domingo, 4 de octubre de 2020

Paciencia, proyecto, y un equipo para Messi (Jornada)


 

Se acabó la espera, el tiempo de la preparación y las conjeturas. La Conmebol forzó para que se juegue pese a la pandemia, para satisfacer intereses económicos de las empresas que invirtieron en los derechos de TV, y este jueves comienza, por fin, la fase clasificatoria para el Mundial de fútbol de Qatar 2022, y entonces se producirá el debut de la selección argentina, ante la ecuatoriana.

Por esas casualidades que ocurren cada tanto, las selecciones de Argentina y Ecuador también se enfrentaron por la primera fecha, sobre dieciocho totales, y un 8 de octubre, aunque de 2015, con miras al Mundial de Rusia y en aquella ocasión, en el Monumental, el equipo que entonces dirigía Gerardo Martino (renunciaría un año después justo antes de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro porque los clubes se negaron a cederle los jugadores) cayó sorpresivamente 0-2, y aunque se retiró silbado por su público, luego se iría recuperando en la tabla de posiciones.

Para la selección argentina, atravesar la fase clasificatoria (no la llamamos “eliminatoria” porque el objetivo es clasificarse para el Mundial, no es quedar eliminada) fue, casi siempre, muy complicado, seguramente por la presión que significa, en un ámbito tan exitista, y con tan rica historia, no formar parte de la cita máxima del fútbol cada cuatro años.

Incluso, le ha tocado sufrir con el equipo que luego fue al Mundial de México 1986 y obtuvo allí el título, y sin embargo, estuvo a pocos minutos de quedarse sin torneo de no ser por la corajeada de Daniel Passarella y el gol agónico de Ricardo Gareca en el Monumental y ante Perú.

Muchos recordarán que para Alemania 1974, también comenzó perdiendo ante Paraguay en la Bombonera, aunque luego remontó el partido decisivo para imponerse por 3-1, que tuvo que jugar un repechaje ante Australia para ir a Estados Unidos 1994 luego de caer 0-5 ante Colombia en el Monumental en 1993 y quedar en segundo lugar en el grupo, o el gol de Martín Palermo, bajo la lluvia, y otra vez contra Perú (y con un pie en offside) cuando ya casi no quedaban esperanzas para conseguir un boleto para Sudáfrica 2010, o los tres goles de Lionel Messi ante Ecuador en Quito para el angustioso pasaje a Rusia 2018.

Por todos estos antecedentes, y con un equipo aún en armado, tras un importante recambio generacional iniciado por Lionel Scaloni tras la opaca actuación en el Mundial de Rusia 2018, se requiere de paciencia y de un proyecto que respalde a las importantes individualidades que permanecen en la selección nacional, que pudo realizar una muy buena Copa América 2019 en Brasil, cuando fue de menor a mayor, y que hasta pudo haber llegado a la final si no fuera por el tendencioso y localista arbitraje en la semifinal ante los anfitriones, a la postre campeones.

Pero no hay que engañarse. Como pocas veces en los últimos tiempos, la selección argentina no es un conjunto de grandes estrellas en todos los puestos, sino que reúne a un genio, tres o cuatro jugadores de excelente nivel (casi todos atacantes, que por eso mismo pueden superponerse en sus funciones), y el resto, acompaña como puede con aceptables rendimientos.

Aún así, un equipo que tiene a Messi, a Sergio Agüero, a Lautaro Martínez y a Paulo Dybala en sus filas, es siempre uno de los candidatos a clasificarse, especialmente cuando de diez participantes, hay 4,5 plazas en juego (cuatro directas y una quinta, que va a un repechaje), lo que significa un alto porcentaje de posibilidades, si tenemos en cuenta que el sistema de juego, de todos contra todos en dos rondas (dieciocho fechas), como se disputa desde las clasificatorias para Francia 1998, favorece a los planteles más ricos, los que tienen mayor recambio, y la selección argentina, creemos que con la brasileña, la uruguaya, la chilena y la colombiana, está entre ellos.

Esta selección argentina significa claramente un recambio de la generación anterior, que llegó muy lejos, fue finalista de un Mundial y dos Copas América consecutivos, pero no logró imponerse en ninguno de los casos, aunque nunca fue derrotada en los noventa minutos, y eso, y una importante distancia afectiva por algunas actitudes hacia la gente, generó un gran distanciamiento, y el Mundial de Rusia parece haber sido, hasta por una cuestión generacional, el final de una etapa y el inicio de otra.

Uno de los grandes desafíos de la AFA, con la selección argentina, será el de la generación de una estabilidad perdida tras la renuncia de Marcelo Bielsa en la mitad de su segundo ciclo como entrenador, tras seis años en el cargo, cuando fue reemplazado por José Pekerman, quien condujo al equipo en el Mundial 2006 pero renunció el día de la eliminación ante los locales por los cuartos de final. Si entre 1974 y 2006 (32 años) hubo apenas cinco entrenadores en el equipo nacional, desde ese momento hasta hoy (14 años), hubo nueve, todo un indicio de la falta alarmante de un proyecto claro, y una evidente razón por la que resulta muy difícil obtener resultados en estas condiciones.

Otro problema que atraviesa desde hace años la selección argentina es la europeización de su fútbol a partir de que un altísimo porcentaje de los convocados participa en los torneos top del Viejo Continente, y los jugadores se encuentran meses enteros familiarizados con sistemas que no siempre tienen relación con la tradicional forma de juego de los conjuntos nacionales, y hubo que adaptarse a la nueva realidad desde la gran apertura de mercados internacionales a principios de los años Ochenta.

El equipo argentino, como se citó más arriba, tiene muchos delanteros de nivel, pero ha perdido peso en otros sectores de la cancha. Se van extinguiendo los “diez” clásicos, aquellos jugadores que armaban el juego, que manejaban al conjunto, así como los “cincos” de marca, al estilo de Javier Mascherano (acaso Santiago Ascacíbar, en el torneo alemán, sea hoy lo más parecido al “Jefecito”) y seguramente por eso, Scaloni viene optando por una especie de “doble cinco” de buen pie, con Leandro Paredes y Giovani Lo Celso. Se trata, por fin, de crear una estructura que haga de soporte para Messi, y que por una vez, el equipo no sea excesivamente “Messi-dependiente”.

El otro gran inconveniente pasa por los marcadores centrales. Si bien hay varios en la consideración, el único que tiene una larga trayectoria en el equipo nacional es Nicolás Otamendi, quien acaba de pasar al Benfica desde el Manchester City por el mismo problema que sus compañeros de función: la falta de continuidad en el puesto.

Ni Otamendi, ni Germán Pezzella (Fiorentina), ni Leonardo Balerdi (Olympique de Marsella), ni Nehuén Pérez (Atlético Madrid) ni Facundo Medina (Lens), consiguieron continuidad en los últimos tiempos y si bien Walter Kannemann (Gremio) sí la tuvo, no podrá estar presente por coronavirus.

El primer rival de la selección argentina será el conjunto ecuatoriano que ahora dirige el ex director técnico de Boca en 2019, Gustavo Alfaro, que volverá a pisar entonces la Bombonera, aunque vacía.

Alfaro reemplazó a último momento al catalán Jordi Cuyff, hijo del fallecido holandés Johan Cruyff, y quien nunca llegó a dirigir a la selección ecuatoriana porque la fase clasificatoria se suspendió por la pandemia.

Esta selección ecuatoriana es una incógnita porque también se encuentra en un importante recambio, y es muy posible que llegue a Buenos Aires con algunos de los jugadores del equipo sub-20 que en 2019, en el Mundial de Polonia, alcanzó el tercer lugar luego de ganar el Sudamericano de Chile, con un excelente trabajo de otro argentino, Jorge Célico.

Tras ese partido, la selección argentina visitará a Bolivia, en La Paz, el martes 13 de octubre. Se trata de un compromiso riesgoso, por la altura y porque así lo indican los antecedentes: de las últimas cinco veces que se enfrentaron en territorio boliviano, el equipo albiceleste sólo ganó una vez, e incluso para el Mundial 2010, con Diego Maradona de DT, sufrió una catastrófica derrota de 6-1.

Más allá de todas estas consideraciones, el equipo argentino sigue contando con potencial suficiente para llegar al Mundial de Qatar 2022 sin sobresaltos. Se requiere entonces de proyecto, paciencia, criterio para seleccionar jugadores, y planteos adecuados.


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