domingo, 5 de noviembre de 2017

Boca pudo sacar partido del mal momento de River, con Pitana de protagonista




Este Superclásico no era lo mismo para River Plate que para Boca Juniors. Los de Guillermo Barros Schelotto se jugaban mucho menos que los de Marcelo Gallardo, que necesitaban como el agua de un triunfo para lavar las penas tras la durísima eliminación de la Copa Libertadores de entresemana ante Lanús.

Era claramente un partido en el que un Boca puntero, invicto, con puntaje ideal y una gran capacidad de gol, debía salir a esperar el momento justo para noquear, aunque también parecía evidente que River saldría desde el inicio a imponer condiciones y redimirse ante su público.

Sin embargo, el partido resultó parejo. Tras un inicio incierto, con la pelota revoleada de un lado al otro y muchas faltas y juego fuerte, River siempre fue más prolijo con la pelota, la tuvo mucho más, acaso también porque su esquema así se lo permite, desde que Gallardo optó por jugar con cuatro volantes y hasta un quinto (Gonzalo “Pity” Martínez) con más desenvoltura para acercarse al único delantero, Ignacio Scocco, hasta las cercanías del arco rival.

Boca siguió siendo el mismo de siempre en este tiempo, aunque ante un rival superior a los demás de este torneo y en un estadio con un clima muy adverso. Es decir, un equipo que no tiene una clara idea de juego, y que, en cambio, sabe que arriba sus delanteros pueden definir en cualquier momento y que en el medio hay que meter y le sobra Cardona para acercarse a los atacantes, al igual que alguna que otra proyección de sus marcadores de punta, especialmente el colombiano Frank Fabra por la izquierda.

Sin embargo, Boca cedió el protagonismo y prefirió agruparse desde el medio hacia atrás, aguantar y esperar el momento justo para pegar. Y éste llegó desde un tiro libre recto al arco para Cardona, que no había sido demasiado partícipe del juego pero su gran precisión en los remates derivó en dos buenos desvíos de Germán Lux al córner. 

La tercera fue la vencida y así Boca consiguió una ventaja que en ese momento no merecía. En ese minuto fatal para River se fue expulsado Ignacio Fernández y parecía cada vez más claro que el partido se iba volcando para Boca, en ventaja y con un jugador de más.

Pese a esto, el gol desequilibró a River. Salvo el chico Montiel, tres de sus defensores, Lux y Enzo Pérez arrastraban la tarjeta amarilla y hasta el final del primer tiempo, Pablo Pérez y el uruguayo Nández se fueron soltando un poco, siempre bien parado Barrios por detrás.

Pero Boca, este Boca puntero y con puntaje ideal, es un equipo extraño, porque su andar no siempre parece el de la posición que ocupa y así es que con un jugador menos, River salió a buscar el empate y fue arrinconando a su rival y en pocos minutos todo pareció equilibrarse cuando llegó el golazo del empate de Leonardo Ponzio (que paga críticas más orientadas a su DNI que a su juego) y porque el árbitro Néstor Pitana expulsó increíblemente a Cardona por una falta que no había cometido, aplicando la ya tradicional ley argentina futbolística de la compensación.

Sin embargo, la fiesta no le duró mucho a River porque casi inmediatamente Pablo Pérez puso un gran pase cruzado de izquierda a derecha a Nández y éste alcanzó a marcar el segundo gol visitante.

A partir de allí, Gallardo hizo cambios desesperados para empatar el partido, quitando a un central (Maidana)  y a un volante mixto (Pérez) para colocar dos delanteros (Auzqui y Borré) y ya había ingresado De la Cruz. Un equipo demasiado desequilibrado que se volcó al arco rival pero que rompió el medio y fue cuando Boca pudo haber matado de contragolpe, y de hecho tuvo dos mano a mano con tres jugadores contra un solo adversario y medio campo libre, pero no tuvo la inteligencia (Boca no es precisamente un equipo inteligente, y se nota en que sus defensores revolean cada pelota, su arquero Rossi se equivocó dos veces en los saques cortos o saca demasiado largo, Pavón siempre elige mal el destino final) para sacar una ventaja tranquilizadora para los minutos finales.


En un clásico con muchas polémicas (River reclama por un gol de Scocco en el que quedan dudas sobre si la pelota había salido por la línea de fondo pero una vez que vino el centro el juego ya estaba parado, Boca padeció de la anulación de un contraataque en el que Nández se iba solo al gol por un offside que no existió), Boca pudo sacar provecho de este difícil momento de River, y disfruta de las mieles de ver caído a su adversario de toda la vida y de un gran inicio de temporada, camino a su segundo título argentino consecutivo, pero no debe engañarse: es mejor que los demás pero esto, en el fútbol argentino, es ser tuerto en ciudad de ciegos, no mucho más que eso.

El extraño momento del Real Madrid (Yahoo)




Si pudiéramos describir la realidad del Real Madrid desde los fríos números o la más estricta actualidad estadística, podríamos decir que el club blanco es el actual campeón mundial, el que defiende el título doble de la Champions League, que es muy probable que en la presente competición europea se clasifique a los octavos de final tras pasar la fase de grupos y que, aunque se encuentra en este momento lejos del líder Barcelona, en la Liga Española, quedan demasiadas jornadas y además, los dos enfrentamientos en el Clásico como para preocuparse.

Sin embargo, los hechos reales son otros. Este Real Madrid preocupa a su afición porque parece que en los últimos meses se haya ido deshilachando y ya no se parece a aquel equipo sólido que se paseaba por los campos del mundo con absoluta seguridad en su juego y con una enorme capacidad de gol que puede llegar en cualquier ataque.

De a poco, el mismo Zinedine Zidane que no sólo resultaba indiscutido para el Santiago Bernabeu y que la prensa española veía con simpatía por su simpleza de conceptos, por su manejo del vestuario con mano izquierda, el que acertaba con los cambios y no atosigaba a sus jugadores con aburridas peroratas, ahora pasa a ser un entrenador sin capacidad de reacción, conformista, falto de ideas tácticas y que no logra sacar el mejor rédito cuando algunas de sus estrellas no se encuentran en un buen momento de forma.

De poco les valió a Zidane y a Cristiano Ronaldo haber sido dos de las principales estrellas de la reciente fiesta de la FIFA para los premios “The Best” en la gala de Londres. Si el francés fue considerado como mejor entrenador de 2017, ahora muchos esperan una pronta reacción del equipo antes de que el tren se aleje con el correr de la temporada luego de algunas caídas inesperadas en la Liga en el Bernabeu y cuando en Champions pocos podían apostar a que el Tottenham Hotspur de Mauricio Pochettino le daría tamaño baño en Londres en el partido revancha de la fase de grupos luego de que además los ingleses hayan estado muy cerca de ganar el de la ida en Madrid si no fuera porque el portero Keylor Navas tuvo una actuación fuera de serie y tapó casi milagrosamente una clarísima ocasión de gol a un Harry Kane en un gran momento frente a la portería rival.

Lo cierto es que este Real Madrid no se parece demasiado al de la pasada temporada. Un hecho importante es la casi permanente ausencia del galés Gareth Bale en el equipo titular, un lugar que lentamente fue cooptado por Isco Alarcón, jugador en ascenso pero que ocupa un espacio distinto en el campo de juego.

En todo caso, Isco es un volante creativo que puede sumarse al ataque desde atrás y puede llegar al gol, pero no es un delantero de punta capaz de desbordar por los extremos, como Bale, y eso obliga a otro sistema, que si sumamos a que Cristiano Ronaldo pasó a ser decididamente un nueve más de área y menos de costado, ya todo es completamente diferente a lo visto en tiempos recientes.

Si ya no hubo posibilidades o muy escasas de poder volver a ver a aquella fórmula promocionada de la BBC, ¿qué decir de los dos que han quedado? Lo de Cristiano Ronaldo en Liga es absolutamente llamativo. Que el portugués se encuentre a más de diez goles de Lionel Messi, su rival global de la década y Pichichi de la Liga, lo dice todo, pero más aún, cuando en la Champions, el portugués sigue cumpliendo sin problemas con su cuota goleadora que lo erigió en el máximo anotador histórico del gran torneo europeo de clubes.

Cristiano Ronaldo apenas si ha marcado un gol en Liga y no grita un gol suyo en el Bernabeu desde la temporada pasada en este torneo, y ese fastidio ya empieza a ser resonante (nos referimos al suyo mismo, a sus expresiones faciales ante cada oportunidad perdida, por más que la afición madridista trate de calmarlo con su aliento permanente.

Distinto es el caso de Karim Benzema, quien atraviesa ya una muy mala racha por la que han comenzado a aparecer silbidos en el Bernabeu, algo que reconoce hasta su compatriota Zidane, quien acepta que en este parón por  la fecha FIFA, deberá trabajar mucho en el apoyo psicológico hacia un delantero que le ha dado mucho al Real Madrid pero que nunca alcanzó un reconocimiento unánime de blanco.

Pero el Real Madrid ha tenido en este tiempo otras dificultades, como las prolongadas ausencias de Navas en la portería, Daniel Carvajal en el lateral derecho o Raphael Varane en el centro de la defensa, acompañando a Sergio Ramos.

Esto no significa que los blancos no puedan dar un giro a la situación, Cuentan con una plantilla completa, con jugadores estupendos, y en un mes, tendrán la ocasión de revalidar el título mundial en Emiratos Arabes, justo antes del parón de fin de año, con tiempo para revertir una actualidad que no le muestra su mejor cara.

También se acerca el clásico con el Barcelona por la Liga y en un mes, seguramente estará clasificado a octavos de final de la Champions (aunque quizá no irá al bombo de los ganadores de grupo en el sorteo) y cuando llegue enero será el inicio de la definición de la próxima temporada, cuando los jugadores abandonen la disciplina para pensar ya en el próximo Mundial de Rusia.


sábado, 4 de noviembre de 2017

La imagen más buscada del gol del Chango Cárdenas y otras vivencias




Era otra Argentina, aquella de los años sesenta. Tanto es así, que en el histórico gol del Chango Cárdenas relatado por Bernardino Veiga para la radio, lo primero que dice tras la “o” extendida, es la palabra “Argentina”, porque desde todas las hinchadas, más allá de la tradicional rivalidad, el gol que le dio a Racing Club el primer título intercontinental al fútbol albiceleste, se gritó en todo el país. 

Todos lo sintieron como propio. No había insultos, ni memes, ni alegrarse de la desgracia ajena. En aquel momento, Racing representaba a la Argentina en el fútbol, y con un equipo compacto, recio, terminó llevándose el título ante el durísimo Celtic de Glasgow en la definición de Montevideo, en un tercer partido, obligado por el triunfo escocés en la ida en Glasgow (1-0) y el de los de Avellaneda en la vuelta (2-1).

Fue hace exactamente 50 años, medio siglo, y por lo que ocurrió posteriormente con Racing, que sólo pudo agregar a este logro un título internacional más (la Supercopa de 1988) y dos locales (2001 y 2014), cobra todavía más fuerza.

El partido se emitió por Canal 13, pero las imágenes que llegaban a la Argentina no eran para nada buenas. De hecho, recién comenzó a verse en el segundo tiempo -se dijo que los Tupamaros habían saboteado la transmisión-, pero aún así, había demasiada interferencia. El camarógrafo de uno de los canales de la competencia, el 11, (en tiempos en los que sólo había cuatro y los cuatro eran en blanco y negro), Héctor López, recuerda que fue enviado a Montevideo junto a otro compañero por el responsable de la programación, Luis Clur. 

“Me designó para tomar las imágenes para luego entregar a Gran Bretaña y a mi compañero, para el canal. Cuando terminaba el partido, yo tenía que enviar el material a Londres por la vía aérea luego de editar los tres rollitos de tres minutos que nos daban para que nos arregláramos para todas las imágenes en película muda”, nos cuenta, para que podamos ir ambientándonos en un mundo tan diferente, artesanal en comparación con el presente.

“Lo que yo tenía que tomar eran los goles, jugadas de ataque y luego cortábamos en el laboratorio y compaginábamos, y nunca pensé que Cárdenas iba a patear al arco desde ahí (casi 30 metros) en el gol, pero por suerte, pude seguir la trayectoria de la pelota con mi cámara. Miré a mi costado y si bien había 4 ó 5 cámaras. El único que pudo tomar esas imágenes, fui yo”, cuenta con una mezcla de incredulidad y orgullo.

López remata la anécdota relatando que enterado de que había sido el único que tomó el gol “se lo comenté tras el partido a Luis Clur y me dijo que cambie y que primero le de el material al canal y recién luego se le mandó a Inglaterra. Todo esto fue de noche y recién al día siguiente regresé de Montevideo a Buenos Aires”.

Lo increíble de todo esto es que López, quien juega muy bien al tenis y tras dejar de ser camarógrafo se dedicó a participar de torneos de veteranos con mucho éxito, nunca más vio ese gol. “Con el tiempo me di cuenta de que esas imágenes tomaron relevancia”, nos cuenta, con cierta ingenuidad.

Pero lo mejor viene inmediatamente: “En una oportunidad, viajaba en un barco para cubrir como camarógrafo una exposición de vinos para lo cual tocábamos once puertos diferentes y en uno de ellos, en Veracruz, México, asistimos a una recepción con personalidades del lugar y ahí entre ellas estaba el Chango Cárdenas, que jugaba en el equipo de la ciudad y estaba sentado justo frente a mí.  En un momento salíó el tema de su gol famoso y él alcanzó a decir ‘andá a saber dónde estará el cameraman que tomó ese gol’. Cuando le dije “está enfrente suyo”. No lo podía creer. Nos dimos un abrazo. Él estaba muy emocionado. Tanto fue así que yo tenía que cubrir el viaje de Veracruz a México DF y de allí en coche hasta Tampico y me llegó a decir “llevate mi auto, hacé lo que necesites y después dejalo en una dirección que te voy a dar en una tarjeta, y así fue. Guardo siempre conmigo esa cámara porque la quería mucho”.

López recuerda mucho lo que padeció en esa cobertura periodística de la final intercontinental. “Se insultaban entre argentinos y uruguayos todo el tiempo. En la cancha se mataron a patadas (hubo cinco expulsados). Cuando terminó el partido, fui al estacionamiento, estaba lleno de autos, y los uruguayos seguían tirando piedras y rompiendo coches con gente adentro. A mí me llegaron a agarrar entre seis o siete y me preguntaron para qué medio estaba y como conocía los números de los canales uruguayos atiné a decir `para Canal 4, bo`, como dicen ellos, y eso me salvó. Tengo todo el despelote filmado”.

López también recuerda que el partido entre Racing y Celtic en Montevideo “lo cubrimos todos los cameraman en un techito de las cabinas de radio en el estadio Centenario. Era muy peligroso y nosotros estábamos todos, los que trabajábamos para los canales argentinos, sentados allí”.

López deja planteada una inquietud histórica, un detalle no menor. ¿Hubo sabotaje televisivo durante la transmisión para Argentina del Racing-Celtic? Lo cierto es que a los 58 años, un hincha de la Academia, José Roberto Panetta, recuerda haber visto esa final intercontinental con su padre. “Raramente yo justo tenía un cumpleaños al lado de mi casa y recuerdo muy bien que la imagen venía entrecortada, que el satélite iba y venía. Recuerdo también la transmisión de Aiello por Canal 13. En ese tiempo era muy frecuente que la transmisión llegara mal porque tengo el recuerdo de mi papá, italiano, quejándose mucho en las dos finales intercontinentales entre Independiente e Inter en 1964 y 1965.  Pero también estaba muy orgulloso de que en la cuadra de mi casa, en la calle Martínez Castro al 1100, en Flores Sur, la gente salió a festejar con una extensa bandera de Racing de unos 50 metros, casera, de papel, y todo el mundo gritó el gol del Chango Cárdenas”.

Alberto Joaquín Jones, prestigioso abogado, tenía por entonces 22 años, y viajó con dos amigos a Montevideo (“los dos se llamaban Jorge”, casualmente”). “Nos ubicamos con la hinchada de Racing pero no era como ahora. Eran bravos pero no eran barras bravas. Vimos el partido parados en la popular (hubo 25 mil hinchas académicos). Nosotros llegamos en el Vapor de la Carrera, en el que era muy común viajar al Uruguay en ese tiempo, y nos alojamos en un hotel cerca de la Plaza Cagancha", rememora.

"Recuerdo que fue una batalla como las de las tres finales de la Copa Libertadores ante Nacional. También había estado en Montevideo y había algunos que te pegaban hasta en los dientes, como Julio Montero Castillo, pero los de Racing no se quedaban atrás, eran guapos y te atendían, como Alfio “Coco” Basile y Roberto Perfumo. También recuerdo que se armaron algunas trifulcas porque al terminar el partido, los argentinos comenzamos a cargar a los uruguayos, que estaban con el Celtic”, finaliza Jones.

Distintas historias que aún sorprenden medio siglo más tarde, como la del cameraman López, que se enteró por nosotros, recién ahora, de que su imagen del gol de Cárdenas fue por tantos años publicidad de una marca de afeitadoras, al punto tal que de tantas repeticiones, muchos bromeaban con que un día, el remate iba a terminar con la pelota pegando en el poste. Pero fue gol, y con gloriosas consecuencias.

Quedan muchas historias por el camino, que el lector seguramente ya conoce, como que Racing tenía como mascota a un niño de apenas cuatro años llamado Gustavo Costas, que más adelante sería símbolo del equipo como jugador y director técnico, o que uno de los primeros consejos que recibió Cárdenas cuando llegó a Racing, y nada menos que de parte de dos cracks de los años treinta como Enrique García y Carlos Peucelle, fue que aprendiera "a pegarle también de zurda" y no sólo con la derecha. Así es como llegó el gol más importante de la historia de Racing...



miércoles, 1 de noviembre de 2017

Un heroico Lanús ante un incomprensible River



Si hizo falta otro ejemplo para descubrir por qué el fútbol es el más hermoso de los deportes, incomparable con el resto, eso volvió a aparecer anoche en el estadio de Lanús. El equipo del sur consiguió una hazaña como pocas veces ocurre en estos tiempos, no sólo por dar vuelta en poco menos de cincuenta minutos una diferencia de tres goles en contra, sino que lo hizo ante el que probablemente sea, hoy, el mejor de la Argentina, como River Plate.

River tuvo todo a su favor. Una impensada ventaja de dos goles antes de la media hora, lo cual en la mayoría de los casos, hace pensar en una serie terminada pero aún más si se trata de un equipo copero, con jugadores de experiencia, acostumbrados a estas lides, y ante un rival que no sólo aparecía desorientado sino que había jugado muy retrasado en la ida en el Monumental y que en el balance de los dos partidos aparecía muy atrás.

Es más: luego de los goles de Ignacio Scocco, de penal, y del chico Montiel, River pudo haber aumentado el marcador hasta ponerse 0-3 (lo que obligaba a Lanús a meter cinco) si le hubieran concedido un claro penal de Iván Marcone que el árbitro colombiano Wilmar Roldán no cobró y que sólo podría ser considerada falta con la nueva reglamentación ya que el jugador no tiene intención de jugar con la mano, incluso la quita de la acción.

Sin embargo, la protesta de los jugadores de River no tuvo el impulso que habría tenido en otro momento, pero en ese, fue débil porque sintió (tal vez con lógica) que no lo necesitaba y que el resultado tan amplio no daba para la queja, que sí aparecería al finalizar el partido, lo cual seguramente sentará un precedente importantísimo en el uso del VAR.

Porque Lanús sí presionó de todas las formas al mismo árbitro para que consultara al nuevo sistema tecnológico para que cobrara el penal que a la postre sería decisivo para la clasificación granate.

Esto nos lleva a proponer que como en la mayoría e los demás deportes, cada equipo tenga la posibilidad, por partido, de pedir por una o dos jugadas polémicas (acaso una por tiempo) al árbitro, además de que el juez pueda hacerlo cuando lo consideren conveniente o cuando se lo sugieran desde la cabina.

De lo contrario, los árbitros sudamericanos serán presionados cada vez más por los jugadores del equipo que se considere perjudicado, en vista de que cuanto más alharaca, más chances de que el árbitro crea que se está cometiendo una injusticia.

Volviendo al fútbol, no parece justificada la queja posterior de todo River por el penal no cobrado. La diferencia era tan grande, tan amplia, que bastaba con tocar, quitarle la pelota a Lanús, jugar para adelante y hacer correr los minutos, para pasar a la final casi sin transpirar.

Pero, y aquí viene lo hermoso y lo impredecible del fútbol, bastó un descuido en el final del primer tiempo, y una ráfaga de Lanús a la salida del segundo tiempo, para que el 2-2 le diera a los locales el ímpetu que necesitaban para una remontada tremenda ante un River inexplicable, que se fue quedando sin respuestas, sin fútbol, sin marca, sin atención.

Más allá de la gran actuación de dos delanteros clásicos de Lanús como Lautaro Acosta y José Sand (con todo el aditamento de la enorme rivalidad que se fue construyendo entre éste y River), también hay que hacer algunas acotaciones sobre River: es notable la merma en el rendimiento millonario en el segundo tiempo respecto del primero, algo que el director técnico Marcelo Gallardo deberá sopesar para el futuro, y también va emergiendo una claridad sobre su plantel: hay jugadores de enorme riqueza técnica, acaso como ninguno en la Argentina, pero no hay un arquero solvente. Ni Augusto Batalla ni Germán Lux transmiten hoy la seguridad que se requiere de este nivel.

Lo cierto es que hubo también mucho de lo que desde hace medio siglo, Dante Panzeri llamó “dinámica de lo impensado” porque el fútbol, mal que les pese a los que siguen creyendo que todo se puede controlar y planificar, es muchísimo de eso, de circunstancias del propio partido, futbolísticas pero también anímicas (Jorge Valdano, en certera definición, suele decir que el fútbol “es un estado de ánimo”).

Es decir que hay explicaciones técnicas sobre el partido, pero no nos podemos quedar sólo con eso. Hubo hechos que condicionaron el devenir del espectáculo, como el pronto empate 2-2.

El final, tuvo el dramatismo de un partido de esta naturaleza y nos hizo recordar a otra definición al estilo, la de la Copa Argentina del año pasado entre uno de los protagonistas de anoche, River, y Rosario Central (4-3).

No es casualidad que River haya estado en ambas definiciones. Porque pelea por todos los campeonatos, debido a muchos grandes jugadores que tiene, y porque su juego, de toque, de buen fútbol y de muchas llegadas, genera un ida y vuelta de este tipo.

El tiempo dirá cómo repercutirá en River un golpe tan grande, incluso un poco más que aquella recordada final de la Copa Libertadores en 1966 ante Peñarol de Montevideo en Santiago de Chile (el que dio lugar al mote de “gallinas” días más tarde), porque en aquella ocasión, se trataba de un partido único y en éste, River llegaba con una ventaja de un gol del partido anterior.

A River le queda la posibilidad de intentar cambiar rápidamente el chip el domingo ante Boca y ante su público, por el campeonato, el que abandonó por ahora para dedicarse a la Copa Libertadores, ahora frustrada, que lo proyectaba, además, en el plano internacional.

Aún le queda una accesible Copa Argentina, en la que lo espera un club recién ascendido al Nacional B, Deportivo Morón, para luego poder disputar una nueva final, pero nada de eso podrá igualar la frustración de 2017 como la increíble oportunidad perdida anoche en Lanús.

River deberá replantearse seriamente algunas cosas: sus arqueros, sus vaivenes anímicos, y de nada vale ahora una amarga queja por un penal no cobrado aunque haya sido una injusticia. La ventaja era demasiado grande como para que todo pase por esta jugada.

Lo de Lanús fue inolvidable pero también deja una gran enseñanza. Si sufrió tanto, si necesitó marcar cuatro goles en cincuenta minutos, es por el planteo defensivo que hizo en la ida, y que como fue contra natura, como no es lo que suele hacer, terminó en un mal resultado que lo complicó para la vuelta y lo obligó luego a un esfuerzo mayúsculo.

Tal vez un gran entrenador como Jorge Almirón, en las mieles del éxito, pueda recapacitar acerca de que no hay que traicionarse, porque además, no parece ser un gran negocio meterse atrás y aguantar. Luego, se termina pagando caro, o en eliminaciones o en esfuerzos exagerados, aunque éstos sean exitosos. 


Cuando Lanús salió a defenderse, perdió. Cuando salió a atacar, ganó. Tal vez le sirva pensando en la final de la Copa Libertadores.

martes, 31 de octubre de 2017

Cataluña vive horas de confusión e incertidumbre (Jornada)




Cataluña vive días de confusión e incertidumbre. Si bien ya se produjo la intervención del Gobierno español de Mariano Rajoy desde ayer, con una implícita aceptación de todas las partes, en los hechos, algunos pocos dirigentes que formaron parte del proceso independentista que abortó el pasado viernes, como la Candidatura de Unidad Popular (CUP), antisistema, insisten en que no reconocen la nueva etapa y queda la gran duda para sus aliados de toda este ciclo,  el Partido Democrático de Cataluña (PDECat) y la Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), acerca de si aceptan presentarse a las elecciones convocadas por Madrid para el 21 de diciembre.

Todo es tan complejo, que el PDECat (derecha catalana) y el ERC (izquierda), que conformaron la alianza “JXSí” (Juntos por el Sí), evalúan ahora presentarse con la explicación de que “no le temen a las urnas” pero en el fondo, al hacerlo, no dejan de aceptar que la proclamada independencia del pasado viernes no fue tal porque están operando bajo el ala de una decisión del gobierno español.

El de ayer fue otro día frenético, como todos los últimos que se viven en Cataluña. La vicepresidente española a cargo de la intervención, Soraya Sáenz de Santamaría, prefirió manejar a control remoto y desde Madrid la nueva etapa, mientras el ex presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, twitteaba por la mañana con una foto suya con el Palacio de Gobierno de fondo, y sin embargo al mismo tiempo había viajado hasta Marsella para volar desde allí a Bruselas con el aparente objeto de pedir asilo político, aunque no era claro si lo iba a obtener (los antecedentes de los últimos nueve casos de españoles, no lo ayudan).

Puigdemont no iba solo sino acompañado de cinco consejeros de su gobierno, ayudado por el ex delegado de la Generalitat en Bruselas, Amadeu Altafaz, y aconsejado por quien fuera abogado nada menos que de la ETA, Paul Beckaert, sabiendo que arrastra por acusación de la Fiscalía General, cargos como rebelión, sedición y malversación.

De hecho, el fiscal general José Manuel Maza (llamado irónicamente “Torquemaza” desde los independendistas catalanes) presentó dos querellas: ante la Audiencia Nacional contra Puigdemont, su vicepresidente Oriol Junqueras (ERC) y el resto de los funcionarios del Govern catalán, y ante el Tribunal Supremo, contra la presidente del Parlamento catalán, Carme Forcadell y el resto de la mesa que la secundó “con la falsa apariencia de legalidad al proceso de facto de demolición del ordenamiento constitucional” y que dio lugar a “la crisis institucional que culminó con la Declaración Unilateral de Independencia, con total desprecio a nuestra Constitución”.

La querella consta de 118 páginas y está dirigida contra veinte personas (entre ellas, “Los dos Jordis”, como se los conoce en Cataluña, Cuxart, de la organización independentista Omnium, y Sánchez, de la Asamblea Nacional Catalana, ambos presos en Soto del Real), con una fianza “solidaria” de 6.2 millones de euros para hacer frente a una posible condena.

El Día D de la intervención de Madrid, transcurrido ayer, no tuvo, sin embargo, la oposición que se esperaba y rápidamente los partidos políticos comenzaron a acelerar sus tratativas para las elecciones del 21 de diciembre.

La gran incógnita es si los resultados se parecerán o no a la última elección, porque la pregunta en ese caso, es qué sucedería de ganar nuevamente algún partido o una alianza independentista. ¿Otra vez buscarían declarar la independencia de España? Y también, si esta vez el PDECat irá junto con ERC (ninguna de las dos partes lo descarta) y si a su vez los partidos más “españolistas” como el PP, el PSOE (en su versión catalana, el PSC) , y Ciudadanos, irán por separado o intentarán aliarse en vista de los antecedentes electorales que no los favorecen en la región.

Según las últimas encuestas que rápidamente publicaron algunos diarios como El Periódico de Cataluña o El Mundo de Madrid, lo que varía son los porcentajes pero es claro que los partidos independentistas siguen teniendo más fuerza que los españolistas, pero está por verse qué tipos de alianzas se generan.

Lo probable es que difícilmente Cataluña vuelva a ser la misma que en estos años, cuando generaba el 19 por ciento del PBI español. Con casi todos los bancos ya emigrados de la zona y con más de dos mil empresas de todo tipo que cambiaron sus domicilios fiscales, se plantea el gran interrogante sobre cómo se hará para mantener las fuentes de trabajo, el movimiento económico y el status de uno de los grandes puertos de Europa.

Ni siquiera el cuerpo de Policía local, los Mossos D’Esquadra, con 17 mil agentes armados, responde ya oficialmente al Govern al haber sido desplazado Josep Lluis Trapero, querellado por sedición por no querer ayudar a la Guardia Civil tras aquella extraña elección del 1 de octubre pasado cuando según el entonces Govern de Puigdemont, salieron a votar dos millones de personas (de una población de 7,5) pese a que Madrid no sólo no la reconoció, sino que intentó torpemente y  por todas las vías prohibirla secuestrando todas las boletas y custodiando todos los centros de votación.
Trapero había sido considerado héroe apenas semanas antes por su participación en la ayuda de tantos catalanes heridos durante el atentado yihadista en las Ramblas, pero todo corre demasiado de prisa.

Hasta las filas de Podemos (izquierda española cuya aliada en Barcelona, Ada Colau, es la alcaldesa de la ciudad) hubo problemas ayer y su líder Pablo Iglesias acabó desautorizando a su par catalán, Albano Fachín, quien emitió un comunicado independentista.

Iglesias sigue diferenciándose del resto de los partidos españoles porque insiste en que mientras continúa este proceso independentista y la intervención estatal desde Madrid, se siguen tapando los graves hechos de corrupción del gobierno de Rajoy.

Al mismo tiempo, la Bolsa española subía ayer un 2,44 por ciento y llegaba a los 10.400 puntos, en lo que fue la tercera mejor sesión de 2017.

Y por si fuera poco, el domingo pasado, un recién ascendido a la Liga Española, el Girona, vencía nada menos que al Real Madrid por 2-1 entre gritos de “In-de-pen-den-cia” desde las tribunas. El hecho fue ignorado por la TVE estatal de Madrid en el Telediario central del lunes.

Desde 1990 que Real Madrid (actual campeón europeo y mundial) no caía ante un recién ascendido y al rato, Puigdemont apareció en las redes sociales vestido con la camiseta del Girona.

Y todo esto, en apenas horas.


lunes, 30 de octubre de 2017

Lanús-River y la hipocresía de las entradas




El fútbol argentino sigue siendo el Reino del Revés, como aquella magnífica canción que compuso la inigualable María Elena Walsh. Nadie se hace cargo de nada y no parece primar la sensatez aunque haya algunos que lo intenten, pero el sistema suele acabar con cualquier indicio de ella.

Lanús y River Plate deben jugar el martes por la noche por la revancha de la semifinal de la Copa Libertadores de América. Sin dudas, uno de los partidos más trascendentes de 2017 y como estaba previsto,  como en la ida en el Monumental, debe jugarse sin público visitante por una cuestión de “seguridad” que hemos repetido hasta el cansancio desde que se implementó por primera vez, en 2004 y casualmente por otra semifinal de Copa Libertadores (Boca vs River), sólo es como intentar tapar el cielo con un pañuelo.

Aún así, se insiste en la Argentina con lo de no jugar con público visitante en los estadios desde 2013 en forma oficial en los torneos locales, como si esa fuera la única forma de parar con la violencia y de hecho, tampoco así lo consiguen porque desde hace tiempo que los enfrentamientos son “intra-barras” y ya no, casi, “inter-barras”.

Tanto es así que en el verano, o por la Copa Argentina, se juega con público de ambos equipos y los resultados no son diferentes a cuando se juega sin una de las hinchadas. Pero todo da lo mismo en la Argentina del “sé gual”, como decía el recordado cómico Minguito Tinguitella.

Ahora, el fútbol argentino acaba de agregar un insólito capítulo de una gran hipocresía, cuando Lanús puso una buena cantidad de entradas a la venta (no menos de cinco mil) que no tenían como requisito ser socio de Lanús y por lo tanto, rápidamente fueron adquiridas por los hinchas de River, que vieron el resquicio, la posibilidad, y se lanzaron para poder ver a su equipo in situ.

Fue entonces que apareció en escena Nicolás Russo, el presidente de Lanús, afirmando primero que no se pusieron en venta entradas para los hinchas de River, algo muy fácilmente rebatible en estos tiempos de la hiper comunicación y ya se podía observar por TV cómo los simpatizantes millonarios hacían cola para retirar sus entradas adquiridas por internet y ya pagadas con sus tarjetas de crédito.

Lo que no se puede entender de Russo (por otra parte, de gran gestión como dirigente granate) es esa eterna justificación argentina hacia algo que bien podría admitir desde otro lugar, como que Lanús no reúne la cantidad de hinchas para llevar todo su estadio y el club necesita ingresos y esta es la ocasión para conseguirlos. ¿Cuál sería el delito de esa admisión?

Sin embargo, como ocurre tantas veces, Russo prefirió mantener un discurso alejado de la realidad más como mensaje a sus hinchas que a la sociedad, algo así como “nos hacemos los tontos, los de River compran las entradas que faltan vender, pero lo negamos siempre y así no quedamos mal ante la sociedad y las instituciones y tampoco los hinchas nos miran mal por haberle vendido entradas al rival”.

Pero ese doble discurso también está relacionado con la falta de imaginación, de otras ideas. ¿No podía Lanús prever esta situación cuando consiguió participar en esta edición de Copa Libertadores y, por ejemplo (puede haber otras ideas mejores, sólo señalamos una) abrir un registro de hinchas no pagantes del abono a plateas o de asociado, generando otra categoría para el posterior reparto de entradas como en este caso?

Sin embargo, la cosa no termina allí, porque además de Lanús, salta ahora el titular del organismo de seguridad (APREVIDE);  Juan Manuel Lugones, que por fin, luego de muchos desatinos, decidió tomar el toro por las astas en cuanto a tratar de terminar con los barras bravas desde lo institucional, sin dejar este rol a los dirigentes de clubes,  con experiencias probadamente negativas.

Lugones, en este caso de las entradas, cometió un imperdonable desatino para un funcionario, como es el de afirmar por los medios de comunicación que si los hinchas de River (que ya adquirieron sus entradas y esto ocurrió porque estuvieron a la venta libre, porque de o contrario no habrían podido) llegan a acudir al estadio de Lanús “no serán bien recibidos y se deberán mezclar con los hincas locales porque no vamos a colocar una tribuna para ellos”, como forma de espantarlos y propender a que, ante la sola idea de ser agredidos o pasar un mal momento, devuelvan esos tickets.

La de los organismos de seguridad estatal no es una función coercitiva, sino justamente, de brindar seguridad en los espectáculos masivos, por lo cual, este es un discurso inaceptable para un funcionario.

Al contrario, parece mucho más decorosa y sensata la postura del presidente de River, Rodolfo D’Onofrio, quien sostiene que le preocupa que los hinchas “puedan ser maltratados” y hasta pidió que los simpatizantes de su club no acudan a Lanús respetando la reglamentación (por más inútil que ésta sea, comprobada en el tiempo) y que aquellos que adquirieron los boletos, los devuelvan.

Desde ya que hay cuestiones muy complejas de manejar en esta Argentina del Siglo XXI, como que los hinchas saquen a relucir la “viveza criolla” de comprar entradas a sabiendas que no son para ellos, o que dos hinchadas no puedan convivir en un mismo espacio social en un espectáculo futbolístico en el que sólo las separan colores distintos de camisetas –al cabo, un enorme fracaso como sociedad-, o que un dirigente quiera quedar bien ante los suyos y entonces oculte el verdadero propósito de haber liberado unos miles de tickets.

Por supuesto que los funcionarios o los dirigentes no pueden solucionar solos un problema social que lleva años arraigado. Pero no vendría mal que contribuyeran un poco desde el criterio, la sensatez, la imaginación y la verdad.

El tema de las entradas parece dejar otra vez al fútbol sin salida.


domingo, 29 de octubre de 2017

Una Liga extraña en medio de la confusión independentista (Yahoo)




Con apenas diez jornadas disputadas sobre treinta y ocho totales, muy pocos hubieran podido acertar que el Barcelona ya le sacaría una distancia de ocho puntos al Real Madrid y al Atlético de Madrid, y que los blancos ya habrían perdido dos partidos de Liga Española, pero menos que uno de ellos hubiera sido ante el recién ascendido Girona y que los blancos fueran superados en su capacidad goleadora (19 goles, es decir, menos de dos por partido) por los azulgranas (28), pero también por el Valencia (27) y la Real Sociedad (21) e igualados por el Betis y el Celta.

Si el inicio de temporada del Real Madrid no ha sido ni cercano a lo imaginado por sus aficionados, porque tampoco ha sido brillante, de momento, su participación en la fase de grupos de la Champìons League, tampoco lo fue para el Atlético Madrid de Diego Simeone, con problemas para pasar a los octavos de final de la competencia europea y con dificultades para imponerse como local desde que juega en el estadio Wanda Metropolitano y abandonó el Vicente Calderón.

En cambio, cuando pocos hubieran apostado por este Barcelona que a último momento del mercado de verano perdió a Neymar y que además de no poder encontrar un reemplazante perfecto para el brasileño, perdió rápidamente por lesión a la gran contratación desde el Borusia Dortmund, Ousmane Dembélé.

Sin embargo, un Barcelona muy corto de plantilla, en especial en ataque, empujado por un excelente comienzo de temporada de Lionel Messi, su gran figura que ya ha marcado 12 tantos en Liga, apenas si ha cedido un empate en los diez partidos, y ha sido en el campo más difícil de los que ha tenido que jugar hasta ahora, el del Atlético de Madrid y en un territorio hostil debido a los hechos políticos que están comenzando a afectar el desarrollo de la Liga, como el intento del gobierno catalán de independizarse de España.

Es en este clima enrarecido, en el que ni siquiera se sabe si el Barcelona podrá acabar esta Liga porque acaso tenga que buscar otro destino para su equipo (en el caso, que ya no parece tan probable, que la independencia se consiga), que, sin haber jugado nunca un fútbol brillante y dependiendo demasiado del genio argentino que sigue batiendo todos los récords, y con un Luis Suárez que no está en buena racha a la hora de convertir, los azulgrana se van afianzando con una distancia cada vez mayor hacia sus tradicionales rivales y al menos hoy es el Valencia el que aparece como uno de sus competidores mayores.

Los de Marcelino García Toral parecen haber abandonado ya los malos tiempos para mostrarse fuertes en cualquier campo, con gran capacidad de gol, y en pocas jornadas esperarán al Barcelona en Mestalla, en un partido que les marcará si están en condiciones de pelear por el título o si sólo fue una racha pasajera.

Este Barcelona es bastante extraño. En muchos partidos, aún teniendo más el balón que sus adversarios, el portero alemán Ter Stegen acaba siendo figura decisiva, tampoco parece poder explotar demasiado a su gran estrella Messi, en parte por la cada vez mayor irregularidad de Andrés Iniesta, que conserva destellos de lo que fue pero en evidente veteranía, y porque se nota demasiado la ausencia de un tercer delantero desde la salida de Neymar, que obligó a su entrenador Ernesto Valverde a jugar con cuatro volantes, si bien el brasileño Paulinho, que no parecía tener el ADN Barça, se adaptó enseguida y su aporte acaba siendo muy valioso en el medio.

La derrota del Real Madrid ante el recién ascendido Girona, justo en pleno debate sobre la independencia catalana, es un alerta rojo para los blancos de Zinedine Zidane porque si bien conservan la capacidad de generar numerosas ocasiones de gol y tienen plantilla de sobra en todas las posiciones, también es cierto que vienen sufriendo demasiado en el fondo, con muchos errores en la última jugada (ante los catalanes han padecido, además de dos goles, sendos remates en los palos y un par de remates apenas desviados de los delanteros rivales).

Es también llamativo que Cristiano Ronaldo, quien acaba de conseguir su quinto premio como mejor jugador del mundo al recibir el “The Best” durante la semana en la gala de la FIFA en Londres, tenga la pólvora tan mojada.

El hecho de que Zidane haya decidido jugar con cuatro volantes para darle prioridad a una estrella en ascenso como Isco Alarcón también fue minando aquella idea letal de la BBC porque Gareth Bale fue desapareciendo de la titularidad y Karim Benzema está lejos del nivel de las temporadas pasadas.

Pero la incertidumbre no es sólo futbolística. Los seguidores del Barcelona comienzan a preocuparse cada vez más porque Messi sigue sin firmar su contrato de renovación cuando éste vence a mediados de 2018 y no falta demasiado para que llegue ese momento y aunque el club ya haya informado de un acuerdo entre las partes hace bastante tiempo.

Muchos se preguntan si esta situación está o no relacionada con la incertidumbre de algunos jugadores, especialmente los extranjeros, acerca de si el Barcelona podrá continuar o no jugando en esta Liga si Cataluña se independizara pero no sólo en ese caso: hasta el pasado domingo se contabilizaban cerca de dos mil empresas y la mayoría de los bancos que habían abandonado territorio catalán, lo que ya de por sí generaba una merma de un treinta por ciento de la producción para los próximos años.

Ante este escenario, ante una economía que pierde pujanza y que costará años en recuperarse, ¿es posible esperar un Barcelona fuerte y que tenga capacidad económica para poder mantener una plantilla de lujo? Justo cuando las grandes estrellas surgidas de la cantera se van haciendo veteranas, y sin encontrarles reemplazo en la propia cantera, se va generando la necesidad de fichar afuera, ¿habrá posibilidades reales de hacerlo?

En medio de esta incertidumbre, y como si fuera un oasis, crece la flor del equipo, que no parece estar demasiado atento a estas circunstancias y sin jugar bien, también se impuso al Athletic en el Nuevo San Mamés y sigue su marcha triunfal, aunque no se sepa si podrá ser duradera.