jueves, 13 de julio de 2017

La duda por los promedios, de los pocos aciertos grondonianos




Acaso si hay un punto que haya tenido alguna aceptación durante los 35 años de Grondonato, ése sin dudas es el de la implementación de los promedios para determinar qué equipos descienden de categoría.

Dentro de toda la locura, el desorden ordenado que se vivió en la AFA entre 1979 y 2014, durante la presidencia de la AFA por parte de Julio Grondona, lo más rescatable, aún con muchos puntos discutibles, es que en vez de tomar a los últimos de cada temporada para el descenso de categoría, se lo haya hecho tomando tres temporadas completas.

Claro que el gran problema residió en la contradicción de que para el descenso se tomaran tres años completos y para los títulos de campeón, a veces solamente medio año, lo cual fue generando que al mismo tiempo, distintos equipos de la misma categoría jugaran, en verdad, torneos diferentes, algo que tampoco es privativo del fútbol argentino, porque en la mayoría de las ligas europeas ocurre lo mismo y hasta a tres velocidades (título, copas europeas y descenso).

Grondona fue claro al explicar la implementación de los promedios (algo que tampoco fue nuevo en la AFA porque ya se habían utilizado anteriormente): el que desciende es el club, no el equipo. Es decir que la que desciende es una mala administración, que al momento de bajar de categoría, habrá tenido seis mercados para fichar o vender jugadores, seis espacios para cambiar lo que hubiera que cambiar, por lo que no puede haber excusas a la hora del final.

Creemos que este punto resulta impecable pero que entra en contradicción con otros como el de los títulos o el del lapso que medió muchas veces entre los clubes que ascendieron desde el Nacional B y su llegada a la Primera A pero ese, en todo caso, es otro tema completamente distinto y pasa por un reordenamiento de los calendarios y no por cambiar el sistema de los promedios.

Hemos comprobado, con los datos de todos los descensos por promedios desde su re-implementación en 1983, que hay escasísimas injusticias entre los 45 clubes distintos que bajaron de categoría en todos estos años., 19 lo hicieron en la misma cantidad de veces que lo habrían hecho de no haber existido el sistema y apenas cinco casos, de los cuarenta y cinco, sacan dos oportunidades de diferencia entre descender y evitarlo en un ciclo en 34 años, lo cual demuestra que el sistema es bastante justo y equilibrado.

Newell’s Old Boys debió descender dos veces por puntos y lo evitó en ambas ocasiones por el promedio, Olimpo de Bahía Blanca descendió dos veces más de las que mereció (3-1), Deportivo Español se salvó dos veces más de lo que le correspondía (1-3), al igual que Platense (1-3), y el peor caso, el más injusto, es claramente el de Nueva Chicago, que descendió cuatro veces y hubiera bajado en uno, sin promedios, aunque uno de los cuatro fue por repechaje,

Esto demuestra que la mayoría de los equipos que descendió por promedios,  habría descendido de todos modos sin ellos a lo largo del tiempo, justamente por lo que Grondona apuntaba: que la que desciende es la administración y no el equipo.

Que los equipos que ascendían a la Primera A preferían cambiar todos sus planteles cuando los anteriores habían tenido el mérito de llegar a la máxima división y eso seguramente los hacía candidatos a continuar y probar suerte en ella, no es culpa de la AFA ni del sistema, sino de una mentalidad y de una desacertada decisión política, máxime cuando se sabe de antemano que el calendario y el escaso tiempo para armar otro plantel, así lo indicaban.

La declaración del nuevo presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, acerca de que si fuera por él, quitaría los promedios del descenso, es un grave error, a nuestro entender, porque es una de las escasísimas cosas rescatables del Grondonato, y eso que encontrar una es buscar una aguja en un pajar.


Es probable que el promedio se haya implementado para salvar a los clubes grandes (nadie duda de que el grondonismo se movió básicamente por intereses) pero el paso del tiempo se encargó de demostrar que salvo Boca Juniors, todos los clubes grandes descendieron, incluso muchos de clase media, por lo mismo que se sostuvo líneas arriba: porque los promedios acabaron apuntando a las administraciones y no a una buena o una mala campaña.

martes, 11 de julio de 2017

Rusia apela a la seguridad y a los servicios apuntando al Mundial




                                                      Desde Moscú

Comienza la cuenta regresiva para el Mundial 2018 y a menos de un año de su inicio, Rusia se siente preparada en todos los sentidos. Comparada con la anterior Copa de las Confederaciones de Brasil, el panorama aparece mucho más claro. Aquí no hay un debate tan duro como aquél entre el entonces secretario general de la FIFA, Jeróme Valcke (apartado por corrupción por dos veces en esa institución) y la ex presidente Dilma Rousseff. Todo lo contrario: reina un pacífico silencio que parece admitir que todo marcha dentro de los cánones previstos.

Es claro: para aquellos que residen allí, Rusia es un gran país, que saca cultura hasta por los poros pero que además tiene todos sus servicios funcionando y a punto para ser utilizados para beneficio de los que viven o lleguen para el gran acontecimiento futbolístico.

La capacidad hotelera es enorme, el tránsito es normal, saben conducir bien y los medios de transporte son excelentes y en todo caso, si hay que cuidarse de algo es de la eterna corrupción de los taxistas de calle, que quieren hacer sus abriles demasiado pronto cobrando fortunas a los desprevenidos y el mayor consejo es regatear todo lo que se puede o bien bajarse al teléfono celular la aplicación del “yándex”, el Uber local, cuyos conductores no se sobrepasan y muchos de ellos hablan inglés.

Si hay barreras en Rusia para quienes lleguen, éstas pasan por la tremenda burocracia (no por nada son los inventores de la misma), las dificultades del idioma, que ni siquiera se escribe con letras como las nuestras occidentales, la falta de uso de algunas tarjetas de crédito y las enormes distancias geográficas entre ciudades en un país que mide lo que un continente.

La burocracia implica una cierta preparación de los visitantes y armarse de una enorme paciencia. Lo habitual es que cada papel sea revisado minuciosamente, ya sea en la aduana como en las recepciones de los hoteles y para cualquier trámite. Un pasaporte puede llegar a ser requerido infinidad de veces y lo ideal es tenerlo siempre a mano y en el bolsillo, por cualquier situación que pueda ocurrir. Y no sólo el documento, sino especialmente ese papelito que entrega el estado a la entrada al país, que hay que devolverlo el último día, al retirarse.

El idioma es un problema serio porque salvo los vagones de subte, que ahora tienen también el enunciado por escrito y oral en cada estación, no hay otros presentes en la calle y es mucho más fácil dar con gente joven que hable inglés que con mayores de 35 años, donde son minoría los que pueden chapurrear algo.

En este punto, es muy importante viajar con un mapa propio y en letras occidentales que sirva como guía, aunque por gestos haya chances de hablar con muchos pasajeros locales o con empleados de los transportes. Lo ideal es utilizar el google translator, ya sea oral o escrito, con el que este escriba mantuvo largos diálogos de temas sencillos.

Justamente esto del google translator nos lleva a otro tema fundamental: en Rusia es básico llegar y adquirir un chip local para tener de inmediato un teléfono porque éste no sólo nos permite comunicarnos con el exterior vía whatsapp o internet sino que en este país, no existe casi el wifi “directo”, es decir, que se pueda entrar a internet sólo con la clave, sino que por lo general, como sucede en muchos lugares de Europa, se trata de wifis sponsoreados, es decir que hay que dar con un sitio web en el que hay que clickear para poder llegar a tener conexión, pero las indicaciones están…en ruso…si se logra pasar esta valla, hasta en los vagones de metro hay wifi libre, pero el secreto está en conocer de memoria el movimiento de esas webs para no depender de las indicaciones de un viajero local.

Lo mismo ocurre en bares y en algunos hoteles: el wifi no es directo sino que da a una página web esponsorizada y hay que pasar ese vallado y es más: en algunos bares o restaurantes, el wifi no es “eterno” sino que se corta a la  hora y hay que volver a buscar otra contraseña.

En cuanto a las tarjetas de crédito, en Rusia prácticamente no existe la American Express. Sólo las grandes tiendas las aceptan (como el caso de las famosas Gum, fundadas en 1893 en Moscú, en la zona del Kremlin) y es preferible utilizar los otros plásticos, aunque la mayor recomendación es no quedarse nunca sin rublos, especialmente en los fines de semana porque no hay dónde cambiar, salvo que uno se encuentre justo en el down town.

Para aquellos que viajen al Mundial, es muy probable que Rusia vuelva a experimentar con el sistema “ID Fan” por el cual todos aquellos que compren una entrada para los partidos podrán registrarse en un sitio web especialmente diseñado a tal efecto y a partir de allí, podrán viajar gratis por toda Rusia reservando los trenes en esas páginas.

Esta ha sido una promesa del presidente del Gobierno, Vladimir Putin, que cumplió a rajatabla, aunque, claro, muchos se preguntan a dónde irán a parar tantos datos que pide la web y que son estrictamente personales. Por supuesto que esto ayuda a la seguridad, cuyo despliegue es tremendo.

Sólo para que un periodista pase al estadio, debe encender su teléfono celular y su PC portátil para demostrar que son, efectivamente, elementos de trabajo. Es fácil imaginarse los requisitos para que pase un hincha común.

Por lo demás, Rusia es un país que ofrece todo tipo de matices culturales y cuyo trayecto nos puede hacer acordar a Miguel Strogoff, el correo secreto del Zar, y todos los obstáculos a los que debe someterse para llegar  al destino prefijado.

Moscú y su Kremlin, su impresionante Plaza Roja con sus basílicas multicolores y sus monumentos, su cultura, sus estaciones de metro que son museos en sí mismos (nos quedamos con Teatralnaya, que tiene estatuas de toda clase, incluso del mítico arquero Yashin, “La araña negra” y también un perro al que la gente le besa el hocico porque la tradición indica que trae suerte), y su calle Arbat, una Florida cultural con teatro al aire libre aunque llueva a cántaros. O también el célebre teatro Bolshoi, o las lujosas tiendas de Stella Mc Cartney, la hija de sir Paul.

Kazán, a 12 horas de la capital, una ciudad que cumplió mil años en 2005 y que los grandes capitales aprovecharon para modernizarla y construir toda una edificación moderna aunque siguen siendo maravillosos los contrastes nocturnos entre el cielo oscuro y las cúpulas de las mezquitas, en un lugar en el que conviven sin grandes problemas musulmanes, católicos y judíos y en donde vivieron Leroy Merlin y Tolstoi.

O San Peterburgo, con su maravilloso Hermitage y su recorrido por circuitos literarios que pueden retrotraer a personajes como los de “Crimen y castigo” de Dostoyevski, y sus “noches blancas” (las 24 horas son de día).

Aún con la versión creciente de que el ex presidente de la FIFA Joseph Blatter llegaría al Mundial como invitado especial por Putin y debería compartir palco con el actual mandamás del fútbol mundial, Gianni Infantino, en Rusia están confiados en que todo irá bien y que como en la Copa Confederaciones, las cosas funcionarán como siempre. 

domingo, 9 de julio de 2017

La Liga quiere fichajes pero hay poco movimiento (Yahoo)




Hace días que el mercado de pases se encuentra abierto  en toda Europa y sin embargo, alrededor de la Liga Española hay demasiados rumores y pocas transferencias concretas de jugadores de renombre. Lo que abunda es la voluntad de fichar y de renovar las plantillas con miras a hacerlas aún más competitivas, pero aparecen varios factores que acaban obstaculizando grandes cambios en los principales equipos.

Sin dudas, la pregunta que cabe para el Real Madrid es cuál es la necesidad de fichar grandes estrellas cuando se trata de un club que acaba de ganar no sólo dos Champions Leagues consecutivas sino que también se quedó en la última temporada con la Liga Española, en un gran doblete que lo coloca a la altura del mejor equipo de Europa.

Muchos sostienen que la idea de su presidente, Florentino Pérez, es la de no dormirse y entonces potenciar aún más una plantilla riquísima, y por eso, fue desde los primeros días de verano a la carga por el prometedor delantero francés del Mónaco, Kyllian Mbappé, aún teniendo  en ese puesto a Karim Benzema y a Alvaro Morata, dos jugadores de rendimiento contrastado vestidos de blanco.

Lo que sucede es que por el lado de Morata, éste no quiere seguir en el banquillo ingresando pocos minutos cuando su cotización está tan en alta que el entrenador del Manchester United, el ex madridista José Mourinho, quiere llevárselo ya mismo, ofreciéndole un lugar decisivo en el equipo de los “red devils” ingleses.

Y por el lado de Benzema, aunque parezca insólito por sus títulos y su clase, jamás ha terminado de convencer a Pérez, quien añora los tiempos de los “galácticos” como Ronaldo Nazario y busca un jugador de sus características, y Mbappé aparece como el jugador ideal por su juventud (18 años) y porque entra como un revulsivo para que la plantilla no se vaya conformando con los éxitos conseguidos.

De todos modos, todo indica que la única forma de que llegue Mbappé, por quien el Mónaco pide 135 millones de euros y también es pretendido por los millones del PSG, es que el Real Madrid transfiera primero a dos de los jugadores que han sido suplentes en la pasada temporada: el ya citado Morata y el colombiano James Rodríguez.

El caso de James es muy particular porque luego de haber sido para muchos el mejor jugador del pasado Mundial de Brasil 2014 (este columnista así lo cree, al menos), no ha tenido el lugar suficiente entre los blancos pese a que ha rendido y mostrado su clase cuando ingresó, y es pretendido también por el Manchester United y por el PSG.

Florentino Pérez era de la idea de aprovechar este mercado para repatriar al portero David de Gea, del Manchester United, pero se resignó a esperar otra vez a partir del expreso pedido del entrenador, Zinedine Zidane, para que continúe como titular el costarricense Keylor Navas, de excelente actuación en el final de la temporada.

Que el jugador de moda de este verano sea un español y del Betis, Dani Ceballos, tal vez sea el mejor indicio de lo que es el mercado, al menos entre los clubes de vanguardia. Tironeado por  el Real Madrid y el Barcelona, Ceballos tuvo que pedir unos días para meditar a dónde recalar e incluso tuvo una importante oferta de su propio club para quedarse con un suculento aumento salarial.

El Barcelona tampoco encuentra espacios para renovarse en algunos sectores del campo como claramente el lateral derecho, en el que apuesta por el ex canterano y ahora jugador del Arsenal Héctor Bellerin, aunque no parece fácil su traspaso porque no cuenta con el beneplácito de su entrenador francés Arsène Wenger y porque el club londinense considera baja la suma de 35 millones que ofrecen los catalanes, que tampoco parecen acercarse al volante italiano Marco Verratti.

Verratti, el preferido de Xavi Hernández para ese puesto para ponerse la camiseta del Barcelona, tiene contrato más largo con el PSG, es joven y el club parisino no tiene ningún apuro en venderlo y apuesta por cansar al Barcelona como ya lo ha hecho en el pasado en otros mercados con los dos marcadores centrales, Marquinhos y Thiago Silva.

Al no tener necesidad de vender, el PSG ni siquiera se sienta a escuchar ofertas y así, el Barcelona ve perder el tiempo en negociaciones que nunca se cristalizan y tal vez lo mejor sería que se orientara ya hacia otros jugadores para ese puesto, máxime que no se sabe aún si una de  sus grandes estrellas, Andrés Iniesta, querrá jugar mucho tiempo más de azulgrana.

Por el momento, los rumores son muy fuertes pero el único jugador que llegó es el ex canterano Gerard Deulofeu luego de una muy buena segunda rueda en el Milan como extremo en la pasada temporada.

Por el lado del Atlético Madrid, que comenzará a jugar como local en el nuevo Wanda Metropolitano que reemplazará al mítico Vicente Calderón, las cosas no podrían ser más complicadas porque se encuentra ante la misma situación que el Barcelona hace pocas temporadas y no puede fichar jugadores, impedido por la FIFA por cuestiones reglamentarias vinculadas a las contrataciones de menores de edad.

De esta forma, el Atético está apostando desde ahora para reforzar su plantilla con miras a 2018, apuntando al próximo mercado invernal y en este sentido, ya tiene casi cerrados al internacional de la selección española y delantero del Sevilla, Vitolo Machín, y un sensacional regreso del gran goleador hispano brasileño Diego Costa, procedente del Chelsea, en el que acaba de salir campeón de la Premier League en una brillante producción individual.

Uno que no puede fichar ahora (Atlético), otro que quiere pero no le alcanza (Barcelona) y otro que no necesita demasiado y necesita vender primero para acercarse al costo de la estrella que pretende (Real Madrid), es el resumen de un mercado que hace mucho ruido, pero en el que se concreta demasiado poco.


martes, 4 de julio de 2017

Mucho desnivel futbolístico y ajustes para el VAR





                                                                Desde Moscú

Y se acabó la Copa Confederaciones de Rusia. Todo corre demasiado de prisa y ya entramos en tiempo de balance, con miras al Mundial, a menos ya de un año de su realización.

Y el primero de los balances de la Copa Confederaciones pasa por lo futbolístico. En este punto, la FIFA deberá rever el formato para las próximas ediciones porque así como está, se parece mucho a lo que ocurre con el Mundial de Clubes de cada diciembre y tiene toda lógica: esta Copa es lo mismo que el Mundial de Clubes pero de selecciones nacionales.

Y en ambos torneos, lo que se observa es que Europa y Sudamérica siguen mandando a la hora de las definiciones y que el resto de los equipos de los demás continentes siguen bastante lejos. De momento, el roce internacional no hizo levantar demasiado el nivel de los continentes “emergentes” y las finales siempre quedan entre los mismos protagonistas.

En este caso, sí, quedaron dos equipos en el medio, en una meseta. Se trata de Rusia, que en cierta forma decepcionó como local porque se esperaba un rendimiento mayor por su condición de local y por su rica historia de grandes jugadores, pero hoy no los tiene y apenas hay algunos interesantes para destacar como Glushakov (un buen cerebro que puede jugar por delante de la línea de 4 defensores y sumarse al ataque como asistente entre líneas), el goleador Smolov (al que su DT Cherchesov no le tuvo demasiada paciencia) y su compañero de ataque Poloz, que fue perdiendo fuelle en la medida que avanzó el torneo. Pero poco más. No parece alcanzar para mucho pero hay un año más de trabajo y como colectivo dejó algunas buenas sensaciones.

El caso de México es más extraño porque no puede superar cierta etapa en cada torneo. En esta Copa había levantado tres resultados adversos en la fase de grupos, lo que daba a entender que había trabajado mucho la parte de carácter con su coach psicológico vasco Imanol Ibarrondo, pero cuando en semifinales se encontró con la máquina alemana, que aprovecha cada error rival, terminó sucumbiendo una vez más y tampoco pudo sostener la ventaja ante un Portugal sin Cristiano Ronaldo por el tercer lugar.

Hay cosas de este México del profesor colombiano Juan Carlos Osorio que nos hacen remitir a los tiempos de Ricardo Lavolpe. Por supuesto que el entrenador es mucho más dado y cordial que el argentino pero hay cierta forma de manejarse en la cancha y cierta apelación al cientificismo en el fútbol que puede terminar siendo un bumerang.

El tema de las rotaciones constantes, la cantidad llamativa de lesiones (sería bueno saber cómo se trabaja desde lo físico) y los cambios de posiciones (especialmente lo de Carlos Vela, poco tenido en cuenta) es para estudiar y cambiar.

Sí México mostró un tono aguerrido interesante y siempre cuenta con jugadores muy importantes como Guardado, Ochoa, Hernández, Vela, Moreno. Hay material para aspirar a más.

Alemania, Chile y Portugal han estado muy por arriba del resto. Los campeones del mundo, a la postre también campeones de la Copa (casi al mismo tiempo que de la Euro sub-21) han mostrado una nueva cara, la del utilitarismo. Todos jugadores jóvenes, de buen pie, de gran dinámica pero ahora sin tanta necesidad de conservar mucho la posesión del balón como en ambos partidos ante Chile (en la fase de grupos y en la final).

De todos modos, hay varios jugadores de este equipo alemán que sin dudas estarán en el Mundial. La contundencia ha sido la gran clave porque hubo partidos, como la final, en los que no han tenido tanto contacto con la pelota y han tenido que correr sin ella, algo que era poco frecuente.

Chile nos dejó una muy buena imagen. Tiene un juego consolidado, sabe a lo que va, tiene muy buenos ejecutores y estuvo a detalles de ganar esta Copa ante los campeones del mundo pero no tuvo la contundencia necesaria y un grave error de Marcelo Díaz, por tratar de salir jugando  aunque sin la capacidad para salir de su encierro, lo privó de este título aunque el camino está claramente marcado para el Mundial 2018.

En este punto, hay que destacar que el bastante criticado DT argentino Juan Antonio Pizzi ha mantenido el perfil bajo y prefirió mantener y ahondar el trabajo realizado por sus antecesores.

Y Portugal, en un torneo en el que su gran estrella, Cristiano Ronaldo, ha aparecido poco, volvió a mostrar por qué es potencia mundial. Con una muy buena defensa, especialmente tres centrales de jerarquía como Pepe, Bruno Alves y José Fonte, y no hace falta mencionar su ataque, su entrenador Fernando Santos optó por hacer jugar en los partidos decisivos a un mediocampo más combativo con William, Andre Gomes y Adrien Silva en vez de otro con más toque y posesión como el de Joao Moutinho o Nani para que se junten con Bernardo Silva en la elaboración.

Perdió apenas por penales ante Chile en semifinales, pero bien pudo estar en la final y si ante México comenzó con suplentes el partido por el tercer lugar Santos se dio cuenta de que era ganable, puso a Quaresma por la derecha y a partir de éste llegó el empate de Pepe y el penal que le dio la victoria.

El tema de mayor polémica es el de la video asistencia al árbitro (VAR) que como indica la palabra y se encargó de aclarar el presidente de la FIFA Gianni Infantino en conferencia de prensa, es sólo una ayuda para el juez pero el VAR no toma decisiones.

Es claro que el uso del VAR le dio al fútbol un aumento neto del sentido de la justicia porque poco y nada se ha equivocado en los fallos. Los dos problemas que presenta el VAR son la lentitud en la toma de decisiones, que determina festejos cuatro minutos más tarde y le quita espontaneidad, por lo que le hace perder al fútbol  buena parte de su esencia, y que no parece del todo cerrado el hecho de que sólo el árbitro determine cuándo debe usarse o si debe implementarse o no.

Si el fútbol quiere renovarse de verdad, debe copiar lo bueno del uso de la tecnología en otros deportes y en ellos, los protagonistas tienen derecho (limitado, claro) a pedir su uso y no sólo el árbitro. Por ejemplo, un pedido por tiempo para cada equipo como máximo, no parece descabellado porque no están usando un arma a favor sino sólo pedir el uso de la justicia. No es lo mismo que hacer justicia por mano propia.

Por ejemplo, en el México-Portugal, creemos que hubo una clara falta en el área de Pepe a Héctor Moreno que todo el banco mexicano pidió, pero el árbitro determinó que no era necesario el VAR y la jugada acabó con la expulsión del entrenador mexicano Osorio por protestar.

Nos queda entonces el último punto, a partir de esta jugada. ¿Tenía este árbitro el nivel para dirigir un partido por el tercer puesto? La realidad indica que la FIFA debería replantearse la cuestión de la elección de cada árbitro para los partidos importantes porque lamentablemente no hay tantos que estén en condiciones.

Muchas veces la FIFA se basa en el criterio de “imparcialidad por geografía” y creemos que ese es un error. Tranquilamente un árbitro sudamericano pudo haber dirigido un partido entre europeos y norteamericanos. Pensar que ser “americano” invalida su mayor posibilidad de éxito es partir de una desconfianza sin sentido. Si son árbitros internacionales es porque ya tienen una aquilatada carrera de probada equidad.

 De lo contrario, nos exponemos a graves errores basados en la testarudez: no querer usar la tecnología cuando se la tiene a mano y es reglamentaria. Ya no hay más excusas.


Otra vez, México se quedó en la puerta sobre el final (El Heraldo)




                                                      Desde Moscú



La selección mexicana tuvo, por primera vez en su historia, la chance de pasar una eliminatoria fuera de casa mano a mano, y nada menos que ante Portugal, pero Pepe logró empatar en el minuto 90 y ya en el alargue, los europeos se impusieron 2-1 con un penal en un gran partido que nada tuvo que ver con los que habitualmente se juegan por los terceros puestos.

De hecho, esta definición tuvo muchos hechos para la polémica, como el airado reclamo para que el árbitro  Fahad Al Mirdasi, de Arabia Saudita, permitiera el uso del sistema de video asistencia VAR sobre el final del alargue, cuando claramente Pepe agarró en el área a Héctor Moreno, pero no hubo caso.

El reclamo, que no es el primero del entrenador colombiano de la selección mexicana Juan Carlos Osorio (tuvo otro similar ante Nueva Zelanda en la fase de grupos de esta Copa Confederaciones), acabó con la expulsión del director técnico.

Ya a los 15 minutos, el árbitro recurrió al VAR para otorgar un penal para Portugal por supuesta falta de Rafa Márquez a André Silva, pero Memo Ochoa se lució al contenerle muy bien el remate al delantero. Luego, el arquero resultó decisivo para evitar varios goles lusos.

Al mismo tiempo, el equipo mexicano llegaba con peligro a través de Chicharito, Oribe Peralta y Vela, asistidos por Herrera, pero no encontró la contundencia necesaria, un mal de todo el torneo.

Al fin, a los 9 minutos del segundo tiempo, un desborde por la izquierda de Hernández terminó con un centro rasante que Luis Neto desvió hacia su propio arco. El 1-0  parecía decisivo pero allí reaccionó bien Fernando Santos, el DT portugués, que comenzó a colocar a sus titulares.

Uno de ellos, Quaresma, resultó fundamental. De su desborde por la derecha llegó sobre la hora el empate de Pepe en un anticipo ofensivo.

La sensación en el alargue era que el tiempo de México ya había pasado y Portugal ya estaba enfocado con el ingreso de William, André Gómez y Adrien Silva y sobre los 15 minutos llegó el penal por mano de Layún que concretó esta vez Adrien Silva.


También fueron expulsados Nelson Semedo y Raúl Jiménez al iniciarse la segunda parte, en un partido que lo tuvo todo, y que dejó a México otra vez sin nada.

Alemania ratifica su liderazgo mundial (Yahoo)




                                                 Desde Moscú


La lógica pura apareció en la Copa Confederaciones de Rusia. La selección alemana, vigente campeona del mundo, se impuso ajustadamente a Chile en la final y se consagró en San Petersburgo en la misma semana que otro de sus equipos, el sub-21, se quedaba con el torneo europeo de la categoría.

De esta forma, la selección alemana ratifica su dominio total y su tremendo poderío internacional, a partir, además, de otro hecho contundente: su entrenador, Joachim Löw, siempre muy sereno, prefirió darle descanso a muchos de los jugadores titulares que obtuvieron el título mundial en Brasil 2014.

Es decir que jugadores de la categoría de Mats Hummels, Samuel Khedira, Mezut Özil, Manuel Neuer o Toni Kroos tomaron vacaciones en el verano europeo y Löw decidió apelar a un conjunto de mucha más juventud para darle lugar a nuevos valores teniendo en cuenta el retiro de varios cracks como Lahm, Klose, Podolski y Mertesacker o la larga enfermedad de Götze.

Así es que tampoco parece casualidad que Julien Draxler haya ganado el Balón de Oro (entregado nada menos que por Diego Maradona en el podio) al mejor jugador del torneo pese a su juventud.

Es difícil señalar con total claridad que el equipo alemán fue el  mejor de esta Copa Confederaciones porque en los dos partidos ante Chile, el de la fase de grupos (1-1) como el de la final (1-0) fueron parejos y hasta los sudamericanos dominaron más tiempo y mejor el balón aunque nunca alcanzaron la contundencia germana, en especial, en el aprovechamiento de los errores rivales.

En el caso de la final de San Petersburgo, el equipo alemán era absolutamente dominado por Chile en la primera media hora, en base a la alta presión y a la asfixia en su propio campo, pero bastó que el volante Marcelo Díaz (quien precisamente jugó en la Bundesliga) se complicara en una salida desde su propio campo, cerca de su propio arquero Claudio Bravo, para que Lars Stindl aprovechara a la perfección y marcara el único gol del partido.

Alemania ya no había tenido piedad tampoco con México en semifinales, al que le metió cuatro goles.

Si algo se puede decir del equipo alemán es que sabe ser utilitario cuando hay que serlo, en los partidos clave, pero sus jugadores tienen toda la técnica para resolver otras situaciones ante casos distintos y esta ductilidad es la que le está dando sus frutos y la apuesta por los jugadores jóvenes que no tardarán mucho en ocupar los lugares que les van dejando, va dando sus frutos.

Cerca del fútbol alemán, hay que decir que también Chile ha dejado una buena imagen. Ha superado a Portugal por penales en un partido parejo de semifinal en el que fue levemente superior y no le dejó espacios a Cristiano Ronaldo.

Esta forma de jugar de la selección chilena, como le ocurre a Alemania, no es nueva sino q         ue lleva una década desde que Marcelo Bielsa comenzara su trabajo con miras al Mundial de Sudáfrica 2010 y que luego continuara Jorge Sampaoli para el Mundial 2014.

Se trata de un equipo equilibrado, que más allá de errores puntuales, prefiere salir jugando desde abajo y que se asocia en todo el campo, aunque con un líder claro por línea: Claudio Bravo en el arco, Gary Medel en la defensa, Arturo Vidal en el medio y Alexis Sánchez en el ataque.

Lo que le faltó a Chile es contundencia, concretar un mucho más alto porcentaje de ocasiones de gol que crean sus jugadores, algo que no sólo es propio de los sudamericanos sino también de los mexicanos.

También puede decirse que Chile viene extrañando un jugador de la categoría del “Mago” Jorge Valdivia, el mejor jugador de la Copa América 2015, quien debiera ser el encargado del cambio de ritmo y el eje del conjunto, pero sus continuas lesiones lo fueron marginando de la selección “Roja”.

Si a Chile le faltó contundencia, a México le ocurrió algo parecido. Estuvo a punto de vencer a Portugal por el tercer puesto pero los europeos empataron en el minuto noventa a través de Pepe aprovechando otro de los problemas de los norteamericanos: sus desacoples defensivos, tanto por el lateral izquierdo como entre los dos marcadores centrales.

El entrenador mexicano es el colombiano Juan Carlos Osorio, de mucho prestigio y buen conocimiento táctico, pero creemos que las enormes rotaciones de jugadores (en la Copa Confederaciones participaron 22 de los 23 de la lista), algunas lesiones y también algunos errores con los cambios, generaron que México otra vez se quedara en la puerta de un buen logro y ni siquiera pudo aprovechar la ausencia de Cristiano Ronaldo.

Portugal, en cambio, apareció como un equipo sólido que no tuvo un buen partido ante Chile y quedó eliminado por penales en semifinales. Cuando parecía que eso le daría a su experimentado entrenador Fernando Santos la chance de apelar a jugadores habitualmente suplentes, sobre el final ante México por el tercer lugar ingresaron cuatro de los titulares y dieron vuelta los partidos,

Acaso una de las mayores decepciones, al menos en cuanto a los resultados, fue el equipo ruso, del que se esperaba más por ser el local y con miras a su participación en el Mundial dentro de un año.

El no haber podido pasar a las semifinales ha sido un golpe duro, pero el entrenador Cherchesov viene trabajando pensando mucho más en lo colectivo que en lo individual a partir de la falta de estrellas, y hubo algunos buenos pasajes para destacar aunque queda mucho por hacer.



sábado, 1 de julio de 2017

El fútbol alemán, acaso el mejor espejo donde mirarnos





                                       Desde Moscú

Ahora resulta fácil. Todos hablan de la máquina de jugar que es la selección alemana y su director técnico Joachim Low atraviesa un momento de enorme paz, casi sin ningún cuestionamiento ni de la prensa local ni de la internacional. Hay una coincidencia absoluta en que hoy por hoy, salvo por el resurgimiento de Brasil, son muy pocos los equipos que pueden ganarle una final a los alemanes, y Chile es justamente uno de esos pocos.

Sin embargo, la historia acerca de cómo la selección alemana llegó hasta este tiempo de tantas mieles vale la pena ser remarcada y estudiada, para tratar de sacar conclusiones que puedan servir acaso para que alguna vez, algún dirigente argentino ose entender que no se puede actuar siempre cuando las papas queman sino tener un proyecto, saber qué se quiere hacer a futuro, que para eso están los que presiden una institución.

Para fines del Siglo XX, el fútbol alemán había comenzado a entrar en una meseta que sus dirigentes de entonces consideraron complicada, al menos en lo futbolístico. La selección no sólo no ganaba un título mundial desde 1990 sino que su juego aburría, era siempre lo mismo: se basaba en la potencia, en la velocidad, los contragolpes, la fuerza típica del alemán, por lo general un tipo grandote y de buen físico.

Tras la Eurocopa en Inglaterra 1996, la baja se acentuó y ya el Mundial 1998 en Francia y especialmente las Eurocopas de 2000 y 2004, en las que el equipo no pasó de la primera, llevaron a los dirigentes a pensar en apostar a un cambio, que llegó de la mano del menos pensado: el cuestionado (en otros órdenes) Gerhard Mayer-Vorfelder, quien tras el fracaso de Rudi Vöeller en el banco, pensó para reemplazarlo nada menos que por su ex compañero en el ataque del último mundial ganado por los germanos hasta entonces, Italia 90: Jurgen Klinsmann.

Parecía apenas un cambio de figuritas: campeón por campeón, atacante por atacante, figura por figura, pero las cosas no fueron como se pensaba.

Y aquí llega la etapa más interesante, la que comienza en 2004, y donde veremos algunas similitudes con algunos debates (con más o menos profundidad de acuerdo con los actores) que también ocurrieron y ocurren en el fútbol argentino.

Klinsmann, como señalábamos más arriba, produjo un profundo cambio en la concepción del juego en el fútbol alemán. Acaso basado en tantos entrenadores que tuvo en su carrera (entre ellos, César Menotti), produjo una revolución en el fútbol alemán: había que intentar jugar mejor. La pelota pasaba a ser fundamental y ya correr por correr no era sustancial. Había que convencerse de que el jugador alemán podía realizar esta transformación a partir de otra concepción filosófica.

El problema de Klinsmann es que más allá de sus buenas ideas, nunca había sido un tipo fino para expresar estas ideas, pero traía en su cuerpo técnico a un tal Joakim Low como ayudante, un gran analista y estudioso, pero especialmente una persona de enormes convicciones, y ambos se ayudaron mutuamente: Low puso la idea y Klinsmann, al fin de cuentas un campeón del mundo muy reconocido por su gran carrera internacional, la cara.

Con Klinsmann llegaron dos ideas: la de que cada club participante en la Bundesliga tenía que tener, de allí en más, una academia propia para la formación de niños y adolescentes, es decir que ya no alcanzaba con las divisiones inferiores sino que se apuntaba a algo más cercano a lo que es La Masía del Barcelona, un reconocido lugar de formación de jugadores y personas, y, prestar mucha atención, la dupla técnica que asumió la selección en 2004 buscaba traer al plantel a un director técnico que provenía del hockey sobre césped, Bernhard Peters.

Tanto las ideas acerca del cambio en el juego hacia una mayor posesión de balón y de correr menos, como lo de traer al plantel a un director técnico proveniente del hockey sobre césped fueron ampliamente resistidos por la vieja guardia del fútbol alemán, simbolizada dentro del campo de juego en la figura de una de las estrellas del momento, Michael Ballack, eje del Bayer Leverkussen que estuvo muy cerca de ganar una Champions League en 2002, cuando una volea de Zinedine Zidane en Edimburgo acabó con el sueño (en aquel equipo jugaba Diego Placente, entre otros).

Ballack sostenía en cada entrevista que le hacían, que era partidario de la lucha, el sacar partido por la envergadura del futbolista alemán, la potencia, y eso acabó en un largo enfrentamiento ideológico con la dupla técnica de la selección justo en los años previos al Mundial 2006, en el que Alemania iba a ser protagonista por ser local.

La mesa estaba servida para la gran polémica interna. Los medios (salvo el Bild Zaitung, que estaba más cerca de la resistencia de la vieja guardia) apuntaban que la selección jugaba mucho mejor que los clubes de la Bundesliga, que se notaba la distancia, y por supuesto que la Federación Alemana, la DFB, no aceptó que el ex DT del hockey asumiera en cualquier cargo (se lo llegó a proponer como asesor ejecutivo, preparador, director deportivo, pero nada) y en cambio, fue designado para el cargo de director deportivo otra ex estrella del Borussia Dortmun y campeón de la Euro 2006, Matías Sammer.

Con Sammer y Ballack, la polémica con la dupla técnica Klinsmann-Low fue en aumento, y allí fue que Klinsmann lo pagó más caro y acabó yéndose a dirigir a la selección de los Estados Unidos aunque los resultados comenzaron a llegar de a poco, a tal punto que hasta el Bayern Munich tuvo que modificar su estructura desde la llegada de Louis Van Gaal a la dirección técnica para la temporada 2009/10, cuando llegó a la final de la Champions pese a que fue derrotado por el Inter de José Mourinho en el Santiago Bernabeu.

La llegada de Van Gaal ya produjo una sinergia con la selección de Low que ya fue imposible de destrabar por parte de lo poco que quedaba de la vieja guardia a partir del retiro de Ballack y con la escuela holandesa metida en los primeros planos de la Bundesliga y con una cada vez mayor influencia española desde 2004, con la llegada al banco de Luis Aragonés, luego reemplazado por Vicente Del Bosque.

Ya Alemania había puesto segunda y tercera hacia su nuevo rumbo, y si bien fue eliminada por España en forma ajustada en la semifinal del Mundial de Sudáfrica 2010, los frutos no tardarían en llegar.

De todos modos, y aunque no había llegado ningún título mundial en dos décadas, para los alemanes cada eliminación fue un aprendizaje y nada más que una derrota deportiva y no un drama existencial. Y fue recién al llegar al Mundial de Brasil, en 2014, que quienes manejaban el fútbol alemán dijeron al arribar a Sudamérica que “ahora si” estaban para ganar un gran torneo como éste. De hecho, la DFB ni siquiera quiso dejar librazo al azar el hotel y se construyó su propio lugar de concentración.

Hoy, la selección alemana es una máquina que arrasa en cualquier torneo: para la Copa Confederaciones, Low dejó descansar a Ozil, Khedira, Neuer, Boateng, Hummels, Reus o Thomas Múller. Se retiraron ya Lahm, Podolski, Klose, Mertesacker y está lesionado por varios meses Mario Götze, pero todo sigue igual con la segunda línea, que juega, incluso, mejor que la primera, y mientras tanto gana el Europeo sub-21 imponiéndose nada menos que a España en la final.

Alemania se puede dar ahora esos lujos porque tuvo un fuerte debate interno, porque sus dirigentes supieron qué querían y porque el proyecto comenzó de arriba hacia abajo: desde la institución hacia el campo de juego.

Tal vez sirva para que algún dirigente argentino que por casualidad pase por este blog y lea estas líneas, entienda que hay caminos que necesariamente hay que seguir. De hecho, las dos veces que el fútbol argentino tuvo proyectos serios (1974-1982 y 1995-2007), acabaron en títulos mundiales.

Y el hecho de que la selección argentina pudo vencer a esta selección alemana en la final del Mundial 2014 con tres claras oportunidades de gol, y que recién haya caído en el final del alargue, es una pauta más de lo que podría conseguirse con un proyecto serio y a largo plazo.