lunes, 4 de junio de 2018

La Selección transmite desolación y anarquía (Jornada)




                                              Desde Barcelona



Pasó la anteúltima fecha FIFA. Croacia jugó ante Brasil, Islandia, ante Noruega, y  Nigeria ante Inglaterra. Los tres rivales de la selección  argentina en el Grupo D del Mundial, que se inicia el 16 de junio (el torneo, el 14), usaron estos días del calendario para practicar, para hacer cambios, para evaluar movimientos tácticos mientras el equipo nacional no sólo no juega, sino que transcurre sus horas a puro descanso, con escasos movimientos, sumando días libres.

La sensación que transmite la selección argentina desde el pasado jueves a la tarde, cuando, consecuente con los últimos años llegó en un bus directamente al garaje del hotel Princesa Sofía de la coqueta avenida Diagonal sin saludar a nadie y sus jugadores rápidamente subieron a sus lujosas habitaciones, es la de una absoluta desolación.

Este periodista es uno de los que más partidos de la selección argentina cubrió en los últimos años, en Europa, Asia y los Estados Unidos, y jamás vio tan poco respaldo dirigencial hacia el representativo nacional. En tiempos anteriores, aún con miles de cuestionamientos éticos, era ingresar al hotel del equipo albiceleste y encontrar llenos todos los sillones del lobby, con caras muy conocidas, ya sea de la AFA o de la empresa organizadora del evento.

Hoy, no se ve a casi nadie, sumado a que los jugadores casi no sumaron  demasiadas horas para moverse y cuando se consulta al cuerpo técnico sobre el por qué no se usó la fecha FIFA, la respuesta es que el sábado que viene se jugará ante Israel….con suplentes, y un partido que nadie quiere jugar y que si se lleva a cabo es porque la suma que pagó la empresa organizadora excede largamente el cachet que se suele pagar por esta case de compromisos, a lo que hay que sumar la parte cabalística del encuentro, y finalmente, la aprobación para la visita al Muro de los Lamentos y varios lugares sagrados.

Los rumores, nunca totalmente confirmados pero tampoco desmentidos, indican que antes de subirse al chárter que los trasladó desde Ezeiza a Barcelona, los jugadores firmaron un contrato de exclusividad con uno de los más fuertes canales de TV cable argentinos para mostrar “intimidad” y otorgar algunas entrevistas exclusivas, algo de lo que prescinde el director técnico, Jorge Sampaoli, quien trata de mantenerse ajeno a este tipo de arreglos y quien tampoco parece estar muy de acuerdo con lo que ocurre con los derechos de TV durante el Mundial, pero prefiere no hacer olas y dedicarse a lo suyo, que ya bastante tiene con esto.

El particular régimen de movimientos durante la estadía en Barcelona genera que los jugadores puedan irse todo el día libre y ni regresar, si quisieran, al hotel. Pese a todo, Lionel Messi ha preferido quedarse, por ejemplo, y ocurren hechos extraños como que Fernando Gago, alojado en el mismo lugar porque vino a realizar una consulta sobre su pierna que acaba de salir de una larga lesión, de repente pasa a saludar y se queda para comer con la delegación, o lo mismo con Pablo Zabaleta, ex integrante del plantel que también se encuentra en esta ciudad, donde vivió varios años cuando jugaba en el Espanyol, antes de recalar en la Premier League inglesa.

Los jugadores argentinos, a poco más de diez días de su debut mundialista, y cuando muchos apenas si se conocen, no sólo casi no hablan con la prensa (un clásico, a esta altura) sino que tampoco compiten con rivales como para medirse y saber en qué situación se encuentran.

“¿Cómo querés que haya una cláusula que los obligue a hablar con la prensa, por contrato, si muchos de ellos se tienen que pagar el pasaje y la estadía o les deben dinero y vienen por las suyas?”, recuerda alguien del plantel, en otra muestra d una casi absoluta falta de institucionalidad alrededor del fútbol argentino.

Se hace lo que humanamente se puede como consecuencia de años de enorme desidia y de falta de respaldo institucional, y se nota hasta en el propio director técnico Jorge Sampaoli, a quien se lo conoce por su obsesividad y minuciosidad pero parece como si todo aquello que lo caracterizó en otros equipos que tuvo a su cargo, aquí chocó contra un iceberg, contra un poder que lo supera y que ya, según parece, cree que no hay tiempo para solucionar y entonces hay que encomendarse a la suerte y a que el genio provea en el momento adecuado, y punto.

La selección es, hoy, a poco más de diez días de su debut mundialista ante Islandia en Moscú, algo así como una suma de voluntades, como aquel alumno que de las veinte bolillas del examen apenas si estudió tres o cuatro porque su cabeza estaba en otra cosa pero confía en su capacidad de improvisación porque se reconoce capaz de superar los obstáculos.

El equipo llegó el jueves alrededor de las 17 y aunque según el comunicado de la AFA había previsto un  entrenamiento a las 19, se suspendió para un regenerativo en el propio hotel. El viernes, por fin, comenzaron las prácticas en la Ciudad Deportiva del Barcelona, aunque ya el sábado se movieron sólo por la mañana para tener libre todo el día, esto se repitió el domingo, para suspender la actividad el lunes, y hay que tener en cuenta que se adelantó al jueves el viaje a Israel para un partido que se jugará el sábado.

Así las cosas, el panorama es lo descripto, muy lejos de aquellos viejos tiempos en los que la selección argentina parecía la NBA del fútbol.

Hoy, hay que cruzar los dedos. Que el azar ayude, que venga el Brujo Manuel o que el genio no se resfríe.

Zidane tenía muchos motivos para irse del Real Madrid (Yahoo)




La renuncia de Zinedine Zidane como entrenador del Real Madrid fue una de las noticias de más alto impacto de los últimos tiempos, acaso porque el gran público no lo esperaba y porque todo indicaba que el equipo marchaba hacia aumentar las conquistas en uno de los ciclos más exitosos de su historia.

Sin embargo, no puede decirse que para el interior del club, para el día a día que manejan los más altos dirigentes, el propio Zidane y su cuerpo técnico, y los jugadores, esta noticia haya sido inesperada. A lo sumo, la decisión final pudo haberse acelerado ante alguna discusión entre las partes, pero era claro que el panorama para la próxima temporada no parecía nada fácil para los blancos, y el francés, con gran sentido de la oportunidad, lo explicitó en la dura conferencia de prensa de su salida del club.

Allí, en Valdebebas, ante la postura casi depresiva del presidente Florentino Pérez, más acostumbrado a despedir gente (ya sea en sus poderosas empresas como en el club) que a que alguien le comunique que se va, Zidane explicó, además, algo que el mandatario blanco jamás tolerará y es que para él lo más importante como entrenador, lo que le da sustento al cargo, lo que determina si tuvo éxito real o no, es la Liga, y no la Champions League, contrariamente a lo que todo el madridismo esgrimió en la temporada.

Es que Zidane, aunque francés, es como entrenador un producto italiano, de la Juventus, donde brilló y aprendió los fundamentos tácticos que aplicó en estos años, y sin dudas el torneo de la regularidad es la Liga, lo que indica si un equipo pudo tener un rendimiento sostenido y no la Champions, en la que el Real Madrid, como nunca, fue una máquina de aprovechar errores ajenos.

Pese a que lleva tan sólo dos años y medio como entrenador profesional y su primera experiencia fue nada menos que el Real Madrid, Zidane ya parece haber aprendido mucho. Su manejo con la prensa fue exquisito, y todos sus jugadores de la plantilla menos uno –Gareth Bale-lo despidieron con cariño en las redes sociales, lo cual es todo un indicador.

Pero en los últimos días de la temporada, Zidane tuvo que padecer algunas salidas complicadas, como la de su máxima estrella, Cristiano Ronaldo, quien apenas segundos pasados de la obtención de la Decimotercera Champions, en el propio césped del Estadio Olímpico de Kiev, prácticamente dio a entender que había sido ese su último partido con la camiseta del Real Madrid y que ya lo comunicaría “en los próximos días”, generando una auténtica conmoción en un vestuario que se aprestaba a un gran festejo.

La situación de Cristiano Ronaldo no es la misma que la de años atrás, cuando utilizaba los mensajes para sacar partido económico solamente. En este caso, la próxima temporada puede significar para el portugués entrar en conflicto definitivo con la Justicia española que le reclama el pago de impuestos evadidos y por sumas millonarias, y Zidane lo sabe y lo intuye.

En el caso de Gareth Bale, el galés tuvo un último mes de altísimo nivel y el manifestar que hablará con su agente para tratar de jugar más minutos es toda una declaración contra su actual momento en el Real Madrid, donde perdió protagonismo ante Isco o Marco Asensio, incluso pese a haber sido designado mejor jugador de la final de la Champions en Kiev ante el Liverpool.

Pero Zidane sabe bien que hay más factores, y con tres Champions en su haber, no está dispuesto a ceder: por ejemplo, el intento del presidente Pérez, desde hace un largo tiempo, por fichar un portero que compita contra el costarricense Keylor Navas, gran protagonista de la última competencia europea y con méritos suficientes para continuar en la titularidad, o por desprenderse de Karim Benzema para traer un centrodelantero de los kilates del polaco Robert Lewandowski del Bayern Munich, que no casualmente cambió de representante y pasó a la órbita del israelí Pinhas Zaavi, un viejo amigo de Pérez.

Zidane tampoco se escondió a la hora de dar a conocer su pensamiento sobre la situación de la plantilla para la próxima temporada, y no le tembló el pulso para decir que el equipo necesita, acaso, otro entrenador para conseguir una nueva motivación, en parte entendiendo que el ciclo había llegado a su fin y que la campaña de esta temporada quedó disimulada por la Champions pero la Liga y la Copa del Rey fueron lo suficientemente elocuentes.

Al margen de lo que hará o no Zidane, quien tiene ofertas de Qatar, del Olympique de Marsella y a quien se lo comienza a emparentar con la selección de su país tras el Mundial de Rusia, la otra pregunta es quién podría reemplazarlo en el banquillo del Real Madrid y cuándo, porque los blancos necesitan diagramar la próxima temporada y por lo tanto, requieren de una decisión antes de julio.

En este punto, si bien es evidente que Pérez ya eligió como sucesor al argentino Mauricio Pochettino, entrenador actual del Tottenham, éste acaba de renovar su contrato por otros cinco años, hasta 2023, y no sólo no tiene cláusula de salida, sino que el club acaba de renovar por muchos años a la mayor parte de la base del equipo, lo cual deja en claro que tiene un largo proyecto y que piensa implementarlo.

De esta forma, esto obligaría al Real Madrid a tener que erogar una suma fuertísima por el entrenador, algo que no estaba para nada previsto en los presupuestos.

Zidane ha dejado un terremoto en el Real Madrid, pero difícilmente entre los jugadores y dirigentes, puedan afirmar que se sorprendieron. Ahora será tiempo de que el club encuentre un entrenador con su perfil, desafío complicado si se tiene en cuenta que en lo que va del siglo, apenas Vicente Del Bosque y Carlo Ancelotti tuvieron comportamientos parecidos.

sábado, 2 de junio de 2018

Messi y el dilema del genio que convive con un semidiós (Revista Santos, Holanda)




Siempre se dice que en la mesa de los mejores cinco futbolistas de la historia, junto con Pelé y Johan Cruyff, se sientan tres argentinos. Sin embargo, sólo uno alcanza el status de semidiós, por no decir, para algunos fanáticos (que incluso constituyeron una Iglesia que lo venera y santifica), directamente Dios, y ese es Diego Armando Maradona.

A una parte de la sociedad no le importa que Maradona ya no juegue hace dos décadas, que muchas veces ni se le entiende lo que dice, que pueda aparecer públicamente en una entrevista comiendo pastas y hablando con la boca llena, o que su vida familiar y afectiva ocupe todos los días lugares en los talk shows televisivos, o que busque siempre la forma de conectar cualquier tema que surja en la sociedad para posicionarse de uno de los dos lados de la grieta política que hoy existe en el país.

Porque Maradona llegó al Olimpo de los argentinos (hasta el más acérrimo enemigo se animaría a pedirle un autógrafo si lo tuviera cerca, o intentaría sacarse una foto con él) luego de haber logrado lo más preciado en el fútbol, que en este país no es un deporte sino un fenómeno absolutamente cotidiano, presente en cada acto: ha ganado un Mundial, y de visitante (en México) siendo líder y estrella absoluta, y le convirtió a los ingleses los dos goles soñados por cualquier chico con una pelota en los pies, en aquellos cuartos de final de 1986 en el Estadio Azteca: el de “La Mano de Dios” (que aquí es como robarle al ladrón), y el de la gambeta increíble, acaso el mejor de toda la historia de los Mundiales.

Lo que le sucedió a Maradona y a la Argentina futbolera es que jamás alguien, ni el mayor conocedor de juveniles del país, hubiera imaginado que apenas diez años después de su retiro nacería un crack con otro genio impresionante, pero con características totalmente distintas, y en un contexto completamente diferente.

Es que Lionel Messi, a diferencia de Maradona, no tuvo que pasar hambre. No le hizo ruido el estómago, ni vio que a su madre le pasara eso porque su familia, para bien o para mal, era de clase media baja de Rosario, y no le tocó vivir en una “Villa Miseria” de la zona sur del Gran Buenos Aires.

Entonces, el carácter de Messi se forjó de otra manera, con otras pautas, más casero, más de escuela de barrio, con la mente sólo puesta en el fútbol.

Messi no tuvo que repensar cuestiones ligadas a lo social. No arrastraba “broncas” interiores y su lucha fue mucho más contra una enfermedad, contra un obstáculo de salud como es el hecho de no poder crecer en estatura, y no contra un sistema que no dejaba crecer a su familia. Y aún así, su médico de adolescente le decía que no se preocupara, que algún día mediría “más que Maradona”.

A Messi se lo podría colocar junto al tercer argentino de la lista de los cinco grandes cracks de la historia, Alfredo Di Stéfano. Porque los dos emigraron jóvenes y  se querenciaron con su ciudad, uno en Barcelona, el otro en Madrid, y porque los dos, a su manera, están ligados a la introversión. Con amor a su país, pero se acostumbraron a verlo desde afuera. Hablan “para adentro” y prefieren su casa, lejos de la prensa. Lo suyo, definitivamente, siempre fue la intimidad y sus grandes éxitos, las ligas y las Copas de Europa con sus equipos, sin por eso no haber sido estrellas en sus equipos nacionales (Messi es el máximo goleador de la historia del equipo argentino, Di Stéfano fue brillante campeón sudamericano en 1947).

Maradona, en cambio, es lenguaraz, habla “para afuera”, necesita esa salsa de polémicas permanentes y los medios a su lado. En cierta oportunidad estaba tratándose en Suiza y salió a caminar por la zona con un periodista, quien le dijo “Diego, esto es tu sueño,  andar metros sin que nadie se te acerque” y Maradona le respondió: “una cuadra más así y me muero”). Jugó muchos años en el fútbol argentino y además de Argentinos Juniors, en el club más popular del país (Boca Juniors) antes de irse también al Barcelona, pero donde realmente triunfó fue en el Nápoli, un club hecho a su medida por la gruesa línea roja (otra grieta) que separa a la Italia pobre del sur de la rica del norte.

Messi, entonces, pese a su genialidad indiscutible, se enfrentó a tres grandes problemas en cuanto a su aceptación por los argentinos. El primero es de carácter general, porque en el país se observa con recelo a todo el que se fue, el que eligió otro camino lejano de la convivencia con su propia sociedad, y eso genera un rechazo. No por casualidad muchos de los notables murieron en el exterior: desde el prócer José de San Martín, pasando por los escritores Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, el Che Guevara y hasta el mítico cantante de tangos Carlos Gardel. Entonces, el haberse ido a vivir lejos pero además sin haber hecho la escala “esperable” en un club local, lo coloca en situación de “formado en el extranjero” y finalmente la sociedad futbolera deduce que “es de allá, no es de acá” o a lo sumo, como cantaba el folklorista Facundo Cabral,  le cabe la etiqueta de “No soy de aquí, ni soy de allá”, algo indefinido.

El segundo problema va asociado al primero, porque al no haber pasado más que un mínimo tiempo por los juveniles de Newell’s Old Boys termina siendo que Messi no tenga, cuando regresa a la selección argentina, una hinchada propia que lo respalde, como sí a la gran mayoría, por el recuerdo que dejó en su paso antes de cruzar el Océano Atlántico para ser fichado por un club europeo, y con eso, pierde un importante sustento en la gente y también en una prensa que no lo conoció en el día a día de su club, y que lo trata menos, además, por el escaso roce dado que no le gusta hablar.

Y el tercero es el más dificultoso: cómo resistir la comparación con el héroe popular, con el semidiós, sumado a que los dos están ligados al número diez, aunque cada uno a su tiempo.  ¿Qué tendría que hacer Messi para llegar al pedestal o para destronar de él a su antecesor? Acaso pudo haber sido ganar la final del Maracaná en 2014 ante Alemania, por la enorme rivalidad que hay con Brasil. Esa pudo haber sido, hasta ahora, la única oportunidad real.

En lo demás, poco sirve, para el público argentino que lo miró siempre de reojo, si Messi ganó el Mundial sub-20 eliminando a España casi en soledad en los cuartos de final, a Brasil en semis y a Nigeria en la final (con dos penales suyos), o si fue el principal factótum de la obtención de la medalla dorada olímpica en Pekín 2008, aunque en el equipo estuvieran nada menos que Juan Román Riquelme, Sergio Agüero o Javier Mascherano.

Nada nunca es como ganar un Mundial fuera de casa y mucho menos, como hacerle un gol de trampa a los ingleses y otro, que muestre quiénes somos los argentinos en fútbol. Messi sabe que tiene que lidiar con esto y con un Maradona protegido por los medios porque, al fin de cuentas, es el verdadero representante de una sociedad que polemiza, discute, protesta y discute todo el tiempo.

Entonces, para la gran parte del periodismo deportivo argentino, Messi fue por muchos años alguien que estuvo lejos, que triunfó allá, en el Barcelona, pero lo que importa es cuando se pone la camiseta argentina. “¡Ahí te quiero ver!” es una frase muy típica, algo así como “quiero ver cómo actúas y te mueves en la situación más pesada y no en la fácil, con una camiseta de un club grande y poderoso que juega en una liga para dos o para tres”.

Para esos periodistas y medios, y lo explicitan, Messi, en el mejor de los casos, “Va camino de ser Maradona” o se preguntan, con todo lo que Messi brilló, ganó, ilusionó, transmitió, generó, creó, forjó, si “alguna vez” será como Maradona…no hay manera de llegar a ser como él, ni con el triple de sus goles, ni con una continuidad de 16 temporadas en la Primera del Barcelona, ni con cuatro Champions League, ni con cinco Balones de Oro.

Pero todavía quedaba algo más complicado, y fue tenerlo a Maradona como entrenador. Ocurrió entre 2008 y 2010, y Messi, aunque en silencio, tragándose todo, como siempre cuando algo no le gusta, al menos hacia afuera, siguió haciendo lo que sabe, con la cabeza gacha, aceptando, para no polemizar con el “héroe nacional”·, que le traten de explicar públicamente en un entrenamiento durante el Mundial de Sudáfrica, cómo hay que patear en los tiros libres, delante del periodismo. O que el director técnico manifieste a la prensa poco antes de la cita mundialista que la selección argentina es “Mascherano y diez más”, aunque por debajo de la mesa, Maradona lo haya ido a ver a Barcelona para sentarse con él en el restaurante de un conocido hotel para que Messi le dibujara en un papel el esquema con el que se sentía más cómodo.

En ese Mundial, Messi no convirtió ni un solo gol. Un jugador que dos años más tarde marcó 92 en una temporada, no pudo convertir ni una sola vez frente al arco adversario. Muchos pensaron en la posible responsabilidad del entrenador, pero siempre fue más fácil atribuirle la derrota al que está lejos, al que todos depositaban su mayor esperanza aunque sin ningún apego.

Más tarde, ya sin tener relación profesional, Maradona se encargó de mil maneras de criticar a Messi, aunque siempre con un “pero” posterior en una frase que deja expuesta la ambigüedad.  Como cuando dejó que se escuchara un comentario “al paso” a Pelé en una ocasión de un acto que los reunió, con un extraño micrófono abierto, cuando dijo que era un chico sin carácter “pero un crack “ y que “hay que dejarlo tranquilo”, o que Cristiano Ronaldo “este año fue el mejor” “pero a Messi yo lo quiero mucho y él lo sabe”…

Paradójicamente, Messi comenzó a construir una relación más estrecha con la sociedad argentina desde la derrota y no desde el éxito y en eso, pasa a ser un caso muy particular, digno de estudio. Porque no fue desde un título, que por cierto se le niega a la selección nacional desde la Copa América de Ecuador 1993, que fue generando empatía, sino desde que harto de los malos resultados que además siempre llegaron por muy poca diferencia con los últimos rivales.

Messi fue más querido desde la segunda final consecutiva de Copa América, en 2016 ante Chile en Estados Unidos luego de empatar 0-0, para caer en los penales, igual que un año antes, ante el mismo rival, pero en Chile.  Tras su tercera derrota consecutiva en tres definiciones (sumada la de Alemania en el Mundial, que convirtió recién en el alargue tras un 0-0 en los noventa minutos) ,  ya no pudo encerrarse en sí mismo. Salió entonces a la zona mixta de los periodistas de TV y dijo que no volvería a jugar más con la selección argentina.

Y fue allí, tras su anuncio formal, que por primera vez el público argentino reaccionó. No tanto los jóvenes, los menores de 40 años, que son aquellos que más consumen internet, las redes sociales, que lo aman porque tampoco ya tienen tan familiarizada la figura de Maradona por una cuestión generacional. Lo que sorprende es que también hayan salido a manifestarse de todas las maneras posibles los maradonianos, los que, intuyen bien porque vieron otro fútbol, otro tiempo de opulencia argentina en este deporte, que sin Messi no hay futuro, algo que puede comprobarse ahora mismo, tras la paliza del 6-1 de España en el amistoso de Madrid de marzo, o el sufrimiento para llegar a Rusia en un grupo sudamericano en el que de diez equipos, cuatro iban directo y el quinto, a un repechaje. Argentina llegó sexta al último partido de dieciséis jornadas y fue salvado in extremis nada menos que por Brasil, que le ganó su partido a Chile 3-0.

Recién entonces Messi alcanzó casi la unanimidad. Le rogaron que volviera, aparecieron carteles por toda la extensión del territorio nacional. La Bombonera lo recibió con una bandera que hacía alusión al “mejor jugador de la historia” aunque allí haya jugado nada menos que Maradona, y los periodistas “sídieguistas” del pasado tuvieron por fin la bendición para ir a buscar a Leo (que ahora ya todos saben de quién se trata) para entrevistarlo, y adularlo hasta la médula y la irritación, con la idea de convertirlo en un exagerado líder, porque Messi es otra cosa.

Lo suyo es fútbol puro, sin polémicas (cuando Pelé dijo que nunca vio los videos para conocer cómo jugaba, Messi respondió que “con todo gusto, me encantaría verlos”), sin declaraciones altisonantes, sin fideos en la boca a la hora de hablar,  posiblemente sea un abonado futuro a los actos de la FIFA porque genera tranquilidad y aceptación general.

Por fin los argentinos apuestan todo a Messi, como antes a Maradona, sabiendo que no parece haber equipo atrás, ni infraestructura, ni orden táctico (la selección cambió cuatro entrenadores en cuatro años hasta llegar a Jorge Sampaoli ahora) y que todo lo bueno está en manos del “diez” y hasta el director técnico admite que el equipo albiceleste “es más de Messi que mío”, un absurdo en cuanto al manejo de grupos, pero nada importa.

Como tampoco importó antes lo que Messi haya ganado en su vida, sus decenas de títulos, sus Balones de Oro, sus pelotas para el museo de su casa por cada uno de sus hat tricks, el reconocimiento mundial. Lo que importa es ganar el Mundial de Rusia, por fin, y si es ante Brasil o Inglaterra en la final, tanto mejor. Entonces, ahí sí, Messi será, por fin, Maradona., aunque jamás se lo haya planteado, aunque nunca proteste en un campo de juego, aunque rara vez reaccione ante una falta, aunque sea el primero en llegar a los entrenamientos, aunque siempre se preocupe por sus compañeros y aunque divida el dinero que genera su participación con el resto del plantel.

Para los argentinos, Messi necesita ganar un Mundial para ser como Maradona o para ser Messi con letras de molde y merecer un monumento en cualquier plaza pública.

viernes, 1 de junio de 2018

Por qué Real Madrid tiene muy complicado contratar a Pochettino (Infobae)




                                               Desde Barcelona



Si el Real Madrid quiere contratar a Mauricio Pochettino para reemplazar como entrenador de su plantel a Zinedine Zidane, lo tendrá muy difícil porque no sólo acaba de renovar su contrato con el Tottenham Hotspur hasta 2023 sino que en su nuevo acuerdo por escrito no existe cláusula alguna que indique que se pueda marchar al club español y ni siquiera, ante un hipotético llamado futuro de la selección argentina.

Pochettino presentó hoy en Barcelona un libro biográfico escrito junto al reconocido periodista español Guillem Balagué, y durante el acto manifestó que se compromiso con el Tottenham, donde ya dirige desde 2014, “es máximo” y cuando le preguntaron si alguien es capaz de decirle que no al Real Madrid, su respuesta fue “¿para ti sería imposible? Pero tú no eres yo”.

Si bien Pochettino no cerró las puertas al Real Madrid, lo que el club blanco debería pagar para poderse llevar al director técnico argentino sería demasiado caro teniendo en cuenta los valores que se manejan en la Premier League y la comodidad del argentino en Londres y su larga experiencia en el fútbol inglés porque ya anteriormente había dirigido con éxito al Southtampton.

El entrenador argentino, de 46 años, presentó hoy en Barcelona su libro “Un mundo nuevo: diario íntimo de Pochettino en Londres” y tras el acto, compartió un almuerzo junto al embajador argentino en España, Ramón Puerta, al cónsul argentino en Barcelona, Alejandro Alonso, y ex compañeros del Espanyol como Iván de la Peña.

En esa comida, a la que asistió este cronista como púnico periodista invitado, junto con familiares y amigos, Pochettino volvió a mencionar reiteradamente su comodidad en Londres y en especial, su gran relación con el presidente del Tottenham, Dany Levy, “con quien compartimos la manera de ver el fútbol y muchas cuestiones filosóficas”.

“Que pase lo que tenga que pasar. El fútbol te depara circunstancias que no esperas y lo importante es disfrutar del hoy, de las cosas que te pueden tocar pero estoy en un proyecto espectacular y la motivación es tremenda porque creyeron en mi proyecto y si en los primeros años trabajamos en equiparar al Tottenham con los mejores, hoy ya se ven los frutos”, indicó Pochettino con  contundencia.

Al ser consultado si hay que ser valiente para dirigir al Real Madrid, otra vez fue rotundo en su respuesta: “¿Tú crees que los entrenadores piensan que hay que ser valiente para tomar un plantel así? Yo pensaría todo lo contrario. Es uno de los mejores equipos de la historia del fútbol”.

El interés por Pochettino por parte del Real Madrid creció cuando tuvieron que enfrentarse en la fase de grupos de la Champions League última y los ingleses ganaron cómodamente en Londres mientras que empataron en el Santiago Bernabeu y el Tottenham acabó primero y los españoles, segundos.

Algunos pueden tomar como referencia que hoy Pochettino vestía de blanco….como el Real Madrid. Claro que también como el Tottenham.

Zidane tuvo coherencia hasta para irse cuando nadie lo esperaba (Jornada)


           
                                            Desde Barcelona



En una mañana de alto voltaje en España y justo cuando acababa el debate por la moción de censura al gobierno de Mariano Rajoy, a punto de caer y con todo el país en vilo, de repente se conoció que el Real Madrid llamaba a una inminente conferencia de prensa por la que, se rumoreaba, renunciaría Zinedine Zidane como director técnico a apenas cinco días de haber ganado su tercera Champions League.

Lo que sonaba a locura, a delirio, a disparate, se terminó de confirmar enseguida. Allí estaban, en una colmada sala de conferencias de Valdebebas, el lugar donde se entrena y se concentra el equipo, un circunspecto Florentino Pérez, el poderoso presidente blanco, y un Zidane con el mismo rostro de siempre, tratando de explicar lo que tanto costaba entender: ¿qué pudo haber ocurrido para que el francés, ídolo del club como jugador y ahora de impecable trayectoria como DT, se marchara de repente?

Era evidente que algo había ocurrido entre presidente y entrenador, aunque ambos lo negaran y manejaran todo desde una diplomacia tan aséptica como poco creíble. Zidane dijo que simplemente creía que a esta altura, el plantel necesitaba un entrenador que lo pudiera motivar y que pensaba que con él mismo, ya el equipo no volvería a ganar y que aunque en febrero aseguraba que siendo el Real Madrid su casa se quedaría toda la vida, en tres meses muchas cosas habían cambiado.

Era claro también que a un empresario poderoso como Pérez, que alguien se le vaya sin que él lo eche, no es lo acostumbrado. Y menos que lo haga por segunda vez porque ya Zidane se le fue como jugador en 2006 cuando le quedaba un año más de contrato, y aunque haya dicho que no era un adiós sino un “hasta luego”.

Las malas lenguas cuentan que con tres Champions Leagues ganadas y nueve títulos en total en dos años y medio de trabajo, entre ellos dos Mundiales de Clubes, Zidane no tenía ningún interés en que nadie le encajara jugadores que no necesitaba.

Ya en el mercado de invierno anterior había rechazado al arquero Kepa, del Athletic de Bilbao, con todos los papeles finiquitados, y ahora no iba a tolerar que Pérez y su segundo en el club, Ángel Sánchez, presionaran ni por un arquero que reemplazara al costarricense Keylor Navas (fundamental en esta última Copa de Europa) o para que se fuera su compatriota Karim Benzema, -a quien el madridismo sigue sin valorar lo suficiente porque aunque es un nueve, no marca tantos goles por el simple hecho de jugar para que los conviertan sus compañeros-, para que venga el polaco Robert Lewandowski que ya comenzó a hacer en el Bayern Munich lo que indica el manual: cambiar de agente para pasarse a la escudería del influyente israelí Pinjas Zahavi y repetir hasta el hartazgo que su ciclo en la Bundesliga ya terminó.

Y no sólo por los fichajes a presión: Zidane también se desgastó con la situación de algunos jugadores como Cristiano Ronaldo (a quien aprecia) porque el portugués ni siquiera esperó media hora en los festejos de la Champions en Kiev para decir en  el propio campo de juego y a la TV que agradecía estos años y que ya diría su futuro, lo que sonaba a despedida, y como Gareth Bale, que sostuvo que hablaría con su agente porque quiere jugar con continuidad y en el Real Madrid no lo tenía asegurado, una crítica no muy velada por no haber entrado como titular aunque acabara siendo el mejor jugador del partido para la UEFA.

Pero no todo pasa por ahí. Zidane nunca se engañó y aunque este año su equipo se llevó otra Champions, sabe bien que hubo muchos factores extra deportivos que ayudaron, parte por azar, parte por arbitrajes, parte por errores ajenos bien aprovechados, pero alguien como él de escuela italiana por tantos años en la Juventus, valora mucho más una Liga, que es la muestra de continuidad, que una Champions. Y la Liga de este año del Real Madrid, tan lejos del campeón, Barcelona, no lo conformó para nada.

Para el Real Madrid es un golpe duro. No sólo porque derrumba la ilusión del éxito eterno y la posibilidad de llegar a las cinco Copas de Europa como entre 1956 y 1960 en tiempos de Alfredo Di Stéfano, sino que tiene que salir ahora a buscar un  perfil de DT que guste a todos o casi todos (todos los jugadores del plantel twittearon una calurosa despedida menos Bale), que sepa administrar el vestuario, que sea ganador y que respete las tradiciones blancas. Muy complicado.

Además, Zidane siempre fue amable con la prensa y con sus rivales, con ironías de mucho nivel, con sensatez y sin estridencias, algo que el club debería valorar luego del desastre como perfil hacia afuera que le había dejado el insostenible comportamiento de José Mourinho pocos años atrás.

Costó mucho reconstruir el club cuando se fue Vicente del Bosque en 2003. Y todo indica que al Real Madrid le va a costar mucho ahora sin Zidane.



Macri no sabía que la selección jugaba en Jerusalén (Jornada)


                         

                                               Desde Barcelona



El presidente argentino, Mauricio Macri, recibió con suma sorpresa que la sede del partido amistoso que jugará la selección nacional el próximo 9 de junio ante Israel será Jerusalén y no Haifa como se rumoreaba en un principio.

En la reunión que mantuvo anoche con el plantel argentino que jugará el Mundial de Rusia, en Ezeiza, Macri preguntó, en tono confirmatorio, si la sede del partido es la de Haifa, como se especulaba, pero los jugadores le informaron del cambio por el estadio Teddy, en Jerusalén.

En Barcelona, un integrante del plantel argentino, en el hotel Princesa Sofía, sostuvo que este partido ante Israel “viene mal parido” en referencia al cambio de sede y al hecho de que se juegue en Jerusalén, hacia donde acaba de trasladar su embajada el gobierno estadounidense de Donald Trump, al reafirmar que la capital del país hebreo es esta ciudad y no Tel Aviv, como en muchos casos se suele afirmar. Desde la AFA se considera que este partido y en esta sede, es de “alta exposición”.

El cambio de sede del partido entre Israel y Argentina, del 9 de junio próximo, estaría relacionado a las gestiones al más alto nivel de la ministra de Cultura, Miri Regev, de alta exposición política, cuando estaba previsto que se jugara en Haifa y de allí la suposición de Macri, quien se sorprendió mucho ante este cambio de ciudad a último momento.

Por otra parte, la selección argentina volvió a modificar su calendario previo del Mundial y acortó un día de estadía en Barcelona, al recibir la aprobación desde la organización del partido amistoso ante Israel de que podrá disponer de un día para visitar el Muro de los Lamentos y diversos lugares sagrados de este país, por lo que el viaje, previsto para el 8 de junio, un día antes del amistoso, se adelantará para el 7, y tras el partido del 9, viajará directamente a Rusia para el Mundial.

El extraño régimen libertario de Sampaoli (Infobae)




                                              Desde Barcelona



Los jugadores de la selección argentina, recién llegados a Barcelona, podrán llegar a última hora a la concentración en el hotel o bien ni siquiera llegar y quedarse donde quieran para volver mañana viernes por la mañana si así lo consideran conveniente, según determinó el cuerpo técnico de Jorge Sampaoli en una inusual medida que se repetirá durante la semana hasta el viaje a Israel para el último partido amistoso antes del Mundial de Rusia.

Sampaoli y su preparador físico Jorge Desio comunicaron a los veintitrés jugadores de la selección argentina, durante el vuelo entre Buenos Aires y Barcelona, que una vez llegados podrán disponer de una gran dosis de libertad una vez que acabe el primer entrenamiento que será en el propio hotel Princesa Sofía, ubicado en la elegante avenida Diagonal.

Si bien algunos miembros del cuerpo técnico han observado de reojo esta medida, otros consideraron a Infobae que tiene “lógica” porque los referentes del plantel, como Lionel Messi o Javier Mascherano (los dos que vistieron o visten la camiseta del Barcelona) no suelen tomarse muchas horas fuera de la concentración y vuelven antes del tiempo límite determinado, o, como el caso de Messi en el día de hoy, directamente decidieron no salir del hotel pese a tener el aval para hacerlo.

El cuerpo técnico determinó una hora límite para que los jugadores llegan antes de cada comida, especialmente la próxima cena y el desayuno de mañana viernes, pero esto es, en todo caso, para sumarse al resto del grupo, pero no tienen la obligación de regresar y pueden hacerlo el viernes directamente.

“Si los jugadores quieren alojarse solos en un hotel, o en casa de amigos, o con su familia si vive o vino aquí, pueden hacerlo”, dijo a Infobae un miembro del cuerpo técnico.

El entrenamiento de hoy en las propias instalaciones del hotel se debe a la demora en las actividades desde anoche en Ezeiza porque la reunión con el presidente Mauricio Macri retrasó el programa, pero desde mañana comenzarán las sesiones de prácticas desde el predio del Fútbol Club Barcelona en San Joan Despí, a unos veinte minutos del hotel.