miércoles, 9 de julio de 2014

Mascherano: “Estaba totalmente seguro de mis compañeros” (Jornada)


                                 
                                                      Desde Sao Paulo

Javier Mascherano apareció por la zona mixta con los ojos rojos. No podía decir más de dos frases sin quebrarse. Lo reconoce: “Es el momento soñado por todo jugador. Yo la vengo remando en la selección desde 2003 así que imaginate lo que significa para mí llegar a esta situación de una final. Habrá que estar a la altura”.
-         Esta vez se cerraron muy bien pero no tuvieron tanto ataque.
-         Es muy difícil tener un equilibrio total, pero no nos llegaron nunca, ni Robben ni Van Persie, y eso parece que es algo normal pero no lo es. Lo que pasa es que todos hicieron lo que había que hacer.

-         ¿Y qué es lo que había que hacer?
-         Lo que cada uno tenía encomendado hacer y cuando eso sucede, como hoy, uno sabe que está por el buen camino. Yo estaba totalmente seguro de mis compañeros y entonces, uno se siente bien en la cancha.

-         Sacó una a Robben que fue parecido a meter un gol.
-         Por suerte se paró un segundo que me dio tiempo a tomar aire y poner el pie justo, y así quedé, maltrecho, pero seguí.

-         ¿Toman ustedes en cuenta que tanta gente festeja ahora en todos loas rincones de la Argentina?
-         Por supuesto. Es un triunfo para ellos pero también para todos los que luchan alrededor de nosotros, para nuestras familias, para los que trabajan cerca del cuerpo técnico.

-         ¿Qué es lo que no le duele?
-         El corazón, el alma. Lo demás, todo. Pero el corazón está feliz porque volvimos a meter a la Argentina ahí, donde queríamos, nos ilusionaba, y porque estamos por jugar el partido más grande que soñábamos.

-         ¿Desde cuándo soñaba con esto?

-         No me acuerdo, y si lo soñé, lo soñé como un sueño muy lejano, difícil de alcanzar, para serle sincero, porque jugar otro Mundial lo veía lejos porque sé la dificultad, pero estamos ahí y vamos a luchar, como lo hicimos hasta ahora, dejándolo todo, siendo inteligentes y estando a la altura de representar a nuestro país y a nuestro fútbol, y que más allá del resultado, la gente se sienta orgullosa de nosotros.

-         Da la impresión de que Holanda no los molestó
-         Creo que los minimizamos bien. Sabíamos donde estaban sus puntos fuertes y no les dimos chances. Les tapamos perfectamente hasta las puntas. Fue un planteo inteligente, con jugadores que quieren y piensan.

-         Una pena no llegar tanto al arco rival…
-         Pero tuvimos, ¿eh? Tuvimos tres o cuatro y en una semifinal no vas a tener diez, once. Lo de Alemania ante Brasil fue una excepción, pasa una sola vez en la historia. Sobre todo que estamos viendo un Mundial muy igualado. Es cierto que no tuvimos tantas claras, pero no nos desesperamos.

-         ¿Qué dijo en el entretiempo del alargue?
-         Que estaba orgulloso de este equipo, orgulloso de saber que habíamos estado a la altura y que era el destino el que nos iba a poner donde teníamos que estar pero nosotros hicimos el trabajo que teníamos que hacer.

-         ¿Cuánto se tarde en recuperarse de todo esto?
-         Veremos. Nunca lo viví, es mi primera vez y seguramente será mi única. Después le contaré.

-         Lo vimos tocado
-         ¿Y qué quiere que le diga? Es lo máximo que le puede pasar a un jugador. Yo vivo para esto, me apasiona esto (se quiebra, traga saliva, los ojos enrojecen) y estar en un lugar así y saber que el domingo vamos a estar en los ojos del mundo, no es poca cosa.

-         ¿El equipo llega en el momento justo, desde lo táctico, después de tantas variaciones?
-         Yo creo que sí. Tácticamente, le pongo un diez, igual que contra Bélgica. Quizá a la gente no le gusta y está perfecto, pero a mí, dame este equipo. Yo estaba tranquilo en la cancha. Corrimos todos, y bien, y cubrimos espacios. Y los habíamos visto a ellos contra Costa Rica y generaron situaciones y como marcan con cinco, de difícil llegarles y tienen una muy buena salida desde abajo, todo muy mecanizado, muy Van Gaal y cerramos todo el circuito y contra una línea de cinco la única manera de equipararlo es marcarlos con cinco.

-         ¿Alemania?

-         Un gran equipo, un equipazo, pero déjenme disfrutar ahora.

Messi y Holanda (Volkskrant)



“Tengo una llamada para ti”, le dijo un periodista italiano –Stéfano Boldrini, del diario “La Gazzetta dello Sport- y le alcanzó un teléfono celular que Lionel Messi atendió con desconfianza. “Hola Leo, soy Diego….Diego Maradona, y quería decirte que te sigo y que sos un crack y que espero que ganes este Mundial”.

Messi se quedó helado. Le temblaban las piernas y con pocas cosas le había pasado antes. Curtido de tener que pelearla solo desde los 13 años, cuando su madre y su hermana decidieron regresar a Rosario por no aclimatarse y se quedó con su padre y  la familia de su hermano Rodrigo, el chico estaba conmovido.

Maradona es un símbolo en la Argentina y que a esa edad tuviera un llamado de él era para conmoverse y fue uno de los grandes recuerdos que Messi se llevó de aquel Mundial sub-20 de 2005 que marcó por mucho su vida, porque llegó a él casi desconocido, y se fue con el primer gusto dulce de un título mundial, un reconocimiento internacional, y la cercanía a la gente de su país, que lo miraba de reojo, sin conocerlo.

Messi no la tuvo fácil. Llegó a esa selección sub-20 por una sucesión de hechos fortuitos y porque un ayudante de Marceo Bielsa, director técnico de la selección mayor argentina entre 1998 y 2004, Claudio Vivas, retuvo su nombre cuando en Rosario le hablaron de él y entonces en el Mundial sub-17 de Finlandia, el director técnico de los juveniles, Hugo Tocalli, aprovechó para preguntar en la mesa del equipo español (campeón del torneo) si conocían a un tal Messi, que jugaba en el Barcelona.
Todos se rieron, cómplices, y un chico de la mesa, un tal Francesc Fábregas, sólo atinó a decir que “si este chico estaba hoy con vosotros, los campeones eran vosotros”.

Messi llegó tímidamente al equipo y el entrenador en el Mundial 2005, que ya era Francisco “Pancho” Ferraro, decidió no colocarlo en el debut ante Estados Unidos, y Argentina comenzó perdiendo. Messi estaba cabizbajo en el hotel, con la cara hasta el suelo. Imaginaba otra cosa y no se aguantaba, y tampoco estaba enterado de lo que había sucedido en la habitación de Ferraro: había sonado el teléfono desde Argentina y el presidente de la Federación, el todo poderoso Julio Grondona le había dicho, cortante: “O juega Messi, o te vuelves tú a la Argentina”.

Messi entró desde el segundo partido y todo cambió. Argentina ganó  los dos partidos que le quedaban pero nada era fácil. En uno de ellos había entrado un jovencito Sergio Agüero y Ferraro tenía que realizar un segundo cambio : poner un volante por un atacante para mantener el resultado y optó por sacar a Leo, que no lo miró bien antes de irse al vestuario.

Las cosas no terminaron allí. Cuando todos comían, alguien del cuerpo técnico le mostró a Ferraro un video con el gesto de desacuerdo de Messi, y se quedaron muy mal, pero pasó un rato, y el propio chico pidió una reunión con Ferraro en la habitación. “Pancho, le quiero pedir disculpas porque estuve mal. No tenía que haber hecho un gesto, pero es que yo quiero jugar, ¿sabe?”.

Ferraro respiró profundo e intentó explicarle: “Leo, lo entiendo pero necesito que entienda algo: estábamos ganando, tenía que hacer un cambio defensivo y el otro delantero, Agüero, recién había ingresado. Sólo quedaba usted. ¿A quién iba a sacar?”.
Messi definió el partido ante Brasil y llegó a la final ante Nigeria, ante el rival que tenía al jugador con el que iba a pelear por el Balón de oro, Obi Mikel. Pero el argentino pateó dos penales como si estuviera en el patio de su casa, y todo fue para el lado argentino: la Copa del Mundo, el Balón de Oro y hasta la Bota de Oro. Acaparó todo, más allá de que en la conferencia de prensa posterior, su DT Ferraro dijera que si tenía que destacar un jugador “sin dudas fue Pablo Zabaleta, el capitán”.

Para Ferraro, Zabaleta era todo un ejemplo. Antes de la final ante Nigeria, reunió a sus jugadores y no les pasó un video de alguna gran jugada de un genial Messi, sino cuando el volante del Espanyol, en aquel entonces, se arrojaba de cabeza a una pelota dividida. “Si todos hacen lo que Pablo, les aseguro que somos campeones”, dijo, orgulloso.

Sin embargo, Messi y Zabaleta no tenían problemas. Al contrario. Compartían muchas cosas en Barcelona, uno en el Barça, el otro en el Espanyol, y salían juntos y más de una vez, el entonces volante (hoy lateral derecho del Manchester City y la selección argentina) tuvo que llevarlo a su casa, ya dormido, luego de una rica cena con carne argentina de la mejor calidad.

Pero Messi se tenía guardado algo más. Justo antes de la final, el Barcelona había decidido subirle el contrato y la cláusula de rescisión (el valor de mercado que un club tiene que depositar por su pase, además de llegar a un acuerdo con el jugador) en 150 millones de euros, la misma cifra que Ronaldinho.

Ferraro, que era su entrenador en el sub-20, no se enteró hasta nueve años más tarde, y de boca de este cronista. “No tenía ni idea de eso. ¿Cuándo fue?”, preguntó, en un bar del barrio de Villa Urquiza, en Buenos Aires. Así de sigiloso fue.

Messi sabe que Holanda es el país de otra representante argentina con repercusión mundial, la reina Máxima y que enfrente juega Arje Robben, que tiene algunas cosas parecidas a él mismo, como haberse plantado y hasta enfrentado a Josep Guardiola.
Messi no comenzó bien con el ahora DT del Bayern Munich en el Barcelona porque cuando éste llegó al cargo, quería ir a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 pero el club no lo dejaba. Y saludaba al entrenador a desgano hasta que el DT se dio cuenta de que tenía que dejarlo ir, para que el genio estuviera bien.

Robben también tuvo sus vueltas con Guardiola.


Tal vez, en algún pequeño instante del partido en el Arena Corinthians, en San Pablo, Messi le pregunte a Robben si ya todo está mejor con Pep, y le mande saludos.

martes, 8 de julio de 2014

Humillación en el Mineirao (Jornada Online)



                                                Desde Belo Horizonte

En una jornada histórica, con el resultado más impactante de la historia de los Mundiales, la selección brasileña, que cargaba con la responsabilidad de reemplazar a su mejor figura, Neymar, fue derrotada por un inédito 1-7 por Alemania, que de esta manera se clasificó para la final.

Nunca antes Brasil había perdido por este marcador, pero mucho menos esperado era que ocurriera en una instancia decisiva como ésta, en semifinales, pero se vio absolutamente superado por una máquina de jugar al fútbol como fue la selección alemana, que con la base de Sudáfrica 2010, ahora agregó más técnica y precisión.

Por segunda vez, Brasil organiza un Mundial y pierde la posibilidad de ser campeón en su propia casa, aunque en la anterior ocasión, en 1950, dentro de todo fue un remate del uruguayo Chiggia en un partido parejo y que definía un cuadrangular, pero aquí la goleada fue estrepìtosa, sin atenuantes.

Al terminar el partido, el entrenador Luiz Felipe Scolari reunió en el centro del campo a todo el plantel, pero arreciaron los silbidos del público, mientras los jugadores alemanes saludaban a la pequeña parcela de hinchas que acompañaron al equipo.
Brasil no tuvo tiempo para mucho. Con un esquema parecido al alemán, al menos en posicionamiento en el campo (4-2-3-1) salió con todo, llevado como siempre en los primeros minutos por el público, pero ya a los 8 minutos, Tomas Müller encontró la red con mucha facilidad tras un córner al corazón del área y el partido no tuvo retorno.

Alemania fue una ráfaga mientras que Brasil sintió también como nunca la ausencia de un jugador fundamental en la defensa como el suspendido Thiago Silva y un gol de Miroslav Klose (que le sirvió para convertirse en el máximo anotador de la historia de los Mundiales) y dos goles de Tony Kroos, uno de izquierda y otro de derecha, parecían sentenciar el partido demasiado pronto, porque no se había llegado ni al minuto veinte.

La parálisis brasileña ya era total, pero los alemanes no pararon de atacar ni de tocar ni de abrir la cancha, y no extrañó entonces que llegara el quinto de Sami Khedira cuando promediaba la primera parte. Un 0-5 que parecía de ficción, absurdo, y con los roles que parecían cambiados.

Los alemanes parecían brasileños de otro tiempo, mientras los de camiseta verdeamarilla deambulaban como zombies por la cancha, sin saber bien para dónde rumbear. Alguno fue para adelante más por vergüenza deportiva que por ideas, pero eso no aportaba demasiado.

Tras un descanso poco común, tras lo vivido (y con Alemania perdonando más goles en la segunda mitad de la primera parte), Brasil pareció ir a la carga otra vez y creó algunas posibilidades de gol, pero Alemania se mantenía impertérrita, siempre con sl mismo libreto, más cercano a Josep Guardiola que a Helmut Schöen, y no extrañó que como Brasil se iba al ataque como un toro bravío, los germanos encontraran huecos para marcar más diferencia de contragolpe.

Cuando Joakim Low, el entrenador alemán, se decidió por Schurle en vez de un flojo Klose (que igual cumplió su cometido), el delantero del Chelsea se destapó con los dos últimos tantos, pero hay que destacar que Julio César tuvo tres intervenciones seguidas que salvaron de tres tantos más a su equipo: una tapada abajo a Müller, una salvada por arriba del travesaño al mismo jugador, y un anticipo al lateral a Schweisteiger, una prueba cabal de lo que fue el partido, de la enorme diferencia de inteligencia y uso de la pelota y de los espacios entre uno y otro.

A Brasil se le habían ido Neymar y Thiago Silva, y eso lo convirtió en un equipo demasiado vulgar, demasiado lejos de sus más ricas tradiciones. Demasiado preocupado por pedir penales o hablar de contubernios de la FIFA, argumentos que suelen aparecer cuando no hay respuestas desde el fútbol.

Al revés, Alemania cada vez trabaja menos y juega más. Adoptó el modelo de Josep Guardiola para sus equipos, especialmente para el Bayern Munich, y prefirió la técnica antes que todo lo demás. Los resultados no siempre fueron los mejores pero no tardaron en llegar y hoy asistimos al hecho más significativo de la historia de los mundiales y un cambio sustancial en la forma de catalogar a estas dos selecciones.

Nadie olvidará este partido, que seguramente tendrá consecuencias demasiado gravitantes, si especialmente los derrotados pueden tomar consciencia del camino que habían emprendido, y si pueden lograr autocriticarse y no escudarse en una llegada a semifinales que también pudo no serlo, si aquel tiro del chileno Pinilla entraba en vez de pegar en el palo.

Hoy, los palos no ayudaron. Eso fue todo.


Alfredo Di Stéfano, el prototipo del todocampista (Jornada)





“No, no, así no, muchachos. Siéntense alrededor de mí, que les voy a hacer una serie de preguntas, porque no me gusta lo que vi. ¿De qué está hecha la pelota?”, preguntó con aire de inocencia un Alfredo Di Stéfano que se estrenaba como entrenador en el Espanyol de Barcelona. “De cuero”, le respondieron. “Y de dónde se saca el cuero?”, “De la vaca”, le dijeron, sonrientes, sin entender. “¿Y la vaca qué come?”, “pasto”, le  respondieron. “Bueno, pues el fútbol es eso: pasto, pasto, pasto, no la revienten más por el aire”.

Alfredo Di Stéfano amaba a la pelota. Decía que había que tratarla como a una mujer, con cariño. No por nada, tenía un monumento a ella en la puerta de su casa con la inscripción “Gracias, vieja”.

Di Stéfano fue un portento de fútbol, un fenómeno. El primer jugador de toda la cancha. Él se comía la cancha, con naturalidad. Y eso que tuvo que esperar cuando irrumpió en el magnífico River Plate en 1945, en años de “La Máquina” y otros componentes de ese mecanismo de relojería que compusieron Muñoz, Moreno, Pedernera, labruna y Lousteau porque no había lugar entre los titulares y entonces para 1946 aceptó una cesión a Huracán hasta que en 1947, Pedernera se fue a Atlanta y quedó el hueco, pero duró poco porque al año siguiente, con muchos otros más, emigraron al Millonarios del “Ballet Azul” por la huelga de futbolistas en Argentina.

No hubo tiempo para disfrutarlo mucho porque se fue del país muy joven aunque se recuerdan algunos cánticos populares como “Socorro, socorro, ahí viene la Saeta con su propulsión a chorro”, o “Aserrín, Aserrán, como baila el alemán”. Di Stéfano tuvo esos apodos, La Saeta Rubia o El Alemán.

Allí en Colombia, Di Stéfano se divirtió como nunca con sus compañeros argentinos en una liga pirata que pagaba muy bien y daba para todo –incluso, con un secuestro de la guerrilla cubana, que según él mismo, lo trató muy bien-, hasta que llegó aquella gira por España que transformaría su vida ya de grande, cuando en pleno franquismo, Real Madrid y Barcelona pugnaron por un pase que se convirtió en un problema político y cuya polémica perdura hasta hoy, con infinidad de libros y documentales.

Este cronista recuerda una hermosa charla con un gran columnista como es el director del diario deportivo “As” de Madrid, Alfredo Relaño, en su despacho, cuando contó hace poco tiempo que en verdad, lo que ocurrió es que Santiago Bernabeu, el entonces presidente del Real Madrid, fue más rápido que el Barcelona y al saber que la liga colombiana no tenía autorización de la FIFA, recurrió al club anterior, a River, y así se selló el pase, aunque le ofreció a su contrincante que Di Stéfano jugara un año para cada uno y luego decidiera. Los catalanes aceptaron cuando el argentino ya se había puesto la camiseta azulgrana y había maravillado junto a Ladislao Kubala, pero la situación hizo que se tomara un tren hacia Madrid y ya nunca se torcería el recorrido.
En Barcelona insisten en que fue el dictador Francisco Franco el que forzó la ida de Di Stéfano al Real Madrid.

“La Saeta Rubia fue el jugador más importante  del comienzo de la disputa de la Champions League. Esa era la referencia. Leía algo muy interesante en un viejo artículo exactamente el día antes del accidente del Torino en Superga (1949), que decía que justamente el Torino quería contratar a un jugador argentino muy fuerte que se llamaba Alfredo Di Stéfano y que iba a pagar 600 liras, que era una suma muy importante. Él por entonces jugaba en Colombia”, recuerda el reconocido periodista de La Gazetta dello Sport, Paolo Condo.

“Di Stéfano fue el primero que fue al mismo tiempo delantero y armador, como luego fue Johan Cruyff y que en Italia como último legado del rol es Francesco Totti, un “todocampista” que marca goles.

Luego vino la época de fulgor en el Real Madrid, que le debe tanto a Di Stéfano por las cinco Copas de Europa consecutivas (1956 a 1960), que hasta su muerte de ayer era presidente de honor.

Ácido al hablar, a veces no se le entendía demasiado por su vozarrón y sus palabras pronunciadas para adentro pero tenía sentencias duras (como apoyar a Lionel Messi como mejor jugador aún teniendo a Cristiano Ronaldo cerca, en el club blanco) y claras.

Nunca tuvo mano blanda y las dos veces que volvió a la Argentina como DT, fue para salir campeón. Una con Boca Juniors nada menos que en una definición ante River en el Monumental (Nacional 1969) y otra con River en 1982, cuando Mario Kempes se puso la camiseta de la banda roja y Norberto Alonso, enfrentado, prefirió irse a Vélez Sársfield.

No tuvo oportunidades mundialistas. Sólo viajó a Chile 1962 con la selección española pero no ingresó en ningún partido, y antes, fue campeón sudamericano de albiceleste con aquel brillante equipo de los Carasucias de 1957 en Lima, aunque de ellos, sólo Corbatta y Cruz pudieron estar presentes en Suecia 1958. Al terceto del medio no lo convocaron porque no se acostumbraba a llamar a los que se iban…

Lo dijo el Maestro Julio César Pasquato (Juvenal): “Alfredo  Di Stéfano regó con su sangre las canchas argentinas”. Un gran embajador argentino en el mundo. Un super crack que llevó el estilo criollo a todo el planeta.

Gracias, Alfredo. Gracias, viejo.


Sin Neymar, Brasil abre el paraguas (Jornada)



                                         Desde Belo Horizonte

Ya sin Neymar, que ni siquiera pudo permanecer en la concentración de Granja Comary porque la lesión vertebral le impide moverse y será preferible que haga reposo en su casa, la selección brasileña encara su partido de mañana a las 17 en el estadio Mineirao todavía impactada por la ausencia de su principal jugador, y con el paraguas abierto por los arbitrajes, con la política de considerarse víctima de poco menos que un contubernio de la FIFA.

En las últimas horas, el propio presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), José María Marín, trató de poner paños fríos a lo que se vino diciendo desde la entidad después de señalar que hubo “interpretaciones equivocadas” en algunos partidos, y debido a que aquel penal cobrado por un arrojo a la pileta de Fred en el partido inaugural ante Croacia, todavía se está pagando.

El diario “O Estado de Sao Paulo” va más allá e indica que la Comisión Técnica de la selección brasileña adjudica a la FIFA la idea de que el organismo mundial estaría jugado a que no se repita un “efecto Michael Schumacher” en el fútbol y mucho menos en los mundiales, algo que podría ocurrir si Brasil se cortara solo con seis títulos en el caso de ganar éste en su casa y que entonces por eso, hay arbitrajes más permisivos hacia otros equipos y no se castiga igual a otros rivales.

En cambio, este medio recuerda con cierta nostalgia los tiempos de Ricardo Texeira, el ex yerno del ex presidente de la FIFA, Joao Havelange, quien en sus tiempos no tuvo las mismas dificultades arbitrales y muy por el contrario, gozó de favores importantísimos como en Estados Unidos 1994 o en Japón-Corea 2002.

Hoy, los medios dan a entender el escaso peso específico de Brasil en la FIFA con la salida de Texeira y los problemas políticos que tuvo la FIFA con el gobierno de Dilma Rousseff antes de comenzar el Mundial.

Para sostener el argumento de los arbitrajes en contra, los allegados al plantel brasileño también se toman de la sanción de FIFA, luego ampliada, al vocero de Prensa Rodrigo Paiva, por agresión al delantero chileno Mauricio Pinilla, en el camino a los vestuarios tras el partido de octavos de final.

Siguiendo la línea de Marín, de la CBF, ahora Luiz Felipe Scolari, el entrenador de la selección brasileña, optó ayer en la conferencia de prensa previa a la semifinal ante Alemania, por no hablar mal del árbitro del partido, el mexicano Marco Antonio Rodríguez, el mismo que no vio la mordida del uruguayo Luis Suárez al italiano Giorgio Chiellini.

“Sí el no lo vio, hay que creerle”, dijo Scolari, convertido de repente en un ferviente creyente en la conducta arbitral, luego de defenestrar uno a uno a todos los jueces que dirigieron a su equipo, como cuando tras el empate ante México preguntó a los periodistas si nadie le iba a consultar por algún penal concedido a su equipo.  “¿Cómo? ¿Hoy no hay penales para Brasil?”, preguntó con sorna, antes de pararse y retirarse de la sala.

Por su parte, el entrenador alemán Joakim Low se refirió a la dureza del partido de cuartos de final entre Brasil y Colombia. “Casi no se jugó, fue muy violento y me sorprendió”, dijo el germano.

Scolari no quiso dar el equipo aunque dijo que ya lo tiene en la mente, y por lo tanto persiste la duda sobre quién reemplazará a Neymar, si Paulinho, para completar un mediocampo más defensivo junto a Luiz Gustavo, o Hernanes, o Willian, mientras que Dante, jugador del Bayern Munich, tiene todos los boletos para reemplazar a Thiago Silva, suspendido por doble amarilla.

Ronaldo Nazario, ex goleador y campeón mundial en 2002, parece haber dicho las cosas con más equilibrio. “Hay que saber jugar sin Neymar. Brasil nunca dependió de un jugador. Ni siquiera de Pelé”.

Eso sí, Neymar jugó 25 de los 27 partidos con Scolari de entrenador. ¿Habrá un Plan B al nivel del anterior?


lunes, 7 de julio de 2014

Al final, siempre llegan los grandes (Yahoo)



                                                 Desde Belo Horizonte

Hay un dicho que se le suele atribuir a Gary Lineker, el ex gran delantero inglés, que dice que el fútbol “es un deporte que consiste en once jugadores de cada lado, con una pelota y en el que siempre ganan los alemanes”.

Tal vez la frase sea muy exagerada, pero no tanta como para no prestarle la suficiente atención. Sin meternos en el pasado muy remoto, si tomamos en cuenta las semifinales de los últimos once Mundiales, es decir desde hace cuarenta años, desde el de Alemania Federal de 1974, observaremos que salvo algunos equipos de moda que giraron en torno de uno o dos jugadores (Polonia de los setenta, Bulgaria de los noventa, España hasta recién, Croacia en los noventa) o por hacer valer la localía (Corea del Sur), por lo general son siempre los de mayor tradición los que llegan a estar entre los cuatro primeros.

En esa misma estadística, de once mundiales jugados desde 1974, Alemania fue finalista en ocho, Brasil en seis, Italia y Holanda en cinco, y Francia y Argentina en cuatro. Nada de esto puede ser casualidad y se debe a que hay algunos factores fundamentales para que esto ocurra aunque uno de ellos es el psicológico y otro, la tradición del país en su relación con el fútbol.

Suele suceder que cuando comienzan los Mundiales, muchos se sorprenden y elogian hasta el hartazgo a determinados equipos que, efectivamente, tratan bien la pelota, o sorprenden por su dinámica o por algún jugador en especial. Esa selección se transforma por unos cuantos días en el equipo de moda (en este caso, Costa Rica, aún más Colombia, en cierta forma Estados Unidos) hasta que llegan los fatídicos cuartos de final, que es cuando se produce el choque con los conjuntos llamados “tradicionales” y la aventura suele terminar allí.

¿Por qué sucede esto? Tal vez sea mejor que en algunos aspectos lo analizara un psicólogo, pero sí hay algo que pasa por el grado de compromiso con el torneo. Es decir, hay algunos equipos que, si bien ambicionan como todos ganar la Copa del Mundo, que abrazan ese sueño, en cierto lugar del inconsciente están cómodos con haber llegado a donde llegaron.

Es decir que aunque quieren ganar, en el caso de no concretarlo no habría una queja mayor y en cambio, cierta satisfacción por el deber cumplido.

Esto fue lo que le pasó especialmente a Colombia, que estaba para más, era uno de los equipos que mejor manejó la pelota, que contó con un armador de juego que en el mundo está en extinción como James Rodríguez, y que seguramente si tuviera que enfrentar a Brasil en cualquier territorio y bajo otra circunstancia, tendría muchas chances de imponerse, pero cayó sin atenuantes por el Mundial y ante un público adverso.

Se observa que ante Brasil, en este Mundial, los equipos que lo enfrentan deben atravesar distintas facetas: una primera de unos treinta minutos, en la que pesa mucho la localía. El himno, cantado a capella por los jugadores y los hinchas, termina teniendo el efecto del haka neocelandés y pocos consiguen resistir esa embestida (España, la campeona mundial y bicampeona de Europa, no resistió ni siquiera un minuto en la final de la Copa Confederaciones).

Pero luego, el efecto se vuelve contrario y si el rival logra aguantar hasta el final del primer tiempo, la presión del segundo (como ante Chile) se vuelve hacia los locales y recién retorna a su favor en los penales.

Costa Rica también jugó un excelente Mundial y sorprendió a todos y bien pudo pasar por penales ante Holanda, aunque en el partido hayan merecido más los naranjas, y una Bélgica que amenazaba con un torrente de fútbol con al menos un crack en cada línea, poco y nada pudo hacer contra Argentina, es decir, cuando otro de los grandes estuvo en la vereda de enfrente.

Y Francia misma, que tampoco es una selección sin historia, chocó, cuando tuvo que enfrentarse a una de las grandes como Alemania, contra un equipo firme, con recursos en todas sus líneas, y que no conoce de fronteras y aunque sepa de antemano que los europeos lo tienen difícil en Sudamérica como históricamente (jamás pudieron ganar en el continente americano en 7 ocasiones anteriores), llega con todo y con el íntimo deseo de conquistar el título que no consigue desde 1990 aunque tantas veces haya estado merodeándolo.

Pero además de las razones psicológicas están las futbolísticas. Brasil, aunque con Neymar (ausente desde ahora por lesión) supo avanzar ante distintas dificultades y pese a un plantel limitado técnicamente como pocas veces.

Alemania lo tiene todo. A la potencia y resistencia física que siempre fueron su fuerte, ahora agregó un toque especial, una cierta estética de juego, gracias al aporte de una generación joven con algunos hijos de inmigrantes.

Holanda reúne la clásica dinámica de Louis Van Gaal con un ataque punzante con el triplete Sneijder- Van Persie y Robben.

Y Argentina, aunque viene sufriendo por las lesiones de Agüero y ahora Di María, tiene en Lionel Messi a la principal carta del Mundial.

Es decir que más allá de la tradición, también hace falta una buena base técnica, pero siempre terminan llegando más o menos los mismos a las finales.





Mascherano: “Hace 24 años que esperamos esta oportunidad” (Jornada)



                                                        Desde Belo Horizonte

Si hay alguien que dice las cosas con claridad meridiana, con riqueza de conceptos, serenidad y análisis frío, ése es Javier Mascherano, uno de los cerebros del equipo, además de ser uno de los jugadores con mayor experiencia.

Su conferencia de prensa de ayer en Cidade do Galo fue de las mejores que se recuerdan, por la locuacidad y por la cantidad de elementos tácticos, técnicos, simbólicos y anímicos.

Mascherano comenzó haciendo referencia a lo grupal. “Por lo general en el grupo estamos todos muy contentos, salvo lo de Ángel (Di María) que es una lástima, y esperemos que se puede recuperar muy pronto, pero en cuanto a las sensaciones, supongo que son las mejores. El hecho de haber pasado los cuartos de final y llegar a una fase tan decisiva e importante como una semifinal del mundo la vivimos con muchísima ilusión, sabiendo que estamos ante una gran posibilidad para seguir avanzando y el miércoles vamos a hacer todo lo posible para que eso suceda. En lo colectivo, como dice siempre Alejandro (por Sabella) el nosotros por delante del yo. Este grupo siempre trató de que cada uno cumpla sus roles, pero siempre aportando a lo colectivo y creo que no sólo ayer sino en todo el Mundial se ha demostrado que se ha conformado un gran grupo”, afirmó.

El volante también pudo recordar los festejos tras el partido con Bélgica. “El desahogo no fue sólo para mí sino para todo el equipo cuando terminó el partido ante Bélgica. Sabíamos en la situación en la que estábamos, lo que nos jugábamos, sabíamos la historia que tenía la selección de 24 años sin pasar este partido y lo vivimos con mucha euforia y también con mucha alegría. Para Leo (Messi), Maxi (Rodríguez) y para mí, era el tercer Mundial que jugábamos y queremos poder avanzar y tener la posibilidad de jugar la final del 13 de julio en el Maracaná.”, indicó.

Consultado sobre qué cambió porque hasta el partido contra Bélgica, se decía que el fuerte de la selección era la parte ofensiva y que los problemas de atrás era la parte que había que pagar, pero el rival esta vez casi no les llegó con la pelota hasta dentro del área y fueron ambiciosos y ofensivos, Mascherano respondió que el análisis que pudieron  hacer los jugadores “ es que utilizamos mucho mejor los espacios, los cubrimos mucho mejor y eso hizo no darle a Bélgica la posibilidad de hacer su juego". 

"Hoy quizá pareciera que Bélgica no fuera la selección que es pero las estadísticas decían que era la selección que más y mejor atacó en el torneo y creo que si no las generaron es porque cubrimos muy bien las entrelíneas, porque jamás pudieron ir por adentro y siempre tuvieron que terminar afuera por centros o pelotazos de los centrales al nueve, y sobre todo se vio en los últimos veinte minutos cuando Van Buyten fue a jugar de centrodelantero. Estuvimos muy compactos y a la hora de jugar no nos apresuramos a querer atacar pronto o contraatacar sino que mantuvimos la pelota en los sectores que más nos convenían y esperamos el momento. En estas instancias, creo que eso es importante”, señaló.

El volante indicó que  el equipo “fue de menor a mayor, pero en realidad ahora poco importa, porque estamos en un momento decisivo y si bien siempre es mejor llegar sin dudas a los momentos importantes, no te asegura nada, ni la victoria ni tampoco hacer un buen partido”.

Acerca de Messi, Mascherano afirmó que vio” partidos de Leo como el de Bélgica. Quizá nos resulta un poco extraño cuando tiene pocas ocasiones de gol y contra Bélgica tuvo sólo una y eso hace que nos resulte un partido diferente pero Leo y Pipa (Gonzalo Higuain) nos dieron la vida cuando luchaban cada pelota y nos daban aire a cada uno de los mediocampistas para poder sumarnos al juego de ellos".

En el análisis general hicieron un gran partido y se notó porque si los delanteros permiten que los demás podamos salir 20 ó 30 metros para la posesión, eso es importantísimo”.Mascherano definió que “si hay una palabra que se puede utilizar ante Bélgica esa es la “inteligencia”. Después de Suiza dije que en estas instancias se juega con el corazón y el alma, pero no te alcanza si no sos inteligente a la hora de manejar el partido en el aspecto táctico y nosotros lo hicimos y el resultado a mi entender nunca estuvo en peligro”.

Jornada consultó a Mascherano, entonces, sobre el próximo rival, Holanda. “La seguridad defensiva nos da un grado de confianza mayor, sabemos que vamos a jugar contra un equipo que es de lo mejor contragolpeando por la velocidad que tienen sus hombres de adelante y tenemos que tomar precauciones para no darles la posibilidad de contragolpear, de estar bien parados, de no darles pelotas innecesarias en zonas que tienen mucho riesgo y también nos enfrentamos a un equipo que tiene experiencia, que llegó a la final del Mundial pasado, que también tiene mucho hambre porque también deben tener la sangre en el ojo de lo que pasó en Sudáfrica 2010 así que será un partido muy difícil, no esperamos un partido fácil en una semifinal, pero nosotros tenemos la ilusión de seguir avanzando y estamos en el lugar que queríamos estar cuando llegamos.".

"Ahora seguirá dependiendo de nosotros si avanzamos o no”, indicó. Mascherano espera que “Holanda sea más duro aún que Bélgica, no sólo por calidad sino por experiencia. Ellos saben lo que es jugar la semifinal de un Mundial y tienen grandes individualidades. Va a ser clave la concentración, la manera en que planeemos el partido, la paciencia que tengamos para tomar cada decisión y sobre todo, la ilusión en querer pasar. Hago hincapié en la ilusión porque hace tiempo que no llegamos hasta acá y porque estas oportunidades pasan de vez en cuando y no hay que dejarlas escapar”.

Finalmente, volvió a referirse al grupo. “Hace ya más de un mes que estamos todos juntos desde que comenzamos a entrenarnos en Ezeiza y la convivencia fue espectacular. No hubo nunca un problema, ni una discusión y ojalá que termine el 13 de la mejor manera y para eso, el miércoles a las 17 en San Pablo habrá que estar ahí y darlo todo”.

Sobre la arenga, de haber dicho de que “estoy cansado de comer mierda”, no diré nada. Lo que uno dice en la intimidad queda ahí pero he leído algunas cosas. Es algo muy normal del fútbol que antes de un partido importante nos decimos cosas para alentarnos pero no significa nada. La motivación del grupo era el partido.  Es el sentir de un futbolero como yo, que ama esta profesión, amo lo que hago y este partido hace 24 años que los argentinos lo venimos jugando. Nosotros tenemos la suerte de estar en este momento pero tenemos una responsabilidad más grande el miércoles porque agranda más las expectativas de la gente y tenemos que estar a la altura, y después el destino nos pondrá en el lugar en el que nos toque".