lunes, 13 de noviembre de 2017

La selección, en su laberinto



Faltan siete meses para el Mundial. Exactamente siete para el partido inicial en Rusia 2018 y la selección argentina persiste en su inexplicable laberinto, que aparece nítido en esta minigira de dos partidos amistosos en territorio ruso y cuando sólo habrá dos más antes de que el director técnico Jorge Sampaoli defina la lista de 23 jugadores para la gran cita.

Es evidente, y lógico, que el ambiente está mucho más distendido y al propio Sampaoli se lo nota más reflexivo dentro y fuera de la cancha una vez conseguida la angustiosa clasificación mundialista, pero al mismo tiempo, tomando en cuenta que el equipo se ha despojado de la mochila que tanto le pesaba, algunas cuestiones son muy preocupantes.

Por un lado, Sampaoli parece haber cortado camino ante la falta de tiempo de preparación, con no menos de siete titulares definidos (Sergio Romero, Gabriel Mercado, Nicolás Otamendi, Lucas Biglia, Lionel Messi, Angel Di María y Sergio Agüero), y dos más en la puerta (Javier Mascherano y Enzo Pérez), sumados a tres suplentes que de todos modos estarán (entre ellos, el arquero Nahuel Guzmán).

Pero por otro, hay algunas cuestiones que no se entienden, como que por ejemplo en el amistoso ante Nigeria en Krasnodar, Sampaoli haya optado por desistir de Messi con el objeto de darle descanso y que no siga sumando minutos para llegar en mejor forma al Mundial cuando justamente es el jugador más importante del equipo, del que dependen casi todos los movimientos, y sin él, casi todas las pruebas valen muy poco, porque salvo un tercer partido de la fase de grupos por haber conseguido temprano la clasificación, este equipo nunca prescindirá del genio del Barcelona.

Si la selección argentina tiene que hacer pruebas, éstas necesariamente necesitan de Messi en el campo porque es la mejor forma de seguir probando el equipo que realmente va a salir en cada partido del Mundial.

Y por esto mismo es que no se entiende, por ejemplo, cómo un talentoso jugador como Paulo Dybala, siga sin ser probado en distintas variantes tácticas al lado, por delante, de costado, de atrás de Messi, para tratar de encontrar el mejor rendimiento posible entre dos de los jugadores más desequilibrantes del planeta. Está en Sampaoli, en su capacidad, encontrar el lugar en el que más rindan ambos, pero si no juegan juntos…difícilmente se podrá sacar una conclusión al respecto.

Desde ya que probar sin Messi y con Dybala como conductor, es una posibilidad para el caso de que haya momentos de partidos en los que uno pueda ingresar por el otro, pero en general será escaso el tiempo en el que esto ocurra y en cambio, se supone que mucho más el que se los necesite juntos.

Tampoco se entiende el rol de Fernando Belluschi. Es generalizado el consenso acerca de que en este fútbol argentino no abundan los creativos y por eso, en una acertada medida, Sampaoli convocó a Giovani Lo Celso para esa función. Pero si también fue llamado el talentoso volante de San Lorenzo, ¡no sería esperable que tuviera suficiente tiempo para ser probado, y esto consiste en que se desplace cerca de Messi para poder tener otra versión?

Un tercer elemento que aparece de manera recurrente es el problema de los laterales defensivos. Sampaoli suele sostener que no abundan los del costado derecho y que por eso piensa en utilizar una última línea de tres jugadores. Sin embargo, fue convocado Emiiano Insúa, para la izquierda, y también podrían jugar allí Marcos Rojo (ahora lesionado), o Nicolás Tagliafico, mientras que Mercado bien podría jugar por la derecha y hasta podría contar con Julio Bufarini, si quisiera. ¿Entonces?

Lo que sí parece claro es que este Javier Mascherano modelo 2017 no está para ser el tercer defensor del lado derecho. Por velocidad y porque no está habituado al uno contra uno en todo el partido. Parece más lógico como líbero para salir jugando desde abajo, si bien la defensa perdería mucha altura y Federico Fazio actuó bien cuando le tocó y solucionaría este problema.

Todo indica que insistir con la línea de tres en el fondo genera problemas por el costado izquierdo de la defensa que queda desprotegido y hay un hueco en las espaldas de los volantes que no cubre nadie, porque los adelantados no tienen oficio por las bandas y porque obliga a Di María por la izquierda a bajar demasiado y lo agotaría y lo mismo sucedería con Cristian Pavón o Lautaro Acosta por la derecha, si se decidiera a jugar con extremos, aunque menos si lo hiciera con Emiliano Rigoni o Eduardo Salvio, si bien éste último no dio la talla cuando tuvo su oportunidad y navegó en la mediocridad.

Tres partidos amistosos antes de dar a conocer la lista oficial de 23 jugadores suenan a demasiado poco ante tantos acertijos y tanto más cuando el propio Sampaoli insiste en que hay potencias como España, Francia, Alemania o Brasil que le sacaron a la Argentina demasiada ventaja por el tiempo que llevan trabajando.


¿Podrá salir la selección argentina de su labetinto?

domingo, 12 de noviembre de 2017

¿Neymar al Real Madrid? Un fichaje que puede ser impactante (Yahoo)




Desde hace un tiempo, Neymar se ha convertido en el tercer jugador en discordia para pugnar por el premio al mejor jugador del mundo, alternando con quienes han marcado la última década, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

En el verano de 2013, cuando Neymar Da Silva Santos Junior llegó a la Liga Española para incorporarse al Barcelona, esto había sido la consecuencia de un particular enfrentamiento entre los dos gigantes, el Real Madrid y el Barcelona, por su fichaje, y si acabaron ganando los catalanes, es también cierto que las formas de su frustrado paso a los blancos, la salida desde su Santos inicial y la intervención de su padre, también llamado Neymar, y las empresas vinculadas, derivaron en la detención del entonces presidente del club culé, Sandro Rosell y generó un efecto en el resto de la dirigencia.

Su salida final en el verano pasado rumbo al PSG francés no fue más que su intento por terminar de crecer como jugador y consolidarse en la élite mundial, ayudado por un hecho insoslayable: es mucho más joven que sus contrincantes por el podio más importante, debido a que los capitales qataríes apuntan al Mundial de 2022 y que el brasileño sea la cara de ese torneo, que por ahora sufre críticas de distinto tipo, desde la explotación de los obreros extranjeros en la construcción de estadios hasta el tremendo calor que motivó el cambio de mes en la organización.

Neymar fue seducido en ambos casos. Desde lo futbolístico, era evidente que Messi tapaba su mayor crecimiento y le iba a resultar casi imposible, así, ser considerado el mejor. Nadie llega a ser el número uno si ni siquiera lo es en su equipo. Pero desde lo económico y desde la imagen, cambiar al PSG le ocasionaba liderazgo, lo potenciaba como candidato y le garantizaba diversión y posibilidades de pelear por todos los títulos a partir de un equipo repleto de estrellas de primer nivel.

Así parecía cuando la temporada comenzó y Neymar descolló inmediatamente para demostrar en muy pocos partidos en el equipo francés que se trata de un gran crack con muchísima proyección.

Sin embargo, bastó un hecho para comenzar a desbarrancar aquella ilusión inicial de los franceses y los capitales que los sostienen acerca de un año de paz, tranquilidad y triunfos, cuando antes de un penal, Neymar acabó peleándose en público con el uruguayo Edinson Cavani para su ejecución. La mayor parte del vestuario estuvo con el experimentado delantero celeste.

Pero las cosas no acabaron allí y comenzaron a aparecer rumores de una relación que no es la deseada entre Neymar y el entrenador español Unai Emery, y el vestuario, aunque ya más calmo luego de unas paces públicas entre los dos sudamericanos, no parece ser ya el mismo, tan alegre, del inicio, cuando el brasileño llegó y le tendieron la alfombra roja de bienvenida.

No fueron casuales, entonces, las lágrimas vertidas por Neymar en la conferencia de prensa de la selección brasileña en el contexto del partido amistoso ante Japón de los días pasados, sentado al lado de su entrenador, Tité.

Las presiones sobre Neymar son enormes por este tiempo, al punto que acaba de aparecer un rumor mucho más impactante: la posibilidad de que el Real Madrid lo fiche para la temporada 2019/2020, justo cuando acabe el contrato del portugués Cristiano Ronaldo.

Según este rumor, que como pocas veces ocurre fue compartido por diarios deportivos emblemáticos de Madrid y Barcelona como “Marca” y “Mundo Deportivo”. Real Madrid estaría preparando una oferta de 200 millones de euros, a lo que hay que sumarle el costo de otros 250 millones de gastos operativos y la paga del propio jugador.

Hubo otro rumor, acerca de que Messi intentó convencerlo, mediante una llamada, para que no piense en recalar en el club blanco pero no parece fácil. Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid, está enfocado en pocos gastos pero de los buenos, apuntando a grandes estrellas, y sin el apuro que otorgan los títulos importantes conseguidos en este tiempo, que hacen que todo difiera mucho de aquellos inicios del siglo XXI cuando todo era a la desesperada, a la búsqueda de los llamados “Galácticos”.

Por otra parte, Neymar seguirá siendo joven en ese momento, aunque con el suficiente grado de madurez como para soportar los seguros embates de un Camp Nou que no lo trató bien en el final, cuando ya se consideraba traicionado por su intempestiva salida, que terminó por quebrar definitivamente el famoso tridente sudamericano de la MSN.

Un fichaje como el de Neymar sería la venganza en el tiempo de Florentino Pérez a sus colegas del Barcelona que le birlaron a un muy joven Neymar que ya brillaba en el Santos, para repetir aquellos tiempos de los Ronaldo Nazario o Luis Figo, que primero se pusieron la camiseta del Barcelona y eran grandes ídolos, para colocarse luego la de los blancos y trascender también allí para quedar en la historia identificados con esta camiseta.

Esto ya le había pasado en los años cincuenta nada menos que al fallecido Alfredo Di Stéfano aunque aquello fue más violento. Ya el Real Madrid y el Barcelona habían pugnado por el argentino que brillaba en el Millonarios de Colombia y aunque comenzó vistiendo de azulgrana por algunas horas, junto a Ladislao Kubala en lo que prometía ser un equipo sin igual, acabó tomándose un tren a Madrid para no regresar más a territorio culé.

¿Se repetirá la historia con Neymar? Seguramente lo negarán las partes, pero un ejercicio de memoria nos hace recordar que cuando le preguntaban en el verano de 2003 al entonces presidente del Real Madrid si estaba por contratar al inglés David Beckham, respondía “never, never, never”.

Ese presidente era el mismo que ahora, Florentino Pérez, y Beckham acabó jugando en el Real Madrid. No parece casualidad que en un programa radial, Sergio Ramos le haya dado una primera bienvenida.


El tiempo se encargará de demostrar si este rumor es sólo eso o lo que en realidad va pareciendo: una historia que puede repetirse y que ya conocemos bien.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Lazio, Ana Frank y la eterna vuelta del antisemitismo (Enlace Judío, México)




Ocurrió el 22 de octubre pasado, y es recurrente, aunque esta vez el impacto fue mayor que en otras oportunidades. Por uno de los tantos partidos de la Serie A italiana de fútbol, el Lazio debía jugar ante el Cágliari en el estadio Olímpico de Roma, donde alterna la localía con el otro club de la ciudad, el Roma.

De hecho, Lazio tenía clausurada una tribuna, la que usa para sus hinchas, por anteriores episodios de violencia de sus ultras, los llamados “Irreducibili” (Irreductibles), que se habían comprometido a no volver a entonar cánticos racistas como los de una semana atrás con motivo de cumplir treinta años de su irrupción en los estadios italianos un 18 de octubre de 1987 ante el Pádova, pero no pudieron cumplir.

Los “Irreductibles”, entonces, decidieron ocupar la otra tribuna, la que utilizan sus adversarios cuando son locales, y se mostraron con stickers con la foto trucada de Ana Frank con la camiseta del Roma y la frase “Hinchas del Roma, judíos”.

El uso de la figura de una adolescente como Ana Frank, -una de las víctimas más reconocidas del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, cuyo Diario recoge sus vivencias y angustias entre junio de 1942 y agosto de 1944, mientas se escondía con su familia en su casa de Amsterdam hasta ser descubierta y deportada al campo de concentración de Bergen-Belsen, donde murió de tifus en 1945-, pudo haber marcado un antes y un después en el fútbol italiano, y especialmente con el Lazio, club cuyos ultras estuvieron siempre ligados al antisemitismo y que albergó jugadores identificados con el fascismo como Giorgio Chinaglia y  Paolo Di Canio, y hasta el argentino Mauro Zárate llegó a realizar este gesto, ya en este siglo, para congraciarse con los violentos de la tribuna.

El impacto de lo ocurrido con los ultras laziales durante el partido ante el Cágliari fue total y conmovió a la sociedad italiana al punto de llegar a las más altas esferas, y el propio presidente, Sergio Mattarella, llegó a definirlo como “inhumano y alarmante”.

Los “Irreductibles” se habían comprometido ante el Niza del delantero negro Mario Balotelli por la Europa League a no entonar ningún cántico racista para evitar sanciones pero sorprendió que ocuparan la llamada “Curva Sud” de sus rivales romanos ante el Cágliari al tener clausurada la “Curva Norte” y pese a que algunos sostienen que el presidente del club, Claudio Lotito, había estado enfrentado en el pasado a los violentos, suena muy poco claro que les haya permitido entrar y pagando apenas un euro, un valor simbólico, por la entrada en cuyo billete aparecía la hipócrita frase, escrita en inglés, “we fight racism”.

Pese a que horas más tarde, conocidos y condenados los hechos, la Policía detuvo a unas dieciséis personas, tres de ellas menores de trece años (una muestra de cómo estos ultras trabajan con jóvenes a los que les llenan sus cabezas son odio), Lotito, el presidente del Lazio, minimizó la situación ante Radio Capital, al señalar que no esperaba “ninguna sanción” para su club. “No hicimos nada y al contrario, tomamos medidas para luchar contra el racismo y en todo caso son quince personas que no sabían lo que hacían”.

Algunos se encargaron de recordar que en 2002, cuando los “Irreductibles” cumplieron quince años desde su aparición, el club retiró definitivamente la camiseta con el número 12 en su homenaje y que diez años antes, en 1992, el jugador holandés Aaron Winter había vivido un calvario al ser contratado por el Lazio. “Negro y judío”, habían pintado los ultras, quienes también escribían en las paredes “Auschwitz su país, los hornos, su lugar”.

El escándalo había estallado en Italia. Antonio Tajani, titular del Parlamento Europeo en Estrasburgo, llegó a afirmar que usar la imagen de Ana Frank para insultar a otros “es algo muy grave”. El primer ministro Paolo Gentiloni, que se trata de “un hecho horrible, inaceptable, y no hay que minimizarlo” y el ex primer ministro Matteo Renzi twitteó que si él fuera presidente del Lazio “haría que en el próximo partido, mis jugadores salieran a la cancha con una estrella de David tapando la publicidad en las camisetas como desagravio”.

El periodista Mario Calabresi, en el diario “La Repúbblica” llegó a preguntarse en un editorial “Cómo fue posible que Ana Frank haya sido considerada como un modo de ofender” y sugirió que “volvamos a colocarla en su plano, restituyámosle los valores, transformémosla en un orgullo, no la dejemos sola en manos de la ignorancia y entonces todos somos Ana Frank, entonces debe estar en todas las camisetas, debe ser parte de nuestra vida. Cada club debería hacerle una bandera para responder sin hesitar lo que crearon los extremistas de la curva, sobre todo los que no son solo parte de una curva sino de la sociedad que se está convirtiendo en receptáculo de racismo, antisemitismo y xenofobia”.

Sin embargo, la vergüenza continuó en los días siguientes. Lotito decidió visitar una sinagoga romana acompañado de los jugadores negros del plantel, Felipe Anderson y Wallace, pero el rabino Riccardo De Segno le respondió que “no se lava todo con flores y de cara a la prensa. El deporte saca las peores pulsiones racistas”.

Lotito había llevado una corona de flores con una inscripción, “Tienes hermanos judíos” que acabó en unas horas flotando en el río Tíber luego de haber desaparecido de la entrada de la sinagoga, lo que según el diario “Corriere della Sera” pudo tratarse de “jóvenes judíos ofendidos”, pero todo estalló en mil pedazos horas más tare cuando el diario romano “Il Messaggero” aportó una grabación que se filtró del momento en que Lotito volaba de Milán a Roma  junto al diputado demócrata Darío Ginefra y afirmaba:  “¿estará el vice rabino¿ ¿Sólo estará el rabino? No valen nada. ¿Ves dónde estamos? Y el rabino y el vice rabino, en Nueva York. Vamos, haremos el sketch. ¿Te das cuenta?”.

En el fin de semana siguiente a lo ocurrido en el Lazio-Cágliari en el estadio Olímpico de Roma, la Federación Italiana de Gioco Calcio (FIGC) decidió que en todos los partidos de la Serie A se leyera un texto correspondiente al Diario de Ana Frank y otra de la gran obra de Primo Levi “Si esto es un hombre”  (sobre lo ocurrido en el campo de concentración de Auschwitz) y hasta hubo un bonito gesto del delantero argentino y capitán del Inter de Milán, Mauro Icardi, que festejó un gol leyendo el Diario de Ana Frank,

Paradojas de la vida, el día del agravio en el Olímpico, Lazio había ganado 3-0 al Cágliari y los hinchas gritaron el tercer gol convertido por un negro, el congoleño Bartolomeu Jacinto Quissanga, “Bastos” y ante el Bologna, en el partido de la semana siguiente, en el estadio Renato Dallara, los ultras tuvieron que sentarse en la tribuna denominada Arpad Weisz, en homenaje a un ex jugador húngaro, judío, que participó del equipo boloñés entre 1935 y 1938 y que fue asesinado en Auschwitz.

“Muchos se olvidaron de que se trata de algo que ocurrió a millones de personas: hombres, mujeres, niños. Ancianos, que padecieron como Ana Frank, Todo lo que se pueda hacer con los jóvenes para que esto no vuelva a ocurrir, estará bien”, sostuvo el lúcido escritor israelí David Groissman, enterado de lo ocurrido con los “Irreductibles”.





domingo, 5 de noviembre de 2017

Boca pudo sacar partido del mal momento de River, con Pitana de protagonista




Este Superclásico no era lo mismo para River Plate que para Boca Juniors. Los de Guillermo Barros Schelotto se jugaban mucho menos que los de Marcelo Gallardo, que necesitaban como el agua de un triunfo para lavar las penas tras la durísima eliminación de la Copa Libertadores de entresemana ante Lanús.

Era claramente un partido en el que un Boca puntero, invicto, con puntaje ideal y una gran capacidad de gol, debía salir a esperar el momento justo para noquear, aunque también parecía evidente que River saldría desde el inicio a imponer condiciones y redimirse ante su público.

Sin embargo, el partido resultó parejo. Tras un inicio incierto, con la pelota revoleada de un lado al otro y muchas faltas y juego fuerte, River siempre fue más prolijo con la pelota, la tuvo mucho más, acaso también porque su esquema así se lo permite, desde que Gallardo optó por jugar con cuatro volantes y hasta un quinto (Gonzalo “Pity” Martínez) con más desenvoltura para acercarse al único delantero, Ignacio Scocco, hasta las cercanías del arco rival.

Boca siguió siendo el mismo de siempre en este tiempo, aunque ante un rival superior a los demás de este torneo y en un estadio con un clima muy adverso. Es decir, un equipo que no tiene una clara idea de juego, y que, en cambio, sabe que arriba sus delanteros pueden definir en cualquier momento y que en el medio hay que meter y le sobra Cardona para acercarse a los atacantes, al igual que alguna que otra proyección de sus marcadores de punta, especialmente el colombiano Frank Fabra por la izquierda.

Sin embargo, Boca cedió el protagonismo y prefirió agruparse desde el medio hacia atrás, aguantar y esperar el momento justo para pegar. Y éste llegó desde un tiro libre recto al arco para Cardona, que no había sido demasiado partícipe del juego pero su gran precisión en los remates derivó en dos buenos desvíos de Germán Lux al córner. 

La tercera fue la vencida y así Boca consiguió una ventaja que en ese momento no merecía. En ese minuto fatal para River se fue expulsado Ignacio Fernández y parecía cada vez más claro que el partido se iba volcando para Boca, en ventaja y con un jugador de más.

Pese a esto, el gol desequilibró a River. Salvo el chico Montiel, tres de sus defensores, Lux y Enzo Pérez arrastraban la tarjeta amarilla y hasta el final del primer tiempo, Pablo Pérez y el uruguayo Nández se fueron soltando un poco, siempre bien parado Barrios por detrás.

Pero Boca, este Boca puntero y con puntaje ideal, es un equipo extraño, porque su andar no siempre parece el de la posición que ocupa y así es que con un jugador menos, River salió a buscar el empate y fue arrinconando a su rival y en pocos minutos todo pareció equilibrarse cuando llegó el golazo del empate de Leonardo Ponzio (que paga críticas más orientadas a su DNI que a su juego) y porque el árbitro Néstor Pitana expulsó increíblemente a Cardona por una falta que no había cometido, aplicando la ya tradicional ley argentina futbolística de la compensación.

Sin embargo, la fiesta no le duró mucho a River porque casi inmediatamente Pablo Pérez puso un gran pase cruzado de izquierda a derecha a Nández y éste alcanzó a marcar el segundo gol visitante.

A partir de allí, Gallardo hizo cambios desesperados para empatar el partido, quitando a un central (Maidana)  y a un volante mixto (Pérez) para colocar dos delanteros (Auzqui y Borré) y ya había ingresado De la Cruz. Un equipo demasiado desequilibrado que se volcó al arco rival pero que rompió el medio y fue cuando Boca pudo haber matado de contragolpe, y de hecho tuvo dos mano a mano con tres jugadores contra un solo adversario y medio campo libre, pero no tuvo la inteligencia (Boca no es precisamente un equipo inteligente, y se nota en que sus defensores revolean cada pelota, su arquero Rossi se equivocó dos veces en los saques cortos o saca demasiado largo, Pavón siempre elige mal el destino final) para sacar una ventaja tranquilizadora para los minutos finales.


En un clásico con muchas polémicas (River reclama por un gol de Scocco en el que quedan dudas sobre si la pelota había salido por la línea de fondo pero una vez que vino el centro el juego ya estaba parado, Boca padeció de la anulación de un contraataque en el que Nández se iba solo al gol por un offside que no existió), Boca pudo sacar provecho de este difícil momento de River, y disfruta de las mieles de ver caído a su adversario de toda la vida y de un gran inicio de temporada, camino a su segundo título argentino consecutivo, pero no debe engañarse: es mejor que los demás pero esto, en el fútbol argentino, es ser tuerto en ciudad de ciegos, no mucho más que eso.

El extraño momento del Real Madrid (Yahoo)




Si pudiéramos describir la realidad del Real Madrid desde los fríos números o la más estricta actualidad estadística, podríamos decir que el club blanco es el actual campeón mundial, el que defiende el título doble de la Champions League, que es muy probable que en la presente competición europea se clasifique a los octavos de final tras pasar la fase de grupos y que, aunque se encuentra en este momento lejos del líder Barcelona, en la Liga Española, quedan demasiadas jornadas y además, los dos enfrentamientos en el Clásico como para preocuparse.

Sin embargo, los hechos reales son otros. Este Real Madrid preocupa a su afición porque parece que en los últimos meses se haya ido deshilachando y ya no se parece a aquel equipo sólido que se paseaba por los campos del mundo con absoluta seguridad en su juego y con una enorme capacidad de gol que puede llegar en cualquier ataque.

De a poco, el mismo Zinedine Zidane que no sólo resultaba indiscutido para el Santiago Bernabeu y que la prensa española veía con simpatía por su simpleza de conceptos, por su manejo del vestuario con mano izquierda, el que acertaba con los cambios y no atosigaba a sus jugadores con aburridas peroratas, ahora pasa a ser un entrenador sin capacidad de reacción, conformista, falto de ideas tácticas y que no logra sacar el mejor rédito cuando algunas de sus estrellas no se encuentran en un buen momento de forma.

De poco les valió a Zidane y a Cristiano Ronaldo haber sido dos de las principales estrellas de la reciente fiesta de la FIFA para los premios “The Best” en la gala de Londres. Si el francés fue considerado como mejor entrenador de 2017, ahora muchos esperan una pronta reacción del equipo antes de que el tren se aleje con el correr de la temporada luego de algunas caídas inesperadas en la Liga en el Bernabeu y cuando en Champions pocos podían apostar a que el Tottenham Hotspur de Mauricio Pochettino le daría tamaño baño en Londres en el partido revancha de la fase de grupos luego de que además los ingleses hayan estado muy cerca de ganar el de la ida en Madrid si no fuera porque el portero Keylor Navas tuvo una actuación fuera de serie y tapó casi milagrosamente una clarísima ocasión de gol a un Harry Kane en un gran momento frente a la portería rival.

Lo cierto es que este Real Madrid no se parece demasiado al de la pasada temporada. Un hecho importante es la casi permanente ausencia del galés Gareth Bale en el equipo titular, un lugar que lentamente fue cooptado por Isco Alarcón, jugador en ascenso pero que ocupa un espacio distinto en el campo de juego.

En todo caso, Isco es un volante creativo que puede sumarse al ataque desde atrás y puede llegar al gol, pero no es un delantero de punta capaz de desbordar por los extremos, como Bale, y eso obliga a otro sistema, que si sumamos a que Cristiano Ronaldo pasó a ser decididamente un nueve más de área y menos de costado, ya todo es completamente diferente a lo visto en tiempos recientes.

Si ya no hubo posibilidades o muy escasas de poder volver a ver a aquella fórmula promocionada de la BBC, ¿qué decir de los dos que han quedado? Lo de Cristiano Ronaldo en Liga es absolutamente llamativo. Que el portugués se encuentre a más de diez goles de Lionel Messi, su rival global de la década y Pichichi de la Liga, lo dice todo, pero más aún, cuando en la Champions, el portugués sigue cumpliendo sin problemas con su cuota goleadora que lo erigió en el máximo anotador histórico del gran torneo europeo de clubes.

Cristiano Ronaldo apenas si ha marcado un gol en Liga y no grita un gol suyo en el Bernabeu desde la temporada pasada en este torneo, y ese fastidio ya empieza a ser resonante (nos referimos al suyo mismo, a sus expresiones faciales ante cada oportunidad perdida, por más que la afición madridista trate de calmarlo con su aliento permanente.

Distinto es el caso de Karim Benzema, quien atraviesa ya una muy mala racha por la que han comenzado a aparecer silbidos en el Bernabeu, algo que reconoce hasta su compatriota Zidane, quien acepta que en este parón por  la fecha FIFA, deberá trabajar mucho en el apoyo psicológico hacia un delantero que le ha dado mucho al Real Madrid pero que nunca alcanzó un reconocimiento unánime de blanco.

Pero el Real Madrid ha tenido en este tiempo otras dificultades, como las prolongadas ausencias de Navas en la portería, Daniel Carvajal en el lateral derecho o Raphael Varane en el centro de la defensa, acompañando a Sergio Ramos.

Esto no significa que los blancos no puedan dar un giro a la situación, Cuentan con una plantilla completa, con jugadores estupendos, y en un mes, tendrán la ocasión de revalidar el título mundial en Emiratos Arabes, justo antes del parón de fin de año, con tiempo para revertir una actualidad que no le muestra su mejor cara.

También se acerca el clásico con el Barcelona por la Liga y en un mes, seguramente estará clasificado a octavos de final de la Champions (aunque quizá no irá al bombo de los ganadores de grupo en el sorteo) y cuando llegue enero será el inicio de la definición de la próxima temporada, cuando los jugadores abandonen la disciplina para pensar ya en el próximo Mundial de Rusia.


sábado, 4 de noviembre de 2017

La imagen más buscada del gol del Chango Cárdenas y otras vivencias




Era otra Argentina, aquella de los años sesenta. Tanto es así, que en el histórico gol del Chango Cárdenas relatado por Bernardino Veiga para la radio, lo primero que dice tras la “o” extendida, es la palabra “Argentina”, porque desde todas las hinchadas, más allá de la tradicional rivalidad, el gol que le dio a Racing Club el primer título intercontinental al fútbol albiceleste, se gritó en todo el país. 

Todos lo sintieron como propio. No había insultos, ni memes, ni alegrarse de la desgracia ajena. En aquel momento, Racing representaba a la Argentina en el fútbol, y con un equipo compacto, recio, terminó llevándose el título ante el durísimo Celtic de Glasgow en la definición de Montevideo, en un tercer partido, obligado por el triunfo escocés en la ida en Glasgow (1-0) y el de los de Avellaneda en la vuelta (2-1).

Fue hace exactamente 50 años, medio siglo, y por lo que ocurrió posteriormente con Racing, que sólo pudo agregar a este logro un título internacional más (la Supercopa de 1988) y dos locales (2001 y 2014), cobra todavía más fuerza.

El partido se emitió por Canal 13, pero las imágenes que llegaban a la Argentina no eran para nada buenas. De hecho, recién comenzó a verse en el segundo tiempo -se dijo que los Tupamaros habían saboteado la transmisión-, pero aún así, había demasiada interferencia. El camarógrafo de uno de los canales de la competencia, el 11, (en tiempos en los que sólo había cuatro y los cuatro eran en blanco y negro), Héctor López, recuerda que fue enviado a Montevideo junto a otro compañero por el responsable de la programación, Luis Clur. 

“Me designó para tomar las imágenes para luego entregar a Gran Bretaña y a mi compañero, para el canal. Cuando terminaba el partido, yo tenía que enviar el material a Londres por la vía aérea luego de editar los tres rollitos de tres minutos que nos daban para que nos arregláramos para todas las imágenes en película muda”, nos cuenta, para que podamos ir ambientándonos en un mundo tan diferente, artesanal en comparación con el presente.

“Lo que yo tenía que tomar eran los goles, jugadas de ataque y luego cortábamos en el laboratorio y compaginábamos, y nunca pensé que Cárdenas iba a patear al arco desde ahí (casi 30 metros) en el gol, pero por suerte, pude seguir la trayectoria de la pelota con mi cámara. Miré a mi costado y si bien había 4 ó 5 cámaras. El único que pudo tomar esas imágenes, fui yo”, cuenta con una mezcla de incredulidad y orgullo.

López remata la anécdota relatando que enterado de que había sido el único que tomó el gol “se lo comenté tras el partido a Luis Clur y me dijo que cambie y que primero le de el material al canal y recién luego se le mandó a Inglaterra. Todo esto fue de noche y recién al día siguiente regresé de Montevideo a Buenos Aires”.

Lo increíble de todo esto es que López, quien juega muy bien al tenis y tras dejar de ser camarógrafo se dedicó a participar de torneos de veteranos con mucho éxito, nunca más vio ese gol. “Con el tiempo me di cuenta de que esas imágenes tomaron relevancia”, nos cuenta, con cierta ingenuidad.

Pero lo mejor viene inmediatamente: “En una oportunidad, viajaba en un barco para cubrir como camarógrafo una exposición de vinos para lo cual tocábamos once puertos diferentes y en uno de ellos, en Veracruz, México, asistimos a una recepción con personalidades del lugar y ahí entre ellas estaba el Chango Cárdenas, que jugaba en el equipo de la ciudad y estaba sentado justo frente a mí.  En un momento salíó el tema de su gol famoso y él alcanzó a decir ‘andá a saber dónde estará el cameraman que tomó ese gol’. Cuando le dije “está enfrente suyo”. No lo podía creer. Nos dimos un abrazo. Él estaba muy emocionado. Tanto fue así que yo tenía que cubrir el viaje de Veracruz a México DF y de allí en coche hasta Tampico y me llegó a decir “llevate mi auto, hacé lo que necesites y después dejalo en una dirección que te voy a dar en una tarjeta, y así fue. Guardo siempre conmigo esa cámara porque la quería mucho”.

López recuerda mucho lo que padeció en esa cobertura periodística de la final intercontinental. “Se insultaban entre argentinos y uruguayos todo el tiempo. En la cancha se mataron a patadas (hubo cinco expulsados). Cuando terminó el partido, fui al estacionamiento, estaba lleno de autos, y los uruguayos seguían tirando piedras y rompiendo coches con gente adentro. A mí me llegaron a agarrar entre seis o siete y me preguntaron para qué medio estaba y como conocía los números de los canales uruguayos atiné a decir `para Canal 4, bo`, como dicen ellos, y eso me salvó. Tengo todo el despelote filmado”.

López también recuerda que el partido entre Racing y Celtic en Montevideo “lo cubrimos todos los cameraman en un techito de las cabinas de radio en el estadio Centenario. Era muy peligroso y nosotros estábamos todos, los que trabajábamos para los canales argentinos, sentados allí”.

López deja planteada una inquietud histórica, un detalle no menor. ¿Hubo sabotaje televisivo durante la transmisión para Argentina del Racing-Celtic? Lo cierto es que a los 58 años, un hincha de la Academia, José Roberto Panetta, recuerda haber visto esa final intercontinental con su padre. “Raramente yo justo tenía un cumpleaños al lado de mi casa y recuerdo muy bien que la imagen venía entrecortada, que el satélite iba y venía. Recuerdo también la transmisión de Aiello por Canal 13. En ese tiempo era muy frecuente que la transmisión llegara mal porque tengo el recuerdo de mi papá, italiano, quejándose mucho en las dos finales intercontinentales entre Independiente e Inter en 1964 y 1965.  Pero también estaba muy orgulloso de que en la cuadra de mi casa, en la calle Martínez Castro al 1100, en Flores Sur, la gente salió a festejar con una extensa bandera de Racing de unos 50 metros, casera, de papel, y todo el mundo gritó el gol del Chango Cárdenas”.

Alberto Joaquín Jones, prestigioso abogado, tenía por entonces 22 años, y viajó con dos amigos a Montevideo (“los dos se llamaban Jorge”, casualmente”). “Nos ubicamos con la hinchada de Racing pero no era como ahora. Eran bravos pero no eran barras bravas. Vimos el partido parados en la popular (hubo 25 mil hinchas académicos). Nosotros llegamos en el Vapor de la Carrera, en el que era muy común viajar al Uruguay en ese tiempo, y nos alojamos en un hotel cerca de la Plaza Cagancha", rememora.

"Recuerdo que fue una batalla como las de las tres finales de la Copa Libertadores ante Nacional. También había estado en Montevideo y había algunos que te pegaban hasta en los dientes, como Julio Montero Castillo, pero los de Racing no se quedaban atrás, eran guapos y te atendían, como Alfio “Coco” Basile y Roberto Perfumo. También recuerdo que se armaron algunas trifulcas porque al terminar el partido, los argentinos comenzamos a cargar a los uruguayos, que estaban con el Celtic”, finaliza Jones.

Distintas historias que aún sorprenden medio siglo más tarde, como la del cameraman López, que se enteró por nosotros, recién ahora, de que su imagen del gol de Cárdenas fue por tantos años publicidad de una marca de afeitadoras, al punto tal que de tantas repeticiones, muchos bromeaban con que un día, el remate iba a terminar con la pelota pegando en el poste. Pero fue gol, y con gloriosas consecuencias.

Quedan muchas historias por el camino, que el lector seguramente ya conoce, como que Racing tenía como mascota a un niño de apenas cuatro años llamado Gustavo Costas, que más adelante sería símbolo del equipo como jugador y director técnico, o que uno de los primeros consejos que recibió Cárdenas cuando llegó a Racing, y nada menos que de parte de dos cracks de los años treinta como Enrique García y Carlos Peucelle, fue que aprendiera "a pegarle también de zurda" y no sólo con la derecha. Así es como llegó el gol más importante de la historia de Racing...



miércoles, 1 de noviembre de 2017

Un heroico Lanús ante un incomprensible River



Si hizo falta otro ejemplo para descubrir por qué el fútbol es el más hermoso de los deportes, incomparable con el resto, eso volvió a aparecer anoche en el estadio de Lanús. El equipo del sur consiguió una hazaña como pocas veces ocurre en estos tiempos, no sólo por dar vuelta en poco menos de cincuenta minutos una diferencia de tres goles en contra, sino que lo hizo ante el que probablemente sea, hoy, el mejor de la Argentina, como River Plate.

River tuvo todo a su favor. Una impensada ventaja de dos goles antes de la media hora, lo cual en la mayoría de los casos, hace pensar en una serie terminada pero aún más si se trata de un equipo copero, con jugadores de experiencia, acostumbrados a estas lides, y ante un rival que no sólo aparecía desorientado sino que había jugado muy retrasado en la ida en el Monumental y que en el balance de los dos partidos aparecía muy atrás.

Es más: luego de los goles de Ignacio Scocco, de penal, y del chico Montiel, River pudo haber aumentado el marcador hasta ponerse 0-3 (lo que obligaba a Lanús a meter cinco) si le hubieran concedido un claro penal de Iván Marcone que el árbitro colombiano Wilmar Roldán no cobró y que sólo podría ser considerada falta con la nueva reglamentación ya que el jugador no tiene intención de jugar con la mano, incluso la quita de la acción.

Sin embargo, la protesta de los jugadores de River no tuvo el impulso que habría tenido en otro momento, pero en ese, fue débil porque sintió (tal vez con lógica) que no lo necesitaba y que el resultado tan amplio no daba para la queja, que sí aparecería al finalizar el partido, lo cual seguramente sentará un precedente importantísimo en el uso del VAR.

Porque Lanús sí presionó de todas las formas al mismo árbitro para que consultara al nuevo sistema tecnológico para que cobrara el penal que a la postre sería decisivo para la clasificación granate.

Esto nos lleva a proponer que como en la mayoría e los demás deportes, cada equipo tenga la posibilidad, por partido, de pedir por una o dos jugadas polémicas (acaso una por tiempo) al árbitro, además de que el juez pueda hacerlo cuando lo consideren conveniente o cuando se lo sugieran desde la cabina.

De lo contrario, los árbitros sudamericanos serán presionados cada vez más por los jugadores del equipo que se considere perjudicado, en vista de que cuanto más alharaca, más chances de que el árbitro crea que se está cometiendo una injusticia.

Volviendo al fútbol, no parece justificada la queja posterior de todo River por el penal no cobrado. La diferencia era tan grande, tan amplia, que bastaba con tocar, quitarle la pelota a Lanús, jugar para adelante y hacer correr los minutos, para pasar a la final casi sin transpirar.

Pero, y aquí viene lo hermoso y lo impredecible del fútbol, bastó un descuido en el final del primer tiempo, y una ráfaga de Lanús a la salida del segundo tiempo, para que el 2-2 le diera a los locales el ímpetu que necesitaban para una remontada tremenda ante un River inexplicable, que se fue quedando sin respuestas, sin fútbol, sin marca, sin atención.

Más allá de la gran actuación de dos delanteros clásicos de Lanús como Lautaro Acosta y José Sand (con todo el aditamento de la enorme rivalidad que se fue construyendo entre éste y River), también hay que hacer algunas acotaciones sobre River: es notable la merma en el rendimiento millonario en el segundo tiempo respecto del primero, algo que el director técnico Marcelo Gallardo deberá sopesar para el futuro, y también va emergiendo una claridad sobre su plantel: hay jugadores de enorme riqueza técnica, acaso como ninguno en la Argentina, pero no hay un arquero solvente. Ni Augusto Batalla ni Germán Lux transmiten hoy la seguridad que se requiere de este nivel.

Lo cierto es que hubo también mucho de lo que desde hace medio siglo, Dante Panzeri llamó “dinámica de lo impensado” porque el fútbol, mal que les pese a los que siguen creyendo que todo se puede controlar y planificar, es muchísimo de eso, de circunstancias del propio partido, futbolísticas pero también anímicas (Jorge Valdano, en certera definición, suele decir que el fútbol “es un estado de ánimo”).

Es decir que hay explicaciones técnicas sobre el partido, pero no nos podemos quedar sólo con eso. Hubo hechos que condicionaron el devenir del espectáculo, como el pronto empate 2-2.

El final, tuvo el dramatismo de un partido de esta naturaleza y nos hizo recordar a otra definición al estilo, la de la Copa Argentina del año pasado entre uno de los protagonistas de anoche, River, y Rosario Central (4-3).

No es casualidad que River haya estado en ambas definiciones. Porque pelea por todos los campeonatos, debido a muchos grandes jugadores que tiene, y porque su juego, de toque, de buen fútbol y de muchas llegadas, genera un ida y vuelta de este tipo.

El tiempo dirá cómo repercutirá en River un golpe tan grande, incluso un poco más que aquella recordada final de la Copa Libertadores en 1966 ante Peñarol de Montevideo en Santiago de Chile (el que dio lugar al mote de “gallinas” días más tarde), porque en aquella ocasión, se trataba de un partido único y en éste, River llegaba con una ventaja de un gol del partido anterior.

A River le queda la posibilidad de intentar cambiar rápidamente el chip el domingo ante Boca y ante su público, por el campeonato, el que abandonó por ahora para dedicarse a la Copa Libertadores, ahora frustrada, que lo proyectaba, además, en el plano internacional.

Aún le queda una accesible Copa Argentina, en la que lo espera un club recién ascendido al Nacional B, Deportivo Morón, para luego poder disputar una nueva final, pero nada de eso podrá igualar la frustración de 2017 como la increíble oportunidad perdida anoche en Lanús.

River deberá replantearse seriamente algunas cosas: sus arqueros, sus vaivenes anímicos, y de nada vale ahora una amarga queja por un penal no cobrado aunque haya sido una injusticia. La ventaja era demasiado grande como para que todo pase por esta jugada.

Lo de Lanús fue inolvidable pero también deja una gran enseñanza. Si sufrió tanto, si necesitó marcar cuatro goles en cincuenta minutos, es por el planteo defensivo que hizo en la ida, y que como fue contra natura, como no es lo que suele hacer, terminó en un mal resultado que lo complicó para la vuelta y lo obligó luego a un esfuerzo mayúsculo.

Tal vez un gran entrenador como Jorge Almirón, en las mieles del éxito, pueda recapacitar acerca de que no hay que traicionarse, porque además, no parece ser un gran negocio meterse atrás y aguantar. Luego, se termina pagando caro, o en eliminaciones o en esfuerzos exagerados, aunque éstos sean exitosos. 


Cuando Lanús salió a defenderse, perdió. Cuando salió a atacar, ganó. Tal vez le sirva pensando en la final de la Copa Libertadores.