miércoles, 7 de febrero de 2018

Boca lidera, gana, pero no convence



Boca Juniors es el puntero del Torneo Argentino, lleva seis puntos de ventaja a su inmediato perseguidor, San Lorenzo de Almagro, con el que empató 1-1 en el fin de semana pasado como visitante, el próximo 11 de febrero cumplirá catorce meses como líder de los distintos campeonatos de Primera División de la AFA y sin embargo, no juega bien y genera la idea –habitual en este contexto- de que es ayudado desde un poder político que efectivamente tiene.

Desde lo estrictamente futbolístico, Boca podría describirse en buena parte por lo ocurrido el domingo en el Nuevo Gasómetro: no sólo no pudo definir el partido con dos jugadores de más en el final y uno más durante muchos minutos, sino que ni siquiera encontró una línea de juego que lo hiciera parecer superior a su rival.

Es cierto que Boca tiene dos lesionados claves, de los que no puede disponer desde hace meses (Fernando Gago y Darío Benedetto) y no es un tema menor. Pero a pocos días de iniciar su recorrido por su principal objetivo del año, la Copa Libertadores de América, su esquema de juego es difícil de entender, y tampoco parece para nada compensado su plantel.

Si bien tiene dos arqueros aceptables como Agustín Rossi y Guillermo Sara, ninguno de los dos aparece con el peso necesario para asegurar presencia en partidos decisivos de primer orden y todo indica que cuando se abra el próximo mercado de verano europeo podría tener la chance de repatriar a Willy Caballero, hoy en el Chelsea, jugando la FA Cup como suplente de Tibhaut Courtois y sin demasiada proyección a excepción de que el arquero belga sea transferido.

En la defensa, se entiende muy poco el movimiento de este mercado. La búsqueda de otro lateral derecho, como Julio Buffarini, puede aceptarse desde la certeza de la dirigencia acerca de que Gino Peruzzi se iría (como se acaba yendo), aunque todo indicaba que el pibe Nahuel Molina venía empujando de abajo con buena proyección cuando le tocó jugar. En cuanto a los laterales izquierdos, se entiende la contratación de Emanuel Mas para pelear el puesto con el colombiano Frank Fabra, pero cuesta más comprender el tema de los centrales, con la salida de Juan Manuel Insaurralde y que entonces sólo hayan quedado tres jugadores para dos puestos (Paolo Goltz, Lisandro Magallán y Santiago Vergini), tras fracasar el  nuevo intento por fichar al paraguayo Gustavo Gómez, del Milan, que a su vez, tiene muy pocos partidos en un equipo flojo, es decir que tampoco su llegada garantizaba nada.

El medio del campo ofrece volantes de mucha calidad y variedad, y sin embargo, el único volante de contención real es el colombiano Wilmar Barrios, y aunque el entrenador Guillermo Barros Schelotto no es muy proclive a jugar con un armador, en vez de darle lugar al chico Gonzalo Maroni cuando no le queda otra salida que utilizar esta posición, luego de demostrar sus condiciones en los escasísimos minutos que dispuso hasta ahora, decidió fichar a Emanuel “Bebelo” Reynoso, adelantándose a Independiente, para la misma función.

La llegada de Carlos Tévez desde China, sin mucho roce en el último año, desde una liga menor, y sin claridad sobre qué lugar podría ocupar en un esquema táctico, no parece ayudar demasiado al entrenador, que sabe que por su peso e historia, no es muy factible que pueda aceptar ir al banco de suplentes, mientras que Ramón “Wanchope” Abila parece no contar por no haber sido elegido por el cuerpo técnico sino traído por el presidente Daniel Angelici, quien seguramente lo pensó como amigo de Tévez, para facilitarle el ambiente a su regreso desde tierras orientales.

Tampoco Boca pensó en fortalecer el ataque con otros jugadores de mayor peso teniendo en cuenta que finalmente Angelici no cedió para recuperar a Ricardo Centurión, con una moralina llamativa para quien no da precisamente la mejor imagen en cuanto a sus movimientos de influencias políticas y jurídicas en los distintos campos sociales.

Entonces, Boca se quedó sin Centurión, ni cuenta con Benedetto, tampoco Abila cuenta para el cuerpo técnico, y carga en su banco con dos jugadores que no ofrecen garantías mínimas como Cristian Espinoza y Oscar “Junior” Benítez.

En resumen, se trata de un plantel sin un arquero que de garantías, con apenas tres centrales para encarar campeonato, final de la Supercopa Argentina ante River Plate (trofeo que los medios exageran debido a que no hay otro Superclásico hasta la temporada siguiente y ante la necesidad de vender aunque esta final no tiene ni punto de comparación con aquella del Nacional de 1976), con un solo volante de contención, y apenas dos delanteros puros contrastados con chances de titularidad (Cristian Pavón y Walter Bou), otro que no quiere el DT, otro que es mediapunta y dos que casi no cuentan.

Aún así, ante la mediocridad del fútbol argentino, a Boca le sigue sobrando hasta ahora para ganar el torneo con cierta comodidad y como para centrarse en la Copa Libertadores, pero…¿le alcanza de verdad para pelear en los dos frentes con tanto desequilibrio en su plantel?

Más allá de sus jugadores, tampoco Boca alcanzó un buen nivel de juego desde hace varios meses. Más allá de algún intento por salir jugando, Rossi suele sacar a veces largo desde el arco, y sin destino, y volantes con cierto nivel de juego terminan siendo más “picapiedras” que dúctiles porque a Boca parece quedarle mucho más cómodo (parece mentira) jugar a la contra, explotando la velocidad de Pavón, jugador que tal vez por falta de madurez, resuelve mal el 90 por ciento de las definiciones, pero con algunos goles y con esa catacterística veloz, y debido al peso de la camiseta azul y oro, ya le valió para que buena parte de la prensa lo viera como candidato para ingresar en la lista definitiva para el Mundial de Rusia.

Si esto ya era así hasta fines de 2017, otro interrogante se abre con el regreso de Tévez. ¿En qué posición debe jugar? Si desde la salida de Centurión, Barros Schelotto nunca pudo resolver la banda izquierda del ataque, donde equivocadamente quiso colocar a Edwin Cardona, un diez clásico, ahora con el regreso del Apache se le abre otro interrogante.

Porque Tévez no es extremo ni quiere jugar allí (alguna vez lo hizo en la selección argentina, pero no terminó de convencer), tampoco es un nueve clásico, y tampoco es un diez clásico armador de juego. Pero al no contar Boca con un extremo izquierdo, acaso eso pueda facilitar el paso de aquel 4-3-3 que constituyó la mejor época de este ciclo, cuando Gago, Benedetto y Centurión, con su clase, ayudaron a su DT a salir del atolladero, a un 4-3-1-2 (si jugaran en el medio Nández y Pablo Pérez acompañando a Barrios, con Cardona de armador, y Pavón-Bou en el ataque), pero todo indica que debería decantarse por Pérez o Nández, si pretende un equipo más audaz y para encontrarle un lugar a Tévez sin sacrificar a Cardona ni a Bou.

Sin Cardona, perdería pausa y sin Bou,  en el caso de que Tévez –como ante San Lorenzo- acompañara a Pavón, ataque directo.

Esto sin dudas abre un intríngulis en cuanto a lo táctico pero muestra una vez más y aunque hoy no parezca ser sujeto de debate, que se puede ser campeón, liderar el torneo por casi un año y medio, tener una enorme cantidad de jugadores, y no por eso tener una idea de juego ni un plantel compensado.


Boca sigue avanzando, pese a todo, pero si no define tantos aspectos pendientes, la tormenta puede llegar en cualquier momento y acabar con una exagerada idea de primavera eterna.

lunes, 5 de febrero de 2018

Dybala es víctima de la irregularidad y de la sinceridad (WSK, Japón)



Le pasó a Lionel Messi, que al minuto de su debut oficial en la selección argentina, en un amistoso ante Bulgaria en Sofía, fue expulsado por un codazo a un rival en 2005. Y le pasó a Paulo Dybala once años más tarde, cuando el 1 de setiembre de 2016 fue expulsado en su debut como titular, y en este caso en un partido por la clasificación al Mundial de Rusia, por doble amarilla en el primer tiempo ante Uruguay, como local.

Hasta en eso, todo indicaba que Dybala se parecía a Messi. Hasta en el infortunio de un debut con expulsión en la selección argentina. Para muchos, desde que emigró muy joven a Italia desde su Instituto de Córdoba original para brillar en el Palermo, asomaba como el sucesor del crack del Barcelona y hubo quienes ya aventuraron una sociedad perfecta entre ellos y una frase de sus primeros años en Europa: “Al Barcelona iría aunque fuese nadando”.

Claro que todo eso  se fue esfumando cuando Dybala se convirtió en una notable estrella del fútbol mundial cuando llegó a la Juventus para reemplazar nada menos que a su compatriota Carlos Tévez, que había formado parte de aquel equipo que ganó todo y que sólo se quedó en la puerta de la Champions League, postergado por el Barcelona de Messi en 2014/15.

Desde ese momento. Dybala se puso la camiseta 21 con el dorsal de Andrea Pirlo y anteriormente de Alessandro Del Piero. No era cualquier número y él lo entendió como un depósito de confianza del club y se fue convirtiendo en un jugador-modelo que desfila por las pasarelas presentando colecciones de “menswear” en la Semana de la Moda de Milán, o posando para revistas de primer orden como “Vanity Fair”, “Vogue” o “GQ”.

Entonces, en los últimos tiempos Dybala ya no quería más ser comparado con Messi. Había construido su propio camino que lo iba a depositar, en un futuro cercano, en el estrellato mundial y por eso insistía en remarcar en cada entrevista que “yo soy Dybala y él es Messi, y quiero disfrutarlo mucho en la selección argentina pero quiero hacer mi propia carrera”.

Sin embargo, y pese a que buscó la compañía de los jugadores mayores, especialmente la de Gianluiggi Buffon en la Juventus, Dybala sigue teniendo dos cuentas pendientes: trascender en los partidos importantes (clasificaciones a fases finales o directamente la final de una Champions League) y mostrar las mismas condiciones que los argentinos le ven por televisión en el equipo italiano en la selección de su país, en la que aún no ha podido rendir, y él es el primero en reconocerlo.

El 22 de enero pasado, Dybala y su compañero y compatriota Gonzalo Higuaín recibieron en Turín la visita de Jorge Sampaoli, el entrenador de la selección argentina, de gira por Europa para contactar a la mayoría de los jugadores que tienen chances de ser convocados para los dos últimos amistosos, de marzo (ante España en Madrid y ante Italia en Manchester) antes de dar la lista definitiva de 23 jugadores para el Mundial de Rusia.

Y Dybala pudo saber por primera vez desde que fue citado para la selección argentina por Gerardo Martino en 2015 para jugar ante Paraguay, que sus posibilidades de ir al Mundial están en duda a partir de dos elementos fundamentales: su irregularidad con la camiseta albiceleste (jugó muy pocos partidos por sus constantes lesiones) y una frase suya acerca de que no se siente cómodo en la posición que le asignó el entrenador actual, Jorge Sampaoli, que le trajo muchos problemas posteriores.

Debido a diferentes problemas físicos, Dybala sólo pudo ser citado en un partido cuando Gerardo Martino fue entrenador (2015), luego Edgardo Bauza lo convocó ante Uruguay pero fue expulsado (2016) justo cuando su función era reemplazar a Messi, desgarrado. Fue suplente ante Paraguay como local, y ya una lesión muscular lo alejó de los partidos ante Brasil y Colombia a fines de 2016 y tampoco pudo estar ante Chile en marzo de 2017 y fue suplente ante Bolivia en la altura de La Paz.

Es decir que son demasiado pocos partidos oficiales como para hacer un análisis profundo de sus rendimientos, y apenas si participó en cuatro amistosos de este ciclo. Los dos primeros, cuando arrancaba Sampaoli, ante Brasil en Melbourne y ante Singapur, y los dos últimos de finales de 2017 en Rusia ante el local y Nigeria.

En todos ellos se vio siempre a un Dybala confundido, que pagó caro lo que es el principal problema general de la selección argentina: los constantes cambios tácticos y de jugadores. Con cuatro entrenadores desde el Mundial de Brasil (Alejandro Sabella, Martino, Bauza y Sampaoli), muchos jugadores, especialmente los volantes y delanteros, tuvieron que adaptarse a diferentes esquemas. Por ejemplo, Sergio Agüero jugó como extremo izquierdo con Sabella, para Martino era centrodelantero, para Bauza podía jugar detrás del nueve y ahora Sampaoli lo vuelve a considerar como nueve.

En ese mismo sentido, Dybala paga por estos mismos cambios, pero con el problema de que, a diferencia de Agüero, Messi, Di María y tantos otros. el no haber formado parte de la base estructural del equipo en tantos años hace que su adaptación a los distintos esquemas sea mucho más compleja hasta perderse en la confusión y no acabar aportando lo que sabe.

Si Martino, por ejemplo, pretendía un juego clásico con un 4-3-3, en el que Dybala (sin tener un lugar entre los titulares) aparecía como sustituto de Messi, y lo mismo en el más conservador 4-4-2 de Bauza, con la llegada de Sampaoli todo cambió (una vez más aunque de manera más rotunda) y al apostar al 3-2-2-3, por fin le tenía reservado un lugar en el primer equipo.

Sampaoli, que llegó justo cuando la selección argentina se debatía dramáticamente sobre su clasificación o no al Mundial de Rusia, quiso cambiar todos los esquemas en muy poco tiempo y apostar por un cambio general de jugadores, acabando con la “vieja guardia” que perdió las tres finales consecutivas (Mundial de Brasil 2014, y Copas América 2015 y 2016) y para eso, Dybala aparecía como emergente de la nueva generación.

Pese a muchas críticas, el nuevo entrenador decidió jugar sin marcadores laterales, con una línea defensiva de tres, dos volantes laterales más ofensivos que defensivos, y en el medio, un cuadrado conformado por una primera línea de salida con vos volantes con buena técnica (Ever Banega y Lucas Biglia) y dos más cerca del ataque, Messi, (que con otros entrenadores era más delantero por la derecha) y Dybala a su lado, para abastecer al centrodelantero (Agüero) y a los extremos.

La idea de Sampaoli era que Dybala y Messi generaran todo el juego a partir de su gran talento y que el jugador de la Juventus se sintiera libre para repetir aquellas producciones del Calcio llegando desde tres cuartos para rematar o abastecer a sus compañeros, o hacerse dueño del balón cuando Messi apareciera muy bloqueado por los rivales, una especie de “segundo Messi” y de su principal compañero de línea en ofensiva.

Pero Dybala no se sintió cómodo ni se adaptó nunca a este papel. Y seguramente por su habitual sinceridad, lo manifestó con claridad justo el día antes del Barcelona-Juventus por la pasada Champions League: “Es una suerte tener a Messi a mi lado. Eso me ayudará mucho en el futuro. Es difícil jugar con él porque solemos jugar en la misma posición pero en todo caso, me tengo que adaptar yo a él y lo tengo que hacer sentir cómodo”.

Esta frase generó una gran preocupación en el cuerpo técnico de Sampaoli porque la situación no podía ser más evidente: la presencia de un genio como Messi obligaba a Dybala a colocarse a su lado y cambiar el perfil, además que desde el punto de vista psicológico la situación no era la de la Juventus porque con Argentina, todo giraba alrededor de Messi, no de él y no había encontrado la forma de colocarse y sentirse cómodo dentro de una estructura manejada por otro y los compañeros acostumbrados a jugar con ese otro, no con él.

Ya cuando la selección argentina, clasificada para el Mundial, volvió a encontrarse en noviembre pasado en una situación más tranquila, sabiéndose clasificada para el Mundial, Dybala intentó hablar de esto con Messi en la concentración, en Rusia, antes de los dos amistosos ante el local y ante Nigeria. “Le dije “Leo” y él se empezó a reir (como ya sabiendo de qué quería hablarle) y me dijo que me quedara tranquilo, que no pasaba nada. Yo quise decir algo para sumar al grupo y se malinterpretó”, señaló.

En realidad, no es que su frase acerca de la incomodidad de jugar al lado de Messi se haya tomado a mal en el cuerpo técnico ni en la prensa porque lo conocen como un chico nada conflictivo. Lo que sí pareció haber quedado claro es que Dybala no estaba cómodo con ese esquema y por la falta de tiempo para el Mundial, la gran duda era si valía la pena un cambio muy grande de sistema o si entonces todo pasaba porque fuera Dybala quien saliera de la titularidad, y fue lo que comenzó a ocurrir.

No parece nada casual que hace pocos días, Angel Di María haya manifestado que Messi “no me inhibe nada, me encanta jugar con él. Lo mejor que le puede pasar a un jugador es jugar con los mejores y con los extraterrestres. Cuando él no está, todos queremos asumir ese rol pero es difícil luego de jugar tanto tiempo a su lado”.

El problema, a partir de allí, fue encontrar una función para Dybala en el equipo, pero su entrenador de la Juventus, Massimiliano Allegri, lo tiene claro: “Paulo no puede ser nueve en un equipo grande. Sus mejores rendimientos y goles aparecieron cuando jugó arrancando de atrás. En el Palermo podía jugar de nueve por integrar un equipo que jugaba a 50 metros de la portería rival pero en la Juve, a 20 metros del área adversaria, eso no se puede”.

Lo que dice Allegri puede ser trasladado, de la misma forma, a la selección argentina, en la que Dybala es ahora visto claramente como creativo, pero que además, no lleva meses de mucha regularidad ni en su equipo por recurrentes lesiones (como la reciente muscular de “grado leve” ante el Cagliari que lo alejó un mes de los campos), algunos malos entendidos con el propio Allegri, y hasta la aparición de algunos hechos que le hicieron perder el foco de la atención única a la producción futbolística, como la separación de su agente italiano Pier Paolo Triulzi para ser representado ahora por su hermano Gustavo.

Si de momento Dybala no encuentra un lugar en el equipo y Sampaoli logró la clasificación al Mundial con otros esquemas, con un sistema 3-4-2-1, en el que Eduardo Salvio y Marcos Acuña jugaron como volantes externos, y Messi y Di María lo hicieron por detrás del centrodelantero, y en la Juventus tampoco tiene la regularidad de otras temporadas (ha convertido 16 goles en 25 partidos, con 3 asistencias), sus chances de estar en Rusia 2018 peligran por primera vez.

Más aún, con la aparición de un gran delantero como el joven Lautaro Martínez, de Racing Club, que ya tiene todo acordado para jugar desde 2019 en el Atlético Madrid, que con 20 años está siendo considerado como una de esas apariciones fulgurantes que marcan una época, y que amenaza con quedarse con una plaza de las 23 definitivas.
Si sumamos a la aparición de Martínez que Sampaoli ya sabe que cuenta con buenos carrileros como volantes y que Banega, Biglia y hasta Enzo Pérez lo han conformado como volantes de salida, la situación de Dybala no es demasiado tranquila a la hora de la decisión final del entrenador.

Para Dybala, estos cuatro meses hasta que Sampaoli entregue la lista definitiva de jugadores de la selección argentina para el Mundial, serán decisivos, y deberá conseguir altos rendimientos, regularidad pero especialmente tendrá que encontrar muy pronto un lugar en el esquema táctico albiceleste si no quiere perder una gran oportunidad de trascender en un Mundial.


Nadie duda de sus condiciones. Nunca eso estuvo en juego, pero no se llega a un Mundial sólo por ser un gran jugador. Y Dybala deberá enfocarse en comprenderlo y acelerar si no quiere lamentarlo en junio próximo.

domingo, 4 de febrero de 2018

Un mercado con escasos movimientos interesantes (Yahoo)




A tono con una situación marcada por cierta austeridad de los equipos participantes en la Liga Española, son pocos los fichajes que pueden señalarse como relevantes al cierre de un mercado de invierno que no tuvo, por una vez en mucho tiempo, al Real Madrid como protagonista, pese a la enorme cantidad de rumores alrededor del club blanco.

Si bien el entrenador del Real Madrid, Zinedine Zidane, insistió mientras pudo que en este mercado de invierno que acaba de finalizar el pasado 31 de enero no habría fichajes ni tampoco salidas de jugadores –una buena manera de insuflar confianza en un equipo desgastado y que se juega lo que le queda de temporada nada menos que ante el PSG por los octavos de final de la Champions League-, hasta el último día, los medios desconfiaron de la situación y por ejemplo se pensó que el centrodelantero argentino del Inter de Milán, Mauro Icardi, podía recalar en los blancos, aunque los hechos determinaron lo contrario.

Los pocos clubes que invirtieron en jugadores, como el Barcelona o el Athletic de Bilbao, en gran medida lo pudieron hacer gracias a la masa de dinero recibida, a su vez, por la venta de importantes integrantes de su plantilla, y en ambos casos, a otras ligas.

En el caso del Barcelona, el dinero recibido por la transferencia de Neymar al PSG, aunque forzada, sirvió primero para el fichaje de Osmane Dembélé, quien ya se ha lesionado dos veces, pero acabó reforzándose también con Philippe Coutinho (120 millones de euros) desde el Liverpool, y el defensor central colombiano Yerry Mina, proveniente del fútbol brasileño (11.800.000 euros), aunque abandonaron el equipo Rafinha  (35 millones), Javier Mascherano, Gerard Deulofeu y Arda Turan.

En el caso del Athletic de Bilbao, el haber transferido al defensa central Aymeric Laporte al Manchester City por 65 millones de euros, le permitió gastarse 32 en Iñigo Martínez, de la Real Sociedad, lo que generó un gran movimiento de protesta por parte de los seguidores de este equipo debido a la rivalidad existente entre los dos clubes vascos.

Salvo estos dos clubes, el único que ha hecho una gran inversión, debido a su evidente mejora institucional ha sido el Atlético de Madrid, que sin haber concretado grandes transferencias (se han ido Luciano Vietto, Augusto Fernández y Diogo Jota, ninguno titular o que haya contado mucho para el entrenador Diego Simeone), ha fichado a jugadores de la talla de Diego Costa (que regresa luego de algunas temporadas en la Premier League) y de Vitolo, para lo que acabó erogando 92,5 millones de euros).

En el resto de los casos, las inversiones fueron realmente muy bajas porque casi todos se han arreglado para conseguir cesiones o bien para contratar futbolistas latinoamericanos debido a que desde su continente aún las cotizaciones son bastante más bajas (con algunas pocas excepciones de estrellas consagradas o por su juventud, que les da valor de reventa futura).

En este sentido, se puede destacar la llegada de Marc Bartra (Borussia Dortmund) al Betis, la del muy técnico volante colombiano Carlos Sánchez (Fiorentina) al Espanyol, la de Héctor Moreno (Roma) a la Real Sociedad) en 6 millones de euros, como reemplazo de Iñigo Martínez –si bien los vascos perdieron también al mexicano Carlos Vela, que se irá a jugar al Los Ángeles de la Major League Soccer- y las de Vietto (Atlético Madrid) y Coquelin (Arsenal) en el Valencia.

En cambio, dos equipos que sí han decidido invertir buenas sumas y que se encuentran en posiciones de clasificación a la próxima Europa League son el Sevilla y el Villarreal. Los andaluces, que han reemplazado a su anterior entrenador argentino Eduardo Berizzo por el italiano Vincenzo Montella, se han gastado 11 millones de euros en el defensor brasileño Arana (Corinthians), y han conseguido al volante Roque Mesa (Swansea, ex Las Palmas), al delantero Sandro (Everton, ex Barcelona) y al mexicano Layún, en lo que parece una muy buena inversión.

En tanto, el Villarreal ha invertido 15 millones de euros en el delantero colombiano Roger Martínez (ex Racing Club de Argentina), proveniente del fútbol chino, y en Javi Fuego (Espanyol), si bien han perdido a una de sus figuras, el congoleño Cédric Bakambú, quien emigró al Beijing Gouan de China.

Es claro que el fútbol español no puede competir con los valores que se manejan en la Premier League o ligas emergentes como la china o la estadounidense, a excepción del Barcelona o el Real Madrid, y es lógico entonces que quienes hayan llegado, por lo general, sean latinoamericanos o italianos.

Finalmente, pueden destacarse las llegadas del danés Michael Krohn Dehli (Sevilla) al Deportivo La Coruña, que ha perdido a su portero Pantillimon (al Notingham Forest), mientras que Las Palmas, otro equipo que se encuentra en posición de descenso, como los gallegos, ha apostado por el fútbol estético con la llegada del entrenador Paco Jémez y un refuerzo como el volante argentino Gabriel Peñalba (Cruz Azul, México) y el lateral uruguayo Matías Aguirregaray (Tijuana, México).


El Levante, por su parte, fichó a Coke (Schalke 04) y al goleador italiano Giampaolo Pazzini (Verona), quienes ya empezaron a darle resultado: logró empatarle el pasado fin de semana nada menos que al Real Madrid.

jueves, 1 de febrero de 2018

Mundial 2018, la última esperanza de Messi (Kicker)




La base de la selección argentina que jugará su tercer Mundial consecutivo y en algunos casos, el cuarto, coincide con la mayor parte de la prensa local y con los hinchas acerca de que se trata de la última oportunidad para esta generación y que tras perder por muy poco tres finales seguidas, la única posibilidad de éxito y de continuar en el equipo es ganar el título en Rusia 2018.

Pese a todo, la prensa se mantiene cauta y repite que gran parte de las posibilidades argentinas dependen de cómo llegue Lionel Messi a la máxima cita en Rusia y que en el corto lapso que le queda, el entrenador Jorge Sampaoli encuentre un sistema eficaz que lo respalde, aunque no hay un gran optimismo en este sentido, especialmente porque no se vislumbra una idea clara de la lista definitiva de 23 jugadores y porque a menos de cinco meses del inicio del Mundial, no se ha visto un gran funcionamiento.

Con los hinchas sucede algo parecido. No hay una gran euforia para este Mundial y la mayor esperanza está puesta en Messi. Una de las últimas encuestas nacionales indicó que un 40 por ciento cree que el equipo argentino jugará la final pero sólo un 19 por ciento del total de los consultados cree que terminará ganando el título. Un 13 por ciento  cree que será semifinalista, un 15 por ciento, que llegará a cuartos de final, un 9 por ciento, que terminará en octavos de final y apenas un 6 por ciento, que quedará eliminada en primera fase, mientras que hay un 17 por ciento que no quiso responder.

Javier Mascherano, uno de los líderes y más veteranos, y por primera vez discutido sobre si tiene que estar en el Mundial tras dejar el Barcelona para pasar al Hebei Fortune de China, lo tiene muy claro: “Rusia será la última gran chance de esta generación. Clasificarnos fue una liberación por todo lo que sufrimos para llegar, pero sabemos que Qatar 2022 para muchos de nosotros queda muy lejos ya, pero hay que valorar todo el ciclo de cuatro años desde Brasil y nos jugó en contra que tuvimos que cambiar tres veces de entrenador, De Sabella a  Martino, luego Bauza y finalmente a Sampaoli. ¿Si puede ser el Mundial de Messi? Hemos visto muchísimos equipos argentinos que no han hecho historia. En fútbol, hablar de justicia es muy difícil”.

El propio Messi se niega a hablar mucho sobre lo que puede pasar y se centra en el pasado (“al menos merecimos ganar dos de las tres finales que jugamos, y no pudo ser”) y en el presente (“se dice que en la selección juegan mis amigos cuando Biglia, Agüero, Di María o Mascherano son figuras mundiales. Es una barbaridad y una falta de respeto primero a ellos y luego a mí”).

Las críticas hacia el juego de la selección argentina arreciaron desde finales de 2017, cuando a duras penas se clasificó al Mundial al ganarle 1-3 a Ecuador en Quito en la última jornada de las 18 sudamericanas y más tarde cayera ante Nigeria (futuro rival en el grupo del Mundial) 4-2 en un amistoso en noviembre pasado.

Esto dio lugar a que a la vista de todo el mundo, en el sorteo del Mundial, en Moscú, Diego Maradona afirmara que “no tengo demasiadas ilusiones. Sampaoli vino con un laboratorio como si estuviéramos en la edad de las flechas y sin embargo, no tuvo ningún resultado positivo. Hay que mejorar el juego porque no se puede jugar tan mal”.

Sampaoli trató de matizar estas declaraciones sosteniendo que si bien los tres rivales (Nigeria, Croacia e Islandia) “Van a dar pelea en el grupo más complicados de todos, depende de nosotros y ojalá tengamos la posibilidad de jugar mejor. En la clasificación se pudieron ver algunos rasgos de lo que pretendemos, y tenemos al mejor jugador de la historia, que no es poco”.

Angel Di María no tiene dudas: “Hacer un buen Mundial, para nosotros, es salir campeón. Creo que es lo único que nos faltaría porque ya llegamos a tres finales –la del Mundial 2014, y la de las Copas América 2015 y 2016- y no pudimos ganarlas. La única manera de curar esas heridas es lograr el objetivo”.

Mario Kempes, figura estelar de Mundial 1978 y actual comentarista de TV es muy duro con la actualidad de la selección argentina: “Tiene al mejor del mundo, Messi, pero eso te puede solucionar un partido, no un campeonato. Me sorprende que con tanta experiencia en Europa, los jugadores vienen a la selección y dependen de Messi y les pesa la camiseta. Como está jugando el equipo hoy, no le tengo ninguna fe y si hay que borrar a alguna figura, hay que hacerlo”.

Gabriel Batistuta también es crítico (“Todavía no se nota el trabajo de Sampaoli, porque sufrimos en la clasificación ante rivales muy flojos”) , aunque también comprensivo (“hay que entender que el entrenador agarró al equipo en un mal momento y es difícil trabajar en esa situación. Ojalá que tenga más para dar”).

César Luis Menotti, director técnico campeón mundial en 1978, sostuvo que con Sampaoli “no comparto muchas cosas, pero considero que Argentina está a la altura de Brasil y Alemania y el grupo que le tocó es el más tranquilo y accesible. Uno de los problemas es que los últimos años estuvieron llenos de indecisiones, cambios de DT, sin un desarrollo serio, y amistosos confusos ligados más a negocios que al fútbol”.


Jorge Valdano, comentarista de TV y ex campeón mundial en México 1986, es menos optimista: “Tocó un grupo preocupante. Islandia es una piedra, Croacia tiene buen pie y Nigeria nos acaba de ganar claramente en un amistoso. Espero que en el Mundial el equipo aparezca más relajado luego de la angustiosa clasificación. La sensación es que si el equipo se ordena un poco, con Messi, Agüero,Di María e Higuaín tiene que estar entre. Los candidatos a ganar el Mundial”.

El fútbol argentino, Cromagnón y Los Soprano (Jornada)



Santiago Aysine, integrante del grupo musical “Salta la banca”, dijo, al cumplirse otro aniversario de la tragedia de “Cromagnón” en Buenos Aires, que sigue habiendo un Estado ausente y que no son precisamente los músicos los que deben solucionar los problemas de seguridad en los recitales. Que pueden ayudar pero que la decisión final no les corresponde.

Quienes siguen de cerca lo que ocurre en el fútbol argentino, no pueden dejar de comparar estas declaraciones de este músico con lo que ocurre con la violencia que impera desde hace medio siglo y que va in crescendo. Para más datos, 2014 se cierra con (hasta ahora, porque nunca se sabe) 18 muertes, el pico máximo de la historia, totalizando 301 si se puede tomar como seria una estadística que no proviene, como debería, del Estado, sino de una de las ONG que se dedica como puede a investigar este fenómeno, “Salvemos al Fútbol”.

Así como en tantas actividades, como en la música, en el fútbol, que es pasión de tantos que por esta misma causa se defiende con ahinco la posibilidad de verlo gratuitamente por la TV, el Estado está ausente, aunque a esta altura, y con el conocimiento claro de que los barras bravas tienen sostén en la clase política, se puede asegurar que esa ausencia termina siendo absoluta complicidad.

Los violentos argentinos son “Part time”. Tienen otros quehaceres cuando no están involucrados en el contexto del fútbol.  En otros lados son, en cambio “Full Time”.

No es casual que no haya datos concretos, ni serios, en el Estado. La Argentina lleva 31 años ininterrumpidos de democracia, pero no ha logrado resolver, y está lejos de que ocurra, este problema, para el que sigue sin consultar a los cientistas sociales, aunque también hay una lógica que va de la mano con el caos: cuando lo hizo, no tuvo suerte y ha dado con quienes han propuesto soluciones sin ningún sentido, más cerca de concurrir a los programas de debates televisados o prestarse a las entrevistas mediáticas.

Un ejemplo de esto fue cuando se propuso a la clase política recurrir a las soluciones “a la europea” como lo ocurrido en Inglaterra con la Premier League tras los episodios de Heysel (1985) y Hillsborrough (1989), como si la cultura y el contexto social fuera el mismo que el de nuestro país.

La espantada de los pocos políticos bienintencionados tras esa falta absoluta de criterio del cientificismo social dominante, el que copó universidades y centros de investigación amparado por la prensa amiga, terminó de producirse hace poco tiempo, cuando estos mismos grupos elaboraron un documento, tratando de insistir en el escalamiento hacia posiciones estatistas, en el que proponían nada menos que dialogar con los violentos…

El tratamiento mediático sobre la violencia del fútbol no deja de ser llamativo y pocos se detienen en entender que si tanto se propone seguir ciertos procedimientos de los países europeos que han conseguido aplacar la violencia, hay ciertos protocolos que deben cumplirse como base.

Un ejemplo importante de esto pasa por entender que en la Argentina, después de la dictadura y el menemismo, hay miles de familias que nunca han podido trabajar, que no tienen incorporado el valor del trabajo en sus hogares y que en algunos sectores sociales y en determinado contexto, el barrabravismo acaba siendo un factor aspiracional, por lo que las permanentes menciones de sus líderes, al contrario de lo que se pretende hasta por la mayoría de los bienintencionados, y en algunos casos excelentes investigadores, opera como bumerán.

En Europa, cuando ocurre algún hecho de violencia por TV, generalmente la cámara desvía la atención hacia el campo de juego, justamente para no difundir a los que forman parte de estos hechos para quitarles protagonismo.

En la Argentina, los líderes de las barras bravas van ocupando cada vez más lugar en los medios, más espacio en la TV, más páginas en los diarios y van consiguiendo la difusión de su liderazgo, sin importarles siquiera estar involucrados en toda clase de delitos.

Lo que vende es su liderazgo, su “ascenso” en la difusión y el discurso de que sólo siendo como ellos, se puede ascender socialmente. Claro que se puede ascender también con el fútbol, pero para eso en la mayoría de los casos se necesita de talento, de esfuerzo.

En el caso de las barras bravas, se necesita otra clase de “virtudes”.

En la gran serie “Los Soprano”, en un capítulo de la primera temporada, Cristopher, el sobrino del líder, Toni Soprano, se enoja primero cuando no aparece su nombre entre los involucrados en la mafia en un informe de la TV, y se excita luego cuando lo llaman por teléfono y le cuentan que sí figura en uno de los diarios del día, por lo que se viste e inmediatamente sale a comprarlo, coloca monedas en una expendedora y saca todos los ejemplares disponibles.

A Cristopher no le importó que lo involucraran en delitos, sino que hablaran de él.
Las barras bravas son mafias, que pretenden lo mismo porque saben, intuyen, desde la cruda realidad, que el contexto social de hoy en la Argentina y la ausencia y complicidad del Estado, y la ayuda de los pseudo cientistas , funcionales a este Estado, juegan a su favor.

Y así navega el barco de la violencia del fútbol argentino, hasta que algún día, si es que ocurre, alguien entenderá que se necesita alguna política estatal y seriedad en las ciencias sociales para abordarlo con alguna idea en serio.


Feliz año 2015 para los lectores, y sin violencia del fútbol, en lo posible.

miércoles, 31 de enero de 2018

Mimetismo (Un cuento de Marcelo Wío)




En los años 1930 hubo en Uruguay un jugador de fútbol que tenía el poder, o la condena, del mimetismo. Absoluto. Y, evidentemente, los rivales no lo ven porque se confunde con el césped (gatea a veces), el fondo de las gradas, con los jugadores propios y contrarios.

Poco se sabe de él. Entonces el deporte apenas si ocupaba unas páginas en el periódico del lunes. Y las transmisiones de radio no llegaban a todas partes, y no todos tenían un aparato de esos.

Lo que se conoce del caso está fundado en testimonios, algún que otro artículo, y un par de actas e informes de la Academia de la Ciencia y de la Federación de Balompié.
Según un cronista que aseguraba haber entrevistado a sus padres, todo aquello comenzó a sucederle de niño. Con cinco o seis años, en cuanto comenzó a ir al colegio.

Que fue cuando también comenzó a experimentar la excitación de sus nervios, la ansiedad de exponerse. Era muy tímido. Muy suyo. Decía el cronista que decían los padres de Adelfo Tamborinni, que así se llamaba el jugador. Al principio creía que lo evitaban sus compañeros de escuela, que lo ignoraban de la manera más vil. En casa, al principio, no se mimetizaba. Mas, con el tiempo, el mimetismo comenzó a ocurrir en todo momento, como si fuese un sistema autónomo que, una vez iniciado, ya no pudiera detenerse. Una reacción de esas de retroalimentación positiva. O algo por el estilo.

Nunca se supo bien si Tamborinni jugaba bien al fútbol. Su ventaja inigualable prescindía de toda habilidad. Incluso, lo eximía de seguir las reglas del juego. En lo que al árbitro se refería, cuando Tamborinni llevaba el balón, no podía afirmar si lo hacía con el pie o con la mano.

Previsiblemente, cuando Tamborinni llegó a primera división del campeonato nacional de balompié, arribó un momento en que las cosas fueron insostenibles. Y la controversia leve, inicial, creció, al punto que todos los equipos rivales denunciaron su presencia en los campos de juego como una “utilización de artilugios o fullerías”, una trampa. La Federación de Balompié no sabía muy bien qué hacer. A alguno se le ocurrió que una federación como esa no podía manifestarse sobre una cuestión que trascendía el terreno de lo estrictamente deportivo.

Así fue que intervino la Academia de la Ciencia, que decretó que se trataba de un ser existente, humano, y que sencillamente tenía un trastorno de melanina exacerbada – y que no era cualquier melanina, sino que se trataba de un amplio abanico de colores y matices (algunos novedosos, afirmaron, lo que llevó a que la Academia de las Artes reclamara su presencia para su estudio y que el jugador, subsiguientemente los mandase a la reverendísima madre de todos los lienzos). La particular melanina, según los científicos, reaccionaba, también exageradamente, ante el estímulo del entorno. 

Demás está decir que el Ministerio de Defensa también quiso estudiarlo de cerca, mientras algunos generales más belicosos ya imaginaban invasiones invisibles a los países vecinos.

Volviendo al  concilio científico, la Academia, dictaminó que se trataba de una reacción no controlada por Tamborinni.  Además, concluyeron que el la frágil composición nerviosa del joven, afectada ante cada encuentro, acrecentaba el fenómeno (“En situación de tranquilidad, hemos podido llegar a adivinar un contorno difuso”, decía una de las notas del informe).

Así pues, siendo la particularidad algo completamente involuntario, en la federación resolvieron que “su exclusión del campeonato sería una flagrante discriminación por su condición, lo que supondría una violación del código de la esta Federación”. “Por tanto, la Federación resuelve: No ha lugar a las imputaciones de los clubes tales y cuales que militan en las primera división de la liga nacional”, etcéteras de forma.

Al poco de tiempo de aquello, Tamborinni dejó el fútbol. Unos dijeron que temía que los nervios que padecía ahora por todo aquello, y el rechazo que sentía por parte de los rivales, terminaran por hacerlo desaparecer del todo. Otros dijeron que con la notoriedad por el caso, un circo yanqui lo contrató para que llevase en andas a una muchacha con capa – que así parecía volar -, y otros engaños sin malicia. 

Dicen que se enamoró rotundamente de la joven, pero que esta le dijo que para estar con alguien, a ella le gustaba poder verlo, que la comprendiera, qué tanto, que ya bastante se había hecho la tonta y había dejado sin reprimenda las manos que se escapaban rara vez accidentalmente mientras la llevaba en volandas en la arena del circo. 

Él comprendió pero, dolido en su ser mimético, se las tomó sin más. Refieren que anduvo asustando pueblos en el Amazonas, pagado por empresarios forestales y ganaderos. Y que lo mismo hizo al servicio de contrabandistas.  También se dice que formó parte de un par de bandas de atracadores de bancos en el sur de Estados Unidos.

Que lo pescaron – no se sabe cómo -, y que el servicio secreto estadounidense lo utilizó para espiar a las delegaciones diplomáticas extranjeras y a los políticos propios que opinaban con el lado equivocado del cerebro. Poco más se sabe. Más bien, poco más se dice de sus supuestas andanzas. 

Imagino que debe haber muerto la muerte más solitaria de todas. La más impersonal. Nadie debe haber encontrado su cadáver.


Por cierto. Jugaba de cinco. Aunque en ese estado de invisibilidad, es mucho decir.

domingo, 28 de enero de 2018

El Real Madrid y el límite del PSG (Yahoo)



El gol de Gabriel Pires sacudió el Santiago Bernabeu. Pocos esperaban que tras el empate de Karim Benzema, el Leganés pudiera volver a ponerse en ventaja luego de haberla tenido al principio gracias a otro tanto de Javi Eraso, e incluso con el 1-2, los blancos tuvieron muchos minutos para emparejarlo porque con apenas un empate, y aún dejando infinidad de dudas, habrían pasado a semifinales de la Copa del Rey y al menos, habrían estado en carrera para llevarse un título y no quedar casi fuera de la temporada y dependiendo ahora sólo de pasar la clasificación de Champions League nada menos que ante el PSG.

En efecto, el Real Madrid se juega la temporada, y no quedar totalmente en blanco desde el 6 de marzo y hasta fines de agosto, en dos partidos muy difíciles por el exigente rival francés y porque además, la serie de los octavos de final de la Champions League se define en París y esto se debe también al mal desempeño de los españoles en la fase de grupos, cuando quedaron detrás del Tottenham de Mauricio Pochettino.

Muchos se preguntan qué le pasa al Real Madrid para haber tenido una primera parte de la actual temporada en estas condiciones luego de haberlo ganado todo en la anterior y haber desarrollado un juego elogiado de manera casi unánime por las críticas.

Lo intentamos explicar en la columna anterior y sostuvimos que un entrenador que ha conseguido tantos títulos y que ha sabido manejar un vestuario repleto de estrellas como Zidadine Zidane, no puede repentinamente volverse inexperto o ineficaz y que algunas otras cosas más tienen que haber ocurrido en el entorno del club para llegar a una situación como la extraña eliminación de la Copa del Rey ante el modesto Leganés y en el propio estado Santiasgo Bernabeu, que hace recordar aquel 4-0 ante el Alcorcón, que le terminó costando el cargo al chileno Manuel Pellegrini, pese a la enorme capacidad goleadora de ese equipo y su buen pasar general.

Y visto lo visto el pasado sábado en Mestalla ante un fuerte Valencia pocos días después de la eliminación copera, queda claro que el Real Madrid sigue teniendo el mismo potencial de diciembre pasado, cuando ganó el Mundial de Clubes en Emiratos Árabes Unidos y que fue cuando al regresar comenzó la caída definitiva, como si ese título hubiera coronado el final de una etapa, por no decir de un ciclo.

Porque el Real Madrid del sábado, que acabó goleando al Valencia 1-4 se pareció mucho más al del año pasado que al de los últimos meses y en buena parte se debe a que acabada la presión de tener que jugar “por algo”, cuando ya queda claro que en la Liga sólo está en juego conseguir un lugar en los puestos europeos (un objetivo no demasiado complicado para una plantilla tan rica), cuando sólo hay que dedicarse a jugar, la jerarquía aparece enseguida y se nota demasiado.

Hay dos preguntas claves en esta crisis del Real Madrid y ambas están relacionadas con el tiempo. La primera es cuándo comenzó, y la segunda es cuándo acabará.

El origen de la crisis puede estar relacionada con la irregularidad, por algunas bajas por lesiones (Sergio Ramos, Daniel Carvajal, Gareth Bale, Karim Benzema), o por los conflictos extra deportivos de Cristiano Ronaldo, al punto de que quienes lo conocen de cerca insisten en que ahora sí, cuando acabe esta temporada se marchará del Real Madrid y de la Liga Española, que pudo haber influido de manera notable en sus compañeros por lo que significa el portugués (basta con observar las imágenes del partido ante el Valencia), o acaso que al regresar del Mundial de Clubes, el plantel se dio cuenta de que el Barcelona ya se había alejado demasiado en la Liga y ya no había forma de alcanzarlo en la lucha por el título.

Lo cierto es que el Real Madrid tiene un compromiso demasiado fuerte para que éste sea lo único que le queda en la temporada, y pese a todo, por supuesto que técnicamente está en condiciones de sortearlo y continuar en busca de la duodécima Champions y su tercera consecutiva.

Lo que queda por ver es lo anímico y lo futbolístico. Si por algo se ha destacado Zidane, en estos tiempos, es por haber conducido el vestuario y tiene poco menos de un mes para la puesta a punto para las dos citas ante el PSG, la del 14 de febrero en Madrid y la de la revancha del 6 de marzo en el Parque de los Príncipes en París.

Los franceses, aunque lideran cómodamente la Liga de su país, no se encuentran tampoco en el mejor momento. Lesionado Kylian Mbappé por un choque de cabezas que lo mantiene en observación, no hay certezas de que pueda llegar bien a la serie contra el Real Madrid, mientras que crecen los rumores acerca de la incomodidad del brasileño Neymar, quien no se hallaría del todo conforme con su vida actual y estaría negociando no sólo su salida, sino la posibilidad de recalar en el conjunto blanco.

Claro que la necesidad del PSG tras la increíble eliminación pasada de la Champions justamente ante el Barcelona y en el Camp Nou hizo que los mayores esfuerzos del club se destinen a ganar por fin el trofeo y proyectarse en el planeta como una potencia.

De todos modos, el PSG mantiene interés en otros frentes mientras que para el Real Madrid no hay otra posibilidad. Se juega toda la temporada en la Champions. De quedar fuera de ella, comenzarán seguramente los rumores de fichajes y de jugadores que se van. Zidane, en el caso de una eliminación, estará completamente jugado y su destino está muy claro.


Queda poco tiempo para conocer el desenlace.