lunes, 17 de septiembre de 2018

Mientras espera a Messi, la Selección busca un modelo para armar (Jornada)




En el fútbol del siglo XXI no parece haber tiempo para perder. Las múltiples competencias y los ciclos que marcan los mundiales así lo indican. Los europeos ya comenzaron a jugar la nueva Copa de las Naciones (armada para que los clubes poderosos puedan proteger a sus jugadores ante lo que llaman “el virus FIFA” que los cansa y los puede lesionar en viajes largos en amistosos “sin sentido” y entonces tengan que enfrentarse entre sí sin salir del Viejo Continente), y la Copa América de Brasil ya asoma para dentro de nueve meses.

Todo esto, sumado al rotundo fracaso del equipo nacional en el pasado Mundial de Rusia, parecía apurar la decisión de la contratación de un nuevo director técnico, aunque tratando, esta vez, de no cometer los errores de tantos años anteriores, cuando nunca se supo el criterio de la elección y siempre se trató de una determinación espasmódica, basada en modas, en el último campeón del torneo local, o el simple gusto del presidente de la AFA de turno.

Ahora, en cambio, Claudio Tapia, el actual presidente de la AFA, parecería estar curado de espanto y prefirió designar un director técnico interino como Lionel Scaloni, y en principio, éste parece haberse tomado muy en serio su función desde el punto de vista de su primera convocatoria para jugar dos amistosos en los Estados Unidos ante Guatemala y Colombia.

Más allá de los resultados, es claro que Scaloni apunta a dos ejes: dejar a su sucesor en el cargo (si bien podría comenzar a leerse que podría pretender continuar en el cargo hasta el Mundial 2022) una estructura armada con miras al futuro, y esperar, en lo posible, a un puñado de jugadores de la generación pasada, como Sergio Agüero, Sergio Romero, Nicolás Otamendi y a lo sumo, Ángel Di María.

Lionel Messi no está en discusión pero es evidente que el crack del Barcelona prefiere esperar un tiempo antes de decidir si regresa o no al equipo argentino, aunque no parece la mejor estrategia la de impedir que otro jugador utilice la camiseta número diez, porque todo termina transitando por el mismo carril que en el pasado: una cosa es sostener y reivindicar al mejor jugador del mundo y otra distinta, hacerle ver que es el dueño de todo, cuando ya esto lo perjudicó mucho en el pasado, y tampoco parece caerle simpática la situación.

Más allá de alguna elección discutible (siempre las habrá), no hay dudas de que Scaloni optó por caras nuevas que por lo general tuvieron un aceptable rendimiento, aunque Mauro Icardi no pudo demostrar todavía sus condiciones, y Paulo Dybala sigue sin encontrar las oportunidades para jugar, y lo mismo sucedió con Ángel Correa, con una inoportuna lesión.

En cuanto al sistema táctico utilizado, todo indica que si bien la selección argentina se encuentra en una fase de prueba, hay dos o tres elementos por señalar: la necesidad de establecer con claridad (juegue quien juegue) una medular, como en los viejos tiempos del fútbol argentino, que pase por el arquero, un zaguero central firme y con buena salida (los que jugaron, conformaron bastante), un volante central con recuperación, distribución y ubicación (creemos que Santiago Ascacíbar es el más parecido a Javier Mascherano en esta función), un organizador del juego (en este punto, no es fácil porque esa posición se fue perdiendo, pero Dybala parece el más indicado cuando Messi no juega), y un nueve goleador, que con Icardi y Giovani Simeone, y con Lautaro Martínez, ausente en las primeras pruebas, resulta suficiente.

Sin embargo, no pareció que esto fuera tan claro. De hecho, Scaloni optó por tres jugadores de buen pie (Exequiel Palacios, Gonzalo Martínez y Maximiliano Meza) por detrás del “nueve” (Icardi o Simeone), y a lo sumo en algunos momentos colocó un extremo algo retrasado (Cristian Pavón), lo que determinó escasa profundidad aunque buena administración.

Lo importante, en este momento, no son los resultados sino encontrar un esquema, una personalidad, una generación que apunte a los próximos cuatro años a partir de algunas premisas básicas, como volver a las fuentes, no copiar modelos que pueden ser buenos para otros pero que no suelen responder a la idiosincrasia nacional, y darse la oportunidad de que, en el caso de que dos o tres estrellas puedan regresar, en ese caso, sea para integrarse a un colectivo y aportar su calidad, pero que no todo dependa de lo que puedan generar.

De todos modos, un punto aclaratorio: no se le puede pedir todo a la selección nacional si el fútbol argentino, desde su interior, no genera otras condiciones. Los cambios no llegan por el uso de la varita mágica. Si se juega con pocos delanteros, si el promedio de gol de la actual Superliga apenas si llega a los dos por partido con un veinte por ciento del torneo ya jugado, si todos se cuidan para no perder, y si se usan poco los extremos y la mayoría sale con dos líneas de cuatro, no se le puede pedir al equipo nacional que sea la excepción y que haya tanta distancia con los equipos.

Por eso, mientras se acerca la Copa América de junio, y las chances de enfrentarse a los europeos, metidos en su propio mundo, son casi nulas, la selección argentina tiene que ir armando su propio modelo mientras espera para que se acoplen sus máximas estrellas y su dirigencia debe tomar una decisión sobre lo que pretende para el futuro mediato: un estilo, una forma de jugar, una filosofía de juego, y un proyecto, si es posible, para los próximos diez años.

¿Estarán capacitados estos dirigentes para tomar estas decisiones?

domingo, 16 de septiembre de 2018

La plantilla completa del Barcelona ya da resultados (Yahoo)





Es cierto que en una Liga como la Española, cuatro jornadas sobre treinta y ocho totales, no es una gran cantidad. Pero también lo es que se necesitó muy poco para que quedaran, en la disputa por el título, los mismos dos equipos de siempre, el Barcelona y el Real Madrid, y el inicio de los azulgrana, aún ante rivales más accesibles que los de los blancos, ha sido superior en resultados y en el efecto de lo que una plantilla puede dar.

El Barcelona ya ha ganado la Liga en la temporada pasada, con Ernesto Valverde, y por este lado no parece haber novedades. Lo que sí ha cambiado es en la racionalización de la plantilla, en la criba que ha colocado el club durante el largo receso veraniego, para elevar aún más el ya alto nivel que venía teniendo.

Así es que, poco a poco, fueron abandonando la plantilla jugadores como André Gómez, Lucas Digné, Paco Alcácer o Yerry Mina, para que, en cambio, llegaran otros como Arthur o Arturo Vidal, sumados a la recuperación de Ousmane Dembélé, el regreso de Rafinha, y la posibilidad de que se reintegre Denis Suárez.

Más allá de los cuatro triunfos ante rivales considerados, a priori, menores como Alavés, Valladolid y Huesca, no puede decirse lo mismo de la Real Sociedad y especialmente en Anoeta, donde el Barcelona ha sufrido tradicionalmente y tampoco este pasado fin de semana fue la excepción porque debió remontar cuando los locales se pusieron en ventaja a partir de un gol de Aritz Elustondo y una buena producción general con un estilo que ya es reconocido.

Sin embargo, el Barcelona pudo sacar el partido adelante aún cuando, como pocas veces ocurre –demostrando que también es humano- su mejor jugador, Lionel Messi, con su genio creativo, no se encuentra en su mejor día, aunque es cierto que en ambos goles, el del empate de Luis Suárez y el del triunfo, de Dembélé, hayan llegado por sendos errores del joven arquero argentino de la Real, Gerónimo Rulli, quien en ambos casos cedió rebotes que aprovecharon los atacantes del club catalán.

También es cierto que probablemente no le habría sido nada accesible al Barcelona acercarse en el marcador con parte de la alineación inicial, con Nélson Semedo por el lateral derecho, y Rafinha como creativo, seguramente pensando en su debut en la Champions League de pocos días más tarde ante el PSV Eindhoven, y acaso esto mismo tenga relación con la producción de Messi, quien como capitán, en la presentación de la plantilla durante la Copa Juan Gamper ante Boca Juniors, fue claro sobre las prioridades de la temporada.

Messi dijo entonces que este año “toca ganar la Champions porque hace mucho que no lo conseguimos”, y tomando en cuenta el poderío que viene teniendo el Barcelona, y que en los últimos cinco años, el Real Madrid ha ganado cuatro copas, no conseguir una desde 2015 representa demasiado tiempo.

La sensación es que, ante la Real Sociedad y pese a la categoría del rival y sus antecedentes de los últimos años, Valverde priorizó la Champions pero tuvo que recurrir a sus figuras, en la segunda parte, para revertir el resultado y mantener la punta de la Liga.

Recién cuando ingresó Phillipe Coutinho por Semedo, y Sergi Roberto pasó al lateral derecho, cuando Sergio Busquets pasó a jugar de mediocentro para que Iván Rakitic se desplazara hacia la derecha como volante, el Barcelona volvió a encontrar su juego tradicional, y fue lógico que ingresara Arturo Vidal por Dembélé para asegurar el resultado cambiando el esquema de 4-3-3 inicial, por el 4-4-2 final.

Pero mucho más allá de haber ganado los cuatro primeros partidos y de haber alcanzado el liderato en soledad, aprovechando el empate del Real Madrid en otro difícil escenario como San Mamés ante el Athletic que ahora dirige el argentino Eduardo Berizzo, la sensación es que este Barcelona tiene mayoría de jugadores aceptados por el público y que ha logrado desprenderse de los más cuestionados.

No parece casualidad, tampoco, que en aquella presentación de la Gamper, el nuevo capitán Messi haya señalado que “tenemos plantilla para conseguir lo que nos propongamos”, lo que podría equivaler a decir “ahora sí tenemos los jugadores necesarios para apuntar al máximo objetivo”.

Un Barcelona distinto, menos aportante de jugadores para la selección española (apenas dos jugadores, Sergi Roberto y Sergio Busquets), pero con estrellas en todos los puestos y un banquillo que es capaz de dar respuesta en caso de necesidad, parece encaminarse a una muy buena temporada, aunque haya sido poco lo que se jugó hasta ahora.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Las mil caras de Maradona: un contestatario en un fútbol industrializado (Fernando Segura Trejo y Sergio Levinsky)







Capítulo publicado en Segura, F et al (2010), Saberes y Lugares en Movimiento: Segundo Encuentro Transdisciplinario Casa de México en París, Nuevo León, México.

Introducción

Un célebre antropólogo argentino recientemente fallecido, Eduardo Archetti, definió a Diego Maradona como “un talento excepcional con una moral muy frágil, que usa su fama de una manera autodestructiva”[1] y si todo esto ocurre en un contexto futbolístico, tiene sin dudas un efecto multiplicador porque como bien dicen Holt y Mangan [2], “no se puede más que coincidir con aquello de que los héroes deportivos deben ser contextualizados culturalmente para poder entender su significación social y observar su impacto comunal”. Por eso, para comprender a Diego Maradona primero hay que entender las claves de lo que el fútbol pasó a representar en el planeta desde su impactante crecimiento en el siglo XX, para consolidarse en el XXI como una nueva religión, con su liturgia propia. Para distintos intelectuales que lo han estudiado como fenómeno. El fútbol puede ser visto como “un hecho social total” (Ignacio Ramonet), “Un resumen de la condición humana” (François Brune), “el revelador de todas las pasiones” (Christian Bromberger), “la gloria de los tramposos” (Eduardo Galeano), “un deporte singular” (Phillipe Baudillon), “una religión laica” (Manuel Vázquez Montalbán) y hay hasta quien se pregunta si se trata “de un deporte o un ritual” (Marc Augé)[3].

Hemos llamado este artículo “Las mil caras de Maradona” porque efectivamente el fenómeno de su aparición, crecimiento, derrumbe y resurrección (cual semidiós mediático de este tiempo) puede ser abordado en sus múltiples facetas con una riqueza pocas veces comparables de acuerdo a lo que le puede tocar como vida a un ser humano dotado de una habilidad insólita para uno de los hechos más significativos del último siglo. El propio Maradona se llega a preguntar, siendo muy joven, si “esto era lo que yo soñaba cuando quería ser jugador” [4]. Todo parece haberse desmadrado y aquél “Pibe” en términos de Archetti, entendiéndolo desde el estereotipo del uso del cuerpo, de la rebeldía ante lo instituido, el desorden y el comportamiento caótico, que tanto soñó el fútbol argentino desde las plumas ilustres de los años dorados de la revista “El Gráfico” (icono de un país en crecimiento que iba generando su propia mitología), fue dando lugar necesariamente a la conformación natural de un Poder capaz de discutir con otros poderes, aunque con todos los dolores y heridas generados por esos choques sistémicos.

En tiempos en los que el eje éxito-fracaso rigen buena parte de la construcción del imaginario social, resulta particularmente llamativo que Maradona haya sido seguido, y sostenido, por sociedades dispuestas a perdonarle todo en nombre de la magia desplegada desde su arte inigualable en el fútbol, al punto tal que también aparece como interesante su confesada adicción a las drogas, tal vez como forma de guarecerse ante la imposibilidad de hacer frente a tamaña demanda.

Emir Kusturica, laureado director de cine y quien llegara a filmar una película sobre su vida, ha llegado a afirmar que “Yo siempre soy idealista. Para mí, Maradona siempre ha sido mucho más que los efectos que las drogas puedan tener en él. Es un artista. Ser artista es romper las barreras de lo que uno hace, no tiene nada que ver con esta especie de síntoma que tiene la sociedad de llevarte hasta el cielo, para después matarte y enterrarte”[5]. Sin embargo, los distintos conflictos deportivos que Maradona ha tenido, en más de una oportunidad generaron una reacción popular que ha constituido también corrientes de opinión contrarias a sus acciones, como ha ocurrido durante el Mundial de Estados Unidos en 1994, pese a que varios autores han investigado y probado que su descalificación de este torneo nada tenía que ver con el dopaje y sí, en cambio, con la droga social, un hecho de características privadas[6].

El prisma para analizar el fenómeno de Maradona también puede ser colocado en su indudable capacidad intuitiva para responder más de una vez en el blanco mismo de sus ocasionales adversarios, ya sea metiéndose en el conflicto entre Occidente y Cuba con una sonada defensa del líder Fidel Castro, contra el poder de la Iglesia, llegando a ser durísimo con el entonces Papa Juan Pablo II, contra el presidente de los Estados Unidos, George Bush (hijo) cuando integró, por ejemplo, el Tren del ALBA oponiéndose al tratado de libre comercio ALCA, generando problemas entre los propios italianos en pleno Mundial 1990, al declarar que Nápoles siempre es olvidada en el norte, o afirmando que para el citado torneo, el acto del sorteo había estado arreglado para favorecer a los locales, o acusando duramente a los dirigentes de la FIFA, o hasta exigiendo rinoscopía para los dirigentes políticos argentinos que lo acusaban de drogarse, o hasta conformando un Sindicato Mundial de Futbolistas, aún cuando ya existía uno (el FIFPRO) para que se oponga con más fuerza a la mismísima FIFA.

Genio y figura, su vida está llena de hitos que sus seguidores recuerdan con exactitud, desde sus continuos cambios de peinados, de estados físicos, de salud mental, de amistades, broncas y apariciones en los medios, como cuando luego de haber estado al borde de la muerte en 2000, a los pocos años aparecía reluciente conduciendo un muy exitoso programa de TV, “La noche del diez”, algo equivalente a una resurrección, aunque en su caso, de esto puede derivar otra caída, como ocurrió, para ser internado en un psiquiátrico, y un año y medio después, resurgir otra vez de sus cenizas y ser nada menos que el entrenador del seleccionado nacional argentino, en el que pone en juego su leyenda como si fuera una ruleta rusa. Pero poco y nada hubiera sido Maradona sin el contexto del fútbol. No podría tener hasta una Iglesia propia, con treinta mil fieles en todo el mundo que rezan por él, sin el fenómeno impactante de esta nueva liturgia, que dio lugar a que el escritor uruguayo Eduardo Galeano dijera que la magia de su fútbol “acaso sea la mejor prueba de la existencia de Dios”.[7]

Desarrollo
¿Es posible definir a Diego Maradona, uno de los rostros más conocidos del planeta, sin describir primero la importancia que el fútbol fue adquiriendo desde su expansión en el siglo XX? Un dato elocuente es que la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) tiene varios países inscriptos más que la propia Organización de Naciones Unidas (ONU).  O que los mundiales son vistos por miles de millones de personas a través del gran matrimonio del siglo pasado: la televisión, ahora reemplazada cada vez más por la llegada de la telefonía celular e internet.

La sociología estudia desde hace muchos años este fenómeno, que ha dado lugar a variopintas interpretaciones, que lo vinculan con la geopolítica, la economía, los derechos humanos, los medios de comunicación, la violencia, la marginalidad, el dopaje, la legalidad, la reglamentación, la arquitectura de los estadios, la generación de negocios, la industrialización, el arte, la ciencia y muchos otros tópicos. Muchos intelectuales han tratado de comprender (y en lo posible contener) este fenómeno, uno de los mayores en pasividad en el planeta, y otros, negadores de su importancia inicial, se han tenido que rendir ante la evidencia. Durante los torneos mundiales, muchos países paralizan sus actividades y hasta los Estados Unidos han tenido que adaptarse tardíamente al sistema para no quedar marginados ante un fenómeno único por sus características. Hay quienes han interpretado un Mundial como una guerra simbólica, y hay quienes han leído un partido como la forma de conquistar el terreno contrario para volver a su campo a contárselo a los suyos[8]. También en Sudamérica, Amílcar Romero[9] introdujo la investigación sistemática de los hechos violentos organizados en el fútbol, y hasta el escritor Albert Camus, Premio Nobel de Literatura, afirma que todo lo que aprendió de ética “fue jugando al fútbol”, mientras también están los que estudian los sistemas tácticos de acuerdo a modos de producción.

Es en este contexto que emerge la figura de Maradona. Pocos fenómenos sociales como el fútbol promueven un ascenso social tan significativo o un nivel de poder como el que este genial ex futbolista llegó a tener, a partir de un crecimiento natural que motivó que entendiera (conciente o inconcientemente) que no podría enfrentarse a todo lo que hoy promueve este singular hecho social si no disponía de anchas espaldas para hacerle frente.

¿Por qué Maradona fascina y es objeto de estudio desde tantas miradas? Porque pocas veces estamos frente al hecho de tratarse de un héroe desde el deporte, con su lucha contra la adversidad, en la que no siempre vence- si bien vence más de lo habitual-, pero que aún en  la caída existe la posibilidad de la recuperación. Y Maradona reúne todas las condiciones para pasar de héroe a la categoría de semidiós, desde su origen humilde, en las villas miseria de la Argentina, teniendo que atravesar un período de carencia, hasta su ascenso al olimpo de la fama, y su posterior caída cuando el sistema le pasó la factura a sus rebeldías.

Maradona ha encontrado su estatura de icono nacional debido a que en la Argentina, aún con sus recaídas psíquicas o fisicas, y con sus exabruptos antisistémicos, sigue representando hasta hoy mismo tal vez el único momento de alegría popular, durante la conquista del Mundial de México en 1986, en medio de tantas desgracias y un derrumbe económico y social como consecuencia de lo ocurrido desde los comienzos de la última dictadura militar (1976-1983), que dejó al país endeudado, y con treinta mil desaparecidos, de lo que le está costando mucho recuperarse. Si se le suma a este éxito deportivo el hecho de haber vencido a una selección inglesa considerada como “enemiga” a escasos cuatro años de la Guerra de las Islas Malvinas/Falklands y con dos goles de alto contenido simbólico, el resultado final es demoledor en cuanto a la idolatría popular.

Como ya se dijo anteriormente el antropólogo Eduardo Archetti definió a Maradona como “un talento excepcional con una moral muy frágil que usa su fama de una manera autodestructiva”. Un héroe es un ídolo y un icono que pertenece a un determinado tiempo. Un tiempo soñado y glorioso que trasciende el de la mediocridad de lo cotidiano. Los héroes suelen estar solos, contra sus adversarios, ante un mundo lleno de peligros. En muchos casos, los héroes son fuentes de una identidad colectiva y orgullo en contextos nacionales y supranacionales (Maradona en Argentina, en Nápoli, y en muchos lugares del planeta). El psiquiatra José Eduardo Abadi, sostiene que con diferentes intensidades y matices, la idolatría ha estado presente a lo largo de la historia del ser humano. Recordemos que la palabra ídolo etimológicamente significa “falso dios”, y esto alude, en cierto modo, a que la relación entre el idolatrante y el idolatrado sea siempre un vínculo distorsionado, ambiguo, finalmente sintomático. Es un fenómeno que debe ser conceptualizado dentro del ámbito del pensamiento mágico. Es decir que la idealización implica siempre sentimientos extremos, delegaciones e identificaciones omnipotentes, la ilusión sustituyendo la percepción y la valoración adecuada y como consecuencia exigencias y dependencias patológicas que derivan siempre en frustraciones y decepciones”[10].

Maradona reúne estas características de icono pero al mismo tiempo de héroe trágico, que debe ser sostenido y perdonado. Y si bien estos tiempos mediáticos permiten que sus avatares tengan una llegada y una inmediatez poco comparables con otros tiempos, adquiere mayor fuerza en sociedades que arrastran frustraciones y que necesitan entonces de héroes con especial fortaleza para atravesar situaciones de riesgo, que hayan surgido del vulgo, pero también son especialmente valorados aquellos que si bien pueden caerse, luego se recuperan y emergen potenciados una y mil veces. En su libro autobiográfico, Maradona se sorprende de las demandas y de la forma en que fuera recibido por los hinchas cuando en 1984 llegó al Nápoles transferido por el Barcelona, donde si bien brilló, era una estrella entre tantas, en un escenario lujoso. De haber formado parte de un equipo con pretensiones de ganar copas europeas, pasaba a otro que se había salvado de jugar en Segunda de Italia apenas por un punto, y hasta se entera de que muchos simpatizantes habían hecho huelga de hambre para que él fuera contratado, y hubo quien hasta se encadenó a las rejas del estadio San Paolo con este mismo fin. El día de su presentación, que duró apenas quince minutos, un estadio repleto como pocas veces en su historia, coreó “Maradona, ocúpate tú, si no sucede ahora, no sucederá nunca más/ la Argentina tuya está aquí/no podemos esperar más”[11]. No es difícil imaginarse entonces la leyenda generada desde ese inicio hasta la posterior conquista de dos campeonatos italianos por parte de un equipo no acostumbrado a los primeros planos, y representante de una región postergada de Italia, triunfante ante el norte opulento, y que en pleno auge, en 1990, la intuición mediática de Maradona aprovechara la ocasión de una semifinal de Mundial entre Italia y Argentina en Nápoles para recordar en una tumultuosa conferencia de prensa que espera el aliento para su selección “porque todos se olvidan durante el año que los napolitanos son italianos”. Había puesto el dedo en la llaga, como supo hacerlo desde que se fue constituyendo en un Poder en sí mismo y tuvo que lidiar batallas de gran dureza y casi siempre, en soledad. Llevado a la categoría de semidios en el Nápoli, se le ha perdonado todo, desde un confuso dopaje positivo en 1991, que derivó en su salida hacia Argentina, o su intento de salir hacia el Olympique de Marsella en 1989, al no poder soportar el asedio al que se veía sometido por parte de la ciudad.

Si esto ocurría en Nápoles, en su país, la Argentina, todo se multiplica. Si como dice Archetti, Maradona fue definido desde sus primeros años, en la pureza de su primera juventud, como “El Pibe de Oro”, el significado del Pibe está relacionado con un conjunto de características que promueven y limitan la construcción social del estereotipo: por ejemplo, el cuerpo pequeño, especialmente con respecto a la altura. Además de la figura, el contenido del desempeño corporal parece ser otro rasgo relevante. La imagen de un Pibe jugador típico se basa en la exhuberancia de la habilidad, astucia, creatividad individual, sensibilidad artística, vulnerabilidad e improvisación. De este modo, es simple comprender la ausencia de una figura atlética fuerte, disciplinada y perfecta. Una tercera característica se relaciona con el estilo de vida diaria que llevan los pibes: se espera mucho desorden y la norma es el comportamiento caótico. La tendencia es pasar por alto los límites, jugar partidos hasta en la vida privada –la vida se experimenta como partido o jugada permanente. En la vida del pibe hay lugar para: compensar, sancionar o perdonar de un modo exagerado; transmitir criterios y elecciones arbitrarias; exhibir un heroísmo estúpido y ridículo- “morir”-como en el caso de Maradona, por estar preso y por su adicción a las drogas- y resucitar; hacer una jugada inesperada en los partidos decisivos con un talento especial, garantizándole la victoria a su equipo. [12] Si entonces a Maradona le siguen diciendo “El Pibe de Oro”, por consiguiente, los otros grandes pibes de la historia del fútbol argentino son, metafóricamente, de plata o de bronce, metales menos prestigiosos, lo cual establece una diferencia de status importante, y se le otorga un poder especial, único, para ser el estandarte que haga todo lo que haya que hacer para recuperar en el fútbol, donde están depositados los máximos anhelos de una sociedad que ha vivido años de frustración y de “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”[13]. A diferencia de otros grandes cracks como Pelé, Maradona no sólo es el genio del equipo, sino que es el capitán de la selección argentina y al mismo tiempo, el líder del grupo. El hecho de que la Argentina haya sido un país que pudo ser una potencia mundial y no lo fue (a principios del siglo XX se la situaba séptima en el escalafón mundial, junto a Australia y Canadá), dejó una estela de frustración social, a partir del suelo perdido con el fallecimiento de su gran líder popular, Juan Domingo Perón (tres veces presidente en 1946, 1952 y 1973), determinó que hasta el presente, la mayor alegría vivida fue la ocurrida en el Mundial de México en 1986 y en especial, el partido de cuartos de final ante Inglaterra en el estadio Azteca. Allí aparece la paradoja de la simbología de los dos goles de Maradona al rival por excelencia. Inglaterra, además de la frescura de los cuatro años transcurridos de la guerra de las Islas Malvinas/Falklands, representaba la mayor rivalidad, lo opuesto, desde sus intentos de invasión al territorio argentino en varias oportunidades en el siglo XIX y la penetración comercial en el siglo XX a partir de acuerdos con la oligarquía local. Es habitual, aún hoy, que en cualquier partido internacional de la selección albiceleste los hinchas canten “el que no salta es un inglés”. En este contexto, que el equipo argentino haya eliminado al inglés y con un primer gol hecho de manera no válida y con una mano imperceptible de Maradona, es particularmente festejado porque para el imaginario social equivale a “robarle a un ladrón”, devolver con la carísima moneda futbolística los ingleses, todas las irregularidades de tantos años, y si es de una manera dolorosa y en un Mundial “a la vista de todo el mundo”, tanto mejor. Y la frutilla del postre vendría con la frase con la que Maradona patentó lo ocurrido: “Fue con la mano de Dios”, lo cual lo colocó en la cima de la consideración de sus compatriotas y de muchos que vincularon su gol con un hecho de respuesta a la “potencia usurpadora” inglesa. Para remate, el segundo gol de ese partido, considerado una joya del fútbol de todos los tiempos, por el regate que dejó en el camino a seis jugadores, acaba con la polémica de los aspectos técnicos, justamente contra el país inventor de este deporte y al que los criollos argentinos de principios de siglo se vanagloriaron de haberlo desplazado desde su estilo de juego al ras del suelo contra el británico del balón por lo alto. No es casual que el popular cantante Fito Páez le dedicara su tema “Dale alegría a mi corazón”, o que Andrés Calamaro hiciera lo propio con “Estadio Azteca” y Maradona fue entronizado como héroe nacional comparable con las grandes leyendas de la historia del país. Otro rockero, Juanse, de la conocida banda “Los Ratones Paranoicos”, compara a Maradona con el libertador José de San Martín, que con cuarenta grados de fiebre cruzó la cordillera para liberar a Chile”[14] .

Pero para que la relación con los argentinos se estrechara aún más, Maradona necesitaría pasar a ser un héroe trágico. En un país reconcertado se recurre al mito y la ilusión, poniendo en él la solución de los fracasos y frustraciones. Una apuesta al todo o nada, como lo es hoy Maradona en la Selección. El héroe debe luchar, y en soledad, contra todo tipo de adversidades, vencer o ser derrotado, pero se valorará especialmente su capacidad de recuperarse[15] y si se quiere, en su rol de un semidiós de carne y hueso, “resucitar” las veces que haga falta. La sociedad argentina, dispuesta a perdonarle todo o casi todo en nombre de la única alegría desde los tiempos productivos del peronismo en los años cuarenta y cincuenta y una pequeña primavera en los setenta, está dispuesta a seguirlo en sus andanzas y sus luchas contra otros poderes.

Pero no puede decirse, a ciencia cierta, que Maradona tenga una vinculación política constante con el poder político local. Al contrario, y tal como ocurre con su contexto afectivo, con los políticos siempre ha tenido los mismos vaivenes, casi siempre motivados por razones personales. No ha tenido nunca una posición política clara en cuanto a lo partidario, y en cambio sí la ha tenido a nivel internacional. De hecho, en la Argentina ha estado siempre distante (aunque no demasiado crítico) del presidente Raúl Alfonsín (1983-1989), ha tenido idas y vueltas pero en varias ocasiones estuvo cerca de Carlos Menem (1989-1999), quien fue indulgente con él en cuanto a su adicción, y lo protegió cuando buscó regresar a Boca Juniors y hasta le entregó el pasaporte diplomático antes del Mundial de Italia 1990, y luego volvió a estar en el centro de la acción en los últimos meses, cuando el actual gobierno de Cristina Fernández de Kirchner lo convocó al acto en el que se firmó el protocolo del retorno del fútbol argentino a la TV estatal, lo cual motivó que una vez más, algunos tomaran posición en su favor, y otros, en contra, incluidos los medios de comunicación, e incluso es lo que hoy lo sostiene, en buena parte, en el cargo de seleccionador nacional Esta falta de adhesión total a cualquier gobierno, si bien le ha generado siempre una concepción de independencia apartidaria, por otro lado lo ha ayudado en no ser encasillado con ningún poder concreto local. Al contrario, la sensación es que siempre es el Poder político el que lo necesita para utilizarlo y no al revés, aunque en los hechos no haya sido completamente así, y el propio Maradona ha aprendido a utilizar a los Poderes pero en puntas de pie.

No ocurre lo mismo, como se citó más arriba, con la Política internacional. Allí, Maradona viene jugando un papel creciente, en especial desde que se ha retirado de la práctica del fútbol en 1997, con su conocida adhesión al ex líder cubano Fidel Castro, al punto de que muchos que frecuentan su entorno creen que es la única persona del universo a la que Maradona admira y coloca sobre sí mismo, en un plano de superioridad. Siendo un icono mundial del fútbol, este y otros pronunciamientos le han valido a Maradona ser siempre bien considerado por los distintos movimientos progresistas, vinculados a la izquierda, que también ha valorado siempre su capacidad de lucha y recuperación.

Si en 1991 le fue detectado dopaje positivo en la Liga Italiana jugando para el Nápoli, se tratará de una venganza por la eliminación de la selección de ese país a manos de Argentina en el Mundial 1990, y si es detenido en un departamento de Buenos Aires por droga, al año y medio aparecerá jugando otra vez, en el Sevilla y hasta en el seleccionado argentino. Si no se encuentra en un buen estado físico para ser citado en el equipo nacional, terminará salvando la clasificación al Mundial de Estados Unidos 1994 en la repesca contra Australia, y si fue profundo el dolor social de su descalificación, sólo comparable a la muerte de los líderes Perón y Evita (afirmaría allí que “me cortaron las piernas”, como un “Che Guevara” futbolístico, en tono trágico), otra vez al año y medio, pasada la suspensión de la FIFA, aparecería jugando para el club más popular del país, manteniendo en vilo a millones de personas que madrugaron para verlo en acción por TV en un partido amistoso ante Corea del Sur. Si estuvo a punto de morir por sus problemas de drogas en 2000, luego de recuperarse en un spa cubano, aparecería reluciente, y con muchos kilos de menos con un exitoso programa propio por TV, y si otra vez era internado en un psiquiátrico, quince meses después aparecía entrenando nada menos que a la selección argentina, enfrascado en la chance de no clasificarla al Mundial de 2010. Es tal el influjo maradoniano en los argentinos que al ser descalificado del Mundial de los Estados Unidos, el fallecido escritor Osvaldo Soriano manifestó que “nos hemos quedado huérfanos”[16] Otra de las claves de la estrechez entre Maradona y los argentinos pasa por el sentimiento trágico y la picardía. Desde que resabe con poder mediático, Maradona suele estudiar el calado de sus frases, que poseen pinceladas de uno u otro tipo, o una mezcla de ambos. Si dice “San Martín tuvo que irse a morir afuera, pero yo quiero morir en mi país”, lo que encierra una queja, pero al mismo tiempo, se coloca en el mismo plano que el libertador de Argentina, Chile y Perú. Si dice que creció “en un barrio privado de Buenos Aires…privado de agua, luz y teléfono”, encierra una ocurrencia que suele ser festejada pero también, un tono trágico de lo que le tocó en suerte. Si dice que “cuanto entré al Vaticano y vi todo ese oro, me convertí en una bola de fuego”, encierra una crítica a la Iglesia, y a su vez, continúa con sus ocurrencias y hace aparecer su rebeldía social, como cuando conciente de su poder, se deja filmar por Emir Kusturica en el Tren del ALBA, que se manifiesta contra el acuerdo de libre comercio propuesto para América Latina por los Estados Unidos (el ALCA), con una camiseta que dice “Bush asesino”.

El modus operando de Maradona es trazar una línea ante cada hecho social, colocándose de un lado, estableciendo con claridad quiénes están del lado opuesto. Lo hizo futbolísticamente de joven, colocando sucesivamente del otro lado al entrenador Censar Menotti, a su ex compañero Ramón Díaz, en otro tiempo a Carlos Bilardo, o a su ex amigo (ahora otra vez amigo) Daniel Passarella, pero ya con su natural evolución hacia constituirse en un Poder en sí mismo, para enfrentar al resto de los poderes, colocó del otro lado de la línea sucesivamente al presidente de la AFA, Julio Grondona, a los mandamases de la FIFA, primero Joao Havelange y luego Joseph Blatter, a los Estados Unidos, defendiendo la Cuba de Fidel Castro, a periodistas argentinos o italianos, de acuerdo al caso, al presidente del Nápoli o al del Barcelona.

En el último año, Maradona ha encontrado una nueva “cara” a las ya múltiples que hemos conocido a lo largo de su extensa trayectoria deportiva y mediática, cuando distintos movimientos de pinzas terminaron colocándolo a cargo de la selección argentina de fútbol, aún sin un título habilitante, sin experiencias favorables (todo lo contrario, en sus escasas incursiones en este trabajo en los años noventa), sin un pronunciamiento táctico concreto (lo mismo que ocurre con sus posiciones políticas a nivel nacional, con los vaivenes afectivos que lo van colocando cerca de los irreconciliables enemigos Carlos Bilardo y César Luis Menotti, los dos entrenadores campeones mundiales con el equipo argentino), y sin una idea madre que roja su proyecto, a apenas cinco meses del próximo Mundial de Sudáfrica, al que llegó a clasificarse de manera angustiosa y providencial.

Tanto como en otras ocasiones, a Maradona no parece importarle demasiado lo que digan los otros, y su lucha, como suele ocurrir, ha trazado la raya de lo que ocurra en el Mundial, para ser nuevamente “héroe o villano” de acuerdo a los resultados obtenidos allí, cuando aparecerá lo mejor o lo peor de sí mismo (sus múltiples caras, una vez más), y cuando muchos creen que pondrá nuevamente en juego el afecto y la consideración popular, algo que nunca termina ocurriendo porque otra vez, el pueblo argentino estará dispuesto a aceptar sus errores y perdonarlo.

Por eso, por saberse impune al fin, es que Maradona se permite insultar a un periodista que ha sido crítico con él como seleccionador, o no dar demasiadas explicaciones por muchas de sus extrañas decisiones, que al fin y al cabo son lógicas de acuerdo a que quien hoy dirige la selección argentina, hace apenas dos años estaba internado en un psiquiátrico y con el cuerpo atado a una cama. Es decir, más allá de su propia responsabilidad, hay otra, institucional, que le ha permitido manejar múltiples intereses, y fuertísimos movimientos mediáticos, con una estabilidad emocional en el límite humano. Y hay una sociedad, como la argentina, dispuesta a discutir casi todo, pero a perdonar lo que sea, aunque esa misma sociedad esconda la ilusión de que como en 1986 ó 1990, Maradona volverá a tener la misma estrella que como futbolista, y conseguirá como entrenador la misma gloria que como jugador (eso mismo, el aspecto de la cábala o la fortuna, es lo que trabajan hoy los medios argentinos, comparando este momento de crisis futbolística de su seleccionado, con lo que ocurría en los meses previos al Mundial 1986).

Asimismo, el rol de entrenador le ha permitido tomar decisiones con respecto al nuevo genio del fútbol mundial, Lionel Messi, quien reúne características muy distintivas respecto del icono argentino. A diferencia de Maradona, Messi ha desarrollado toda su carrera en Barcelona, muy lejos de su país, y por lo tanto no tiene una hinchada-sostén en los partidos de la selección argentina, ha tenido siempre un entorno absolutamente familiar y racional, ha sido considerado siempre un deportista ético, no ha hecho nunca declaraciones polémicas ni se ha comprometido con una opinión en ningún sentido, y ha obtenido muchos títulos individuales y colectivos, que por distintas razones Maradona no había conseguido a su misma edad (22 años). Todo esto ha generado una perceptible tensión entre ambos, que por razones de convivencia deportiva se tratan de disimular.

Para los aficionados y la sociedad argentina en general, aún con duras críticas a un Maradona muchísimo más mediático que el joven jugador del Barcelona, Messi no solo sigue siendo un extraño, un exitoso que no siente como propio, sino que se le ha trasladado la responsabilidad del mal juego del equipo, aunque éste tenga directa relación con el inexistente sistema táctico del entrenador, que no lo ayuda y que hasta le genera los únicos malos momentos en la temporada.

Que Messi haya sido el primer jugador que puede realmente disputarle el altar de la idolatría nacional a Maradona, a partir de su juego y sus éxitos, es una novedad con la que deberán convivir y que se irá decantando con el tiempo, aunque todo indica que Maradona, por sus características, reúne condiciones extrafutbolísticas que hoy Messi no parece encontrar. En síntesis, se trata de un personaje complejo que pudo llegar a generar un fenómeno que sólo a través de un hecho como el fútbol podía haber ocurrido, aunque su ex compañero, intelectual y hoy director deportivo del Real Madrid, Jorge Valdano, insista en recordarle, acaso de manera antipática, “siempre te dijimos. Eres un ídolo, eres una estrella, eres un dios, pero olvidamos decirte lo más importante: sólo eres un hombre”.

Conclusión

Hemos dicho hace ya algunos años, que Maradona no representa un fenómeno social por casualidad, sino como consecuencia de un sistema que se parece más a una picadora de carne que hizo de un humilde niño de barrio cadenciado, un Poder impresionante que ha estado peleando de manera desigual y con algún dejo de pretendida rebeldía contra las expresiones más duras de este sistema. Pero el costo que debe pagar parece demasiado caro aún con el sostenimiento de los que lo han considerado, por distintas razones sociales, su estandarte. Maradona ha tenido que resignar momentos de su magia, de su talento único para el fútbol, para pagar tanto enfrentamiento necesario para la estructura que fue moldeando con los años, hasta enfermarlo y constituirlo en un héroe trágico, aunque con la inigualable fuerza para levantarse las veces que sean necesarias. ¿Es este Maradona, sin embargo, una consecuencia natural de aquel chico surgido de Villa Fiorito y con ilusiones de ser un crack del fútbol? ¿Tiene responsabilidad este sistema de intereses y necesidades productivas, en la conformación de la estructura maradoniana? ¿Es posible que un futbolista llegue al punto de ser considerado un semidiós en una sociedad? ¿Cómo será estudiado Maradona en el futuro y hasta dónde podrá llegar en su vida en la que cada paso merece ser analizado, estudiado, desglosado? Algunos analistas creen que para cumplir con el requisito de ídolo definitivo, al menos para los argentinos, debe morir joven, como ha ocurrido con varios de los símbolos del país (Carlos Gardel, Eva Perón, Ernesto Guevara). Otros temen que debido a su tendencia a los extremos, su vida pueda tener un final en el ostracismo, pero también nos encontramos seguramente con el acertijo de una posible tensión interna para tratar de parecerse al común de los mortales. Héroe, icono, semidiós o simplemente humano, el capítulo de la vida (y las andanzas) de Maradona, sigue abierto.

Referencias

ABADI, José Eduardo, 2009 en “Diario Perfil”, Buenos Aires, Argentina.
ARCUCCI, Daniel y CHERQUIS BIALO, Ernesto, 2000, Yo soy el Diego, Editorial Planeta, Buenos Aires, Argentina.
ARCHETTI, Eduardo, 2003, Masculinidades, Fútbol, tango y polo en la Argentina, Editorial Antropofagia, Buenos Aires, Argentina.
GARDEL, Carlos y LE PERA, Alfredo, 1934 (tango).
HOLT, Richard, 1989, Sport and the british. A modern history. Oxford, Clarendon Press.
JUANSE, 1994, en “Página 12”, Buenos Aires, Argentina.
KUSTURICA, Emir, 2006, Diario “Página 12”, Buenos Aires, Argentina.
NIEMBRO, Fernando, Inocente, 1995, Grijalbo-Mondadori, Buenos Aires, Argentina.
NAGY, Dense y FERNANDEZ, Rodrigo, 1994, De la mano de Dios a sus botines, Editorial Cangrejal.
LEVINSKY, Sergio, 1996, Maradona, rebelde con causa, Corregidor, Buenos Aires, Argentina.
ROMERO, Amílcar, 1985, Muerte en la cancha, Editorial Nueva América, Buenos Aires, Argentina.
SEGUROLA, Santiago, 1999, Fútbol y pasiones políticas, Temas de Debate, España, pp 5.
SORIANO, OSVALDO, 1994 en “Página 12”.
VERDU, Vicente, 1981, Fútbol, mitos, ritos y símbolos, Alianza Editorial, Madrid, España.



[1] ARCHETTI, 2003, Masculinidades, Pág 243
[2] HOLT, 1989, Sport
[3] SEGUROLA, 1999, Fútbol, Pág 5
[4] NAGY Y FERNÁNDEZ, 1994, De la mano
[5] KUSTURICA, 2006, “Página 12”
[6] NIEMBRO, 1995,  Inocente, LEVINSKY, 1996, Maradona
[7] LEVINSKY, 1996, Maradona.
[8] VERDU, 1981, Fútbol,
[9] ROMERO, 1985, Muerte
[10] ABADI, 2009, “Perfl”
[11] ARCUCCI-CHERQUIS BIALO, 2000, Yo.
[12] ARCHETTI, 2003, Humanidades.
[13] Tango compuesto en 1934 por Carlos Gardel y Alfredo Le Pera
[14] Juanse, 1994, “Página 12”
[15] No darse por vencido ni aún vencido, como sostiene el conocido poema argentino de Almafuerte.
[16] SORIANO, 1994, “Página 12”

Las Coreas y España-Portugal-Marruecos, nuevas amenazas para la candidatura de Argentina, Uruguay y Paraguay para el Mundial 2030 (Infobae)




En un mismo día, un posible tripartito entre España, Portugal y Marruecos, y el anunciado intento de ir en conjunto de las dos Coreas, se sumaron a las candidaturas para organizar el Mundial de fútbol de 2030, que por el momento cuenta como postulantes al trío compuesto por Argentina, Uruguay y Paraguay, por Sudamérica, y Marruecos, por África.

Con escasas chances de llegar por el lado de los asiáticos debido a que Catar ya tiene asignada la sede mundialista para 2022, desde la candidatura de los sudamericanos se cree, hasta el momento, que la mayor amenaza proviene de una posible postulación en conjunto de los cuatro británicos, Inglaterra, Escocia, Irlanda del Norte y Gales.

El presidente de la Federación Inglesa (FA), Greg Clarke, sostuvo que si bien la decisión final para postularse a organizar el Mundial de 2030 se tomará en 2019, todo 2018 se está utilizando para estudiar el panorama con mucho sigilo, luego de la inesperada derrota en el Congreso de la FIFA en Zurich en 2010, cuando Rusia le arrebató la sede del Mundial 2018 y la candidatura inglesa fue la menos votada de todas las europeas y quedó eliminada en la primera fase de la votación.

En este sentido, el vicepresidente de la FA y representante ante la FIFA, David Gill, indicó que su entidad “estudiará si todo el proceso es correcto” antes de presentarse, en desconfianza por lo ocurrido en 2010 para el Mundial 2018, aunque hasta la asunción de Gianni Infantino como presidente de la FIFA, el 26 de febrero de 2016, las relaciones entre FA y FIFA eran pésimas, y ahora aparecieron expectativas de un cambio.

La candidatura británica especula, además, con la posibilidad de vetar las dos que siente como más molestas en la carrera para el Mundial de 2030, el segundo que podría organizar Gran Bretaña luego del Mundial de 1966 en Inglaterra (también fue sede de la Eurocopa 1996), al considerar que China no podrá ser sede tan pronto cuando otro país asiático (Catar) ya ha sido elegido para 2022 y sólo habrán pasado ocho años, y en cuanto al tripartito sudamericano, que cuenta con la ventaja histórica del Centenario del Mundial 1930 celebrado en Uruguay, FA jugará su carta de veto al considerar a toda América como un solo continente y entonces sostendrá que si para 2026, ya le fue otorgada la sede al tripartito Canadá. Estados Unidos y México, no puede haber otro Mundial cuatro años más tarde en Sudamérica.

Sin embargo, para la FIFA, Concacaf (Confederación del Norte, Centroamérica y el Caribe de Fútbol) y Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol), son dos entidades distintas y cada una tiene su propia representación, a lo que hay que sumarle el hecho de que hasta la intervención de la FIFA a la Asociación (AUF) de días pasados, Infantino consideraba al fútbol uruguayo como uno de sus principales aliados y factótum de su elección como mandatario en 2016, al punto de gritar “Uruguay nomás” en el momento del anuncio de su victoria en los comicios en Zurich.

La candidatura de España junto a Portugal para organizar el Mundial de 2030 comenzó a tomar fuerza hoy con la reunión que mantuvieron Infantino y el nuevo presidente de la Real Federación Española (RFEF), Luis Rubiales, en el Palacio de la Moncloa, con el presidente de gobierno español, Pedro Sánchez, calificada por el dirigente deportivo local como “cordial y productiva, en un ambiente muy cercano, con la idea de mejorar juntos”.

Sánchez e Infantino se conocieron el 24 de agosto pasado en el palco del Stade de la Rabine en Vannes (Francia) durante la final del Mundial femenino sub-20 que España perdió ante Japón, y a su vez el presidente de la FIFA había estado exactamente un mes antes en Madrid, el 24 de julio, cuando asistió junto al presidente de la UEFA, el abogado esloveno Aleksander Ceferin en la primera Asamblea general de la RFEF con Rubiales como presidente de la entidad.

Rubiales e Infantino dialogaron con Sánchez por una hora acerca de dos posibilidades, la de organizar la Eurocopa 2028 o la de lanzarse a la candidatura para organizar el Mundial de 2030, en éste último caso, junto con Portugal, o extenderse a un tripartito con Marruecos, si bien esto último significaría una complicación geopolítica porque implicaría la conjunción de asociaciones de dos confederaciones distintas, la UEFA y la CAF (Africana).

Uno de los problemas para postularse a la Eurocopa de 2028 es que para la próxima de 2020, que se organizará por primera vez en 12 sedes, una de ellas será Bilbao (las otras once son Londres, Munich, Bakú, San Petersburgo, Roma, Copenhague, Bucarest, Amsterdam, Dublin, Budapest y Glasgow), sumado a que para la sede de la Eurocopa 2024, se presentaron como candidatas Alemania y Turquía y la decisión se tomará el próximo 27 de setiembre en una reunión del Comité Ejecutivo de la UEFA en Nyon, Suiza.

Al contar con menos chance de organizar, entonces, una Eurocopa hasta 2028, España considera la posibilidad de competir por el Mundial 2030 tras haber caído también, junto a Portugal, en aquella votación en 2010, en Zurich, para ser sede del Mundial 2018 y al considerar que con 13 estadios de categoría 4 en el ranking UEFA y tres de ellos construidos en esta última década (el Wanda Metropolitano de Madrid, el nuevo San Mamés en Bilbao y la Bombonera de Corneliá-El Prat, de Espanyol de Barcelona), sus chances son importantes.

España no organiza un Mundial desde 1982 y fue sede de la Eurocopa en 1964, y jugará también la carta ante la FIFA que tanto Francia (1938-1998), como Italia (1934-1990) como Alemania (1074-2006) ya fueron sedes de dos Copas del Mundo y que Portugal nunca lo fue, y que ambos países merecen una chance.

Desde el punto de vista económico, si bien la inversión en infraestructura para un Mundial debe ser alta (Brasil tuvo un gasto de 11.000 millones de euros en 2014 y Rusia, de 14.000 en 2018, y para 32 equipos cuando en 2030 serían 48), Francia sólo desembolsó 200 millones para organizar la Eurocopa 2016,  mientras que luego, el turismo dejó en sus arcas 625 millones y ya los medios evalúan, en caso de organizar el Mundial, un impacto de 1000 millones de euros, lo que significaría 10.000 nuevos puestos fijos de trabajo.

En el caso de Marruecos, se debate entre presentarse solo, con España y Portugal, o con los países de la Unión del Magreb (Marruecos, Argelia, Túnez, Mauritania y Libia), tal como lo indicó el pasado 19 de julio el secretario general de la entidad, Tayeb Bacuch, quien envió una carta a los cinco jefes de Estado para coordinar la candidatura conjunta “que requiere varios años de trabajo”.

Bacuch cree que éste es el momento porque, indicó, “La FIFA privilegia candidaturas conjuntas” e insta “a aprender la lección” de la derrota marroquí al lanzarse como sede para el Mundial 2026, decidida a mediados de año en Rusia a favor de los norteamericanos Canadá, Estados Unidos y México, la quinta vez que el país africano se postulaba, sin éxito (anteriormente, fue para 1994, 1998, 2006 y 2010).

Otra posibilidad para Marruecos es presentar una candidatura pero solo junto con Argelia y Túnez.  El presidente de la Federación Argelina de Fútbol, Khideredine Zetchi, propuso este trío para estudiar la chance de lanzarse para 2030, mientras que el rey Mohammed VI le pidió al gobierno que le presente a la FIFA un proyecto con ese fin.

También Egipto puede anotarse en la carrera y no sólo para el Mundial sino también para los Juegos Olímpicos de 2032, según sostuvo el ministro de Deportes y de la Juventud de ese país, Ashraf Solby, en agosto pasado, cuando anunció que el Estado se encuentra trabajando “en varios proyectos con estrellas del país” y mencionó esos dos acontecimientos futuros.

Por su parte, aunque con menos chances por las rotaciones continentales, China, con toda su potencia, evalúa postularse para el Mundial 2030 con el riesgo de ser tachada por sus competidores o por la FIFA debido a que Catar , otro país asiático, ya tiene asignada la sede para 2022.

Todo nació con la visita de Infantino a Corea del Sur en 2017, cuando fue recibido por el presidente Moon Jae-In y éste le comunicó el deseo de organizar un Mundial junto con Corea del Norte, China y Japón y ya durante el pasado Mundial de Rusia, el presidente de la Federación Coreana de Fútbol, Chung Mong-Gyu., insistió con la candidatura para 2030 o, en su defecto, para 2034, lo que parece más lógico.

Chung Mong-Gyu, también presidente de la Asociación de Fútbol de Asia Oriental (EAFF) presentará la candidatura en 2019 y justamente hoy, en el mismo sentido, el ministro de Deportes, Do Jong-Hwan,  anunció que comenzará a sondear en los próximos días a Corea del Norte en su propósito, aunque China baraja también la chance de presentarse en soledad.

La candidatura de Argentina y Uruguay al Mundial de 2030 se anunció el 29 de julio de 2017. Y Paraguay se sumó el 31 de agosto de ese año, aunque el 9 de abril de 2018, en Buenos Aires, y ante la presencia de Infantino, tomó mayor envión.

Esta candidatura tripartita sudamericana, que cuenta con el apoyo del resto de los miembros de Conmebol (aunque subsisten las dudas con el presidente de la Confederación Brasileña, Antonio Carlos Nunes de Lima, más conocido como Coronel Nunes, quien votó por Marruecos en Rusia para la sede de 2026 cuando toda Sudamérica había decidido votar al tripartito norteamericano), contempla ocho sedes en Argentina, 2 en Uruguay y 2 en Paraguay, y según indicó Fernando Marín, el coordinador argentino, solicitará a la FIFA que la elección de la sede de 2030 se adelante dos años, en 2020 en vez de 2022 (durante el Mundial de Catar) para tener contar con una década de organización.