sábado, 20 de febrero de 2016

Canallada (Un cuento de Marcelo Wío)




A Roberto Fontanarrosa


El primer impulso fue negarlo, invalidar toda posibilidad que indicara su acaecimiento. Atemperaba toda consecuencia, minimizaba sus efectos, los difería a un plano fantástico, ajeno a la realidad. Mi hablar era austero, un susurro, como si evitar la totalidad de una vocalización anulara los efectos de las palabras y sus significados. 

Había gastado tantas cábalas…, había acudido a insondables estadísticas y emparejamientos de números y astros. Conjuré, en noches que estimé propicias, con salmos paganos la intercesión de espíritus improbables. Me aboqué al pirronismo conveniente: Nada puede ser conocido, ni siquiera esto; negación metódica de los hechos, búsqueda pertinaz de conspiraciones. 

Una noche de luna llena llegué a quemar pelo de gato negro en un cementerio mientras formulaba unas palabras en latín que ahora dudo que tuvieran significado alguno.

Luego me bebí un trago de una infusión hecha a base de Opio de Esmirna, azafrán cortado, canela de Ceilán, clavos de especia y vino de Málaga que me cayó como el mismísimo culo y me tuvo unos días con mareos, escalofríos constantes, transpiración fría y copiosa, malestar estomacal y un recuerdo nefasto de Sydenham que no sé si era del todo merecido – seguramente le pifié en la preparación -. 

Al día siguiente de toda esta escenificación oscurantista, perdimos como local el partido que a priori se presentaba más fácil en todo el campeonato. Entonces no lo quise ver, pero cualquier cosa era inútil. Pero claro, todo era apremio, todo, presentimientos funestos, desesperación. Me llegué a plantear la posibilidad de ser mufa, pájaro de mal agüero. En realidad, pretendía convencerme de que algo de lo que yo hiciera tendría alguna injerencia en el devenir de los acontecimientos.

La tabla de posiciones era una irreverencia semanal. Una burla que no admitía cálculos accesorios. Ahí estábamos, cayéndonos de la lista, escurriéndonos a segunda división. Se sucedieron la indignación, el odio al rival y, finalmente, la resignación: ya no me interesa el fútbol, qué es sino un burdo circo. 

Seguí un par de semanas la liga de vóley femenino, pero esas minas, por más pantalocito corto y ceñid, no alcanzaban mis expectativas – sumado a que perdieron cuatro partidos al hilo las muy yeguas, con una falta de garra y compromiso intolerables -. Volví, como era inevitable a aquello de lo que jamás me había marchado. Porque escuchaba los partidos por la radio de a trozos, como si lo hiciera por descuido, por mera casualidad. Boludeces. Sabía qué sintonía me traería esa acidez de estómago segura, esa amargura agria. Otra vez me enganché en la sucesión de desilusiones seguras. 

Una tarde, mientras iba al laburo en el colectivo me puse a observar: subió una mina de esas que acaparan tu atención. Yo tenía el asiento de al lado libre. Justo al lado de la puerta para descender. En fin, situación inmejorable. Pero invariablemente, estas minas, se tienen que sentar en otro lado. Una fatalidad me dije inmediatamente. O… tal vez no sea un óbice más, sino el signo imperturbable de las sumatoria de catástrofes; o el signo incontestable de que le entré a la vida por la puerta de atrás… O… Morigerate, Osvaldo, hacéte caracol cortaciano, deslízate, que la vida es pura tómbola, es al pedo.

Mirá que teníamos lindo equipo… Nada che, el azar, la incoherencia y la puta que los parió a esos once burros y al pelotudo del técnico. Eso sí, muy cínico: ninguna expulsión, che; unas damiselas los tipos, como si fueran miembros de un ballet. ¿Poner la gamba? ¡No! Va de retro, qué es eso… que después hay que salir de joda por ahí… siniestros mercenarios a los que la camiseta les calienta tres carajos: lo mismo el azul y amarillo a rayas que el rojo y negro en dos franjas… Hijos de puta…

Ya hace dos semanas y vengo destilando y masticando infamia. Seguro que estos soretes estarán en Cancún o Florianápolis. A ver el diario, ya no sé si leerlo. Epa, nuevos fichajes… hmmm, sí a este lo juno; che, este otro no está mal… ojo al piojo, que con estos volvemos a primera en un año y ahí te quiero ver… No, me estoy adelanto; no te embales Osvaldito, que después se pincha el globo y uno parado en medio de la fiesta con el globito flaco y evidente. Retomá la idea que venías rumiando el otro día… ¿Cómo era? Ah, sí, había llegado a que se me suscitaba un problema, o un dilema (o una solución, según cómo se mirara el  asunto): si el equipo de mis amores no tenía ninguna importancia práctica para mí (a lo sumo una sublimación de mambos, una disipación tenue de preocupaciones), no podía ser real. Porque teóricamente todo lo real es de alguna importancia. 

Y salvo una distracción somera, una preocupación añadida, esos colores no suponen significación alguna… ¿O no? Además, Rosario Central es un hecho macroscópico, con lo cual es de suponer que los sucesos macroscópicos que lo componen, a su vez (simultáneos todos ellos), superpuestos, son una mezcla incoherente de estos mismos estados. Por tanto, no descendimos. Era sólo una probabilidad inicial de hacerlo. Una de tantas… ¿A quién pretendo engañar?

Estamos en segunda. Relegados a la radio, fuera de las audiencias triunfalistas de la televisión, desenquistados de la actualidad, segregados al margen de las estadísticas y las cargadas, de los titulares y los coloquios intrascendentes. Intento aplicar el logos, la axiología… Siete años de Filo y Sofía para llegar a esta encrucijada, a esta entelequia futbolística… Siete porque me costó un año encontrarle la punta al ovillo filosofal: distracciones de labios que se convertían en piernas y en desenlaces que se hacían copa o vaso o cualquier objeto que pudiera contener una destilación más o menos meritoria de una resaca posterior. Y ahora, a paja, el grandulón. Y encima estos ineptos descienden… 

Ese recodo conocido y seguro que me aguardaba el domingo se fue al carajo por once soretes, fijate vos. Paja y descenso, qué debacle viejo, qué venida a menos, qué derrape subrepticio y, a la vez, anunciado con leves variaciones astrales.


Ahora hay que pensar en lo perentorio, en el nudo mismo de mi circunstancia, ninguna desviación, ningún elemento superfluo a la cadencia consuetudinaria de acontecimientos particulares que soy y que devengo instante tras instante… y la putísima madre que los parió a esos hijos de una recalcada… será posible que un hecho minúsculo, liviano, tan alejado de mi realidad (siendo extremadamente juicioso) me tiene hecho un manojo de broncas irreconciliables… Pero mirá estos fichajes, pibe. 

No sé, hay un ápice de esperanza en esos nombres. Qué se yo, falta para que empiece el campeonato… entusiasmarse tan rápido no es conveniente… aunque es la única solución que barrunto. 

lunes, 15 de febrero de 2016

El show del Barcelona (Yahoo)



A catorce jornadas del final de la Liga Española, cada vez parece más difícil pensar que el Barcelona puede llegar a perderla. Con treinta partidos sin perder, estableciendo un nuevo récord que hasta supera al brillante de los tiempos de Josep Guardiola como entrenador, y a veces hasta con algunos momentos de neta paridad con sus rivales, no parece necesitar de muchos minutos para establecer una diferencia.

Si el Barcelona vence en Asturias al Sporting Gijón el próximo miércoles, en el partido pendiente de cuando viajó a Japón para disputar el Mundial de Clubes, que finalmente ganó, habrá sacado seis puntos de diferencia a su inmediato perseguidor, el Atlético de Madrid, al que venció en ambas oportunidades en esta Liga, y siete al Real Madrid, tercero en las posiciones.

No sólo eso: en los catorce partidos que quedan hasta el final, el Barcelone tiene, a priori, sólo dos salidas con algún riesgo, ante el Villarreal, al que venció 3-0 en la ida, y ante la Real Sociedad, a la que derrotó 4-0 en el Camp Nou. En su estadio, debe recibir, de los equipos de mayor nivel, al Real Madrid (le ganó 0-4 en el Santiago Bernabeu) y al Sevilla, su rival en la final de la Copa del Rey y contra el que disputó, en un partido memorable, la final de la Supercopa europea a principios de temporada.

Pero si el calendario parece acompañar mucho al Barcelona para retener la Liga en 2016, también le favorecen los números de su propia campaña. La diferencia de gol de +44 (62 a favor y apenas 18 en contra) demuestra una enorme capacidad goleadora pero a diferencia de otros tiempos, pasa casi toda por su excepcional tridente sudamericano: Si esta vez Lionel Messi, su máxima estrella, ha totalizado 12 goles, se debe a que sólo jugó 17 partidos, por una larga lesión, pero el uruguayo Luis Suárez es el Pichichi del certamen con 23 (dos más que Cristiano Ronaldo) y el brasileño Neymar lleva 17, dos menos que Karim Benzema, tercero entre los goleadores de la Liga.

La capacidad goleadora del Barcelona es tal que además del 3-0 al Villarreal, ha marcado un 4-1 al Levante, un 5-2 al Rayo Vallecano, el recordado 0-4 al Real Madrid nada menos que en el  Bernabeu, un 4-0 a la Real Sociedad, otros 4-0 al Betis, otro 4-0 al Granada, un 6-1 al Athletic de Bilbao y ahora, un 6-1 al Celta de Vigo, que es uno de los pocos que no sólo lo ha vencido en la primera rueda en Galicia sino que lo ha hecho por 4-1.

Para quien no ha visto el partido del pasado domingo en el Camp Nou, costará creer que por momentos el Celta, un equipo bien organizado y con una buena disposición por parte de su entrenador argentino Eduardo Berizzo, no sólo ha estado empatando sino que hasta tuvo posibilidades de quedar al frente en el marcador.

Sin embargo, y como en tantas oportunidades, bastó que los locales encontraran el 2-1 para, a partir de ese momento, llevar el partido al terreno que más desean: mantener el balón en su poder a la espera de que el rival tenga que salir a buscar el empate en alguna oportunidad, para asestar, en base a precisión y velocidad, el golpe definitivo con los tres grandes atacantes que posee, sumados a los talentos de Sergio Busquets en la recuperación y Andrés Iniesta en el apoyo del tridente.

Y aún así, no todo termina en el 6-1, con tres goles de Suárez, un gran libre directo de Messi, o los tantos de Neymar y de Rakitic cuando todo ya se acababa. Porque hemos podido disfrutar de un show que tuvo momentos brillantes, mágicos, a partir de que varios jugadores sintieran que podían animarse cada vez más a divertirse en el campo de juego, sin por eso faltar en absoluto respeto a sus rivales.

Es que el Barcelona tiene algunos jugadores que sienten el fútbol estético de una manera particular. No hace falta describir a Messi. Ya se ha hecho desde muchas formas. Pero la ejecución del penal, con la ocurrencia del pase a su compañero Suárez en vez del remate franco a la portería, demuestran el grado de solidaridad con el goleador uruguayo y también, la permanente búsqueda de algo distinto, que no se recordaba desde 1982, cuando un veterano Johan Cruyff lo probó en el Ajax holandés.

Por su parte, Neymar se animó a realizar la “lambretta”, una jugada exquisita que también tiene poco uso (se recuerda apenas una que el también delantero Leandro Damiao hizo en Buenos Aires ante el lateral Emiliano Papa en un Argentina-Brasil de 2011), consistente en levantar el balón con los pies por detrás del cuerpo propio, y lanzarlo por encima del cuerpo del rival para ganarle así la posición, algo sólo hecho para los elegidos.

La sensación de los simpatizantes del Barcelona no puede ser más plena en este momento, justo cuando tras dos meses de ausencia, regresa la Champions League en sus octavos de final en uno de los choques más esperados, ante el Arsenal de Arsene Wenger, que no sólo mantiene un estilo estético sino que es claro protagonista de la Premier League luego de haberse impuesto, en un gran partido, al líder del torneo, el Leicester.


El Arsenal-Barcelona, entonces, no podía llegar en mejor momento.

lunes, 8 de febrero de 2016

Neymar y el recuerdo del “Caso Figo” (Yahoo)




Cuando Luis Figo se puso la camiseta del Real Madrid, en 2000, el escándalo fue mayúsculo. Era ídolo en el Barcelona y pasaba al peor enemigo del pueblo “culé” y se iba a la capital española para vestirse de blanco, con todo lo que ello significaba.

Eran los primeros tiempos de Florentino Pérez como presidente del Real Madrid y el anuncio del fichaje del extremo portugués, en el caso de ganarle las elecciones a Lorenzo Sanz, entre otras medidas y el hartazgo de la dirigencia anterior, aún habiendo ganado la Champions League en la final de París, generaron el cambio impensado apenas dos meses antes.

Muchos recordarán lo que fue la primera visita de Figo al Camp Nou, cuando rodó por el césped hasta una cabeza de cerdo cerca del ángulo de córner y con banderas que comparaban al portugués con Judas.

No llegó a ser así en los años cincuenta cuando tras haber jugado dos partidos con la camiseta azulgrana, Alfredo Di Stéfano se tomó un tren y se fue a Madrid donde se convertiría en símbolo de la Casa Blanca, ganando cinco Champions Leagues consecutivas entre 1956 y 1960 hasta convertirse en leyenda.

En aquel tiempo, se intentó llegar a una solución en el conflicto por el argentino entre el Barcelona y el Real Madrid: que jugara alternadamente un año para cada uno, pero los catalanes ya no quisieron aceptar.

El tiempo hizo que circularan distintas versiones históricas, completamente opuestas, desde la intervención del dictador de entonces Francisco Franco hasta el error conceptual de los dirigentes catalanes sobre con quién negociar el pase del jugador, que venía de participar en una liga pirata como la colombiana, no aceptada oficialmente por la FIFA.

Lo cierto es que en estos tiempos de vacas flacas madridistas, en estos años de éxitos permanentes del barcelonismo, no es de extrañar que en otra temporada en la que los blancos ya quedaron fuera de la Copa del Rey por un escándalo administrativo (la maña inclusión de Cheryshev) y apenas si se mantienen en la lucha por el título de Liga, cuando podrían quedar lejos si el Barcelona gana su partido pendiente ante el Sporting Gijón y cuando además deben visitar aún el Camp Nou, su presidente Pérez busque reincidir tratando de dar otro golpe de efecto al estilo del de Figo hace poco más de quince años.

Y qué mejor entonces que buscar por todos los medios pescar en río revuelto como lo es el fichaje del crack brasileño Neymar por el Barcelona, lleno de conflictos judiciales que hasta hicieron caer en el ejercicio anterior al ex presidente Sandro Rosell y tienen en jaque al actual, Josep María Bartomeu, quien firmó los documentos y formó parte de la comisión directiva anterior.

No es casualidad que si hubo una parte activa en este conflicto judicial entre el Barcelona, el Santos (club de origen de Neymar), y el padre del jugador, no fue otra que la prensa madrileña, que vio un filón interesantísimo en esta situación, y vislumbró que puede abrir las puertas a un hecho de altísimo impacto para la Liga: que acaso el jugador que fue elegido tercer mejor jugador del mundo de 2015 pueda vestir de blanco en pocos meses y que a su vez esto atente contra el manifiesto deseo del barcelonismo de que el gran tridente sudamericano (junto al argentino Lionel Messi y al uruguayo Luis Suárez) se mantenga en los próximos años.

Neymar es muy joven, tiene 24 años, y está sindicato por muchos analistas internacionales como gran candidato en el futuro próximo a buscar el centro como mejor jugador del planeta y ya ha mostrado grandes condiciones técnicas aunque ahora mismo no pase por su mejor momento en los campos de juego.

Muchos creen que esto no es producto de la casualidad: Neymar está siendo presionado para cambiar, para irse del Barcelona para acabar con toda esta controversia que lo envuelve junto al Santos , a su padre y al club catalán y si bien ya ha aparecido el creciente rumor de una extraordinaria oferta del PSG de 190 millones de euros, no sería extraño que el Real Madrid compitiera para forzar su fichaje, con todos los antecedentes situados.

¿Es posible mantenerse al margen de todas las presiones para dedicarse sólo a jugar con todo lo que hay a su alrededor? No parece fácil, cuando el propio club Barcelona tuvo que emitir un comunicado pidiendo respeto para el padre del jugador, dando a entender que es objeto de persecución mediática desde la capital española.

De a poco, nos acercamos a la conformación del “Caso Neymar”, con el que algunos logren tapar los escasos resultados futbolísticos y de paso, generando ya expectativas de cambio para la próxima temporada, ante el posible nuevo éxito rival. 

Y además, si de paso el joven jugador se consume en la ansiedad y en las presiones externas sin poder rendir al mismo nivel que antes, será otro efecto deseado.

En este sentido, algunos intentos de jugadas de gran estética individual del brasileño, nos quieren demostrar que el deseo de seguir agradando y aportando cosas al espectáculo, sigue intacto.

La mejor noticia para el fútbol es que Neymar retome su mejor nivel y nos siga regalando grandes momentos en el césped y que se hable de él más por esto, que por aquello.


martes, 2 de febrero de 2016

El furor de la violencia “amistosa” (Jornada)



Hace años que los hinchas visitantes no pueden ver a sus equipos en esa condición, pero fracasó el sistema del AFA Plus para controlar la entrada de los violentos. Muchos partidos oficiales se juegan a puertas cerradas, y en esa condición, Boca comenzará la próxima edición de la Copa Libertadores por los hechos conocidos del gas pimienta y el Panadero ante River en la edición 2015.

Según la ONG Salvemos Al Fútbol (SAF), con estadísticas que debieron ser oficiales pero el Estado, desde siempre, se desentendió del tema hasta transformarse en cómplice (ya sea en el nivel nacional, provincial o municipal, según el caso), hasta el momento se registran 310 muertes por violencia del fútbol, de los cuales 208 corresponden a la época de Julio Grondona como presidente (1979-2014), y los dos últimos, ya en la actualidad con Luis Segura en el cargo.

Se han hecho aberraciones en el supuesto intento de terminar con la violencia del fútbol, como ir a buscar a autoridades inglesas que hayan combatido a los hooligans, cuando aquel fenómeno sólo se parece al de las barras bravas pero tiene su propia etiología, al punto de que esos mismos funcionarios, al llegar a la Argentina, sostuvieron que nada tenía que ver una cosa con otra.

Lo claro es que en una sociedad violenta, y con una agenda tan exageradamente futbolizada, difícilmente el fútbol no sea violento y cuando el discurso más orientado va hacia el negocio, y se repite desde la prensa con cinismo que sólo importa ganar, sería raro que los propios actores no cayeran en su propio clima de violencia.

Lo ocurrido en Mar del Plata el pasado domingo entre Estudiantes y Gimnasia, en el clásico platense que se anunciaba como amistoso de verano, con una batalla campal que motivó la suspensión antes de tiempo, no es más que un lamentable y reiterado ejemplo de los últimos tiempos.

Ahora son los jugadores mismos los que entran en el terreno de la violencia, se pegan con toda la fuerza, son los estandartes de la expresión más violenta sin necesidad de representantes folklóricos como en la última mitad del siglo XX y no sólo puede notarse en los hechos de agresión física sin ningún pudor siendo profesionales, sino que una vez terminada la vergonzosa gresca, van en busca de su barra brava para festejar con ella, en otra situación repugnante que certifica el tiempo absurdo que se vive.

Los jugadores de este tiempo han perdido los mínimos requisitos éticos. Se burlan en forma directa ante cualquier victoria, se sacan fotos y se viralizan en redes sociales enrostrándole la victoria a su ex adversario, ahora enemigo, y si faltaba algo, se abrazan con los violentos de la barra a los que expresan su genuflexa lealtad.

Los que siguen siendo hinchas de Estudiantes, y muy lejos de las últimas victorias con Alejandro Sabella en 2009-10 o con Carlos Bilardo-Eduardo Manera en 1982-83, conocen de aquel cinismo de los tiempos de Osvaldo Zubeldía y ese fútbol al límite del reglamento, que llegó a acabar en la cárcel de Devoto en aquella vergonzosa final intercontinental ante el Milan en la Bombonera en 1969, cuando el arquero Alberto Poletti –suspendido de por vida- le pegó una patada en la cabeza a Gianni Rivera, entre tantos otros hechos deleznables.  “Es el Estudiantes de Zubeldía, no es el de La Plata”, decía, con firmeza, el fallecido periodista Dante Panzeri, uno de los pocos que advirtió mucho tiempo atrás lo que podría pasar hoy.

De aquellas grescas, entonces, estos lodos. Los que hoy vienen del clásico platense trasladado a Mar del Plata, y ayer del gas pimienta y de los jugadores de Boca practicando para intentar jugar el segundo tiempo cuando minutos antes, sus colegas de River habían sufrido una agresión en el vestuario visitante, y por si esto no fuera poco, saliendo a vengar aquella descalificación también en el verano marplatense, sin importar quedarse con ocho y dar una imagen lamentable.

Aquellos jugadores de tiempos pasados, cuando las redes sociales no existían, tenían otra ética. Eran los protagonistas del espectáculo, las estrellas, la condición sine qua non del fútbol (junto con la pelota) y salvo broncas acumuladas y equipos al límite, las grescas eran excepciones.

Hoy, no hay torneo de verano que alcance. “Violencia” y “Fútbol” comienzan a parecerse cada vez más en la Argentina y puede que simbólicamente sirva que el Gobierno nacional o provincial bonaerense exijan a la AFA penas máximas a los infractores, pero no deja de ser puro voluntarismo.

Es aceptable, incluso, que el Estado se haga cargo de la seguridad en el fútbol como forma de controlarlo y quitarles a los dirigentes deportivos de la responsabilidad cuando muchas veces (aún en complicidad con los barras bravas) han pagado fortunas en los operativos, pero la lista de admisión de los violentos no puede ser cosa de los clubes sino de las diferentes policías zonales, aunque esto cueste reconocer que la Policía no es precisamente colaboradora y necesita una profunda reestructuración y un cambio total en su función, acabando con la corrupción.

Mientras tanto, la violencia sigue ganando espacio y ya no alcanza ni con puertas cerradas, prohibición a los visitantes y tecnologías de admisión fracasadas. Alcanza con mirar hacia el campo de juego.

¿Pensará por un momento Mariano Andújar que hace apenas unos meses pasaba días tranquilos en el fútbol italiano y ahora apareció boxeando y pegando patadas para la TV mundial en un clásico cualquiera de verano? ¿Qué sentido tiene?

Tal vez ninguno, pero no parece interesarle a los protagonistas. A ellos, en este momento, sólo les importa pedirse rápido perdón con lágrimas de cocodrilo, como el arquero de Estudiantes y Nicolás Mazzola de Gimnasia, sólo para conseguir una rebaja en las penas y no quedar suspendidos para el torneo oficial.


Hasta la próxima gresca.

domingo, 31 de enero de 2016

El Real Madrid se empeña en que la Liga no se acabe (Yahoo)




Con veintidós jornadas disputadas en la Liga Española sobre treinta y ocho totales, es decir, poco más de la mitad del torneo ya jugado, el Barcelona no sólo le lleva tres puntos de ventaja al Atlético Madrid (al que acaba de vencer en un muy duro partido en el Camp Nou) y cuatro al Real Madrid, sino que en el caso de vencer al Sporting de Gijón en el partido que había suspendido en diciembre y se jugará el próximo 17 de febrero, la ventaja hacia sus dos principales rivales por el título de campeón, se extenderá a seis y siete unidades.

Si hasta ese entonces todo se mantiene igual entre los tres primeros y el Barcelona sacara esta posible ventaja, ¿podría decirse que poco a poco esta Liga se está acabando y que teniendo en cuenta que tiene que recibir en el Camp Nou al Real Madrid, al Sevilla y al Valencia, casi no tiene visitas muy riesgosas en lo que resta del calendario (apenas Villarreal y Real Sociedad)?

En verdad, si es por los números, por el potencial y por los antecedentes, se podría decir que no será fácil que el Barcelona no retenga el título de campeón de Liga aunque si es por el juego, se abre un poco la posibilidad de que este Real Madrid, renovado desde la llegada de Zinedine Zidane como entrenador hace un mes, y algo más descansado por no jugar desde hace ya tiempo la Copa del Rey (descalificado por aquel episodio de Cheryshev), ha cambiado su juego y ha apostado más al ataque y a sus jugadores-estrella, mucho más cómodo con un ex súper crack que al mejor estilo Vicente Del Bosque, los entiende y los sostiene.

Si bien es cierto que el Real Madrid con Zidane en el banquillo ha jugado tres de los cuatro partidos de Liga en el Santiago Bernabeu, los resultados fueron tan amplios en su favor, y resueltos todos tan temprano (en los primeros quince minutos) que hasta se ha dado el caso de que en los tres, el equipo se ha tomado un largo descanso, con siestas de casi media hora.

Pero es claro que se han revitalizado tanto los tres atacantes que componen la BBC (Bale, Benzema y Cristiano Ronaldo), como los dos ejes por excelente (James Rodríguez e Isco), mientras que los dos laterales ya ni necesitan pensar y pasan al ataque en forma permanente como dos delanteros más, siempre Marcelo por la izquierda y Carvajal por la derecha.

Este Real Madrid ultraofensivo, que ya lanzó a Cristiano al liderato de la tabla del Pichichi (compartido junto a Luis Suárez) con 19 goles y que tiene a Benzema al acecho con 18, hoy podría estar en condiciones de pelearle la Liga al Barcelona, ya recuperado anímicamente desde la salida de Rafa Benítez, quien nunca encontró un equipo-base.

Por su parte, si bien el Barcelona sigue su enorme racha ganadora, con 28 partidos sin derrotas, hace ya varios partidos que no encuentra aquella solidez que le conocimos y ya lo hemos escrito en estas mismas columnas semanas atrás y no ha cambiado el concepto, precisamente, este pasado fin de semana aún habiendo ganado, y con justicia, nada menos que a uno de sus dos máximos rivales, el Atlético Madrid.

El equipo del entrenador argentino Diego Simeone vendió cara su derrota poniéndose en ventaja al inicio del partido, y se encontró con que todo había cambiado al irse al descanso por el enorme potencial que tiene el Barcelona, con algunos jugadores excepcionales como Lionel Messi o su gran goleador Luis Suárez, además de la superioridad numérica por el insólito golpe del brasileño Filipe Luis al astro argentino.

Pero el Barcelona no debería llamarse a engaño. No está jugando bien. Su defensa no tiene la tranquilidad suficiente para salir jugando con el balón dominado como en otros tiempos, tiene serias desinteligencias y saca muchas veces muy largo para desentenderse del problema, mientras que su mediocampo no tiene la fluidez del pasado reciente, además de que Neymar luce mucho más errático y tiende a culminar cada jugada en la individual en vez de recostarse en lo colectivo.

Esto ya lo habíamos notado ante el Málaga en la Rosaleda, volvió a aparecer en el partido de ida de la Copa del Rey ante el Athletic de Bilbao, pero sorprendió más que en la vuelta en el Campo Nou costara tanto un equipo al que apenas diez días antes por Liga había goleado sin atenuantes 6-0. Es que todo había cambiado y hasta el Barcelona se encontró en justa desventaja y hasta a un gol de quedar eliminado cuando supo reaccionar a tiempo y siempre gracias a su tremendo potencial ofensivo.

El sábado pasado, ante el Atlético y en el Camp Nou, los fantasmas volvieron a aparecer cuando volvió a quedar en desventaja con los mismos problemas y aparecieron las mismas soluciones: los mismos quince minutos en los que el equipo se compacta, domina terreno y pelota, da vuelta el marcador, y luego vuelve a quedar en una extraña meseta, aún cuando la inexplicable violencia del Atlético, ya con dos hombres menos, no representaba un gran peligro de empate.

Aún así, el Barcelona no pudo sacar más ventaja, tampoco se acercó mucho a la portería de Oblak, y todo quedó en un gris 2-1 que le permitió alejarse de los rojiblancos y mantener la distancia con los blancos, pero poco más que eso.
Queda mucha Liga aún, y quedan otros parámetros, como las semifinales de Copa del Rey, en las que todo indica que el Barcelona debería sortear a este Valencia de Gary Neville que deambula sin mucho sentido por el campo.

Pero el Barcelona parece alejado mucho más en lo numérico que en lo que ha producido en el juego en este último tiempo, justo cuando el Real Madrid parece encontrar su nivel.


¿La Liga puede acabarse pronto? Los números indican que puede ser. El juego abre un signo de interrogación.

miércoles, 27 de enero de 2016

La amnistía deja a la ética en offside



Desde hace ya varios días, el presidente de Boca Juniors, el cada vez más poderoso Daniel Angelici, se lanzó a la definitiva búsqueda de una amnistía de la Conmebol por los hechos ocurridos durante los octavos de final de la pasada Copa Libertadores, con el consabido episodio del gas pimienta y el Panadero.

En aquel tiempo, mediados de 2015, una Conmebol manejada por dirigentes que se conocerían corruptos por el FIFA-Gate (parte de su cúpula presa en distintos países por delitos comprobados de cohecho) le dio por ganada la serie a River Plate, al no completarse el segundo tiempo de la revancha en la Bombonera, y posteriormente suspendió a Boca por ocho partidos (cuatro como local y el mismo número como visitante) sin público propio en la siguiente edición, la que el club Xeneize comenzará a jugar el 24 de febrero ante deportivo Cali por la fase de grupos.

Boca, por intermedio de Angelici, y unido a quejas menores como las de Racing Club y Huracán por las sanciones a Sebastián Saja y Ramón Abila, respectivamente, ha avanzado en la idea de solicitar una amnistía a la Conmebol, que ayer acaba de cambiar de autoridades con la asunción del nuevo presidente paraguayo Alejandro Domínguez, basado en este hecho y en los cien años que cumple la institución en 2016, lo cual no tiene ningún asidero y coloca rápidamente en el ridículo a la nueva conducción sudamericana.

Lo que Boca argumenta para la amnistía no tiene ningún sentido. Esgrimir que porque una institución cumple un aniversario de número redondo, ya eso es propicio para un cambio en la sanción es como si en la Argentina, por ser el segundo centenario de la Independencia durante 2016, todos los presos reclamen salir de las cárceles por los delitos cometidos. Una cosa nada tiene que ver con la otra.

El fútbol sudamericano, y podría extenderse al mundial, se ha acostumbrado a este tipo de amnistías y perdones porque como actividad, sigue teniendo la prerrogativa de que unos pocos señores deciden sentados alrededor de una mesa sin que la Justicia ordinaria pueda inmiscuirse por el viejo artículo 48 de la FIFA, que no lo acepta y hasta amenaza con la desafiliación.

Esto hizo que los dirigentes del fútbol hayan tomado una inmunidad exagerada, al no estar sometidos a las reglas que rigen cualquier actividad de los seres humanos en el planeta y entonces, se transforman en amos y señores que suben y bajan el pulgar como se les parezca, y eso hace que sean proclives a quedar bien con los poderes de turno. Y Boca, hoy, es el club más poderoso del continente, por mucha distancia sobre los demás.

Creemos, y lo hemos sostenido desde el principio, aunque es materia opinable, desde ya, que el partido entre Boca y River suspendido por el gas pimienta y aquellos nefastos episodios que siguen teniendo coletazos hoy (con haber visto el pasado Superclásico de Mar del Plata ya es suficiente), debió continuar hasta dirimirse deportivamente, porque los protagonistas nada de culpa tienen con lo ocurrido externamente, porque había antecedentes en la materia, y porque con Julio Grondona vivo, es lo que habría ocurrido.

Pero de ninguna manera Boca tiene la mínima razón en cuanto a los hechos externos y si al club le correspondía una sanción disciplinaria, ésta debía ser muy dura y fue la que fue, la que ahora parece que va tomando el camino de regreso, aunque Angelici no cuenta siquiera con el apoyo total de la delegación argentina y algunas dudas en otros dirigentes como el uruguayo Alejandro Balbi y especialmente en los de clubes brasileños, que ven a Boca como uno de sus máximos competidores por el título.

River Plate, en cambio, ha jugado un papel extraño. Su actuación durante los días de los hechos en la pasada Copa Libertadores, no fue de la más ética. El correr a Asunción para llevar a la Conmebol en carácter de urgente certificados médicos obtenidos a toda velocidad y no precisamente por especialistas, es más que cuestionable, aunque tanto agua corrió bajo el puente que con el paso de los meses, las elecciones en AFA, este gobierno de transición hasta las elecciones del 30 de junio en conjunto entre las dos fuerzas (tinellistas y seguristas), que ahora su presidente Rodolfo D’Onofrio aparece más condescendiente y como ya logró el éxito deportivo, nunca está de más una manito en lo institucional, donde Boca y River son más socios que adversarios.

De fondo, esta conducción de Domínguez, queriendo diferenciarse de su compatriota Juan Angel Napout, comienza con la cancha marcada: algunos clubes argentinos y uruguayos (con la anuencia de los brasileños) ya se le retobaron con los derechos de TV, donde la puja entre Francisco “Paco” Casal y Fox Sports, de larga data, juega otra batalla, y ahora la nueva Liga Sudamericana se propone una enorme tajada, haciendo pesar lo que el fútbol viene generando desde hace tiempo pero sin verlo porque esos fondos iban a bolsillos incescrupulosos no sólo de este lado de Atlántico sino a alguno que proviene de la otra costa.

Se dijo desde hace ya muchos años que la Conmebol no es otra cosa que el dominio de Argentina y Brasil, con el escudo de Paraguay y algo de Uruguay. El resto, como ahora Colombia o Venezuela, quiere meter la cuchara pero no parece tener el peso político, económico y deportivo para llegar al fondo de la cuestión.

Domínguez ya hizo declaraciones estableciendo una clara línea roja entre las gestiones anteriores y la suya, y dejando en claro que va a convocar a las cuatro empresas más grandes para una auditoría con cinco años hacia atrás.

Pero el nuevo dirigente, hijo del viejo presidente olimpista Osvaldo Domínguez Dibb, sabe bien que si cede ante Boca y otorga la amnistía, será iniciar el partido con el banderín levantado por un offside más grande que una casa. El offside de la ética. Y aunque lo pretenda, ya no hay vuelta atrás.

La Conmebol habrá comenzado con un paso en falso y con las perspectivas de que todo puede ser posible, como sucedió anteriormente. Ahí nos daremos cuenta de que nada cambió.


Mucho se juega esta nueva dirigencia con estas medidas y con otras futuras, como las licitaciones y la transparencia. Para no caer en offside.

domingo, 24 de enero de 2016

El preocupante retraso del Barcelona (Yahoo)



Tras aquella crisis de Anoeta contra la Real Sociedad, parecía que de a poco, los planetas se habían alineado en el Barcelona. Los resultados comenzaron a acompañar, con ellos llegó la calma en la plantilla, los jugadores comenzaron a encadenar triunfos y títulos hasta totalizar cinco de seis en la pasada temporada, y ya nadie se acordó de alguna ausencia de Lionel Messi a un entrenamiento, o de Gerard Piqué hablando por su teléfono móvil sentado en el banquillo.

Las sonrisas le ganaron ampliamente a las críticas y ya no se volvió a mencionar ningún problema entre la plantilla y su entrenador, Luis Enrique, y el Barcelona luce hoy en su camiseta el escudo de campeón mundial de clubes 2015.

Esa racha triunfadora se fue extendiendo para la temporada 2015/16 y aún con una larga ausencia de su máxima estrella, Messi, por lesión, y una plantilla corta por la imposibilidad de fichar jugadores hasta el 31 de diciembre pasado por la sanción de la FIFA, el Barcelona se las fue arreglando como para seguir manteniendo buenos rendimientos con lo que tenía en casa y la continuidad que fue adquiriendo Sergi Roberto, la mejor figura de los emergentes.

Sin embargo, 2016 se presenta algo extraño. No tanto en los resultados, que siguen siendo favorables, sino por ciertos movimientos tácticos que se comenzaron a ver en el partido de vuelta de los octavos de final de la Copa del Rey ante el Espanyol en Corneliá, y que luego ya se profundizaron en San Mamés en los cuartos de final del mismo certamen, y ante el Málaga en La Rosaleda por la Liga Española.

En los tres partidos mencionados, todos en los que el Barcelona tuvo que jugar como visitante, se fue notando un retroceso del equipo de Luis Enrique de varios metros, al punto de dar la sensación de que prefería aguantar los resultados mucho más que dominar las acciones del juego, algo que siempre caracterizó al equipo en los últimos años.

No es que sea una táctica inaceptable o que sea fuera del reglamento. Lo llamativo es que el Barcelona nunca se valió en estos tiempos de estos sistemas, y que no parece haber un factor particular que haya ameritado este cambio tan profundo.

También es cierto que si nos guiamos por los resultados finales, poco queda por decir porque el Barcelona está a punto de clasificarse para las semifinales de la Copa del Rey y sigue líder en la Liga, incluso con mejores perspectivas dado que el Atlético Madrid no pudo superar en casa al Sevilla y que el Real Madrid se dejó dos puntos impensados ante el Betis en el Benito Villamarín.

Sin embargo, no todo son los resultados, y el tema pasa por el juego y por una actitud especulativa que hacía rato que no se veía en un equipo del Barcelona y que el propio Luis Enrique reconoció que no es de su gusto al calificar la primera parte ante el Málaga como “nefasta” aún cuando se ganó ese partido.

Lo que se observa es que el Barcelona parece pasar por unos días en los que del medio hacia atrás perdió parte de la confianza en el tratamiento del balón, en la forma de hacerlo jugar, en algunas dudas en la marca y en lo posicional.

Puede deberse en parte a la ausencia de Piqué, con voz de mando en la última línea, a los problemas extra-deportivos que en esta semana atravesó Javier Mascherano con el tema impositivo en Cataluña o el muy mal partido jugado por Vermaelen, pero pocas veces se vio en la parte defensiva a un Barcelona tan complicado y con tantas dificultades ante un rival que no es de los más agresivos, si bien históricamente lo complicó y más aún, en su propio estadio.

Lo que se observa, al margen de las dudas en cada uno de los jugadores, es que hay una tendencia a retrasarse más de la cuenta, cediendo el balón al rival y optando por resistir en vez de tenerlo y hacerlo correr, como fue habitual, con los resultados conocidos.

Ante el Athletic, en Bilbao, fue sorprendente ver a Sergio Busquets o a Andrés Iniesta tan atrasados y tan cerca de Ter Steggen, sacando balones lejos y no acudiendo a buscar a compañeros desmarcados o en posiciones delanteras más propicias.

En todos los casos mencionados, el Barcelona acabó consumiéndose arriba, con un Messi sin el protagonismo de otras veces, más volante que delantero, aún cuando justo haya aparecido para el gol el mismo Munir que no había respondido antes de la misma manera.

En fin, nada hace suponer que el Barcelona vaya a seguir insistiendo en esta nueva forma de jugar los partidos fuera de casa, pero no deja de ser una alarma que se enciende justo cuando se acercan los momentos definitorios de la temporada y cuando los simpatizantes culés en todo el mundo saben bien que fue siempre otra la fórmula del éxito.

Es preferible pensar que se trató apenas de una etapa pasajera, producto de esas circunstancias raras del fútbol que cada tanto aparecen pero que el Barcelona nos seguirá deslumbrando con su juego, su brillante ataque del MSN y que no necesite de resistir, apenas, para ganar los partidos.