lunes, 6 de mayo de 2019

Todas las miradas del fútbol europeo apuntan a la Champions (Jornada)




                                                      Desde Barcelona



Por estas horas, el personaje que es absoluto centro de atención europea es el delantero egipcio Mohamed Salah. Hoy, el departamento médico del Liverpool le hará una tomografía computada para determinar si está en condiciones de jugar el trascendental partido revancha de semifinal de la Champions League ante el Barcelona en Anfield, lo que para muchos puede ser decisivo para las disminuidas chances del conjunto inglés luego de perder en la ida 3-0, aunque haya sido un resultado injusto.

En lo que para muchos es una de las mejores Champions Leagues de los últimos tiempos, mañana el Liverpool deberá jugarse el todo por el todo en un estadio de Anfield a reventar, que tratará de recuperar la mística luego de tantos años sin títulos (el último europeo fue en 2005 y no ha ganado la Premier League desde que en 1992 comenzó a jugarse con este formato).

Habiendo sido incluso superior al Barcelona en el Camp Nou, con un estadio que por muchos minutos se mantuvo en silencio ante el dominio “red”, el Liverpool falló a la hora de la definición y chocó contra el indiscutido genio de Lionel Messi y contra el gran arquero de los catalanes, el alemán Marc Ter Stegen, y ahora, se encuentra condicionado no sólo porque debe marcar como mínimo tres goles, sino que en el caso de que su rival convirtiera uno, se verá obligado a marcar cinco.

A favor del Liverpool cuenta su estadio, su gente, su capacidad como local en una Champions en la que sólo recibió dos goles en su casa, y ambos en el mismo partido (el del debut en la fase de grupos ante el PSG, 2-2) y también que un gol tempranero podría obrar psicológicamente ante un Barcelona que en la temporada pasada, en cuartos de final, venció 4-1 en la ida ante la Roma, y que sin embargo se dejó estar y cayó 3-0 en la capital italiana para quedar sorpresivamente eliminado de la competición.

En contra de los ingleses cuenta la diferencia de gol en su contra, que los obliga a una gran remontada, el poco tiempo de descanso (el sábado ganó un durísimo partido como visitante ante el Newcastle por la Premier League, 2-3, sobre el final, mientras que el Barcelona, ya campeón de la Liga Española, utilizó un equipo de suplentes ante el Celta de Vigo), y las lesiones como las de Naby Keita, Roberto Firmino, y la duda sobre Salah, lo que podría quitarle hasta tres titulares para su partido más importante del año.

En el caso del otro partido semifinal por jugarse el miércoles en Amsterdam, es indudable la ventaja obtenida por un joven equipo como el Ajax, que no sólo logró imponerse en la ida al Tottenham en el nuevo estadio de White Hart Lane, en Londres (0-1) sino que pudo ser una ventaja mayor, y sin que los dirigidos por Mauricio Pochettino pudieran hacer demasiado (así es que el argentino se quejó amargamente tras el final).

La dinámica de un equipo joven como el del Ajax, sumada a la aparición de algunas importantes individualidades como el volante Frankie De Jong (ya transferido al Barcelona para la temporada que viene), el defensor Matthijs De Ligt, o el creativo serbio Dusan Tadic, lo destacan como el equipo sorpresa del torneo, dirigido por el entrenador Erik Ten Hag, quien coincidió con Josep Guardiola en el Bayern Munich, cuando se hizo cargo del equipo B.


domingo, 5 de mayo de 2019

Con el retiro de Xavi y el posible de Casillas, comienza a acabarse la Generación Dorada española (Infobae)



                                                  Desde Barcelona



El 29 de junio no sólo es un día de gloria para el fútbol argentino sino también para el español. En 2008, la selección española consiguió la Eurocopa que dio lugar a un ciclo brillante y que con el anunciado retiro de Xavi Hernández y el muy posible de Iker Casillas, luego del infarto sufrido esta semana en un entrenamiento del Porto, parece ir poniendo un definitivo punto final a una Generación Dorada de “La Roja”.

Así como el 29 de junio de 1986 un brillante pase de Diego Maradona habilitó a Jorge Burruchaga, quien no pudo ser alcanzado por Hans-Peter Briegel  para el decisivo gol ante Alemania para que la selección argentina ganara su primer Mundial como visitante, en 2008 era Xavi el que colocaba un gran pase a la carrera a Fernando Torres para que éste superara en la carrera a Philipp Lahm  y definiera ante la salida del arquero Jens Lehman para que España ganara su primer gran título con la selección española fuera del país.

Hasta 2008, la selección española era conocida como “La Furia”, relacionada mucho más con el empuje que con un estilo definido.  Hasta ese momento, el fútbol español contaba como palmarés principal una lejana Eurocopa como local en 1964 y la medalla dorada de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, siempre como local.

El gran cambio comenzó en el trabajo de los juveniles con Iñaki Sáez y la idea de ir hacia un estilo de juego de posesión de pelota, muy parecido al que también fue desarrollando el Barcelona, que llegaría a aportar ocho jugadores al equipo campeón mundial en Sudáfrica 2010.

Cuando finalizó la Eurocopa de Portugal en 2004, en la que la selección española no tuvo una buena actuación, la Federación pensó en el veterano Luis Aragonés para que se hiciera cargo del equipo con miras al Mundial de Alemania 2006. El DT pareció tomarse en serio aquella frase que volcó César Luis Menotti acerca de que España “debe definirse futbolísticamente si quiere ser torero o toro”, es decir, si quiere tener un estilo propio y pasar a controlar los partidos, o seguir corriendo enceguecida.

Las primeras expectativas estaban puestas en el Mundial 2006, al que la selección española llegaba con aires de candidata a llegar lejos en el torneo, pero quedó eliminada en los octavos de final ante Francia con una gran actuación de Zinedine Zidane ante muchos de sus compañeros del Real Madrid.

Esta selección se nutría de algunos futbolistas que habían formado parte de uno de los primeros resonantes títulos en la etapa juvenil, como el del Mundial sub-20 1999 en Nigeria, del que participaron Xavi, Casillas y el marcador central Carlos Marchena-ganó la Euro 2012 y se retiró en el Mundial de Brasil 2014-, junto con otros que quedaron por el camino pero que tuvieron cierta trascendencia en sus clubes como el arquero Dani Aranzubia (Athletic de Bilbao),  el volante Gabri (que del Barcelona fue al Ajax)), Fran Yeste (Athletic), David Aganzo (Real Madrid, que luego jugó en el Beitar Jerusalén). España venció en la final a Japón por 4-0.

Al año siguiente, varios jugadores de este equipo, siempre dirigido por Sáez, llegaron a la final de los Juegos Olímpicos de Sydney, cuando España cayó derrotada por penales ante el Camerún de Samuel Eto’o, el arquero Carlos Kameni y Geremi (lateral del Real Madrid). En ese equipo jugaban Joan Capdevila, Xavi y Carles Puyol, luego campeones del mundo en 2010, y también David Albelda y Miguel Angulo (Valencia), que serían fijos en las convocatorias de los tiempos dorados.

En los juveniles, las selecciones españolas habían logrado, por fin, colarse en el protagonismo entre Brasil y la Argentina, que especialmente en el sub-20 acaparaba títulos con José Pekerman en el banco. Así fue que en el Mundial de la categoría de 2003 en Emiratos Árabes (en el que el equipo argentino cayó eliminado en semifinales), la selección española de Vitolo (hoy en el Atlético Madrid) y de Andrés Iniesta, su gran figura, caía en la final ante Brasil. Dos años más tarde, aparecía como la gran candidata en el Mundial de Holanda 2005 con jugadores como Cesc Fábregas, Fernando Llorente y David Silva, pero en cuartos de final fue eliminada por el equipo argentino. A la postre campeón, con Lionel Messi como gran estrella.

Lo cierto es que tras el fiasco de Alemania 2006, Aragonés redobló la apuesta. Se decidió a profundizar en el juego estético, en la búsqueda de un estilo, y jugó a fondo, dejando de lado a jugadores emblemáticos como el anterior capitán del equipo, Raúl González, con quien se enfrentó duramente en los meses previos a la Eurocopa 2008 de Austria y Suiza, cuando la presión mediática y del Real Madrid se hizo insostenible (“Sin Raúl, España campeón, sin Raúl, España campeón”, le cantaban al delantero blanco en cada partido liguero). Aragonés, también llamado “El Sabio de Hortaleza”, prefirió a jugadores de buen pie, para armar un esquema novedoso con un sistema 4-1-4-1.

Ese plantel estaba compuesto por jugadores como Casillas, Albiol, Fernando Navarro, Carlos Marchena, Carles Puyol, Andrés Iniesta, David Villa, Xavi, Fernando Torres, Cesc, Joan Capdevila, Santi Cazorla, Andrés Palop, Xabi Alonso, Sergio Ramos, Sergio García, Daniel Güiza, Alvaro Arbeloa, Marcos Senna, Juanito, David Silva, Rubén de la Red y José Manuel Reina, y tuvo su primer gran día el 22 de junio de 2008, cuando por fin pudo cruzar su propio Rubicón al eliminar a una potencias como Italia en los cuartos de final luego de empatar 0-0 en el partido y ganarle por penales en el duelo de arquer4os entre Casillas y Gianluiggi Buffon. Luego llegaría el triunfo 1-0 ante Alemania en la final en el estadio Ernst Happel de Viena.

“Demostramos al mundo que se puede cambiar”, decía Torres, el goleador y símbolo del Atlético Madrid, que jugaba en la Premier League, acerca del cambio cultural que significaba pasar de aquellos equipos que corrían y metían, a estos que jugaban la pelota al ras del suelo, que la administraban con claridad, todos jugadores de buen pie, con mucha paciencia.

A partir de este éxito, que cambiaría por completo la concepción del fútbol español, Aragonés decidió marcharse, aceptando la oferta del Fenerbahce turco. “Si no estoy en la final con este equipo, soy una mierda. Sólo les pido que jueguen y se diviertan jugando. Nos ha llegado el momento tras dos años de lucha. Nos han metido hostias de todos los colores. Vamos a demostrarlo en el campo”, les dijo a sus jugadores antes del partido final ante los alemanes, en una charla considerada inolvidable por los jugadores. Su lugar fue ocupado por Vicente Del Bosque. A éste no le fue bien en su primera experiencia en torneos internacionales porque no pudo llegar a la final de la Copa Confederaciones 2009, cuando tuvo que contentarse con vencer a la local Sudáfrica por el tercer lugar, pero ya todo regresó a la tranquilidad en el Mundial del año siguiente.

La selección española llegaba al Mundial 2010 con los treinta puntos en juego ganados en el grupo clasificatorio, sin dejar un solo punto en el camino y despejando todas las dudas. Era la gran candidata pero caía, sorpresivamente (y sin merecerlo, habiendo dominado todo el partido) ante Suiza 1-0.

Ante el excesivo dominio pero la falta de gol, Del Bosque decidió alterar el esquema manteniendo el estilo, pasando de un inicial 4-1-4-1 a un 4-4-2 con David Villa acompañando en el ataque a Fernando Torres y la selección española encarriló el torneo primero clasificándose a octavos de final no sin angustia (le ganó 2-1 con lo justo al Chile de Marcelo Bielsa y en los cuartos de final, Oscar Cardozo tuvo un penal sobre para Paraguay que no convirtió y que pudo ser decisivo), pero que acabó ganando con justicia más allá de las dos providenciales tapadas de Casillas a Arjen Robben en la final ante Holanda en el Soccer City de Johanesburgo, cuando en el alargue, Iniesta pudo marcar su histórico gol para festejarlo quitándose su remera para revolearla en el festejo, dejando a la vista una foto de su amigo Dani Jarque, el fallecido jugador del Espanyol, en su camiseta de abajo.

Ese equipo español estaba tan identificado con el Barcelona que tuvo ocho jugadores de este equipo (Puyol, Piqué, Busquets, Valdés, Pedro, Iniesta y Xavi y David Villa, fichado para la temporada siguiente). “¿Selección española o el Barcelona?” se preguntó, irónicamente, el diario “La Vanguardia”, un diario de la ciudad condal.

Tras el éxito en el Mundial y con su juego consolidado y su estilo respetado, y con sus jugadores cada vez más cotizados, la selección española volvió a ganar la Eurocopa 2012 de Ucrania y Polonia en un ciclo brillante que abarcó Eurocopa, Mundial y Eurocopa en forma consecutiva, y que recién cedió terreno en Brasil 2014, cuando algunos jugadores ya se habían retirado (como Marcos Senna o Puyol) y otros ya estaban más cerca del final de sus carreras.

El anunciado retiro de Xavi, justo al día siguiente del infarto durante el entrenamiento de Casillas en el Porto, además de coincidencia en el tiempo, vuelve a acercar a dos jugadores emblemas de los dos principales equipos españoles (Barcelona y Real Madrid) a cuyos planteles ambos contribuyeron a pacificar luego de los durísimos choques de aquellos tiempos, cuando Josep Guardiola dirigía a los azulgranas y José Mourinho a los blancos. Hay quienes creen que la salida de Casillas del Real Madrid está íntimamente relacionada con esto.

“Ha sido un privilegio jugar al fútbol hasta los 39 años y ahora me gustaría terminar la temporada en la cima ganando la Copa Amir y llegando a la siguiente fase en la Liga de Campeones de Asia. Esta es mi última etapa como jugador. Pero estoy deseando ver qué me depara el futuro como entrenador”. Dijo Xavi en un comunicado. Ya había anunciado su despedida en noviembre. Juega en el Al Sadd de Arabia Saudita.

“Me encanta ver a los equipos tomar la iniciativa en el campo, el fútbol de ataque y volver a la esencia de lo que todos amamos desde nuestros días de infancia: el fútbol de posesión”, se definió, con vistas a ser entrenador en el futuro próximo (ya tiene la habilitación) y ya hay quienes creen que cuando se termine el ciclo de Ernesto Valverde al frente del Barcelona, podría ser su reemplazante, en una situación que se parecería a la de los inicios de Guardiola como DT en 2008 (de hecho, Xavi ingresaba como suplente por Guardiola en los segundos tiempos durante 1999).

Antes de Al Sadd, Xavi trabajó en Qatar como ayudante del DT Félix Sánchez Bas, con el equipo que acaba de ganar la Copa Asia en Emiratos Árabes Unidos. “Lo que he logrado en las últimas dos décadas ha sido un privilegio y creo que es mi deber sacar la iniciativa del campo y devolverla través del fútbol siempre que me sea posible”, sostiene en referencia al proyecto “Generation Amazing” de Qatar 2022 (una iniciativa que trabaja con jóvenes).

Xavi había dejado la selección tras Brasil 2014 y Casillas no fue convocado tras la Euro 2016. El arquero no puede jugar hasta el final de la temporada aunque aún no se retiró oficialmente pese a que los médicos se lo recomiendan. “Depende de su decisión y su evolución”, dice Nelson Puga, jefe del departamento médico del Oporto.

De aquellos jugadores campeones del mundo en 2010, apenas si Sergio Ramos (33, Real Madrid), Raúl Albiol (33, Nápoli , Pepe Reina (36, Milan) juegan en equipos de primer nivel europeo. Santi Cazorla (34, Villarreal) regresó a la Liga Española luego de varias lesiones jugando para el Arsenal inglés, y Cesc Fábregas (32) lo hace en un desmembrado Mónaco, en Francia.

Por su parte, Andrés Iniesta (que el 11 de mayo cumple 35 años) dejó el Barcelona desde 2018 para incorporarse al Vissel Kobe japonés donde es compañero de David Villa (37) y posiblemente ambos lo sean desde la próxima temporada de David Silva (33, Manchester City), en tanto que Fernando Torres (35) dejó el Atlético Madrid en 2018 para pasar a jugar en el Sagan Tosu, de la J1 League de Japón.

Así es que comienza a acabarse una Generación Dorada para España que marca un camino para las siguientes, con un estilo claro, relacionado con el toque, el juego por abajo, y la posesión. Para algunos, una de las mejores selecciones de la historia del fútbol.






jueves, 2 de mayo de 2019

El Liverpool fue más, pero el Barcelona tiene a Messi (Jornada)



                                                     Desde Barcelona


Si hay algo que tiene de excepcional el fútbol son noches como la de ayer en el Camp Nou, con un espectáculo formidable a partir de un gran equipo que luchó hasta el final dándolo todo y dominando buena parte del partido, como el Liverpool, y que sin embargo no sólo no ganó sino que se retiró con una dura derrota que lo deja casi afuera de la Champions League porque su rival, el Barcelona, tiene en sus filas a un genio como Lionel Messi, absolutamente enfocado en ser campeón de Europa en esta temporada.

Si de algo no hay ninguna duda es que Messi tiene como principal objetivo de 2019 la Champions League. Lo dijo el primer día, cuando como estreno de su función de capitán ante la salida de su predecesor, Andrés Iniesta, tomó el micrófono pese a su timidez, ante un lleno Camp Nou, y dijo que esta vez no se les escapará “esta Copa tan linda”, refiriéndose a la tradicional Orejona europea.

Y allí va Messi, que efectivamente se puso contento cuando en el fin de semana pasado el Barcelona ganó la Liga Española casi sin pestañear, pero jamás tuvo la misma disposición que en el torneo europeo, máxime desde que comenzaron las semifinales sabiendo que ya no están en la competición ni el Real Madrid, ni el Bayern Munich, ni el Manchester City ni la Juventus, es decir, tampoco su máximo adversario en búsqueda de su sexto Balón de Oro, Cristiano Ronaldo.

Un genio como Messi, arropado en su casa, y “oliendo sangre”, a apenas tres partidos de volver a ser campeón de Europa, se torna imparable y esto es lo que le sucedió al Liverpool. Siendo un equipo tan consolidado, que a dos fechas de terminar la Premier League pelea palmo a palmo el título contra el opulento Manchester City, hizo todo lo que había que hacer para irse del Camp Nou con una buena ventaja como para rematar el martes que viene en Anfield, ante su gente. Y sin embargo, se va derrotado por 3-0, casi sin posibilidades de remontar.

¿Qué fue lo que pasó? Que el fútbol es maravilloso, y que el Liverpool sufrió primero la falta del brasileño Roberto Firmino en el ataque, y eso le disminuyó sus habitualmente muy efectiva delantera. Y que promediando el primer tiempo se lesionó Naby Keita, un jugador creativo, y el excelente entrenador alemán Jürgen Klopp tuvo que apelar a Jonas Henderson, mucho más distribuidor pero con menos precisión. Y por si esto no alcanzara, cada vez que los “reds” llegaron al otro arco, se toparon con un gran Gerard Piqué y con un notablemente seguro arquero alemán Marc Ter Stegen.

Entonces, el Barcelona sufría el partido, trataba de cambiar golpe por golpe sin el respaldo colectivo necesario, basado en algunos grandes jugadores que componen su columna vertebral (el citado Piqué, un gran Arturo Vidal en la marca, el genio de Messi, y Luis Suárez como goleador y acostumbrado a fajarse con las defensas rivales), y se fue dando maña para sacar adelante el partido.

Suárez puso justo el pie para desviar un remate con otro destino y descolocó al arquero brasileño Alisson Becker, y ya pareció excesivo que el primer tiempo terminara 1-0 para el local.

El Liverpool salió al segundo tiempo convencido de empatarlo y lo merecía, pero todo el dominio territorial y la asfixiante presión desde su línea de ataque no alcanzaban y fue allí cuando Messi entró definitivamente en acción con algunas jugadas dignas casi de otro deporte mucho más estético, acrobático, al límite de lo humanamente concebible. El genio recogió un rebote de lo que era un gol de Suárez, pero la pelota dio en el travesaño y el argentino sólo tuvo que empujarla a la red, y luego clavó uno de sus tantos magistrales tiros libres al ángulo, que para cualquiera son eso, tiros libres, pero para Messi, en verdad, son penales con barrera. Y así no sólo se dio el lujo de llegar a su gol 600 con la camiseta azulgrana sino que dejó un 3-0 que es demasiada distancia para la revancha dentro de cinco días.

Y parece mentira decir que un partido que tranquilamente pudo ganar el Liverpool no lo perdió por más, porque en la última jugada, Messi le cedió la pelota a Ousmane Dembélé para que marcara el cuarto gol y el delantero francés, que ingresó por el insípido Philippe Coutinho, se la entregó mansa al arquero Alisson.

Si el Barcelona aprendió la lección de la temporada pasada, cuando se fue del Camp Nou ganándole a la Roma 4-1 y perdió 3-0 en la capital italiana, estará en la finalísima de Madrid del 1 de junio. Y con un Messi en este estado de gracia, parece casi imposible que esto no vaya a ocurrir.

El Liverpool se estrelló contra Messi (Interia)




                                                    Desde Barcelona,


Este Barcelona no está para regalar nada. Si pudo festejar un 3-0 que lo deja con un pie en la final de la Champions League en Madrid es porque cuenta en sus filas con un genio como Lionel Messi, capaz de todo y ante cualquier rival, aunque éste sea ahora el Liverpool con un equipo consolidado y que por momentos hizo sufrir al Camp Nou con un dominio abrumador, aunque sin contundencia a la hora de definir.

El Barcelona tiene la gran ventaja de que en este momento sólo está enfocado en la Champions. Superada la Liga Española, que ya ganó, puede darse el lujo de enfrentar los partidos que le quedan con suplentes y preparar bien la revancha para dentro de cinco días en Inglaterra, en lo que seguramente será un estadio repleto y con la tradición de Anfield, que empujará a los “reds”.

En cambio, el Liverpool pelea en dos frentes porque aún le quedan dos jornadas de la Premier League, en la que pelea el título ante el poderoso Manchester City, y eso le va pasando algunas facturas, como lesiones, menor resistencia en las segundas partes, y hasta jugadores que deben ser reemplazados al inicio de los partidos, como ocurrió ayer con Naby Keita, que debió resignar su juego más técnico por el de Jonas Henderson, de mayor ubicación y buen primer pase, pero menos creativo.

Aún con todos estos problemas y jugando una semifinal fuera de casa, el Liverpool fue siempre más sólido y de mejor juego colectivo que el Barcelona, mucho más proclive a los espasmos o a tratar de responder golpe por golpe, y la gran diferencia estuvo en las áreas. Sin el brasileño Roberto Firmino, lesionado, al Liverpool le faltó el toque final para definir lo que merecía, aunque tuvo muchas oportunidades.

Por el contrario, el uruguayo Luis Suárez tuvo una posibilidad de desviar el balón que iba en otra dirección, desacomodó al portero Alisson Becker y promediando la primera parte, el Barcelona estaba ganando sin merecerlo y hasta dio la sensación de un gran alivio del Camp Nou cuando finalizó la primera parte. El 1-0 era un negocio redondo tal y como había sido el partido.

Se esperaba un Liverpool dominante y resuelto a empatarlo en la segunda parte cuando apareció Messi en todo su esplendor, frotando la lámpara para demostrar que no existe para él mayor motivación que la Champions y más, cuando está en las puertas de su quinto título europeo y de su sexto Balón de Oro, y además de algunas deslumbrantes jugadas, marcó el segundo gol para los catalanes cuando más arreciaban los ingleses, recogiendo un rebote del larguero tras un remate de Suárez, y luego marcó el tercer gol para una excesiva diferencia con un magistral libre directo, que en sus pies se transforman directamente en penaltis con barrera.

El fútbol es tan increíble que lo que debió ser un final con festejos de locura, dejó un cierto regusto amargo a los locales por el insólito gol perdido por Ousmane Dembélé en la última jugada por entregarle el balón a Alisson cuando era más fácil marcar el cuarto, pero si la plantilla del Barcelona es inteligente y pudo aprender la lección de la Champions pasada, cuando tras ganar 4-1 a la Roma cayó 3-0 al regreso, esta experiencia no la debería repetir en Anfield la próxima semana.

Para eso, sus jugadores no sólo deberán estar atentos, sino que, salvo Messi, que juega a otra cosa, varios de ellos (Coutinho, Sergi Roberto o Dembélé) deberán mejorar mucho, porque el Liverpool es capaz de remontar y colectivamente, es superior al Barcelona. La diferencia estuvo en las dos áreas, con el portero Marc Ter Stegen tapando todo y con Messi y su fútbol de esplendor.

Ni con el 3-0 se puede dar por terminada la serie, aunque lo pueda parecer.

miércoles, 1 de mayo de 2019

Barcelona-Liverpool, dos estilos distintos y el gol fuera de casa como arma fundamental (Interia)




En pocas horas, Barcelona y Liverpool, dos equipos que representan a clubes con enorme tradición y muchas copas ganadas cada uno, animarán una semifinal de gala de la Champions League en el Camp Nou de la capital catalana, en la que cada detalle, en especial los goles que cada uno marque fuera de casa, puede ser fundamental.

De hecho, ambos llevan un largo invicto en sus míticos estadios (el Barcelona, con 31 partidos desde 2013 y el Liverpool con 21 desde 2014), y si el Barcelona apenas recibió un gol en el actual torneo, en el Camp Nou, el Liverpool no es menos y sólo recibió uno más, dos en total, y ambos en el lejano primer partido de la fase de grupos ante el PSG.

El Barcelona tiene a Messi y el genio es capaz de todo y ante cualquier rival y ya quedó demostrado a lo largo de los dieciséis años que viene jugando, pero el Liverpool aparece como mejor equipo en cuanto a la disposición táctica y a la explotación de la función de cada jugador.

Son equipos muy distintos. El Barcelona utiliza con su entrenador Valverde un sistema táctico de 4-3-2-1 cuando defiende, pero hasta con un 2-4-2-1-2 cuando ataca, con Messi por detrás de Suárez y Dembélé o con Philippe Coutinho más cerca de Messi y Suárez arriba. Mientras que el Liverpool de Jürgen Klopp utiliza un muy claro 4-3-3, aunque en el retroceso defensivo colaboran todos y de manera efectiva.

El Barcelona suele tener planteos más conservadores en los que la posesión de balón es casi todo  porque de esta forma hace mover al rival hasta encontrar el hueco preciso por donde meter el balón para la estocada final, o depende de una genialidad de Messi ya sea en jugada o como consecuencia de balón parado.

En cambio, el Liverpool apenas si necesita el mediocampo. Esta zona es apenas un lugar de paso para ir hacia el ataque o para bajar a la marca. También es un equipo con muchas variables y una de sus más grandes fortalezas es el juego aéreo, especialmente por contar con uno de los mejores centrales del mundo, el holandés Virgil Van Dijk. 

Otro punto fuerte es la velocidad una vez que el balón sale desde la defensa, para llegar a la portería rival, con un magnífico trío compuesto por Sadio Mané, Mohamed Salah y Roberto Firmino, pero a los que suelen sumarse por ambas puntas los laterales Trent Alexander-Arnoldt y Andrew Robertson.

Tras años en el ostracismo o perdiendo títulos mucho antes del final, este Liverpool del entrenador alemán Jürgen Klopp parece asentado, ya jugó una final de Europa League (perdida ante el Sevilla), peleó dos Premier Leagues hasta el final y en ésta, se encuentra segundo a un punto del Manchester City a falta de dos jornadas y esto indica el grado de competitividad y de confianza en su sólido juego desde la llegada de Klopp, que operó como revulsivo y consiguió altísimos rendimientos.

¿Quién prevalecerá, el juego veloz y dinámico de los reds o el posicional y más dependiente del genio como el Barcelona? Lo sabremos en pocas horas tras un partido que promete mucho.

El Barcelona fue campeón…porque tuvo a Messi (Interia)



El Barcelona, aunque empecinado en regresar a ganar la Champions League después de cuatro años sin conseguirlo, sin embargo, volvió a ser campeón de la Liga Española, el título que, por ejemplo, para Zinedine Zidane, que convivió años con la Juventus como jugador, cree que es el más importante porque es el de la continuidad, el más preciado para un entrenador, el que demuestra la regularidad en la temporada.

En estas horas, una gloria del Barcelona como sin dudas es Carles Rexach, quien jugó en los tiempos de Johan Cruyff en los años setenta y luego fue dirigente del club y quien –nada menos-fichara a Lionel Messi cuando era un adolescente de 13 años, escribió una columna en un periódico deportivo de Cataluña comentando que no comprende muy bien por qué los simpatizantes del Barcelona están tan desesperados por la Champions cuando el título de Liga le parece más importante.

Rexach dice que la Champions ahora reúne a demasiados equipos por país cuando antes sólo arribaban a jugarla los campeones de cada Liga y que en cambio, ganar un torneo de 38 jornadas y tan competitivo es mucho más difícil (Zidane sostiene lo mismo, aún habiendo ganado tres Champions con el Real Madrid, porque en Italia se valora mucho el torneo local).

Sin embargo, el abrumador dominio del Barcelona en la Liga Española (11 ligas de las últimas 15) esta vez no tuvo relación con el gran juego del equipo, sino con que fue “el menos malo” de todos y el más regular (lo que más debería importar).

Es cierto, en defensa del Barcelona, que no tiene culpa de que el Atlético Madrid no haya sabido tener un juego más ofensivo pese a que cada vez se gasta más dinero en fichajes y ya no es un club de clase media (de hecho, en pocos días su nuevo estadio Wanda Metropolitano será sede de la final de la Champions), o tampoco que el Real Madrid haya tenido un año desastroso, a 18 puntos del líder y remontando la cuesta desde agosto, cuando aún con Julen Lopetegui perdió la final de la Supercopa europea ante el Atlético Madrid. Ya luego, Santiago Solari como entrenador interino, hizo lo que pudo ante un equipo derrumbado anímicamente y que sintió demasiado la salida de Cristiano Ronaldo.

El resto de los competidores de la Liga, se sabe, están para pelear por puestos en las copas europeas, o por no descender a Segunda, dependiendo del caso.

Con estos regalos, el Barcelona no tuvo nunca un competidor real por esta Liga. Apenas, el Atlético se mantuvo a prudente distancia, pero nunca con la posibilidad de arrebatarle el título, y eso también generó como consecuencia una Liga poco agonística, sin demasiado en juego y con el equipo azulgrana deambulando por los estadios sabiendo que tener a Lionel Messi en la plantilla, alcanza y sobra. Y el argentino, con sus 34 goles, con algunos partidos sin jugar en la segunda ronda, y otros desde el banquillo, resolvió cualquier duda que apareciera.

Pero hay que decirlo claro: este Barcelona no es un gran equipo si  no tiene una máxima exigencia enfrente. Tiene la capacidad de mimetizarse con el rival, como le sucedía a Woody Allen en el recordado film “Zelig”, cuando tomaba la personalidad de quien estaba a su lado.

El Barcelona tiene un entrenador que sabe llevar el vestuario con mano izquierda, como Ernesto Valverde, pero que es muy conservador para el tradicional juego blaugrana, con apenas un delantero (el uruguayo Luis Suárez), a veces dos si la situación lo amerita (el muy hábil pero irregular Ousmane Dembélé), con Messi jugando por libre pero decidiendo en cualquier momento, y con uno de sus principales aliados, el lateral izquierdo Jordi Alba, quien tal vez es el que más entiende el juego del genio.

El resto, acompaña porque no hay jugador malo ni mediocre en la plantilla, pero no hubo demasiados partidos con aquellos espectáculos que recordamos con añoranza desde los tiempos de Xavi Hernández o Andrés Iniesta. Ahora toca otra cosa, y el Barcelona fue justo campeón con esto que tiene hoy, con la elegancia y justeza de Gerard Piqué en la marca, y con un porterazo como el alemán Mar Ter Stegen. Pero no hay que exagerar: este Barcelona fue más que los otros 19 equipos y menos que otros Barcelona del pasado, aún siendo campeón. Con Messi, todo es más fácil.

Si Guardiola fracasó por no ganar la Champions. ¿qué le queda al resto? (Interia)



Una ola de exitismo invade a buena parte del fútbol. La capacidad de olvido, o la falta de memoria, pasa a ser un factor común en cada vez más analistas y aficionados, al punto de cuestionar, desde hace pocos días, nada menos que al entrenador del Manchester City, Josep Guardiola, porque otra vez se le ha negado la Champions League, por sexta vez consecutiva.

Si Guardiola no hubiese ganado ningún título como entrenador, o alguno aislado, tal vez podría albergar dudas sobre las dos Champions que ganó en sus inicios como entrenador, sentado en el banquillo del Barcelona, en 2009 y 2011, ambas veces ante el Manchester United.

Algunos, en aquel tiempo, que ahora vuelven a la carga con el mismo argumento, sostienen que si Guardiola ganó ambas Champions con el Barcelona, fue porque contó en el equipo con el genio de Lionel Messi y que una vez que cambió de equipo (dirigió al Bayern Munich entre 2013 y 2016 y ahora lleva tres temporadas en el Manchester City), ya no pudo conseguirlo.

Sin embargo, hay que recordar rápidamente que el Barcelona, con Messi en su plantilla desde 2004, ganó tres Champions en quince años, y ésta podría llegar a ser la cuarta. Es decir que desde 2012, cuando Guardiola dejó el banquillo del club catalán, en siete temporadas, el Barcelona sólo ganó una (con Luis Enrique Martínez, en 2015).

Por otra parte, no es que el Bayern Munich, sin Guardiola, haya ganado muchas Champions Leagues, especialmente en el Siglo XXI, sino apenas dos (2001 y 2013, y la segunda, con Jupp Heynckes, justo antes de la llegada de Guiardiola, lo que sin embargo no cambió la opinión de sus dirigentes sobre la necesidad de buscar otro rumbo).

Y si antes nos referimos al Barcelona o al Bayern Munich, mucho más énfasis hay que colocar en el Manchester City, que jamás ganó una Champions y apenas, como todo palmarés internacional, ha conseguido una Recopa europea en la temporada 1969-70 y acumula dos dobletes en su historia (Liga y Copa de la Liga), en la temporada 2013-14 y en la 2017-18, ésta última, con Guardiola en el banquillo y con récord de puntos (100 sobre 114 posibles).

Un entrenador que ha ganado tres Ligas españolas sobre cuatro posibles, las tres Bundesligas disputadas con el Bayern, y que va camino a ganar su segunda Premier League sobre tres posibles con el Manchester City, y que acumula diecisiete títulos y va camino al dieciocho en once temporadas, con tres equipos, no parece entrar en la discusión.

Pero mucho menos aún desde el punto de vista del juego de sus equipos. Alguna vez el argentino César Luis Menotti afirmó que Guardiola ingresa a un vestuario y ya todos los jugadores saben a qué hay que jugar. Su estilo de posesión de balón es inconfundible, más allá de ciertos vicios que le podamos señalar (a este periodista, por ejemplo, no le convence que tienda a utilizar volantes en los extremos y no a especialistas, o que sus ataques marquen mucho menos goles de los que suele indicar sus extensos dominios, o que reciban demasiados goles por el poco tiempo que ceden el balón a sus rivales).

No hay dudas de que desde la llegada de Guardiola a los banquillos, el fútbol mundial ha logrado tener un referente del juego estético, y con sus números y algunas inolvidables palizas (en particular, señalamos aquel 5-0 del Barcelona al Real Madrid de José Mourinho el 29 de noviembre de 2010), también ha echado por tierra a aquellos que sostienen que lo mejor en el fútbol es el resultado, sea como fuere que éste se consiga.

También es cierto que, como se demostró en esta Champions League o en otras anteriores, los detalles también cuentan, o incluso, a veces, las malas actuaciones (no se entendió, por cierto, lo que hizo el Manchester City en la ida de los cuartos de final ante el Tottenham en Londres, y lo pagó caro en la vuelta, aunque finalmente haya ganado ese partido, y el entrenador catalán cometió graves errores en la semifinal de 2014, cuando el Bayern perdió por un durísimo 0-4 en Alemania ante el Real Madrid).
Aún con la posibilidad de seguirse perfeccionando, Guardiola ha proporcionado un estilo, una forma de jugar, e incluso, ha mantenido una conducta dentro y fuera de los terrenos de juego y sus equipos han jugado siempre un fútbol agradable y con tendencia a buscar permanentemente marcar goles.

Otra crítica que es habitual leer o escuchar sobre el trabajo de Guardiola es que siempre lo ha hecho en clubes que le han fichado a los mejores jugadores del mundo. Por supuesto que ha sido así, pero en ese caso, la pregunta es por qué, en todo caso, esos mismos clubes contrataron a Guardiola y no a otro entrenador, pudiendo hacerlo.

Por eso, para aquellos que van por el mundo lanzando la pregunta sobre si Guardiola ha fracasado por no haber ganado una Champions, nos surge otra pregunta: ¿qué les queda a los demás entrenadores con mucho menos palmarés y juego en sus equipos?

Es, entonces, una polémica sin sentido. Al menos, ganando o no, con Guardiola tenemos la certeza de que sus equipos lo harán todo por el espectáculo. Y eso es de agradecer, en tiempos de dudas tan insólitas.