domingo, 3 de abril de 2016

Un Clásico que puede marcar el futuro inmediato (Yahoo)




Tras 39 partidos invicto y cuando pocos lo preveían, porque llegaba en el mejor de sus momentos y en condición de local y con el antecedente de un 0-4 rotundo en el Santiago Bernabeu en la ida de esta misma Liga Española, el Barcelona acabó perdiendo el Clásico ante el Real Madrid 1-2 y a falta de siete jornadas y a punto de jugarse los cuartos de final de la Champions League, este resultado puede afectar a ambos equipos de una manera clave.

No era fácil apostar por un Real Madrid que se pudiera imponer desde lo estratégico en un partido con el público en contra, un clima especial de homenaje al fallecido Johan Cruyff y con la enorme ventaja que llevaba el Barcelona (diez puntos y el average), y que le permitía a los azulgranas jugar con mucha tranquilidad y hasta manejar el empate.

Sin embargo, el entrenador del Real Madrid, Zinedine Zidane, logró utilizar  muy bien los tiempos del partido, dividido en dos etapas: la primera y más larga, esperando, jugando al error del rival (algo poco ligado a su brillante tiempo de jugador) para lo cual planteó un encuentro corto, muy interrumpido por faltas, y sin permitir que el Barcelona pudiera asociarse para crear.

La segunda, más corta de duración, no más de veinticinco minutos,  y en buena parte relacionada con que el Barcelona se puso en ventaja con un cabezazo de Gerard Piqué, fue la de la aceleración y especialmente desde el empate de Karim Benzema, ocurrió cuando el Real Madrid apretó el acelerador, comenzó a incursionar en el campo rival, y no sólo ganó bien el partido con el gol de Cristiano Ronaldo, sino que aún no se entiende qué fue lo que generó la anulación de otro gol de Gareth Bale.

Para el Real Madrid, más allá de que sigue lejos del Barcelona en la Liga aún ganando, este triunfo tiene un sabor especial porque prueba dos hechos fundamentales: uno, es que va por el buen camino táctico desde que Zidane realizó el cambio más importante, el de quitar de la titularidad tanto a Isco como a James Rodríguez para colocar a Casemiro como mediocentro y liberar, de esta forma, a Toni Kroos. Y el otro, que anímicamente fortalece a la plantilla para la lucha final por llegar a la Undécima Champions League, en la que cuenta con una llave accesible de cuartos de final ante el Wolfsburgo y en la que define en su estadio en la revancha.

Por el lado del Barcelona, otra vez Anoeta se transforma en fundamental, como en la temporada pasada (tras la cual comenzó el cambio que dio lugar a los títulos), porque será en donde el equipo de Luis Enrique deberá refrendar si sigue siendo el candidato firme a ganar la Liga o si todo se desmoronará como un castillo de naipes, especialmente si no obtiene un buen resultado en la ida de la Champions ante el Atlético Madrid.

En Anoeta no podrá jugar Luis Suárez, quien llegó al límite de tarjetas amarillas y pende el recuerdo de la derrota en la temporada pasada, aunque antes, el Barcelona tiene un muy complicado compromiso de cuartos de final de Champions ante el Atlético de Diego Simeone, que llega al Camp Nou luego de recortarle tres puntos la distancia en la Liga, ahora a seis, y de vencer al Betis 5-1, terminando con la polémica de su escasez de gol.

Pero también será interesante constatar si Simeone tomó nota del planteo realizado por Zidane en el Campo Nou, encerrando a Messi entre la defensa (hacia adelante) y Casemiro (hacia atrás), ayudado por Luka Modric  y por Toni Kroos, más retrasado que en los partidos anteriores.

El genio argentino del Barcelona, aún con la motivación de convertirle a los blancos su gol número 500 de su carrera, no logró molestar demasiado en el ataque, teniendo que retrasarse y con algunos remates desde fuera del área o algunos libres directos, bien controlado por un sistema muy bien diseñado.

A diferencia de lo señalado acerca del planteo de Zidane, Luis Enrique Martínez no ha demostrado, más allá de la brillantez de muchos de sus jugadores, el armado de un sistema que pueda variar o encontrar salidas ante planteos inesperados, no sólo por lo realizado el Real Madrid el pasado sábado en el Camp Nou sino también otros rivales en otros tiempos.

El hecho de que la BBC haya tenido la misma efectividad que la MSN del Barcelona prueba cabalmente que no se trata de un acierto particular de Luis Enrique la contundencia del Barcelona, sino el hecho natural de contar, como el Real Madrid, con jugadores extraordinarios en los tres puestos ofensivos.

El Clásico pudo haber obrado entonces como despertador definitivo de la plantilla del Real Madrid para tomar consciencia de su valía y relanzarlo justo cuando parecía que si no fuera por lo favorecido que a priori parece que resultó con el sorteo de Champions, la temporada se acababa.


Y al mismo tiempo, el Clásico deja planteada la duda, por extraño que parezca, sobre si el Barcelona, que parecía que se encaminaba a repetir los éxitos de la temporada pasada, será capaz de olvidar pronto lo ocurrido y volver a jugar como en varios de los partidos de la temporada.

jueves, 31 de marzo de 2016

Todo pasa, Torneos vuelve




Carlos Bilardo moviendo los muñequitos, los abrazos del público en los estadios mientras en las canchas llegaban los goles, la imagen a rayas justo cuando el partido estaba por empezar, por pasarse al PPV. Los pizarrones con las fichitas, los “homenajes a Don Osvaldo Zubeldía”, la espera hasta el domingo a las 22 para contemplar dos míseros minutos de los resúmenes de los goles de los equipos chicos, las apologías de los directores técnicos defensores del “resultado”. Todo eso que parecía parte del paquete de los recuerdos lamentables de los noventa parece ir volviendo como una catarata que se nos vuelca día a día con el regreso a la palestra de Torneos (ex Torneos y Competencias).

Pero ni siquiera todo lo escrito, sumado a aquel contrato nunca publicado en el que se dejaba a los clubes a la intemperie, cuando muchos de sus dirigentes firmaron abajo sin saber lo que se decía, o la asociación con el Grupo Clarín para quedarse con canales de todas las ciudades del país para a partir de ellos fundir a los competidores para obligar a todos los amantes del fútbol a asociarse al suyo,  fue suficiente.

Mucho peor aún: no lo es, siquiera, que el CEO de Torneos, Alejandro Burzaco, haya tenido que pagar una fianza de 20 millones de dólares en Estados Unidos al quedar involucrado en el FIFA Gate por participar en coimas a dirigentes de la Conmebol para obtener los derechos de TV de los partidos de las Copas América 2011, 2015, 2019 y 2023.

No importa nada, porque a la AFA casi nunca le importó nada, al menos, en las últimas décadas de grondonismo. Si fue capaz de responder al pedido de informes de la defensora del pueblo de Buenos Aires Graciela Muñiz por unos incidentes en el ascenso con el envío de las formaciones de los equipos y los goles, ¿qué esperar acerca de la impunidad de esta entidad?

Por eso, porque Todo Pasa es una fórmula tan utilizada por el fútbol argentino y específicamente por la AFA, a esta altura ya no extraña que Torneos (con el maquillaje de un cambio de CEO, Ignacio Galarza por el mencionado Burzaco) esté de regreso, y que muy posiblemente a partir de julio, con la nueva temporada a la usanza europea (para vender jugadores a los clubes de allí), ya se quede con todo el negocio televisivo, porque de todos modos el actual es prácticamente inviable.

Tampoco es aceptable lo de hoy porque con el macrismo, el Fútbol Para Todos pasó a ser en verdad “Fútbol Para Bobos” (tres canales ponen el 10 por ciento del total de lo que gasta el Estado, y se quedan con las transmisiones de los clubes grandes y el canal estatal, que proviene del inversor mayor, se queda con las sobras).

La burla del fútbol al Estado argentino es tan vieja como la práctica profesional en el país. Si siempre el fútbol vivió del Estado, de gastar mucho más de lo que tiene porque luego “papá Estado” se hace cargo (ya lo decía el ex presidente e interventor de la AFA Valentín Suárez, “jamás el Estado le bajará la cortina al fútbol”), lo de estos años ya pasa todo límite.

A tal punto, que así como en su momento la AFA se burló de la defensora del pueblo, tampoco parecen tener peso los tres veedores judiciales designados por el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal número 1 a partir de la denuncia de la diputada Graciela Ocaña (Confianza Pública), el abogado Alberto Piotti y los contadores Horacio della Rocca y Alicia Beatriz López.

Si ya durante los años de “Fútbol Para Todos” los camiones de exteriores eran los de Torneos pero pintados de estatales, ¿qué decir de estos, en los que no importó siquiera el FIFA- Gate?

En este blog se escribió en muchas oportunidades, cuando AFA rompió el contrato con TRISA, que el problema era con el Grupo Clarín pero jamás con Torneos, a la que se le pidió paciencia hasta que las aguas se aclararan (o sea, aplicar otra vez la doctrina del ·Todo Pasa” grondoniano) y así fue como de a poco, la empresa que fue modelo cultural de los noventa, volvió por las suyas.

Claro que para eso tiene que haber alguien que la deje volver. Y para eso, está la AFA. De nada valió que apareciera una oferta de CMN Sports (Cárdenas Marketing Network Sports), con sede en Estados Unidos, con una oferta de 28 millones de dólares por 20 partidos de la selección argentina.

Tampoco, que se haya prometido, durante los días del FIFA-Gate y de la lucha eleccionaria de Marcelo Tinelli vs Luis Segura hasta el bochornoso 38-38, que habría licitación para grupos mediáticos internacionales, que desde hace tiempo quieren transmitir los partidos argentinos.

La AFA, sin importarle su imagen, sin mirar hacia atrás, seguramente para no quedar convertida en estatua de sal como la señora Lot de la Biblia, optó por aceptar la vieja modalidad de Torneos de adelantarle un 30 por ciento del pago  de los derechos del nacional B, la Primera B, la Copa Argentina, los partidos de la selección argentina en la clasificación mundialista, los amistosos de la selección y los derechos internacionales del fútbol local así como el e-commerce, necesitada como está de los morlacos por la pésima administración de sus fondos.

Es decir,  de nada valieron estos seis años y medio. Otra vez, de a poco, volvemos a lo mismo que parecía superado: la AFA necesitada de dinero, la AFA rechazando nuevas ofertas para optar por lo ya “conocido”, Torneos que le adelanta dinero, Torneos que se va quedando con casi todo…Torneos que, magnánima, renuncia al reclamo judicial por la rescisión del contrato de la AFA en 2011 por la B Nacional (cuando River la iba a jugar).

Sólo le falta a Torneos la Primera A….por una cuestión de pocos meses. Porque ya se rumorea que para el torneo largo siguiente, el 2016/17, los derechos de TV los tendrá…Torneos. Ya se habla de transmisiones pagas en Full HD, de un partido los domingos a las 11 de la mañana porque DirecTV (propietaria del 40% de Torneos) tiene los derechos internacionales vendidos a Europa, es decir, que los partidos empiezan a moverse de días y horas por los derechos de TV. ¿Les suena?

Nos preguntamos si el modus operandi relatado por la fiscal Loretta Lynch en Nueva York acerca de las coimas del FIFA-Gate consistía en que por más que hubiera ofertas iguales o mejores de otras empresas por los derechos de TV, siempre ganaban los mismos, y por ellas, el ex CEO de Torneos tuvo que pagar semejante fianza, ¿por qué no pensar que al ceder los derechos la AFA a Torneos ahora, no sigue con sl mismo modus operandi? ¿Qué es lo que hace pensar que no ocurre?

Evidentemente, Todo Pasa, y como era de imaginarse con esta AFA, que es la misma de siempre (y por eso compitieron en las pasadas “elecciones” el grondonismo de Segura contra el grondonismo de Tinelli), no era de extrañar que Torneos volviera.

Y aquí lo tienen, vivito y coleando.  Una pintura del fútbol argentino.


miércoles, 30 de marzo de 2016

La selección argentina avanza pero no convence (Yahoo)



Apenas una semana atrás, la selección argentina se encontraba fuera de los equipos clasificados para el Mundial 2018 en su grupo sudamericano, y gracias a sus dos victorias consecutivas del jueves (1-2 a Chile) y el martes (2-0 a Bolivia) ya está tercera, a dos puntos de los líderes Uruguay y Ecuador, cuando son cuatro las plazas fijas para Rusia y hasta hay una quinta para jugar una repesca ante un equipo de Oceanía.

Hasta aquí, la parte positiva, lo numérico o lo estadístico. Sin embargo, el fútbol no pasa sólo por allí. Hay que analizar el juego, cómo se llegó a esta circunstancia, y también los rivales.

Y lo cierto es que la selección argentina no le ganó precisamente a la mejor selección chilena posible sino a una que, para empezar, justo había cambiado su entrenador, luego del notable paso del argentino Jorge Sampaoli, con el que había ganado la Copa América por primera vez en su historia, dando paso a su compatriota Juan Antonio Pizzi.

Pero además, Chile, como local, dio la ventaja de no contar con Jorge Valdivia, Arturo Vidal y Eduardo Vargas, tres jugadores muy importantes del medio hacia adelante, y ni bien comenzó el partido, antes de los primeros quince minutos, ya se le habían lesionado Matías Fernández (reemplazante de Valdivia) y Marcelo Díaz (el de Vidal), y tuvieron que salir.

A ese equipo chileno es al que Argentina, con todas sus figuras disponibles, le ganó sin poder tener el dominio de la pelota en toda la segunda parte y sólo por su contundencia y por tener en sus filas al mejor jugador del mundo, Lionel Messi.

Otra vez, cinco días más tarde y en un campo de juego en malas condiciones como el de Córdoba (insólitamente cambió el escenario del Monumental de Buenos Aires por considerar que no se siente alentada por la gente), la selección argentina venció 2-0 a una muy pobre Bolivia, que si en general no suele tener grandes figuras, algunas pocas que tiene están enfrentadas al entrenador Julio Baldivieso (como por ejemplo, Marcelo Martins).

Aún así, el equipo argentino, dominador de campo y pelota, apenas si le pudo convertir un solo gol de jugada elaborada y el otro fue de un penal que no existió y que sirvió para que Messi, su mejor jugador como siempre, marcara su gol 50 y quedara a cuatro de Gabriel Batistuta como goleador histórico del conjunto albiceleste. Pero muy poco más.

¿Qué es lo que le pasa al equipo que dirige Gerardo Martino? Que no consigue una estructura que lo contenga. Tiene muy buenos jugadores en la mayoría de las posiciones, pero lo cierto es que no en todas.

Marcos Rojo, lateral izquierdo de destacada actuación en el Mundial de Brasil, no se encuentra en su mejor forma. En el medio, si bien Javier Mascherano tiene solidez como mediocentro, el problema aparece por los costados porque los otros dos componentes de la línea (el sistema que usa es el 4-3-3) tienden a cerrarse por sus funciones en sus equipos actuales (Lucas Biglia en la Lazio y Ever Banega en el Sevilla), mientras que se nota mucho la ausencia de Javier Pastore, más cercano a los delanteros y quien conecta mejor con Messi.

Como para Martino, Sergio Agüero y Gonzalo Higuaín son centrodelanteros (también Carlos Tévez, no convocado esta vez), deben pelear por un lugar cuando antes, con Alejandro Sabella, podían jugar juntos, también ha cambiado el panorama del ataque.
Messi juega por la derecha, y si bien tiende a irse hacia el medio, se trata de que en lo posible conserve su presencia en la zona, mientras que Di María, por la izquierda, muchas veces debe bajar para cubrir el espacio del costado, que no utilizan los volantes por lo ya mencionado.

Así es que el equipo argentino, con la táctica de conservar la posesión del balón, que es una saludable idea original, se fue deshilachando, fue perdiendo forma, los nombres fueron cambiando, ya no pudo retener aquel once que se sabía casi de memoria y comenzó a practicar un fútbol irregular, que no transmite la misma confianza que antes.

Con Sabella, aún jugando al error del adversario con el contragolpe de Di María, Messi, Higuaín y Agüero, al menos estaba la garantía del gol, aunque  la pregunta era si efectivamente el balón iba a ser recuperado, la clave para luego crear y marcar.

Ahora es al revés: la tenencia del balón parece casi asegurada, pero no se encuentran las vías para llegar al gol y menos, cuando el rival se cierra, y hasta puede ocurrir, 
como en el debut del grupo clasificatorio ante Ecuador en Buenos Aires, que el rival tenga espacio para el contragolpe, delanteros rápidos, y la defensa albiceleste tenga que regresar de espaldas, pagándolo muy caro.

Por todo esto, el equipo argentino parece cada vez más dependiente de Messi, de lo que haga Di María en un arranque suyo de velocidad y remate preciso a la portería, o un regate de Agüero, o una definición oportuna de Higuaín, o una situación de coraje de algún defensor (como reiteradamente ocurrió esta semana con el lateral derecho Gabriel Mercado, reemplazante de Pablo Zabaleta), y no de lo que haga el conjunto.
Claro que los resultados muchas veces engañan y permiten descansar en cierto optimismo, que es lo que le sucede ahora a la selección argentina.

Es bastante poco usual que su entrenador, Martino, haya manifestado que el partido ante Bolivia resultaba fundamental para poder viajar tranquilos a la Copa América Extra de los Estadios Unidos, en junio, sin tener que estar pensando en el regreso de la clasificación mundialista en setiembre, cuando en la doble jornada reciban a Uruguay y luego viajen a Venezuela.

Ya otras veces, Martino elogió partidos de la selección argentina en los que el equipo tuvo, como máximo un desempeño correcto, sin lucir. En este caso, ante Bolivia, manifestó que el juego de su equipo había sido sólido y que había anulado a su rival, algo que resulta elemental, por la debilidad del mismo.

Se supone que Argentina es uno de los serios candidatos a ganar la Copa América por su historia y por los jugadores que tiene, más allá de lo que pase en el camino a Rusia, que no debería peligrar.


lunes, 28 de marzo de 2016

Reunión de memorias (Por Marcelo Wío)





ahora la plaza
y esas calles iguales y
tan distintas
que le nacen como
desahucios
o huidas

ahora, decía, la plaza
para recordarte
recordarlos
sin tumba
                   nombres
                   memorias
                   edades
paralizados en un instante
sin tiempo
ahora la plaza
a la que le arriban calles
como abrazos
y reencuentros

y vosotros

viernes, 25 de marzo de 2016

La suma de jugadores no da un equipo



Pasan los partidos, de hecho el jugado ante Chile en Santiago es el quinto de la clasificación para el Mundial 2018 y en cuatro más acabará la primera rueda sudamericana, y el seleccionado argentino sigue sin ser un equipo que tenga un determinado juego colectivo.

Si algo se puede valorar del triunfo ante la selección chilena 1-2 es el resultado, la posibilidad de colocarse en la tabla de posiciones entre los cinco primeros para aspirar a llegar con mayor tranquilidad a la segunda rueda, y bastante poco más.

De momento, Gerardo Martino, el seleccionador, no ha encontrado un funcionamiento colectivo cuando nos acercamos a los dos años de trabajo, lo que puede anteponer algunas excusas corrientes (la falta de tiempo de trabajo, los lesionados, algunos rendimientos en baja) pero no alcanzan a conformar dada la calidad de jugadores que integran el plantel y que por lo general y salvo excepciones, los rivales tienen bastante menos.

Ante Chile pudo observarse con nitidez. Un rival que no sólo afrontaba un cambio de entrenador (Juan Pizzi por Jorge Sampaoli, dos argentinos) nada menos que luego de ganar por primera vez en su historia la Copa América y de cambiar algunos ejes de funcionamiento de “La Roja”, sino que le faltaban, por suspensión, nada menos que “las tres V”: Eduardo Vargas, Jorge Valdivia y Arturo Vidal, pero como si esto fuera poco, en menos de la mitad del primer tiempo se quedó sin dos cambios porque debieron salir Matías Fernández y Marcelo Díaz.

Con todas esas bajas, en especial quedándose como local sin un creativo y teniendo que apelar a Alexis Sánchez como único punta (cuando no es un jugador para esa función), el seleccionado argentino tuvo que luchar, transpirar y padecer a su rival porque nunca encontró orden en su mediocampo (se notó demasiado la ausencia de Javier Mascherano) y porque no suele hacer pie cuando se lo presiona mucho (ya le pasó en la derrota inaugural en Buenos Aires ante Ecuador).

Nunca el seleccionado argentino pareció un equipo en Santiago. Desde Sergio Romero, que no juega en el Manchester United y que se las arregla pero no parece del todo aceitado (especialmente en los saques, porque tampoco fue demasiado exigido), pasando por una defensa que salvo Nicolás Otamendi, pegó demasiado (Gabriel Mercado logra emerger en cierta medida por su garra), con una línea media desordenada porque Matías Kranevitter suple con correr algunos problemas de ubicación y experiencia, Lucas Biglia necesita a Mascherano para alinearse y se lo vio perdido, y Ever Banega no soporta la marca y la presión y tampoco tenía referencias ofensivas.

Y adelante, en donde efectivamente le sobran jugadores a Martino, tampoco pudo sacar partido de tres cracks como Lionel Messi, Sergio Agüero y Angel Di María, muy presionados pero además, cada uino intentando la suya individual, sin combinar con los demás.

Perdido Banega, el jugador eje para tener la pelota, al caer Messi en un extremo en el que lo ahogan y pierde protagonismo, el seleccionado argentino no fue protagonista, fue dominado tácticamente, y apenas sacó partido de mejores jugadores a la hora de definir, pero no parece ser éste el camino correcto.

Pueden engañar los números y probablemente le gane a Bolivia el martes y ya quede mejor colocado, pero no es aceptable que un seleccionado como el argentino sea tan dominado, y tenga tan pocas nociones de fútbol colectivo.

En la segunda mitad, Martino hizo un cambio correcto, con Augusto Fernández por Banega, aunque sonó muy tarde, cuando ya quedaba poco tiempo.

Tampoco se entiende el concepto del entrenador de que habiendo tantos cracks arriba, considere a Higuaín, Agüero y hasta Tévez como “nueves”, generando competencia entre ellos pero luego, no sacando partido de los extremos.

El 4-3-3 del dibujo inicial es una buena idea que siempre hemos apoyado, pero ese esquema necesita de conceptos bien definidos, y en lo posible, de jugadores acordes para las posiciones y de no renunciar a jugar al fútbol.

Con un 4-3-3 y sin la pelota, o sin un interés concreto por tenerla a sabiendas de que los de arriba en algún momento van a definir, es algo parecido al “Dios proveerá” y en fútbol, esto no es muy aconsejable y se paga caro ante rivales más fuertes.

Tampoco es aceptable que Messi sea tan poco aprovechado y que no haya forma de revertir una situación táctica desfavorable. Si está demasiado estacionado en una punta, no puede ser que el mejor jugador del mundo tenga como objetivo ayudar a Mercado en sus corridas. Lo suyo es magia, creatividad, inventiva.

De una vez por todas, el entrenador debe lograr que Messi brille todo lo posible y no que “trabaje” tácticamente.


El seleccionado argentino puede ganar o no, pero por ahora, sigue sin ser un equipo.

Cruyff, revolución y carácter




Desde que lo supo, a este escriba siempre le impresionó que en Holanda hubiera desde hace años una revista (muy buena, por cierto) llamada “Johan”. Como si en la Argentina pudiera haber otras llamadas “Diego” o “Leo”. Un homenaje que desde siempre, y pese a haber vivido muchos años en Barcelona, le hizo su país por todo lo que le dio desde lo futbolístico.

Para los argentinos, Johan Cuyff comienza a ser conocido un poco con el Ajax, mucho más cuando le ganó la final de la Copa de Europa al Panathinaikos de Grecia en 1971 que antes, cuando ya había perdido una definición contra el Milan, en 1969.

Y terminamos de saber de él, claro, cuando comenzaron a llegar noticias de la “Naranja Mecánica” de Rinus Michels y destrozó a la selección argentina 4-0 en el Mundial 1974 tras aquella frase que puede verse en la película “Fútbol Argentino” de Víctor Dinenzon, en la que Carlos Squeo le advierte a Enrique Macaya Márquez tras un amistoso pocos meses antes en Amsterdam (4-1) ante el mismo equipo, que “si algo puedo decir es que no nos meten cuatro nunca más”…

Cruyff ya era un jugador endemoniado desde mucho antes,  y aquel Ajax que integraba lo padeció Independiente en una Copa Intercontinental, la de 1972. Fue el jugador emblema de Holanda, y el que encabezó aquella revolución del “Fútbol Total” que llegó a enfrentarse a nuestro “fútbol, total….” De aquellos tiempos tan desorganizados.

“El Flaco” parecía que no podría desplegar toda esa gama de recursos con ese físico, y sin embargo…pudo y de sobra. Hijo de familia obrera, que tenía una fritería cerca del mítico estadio De Meer, sufrió la pérdida de su padre Hermanus cuando sólo contaba con doce años de edad y seguramente eso tanto a él como a su hermano Henny, que pateaban la pelota todo el día por la calle, les forjó el carácter.

Tal vez desde esos tiempos, cuando se hizo incondicional del cuidador del césped de De Meer y conocía como pocos las instalaciones del Ajax hasta que entre Michels y Stefan Kovacs entendieron que tenían entre manos una joya que había que pulir y por eso lo dejaron pasear por todas las divisiones inferiores  se impregnara de la filosofía “ajacid”, Cruyff entendió que las cosas había que decirlas sin pelos en la lengua y defendió por siempre el mejor fútbol, el más vistoso, el ofensivo.

Cruyff tiene dos libros extraordinarios como “Mis jugadores y yo” y “Me gusta el fútbol” y en ellos manifiesta toda su filosofía del fútbol, desde que la verdadera velocidad para moverse en un campo de juego es el trote porque es “un deporte de vagos” (lo que, creemos, hacían Pelé, o Juan Román Riquelme), aunque Ricardo Bochini, con su lengua filosa natural, llegó a decir de él antes de la Copa Intercontinental que “corre mucho, pero juega bien”.

Cruyff debutó con la camiseta número 8 ante el Groningen el 15 de noviembre de 1964, pero su número mítico fue el 14, usado desde otro día mítico, el 30 de octubre de 1970 (justo el día en que Maradona cumplía 10 años).

No pudo ganar el Mundial 1974 por esas cosas de la vida, por una mala final en la que el equipo holandés se sintió demasiado seguro de sus condiciones y acaso sobró un poco a su peligroso rival, la selección de Alemania Federal (que además era local), en tiempos en los que justamente el Ajax y el Bayern Munich peleaban por el reino europeo.

En ese Mundial, aunque ganaron los alemanes con los Maier, Breitner, Beckenbauer, Overath y Müller, todos recuerdan la brillante actuación de Holanda, que venció sin problemas a Uruguay (Ladislao Mazurkiewicz fue el héroe que evitó una goleada estrepitosa y sólo finalizó 2-0), Brasil y Argentina (con una paliza memorable, bajo la lluvia) pero dejó en especial aquella imagen de máquina casi perfecta de jugar, con todocampistas de talento.

En la final, ocurrió otro de los hechos mágicos cuando llegó el gol naranja al minuto, por Johan Neeskens, de penal, tras una jugada colectiva en la que ningún jugador alemán tocó nunca la pelota desde el saque de inicio del partido, y fue Cruyff (¿quién si no?) el que se internó en el área germana para que Berti Vogts le hiciera falta.
Ya para ese entonces, y desde 1973, Cryff jugaba en el Barcelona y desde el primer día, impuso su fuerte carácter: si fue al club catalán y no al Real Madrid fue cuando se enteró de que el Ajax negociaba con los blancos el traspaso a sus espaldas. Eso lo rebeló y lo hizo ir al bando contrario (una historia casi opuesta a la de su admiradísimo Alfredo Di Stéfano).

Ya en la primera temporada fue campeón de Liga, algo que el Barcelona no conseguía desde hacía 14 años, con un recordado gol a Miguel Reina o el notable 0-5 a los blancos en un Santiago Bernabeu que se paró para aplaudirlo.

Ya por ese entonces, imponía su frase de que “A Cruyff se lo trata de usted” y muchos creen que su estado físico y algunas de sus actitudes cambiaron tras la derrota en aquella final del Mundial de 1974. Comenzó a fumar en los entretiempos y ya aceptaba distinto los masajes.

Ya para el Mundial de Argentina 1978 y sin algunos de los jugadores más brillantes, Cruyff no participó y aunque muchos lo atribuyen a la dictadura, en verdad la decisión no fue por ninguna cuestión política sino personal y familiar.

Cruyff había comenzado una transformación en el Barcelona que seguiría una década más tarde, cuando en 1988 regresaría como entrenador tras irse en 1978 al fútbol estadounidense (Los Angeles Aztecs) y luego regresar primero al Levante (diez partidos) y a terminar su carrera en el Ajax primero y luego, por desacuerdos con sus dirigentes, en el Feyenoord.

Si algo le faltaba a la brillante carrera de Cruyff era transformar la mentalidad del Barcelona mucho más que como club, como filosofía de juego y de vida.

Conocedor de la mentalidad catalana desde los tiempos de jugador,  y con su fuertísimo y seguro carácter, Cruyff llegó para terminar con el victimismo, con el pensamiento siempre orientado a lo que sucediera en Madrid, con un fútbol que giraba en torno de los blancos, para pasar a ser el centro de la acción y que todo mirara hacia Cataluña.

Devolvió golpe por golpe, opinión por opinión, mucho más fútbol-juego que sus rivales, atacó con casi todos sus jugadores dejando atrás, como líbero, a su compatriota Ronald Koeman, respaldó a un joven Pep Guardiola como medio centro,  y no sólo llegaron cuatro ligas (algunas, beneficiado por la suerte, que siempre hace falta, como aquella del penal fallado por Djukic en el Deportivo-Valencia, y que él desde su banco de suplentes, le advirtió que ocurriría a sus ayudantes) sino que el Barcelona ganó su primera Champions en la final de Wembley en 1992 en la que dijo a sus jugadores el simple “salid y disfrutad”.

También, es cierto, ese equipo perdió una segunda final y de manera contundente ante el Milan en Atenas 4-0, porque más de una vez, Cruyff se pasó de seguro (como en la final del Mundial 1974).

Por más que en 1991 dejó el tabaco tras promocionar una campaña organizada por el Ayuntamiento de Barcelona, ya habían comenzado sus problemas físicos, si bien él los minimizaba: “Tengo unos enemigos adentro de mi cuerpo pero ya me están inyectando amigos para sacarlos”.

Cruyff siguió viviendo en Barcelona, aunque atento a lo que ocurría en el fútbol del mundo. Creó una fundación que ayudó a mucha gente, ocupó siempre su palco en el Camp Nou en el que fue venerado por sus hinchas, y dijo siempre lo que tenía que decir, sin tapujos, como cuando se quejó amargamente a finales de los noventa por la contratación de su compatriota Louis Van Gaal como director técnico en tiempos de Josep LLuis Núñez, de quien fue vehemente opositor.

Apoyó a su amigo Joan Laporta desde que éste constituyó el “Elefante Azul” con el que llegó a la titularidad del club y comenzó un nuevo ciclo brillante con Frank Rikjaard primero pero especialmente con Josep Guardiola más tarde, un emblema de Cruyff, que fue nombrado presidente honorario, cargo al que renunció cuando Sandro Rosell, enfrentado con Laporta, llegó al poder azulgrana.

Cruyff era partidario del fútbol que él jugaba cuando niño y su padre llegó a ver: el callejero. No entendía el fútbol sin pelota que muchos quieren implementar hoy, ni mucho menos cederla a los rivales.

Cruyff fue fútbol puro, del mejor, y forma parte de la galería definitiva de los elegidos, unos pocos, que se cuentan con los dedos de una mano: Alfredo Di Stéfano, Pelé, Maradona y ahora Messi.

Se lo va a extrañar, pero deja un enorme legado.




miércoles, 23 de marzo de 2016

En la Champions, el azar y el fútbol no fueron de la mano (Yahoo)




Finalmente, y tras el parón que supondrán las dos fechas FIFA de selecciones nacionales, volverán los cuartos de final de la Champìons League con algunos partidos de alto impacto y otros, gracias a la fuerza del azar, que no se condicen con la realidad del fútbol que se vive en Europa en esta temporada.

Los dos partidos que concitarán mayor interés, por la paridad existente entre los rivales, son los que enfrentarán al Manchester City con el París Saint Germain (PSG) y al Barcelona con el Atlético Madrid.

En cambio, los otros dos partidos, si bien hay que jugarlos, a todas luces favorecen a priori al Bayern Munich ante el Benfica y al Real Madrid ante el Wolfsburgo. De hecho, en los momentos previos al sorteo, que tuvo a Gianluca Zambrotta  a cargo de sacar las bolillas, es decir, un ex jugador del Barcelona, todos querían como rivales al Benfica y al Wolfsburgo, por considerarlos rivales de menos fuste que el resto de los seis equipos clasificados.

Los afortunados fueron, precisamente, dos equipos que llegaron a cuartos de final con muchas dudas en sus producciones.  Real Madrid, que tendrá la posibilidad de definir la serie contra el Wolfsburgo como local en el Santiago Bernabeu, llega a esta instancia con la única competencia en la que tiene chances de vencer, al quedar fuera de la Copa del Rey y prácticamente lo mismo con la Liga Española, en la que se encuentra a diez puntos del líder, el Barcelona, cuando restan jugarse veinticuatro, y tiene un average en contra demasiado grande en caso de empate en puntos.

Real Madrid pasó bien ante la Roma si es por los números, pero no tanto en cuanto al juego. Ganó más fácil en la ida en Roma 0-2 y esta ventaja le dio una gran comodidad en el Bernabeu en el regreso y aún así, no lo pasó nada bien con italianos, que desperdiciaron varias posibilidades de gol.

El Real Madrid pasa de muy buenos partidos a otros muy malos con Zinedine Zidane como entrenador, y luego de dejar una mala imagen en su visita al Las Palmas, goleó de manera inapelable a un Sevilla que parecía un equipo de principiantes, pero nunca hay garantías de continuidad en el juego y hoy los blancos se basan mucho en el tridente ofensivo desde la vuelta de Karim Benzema, y en su gran arquero costarricense Keylor Navas, una muy grata sorpresa a partir de que en el inicio de temporada, el presidente Florentino Pérez quería contratar a David De Gea, del Manchester United.

Zidane también parece haber corregido a tiempo la situación del medio del campo con la incorporación de Casemiro entre los titulares, liberando a Toni Kroos a un juego más ofensivo, que es lo que realmente siente el alemán, y con esto, el equipo blanco viene sufriendo bastante menos.

Aún así, en una temporada que no estuvo a la altura de su historia y con un rápido cambio de entrenador (Zidane por Rafa Benítez), pocos lo daban como candidato en la Champions (pese a que la prensa madrileña fogonea con que los blancos, siempre que ganaron el título europeo, nunca obtuvieron la liga).

Pero el sorteo se encargó de encarrilarle las cosas, eludiendo a los cinco rivales más complicados, y definiendo la serie en Madrid. Y un equipo como este en semifinales, por historia y plantilla, ya cambia la ecuación. El Wolfsburgo, presidido por un español (Francisco Javier García Sanz, íntimo amigo de Florebtino Pérez) es una incógnita pero cuenta con jugadores capaces de complicar a los blancos, pero Real Madrid es, sin dudas, el favorito.

El Bayern Munich estuvo a segundos de quedar eliminado ante la Juventus en una serie extraña en la que parecía que pasaba fácilmente a cuartos luego de sacar un empate 2-2 en la ida en Turín ante la Juventus (que le remontó porquie los alemanes ganaban 0-2) pero se complicó y el partido se presentó totalmente al revés. Los de Guardiola estuvieron cerca del 0-3 pero resistieron, fueron masivamente al ataque, empataron en el final y completaron la hazaña de revertir el resultado ante los italianos marcándoles cuatro goles, dos de ellos en la primera parte de la prórroga.

El Bayern venía atravesando una etapa de depresión desde el instante en el que se enteró que Guardiola se iría al final de la temporada, perdió peso hasta en la Bundesliga, en la que permitió que el Borusia Dortmund se acercara peligrosamente, y casi queda eliminado en la Champions, pero esta clase de partidos y de equipos son los que una vez que sortean estas situaciones límite, pueden llegar muy lejos porque se suelen potenciar.

Por más que debe jugar primero en Alemania y luego en Portugal, el Bayern ahora asoma como claro favorito ante el Benfica.

Una gran serie será la que jugarán Barcelona y Atlético Madrid. Los de Simeone son siempre muy molestos y si bien desde que Luis Enrique dirige al Barcelona le ha ganado los seis partidos, todos fueron muy duros y sin tregua.

En este caso, la realidad es que el Atlético no está en su mejor momento del año, lo que puede certificarse no sólo con la derrota ante Sporting de Gijón del fin de semana, sino lo que les costó pasar al PSV incluso en el Vicente Calderón.

Al Atlético le está costando marcar goles y ahora se suma que no parece tener a ninguno de sus tres defensas centrales más fuertes para los partidos ante el Barcelona, todos lesionados (tal vez Diego Godín llegue con lo justo y Savic es un misterio) y eso es mucha ventaja ante una delantera como el Tridente sudamericano de los azulgranas, que además llegan en una impresionante racha de partidos invictos.

Finalmente, PSG y Manchester City aparece como una serie de notable paridad, con una mínima ventaja para los ingleses, por definir en el Etihad. PSG cuenta con la posibilidad de dedicarse a full a la Champions al haber ganado ya la Liga Francesa pero los de Manuel Pellegrini tienen cada vez más complicada la llegada a la Champions siguiente desde la Premier League y es muy importante avanzar en Europa.

El Manchester City también se ha desinflado desde que el plantel supo de la llegada de Guardiola para la temporada 2016/17 y que tampoco Pellegrini seguirá, y muchos jugadores desconocen su futuro y esa incertidumbre (que también podría llamarse “pesadumbre”), se está notando en el campo de juego.