haya sabido elegir a los protagonistas para cada uno de los Superclásicos.

Arruabarrena ya estaba en el cargo cuando Boca fue justamente eliminado por River en la Copa Sudamericana hace escaso medio año y Boca, aparentemente (es decir, en resultados y en cierto funcionamiento, no mucho más) llegaba mejor que River a los octavos de final, aunque igual en el torneo local (los dos únicos punteros e invictos), y tenía que tomar decisiones importantes: 1) Qué jugadores para qué partidos, 2) Cómo planificar esos partidos desde lo estratégico, 3) Cómo volcar la psicología a partir de la necesidad de “vengar” lo ocurrido en la competencia continental anterior.

No hablamos de lo táctico porque en cuanto al funcionamiento propio, creemos que Boca sigue sin ser un equipo y que su director técnico comenzó a mezclar a sus jugadores en una supuesta primera etapa de estudio, sin haber determinado nunca, hasta ahora, un conjunto titular y otro suplente, o uno para la Copa Libertadores y otro para el torneo local.

Desde el funcionamiento, salvo por algunos minutos en los que los mejores técnicamente administran la pelota, por lo general el equipo aparece pasado de revoluciones, corriendo mucho más de lo deseado, chocando en muchos otros, y definiendo, en segundos, un buen porcentaje de ocasiones.

Llegado el momento de los tres Superclásicos, Arruabarrena fue presa de su indecisión con tanto plantel. Volvió a optar por la mezcla de jugadores, a lo que se sumó el azar por la lesión de Cristian Erbes, y ahora, el desgarro (segundo en poco tiempo) de Adrián Cubas, lo que lo deja sin un “cinco” puro justo para el partido clave del jueves en la Bombonera.

El panorama era claro: primero, el partido del domingo por el campeonato, en el que mucho quedó bajo la alfombra solamente porque Boca ganó, aunque haya sido en el final y cuando el director técnico rectificó su grave error en la formación inicial: No era un partido para Marcelo Meli, sino para Pablo Pérez, porque el torneo es más largo, hay más tiempo para los cambios y llegaban en pocos días partidos más “belicosos” de Copa, en los que el ex volante de Colón, así como el lateral derecho Gino Peruzzi, reunían más fuerza en un caso, y experiencia para el otro. Es decir, era, el primero, un partido para Marín y Pérez, y hasta para Carrizo (flojo hasta ahora en la temporada, sin terminar casi nunca sus jugadas) y Calleri, dejando a los de más carácter o gol a los de mayor capacidad para eso, como Daniel Osvaldo o Adrián Chávez (aún andando mal en los últimos partidos).

La rectificación de los quince minutos finales demuestra claramente el error inicial en la Bombonera, pero más complicado fue lo de la Copa. El once inicial del torneo obligó, en buena forma, a optar por el resto de los jugadores para el jueves pasado. Y en poco tiempo ya se vio que Pérez no está para las batallas sino para los partidos más pensados, y menos, si el rival, inteligentemente, coloca un “doble cinco” con Leonardo Ponzio y Matías Kranevitter presionando sistemáticamente tanto  a Pérez como al propio Fernando Gago.

En lo estratégico, tampoco se entendió el planteo, porque el gol de visitante cotiza mucho y, es cada vez más claro, Calleri es un delantero para fajarse con las defensas rivales, protege bien la pelota, es guapo, pero no es un clásico nueve con gol, como sí lo es Osvaldo, y entonces junto a Pavón, con la enorme presión alta de River, quedó aislado, mientras que el medio no pudo imponerse al local en ningún momento.

River, ahora desde el factor anímico, volvió a ser el de la Copa Sudamericana, claro que con menos fútbol por la baja en el rendimiento de Leonardo Pisculichi y Gonzalo Martínez, y más allá de que acabó ganando con lo justo, de penal, y que probablemente debió quedarse con ocho, porque sebieron irse expulsados Ramiro Funes Mori, Ponzio y Carlos Sánchez, sin contar a Teo Gutiérrez, el que sí vio la roja al final.

Ahora, Boca llega muy cambiado al último partido del jueves 14, con el reloj de arena corriendo en contra, y con la amenaza que pende de que un gol de River lo obligará a marcar tres, en una serie que al no haber podido meter goles de visitante ( sólo tuvo una situación clara en noventa minutos), lo condiciona demasiado.

Lo de River es más simple. Marcelo Gallardo cuenta con menos jugadores y su equipo no estaba en el nivel de 2014, pero fue recuperando a algunos integrantes del plantel, se favoreció con el azar de los resultados externos en la muy pobre fase de grupos, y una vez que salió airoso y quedó con la chance de enfrentar a Boca, se aferró a su pasado reciente y recuperó cierta memoria, sumado a su aporte anímico.

Ahora, se encuentra a un empate (y hasta una derrota corta, si marca un gol) de pasar a los cuartos de final, algo ni soñado hace un mes.


Queda un partido para terminar de resolver el ajedrez del Superclásico, pero si hay algo claro, es que los hechos (no sólo los futbolísticos) son pluricausales y poco casuales, apenas la cuota necesaria de azar.

jueves, 7 de mayo de 2015

El genio de Messi y el déficit del Bayern



Una vez más, Josep Guardiola se fue del Camp Nou con la misma certeza: la genialidad de Lionel Messi, a quien finalmente evitó saludar luego de varios años de distancia, y así como antes lo gozó ahora le tocó sufrirlo.

Difícilmente, sin Messi el Barcelona hubiese ganado el partido de ayer en el Camp Nou. Fue el genio argentino el que acabó desequilibrando un partido intensísimo, en el que si bien  los locales dominaron, se encontraron con una resistencia que era de prever y con un tremendo arquero como lo es Manuel Neuer, dispuesto a sacar los enfrentamientos individuales usando las manos, los pies o lo que haga falta, incluso siendo líbero por momentos.

El Barcelona apareció errático en los últimos metros, más nerviosos que de costumbre Neymar y especialmente un apresurado Luis Suárez, y de a poco, el formidable jugador que es Xabi Alonso, fue tomando el control del partido y alejando a los azulgrana de la zona de peligro.

El problema de un Bayer muy disminuido que llegó al Camp Nou, y así lo advirtió Guardiola en la conferencia de prensa previa (su acierto fue total en su debilidad y en que Messi es imparable), es que casi no tuvo pegada. Careció de ataque aún cuando contaba con un Robert Lewandowski también algo tocado (jugó con una máscara en su cara) y Tomas Múller, aunque dejó a Mario Götze en el banco y no contó ni con Arje Robben ni Frank Ribéry, nada menos.

De cualquier modo, no cambia el concepto en la ofensiva. Este Bayern tiene, en los últimos meses, un problema importante en esta zona cuando no cuenta con sus extremos, fundamentales en el andamiaje, pero no parece tener un Plan B y esto hace que salvo alguna contra, todo quede en enmarañar los partidos, reneter en cuanto se pueda el balón y ayer, tratar de llevarse un resultado decoroso para la revancha en Munich, algo que casi consigue.

Es cierto también que a este Bayern le faltan otros jugadores claves como Javi Martínez o que Guardiola tuvo que poner en la cancha a un Thiago Alcántara que está todavía lejos del que fue y no tuvo el peso suficiente ante rivales (y ex compañeros) como Iván Rakitic, Sergio Busquets o Adrés Iniesta. Fueron entonces Bastian Schweisteiger y Phillipp Lahm los que tuvieron que realizar el trabajo sucio junto a Alonso, obligando a Müller a bajar para ayudar en la tarea.

Claro que con esta calidad de jugadores de los dos lados, poco importaba que el primer tiempo acabara sin goles. El espectáculo estuvo en tanta plasticidad en los movimientos, en las combinaciones colectivas, en el posicionamiento táctico, en la idea de juego.

Pero nada de este partido se explica sin Messi. El argentino, una vez más, aparece cada tanto. No tiene la continuidad de otros tiempos, acaso tampoco ese sprint fulminante, pero tanto en el remate del primer gol, como especialmente en el notable regate a Jérôme Boateng (al que pareció dejar muerto, en el piso) en el segundo, sumado a su fina definición ante Neuer, explican más que cualquier otra cosa, por qué el Barcelona llega con bastante tranquilidad a Munich al partido revancha del próximo martes.

En una semifinal de estas características, un 3-0 en la ida es una diferencia bastante apreciable, pero lo es mucho más cuando el rival se va preocupado por lo que carece hoy más que nunca (gol) y porque sabe que no sólo el Barcelona lo tiene, y a través de un triplete demoledor, sino que con un tanto que marque, deberá concretar cinco, nada menos.

Es cierto que el Porto, la Roma y tantos otros equipos, saben que todo es posible, pero el Barcelona tiene una calidad diferente de jugadores y salvo un desastre, parece muy difícil que pueda padecer una goleada similar.

Apunte al margen para Guardiola: esta carencia de gol del Bayern no es nueva. Es cierto que Robben o Ribéry son fundamentales, pero los equipos de Pep, en los últimos años, pecaron por ser previsibles y por jugar, en ataque una especie de “handball”: pasarse el balón de un lado al otro sin entrar al área rival. Es un tema que el gran entrenador catalán deberá repensar para encarar las próximas temporadas, esté donde esté.


Messi, anoche en el Camp Nou, nos regaló con su talento otra velada para recordar, para llegar a contarles a nuestros nietos, “Ho visto Messi”.