sábado, 1 de junio de 2019

Una final inglesa de héroes, sobrevivientes y entrenadores top, de la que sólo uno saldrá ganador (Interia)




                                                      Desde Madrid



Dos estilos completamente diferentes, el del Liverpool, en el que todo se basa en la altísima presión y la mitad de la cancha es apenas un lugar de paso, y el del Tottenham, que tiene su fundamento en la concentración, el cerebro y el temple, se enfrentarán mañana en el moderno estadio Wamda Metropolitano en una final inglesa de la UEFA Champions League que reúne una enorme expectativa, no sólo por el resultado, sino con la esperanza de que ambos brinden un espectáculo inolvidable.

Al menos, si nos basamos en las manifestaciones de los dos entrenadores en sus respectivas conferencias de prensa, en las que fueron correctos y hasta muy elogiosos con su adversario, todo está dado para que Liverpool y Tottenham recreen aquella definición de 2013 (acaso la mejor de la década) cuando el Bayern Munich de Josep Guardiola venció al Borussia Dortmund de Jürgen Klopp, el mismo alemán que dirigirá ahora a los “reds” contra los “spurs” de Mauricio Pochettino.

Las declaraciones y el estado de ánimo de ambos es un hermoso ejemplo de lo que puede ser una final en este altísimo nivel de competición, con dos equipos tan diferentes en el juego pero que tienen muchas cosas en común en esta Champions: ambos fueron sobrevivientes de situaciones límite (tal vez el Tottenham más que su rival), y superaron los obstáculos con una fuertísima mentalidad.

En el caso del Tottenham, aunque hayan pasado ya muchos meses, estuvo a punto de quedar eliminado en la fase de grupos. En la última jornada le tocaba enfrentar a un Barcelona ya clasificado en el Camp Nou y dependía de que el Inter no ganara. Logró empatar y pasar, pero en cuartos de final, el VAR lo salvó de quedar afuera en la última jugada en un sensacional partido ante el Manchester City, y un gol sobre la hora, en el contexto de su hattrick, por parte del brasileño Lucas Moura, revirtió el resultado desfavorable en Londres ante el Ajax, en semifinales. Fue allí cuando Pochettino definió a sus jugadores como “héroes”.

El Liverpool tuvo todo el partido como local en Anfield para revertir un 3-0 en el Camp Nou en la ida de semifinales (que no fue 4-0 porque increíblemente, Ousmane Dembélé le regaló su remate al portero Alisson), y pese a tener dos de sus tres delanteros titulares lesionados, lo consiguió en un marco épico y de esta manera, llega a su segunda final consecutiva luego de caer en Kiev ante el Real Madrid aquella nefasta noche de Loris Carius, responsable de dos de los goles blancos desde la portería “red”.

Tanto Liverpool como Tottenham son dos equipos de autor. Se nota la influencia de sus entrenadores en el andar de los equipos, que llegaron a ser lo que son producto de un trabajo serio y profesional, cualquiera sea el resultado.

Los cien mil ingleses que se acercaron a Madrid y el público local (sumado a la audiencia masiva en todo el mundo) podrán observar una notable definición, que arrojará un ganador, porque se trata de una competencia deportiva y esto es inevitable, pero la justicia existe, al colocar a dos equipos top en este lugar privilegiado.

Liverpool y Tottenham se juegan el título de una maravillosa Champions (Jornadaonline)




                                                  Desde Madrid



Acaso la mejor Champions League de la historia, por lo trepidante, los resultados cambiantes, las épicas remontadas, la riquísima variedad de sistemas tácticos, la cantidad de jugadores que pudieron lucirse, tendrá esta noche española (21 horas, 16 de la Argentina), por fin, una definición cuando se enfrenten Liverpool y Tottenham Hotspur, un clásico inglés que tendrá por escenario el nuevo Wanda Metropolitano, donde Atlético Madrid juega habitualmente como local.

Si Liverpool y Tottenham llegaron hasta la máxima definición fue por exclusivo mérito propio, luego de haber conseguido remontadas épicas en un torneo maravilloso, en la que otros equipos que no han podido llegar, protagonizaron grandes partidos (el Ajax ante el Real Madrid en el Santiago Bernabeu, el Manchester United, con diez suplentes, ante el PSG en París, el Barcelona, ante el Lyon o el Liverpool en el Camp Nou, el Manchester City, casi siempre).

Liverpool y Tottenham son, al cabo, sobrevivientes en un torneo en el que estuvieron muy cerca de quedar afuera y en el caso de los “Spurs”, en más de una ocasión, como bien lo reconoció su director técnico,el argentino Mauricio Pochettino, en una distendida conferencia de prensa en la que dijo, por ejemplo, que le “encanta” cómo trabaja el entrenador rival de la final, el alemán Jürgen Klopp, quien había manifestado algo parecido sobre su colega oponente.

El Tottenham pudo haberse quedado afuera en la fase de grupos. Llegó a la última fecha necesitando no perder ante el Barcelona en el Camp Nou y que el Inter no le ganara como local en el San Siro al PSV, y ocurrió. Luego estuvo a segundos de ser eliminado por el Manchester City, que le marcó un gol decisivo en el final, pero que fue anulado por el VAR, y en semifinales, en Amsterdam, tuvo que remontar un 0-2 en el segundo tiempo (y sin su mejor jugador, Harry Kane, lesionado) y lo consiguió en el último segundo.

El Liverpool no sólo había caído ante el Barcelona 3-0 en la ida de semifinales en el Camp Nou, sino que tuvo que salir a remontar en Anfield sin dos de sus tres delanteros (Roberto Firmino y Mohammed Salah) y lo consiguió con un memorable 4-0.

Se trata de dos estilos muy diferentes. Para uno (Spurs), tener la pelota y pensar (siempre a través de su cerebro Eriksen pero bien podría ser desde Dele Alli), juntar las líneas y moverse con toda su estructura, es esencial. Para el otro (Reds), el mediocampo no existe, es apenas un lugar de paso, una transición rápida entre defensa y ataque en bloque, y por eso lo llaman “Football Storming”.

Si para el Tottenham el lema es “To dare is to do” (Animarse es hacerlo), para el Liverpool siempre ha sido “You will never walk alone” (Nunca caminarás solo), que con este equipo de Klopp, significa también que siempre habrá un compañero cerca para lo que se necesite, y no sólo un lema tribunero.

Esta final de Champions bien la pudieron jugar el Barcelona y el Manchester City, o el Ajax y la Juventus de Cristiano Ronaldo, pero en el Wanda estarán hoy el Liverpool y el Tottenham. Esto le da una enorme riqueza al torneo, para celebrar, más allá del ganador, por el gran fútbol que hemos visto y que ojalá que veamos esta noche en Madrid.

martes, 28 de mayo de 2019

Gran triunfo de la selección argentina ante un muy buen Portugal en Polonia (Jornadaonline)




                                                     Desde Bielsko.Biala, Polonia



La selección argentina dio un gran paso para clasificarse a los octavos de final del Mundial sub-20 al vencer, en un complicado partido, 2-0 a Portugal en la segunda fecha de la fase de grupos, con goles de Adolfo Gaich y Nehuén Pérez.

El equipo argentino tuvo un sólido trabajo ante un rival que lo dominó en gran parte del partido, pero que no pudo definir las jugadas que creó, mientras que los albicelestes fueron contundentes cuando se encontraron con posibilidades, y luego supieron defender bien la diferencia.

Unas once mil personas concurrieron a observar el partido en la zona montañosa de Bielsko Biala, a unas tres horas y media de Varsovia y a una hora y media de Cracovia, las dos ciudades más importantes de Polonia.

Fue bueno el comienzo del partido para la selección argentina. La saludable  idea de tratar de jugar la pelota y hacerlo por abajo hizo que se mantuviera varios minutos desde el medio hacia adelante, parado con una línea clásica de cuatro defensores,  dos volantes de contención (Moreno y Vera), y dos por los costados (Álvarez y Ursi), aunque con la posibilidad de llegar hasta el fondo y ayudar a generar ocasiones asistiendo al tanque Adolfo Gaich, de imponente físico.

El que flotaba, algo más libre y por detrás de Gaich era Ezequiel Barco, el jugador con más talento del equipo, y el que rápidamente despertó aplausos en el público, que en un número aceptable se acercó para observar este partido.

Sin embargo, pasados los primeros veinte minutos, Portugal, con muy buenos jugadores, pudo salir del asedio argentino y lentamente se estableció en el campo albiceleste, con una muy buena tarea de Jota, por la izquierda, que complicó mucho a Mura, y del centrodelantero Rafael Leao, quien generó las mejores ocasiones de gol.

El equipo argentino, aunque bien parado en el fondo pese a los ataques de los portugueses, fue perdiendo iniciativa y tampoco parece estar en condiciones de sostener por mucho tiempo una presión muy lejos del arco de Roffo, por lo que prefirió agazaparse y esperar el momento. Y éste llegó a los 34 minutos cuando, por fin, pudo acercarse al área rival, Álvarez aguantó la marca por la derecha, cedió a Gaich y éste, que casi no tuvo participación en el partido, alcanzó a definir con un remate mordido, junto al palo derecho del arquero Joao Virginia.

Al comenzar el segundo tiempo, Portugal dio un nuevo aviso con un centro rasante de Jota que no pudo conectar, otra vez, Rafael Leao, con la sensación de que apenas el descanso separaba las acciones de los dos tiempos. Todo parecía seguir igual. Sin embargo, segundos más tarde, Aníbal Moreno protagonizó una hermosa jugada al gambetear corto a tres rivales y sacar un potente remate que terminó con la pelota en el palo derecho de Joao Virginia. Argentina también daba la señal de atención. No se había retirado del ataque.

Apenas segundos más tarde, Barco aprovechó un error defensivo, se fue hacia el área y dio la sensación de que lo tomaron del brazo en lo que pareció penal, aunque el árbitro estadounidense Ismael Elfath hizo seguir la jugada.

Portugal siguió atacando, y repetidamente por la derecha, sabiendo que Jota era su principal conducto para asistir a Rafael Leao y llegar al gol, pero chocaba una y otra vez con la sólida defensa argentina, aunque el equipo albiceleste ya estaba jugado decididamente a la contra.

El dominio de Portugal se hizo neto, cada vez mayor, y cuando todos imaginaban un cambio defensivo para cuidar el resultado, el director técnico argentino decidió el ingreso de Gonzalo Maroni por Julián Alvarez para cambiar la dinámica del partido y tener más la pelota, algo inusual y saludable.

Y tal como ocurriera en el primer tiempo, a los 33 minutos, Barco aprovechó uno de los escasos errores defensivos del muy buen equipo de Portugal, habilitó a Gaich con medio campo libre, el goleador se fue, pero esta vez el arquero Joao Virginia alcanzó a taparle el remate final.

A los 40 minutos, Nehuén Pérez aprovechó un centro desde la izquierda para empujar la pelota al gol, aunque fue convalidado varios minutos más tarde porque el árbitro consultó al VAR, especialmente para ver si se trataba de un pase (en ese caso, estaba en posición adelantada) o si había rebotado en un jugador portugués, que fue lo que efectivamente ocurrió.

Argentina terminó llevándose de Bielsko Biala un triunfo de notable valor por los puntos y por la magnitud del rival.


lunes, 27 de mayo de 2019

Un final de temporada inesperado para un Barcelona que se parece cada vez más a la selección argentina y no logra explotar a Messi (Interia)



                                                         Desde Sevilla



Los aficionados del Barcelona regresaban tras un largo camino desde el calor de Sevilla preguntándose qué es lo que hay que hacer para que Lionel Messi se sienta acompañado y rodeado de un equipo sólido, ante la desesperación de ver que el genio argentino, que ya convirtió 603 goles oficiales en 687 partidos –casi un milagro- entrará a sus 32 años en la anteúltima etapa de su carrera y sin embargo, los grandes títulos hace mucho tiempo que no aparecen.

Cuesta definir esta temporada del Barcelona. Si escribiéramos esto mismo sobre el Atlético Madrid, el Valencia o el Sevilla, y resumiéramos que se ganó una Liga, se llegó a la final de la Copa del Rey y a semifinales de la Champions League, acaso sería casi perfecta. Pero tratándose del Barcelona, y sabiendo que a principios de mayo estaba la chance de ganar el Triplete (Liga, Copa y Champions), y que la Liga se ganó pronto para enfocarse en el torneo europeo, y luego vino esa tremenda remontada del Liverpool en Anfield, y ahora esto de la final perdida ante el Valencia, la idea parece otra, mucho más negativa.

La semifinal de Champions perdida por el Barcelona ante el Liverpool operó como un castillo de naipes desmoronado. La plantilla nunca se pudo recuperar en lo anímico y pocas veces, Messi fue tan sincero en la conferencia de prensa previa a la final ante el Valencia en el estadio Benito Villamarín del Betis, cuando dijo que ni llevarse la Copa del Rey, aunque significara el quinto doblete en la década, podría borrar la mancha de Anfield.

Siendo Messi el capitán del equipo, esa frase lo resumió todo. Se suele decir que cuando un equipo recibe un gol antes de los primeros cinco minutos, generalmente está emparentado con su desatención y con su estado anímico. Y si el Valencia no marcó un gol a los 3 minutos fue simplemente porque su delantero hispano brasileño Rodrigo se equivocó dos veces seguidas. Primero, no se animó a rematar de entrada y luego, cuando ya regateó a Jasper Cillessen, sacó un remate débil que Gerard Piqué pudo rechazar en la línea.

El Barcelona siguió como si nada pasara, sin reparar en otro tremendo error de Sergio Busquets en una muy mala temporada, y dominó posicionalmente como siempre desde que Ernesto Valverde es el entrenador: teniendo el balón pero sin saber mucho qué hacer con él, más aún si Luis Suárez y Ousmane Dembélé estaban fuera del equipo, Messi, completamente rodeado por rivales y Philippe Coutinho, muy lejos de su nivel.

Con tanto volante defensivo o alejado del ataque, Messi se encontró muy solo, y sin chances, y al revés, en cada contragolpe del Valencia, con uno o dos toques, se acercaba a la portería azulgrana, una constante en todo el año. Por eso, tampoco pudo extrañar que primero Kevin Gameiro pusiera en ventaja al Valencia aprovechando un error defensivo y que Rodrigo aumentara el marcador tras una gran escapada de Carlos Soler desde la derecha.

Después, Valverde quiso remediarlo con la entrada de Malcom, un jugador imprescindible cuando otros atacantes no están, pero ya era tarde. Sólo Messi, con un remate al palo y un gol, tiró de un equipo destrozado, que no lo ayuda, que lo deja casi solo para todo, y aunque sea un genio, el fútbol es un deporte colectivo.

Aún así, Valverde parece ratificado en sus funciones por los dirigentes y plantilla y si continua, probablemente el Barcelona siga preso de estos planteos conservadores, mientras se anuncia una renovación importante de jugadores. Lo que no se ve, esta vez, es un proyecto como aquel de La Masía de los tiempos de Josep Guardiola y Tito Vilanova entre 2008 y 2013, que elevó al equipo al mejor sitial del mundo.

Hoy, el Barcelona tiene a Messi desde 2004 y sin embargo, en 16 temporadas ganó cuatro Champions Leagues, las mismas que ganó el Real Madrid, su gran adversario, en el mismo período.

¿Cómo hacer para explotar mejor a Messi, cuando en junio entre ya a sus 32 años? Es una pregunta que antes se la formulaban en la selección argentina, que se respondían, en buena parte, con la explicación de que en Cataluña, los entrenamientos eran cotidianos y la mecánica, otra.

Hoy, el Barcelona se parece cada vez más a la selección argentina y no al revés, como Messi hubiera preferido: planteos más conservadores, y dependencia del genio para todo.

Habrá que ver si en el verano europeo, los dirigentes del Barcelona serán capaces de encontrar un plan alternativo, mientras el tiempo pasa, inexorablemente, para todos.


domingo, 26 de mayo de 2019

El Barcelona tampoco pudo ante el Valencia, que se quedó con la Copa del Rey (Jornada)




                                                 Desde Sevilla




Tampoco pudo ser la Copa del Rey. El Barcelona lo intentó hasta el último suspiro en el estadio Benito Villamarín del Betis, en un final de infarto en el que el Valencia perdió de manera increíble el tercer gol en los pies de Gonzalo Guedes, pero fue superado por el equipo “Che” por 2-1 culminando una extraña temporada, en la que el título de Liga Española no alcanza a tapar tantas frustraciones.

Esta derrota de un Barcelona destruido anímicamente tras su eliminación de la Champions League en Anfield ante el Liverpool puede traer duras consecuencias para buena parte de su plantel y mucho más aún para su entrenador Ernesto Valverde, quien había sido respaldado por la comisión directiva y el plantel, pero que no parece ahora tener resto para seguir.

El Valencia, en cambio, completó una magnífica temporada, en la que se quedó con la Copa del Rey, llegó a semifinales de la Europa League y consiguió clasificarse para la Champions League 2019/20 con el cuarto puesto en la Liga.

Si quedó claro que con tener mucho la pelota no alcanza, el ejemplo del primer tiempo del Benito Villamarín fue perfecto. Porque un Barcelona demasiado estructurado, con dos líneas de cuatro, a falta de Luis Suárez y de Ousmane Dembélé, dominaba posicionalmente pero eso significaba muy poco.

En menos de cinco minutos, su defensa se había equivocado en un pase atrás, Rodrigo quedó solo ante Cillessen, pero no acertó por dos veces, porque no se animó a pegarle de primera y luego de eludir al arquero, sacó un remate displicente que Piqué pudo despejar providencialmente en la línea del arco.

Ese aviso del Valencia no fue tenido en cuenta por el Barcelona, que siguió igual, con un andar cansino, poca profundidad y un Lionel Messi que parece seguir afectado por lo que pasó ante el Liverpool y fue bien marcado por los centrales “Ches” (a propósito, este Ezequiel Garay, ¿no está para la selección argentina?).

La sensación era que a la primera que el Valencia tuviera, podía facturar y eso ocurrió, nomás, a los 21 minutos, cuando otra pelota le quedó al francés Kevin Gameiro y éste ya no perdonó, Ese 1-0, que en otro tiempo sería una diferencia exigua ante un poderoso Barcelona, en este tiempo suena a otro golpe de efecto al muy bajo estado de ánimo azulgrana.

Por eso no extrañó que a los 32 minutos aumentara Rodrigo después de un gran desborde por la derecha de Carlos Soler, hasta el fondo, y un centro perfecto a la cabeza del goleador hispano brasileño.

El trámite siguió siendo el mismo, pero el Barcelona perdía una final por dos goles, y eso volvía a asemejarse a la semifinal de la Champions League en Anfield.

Recién en el segundo tiempo, y aunque varios jugadores ya calentaban desde los 30 minutos del primero, el entrenador del Barcelona, Ernesto Valverde, procedió a dos cambios cantados: sacó a Arthur y a Semedo, por superposición de volantes (un mal azulgrana que lleva varias temporadas) para colocar al olvidado Malcom y a Arturo Vidal, con lo que retrasó un poco a Sergi Roberto, y Messi pasó a tener otro colaborador, además de Philippe Coutinho, en el ataque.

Así fue que el Barcelona se lanzó un poco más tras el descanso, y Messi tuvo un remate que terminó con la pelota en el travesaño, con el arquero valencianista Jaume Doménech (una de las figuras, cuando lo probaron de media distancia) vencido, y Vidal no pudo terminarla en el rebote.

Promediando la segunda etapa, el Valencia pagó caro su desgaste y salió lesionado su capitán Parejo (ovacionado por su hinchada) y fue reemplazado por Kondogbia, aunque la situación general no cambiaba: un Barcelona necesitado de goles pero carente por completo de profundidad y de ímpetu, ante un rival parado de contragolpe, esperando el mínimo error para lanzar pelotazos a Gameiro y Rodrigo.

A los 27 minutos, un córner de Malcom desde la derecha, cabeceó Lenglet,  la pelota dio en el palo y Messi, que estaba justo allí, anotó el descuento para ponerle más pimienta a un partido que parecía que se le escapaba al Barcelona.

Valverde dispuso, entonces, redoblar la apuesta con el ingreso del joven Aleñá por Rakitic, para darle más fuerza al ataque, aunque siempre con más volantes que delanteros.

Recién allí, cuando quedaban menos de quince minutos, el Barcelona se acordó de atacar por todos lados, abriendo la cancha, buscando a un puntero como Malcom, ayudándolo con varios jugadores en posición ofensiva, con Piqué de centrodelantero, y el Valencia comenzó a sufrir y a desear que el tiempo pasara, ya sin chances de acercarse a Cillessen.

Sin embargo, ya fue demasiado tarde y el Barcelona acabó pagando más que por este partido, una temporada en la que reinaron la confusión táctica y la falta de respuestas anímicas, y de imprevisibles consecuencias.

El Valencia, por contrario, culmina un año histórico, el de su Centenario, ganando la Copa del Rey, clasificándose a la próxima Champions League desde el cuarto puesto de la Liga, y llegando a semifinales de la Europa League, algo impensado al comenzar el curso.


sábado, 25 de mayo de 2019

Un Barcelona tocado se juega el doblete ante el Valencia (Jornada)




                                                      Desde Sevilla



Será un Barcelona extraño el que enfrente mañana desde las 16 (21 de España) al Valencia en el estadio Benito Villamarín, del Betis, por la final de la Copa del Rey, que si bien podría significar el doblete nacional (por haber ganado también la Liga Española), queda muy descafeinado por la durísima derrota ante el Liverpool por la semifinal de la Champions League.

Tras cinco años sin declarar en una conferencia de prensa, un Lionel Messi calmo pero aún dolido (manifestado por él mismo en reiteradas ocasiones) reconoció que el plantel del Barcelona sigue afectado por lo ocurrido en Anfield hace escasos días, cuando con una derrota por dos goles pasaba a la gran final de la Champions en el estadio Wanda Metropolitano de Madrid., pero al caer por 4-0, no dejó ninguna opción. “Esa noche hubo un solo equipo en la cancha y fue la segunda vez que nos pasó en dos temporadas”, reconoció el astro argentino.-

Messi, acompañado por el defensor catalán Gerard Piqué, dijo con mucha sinceridad que el equipo necesita cambiar pronto las pilas para vencer mañana al Valencia porque en la Liga no le pudo ganar ninguna de las dos veces en que se enfrentaron y que si su rival llega mejor anímicamente, les puede hacer mucho daño.

En condiciones normales, el Barcelona sería amplio favorito mañana ante el Valencia, pero no tanto en esta circunstancia porque habrá que ver cómo absorbe el golpe de Anfield y muchos jugadores (y acaso un Ernesto Valverde que fue ratificado como entrenador pero sabe que una derrota casi que lo saca de su cargo) podrían estar ante su última posibilidad.

Casos como el arquero holandés Jasper Cillessen, el marcador central belga Thomas Vermaelen, acaso su compañero de zaga francés y campeón mundial, Samuel Umtiti, los volantes Iván Rakitic y Rafinha, y delanteros como Kevin Boateng y Malcom podrían cambiar de equipo en el mercado de verano, que ya se abrió y en el que el Barcelona ya contrató al volante del Ajax Frankie de Jong y tendría chances de traer a su compañero Matthijs, un joven y destacado marcador central (a tal punto, que en esa posición los holandeses contrataron ya a Lisandro Martínez, de Defensa y Justicia).

Si el Barcelona gana la final, será su quinto doblete histórico, algo que ningún otro club ha conseguido hasta ahora en el fútbol español, y también su trigésimo título en una década, lo que refiere a su amplio dominio nacional, además de ser la quinta Copa consecutiva desde la temporada 2014/15.

Pero enfrente tendrá un muy duro Valencia, que llega a Sevilla con el deseo de culminar una gran temporada llevándose la Copa tras haberse clasificado para la próxima Champions League como cuarto de la Liga, y de haber llegado a semifinales de la Europa League, donde fue eliminado por el Arsenal de su ex entrenador Unai Emery.

El Valencia, dirigido por Marcelino García Toral, cuenta con grandes jugadores, entre los que se destaca el goleador (también de la selección española) Rodrigo Moreno, pretendido por muchos equipos europeos, y el defensor argentino Ezequiel Garay, que está en duda porque arrastra una lesión. El otro marcador central argentino del equipo es el ex Boca Juniors Facundo Roncaglia.

El Barcelona es el equipo con más Copas del Rey (30), mientras que el Valencia ocupa el quinto lugar histórico, detrás del Barcelona, el Athletic de Bilbao (23), el Real Madrid (19) y el Atlético Madrid (10).


viernes, 24 de mayo de 2019

El presidente del Barcelona tuvo que ratificar a Valverde obligado por las circunstancias (Interia)




                                              Desde Barcelona



En algún lugar de su consciencia, el presidente del Barcelona, Josep María Bartomeu, debe pensar, aliviado, que ya no deberá presentarse a elecciones porque lo dejará cuando termine este mandato.

El manejo que hizo el club (y del que Bartomeu no puede ser ajeno) sobre la renovación del entrenador Ernesto Valverde desde que comenzó esta semana y con ella, las vacaciones de la plantilla, fue tal que el presidente cree que hay alguien, o algunos, que están en la propia estructura de la entidad, que lo está (o están) traicionando.

Porque la mayoría de los periodistas que viven en Barcelona y cubren la actualidad del equipo coinciden en que las versiones e informaciones acerca de la posible salida de Valverde del banquillo para la próxima temporada (cuando le queda una sola de contrato) salieron desde las entrañas del club y no desde fuera.

Desde el lunes pasado, aunque el martes hizo eclosión, fueron aumentando los trascendidos por los cuales ya Valverde no reunía el respaldo necesario para seguir como entrenador, e incluso que se le había comunicado desde las más altas estructuras que no seguiría, y que el máximo candidato a reemplazarlo era el español Roberto Martínez, actualmente a cargo de la selección belga y, para muchos, con “ADN Barcelona”.

El propio Martínez llegó a manifestar, luego de tanto desarrollo de una noticia nunca desmentida en esas horas, que antes de tomar una medida como aceptar este cargo, debía hablarlo primero con la dirigencia de la Federación belga.

También se dijo que tras la final de la Copa del Rey, perdida ante el Valencia el pasado sábado en Sevilla, parte de la plantilla ya no respaldaba al entrenador (hasta ese día, sí) y que Bartomeu había estado reunido con Lionel Messi en su casa (suena a disparatado) para que éste diera el OK por Valverde y hasta por el regreso de Neymar, de complicado presente en el PSG francés y hasta litigando con el Barcelona en los tribunales por reclamos de impagos.

Un columnista de un diario deportivo catalán llegó a decir que por estas horas, Bartomeu camina haciendo marcha atrás por la sede del club para no perder de vista a nadie por miedo a las traiciones de sus compañeros de mesa, que con estas versiones arrojadas a los medios, y nunca desmentidas, terminaron obligando al presidente no sólo a renovarle la confianza a Valverde sino a comunicarlo él mismo (la prensa local reclama un comunicado, pero no se puede comunicar lo que ya está en vigencia, porque sólo da lugar a sospechas de que la situación del entrenador es, entonces, demasiado frágil).

Lo cierto es que todo indica que si Valverde sigue en la temporada que viene no es porque se crea que es la persona idónea para manejar esta plantilla, y tampoco queda claro que ahora todos los jugadores lo quieran, sino para no mostrar debilidad hacia afuera, o una depresión que nadie imaginaba que sería tal, siquiera hace un mes.

Esto le puede traer a Valverde y al club un enorme dolor de cabeza en el inicio de la temporada que viene, que comienza, nada más y nada menos que otra vez ante el Valencia, por la Supercopa de España, y no vaya a ser que el Barcelona volviera a caer, porque entonces se desencadenaría un “efecto Lopetegui”, el entrenador que el Real Madrid arrancó a la selección española a dos días de comenzar el Mundial de Rusia, y que comenzó cayendo ante el Atlético Madrid por la Supercopa europea y al poco tiempo, estaba en la calle.

Si en el Barcelona quieren facilitarle la tarea a Valverde, al menos deberán traerle a Matthijs De Ligt, el joven líbero del Ajax, que ahora también pretende el Real Madrid, tal vez a Antoine Griezmann, ante un vestuario que hace un año lo alabó y ahora se mantiene en absoluto silencio, y posiblemente un goleador que pueda admitir ser suplente de Luis Suárez a la espera de oportunidades pero con la intención de pelearle el lugar (¿Fernando Llorente?).

Claro que para eso, el Barcelona deberá hacer caja primero, hay sea con Malcom (a quien Valverde dio pocas posibilidades), Cillessen, Vermaelen, André Gómez y Cucurella (los dos últimos, estaban cedidos al Everton y al Eibar, respectivamente) pero en especial a Philippe Coutinho, por quien pretende unos cien millones de euros pero no parece fácil que alguno lo quiera pagar, si bien tiene interesados, especialmente en Inglaterra.

Hasta en los fichajes, o en las ventas, el Barcelona se va dando cuenta de que Valverde no era el entrenador buscado. Ya es tarde para todo, incluso, para despedirlo. Ahora, será el inicio de la próxima temporada la que hable.