sábado, 29 de septiembre de 2007

¿Messi es el nuevo Maradona? (Sportsnavi, Japon)

Por estos días, el joven jugador argentino del Barcelona, Lionel Messi, encuentra su mejor momento en su carrera, no sólo destacándose con goles, sino generando ocasiones para otros de sus compañeros, y exhibiendo un fútbol de lujo, deslumbrante, que no hace más que poner en el centro del debate la chance de que se lo considere como mejor jugador del planeta, y acaso sucesor de uno de los más grandes genios que ha dado este deporte, su compatriota Diego Armando Maradona. ¿Es Messi el nuevo Maradona?

Lo primero que se debe aclarar ante esta pregunta es que cada tiempo tuvo y tiene un contexto diferente. Maradona pertenece especialmente a la década de los años ochenta, cuando el fútbol comienza a ser superprofesional, pero no contaba con la difusión de la actualidad (por ejemplo, no había internet, ni chance de subir los goles a la web de manera inmediata, y tampoco podía seguirse tan globalizadamente el fútbol como en estos días).

Y en este mismo contexto, puede decirse que los sistemas de juego, tampoco son iguales que en aquel tiempo de Maradona. Si el astro del Mundial de México 1986 tenía tiempo de parar la pelota con su pecho, bajarla y darse vuelta, o resolver por su cuenta, hoy Messi, a una velocidad mucho mayor, necesita casi siempre de alguna descarga en compañeros o un pase para poder desarrollar su pique corto y resolver la jugada o bien con un remate esquinado, o bien regateando al arquero rival.

Messi no parece ser un Maradona, sino que debe seguir su propio camino. Desde ya que hay coincidencias sorprendentes, como que ambos hayan logrado un título de campeones mundiales juveniles menores de 20 años como figuras máximas (Maradona en Japón 1979, Messi , en Holanda 2005), que ambos hayan comenzado sus carreras europeas en el Barcelona, Maradona desde Boca Juniors de Argentina, y Messi, en cambio, desde la misma cantera barcelonista, o que ya Messi haya convertido goles con la misma factura que Maradona le convirtió a Inglaterra en el Mundial de 1986, tanto el gol de “la mano de Dios” como el que acaso hay sido hasta hoy el más importante de la historia del fútbol.
También los dos han tenido que sufrir cierta incomprensión de sus ocasionales entrenadores, tanto en el Barcelona como en la selección argentina. Maradona tuvo que jugar, siendo muy joven, casi como Messi ahora (Diego con 21 años, Lio con 20), en un Barcelona en el que brillaba, pero sin la coordinación absoluta necesaria en aquel equipo que posteriormente al Mundial de España 1982 dirigía el mismo César Luis Menotti que unos meses antes, en el mismo Mundial, lo hizo jugar de espaldas al arco rival, justo en uno de los mejores planteles que acaso haya llevado una selección argentina a un Mundial: la base del equipo campeón cuatro año antes, en 1978, sumada al propio Maradona, a un temible goleador como Ramón Díaz y a otros campeones mundiales como Juan Barbas o Gabriel Calderón, pero no pudo pasar de la segunda fase.
Messi padeció en la temporada pasada, de la necesidad del holandés Frank Rikjaard de darle cabida a Ronaldinho y a Samuel Eto’o en el ataque, y a Deco y a Xavi o Iniesta en el medio, con lo que para el argentino quedó reservado el extremo derecho, dejando en el banco a Giuly, pero si bien la oportunidad fue aprovechada, no fue colocado en su puesto natural, que es el de creativo y detrás de los delanteros como abastecedor del juego. Y así en ambos casos, el título fue para el Real Madrid, cuando el Barcelona disponía de mejores elementos en sus planteles.
También en el Mundial de Alemania 2006, como Maradona en España 1982, Messi no tuvo la cabida necesaria como titular por parte del entrenador José Pekerman, quien confió en la experiencia de Javier Saviola y Hernán Crespo, con Juan Román Riquelme como creativo, quedando para Messi, junto a Carlos Tévez (hoy en el Manchester United) apenas un lugar como suplentes. Inexplicablemente, Messi no fue incluído por Pekerman en el decisivo partido de cuartos de final ante Alemania, cuando el equipo argentino ganaba por 1-0, era claro que los locales atacarían en los minutos que quedaban buscando el empate, y el entrenador argentino optó por el delantero del Inter Julio Cruz, cuando la ocasión demandaba un jugador bajo, que obligara a replegarse, ante la posible velocidad, a los altísimos Metzelder y Mertesacker.

La pregunta de por qué no ingresó Messi por Crespo fue y sigue siendo la gran pregunta que Pekerman se llevará por siempre, tal como cuando en 1978, Maradona era pedido cada día para la selección argentina y Menotti optó por no convocarlo, y privilegiar a buenos jugadores, como Valencia o Villa, pero nunca tan geniales como Diego.
Desde lo técnico, Messi aparece hasta ahora con un enorme talento aunque con algo menos de seguridad en el traslado en comparación a Maradona, con menos remate de media o larga distancia, pero también con más pique corto, mayor capacidad de gambeta, y mayor capacidad de gol que su antecesor.

Messi es algo más alto que Maradona, si bien ninguno de los dos se ha destacado en el cabezazo, pero como Diego, Lionel es demoledor en el momento de la definición, y ambos se han destacado por la increíble facilidad para generar juego para sus compañeros y por la gran solidaridad con ellos dentro y fuera de la cancha.

En resumen, ¿Messi puede ser Maradona? Todo indica que lo que le conviene a Messi es ser Messi, que ya sería más que suficiente.

¿Puede caer en los conflictos personales en los que cayó Maradona? Todo indica que es difícil que eso ocurra. Maradona, hay que recordar, llegó prácticamente solo a Europa, apenas rodeado de su mujer. Messi vive en Barcelona desde la adolescencia, y junto a su familia de origen. Esa protección pasa a ser fundamental en este tiempo, y la propia experiencia vivida por Maradona puede serle una referencia muy útil en el futuro.

Palermo, el optimista del gol (El Mundo, Madrid) 29-9-07

Alguna vez fue bautizado por Carlos Bianchi como “el optimista del gol” porque nunca se da por vencido, y muchos no pueden comprender cómo con tan escasa habilidad en sus piernas y aún menos movilidad en un fútbol tan competitivo, Martín Palermo rompa récord tras récord con la camiseta de Boca Juniors (siete goles en una sola semana) y se encuentre ya a sólo veinticinco goles de ser el máximo anotador en la rica historia del club.
Palermo (La Plata, 7 de noviembre de 1973), también conocido como “El loco” desde que debutara en Estudiantes de La Plata el 5 de julio de 1992, es todo un personaje, que fue cambiando excentricidades de juventud, por un presente a puro gol al punto tal de que en la mítica Bombonera, donde marcó más goles que nadie en sus 67 años de vida, en uno de los palcos hay un cartel con una cuenta regresiva que sus ocupantes van marcando cuando marca algún tanto que lo acerca cada día más al de Francisco “Pancho” Varallo, único sobreviviente de la selección argentina que perdió la final del primer Mundial ante Uruguay en 1930.

Palermo lleva marcados en Boca 169 goles en 264 partidos oficiales, aunque marcó otros diez extraoficiales, ocupando el segundo lugar en la historia profesional de Boca, a sólo 25 tantos de Varallo, quien con más de noventa años, se defiende diciendo que ha marcado también tantos anteriores al profesionalismo (que se inició en 1931) y que tiene un mejor promedio que su joven contrincante, pero amenaza con volver a ponerse los pantalones cortos en el caso de que lo alcancen, tal como hizo en abril de 2005 durante los actos del Centenario del club.

A Palermo le pasó de todo. Casi, una vida más para Hollywood que para un estadio de fútbol. Sus goles en Estudiantes, con el que logró el ascenso a la primera división junto a Juan Sebastián Verón en 1995, lo llevaron a ser pretendido por Boca y por River Plate, pero también comenzó a destacarse por sus extraños peinados y por los continuos cambios en el color de su cabello, desde el amarillo furioso, hasta el platinado, pasando por festejos de goles sentado en un banco, besándose un botín o colocándose una botella en la cabeza. Pero la máxima popularidad fuera de las canchas la conoció cuando el cotidiano deportivo “Olé” lo colocó en su portada vistiendo de mujer.

En 1997 pasó a Boca, donde compartió cartel con Diego Maradona en su último año como jugador, Verón, Kily González o Claudio Caniggia, pero su consolidación llegó en 1998, cuando Bianchi se hizo cargo del equipo y organizó un verdadero imperio futbolístico. El entrenador reunió, antes de comenzar el Torneo Apertura, a Palermo con el extremo derecho Guillermo Barros Schelotto, con quien lo unía una fuerte enemistad en tiempos de enfrentamientos entre los dos equipos de la ciudad de La Plata, Estudiantes y Gimnasia, y les dijo “desde hoy, ustedes se casan futbolísticamente”. Tanto fue así que Palermo convirtió en ese torneo veinte goles en dieciocho partidos, plusmarca de goles en torneos argentinos cortos, y la dupla funcionó a la perfección al punto tal que se plantean continuar juntos sus carreras de entrenadores. Boca no sólo ganó el Apertura, sino también el Clausura 1999, la Copa Libertadores 2000 y la Copa Intercontinental de ese año, cuando Palermo liquidó al Real Madrid con dos tantos al comienzo mismo del partido, y fue considerado el mejor jugador de la final. También en 1998 fue elegido mejor jugador de Sudamérica por la prensa especializada.

Pero en medio de tantos logros, Palermo también sufrió duras lesiones. El fatídico 13 de noviembre de 1999, y luego de marcar su centésimo gol en Santa Fe ante Colón, al festejar se llevó por delante un cartel publicitario y se rompió el ligamento cruzado de su pierna derecha, que motivó que parara de jugar por seis meses. Su regreso fue de cine: Boca definía ante River el partido por los cuartos de final de la Copa Libertadores, ganaba por 2-0, resultado que le permitía avanzar a semifinales con lo justo, cuando se produjo el regreso de Palermo, quien convirtió el tercer tanto ante el delirio de la multitud, que lo llevó en andas en el final.

El 29 de noviembre de 2001, ya en Villarreal, se le cayó un muro y tuvo doble fractura de tibia y peroné, con cuatro meses de ausencia. Más allá de este percance, nunca pudo concretar en sus cuatro temporadas en España, aquello que había logrado en Argentina. En 2003, luego de no ser tenido en cuenta por Benito Floro, recaló en el Betis, donde casi no jugó, y menos en el Deportivo Alavés en Segunda.

Ya en 2005 volvió a Boca, arropado por la gente, e inmediatamente volvió al gol, aunque no le podía faltar algún percance y el 8 de octubre de 2006 el portero de River Germán Lux cayó sobre su pierna derecha y le provocó una lesión en el ligamento interno, aunque esta vez sólo se alejó de las canchas durante dos meses.

Sin embargo, volvió a participar de tiempos de gloria desde la llegada de Alfio Basile, y junto a Fernando Gago, Rodrigo Palacio y Roberto Abbondanzieri ganó el bicampeonato 2005/06, dos Recopas Sudamericanas, una Copa Sudamericana y recientemente, la Copa Libertadores junto a su antiguo socio Juan Román Riquelme, proyectándose ahora al Mundial de Clubes que Boca jugará en diciembre en Japón.

Si ya venía marcando goles, Palermo ya se está saliendo en 2007. Lleva 23 goles desde enero y entre ellos, uno desde 60 metros a Oscar Ustari, actual portero del Getafe, cuando Boca venció a Independiente en el estadio de Racing el 24 de febrero, mientras que el 18 de marzo le convirtió cuatro goles a Gimnasia y el 16 de setiembre, otros cuatro a Banfield.

Palermo, con tantos títulos y tantos goles, sin embargo tiene otro récord para el Guiness: en la Copa América de Paraguay en 1999, jugando para la selección argentina de Marcelo Bielsa, falló tres penaltis en un mismo partido, ante Colombia. Algunos lo critican por su supuesta escasa técnica (si bien es acaso el mejor cabeceador del fútbol argentino). Otros creen que sólo se trató de alguien que no se quiso resignar a seguir fallando, por aquello de ser “el optimista del gol”. Tan optimista es, que habiendo perdido un hijo justo al nacer, en la semana, de todos modos quiso jugar y para variar, marcó ante Banfield, con todo el estadio arropándolo y sin poder festejar por el incontenible llanto.

Definitivamente ídolo de Boca, Palermo es el máximo goleador en actividad del fútbol argentino con 173 goles en 288 partidos, y en el palco de la Bombonera siguen marcando la cuenta regresiva hasta alcanzar a Varallo.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Hasta siempre, Cacho

La noticia nos conmovió porque nunca pensamos que somos apenas habitantes de este mundo por un rato que nos prestan, y cuando alguien que admiramos o por quien sentimos afecto, nos deja, el vacío que queda no suele reponerse. Nadie es irreemplazable pero al mismo tiempo, y paradojicamente, nadie tampoco es reemplazable porque nos imprime su personalidad, nos transmite su sabiduría, su experiencia, si la tiene.
La muerte de Raúl "Cacho" Barizzoni, periodista de raza, fino comentarista radial, gran compañero, buen amigo y consejero en tantos viajes y momentos que hemos compartido, nos llena de tristeza y melancolía.
Nos cuenta el también amigo Pablo Karslián, quien lo reemplazará ahora como comentarista del equipo que comanda Javier Máximo Goñi en Radio Oriental, en el querido y vecino Uruguay, y en el que supimos trabajar también en años hermosos pletóricos de ilusiones iniciáticas, que Raúl llevaba tiempo con malestares, y pudimos recordar entonces que efectivamente en una oportunidad lo llegamos a visitar en un hospital, en Montevideo.
Memoramos a Raúl como un periodista racional, agudo, y al mismo tiempo sanguíneo, que movía sus manos en pleno comentario, de una manera particular, como acompañando y marcando cada frase. También, la palabra justa para calificar un partido, para advertir sobre incidencias en el juego que difícilmente acarrearían un error.
Barizzoni conjugaba experiencia, amplios conocimientos, y una calidez y una sencillez como solamente pueden tener quienes son sabios de verdad y no necesitan alardearlo.
Llegamos a ser sus anfitriones en Buenos Aires y también hemos compartido charlas, comidas, anécdotas y eso quedará por siempre como un orgullo.
También, aquella alegría en su rostro cuando nos encontrábamos, y ese fuerte y cálido apretón de manos, o ese extraño punto de equilibrio en momentos complicados o turbulentos en algunos acontecimientos deportivos.
Extrañaremos a Barizzoni, sus comentarios, su compañía. Recordaremos siempre al amigo, al compañero de viajes, al gran periodista, al insobornable colega.
Gracias, Cacho. Hasta siempre.

"¿Quien dijo artista? yo soy un hombre apenas, que ataca el miedo, con su garganta" (Daniel Viglietti).

jueves, 27 de septiembre de 2007

Dime a quien silbas y te diré dónde vives

Alguna vez Discepolín, con una gran visión de futuro, llegó a decir "que allá en el horno se vamo a encontrar". Bueno, como dicen los chicos hoy, ya estamos en el horno. Quienes peinan canas o al menos conservan cierta memoria en un país carente de ella (acaba de finalizar River 4 Botafogo 2 y es tremendo escuchar cómo los hinchas de River pedían que se fueran todos y la cabeza de Passarella incluída, o se retiraban masivamente del Monumental, y a los veinte minutos festejaban como locos un resultado que había cambiado de manera extraña), recordarán que salvo en casos de marchas a equipos archirrivales, algo no tan normal en tiempos no tan superprofesionales, había hasta cierto respeto y hasta emoción cuando nos tocaba jugar ante un rival que había vestido nuestros colores.
Hoy, cuando abundan en todos los equipos los Twity Carrarios, que pasaron por decenas de camisetas y que las han besado todas en los festejos locos luego de embocar un penal ejecutado con los ojos cerrados y temblando de miedo a fracasar, estos mismos jugadores, en cada gol, se la pasan pidiendo disculpas con las dos manos en posición de rezo, con lo cual, al haber jugado en muchos, casi que piden disculpas en cada fecha. A veces es creíble, otras, no tanto.
Sin embargo, peor es el caso de los hinchas, que parecen haber entrado en la nueva moda de silbar o insultar a quien por años defendió su camiseta. Ha pasado con Jesús Dátolo, cuando fue con Boca a la cancha de su ex equipo Bánfield. Ha sucedido con José Sand, hostigado por los hinchas de River cuando visitó su estadio jugando para Lanús, y le ha pasado, en la misma semana, al entrenador Fernando Quiroz, cuando fue con San Martín de San Juan a la cancha de Huracán. Parecuera que repentinamente, nos ha venido un ataque de amateurismo, cuando hasta buena parte de la tribuna popular se encuentra plagada de mercenarios que cantan al mejor postor, y otra buena parte, que sólo concurre por deseo, repite como loro sus canciones violentas, a falta de otras más creativas.
En el caso de Sand, algo más insólito: en la zona en la que se encuentra el estadio Monumental de Nuñez, actúa una fiscal, con evidentes ganas de hacerse conocida en los medios. Si no, no se puede explicar que la doctora Claudia Barcia, le pueda labrar un acta a Sand por responder los insultos de los hinchas de River poniendose una mano en la oreja en su gol, o haciendo el gesto de "yo acá dí la vuelta", que no parece ser nada grave. Asimismo, la fiscal parece haber olvidado otro pequeño hecho ocurrido en ese mismo día: en la tribuna que insultaba, sí, a Sand, había integrantes de la barra brava denominada "Los borrachos del tablón" sobre los que pesaba el derecho de admisión. Eso no importó, en cambio el testo de Sand, sí. Como también pareció importar aquella vez que Carlos Bilardo, sentado en el banco de suplentes de Estudiantes, sacara una botella de champagne antes de iniciar su partido con River hace pocos años, en aquel ridículo episodio del "gatorei".
¿Por qué esa necesidad de insultar a quien jugó con nuestra camiseta? explicaciones hay muchas posibles, pero una de ellas, en esta sociedad exitista, es que todo pasa (como diría alguien que pretende perpetuarse en el fútbol y que lo selló en un anillo), y que lo que alguien nos entregó de sí en su momento, hoy no se reconoce. Ya está, se fue, y ahora no lo queremos más, ya lo hemos reemplazado por algo supuestamente mejor. Si además, ha salido de nuestro seno, y pertenece a otros colores, nos ha traicionado, si bien recnocemos desde lo racional que hoy las reglas son así. Al mismo tiempo, si ese jugador se fue al exterior, especialmente a Europa, lo seguiremos viendo con el prisma de nuestros colores porque ha sido exitoso, es decir, si tiene éxito, es nuestro. Si no lo tiene o si se pone otra camiseta, merece nuestro repudio.
En este fútbol botón, en el que todos piden tarjeta para el rival, en el que jugadores de uno y otro equipo salen a matarse sin piedad, y en el que los árbitros y jueces de lìnea velan solamente por sí mismos, todo esto es posible.
Hace poco alguien escribió en una pared del barrio Parque Chacabuco "la mesa está servida. Comámonos".

viernes, 21 de septiembre de 2007

Mourinho y el fin de una etapa en el Chelsea (Sportsnavi)

Basto un empate como local ante el Rosenborg de Noruega por la primera jornada de la Champions League europea para que Jose Mourinho decidiera terminar la larga relacion que llego a gestarse con el Chelsea, club con el que trabajo desde la temporada 2004-2005, y que incluye dos Premier Leagues y dos semifinales europeas, pero nunca alcanzo el máximo objetivo que se propuso el magnate ruso y máximo accionista, Roman Abramovich, de conseguir el centro continental para terminar de consolidarse como uno de los mas grandes del mundo.

Nadie puede negar que los logros de Mourinho, de 44 años y que comenzara como un traductor del ingles de Louis Van Gaal en el Barcelona, fueron muchos, como el largo invicto en condicion de local en Stanford Bridge, prácticamente inexpugnable, o el gran protagonismo del equipo en cada edición de la liga inglesa o de la Champions League, si bien siempre pudo contar con los jugadores mas selectos porque justamente Abramovich, uno de los magnates mas fuertes del mundo como consecuencia de la herencia de dinero negro de los tiempos de Boris Yeltsin como presidente ruso, nunca escatimo usar su talonario.

Pero tampoco se puede negar que Mourinho, de controvertida personalidad aunque hacedor de vestuarios cerrados y solidarios, ha conseguido armar, desde grandes estrellas, un fuerte equipo, una mentalidad de conjunto, y con lideres muy cercanos en afecto al club, como el defensor central (y ahora capitan de la selección inglesa), John Terry, o el volante Frank Lampard, quien llego a estar en la terna para conseguir el premio al mejor jugador del mundo por parte de la FIFA.

El portugues Mourinho llego al pináculo de la fama cuando en 2004 gano la Champions League dirigiendo al Porto, por quien pocos apostaban, y a partir de alli, fue objeto de deseo de Abramovich, con quien firmo un contrato, una vez que gano su primera liga inglesa, de 13 millones de euros por temporada, lo que ahora implica una indemnización de 35 millones para alejarse en paz de la entidad.

Por un lado, hay versiones que dicen que la relacion entre Mourinho y Abramovich ya no eran las mejores desde que no se consiguió la Champions y de hecho, la llegada del ucraniano Andrey Sevchenko desde el Milan, que hizo dudar al delantero casi hasta el final del libro de pases, tanto que se dice que la que incidio fue su esposa, aumento la tensión, sumado a que tampoco rindio, y de hecho muchas veces quedo fuera de la convocatoria para los partidos, el aleman Michael Ballack, procedente del Bayern Munich.

Para completar el panorama, al inicio de la actual temporada fue contratado como director deportivo Abraham Grant, ex entrenador del seleccionado israeli, pero considerado por los analistas cercanos al entorno del Chelsea como hombre de absoluta confianza de Abramovich y especialmente de Pinjas Zahavi, el influyente agente israeli y ex periodista. Desde la llegada de Grant y de Sevchenko, la rutina de Mourinho se hizo mas tediosa y sus deseos de marcharse aumentaron cuando supo que su colega brasileño Luiz Felipe Scolari podia marcharse de la selección portuguesa luego del incidente con el serbio Ivica Dragutinovic por las eliminatorias a la Eurocopa 2008. La sancion de la UEFA a Scolari, por agredir con un golpe de puño a Dragutinovic, de cuatro partidos, aumento la tensión entre el brasileño y la Federación Portuguesa y se dice que ya para la Eurocopa, muy posiblemente Mourinho este sentado en el banco como entrenador de su selección nacional.

Tampoco es casualidad que en la misma semana de la crisis en el Chelsea apareciera el presidente de la UEFA, el frances Michel Platini, para advertir contra el excesivo mercantilismo del futbol y la necesidad de ponerle freno, aunque tambien se refiere al litigio en el que parece entrar el ex G-14 con la UEFA por la cesion de jugadores a los seleccionados nacionales de paises periféricos.

En un escueto comunicado, el Chelsea ha manifestado que el alejamiento de Mourinho “se produjo por consentimiento mutuo”, luego de que con el portugues, en tres temporadas, el club ingles ganara dos Premier Leagues, una FA Cup, y dos Copas de la Liga, ademas de llegar dos veces a semifinales, en 2005 y 2007, en ambas ocasiones eliminado por el Liverpool.

El Chelsea, ademas de no arrancar esta temporada en la mejor forma en la Champions, tampoco en la liga tenia la marcha de otros años. Hasta el importante partido del fin de semana contra el Manchester United, ya dirigido por la dupla conformada por el israeli Grant y Steve Clarke, ex ayudante de Mourinho (no se sabe bien hasta cuando funcionara), el Chelsea se encontraba compartiendo la tercera oposición junto a su rival de turno y el Liverpool, a dos unidades del Arsenal, y a una del segundo Manchester City.

Pero lo mas importante es que uno de los ciclos mas fuertes de los ultimos tiempos en el futbol mundial, el de Mourinho en el Chelsea, llego a su fin, y con el, una manera de concebir el futbol desde el trabajo colectivo, el descaro, y cierta sinceridad “brutal” que muchas veces lo ha enfrentado con entrenadores como Frank Rikjaard, Johan Cruyff o Alex Fergusson, por citar algunos.

Fue la noticia de mayor impacto de la actual temporada, y puede significar un importante cambio de timon para los próximos años tanto en Inglaterra como en Europa. El tiempo dira.

Muerte súbita en el fútbol: ¿imprevisión o accidente? (Mas alla del deporte, Ecuador)

La polémica se instaló en el último mes en el fútbol mundial. Si bien hubo varias muertes súbitas de jugadores en todo el planeta, el hecho de que le haya ocurrido a una estrella de la Liga Española, como Antonio Puerta, del Sevilla, el 28 de agosto pasado, abre aún más el interrogante sobre si el deporte está preparado para solucionar los accidentes, cada vez más frecuentes, o si se trata de algo más grave, como la imprevisión y la falta de exámenes y medidas adecuadas para no caer en desenlaces fatales.

Puerta falleció horas después de haber disputado el partido ante el Getafe por la primera jornada de la Liga Española, y cuando ya había sido asistido en el propio campo de juego, luego de un choque, y si bien fue reanimado y salió hacia el vestuario por sus propios medios, posteriormente tuvo nuevos ataques cardíacos que desembocaron en el peor desenlace posible.

Probablemente sea más por esto que por otras muertes de jugadores, que la FIFA haya determinado que para las próximas eliminatorias al Mundial 2010, obligadamente cada estadio deberá tener un servicio de urgencias para solucionar problemas cardiorrespiratorios, pero hay casos menos conocidos, igual de dolorosos, y todos ocurridos en los últimos tiempos.

Por ejemplo, el de Jairo Andrés Nazareno, ecuatoriano de 21 años apenas, quien tuvo un paro cardìaco jugando en Riobamba un partido entre Chimborazo FC y la Liga Politécnica de Chimborazo, por la Segunda División. El entrenador de Chimborazo FC, Ramiro Sucay, relató que Nazareno tuvo un dolor en el pecho y fue llevado casi de inmediato al hospital zonal, y allí murió.

El mismo sábado 1 de setiembre, es decir, apenas a los cuatro días del deceso de Puerta, también murió en España Angel Arenales Torres, de 31 años, y de un paro cardíaco, durante la disputa de un partido amistoso. Arenales Torres jugaba para el Club de Veteranos del Atlético Sobrafe, de Huesca (en el norte del país). “Se desvaneció cuando le dijimos que había hecho un buen partido, pero en ese mismo momento nos contó que se sentía mal y al rato falleció”, relató el vicepresidente de la entidad, Amadeo Monedero.

Por esos mismos días, y de manera intempestiva, falleció el zambiano Chaswe Nsofwa, en un entrenamiento con un equipo de Segunda División israelí.

Otro ecuatoriano, Manuel Aldaz, falleció jugando un partido de aficionados entre Cachorros y River Plate en Ambato. Aldaz tenía 31 años y era pintor de coches, y en su autopsia apareció la asfixia como principal causal, tras un paro respiratorio. Antes de morir, había dicho a sus padres que para él era, en todo caso, “un orgullo”, si tuviera que irse de este mundo tras jugar al fútbol.

También el fútbol registra casos anteriores, como los del brasileño Cristiano de Lima, de 25 años, que murió en 2004 mientras jugaba un partido para el Dempo Sports Club, y en el mismo año, su colega Serginho, de 30 años, y quien defendía como lateral al más conocido Sao Caetano, mientras que en la Argentina, sucedía algo similar con el prometedor arquero de Independiente Lucas Molina, de 20 años, suplente de Carlos Navarro Montoya, y que se desvaneció en la casa de su novia, a poco tiempo de su último entrenamiento.
También el húngaro Miklos Feher, de 24 años, falleció en pleno partido jugando para el Benfica, en un partido de la liga portuguesa, ante el Vitoria Guimaraes, y ya en 2003, se recuerda el sonado caso de la muerte de Mark Vivien Defoe, de la selección de Camerún, durante la disputa de la Copa Confederaciones en Francia.

En Chile, el arquero Manuel Mondaca, de la Unión Española, falleció en pleno entrenamiento en 2004.

El sitio web “Latin.salud”, de gran prestigio, considera la muerte súbita como el fallecimiento que se produce dentro de las veinticuatro horas de la aparición de los síntomas, sin que los médicos tengan oportunidad de evitar los decesos. Y recomienda a los futbolistas en particular, un monitoreo semestral (los equipara con ciclistas o basquetbolistas).

El que se manifiesta de manera más contundente en este sentido, es el doctor Wilfried Kindermann, responsable médico del pasado Mundial 2006. El facultativo cree que hay dos motivos principales para este tipo de muertes en el fútbol: la primera, por casualidad, “porque se trata del deporte más practicado en el mundo, y si por ejemplo tomamos Estados Unidos, allí hay más muertes por jugar al básquetbol”.

La otra causa de muchas de estas muertes “hay falta de una buena examinación de estos deportistas, porque detrás de estas muertes siempre hay una enfermedad, y en el alto rendimiento, en deportistas jóvenes, este problema suele ser la miocardiopatía hipertrófica congénita, o malformaciones de arterias coronarias, o inflamaciones del músculo cardíaco”, pero dificulta que sea por doping “y aunque lo fuera, luego de una muerte es imposible detectarlo”
El cardiólogo Mario Muñoz, decano de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y Salud de la Universidad de las Américas, en Chile, alerta sobre los “deportistas del fin de semana”, incluso los del fútbol, a quienes divide entre menores y mayores de 25 años. Los primeros, corren riesgos de muertes por enfermedades congénitas no diagnosticadas, y los otros, por problemas coronarios adquiridos.

El excelente sitio web www.diariosdefutbol.com cita sobre esto, una frase tomada de “El Maestro y Margarita”, de Bulgákov, cuando Voland, el diablo, dice entre pena e ironía “el hombre es mortal, pero eso es sólo la mitad del problema. Lo grave es que es mortal de repente”.

De allí que a veces la prevención juega su partido especial. Para Miguel Angel Russo, actual director técnico de Boca Juniors, no fue fácil decirle hace dos años al prometedor juvenil Marcelo Bravo, en Vélez Sársfield, que el tamaño de su corazón, de acuerdo a los estudios realizados, le impediría seguir jugando, cuando toda su familia había depositado esperanzas en un ascenso social en base a sus habilidades. Costó hacerlo entender, y el club decidió compensarlo designándolo como miembro del cuerpo técnico en las divisiones inferiores. Pero el mensaje fue que siempre es más importante vivir, que inmolarse jugando.

Costó más aún convencer al potente delantero argentino Juan Gilberto Funes, de que no podría jugar en Boca, a principios de los noventa, por el mismo problema que Bravo. Funes falleció al poco tiempo, muy joven, por la dilatación del músculo cardíaco.

Pero el mejor ejemplo sobre prevención y su tratamiento ocurrió en Inglaterra. Hace escasas semanas jugaban por la Carling Cup el Nottingham Forest y el Leicester City. Ganaban los primeros por 1-0 cuando el partido debió suspenderse por un ataque cardíaco del defensor Clive Clarke. Cuando se reanudó días después, otra vez 0-0, cerca del minuto en que se produjo la suspensión, el arquero del Nottingham Paul Smith tomó la pelota, fue avanzando en el terreno, cruzó la mitad de la cancha, y como no encontró oposición rival, se metió en el área del Leicester, y concretó el 1-0 para su equipo. Cuando terminó el partido, el entrenador del Leicester, Gary Meyson, admitió que todo eso fue conversado antes entre los dos planteles y que el Leicester consideraba que si el partido había sido suspendido 1-0, debía conservar el resultado, y además, por lo bien que el Nottingham había tratado a Clarke. La Federación Inglesa felicitó por esto al Leicester, que no obstante, deportivamente revirtió el resultado y ganó 3-2 y pasó a la tercera ronda, donde jugará ante el Aston Villa, aunque para nosotros, en cierta manera, ya es campeón desde ahora.

Messi y el virus FIFA (Sportsnavi)

Todo comienza con el regreso desde Australia de Lionel Messi , quien arribó a Barcelona con una leve contractura en su pierna derecha producto del partido amistoso entre su selección, Argentina, y el equipo local, y la decisión del entrenador Frank Rikjaard de excluirlo del partido de la liga española ante el Osasuna, para que se desatara nuevamente el escándalo.

El presidente del Barcelona, Joan Laporta, apareció de manera contundente en los medios para amenazar con que los clubes más poderosos de Europa (también del mundo) podrán rebelarse en el futuro a ceder jugadores a los seleccionados nacionales si no participan en el negocio de éstos o si las federaciones nacionales no los compensan o pagan un seguro.

La aparición de Laporta y estas declaraciones no es casual. Lo que en los últimos años se dio en llamar “G-14”, que primero se constituyó con la agrupación de los principales catorce clubes poderosos de Europa y luego se amplió a dieciocho, ahora se plantea hasta cambiar de nombre (se plantea el de “Asociación de Clubes Europeos”) y también, ampliar su constitución a los cincuenta clubes más fuertes.

El motivo no es otro que una buena lectura del cambio en su realidad política. El resultado del llamado “Caso Oulmers” , al que ya nos hemos referido en esta columna, y que en otro tiempo fue un caso como el de Messi pero mucho más grave, no otorgó los resultados esperados ni en el terreno de la FIFA ni en el de la justicia (no aceptada por el máximo organismo del fútbol mundial) y perdieron también el control de la UEFA, con la derrota de su candidato, Stefan Johansson, contra el de Zurich, Michel Platini.
Con Platini, aliado de la FIFA y de su presidente Joseph Blatter, el “G-14” comenzó a correr riesgos de disolución, y no sólo eso: el ex jugador francés, ganador de las elecciones de la UEFA basado en los votos de las pequeñas y nuevas federaciones europeas, contra las más grandes y fuertes, ya comenzó a echar mano a la nueva situación y propone una plaza para la Copa UEFA para los clubes menos poderosos, algo que irrita a los dirigentes más encumbrados.

La solución, entonces, pasa por el lado de suavizar las relaciones con la nueva UEFA, primero con el cambio de nombre (de “G-14” a “Asociación de Clubes Europeos”) y de dieciocho miembros a cincuenta, como para no mostrarse sólo entre poderosos, sino juntando fuerza por todo el continente hasta el encuentro de clubes medios, como para poder conseguir ser más escuchados, si bien tanto Blatter como Platini fueron elocuentes ante cada posibilidad de manifestarse: la FIFA sólo dialoga con la UEFA y no con clubes u otro tipo de asociaciones entre ellos.

Lo que Laporta manifestó, enojado con la situación de Messi, es que lo que los clubes más poderosos de Europa pretenden es que en el caso de que sus jugadores regresen lesionados de partidos amistosos internacionales con sus seleccionados, sus respectivas federaciones se hagan cargo de un seguro, estipulado con anterioridad (e institucionalizado definitivamente) o bien que directamente las federaciones que convoquen a esos jugadores, se hagan cargo del pago proporcional de sus salarios en los días que los tengan en las filas de sus seleccionados, algo que siempre fue resistido por FIFA, que indica (para nosotros con criterio) que en todo caso, el mayor negocio es de los clubes, que a sabiendas de que estos jugadores son seleccionables, de todos modos son fichados a clubes de otros continentes por millones de euros, y a su vez, ningún club europeo se ha quejado hasta ahora de que la cotización de algún jugador suyo se ha elevado por algún partido en su selección nacional.

¿Qué pasaría, si así como los clubes europeos pretenden el pago de un seguro por lesión, o que las federaciones se hagan cargo del salario proporcional de estos jugadores, cuando alguno de ellos fuera luego traspasado en una cantidad mayor, a un nuevo club, por parte del poderoso club europeo, su federación le reclamara al club vendedor su porcentaje del pase por haber contribuido a elevar su cotización? Sería el mismo juego, pero al revés, en un espiral interminable.

La prensa europea también ha salido en defensa de los clubes poderosos, sin recordar que en muchas ocasiones, sus portadas sirven como escaparate para vender más ejemplares y en ellas, cuando hay partidos internacionales deselecciones, muchas veces aparecen estos mismos jugadores luego reclamados en los editoriales por regresar cansados o maltrechos o hasta lesionados, sin medir jamás todo lo que se ha elevado su cotización ya de por sí con el hecho mismo de haber sido convocados por sus seleccionados, y luego, tal vez, por sus actuaciones.

Es cierto, en cambio, que hay hechos que pueden contemplarse de otra manera. Por ejemplo, que si bien ahora el fútbol internacional cuenta con el llamado “calendario Platini”, que unifica la semana en todo el mundo, también es verdad que determinadas federaciones que contienen los jugadores más importantes o que casi todos ellos juegan en ligas fuertes (Brasil y Argentina son dos casos concretos), podrían contemplar jugar en países muy alejados (como en el caso actual, Brasil jugó en Estados Unidos y Argentina, en Australia) en momentos más tranquilos del año, y en cambio privilegian el negocio de los agentes organizadores o las empresas que poseen los derechos. Tal vez en plena competencia de clubes, Brasil o Argentina deberían contemplar jugar partidos amistosos más accesibles, que contemplen todos los intereses.

Al mismo tiempo, los clubes europeos parecen cargar con más facilidad en los casos de jugadores de otros continentes pero no de los mismos europeos. El caso más claro: Laporta, el presidente del Barcelona, se quejó por la pequeña lesión de Messi en Australia, pero nada dijo de Thierry Henry, quien estuvo cuatro días con la selección francesa, que enfrentó por eliminatorias de la Eurocopa a Italia y a Escocia. Es cierto que se encontraba cerca de Barcelona, pero el detalle e que Henry estaba suspendido para jugar por su selección. Pero se ausentó cuatro días de los entrnamintos del conjunto catalán y nada, ninguna declaración en su contra.