miércoles, 27 de mayo de 2015

Escándalo FIFA con epicentro en Sudamérica (Jornada)



A pocas horas de la elección presidencial por otro mandato en la FIFA, la ciudad de Zurich se despertó con un escándalo con origen en los Estados Unidos, debido a que la Justicia de ese país ordenó la extradición de catorce personas, de mayoría sudamericanos (tres argentinos) por hechos de corrupción ligados al fútbol.

No puede decirse que los hechos que generaron la acusación hayan sido desconocidos por casi nadie que de alguna manera haya estado vinculado al fútbol internacional en estos años, pero sí todo pasaba por sospechas fundadas, por alguna que otra confesión y hasta por algunas investigaciones valientes como la del periodista británico Andrew Jennings, autor del durísimo libro “Tarjeta Roja”, que se refirió a los enormes negociados de la FIFA y muchísimos de sus dirigentes.

Si bien hay dos causas, una por irregularidades (que incluyen supuestos sobornos) en la elección en 2010 de las sedes mundialistas de 2018 en Rusia y 2022 en Qatar, la que generó la extradición de los catorce imputados está referida a negociados relacionados al marketing, a los derechos de TV y otros negocios tomando como punto de partida 1990, es decir que son muchísimos los que podrían caer, en lo que podría ser el derrumbe casi total del sistema que actualmente rige el fútbol mundial.

Todo esto fue un cimbronazo para la FIFA, que vota mañana por la relelección de Joseph Blatter, que aspira a seguir en el poder por quinta vez consecutiva a sus 79 años, y quien tiene como único contrincante al príncipe jornado Ali Bin al Husein, tras bajarse de la candidatura primero el actual titular de la UEFA, Michel Platini, y luego el holandés Michel Van Praag y el ex jugador portugués Luis Figo.

La fiscal general del Estado, Loretta Lynch, dijo desde Nueva York  que los detenidos “utilizaron sus posiciones de confianza para solicitar sobornos a cambio de derechos comerciales, y lo hicieron una y otra vez, año tras año, torneo tras torneo”, fijando claramente su posición.

Todo esto asegura una baja importante para la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) ya debilitada primero por la muerte de Julio Grondona, 35 años presidente de la AFA, y ahora, al ser detenido quien lo reemplazó (ya sin la misma fuerza porque el argentino era el número dos de FIFA), el uruguayo Eugenio Figueredo, uno de los más comprometidos.

Ya desde aquellas votaciones para la organización de los Mundiales 2018 y 2022, cuando Jornada estuvo presente en Zurich, había muchas cosas muy oscuras, como la forma en que rápidamente Inglaterra (que organiza la mejor liga del mundo) quedó fuera de la competencia, o la mano alzada casi con unción de la dirigencia sudamericana para un Mundial como el de Qatar que pese a la escasísima tradición del país, los problemas de libertades y de derechos de la mujer, y la explotación de los trabajadores en las obras, parecía ser la mejor opción ante otras, diferentes.

Chuck Blazer, estadounidense y ex secretario general de la Concacaf (la Confederación de Norte y Centroamérica y el Caribe) hasta mayo de 2013 –fue suspendido por 90 días por recibir una coima de más de 20 millones de dólares- funcionó como uno de los topos tras sus desavenencias con la dirigencia de la FIFA y apareció como arrepentido ante la Justicia, para lo cual grabó muchísimas conversaciones para el FBI durante un lapso prolongado, lo que ahora termina  con todo un entramado de años entre dirigentes, empresarios de los medios de comunicación y del negocio del fútbol en general, y la propia FIFA, que de manera increíble, se pronunció a favor de la investigación, como si fuera completamente ajena al asunto.

Es que la FIFA, como la mayoría de los organismos internacionales del fútbol, se vino manejando con una lógica que siempre los protegió: el hecho de no aceptar a la Justicia ordinaria, al punto de sancionar a aquellos que recurren a ella, como si hubiera en el planeta dos justicias, la que incluye a todos los seres humanos, y la futbolística por separado, una aberración que maniató a la mayoría de los protagonistas para que unos pocos, sin controles, manejaran todo a su antojo.

“Estaba acostumbrado a tratar temas de derechos de TV y marketing por todo el mundo, pero un día viajé a Buenos Aires, me recibió un ejecutivo de Telefé, fue para buscar un café y cuando me quedé solo en la habitación, me puse a observar un cuadro con el entramado de sociedades de medios y nunca había visto algo igual: unos tenían un porcentaje de otras empresas que a su vez tenían porcentajes de ésta, en un entrecruzamiento imposible de seguir con atención. Al regresar el ejecutivo le pregunté cómo podía ser esto, y me dijo que justamente era para que nadie pudiera entenderlo”, le contó un protagonista sudamericano que residía en Europa a este periodista.

Este entramado sin control ni estatal ni jurídico es lo que aún permite (tal vez comience a acabarse ahora) a muchos seguir con negocios espurios a los que no hay manera de acceder, y tampoco los Estados bajo la penalidad de descalificar a la federación que tenga algún tipo de injerencia que no guste (porque si no molesta, hasta se hace la vista gorda).

Entre los catorce implicados (hay 47 acusados) hay tres argentinos (además del paraguayo Nicolás Leoz, ex presidente de la Conmebol, y de su sucesor en el cargo, ahora miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA, el uruguayo Eugenio Figueredo y del presidente de la Federación venezolana, Rafael Esquivel), que son Alejandro Burzaco (CEO de Torneos ) y Hugo y Mariano Jinkis, de Full Play Group. Los tres están involucrados en sobornos por más de 150 millones de dólares.

Los Jinkis tienen una empresa de marketing deportivo, destacándose por la participación en la explotación de la imagen de la Copa América y la clasificación sudamericana para los mundiales.

A Burzaco pudo vérsele en el césped durante el último escandaloso Boca Juniors-River Plate de días pasados por la Copa Libertadores, negociando con el veedor boliviano de la Conmebol, Roger Bello, el árbitro Darío herrera y los dos planteles en el momento de la interrupción del partido tras la agresión sufrida por los jugadores de River al salir de la manga para el segundo tiempo.

Torneos tiene una enorme incidencia en el fútbol argentino. Antes, como Torneos y Competencias (TyC) tuvo los derechos de TV del fútbol argentino por un cuarto de siglo, junto al Grupo Clarín (conformando la empresa TRISA), hasta que en 2009 la AFA rompió el contrato para otorgar esos derechos al Estado con el programa Fútbol Para Todos, que pagó mucho más dinero que en la etapa anterior.

Pese a lo que parecía en un principio, lo que al Estado le interesaba de fondo era que el Grupo Clarín se quedara fuera del negocio por lo que Torneos acabó formando parte de la nueva época, aunque camuflado para el público mientras seguía produciendo fútbol para los canales privados con el mismo plantel, diseminado en supuestas competencias diferentes.

Es de lo que siempre caen bien parados. Transmite los partidos de La Ñata, el equipo del precandidato presidencial Daniel Scioli, pero también mantiene buenas relaciones con Marcelo Tinelli, quien aspira a presidir la AFA, y siempre ha tenido estrecho vínculo con el macrismo.

El entramado de negocios ahora puede entrar en otra faceta con más cuestiones que podrían destaparse en Estados Unidos, como el rol que jugó la empresa Puntogol SA, armada por la AFA para la fachada internacional, luego subsumida en Santa Mónica, con la llegada de un accionistas desde Murcia pero con vinculaciones oscuras con la Argentina y con Chile, como también, en los noventa, la filial local es la empresa ISL, que se fundió dejando una estela millonaria en dólares.

El propio Grondona, ya fallecido, e indemne en vida, es acusado post mortem de haber recibido una coima de 15 millones de dólares según la Fiscalía de los Estados Unidos, que indica que corresponden a 2013, entregado por Datisa (una firma conformada por Torneos, Traffic –brasileña- y Full Play) para las Copas América 2015, 2016 (extra, en Estados Unidos), 2019 y 2023, dentro de los 100 millones que la empresa pagó por distintos sobornos.

Algunos atribuyen todo esto a que el fútbol de los Estados Unidos busca afanosamente organizar un segundo Mundial (tras el mal paso del de 1994) y que resultó un duro golpe haberse quedado fuera de los dos siguientes, a los que acusa ser votados con métodos corruptos.

Lo que antes iba a ser una mala noticia para la Conmebol, como la quita de media plaza para el Mundial 2018, ahora pasa a ser casi una anécdota. Quedó en el centro de mira del mundo del fútbol, que ya no descansará en paz por largo rato, gane o no gane Blatter.


Inocencia superclásica (Jornada)



Adrián “El Panadero” Napolitano gaseó en soledad a los jugadores de River Plate, sin soporte de nadie.

“El Panadero” viajaba al exterior en cada desplazamiento del plantel de Boca Juniors, y en algunos partidos, como contra Zamora por la Copa Libertadores de América de este año, se colocaba al borde del campo de juego, más cerca aún de la línea de cal que los propios suplentes que calentaban a un costado, porque es un amante del turismo. Y le gusta ver los partidos de cerca.

Nadie nunca le dio lugar al “Panadero” para estar al lado de la línea de cal en los partidos de Boca como visitante. El dirigente José Beraldi, de la oposición. “no sabe quién es”, aunque siempre haya estado vinculado con la financiación de los viajes de “La 12”, que en la Bombonera muchas veces coreó su nombre.

Tampoco sabe nada del tema otro dirigente opositor en Boca, Roberto Digón, quien dijo que “El Panadero” militaba en su agrupación pero que cree que ahora lo hace en la de Beraldi.

Daniel Angelici, presidente de Boca, tampoco conoce al “Panadero”, aunque haya estado al borde de la línea de cal en muchos partidos del equipo como visitante en el exterior.

Angelici no tiene nada que ver con el fiscal Stornelli, ex jefe de Seguridad de Boca, que estuvo en el casamiento de “Rafa” Di Zeo, jefe de la barra brava del club, quien nunca le dijo al periodista español Jon Sistiaga, para un documental, que tener poder “es tener el teléfono del que tiene poder”, mostrándole su agenda del teléfono celular.

Angelici cree que la responsabilidad por los hechos de violencia del fútbol pasa por el Estado y que los dirigentes de los clubes son víctimas.

Angelici no sabe, o no dice, que dirigentes muy cercanos a él mismo organizaron a principios de año una reunión para decirle a una facción de la barra brava que deberá someterse a los dictados de la que conformarán Di Zeo y Mauro Martín (antes enfrentados y amenazados mutuamente de una tribuna a la otra en partidos de Boca en la Bombonera).

Sergio Berni, secretario de seguridad de la Nación, insiste en que el operativo del Superclásico de la Bombonera por la Copa Libertadores “fue un éxito”.

Berni no aclara por qué no había policías, en un operativo de 1300 efectivos y sin hinchada visitante, cerca de la manga por la que tenía que entrar y salir el equipo de River, lo que nunca fue tampoco una “zona liberada”.

Berni, funcionario del Gobierno Nacional, dice que hay que intervenir la AFA, pero es desautorizado por el Jefe de Gabinete del mismo gobierno, Aníbal Fernández, quien insiste en que el tema “no está en la agenda”. Pero todos están muy unidos en la misma idea. Berni responde absolutamente al Gobierno y no tiene intenciones políticas detrás de Daniel Scioli.

Angelici, el presidente de Boca, es el padrino del hijo del fiscal general de la Ciudad de Buenos Aires, Martín Ocampo, pero eso no importa.

El fiscal de la Boca, Daniel Pablosky, afirma en un programa de radio que confía en que “El Panadero” se va a presentar por su cuenta, cuando ya han transcurrido cinco días de los hechos de la Bombonera.

El presidente de River, Rodolfo D’Onofrio, ingresa al propio campo de juego mientras los jugadores de Boca y River se debaten sobre qué hacer con el partido, y se desata Rodolfo Arruabarrena, director técnico de Boca, que presiona para que se vaya inmediatamente. Su idea es apaciguar los ánimos y ver cómo se encuentran sus jugadores.


D’Onofrio y Angelici recorrieron la mayoría de los medios de comunicación, antes de los tres clásicos, para mostrar su enorme cordialidad y para combatir la violencia, porque están absolutamente comprometidos con la lucha, y entonces es una anécdota que los dirigentes de River no hayan aceptado ir al palco y se hayan sacado una foto viendo el partido por TV tirados en el piso en el vestuario visitante en el partido del torneo local.

El árbitro Darío Herrera espera la decisión del veedor boliviano de la Conmebol, Roger Bello, por reglamento, pero el funcionario busca por todos los medios que su presidente, el paraguayo Juan Angel Napout, le baje línea sobre cómo proceder, pero no tiene señal y no logra comunicarse y termina siendo Berni quien fuerza la suspensión al darle a Bello un plazo de cinco minutos tras más de una hora de espera.

Los dirigentes de River llevan a sus jugadores a un hospital sin guardia oftalmológica, a la madrugada, para obtener certificados que llevaron rápidamente a la sede de la Conmebol, no para sacar ventaja deportiva, sino por la gravedad de los hechos.

La Conmebol no tomó la decisión contra Boca hasta la noche del sábado porque sus dirigentes se tomaron un buen tiempo para decidir, porque no hubo llamados de la FIFA desde Zurich para presionar por una sanción ejemplar y no querían hacerlo. Lo de que Boca hizo la denuncia en Buenos Aires terminó siendo un atenuante para bajar de dos años de suspensión de la Bombonera en partidos internacionales, a cuatro partidos de local y visitante sin público.

La Conmebol tiene dirigentes firmes que en cualquier caso habrían descalificado a Boca del torneo, aún si Julio Grondona (partidario de que los partidos se definen en la cancha) viviera.

Angelici no sabe/no contesta, cuando se refiere a su enojo con la sanción de la Conmebol, ni piensa que se trató de una mano negra del dirigente de Quilmes José Luis Meiszner, secretario general de la entidad, cargo al que el propio Angelici aspira.

Meiszner, a su vez, no presionó nunca a la Conmebol para que el partido se terminara con el primer tiempo y Boca quedara descalificado.

River siempre se basó en la deportividad y argumentó que sus jugadores seguían mal por la agresión sufrida y no podían seguir jugando y por eso quedaron tan afectados en la ida de los cuartos de final del Monumental ante Cruzeiro.

Los jugadores de Boca siempre pensaron en solidarizarse con los de River en el campo de juego, y por eso mandaron a Daniel Osvaldo para que viera como se encontraban.

Los dos planteles no se iban del campo de juego por una confusión y no para que quede asentado que el otro se fue primero y “abandonó”.

Agustín Orión, secretario gremial de Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA) no saludó a la barra brava antes de retirarse, sino que el saludo era dirigido “a toda la hinchada, como siempre”.

Los medios de comunicación se desesperaron por llamar al secretario general de FAA, Sergio Marchi, para que explique por qué Orión sigue en el sindicato, pero no tuvieron suerte y no pudieron encontrarlo.

Daniel “Cata Díaz” dijo que los jugadores de Boca no se acercaron a los de River para irse juntos por la manga “porque luego van a pensar que somos blandos” pero se refería a la sociedad, no a “La 12”.
Los que arrojaban botellas desde las plateas cercanas a la manga de los jugadores de River eran unos “inadaptados”.

Políticos cercanos a Scioli insisten con una nueva tipificación de delito de las barras bravas porque hasta ahora no quedaba clara la ley.

Angelici, que siempre aparece presto a dar listas de admisión de violentos, ahora aclara que en este caso “no fue la barra” y quiere aplicar a los once agresores de los jugadores de River la “Asociación Ilícita” que no se sabe cómo encontró en la ley ya existente. No es porque está decidido, en este caso sí, a que se resuelva.

En la AFA están dolidos por la renuncia de Angelici a la vicepresidencia, pero respetan su decisión y sostienen que hay muchas cosas que cambiar. Nada dicen sobre la denuncia del presidente de Boca sobre que todo, ahora, lo maneja el Estado y no quieren macristas en el Comité Ejecutivo.

Feliz Día del Inocente por anticipado. 

lunes, 25 de mayo de 2015

El Caso Ancelotti ya tiene antecedentes (Yahoo)



En el Real Madrid, ganar una Champions League, o una Liga Española, no siempre es motivo de respeto eterno. Es apenas, algo pasajero. La memoria es tan frágil que todo puede olvidarse rápidamente. Le está ocurriendo ahora al entrenador italiano Carlo Ancelotti, cuando apenas si se está cumpliendo un año de la final de Lisboa, en la que el club blanco ganó la Décima al Atlético Madrid y sus hinchas lo siguen recordando en cada partido jugado en el estadio Santiago Bernabeu.

No todo el ciclo de Ancelotti, las dos temporadas completas  que acaban de terminar, en el banquillo del Real Madrid, puede medirse sólo por resultados deportivos. Sería injusto en este caso. Porque es necesario recordar el contexto en el que el entrenador italiano llegó al club en el verano de 2013.

El Real Madrid venía de una penosa imagen institucional luego del desastre que significó el portugués José Mourinho en el comportamiento, en el continuo clima de guerra contra todos los estamentos, con una plantilla enfrentada y de muy mala relación con el entrenador saliente (algo que pudo comprobarse en el verano siguiente, en el amistoso jugado en Estados Unidos ante el Chelsea).

Real Madrid había pasado a ser el personaje malo de la película, mientras que contrariamente a lo pretendido, el Barcelona concitaba adhesiones en todo el planeta, con una creciente imagen.

Todo eso fue revertido por Ancelotti en pocos meses. El entrenador ingresó, con rectitud, algo que siempre lo caracterizó en el fútbol, con mano izquierda en el vestuario madridista, y en poco tiempo recompuso las relaciones y generó un clima muy agradable en lo humano, pero no todo quedó allí, sino que tomó una decisión muy acertada, la de volver a las fuentes y retomar la filosofía de la tradición del equipo: adelantar unos metros a los volantes, apostar gradualmente a una mayor posesión del balón, quitar a un volante de contención para apostar a dos creativos y tres delanteros, y acabó suministrando más juego para Cristiano Ronaldo, que ya no dependía más de un lanzamiento largo, sino de muchas más combinaciones posibles, a partir del cambio en el juego.

Desde la llegada de Ancelotti, ganando o perdiendo, Real Madrid comenzó a parecerse a sí mismo, a su historia, y dejó de ser el permanente generador de problemas con cada una de las partes para centrarse en el juego con un entrenador mucho más amigable.
Nada de esto parece haber importado, aún cuando la temporada 2013/14 resultó un éxito: el club volvió a ganar una Champìons (no sin sufrir), quedó relegado bastante pronto en la Liga, y ganó la Copa del Rey en una final contra el Barcelona.

Si bien en esta última temporada también alcanzó a pelear por la Liga y la Champions hasta la semana pasada, y aunque tuvo mayor irregularidad que en la primera, con lesionados importantes y altibajos en algunos rendimientos individuales, fueron el empate ante el Valencia (con penal fallado por Cristiano Ronaldo ante Diego Alves) y el que consiguió la Juventus en el Santiago Bernabeu, lo que lo dejó sin títulos, pese al subcampeonato liguero habiendo sido líder en casi una rueda, y el haber perdido la semifinal de la Champions por un gol, cuando nadie pudo repetir el título europeo consecutivamente en el siglo XXI.

Nada parecía recordarse en la dirigencia del Real Madrid, aunque los propios jugadores, Cristiano Ronaldo inclusive, hayan manifestado sus deseos de continuidad del italiano y cuando algunos medios se centraron especialmente en la preparación física o en los supuestos malos desempeños del portero Iker Casillas, uno de los mejores de la historia del club y del fútbol español y europeo.

El presidente Florentino Pérez sigue sin escarmentar. Con un criterio empresarial con el eje “éxito-fracaso”, parece no poder contemplar que no siempre hay que ganarlo todo, por más que se trate del Real Madrid, y todo indica que en estas horas anunciaría el fin de ciclo.

Ya le ocurrió algo parecido con Vicente Del Bosque al finalizar la temporada 2002/03, en su mandato anterior. El entrenador de la selección española, campeón mundial y de la Eurocopa, fue echado aún siendo campeón de Liga por no responder a los cánones empresariales y marketineros del dirigente.

No importaron ni el título, ni un vestuario repleto de estrellas (Ronaldo Nazario, Figo, Zidane, Hierro, Raúl, Casillas) que el entrenador había reconducido con mano izquierda y que aparecía unido y con un equipo que practicaba un fútbol para el recuerdo y que había ganado la Champions League un año antes, para luego consagrarse campeón Intercontinental en Japón.

Nada importaba. Del Bosque “no vendía” bien el producto. Seguramente  no tan bien como su sucesor, el portugués Carlos Queirós, muy elegante y de mejor físico, y que sin embargo no sólo no lo superó sino que las cosas cambiaron para peor en el club, desatando rápidamente una crisis institucional de la que le costó salir, con la renuncia del propio Pérez a la presidencia.
Con del Bosque salió el volante Claude Makelele, quien tampoco parecía responder al nuevo modelo, a la nueva imagen. También lo pagó caro el Real Madrid, que tardó años en encontrar un reemplazante de ese nivel.

Pero parece ser ya una característica muy difícil de cambiar. Pérez vuelve a escarmentar y Ancelotti parece que pagará el año en seco. No importan las causas ni los proyectos. Es así y punto.

Así son las cosas en estos años en el Real Madrid.  Que nadie se sorprenda si en unos meses, aparece el arrepentimiento.

A esta película ya la vimos.




miércoles, 20 de mayo de 2015

El fútbol argentino, en estado de implosión (Jornada)



Bastó que entrara la capsaicina, una sustancia con principio activo del gas pimienta, en la manga de los jugadores de River Plate en el nefasto jueves pasado en la Bombonera, para que todo estallara en mil pedazos.

El fútbol argentino, como se ve, necesitaba apenas una mecha para que mostrara toda su endeblez porque venía sosteniéndose (como tanto se insistió desde estas columnas) sin ninguna base y no había tenido aún el 2001 que sí atravesó la Argentina.

2015 no es un año más, sino el que va a definir el próximo Gobierno Nacional, el de la Ciudad de Buenos Aires, el de la AFA y por si fuera poco, el de Boca Juniors. Por eso, el revuelo que generó el pasado Boca-River de la Copa Libertadores que no pudo terminar de jugarse, en un contexto en el que varios partidos locales continúan pese a agresiones que reciben los protagonistas, algunos se juegan a puertas cerradas por desórdenes generados con una sola hinchada, y con operativos policiales que no pueden ser exitosos pese a tantos recaudos y cientos de efectivos policiales.

El fútbol argentino vive, desde hace ya mucho tiempo, una situación terminal porque en la Argentina ocupa un lugar desmedido, y porque la sociedad se futbolizó tanto, que se lo utiliza hasta cuando no se habla de fútbol.

“Me la dejó picando”, “Le estoy tirando centros todo el tiempo”, “juega con diez”, “lo tengo de stopper”, “saca todas las pelotas al córner”, no son más que expresiones de la agenda de los argentinos, que conviven desde hace más de medio siglo con la violencia organizada, la que denominamos “violencia del fútbol” porque no viene de la nada, sino de toda una concepción filosófica.

Bastó que Daniel Angelici, presidente de Boca ligado al macrismo, se enojara con la falta de respaldo de la AFA en su alegato ante la Conmebol por los hechos del jueves, para que saliera a jugar fuerte (algo que conoce muy bien porque viene de ese palo, el del juego de azar) y en esta jungla en la que se transformó el fútbol argentino desde la muerte del caudillo, Julio Grondona, no sólo renunció a la vicepresidencia, sino que denunció una virtual intervención estatal en la entidad,  que hay gastos exagerados (aportando detalles concretos), que se perdió dinero en el pasado Mundial (aún cuando siendo subcampeón, se percibió 25 millones de dólares desde la FIFA) y hasta que para la próxima Copa América, se cobrará lo mismo que la Federación de Jamaica, siendo que la selección nacional cuenta en sus filas con Lionel Messi, Sergio Agüero, Angel Di María, Javier Mascherano o Carlos Tévez.

Angelici conoce el paño. Por un lado, intenta victimizarse vinculando a Adrían “El Panadero” Napolitano, quien se hizo tan famoso en estas horas que en cualquier momento termina bailando por un sueño o como parte de la casa del Gran hermano, con agrupaciones opositoras de Boca haciendo su juego para las elecciones, y por otro, a la AFA con el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

Pero más allá de esto, de lo que no tiene defensa alguna Angelici (y lo sabe) es de su estrecha relación con las barras bravas, algo que no es nuevo y que vino sobrellevando ante los medios y la opinión pública como pudo.

Angelici es el padrino del hijo de Martín Ocampos, el dubitativo fiscal general de la Ciudad de Buenos Aires y quien debería entender en lo ocurrido en la Bombonera. Su ex jefe de Seguridad, el fiscal Carlos Stornelli, participó como invitado en el casamiento de Rafa Di Zeo, uno de los líderes de “La 12” que volvió de la cárcel y quien alardeó ante el periodista español Jon Sistiaga en un gran documental, que tener poder “es tener el teléfono de los que tienen poder”. Y por si fuera poco, el fiscal Daniel Pablosky, hacía malabares para explicar cómo, pasados ya casi cinco días de los hechos, se espera con pretendida ingenuidad que Napolitano se entregue, sin que la fuerza pública parezca preocupada por encontrarlo.

No sólo Angelici.  También el arquero Agustín Orión, que ya estaba en el ojo de la picota, volvió a hacer de las suyas cuando además de la absoluta falta de solidaridad con sus colegas de River, instó a muchos de sus compañeros (algunos ni movieron los brazos y se escudaron en otros, como pudieron) a saludar a la barra brava, vaya a saberse si por lealtad o temor, o ambas.

Orión (como Angelici en el caso de los cargos dirigenciales) aún no había renunciado a la secretaría gremial de futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), tras la vergüenza del jueves, cuando colegas suyos, que habían sido gaseados, se encontraban  rehenes de una situación complicada, con amenazas de botellazos y piedrazos…desde un sector de plateístas, que pagan bastante caras las entradas o los abonos.  Pero la rivalidad pudo más que la solidaridad.

También sus colegas riverplatenses dejan mucho que desear en esta locura que vive el fútbol argentino, colgando una foto con los dedos en “v” para festejar un pase a cuartos de final de la Copa Libertadores que no se terminó de ganar en el campo de juego.
Es tanto lo que se juega en este fútbol de caretas, de poses, de declaraciones sin sentido ante periodistas que hacen que preguntan, con los protagonistas tapándose la boca para que no nos enteremos qué están tramando, con violentos organizados y otros que no lo son pero que los imitan y cantan sus canciones y hasta aparecieron algunos ahora que no lo son, pero que sí quisieran serlo y hacen todo el mérito posible para ser considerados.

En tiempos no tan lejanos, los cómodos medios de comunicación llamaron “energúmenos” o “inadaptados” para separar a unos de otros. Pero ¿lo son? ¿No son, acaso, demasiado adaptados en una sociedad que admite que se corte la luz en una universidad pero se jueguen los partidos, que acepta que el fútbol se juegue a cualquier horario, aunque sea laboral o de estudios, porque siempre tiene prioridad sobre cualquier actividad?

¿No son demasiado adaptados cuando la propia Presidenta de la Nación, mal aconsejada, afirma que los violentos son “buenos muchachos en el paraavalanchas”, o cuando los legisladores, oportunistas, debaten sobre “violencia en el fútbol” y utilizan como léxico “aguantar los trapos”?

Por si fuera poco, para desligarse de cualquier responsabilidad en el operativo de seguridad de la Bombonera, con 1300 efectivos que no fueron hallados en lugares claves del estadio, aún cuando su intervención fue acertada para suspender el partido ante las eternas dudas de la Conmebol, el secretario de seguridad nacional, Sergio Berni, desvía la atención opinando que la AFA debe ser intervenida.

¿Qué fue lo que le pasó al fútbol? ¿Qué transformó un maravilloso juego, que despertaba tantas pasiones, en un desastre organizativo, con más de trescientos muertos en su historia, con miles de heridos, con tantas complicidades, con un Estado que fue ausente y hoy es cómplice (este columnista piensa en la suma de Estado y AFA que da como resultado una Estafa), y en el que ahora todo vale, sin ninguna vergüenza?

Nada viene de la nada. Viene de décadas de apuesta subida por un negocio para pocos, que se juega en oficinas, bares, bancos, departamentos. No se juega en el césped.
Hace tiempo que nos robaron la fiesta cuando tras el Mundial de Suecia 1958, los dirigentes de entonces decidieron importar un modelo que no era el nuestro, para ser la sucursal de los grandes negocios con sede en Zurich.

Desde allí, todo cambió. Se necesitaron violentos para impedir la rebelión de los últimos románticos que apostaban al juego y ese modelo tacticista, físico, contrario a la tradicional técnica argentina, basado en el negocio, se impuso a todo.

Desde entonces, ese cóctel con una sociedad frustrada por años y años de promesas incumplidas, por generaciones que jamás tuvieron trabajo en su casa, y tantas otras lacras, acabaron apostando todo al fútbol, a ganar aunque sea  con la camiseta.

Es lo que hay.


lunes, 18 de mayo de 2015

Un Barça campeón diferente a otros (Yahoo)



Y al final, el Barcelona resultó campeón de la Liga Española a falta de una jornada, algo impensable apenas unos pocos meses atrás cuando la disputa con el Real Madrid era reñida como casi siempre (la excepción, en parte, fue en la temporada pasada, cuando el Atlético Madrid ganó el título),  y puede ir en camino hacia el triplete si gana las dos finales que le quedan, la de Copa del Rey y la de la Champions League.

Este Barcelona, que acaba ganando merecidamente la Liga, sin embargo, no se parece a los otros equipos que ganaron las seis anteriores de este último tiempo. No puede decirse que haya tenido demasiados pasajes de fútbol lujoso, ni siquiera que se haya tratado de una plantilla unida y sin fisuras, ni que su entrenador, Luis Enrique, genere tanta simpatía desde todos los sectores.

Al contrario, a nadie sorprende que en una de las semanas más felices de los últimos tiempos para los “culés”, Luis Enrique ni siquiera asegura que vaya a continuar en el puesto, debido a algunos distanciamientos con jugadores claves del equipo, como en algún momento fue con el propio Lionel Messi, la gran estrella, que además, tiene el camino casi libre para el Balón de Oro de la FIFA si consigue ganar a la Juventus en Berlín y si luego realiza una buena Copa América en Chile.

Este Barcelona fue campeón pese a no haber desplegado su juego tradicional, aquel que practicó ya con Frank Rikjaard de entrenador hace poco menos que una década, y que luego continuaran Josep Guardiola y Tito Vilanova.

No porque no haya intentado tener el balón todo lo que pudo, sino porque Luis Enrique no confió tanto en el juego de la posesión, dándole mucho más énfasis a la productividad al triplete ofensivo, el punto fuerte del equipo, con atacantes fenomenales como un Neymar ya muy adaptado a la Liga y en una temporada espectacular, y un Luis Suárez que necesitó un par de meses para entender el nuevo juego, distinto al que practicaba en el Liverpool, hasta que la confianza volvió a aparecer y con ella, a definir los partidos cuando hizo falta con su categoría intacta.

El Barcelona, a diferencia de otros equipos anteriores, tuvo entonces un ataque contundente (las siglas MSN ya se imponen como una marca) y una firme defensa, especialmente por parte de los centrales (la regularidad de Javier Mascherano y la categoría de un Gerard Piqué que fue de menor a mayor en su rendimiento), aunque también Daniel Alves fue mejorando desde un arranque con mucha incertidumbre, y acabó pareciéndose mucho más a sí mismo que a lo que parecía al inicio: un lateral que se desprendía pronto del balón a puros centros aéreos sin destinatario.

Con altibajos, especialmente en el medio, puede citarse como destacado en esa zona al croata Iván Rakitic, con algunos buenos pasajes de Sergio Busquets, pero por primera vez, Luis Enrique optó por darle muy pocos minutos a Xavi Hernández, en su última temporada de azulgrana. Demasiado poco para lo que aún Xavi está en condiciones de dar, pero también porque en muchos partidos, especialmente cuando se ponía en ventaja, el veterano volante garantizaba posesión y perfecta distribución del balón y manejo de los tiempos.

Sumado a Xavi, Andrés Iniesta tuvo una temporada opaca, casi para olvidar si no fuera por alguna que otra jugada con su sello, y recién sobre el final, y acaso montado en una actitud optimista del plantel por encadenar buenos resultados, apareció con cuentagotas, pero ni por asomo fue el de otros tiempos.

Es difícil poder establecer con claridad que este Barcelona acabó siendo superior al Real Madrid de Carlo Ancelotti. En los altibajos de ambos en el largo torneo, puede decirse que el Barcelona tuvo algo más de tirón en sus mejores momentos, y en especial, que aprovechó el arreón final para acelerar y no perder puntos, como para mantener la distancia necesaria para ganar en esos detalles, pero como sucedió en otros años, la paridad sigue siendo muy grande entre los dos.

Real Madrid pagó demasiado caro ciertos partidos irregulares promediando la segunda rueda, porque desde que le había ganado al Barcelona en la ida en el Santiago Bernabeu, venía manteniendo bien el liderato, que ya luego de haberlo perdido, no pudo recuperarlo.

Como tantas otras veces, la dirigencia del Real Madrid puso menos atención en la estructura, en lo colectivo, que en lo individual, y fue decididamente a fichar jugadores estrellas del pasado Mundial, como james Rodríguez, Toni Kroos o Keylor Navas, pero dejando en el camino, por distintas razones, a jugadores clave como Xabi Alonso, Angel Di María o antes, a Mesut Özil.

Sumado a la lesión de Luka Modric y a la de Sami Khedira (luego en conflicto), y con escaso uso del fichaje de invierno, Lucas Silva, o de Asier Illarramendi,. Ancelotti acabó colocando a Sergio Ramos como volante central, posición que no siente y que genera que rinda muchísimo menos que lo habitual como central.

Estos cambios tácticos, sumados a malos momentos como los que atravesó Gareth Bale, la lesión de Karim Benzema, aunque acertadamente reemplazado por Javier “Chicharito” Hernández, cuando le tocó ingresar, aunque haya derivado en muchas oportunidades en un 4-2-2-2 (con James e Isco por detrás de Cristiano Ronaldo y Bale), determinaron cierta irregularidad en los tramos finales de temporada, que costaron demasiado, al punto de que con una plantilla riquísima y variada, el Real Madrid acabe 2014/15 sin ningún título oficial.

Tampoco el Atlético pudo repetir la hazaña de la temporada anterior, algo lógico si se tiene en cuenta que lo hecho en 2013/14, ante dos plantillas como las de Real Madrid y Barcelona, es un hecho excepcional.

Aún así, consiguió ganar la Supercopa de España, avanzó en la Copa del Rey dejando de lado al Real Madrid y este equipo acabó eliminándolo de la Champions League recién en el final de la serie.


Cabe recordar que el Atlético se desprendió de jugadores de notable rendimiento como el portero Courtois, el lateral Filipe Luis o el delantero Diego Costa, y aunque llegaron jugadores de buen nivel, no alcanzaron el de sus antecesores, aunque el más que probable tercer puesto en la Liga, sumado a los desempeños en las otras competiciones, le siguen dando vigencia y lo proyectan a continuar en los primeros planos en la próxima temporada.

jueves, 14 de mayo de 2015

Al Superclásico y al fútbol argentino les echaron más gas pimienta



Pocas veces, un Superclásico expresó tanto la argentinidad al palo, como éste de anoche en la Bombonera, suspendido vaya a saber si definitivamente o si, siguiendo con la locura que caracteriza a este tiempo sin red y sin sentido común que caracteriza a esta sociedad, ahora continúa, como parece, en los despachos oficiales, en la Justicia, en la Policía, y hasta tironeando los dirigentes de los dos clubes en la Conmebol.

Escribir otra vez que lo de anoche en la Bombonera fue un bochorno es quedarse demasiado corto. Porque el fútbol argentino ya está acostumbrado al bochorno y siguiendo con estos tiempos indefinibles porque la realidad ya superó ampliamente a la ficción, podríamos entonces afirmar que se llegó, en el fútbol argentino, al pozo más profundo, del que ya es imposible seguir descendiendo.

Poco se necesitó para dar por tierra con esas visitas falsas de los dos presidentes de los dos clubes de mayor cantidad de hinchas, Daniel Angelici (Boca Juniors) y Rodolfo D`Onofrio (River Plate) a los medios de comunicación que como comparsas de un circo sistémico se sumaron a repetir sus consignas vacías, sólo pour la galerie, como quedó demostrado.

La anécdota casi menor dirá que el contexto original era el de un partido de vuelta de los octavos de final, luego de que River le ganara a Boca ajustadamente 1-0, de penal, con un clima de máxima tensión, parecida a la que cada cuatro años vive la sociedad argentina durante los Mundiales. Ese extraño aroma que envuelve en momentos decisivos que acaso sólo el fútbol puede generar entre los argentinos.

Y el partido defraudó, una vez más, en cuanto a lo futbolístico. Porque Boca no podía de ninguna manera por el (otra vez) mal planteo de su director técnico, Rodolfo Arruabarrena, y se fue poniendo nervioso por el paso de los minutos, y porque River aguantaba bien, mucho más tranquilo, el empate que lo depositaba en los cuartos de final, hasta que vino el descanso, y la locura justo al salir para el segundo tiempo.

Siempre se dijo que en cualquier ámbito con una considerable cantidad de asistentes, en la sociedad argentina, basta con que uno “encienda una mecha” para que todo estalle, ese eterno Cromagnón que anda dando vueltas y que incluso aparece menos de lo que podría. Y estas vez, pasó lo que tantas otras veces pudo pasar. Detrás de la manga por la que debían regresar los jugadores de River a la cancha, alguien logró colarse (huele a zona liberada, como en tantas otras ocasiones y en tantas otras circunstancias) para arrojar una especie de gas pimienta o similar que dio en la humanidad de, cuanto menos, Ramiro Funes Mori, Leonardo Ponzio, Lionel Vangioni y Matías Kranevitter y fue el inicio de una cadena de locuras que podríamos estar enumerando por páginas y páginas.

Lo que sí queda claro es que pocas veces aparecieron juntos todos los clichés, los malos pensamientos, la mala leche, la absoluta falta de solidaridad, la mal llamada viveza criolla, el descontrol de buena parte de una hinchada adolescente, que desde hace años repite consignas violentas como si fuera normal, la falta de toma de decisiones de las autoridades, ya sea el inexperto árbitro Darío Herrera como de una lamentable Conmebol, que depende de lo que digan la AFA y la CBF para poder caminar.

En ese aquelarre se estancó la situación, con los protagonistas tratando de llevar agua para su molino, con los jugadores y cuerpo técnico de Boca buscando que el partido se juegue de cualquier manera, sin importar que compañeros suyos del mismo sindicato (porque son trabajadores, ¿verdad?) lo estén pasando mal y hasta con riesgo físico, con el plantel de River atónito, buscando la forma de que no se siguiera jugando, pero chocando con un árbitro que buscaba responsabilizar a la Conmebol o al organigrama de seguridad para no asumir solo tamaña decisión, y hasta con llamados a los celulares del más alto nivel. Pasó de todo, y todo fue absolutamente bochornoso, traspasando todos los límites que las migajas éticas permitían.

Tanto es así que nadie sabía cómo comunicar la decisión de suspender el partido (algo que caía de maduro, o al menos así ocurriría en cualquier país normal), con todo Boca al acecho, con pánico, a su vez, a la reacción de los cincuenta mil espectadores que colmaron la Bombonera y que pagaron fortunas, en muchos casos de una lamentable reventa, para poder estar presentes. Nadie se quería hacer cargo de esta decisión y a su vez, Boca presionaba para que Herrera esperara hasta el final una imposible recuperación física de los jugadores de River.

Pero, se sabe, era pedirle peras al olmo. Ésta no es una sociedad que acepte porque sí una decisión formal, porque si jamás fue apegada a los reglamentos y las leyes, menos en este tiempo de contradictorios mensajes desde cualquier poder, sumado a la falta total de autoridad de una Conmebol que siempre estuvo en manos de dirigentes paraguayos o uruguayos para que argentinos y brasileños pudieran mandonear colocando un tercero para no exponerse.

Esa sumatoria de incapacidad, complicidad, inexperiencia, indecisión rodeada de un ambiente violento, no podía tener buen augurio y todavía faltaba el final, el juego de los dos planteles para que se vaya del campo de juego primero el otro, para no quedar como el que abandonó, el que se fue, algo que en la jerga futbolera está visto como sinónimo de cobardía, de huida.

Peor papel para los de Boca, que sabiéndose con el público a favor, no respaldaron nunca a los de River y buscaron siempre exponerlos. Por eso su permanencia en el césped hasta el final, en vez de proponerles una salida en conjunto, entremezclados, para salvarlos.

No se puede pedir comprensión cuando no hay sentido común y cuando importa sólo el “sálvese quien pueda”, aunque mañana pueda ser al revés. Tampoco pensar en la aparición en escena de Futbolistas Argentinos Agremiados, ausente sin aviso, y los dirigentes de los dos clubes parecían más preocupados por la clasificación y los próximos pasos burocráticos para seguir en la Copa Libertadores.

En esa tierra de nadie, y mientras por fin se anunció la lógica suspensión del partido, la mayoría silenciosa, que pagó tanto por ver este partido, se fue en silencio, pero quedaron varios miles con ganas de seguir insultando y provocando hasta el último segundo.

Para completarla, todo esto ocurrió en el Día del Futbolista y en el que se había decidido parar la fecha del torneo local del fin de semana por la muerte del joven Emanuel Ortega. Vaya homenaje.

¿Puede terminar con la violencia un fútbol como éste, cuyos dirigentes avalan a las barras bravas y esconden entradas que luego aparecen misteriosamente mucho más caras en la reventa?

Pregunta como ésta, hay muchas y desde hace ya muchos años, no menos de medio siglo, pero no hay solución, bañados tantos en el mismo lodo, todos manoseados.

El fútbol es cada vez más una excusa en este juego bastardeado en el que la mayoría revolea la pelota y choca con los adversarios como autitos mientras tantos relatores del circo siguen elogiándolos como si se refirieran a Maradona, Brindisi, Alonso o JJ López. Esos tiempos, amigos, ya pasaron hace mucho. Hoy, esto es lo que hay.

Y lo que hay, es lo que no sólo se vivió ayer, sino lo que se seguirá viviendo en los días que vendrán, porque lo que en otro país sería suspensión definitiva y los puntos para el visitante (River), en la Argentina puede ser continuación del segundo tiempo en otra cancha, a puertas cerradas, y hasta que termine siendo Boca el que se clasifique.
Ya no extraña nada. Todo es posible. Incluso, que este Superclásico se siga jugando ahora en la AFA, en la Conmebol, con los árbitros, los dirigentes, el Estado, la TV y hasta la barra brava.

Ya lo dijo sabiamente el ya fallecido José María Suárez, “Walter Clos”, “el fútbol de los domingos en la cancha es para los giles, el verdadero partido se juega de lunes a sábado en los escritorios”.

Cuánta razón tenía.

La argentinidad, nunca más al palo que anoche.


El último, que apague la luz.

Barça-Juve o Messi-Tévez, el gran duelo de Berlín (Jornada)



Si el mundo del fútbol ya sabe que el próximo 6 de junio, el Barcelona y la Juventus se enfrentarán en una final con una enorme cantidad de matices, los argentinos tendremos un motivo doble para estar expectantes de conocer al nuevo campeón de la Champions League en Berlín, porque de cada lado jugarán nada menos que Lionel Messi y Carlos Tévez.

Por supuesto que en el Barcelona también estará Javier Mascherano, y en la Juventus, el tucumano Roberto Pereyra, pero las presencias de Messi y Tévez le dan al partido final de Berlín un condimento especial por todo lo que ambos significan para los argentinos.

Messi ha tenido una muy buena temporada, con sus 53 goles en todas las competiciones azulgranas, y algunos toques de genialidad, aunque también graduando como nunca sus apariciones y luego de algunos rumores hace pocos meses acerca de cierto malestar en el Barcelona, de algunos roces con su entrenador, Luis Enrique (confirmado luego cuando todo se enfrió) y llega en plenitud con el espectacular trío que conformó con los otros dos sudamericanos, Neymar y Luis Suárez. (114 goles de los 166 del equipo en 2014/15).

Hoy, es el famoso MSN el punto fuerte del Barcelona, que se desplazó de los esplendorosos años de Pep Guardiola y Tito Vilanova del medio hacia arriba, y genera algunas dudas abajo, algo que ni siquiera quedó disimulado por el pase a la final ante un Bayern Munich muy disminuido por lesiones (sin Alaba, Robben, Ribéry, Javi Martínez, Bastuber y con un Thiago sin forma).

El Barcelona sigue sin ser, del todo, un equipo, y es una suma de individualidades que por algunos momentos alcanza a tener una serie de toques interesantes, pero que en general, mata de contragolpe o cuando alguno del medio conecta con el trío ofensivo, en una extraña temporada en la que el director técnico Luis Enrique decidió prescindir de Xavi Hernández (jugará su último partido con la camiseta azulgrana en Berlín, antes de emigrar), y Andrés Iniesta tuvo su peor actuación en muchos años.

Por el lado de la Juventus, sorprendió que haya salido tan airoso del Santiago Bernabeu ante el potente Real Madrid, casi imbatible como local, y que había sacado cierto rédito en la ida en Turín al perder 2-1, y máxime cuando con un penal muy discutible, Cristiasno Ronaldo convirtió el 1-0 que necesitaba, promediando el primer tiempo.

Sin embargo, la Juventus es, esta temporada, un equipo con muchas soluciones posibles porque tiene lo más importante: la materia prima, con jugadores de gran nivel en todas sus líneas como Buffon en el arco, Chiellini, Evra o Lichteiner abajo, Pirlo (algo gris anoche en Madrid), Pogba (recién recuperado de una lesión), Vidal en el medio, y Tévez o Morata en ataque.

Así es que un gol del ex Real Madrid Alvaro Morata, a los pocos minutos que el enigmático entrenador Massimiliano Allegri decidió adelantar unos metros el equipo, le dio el empate necesario con el que luego los italianos sacaron su oficio para aguantar el tirón blanco hasta el final.

En una semana, Real Madrid tiró a la basura la Liga Española (en la que ya tiene escasa chance) y la Champions, en una temporada que terminará extrañamente sin títulos.

Tévez es, tal vez en menor medida pero sí en cuanto a la importancia interna, casi lo que Messi al Barcelona, porque si bien el astro del equipo catalán no admite ningún tipo de discusiones, pocos imaginaban que  el “Apache” sería tan decisivo en la “Vecchia Signora”, por sus movimientos, los espacios que consigue, cómo retiene la pelota, asiste a sus compañeros y por la muy buena cantidad de goles marcados, que además lo posicionan como el máximo anotador de la Serie A (20)  y con 29 tantos en la temporada.

Antes de sumarse a la concentración de la selección argentina para la Copa América, Messi y Tévez, dos caras casi opuestas para los futboleros argentinos, y dos jugadores con inmensa cantidad de títulos, deberán enfrentarse en una final de Champions como ya lo han hecho en Roma en 2009, cuando el Barcelona venció al Manchester United.

Enfrentados desde trayectorias distintas (uno contó siempre con el respaldo del público argentino luego de haber jugado y ganado todo con Boca Juniors, el otro, desde adolescente en el Barcelona y sin el mismo carisma) y caracteres muy diferentes (uno, extrovertido, cantante, bailarín, el otro habla sólo en el campo de juego), se llegó a decir que Tévez no jugaba en la selección argentina por no compatibilizar con Messi, aunque ambos lo niegan de manera no muy enfática, si bien ahora parecen convivir en la albiceleste sin dificultad.

Antes de la Copa América de 2011, se llegó a decir que Tévez fue convocado por el entonces entrenador Sergio Batista por presión de las empresas patrocinantes, que lo preferían incluso sobre el mejor jugador del mundo. Habrá que ver cómo se distribuirán las simpatías de los argentinos entre los dos finalistas.

Pero esta final entre el Barcelona (campeón ya cuatro veces) y la Juventus (dos títulos) tendrá otros aditamentos, como el reencuentro de Chiellini y Luis Suárez luego del episodio del mordisco en el pasado Mundial de Brasil en el Italia-Uruguay, y el del propio delantero uruguayo con el francés Evra, con quien tuvo problemas serios en el Manchester United-Liverpool de la Premier League hace dos años.


Mucho se hablará todavía de esta gran final de Berlín, que promete aportarnos muchísimos más elementos para el análisis.