jueves, 25 de junio de 2015

Chile fue el único que quiso jugar, y es semifinalista (Jornada)



DESDE SANTIAGO DE CHILE


La selección chilena dio otro paso más hacia la final de la Copa América al vencer con total justicia por 1-0 a la uruguaya con gol de Mauricio Isla pero si uno se queda con la foto del final, podría engañarse.

Es que el gol chileno llegó recién al minuto 35 del segundo tiempo, luego de una enorme resistencia del vallado defensivo que impuso el director técnico uruguayo Oscar Tabárez, que si bien nunca defendió esta línea filosófica, era consciente de que este seleccionado actual no es aquel del Mundial 2010 ni el que ganó la Copa América en 2011.

Conociendo estas falencias técnicas, Tabárez optó por dos líneas de cuatro que taparan las llegadas del dinámico equipo chileno, que descansaba en dos ejes, el de la salida de Arturo Vidal y el del gran pasador Jorge Valdivia, un diez clásico que juega entrelíneas pero que anoche, en el Estadio Nacional, no encontraba receptores con espacios por la férrea marca uruguaya por arriba y por abajo, en lo que se destacan sus jugadores desde siempre.

Claro que para Uruguay eso era muy limitado, con un solo volante en condiciones de sumarse al ataque o rematar (tuvo un par de oportunidades probando desde afuera), Carlos Sánchez, el jugador de River Plate.

Arriba, poco pudieron hacer Edinson Cavani y Diego Rolan, muy lejos de sus compañeros. Lo extraño es que el segundo tuvo una gran chance en los primeros cinco minutos, cuando una mala salida del arquero Claudio Bravo generó que pudiera quedar frente a él pero remató apuntando a su cuerpo.

Desde allí, fue casi un monólogo chileno hasta los 35 minutos del segundo tiempo, sin poder traspasar la defensa celeste, hasta que llegó el punto de quiebre cuando fue expulsado Cavani por doble amarilla y ya a Uruguay todo le costó demasiado con un jugador menos.

Párrafo aparte para la expulsión de Cavani: la provocación de Jara, máxime sabiendo la situación del delantero uruguayo con su padre y su estado de ánimo, es éticamente insostenible. Merece una suspensión de una fecha, de oficio por la Conmebol.

Por esos instantes, promediando el segundo tiempo, el director técnico de Chile, el argentino Jorge Sampaoli, determinó la entrada de Matías Fernández y Mauricio Pinilla por Marcelo Díaz y Eduardo Vargas, para profundizar el ataque, ya en ese momento con dos ejes y tres delanteros, y así es como casi por insistencia, y ante una salida obligada del arco de Fernando Muslera en un centro, la pelota le quedó a Isla, que con un remate seco y al palo izquierdo, por fin pudo marcar la diferencia.

Quedaba muy poco, David Pizarro entró para robustecer el medio chileno, y aunque Tabárez hizo entrar al joven Jonathan Rodríguez, las chances de empatar eran escasas y para peor, sobre el final también fue expulsado el lateral Jorge Fucile por doble amarilla, y en ese momento, las protestas de los jugadores uruguayos generaron un clima de tensión por varios minutos pero ya no había nada que hacer.

Chile logró pasar a semifinales, y ahora espera por el ganador del partido de esta noche, en Temuco, entre Perú y Bolivia.

En días de smog, la selección chilena va despejando el camino hacia la final, en búsqueda de una Copa que aún no pudo ganar.


La selección ya está en Viña del Mar esperando por Colombia (Jornada)



DESDE SANTIAGO DE CHILE


La selección argentina ya se encuentra descansando en el lujoso hotel que vuelve a ocupar en Concón, a escasos kilómetros de Viña del Mar, al llegar en un chárter pagado por la propia AFA a las 19 horas de ayer y tras haber practicado en el predio de La Alpina, en La Serena, con miras al partido de mañana a las 20,30 ante Colombia por los cuartos de final de la Copa América.

En ese entrenamiento, el director técnico Gerardo Martino dispuso el regreso al once titular de Sergio Agüero y Nicolás Otamendi por Gonzalo Higuaín y Martín Demichelis, respectivamente, es decir que ante Colombia pondrá lo mejor que cree tener en el plantel de veintitrés jugadores.

En un clima distendido por el cumpleaños 28 de Lionel Messi, el equipo argentino espera ahora para reconocer esta noche el estado del campo de juego del estadio Sausalito y se espera que Martino de a conocer el equipo.

Por el lado de Colombia, en cambio, un nuevo entrenamiento que el director técnico argentino José Pekerman dispuso en San Carlos de Apoquindo, en Santiago, demostró que hay dudas con el sector del mediocampo ante las obligadas ausencias de Carlos Sánchez (suspendido por doble amarilla) y Edwin Valencia (ausente por seis meses de los campos de juego por una lesión ligamentosa en su rodilla derecha).

Se especula entonces con dos posibilidades. Una de ellas, casi obligada, es la de Alexánder Mejía, el único volante defensivo que queda en el plantel, y la otra podría ser el adelantamiento del ex defensor de San Lorenzo, Carlos Valdés, a la posición de mediocampista, aunque no tiene el oficio necesario.


El otro problema a resolver por Pekerman está en el ataque. Discutido como nunca Radamel Falcao García, los medios colombianos quieren que juegue Jackson Martínez, estrella del Porto de Portugal, mientras que Carlos Bacca está suspendido por su expulsión ante Brasil.

miércoles, 24 de junio de 2015

Messi aún está en edad de merecer (Jornada)



DESDE SANTIAGO DE CHILE



A los 28 años, que cumple hoy, Lionel Messi está lejos de ser un jugador en baja.  Al contrario, lo que para otros futbolistas implica una edad intermedia en este deporte profesional, para el genio del Barcelona y la selección argentina significa ir por los desafíos que aún le quedan en su brillantísima carrera.

Es cierto que le falta lo más anhelado para un jugador, como es ganar un Mundial, habiendo jugado ya tres, pero este tipo de logros no se consiguen solos sino que necesitan de la ayuda de un colectivo en todo sentido: en compañeros que estén a tono con su nivel y en organización del equipo desde adentro y desde afuera.

En lo que respecta a títulos oficiales, Messi tiene ya una impresionante colección, especialmente de Champions Leagues, Ligas Españolas y Balones de Oro de la FIFA, en el que va camino de su quinto en enero, cuando nadie en la historia consiguió cuatro.

Pero aunque parezca imposible de creer, referirse a los títulos o los récords de toda clase de Messi implica un análisis demasiado parcial porque lo que más ha importado siempre es su juego, su magia para simplificar lo difícil, a veces lo imposible.

Porque sí que hay cambios en su manera de jugar, aunque su base siempre sea la misma, la natural, la que trae desde la cuna (por más que se siga debatiendo cuánta fue la influencia de La Masía del Barcelona). Este Messi es más inteligente, necesita menos del esfuerzo de correr porque sabe graduarlo, administra mejor su cuerpo para bloquear las faltas duras, y se somete menos al roce con quienes no debe.

En el gran libro “Messi” de Guillem Balagué, se cuenta cómo fue la evolución del crack rosarino desde el chico tímido y adolescente que llegó al Barcelona a principios del siglo XXI y que varias categorías se lo disputaban cada lunes pensando en el fin de semana siguiente para sacar puntos que se necesitaban (parece que en el Barcelona también interesa más ganar que formar), o el que un día en la Primera se encontró con la bandeja del autoservicio llena, y sin saber para qué mesa ir cuando Ronaldinho, una especie de segundo padre posterior, lo adoptó enseguida junto a los compañeros brasileños.

O cuando su madre Celia y su hermana Sol decidieron regresar a Rosario por la falta de adaptación de la chica al colegio catalán y se quedó viviendo con su padre Jorge, porque estaba determinado a triunfar en los azulgranas, aunque se encerrara a llorar en silencio en su cuarto o se mal alimentara con alfajores y gaseosas o con milanesa con papas fritas de un restaurante argentino de Castelldelfels hasta que un día Pepo Guardiola se dio cuenta y le cambió la dieta para siempre.

Aquel chiquito de corte de flequillo, calladito, ya no es este muchacho padre de Thiago y a poco de tener su segundo hijo con su novia rosarina Antonella Roccuzzo, porque ya tiene otras preocupaciones, porque no necesita del reconocimiento porque ya sabe que lo tiene, y tampoco siente que deba competir con Cristiano Ronaldo cada fin de semana, como antes, si bien los medios creen que sí.

Si antes el portugués metía un triplete, Messi sentía que debía alcanzarlo o superarlo, pero hoy es capaz de jugar de asistente, de “Bochini”, si hace falta. Messi compite solamente con él mismo. Por eso, en este sentido, es más un atleta en filosofía, que un futbolista, aunque lo suyo con la pelota sea arte y como dijo magistralmente el uruguayo Eduardo Galeano,  el balón es apenas una prolongación de su pie. No es que lo lleva atado.

Messi aprendió a ser escuchado en los vestuarios cuando antes era de los que les tocaba poner la oreja en silencio y más de una vez pagó por eso (incluso, en Mundiales), pero ya es subcapitán del Barcelona y el que lleva la voz cantante en la selección argentina, lejos de aquella arenga que tenía que dar en Sudáfrica 2010 el día que fue capitán y como no le salió nada, fue su compañero de cuarto, Juan Sebastián Verón, el que tuvo que hablar para un “vamos, carajo” del rosarino en el final antes de saltar al campo de juego.

Este Messi está demasiado lejos de aquel. Más maduro, más pensante, más de equipo, capaz de llamar a cualquier compañero para brindarle apoyo o preguntarle algo, o de compartir premios propios con sus compañeros de turno.

Buen deportista, jamás resalta sus virtudes (que le sobran) sino las del equipo, y aparece cuando juega y se difumina cuando festeja con los compañeros. De hecho, cuesta verlo en las fotos entre los rostros de felicidad porque lo suyo pasa por el verde césped y luego, por su casa y su intimidad, lejos de las luces.

Este cronista lo entrevistó hace años por primera vez, cuando era muy jovencito, y para romper el hielo le preguntó de qué jugaba, cuál era el puesto de su gusto. La respuesta no tardó en llegar, con la misma seguridad con la que dijo casi en tono de queja que ya no jugaba más a la playstation: “De 10, aunque ya hace años que me ponen de 7 y me acostumbré, pero yo soy 10”.

Y sigue siendo 10, aunque otra vez haya vuelto a empezar de 7, después de años del invento de “falso 9” y tiende a pararse a veces de 8, un poco más hacia adentro para que pase Dani Alves por el costado. Da igual. Messi es Messi y la pregunta es si podrá llegar el día en el que gane un título mundial y acabe de apagar los pequeños incendios de polémicas inútiles hacia el mejor jugador del mundo.

Messi es un caso especial porque no ha tenido nunca en la Argentina una hinchada propia por haberse formado afuera. Alguien dijo una vez con acierto que Leo es como el hijo que un día nos enteramos que teníamos cuando ya había pasado su adolescencia y al que tenemos que empezar a querer y a que nos quiera, algo que lleva su tiempo.
Pero va ganando cada batalla porque es imposible no reconocer ese increíble talento para jugar al fútbol.

Este cumpleaños 28 encuentra a Messi disputando los cuartos de final de la Copa América de Chile. Acaso sea el momento de empezar a terminar con una historia en la selección y comenzar otra en cuanto a títulos, pero los gane o no, ni siquiera eso puede teñir su campaña que será recordada por siempre.

Y a los 28 años, tiene vida útil como futbolista por lo menos ocho temporadas más, y si se cuida como hasta ahora, vaya uno a saber si no será más tiempo, hasta que acabe jugando, tal vez, de 5 o de 8 en Newell’s Old Boys por el torneo argentino.

Niño u hombre, Messi es un futbolista genial de 28 años. El mejor regalo nos lo da cada vez que sale a la cancha.  Y el mejor obsequio hacia él es comprender que no juega solo, y ser agradecidos, como seguidores del fútbol, por todo lo que nos da y por todo el hilo que le queda en el carretel.



Una Copa vacía y enrarecida (Jornada)



DESDE SANTIAGO DE CHILE


Como si el índice de smog de 552, ya de emergencia total, que no ocurría en esta ciudad desde 1999, envolviera no sólo al clima sino al fútbol, esta Copa América vive un clima enrarecido como pocas veces se recuerde, como dos jugadores relacionados con infracciones con automóvil, estrellas suspendidas y marginadas del torneo, graves lesiones y por si fuera poco, ausencia de dirigentes de la Conmebol y de empresarios ligados a los medios de comunicación vendedores de los derechos de TV, involucrados en resonantes casos de corrupción.

Si Arturo Vidal, considerado por la organización del torneo como el mejor jugador de la primera fase (a nuestro entender, un premio demasiado generoso), llevó su infracción con su Ferrari roja a una cuestión de Estado que incluyó hasta a la presidente Michelle Bachelet (que si bien guarda recato, sí estuvo en su casamiento), hasta conseguir el perdón de la Federación de su país y de la afición, ahora se sumó el goleador uruguayo Edinson Cavani, quien a horas del decisivo partido ante los locales de esta noche, se enteró de que su padre mató a una persona con su coche en su ciudad natal, Salto, y evaluaba dejar a su equipo para retornar a su país.

Si Cavani se fuera (incluso quedándose en el equipo, habría que ver ahora con qué animo juega, por pedido de su madre), se llegaría a la situación de que la selección uruguaya no contaría ante Chile con ninguno de los dos delanteros titulares, Luis Suárez (quien no participa de la Copa para purgar la sanción por aquella mordedura a Giorgio Chiellini en el Mundial) ni el goleador del PSG.

Aún así, a los uruguayos siempre les gustó aquello de ser los convidados de piedra en cada fiesta futbolera, desde el recordado Maracanazo del Mundial de 1950, pasando por las dos eliminaciones a la selección argentina en  1987 (semifinales) y 2011 (cuartos) en su propio Terreno, o el susto que le pegaron a Italia en 1990, cuando si bien perdieron 2-0 en octavos, los locales necesitaron la tortícolis del árbitro, que cobraba todo para el mismo lado. “Italia 90 Uruguay 0” tituló al día siguiente, con ironía, un diario de Buenos Aires.

Si Chile tiene el mejor ataque del torneo, con tres figuras claves como el pensante (no abundan) Jorge Valdivia, un diez clásico que brilla hasta el momento, el propio Vidal y Alexis Sánchez, también es cierto que flaquea atrás, en gran parte por su problema de estatura, justo ante los celestes de las cuatro torres: los centrales José María Giménez y Diego Godín, y los delanteros Cavani y Diego Rolan.

Un estudio hecho por el diario “La Tercera” de Santiago, que comparó la altura de doce jugadores de cada equipo, demostró que si Godín y Giménez miden cada uno 1,85 metro y Cavani, 1,84, los más altos de Chile son Vidal (1,80),  Gonzalo Jara (1,78) y Jean Beausejour (1,78)  y es por eso que el entrenador argentino Jorge Sampaoli mantuvo a su equipo saltando durante buena parte de la anteúltima práctica.
Si Vidal y Cavani estuvieron envueltos en problemas reglamentarios callejeros, y Suárez fue suspendido, qué decir de su colega en ataque del Barcelona, el brasileño Neymar, quien recibió cuatro partidos de suspensión por su participación en la reyerta final en el Colombia-Brasil y se quedó afuera del torneo.

Un poco menos dura fue la sanción del delantero del Sevilla, Carlos Bacca (dos partidos) pero igual quedará marginado del partido contra Argentina del próximo viernes en Sausalito, y se sumará a Carlos Sánchez (doble amarilla) y a Edwin Valencia, que por una lesión ligamentosa en su rodilla derecha en el partido ante Perú deberá estar seis meses sin jugar.

También se lesionó feo el volante de San Lorenzo Néstor Ortigoza en la selección paraguaya y no estará en cuartos ante Brasil en Concepción el próximo sábado y el tercer arquero argentino, Mariano Andújar, se lesionó en el escafoides de su mano y también debió abandonar la concentración de La Serena, reemplazado por Agustín Marchesín.

La pregunta es si todas estas lesiones en tantos equipos son casualidades o responden a un cierto patrón que replantea muchas cosas, como que la gran mayoría de los jugadores del torneo forman parte de una élite que participa de las grandes ligas europeas, que llegan agotados a Sudamérica luego de una exigente temporada y que, con escasísimo descanso, cambian no menos de veinte grados de clima para adaptarse a otro sistema de juego, otro marcaje, otra concepción del fútbol.

Y si esto pasa con los jugadores y dentro de las canchas, qué decir de lo que pasa afuera. Sin dirigentes (ni siquiera están los más nuevos, los que no son buscados por corrupción, seguramente por no querer hablar e involucrar a sus colegas o porque tienen  mucho que ocultar de esa sucesión) y mucho menos, empresarios de las tres organizaciones que se fusionaron en Datisa, porque simplemente ya se entregaron a Interpol en todos los casos, y no hay nadie que pueda responder por ellos.

Muchos se preguntan qué ocurrirá cuando acabe la final y haya que entregar la Copa al campeón. ¿Quién se encargará? ¿Quién irá al Palco de Honor en representación de la FIFA?, ¿estará José Angel Napout, el actual presidente paraguayo de la Conmebol, o dejarán otra vez sola a Michelle Bachelet para que se arregle como pueda?

Si la entidad sudamericana ni siquiera puede conseguir reunir el dinero para pagar a los cuatro primeros del torneo (4 millones de dólares al campeón, 3 al segundo, 2 al tercero y 1 al cuarto),  por estar bloqueado en las cuentas de las empresas que obtuvieron los derechos de TV en forma espuria, pagando coimas por 110 millones de dólares por esta Copa y las próximas tres, todo es esperable y acaso este torneo no debió disputarse.

Ahora ya está. Se juega, aunque cada día haya malas noticias desde adentro y desde afuera, y quedan muchas más por venir.


martes, 23 de junio de 2015

Las escuchas de Grondona sólo confirman las sospechas (Jornada)



Por estas horas, desde muchas usinas hacen pulular escuchas del fallecido ex presidente de la AFA con tanta facilidad que da la impresión de que estaban ahí, al alcance de la mano desde siempre y sin embargo, nadie nunca las entregó a los medios.

Entre esos medios que hacen circular palabra por palabra, texto por texto, diálogo por diálogo, hay unos cuantos que siempre lo supieron pero que lo callaron por décadas para salir ahora, cuando ya todo se cocina a fuego lento, y cuando soplan vientos de cambio.

Ahora es fácil salir al ruedo. Era antes cuando había que hacerlo. Cuando Grondona y su enorme poder construido al mejor estilo Al Capone de la Número Cinco, hacía y deshacía a su gusto y placer, al punto tal de que no le alcanzó con vaciar el edificio de la AFA de la calle Viamonte 1366 sino que ya manejaba los hilos desde un teléfono sentado en un sillón del lujoso hotel Bar Au Lac, en Zurich.

Fue cuando Grondona se alió a los grandes grupos y ayudó a que éstos conformaran un monopolio tal que millones de personas tuvieron que mirar los partidos del equipo de sus amores o la selección argentina con la ñata contra el vidrio desde afuera de los bares o pagándose una consumisión, porque de lo contrario estaban condenados a mirar los dibujitos que hacían de jugadores, o el grito de las tribunas sin que apareciera el gol en pantalla.

Fue en ese momento cuando hubo que decirlo, pero no lo iban a hacer cuando formaban parte de ese enorme entramado, al punto que en la etapa residual, desde 2009 hasta ahora, cuando ya Grondona giró, por una mayor oferta económica, y se alió con el Estado, Alejandro Burzaco, quien se entregó en una lujosa villa italiana, seguía moviendo todos los hilos en nombre del capo.

Que Grondona decidía los árbitros, que los clubes grandes pueden tachar a unos para poner a otros, que un árbitro internacional paraguayo era pedido por uno de los clubes más grandes de la Argentina para favorecerse en la Copa Libertadores, que se arreglan partidos y se pagan incentivaciones o se intentan pagar por distintas vías, no puede ser, a esta altura, más novedad que el hecho de que por fin, alguien aparezca diciéndolo con nombre y apellido, e incluso, aún en las escuchas, se evita la mención o se habla con códigos previamente acordados.

En la fenomenal trilogía de “El Padrino” de Francis Ford Cóppola, como en la gran serie “Los Soprano” aparecen esta clase de códigos mafiosos (cuando dialogan entre los integrantes del grupo, dicen por ejemplo “fulano se fue” para decir que murió o que ellos mismos se encargaron de matarlo).

El fútbol argentino, y también sudamericano, y eso es lo bueno, va mostrando lentamente sus cartas, todo aquello que imaginamos y que pensamos pero que no podíamos comprobar por el mismo problema de siempre en este ámbito: la falta de papeles, de documentación, que también estuvo siempre relacionado con la autarquía, con el enorme poder que el fútbol amasó y sigue teniendo mientras no se le quite esta inmunidad por la que existe una Justicia de los hombres pero al mismo tiempo, una paralela del fútbol.

Mientras eso no cambie, podrán irse estos dirigentes y llegar otros, que tranquilamente podrían construir un nuevo sistema de justicia propia, de movimientos entrelazados con toda clase de poderes como en aquella escucha en la que aparecen todos queriendo engañar a la opinión pública sobre que no estaban enterados de la visita a la AFA del secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni.

Casi todo, por no decir todo, fue y es aún una puesta en escena, y no sólo en la Argentina.  Medios de otros países sudamericanos se han tomado de esto para desligarse como si en su ámbito esto no pasara, como si los “sorteos” de la Conmebol acabaran siempre, oh casualidad, con que el local tiene el grupo más fácil y no tiene grandes potencias como obstáculo hasta la semifinal o final.

La metodología es tan vieja, que Grondona mismo, en una escucha, dice que ya para la final de la Copa Libertadores de 1964, entre Santos e Independiente, y siendo dirigente de los rojos (es decir, 15 años antes de llegar a la titularidad de la AFA) ya impuso los dos líneas de uno de los dos partidos decisivos ante los de Pelé y compañía. Nada nuevo bajo el sol, entonces.

Sí queda claro, cada vez más, dónde se paran los que forman parte de este sistema sucio y corrupto y la pregunta es dónde se piensa parar el público, el que está del otro lado. El que consume, el que tiene pasión, no el que la administra, como decía Grondona.

¿Es posible seguir siendo puro en el tablón o la platea, o incluso frente a la TV? ¿O es que ya el propio hincha ha cedido terreno, con escasa o nula ingenuidad, como cuando aprueba que un jugador propio se vaya seis meses después de llegar porque “es negocio”? ¿Negocio para quién? O cuando parte del periodismo argentino que cubre fútbol, para referirse al ámbito local, lo hace como “el mercado local”. ¿Mercado o actividad deportiva?


Por eso, el circo de las escuchas anda dando vueltas por los medios pero hay que tener mucha memoria y recordar, todo lo posible, quién es quién, qué rol juega, y qué hay de nuevo en tanta podredumbre.

Colombia debe superar demasiados obstáculos (Jornada)



DESDE VIÑA DEL MAR, CHILE


Si algo le faltaba en esta Copa América a la selección colombiana era enterarse, como le sucedió ayer, que el volante Edwin Valencia no podrá seguir participando, al aparecer en los estudios que padece una ruptura total del ligamento cruzado anterior de la pierna derecha, según confirmó el médico del plantel, Carlos Ulloa.

Valencia, que no podrá jugar al fútbol por seis meses luego de su lesión ante Perú, que obligó a que lo reemplazaran a los 20 minutos del primer tiempo, se suma entonces a los ya ausentes en cuartos de final ante la selección argentina, el próximo viernes a las 20,30en el estadio Sausalito: Carlos Sánchez, por doble amarilla en la fase de grupos, y Carlos Bacca, expulsado tras el partido ante Brasil.

Demasiadas bajas para una selección de José Pekerman que no viene pudiendo demostrar aquel nivel que se le vio en el pasado Mundial de Brasil. De hecho, en los tres partidos convirtió un solo gol, y fue por intermedio de un defensor, Jeison Murillo, pero los medios colombianos coinciden en que la pólvora de los atacantes está mojada y ya comienza a haber preocupación cuando lo que abundaba eran definidores.

Es claro que este Radamel Falcao García, por el momento, no es el que fuera antes de su dura lesión que lo marginó del Mundial. Ya pudo verse esta temporada en el Manchester United, en el que quedó relegado, y arrecian las críticas a Pekerman por seguir apostando a él cuando otros ya quieren ver en acción a Bacca (que no puede jugar el viernes) o a Jackson Martínez, de gran año en el Porto y a punto de ser transferido al Atlético Madrid de Diego Simeone, aunque en los últimos partidos con la camiseta cafetera tampoco apareció en la medida de lo esperado. Queda la única alternativa de Muriel, que espera su oportunidad.

Si eso pasa arriba, qué decir de los volantes. Ya antes de la Copa, Pekerman y su ayudante de campo Néstor Lorenzo (aquél de la final de Italia 1990) se quedaron sin dos jugadores importantes como Fredy Guarín y Abel Aguilar, a los que hay que sumar ahora a Valencia, ya fuera del torneo y a Sánchez, la figura de la cancha ante Brasil según la organización de la Copa, y el mismo que marcara perfectamente a Lionel Messi en el estadio de Colón de Santa fe en la fase de grupos en Argentina 2011 (0-0). El único volante de marca que queda disponible para jugar ante Argentina es Alexander Mejía.

Si bien el triángulo final parece intocable, con los centrales Christian Zapata y el ya citado Murillo, junto al arquero David Ospina, titular en el Arsenal inglés, otro de los puntos fuertes del pasado, los dos laterales, también están en cuestión, porque ni Camilo Zúñiga ni Pablo Armero están jugando a su nivel.

El mayor ejemplo es que Pekerman reemplazó a Armero en los tres partidos de la fase de grupos, mientras que en el último, ante Perú, Santiago Arias entró por Zúñiga.
Los colombianos también observan que el esquema que vino utilizando Pekerman de 4-2-2-2 no está funcionando, en especial, la línea intermedia de dos, la creativa, con James Rodríguez y Juan Guillermo Cuadrado, tal vez acusando el mismo cansancio de la temporada que los argentinos.

Cerca del equipo colombiano se dice que en la primera fase, bastó que los rivales apretaran a estos dos jugadores clave en la creación para que ya el equipo no encontrara el camino al arco adversario.

La pregunta sería si la selección argentina, aún sabiendo que esto le sucedió a la colombiana, resignaría posesión de pelota y juego para ir a la marca de Rodríguez y Cuadrado, y parece difícil que eso ocurra, con la mentalidad de Gerardo Martino.

Más bien lo contrario, a Lucas Biglia se lo notó más adelantado que Javier Mascherano, en un puesto algo diferente al del Mundial, como si Martino le hubiera sugerido que recupere la memoria como volante con mayor ductilidad y se parezca a aquel jovencito que ganara el Mundial sub-20 junto a Lionel Messi y Fernando Gago en Holanda 2005, hace una década.

Es decir que si el equipo argentino repitiera el esquema básico de Martino en todo el año, con Pastore y los tres atacantes, y con Biglia algo más adelantado que Mascherano, no parece posible que el equipo argentino anule al colombiano a partir de la marca y podría liberar en cierta forma a los volantes rivales, pero siempre con la idea de que de todos modos, la pelota estará del lado albiceleste.


Quedan pocos días para resolver la cuestión.

lunes, 22 de junio de 2015

Para Martino parece más complicado lo propio que Colombia (Jornada)



DESDE VIÑA DEL MAR, CHILE


Si se piensa en toda la gente que hizo enormes esfuerzos por estar el sábado en el estadio Sausalito, llegada desde los distintos puntos de la geografía nacional para poder alentar al equipo argentino ante Jamaica, para llevarse esta impresión final de la selección argentina, que el rival de cuartos de final haya sido finalmente Colombia, es apenas una anécdota.

Porque tampoco el equipo que dirige José Pekerman parece en esta Copa América un dechado de virtudes precisamente, y apenas si llega a esta instancia del próximo viernes a las 20,30 en esta ciudad, con un gol a favor, y marcado por el defensor Jeison Murillo, muchos problemas para definir las escasas situaciones de gol que crea, y con dos ausencias importantes.

El jugador más influyente que estará ausente en Colombia será el volante Carlos Sánchez, al que muchos recordarán porque logró casi anular a Lionel Messi en la fase de grupos de la pasada Copa América en el estadio de Colón de Santa Fe (0-0) y quien había sido elegido mejor jugador del partido ante Brasil en esta edición de la Copa, pero arrastra dos tarjetas amarillas.

El otro suspendido es el delantero del Sevilla, Carlos Bacca, expulsado tras la reyerta ante Brasil en la segunda fecha y acarrea dos partidos de suspensión aunque no suele ser titular.

Colombia debió esperar al cierre mismo del partido con el que acabó el Grupo C entre Brasil y Venezuela que ganó el primero 2-1 pero el arrebato final de los “Vinotinto” hizo que casi lograra un empate que hubiera dejado a los de Pekerman directamente eliminados del certamen, y eso tal vez sea el mejor indicativo para el momento que atraviesan aunque tengan excelentes jugadores en casi todos los sectores de la cancha.

Pero el problema de la selección de Gerardo Martino no es hoy Colombia sino la propia Argentina, que no ofrece respuestas certeras a sus problemas, que se van acumulando y de hecho, el equipo fue de más a menos, perdiendo fuelle, solidez, profundidad, llegada, movilidad.

El equipo argentino tiene en esta Copa una especie de lógica de funcionamiento por fases: un comienzo con todo hasta promediar la primera etapa, una pequeña merma en el final, una continuidad tras el descanso, y una estrepitosa caída en la segunda mitad del segundo tiempo al punto de poner en riesgo todo lo que pudo haberse conseguido.

Lo extraño del caso es que este equipo argentino consigue pronto sus objetivos básicos: marcarle, por ejemplo, dos goles a Paraguay, conjunto tradicionalmente difícil y que se sabe cerrar bien atrás, con lo que debió manejar el partido con tranquilidad y al contrario, los guaraníes fueron encontrando espacios hasta acabar empatando.

Ante Jamaica, un entusiasta grupo de atletas fornidos que cuando tuvieron ocasión buscaron centros para aprovechar la altura y hasta en un caso patearon a la hache del rugby en vez de hacerlo a un arco de fútbol, también Argentina pudo marcar pronto el gol, como para abrir al rival y propinarle una goleada tan natural como había sido la anterior oportunidad, con aquel 5-0 de Francia 1998.

Pero no. Otra vez el quedo físico, la falta de respuestas que a su vez genera cierta desazón, sumado al decaimiento físico y también, cambios que no se terminan de entender por parte del entrenador, como la entrada del tucumano Roberto Pereyra pero no para jugar en banda, que es lo que sabe, sino de interior, función que le cuesta más.

Los laterales Pablo Zabaleta y Marcos Rojos pasan algunas veces por el costado, pero no con la convicción necesaria, y hasta el dato estadístico es claro: el equipo de Martino perdió 18 puntos en el porcentaje de posesión de pelota del primer tiempo al segundo.

Ahora hay seis días para preparar el partido ante Colombia, que asoma como fundamental para este equipo y su suerte en esta Copa y también como catalizador de motivaciones, pensando en los compromisos que vienen hasta intentar llegar a la final de Santiago.

Pero el camino se encuentra plagado de obstáculos, que no pasan sólo por un rival que tradicionalmente complicó a la Argentina en los últimos veinticinco años, sino por una generación que tiene esta Copa como uno de sus últimos desafíos deportivos y también en su desgastada relación con su gente.

Por eso, Colombia es un rival importante, pero antes que el rival, Argentina tiene el desafío de reencontrarse a sí misma, para poder apostar por fin al juego de posesión que pregona Martino, y que aún no hemos podido ver cabalmente en la puesta en práctica.

Sin juego y sin llegada, no hay goles. Y si no hay goles, no hay paraíso. Lo sabe también Colombia, y debería saberlo Argentina y tomar medidas urgentes, antes de que sea demasiado tarde.