miércoles, 23 de octubre de 2019

River volvió a eliminar a Boca y es otra vez finalista de la Copa Libertadores (Interia)




Lo de River Plate es poco común. Vive un momento que sus hinchas recordarán por siempre, porque no es habitual llegar a una tercera final de la Copa Libertadores de América luego de haber ganado las otras dos (2015 y 2018) en un mismo ciclo de cinco años y medio, y que en los tres casos haya eliminado, en distintas instancias, a su clásico rival, Boca Juniors.

Siendo el vigente campeón, luego de ganarle a Boca aquella escandalosa final de 2018 en Madrid, River vuelve a ser finalista, esta vez a partido único y en Santiago de Chile el próximo 23 de noviembre ante el ganador de la otra semifinal que se define hoy entre los brasileños Flamengo y Gremio, tras eliminar otra vez anoche, a su clásico rival y en el estadio de éste, la mítica Bombonera, pese a caer 1-0 y gracias al más amplio 2-0 obtenido en la ida en el Monumental, como local.

En estos cinco años y medio, desde que el ex jugador del club Marcelo Gallardo, que ya ganó la Copa Libertadores en 1996 en aquella otra etapa, River, además de ser campeón en 2015 y 2018, llegó a cuartos de final en 2016, a semifinales en 2017 y  fue campeón de la Copa Sudamericana (una especie de equivalente de la UEFA Europa League) en 2014, cuando también eliminó a Boca.

Las chances de que River se clasificara anoche a la final de esta temporada eran altas, de acuerdo con lo que había ocurrido en la ida, cuando se impuso 2-0. En aquella oportunidad, un Boca de una gran solidez defensiva, que sólo había recibido dos goles en toda la temporada 2019/20, pero se encontró con un polémico penal en contra apenas a los 3 minutos de juego y a instancias del VAR, cuando nadie había reparado en esa acción, y eso descolocó demasiado al equipo que dirige Gustavo Alfaro, que tardó mucho en reponerse y no pudo realizar el partido que vino a buscar.

Si algo se le critica al experimentado entrenador de Boca, que sugestivamente dijo después de la eliminación en la conferencia de prensa que “fue muy bueno haber dirigido a Boca y ahora espero que llegue fin de año para retomar mi vida”, hablando en pasado respecto de su trabajo y de futuro sobre su vida fuera del fútbol, es que desde principios de 2019, cuando fue contratado como entrenador, sus planteos fueron demasiado defensivos para la rica historia del equipo (que ganó seis Copas Libertadores contra cuatro totales de River, siendo el segundo con más trofeos detrás de otro club argentino, Independiente, con siete), y que tampoco acertó con muchos de los fichajes, especialmente los relacionados con el juego ofensivo.

Es cierto que Boca sufrió la sangría de jugadores fundamentales como el centrodelantero Darío Benedetto (Olympique de Marsella) y el volante uruguayo Nahitán Nández (Cagliari), y nunca pudo recuperarse del todo de una importante lesión su lateral izquierdo colombiano Frank Fabra, sumado a que la dirigencia decidió cambiar a buena parte de la plantilla tras la derrota de diciembre de 2018 ante River en Madrid.

Alfaro, entonces, se encontró con un club rico, en condiciones de fichar otra buena cantidad de jugadores, pero pareció contentarse con bastante de lo que había, cuando en verdad era una segunda línea del equipo anterior, con un Carlos Tévez que fue una gran estrella de joven pero que a los casi 36 años y tras una temporada en China, ya no era ni la sombra de lo que fue, y algo parecido, aunque más joven, ocurre con el ex Lazio Mauro Zárate, mientras que el entrenador prefirió a un rústico delantero local, Franco Soldano, en vez de contratar al francés del América de México, André Pierre Gignac, y tampoco le dio demasiado lugar al ex campeón mundial 2006 Daniele De Rossi, porque optó por jugadores jóvenes de la cantera que aún no estaban en condiciones de afrontar compromisos tan importantes.

River, con Gallardo, es todo lo contrario. Acostumbrado a los éxitos, es un equipo muy seguro de lo que quiere, con jugadores acostumbrados a estos partidos decisivos, y especialmente como local, suele desplegar un fútbol muy agresivo, con jugadores muy técnicos en su mayoría, mezclados con algunos jóvenes que pudieron subir al primer equipo sin urgencias gracias a la suma de títulos que fueron llegando, como el lateral derecho Gonzalo Montiel, el defensa central Lucas Martínez Quarta o el volante Exequiel Palacios, todos pretendidos por los principales clubes europeos.

Puede decirse con claridad que esta vez, River obtuvo un altísimo porcentaje de su clasificación en el partido de ida del 8 de octubre como local, porque aquella noche, un nervioso Boca, descolocado por el penal del VAR, no encontró los caminos para el gol (el juvenil Capaldo tuvo una clara y acaso única chance al lado de la portería pero su remate salió muy alto), pero su entrenador Alfaro jamás entendió que en la Copa Libertadores, hasta la instancia semifinal, el gol fuera de casa se computa como doble, y su planteo fue mezquino porque días antes y por la Superliga, el torneo argentino, había sacado un empate 0-0 del mismo escenario casi sin salir de su propio campo. Eso lo confundió para el compromiso de Copa Libertadores, y lo pagó caro.

En el partido de anoche en la Bombonera, en cambio, pudo verse un aceptable Boca, que ganó casi todas los balones divididos, alentado por su público (en la Argentina, por temas de seguridad, no pueden asistir los hinchas visitantes), pero un equipo acostumbrado a jugar con muy pocos delanteros, tuvo que salir a remontar dos goles y le costó demasiado, aunque en una jugada a balón parado convirtió el 1-0 a través del venezolano Jan Hurtado, y estuvo cerca de empatar la serie.

River, en cambio, anoche fue mucho menos de lo que suele ser, porque se retrasó demasiado y le dio más importancia a mantener la diferencia de dos goles. Sufrió mucho el partido, pero se llevó el premio mayor, que es volver a estar en una final por séptima vez en su historia (perdió las dos primeras en 1966 y 1976, las dos justamente en Chile, igual que donde se jugará ahora) y por tercera con Gallardo.

A propósito de Marcelo Gallardo, ya hubo sondeos hacia él de dirigentes del Fútbol Club Barcelona. Sería un buen salto para el entrenador argentino luego de su brillante ciclo en River desde 2014, si es que acepta que su ciclo se haya cumplido cuando lleguen las fiestas de fin de año.


A 50 años de un intento fallido de remontada en la Bombonera: la noche de “La gloria o Devoto”, cuando Estudiantes escribió una página negra ante el Milan por la Copa Intercontinental (Infobae)





Fue exactamente un 22 de octubre, como hoy, y hace medio siglo. La Bombonera, repleta, fue testigo de lo que podía llegar a ser una remontada de Estudiantes ante el poderoso Milan por la Copa Intercontinental y terminó siendo un bochorno por el que el equipo de La Plata tuvo dos expulsados que terminaron en la cárcel, por violencia, y otro suspendido de por vida por la AFA.

Ese partido se jugó en el contexto del “Cordobazo”, el levantamiento popular contra la dictadura de Juan Carlos Onganía, que siempre había utilizado al fútbol como instrumento, como cuando recién asumido, recibió en la Casa de Gobierno a los jugadores que volvían del escándalo de Wembley tras el Mundial de Inglaterra 1966 y a días de la definición de la Copa Intercontinental de 1969 sostuvo que aquel estudiantes que dirigía Osvaldo Zubeldía era “un equipo modelo”.

Acaso esta frase, y que el equipo argentino había sido recibido con objetos lanzados desde distintos lugares del estadio San Siro, en la ida, cuando el Milan venció 3-0 el 8 de octubre y parecía que tenía buena parte de la serie en el bolsillo, con dos goles de Ángelo Sormani y otro del argentino Néstor Combín ante 60.675 espectadores, pudieron haber encendido la mecha de un Estudiantes que salió muy nervioso a la revancha en la Bombonera.

Así como en la ida en Italia el árbitro había sido el francés Roger Machin, para la vuelta, la FIFA decidió que fuera el chileno Domingo Massaro, en tiempos en los que la Copa Intercontinental se jugaba a doble partido entre el campeón de la vieja Copa de Campeones de Europa (la Champions League recién comenzó en 1992) y la Copa Libertadores de América. Y en caso de igualdad, se llegaba a un tercer cotejo decisivo (como había ocurrido en 1967 entre Racing Club y el Celtic de Glasgow).

Estudiantes era la gran revelación de esos años. Dickie Randrup, divulgador platense e hincha que estuvo en esos años en todos los partidos como local y en Sudamérica por las Copas Libertadores, y que también concurrió a la Bombonera en aquella final, tiene un libro que se llama “Yo conocí a Pincharrata”, de 2016, describe que desde la llegada como director técnico de Zubeldía “Estudiantes había revertido aquella idea de equipo chico que cada año peleaba por no descender, que salvaba el año ganando el clásico a Gimnasia o a un grande y pasó a ganar muchas cosas”.

Estudiantes había sido el primer equipo que no era de los llamados “grandes” que obtuvo un campeonato argentino al ganar el Metropolitano de 1967 y eso lo proyectó a los torneos internacionales, ganando la Copa Libertadores y la Intercontinental en 1968 (ante el Palmeiras y el Manchester United, respectivamente), y la Copa Interamericana (ante el Toluca mexicano) y la Libertadores 1969 (ante Nacional de Montevideo).

Por el lado del Milan, se trataba de un equipo duro, muy táctico y disciplinado, dirigido por Nereo Rocco, que arrastraba la frustración de haber perdido la Copa Intercontinental en 1963 ante el Santos de Pelé y que ahora iba por la revancha con jugadores de gran nivel, especialmente por “El Bambino de oro”, Gianni Rivera, que brillaría al año siguiente en el Mundial de México, y con sus certeros delanteros Sormani y el argentino Combín. Le había ganado de manera inapelable la final de la Copa de Campeones de Europa a un joven Ajax que ya manejaba Johan Cruyff por 4-1 en la final del Santiago Bernabeu.

Estudiantes, por su parte, había vencido a Nacional de Montevideo los dos partidos finales, 0-1 en Uruguay y 2-0 en Argentina. Pero todo parecía casi definido tras el 3-0 de la ida en el San Siro y además, a ese partido, el equipo de Zubeldía no había llegado del todo bien por la lesión de su delantero Eduardo “Bocha” Flores, que jugó sus últimos minutos antes de operarse de una rodilla mientras que el volante Carlos Bilardo tenía dos costillas fracturadas aunque persistía en ingresar. Algo parecido había ocurrido en la final de la Copa Libertadores, cuando el defensor Ramón Aguirre Suárez le pidió al DT un corcho para morderlo mientras jugaba por el dolor que sentía con sus meniscos rotos.

El equipo argentino había decidido volver a jugar como local en la Bombonera, tal como en la Copa Intercontinental de 1968 cuando le ganó allí 1-0 al Manchester United en la ida para luego empatar 1-1 en la vuelta en Inglaterra. “A la gloria no se llega por un camino de rosas”, escribió Zubeldía  en el pizarrón del vestuario, que se puede ver en el Museo del Fútbol de Manchester. Ahora todo parecía muy complicado y el nerviosismo de algunos jugadores fue evidente.

El delantero Pratti tuvo que salir en brazos de sus compañeros por un golpe  de Aguirre Suárez, sumado a una patada del arquero local Alberto Poletti que recorrió varios metros para agredirlo cuando estaba en el suelo, rodeado de compañeros y con el árbitro cerca de la acción.

A los 30 minutos del primer tiempo,  Rivera recogió un mal pase de Eduardo Manera, avanzó en pared con Combín, eludió a Poletti y marcó el gol italiano. Era el 4-0 de la serie y parecía todo terminado, pero el arquero de Estudiantes, inexplicablemente, se mezcló entre los festejos visitantes, visiblemente nervioso y con ánimo de agresión.
Sin embargo, antes de que el partido se fuera al descanso, llegaron dos goles seguidos de Estudiantes a los 43 minutos, cuando Marcos Conigliaro corrigió con un cabezazo un remate de Bilardo que rebotó en la defensa, e inmediatamente Aguirre Suárez empalmó otro tiro que superó al arquero Cudicini.

 Pareció que todo Estudiantes volvía a animarse. Se colocó a dos goles de distancia con un tiempo por jugarse, pero los nervios volvieron a meterse en el partido. Un codazo de Aguirre Suárez le hizo sangrar la cara de Combín y la desfiguró, y el defensor se fue expulsado y fingiendo llanto, ovacionado por sus hinchas, al grito de “y pegue, y pegue, y pegue Pincha pegue”. También había sido retirado Rivera, por otro golpe de Manera, que también se fue expulsado. En un bochornoso final, eran nueve contra nueve cuando los italianos comenzaron a festejar el título, pero otra vez apareció un enloquecido Poletti para mezclarse entre los rivales para agredir con una patada a lo kung-fu hacia Lodetti, al punto de que tuvo que entrar la Policía para separar.

Al llegar al vestuario, la delegación milanista se enteró que Combín había sido llevado a la comisaría y luego trasladado al Regimiento de Infantería 1 de Patricios y estuvo allí demorado medio día debido a que se había ido de la Argentina a Francia a los 18 años sin haber cumplido con el Servicio Militar Obligatorio, se nacionalizó a los 23, y luego fue transferido al Milan. Recién a la mañana siguiente apareció el embajador con un certificado que comprobaba que el delantero había cumplido con el Servicio Militar pero en territorio francés, con el que Argentina tenía convenio, y entonces fue liberado.

Al otro día del partido, la cara deformada de Combín fue tapa de todos los diarios europeos. “La página más negra del fútbol argentino”, tituló entonces la revista “El Gráfico”, que contaba con detalles las agresiones de Poletti, los golpes a Combín o que a Rivera le abrieron la cabeza entre Aguirre Suárez y Echecopar. “Se trató de una guerra y no de un partido de fútbol”.

El reconocido periodista español Alfredo Relaño, por muchos años director del diario deportivo “As” de Madrid y anteriormente jefe de Deportes del diario “El País” recordaba haber visto ese partido por TV desde su casa en la madrugada, por la diferencia horaria con Argentina. “Fue tremendo. Vi con espanto escenas a las que no cabían términos como dureza o agresividad, tan de uso en el fútbol. Aquello era ferocidad criminal”, escribió años más tarde.

“El Gráfico” insistió en sus páginas: “No, Estudiantes.., esto no fue hombría…no fue temperamento…no fue garra…esto fue la apología de la brutalidad y la locura…esto nos avergonzó a todos y debe avergonzar a los responsables. Si realmente queremos rescatar algo para seguir creyendo en el futuro, empecemos por repudiar este episodio lamentable”.

Pero más duro aún fue Dante Panzeri, considerado uno de los más importantes periodistas especializados en Deportes de todos los tiempos, y nada menos que en su columna del diario “El Día” de La Plata, cuando sostuvo que Estudiantes “es la representación de la violencia  para el lucro aplicada al fútbol”.

Panzeri odiaba a los entrenadores como Zubeldía o Juan Carlos Lorenzo, muy tacticistas, a los que creía que iban contra la estética de los espectáculos al punto de decir que ese equipo “es el Estudiantes de Zubeldía, no de La Plata” y llamaba al torneo como “Copa Corruptores de América también conocida por el irreverente nombre de Copa Libertadores de América”.

Hay un señor que escribe en una revista (Dante Panzeri) que dice que nosotros somos previsibles, aburridos y los promotores del asesinato del juego. A él le comento que seremos previsibles pero nadie nos gana, seremos aburridos pero llenamos la cancha y seremos asesinos pero gracias a nosotros el fútbol argentino está más vivo que nunca”, le respondió días más tarde Zubeldía a Panzeri.

“Acepto que Estudiantes tiene un estilo que no gusta. Reconozco que, cuando emplea la jugada del offside, el suyo es un juego destructivo que anula y desgasta a los adversarios. Pero no lo hace con un criterio solamente defensivo. Todo lo contrario. Frente a rivales que saben jugar o son peligrosos tirando centros, evitamos embotellarnos en la defensa. Salimos en bloque por dos motivos: para dejarlos en offside y para recuperar la pelota lejos de nuestro arco”, trató de explicar el DT “Pincharrata” y años más tarde, volvió a justificarlo: “Aquel Estudiantes no tenía misterio ni laboratorio, como se dijo mal muchas veces. A equipos iguales, gana el que más trabaja y el que está más organizado”.

Ante la revista “El Gráfico”, en las horas posteriores al bochorno de la Bombonera, Zubeldía trató de aclarar su postura: dijo después que nunca ordenó golpear, y al contrario “en el intervalo insistí en pedirles serenidad pero no puedo disculpar lo que ya juzgó todo el mundo, pero comprendo la desesperación de algunos jugadores, por todo lo que se jugaban. Ahora nos toca aceptar nuestras culpas. Sin embargo, no puedo olvidar lo que estos jugadores hicieron por Estudiantes y por mí. El año pasado alerté que la Copa era un semillero de violencia. Lo dije después del partido Estudiantes-Independiente y está grabado. Rocco y Cudicini me acusan pero el arquero no dice que lo acompañé a lo largo del túnel para que no lo tocaran”.

Fue tal la barbarie que el dictador Onganía tuvo que hablar al país deplorando los hechos y le aplicó a Poletti, Manera y Aguirre Suárez un edicto que los condenaba a 29 días de cárcel  (terminaron en la de Villa Devoto luego de recorrer otras), sin intervención de un juez, a los que el comisario de la zona consideraba responsables de la alteración del orden público, incitación a la violencia o riña. Era un edicto creado para el fútbol desde 1968 y aplicado para el Estudiantes-Racing de Copa Libertadores.

Aquella vez, ya cuatro jugadores habían estado presos por cuatro días (dos por equipo y uno había sido Aguirre Suárez). Esta vez, Aguirre Suárez fue suspendido por 30 partidos, Manera por 20, y Poletti, de por vida, luego indultados cuando acabó el gobierno de facto, y el defensor se marchó a España, al Granada, donde se lo recuerda por su dureza, junto a otro jugador de carácter de aquel tiempo, el volante uruguayo de Nacional Julio Montero Castillo.

Poletti contó después que un capellán del ejército, en la previa, los incitó a ganar a cualquier precio y que Onganía pretendía que ganaran para tapar la crisis del Cordobazo.

Bilardo no faltó un solo día en la visita a sus compañeros en la cárcel y fue el autor de la frase “en este país no hay alternativas, es la gloria o Devoto”, en referencia a que antes del partido, Estudiantes era un modelo a seguir para Onganía y después, varios jugadores terminaron presos".

“Ese día comenzó el mito de Estudiantes de “solos contra todos”, en referencia a la Argentina y al mundo –comenta Randrup- porque se dio vuelta la opinión pública y desde esa noche cargamos con el estigma que sigue hasta hoy porque antes éramos el equipo chico inteligente, que manejaba todo tipo de variantes bajo su control y esa noche confundió intensidad e inteligencia, todo salió muy mal, y escribió una página negra”.

Randrup, que como divulgador “siento la obligación de transmitir esas emociones y vivencias”, trata de aclarar algunos mitos sobre aquel Estudiantes de Zubeldía, como que los jugadores llevaban alfileres para pinchar a los rivales en un descuido “porque se toman de que Bilardo lo aceptó alguna vez pero fue con ironía” y en cuanto a que solían meterse en la vida privada de los contrarios y les hablaban en los partidos para desquiciarlos, “eso, en aquella época, lo hacían todos y se sigue haciendo. La Copa Libertadores se jugaba así y había que ser fuertes como visitantes”.

Este partido, además, tuvo consecuencias políticas porque Argentina se postulaba como sede del Mundial 1978 y algunos analistas creen que eso también pesó para que Onganía decidiera que algunos jugadores de Estudiantes fueran presos, aunque otros se basan más en la necesidad de mostrar orden y que todo estaba bajo control.

Lo cierto es que después de esta final intercontinental, muchos equipos europeos no quisieron jugar más con los sudamericanos en esta competencia, y le hicieron boicot.  Si bien en 1970 Estudiantes volvió a salir campeón de América por tercera vez consecutiva ante Peñarol y el Feyenoord holandés, campeón de Europa, aceptó jugar, entre 1971 y 1980, los campeones sudamericanos debieron conformarse con enfrentar a los subcampeones europeos, o directamente no disputar la Copa, como les ocurrió a Independiente en 1975 y a Boca en 1978. La púnica excepción fue el Ajax en 1972, que no declinó jugar ante Independiente.  Recién en 1980, con el cambio de formato a partido único en Japón, los campeones aceptaron regresar, y Nottingham Forest de Inglaterra enfrentó a Nacional de Montevideo.

Estudiantes 2 Milan 1 (Milan 3 Estudiantes 0 en la ida)
Estudiantes: Poletti; Eduardo Manera, Ramón Aguirre Suárez, Raúl Madero, Oscar Malbernat; Carlos Bilardo (Juan Echecopar), Daniel Romeo, Néstor Togneri, Marcos Conigliaro, Juan Taverna, Juan Ramón Verón.
Milan: Cudicini, Malatrasi (Maldera), Anquiletti, Fogli, Rosato; Schnelinger, Lodetti, Rivera; Sormani, Combín, Pratti (Rognoni).
Goles: 30m Rivera (M), 43m Conigliaro (E), 44m Aguirre Suárez (E).
Expulsados: Manera y Aguirre Suárez. Salieron por lesión: Combín y Rivera.
Árbitro: Domingo Massaro (Chile)










martes, 22 de octubre de 2019

Ni CR7 ni Pelé ni Messi: Josef Bican, el poco conocido máximo goleador oficial de la historia del fútbol, al que la guerra le quitó chances de que sus números fueran mayores y jugó en tres selecciones distintas (Infobae)




Ni Cristiano Ronaldo  ni Lionel Messi  ni Pelé. El máximo goleador de la historia del fútbol, reconocido por los principales organismos de historia y estadística de todo el mundo, es el austríaco Josef Bican, quien llegó a formar parte del brillante “Wunderteam” en el Mundial de 1934, jugó en tres selecciones distintas (Austria, Checoslovaquia y el Protectorado de Moravia y Bohemia) y pudo haber marcado muchos tantos más si no hubiera sido por la Segunda Guerra Mundial.

Bican, conocido también como “Pepi”, apodo que traía desde muy pequeño en Viena, tiene, según los registros, 805 goles oficiales y 1468 tomando en cuenta todos sus compromisos, según corrobora la Rec Sport Soccer Stadistics Foundation (RSSSF), la mayor organización de estadística e historia de fútbol fundada en 1994.

La RSSSF afirma que Bican marcó 805 goles en 530 partidos oficiales, aunque llega a los 1468 en 918 partidos si se contabilizaran los 663 que convirtió en los 338 amistosos en los que participó. Este dato coincide con el de otro organismo, la Federación Internacional de Historia y Estadística de Fútbol (IFFHS) como el máximo goleador de los campeonatos de Primera División en Europa, con 518 goles en 341 partidos y lo colocan como uno de los 50 mejores jugadores del siglo XX. Otros dicen que tiene 537 en 358 partidos, pero que Pelé marcó 541, aunque los torneos brasileños recién se unificaron en la década de 1960 porque antes eran torneos regionales y el conteo es complicado. En esta tabla, Cristiano Ronaldo lleva 423 goles en 551 partidos de Liga, y Messi, 421 en 456.

De acuerdo con otras mediciones estadísticas, Bican ocupa el segundo lugar en la tabla histórica con 759 goles oficiales en la suma de todos los partidos de clubes y selecciones detrás del brasileño Romario (768) pero oficialmente, para las entidades más reconocidas del planeta, Bican encabeza la tabla con 805 goles en 530 partidos oficiales (1428 en 918 partidos totales), seguido por Romario (772 en 994 oficiales y 968 en 1188 totales), Pelé (767 en 831 oficiales y 1284 en 1375 totales), Ferenc Puskas (746 en 754 oficiales y no hay contabilidad de sus amistosos) y Gerd Müller (735 en 793 oficiales y 1461 en 1216 totales).

Tras ellos se ubican ya los dos grandes goleadores de este tiempo, el portugués Cristiano Ronaldo (701 goles en 975 partidos oficiales en 18 temporadas) y Lionel Messi (673 goles en 829 partidos en 16 temporadas).

Quien ha quedado fuera de esta contabilidad es el brasileño Arthur Friedenreich, quien entre 1909 y 1935 convirtió, según algunos estudiosos, 1239 goles pero la IFFHS le reconoce 354 en 323 partidos oficiales en Primera División, aunque en 1962, el estudioso Mario de Andrade dijo tener todas las fichas de los goles y siempre sostuvo que fueron 1239 en 1329 partidos, aunque el periodista De Vaney lo corrigió y dijo que en verdad eran 1329 en 1239 partidos, según se publicó en el libro “Los gigantes del fútbol de Brasil”, de Juan Marcos y Max de Castro en 1965.

Bican, de familia de origen checo, nació en Viena el 25 de septiembre de 1913 y se crió en el distrito obrero vienés de Quellenstrasse, de inmigrantes. Muchos de ellos venían por trabajo desde Praga, Bohemia y Moravia.  El fútbol era una de las pocas posibilidades para progresar. Su padre, Frantisek  que había sido alistado para la Primera Guerra y también fue jugador de fútbol en el Allgemeine Sport-Verein Hertha, falleció joven por un problema renal derivado de los tiempos en los que tuvo que luchar, y “Pepi” tuvo que hacerse cargo de la familia y se refugió mucho en sus abuelos.

Debido a la pobreza, en muchas oportunidades no disponía de zapatillas adecuadas para jugar al fútbol por lo que solía participar descalzo, y eso, para algunos analistas, le dio una especial sensibilidad a sus pies porque no tenía dificultades con ninguna de las dos piernas y no solía desperdiciar más que una situación de gol de cada diez que se le presentaban.

De muy pequeño, solía jugar contra rivales más grandes y fornidos. En una ocasión que le pegaron más que lo habitual, su madre Ludmila, que lo seguía en muchos partidos, se enojó mucho pero se aguantó hasta el final del partido y una vez que todo acabó, le sacudió un paraguazo al “agresor” de su hijo.

Su familia era vecina de la de Matthías Sindelar, conocido como “El Bailarín de Papel” y acaso uno de los mejores jugadores del mundo de ese tiempo y que jugaba también en el Hertha, como lo había hecho su padre y donde más tarde jugaría también él mismo, aunque su carrera estuvo mucho más ligada al Slavia Praga, donde marcó 534 goles oficiales en 271 partidos y se estima que marcó unos 800 en 400 partidos pese a que parte de su carrera se vio interrumpida por la Segunda Guerra Mundial.

Después de ingresar en las categorías juveniles del Hertha, fue reclutado para jugar en el Schustek y en el club de su empresa laboral, el Farbenlutz por breve tiempo, hasta que un cazatalentos como Roman Schramseis lo ubicó en las categorías inferiores del Rapid de Viena. Allí lo tenían como poco experimentado para el equipo pero ya desde los primeros partidos marcó muchos goles y les cambió el concepto.

En el debut marcó 5 goles y rápidamente pasó a la Reserva, con 17 años, pero a los tres meses ya estaba en la Primera, compartiendo equipo con cracks como Willibald Kirbes. Matthias Kaburek y Bimbo Binder, considerados como tres de los mejores jugadores del club. Debutó oficialmente el 6 de septiembre de 1931 ante el Austria Viena en el Hohe Warte Stadion y para muchos medios, ese partido dio origen a una lucha generacional entre él y Sindelar, ya reconocido. Ganaron 5-3 y Bican marcó tres de esos goles. Esa temporada hizo 10 goles en 8 partidos y el equipo terminó tercero, pero además, hizo otros 2 goles en la Copa Austríaca. Conformaba, con Franz Weselik, Kaburek y Binder, lo que se llamaba “Tormenta interior” en los años 30. En 1932 fue subcampeón de la liga y marcó 17 goles en 18 partidos, sumando todos los compromisos.

Bican se dio el gusto de formar parte del Wunderteam, el equipo maravilloso de Austria que participó del Mundial de Italia de 1934 y en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 y era considerado uno de los mejores del mundo en ese tiempo.
En el Mundial 1934, fue testigo directo del escándalo de la semifinal contra los locales.

Si bien los dos entrenadores (Vittorio Pozzo y Hugo Meisl) eran amigos, la única forma de contrarrestar el juego estético y de posición de los austríacos fue con el argentino naturalizado italiano Luis “Doble Ancho” Monti haciendo marca personal al genio de Sindelar, pero el trato fue muy violento con la complicidad del árbitro, que había estado cenando la noche previa con el dictador Benito Mussolini. En ese Mundial marcó un gol en los cuatro partidos que disputó.

Igual que Sindelar, tras el “Anchluss” (la Anexión de Austria por el nazismo) se negó a jugar para Alemania y emigró a Praga para estar más cerca de sus abuelos, que vivían en el pueblo de Sledice en condiciones precarias, en la zona de Bohemia, y fue allí cuando fichó por el Slavia, donde marcaría una época. Entre 1939 y 1944 fue el máximo anotador de Europa por cinco veces consecutivas (hoy sería Botín de Oro de la UEFA que comenzó en la temporada 1967/68).

El historiador Román Horak, de la Universidad de Viena, encargado de leer un discurso en su homenaje en el cementerio a los 5 años de su muerte, en 2006, en Praga, recordó que Bican era bilingüe, había sido criado entre dos culturas, la austríaca y la checoslovaca, y no compartía la filosofía nazi.

En 1939, en plena Guerra Mundial, jugó un amistoso contra la Alemania nazi para el llamado Protectorado de Bohemia y Moravia (el territorio checoslovaco invadido por Hitler). Empataron 4-4 y él marcó un triplete.

Una vez que la guerra terminó, Bican comenzó a jugar en la selección checoslovaca, donde llegó a marcar 46 goles en 47 partidos. La Juventus se lo quiso llevar en ese tiempo para poder comenzar a competir con el rival de la ciudad, “Il Grande Torino”, pero el goleador se negó siempre.

Además de su exquisita técnica y su olfato goleador, Bican se caracterizaba por su velocidad. Marcaba 10,8 segundos en 100 metros, cuando en los Juegos Olímpicos de Berlin, en 1936,  Jesse Owens consiguió  el récord y ganó la medalla dorada en esa especialidad con 10,3 segundos.

Pese a su éxito con el Slavia Praga, Bican tampoco aceptó nunca el socialismo y cuando comenzó a desechar convocatorias para el equipo nacional, el régimen lo calificó como “ídolo burgués” y le quiso restar popularidad pero fue imposible, al punto que a los 40 años marcó 57 goles en la temporada 1953/54 y se retiró a la siguiente. Horak cree que si Bican no fue más conocido en el mundo, además de la guerra, fue porque la popularidad mayor comenzó con la Copa de Campeones de Europa en 1956, cuando aparecieron Puskas o Alfredo Di Stéfano.

Un libro sobre él escrito por Josef Pondelik “Bican pet Tisíc gólu” (“Bican, 5000 goles”), cuenta la historia de este fantástico goleador, que se retiró a los 42 años, acaso para poder agregar lo que se perdió de jugar por la guerra. Le llegó a decir al español Miguel Vidal que en toda su carrera hizo 5000 goles, aunque suene a exageración. “Si como dicen, Pelé hizo 1500 sumando todo, no hay comparación posible, y le contaban los entrenamientos. Y eso que la Segunda Guerra Mundial me sacó siete años de los mejores, cuando me encontraba en la plenitud. ¿Cuántos goles más tendría entonces?”, se preguntó.

Bican fue goleador en todos los equipos que jugó (Rapid, entre 1931-1935), Admira Viena (1935-1937), Slavia Praga (1937-1949), Viktovické Zelezarny (1949-1951),  Skoda Hradec Kralové (1951-1953) y Dynamo Praga (1953-1955).

Al colgar los botines volvió a ser obrero, conductor de autobuses y hasta alimentó a los animales en el zoológico de Praga. Era muy duro con los futbolistas, a los que consideraba mediocres, y con la mercantilización del fútbol. “Era muy tímido y se lo consideraba un caballero”, contó Horak.

Bican falleció a los 88 años, a causa de sus problemas cardíacos, el 12 de diciembre de 2001 en Praga, donde hay una estatua de piedra, siempre repleta de flores, que le rinde homenaje  en el Cementerio Vysehrad.

La periodista Ivana Vonderkova sostuvo entonces que  al morir Josef Bican, “abandona este mundo un futbolista de dotes extraordinarias, que consagró toda su vida al Balompié. Su actuación en el campo deportivo era comparable a un excelente actor en un escenario teatral. Dominaba a la perfección la técnica del fútbol. Sus colegas lo adoraba, sus rivales le temían y todos lo admiraban”.













lunes, 21 de octubre de 2019

Que el Barcelona-Real Madrid se juegue en Buenos Aires (Jornada)




Por estas horas se debate en España cuándo se jugará el Clásico entre Barcelona y Real Madrid, por la Liga, previsto para el sábado próximo al mediodía en el Camp Nou pero que, según estiman los dirigentes del fútbol, no podrá llevarse a cabo en este momento debido a las condiciones de seguridad en Cataluña debido a las reacciones en la calle por el fallo judicial desde Madrid que ratifica y amplía los tiempos de detención de los líderes independentistas.

A partir de este fallo, y de los desbordes dentro de una respuesta masiva y pacífica por parte de la mayoría de los catalanes que se oponen a la resolución judicial, se produjo un hecho interesante: tanto la Liga de Fútbol Profesional (LFP) que rige el torneo más largo del fútbol español, como por parte de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), lo que se debate en el ambiente es cuándo jugar el partido, pero no dónde.

De hecho, ambos clubes se pusieron de acuerdo, por una vez, en que no tiene sentido cambiar la condición de local, invirtiéndola, como alguno había sugerido (es decir, que se juegue primero en el Santiago Bernabeu y en la segunda rueda, en el Camp Nou) porque cada entidad ya tenía agendadas sus actividades y eso es totalmente atendible.

Lo que es claro es que bajo estas condiciones, con incendios en las calles y con cortes y manifestaciones violentas de una parte de la población, un partido previsto para el mediodía, sólo para llegar a más mercados en el mundo, agrega otro elemento de inseguridad y es que con la bronca que hay hacia el fallo de la Justicia desde la capital española y con lo que para los independentistas e hinchas del Barcelona representa políticamente el Real Madrid, las circunstancias obligaban al plantel blanco a pernoctar en Barcelona a la espera del compromiso del día siguiente.

Desde este punto de partida, y justo cuando en pocas horas tendremos aquí la revancha de la semifinal de la Copa Libertadores de América entre Boca y River en la Bombonera, a casi un año de aquellos hechos violentos que generaron que la Conmebol tomara como resolución que el partido de vuelta de aquella final de 2018 entre los mismos equipos se jugara en Madrid tras los piedrazos al micro de los jugadores de Boca cuando ingresaba al Monumental, cabe preguntarse por qué, si en aquella oportunidad hubo que cruzar el océano para que otros disfrutaran del principal clásico argentino, ahora no se podría cruzarlo al revés para que tengamos aquí al principal clásico español.

¿Por qué si el fútbol argentino supuestamente no está en condiciones de organizar un partido de este calibre, un partido tan importante puede jugarse en España y no sucede al revés cuando un cotejo tan importante en el mundo no está en condiciones de jugarse en Barcelona?

Además, hay que resaltar sobre lo primero, que la primera final de la Copa Libertadores de 2018, en la Bombonera, se había jugado sin ningún problema, y que la primera semifinal de 2019 en el Monumental, también, por lo que, entonces, no tenía sentido quitarle a la Argentina la organización de un hecho tan importante.

Acaso se pudo jugar en otra ciudad, en otra provincia, e incluso, hasta otra capital sudamericana. Pero…¿llevarlo a España, al frío cuando estábamos en el calor? ¿Al continente que organiza la Champions League?  Más bien, parece que se trató de aprovechar un negocio de un par de auspiciantes, que se quedaron con todo, aún cuando esos mismos sponsors trabajan también en nuestro continente y pudieron hacerlo mucho más cerca.

Y otro aspecto es que si bien aquello era por Copa Libertadores y esta postergación del Barcelona-Real Madrid es por una liga nacional, la española, no es casual que el titular de la LFP, Javier Tebas Medrano, se encuentre en un litigio con el de la RFEF, Luis Rubiales, porque el primero quiere llevar partidos de Liga al exterior, siempre para ganar mercados, y el segundo responde que no es posible porque en ese caso se defraudaría a quienes pagan un abono anual y se quedarían sin partidos importantes incluídos en el paquete de la oferta.

Si en la temporada 2018/19 no se pudo jugar en Miami el partido de Liga entre el Girona y el Barcelona, porque Rubiales dijo que la única manera de hacerlo era pagarle a todos los abonados al Girona pasaje, estadía, y una platea, algo que fue negado por el titular de la LFP, el mismo ahora tiene todo cerrado para llevar a la misma ciudad de los Estados Unidos el Villarreal-Atlético Madrid, aunque el presidente de la RFEF se sigue oponiendo, si bien propone que la Supercopa de España, ahora con cuatro participantes, se lleve a cabo en Arabia Saudita, aunque sostiene que es porque es mucho más fácil excluir del abono anual dos partidos de Supercopa que todos los de una Liga.

Si tanto unos como otros proponen partidos de clubes españoles entre sí fuera de su país, insistimos, ¿por qué no jugar el Barcelona-Real Madrid en la Argentina? ¿Por qué no dejar que alguna vez, se queden ellos con las baratijas, y nosotros con el oro? ¿Por qué ellos sí y nosotros no?



domingo, 20 de octubre de 2019

La Masía del Barcelona, modelo de formación de futbolistas, cumple cuarenta años y lucha para que no se desvirtúe su esencia (Infobae)





Pasaron cuarenta años desde que el 20 de octubre de 1979 se estrenara la vieja Masía de Can Planes, luego reemplazada en 2011 por un complejo mucho mayor y más sofisticado exactamente 32 años más tarde, dentro de la Ciudad Deportiva del Fútbol Club Barcelona, en San Joan Despí.

Para muchos, se trata del mejor modelo de formación de futbolistas en el mundo, con un éxito tan resonante que ocho de sus jugadores fueron campeones del mundo con la selección española en el Mundial de Sudáfrica 2010 (seis de ellos titulares) y en 2011 tres de ellos integraron la terna de la FIFA como candidatos al Balón de Oro al mejor jugador del año.

Martí Perarnau, un reconocido escritor de libros de temática futbolística y autor de “Senda de Campeones, de La Masía al Camp Nou”, define la filosofía de La Masía como “una escuela de muchas personas que tiene un estilo de juego basado en los antecedentes del escocés y el holandés, que es el de posición, con rasgos muy conocidos como el de intentar siempre ser ofensivo, privilegiar la técnica y también la posesión de la pelota, pero como herramienta para llegar a un fin y no por la posesión misma”.

Consultado por lo que se suele llamar “ADN Barꞔa” a lo que muchos emparentan con un sistema táctico 4-3-3, Perarnau responde que eso “es apenas un símbolo del estilo de juego pero no es un dogma. Incluso hoy mismo Josep Guardiola a veces no juega así con el Manchester City. No es inamovible”.

De la cantera del Barcelona se han ganado 5 Balones de Oro, un FIFA World Player, 6 Botines de Oro, 5 World Soccer, 4 trofeos Bravo, 2 Golden Boy, 23 premios FIFPRO al Once del año y 3 Mejor Jugador Joven. Gran prestigio.

Carles Folguera, ex arquero de hockey sobre patines, pedagogo y director de La Masía desde 2002, sostiene que los principios para los chicos que se forman allí pasan por “Jugar rápido, estar siempre bien posicionado para agarrar la pelota y saber qué hacer con ella, tener técnica, saber que la que corre es la pelota, tener valores, personalidad y resiliencia. Todo eso se trabaja”. Fue quien introdujo la figura del tutor para el futbolista desde que llega hasta que se va.

El Camp Nou, estadio del Barcelona, fue inaugurado en 1957 y remodelado y ampliado para su uso como sede social del club y el 20 de octubre de 1979 se convirtió definitivamente en residencia para jóvenes promesas del fútbol. En 1966 se habían realizado las obras de remodelación y pasó a albergar la sede social y las oficinas del club. La construcción del Camp Nou y de La Masía se decidió en una Asamblea convocada por el presidente Agustí Montal el 14 de noviembre de 1950 aunque la primera piedra se colocó el 28 de marzo de 1954 con una ceremonia en la que 60.000 personas fueron desde la cancha de Les Corts hasta La Masía de Planes.

La Masía equivale a la residencia y a la academia formativa del club y toma su nombre de La Masía del Can Planes, una antigua casa de campo construida en 1702 y que cerró sus puertas el 30 de junio de 2011, para dar lugar en la Ciudad Deportiva Joan Gamper a La Masía Centro de Formación Oriol Tort en homenaje al cazatalentos Oriol Tort Martínez. Este edificio pertenece al Ayuntamiento de Barcelona y está catalogado como Bien de Interés Cultural. Cuenta con trece equipos filiales.

El primer proyecto estuvo a cargo de Enric Llaudet en junio de 1961, cuando ganó las elecciones y prometió crear una residencia-escuela de futbolistas, para lo que nombró como director al ex jugador Ladislao Kubala, que acababa de dejar el fútbol, pero el proyecto fue corto porque a los 3 meses, Llaudet ofreció a Kubala ser el DT del equipo en lugar de Miró. Cuando en 1963 fue echado de ese cargo, ya el proyecto de la Escuela estaba enterrado por falta de presupuesto.

El gran cambio comenzó a gestarse en 1972 cuando el presidente Montal contrató a Laureano Ruiz, primero como DT del equipo juvenil y luego, como coordinador del fútbol base. Ruiz quiso que todos los equipos de las distintas categorías jugaran igual, con un fútbol de toque, que privilegiara el juego técnico al físico, y de los únicos dos títulos españoles que tenía, pasó a ganar otros cinco consecutivos con el juvenil.

Esto se fue conjugando con la asunción de José Luis Núñez el 1 de julio de 1978, cuando nombró a Jaume Amat como responsable del futbol-base junto a Pere García Vila. Fue Amat junto a Oriol Tort los que le propusieron a Nuñez la creación de una residencia para jugadores foráneos de fútbol base que hasta ese momento vivían en pensiones y pisos con muy poco control por parte de los dirigentes, y así fue que un año más tarde, también se aprobó la construcción del Miniestadi para que la cantera jugara allí sus partidos. A la inauguración de La Masía del 20/10/79 acudieron el presidente de la Federación Española, Pablo Porta, y el de la Catalana, Antoni Guasch. Entre los primeros administradores estuvo Carles Naval, hoy delegado de campo del primer equipo, que se sienta en el banco con los jugadores.

En noviembre de 1979, al renunciar Amat, fue reemplazado por Josep Mussons, quien duró hasta el 2000 e introdujo la obligación de estudiar ya sea en la escuela, academia, instituto o universidad, según el caso, estableciendo la formación integral como formación educativa.

El primero de La Masía en debutar en Primera fue Ángel Pedraza el 16/9/1980 en un partido de la Copa UEFA vs Sliema Wanderers, entrando como suplente, y a los 4 minutos ingresó otro canterano, Manolo Muñoz. De esa primera camada fue Guillermo Amor, que llegó a jugar 311 partidos en Primera y fue integrante del “Dream Team” de Johan Cruyff. Con la llegada de éste en 1988 como DT, se produjo un punto de inflexión. En sus siete temporadas llegó a convocar a 32 jugadores de La Masía. El día del primer título de Copa de Campeones de Europa del club en Wembley en 1992, había dos jugadores de la cantera: Albert Ferrer y Guardiola.

La Masía se internacionalizó a fines de 1990, siendo los primeros extranjeros en llegar los nigerianos Samuel Okunowo y Haruna Babangida. Los dos debutaron en el primer equipo y ya con Louis Van Gaal, éste propuso ampliar el edificio y las instalaciones, hasta que en 1997, Núñez compró 60.750 metros cuadrados de una explotación agrícola en L´Hospitalet de Llobregat, a 600 metros del Miniestadi. Esos terrenos incluían el Can Rigalt, una masía del siglo XVII que era del triple de tamaño que la anterior de Planes, y también quería construir tres campos deportivos anexos pero el proyecto se paralizó definitivamente al no aceptar la Generalitat la recalificación de los terrenos, considerados zona verde. Tampoco se podía ampliar Can Planes, por ser un edificio catalogado.

Cuando en 2008 Guardiola consiguió el ascenso a Segunda con el Barcelona B, La Masía comenzó a gozar de un éxito resonante especialmente por el equipo de 1987 con Messi, Cesc y Piqué. Van Gaal, que ya dirigía la Primera, fue ridiculizado cuando decía que en poco tiempo, el Barcelona ganaría todo sólo con jóvenes.

“En cuanto a la filosofía de la Masía, se puede decir que Laureano Ruiz es el abuelo, Johan Cruyff, el padre, y Pep Guardiola, el hijo”, sostiene Perarnau, quien al ser consultado si Messi es producto de  la cantera o si su talento ya venía con él desde Rosario, responde que se trata “de un caso excepcional porque si bien traía su talento, hubo que ordenar todo eso que él creaba. Al llegar y en los primeros años, hacía maravillas pero no era tan colectivo y en La Masía aprendió a ser un jugador de equipo y hasta en Primera lo fue aprendiendo, porque aquel Messi del gol maradoniano al Getafe, ahora dio paso a otro que ya no gambetea tanto, y juega con mentalidad colectiva”.

Pero también para que Messi llegara a ser la estrella de hoy se necesitó de gente apasionada como Joan Lacueva, que gastó de su bolsillo 2000 euros para pagar el tratamiento de crecimiento y soportó el desprecio de muchos directivos que pensaban que era una pérdida de tiempo (uno de ellos se enfureció por el acuerdo al que habían llegado aún con la anuencia de la Comisión Directiva y el aval del vicepresidente Francesc Closa, y no sólo se negó a firmarlo sino que lo rompió).

Hubo también otro momento en el que en el Barcelona pensaron que se habían equivocado con fichas caras a jóvenes extranjeros como el nigeriano Haruna Babangida, que debutó en Primera a los 15 años y cuatro años después fue cedido al Terrassa de Segunda, y al extremo Nano, que cobraba como si fuera del Barcelona B. Fue entonces que Messi casi se va al Real Madrid (tenía una oferta de Jorge Valdano) pero terminaron arreglando un monto fijo disfrazado de salario para su padre.

Messi debutó ante el Amposta en el Cadete B, con Benaiges como DT (hizo uno de los tres goles) y se lesionó en el segundo partido ante el Ebre Escola Deportiva. Messi formó parte del inolvidable equipo de 1987 (sistema 3-4-3) con Dani Planchería; Marc Valiente, Gerard Piqué, Oriol Palencia; Cesc Fábregas, Robert Giribert, Julio de Dios, Messi; Juanjo Clausi, Franck Songoó y Víctor Vázquez.

Fue con la llegada de  Joan Laporta como presidente en 2003 que Sandro Rosell, entonces vice, fue el encargado de cambiar al personal de la cantera. Y Joaquin Colomer reemplazó a Joaquim Riffé en la dirección del futbol base
Un día, Pere Gratacós, que dirigía al Barcelona B (ahora es el director del Área de Formación y Conocimiento “Masía 360◦”), que jugaba en Segunda B, aprovechó el sistema de entrenamiento por el que usaba medio campo y la otra mitad compartida entre el Juvenil A y el Barcelona C, y se quedó viendo a Messi, del Juvenil A, junto con su ayudante Arseni Comas y decidieron ir a convencer a Colomer para que el argentino fuera con ellos, saltándose tres categorías y lo convencieron.

Messi fue el primer Balón de Oro como canterano en 2009 y Xavi e Iniesta estuvieron entre los cinco mejores y al año siguiente, España fue campeona del mundo con 8 canteranos del Barsa (Piqué, Puyol, Iniesta, Xavi, Busquets, Pedro, Reina y Cesc). Pero el momento de mayor esplendor fue en 2011 cuando el argentino fue reelecto como mejor futbolista del mundo, pero en la terna estuvieron otros dos jugadores surgidos del Barcelona,. Xavi e Iniesta. En 2012, Messi volvió a ganar el Balón de Oro, Xavi fue tercero, e Iniesta, cuarto. Y en 2013, Messi ganó el cuarto título consecutivo, e Iniesta fue tercero.

En aquellos tiempos, en la vieja Masía de Planes, había que estudiar en la escuela León XIII. Un autobús venía al edificio a buscar a los chicos y los llevaba luego al entrenamiento. Algunos, los que vivían en Barcelona y alrededores volvían a sus casas a merendar y los otros lo hacían en la residencia, y luego un nuevo entrenamiento. 
Había quienes cenaban en el taxi de regreso a sus hogares y otros que se quedaban en el gimnasio del Miniestadi. Luego venía el alboroto en el segundo piso, la de los dormitorios donde los adolescentes se reunían para estudiar…o hacer que estudiaban y cuando se apagaba la luz de las habitaciones había un corto tiempo para la fiesta. Todo esto ahora se repite pero ya en San Joan Despí, en la Ciudad Deportiva, donde se conocen con las chicas que practican otros deportes. Tampoco ya son enviados al último piso, donde se encontraban las ventanas que daban a la calle y la cúpula, a donde iban los que tenían malos comportamientos para aislarlos del resto.

“Los niños cuando llegan al Barsa creen que llegan para una carrera de 100 metros, cuando en verdad, más que eso es una carrera de fondo”, describe Folguera, y todo parece indicar que es así, y que llegar a primera para vestirse de azulgrana no es un camino de rosas y no todo pasa por tener entrenadores de primerísimo nivel, muchos de ellos tentados por equipos poderosos de todo el mundo, como Albert Capellas (ahora en el sub-21de  Dinamarca), Rodolfo Borrell (ex Liverpool y ahora con Guardiola en el Manchester City), Joaquim Riffé, Alex García, el argentino Ángel Hoyos, Albert Benaiges (Vissel Kobe de Japón),  o el actual entrenador de la selección qatarí, Félix Sánchez Bas.

El periodista Sique Rodriguez escribió un libro sobre los padres de los futbolistas culés “Educados para ganar”, donde aborda la problemática de los familiares que rodean a los que hacen tanto sacrificio para llegar algún día a la cima.

“Siempre nos inflamos a hablar y escribir libros sobre Leo, Piqué, Fábregas pero alrededor de estas fantásticas historias hay muchos traumas, muchos proyectos de futbolistas que con 12 años se van de casa y regresan con 17 con fracaso escolar, desarraigo familiar y un vacío de 5 años en los que incluso posiblemente hayan perdido a sus amigos”, cuenta Borrell, uno de los ex entrenadores de La Masía.

Y así como en su autobiografía, Andrés Iniesta cuenta lo que sufrió en aquellos primeros días cuando era un niño y sus padres no llegaban a visitarlo porque se les quedó el coche en la ruta, Pedro Rodríguez,  ahora en el Chelsea, y que llegó a La Masía con 16 años desde Islas Canarias, es muy crudo en su recuerdo: “Te desesperas, lloras. Es duro porque no tienes a nadie cerca para contarle tus problemas. Sí que tienes gente, mucha gente que trabaja en el club, compañeros del equipo que te pueden ayudar pero en ese momento a lo mejor necesitas a alguien más cercano de tu familia, a tus padres y cuando los tenés por TE, cuesta decirles todo de ese modo, es todo más frío y encima no pegas con los chicos de tu edad porque ya no estás con las cosas que les interesan a ellos. Todo para nosotros pasa muy rápido, los jugadores ya tienen novia desde muy jóvenes, tienes hijos rápido, maduramos antes y lo vivimos todo con una intensidad y velocidad inusual”. Algo muy parecido cuenta Pep Guardiola cuando recién comenzaba, en el maravilloso libro “La otra forma de ganar”, de Guillem Balagué.

En verano de 2011, comenzó a funcionar en San Joan Despí el nuevo Centro Oriol Tort en la Ciudad deportiva Joan Gamper. Como la anterior Masía, fue inaugurada un 20 de octubre pero de 2011, y ahora ocupa un moderno edificio cinco veces mayor al anterior, y abarca 6000 metros cuadrados con un presupuesto de 8 millones de euros, tiene cinco plantas y puede albergar de 80 a 120 personas (antes 60), 80 para residentes y las otras 40 para las concentraciones de planteles profesionales.

El sistema cuenta con 15 exploradores de cracks en Cataluña, 15 en España y 10 por el mundo entero y con 15 convenios con otros clubes y tiene 8 escuelas oficiales en Fukuoka, Dubai, Egipto, Kuwait, Lima, Varsovia, Nueva Delhi y Santo Domingo. 

Cuenta con más de 40 entrenadores, 300 jugadores y 56 empleados (entre ellos, médicos, psicólogos, nutricionistas, cocineros y fisiólogos) y desde 2015, dos áreas: Fútbol Formativo Profesional (Barcelona B, Juvenil A y Juvenil B) y Fútbol Formativo Amateur (Resto de las categorías de Cadete a Prebenjamín, son 13 en total).
Desde la llegada de Guardiola en 2007, se modificó el trabajo endocrinológico de los jóvenes para que se alimenten mejor (el propio Messi recibió esta influencia y modificó sus hábitos) y desde los 15 años, se estableció un nuevo control con un programa físico para obtener el máximo rendimiento en cada uno.

En noviembre de 2012 comenzó a ser realidad aquella frase de Van Gaal. Ante el UD Levante, el Barcelona formó con los once canteranos: Valdés; Montoya, Piqué, Puyol, Alba; Xavi, Busquets, Cesc, Iniesta, Pedro, Messi.

Si ese fue el punto más alto, junto al Balón de Oro 2011, en 2013 ocurrió lo contrario cuando tras una denuncia anónima, la FIFA inició una investigación por el fichaje del coreano Seung-Woo Lee del cadete B, que llevó a que se le cancelara la ficha y en 2014, la FIFA multó al Barcelona con 450.000 francos suizos y la prohibición para fichar jugadores por dos ventanas de mercados al vulnerar el reglamento de contratación de 20 menores extranjeros desde 2009. “Eso fue una gran frustración y nos provocó un agujero porque no podíamos fichar y sufrimos una baja”, acepta Folguera.

Pep Segura, manager general del club hasta julio pasado, intenta una explicación: “Muchos clubes europeos buscan lo que el Barcelona ha sabido encontrar, un estilo propio que emana de su juego y que se manifiesta del primer equipo al más pequeño del club. Se privilegia el aspecto técnico, el jugador que sabe jugar, que sabe leer el fútbol, pero no se puede competir contra los clubes ingleses, que vienen a tentar a los  jugadores de la cantera. El Barcelona tiene que apostar a que los chicos se sientan cómodos en esta estructura, con esta filosofía, pero ha perdido a muchos”.

De hecho, el Barcelona ha sufrido la salida de varios cuando todavía estaban en edad de evolucionar como futbolistas, y luego los tuvo que fichar cuando ya tenían un nombre, como sucedió con Cesc y el Arsenal, Piqué y el Manchester United, o Jordi Alba y el Valencia, por citar tres casos emblemáticos.

De todos modos, Perarnau introduce otro problema, y es que “la Comisión Directiva es contraria a las ideas de Cruyff, dejó de apoyar ese juego y lo fue reemplazando por otros DT como Martino, Luis Enrique o Valverde con otras prioridades y no con jugadores de la casa y por discrepancias de criterio en el estilo se fue alejando del tronco”.

Durante la temporada 2013/14, el argentino Gerardo Martino sufrió con el Barcelona por cuestionamientos al estilo, cuando quiso agregar algunos contragolpes o modificó el sistema táctico. “Aquí es 4-3-3. Esto es el Barcelona”, le decían en las conferencias de prensa. En una de ellas, le llegaron a cuestionar que su equipo perdió en el porcentaje de posesión de pelota 51-49 ante el Rayo Vallecano, aunque terminó ganándole 4-0. “Hacía cinco años y 315 partidos que eso no le ocurría al Barcelona”, se quejó una buena parte de la prensa.

También estas situaciones siguen siendo motivo de tensiones en el presente y de hecho, a principios de mes fue expulsado el ex arquero Valdés después de una breve gestión como DT del Juvenil A por desacuerdos tácticos y burocráticos con el responsable del fútbol formativo de la cantera, su ex compañero holandés Patrick Kluivert.

Más allá de todo eso, el Barcelona ganó la Youth Champions League de 2018 y es subcampeón de la Champions League en el fútbol femenino.

La Masía, además de todos los mencionados, pudo dar futbolistas de la talla de Albert Ferrer, Oscar García, Pep Guardiola, Toni Jiménez, Sergi Barjuan, Jordi Cruyff, Albert Celades, Iván de la Peña, Javi Moreno, Gabri, Luis Garcia, Albert Luque, Mikel Arteta, Pepe Reina (Milan), Thiago Motta, Diego Capel (Genoa), Bojan (Montreal Impact), Giovani Dos Santos (América de México), Thiago Alcántara (Bayern Munich), Marc Bartra (Betis), Martín Montoya (Brighton), Oriol Romeu (Southampton), Mauro Icardi (PSG), Rafinha Alcántara (Celta), Gerard Deulofeu (Watford), Sergi Roberto (Barcelona), Antonio Sanabria (Genoa), o Adama Traoré (Wolverhampton).

Por el momento, La Masía aparece como el modelo más exitoso, el que quiere copiar media Europa o al que apuestan los poderosos emergentes asiáticos, aunque nadie pudo alcanzar el éxito resonante del que el propio Barcelona ahora, de a poco, e inexplicablemente, parece dudar.