martes, 24 de septiembre de 2019

Un fin de semana que cambia la percepción del Superclásico (Jornada)




Los resultados pueden ser circunstanciales, aunque en este caso, no lo son por el contexto en el que se produjeron. No es tanto que Boca le haya ganado el clásico a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro o que River haya caído como local ante Vélez en el Monumental, sino que esto ocurrió como consecuencia de un proceso lógico que puede influir dramáticamente en un cambio de percepción sobre lo que puede suceder desde el martes 1 de octubre, cuando se juegue el primero de los dos Superclásicos de la semifinal de la Copa Libertadores de América.

Hasta comenzar esta nueva Superliga había una certeza. River estaba mejor que Boca por varias razones pero una, fundamental, que es la anímica. Este River de Marcelo Gallardo, además de múltiple campeón en el ámbito internacional venía de ganarle a Boca la final más importante de la historia jugada entre ambos en Madrid y luego del enorme desgaste sufrido por los dos que incluso mantiene la curiosidad sobre lo que en los próximos días debe fallar el TAS, el máximo tribunal mundial deportivo con sede en Lausana, Suiza, respecto de aquella definición de diciembre.

Este triunfo le dio a los “Millonarios” una tranquilidad de espíritu muy especial. Prácticamente jugaban sin presiones, liberados, sin ninguna mochila, sabiéndose aceptados por su público hagan lo que hagan y por mucho tiempo, al contrario de Boca, que al comenzar 2019, se encontraba en una situación muy particular porque…¿qué hecho puede revertir nada menos que una derrota ante el máximo rival y en una circunstancia como la que tocó?

En aquel momento, escribimos que lo que Boca necesitaba era tener como director técnico una especie de “Toto” Lorenzo moderno. La situación se asemejaba a enero de 1976, cuando el River de Ámgel Labruna venía de ganarlo todo, arrasando a sus rivales y terminando nada menos que con 18 años de sequía con un bicampeonato (Metropolitano y Nacional) y se proyectaba a la Copa Libertadores y a la Intercontinental con un plantel que era la base de lo que luego sería la selección argentina campeona del mundo en 1978. No era casual que sus hinchas cantaran en las tribunas “Vamos vamos River, vamos vamos a ganar, que este año no paramos, hasta ser campeón mundial”.

La dirigencia de Boca, entonces con la conducción de Alberto J. Armando, decidió un cambio revolucionario. Reemplazó a Rogelio Domínguez, un director técnico con el que el equipo había desplegado un fútbol maravilloso por tres años, aunque sin títulos, por otro como el experimentadísimo Juan Carlos Lorenzo, de gran campaña con Unión de Santa Fe, y tres años antes bicampeón con San Lorenzo, además de haber estado a cargo de la selección argentina en dos Mundiales (1962 y 1966) y del Atlético Madrid campeón intercontinental en 1974.

Lorenzo, al contrario de Domínguez, no garantizaba un fútbol tan bonito, estético, sino eficaz. Así lo había sido con todos sus equipos, siempre protagonistas, pero además, el DT se propuso cambiar la mentalidad para poder frenar a ese River ganador aunque parecía imposible y hasta alteró el diseño de la indumentaria, y renovó completamente el equipo. Desde finales de 1975 a inicios de 1976, ya casi no quedaba nadie, apenas Roberto Mouzo, Alberto Tarantini, Jorge Benítez y Darío Felman, al que cambió de punta en el ataque. Todo nuevo.

El resultado no pudo ser mejor: Boca fue bicampeón en 1976, y en 1977, acabó ganando la Copa Libertadores (que repitió en 1978) y la Copa Intercontinental, superando a River, que no pudo conseguir aquellos títulos internacionales para los que se había proyectado, con un dato no menor en tiempos actuales: en la fase de grupos de la Libertadores, contra River, Peñarol y un gran equipo de Defensor uruguayo, dirigido por el profesor De León, terminó con el arco en cero, sin goles en contra en los seis partidos.

Mucho de todo eso se parece demasiado a estos tiempos. Gustavo Alfaro, como antes Lorenzo, también provenía de dirigir varios equipos chicos, con los que tuvo éxito (especialmente, Arsenal), y con Huracán, su anterior experiencia, tuvo dominado a River, especialmente en los partidos importantes.

Alfaro, un tipo indudablemente inteligente, con sentido común y experiencia más que suficiente, apeló al fortalecimiento y la concentración en objetivos, haciendo olvidar pronto la derrota de Boca en la final de Madrid, cambió a la mayoría de esos jugadores (hoy quedan solamente Esteban Andrada, Julio Buffarini, Carlos Izquierdoz, Sebastián Villa, Wanchope Ábila y Carlos Tévez, de los que varios no son titulares), y paró al equipo de atrás hacia adelante, hasta llegar a la actualidad, en la que hay una coincidencia general en que hacerle un gol a Boca resulta una empresa muy difícil.

Aunque parezca mentira, pasaron poco más de nueve meses de la derrota de Boca en Madrid, y el equipo no tiene goles en contra en siete fechas de la Superliga, y desde que se inició la temporada 2019/20, recibió un solo gol en doce partidos, tomando en cuenta la Copa Libertadores y la Copa Argentina, y el único gol recibido…fue al arquero suplente, Marcos Díaz.

En este punto, el partido ante San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro fue una demostración de poderío mucho mayor aún que el empate 0-0 en el Monumental pocas semanas atrás, porque en aquella ocasión, el equipo renunció completamente a atacar en pos de demostrarle a su máximo rival que está de pie (al menos, es lo que manifestó luego Alfaro) y en cambio ahora decidió salir y ser contundente (incluso le anularon un gol a Franco Soldano, que era válido).

Por el lado de River, si bien su poderío es indudable y su plantel, de enorme jerarquía, aparecieron en estos últimos días algunos síntomas de ciertos resquebrajamientos. El no haber podido ganarle a Boca (que se presentó con algunos suplentes), el haber ganado un solo partido de cuatro como local en la Superliga y sus dificultades para terminar de imponer su juego en el Monumental tanto en el torneo local como en la Copa Libertadores y algunos errores defensivos evidenciados ante Vélez en su derrota de ayer, dejan sembradas algunas dudas para los dos Superclásicos que vienen, más allá de lo que representa este plantel y de su enorme capacidad para sobreponerse a todo.

Lo cierto es que desde el martes 1 de octubre viviremos, impensadamente para lo fuerte que resultó la final de la Copa Libertadores de 2018, un rápido escenario de enfrentamientos por la semifinal apenas un año después, pero las circunstancias parecen otras, completamente distintas.

Es lo hermoso del fútbol, deporte inigualable en el planeta: la capacidad de que en cada ocasión, el contexto pueda cambiar y que nadie tenga garantizado el éxito y que los corazones palpiten otra vez con la esperanza de festejar.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Messi, “The Best” y la eterna polémica sobre el premio (Interia)




Por sexta vez en su carrera, una cifra histórica e inédita en el fútbol mundial, el argentino Lionel Messi consiguió el título que lo consagró como el mejor futbolista del mundo de la temporada, si sumamos los anteriores FIFA World Player, y marca lo que fue la segunda década de este siglo, monopolizada por la competencia con el portugués Cristiano Ronaldo, que tiene cinco galardones de este tipo.

Esta vez, tal como ocurrió con el premio de la UEFA, el “The Best” que otorgó la FIFA en una fiesta en La Scala de Milán, Messi no parecía ser el favorito y es más, tampoco Cristiano Ronaldo, que ni siquiera asistió, como suele ocurrir cuando sabe que el premio no llegará a sus manos.

Más aún, la lógica indicaba que “The Best” iría para el gran defensor holandés del Liverpool Virgil Van Dijk, no sólo por lo que consiguió su equipo en la temporada (nada menos que la Champions League) sino por el excepcional rendimiento de este jugador dentro de un esquema táctico que favorece su juego y hace lucir a la mayoría de sus compañeros.

Pero en el “The Best” hay un hecho fundamental y es que votan los capitanes y entrenadores de las selecciones nacionales y un periodista por país, y eso, muchas veces, genera ciertas distorsiones, especialmente en los dos primeros casos.

Por el lado de los entrenadores, ocurre en este tiempo que muchas selecciones nacionales suelen contratar extranjeros y ellos, al votar, pueden sumar a favor de compatriotas, no tanto por intereses sino por moverse en el eje de simpatías o antipatías, algo parecido a lo que ocurre con los capitanes, que suelen mezclarse en los equipos poderosos con algunos de los postulados a los premios.

Por eso mismo, por ejemplo, sorprendió que el argentino Gerardo Martino, entrenador de la selección de México, no votara por su ex dirigido Messi tanto en el Barcelona como en la selección argentina, pero seguramente pensó, con honestidad, que la temporada pasada no fue la mejor para su compatriota y que en cambio hubo otros que jugaron mejor. Pero si se destaca a Martino es porque justamente se trata de una excepción.

Se da el caso de que, por ejemplo, Cristiano Ronaldo, capitán de Portugal, quien acepta en todo tipo de declaraciones que a él mismo lo potenció la competencia de esta década con Messi para determinar quién es el mejor jugador del mundo de cada año, pero jamás votó al argentino para los premios ni siquiera entre los tres mejores, si bien Messi sí lo votó, lo cual habla de la seguridad de cada uno pero también, del nivel de discrecionalidad a la hora de emitir un voto, ya sea de parte de los jugadores como de los entrenadores.

En este punto, cabe detenerse en la que, considero, es la gran polémica, mucho mayor aún que ésta, que de todos modos también corroe la legitimidad de los títulos y que mantuve en una extensa comida en Buenos Aires con un muy prestigioso periodista italiano, hoy retirado y gozando de un merecido jubileo.

¿Qué es lo que se vota cuando se vota por el mejor jugador del mundo del año? ¿Se votan sus logros colectivos, o se vota cómo han jugado? Y si se vota por cómo ha jugado, ¿se toma en cuenta lo que el entrenador le pide que haga en lo táctico, por lo cual acaso pueda rendir menos de lo que podría, o simplemente el producto final? ¿Se toma en cuenta lo que produjo en esta última temporada o su condición de crack en general?

Me remito a algunos ejemplos. Si fuera por los logros, creo que el premio, medido así, resulta injusto. Si tomáramos los mejores años de Zlatan Ibrahimovic, entonces sólo podría alcanzar el máximo premio por lo producido por su eventual equipo de club, porque si fuera por la selección sueca, en la que no tuvo como compañeros a jugadores brillantes, sus chances se reducirían por una cuestión ajena a sí mismo.

También está el caso de un genio como Messi. Días pasados leí una columna de mi colega Julio Chiapetta, del diario “Clarín” de Argentina (el único periodista de este país que votó en los premios “The Best”) sosteniendo que mientras Messi juegue al fútbol en el alto nivel, siempre será el mejor y acaso sea cierto, pero volvería a la pregunta: ¿se vota lo que se hizo en la temporada o en la totalidad de la carrera?

Finalmente, me quiero detener en el Once Ideal de la FIFA para esta temporada y parece ir por el camino del párrafo anterior. Observo que entre los componentes del equipo de la última temporada aparecen jugadores como Luka Modric, Sergio Ramos y Marcelo, que en el último tiempo han tenido rendimientos bajísimos en el Real Madrid, al que tampoco le fue nada bien, pero parecería que tuvieran un lugar fijo en cada entrega de galardones anual, sin que, según parece, se pueda analizar el rendimiento de otros jugadores, con tantos que se han destacado en sus equipos.

Por último, y si bien es cierto que se trata de clubes muy poderosos en lo económico –me refiero a los europeos de élite como el Real Madrid, el Barcelona, el Bayern Munich, el PSG, el Manchester City, el Liverpool, el Tottenham o la Juventus-, hay una tendencia de la FIFA a premiar sólo a protagonistas del Viejo Continente, cuando en el fútbol hay seis confederaciones (Sudamérica y Norteamérica van por separadas).

En la fiesta de la entrega del FIFA World Player de 2006 recuerdo haberle consultado al entonces presidente de la UEFA, Michel Platini, sobre por qué Carlos Tévez no estaba incluido en la lista de los 20 candidatos a ganar el máximo galardón y me dijo, separando en sílabas, “¿Té-vez?”, como si recién supiera de su existencia. Cuando le mencioné sus logros de 2005 (campeón del poderoso torneo brasileño con el Cotinthians, máximo goleador del certamen, mejor jugador del torneo- todo esto siendo argentino-, y mejor jugador de Sudamérica votado por los periodistas especializados de todo el continente por tres años seguidos), la respuesta fue “ah, sí, sí, creo que pudo haber estado en la lista”. Pero no estaba. ¿Acaso por no ser europeo o de un club no tan poderoso?

La FIFA no es la UEFA ni tiene por qué serlo. Su presidente Gianni Infantino viene pregonando, desde que asumiera en febrero de 2016, la igualdad en el trato y la democratización de las estructuras. Sería deseable, entonces, que se clarificara acerca de qué es lo que se toma en cuenta para otorgar los premios, se buscara un método más fiable, y se entendiera, por fin, que hay que tomar en cuenta a los protagonistas de todos los continentes, y jueguen en el lugar que jueguen.

José Daniel Valencia, campeón mundial en 1978: “Maradona nos impresionó en el debut, pero nosotros con Talleres éramos el Barcelona de ese tiempo”




-         Usted tuvo la posibilidad de enfrentarlo y de compartir equipo con Diego Maradona. ¿Qué recuerda de aquel debut con 15 años ante Talleres de Córdoba, donde usted jugaba, aquel 20 de octubre de 1976?
-         Por suerte, son más las veces que compartí equipo con él que lo que lo enfrenté.
      No soy muy memorioso de fechas pero a aquel Argentinos Juniors en el que debutó Diego le tocó enfrentar a un  muy armado Talleres de Córdoba, y que jugaba muy bien al fútbol. Ese partido lo ganamos nosotros como visitantes 1-0 con un gol de Ángel “Hacha” Ludueña.  Nosotros éramos el Barcelona de ese tiempo, y teníamos muchos jugadores en la selección argentina que dos años más tarde sería campeona del mundo.

-         Ya se venía hablando de Maradona en los círculos del fútbol. ¿Ustedes lo conocían, sabían algo de él?
-         Al menos yo, no sabía nada porque nunca fui de prestarle atención a los comentarios fuera de la cancha ni nada de eso. Sí sé que era muy chico, ¿no?

-         Sí, tenía 15 años, 11 meses y 20 días. Cumplió 16 diez días después de su debut y era el récord como debutante joven hasta que se lo quitó Sergio Agüero en 2003.
-         Bueno…yo jugué en Primera a los 15 años, en Gimnasia de Jujuy, pero ya sabemos cómo es esto, que se cuenta nada más que lo de Buenos Aires. Son las reglas de juego.

-         Más bien creo que se cuentan los partidos oficiales de Primera División…
-         Puede ser, sí…recuerdo que César Luis Menotti me decía “lo que usted no diga en Buenos Aires no sale nunca en la tapa de un diario”, pero hay que ser realista: yo jugué a un gran nivel, pero claro, en Córdoba.

-         La primera pelota que tocó Diego en su debut fue un túnel a Juan Domingo Patricio Cabrera.
-         Sí, recuerdo que el “Chacho” (ya fallecido) se reía porque no alcanzó a cerrar las piernas. El era un cinco de esos que ya no se ven, de corte y juego. Hoy ya los cinco tienen menos técnica. La única excepción de estos años fue Fernando Redondo, del tipo de Sergio Busquets, con intuición para quitar, sin pegar patadas.

-         ¿Y comentaron algo de su juego después de ese partido?
-         No recuerdo comentarios, pero llamó la atención. Con esa edad tiraba caños, paredes…

-         Pero haber jugado junto a Maradona debe haber sido una gran experiencia.
-         Sí, por supuesto, un gran placer. Por eso, siendo yo un número diez disfrutaba mucho a su lado, y tal vez por eso no entienda lo que dijo Paulo Dybala, acerca de que es difícil jugar al lado de Lionel Messi. Así como Diego te la devolvía redondita, Messi también. Por eso me sorprendió lo que dijo Dybala, pero bueno, es otra mentalidad, distinta a cuando me tocó jugar a mí.

-         ¿Sigue los partidos de Messi?
-         Me fascina Messi. Me hice simpatizante del Barcelona por él, por ver lo que juega. Justo cuando nuestro fútbol va para atrás de una manera que no puedo entender. La gente aplaude cuando los jugadores se tiran a los pies, cuando los equipos se meten atrás o cuando expulsan a un jugador del equipo propio. Por eso digo que me encanta Messi. Yo jugué con Maradona y él fue el número uno por cuatro o cinco años, pero Messi es número uno desde hace doce años o más. Y eso que Diego le pegaba a la pelota de una forma increíble y le pegaban duro…hasta con patadas voladoras. Pero hoy es otro fútbol. En Europa son más leales y acaso sea por eso que a los jugadores de la Selección les cuesta tanto, porque vienen de ese fútbol y cuando llegan a Sudamérica deben enfrentarse a las trampas de acá.

-         Usted pudo compartir con Maradona aquellas giras por Europa cuando deslumbró a todos. ¿Cómo era ver eso de cerca, a veces desde dentro de los campos de juego?
-         Diego era una pinturita, una gacela y verlo jugar a él era maravilloso. Hoy se dice que son jugadores de play station, pero ojo que antes también lo eran.

-         Usted fue testigo de aquella jugada ante Ray Clemence, en Wembley ante Inglaterra en aquel amistoso en el que fue apilando gente pero el remate final le salió al lado del poste y todo el estadio se paró para aplaudir, aunque Maradona dijo que luego su hermano le reprendió por esa definición y que lo aprendió y lo usó en el famoso gol ante los ingleses en México 1986…
-         Ese fue un gol maravilloso pero no sé si es posible pensar durante la jugada a esa velocidad. Tal vez él exageró las cosas. En el fútbol es muy importante ver antes la jugada y saber pensar las jugadas. También por eso me encanta Messi, y lo diferencio mucho de Cristiano Ronaldo porque aunque lo quiero en mi equipo, no puede eludir a tres o cuatro jugadores como Lionel. Cristiano Ronaldo es más bien rebotero, la empuja al gol, pero lo demás son puro zapatazos y allí sí, la clava. Creo que hay una diferencia grande de calidad entre los dos.

-         Pero tras una de esas giras, sorprendió que con lo que deslumbró Maradona, Menotti había afirmado el llegar a Ezeiza que usted estaba “en un nivel superlativo”.
-         Es que yo estaba a gran nivel. Contra Austria, en uno de los goles que marcó Diego, hice una pared con él desde la mitad de la cancha. Pasaba algo que la gente no se da cuenta: a mí no me marcaban y a Diego le tiraban un tipo encima que lo seguía hasta el vestuario, así que yo tenía libertad para moverme y era el que se ponía el equipo al hombro.

-         Usted también fue testigo del momento en el que le comunicaron a Maradona que se quedaba afuera del Mundial 1978 y según contó Roberto Saporiti, ayudante de Menotti en la Selección, Diego marcó 4 goles a los titulares en uno de los últimos ensayos antes de empezar el torneo.
-         Sí, Diego era fantástico pero en ese tiempo había millones de números diez, jugadores increíbles. Por eso para mí es tan valorable haber salido campeón mundial, por la competencia que yo tenía. Ya en la lista éramos cinco posibles diez, porque aparte de mí estaban Mario Kempes, Norberto Alonso, Julio Villa y Omar Larrosa, o sea que con Diego habríamos sido seis en veintidós, y se quedó afuera Ricardo Bochini, entre otros…yo siempre digo que si fuera por lo que se paga hoy, yo llegaría a mi casa cada día en helicóptero (risas). Pero es difícil explicarle esto a las nuevas generaciones. Cuando jugaba yo estaban los mejores jugadores, pero también eran los mejores músicos, los mejores médicos…otros códigos. Jugábamos en la calle pero para ir, pedíamos permiso primero. Lo que cuesta entender hoy, tal vez, es que Diego era uno más en el grupo. No es lo que la gente cree. En ese momento, yo tenía más partidos internacionales que él y a Menotti le gustaba más lo que jugaba yo.

-         ¿Era así?
-         Sí, César me decía “nadie sabe si usted es zurdo o derecho y todos saben que Diego juega con la zurda”. A mí me quiso el Real Madrid pero yo no quise irme de Córdoba. De haber jugado en Buenos Aires, mi situación habría sido otra. A lo que quiero ir es a que antes había muchos que jugaban muy bien al fútbol. Lo que nos dolió de que Diego se quedara afuera era por su tristeza, porque éramos compañeros y habíamos compartido muchos momentos con él, pero lo mismo sentimos por los otros dos muchachos que no pudieron estar en la lista definitiva, Humberto Bravo y Víctor Bottaniz. Pero puedo decir que a nadie le llamó la atención, en ese momento, que Diego se quedara afuera del Mundial 78.

-         ¿Qué significa ser campeón del mundo, en un país en el que sólo se consiguieron dos títulos?
-         A esa edad, uno no toma la dimensión de lo que ganó. No valora las cosas igual. Por ejemplo, yo no fui a la cena de los festejos del título porque preferí ir a visitar a mi mamá y a mis amigos a Jujuy.

-         Siguiendo con el Mundial 78, ¿cómo es su visión hoy de haber jugado un Mundial en medio de la gran tragedia que vivía la Argentina?
-         Se dice fácil que debimos actuar de otra manera, pero nosotros jugábamos al fútbol. Los boliches seguían funcionando, los médicos seguían atendiendo. La gente no sabe lo que nos costó ganar ese Mundial. Horrores. Cuatro meses concentrados. Después nos enteramos de esos horrores.

-         Volviendo a aquel partido del debut de Maradona ante Talleres en 1976, usted formó parte de un equipo que marcó época.
-         Nos venía a ver todo el mundo.

-         Se dice que si Talleres le hubiese ganado aquella final del Nacional 1977 a Independiente en Córdoba cuando estaba con tres jugadores de más (11 contra 8), la historia del fútbol argentino habría cambiado.
-         No tenga dudas. Si ganaba Talleres, Amadeo Nucetelli habría sido presidente de la AFA porque era un adelantado. No se olvide que en un momento, nuestra delantera era con el Roberto Mosquera, de la selección peruana, Bravo como centrodelantero, y el brasileño Julio César por la izquierda, pero por algo pasan las cosas. Aún así, logramos poner a Talleres en los torneos oficiales de la AFA por aquel famoso decreto 1309, pero lamentablemente, el fútbol cordobés se cayó, no está en un buen nivel.

-         ¿Y sobre la selección argentina de estos años, qué explicación hay de haber estado tan cerca pero no coronarlo con un título?
-         No tiene explicación. También se necesita un poco de suerte. Hay jugadores increíblemente cuestionados. Es una pena no haber podido salir campeones porque eso habría influido positivamente en el fútbol local, porque ser campeones del mundo influye en todo, incluso en el juego.

-         Me imagino que estará feliz de que Menotti sea ahora el director deportivo de Selecciones Nacionales.
-         Tenía que haberlo sido desde hace mucho porque es un sabio. También creo que tendrían que haber consultado con Carlos Bilardo y con Carlos Bianchi. Ahora lo veo cansado a César.

-         ¿A qué se dedica ahora, Valencia?
-         Trabajo como subdirector de Deportes de la Municipalidad de Córdoba. El director es otro ex jugador, Emilio Nicolás Commisso.



El Barcelona ya no es lo que era, ni siquiera con Messi en el campo (Interia)




Por años, ver al Barcelona era garantía de espectáculo. Incluso, eso comenzó antes de la fulgurante aparición de Lionel Messi, uno de los mejores (sino el mejor) jugadores de la historia, cuando ya con la dirección técnica de Frank Rikjaard, Ronaldinho hacía delicias con el balón. Ya cuando coincidieron desde 2004 el brasileño y el argentino, la fiesta fue total, pero se prolongó y hasta perfeccionó desde 2008 cuando llegó Josep Guardiola al banquillo y el juego se globalizó y el club se hizo simpático en todo el mundo y el marketing, por identificación, se disparó.

El llamado “ADN Barca” tuvo una especie de marca en el orillo y resultaba prácticamente imposible tratar de cambiarla, aunque muchos de los exponentes del fútbol de lujo iban poniéndose veteranos y era claro que se necesitaba una transición hacia un cambio, manteniendo la línea.

Lo pagó caro Gerardo Martino, el argentino que se hizo cargo del equipo en la temporada 2013/14 en un momento muy complicado para el club, con las acusaciones a su presidente Sandro Rosell por corrupción, el caso Neymar y la muerte de Tito Vilanova, el ayudante de Guardiola que había quedado a cargo cuando lo reemplazó ante su salida en 2012.

Martino se dio cuenta de que aquel 4-3-3 en el que no se concebía siquiera un contragolpe (alguna vez, Eric Abidal contó que se quiso ir solo en velocidad aprovechando que el rival se quedó parado, y sus compañeros, desde lejos, le gritaban “¿a dónde vas? ¡Esto es el Barcelona, salimos tocando desde atrás, sin apuro!”), podía ser adaptado a algún saque largo del portero hacia sus atacantes, o un juego un poco más veloz, pero hasta en las conferencias de prensa le reclamaban “esto es el Barcelona, 4-3-3”. Hasta llegaron a ser monotemáticos tras otro partido en el que el Barcelona le ganó 4-0 ante el Rayo Vallecano de Paco Jémez, porque los blaugranas habían tenido un poco menos de porcentaje de posesión del balón que su rival, algo considerado aberrante, como si el mundo si viniera abajo.

Hoy, a cinco años, y con Messi en el equipo, aunque ya no Xavi Hernández, Andrés Iniesta o Daniel Alves, y ni siquiera Pedro Rodríguez, todo aquello pertenece a una rica historia pero nada tiene que ver con esta realidad, la de un equipo común y corriente, que sufre los partidos fuera de casa, y que necesita, como el agua, que Messi juegue y lo salve en la mayoría de las ocasiones. Ni siquiera fichajes caros como fueron los de Philippe Coutinho u Ousmane Dembélé en la temporada pasada, o los de Frenkie De Jong o Antoine Griezmann ahora, cambian la ecuación.

Daré datos más concretos: en las últimas siete salidas del Barcelona del Camp Nou, no sólo no ganó ninguna y perdió en cuatro de ellas, sino que en cinco ni siquiera marcó goles, y esto viene ocurriendo desde el final de la temporada pasada, claro, siempre con el mismo entrenador, Ernesto Valverde: Celta 2 Barcelona 0, Liverpool 4 Barcelona 0, Eibar 2 Barcelona 2, Athletic de Bilbao 1 Barcelona 0, Osasuna 2 Barcelona 2, Borussia Dortmund 0 Barcelona 0 y Granada 2 Barcelona 0.

¿Qué le pasa al Barcelona? Que fue perdiendo aquella idea de fútbol espectáculo en forma paulatina hasta ir reconvirtiéndose en un equipo utilitario, que se interesa más por el resultado, y hasta en la comisión directiva se fue echando a quienes pretendían mantener aquellos tiempos de Guardiola o Rikjaard, y ante la salida de sus mejores exponentes, los fichajes comenzaron a ser coyunturales, e incluso muchas veces políticos, como  cuando hace dos años, la salida de Neymar (acaso en el último ataque contundente y feliz), se vio obligado a traer reemplazantes de apuro, gastándose una fortuna, y cuando ya no resultaron como antes.

Pero a esto hay que agregarle la contratación de Valverde como entrenador, que vino a ser la continuidad de lo que antes, con más éxito, fue el trabajo de Luis Enrique: el de ir adaptando al equipo a otro juego menos estético y más “eficaz”, con la certeza de que ya no estarían los principales exponentes de tiempos mejores y que en cualquier momento, Messi puede llegar a irse.

Y el resultado de haber contratado a entrenadores cada vez más conservadores no es otro que el actual, que va más allá de los números y las posiciones en la Liga o los avances en la Champions. Si Luis Enrique, sin aquel lirismo, pudo mantener algunos partidos que todavía recordaban tiempos mejores con la contundencia de Messi, Luis Suárez y Neymar, Valverde, ya sin el brasileño, optó a veces por el 4-5-1, con el uruguayo solo arriba y que todo se encomiende a “San Lionel” para que los salve cuando haga falta.

Para completar el panorama táctico, apareció un hecho más, la contratación de Griezmann justo después del descalabro del final de la temporada pasada, con la estrepitosa caída en Liverpool y la consecuente derrota ante el Valencia en la final de la Copa del Rey.

Griezmann llegó un año tarde, tras negarse a saltar desde el Atlético Madrid en 2018, cuando el vestuario le abrió sus puertas de par en par. Cuando por fin se decidió, ya no tenía la misma aceptación porque expuso a Messi y a Gerard Piqué antes del Mundial de Rusia. Ellos dijeron abiertamente que lo querían y él no movió ficha. Ahora que sí lo hizo, ellos ya no estaban por la labor de su llegada, y este clima está afectando a la plantilla y al juego.

No parece casual que Messi, que antes se enojaba hasta cuando lo reemplazaban en los finales de los partidos, ahora casi no jugó en los seis partidos del Barcelona en la temporada, y en la suma de las dos veces que ingresó en el equipo, apenas si le dio tres pases a Griezmann en la suma total de minutos en el campo.

Entonces, que el comienzo de temporada del Barcelona haya sido el peor del último cuarto de siglo, es absolutamente lógico. Tanto, como que aquella fiesta llegó a su fin y hoy el Barcelona es un equipo más, como tantos, y que todavía depende del genio salga de la lámpara, aunque claro, cuando él lo decida.

jueves, 19 de septiembre de 2019

Real Madrid, Barcelona y Atlético Madrid, en la difícil tarea de la reconquista de Europa (Interia)





A partir de esta semana, Real Madrid, Barcelona y Atlético Madrid comenzarán su largo y sinuoso camino en el intento por reconquistar el más preciado título europeo, el de la Champions League, después de un largo reinado que terminó en la pasada temporada en manos de los clubes ingleses, más específicamente del gran Liverpool de Jürgen Klopp, en una final completamente británica ante el Tottenham en el estadio Wanda Metropolitano de Madrid.

Para poder aspirar a recuperar el trono, los tres más fuertes equipos españoles deberán atravesar muchos obstáculos pero, en especial, necesitarán mejorar tras haber aprendido las lecciones que les dejaron en la temporada pasada. El Barcelona estuvo siempre cerca de la final, tanto en 2018 como en 2019, pero tras una amplia diferencia sacada en la ida en el Camp Nou, no logró mantenerla en la revancha y le suelen pesar demasiado esos partidos.

Si en 2018 no le alcanzó el 4-1 de la ida para caer en los cuartos de final por 3-0 en el Olímpico de Roma ante un rival no tan fuerte, que luego sucumbió enseguida, el factor psicológico influyó para volver a tropezar en Anfield tras un inmerecido 3-0 en la ida del Camp Nou ante el Liverpool en semifinales, cuando los ingleses fueron superiores pero fallaron en la definición y casi se van con una derrota más abultada, aunque bastó que marcaran pronto un tanto en su casa para que los blaugranas se desmoronaran por completo y acabaran regalando la serie.

Como bien dijo Lionel Messi días después, esa noche ante el Liverpool en Anfield el Barcelona se dejó ganar, no opuso resistencia y sorprendió que le volviera a ocurrir lo mismo que en Roma, aunque más aún, que la comisión directiva haya mantenido en su cargo al entrenador Ernesto Valverde tras dos sonados fracasos, lo que supone un apoyo total a su gestión desde el vestuario.

Este Barcelona, que arrancó de modo irregular la temporada aunque sin haber contado nunca con Messi, lesionado en el sóleo derecho, todavía está en formación. Con la decepción de no haber podido contar con Neymar, y con Antoine Griezmann en extraña relación con los capitanes luego de haberse decidido por continuar en el Atlético en 2018 cuando todos se jugaron por su llegada en aquel momento, el equipo todavía no se aceitó.

La salida de Philippe Coutinho al Bayern Munich y la llegada de un talento como el holandés Frenkie De Jong, cambiaron las condiciones de un mediocampo con demasiadas fichas y un interrogante sobre cómo se van a distribuir De Jong y Sergio Busquets, en lo que parece ser un solo un lugar para ambos, mientras que habrá que ver cómo encaja Valverde las piezas del ataque, ahora con Griezmann y con la rutilante aparición del jovencito Asu Fati, de Guinea Bissau, con apenas 16 años.

En el grupo del Barcelona aparecen un renovado Inter, dirigido ahora por Antonio Conte, y el siempre complicado Borussia Dortmund aunque todo indica que serán alemanes e italianos los que deberían pelear por la segunda plaza para los octavos de final.

Por el lado del Real Madrid, el regreso de Zinedine Zidane, con el que esta plantilla ganó tantos títulos, como entrenador a fines de la temporada pasada, no cambió tanto el sistema de juego como sí la salida del portugués Cristiano Ronaldo a la Juventus. Desde entonces, los blancos son una especie de león hervíboro. Llega, insinúa, se acerca a las porterías rivales, pero concreta poco en comparación a los años anteriores y ese pasó a ser otro punto de preocupación.

Más suelto ahora Karim Benzema, sin necesidad de tener que jugar para Cristiano Ronaldo, el francés aparece en todo su esplendor en el ataque, pero es una incógnita cómo se acoplará el gran fichaje de la temporada, el belga Eden Hazard, porque en el resto de los casos, se trata de jugadores que pueden ser buenos refuerzos desde una segunda línea (Eder Militao, Luka Jovic, Ferland Mendy), pero no parecen decisivos como para cambiar el once inicial original, tras un año para el olvido, muy desmotivante en todos los frentes. Acaso el regreso de James Rodríguez pueda aportarle más a la zona de creación y quedaría por ver si por fin Vinicius Junior puede explotar, porque más garantía sigue dando el galés Gareth Bale, quien estuvo a punto de irse por la incomprensión que siempre sufrió en Madrid pese a su contrastada calidad.

El más duro rival que tendrá el Real Madrid será el poderoso aunque siempre dubitativo PSG, que con tantas figuras y una descomunal inversión, siempre se ha quedado en el camino por remontadas increíbles cuando parecía que tenía cerradas las series, pero no hay amenazas para los dos desde los otros equipos, como Galatasaray (ahora con el colombiano Radamel Falcao en el ataque) y mucho menos el Brujas belga.

Esta Champions, en cambio, puede ser fundamental para el Atlético Madrid. Las expectativas están en lo más alto para el equipo que dirige desde 2011 Diego Simeone porque aunque al final de la temporada pasada parecía que se acababa un ciclo con la salida de prácticamente toda la defensa (el estandarte Diego Godín, Lucas Hernández, Juanfran y Filipe Luis), sumados a Rodri (al Manchester City) y a Griezmann,  el club logró dar vuelta la idea con grandes contrataciones, aunque especialmente la del portugués Joao Félix y se transformó no sólo en gran candidato a ganar la Liga Española sino también a avanzar en la Champions superando el trago amargo de la temporada pasada, cuando la Juventus de Cristiano Ronaldo le remontó en Turín en octavos de final.

El Atlético –que varias veces estuvo cerca de ganar la Champions pero nunca lo consiguió- volverá a verse las caras con su anterior verdugo, la Juventus, pero todo en un clima más distendido como parece ser el de este grupo, que comparten ambos con el Bayer Leverkusen y el Lokomotiv Moscú. Ni italianos ni españoles deberían tener mayores problemas para pasar a octavos de final, aunque tal vez lo importante pase a ser el orden en la tabla, para decidir la condición de local en la fase siguiente.

Finalmente, el Valencia tiene la peor parte de los cuatro equipos españoles, no sólo porque le ha tocado el grupo más parejo, junto al Chelsea, el Ajax y el Lillie, sino más bien por sus propios problemas sin revolver, a partir de la injustificada decisión de prescindir de su entrenador Marcelino García Toral justo antes de comenzar la temporada,  después de haber conseguido ganar la Copa del Rey nada menos que en una final ante el Barcelona en Sevilla, de haber regresado a la Champions y de haber llegado hasta las semifinales de la Europa League, cuando se encontró con un poderoso Arsenal.

García Toral fue reemplazado por Albert Celades, quien pese a contar con una rica plantilla, dio con un equipo desmoronado en lo anímico, y no parece ser este el mejor grupo para atravesar en estas condiciones. El Ajax, aún habiendo perdido a sus dos mejores jugadores (Matthijs De Ligt y Frenkie De Jong) es un equipo que sabe lo que hace con el balón y ahora cuenta con una plantilla más numerosa para eventuales rotaciones, mientras que el Chelsea se ha renovado totalmente y pese a la salida de su estrella, Hazard, su nuevo entrenador e ídolo del club, Frank Lampard, ha preferido, con acierto, darle espacio a sus jóvenes, como Tammy Abraham, Mason Mount y Callum Hudson Odoi, en tanto que el Lille es siempre un equipo molesto. Por todo esto, las perspectivas para el Valencia son mucho más complicadas que para sus equipos compatriotas.

¿Podrán los clubes españoles retomar la senda del éxito tras el dominio inglés de 2018/19? Sin dudas, el Siglo XXI fue espectacular hasta ahora para los ibéricos, al punto que de 18 torneos de Champions, se han quedado con la mitad de ellas (cinco el Real Madrid y cuatro el Barcelona), pero las cosas han cambiado y en la pasada temporada, las dos finales europeas fueron entre británicos (Liverpool-Tottenham en la Champions, Chelsea-Arsenal en la Europa League).

El tiempo dirá.

martes, 17 de septiembre de 2019

Una nueva Champions League que reparte 2040 millones de euros abre la ilusión de los clubes europeos, en el camino a la final de mayo en Estambul (Infobae)




El próximo 30 de mayo de 2020, el estadio Olímpico Atatürk, en Estambul, será sede de la gran final de una nueva UEFA Champions League, el torneo más poderoso del mundo de clubes que esta vez tendrá un reparto de 2040 millones de euros y que vuelve a tener entre los candidatos a los ingleses y españoles, a los que acaso puedan sumarse la Juventus, el Bayern Munich o el PSG.

Esta Champions, como en las últimas ediciones, arranca hoy en la fase de ocho grupos de cuatro equipos cada uno, con la vigente polémica entre clubes que son de los socios, o sociedades anónimas, y aquellos que reciben fondos de Estados de manera solapada, lo que se dio en llamar “doping financiero”, como se apunta a los casos del PSG (Qatar) o el Manchester City (Emiratos Árabes Unidos).

Una de las grandes incógnitas para esta temporada pasa por saber si los clubes ingleses tendrán el mismo dominio que en la anterior, cuando colocaron a los dos finalistas en el Wanda Metropolitano de Madrid (Liverpool y Tottenham) y también a los dos de la Europa League (Chelsea y Arsenal). Según datos de la UEFA, durante la final de Madrid de junio de 2019 hubo mil millones de interacciones en las redes sociales.

El Liverpool, actual campeón europeo, ha logrado mantener su nivel en el inicio de esta temporada ganando los cinco partidos de la Premier League (que nunca ganó desde su implementación en 1992) y ya con cinco puntos de ventaja sobre el Manchester City, que fue eliminado en cuartos de final de la pasada Champions en una definición de infarto ante el Tottenham, cuando le anularon un gol por el VAR.

El Liverpool, que mantiene la base de la temporada pasada, no tendrá un debut fácil hoy, porque deberá visitar a un Nápoli que practica un futbol vistoso, dirigido por Carlo Ancelotti. En tanto, completan este Grupo E el Salzburgo de Austria y el Genk belga y todo indica que los dos primeros son los que cuentan con más chances de pasar a los octavos de final.

En el Grupo F, otra vez se verán las caras el Inter de Milán y el Barcelona, igual que en la pasada temporada. Los italianos, ahora dirigidos por Antonio Conte, encararon una nueva revolución de estilo en busca de recuperar terreno en Europa tras su último título conseguido en 2010 con José Mourinho, para lo que invirtieron en contratar al uruguayo Diego Godín, al chileno Alexis Sánchez y al belga Romelu Lukaku, sumado a la aparición de jóvenes delanteros como Stefano Sensi y Matteo Politano, aunque Mauro Icardi se marchó al PSG luego de arduas polémicas, y Lautaro Martínez ahora tendrá más espacio en el ataque.

Inter recibirá en el San Siro al Slavia Praga, mientras que el gran candidato a ganar el grupo es el Barcelona de Lionel Messi, que viaja a Alemania para enfrentar al Borussia Dortmund que tiene en sus filas al ex goleador azulgrana Paco Alcácer y en la defensa, al retornado del Bayern Munich Mats Hummels. Por el lado del Barcelona, la incógnita es si por fin esta temporada, luego de cinco años, podrá volver a levantar “La Orejona” tras dos inesperadas caídas en los dos años anteriores en las fases finales tras sacar mucha diferencia en la ida en el Camp Nou ante la Roma y ante el Liverpool.

El Grupo G aparece mucho más parejo, aunque sin grandes candidatos.  El Olympique de Lyon recibirá al Zenit de San Petersburgo de los argentinos Mammana, Kranevitter y Driussi, mientras que el Benfica hará lo propio ante el Leipzig, puntero de la Bundesliga, con grandes delanteros como Timo Werner y el danés Yussuf Poulsen.

Para terminar la primera jornada, el renovado Chelsea, ahora dirigido por un ídolo de la casa como Frank Lampard y con jugadores prometedores como Mason Mount, Tammy Abraham o Callum Hudson Odoi, recibirá en Stamford Bridge a un convulsionado Valencia, que por problemas institucionales terminó despidiendo al muy exitoso entrenador Marcelino García Toral, reemplazado por Albert Celades, y eso se vio reflejado en el inicio de la Liga Española tras ganar la Copa del Rey y llegar a semifinales de la Europa League en la temporada pasada.

Para completar el muy parejo Grupo H, el Ajax de Erik Ten Hag, una de las sensaciones de la pasada temporada en la que fue eliminado en el último suspiro por el Tottenham en semifinales, ahora sin sus dos principales estrellas, Matthijs De Ligt y Frenkie De Jong, pero con un plantel más largo para posibles rotaciones (entre los nuevos hay que contar al ex marcador central de Defensa y Justicia Lisandro Martínez), recibirá al siempre complicado LOSC Lille francés.

Mañana continuará la primera fecha de la fase de grupos con un gran partido por el grupo A, en el que se miden los dos candidatos a pasar a los octavos de final. En París, el PSG, probablemente sin su gran estrella, el lesionado Kyllian Mbappé, recibirá al Real Madrid, ahora nuevamente dirigido por Zinedine Zidane, con la idea de recuperar el trono perdido en la temporada pasada tras ganar la Copa tres veces seguidas.

El PSG seguirá contando en sus filas con Neymar, pese a los intentos del brasileño de retornar al Barcelona, y agregó a sus filas a Keylor Navas (justamente ex de los blancos) y a Mauro Icardi, e intentará, por fin, desterrar todos los fantasmas que le hicieron caer en increíbles eliminaciones en los últimos años pese a la enorme inversión en el plantel. Real Madrid también intentó una renovación, especialmente con el belga Eden Hazard, que por ahora pudo jugar muy poco por una larga lesión, en tanto que regresó el colombiano James Rodríguez del préstamo al Bayern Munich, y también mantuvo al galés Gareth Bale, a punto de irse durante todo el receso.

Completan el Grupo A, Brujas (Bélgica) y el Galatasaray, que contrató al goleador colombiano Radamel Falcao.

Por el Grupo B, Olimpiakos, con el ex Rosario Central Maximiliano Loveras, recibirá al Tottenham de Mauricio Pochettino, subcampeón europeo, que mantuvo la base de la temporada pasada, final ente se quedó uno de sus mejores jugadores, el danés Christian Eriksen, y si bien contrató a Gio Lo Celso, éste se encuentra lesionado. También por este grupo jugarán en Munich uno de los eternos candidatos, al Bayern, ahora con el brasileño Philippe Coutinho y el croata Iván Perisic, y el estrella Roja de Belgrado.

Por el Grupo C, el Shakhtar Donetsk, uno de los habituales clasificados para esta instancia y repleto de brasileños en su plantel, recibirá al poderoso Manchester City de Josep Guardiola, siempre candidato aunque con el único objetivo que nunca pudo cumplir, que es ganar la Champions (en la pasada temporada ganó todos los títulos que disputó menos éste). El equipo de los ciudadanos mantuvo la base de la pasada temporada y agregó al lateral Joao Cancelo y a Rodri, volante español.  En el otro partido de este grupo, Dínamo Zagreb de Croacia recibirá al sorprendente Atalanta de los argentinos Alejandro “Papu” Gómez y José Luis Palomino, y los colombianos Luis Muriel (en duda por una lesión) y Duván Zapata.

Finalmente, mañana se completará el cuadro del Grupo D con un partido con  todos los condimentos porque volverán a enfrentarse, esta vez en el Wanda Metropolitano, el Atlético Madrid de Diego Simeone y la Juventus de Cristiano Ronaldo, tras la dura eliminación que los italianos a los españoles en Turín con los recordados tres goles del portugués por los octavos de final. La Juventus, ahora dirigida por Maurizio Sarri, ha vuelto a perfeccionar su plantel para ir en búsqueda de su postergado objetivo de la Champions, por lo que invirtió en jugadores como el holandés De Ligt, el francés Adrien Rabiot, en tanto que regresó Gonzalo Higuaín, pero los “colchoneros” no se quedaron atrás y renovaron toda su defensa con la llegada de Kieran Trippier, Mario Hermoso y Renán Lodi, los volantes Marcos Llorente (ex Real Madrid) y Héctor Herrera (mexicano ex Porto) y muy especialmente, el joven creativo portugués Joao Félix, para muchos, una de las grandes estrellas del futuro.

Completan este grupo el Bayer Leverkusen de Lucas Alario y el chileno Charles Aranguiz y el Lokomotiv de Moscú, con el delantero peruano Jefferson Farfán y varios jugadores de la selección rusa.

Dos entrenadores (Mauricio Pochettino del Tottenham y Diego Simeone del Atlético Madrid) y 28 jugadores. Lautaro Martínez (Inter), Leonardo Balerdi (B.Dortmund), Lionel Messi (Barcelona), Emanuel Mammana, Matías Kranevitter, Sebastián Driussi (Zenit), Germán Conti, Franco Cervi (Benfica), Willy Caballero (Chelsea), Ezequiel Garay (Valencia), Lisandro Martinez, Nicolás Tagliafico (Ajax), Leandro Paredes, Ángel Di María, Mauro Icardi (PSG), Maxi Lovera (Olympiakos), Paul Gazzaniga, Juan Foyth, Gio Lo Celso, Erik Lamela (Tottenham), Nicolás Otamendi, Sergio Agüero (Manchester City), José Luis Palomino, Alejandro Gómez (Atalanta),  Ángel Correa (Atlético Madrid), Paulo Dybala, Gonzalo Higuaín (Juventus) y Lucas Alario (Bayer Leverkusen), serán los argentinos que tomarán parte del gran torneo continental, cuyo campeón se clasificará para el Mundial de Clubes de Qatar de diciembre próximo.

La UEFA estima que los ingresos comerciales brutos por la suma de la Champions, la Europa League y la Supercopa europea 2019/20 serán de 3250 millones de euros.

De esos 3250 M de euros, 295 M serán para gastos de organización de las competiciones, mientras que 227,5 M serán para solidaridad. De lo restante, el neto (2730 M), el 6,5% será para la UEFA y el 93,5% se distribuirá entre los clubes participantes (2550 M). De ese dinero, 2040 M serán para la Champions y 510 para la Europa League.

En la Champions, 30 M de euros se repartirán entre los 12 clubes participantes de los play-offs. Los eliminados recibieron un fijo de 5M de euros, mientras que los ganadores no reciben nada porque luego lo hacen ya en la fase de grupos, donde se destinan 1950 M, que se dividen así: 25% (488 M) para los pagos iniciales, 30% para los pagos fijos por resultados (585 M), 30% se destina por ranking de un coeficiente surgido de las participaciones en los últimos 10 años (585 M), y 15% por variables (market pool) (292 M).

O sea que cada club que llegue a la fase de grupos recibirá 15,25 M por un pago inicial de 14,5M y uno restante de 0,75M y luego habrá bonificaciones extra por rendimiento (2,7 M por triunfo y 900.000 por empate) que se acumularán.

Por llegar a octavos de final, cada club recibirá 9,5 M de euros, 10,5 M para los cuartos de final, 12 para semifinales y 15 para la final, y habrá otros 4 millones para el campeón. Los que se clasifiquen para la Supercopa de la UEFA (campeones de la Champions y Europa League) recibirán 3,5 M cada uno y el campeón, 1 millón más.
En cuanto al coeficiente de los 10 años, se estableció una bonificación por cada Copa que un club haya ganado y se estableció una llamada “Cuota de Coeficiente”. O sea que el equipo que menos ganará será 1,108 millón de euros y el que más ganará de los 32 será de 35,46 M.

Tres de los cuatro que encabezan el coeficiente son españoles (Real Madrid, Barcelona y Atlético Madrid) y puede verse acá:

El market pool reparte 292 M. Una mitad se divide entre los clubes en función de sus actuaciones en las competiciones nacionales previas. La otra mitad representa el valor de cada mercado en proporción al número de partidos jugados por cada club en la Champions League. Cuando un club de una federación sea eliminado, se le da el 10% del market pool de esa federación. Es decir que para el cálculo del % correspondiente a cada club, hay que esperar a que termine esta edición de la Champions.

Si hay 4 equipos de una misma federación, el reparto de la primera mitad es de 40% para el campeón nacional, 30% para el segundo, 20% para el tercero y 10% para el cuarto. Si son tres, 45%, 35% y 20%, si son dos, 55% y 45% y si es uno, el 100%.

Entre los más ganadores de títulos, el Real Madrid encabeza largamente la tabla histórica con 13 Copas (entre las de Europa, jugada entre 1956 y1992, y su cambio de nombre por la Champions, entre 1992 y la actualidad), seguido por el Milan (7), Liverpool (6), Barcelona y Bayern Munich (5), Ajax (4), Inter y Manchester United (3) y Juventus (2).