martes, 19 de julio de 2016

Todos para el (negocio del) fútbol



El fútbol argentino, pese a algunos casilleros que se van rellenando, sigue agitado. Hay demasiadas cosas en juego, demasiados intereses, demasiados sectores en pugna como para que aquello que implosionó desde la muerte de Julio Grondona, hace casi exactamente dos años, pueda resolverse tan pronto.

El dato concreto de las últimas horas es que se constituyó por fin la comisión normalizadora de FIFA-Conmebol, con el pomposo nombre de Comité de Regularización de la AFA, con algunos nombres que ya circulaban, aunque con un importante cambio: su titular será el presidente (y ex gerenciador) de Belgrano de Córdoba, Armando Pérez ante la desestimación del escribano Fernanto Mitjans para el cargo, al no estar de acuerdo con el rumbo que estaba tomando la cuestión.

Si se analiza a los componentes de la comisión, y no por ser noticia, se puede concluir que la misma estuvo demasiado consensuada con el Gobierno argentino y salvo la incógnita de Pablo Toviggino, el presidente del Consejo Federal (que indudablemente cayó bien a los enviados de FIFA y Conmebol de semanas atrás en Buenos Aires), el resto, puede decirse, responde a los intereses que van en camino a convalidar o al menos no oponerse a negocios futuros.

Una ex representante de jugadores ligada a Gustavo Mascardi, un asesor letrado de una conducción encabezada por Daniel Angelici y otro ex gerenciador que además fue colocado como titular del programa AFA Plus por el actual Gobierno, no parecen estar demasiado alejados de la conducción nacional y a menos que la FIFA incluya gente propia, y especialmente algún ex jugador, que entienda de otros aspectos y que tenga otra mentalidad, el rumbo parece estar tomado hacia el mundo de lo privado.

Llama la atención el silencio, al menos hasta ahora, de la jueza María Servini, que tiene veedores administrativos y judiciales en la AFA (o lo que queda de ella).

Del otro lado, la Superliga (otro nombre pomposo para designar a lo mismo de antes como si fuera la Bundesliga o la Premier League, con deudas fenomenales luego de haber recibido fortunas desde el Estado) sigue sin definirse, tanto por el descontento de los clubes del interior o del ascenso, que siguen pujando por más dinero (sabiéndose decisivos a la hora de los votos), como por las pujas entre las entidades más poderosas por establecerse en el mando.

En este sentido, el Gobierno, al impulsar a Juan Sebastián Verón, consiguió otro éxito parcial, el de bloquear tanto al camionero Hugo Moyano, que al menos por un año se quedará sin AFA y sin Superliga, como al conductor televisivo Marcelo Tinelli. Tanto uno desde los sindicatos como el otro desde su popular programa, tiran estocadas al aire como represalias.

Sin embargo, el punto de discordia más importante sigue siendo, como no podía ser de otra manera, el del dinero. Porque el fútbol está seco, desde que el Gobierno lo ahoga al rechazarle fondos hasta que todo se normalice, y porque el mayor ingreso proviene de la TV y allí está el nudo gordiano.

Si no se entiende la relación entre el presidente Mauricio Macri y el Grupo Clarín, la lectura de este conflicto, y por lo tanto de los otros, como consecuencia de éste, queda trunca.

Tal como venimos señalando en este blog, Macri debe a Clarín favores desde la campaña electoral y de los tiempos de su enorme respaldo a su gestión en la Ciudad de Buenos Aires y antes en Boca Juniors, cuando decidió saltar a la política nacional.

Y en este momento, El Trece (Grupo Clarín), Telefé (Telefónica) y América TV (Grupo Vila), están siendo subsidiadas indirectamente por el Estado con el actual formato del programa Fútbol Para Todos (FPT), al pagar apenas 135 millones de pesos contra poco menos de 2400 que paga el Estado, para quedarse con la parte del león y transmitir los partidos de los clubes grandes, mientras que el Estado bobo, a través de Canal 7 estatal, transmite a los chicos.

Ese statu quo es lo que el Gobierno no quiere cambiar y por eso, insólitamente y a regañadientes, responde con monosílabos ante la consulta de qué es lo que hace que no acepte que la AFA rescinda el contrato para licitar los derechos de TV por su cuenta.

La respuesta del Gobierno acerca de la ineficacia (probadísima) de los dirigentes de la AFA para manejar fondos sería absolutamente atendible si no fuera por dos motivos sustanciales: 1) Desde que asumió, cuando aún no había negociado con los grandes grupos mediáticos, el Gobierno hizo declaraciones ampulosas sobre que no se podía seguir sosteniendo el FPT porque hay otras prioridades, 2) Se supone que con la nueva comisión FIFA-Conmebol, hay garantías de mayor administración.

¿No llama la atención que en el Grupo Clarín no se editorialice contra el hecho de que el Gobierno actual persista con el FPT cuando tanto pregonó en los doce años pasados, que había otras prioridades? Salvo algún díscolo periodista del grupo, respaldado por una amplia trayectoria, y desde la TV, nadie se atreve. No parece casual. Tampoco que Vila, accionista de América TV, estaba inscripto entre los candidatos a la comisión normalizadora armada por el Gobierno y rechazada por los organismos internacionales.

Es en cambio lógico que la AFA o la mayoría de sus clubes, quiera licitar los derechos de TV. La oferta de Ted Turner, a la que ya hicimos mucha referencia en días pasados, junto con AFA TV, es muy superior a la del Estado y hasta garantizaba la gratuidad hasta 2019, año del vencimiento del contrato original, firmado en 2009.

Son tiempos turbulentos, con nubes de informaciones de todo tipo que suelen tratar de taparnos el árbol, pero basta con mirar un poco hacia atrás para entender ciertas cosas: qué proponía Macri en los noventa, qué proponía Fernando Marín, qué empresa tiene los derechos de la selección argentina pese a haber estado involucrada en el FIFA-Gate y cuáles son las subsidiadas por el Estado en la actualidad.

Tal vez estas preguntas nos ayuden a incorporar algunas certezas.



lunes, 18 de julio de 2016

Los caminos al Balón de Oro (Yahoo)




¿Puede afirmarse, a falta de medio año para terminar 2016, que la decisión del Balón de Oro FIFA World Player está tomada, a partir de lo sucedido con la Champions League, la Eurocopa y la Copa América Extra?

Todo indica que para muchos analistas, tal vez sí, y para cierto sentido común también, si es que para eso hay que basarse en los campeonatos ganados por las máximas estrellas del fútbol mundial.

Desde ese punto de vista, y teniendo en cuenta que lo que de aquí en adelante se jugará, cuando comience la temporada 2016/17, no será nunca tan decisivo como lo que la anterior temporada ha dejado atrás, podría concluirse que el portugués Cristiano Ronaldo no parece tener competencia alguna para llegar a su cuarto Balón de Oro y volver a seguir de cerca a su principal competidor, el argentino Lionel Messi, que acumula cinco en su increíble carrera con solo 29 años recién cumplidos.

Cristiano Ronaldo, quien por estas horas descansaba en su barco a pocos metros del de Messi, ya tiene su foto levantando la Eurocopa en París, en una desopilante final ante la selección francesa, que será recordada por mucho tiempo pero no tanto por el fútbol sino por su llanto y su desesperación por haber tenido que abandonar muy pronto el estadio de Saint Denis por una inesperada lesión en un choque con Dimitri Payet.

Cuando parecía que justamente con su salida, promediando el primer tiempo, Francia sacaría demasiado provecho por la diferencia de calidad en su favor y por su condición de local, resultó que los compañeros de Cristiano Ronaldo tuvieron la entereza y la disposición táctica para suplir su calidad, potencia e influencia con otros atributos que determinaron su resistencia para llegar al alargue y sobre el final de éste, ser contundentes sin necesidad siquiera de ir a los penales,.

¿Eso amerita que Cristiano Ronaldo, sin dudas el mejor jugador de su selección, se lleve el Balón de Oro? Es cuanto menos polémico. Y no sólo por esta final, sino que si analizamos el rendimiento tanto de Cristiano Ronaldo como del resto de sus compañeros en la Eurocopa, tampoco el andar previo a la final fue un jardín de rosas y la selección portuguesa pasó con lo justo la primera fase, que parecía accesible, y sufrió siempre hasta llegar a la última instancia, es decir que ni como equipo, ni individualmente el delantero del Real Madrid, parecieron tener rendimientos que sean demasiado elogiables.

Aún así, Cristiano Ronaldo también se ha llevado, a fin de mayo y justo antes de la Eurocopa, el título de la Champions League con el Real Madrid y otra vez ante el Atlético Madrid, como dos años antes en Oporto, aunque por penales y sin que el portugués haya tenido un partido para nada especial, aunque sí ha jugado medianamente bien durante el torneo, con algunas apariciones en el momento justo, aunque sin un gran rendimiento del equipo, que incluso apareció errático en las primeras ruedas y para muy pocos era candidato a ganar la Undécima de su historia.
Recién cuando el entrenador Zinedine Zidane se asentó, pasado un bimestre, y cuando el sorteo de la UEFA para cuartos de final lo favoreció nítidamente, el Real Madrid comenzó a pensarse como posible campeón, pero nunca antes. 

Una vez más, entonces, la pregunta. Más allá de ambas fotos muy impresionables, con Cristiano Ronaldo levantando la Champions y la Eurocopa en dos meses de diferencia, ¿merece por eso mismo ganar el Balón de oro y ya queda muy poco por juzgar en la materia?

Desde esta columna creemos que no es así, aunque al mismo tiempo sepamos que vamos contra corriente y que muy probablemente muchos de los que votarán por el premio a fin de año –entrenadores, jugadores y periodistas- no puedan escapar a las dos fotos de mitad de 2016.

Sin embargo, hay que recordar que se trata de un premio individual, al mejor jugador (no al goleador, tampoco al más campeón) de la temporada, y creemos que en este sentido, hay jugadores que están en condiciones de pelear palmo a palmo contra Cristiano Ronaldo, desde el mismo Lionel Messi, gran figura en la Liga Española, 

Champions y la Copa América Extra, pasando por el uruguayo Luis Suárez, en un año excepcional, aunque, claro, jugando poco para Uruguay, primero por la suspensión y luego por la lesión y la pronta eliminación de su equipo.

Pero también acaso pueda ser la hora de que por fin, un arquero pueda ganar el Balón de Oro y en ese caso asoma Manuel Neuer, del Bayern Munich o hasta Kasper Smeichel, el joven arquero del Leicester, campeón de la Premier League, o su compañero Jamie Vardy, la estrella del equipo que ha sobrepasado todas las ilusiones de sus fanáticos.

Tampoco se debería dejar de lado al gran volante chileno Arturo Vidal, ganador de la Bundesliga y de la Copa de Alemania (Pokal) y también de la Copa América extra en los Estados Unidos con la selección chilena.

Además, en el caso de Vidal, si lo comparamos con el de Cristiano Ronaldo, ha ganado la Copa América por dos años consecutivos, habiendo sido efectivamente una figura en la mayoría de sus partidos, con mucha mayor continuidad que el portugués.

¿Puede haber algún hecho futbolístico que cambie lo ya visto en la primera parte del año? No parece fácil, porque no se define la temporada en la segunda mitad del año sino en la primera, por lo que los aspirantes a ganar el Balón de Oro deberían deslumbrar con algo imprevisto para cambiar el rumbo.

La gran cuestión será, como siempre, determinar si los votantes se guían por los resultados colectivos, por los individuales, o por los rendimientos.


viernes, 15 de julio de 2016

La eliminación de la Copa blanquea la situación de Boca




La noticia que conmovió al fútbol argentino pero en especial a los hinchas de Boca es el haber quedado fuera de la final de la Copa Libertadores de América en semifinales, en la Bombonera, y ante el que parecía un rival accesible como Independiente del Valle de Ecuador.

Sin embargo, Boca había llegado hasta esta instancia trastabillando, a los golpes, siempre salvado por alguna individualidad, o por unos pocos minutos de fútbol, y porque en su camino tuvo rivales muy inferiores a los ecuatorianos de Pichincha, pero nada más que por eso.

Boca viene jugando mal desde hace rato.  Con la dirección técnica de Rodolfo Arruabarrena, hasta principios de 2016, tocó fondo y ni siquiera los dos títulos de fines de 2015 pudieron remediar su lógica salida.

Entonces, la comisión directiva apeló a un viejo anhelo, el mellizo Guillermo Barros Schelotto, quien venía de dirigir a Lanús con una cierta ambición ofensiva y un discurso de un sistema 4-3-3, aunque se encontró en Boca con un primer problema: ¿qué hacer con la posición de Carlos Tévez y con el propio jugador, de demasiada influencia no sólo en el plantel sino en el propio club?

Tévez es un jugador de una gran calidad, y que llegó de regreso a Boca en la plenitud, con 31 años (ahora tiene 32), tras haber hecho dos grandes temporadas con la Juventus, y asumido como líder del equipo, pero se encontró con un gran desconcierto en todo sentido: objetó la preparación física, se dio cuenta enseguida de las enormes carencias de su director técnico, y aunque tuvo un impetuoso comienzo, se fue apagando porque no encontró una referencia cuando Jonathan Calleri se fue al San Pablo en una transferencia en la que tuvo relación porque fue uno de los que influyeron para que regresara Daniel Osvaldo, su amigo en el equipo italiano.

En la Juventus, Tévez jugaba por detrás del centrodelantero (ya sea Alvaro Morata, o Fernando Llorente primero), pero él no lo es. Sus dos posiciones más comunes son la de la Juventus o la de aquel Boca de Bianchi en la que alternaba en el ataque con el brasileño Iarley, ambos como mediapunta, pero no es un nueve clásico, como equivocadamente insistieron el ex director técnico de la selección argentina, Gerardo Martino, y en los últimos meses, Barros Schelotto.

La cuestión es que Tévez intentó en vano ser el nueve, y como jugaba fuera del área y el director técnico no quiso contar con Sebastián Palacios en uno de los extremos, comenzó con Carrizo hasta que éste se lesionó, luego siguió con Cristian Pavón, pero fueron la única herramienta pura del ataque, demasiado poco. Boca no puede salir como local con un solo delantero, y menos en un partido como el de anoche, en el que sí o sí tenía que ganar y marcar un gol pronto.

Pero no sólo esto: Boca ya venía dando señales de alerta en la Copa Libertadores. Ante Nacional de Montevideo, fue ganando como visitante, se durmió y le empataron. De local, sufrió casi tanto como ante Independiente del Valle, porque el equipo entró en la confusión de siempre.

Boca lleva años sin tener una línea de fútbol, aunque cuenta con buenos jugadores, y entonces suele entrar en torbellinos para tratar de llegar al arco rival, y eso hace que a su vez cuando consigue un objetivo se retrase naturalmente y a su vez sufra defensivamente, porque tampoco está bien parado atrás, por la misma razón que no tiene eficacia arriba: porque parte de la base de que hay que luchar cada partido.

El folklore le fue transmitiendo a Boca la idea de que “poner huevo” es lo opuesto a “jugar bien”, como si las dos cosas juntas no fueran compatibles, y ese es uno de los graves errores que determinan que a los jugadores les queme la pelota en los pies.
Estos partidos de Copa Libertadores, pero especialmente los dos ante Independiente del Valle, dejan muy mal parado a Barros Schelotto, porque tuvo tiempo de sobra para preparar el partido, porque el rival no es superior técnicamente y porque no supo elegir o disponer de los jugadores que pidió que le contrataran, que representaron un enorme gasto.

Ni Darío Benedetto (por la derecha en Quito, recién ingresando en el segundo tiempo en Buenos Aires), ni Walter Bou (entró cuando ya no había nada que hacer), ni Santiago Vergini tuvieron oportunidad de mostrarse, ni logró encontrar una posición para Tévez, ni asegurar, al menos, a la defensa.

Hay atenuantes, como la enorme cantidad de lesionados, desde Fernando Gago, que hace tiempo que no juega, hasta Andrés Cubas, que tuvo que acelerar el regreso, hasta Gino Peruzzi. Es cierto, como lo es que el arquero Azcona contuvo una pelota parado detrás de la línea de gol que pudo ser el 0-2 para Boca en Quito. Pero no alcanza como explicación.

A Boca le queda ahora un año muy largo, demasiado teniendo en cuenta que para llegar a la Copa Libertadores 2017 sólo le queda ganar la Copa Argentina y que recién asoma un torneo internacional, de lo contrario, para 2018, demasiado lejos para muchos de sus referentes.

Tal vez sea el momento para barajar y dar de nuevo, pero si los dirigentes o el técnico creen que eso pasa por volver a contratar jugadores y gastar una fortuna, probablemente sigan por el mismo camino errático que hasta ahora.


Si no se sabe a qué se juega, difícilmente se pueda llegar a buen destino. Luego vienen los encargados de plasmar la idea. Y la misma debe aplicarse también a las divisiones inferiores, porque hace tiempo que Boca no saca un crack como en otros tiempos. Y todo parte del mismo problema: parece que primero está el marketing, los negocios, y luego el fútbol. Y la ecuación es exactamente al revés.

jueves, 14 de julio de 2016

Juguemos a la Superliga mientras la FIFA no está




Los dirigentes del fútbol argentino acaban de votar, a mano alzada, al mejor estilo grondonista, con el caracterizado 70-1 de los últimos tiempos, la llamada “Superliga”, luego de una tremenda puja entre dos sectores con ideas parecidas pero modos diferentes, ambos igual de cercanos a Grondona y sus ideas.

Tanto es así que en uno de los capítulos de esta Superliga, se dice que el presidente de la misma puede tener “reelección indefinida”, es decir que lo que nos quieren decir que es una renovación para terminar con aquellos tiempos del grondonato, ahora propugnan…..un nuevo Grondona,. Si es que cabe la posibilidad y aparece alguien que tenga una forma de gobernar que le permita perpetuarse en el poder.

Pero no sólo eso: fue muy claro el único dirigente que votó en disidencia, en soledad –como suelen ser estas cuestiones-, el presidente de la Asociación Rosarina, Mario Gianmaría, quien sostuvo tras conocer los resultados que se había creado “una nueva figura jurídica: la del suicidio en defensa propia” y que se trató, ayer “de un día de luto para el fútbol argentino”. Y lo ejemplificó con mucha sencillez: se tomó el trabajo de preguntar a los dirigentes que votaban, cuál era la diferencia entre esta  “Superliga” y los tiempos anteriores…y nadie supo decirle nada.

Es decir que aquellos mismos dirigentes que antes votaron ceder los derechos de TV a Torneos y Competencias (empresa luego involucrada en el FIFA-Gate, que por cierto, esta AFA “moderna” prefirió ante otra oferta mejor de CMN), y que no conocían el acuerdo y sólo firmaban al pie porque Don Julio se los decía, ahora vuelven a levantar la mano automática ante un nuevo estatuto que tampoco conocen. ¿A eso le llaman revolucionar el fútbol argentino?

Sin embargo, todas estas son cuestiones de forma. De fondo, la “Superliga”, que sigue siendo un torneo berreta con lo que queda de un fútbol argentino despedazado por grupos empresarios y empresas de TV que se llevan la parte del león, no deja de ser otra vez el mismo torneo de los últimos tiempos, permite triangulaciones vergonzosas como la del caso de Marcelo Larrondo, aumenta las distancias entre los grandes y el resto al mejor estilo Barcelona y Real Madrid contra el resto de los equipos de la Liga Española, y seguirá la pelea por la presidencia como antes con la AFA, ya que ésta está intervenida aunque se utilicen ahora eufemismos como “la comisión normalizadora”.

La “Superliga” no sólo es más de lo mismo, sino que es lo mismo pero más exagerado y aún falta la cereza de la torta, lo que realmente persiguen desde el Gobierno y otros grupos que están al acecho: las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), que no pudieron pasar en los noventa porque Grondona, aún entre tanta podredumbre, no estaba de acuerdo al defenderse con el “Partido del Fútbol” contra los actores exógenos. Simplemente por eso. Pero veinte años más tarde, los mismos intereses están de regreso.

También hay que decir que esta “Superliga” se votó aceleradamente porque estos dirigentes tan mediocres, tan cortos de miras, fueron apurados por Mauricio Macri, bajo la amenaza vacía de intervención estatal (todos saben que eso no es posible salvo la desafiliación de la FIFA como consecuencia), porque había que cerrar algunos asuntos de demasiada importancia antes de que la comisión normalizadora se conformara y pusiera los dos pies en el fútbol argentino.

Los dirigentes, entonces, se comportaron como los chicos que juegan en el bosque mientras el lobo no está, y entonces, a sabiendas de que esta comisión no está de acuerdo con el actual estatuto (al que con toda lógica consideran vetusto, antidemocrático y unitario), ni tampoco con la perpetuación en el poder de un presidente, ni  la cesión de los derechos de TV de la AFA a la “Superliga”, ni mucho menos la cesión de derechos de TV sin licitación (más aún, cuando se sabe que hay una oferta de Ted Turner muy superior al dinero que sigue poniendo el Estado), se apuraron para votar lo que con bastante posibilidad se vete en un futuro próximo.

La FIFA ya hizo saber que hay catorce puntos que objeta de este acuerdo trucho, en el que de buenas a primeras, dirigentes que vaciaron la AFA hace pocos meses, dejándola al borde de no poder conformar un Comité Ejecutivo porque simplemente no les daban los votos para armar una Superliga dentro de la misma, prefirieron un golpe de estado, ahora votaron como si nada hubiera ocurrido y ellos siguieran dentro de la estructura.

¿Qué representatividad tienen esos dirigentes para votar una “Superliga”? Ninguna que esté a la vista. Al contrario, tienen muchas explicaciones para dar antes que sentarse a votar, y si apenas Luis Segura, un fantoche que sólo tiene el sello de presidente interino, ocupa un cargo momentáneamente y a pedido de la jueza María Servini, el resto no puede alegar ningún tipo de sustento.

¿No era, según la Inspección general de Justicia, que ningún candidato de los que habían presentado los avales, estaba en condiciones de ser candidato? De buenas a primeras, el propio Estado entró en el juego, simplemente porque hay un grupo mediático al que este Gobierno le debe todo por su apoyo en la campaña electoral y en sus años en el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Y es por eso que cuando todo estaba cerrado con Turner y AFA TV, de repente nunca más se habló del asunto y un Gobierno que se la pasó diciendo desde su asunción que el Estado debía de dejar de erogar, acabó poniendo más dinero que su antecesor, cuando sí existía una oferta muy superior, de 500 millones de pesos de diferencia.
Claro, el grupo amigo se quedaba siendo nada más que una plataforma pero quedaba alejado del gran negocio, y el otro grupo amigo (que hasta tuvo un hermano de un alto funcionario de Seguridad), involucrado en el FIFA-Gate, iba a quedar relegado en la producción si el fútbol quedaba en manos del principal oferente.

Así es más fácil: el Estado pone más del 90 por ciento del total, pero transmite los partidos residuales por Canal 7, mientras los tres canales fuertes (el de los más amigos, el del otro amigo “federal”, que casi integra una comisión normalizadora trucha, y el otro amigo telefónico), poniendo menos del 10 por ciento, se quedan con los clubes grandes. Más subsidio encubierto que ese, imposible.

Por eso el apuro para votar esta “Superliga”, tomada de apuro de la LFP española, la que favorece cada vez más a los más grandes sobre los chicos, y la que está conformada por 16 SAD y apenas 4 sociedades civiles sin fines de lucro.

¿Alguien por ventura puede pensar que con esta “Superliga” se acabarán las exigencias para que determinado árbitro no dirija más a algún equipo que proteste? ¿Alguien puede asegurar que de ahora en más los clubes no entren en déficits insostenibles? ¿Alguien puede prometer que no habrá un nuevo Grondona a futuro?

La historia no ayuda a los protagonistas, y los ciclos se repiten una y otra vez.

Este fútbol argentino sin presidente de AFA, sin director técnico de la selección, sin Lionel Messi, sin dinero pese a los infinitos sponsors, sin superávit cuando los rubros de ingresos de divisas nunca fueron tan altos, sigue siendo manejado por mediocres, por chicos que ante nuestra vista, juegan en el bosque mientras el lobo no está…pero falta poco para que llegue.

lunes, 11 de julio de 2016

¿Debe quedarse Messi en el Barcelona? (Yahoo)




Un par de noticias sacudieron esta semana a los seguidores del Fútbol Club Barcelona por todo el planeta: la más importante, que es oficial, es que Lionel Messi fue condenado por la Justicia española a 21 meses de cárcel que no deberá cumplir de manera efectiva por ser la pena menor a los 24 meses, por considerarse que evadió al fisco entre 2007 y 2009 en pagos por sus derechos de imagen.

Entre Messi y su padre, Jorge, deberán pagar, además, una multa de casi 4 millones de euros, pero eso no es todo: el crack del Barcelona se expone ahora a que cualquier mínimo problema judicial que sea podría depositarlo en la cárcel por tener ya antecedentes penales.

La otra noticia, ya en forma más de versión desde el sensacionalista diario inglés “The Sun”, que hasta el momento no recibió desmentida, es acerca de que el Chelsea del magnate ruso Román Abramovich está tratando de aprovechar la situación para acercar a la familia de Messi una oferta suculenta para que el argentino cambie de club y pueda comenzar su carrera en otra liga y en un club que lo pretende ya desde hace mucho tiempo.

La primera pregunta que surge es ¿cuánto de real es la consideración de esta oferta para Messi y su familia, mientras se encuentra de vacaciones, disfrutando unos días luego de su frustrada final de la Copa América extra de los Estados Unidos? Y la segunda: ¿Debe irse Messi de Barcelona?

Desde que se conoció el fallo de la Justicia, inmediatamente hubo dos reacciones, que son las típicas de una sociedad española futbolísticamente dividida. En toda España, pero especialmente desde Madrid, aparecieron las críticas a Messi, cuando no un hostigamiento a su figura al hacerlo ver como evasor fiscal por encima de sus características de jugador, algo que, todo indica, va a pesar de ahora en adelante ante cada partido que dispute el Barcelona fuera de casa.

Pero también comenzaron las campañas de apoyo a Messi desde todos los rincones de Cataluña y de los millones de fanáticos que el crack tiene en el mundo, incluso desde las redes sociales.

La pregunta final es si Messi podrá sortear sin problemas esta etapa en la que ya no tendrá unanimidad y en la que muchos lo esperarán sólo para insultarlo o para recordarle su episodio con la Justicia.

¿Es Messi responsable directo de lo que le ocurrió? Es bastante complicado poder analizarlo porque entran en juego muchas variables. Desde esta columna, creemos en la palabra del jugador en el sentido de que todas las operaciones económicas alrededor de su imagen y sus contratos no estaban en sus manos y que se limitaba a cumplir lo que le indicaban en base a la absoluta confianza que siempre tuvo en su familia, muy importante para él y para los suyos.

Pero también es cierto que Messi ya ya cumplido 29 años el pasado 24 de junio y no es un chico, como lo demuestran desde su barba crecida, hasta su pareja y sus dos niños. 

Y eso requiere de una responsabilidad no sólo para con la atención a su familia, sino en el sentido de un deber de conocer su propia situación y que, al fin y al cabo, juega en un torneo inscripto en el contexto de una liga con sus reglas, dentro de una ciudad y un Estado con sus propias reglas. Es como si condujera por el carril equivocado porque nunca se interesó por saber por cuál carril hay que conducir.

Messi, hay que aclararlo, no es el único futbolista ni deportista en estas condiciones. Normalmente, los futbolistas de élite no tienen la posibilidad, ni el tiempo y muchas veces la formación para seguir al detalle estas cuestiones de números y por eso prefieren pagar a algún agente o estudio que se encarga de todo, pero la actualidad y su propia imagen requieren de un seguimiento por todo lo que se pone en juego y para no pagarlo, como tal vez ahora, de manera exagerada.

Es difícil saber si Messi soportará la presión que llegará ahora ante cada partido y especialmente, ante la prensa de Madrid, la misma que ha llegado a editorializar antes de un clásico en el Santiago Bernabeu, que había que pararlo como fuese “por lo civil o por lo criminal”.

Lo están esperando y debe saberlo, y la cuestión es comprobar si está preparado o si no cree que por fin ha llegado el momento de cambiar de aire, si bien está demasiado identificado no sólo con el Barcelona como club sino con su forma de jugar, con su filosofía de juego.

Es cierto también que Messi es un artista del balón y que no necesita darnos ninguna explicación ni tiene la obligación de conocer más del mundo que lo rodea, pero hechos como éste que le acaba de ocurrir, tal vez lo ayuden a entender que en la adultez, hay determinadas cuestiones que son indelegables, aunque sea una parte de ellas, y aunque mucho no nos gusten.

No todo en la vida es tan placentero como jugar al fútbol, aunque se lo haga tan magníficamente como Messi. Aunque sea, para ahorrarse algunos dolores innecesarios, o para siquiera tener que considerar otras ofertas en lugares en los que no se sabe si se jugará mejor, pero tal vez se viva más tranquilo.


Messi se encargará, en las próximas semanas de decirnos cuál será su futuro.

martes, 5 de julio de 2016

Martino se fue para no ser parte del papelón



Y un día, que fue hoy, Gerardo Martino dejó de ser el director técnico de la selección argentina. Harto ya de estar harto, de tantos papelones, la gota que rebalsó el vaso fue el hartazgo por no poder formar siquiera mínimamente un equipo básico para los próximos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, a semanas de su inicio, debido a la negativa de los clubes a cederlos.

Martino pudo haberse ido a las pocas horas de caer por penales con la selección argentina en la segunda final consecutiva de la Copa América, esta vez en Estados Unidos, aunque por otros motivos, en todo caso discutibles, como haber sido demasiado permeable a la dictadura de los jugadores y sus amistades, que derivó en un sistema táctico que fue lo que pudo ser entre tantos lesionados. Pero en todo caso, esa renuncia, que creemos que debió presentar (para ser ratificada o no), era discutible.

En el caso de esta de hoy, es una renuncia digna. Un director técnico serio, como lo es Martino (nos guste más algún aspecto de su trabajo, menos otros), no puede aceptar bajo ningún punto de vista este estado de cosas en la AFA, que espera para cuando se pueda que por fin instituciones externas, la FIFA y la Conmebol, pongan un orden histórico que nunca tuvo, y que acaba de explotar de manera definitiva en el post grondonismo.

Hace más de un año y medio que la AFA sabe que la selección argentina se clasificó para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, pero como en todos los otros órdenes, se dejó estar. Tenía demasiados intereses en otras cuestiones como para encarar una preparación para unos Juegos que, además, ya ganó dos veces, y todo dio igual. 

No le interesó nunca demasiado, y en el desorden actual, sin un presidente, sin dirigentes capaces, con demasiadas dificultades, y con una economía ahogada por el Gobierno para que por fin los clubes cedan a la Superliga y si es posible, acepten debatir las sociedades anónimas, no se pudo conformar un equipo.

Martino no es tonto, sabe lo que significa trabajar dentro del fútbol argentino (ya había sido muy duro cuando dirigía exitosamente a Newell’s Old Boys hace tres años), y ya venía golpeado no sólo por no haber podido ganar la reciente Copa América sino porque nio se sabía a ciencia cierta si los referentes de la selección argentina volverían pronto al equipo, si se tomarían un año sabático o acaso ya no regresaran nunca, dependiendo de cada caso.

Y sin dirigentes, sin un presidente, sin un peso, sin una estructura, sin un director técnico del equipo sub-20, sin sparrings, sin interlocutores válidos, se tomó unos días, realizando el trabajo de otros, tomando el teléfono y llamando personalmente para gestionar la presencia de quien pudiera venir, y no hubo caso, así que decidió irse y dejar su cargo.

Y lo bien que hizo. Esta AFA no merece ningún director técnico serio. Una institución que en un año y medio no pudo preparar ni mínimamente un equipo para los Juegos Olímpicos, que no le da importancia, que debe ser regañada por el Comité Olímpico Argentino porque llega el límite del plazo para presentar equipo y parece desinteresada, al punto de poner en riesgo la participación en tamaño acontecimiento, no está en condiciones de pedir ni mucho menos exigir nada.

Martino también había cometido errores en las convocatorias. Pero son errores tan importantes como puntuales: no calcular bien la situación de Paulo Dybala, quien terminó sin el pan (la Copa América) y sin la torta (los Juegos de Río), o menospreciar a Mauro Icardi por aparecer seguido en la prensa rosa, como si eso influyera a la hora de marcar goles, para luego, ante tanto descarte, no sólo tener que necesitarlo sino terminar pidiéndole que fuerce la cesión con el Inter.

Pero los dirigentes actuales en su mayoría están tan enfrascados en la rosca, tienen mente tan pequeña, que no alcanzan a entender que si sus jugadores vistieran la camiseta nacional, sus cotizaciones aumentarían y hasta harían el negocio que argumentan para no cederlos.

Tampoco tienen un mínimo espacio en sus cabezas ahuecadas por la situación para, en todo caso, posponer el inicio del torneo por dos o tres semanas, cuando será anual y podrían suplantarse esos fines de semana con fechas entresemana, pero darle lugar a que la selección argentina participe en los Juegos.

Ya no pedimos que piensen, desde la necesaria honestidad dirigencial, en que más allá de los negocios, su rol en asociaciones civiles sin fines de lucro pasa por asegurar la competitividad. Nuestro nivel de exigencia baja en proporción a la incapacidad que observamos en quienes hoy hacen que rigen los destinos de este fútbol argentino absolutamente desquiciado, que va tocando fondo.

Pero ni siquiera son originales: en 1924, a poco de los Juegos Olímpicos de París, y con la Asociación Argentina de Fútbol enfrentada a la Asociación Amateur, el titular del Comité Olímpico Argentino (COA) Ricardo Aldao, quien había sido designado un año antes por el presidente argentino Marcelo T de Alvear, les dio plazo hasta marzo para que se pusieran de acuerdo en armar un equipo. Pero no llegaron y Argentina no participó en fútbol.

Sí lo hizo la Asociación Uruguaya (AUF), cuyo presidente, Atilio Arancio, hipotecó su casa para que sus jugadores viajaran y se alojaran en un humilde hotel. Al final, los celestes ganaron por primera vez la medalla dorada, que en ese tiempo sin Copas del Mundo, era como ser campeón mundial.

Entonces, el influyente diario “Crítica” dijo “Mientras nosotros miramos, ellos son campeones olímpicos”. Ahora, si la AFA no logra formar un equipo, podría ser reemplazada por la AUF, porque Uruguay fue subcampeón en el torneo que Argentina ganó. 


¿Sucederá otra vez, como en 1924? El fútbol argentino es capaz de repetirlo. De papelones, en este tiempo, conoce de sobra.

sábado, 2 de julio de 2016

Messi y Maradona, ídolos distintos que pueden convivir (Revista Noticias)



Recién tras esta Copa América, la gran mayoría de la sociedad argentina asumió a Lionel Messi como ídolo, simbolizado en los llantos de niños y jóvenes para que no se vaya de la selección.

Esa generación, la de las redes sociales y la globalización de la comunicación, no tuvo la posibilidad de coincidir con los mejores momentos de Diego Maradona como jugador, y contrariamente al exitismo que siempre se le endilgó a los argentinos, hay un hecho más que interesante: Messi es un ídolo que se confirma para muchos como tal, a partir de una derrota, no de un triunfo.

Messi tuvo demasiadas luchas: por sus problemas para crecer, por su durísima adaptación desde adolescente a un medio tan distinto como el catalán, contra la enorme figura de un semidiós futbolero como Maradona, a quien muchos le pidieron permiso para adoptar otro ídolo, o incluso buena parte de la prensa, para elogiarlo sin necesidad de generar celos.

Si Maradona encajó siempre más en la figura del “pibe”,  la argentinidad en la máxima expresión, la radicalidad y la rebeldía, Messi encarna más la figura del “niño”, más interesado en su familia y su casa que en opinar sobre cuestiones externas.

Si Maradona fue el símbolo de la individualidad como jugador, más cercano a Enrique Omar Sívori, Messi es el jugador perfecto para servir a cualquier sistema táctico, aunque termine siendo la gran estrella del mismo, como en el Barcelona, más cercano a lo que fue Alfredo Di Stéfano en el Real Madrid.

Maradona dejó de ser “pibe” cuando cruzó el océano para jugar en Europa y se encontró con los grandes intereses económicos. Messi fue dejando de ser aquel niño que sólo quería jugar a la pelota y se convirtió en padre y líder, reclamando contra una AFA corrupta y un sistema táctico que lo llegó a dejar aislado ante la marca de los chilenos.


La sociedad argentina entendió por fin que hay espacio para los dos.