sábado, 15 de mayo de 2021

Superclásico, ética y Covid (Jornada)


 

En las vísperas de un Superclásico que va a definir el pase a semifinales de la Copa de la Liga, una vez más apareció el Covid para afectar a medio plantel de River -que además quedará sin ninguno de sus tres arqueros- y deja planteado el dilema ético sobre si el show debe seguir de cualquier modo, aún cuando uno de los dos equipos deberá salir a jugar en condiciones precarias, desvirtuando completamente la competencia.

La pandemia, que ya está entre nosotros desde el 20 de marzo de 2020, se encargó de desnudar a los dirigentes del fútbol argentino, y aún más, a los de la Conmebol y dejó en claro, como nunca, el rol circense que cumple en este tiempo maldito, que además arrasó con la economía de vastos sectores de la población.

Es entonces que la dirigencia del fútbol, apañada por los funcionarios estatales, cómplices de estas decisiones, aceleró para que los partidos se jugaran a como diera lugar, sin importar ni la falta de público en los estadios, ni las lesiones, ni la salud de los deportistas ni los perjuicios para los clubes. Lo que importó fue la continuidad del negocio y no quedar mal con el principal sostenedor, la televisión.

A partir de allí, aparecieron todo tipo de aberraciones locales e internacionales, aunque principalmente éstas últimas, con hechos que bien podrían formar parte del realismo mágico: planteles a punto de salir de un aeropuerto de un país para jugar en pocas horas en otro (a puertas cerradas y con “burbuja sanitaria” mediante) y que la comuna de la ciudad sede no apruebe la realización, y que con el equipo visitante esperando entrar en la manga para el vuelo, no sepa si tiene que subir al avión o no, hasta que al final la TV y la Conmebol “convencieron” a todos de jugarlo igual, o equipos colombianos jugando como locales en Paraguay, o brasileños jugando en una ciudad que no es la propia, o la Conmebol dando plazos para que los equipos que debían ser locales decidieran dónde hacerlo si en su ciudad no se podía llevar a cabo. En otras palabras, hay que jugar, pase lo que pase y caiga quien caiga.

En este sentido, hay que decir también –nobleza obliga- que al menos en 2020, la AFA no quiso jugar, de haber podido, durante gran parte del año, aunque no se puede afirmar a ciencia cierta que el verdadero motivo haya sido el de la solidaridad o el interés por la salud de sus futbolistas, sino porque la situación política de la inacción favorecía los intereses de continuidad en el cargo presidencial de Claudio “Chiqui” Tapia, votado con premura para seguir atornillado al Sillón de Viamonte por cuatro años más, hasta 2025, cuando aún quedaba un año del mandato anterior.

Sea como fuere, la AFA se vio obligada a hacer regresar el fútbol en un efecto dominó cuando la Conmebol, en plena pandemia sudamericana y con gran cantidad de equipos con casos positivos de Covid, determinó jugar igual, pasase lo que pasase, por lo que todos los clubes que intervenían en los torneos continentales ya se pondrían en marcha y ya no tenía sentido, entonces, tener parados a los torneos locales mientras sí se jugaban los internacionales.

Lo llamativo del caso es que todos los gobiernos de países sudamericanos, de todos los colores políticos, y sin excepción, hayan aceptado la sugerencia de la Conmebol de que los partidos se jugaran sin público, con aumento permanente de fallecidos e infectados, ya luego otra vez con la segunda ola de Covid, concediendo permisos fuera del horario aplicado al resto de los habitantes, otorgando al fútbol un lugar exagerado.

De otra manera, puede decirse que con la pandemia, el fútbol quedó ratificado como un poder supranacional, como un Estado propio, más fuerte e influyente que los propios Estados nacionales, y que hasta se permite jugar con ellos e imponerle sus reglas, algo que ya habíamos notado en los últimos Mundiales, en os que los presidentes de la FIFA reciben tratos superiores a los de los jefes de Estado y hasta la entidad madre del fútbol con sede en Zurich impone condiciones inaceptables a los países sedes del torneo que se juega cada cuatro años, como “zonas FIFA”, exenciones de impuestos o hasta leyes especiales para la ocasión.

Entonces, si la TV impuso su negocio al punto de que el fútbol se siguió jugando pese a todo, permitió que los cubes siguieran participando sin abrir la boca aunque sus jugadores se contagiaran el virus (y en muchas oportunidades, por segunda vez), ¿cómo eso no iba a replicarse en la Argentina? Resulta que ahora llegó a tocar las fibras más profundas y se metió de lleno en un Superclásico,  y para colmo, definitorio.

Y plantea cuestiones éticas muy importantes, dispara preguntas que nos formulamos desde estas páginas. ¿No debería la AFA suspender un partido a todas luces aberrante entre dos equipos que no llegan de la misma manera en cuanto a sus posibilidades físicas o sanitarias? ¿Es posible suspender un partido por lo menos por 14 días, que atrasaría la definición del campeonato, las vacaciones y hasta minoritariamente a la selección nacional que debe disputar la Copa América –que a su vez también debería suspenderse? ¿No sería ético de parte de Boca, buscar la manera de proponer la suspensión del partido para no sacar ventajas extra deportivas? ¿Ya es tarde para este tipo de preguntas cuando River se benefició ante Colón por la ausencia del “Pulga” Rodríguez –acaso la máxima figura del torneo- por la misma razón y hasta en partidos de Copa Libertadores como ante un plantel diezmado de Atlético Paranaense por los octavos de final de la edición 2020?

Acaso todas estas preguntas no tendrían razón de ser si se hubiera comprendido la magnitud del problema, si se hubiera consultado con el sindicato de los futbolistas o se hubiese tenido una mirada más cercana a la humanidad de los protagonistas y menos a los intereses dirigenciales ligados al negocio.

Ahora parece tarde. La Conmebol insiste con la Copa América a sabiendas de que ambos países que deben ser locales en apenas un mes, Argentina y Colombia, no están en buenas condiciones de organizarla, y todo para jugar un torneo sin público, rodeados de miles de muertos por el virus, y en uno de los casos, en medio de una efervescencia contra el gobierno de Iván Duque  muy parecida a los levantamientos pasados de Ecuador y Chile por el hartazgo de reiteradas medidas anti populares.

Y ahora tenemos un Superclásico en el que pase lo que pase, recordaremos por años como aquel que fue arrasado por el Covid, en el año en el que el fútbol terminó de perder el sentido común, mientras tantos que debieron pararlo miraron para el otro lado.

 

 


viernes, 14 de mayo de 2021

Héctor Cúper, de aquel joven de Chabás que se endureció en Buenos Aires tras la muerte de sus pares al trotamundos que dirigirá a la selección de Congo y que minimiza haber perdido siete finales en su carrera (Infobae)


 

Apenas unas pocas semanas atrás, Héctor Cúper recibió un correo electrónico de parte del poderoso jeque árabe Turki Alalshikh, ex ministro de Deportes, dueño del Almería español y quien tuvo a cargo el Pyramids de Egipto en el que dirigieron Ramón Díaz y Ricardo La Volpe, para ofrecerle hacerse cargo del Al Hilal de Sudán, equipo que gana reiteradamente su liga y que se aprestaba a disputar la Copa de Campeones de África, pero el entrenador argentino se negó muy educadamente, agradeciendo el interés. “En este momento de mi carrera sólo dirijo selecciones nacionales”, respondió, y no le faltó razón. En un corto lapso, apareció la posibilidad de entrenar al equipo nacional de la República de Congo.

Desde hace años, la vida de Cúper pegó un salto para convertirse en un verdadero trotamundos luego de las primeras experiencias en la Argentina a cargo de Huracán y Lanús, para cruzar el Océano Atlántico y dirigir al Mallorca, al Valencia y al Inter en el máximo nivel, y a partir de allí tuvo la posibilidad de experimentar con su trabajo en Grecia, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Egipto o Uzbekistán.

¿Exitoso o fracasado? Depende con el cristal con el que se lo mire. El argentino parece una garantía de trabajo serio pero le tocó tropezar en su extensa carrera de entrenador en siete finales, lo que para muchos críticos es, tal vez, su talón de Aquiles, más allá de que en la mayoría de las definiciones sus rivales hayan tenido mejores planteles o mucho mayor presupuesto.

“No me molesta que se diga que soy un entrenador que pierde finales –dijo alguna vez-. Cada final es una historia distinta. Perdí bien algunas como la de Champíons contra el Real Madrid en París, en la que nos faltó experiencia con el Valencia, o la de la Recopa de Europa con el Mallorca contra una Lazio monstruosa. En la del Bayern Munich tuvimos mala suerte en los penales. Parece que hay alguien que quiere que tenga que superar escollos. Perdiendo finales me obligan a estar nuevamente en una para intentar  ganarla”.

Héctor Raúl Cúper nació en la ciudad santafesina de Chabás el 16 de noviembre de 1955 y está marcado por una infancia muy dura que lo convirtió en un roble. De apellido original Cooper, por un bisabuelo que llegó a la Argentina y se casó con una aborigen, suele aclarar que ”de inglés, yo no tengo nada” y en cambio, hay mucha presencia italiana en su familia con apellidos como Pistelli o Santarelli.

Su madre, Elsa, falleció a los veinte años, cuando él sólo tenía nueve meses, y su padre, Héctor Gerónimo, camionero, murió en un accidente cuando él sólo contaba con catorce años, por lo que fue criado por su abuela Rosa –su hermana Nancy, 14 meses mayor que él, quedó a cargo de sus otros abuelos, Alejandro y María- y suele describir ese tiempo como “llena de pobreza y carencias”, pero que al mismo tiempo, modelaron su personalidad.

De algunas frases descriptivas de su infancia hasta se podría comprender el modo de jugar de sus equipos. “Como no teníamos agua caliente, me lavaba con agua fría y eso lo seguí conservando hasta el presente. Aprendí que con el orden ahorrás tiempo, encontrás antes las cosas, vivís mejor. El orden mejora la calidad de vida”.

De sus tristezas, saca a flote lo positivo. “Tuve suerte con mi abuela, llena de sabiduría intuitiva –reflexionó en una oportunidad- Me repetía que la educación es fundamental, Me hizo disciplinado. Me inculcó la importancia de cumplir los horarios, asumir las responsabilidades, mantener la honradez por encima de todo según la idea de pobre, pero honrado”.

En esos primeros años, la pelota fue su gran compañía. “Claro, la pelota es barata y siempre he sabido valorar lo que tengo. Eso también me lo enseñó mi abuela y aquel juguete era algo extraordinario para mí”, recordó. A los quince años, abandonó la escuela, algo que se reprochó por muchos años al punto tal de que ya en Buenos Aires, cuando tenía treinta, regresó para completar los estudios. “Me sentía un poco ridículo estudiando geografía e historia con adolescentes, pero necesitaba recuperar esa parte de mi vida. Tenía una buena relación con algunos periodistas y como quería ser entrenador cuando dejara el fútbol, ellos me aconsejaron retomar los estudios, porque la otra alternativa era ser periodista e igual hubiera querido hacer el curso y en cualquier caso iba a necesitar el certificado”.

Ya desde adolescente se mezclaba en partidos de fútbol con adultos en Chabás, una ciudad agrícola, situada en el camino entre Rosario y Venado Tuerto a través de la ruta 33 y que ya había exportado al fútbol profesional a jugadores como el extremo Walter Fernández o al arquero Gustavo Moriconi.

El  reconocido periodista Horacio Deluca recuerda que Cúper “era un buen jugador, un excelente defensor que debutó a los 14 años en el competitivo fútbol local aunque tuvo la inteligencia de desarrollar al máximo su potencial. Jugaba en el mismo puesto y en el mismo club que su padre. En aquel tiempo, lo apodaban “Cunina” (diosa cunera que tenía bajo su protección a los niños en la cuna), como antes a su abuelo y a su padre, aunque también le decían ‘cabezón’”.

“Siempre he creído que hay que buscar la perfección –sostuvo en una entrevista-. Yo quería saber absolutamente todo. No tenía grandes virtudes. Acaso era un buen cabeceador y tiempista. No era rápido. Tenía que jugar con concentración e intuición porque no tenía velocidad”. Por ese entonces alternaba sus días entre Huracán de Chabás y su trabajo en una caja de crédito, todo un privilegio para un joven que andaba entre os 15 y los 16 años.

Sin embargo, un amigo de su padre lo vio jugar, se interesó por sus cualidades técnicas y le ofreció llevarlo a Buenos Aires a distintas pruebas en 1974, con 19 años. “Pedí permiso en el trabajo pero aunque me probaba en distintos clubes, no quedaba. Empezaron a pasar 15 días, luego otros 15 y fue allí que me dieron un plazo para regresar y fue allí que pensé que para trabajar en un banco siempre habría tiempo pero para el fútbol, no”. Decidió renunciar y quedarse en Buenos Aires pero no fue fácil.

Su amigo y ex compañero de Ferro Carril Oeste Oscar Garré, campeón mundial en México 1986, recuerda con cariño aquellos tiempos. “No me olvido más de cuando Héctor llegó de Chabás. Como todo chico del interior argentino era sumiso, cohibido, pero con unas ganas de triunfar que lo llevaron a pedir otra oportunidad para su primera prueba porque no había sido aceptado. Al otro entrenamiento ya estaba más suelto y fue así como quedó en el club. Cuando viajaba a su ciudad yo le encargaba chorizos porque eran muy buenos y él me recalcaba siempre que Chabás era una ciudad”.

Trabajaba de lavacopas en un restaurante y vivía en una pensión. Su carrera estuvo a punto de naufragar cuando lo despidieron del trabajo. “La cosa se complicó porque tenía una comida menos –recordó-. No podía más. Hice las maletas y me fui al club y dije que me iba”, pero le terminaron ofreciendo pensión, cama y comida. “Por fin en ese momento me sentí futbolista profesional”, admitió,

En 1975 tuvo alguna aparición esporádica y ya en 1976 jugó 22 partidos, pero no sentía que estaba consolidado en Primera y menos, cuando se produjo el descenso a la B en 1977 en el Metropolitano, y se fue a préstamo a Independiente Rivadavia de Mendoza en el Nacional. El gran desafío llegó en 1978 porque había que ascender sí o sí por la estructura que tenía el club. Aún vivía en la “Pensión de la Gallega”, “una señora que nos cuidaba a todos para que no llegáramos tarde, no tomáramos alcohol. Era bastante militar con nosotros pero con nosotros dos tenía un acercamiento muy bueno porque nos portábamos bien”, cuenta Víctor Marchesini, quien más adelante se convirtió en su compañero de zaga central y vivía en la habitación de al lado y provenía de Gualeguaychú, Entre Ríos.

Cúper  era reconocido por su carácter reservado, aunque él aclara que no es frío. “Sé que escondo mis emociones. Trato de mantenerme imperturbable. Puede parecer extraño, pero eso me ayuda a ser feliz. Me resultaría complicado si cualquier problema me derrotara”, dijo por aquellos tiempos en los que el cine le servía para descargarse. “Muchas veces me identifico con los protagonistas de las películas”, entre las que sus favoritas eran los westerns y su actor predilecto, no casualmente, Gary Cooper, aunque también John Wayne.

Frente a la pensión vivía Cynthia, que pertenecía a una familia de médicos “y que me ayudó mucho en su estabilidad, con un gran sentido de familia porque yo me había criado muy solo. Sabe que soy poco hablador pero entiende mis silencios”, describió Cúper, Tienen tres hijos. “Se saludaban de balcón a balcón como Romeo y Julieta”, recuerda Marchesini

En ese equipo de Ferro que intentaba volver pronto a Primera A, que tuvo como principal rival a Almirante Brown y que consiguió el objetivo, atajaba el ex arquero de Boca Rubén “Gitano” Sánchez, a su lado como marcador central, el ex Racing y uno de los máximos defensores goleadores del fútbol argentino, Juan Domingo Rocchia y como volante, Héctor “Chancha” Arregui, con la dirección técnica de Carmelo Faraone, que antes de irse, dejó una lista de prescindibles en la que estaban tanto Cúper como Garré.

Todo cambió con la llegada de Carlos Griguol como entrenador y Ferro se convirtió en “El Tifón Verde de Caballito” y terminó subcampeón del Metropolitano apenas detrás del Boca de Diego Maradona y Miguel Brindisi, y de River de Mario Kempes en el Nacional.

La revista “El Gráfico” publicó un primer artículo como llamado de atención: “Ferro es sensación. Segundo en la tabla, invicto como visitante. Estos seis desconocidos tienen mucho que ver”, con el título “Mucho gusto, empiece a conocernos” y en la foto aparecían Claudio Crocco, Adolfino Cañete, Garré, Cúper, Alberto Márcico y Roberto Gómez. Entonces Griguol definió a un Cúper morocho, con pelo algo enrulado: “Es de los que no lucen para la tribuna pero que rinden para el equipo. Va muy bien de arriba y da seguridad en el quite”.

Marchesini se había puesto de novio con una de las hijas del DT. “Hacían reuniones familiares y todos iban con las señoras, las novias y todos me miraban. Sabían que yo no iba con nadie porque no se había blanqueado mi relación y todos me cargaban, pero Héctor fue uno de los que más me protegieron. Protegió nuestra relación. Nos bancó. Nosotros nos veíamos lo de Héctor, salíamos a cenar juntos”.

“Un día, en una de esas reuniones con mate, Héctor me preguntó si quería poner dinero para construir unos departamentos y le dijé ‘tomá’, pero no analicé nada y pasaron años y seguí trabajando con ellos en una empresa constructora, Me basé en su palabra”, recordó Marchesini.

En una oportunidad, Griguol recordó que Cúper “era el más profesional que tenía en ese momento, porque era de hablar muy poco. Los que jugaban en el fondo no escuchaban nunca nada de él porque era de perfil bajo y con el tiempo, tampoco hablaba en Italia o España y le ha ido bien en todos lados. Es su forma de ser, pero se hacía entender”.

Marchesini destaca la influencia de Griguol en la carrera de Cúper como DT. “Es igual a Timoteo, que no perdía en los enfrentamientos mano a mano. No podés perder dos veces seguidas mano a mano con el mismo rival y por eso llegó lejos en los torneos de este tipo. Nos pasaba a nosotros con Griguol. Si perdió dos finales seguidas de Champions es porque fueron finales a partido único. En el primer partido podés ver los defectos y las virtudes del adversario. Todos tienen que quedarse tranquilos, que todo lo que hacen los jugadores de Cúper, o antes con Griguol, ya está trabajado en la semana. Entonces, perder se puede perder porque es fútbol, pero habrás reducido el margen de error al mínimo posible”.

“Obviamente tomé muchas cosas de Griguol –llegó a admitir Cúper-. como la de usar saco y corbata incluso para viajar. Le da presencia y jerarquía al jugador. Creo que eso dignifica la profesión y hasta impone un respeto que a veces, el futbolista no tiene. Otro tema que me preocupa y que Griguol lo manejaba como un maestro era el del futuro del jugador. El siempre aconsejaba sobre inversiones. Y ahora yo también se lo digo a los muchachos, que compren 4 ó 5 departamentos para que cuando se retiren, puedan vivir de esa renta y no de los ahorros que tengan en el banco y aunque en lo táctico también asimile muchas cosas de Griguol, no lo copio para nada. Tomé el orden táctico y los movimientos defensivos. Pero después uno mismo debe tener creación. Agregarle cosas que definan una identidad...y en eso estamos".

Cuando llegaron las elecciones presidenciales argentinas de 1983, que significaban el regreso a la democracia, el recordado programa radial “Sport 80” organizó una votación de todos los jugadores del fútbol argentino de primera división. Fue de manera secreta y tal como luego en el país, se impuso Raúl Alfonsín. Lo curioso es que hubo un solo voto a Álvaro Alsogaray, y fue el de Cúper, admitido por él mismo.

Para 1985, cuando acabó su contrato en Ferro, ya era un referente, luego de dos títulos, dos subtítulos y dos participaciones en Copa Libertadores, en un equipo que siempre era protagonista. Era el primero en el ranking de todos los defensores del fútbol argentino, según la revista “El Gráfico” y hasta había tenido alguna oportunidad en la selección argentina que disputó en la India la Copa Jawarthal, con varios de los jugadores que fueron la base de Carlos Bilardo, si bien reconocía que su puesto “estaba bien cubierto” con Oscar Ruggeri, Daniel Passarella, José Luis Brown y Enzo Trossero. Lo cierto es que como algo poco usual, al terminar su contrato, decidió venderle uno nuevo otra vez a Ferro, hasta finales de 1988 y allí decidió irse a terminar su carrera a Huracán. Griguol lo había querido llevar a River pero él ya le había dado su palabra a los dirigentes del Globo, aún cuando luego aparecieron ofertas superiores de México y Colombia.

Cuando se pensaba que jugaría un año y se retiraría, terminó quedándose hasta 1992, identificado con el club pese a los permanentes problemas económicos, Con 37 años, comprendió que se había acabado su tiempo de futbolista y decidió ser entrenador. Su primera atarea fue estudiar a los rivales de deportivo Español cuando Carlos Aimar decidió independizarse de Griguol hasta que lo llamaron para hacerse cargo de Huracán en la temporada 1993/94, que contaba con jugadores como Marcos Gutiérrez, Pedro Barrios, Claudio Marini, Hugo Morales, Víctor Hugo Delgado o el uruguayo Walter Peletti. Su debut no pudo ser peor: una derrota de 5-0 ante Platense, uno de los rivales directos en la pelea por no descender. “No lo podía creer. Fue un momento tremendo pero pensé que era una linda posibilidad para ponerme a prueba porque si salía de esta, iba a tener un buen antídoto para siempre y luego pensé en el vestuario y con esa vacuna de entrada, no debía temerle a demasiadas cosas”.

Todavía se fumaba unos 15 cigarrillos “Malboro” por partido y ese equipo llegó con chances de salir campeón a la última fecha del Clausura 1994, pero justo le tocó Independiente, en Avellaneda, dirigido por Miguel Brindisi, con un gran plantel y terminó ganándole 4-0 en lo que fue una final inesperada porque se enfrentaron los dos equipos con chances de dar la vuelta olímpica.

Tras otra temporada soportando los problemas económicos, decidió irse al terminar la temporada 1994/95 para asumir en Lanús y terminar en el tercer lugar en el Apertura 1995 y en el Clausura 1996 en tiempos del bicampeonato del Vélez de Carlos Bianchi, y también consiguió la clasificación para la Copa Conmebol en la que llegó a la final ante Independiente Santa Fe. Se impuso primero 2-0 como local y en la revancha de Colombia perdía 1-0 a los 5 minutos, pero el arquero Carlos Roa tuvo una noche excepcional y lograron mantener la ventaja y llevarse el título. Al regreso, el recibimiento fue espectacular y pocos recuerdan haberlo visto como aquella vez, cantando, bailando. Ya se hablaba de “La Cuperativa” pero él minimizaba los números: “Las rachas no importan mucho, sólo importa el trabajo”. En el Apertura 1996 terminó a dos puntos de River, el campeón.

Con estos resultados en Lanús, fue tentado para su primera experiencia europea por el Mallorca, que acababa de conseguir el ascenso, para la temporada 1997/98 en una apuesta del presidente del club, Bartolomé Beltrán, que le trajo jugadores como Gabriel Amato, Juan Carlos Valerón, Palinha y una larga lista de ex valencianistas como Ezkurza, Romero, Galvez, Moya, Engonga e Iván Campo, mientras que Cúper aconsejó contratar a su ex dirigido Mena, desde Lanús. Terminaron quintos en la Liga, la mejor colocación de la historia del club, y consiguieron la clasificación para la Recopa europea pese a caer por penales en una infartante definición de la Copa del Rey ante el Barcelona de Louis Van Gaal, también campeón de Liga, y con dos jugadores menos durante todo el alargue. Sin embargo, al comenzar la siguiente temporada, la 1998/99, se quedó con la Supercopa de España al derrotar al Barcelona en ambos partidos, mientras que en la Recopa europea llegó a la final ante una poderosa Lazio en Birmingham luego de eliminar al Chelsea, pero fue derrotado por los italianos gracias a una gran volea del checo Pavel Nedved a nueve minutos del final aunque la gran figura resultó Matías Almeyda.

Tal como ocurrió en Huracán o Lanús, al terminar la segunda temporada con el Mallorca decidió irse. Ya se hablaba en toda España del “Modelo Cúper” al punto de que el Betis fue a buscar a Griguol y el Mallorca a su ex ayudante Roberto Gómez –que no pudo asumir por un problema administrativo-. Fue contratado entonces por el Valencia, que acababa de ganar la Copa del Rey pero que atravesaba grandes problemas políticos internos y la casualidad hizo que comenzara la temporada ganándole otra vez la Supercopa de España al Barcelona, y si en la Champions League tuvo que jugar la fase previa, esta vez pudo eliminar a la Lazio en cuartos de final, al Barcelona en la semifinal y accedió a la gran final de París ante un Real Madrid repleto de estrellas, que no le tuvo piedad y le ganó la final 3-0 aunque el primer gol lo marcó Fernando Morientes a dos minutos de terminar la primera parte.

En la Liga, el Valencia había trepado al primer lugar apenas comenzada la temporada 2000/01. "Siete años, o si prefiere 2527 días, han hecho falta para que el Valencia volviera a situarse en la cabeza de la máxima categoría de nuestro fútbol...muchos son los factores que inciden en este excepcional momento, y uno de ellos, tal vez el más importante, tiene nombre y apellido, Héctor Cúper...si la figura de Cúper fuese situada en el contexto deportivo americano se hablaría a buen seguro de él como de un "técnico-franquicia", como de uno de esos personajes prácticamente infalibles a la hora de ejercer con plenas garantías de éxito de su profesión. No es extraño por lo tanto que de cara a un futuro inmediato se asocien a su nombre los banquillos de algunos de los clubes más importantes del mundo, como por ejemplo el Fútbol Club Barcelona. Con la coherencia como bandera, Cúper es un auténtico maestro en el arte de situar a sus equipos con orden, sensatez y equilibrio sobre el terreno de juego y también en el sacar el máximo rendimiento a los jugadores que pasan por sus manos. Por si esto fuera poco, Cúper domina a la perfección el arte de recomponer plantillas, el suplir las bajas -por importantes que éstas sean- que se producen en sus equipos por la contratación de otros jugadores que no sólo consiguen equilibrar el      nivel colectivo sino incluso superarlo y además, con un importante beneficio económico para su entidad. La presente temporada es el enésimo ejemplo de ello. Bajo la imagen de un tipo serio y en ocasiones hasta adusto, se esconde un hombre honesto y tremendamente sensible con todas aquellas causas que lo merecen. Hace sólo unas fechas fue elegido por la UEFA como el mejor entrenador de la pasada edición de la Champions League, o lo que es lo mismo: el mejor entrenador europeo del año...nos quedamos con el discreto encanto que emana de su persona.  Personajes como él son los que de verdad ayudan a hacer más grande nuestro fútbol", editorializó la revista “Don Balón” en octubre de 2000.

Sin embargo, la relación con el público se complicó con la derrota ante el modesto Guadix por la Copa del Rey y hasta comenzaron a aparecer algunas pancartas en su contra en Mestalla y ya se hablaba de un adiós al terminar esa temporada. Todo parecía que podía cambiar con el avance del equipo en la Champions, ahora reforzado con jugadores de la categoría de Roberto Ayala, Didier Deschamps o Pablo Aimar y nuevamente llegó a la final, ahora ante el Bayern Munich. Empataron 1-1 y llegaron a los penales, hasta que Oliver Kahn le contuvo el suyo a Mauricio Pellegrino. Otra vez Cúper quedaba a las puertas de un título. “Es un club muy bueno pero si la gente no está contenta con uno, a mí tampoco me gusta estar así”, señaló entonces.

Entonces apareció el Inter, que competía con el Barcelona para contratarlo. Los italianos llevaban más de una década sin un título de liga. El recibimiento en el campo de entrenamiento de La Pinetina fue impresionante.  Massimo Moratti, el presidente del Inter, buscaba un segundo Helenio Herrera, aquel entrenador argentino con el que los italianos ganaron dos Copas de Europa entre 1964 y 1965 y nuevamente el equipo contaba con un plantel poderoso con jugadores como Toldo, Fontana, Blanc, Materazzi, Córdoba, Simic, Vivas, Georgatos, Zanetti, Emre, Dalmat, Di Biaggio, Farinós, Seedorf, Sergio Conceiçao, Okam, Guly, Recoba, Ronaldo, Sukur, Vieri, Kalllon y Ventola. Casi una selección mundial, aunque con el problema de una suspensión de un año para el uruguayo Recoba por el affaire de los pasaportes falsos.

El Inter parecía cumplir un sueño cuando llegó a la última fecha de la liga 2001/02 en el primer lugar y definía como local ante Lazio, un club considerado amigo. La Juventus, a un punto, y la Roma, a dos, necesitaban de una caída improbable de los nerazzurros y sin embargo, ocurrió lo impensado, especialmente cuando se enteraron que al terminar el primer tiempo, el Inter vencía 2-1. Pero al comenzar el segundo tiempo, un grave y poco frecuente error defensivo permitió el empate de la Lazio 2-2 a través de Poborsky y los de la capital romana acabaron dando la sorpresa y se impusieron 4-2.  Como Juventus y Roma ganaron sus partidos, el Inter terminó tercero y hasta perdió su lugar directo en la Champions siguiente y tuvo que contentarse con ir al repechaje.

Este periodista había estado escribiendo durante todo un año la biografía de Cúper –de  la que se extrajeron muchas de las declaraciones de este artículo-  junto al colega argentino residente en Barcelona, Rubén Costa, con contrato firmado con la editorial italiana “Limina” y ambos tuvieron que resignarse cuando el director de la empresa les explicó que con ese resultado de liga “no le vendemos el libro a nadie”.

Sin embargo, todavía esperaba algo peor. La foto mundial era la del brasileño Ronaldo Nazario, llorando en el banco de suplentes, reemplazado por Cúper ante Lazio cuando en los últimos partidos había vuelto, por fin, luego de tres años de lesiones y cuando se acercaba el Mundial de Japón y Corea.

Tras el gran Mundial y el título, Ronaldo se acordó nuevamente de Cúper. “Yo sé que con él puse en peligro mi carrera o poco menos. Tuve lesiones musculares cuatro o cinco veces, cosas serias, no problemitas, mientras que en el Mundial se vio que trabajando bien puedo no tener problemas", manifestaba en una amplia entrevista exclusiva publicada por “La Gazzetta dello Sport”. Sin embargo decía que se sintió desilusionado porque cuando le planteó que despidiera a Cúper o que se iría del equipo, “Moratti prefirió a "un entrenador que nunca ha vencido en ninguna parte".  

Aunque siempre mantuvo un perfil bajo, aquella vez Cúper no se quedó callado y para diciembre de 2002, cuando Ronaldo acaparaba premios y ya era jugador del Real Madrid, afirmó que él también merecía recibir parte del mérito por los éxitos del brasileño.  "Se trata seguramente de un pequeño porcentaje de mérito, pero de todos modos, yo también he contribuido activamente a que volviera a sus niveles y a restituirlo al calcio", dijo al “Coriere dello Sport”, aunque matizó al manifestar que "para mí fue una experiencia hermosa porque pude confrontarme con un jugador de absoluto nivel",

Para la temporada 2002/03, el Inter redobló esfuerzos y reemplazó a Ronaldo por Hernán Crespo junto con Almeyda y a Favio Cannavaro y en el mercado invernal se sumó Gabriel Batistuta pero el Inter acabó segundo en la liga, y Cúper fue destituido apenas comenzada la temporada 2003/04.

Regresó al Mallorca para la temporada 2004/05 y pudo evitar el descenso en la última fecha pero otra vez el equipo quedó último en la temporada siguiente y fue cesado en el cargo en 2006 y a partir de allí comenzó a transitar por una racha negativa. En 2007/08 llegó a dirigir al Betis por apenas 14 partidos pero otra vez lo dejaron cesante con el equipo en el penúltimo lugar. En 2008 lo contrató el Parma pero se fue una fecha anes del descenso consumado y ese mismo año dirigió a la selección de Georgia sin ganar un solo partido, hasta que en diciembre de 2009 asumió en el Aris Salónica y lo llevó a la fase de grupos de la Europa League por primera vez en su historia, y llegó a la final de la Copa de Grecia, donde fue derrotado por el Panathinaikos hasta que los resultados ya no fueron tan buenos y se fue en 2011. Regresó a España al Racing de Santander pero duró seis meses y a fines de año asumió en el Orduspor turco, al que logró mantener en Primera y se quedó hasta 2013 y ese mismo año firmó para el Al Wasl de Emiratos Árabes Unidos, otra vez en una corta experiencia por los malos resultados.

Por fin, en marzo de 2015 se hizo cargo de la selección de Egipto, con la que llegó a la final de la Copa África 2017 y allí fue derrotada por Camerún y si bien consiguió clasificar al equipo para el Mundial de Rusia, luego perdió los tres partidos de la primera fase y fue cesado en el cargo. Fue entonces que lo convocó Uzbekistán para dirigir su selección nacional con la que llegó a los octavos de final de la Copa Asia 2019, cuando fue derrotada por Australia desde los penales y fue despedido tras caer 2-0 ante Palestina por la segunda ronda asiática clasificatoria al Mundial de Qatar 2022.

Ahora lo esperan en la República del Congo, en otro capítulo de su extensa y particular carrera.

 

 

 

 

 


martes, 11 de mayo de 2021

Rivaldo, el crack sin carisma que superó la desnutrición y la pobreza, y fue la gran estrella de Brasil en la Copa América 1999 (Infobae)


 

Rivaldo ya había tenido una gran temporada en el Barcelona de Van Gaal, en la que compartía cartel con jugadores de la talla de Luis Figo, Josep Guardiola o Luis Enrique, cuando en la Copa América de Paraguay terminó de demostrar su gran jerarquía, consagrándose campeón y siendo elegido mejor jugador del torneo y eso lo catapultó definitivamente al premio FIFA World Player como mejor del mundo en 1999.

La temporada 1998/99 había sido sensacional y el Barcelona había ganado la Liga española por segundo año consecutivo, y Rivaldo venía demostrando todo su potencial y tampoco fue casualidad que al terminar esa temporada, en Europa le dieran el Balón de Oro como mejor jugador del continente y las expectativas por su rendimiento en la Copa América eran máximas y Brasil llegaba como gran candidato, con grandes estrellas como Roberto Caros, Cafú, Ronaldo Nazario o Ronaldinho.

Pero Rivaldo terminó siendo la gran figura del equipo dirigido por Vanderlei Luxeumburgo, que apuntaba al Mundial 2002 luego de la traumática derrota en la final de Francia 1998 ante los locales. La Copa América de Paraguay era el momento propicio para dar vuelta la página y al mismo tiempo, conseguir por primera vez en la historia un segundo título sudamericano consecutivo.

Brasil integró el Grupo B y debutó con una esperanzadora goleada de 7-0 ante Venezuela (con un gol suyo), otra victoria ante México 2-1 y la tercera, ante Chile por 1-0. Con los nueve puntos cosechados, esperaba la selección argentina de Marcelo Bielsa en los cuartos de final y aunque los albicelestes se pusieron en ventaja enseguida por un gol de Juan Pablo Sorín (la pelota se desvió en Joao Carlos y descolocó a Dida), a los pocos minutos empató Rivaldo con un gran tiro libre, lejos del alcance de Germán Burgos, y en el segundo tiempo desniveló Ronaldo, aunque sobre el final Roberto Ayala tuvo la chance del empate con un penal que fue contenido por el arquero.

En semifinales volvía a esperar México y otra vez, Rivaldo fue protagonista, como en cada uno de los partidos de su equipo. Brasil se impuso 2-0. Con un gol de Amoroso, que recogió una pelota que rebotó en el travesaño tras un cabezazo del crack del Barcelona y otro gol suyo, con jugada enteramente personal, amplió la diferencia.

La final ante Uruguay significaba la posibilidad de tomarse una revancha de la derrota por penales de cuatro años atrás en Montevideo, aunque en este caso, Brasil aparecía como amplio favorito ante la enorme diferencia de calidad y por tener enfrente un equipo inexperto, con muchos jóvenes que recién iniciaban su camino dirigidos por Víctor Púa.

A los 20 minutos, ya Brasil comenzó a desequilibrar cuando Rivaldo remató de cabeza un muy buen tiro libre de Flavio Conceiꞔao, seis minutos más tarde, otra vez Rivaldo recibió dentro del área y resolvió magistralmente con un toque fino por encima del arquero Fabián Carini, y ya en el segundo tiempo, Ronaldo estableció el 3-0 final para el título.

No fue de extrañar entonces que Rivaldo recibiera el premio como mejor jugador del campeonato, y fuera considerado la máxima estrella en un conjunto repleto de cracks que tres años más tarde, aunque ya dirigido por Luisz Felipe Scolari, ganaría el Mundial de Japón y Corea del Sur.

Rivaldo se había impuesto pese a que no había tenido sencillo su paso por la selección brasileña. Sin carisma, proveniente de una zona portuaria muy pobre de Recife, había sido muy resistido por buena parte de los hinchas y la prensa, aunque ya había demostrado hacía rato que podía desempeñarse como delantero o media punta, con una gran potencia en sus remates de zurda, hábil con la gambeta y goleador y especialista en jugadas de pelota parada. De hecho, marcó cinco en la Copa América, igual que Ronaldo.

Había debutado en la selección brasileña el 16 de diciembre de 1993 ante México en Guadalajara y el primero de sus grandes compromisos fue cuando formó parte, como uno de los tres mayores de 23 años,  del equipo olímpico de Atlanta en 1996 junto con cracks como Dida, Ronaldo, Bebeto o Roberto Carlos, pero allí tuvo uno de sus momentos más duros. En semifinales, Brasil vencía a Nigeria por 3-1 a falta de diez minutos cuando él ingresó desde el banco de suplentes, las “Águilas Verdes” consiguieron igualar 3-3 y terminaron imponiéndose con Gol de Oro.

Brasil acabó llevándose la medalla de bronce pero Rivaldo fue uno de los señalados por la prensa y los hinchas y estuvo más de un año sin ser convocado y así es que se perdió la Copa América de 1997 y recién reapareció en la Copa Confederaciones de Arabia Saudita, que también ganó su equipo.

Si bien nunca se confirmó oficialmente, por aquellos tiempos circulaba la versión de que desde el cuerpo técnico de Mario Lobo Zagallo se decía fuera de los micrófonos que Rivaldo traía mala suerte, aunque por sus rendimientos, terminaron citándolo para el Mundial de Francia 1998, en el que marcó tres goles. “Atlanta fue el golpe más duro de mi carrera, junto con mi ausencia del Mundial de Estados Unidos 1994”, dijo en una entrevista, años más tarde.

“Es curioso –señaló en la misma oportunidad- en todo el mundo se habla mejor de mí que en Brasil”, aunque siempre fue defendido por el público del norte del país, fiel a su juego, como sintiéndolo su representante.

Ya para el Mundial 2002, Rivaldo llegó con toda la confianza de una gran estrella internacional, componiendo un gran trío de ataque con Ronaldo y Ronaldinho, llamado como “Las tres R”. Marcó un gol de penal en el debut ante Turquía pero en ese partido participó de una jugada polémica que recorrió el planeta, cuando recibió un pelotazo de Hakan Unsal, se arrojó al suelo se tomó su rostro con las dos manos de manera exagerada y provocó la expulsión de su rival por doble amarilla. Al comprobarse que fingió, la FIFA lo multó con 11.670 francos suizos.

En ese Mundial, Rivaldo marcó goles en los primeros cinco partidos de Brasil (ante Turquía, China, Costa Rica, Bélgica e Inglaterra) y terminó ganando la Copa del Mundo e incluido en el equipo ideal del torneo. Su último partido con su selección fue ante Uruguay en 2003 pero el entrenador Carlos Alberto Parreira no lo volvió a convocar. En total de su carrera, marcó 37 goles en 79 partidos con el equipo nacional en todas las competencias.

Víctor Borba Ferreira Gomes, Rivaldo, nació en Recife el 19 de abril de 1972, en el seno de una familia muy pobre y se crió en la zona de Paulista, en las favelas del puerto. Padeció malnutrición y por esta misma razón tuvo que lamentar la pérdida de varios dientes.  “En Paulista es difícil soñar –confesó en una entrevista a la revista “El Gráfico”-. Hay que vivirlo para saber lo que es trabajar todo el día para tener muy poco, pasar hambre, sufrir”. Para colmo, su padre, Romildo, empleado de la prefectura de Recife, murió en 1989 en un accidente de tránsito cuando él tenía 17 años, y en ese momento pensó en dejar de jugar, pero su madre, Marlucia, ama de casa, se sentó, lo miró a los ojos, y le dijo “nada hubiera querido más tu padre que seas un jugador profesional, ve por eso”.

Así fue que ese mismo año comenzó su carrera ascendente. Admirador de Zico, especialmente en su forma de ejecutar los tiros libres, ingresó en el Paulistano, pero siempre aparecía el mismo problema. Era dejado de lado por su físico endeble hasta que en 1991 firmó para el Santa Cruz, de la Segunda División, y un año más tarde por el Mogi Mirim, lo que hizo que se mudara a San Pablo. Marcó 13 goles en 31 partidos en el torneo y hasta en una oportunidad llamó la atención de los canales de TV de todo el país que emitían permanentemente las imágenes de un joven que había logrado marcar un gol desde antes de mitad de cancha que Pelé no había conseguido en el Mundial de México 1970.

A partir de allí, todo fue en permanente ascenso. Muchos clubes se anotaron para contratarlo pero el que llegó primero fue el Corinthians, al que lo trajo a préstamo en 1993 e hizo 11 goles en 21 partidos, pero al terminar el año, el club prefirió pagar las opciones de Leto y Valber, y entonces apareció el Palmeiras con el dinero de apoyo de la Parmalat italiana desde 1994 y allí tuvo dos temporadas espectaculares pese a que el panorama no parecía nada fácil porque venía de ganar el torneo paulista y el Brasileirao y contaba con estrellas como Edmundo, Roberto Carlos o César Sampaio. Sin embargo, Rivaldo pudo adaptarse y volvieron a salir campeones de los dos torneos y nuevamente el paulista en 1996 ya con Djalminha, Muller, Amaral y Luizao. Cada partido era un festival.

Esto ya lo puso en otro plano, el internacional y en el verano europeo de 1996 lo contrató el Deportivo La Coruña, que pagó por su pase 6 millones de euros, la mayor contratación de la historia del club gallego, y en el que heredó el número once de Bebeto, ídolo de la hinchada. Marcó 21 goles en 41 partidos en la temporada 1996/97, igualando a Raúl González del Real Madrid en la cuarta posición de la tabla de goleadores de la Liga Española y para 1997/98 pasó al Barcelona en 24 millones de euros.

No lo tuvo fácil para encajar en el equipo que dirigía el holandés Louis Van Gaal, con otra idea de fútbol, pero alcanzó a ganar la Supercopa europea y después el doblete con la Liga y la Copa del Rey y en 2001, una chilena suya sobre el final, en el Camp Nou, ante el Valencia, le dio la clasificación a la siguiente Champions League al club catalán.

Fue en el Barcelona, cuando ya se transformó en un jugador global –aunque siempre dijo que en el club en el que se sintió más cómodo y fue ídolo fue en el Deportivo La Coruña-, donde tomó consciencia de su rol y decidió apoyar distintas causas para ayudar a los más necesitados, como cuando encabezó una campaña para recolectar anteojos usados en todo el territorio español para enviarlos a las zonas más pobres de Brasil.

Tras haber ganado el Mundial 2002, y ya muy desgastada su relación con Van Gaal, pasó al Milan, donde ganó la Champions League 2003 y la Supercopa europea, pero con la llegada de su compatriota Kaká, el entrenador Carlo Ancelotti le fue dejando cada vez menos espacio y tomó entonces la decisión de regresar a Brasil en enero de 2004 y si bien firmó para Cruzeiro, a los dos meses dejó el equipo cuando fue echado Luxemburgo, el entrenador con el que siempre trabajó a gusto.

Desde ese entonces, su carrera se extendió y terminó jugando para clubes de cuatro continentes. A mediados de 2004 firmó para el Olimpiakos griego, donde ganó tres ligas y dos copas, en 2008 fue contratado por el Bunyodkor de Uzbekistán por dos temporadas, regresó a los 38 años al Mogi Mirim y en 2011, con 39 años, pasó al San Pablo, luego al Kabuscorp de Angola y en 2013 jugó para el Sao Caetano en la Segunda División y en 2014 volvió al Mogi Mirim (que terminó comprando) para poder compartir equipo con su hijo Rivaldinho, en ese momento de 18 años hasta que anunció su retiro en las redes sociales, pero dos años más tarde, con 43 años, regresó para volver a jugar con su hijo hasta que el 16 de agosto de 2015 oficializó su despedida del fútbol. En el total de su carrera de clubes marcó 408 goles en 947 partidos.

En 2019 volvió a ser protagonista alrededor de una Copa América aunque fuera de los campos de juego, cuando sorprendió manifestándose de acuerdo con la protesta de la delegación argentina por los dos posibles penales ante Brasil en la semifinal que no fueron chequeadas por el VAR.

“Claro que Argentina tiene razones para quejarse. Brasil tiene mejor equipo y seguramente habría ganado sin esos errores, pero hubo dos penales a favor de los argentinos en los que el VAR no quiso actuar”, le dijo entonces a “Beftair”.

Más allá de su talento, Rivaldo fue un jugador que no se quedó en eso y aún sin carisma, decidió ayudar todo lo que pudo a su gente con distintas campañas de solidaridad y fue uno de los pioneros en festejar mostrando por debajo de su camiseta, en el Barcelona, otras con inscripciones alusivas, como “Feliz Día de la Madre”, o “Feliz Día de los Enamorados”, o “Que nunca más muera nadie como Aitor”, en referencia a Zabaleta, el hincha de la Real Sociedad asesinado por un ultra del Atlético Madrid, y hasta en otro momento, tras otro festejo apareció la foto de su compatriota Giovanni, que no era tenido en cuenta por Van Gaal, por o que recibió un reproche, aunque se defendió diciendo que “fue para motivarlo”. El DT holandés le argumentó que había varios jugadores en la misma condición, a lo que el brasileño respondió “sí, pero sólo Giovanni es mi amigo”.

“Si yo hubiera nacido en Río de Janeiro, hoy sería el número uno por lejos, porque conmigo hay preconceptos”, sintetizó en una oportunidad, en pleno auge, en tiempos de la Copa América de Paraguay, acaso como síntesis de su carrera llena de títulos y de técnica depurada.

 

 

sábado, 8 de mayo de 2021

Las enseñanzas de Griguol (Jornada)


 

Con el fallecimiento de uno de sus más ejemplares directores técnicos, Carlos Timoteo Griguol, a los 87 años, el fútbol argentino tuvo una gran pérdida esta semana,

Nacido en la ciudad de Las Palmas, en la provincia de Córdoba y criado en un ambiente futbolero, inició su carrera en Atlanta, a fines de los años Cincuenta, y llegó a compartir pensión con otros futuros cracks como Hugo Orlando Gatti y Luis Artime, y con el equipo de Villa Crespo se dio el lujo de ganar su único título del profesionalismo en Primera División, la Copa Suecia en 1960, así como haber integrado el plantel de la selección argentina que ganó como local el Sudamericano de 1959.

Puede decirse que allí, en Atlanta, comenzó a conformarse, aún de jugador, lo que después sería un gran entrenador, al ser dirigido por quien es su mentor, Victorio Spinetto, en un equipo que también contaba con otro gran DT en ciernes, Osvaldo Zubeldía.

Ya en el final de su carrera como futbolista, a fines de los años Sesenta, cuando pasó a Rosario Central, se lo consideraba la mano derecha del entonces DT Miguel Ignomiriello y no extrañó a nadie que en 1971  dirigiera en forma interina a Rosario Central, que ese año fue campeón del Nacional con Ángel Labruna en el banco, y ya en el Metropolitano de 1973 se hizo cargo definitivamente del plantel y consiguió repetir el título en el Nacional de ese año con el recordado equipo de “Los Picapiedras”.

Tras su exitoso paso por Rosario Central, tuvo una experiencia en México dirigiendo a Los Tecos de Guadalajara, otro corto paso por el club de Arroyito y por Kimberley de Mar del Plata, hasta que en 1980 llegó a Ferro Carril Oeste, acaso su obra cumbre, porque logró transformar completamente al equipo, consiguió perfeccionarlo hasta extremos impensados al punto de que muchos no acababan de entender cómo podía ser que con jugadores que hasta ese momento desempeñaban papeles aceptables pudieran ahora lograr un rendimiento tan espectacular.

El Ferro de 1981, al parecer de este escriba, fue el mejor de todos, aún cuando no pudo salir campeón en ninguno de los dos torneos, en los que terminó como subcampeón del Boca de Diego Maradona y Miguel Brindisi en el Metropolitano, y del River de Mario Kempes en el Nacional. Sin embargo, el rendimiento del “Tifón Verde de Caballito” fue impresionante, con una alineación que se repetía de memoria y con una tenencia de pelota que por momentos ya parecía una tortura para los adversarios: Carlos Barisio; Roberto Gómez, Héctor Cúper, Juan Domingo Rocchia y Oscar Garré; Carlos Arregui, Gerónimo Saccardi y Adolfino Cañete; Claudio Crocco, Julio César Jiménez y Miguel Juárez.

Era un equipo completamente seguro de sí mismo que jugaba con un esquema clásico de cuatro defensores y en línea, tres volantes, todos de buen pie, dos extremos y un centrodelantero algo atrasado, que jugaba un fútbol prolijo que consistía en no ceder la pelota al adversario, y hacerla circular prolijamente por todos los sectores del campo sin por eso tener que correr demasiado. De hecho, los dos marcadores centrales se pasaban la pelota casi caminando, y lo mismo hacía el volante central.

Ferro dominaba ampliamente los partidos y no fue para nada casual que ya para 1982, se impusiera en el Nacional y siguiera siendo protagonista de todos los torneos hasta mediados de los Ochenta, ganando también el Nacional de 1984, y proyectando jugadores a la Selección de Carlos Bilardo, como Cúper, Garré, Arregui o después Alberto Márcico (reemplazante de Jiménez y transferido al Toulousse de Francia, donde fue ídolo).,

Pero mucho más que eso, en Ferro, como más adelante en Gimnasia, ya siendo veterano, Griguol fue un maestro en el mejor sentido del término. Alguien interesado en el club para el que trabajaba (al punto de estar pendiente hasta del estado del césped de la cancha), como de la vida privada de sus jugadores, especialmente de los jóvenes. Más de una vez les impidió jugar si no estudiaban, o les recriminaba si se compraban un coche antes que una casa. Se preocupaba por el futuro de quienes dirigía.

También es cierto que especialmente en Ferro, Griguol coincidió con una dirigencia especial, que representaba en los primeros años Ochenta el crecimiento de una numerosa clase media que salía de la dictadura cívico-eclesiástica-militar con la llegada de la democracia, y el club de Caballito fue fiel representante de ese sector no sólo con el fútbol sino con otros deportes como el básquetbol o el voleibol además de la colonia de vacaciones para sus decenas de miles de socios.

Griguol, siempre atento a las innovaciones –a veces hasta yendo más allá de lo necesario- supo interpretar esta etapa que vivía el club y tomó contacto con los entrenadores de otros deportes para aprender de ellos. Coincidió especialmente con León Najnudel, mentor de lo que luego sería la Liga Nacional de Básquetbol que significaría un enorme salto de calidad en este deporte para los argentinos.

El ex goleador Esteban González llegó a comentarle a este periodista que en una oportunidad, los jugadores de Ferro se sorprendieron cuando vieron que antes de comenzar un entrenamiento corriente de fútbol, con ellos se estaba cambiando para entrar a la cancha uno de los integrantes del equipo de básquetbol, cuya altura era obviamente muy superior a la de la mayoría de ellos. Al poco rato entendieron el motivo: era para ensayar jugadas en ataque, teniendo que superar al altísimo oponente en saques laterales con distintos movimientos corporales.

El equipo de Ferro se fue renovando con el paso del tiempo y la venta de jugadores y el retiro de otros, pero Griguol siempre se las arregló con gente de las divisiones inferiores del club o escasos pases muy poco onerosos que no molestaran la economía de la entidad porque siempre entendió que el buen entrenador es el que se las arregla con lo que hay, el que logra ser docente, para lo cual desarrolló una paciencia única, mezclada con una dosis de picardía, intuición y humor cordobés, como cuando después de una dura goleada que su equipo sufriera ante Independiente en Avellaneda, le dijo a un grupo de periodistas –a los que siempre dejó trabajar con sumo respeto- como causa de la derrota,  que le preguntó por las causas de la derrota,  “Booochini, hoy se levantó bien Boochini y no hubo nada que hacer”. Simpleza pura, sin verso.

En sus últimos años de entrenador llevó su docencia a Gimnasia y Esgrima La Plata, donde también hizo escuela, peleó un par de veces por el título (que el club sólo consiguió una vez en el profesionalismo, con la Copa Centenario de 1993) pero no pudo lograrlo y sin embargo, su paso por la entidad es sumamente recordado por todas las enseñanzas que dejó.

No siempre se hace historia saliendo campeón y acaso Griguol sea el mejor ejemplo. Lo fue a veces, como con Rosario Central o Ferro, y no lo fue otras, con esos mismos equipos o con Gimnasia, pero lo fundamental fue siempre su filosofía de vida, su limpieza de proceder y de objetivos, la innovación y el mejoramiento de sus jugadores, sus equipos y sus clubes.

Por todo esto, el legado de Griguol es muy grande como para tenerlo siempre presente.


lunes, 3 de mayo de 2021

Sergio Goycochea y los otros penales para la historia: los de la Copa América 1993, el último título de la selección mayor argentina (Infobae)


 

Habían pasado tres años casi exactos de aquella noche memorable del 3 de julio de 1990 en el estadio napolitano de San Paolo, cuando atajó los penales de Roberto Donadoni y Aldo Serena y la selección argentina eliminaba a Italia para jugar su segunda final mundialista consecutiva, cuando el 4 de julio de 1993, Sergio Goycochea volvió a convertirse en un jugador fundamental para que el equipo albiceleste ganara su segunda Copa América consecutiva al vencer 2-1 a México en la final, en el estadio Monumental de Guayaquil, con dos goles de Gabriel Batistuta, lo que terminaría siendo el último título oficial hasta hoy.

Goycochea fue elegido como el mejor jugador del torneo después de los decisivos penales que atajó en los cuartos de final ante Brasil y en la semifinal ante Colombia, además de tener destacadas actuaciones durante todo el campeonato, formando parte de un equipo que dirigía Alfio Basile y que obtuvo también la Copa Confederaciones  (1992), la Artemio Franchi (1993), y que había ganado de manera brillante la anterior Copa América de Chile en 1991, además de haber mantenido un invicto de treinta y tres partidos oficiales.

No había sido fácil la llegada de esa selección argentina a la Copa América de Ecuador. Otra vez sin la presencia de Diego Maradona, que había terminado la temporada en el Sevilla y sin claridad sobre su futuro, Basile había optado por repetir la base del plantel que había ganado la Copa América de 1991 aunque esta vez tampoco estaba Claudio Caniggia, mientras que Leonardo Rodríguez fue perdiendo el puesto ante Néstor Gorosito, Darío Franco se lesionó gravemente en el partido debut ante Bolivia y el propio Goycochea no había conseguido la continuidad deseada pese a la fama lograda después de los cuatro penales atajados entre los cuartos de final ante Yugoslavia y la semifinal ante Italia en el Mundial 1990 o luego de haber sido campeón de América en 1991.

Tras su paso por Racing Club (1990-91), recaló en el modesto Brest de Francia (1991), volvió a Sudamérica para jugar en Cerro Porteño (1992) y cruzó de vereda paraguaya para defender el arco de Olimpia (1992-93).

La mayoría de los componentes de ese plantel, que tenía una base en jugadores como Fabián Basualdo, Jorge Borelli, Oscar Ruggeri, Ricardo Altamirano, Gustavo Zapata, Fernando Redondo, Diego Simeone, Néstor Gorosito y Gabriel Batistuta (al que se le agregaban en el ataque Alberto Acosta, Claudio García o Ramón Medina Bello, dependiendo del partido), aceptó con los años que la Copa América de 1993 no se ganó con la misma brillantez ni superioridad que la de 1991, pero argumenta que el calor y especialmente la lesión de Franco fueron importantes en la diferencia de rendimiento.

La selección argentina debió jugar en el Grupo C en un torneo dividido en tres zonas con cuatro equipos cada una, y con rivales como Bolivia, México (uno de los invitados, el otro fue Estados Unidos) y Colombia.

En el debut, venció a Bolivia 1-0 con un gol de Batistuta a los 8 minutos del segundo tiempo, para empatar luego 1-1 ante México, que dirigía Miguel Mejía Barón y que contaba con jugadores como el arquero Jorge Campos, el goleador Hugo Sánchez y volantes como Alberto García Aspe y Luis Roberto Alves “Zague”, con un gol de Ruggeri en el primer tiempo tras estar en desventaja y haber sido superado en el balance de los noventa minutos.

En el tercero y último partido, la selección argentina volvió a empatar 1-1 ante Colombia, que dirigía Francisco Maturana con la base de una generación dorada y jugadores como Leonel Álvarez, Freddy Rincón, Carlos Valderrama o Antonio Valencia. Ni bien comenzó el partido, Simeone puso en ventaja al equipo de Basile pero inmediatamente empató Rincón, que se fue expulsado a los 45 minutos.

Ya en los cuartos de final, al quedar segundo en el grupo, el equipo argentino se vio obligado a jugar ante Brasil en el estadio Isidro Romero Carbo de Guayaquil y otra vez se evidenció una notable paridad ante un rival que contaba con jugadores como el arquero Zetti, laterales como Cafú, un volante como Zinho y delanteros como Edmundo y Muller, dirigido por el veterano entrenador ex campeón mundial Carlos Alberto Parreira.

El partido tenía connotaciones especiales porque la selección argentina venía de eliminar a Brasil en los octavos de final del Mundial de Italia y de vencerlo dos veces en la Copa América de Chile 1991 y Muller puso en ventaja al “Scratch” a los 37 minutos del primer tiempo, pero empató Leonardo Rodríguiez a los 24 minutos del segundo, de cabeza, cuando recién había ingresado como suplente. Esto obligó a una definición por pernales y allí comenzó a emerger, una vez más, la figura de Goycochea, atajando el remate de Boiadeiro cuando todos habían convertido el suyo en la tanda de cinco (Zinho, Cafú, Müller, Roberto Carlos y Luisihno para Brasil, y Gorosito, Simeone, Leo Rodríguez, Acosta y Medina Bello para Argentina). Jorge Borelli tuvo en sus pies la definición, no falló, y el equipo de Basile pudo pasar a la semifinal.

Otra vez con el estadio Isidro Romero Carbo (en el que juega como local el Barcelona de Guayaquil) como testigo, y ante treinta mil personas, argentinos y colombianos volverían a verse las caras como en la fase de grupos y volvieron a empatar aunque esta vez, sin goles y con demasiadas precauciones para los dirigidos por Maturana, especialmente desde que Rincón fuera expulsado a los 45 minutos, pero lograron ir a la definición por penales.

Allí la situación se pareció bastante a la definición contra Brasil porque durante la tanda de los cinco penales, todos convirtieron (Gorosito, Batistuta, Simeone, Leonardo Rodríguez y Acosta para Argentina, Asprilla, Mendoza, Pérez y Valderrama para Colombia) –Goycochea llegó a manotear la pelota pero se le escapó hacia adentro del arco- hasta que llegó el remate de Aristizábal y e arquero argentino, una vez más, pudo evitar el gol y le quedó otra vez a Borelli la posibilidad del pase a la final, y no falló.

Ya en la final del 3 de julio, en el estadio Monumental de Guayaquil, la selección argentina venció 2-1 a la mexicana con dos goles de Batistuta y Goycochea –que no encontraba sitio ni en el fútbol europeo ni en la Argentina-  fue elegido por la prensa especializada como mejor jugador del torneo. Otra vez los penales lo habían encumbrado al título y a la gloria.

“Los recuerdos son, obviamente, los mejores porque tuve la posibilidad de ganar dos Copas América seguidas y es difícil tener malos recuerdos cuando se es campeón –sostuvo Goycochea en una entrevista-. Sin embargo, en Ecuador también pasamos malos momentos como cuando se lesionó Darío Franco ante Bolivia, con fractura de tibia y peroné. Eso significó mucha angustia para el grupo, pero fue una gran etapa la que vivimos entre 1990 y 1993, y en lo personal, en el pico de mi rendimiento”.

Con los años, Goycochea admitió su cábala a la hora de la definición por penales; orinar antes de las ejecuciones es en el césped del campo de juego. “Durante el Mundial de Italia, en los cuartos de final en Florencia,, hacía mucho calor y yo tomé mucho líquido. ¿A dónde iba a ir? No podía dejar la cancha. Además, cuando llegan los penales es un momento en el que vos querés que te queden bien los guantes, las medias perfectas y a los nervios lógicos no les podía sumar las ganas de orinar. Entonces, junté a varios muchachos. Si te quedás solo como un boludo, queda medio raro. Más que taparme era simular una acción para que dijeran ´están hablando de lo que viene’. Hacía que elongaba para favorecer la posición y que no se dieran cuenta afuera. Y después de Yugoslavia, hubo que repetir la acción, pero contra Italia no tenía tantas ganas, era de noche. Pero lo provoqué igual, en el mismo sector de la cancha y todo. Si vamos a hacer la cábala, vamos a hacerla bien”,

Goycochea nació el 17 de octubre de 1963 en la localidad bonaerense de Lima y con la selección argentina ya había integrado el equipo que disputó el Mundial sub-20 de 1981 en Australia, el que ganó la medalla dorada en los Juegos del Sur en Chile en 1986, el plantel que disputó la Copa América de 1987 como local hasta que por fin pudo jugar su primer Mundial en Italia 1990, cuando era el tercer arquero en la consideración del director técnico Carlos Salvador Bilardo, pero Luis Islas se negó a viajar como suplente, y Nery Pumpido se lesionó en el segundo partido ante la Unión Soviética en Nápoles. Entonces debió ingresar de urgencia y no desaprovechó su oportunidad y hasta no estuvo lejos de atajar el penal del alemán Andreas Brehme, en la final de Roma.

Al regreso del Mundial de Italia 1990, Goycochea se convirtió en un personaje popular y en modelo. Ya con Basile como entrenador, también ganó la Copa Confederaciones 1992 y la Copa Artemio Franchi en 1993 aunque aceptó ser suplente de Islas en el Mundial de Estados Unidos 1994.

Uno de sus peores momentos en el fútbol ocurrió el 5 de septiembre de 1993, cuando la selección argentina fue derrotada 5-0 por Colombia en Buenos Aires en el último partido del grupo clasificatorio, lo que obligó al equipo albiceleste a disputar dos partidos de repechaje ante Australia para poder conseguir el boleto. Dos días más tarde de la dura caída en el Monumental ante el equipo de Francisco Maturana, fue invitado al programa de TV del periodista Bernardo Neustadt, “Tiempo Nuevo”, y allí el ex delantero José Sanfilippo criticó su actuación y le dijo “pibe, te comiste todos los amagues”, lo que generó que Bilardo fuera a buscarlo al canal para “rescatarlo” y llevárselo del estudio, aunque el entonces arquero rechazó el ofrecimiento.

Goycochea comenzó su carrera en 1979 en Defensores Unidos de Zárate hasta que llegó a River en 1983 y permaneció hasta 1988 sin poder consolidarse como titular. Luego siguió su carrera en Millonarios de Colombia (19898-90), regresó a River (1993-94), compartió equipo con Diego Maradona en deportivo Mandiyú de Corrientes (1994-95), vistió la camiseta del Inter de Porto Alegre (1995-96), fue campeón de la Supercopa y de la Recopa sudamericana con Vélez (1996-97), y se retiró en Newell´s (1997-99).

Una vez que dejó de jugar al fútbol, fue modelo publicitario y conductor de diversos programas de televisión.

 

 

 

 


sábado, 1 de mayo de 2021

¿Debe jugarse la Copa América en la Argentina? (Jornada)


 

Esta semana se hizo fuerte un rumor que indicaba que en Colombia ya se estudiaban ciudades alternativas para que funcionaran como subsedes en el caso de que la Argentina renunciara a la organización de la próxima Copa América de selecciones nacionales, cuya inauguración está prevista en Buenos Aires para el 13 de junio.

Fue tan fuerte la versión, que provenía de fuentes colombianas, que el ministro argentino de Deportes y Turismo y ex presidente de San Lorenzo de Almagro, Matías Lammens, tuvo que salir a desmentirlo, aunque dejó una pequeña puerta entreabierta cuando manifestó que “hoy, la Copa América se juega en el país”, lo cual indica que mañana, si la situación de la pandemia continúa como hasta ahora, con una meseta de más de quinientos muertos al día, acaso haya una necesidad de restringir más las actividades y entonces el torneo, aquí, ya no tendría razón de ser.

Pero…¿Tiene razón de ser incluso hoy, con la cantidad de fallecidos y de miles de infectados diarios, con hospitales con un altísimo porcentaje de camas ocupadas, con médicos saturados y extenuados, con tantas actividades cerradas o mermadas para que no haya exposición ni contagio y cuando todavía existe la chance de volver a fase uno?

Todo indica que el silencioso y político conflicto que atraviesan la AFA y el Gobierno de Alberto Fernández, cuando está a punto de salir la resolución de la Inspección General de Justicia (IGJ) acerca de la validez de la asamblea por zoom que en 2020 eligió a Claudio “Chiqui” Tapia para un nuevo mandato en el Sillón de Viamonte por otros cuatro años (2021-2025), mucho antes de que se necesitara la votación y ante denuncias de dirigentes opositores, está jugando su partido, por lo que ni la institución futbolera ni el Poder Ejecutivo quieren pagar el costo de una decisión que parece necesaria y de sentido común.

¿Tiene sentido organizar una Copa América, desgastando la condición de local tras 28 años sin títulos oficiales para la selección mayor, cuando la final del torneo está prevista en Barranquilla, Colombia, sin gente en las tribunas, sin turismo, sin periodistas extranjeros, sin contacto con los jugadores y sólo para que haga negocio la televisión o para quedar bien con una Conmebol interesada en sacar el campeonato adelante para demostrar que “se puede” pese a que todo el continente sudamericano atraviesa un momento horrible?

¿Cuál sería ese sentido, si no es esto? Ya ocurrió algo parecido en las dos últimas ediciones de las Copas Libertadores y Sudamericana, en las que no hubo excepciones y prácticamente todos los planteles tuvieron casos positivos de coronavirus que los obligó a dejar afuera a varios de sus jugadores, pese a lo que la Conmebol instó a que los partidos continuaran con la justificación de la “burbuja sanitaria” que permitía que las delegaciones llegaran a otro país directamente del aeropuerto al estadio y que regresara inmediatamente, como para que los sponsors y especialmente las empresas televisivas que pagaron por los derechos, no se quedaran sin su producto.

Tanto es así, que ahora mismo la Conmebol insiste en que si un país (en este caso, la Argentina) no puede albergar partidos por una cuestión horaria (en Buenos Aires, se decretó la inactividad a partir de las 20 cuando el horario de comienzo de algunos encuentros de copas continentales es a las 21,30, pese a lo cual, el Gobierno Nacional dictaminó una “excepción”), los equipos que no puedan jugar como locales en los horarios establecidos tienen una fecha límite para decidir en qué ciudad o país reemplazarán su localía.

En otras palabras, se juega a como dé lugar porque lo que importa es que el negocio debe seguir cueste lo que cueste, y caiga quien caiga, aunque la dirigencia del fútbol sudamericano ponga su mejor cara de buena e informe que China, a través del presidente uruguayo Luis Lacalle Pou, donó 50.000 vacunas Sinovac para que los protagonistas del fútbol se encuentren a salvo (y así, puedan cumplir con los derechos de TV y las exigencias de los sponsors).

Uno de los grandes interrogantes es si alguna de las dos partes, el Estado o la AFA se animarán a decidir, por fin, que no gracias, que el torneo (del que ya se bajaron las dos selecciones invitadas, Australia y Qatar) lo organice Colombia y ya habrá una oportunidad mejor para ser anfitriones, en una mejor condición de salud, con los hinchas yendo a los estadios alentando, con turismo que llegue a disfrutar de las bondades y bellezas argentinas, con más equipos (al menos doce, y no sólo los diez sudamericanos), con periodistas de todo el mundo.

Pero ya nada es seguro. Mientras en Colombia se habla de Pereira, Bucaramanga, Armenia o Manizales como nuevas subsedes, en la Argentina, los que deben tomar decisiones políticas continúan en silencio de radio, pateando la pelota lo más lejos posible para que ya cerca de fines de mayo, se pueda conocer exactamente la situación sanitaria y acaso, tener una noción más cabal del porcentaje total de vacunados en todo el país.

Si la Conmebol fue capaz de trasladar a Madrid una final de Copa Libertadores entre River y Boca, o de no suspender partidos de torneos continentales con equipos con medio plantel de baja por coronavirus, ¿por qué pensar ahora pospondrá la fecha de inicio de la Copa América o la suspenderá hasta que la situación mejore?

Mientras haya negocio, el fútbol deberá jugarse pase lo que pase, salvo que por fin, como ocurrió en Europa con los hinchas y protagonistas del fútbol con el fallido proyecto de la Superliga, alguien tome las riendas y se plante, de una buena vez por todas, en nombre del sentido común.