jueves, 16 de mayo de 2019

Rumores de descontentos, descartes y fichajes en el Barcelona (Jornadaonline)




                                                          Desde Barcelona



Desde que en la madrugada de hoy (la noche argentina del martes) se divulgara en “El Chiringuito de Jugones”, el programa deportivo más popular de la TV española, que en el plantel del Barcelona hay varios jugadores descontentos con el liderazgo de Lionel Messi y Luis Suárez, la situación no ha hecho más que tensarse en el entorno del club azulgrana.

Ni Messi (quien no asistió anoche a la fiesta de los 90 años de la Liga, en la sede del club Espanyol y de quien dijo el presidente de la Liga de Fútbol Profesional, Javier Tebas, que estaba “tocado” por la derrota en Anfield ante el Liverpool), ni Suárez (recién operado de los meniscos, lo que pone en duda su presencia con la selección uruguaya en la Copa América de Brasil) dijeron nada al respecto.

Según la versión de “El Chiringuito”, en el que trabajan los ex arqueros argentinos Hugo Gatti y Jorge D’Alessandro, tras la durísima goleada en contra del Barcelona ante el Liverpool en Anfield por la Champions League (4-0) que significó la eliminación de los catalanes al recibir la segunda remontada en dos años (la anterior en la Roma en la temporada anterior), varios jugadores del plantel del Barcelona, por lo bajo, consideran que los dos delanteros sudamericanos no estuvieron a la altura en cuanto a la llegada al equipo o a la actitud tomada fuera del campo.

Mientras esto sucede y ante el silencio de los jugadores, a menos de diez días de la final de la Copa del Rey ante el Valencia en el Benito Villamarín de Sevilla (estadio del Betis), el próximo 25 de mayo, los rumores no dejan de correr alrededor del Barcelona. Aunque algunos ya confirman que el entrenador Ernesto Valverde continuará en el cargo, otros creen que, simplemente, el club está esperando que acabe la última competencia de la temporada para anunciar su partida.

Por otra parte, ya la propia comisión directiva del Barcelona ya deja entrever que el único intocable es Messi, pero que ya no lo son otros jugadores de renombre como Jordi Alba (que tuvo dos graves errores en sendos goles en Anfield y a quien le buscan un competidor para el puesto, que podría ser el brasileño Filipe Luis, que saldrá del Atlético Madrid-), Sergio Busquets (de mala temporada, quien podría ser reemplazado por Rodri, volante del Atlético Madrid), Iván Rakitic (quien podría ser traspasado al Inter), Malcom (solicitado por varios equipos) o Nelson Semedo (con ofertas del fútbol italiano), mientras que ya tienen casi asegurada su salida el marcador central belga Vermaelen, el arquero holandés Cillessen (en este caso, porque tras sus buenos desempeños, consideran que merece una oportunidad de titular en otro club) y si se confirma la llegada del francés Antoine Griezmann, deberían emigrar Ousmane Dembéle o Philippe Coutinho.

En cuanto a Griezmann, quien ayer anunció su salida del Atlético Madrid luego de cinco temporadas con un corto video en el que agradeció a la afición, ya adelantó que pagará la cláusula de su pase, que si hoy es de 200 millones de euros, desde el 1 de julio, día del inicio de la nueva temporada, bajará a los 120 millones, lo que se considera muy poco para su valor de mercado.

Aunque el Barcelona piensa pagarlos cuando comience a cotizar a este valor, corre el riesgo de que se le adelante el PSG francés, que al recibir ayudas estatales de Qatar, no tendría problemas en desembolsar los 200 millones ahora mismo, y que ofrece al jugador una ficha mucho más alta que lo que pueden pagar los catalanes, aunque éstos juegan sus cartas de ser una entidad que pelea siempre por los títulos mientras los poderosos franceses no han podido cruzar nunca a las semifinales de la Champions League en todo este tiempo.

Por otra parte, el Barcelona ya se aseguró la llegada del volante del Ajax Frankie De Jong y se encuentra en avanzadas gestiones para conseguir también al joven marcador central Matthijs De Ligt, del mismo equipo holandés, que consiguió en su país la Liga y la Copa, y se quedó a segundos de ser finalista de la Champions al caer eliminado por el Tottenham.

También desde el Ajax podría llegar el entrenador Erik Ten Hag, si tras la Copa del Rey llegara a ser destituido Valverde (en el contrato de éste con el Barcelona, hay una cláusula que dice que cualquiera de las dos partes puede rescindir sin tener que abonar la cifra definitiva). Cuando le consultaron en una conferencia de prensa en Amsterdam si piensa seguir en el club holandés, sólo atinó a decir que “tengo contrato por un año más”, una forma de eludir cualquier respuesta comprometedora.

lunes, 13 de mayo de 2019

El fútbol español sólo espera las vacaciones (Jornada)




                                                  Desde Barcelona



Se esperaba un Cabildo Abierto en el Camp Nou, al que asistimos para ver el Barcelona-Getafe, en el que, paradójicamente, el que más se jugaba era el equipo de la comunidad de Madrid, y un estadio semivacío fue la primera clara expresión del desinterés del público azulgrana luego de la durísima eliminación de la Champions League de la semana ante el Liverpool.

Apenas 57 mil personas silbaron tenuemente el ingreso del equipo, al director técnico Ernesto Valverde, ruidosamente al brasileño Phillipe Coutinho, y de manera intermitente a un jugador surgido de la casa y ex campeón mundial como Sergio Busquets. Sólo tres jugadores fueron claramente ovacionados y fuera de cualquier discusión: Lionel Messi, el arquero alemán Marc Ter Stegen-ausente, reemplazado por Cillessen-, y, sorpresivamente, al volante chileno Arturo Vidal, una manera de querer demostrar que a la afición le preocupa que quienes defienden su camiseta hagan todo el esfuerzo posible.

Con el correr de los minutos, y el aceptable partido del Barcelona, las aguas se calmaron y los locales, ya campeones de Liga, ganaron 2-0 sin despeinarse demasiado y dejaron a su rival casi fuera de la próxima Champions, porque al perder fue alcanzado en el cuarto puesto por el Valencia, que debe, además, jugar la final de la Copa del Rey ante los catalanes el próximo 25 de mayo, en el estadio Benito Villamarín del Betis.

Esta, que termina el próximo sábado (con todos los partidos a la misma hora) fue una Liga muy rara. El Barcelona nunca vio peligrar el título ante un Real Madrid que está de vacaciones desde hace casi dos meses, sin objetivos, y con un insípido tercer puesto, mientras que el Atlético Madrid consiguió el subcampeonato apenas respirando, sin demasiado esfuerzo al no tener ninguna presión blanca.

Sin lucha por los dos primeros lugares, el Atlético Madrid de Diego Simeone vivió ayer, en el Wanda Metropoitano, la despedida del marcador central uruguayo Diego Godín, que ya anunció su marcha al Inter italiano, y con el interrogante sobre si Antoine Griezmann, ahora sí, se irá a jugar al Barcelona porque su ficha, desde el 1 de julio, con la nueva temporada, baja de 200 a 120 millones de euros, aunque una encuesta realizada al borde del Camp Nou por la revista “France Football” con hinchas azulgranas dio como resultado que el cien por ciento se niega a que el delantero llegue al club luego de que se negara a hacerlo en la temporada pasada, cuando la expectativa era mucho mayor.

Si el Atlético Madrid apenas pudo empatar ante un Sevilla que aún conserva chances (lejanas) de llegar a la Champions que viene, el Real Madrid, directamente, piensa en la temporada 2019/20 desde hace dos meses. Eliminado por un rotundo 1-4 ante el Ajax en el Santiago Bernabeu en los octavos de final de la Champions, fuera de la Copa del Rey ante el Barcelona, y muy lejos de la punta en la Liga, lo único que parece interesar es que el DT Zinedine Zidane (que volvió nueve meses después de haber renunciado) haga una criba y cambie medio plantel para renovarlo con miras al futuro.

La prensa española da por hecho que saldrán del equipo el galés Gareth Bale, y los volantes Diego Ceballos y Marcos Llorente, mientras que hay dudas con Marcelo (que muchas versiones colocan en la Juventus con su amigo Cristiano Ronaldo), Toni Kroos y el arquero belga Thibaut Courtois, porque Zidane ya ha dicho que confía en el costarricense Keylor Navas, con el que ha ganado tres Champions consecutivas.

En cambio, es espera que en los próximos días se finiquite la llegada de Eden Hazard (Chelsea), ya se formalizó la de Rodrygo (Santos) y no se descarta la de Neymar (PSG), Paul Pogba (Manchester United) y hasta la de Sadio Mané (Liverpool).

Si esto ocurre con el Real Madrid, el Barcelona necesita un revulsivo luego de la inesperada derrota de 4-0 ante un Liverpool con tres suplentes y el marcador central Virgil Van Dijk, y los fichajes para tapar la tragedia ya están a la orden del día. Desde el ya anunciado del volante del Ajax Frankie De Jong hasta el posible de su compañero, el joven marcador central Mathhijs De Ligt, o el citado de Griezmann, aunque para eso deberán salir algunos como Iván Rakitic (al Inter), Coutinho (¿Chelsea?), y suplentes como Murillo, Vermaelen o Kevin Boateng.

Ya sin chances de discutirle (al menos por ahora) el primer lugar entre las ligas del mundo al fútbol inglés (que metió a los dos finalistas de la Champions, los dos de la Europa League, fue cuarto en el Mundial pasado, finalista de la nueva Copa de las Naciones y campeón mundial sub-20 y sub-17), España sólo piensa en que las vacaciones lleguen lo antes posible para recapitular e intentarlo de nuevo.

La hegemonía inglesa en el fútbol europeo, entre la tradición, la economía y el orden de la Premier League (Infobae)




                                                        Desde Barcelona


La actual temporada europea de fútbol tendrá una absoluta hegemonía inglesa, con las dos finales de sus competencias entre equipos británicos, en una situación inédita en la historia y sin embargo, con muy poco de casualidad.

El 25 de mayo, en Bakú, se enfrentarán Arsenal y Chelsea, en lo que suele ser un derby londinense, para determinar el campeón de la Europa League y una semana más tarde, en Madrid, Liverpool y Tottenham Hotspur jugarán la final de la Champions League, en un clásico que esta vez no será por una competición británica.

Si sumamos al Manchester City, quien este domingo, si gana su partido, será bicampeón de la Premier League y que fue eliminado ajustadamente por el Tottenham en los cuartos de final, y que a esa misma instancia llegó el Manchester United, que cayó ante el Barcelona, el poderío inglés, con su llamado “top six” en los principales lugares de Europa, es absoluto.

En 2008, ya se han enfrentado dos equipos ingleses en la final de la Champions en Moscú, cuando el Manchester United de Cristiano Ronaldo, Wayne Rooney, Carlos Tévez y Edwin Van der Saar venció por penales al Chelsea, pero no tuvieron un correlato en la Copa de la UEFA, la segunda competición continental, porque la definición del torneo estuvo a cargo del Zenit de San Petersburgo, que venció al Rangers escocés.

Muchos análisis atribuyen la diferencia entre los equipos ingleses y el resto de los competidores a una razón económica aunque no se trata sólo de este aspecto, si bien tiene un peso fundamental.

Según el último estudio económico anual, la Premier League generó nada menos que 8700 millones de euros (7600 millones de libras esterlinas) en la temporada 2016/17, con una generación de cien mil empleos. De esta suma, 4300 millones son aportes genuinos de la Premier League y 3200. De las empresas que trabajan con la competición, siempre según el informe “Premier League, economic and social impact” de la consultora EY.

Eso no es todo, porque la Premier League aporta al fisco inglés 3300 millones de euros y se calcula que 680.000 turistas asistieron a los partidos en un año, generando un gasto de 555 millones de libras esterlinas, de las cuales sólo Londres (donde juegan Arsenal, Chelsea, Tottenham, Crystal Palace y West Ham), aporta 2300 y 27.000 empleos. ¿Es casualidad, acaso, que Tottenham, Arsenal y West Ham hayan renovado sus estadios en los últimos tiempos y que Wembley, también se haya remodelado, y que tres de estos equipos estén en las finales europeas?

La segunda zona aportante a la economía de la Premier League es la el Noroeste (Liverpool, Everton, Burnley, Manchester United y Manchester City), con un aporte de 2000 millones de libras y 20.000 empleos, bastante cerca de lo que genera la capital inglesa, y también sus equipos principales, bastante cerca de los de Londres en competencias europeas.

Según la consultora Deloitte, en su informe anual, la Premier League duplicó su propia rentabilidad de 681 millones de euros a 1203 millones, en tanto que en ese mismo período, la Liga Española pasó de los 260 millones a los 437, es decir que pese a una gran remontada económica, la Liga sigue muy por debajo de la Premier y parece una lucha desigual pese al enorme esfuerzo por acercarse.

La diferencia se fue haciendo insostenible para España (cuyos equipos dominaron las competiciones europeas especialmente en esta década al punto tal de que en la Champions League, desde 2009 hasta 2018, apenas no ganaron en tres ocasiones) cuando en 2015 se produjo el último acuerdo de reparto de dinero procedente de los derechos de TV en la Premier League, que se vendió como un paquete colectivo y luego se dividió entre los equipos participantes.

Desde ese momento, sólo Real Madrid (140 millones de euros) y el Barcelona (146,2) pudieron mantener cifras cercanas a la PL porque el tercero en discordia, el Atlético Madrid (99 millones) ya estaba por debajo de lo que genera hasta el último equipo de la tabla del torneo inglés, lo que no sólo marca la diferencia entre las dos competiciones, sino también la distancia que hay en la Liga, entre los dos grandes y el resto de los equipos, y eso se refleja luego en la tabla de posiciones y en el devenir de los torneos, siempre con los mismos candidatos a ganarlos.

Otra diferencia es que entre el Real Madrid y el Barcelona se reparten el 47 por ciento de la masa salarial de la Liga porque la mayoría de los equipos prefiere contratar a jugadores libres o de costos bajos, algo que no sucede entre los clubes de la Premier League, en la que ninguno registra déficit.

Incluso, la Liga (27.630 y 71 por ciento) es superada por la Bundesliga alemana en el promedio de espectadores por partido (40.693, con el 91 por ciento de las tribunas ocupadas), y la Premier League se mantiene en la segunda colocación europea con un promedio de 35.838 espectadores aunque con el 96 por ciento de las tribunas ocupadas por una capacidad más baja de espectadores en los estadios más pequeños.

Según el último informe de la Liga de Fútbol Profesional (LFP) dada a conocer en estas horas, en la pasada temporada llegó a generar 4479 millones de euros, lo que significa un crecimiento del 20,6 por ciento respecto de la temporada anterior, con ingresos por los derechos de TV de 1516 millones de euros, lo que significa un aumento del 33 por ciento.

Pero no todo es lo económico. La Premier League supuso un salto de crecimiento en el ordenamiento de la competición. Logró alejar a los ultras a partir de una política agresiva luego de los luctuosos hechos violentos de Heysel (1985) y Hillsborrough (1989), aunque el costo de acceder a los espectáculos haya aumentado demasiado y con esto, fue excluyendo a las clases más bajas convirtiendo al fútbol en un espectáculo de clase media.

Finalmente, tampoco puede dejarse de lado la tradición del torneo inglés y su penetración cultural en continentes como el asiático o el africano. La LFP española intentó en los últimos años, modificar horarios y hasta generar partidos importantes fuera del territorio español para tratar de acercarse a la Premier League, pero ésta le sacó ya una larga ventaja en años y no parece tarea fácil.

La riqueza de la Premier League, que supo hacerse global, también fue generando la llegada de entrenadores de las más diversas ideas futbolísticas, desde los partidarios de la posesión de pelota como Maurizio Sarri (Chelsea) o Josep Guardiola (Manchester City), los que pregonan un agresivo juego colectivo, como Jürgen Klopp (Liverpool) o Mauricio Pochettino (Tottenham), los que transmiten carácter, músculo y juego directo, como Unai Emery (Arsenal).

Es raro también que los jugadores top emigren de la Premier League hacia otras ligas aunque hay algunas excepciones por la tradición que también tienen el Real Madrid o el Barcelona-los únicos dos que pueden competir también en lo económico-, pero en general, la competición inglesa es, hoy, la Meca de las grandes estrellas.

Los resultados están a la vista. Incluso, la Premier League ya se aseguró, además de la Champions y la Copa UEFA, la Supercopa Europea que se jugará el 14 de agosto en el estadio Vodafone Park del Besiktas, en Estambul, cuando se enfrenten los dos ganadores de las finales de Bakú y Madrid, a partido único, en el comienzo de la temporada que viene.

Y por si esto fuera poco, tendrá cinco equipos en la próxima Champions League, en vez de cuatro, y tres en la Europa League, en vez de dos, es decir que ocho clubes ingleses competirán en Europa en la temporada que viene. Si se suma que Inglaterra es actualmente campeona mundial de las dos categorías juveniles, sub-20 y sub-17, cartón lleno.



sábado, 11 de mayo de 2019

Arsenal-Chelsea, la otra final que confirma la hegemonía inglesa en Europa (Interia)


                                     

                                                                 Desde Amsterdam


Otra vez, el entrenador español Unai Emery fue verdugo del Valencia, equipo al que dirigió no hace tanto tiempo. Ya lo había sido con el Sevilla y ahora, con el Arsenal, lo eliminó en su propia casa de Mestalla y con un contundente 2-4 que se sumó al 3-1 de la ida. Nada menos que siete goles en la serie para llegar a la final de la Europa League del 25 de mayo, en Bakú, ante el Chelsea.

El fútbol europeo, entonces, tendrá sus dos definiciones anuales con dos grandes clásicos ingleses. Primero, el derby londinense entre Arsenal y Chelsea, dos equipos que fueron cambiando de sistemas y de plantillas hasta encontrar las ideales a sus necesidades. Una semana después, el plato fuerte, con el clásico entre Liverpool y Tottenham Hotspur, por la Champions League, en una Madrid que ya se va preparando en cuestiones de seguridad porque habrá no menos de cincuenta mil fanáticos británicos en la capital española.

Muchos han atribuido al dominio del fútbol inglés de este año en Europa (no ocurría algo semejante desde 2008, cuando por la final de la Champions en Moscú, el Manchester United venció al Chelsea por penales, pero en la Copa de la UEFA, justamente con la final en Manchester, se impuso el Zenit ruso al Rangers escocés), a una cuestión meramente económica, al poderío que tiene la Premier League sobre el resto de las competiciones.

Sin embargo, no es solamente una cuestión económica. Y menos, cuando el Liverpool gana el porcentaje de posesión del balón al mismo Barcelona en el Camp Nou 52% a 48% del tiempo aún perdiendo 3-0 en la ida, o le propina un 4-0 en la vuelta con tres ausencias notables entre sus titulares. Y mucho menos aún cuando el Arsenal le mete siete goles al Valencia, finalista de la Copa del Rey, en la serie de dos partidos.

Si es por lo económico, justamente ayer, la Liga de Fútbol Profesional (LFP) española dio a conocer que en la pasada temporada, la ganancia total fue de 4479 millones de euros, con un crecimiento del 20,6 por ciento respecto de la temporada anterior, y a los clubes eso les generó un aumento de 189 millones de euros, aunque sin el Real Madrid y el Barcelona, lo que percibieron las entidades fue 137 millones, y allí reside gran parte de la diferencia con el fútbol inglés.

En España, el dinero no es repartido de manera equilibrada entre los clubes sino que la hegemonía del Real Madrid y del Barcelona, ahora apenas sumado el Atlético Madrid mucho más por el dinero que percibió por premios en competiciones que por la TV. En Alemania es mucho más justo y democrático, pero el gran inconveniente es que por tradición, el Bayern Munich suele llevarse a las estrellas de los demás competidores, algo que daña a los torneos locales.

En cambio, si bien en Inglaterra el reparto no alcanza a ser tan equitativo como en Alemania, de todos modos es aceptable y a esto se suma la tradición de sus equipos, la buena organización de los torneos, y la indudable penetración cultural en el mundo. Si a todo esto le agregamos que después de los luctuosos episodios de Heysel (1985) e Hillsborrough (1989), se terminaron alejando los violentos, la Premier League entró en una etapa de crecimiento constante con entrenadores con muchas variantes tácticas y diferentes estilos.

Así, llegamos a esta actualidad en la que el Chelsea terminó con años de jugar al contragolpe para apostar a un fútbol más estético con Maurizio Sarri (si bien tuvo que sufrir en semfinales ante el muy buen Eintracht Frankfurt), el Arsenal apostó por más fortaleza de carácter con Emery tras más de dos décadas con el francés Arsene Wenger, el Liverpool llega a su tercera final europea en cuatro años con el inmenso trabajo colectivo de Jürgen Klopp, y el Tottenham consiguió resultados al apostar por un equipo de jugadores de la casa de la mano del ascendente argentino Mauricio Pochettino.

Y podríamos agregar que el Manchester City pelea por la Premier League, dirigido por Josep Guardiola, por segundo año consecutivo, y que quedó muy cerca de llegar a la semifinal de la Champions ante el Tottenham (le anularon sobre la hora el gol del pase por un fuera de juego de no más de cinco centímetros) y si el Manchester United no avanzó más fue porque el entrenador noruego Oleg Gunnar Solskjaer tomó tarde el equipo, muy avanzada la temporada, luego del rotundo fracaso de José Mourinho.

Si la Premier League es, por lejos, el torneo más atrapante, jugándose la mayoría de los partidos a un ritmo trepidante, con un notable sentido de la ética, sin que sus equipos hagan tiempo ni simulen faltas y con la mayoría de las estrellas queriendo jugar allí, ¿cómo Inglaterra no va a tener tanta preponderancia en el fútbol europeo?

Este año, por fin, se produjo la confirmación. Y suena a justicia.

jueves, 9 de mayo de 2019

En un excepcional partido, el Tottenham pudo remontar sobre la hora al Ajax y habrá final inglesa de Champions en Madrid (Jornada)




                                              Desde Amsterdam


Hemos sido testigos de un brillante espectáculo. En medio siglo viendo fútbol, éste debe ser uno de los mejores cinco partidos que nos haya tocado presenciar porque reunió todo lo que se aspira para una fiesta: la actitud ofensiva de ambos equipos, tribunas eufóricas alentando a los suyos, situaciones de gol por doquier, grandes actuaciones de la mayoría de los jugadores, muchos goles, alternativas cambiantes y definición sobre la hora y estaba en juego nada menos que el pase a la final de la Champions League.

Acaso por eso mismo es que cuando el árbitro alemán Felix Brych dio por finalizado el partido, el director técnico argentino del Tottenham Hotspur, Mauricio Pochettino, se arrodilló en el césped y no pudo evitar que se le cayeran las lágrimas de emoción. Su equipo había logrado una hazaña. Había caído derrotado en la ida en su propio campo, el nuevo White Hart Lane ante el Ajax 0-1, y terminó el primer tiempo en el Johan Cruyff Arena de Amsterdam perdiendo 2-0.

La suerte parecía estar echada porque el Tottenham no sólo tenía que marcar tres goles en un solo tiempo, el segundo, sino que en el primero había sido netamente superado por los locales que siempre administraron la pelota con criterio y sencillez, como en toda la temporada, y le ganaban bien, con goles del defensor Matthijs De Ligt (con el mismo cabezazo que ante la Juventus por los cuartos de final), y de Hakim Ziyech.

Sin embargo, ese descanso de quince minutos fue extraño, especial, distinto. Si bien luego en la conferencia de prensa posterior, Pochettino no quiso entrar en detalles sobre lo que les dijo a sus jugadores, es evidente que algo les tocó las fibras porque el equipo del Tottenham que salió al segundo tiempo parecía otro y avasalló por completo a un Ajax que hizo lo que pudo (y no fue poco) pero que se vio obligado ya a pararse de contragolpe.

Otro hecho fundamental para el partido fue el ingreso del espigado delantero español Fernando Llorente por el volante Víctor Wanyama. De esta forma, el Tottenham ya se paró con un esquema mucho más ofensivo (creemos que el cambio pudo haberse hecho en los últimos minutos del primer tiempo, cuando ya los Spurs necesitaban marcar esos tres goles), y evidentemente, el tempranero gol del brasileño Lucas Moura despertó a los jugadores del conjunto inglés, que vieron que las chances estaban intactas y fueron por todo, por el premio mayor, y cuando ya empató otra vez Lucas Moura, el silencio se apoderó de un estadio que hasta ese momento vivía una fiesta y que empezó a intuir que las cosas no estaban para tirar manteca al techo.

Esto no significa que el Ajax renunciara al ataque porque no va en su esencia, ni en la del entrenador Erik Ten Hag. Y de esta forma, aunque era más lo que el Tottenham iba, los holandeses contragolpeaban hasta convertir al arquero francés Hugo Lloris en gran figura, tapando varias situaciones de sumo peligro.

Lo del final fue directamente un asedio del Tottenham, que estaba a un gol de la hazaña. Presionó y presionó por todos lados, con el danés (ex Ajax) Christian Eriksen como guía, pero con los dos laterales como extremos, con Llorente de pivote, y al final, con el ingreso de Erik Lamela para tener más alternativas.

Parecía que el partido terminaba 2-2 porque se había llegado al último minuto de descuento cuando el arquero local André Onana hizo tiempo en un saque de arco y eso generó un nuevo minuto adicional y allí, Tottenham hizo su último esfuerzo, con LLoris, el arquero visitante, yendo a buscar una pelota por aire. En uno de esos rebotes, Llorente –en el mejor partido que le vimos en años- pudo aguantar la marca en el área, cedió a Dele Ali y éste pudo pasar justo al brasileño Lucas Moura, el héroe de la noche, quien sacó un remate imposible de atajar, concretó su triplete, y desató la locura de los Spurs.

Tras un formidable partido jugado con limpieza, vocación ofensiva y gran técnica, el Tottenham de Pochettino logró la hazaña de meterse en la gran final de la Champions del 1 de junio en el Wanda Metropolitano de Madrid, ante uno de sus adversarios de la Premier League, el Liverpool del alemán Jürgen Klopp.

El fútbol y quienes tuvimos la inmensa suerte de haber estado allí, en el partido, agradecidos eternamente.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Con todo a favor, el Barcelona vuelve a tropezar con la misma piedra y es arrollado por el Liverpool (Interia)



                                                   Desde Amsterdam



El fútbol es un deporte tan hermoso, que pocos tienen su imprevisibilidad. Porque decíamos en los momentos previos al partido de Anfield, que la ventaja que llevaba el Barcelona era tan grande y en más de un sentido, que para quedar eliminado tenían que aparecer los fantasmas de su eliminación ante la Roma de la temporada pasada, y que el Liverpool jugara a un nivel casi imposible, porque saldría a jugar con varios suplentes.

Y sin embargo, todos esos hechos se conjugaron en la noche de ayer en Anfield, sumados a otro que está mucho más relacionado con el juego, con la propia imprevisibilidad del fútbol, porque si dijimos que en el Camp  Nou el Liverpool había jugado mejor que el Barcelona pese a perder por 3-0 y daba lugar a que más de uno nos tildara de locos, ahora los “reds” no fueron tan superiores en el juego, incluso al revés, pero aparecieron en el momento justo y con esos goles (especialmente el segundo, el de Wijnaldum en el segundo tiempo, cuando ya los “reds” quedaron a tiro de la remontada), fueron minando la endeble mentalidad de su rival.

Pero no todo es azar. A la suerte, hay que ayudarla, y el Liverpool hizo todo lo posible. Si algo caracteriza al público de Anfield es su persistencia, su fe, contra todo y todos. ¿Qué se lesionaron Roberto Firmino, Naby Keita y Mohamed Salah? Seguimos. ¿Qué Van Dijk no llega en las mejores condiciones físicas? No importa. ¿Qué el Barcelona llega con tres goles de ventaja? No todo está perdido y se puede remontar. ¿Qué Vincent Kompany marcó el gol del Manchester City a quince minutos del final ante el Leicester y podemos perder la Premier League pese a una campaña espectacular? Puede ocurrir, pero tal vez eliminando al Barcelona, se consigan las fuerzas para el domingo que viene en la definición.

Del otro lado, todo al revés. Si el Barcelona ganó la Liga, y es finalista de la Copa del Rey ante el Valencia es mucho más por mérito de Lionel Messi, Gerard Piqué, Jordi Alba, el portero Marc Ter Stegen y a veces el olfato goleador de Luis Suárez que por una estructura de equipo.

A estos mismos jugadores de Anfield les costó horrores vencer al Levante el día que el Barcelona se aseguró el título de Liga en el Camp Nou y desde hace meses que, luego de muchos años, el Barcelona ya no tiene empacho en aceptar que en ocasiones le cede el balón al rival para aguantar resultados, lo que antes era una herejía.

¿Qué fue lo que ocurrió? Que se fueron yendo Xavi, Iniesta, Pedro, de comenzó a jugar sin extremos, sin volantes ofensivos de peso, con demasiada gente que aportara un toque horizontal y pocos ejecutantes arriba y con sólo el uruguayo Suárez en el ataque, ya fue muy poco y lejos, además, de aquellos tiempos en los que el Barcelona nos regalaba espectáculos maravillosos.

Y este equipo utilitario de los Sergi Roberto, Rakitic, Busquets, Vidal, Semedo y Lenglet se conformó con sacar un buen resultado en Anfield pero se encontró con su contracara: un equipo voraz, con fe en sus posibilidades, con un estadio entregado, y con el olfato de que la de ayer, podía ser una noche histórica.

Mientras eso ocurría, del otro lado, a medida que le llegaban los goles (merecidos o no), el Barcelona comenzaba a recordar cómo la Roma le remontó en la temporada anterior y afloraron los viejos fantasmas y ni Messi lo pudo salvar, para concretar una de las derrotas más duras y humillantes de su historia.

El Barcelona dejó pasar una ocasión brillante, para caer en un gran fracaso: una final en Madrid, en una competencia en la que ya no estaban ni el Manchester City, ni el Bayern, ni el PSG, ni la Juventus ni el Real Madrid. Difícilmente se repita algo así. El Liverpool, que repite final de Champions (la perdió en Kiev en 2018 ante el Real Madrid), llega a su tercera definición europea en cuatro años (en la 2015/16 perdió ante el Sevilla por la Europa League), se va acostumbrando a convivir, otra vez, con la gloria.

La decepción barcelonista planea por las calles. Gente llorando por las Ramblas, me cuentan, y un silencio muy prolongado en el aeropuerto John Lennon, en Liverpool, como por las calles aledañas de Anfield de los cuatro mil fanáticos “culés” que se acercaron a alentar al equipo, y que hablan de lo que debe estar festejando Madrid por estas horas.

Pero no sólo triste amaneció Barcelona y eufórica, Liverpool, tras la goleada de anoche. Ahora comenzarán a rodar cabezas y aunque la prensa señala a algunos jugadores de desilusionante temporada, como Phillipe Coutinho (por el que hubo demasiadas expectativas a partir del exagerado precio pagado por el club por su pase), no debería sorprendernos si el propio entrenador Valverde acaba cayendo en desgracia.

Serán horas muy fuertes.

Adiós al sueño: El Barcelona vuelve a tropezar con la misma piedra y es arrollado por el Liverpool (Jornada)




                                                   Desde Amsterdam

“The dream is over”, cantaba John Lennon, desgarrado, cuando Los Beatles se separaron en 1970. Y en la tierra de los “Fab Four”, también el sueño de ganar la Champions se acabó para el Barcelona y para Lionel Messi, luego de una catastrófica caída en Anfield por 4-0 cuando lo tenía todo a favor y dilapidó, igual que en la temporada pasada ante la Roma, una excelente oportunidad de llegar a la final de la Champions League.

El Barcelona llegaba con demasiada ventaja a la vuelta de la semifinal de la Champions en Anfield, porque además del 3-0 de la ida, que ya era mucha distancia en goles, el Liverpool arrastraba tres lesiones demasiado importantes en su andamiaje, como las de dos de sus tres delanteros habituales (Roberto Firmino y Mohamed Salah), y la del volante Naby Keita, el más creativo, y a último momento se dudaba sobre si podría jugar su mejor defensor, el marcador central Virgil Van Dijk. Y por si faltara poco, los “reds” habían recibido el durísimo golpe del gol del belga Vincent Kompany, del Manchester City, en el final del partido ante el Leicester que los dejaban a un punto del equipo de Pep Guardiola a una sola fecha del final de la Premier League.

Con todas en contra, el Liverpool salió a jugar su partido sabiendo que no tenía demasiado que perder, y con el antecedente de que ya había marcado nueve veces en la temporada más de tres goles. El Barcelona, por su parte, salía con la única y lejana duda sobre si aquella eliminación de 2018 ante la Roma, que le había marcado tres goles, jugaría o no su partido psicológico.

Como esto es fútbol y tiene su lado impredecible, el partido resultó parecido al del Camp Nou pero de algún modo, al revés. Ahora fue el Barcelona el que tuvo la pelota más tiempo pero no pudo concretar lo que generó, mientras que si bien el Liverpool comenzó ganando pronto 1-0 por el gol de Origi, no parecía que el marcador pudiera alterarse demasiado para los ingleses.

Lo que sí llamó la atención fue el planteo de Ernesto Valverde, con dos líneas de cuatro para contener al Liverpool, casi todos defensores o volantes de marca (Sergi Roberto, Piqué, Lenglet, Alba, Busquets, Rakitic, Arturo Vidal) y apenas Messi y Luis Suárez en el ataque, con un gris Coutinho un poco más atrás, algo que, siendo exagerado, ya era una tendencia de toda la temporada: lejos de aquellos tiempos de esplendor, ahora el Barcelona ya se plantea cederle la pelota a los rivales cuando son de fuste y en momentos trascendentes, algo impensado hace unos pocos años.

Y cuando ya la vocación ofensiva no lo es tal, cuando tener la pelota ya no es una filosofía sino una suma de momentos, puede pasar lo que ocurrió: una suma de errores, de desconciertos, el rival que va tomando confianza arropado por un público que si algo tuvo siempre fue fe, con un entrenador como el alemán Jürgen Klopp que se suele devorar a los pusilánimes, y así fue que el Barcelona volvió a tropezar con la misma piedra y acabó cayendo por una goleada doblemente desastrosa por lo que significa: la eliminación de una Champions que parecía casi conseguida (con el Real Madrid, la Juventus, el Manchester City, el PSG y el Bayern afuera), y una derrota que, al ser la segunda en dos años consecutivos, dejará ya una huella que costará remontar.

Para el Liverpool, un premio al gran trabajo de todo el año, al notable crecimiento que temporada a temporada va teniendo este equipo, finalista de la Europa League, luego de la Champions, y ahora repite su presencia en Madrid el 1 de junio, en el partido decisivo, esperando por Ajax o Tottenham, aunque algo ya es seguro: gane o pierda, lo venderá muy caro.