viernes, 8 de febrero de 2019

El esloveno Ceferin, reelecto por unanimidad en la UEFA, en contra del Mundial de Clubes de 24 equipos y de la Liga Mundial de Selecciones (Infobae)






En una importante toma de distancia de la FIFA, el esloveno Aleksander Ceferin, reelecto por el voto unánime de las 55 federaciones nacionales como presidente de la UEFA hasta 2023, afirmó al reasumir el cargo en Roma que no está de acuerdo con la idea de un gran Mundial de Clubes de 24 equipos cada cuatro años, y tampoco con el proyecto de una Liga Mundial de selecciones nacionales.

Con Gianni Infantino presente en el hotel Cavalieri de Roma, sonde se celebró el 43 Congreso Ordinario de la UEFA, Ceferin hizo hincapié en pedirle a la FIFA “respeto por la UEFA” y sostuvo que esta entidad “está salvando a la FIFA de incurrir en sus propios errores”.

“Con frecuencia, los que no están de acuerdo con ciertas cosas de manera moderada y constructiva, aunque a veces se haga de manera directa e inflexible, son quienes más ayudan a evitar que se cometan errores”, afirmó Ceferin.

El dirigente, abogado de 51 años, amplió sus conceptos. “Al decirle que no estamos de acuerdo con sus propuestas actuales sobre la Liga Mundial de Naciones y el Mundial de Clubes, les respetamos y respetamos al fútbol, el juego que amamos y que debemos proteger. Esperamos, sinceramente, que la FIFA también nos muestre respeto escuchando nuestras propuestas. La UEFA y el fútbol europeo merecen ser respetados”.

Gianni Infantino, presidente de la FIFA que se aseguró la reelección en su cargo hasta 2023, igual que Ceferin, al ser el único candidato para el período siguiente al cerrarse la lista de presentaciones sin que apareciera un opositor, viene insistiendo en la posibilidad de organizar un gran Mundial de Clubes cada cuatro años (con lo cual se suspenderían los anuales), con veinticuatro equipos de los cinco continentes, y una Liga Mundial de selecciones nacionales que se jugaría durante el año, con ascensos y descensos, como la nueva Liga de las Naciones de Europa.

Ceferin e Infantino parecen desarrollar carreras paralelas porque ambos emergieron de la UEFA, y también comenzaron a presidir las dos entidades en 2016 (Infantino asumió en la FIFA el 24 de febrero y Ceferin -que venció en aquella oportunidad al holandés Michel Van Praag- en la UEFA, el 14 de setiembre), y ahora se aseguraron la reelección por cuatro años sin oposición alguna y hasta 2023.

Tanto Infantino como Ceferin accedieron a sus cargos luego de sonados casos de corrupción en ambas entidades.  El actual presidente de la FIFA sustituyó al presidente provisional camerunés Issa Ayatou cuando el suizo Joseph Blatter tuvo que renunciar, mientras que Ceferin asumió en la UEFA en reemplazo de Michel Platini cuando éste fue inhabilitado por la FIFA por incumplimiento del código ético (aquel affaire de los 11 millones de dólares prestados sin justificativos por Blatter).

Uno de los hechos más destacables de la reelección de Ceferin es el de la unanimidad de las 55 federaciones nacionales tras años de fuertes disputas en el seno de la UEFA entre el sector de los clubes más poderosos (alineados en la ECA, la Asociación de Clubes Europeos, algo que Daniel Angelici intentó replicar en Sudamérica ante la Conmebol) y el resto de las entidades.

Esta votación reflejó el llamado Memorándum de entendimiento UEFA-ECA (MoU en inglés) firmado también en Roma entre Ceferin y el presidente de la entidad que nuclea a los clubes poderosos, el también mandatario de la Juventus, Andrea Agnelli, hasta 2024, que garantiza que al menos hasta 2024 “no habrá Superliga Europea”, la mayor amenaza que pendía sobre el principal torneo de clubes de Europa, la Liga de Campeones.

La ECA venía amenazando desde hacía años, con que de no aumentar la UEFA de manera rotunda los ingresos económicos de sus clubes, abandonarían la Liga de Campeones para armar una “Superliga”. Sin embargo, se firmó la paz entre las dos entidades una vez que Ceferin garantizó que desde 2021, cuando las partes queden libres de los derechos televisivos vendidos de sus torneos continentales, habrá cambios sustanciales.

Tanto la UEFA como la ECA quieren pasar la Champions League a los fines de semana desde la temporada 2021 (lo que podría derivar en que algunas de las ligas más importantes pasen, en algunos casos, a días de semana y podrían quedar un poco relegadas). En cambio, la Champions dejaría de jugarse los martes y miércoles para pasar a los fines de semana, un viejo anhelo de la ECA.

A su vez, la UEFA garantizó por tres temporadas la organización de tres torneos: la Champions League, la Europa League y un tercer formato, y cada uno de ellos contará con 32 equipos. Acaso el punto del memorándum que pueda explicar todo es el que sostiene que "desde que el acuerdo de extendió hasta después de la UEFA EURO 2024, se ha actualizado la recompensa financiera que reconoce la contribución de los clubes a las competiciones de selecciones de la UEFA incluyendo completamente el ciclo de competición de la EURO 2024".

“Sobre la base de su estrecha cooperación en los últimos once años, el memorándum destaca la fuerte voluntad de la UEFA y la ECA de continuar trabajando juntos con la confianza mutua y con claros objetivos para asegurar el bienestar y la estabilidad del fútbol europeo”, señala la UEFA en un comunicado de prensa.

La nota ha indicado que ese objetivo se lograría “mejorando el Calendario de partidos internacionales posterior a 2024 para garantizar una mayor armonización y separación entre las competiciones de clubes y de selecciones nacionales” y que con ello “se liberaría presión en el calendario permitiendo un descanso adecuado y períodos de entrenamiento para los jugadores”.

“El renovado acuerdo refuerza el compromiso de UEFA y ECA de proteger la integridad del juego y de lacras como la violencia, el amaño de partidos y el dopaje”, prosigue el comunicado, que indica que “la viabilidad a largo plazo del juego se aborda mediante la voluntad común de seguir desarrollando y evolucionando el Fair Play Financiero”.

Sin embargo, este punto parece ir en contradicción con el nombramiento del presidente del PSG, Nasser Al Khelaifi como miembro ejecutivo de la UEFA, como uno de los dos representantes de la ECA. Sustituirá al sudafricano Iván Gazidis, actual consejero delegado del Milan y antes, por muchos años, del Arsenal inglés. Lo extraño de Al Khelaifi es que su elección llega en el justo momento en que el PSG está siendo procesado por incumplir las normas del Fair Play Financiero (por el que los clubes no pueden excederse de determinados gastos), pero también se cree que es por el poder acumulado por el catarí a través de publicidades desde Qatar Sports Investments y del poderoso consorcio BeIN Media.

Ceferin quiso entregar con su discurso en el hotel Cavalieri de Roma un concepto de unidad, para lo cual sostuvo que la próxima Eurocopa de selecciones de 2020 (organizada en 12 subsedes de países diferentes) “enviará un mensaje fuerte para toda Europa. El mensaje de una Europa abierta, tolerante y unida. Algo muy necesario en el continente en estos días”.

Por último, la UEFA quiso reunir a los 16 entrenadores de los equipos que se clasificaron a los octavos de final de la Champions League para conservar con ellos sobre la implementación del VAR, que comenzará desde el martes próximo con la misma tecnología que se utilizó en el pasado Mundial de Rusia, pero sólo concurrieron Massimiliano Allegri, de la Juventus, ek francés Bruno Genesio, del Olympique de Lyon, el alemán Thomas Tuchel, del PSG, Eusebio Di Francesco, de la Roma, y Doménico Tedesco, del Schalke 04.

“Preparamos una reunión con los entrenadores de todos los clubes en Francfort este lunes y sólo vinieron cinco. No sólo es una falta de respeto. La influencia que tienen los entrenadores es enorme. Si se quejan de los árbitros deberían venir y ver qué dicen los expertos”, aseguró de forma tajante Ceferin. “No tienen excusas, especialmente los que ni siquiera vinieron”, agregó el esloveno, muy enojado.

Por su parte, el italiano Roberto Rosetti, director arbitral de la UEFA, volvió a hacer hincapié en los mismos conceptos que advirtieron durante el pasado Mundial sus pares de la FIFA, el italiano Pierluiggi Collina y el suizo Massimo Busacca sobre que el árbitro debe ser quien vaya a consultar la pantalla ante jugadas dudosas en las que puede aplicarse el VAR, algo que no está ocurriendo con frecuencia en algunas ligas, como la española.

“Queremos que el VAR sea una herramienta transparente y que sea utilizada 3-4 veces por partido. El VAR no es perfecto y la IFAB (International Board) dice que debe intervenir cuando el error es claro o cuando se produjo un incidente serio y que afecta a una jugada decisiva”, dijo, e insistió en que sea el árbitro “el que tome la decisión final en los partidos”.















jueves, 7 de febrero de 2019

Cuando Santiago Solari colaboró en una biografía de Messi y qué los une hoy (Infobae)




No llegaron a tratarse en Rosario porque el crack del Barcelona cruzó el Océano Atlántico siendo un adolescente, pero Santiago Solari, director técnico del Real Madrid se relaciona con Lionel Messi a partir de varias personas en común y le tiene una profunda admiración, al punto de haber participado en la producción de uno de los más famosos libros biográficos sobre su carrera.

Las vueltas de la vida, y del fútbol determinaron que el próximo miércoles, más allá de su admiración por Messi y de las personas en común, Solari deberá enfrentarlo por primera vez, desde su condición de entrenador del Real Madrid, por el partido de ida de la semifinal de la Copa del Rey en el Camp Nou en Cataluña.

Solari, cuando aún no había comenzado a desarrollar su carrera de director técnico en los juveniles del Real Madrid, colaboró activamente en 2013 en la producción del libro “Messi”, el único que fue aceptado por la familia del crack y anunciado en la web oficial del Fútbol Club Barcelona, del reconocido periodista español Guillem Balagué, que cuenta con prólogos de Alejandro Sabella y de Josep Guardiola.

A mediados de 2013, Balagué viajó a la Argentina para llevar a cabo distintas entrevistas con protagonistas de la vida de Messi tanto en Buenos Aires como en Rosario, y fue allí donde contó con la colaboración de Solari, quien a partir del conocimiento del fútbol de su ciudad natal, condujo al periodista  al estadio Marcelo Bielsa de Newell’s Old Boys, al complejo Islas Malvinas, perteneciente a este club, y a las cercanías al estadio de Rosario Central, el Gigante de Arroyito.

Solari relató a Balagué historias sobre los dos grandes clubes rosarinos que conoce a la perfección porque su tío, Jorge, jugó en Newell’s mientras que su padre, Eduardo, lo hizo en Rosario Central. Se refirió tanto a la lista de grandes cracks que generó el fútbol rosarino, como hechos históricos que fueron agrandando la rivalidad entre los dos grandes clubes así como aportaron a la literatura de la ciudad, como en los cuentos de Roberto Fontanarrosa.



“En aquel entonces, 2013, ya Santiago sostenía que Messi lo tenía todo para ser el mejor jugador del mundo y que sostenía las características del jugador rosarino, por ser gambeteador, a lo que le sumaba explosión y gol”, recuerda el periodista Hernán Amez, quien también participó del trabajo y fue quien condujo a Balagué hacia la casa en la que se crió el crack del Barcelona sobre la calle Lavalleja (hoy, Estado de Israel), a cuatro kilómetros del centro hacia el sudeste, en una zona que algunos llaman La Bajada y otros, Las Heras, así como la escuela en la que cursó el colegio primario y el club Grandoli, donde dio sus primeros pasos como futbolista antes de recalar en Newell’s.

En los agradecimientos, en el final del libro, Balagué sostiene que “Santi Solari fue el guía perfecto en Rosario, y con él iniciamos una conversación que continúa incluso cuando él no está cerca”.





Pero además, Solari y Messi tienen varios puntos en común. Uno de ellos es que el cuñado de Santiago, Mario Spirandelli (hijo), hermano de su esposa, es el presidente del Club de Leones que mantiene una relación cercana con la Fundación Messi, aunque el vínculo aún no se concretó, y el suegro de Santiago Solari, Mario Spirandelli, fue presidente del club Renato Cesarini en el que tiene peso Jorge Solari.

Salvador Capitano, otro reconocido DT cercano a Jorge Solari, recordó a Infobae que durante un año y medio, el club Renato Cesarini y la Fundación Leo Messi estuvieron asociados con la idea de participar en la Liga Rosarina y extenderlo a otras ligas, pero no llegaron a buen puerto. “Fue una lástima porque la idea era buena, pero hubo algunos factores humanos que hicieron que cada uno fuera por su lado”.

Otro factor común entre Solari y Messi es el primo menor de éste, Bruno Biancucchi,  hijo de Claudio y de Marcela Cuccittini, hermana de Celia (madre de Lionel Messi), nacido en 1996 y quien se formara en Renato Cesarini y que, según familiares y amigos, tenía cierto parecido al primo en el correr y hasta en la forma de celebrar los goles, y que ahora está retomando la continuidad.

Bruno es el hermano menor de Maxi (actualmente en Rubio Nú, de la Segunda División de Paraguay), nacido en 1984, y de Emanuel (1988), quien regresó a Newell’s Old Boys tras pasar por Munich 1860, Girona, Olimpia de Paraguay y Vasco da Gama, entre otros.

Maxi y Emanuel Biancucchi integraban, de niños, el equipo familiar con los Messi (Rodrigo, nacido en 1980 y Matías, en 1982), que según cuenta en el libro Guillem Balagué, “nunca perdía”.

 “¿Quién de los Solari no admira a Messi?”, se pregunta Jorge Solari, tío de Santiago, y ex jugador de Newell’s Old Boys, River Plate y la selección argentina en los años sesenta, aventando cualquier tipo de duda, más allá del Clásico del miércoles, del que ni siquiera estaba enterado.

El próximo miércoles, dos rosarinos serán piezas claves en el primero de los dos Clásicos de la Copa del Rey entre los dos máximos rivales de España. Pero no hay dudas de que el director técnico del Real Madrid, Santiago Solari, admira tanto a Messi, que hasta formó parte de la producción de un libro bibliográfico suyo.



domingo, 3 de febrero de 2019

La parábola de Menotti 45 años después. ¿Es posible recrear hoy aquel trabajo? (Infobae)




El 12 de octubre de 1974, en un partido amistoso ante España (1-1), en un estadio Monumental que lanzaba a su manera el Mundial 1978 con unos chicos que sostenían cada uno una letra que componía el cartel “Bienvenidos a la Argentina Potencia”, comenzaba a rodar una nueva ilusión, de la mano de un director técnico como César Luis Menotti, a cargo de la selección argentina.

Cuarenta y cinco años después, con una selección argentina que no gana un título oficial en la categoría mayor desde la Copa América de Ecuador 1993,  Menotti regresa a la AFA como director general de Selecciones Nacionales aunque el director técnico continuará siendo, al menos hasta la Copa América de Brasil, en junio, Lionel Scaloni.

¿Podrá Menotti recrear algunas de las condiciones de aquel trabajo que realizara desde 1974 y que dio como fruto el Mundial 1978, con el agregado del Mundial sub-20 de Japón en 1979?

Roberto Saporiti, de larga trayectoria como entrenador y quien fuera uno de los ayudantes de campo de Menotti en su ciclo como director técnico de la selección argentina, manifestó en las últimas horas a Infobae que “lo que hacíamos hace 40 años, hoy no hay tiempo para hacerlas, como la selección del interior cuando hay Superliga, Libertadores, Sudamericana, Copa Argentina. (Alfio) Basile quiso hacerlo y no pudo”.
Sin embargo, si se toma en cuenta la situación futbolística y político-deportiva de cuando Menotti fue convocado para dirigir a la selección argentina en 1974, encontraremos algunos paralelismos con la actualidad, algunos parecidos y otras cuestiones peores que en estos días.

Por ejemplo, el minucioso trabajo que Menotti realizara con el estudioso entrenador croata Rodolfo Kralj, sus ayudantes Saporiti y Rogelio Poncini, el preparador físico Ricardo Pizarotti y el doctor Rubén Oliva respecto de la “selección del interior” aparecía más complicada desde su armado en aquellos tiempos, cuando para observar jugadores de muchas provincias sólo estaban los viejos torneos Nacionales, que se jugaban en el último trimestre de cada año, y tampoco había ninguna base de datos, ni las ventajas que existen hoy en la comunicación, mientras que hoy hay muchos clubes que no son de Buenos Aires o alrededores en la Primera División o en el Nacional B. 

La mayor desventaja podría estar en el aumento de las competencias y en menor cantidad de fechas en el calendario, pero aparece como más fácil la posibilidad de observar jugadores.

Durante la conferencia de prensa de su presentación en Ezeiza, Menotti se encargó de recordar que cuando él asumió como director técnico en 1974, no sólo la mayoría de jugadores que había participado en el Mundial de Alemania Federal en 1974 se negaba a regresar a la selección argentina tras el caótico ciclo que derivó en una mediocre actuación y una durísima derrota ante Holanda 4-0 en la segunda ronda, sino que la mayoría de ellos, tal como ahora, jugaba en equipos extranjeros.

Los arqueros Daniel Carnevali (Las Palmas), Miguel Santoro (Hércules), los defensores Ángel Bargas (Nantes), Roberto Perfumo (Cruzeiro), Ramón Heredia (Atlético Madrid), Enrique Wolff (Las Palmas/Real Madrid), los volantes Miguel Brindisi (Las Palmas) y Carlos Babington (Wattenscheid 09), y los delanteros Héctor Yazalde (Sporting Lisboa), Rubén Ayala (Atlético Madrid) y Mario Kempes (Valencia) eran los más destacados en esos tiempos, pero no era posible disponer de ellos, sumados a Carlos Bianchi y Osvaldo Piazza, que se lucían en el fútbol francés.

Lejos del orden y de las facilidades de trabajo que hoy puede creerse sobre aquellos tiempos de mediados de la década de 1970, la AFA atravesaba una de sus tantas crisis. El 21 de enero de 1974 asumía como interventor el escribano Fernando Mitjans, padre del actual presidente del Tribunal de Disciplina de la AFA. Con 54 años, había sido vicepresidente primero de Boca Juniors y llegaba a la AFA de la mano de su presidente, Alberto J. Armando, y como hombre cercano al entonces ministro de Bienestar Social, José López Rega.

Mitjans, de 54 años y escribano personal del presidente de entonces, Juan Domingo Perón, iba a ser el último eslabón de la intervención de la AFA que se había iniciado en 1966 durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, y su pretensión y la del Gobierno nacional era la de ir hacia la normalización institucional.

Pero para eso, se interpretó que con los cambios de los tiempos, se necesitaba de una nueva estructura que reemplazaba al anterior Consejo Directivo por un Comité Ejecutivo que designaba a la mitad de los miembros, El análisis era claro: López Rega no iba a permitir perder el control de la AFA, pese a la ya votada normalización. Una cosa era la teoría, y otra distinta, los hechos, el poder político. Las batallas por el poder político de la AFA iban a ser muy duras, por­que muchos clubes se resistirían a la nueva situación.

Si bien Mitjans pudo sortear esta situación y fue elegido ese mismo año presidente de la AFA al no tener ninguna oposición en el momento de los treinta votos, con la consiguiente normalización de la institución, se encontró, en cambio, con una dura resistencia desde la secretaría de Deportes a cargo de Pedro Eladio Vázquez, quien le reclamaba total inacción con miras al Mundial 1978, que la Argentina debía organizar cuatro años más tarde.

A una semana del Mundial de Alemania Federal de 1974, Mitjans –que buscó afanosamente que el Estado perdonara las deudas a los clubes-  fue presionado para renunciar en el mismo momento en el que la salud del presidente Perón pendía de un hilo. Finalmente, en pleno Mundial asumió el vicepresidente David Bracutto (se habían jugado dos partidos de la fase de grupos), aunque en elecciones a las que se convocó y éste ganó con 17 votos contra 12 de Juan Fiori y uno de Jorge Propatto.

Bracutto, de 53 años, médico y peronista, asumió el 21 de junio de 1974, diez días antes de la muerte de Perón. Era presidente de Huracán y se desempeñó como director del Policlínico de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) y estaba ligado al sindicalismo; tenía un vínculo muy estrecho con el líder del sindicato, Lorenzo Miguel y con el también dirigente de la UOM, ex diputado y preside te de Nueva Chicago, Paulino Niembro.

Su mandato coincidiría con toda la crisis política que este hecho desencadenó, con María Estela Martínez de Perón como presi­dente en ejercicio. De hecho, perduraría hasta el golpe de Estado de marzo de 1976.

En las condiciones que pudo, y con una AFA netamente peronista, Bra­cutto tuvo dos ejes fundamentales en su gestión: dar más cabida a la orga­nización del Mundial de 1978, a solo cuatro años de su inicio, y generar un marco de estabilidad a la Selección Nacional, algo que no se había conseguido nunca con la continuidad requerida.

La selección argentina había regresado del Mundial de Alemania Federal tras haber sido vapuleada por Holanda en el primero de los tres partidos de la segunda fase (4-0) y el estado de confusión era total, muchísimo peor que haber estado cerca de ganar tres títulos en tres años (un Mundial y dos Copas América, perdidos en sendas finales en las que se empató y se cayó por penales o en el alargue).

Enrique Wolff, una de las estrellas del equipo argentino y el único jugador albiceleste que logró cruzar la mitad del campo con pelota dominada en los noventa minutos, admitió que “fue la única vez en mi vida que sentí impotencia en un campo. Nos pasaron por encima, literalmente. Nos dieron un baile increíble, una verdadera lección de fútbol”.

Roberto Perfumo, que ya había tenido la experiencia del Mundial 1966, recordaba con resignación que “parecían tener más jugadores que nosotros. Estaban en todos lados”.
La revista “El Gráfico” se preguntó con sus enviados especiales “¿A qué jugamos?”, ¿Dónde estamos?”. Héctor Vega Onesime escribió luego que “Nunca se trató de jugar de una manera determinada. Siempre se salió a resolver un partido, no hubo una filosofía de juego. Hoy tenemos que sacar el partido, pongamos tipos que marquen. 

Mañana tenemos que ganar, que sean muchos delanteros. Siempre lo inmediato, nunca lo permanente. De allí viene la confusión. Para el gran fútbol de hoy y de mañana que insinuó Holanda, estamos a medio camino. Holanda está en las dos veredas. En la de los atletas y en la del fútbol”.

Al regreso de Alemania 1974, y con la vuelta a los asuntos internos, Bracutto decidió darle prioridad al Mundial de Argentina 1978 para lo cual también consideró fundamental designar a un director técnico de la selección argentina que tuviera todas las posibilidades de trabajar y con tiempo para hacerlo.

Bracutto conocía a la perfección a César Luis Menotti, un joven director técnico que no sólo había logrado salir campeón con Huracán por primera vez en el profesionalismo en 1973, sino que había conseguido que el equipo practicara un fútbol excelente, que al mismo tiempo significaba una vuelta a las fuentes del fútbol nacional, apelando a la técnica y a brindar grandes espectáculos.

Las directivas para la contratación de un nuevo director técnico, con todas las experiencias pasadas y con la disposición, por fin, a apuntar a ganar el Mundial en condición de local, lo que representaba una oportunidad inmejorable, eran las siguientes: 1) Se designará como DT un profesional argentino debidamente habilitado.
 2) Éste será el único jefe y el responsable máximo para todas las cuestiones relacionadas con los respectivos seleccionados y sus integrantes. 3) Nombrará a sus colaboradores directos, 4) Situación contractual legalmente formalizada, 5) Autoridades y DT confeccionaran calendario internacional anual, 6) El calendario Internacional de los equipos nacionales tendrá preferencia con respecto de todos los demás compromisos de orden individual ya sean nacionales o internacionales. 7) Todo jugador debidamente designado y convocado que, sin causa justificada, no concurra a cualquier citación dispuesta quedará inhablitado para desempeñarse en su respectivo club, 8) Jugadores elegidos a exclusivo criterio del DT, 9) Dentro de las 24 horas subsiguientes a la disputa oficial de los partidos o finalización de viajes todos los clubs que tengan jugadores seleccionados por el DT deberán informar por escrito las lesiones que éstos puedan haber sufrido. 10) A partir de la fecha de asunción del DT no se podrán contraer compromisos de índole alguna para los seleccionados nacionales sin previa y expresa aprobación del mismo.

Estas formas taxativas de establecer un cronograma de trabajo, al mismo tiempo otorgaban al director técnico de la selección argentina un poder absoluto que jamás había tenido en la historia. Por primera vez hasta los clubes y los torneos quedaban en segundo plano respecto a la selección nacional.

Sin embargo, cuando Menotti comenzó con su trabajo real en 1975 (más allá de aquel amistoso fundacional ante España en octubre de 1974), se encontró con varias situaciones negativas, matizadas con la obtención del título en el tradicional torneo juvenil de Toulón, Francia, con otro equipo que aportó una base de jugadores con miras al Mundial o al futuro (Alberto Tarantini, Marcelo Trobbiani, Américo Gallego, Daniel Passarella, Jorge Valdano, José Daniel Valencia entre otros).

Por ejemplo, River, que en aquel momento era dirigido por Ángel Labruna, se negó a cederle a sus jugadores Ubaldo Fillol, Juan José López, Norberto Alonso, Daniel Passarella y Leopoldo Luque, aunque los dos últimos acabaron concurriendo y Alonso y Fillol lo hicieron muy cerca del Mundial.

Al mismo tiempo, Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA) lanzó una dura huelga después de arduas negociaciones tirantes con los dirigentes de los clubes. La situación económica de muchas entidades era aún peor que el presente de muchas.

Pero el mayor inconveniente con el que se encontró Menotti en aquellos tiempos es que apenas comenzado su trabajo, el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 trajo como consecuencia, en la AFA, la salida de Bracutto y la llegada a la presidencia de Alfredo Cantilo, aunque todo el poder del fútbol quedó en manos del contraalmirante Carlos Alberto Lacoste.

Cantilo, abogado de 52 años, que había trabajado en el Tribunal de Faltas de la Ciudad de Buenos Aires, e hincha de Vélez, había sido recomendado a Lacoste por Julio Juan Bardi, ministro de Bienestar Social de la dictadura y que luego sería presidente de la Bolsa de Comercio.

Con 34 votos a favor, uno en blanco y uno anulado entre los 36 asambleístas, Cantilo asumió el 3 de mayo de 1976 con la premisa de finalizar el 15 de abril de 1979, fecha en la que estaba estipulado el fin del mandato de Bracutto.

Menotti, con los años, admitió que temió lo peor, y que su trabajo ya no tendría apoyo. Se trataba de una intervención de la AFA aunque con una fachada “democrática” para evitar todo problema con la FIFA, ni con ningún frente externo a tan poco del inicio del Mundial, y el 6 de julio, la Junta Militar declaró “De Interés Nacional” al Mundial 1978.

Pero ya aparecían las primeras desprolijidades dirigenciales: la AFA había renunciado a la participación en una nueva edición del torneo Esperanzas de Toulón, pese a que la selección argentina era la vigente campeona. Se argumentó que “los jugadores se negaron a actuar a partir de rechazar los premios otorgados por la AFA”.

También el Comité Ejecutivo de la AFA declinaba la participación en los Juegos Olímpicos de Montreal en sustitución de la selección uruguaya debido a que “se había cancelado la provisión de plazas (pasajes, alojamientos) por haber quedado fuera de la fase clasificatoria”-

En efecto, la selección argentina (que había participado con la reserva de Newell’s Old Boys con jugadores como Marcelo Bielsa, Roque Alfaro, Américo Gallego y Ricardo Giusti, dirigida por Jorge Bernardo Griffa) había quedado tercera en el Preolímpico de Recife, Brasil, detrás de los locales y Uruguay cuando había dos plazas en juego.  Pero la AFA argumentó que no habría tiempo de preparación y fue reemplazada por Cuba, el mejor equipo no clasificado de la CONCACAF.

Sin embargo, contra lo que pensaba, Menotti en Cantilo un respaldo total a su trabajo y al que realizaba Kralj en lo organizativo. Tanto fue así que el 1 de setiembre de 1977, por la resolución 309, se prohibía la transferencia a clubes del exterior de sesenta y seis jugadores menores de 28 años que integraban una lista confeccionada por el cuerpo técnico de la selección argentina. ¿Es posible prohibir, como en aquellos años, la venta de los principales jugadores jóvenes al exterior, o trabajar con los que se quedan, que son los que invariablemente se irán mañana?

Desde el poder que había alcanzado tras el Mundial 78, Menotti advertía sobre la propia AFA: “Pienso que llegó el momento de encarar una solución quirúrgica en el fútbol argentino y terminar con los paliativos circunstanciales y efímeros. Después de veinte años quedó demostrado que los campeonatos argentinos nada tienen que ver con la realidad de un fútbol que es ahora campeón del mundo. En esos veinte años los dirigentes no han sabido cambiar la estructura”.

Las palabras de Menotti (dichas el 16 de julio de 1978)  fueron premonitorias y acaso ayuden, desde el pasado, a encontrar soluciones en el presente: “Habrá que hacer enseguida un profundo estudio económico que contemple todos los aspectos, con gente idónea, porque estoy convencido de que lo económico está estrechamente ligado con lo deportivo. No se puede dejar librado al azar deportivo el método de cambio. Eso no se arregla con descensos, porque si se determinan siete descensos, en una de esas puede caer River Plate entre ellos y todo seguiría igual (…) El estudio debe fijar pautas irremediables, de manera que se tenga un balance de las entradas históricas vendidas por cada club, de la capacidad de los estadios disponibles y habrá de conocerse el presupuesto necesario para el mantenimiento de los planteles. La crisis económica es la que genera el éxodo y los clubes tampoco se salvan con la venta de sus jugadores. No me interesa si se hicieron obras. No es cuestión de salvar a los huevos, sino a la gallina que está enferma”.

¿Podrá convivir Menotti, con 80 años de edad y 45 años después de que asumiera por primera vez como director técnico de la selección argentina, con esta estructura de la AFA?



Habrá que creerle a su ex colaborador Saporiti cuando días pasados le dijo a Infobae que “si Menotti dice una cosa y no lo aceptan, tarda un minuto en irse”.










miércoles, 23 de enero de 2019

El sub-20 y la matriz del fútbol argentino





Suele suceder casi siempre en los partidos de la fase de grupos, o en instancias posteriores cuando las selecciones juveniles argentinas juegan por torneos sudamericanos o mundiales desde hace décadas. Los distintos directores técnicos de turno salen con un esquema táctico con muchas complejidades, con pizarrones o con ideas demasiado enrevesadas que suelen dejar afuera, con excusas varias, a los mejores jugadores, y luego, ante la imposibilidad de ponerse en ventaja o ante la desesperación de la desventaja, cuando todo se viene abajo y el tiempo apremia, apelan al “todo por el todo” haciendo ingresar a quienes claramente eran los mejores para esa ocasión, y toda gente con vocación ofensiva.

En otras palabras más sencillas, cuando las papas queman, los DT (distintos entre ellos pero con pánico a perder y manchar sus nombres, casi siempre) apelan al fútbol simple, ofensivo, con los mejores exponentes y se acaban los versos tácticos porque, en el fondo, terminan reconociendo que el fútbol es un deporte sencillo al que el negocio fue complicando para involucrar cada vez a más actores y porque el continente que tiene todo el peso económico (algo que podría cambiar en los próximos años), Europa, fue imponiendo sus condiciones al resto y entonces todos responden al mismo canon.

La selección argentina puede ganar o perder. El resultado (más allá de que creemos que jugando así tiene más chances de caer derrotada que de vencer) no es lo que importa en este análisis, sino cómo se llega a esta definición.

Y el problema mayor es haber perdido la matriz, como tantas veces, en esta década, se ha insistido desde estos artículos de este blog. El fútbol argentino lleva no menos de tres décadas inserto en un esquema de negocios que le hizo perder paulatinamente su poderío, el respeto internacional casi reverencial que tuvo en el pasado, porque el sistema económico impone ciertas reglas que al cumplirlas, le hizo perder identidad hasta caer en un pozo oscuro del que no puede salir.

No se trata, como se lee en análisis demasiado superficiales y facilistas, de la pérdida de valores individuales porque jugadores siguen saliendo, y la prueba está en que pase lo que pase en este Sudamericano Sub-20 de Chile, la mayoría de los chicos argentinos emigrará a los clubes europeos de primer nivel.  El problema es que el fútbol argentino dejó de fabricar jugadores en puestos claves de la cancha, por la sencilla razón de que los que compran, los que pagan por esos fichajes, pretenden jugadores que ocupen determinadas posiciones y no otras, que ya no usan, lo cual no significa que no sirvan, sino que ellos (los que pagan, los que “mandan”) determinan que ya no sirven, que no les son útiles.

¿Por qué el fútbol argentino, que generó tanto respeto, que tiene tantos admiradores por lo que fue en un pasado no tan lejano, decidió con tanta liviandad dejar de producir aquellos elegantes números diez, los wines, los nueves con juego desde atrás, los ocho que llegaban al gol (y no los tristes carrileros o volantes mixtos de hoy), los marcadores centrales que levantaban la cabeza y salían jugando, los arqueros embolsadores de pelotas que sacaban con precisión desde los pies y las manos?

Porque no hubo rebeldía para resistir los embates del poder económico y hasta se llegó al sincericidio de regresar a los torneos de agosto a mayo “para poder venderles” a los europeos, como dijo hace meses el presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, de enorme influencia en la AFA.

Entonces, aunque se quiera vestir a la mona de seda….imposible, mona queda. El fútbol argentino puede llegar a ganar algún torneo aislado alguna vez, pero mientras se siga alejando de sus fuentes, de su juego tradicional, mientras siga perdiendo identidad, más difícil será.

Mientras el periodismo siga insistiendo en la “falta de trabajo” para justificar los muy malos partidos y la falta de ideas como parte de un sistema que sólo trae perjuicios, en vez de hablar de “falta de proyectos”, todo seguirá igual o peor.

Un hecho más para puntualizar sobre el torneo sub-20 de Chile y que no sólo refiere a la selección argentina: muchos chicos de menos de veinte años ya fueron transferidos a clubes europeos. Hasta hace pocos años, era tradicional que muchos agentes se sentaran en los palcos para estudiar a qué estrellas representar para llevarlas a Europa. Hoy, eso ocurre como máximo en los sub-17 porque a los 19, ya muchos emigraron. 

Una vez más, la lógica económica: para gastar menos, los europeos se los llevan cuando aún no tienen un alto valor, cuando aún no están maduros, y los meten dentro de su sistema “táctico y disciplinario” a partir de la técnica sudamericana. Una vez más, lógica económica pura.

El problema es la matriz. Mientras se siga hablando de “línea de 3”, de carrileros, interiores, volantes por derecha e izquierda, y no se respeten las tradiciones que llevaron al fútbol argentino a lo más alto en el respeto internacional, el verso será en vano.

Y los DT, desesperados, luego de desgañitarse por horas dando indicaciones tácticas a chicos muy jóvenes, echarán toda la carne en el asador con siete delanteros cuando vayan perdiendo. ¿Qué hubiese pasado si todo eso se hacía de entrada, con posiciones fijas, y por muchos años?

El problema es la matriz, no hay vuelta que darle, aunque nos la quieran seguir complicando.

jueves, 3 de enero de 2019

¿Será Gustavo Alfaro el Toto Lorenzo de este tiempo?


En diciembre de 1975, el presidente de Boca Juniors, Alberto J. Armando, se encontraba en una particular disyuntiva. River Plate, el acérrimo rival de siempre, había conseguido, por fin, ganar un campeonato tras dieciocho años de sequía, y no sólo eso: había logrado el bicampeonato (Metropolitano y Nacional) de la mano de un DT de mucha historia en el club, que agrandaba su condición de ídolo, Ángel Amadeo Labruna.

Los hinchas de River cantaban en cada una de las canchas a las que visitaban “Y vamos, vamos, vamos River, vamos vamos a ganar, que este año no paramos, hasta ser campeón mundial” y como solía ocurrir con el buen ojo de los hinchas de aquella época, no estaban muy errados. Ese equipo tenía proyección internacional y de hecho, en 1976 llegaría a la final de la Copa Libertadores tras dejar en el camino a Independiente en una dramática definición en semifinales después de que los rojos ganaran cuatro Copas consecutivas entre 1972 y 1975.

River sólo perdería la final ante Cruzeiro en un tercer partido en Santiago de Chile, y con su equipo diezmado por lesiones y expulsiones.

Boca, en cambio, venía de años para nada malos en cuanto al juego, pero sin conseguir títulos. Con su director técnico de entonces, el ex arquero internacional Rogelio Domínguez, practicaba un fútbol por momentos excelso (llegó a marcar 18 goles seguidos en tres partidos) pero cuando se acercaban las definiciones, siempre quedaba cerca de la conquista.

Así fue que Armando llegó a la conclusión, luego de un año en el que Boca se había llegado a colocar a apenas tres puntos de River a poco del final pero nuevamente sucumbió ante los de Labruna, de que había que provocar un movimiento importante, y que pese a que muchos jugadores del plantel poseían una técnica notable, había que cambiar, que barajar y dar de nuevo.

Boca, analizó, necesitaba un revulsivo, un cambio profundo. Y decidió ir por una gran apuesta. Contrató, para 1976, a un director técnico meticuloso, de gran personalidad, al punto de poder absorber solo casi toda la presión, y que ya había ganado títulos, especialmente un bicampeonato con San Lorenzo de Almagro en 1972 y con experiencia europea (Lazio, Mallorca, Atlético Madrid).


Así es que Armando prefirió terminar con el contrato de Domínguez e ir a buscar a Juan Carlos “Toto” Lorenzo, quien había conseguido realizar una gran campaña con el recién ascendido Unión de Santa Fe, y quien sugirió varios nombres de ese equipo para ser contratados,  entre ellos el arquero Hugo Orlando Gatti y el delantero Eber Mastrángelo, aunque sumó a otros jugadores veteranos como Rubén Suñé (que regresaba al club como volante luego de haberse ido como marcador de punta), Carlos Veglio, Francisco Sá y Jorge Ribolzi.


Incluso, Lorenzo tomó medidas muy discutidas en su momento, como la salida de un jugador talentoso como Osvaldo Potente y le fue quitando lugar a otro valor surgido del club, el volante central Marcelo Trobbiani, para colocar a “su” gente.

Lorenzo fue discutido también por buena parte de la prensa porque se lo comenzó a contraponer a César Luis Menotti, el entonces joven entrenador de la selección nacional que se preparaba para el Mundial 1978,al punto de que luego, cuando Boca ya había conseguido varios títulos, apenas Alberto Tarantini formó parte del equipo nacional y ya en condición de libre.

Se criticaba a Lorenzo, en aquellos años setenta, porque se lo consideraba un director técnico “defensivo” en un Boca que jugaba con un claro 4-3-3, con dos punteros y un nueve retrasado, un ocho como Jorge Benítez, que era de equilibrio, y ya desde el Nacional, un creativo como Mario Zanabria.

Y pese a un comienzo dubitativo, y apoyado en un torneo Metropolitano diseñado en dos grupos de once equipos de los primeros seis se clasificaban a una fase final y recién allí se definía al campeón, Lorenzo entendió que eso le daba tiempo para organizar bien al equipo para ir con todo en los últimos metros, y aún siendo Huracán el que mejor jugó, Boca acabó llevándose el Metropolitano y luego, el Nacional venciendo a River en lo que hasta 2018 fue la única final oficial que jugaron en la historia.

Luego, Boca se proyectaría a la Copa Libertadores (superando incluso a River en la fase de grupos) y la ganaría por primera vez ante Cruzeiro, el mismo rival que un año antes había vencido a River, repetiría la Copa en 1978 y llegaría a la final de 1979, y hasta obtendría la Copa Intercontinental en 1978 ante el Borussia Möchengladbach (en 1977 no se disputó).

¿Cómo es que Lorenzo consiguió no sólo alcanzar los muy complicados objetivos de ganar el mismo bicampeonato que River había conseguido un año antes e incluso lo pudo superar en su proyección internacional? A partir de un total y absoluto convencimiento, y también, rompiendo con esquemas preestablecidos, y cambiando una importante cantidad de jugadores que psicológicamente no respondían al perfil de la historia de Boca aunque técnicamente fueran, a veces, más dotados que los que vinieron.

Se trataba de un cambio de paradigma, al punto de que la llegada posterior de otro jugador, Carlos Salinas, se produjo luego de que éste tuviera un duro encontronazo fuera de la cancha, luego de un partido entre Chacarita (su equipo) y Boca, con Suñé. “El Chapa” se fue de allí directamente al domicilio de Armando para decirle “tengo un jugador para Boca”, es decir, ya había desarrollado una idea (luego discutible) de lo que se buscaba para el club, respetando cierta idiosincrasia.

El Boca de 2019 se parece a aquel de enero de 1976. La situación no es la misma y hasta en cierto modo, podría decirse que la actual es superior, porque si bien viene de perder una dura final de Copa Libertadores ante River, es el actual bicampeón argentino y quedó a un solo escalón de ganarlo todo.

Pero las sucesivas derrotas ante River, y los títulos que este club viene obteniendo en el panorama internacional hacen de este tiempo un cierto parecido a lo que ocurría con Labruna aunque en el plano local. 

River había ganado títulos que Boca pretendía y siempre se encontraba a pasos de conseguir, hasta que un DT cambió los esquemas, fue un revulsivo y se animó a lanzarse a un paradigma nuevo.

¿Es Alfaro un posible Lorenzo de este tiempo? Todo indica que lo puede ser. Tiene las condiciones y las posibilidades de fichajes para conseguirlo, y acaso una base más sólida que la de 1976.


La conferencia de prensa de su presentación fue, acaso, un primer esbozo de que puede bancarse solo la presión y que está dispuesto a plantarse ante el desafío, aceptando, por ejemplo, que fue traído especialmente para ganar la Copa Libertadores y habló de “éxitos” y de “ganar”, sin miramientos.

Es que, en verdad, Alfaro tiene cuatro grandes desafíos en Boca: 1) Ganar la Copa Libertadores, 2) Ganar el tricampeonato local (algo que Boca nunca pudo lograr en el profesionalismo), 3) Terminar con la racha ganadora de River, 4) Llegar a la final del Mundial de Clubes y ganarlo.

Suena a mucho, pero es Boca y como dijo Alfaro, la exigencia es máxima. ¿Podrá? En todo caso, esta situación tiene muchos parecidos a la de 43 años atrás.

miércoles, 2 de enero de 2019

El anuncio de Infantino de un posible adelanto de 48 equipos para el Mundial de Catar 2022 abre un nuevo paradigma en el fútbol (Infobae)




El presidente de la FIFA, el ítalo suizo Gianni Infantino, sorprendió al auditorio de las decimotercera edición de las Conferencias Internacionales sobre Deporte, en Dubai, al dar a entender que la idea de los cuarenta y ocho equipos para el Mundial de 2026 podría adelantarse a Catar 2022, en lo que sería un inmediato cambio de paradigma en el fútbol.

“Si crees que es bueno tener cuarenta y ocho selecciones –proyecto ideado, en principio, para el Mundial de 2026 en Estados Unidos, Canadá y México-, ¿por qué no intentarlo cuanto antes?”, se preguntó abiertamente Infantino, ante una platea en la que se encontraban, entre otros, los entrenadores Fabio Capello, Gennaro Gatusso y uno de los directores de la Comisión Arbitral de la FIFA, Pierluiggi Collina.

Infantino también se refirió a la posibilidad de integrar a países vecinos a Catar en la organización del Mundial 2022, debido a que por el tamaño del país, no alcanzaría la infraestructura ni los estadios para albergar a tantas selecciones en un torneo de cuarenta y ocho equipos.

"Si podemos integrar a algunos de los países vecinos de la región del Golfo para que alberguen partidos de la Copa del Mundo creo que sería muy beneficioso para toda la región y para el mundo en general. Todos saben que hay tensiones entre países de esta zona, y es algo que lógicamente depende de sus respectivos líderes, pero tal vez les resulte más fácil sentarse a hablar de un proyecto de fútbol que de otras cosas", sugirió el máximo dirigente del fútbol mundial.

La FIFA había aprobado en enero de 2017 en Manama, Bahrein, que para el Mundial 2026 se jugara con cuarenta y ocho equipos, desde los treinta y dos actuales, y con un cambio de formato porque de una fase de grupos de ocho zonas de cuatro equipos se pasaría a dieciséis de tres equipos cada una y que todos los partidos tendrán un ganador, por lo que en caso de empate, habrá definición por penales, y de los tres equipos de cada zona, los dos primeros se clasificarán a los dieciseisavos de final.

Esto significa que de los ochenta partidos totales del Mundial con el nuevo formato, cuarenta y ocho de ellos se jugarían en los primeros doce días del torneo. Y los treinta y dos equipos que lleguen a los dieciséisavos de final, comenzarán a eliminarse desde entonces en forma directa, es decir, una rueda antes que hasta la actualidad.

Por otra parte, la posibilidad de que cuarenta y ocho selecciones lleguen a la fase final de un Mundial alteraría definitivamente la concepción del criterio de clasificación tal como era conocido hasta ahora. De hecho, la FIFA ya definió en enero de 2017 cuántas selecciones corresponderán a cada Confederación y en el caso de la Sudamericana (Conmebol) se pasaría de 4,5 lugares a 6,5, es decir que si quedan fijado el aumento de equipos para Catar 2022, sobre diez participantes en la clasificación, seis irían directo al Mundial y un séptimo a un repechaje.

En el resto de los continentes, el reparto es el siguiente: 16 selecciones para Europa (eran 13), 9,5 para África (eran 5), 8,5 para Asia (eran 4,5) 6,5 para CONCACAF (eran 3,5) y 1 para Oceanía (era 0.5).

El otro cambio de formato es que las dos plazas que queden para disputar para el repechaje, a diferencia del pasado, se jugarían en un pequeño torneo entre los clasificados de Africa, Asia, CONCACAF y Conmebol, en tanto que el país organizador deduce una plaza desde las que le tocan a su confederación, es decir que para 2022, Catar ocuparía una de las 8,5 plazas de Asia, y se clasificarían en forma directa otras seis selecciones y una séptima iría al repechaje.

Otro punto interesante sobre este nuevo formato de cuarenta y ocho equipos es que esto fue sugerido, para sorpresa de los analistas, por la dirigencia de la Conmebol cuando a todas luces, es un tema que incumbe mucho más a la Confederación Asiática o a la propia Catar, que busca salir del aislamiento internacional.

Cuando fue presentado el proyecto de adelantar el proyecto de cuarenta y ocho equipos para el Mundial 2022, en abril de 2018 en Buenos Aires, sorprendió a todos porque encajaba perfectamente con la intención de Catar de compartir aunque más no fuere parte de su Mundial con países vecinos para involucrarlos en una idea conjunta.

“Como pensamos en grande y queremos hacer justicia, quiero entregar una carta de solicitud, firmada por las diez naciones de la Conmebol, para que la Copa del Mundo 2022 se juegue con cuarenta y ocho equipos”, señalaba el presidente de la entidad sudamericana, el paraguayo Alejandro Domínguez, en el Congreso Mundial de Buenos Aires, dos meses previos al Mundial de Rusia, sin que se alance a comprender otro beneficio que no fuera sumar un par de plazas directas para las selecciones del continente.

De esta forma, de consolidarse la idea de las cuarenta y ocho selecciones para Catar 2022, perdería fuerza la clasificación al mundial tal como se concibió entre los años sesenta y la actualidad, lo que se sumaría a la imposibilidad de organizar amistosos entre selecciones europeas y del resto de los continentes en las llamadas “fechas FIFA” porque gran parte de ellas son ya utilizadas para disputar la nueva Copa de las Naciones de la UEFA, hecha en gran parte para evitar que los jugadores nacidos en el Viejo Continente sufran el “Virus FIFA”, que los hacía viajar largas distancias entre semana, perjudicando a los clubes poderosos europeos.

Finalmente, en la misma reunión de Dubai, Infantino anunció un nuevo programa de cien millones de euros llamado “Fútbol para las Escuelas”. “Los valores del fútbol son los que también queremos todos para la sociedad porque el fútbol es más que un juego, pero tiene la capacidad de encaminar y dirigir algunos de los cambios de la sociedad moderna y contribuye a hacer del mundo un lugar mejor, más pacífico y más sano. Fútbol significa igualdad, diversidad, educación, crecimiento económico y salud”.

Infantino no especificó cómo será la selección de postulantes para aplicar ese proyecto, cuando en el pasado la FIFA fue muy cuestionada en cuanto a la distribución de fondos para el desarrollo en distintos países y dio lugar a especulaciones sobre usos fraudulentos para captar votos.