miércoles, 3 de abril de 2019

Jorge Célico, el exitoso DT argentino que brilla en Ecuador que defiende el fútbol lírico, creen en proyectos a largo plazo, y quiere implementar entre los juveniles el ajedrez y el inglés (Infobae)




-         Usted consiguió algo inédito, el título sudamericano sub-20 con la selección ecuatoriana. ¿Cómo fue el proceso para este logro?
-         Hace dos años, la Federación Ecuatoriana me convocó para dirigir a los distintos seleccionados juveniles, luego de haber hecho un largo trabajo en la Universidad Católica local donde tengo el récord sudamericano de permanencia en un equipo, con ocho temporadas en las que se consiguió el ascenso a Primera y jugó un fútbol respetado en el país. Por suerte, usando el mismo sistema, me fue bien en la selección sub-20.

-         ¿En qué consistió el trabajo con la selección juvenil?
-         Recorrimos todo el país y en un principio, seleccionamos unos ochocientos jugadores de los que en una segunda etapa quedaron doscientos, y finalmente veintitrés para una lista definitiva, pero esta vez, la elección de esos jugadores no se basó sólo en indicadores como la velocidad, el biotipo y la potencia física, sino que tomamos muy en cuenta las capacidades técnicas y así reuní un grupo de muchachos de gran nivel. Pero seleccionar fue una tarea ardua.

-         ¿En qué sentido lo dice?
-         En que me basé en microciclos de trabajo. Organizamos partidos amistosos de preparación, entre ellos dos con Argentina, a donde viajamos, pero también allí jugamos contra Racing, Huracán, Sacachispas, y entobes llegamos al Sudamericano de Chile sin temor escénico y eso nos resultó muy favorable. También lo disciplinario.

-         ¿Es muy duro con los muchachos?
-         Otra clave en la elección es la faz disciplinaria, con lo que llamo “Tolerancia Cero”, que incluye otra frase: “no hay una segunda oportunidad” porque representar al país es muy importante y hay que estar bien preparado y tener personalidad para vestir la camiseta y jugar al fútbol. Para eso, hay que ayudarlos fuera de la cancha con la capacitación, hacerlos crecer.

-         ¿De qué manera?
-         Trato de hacerles jugar al ajedrez, que siempre jugué, aunque en Ecuador no tengo con quién (risas). De chico me lo inculcó mi papá y sirve para adelantar las jugadas. También, quiero implementar una hora por día de inglés y apoyo pedagógico para los estudios, A los chicos de la sub-15 les agregué la lectura de libros, y al final de cada día cada uno tiene que contar de qué se trata lo que leyó, pero hago hincapié en el inglés porque es una de las barreras del deportista y muchos van a tener que ir a jugar al exterior. Yo estuve este año en Polonia por el sorteo del Mundial y todo el mundo habla inglés como segunda lengua.

-         ¿Cuáles son los jugadores jóvenes ecuatorianos con más futuro?
-         Muchos, y no logro entender por qué el futbol argentino se interesó tan poco en nuestros jugadores. Leonardo Campana, el goleador del sudamericano, Alexander Alvarado, Jordan Rezabala, Gonzalo Plata (que se llevó Sporting de Lisboa), a Stiven Plaza vino a buscarlo directamente Ronaldo Nazario para llevárselo al Valladolid. Y ahora,  “Bolillo” Gómez se llevó al central Jackson Poroso, y a Campana, a la selección mayor, y luego hay un chico que se fue al Pirámides de Egipto, Jhon Jairo Cifuente, que metió 36 goles el año pasado.

-         Llegan al Mundial de Polonia, a mitad de año, como campeones sudamericanos. ¿Hasta dónde pueden llegar?
-         Pienso que podemos ser campeones. Lo que sucede es que el ecuatoriano se siente inferior y entonces está el mensaje de que todo cuesta y es muy difícil. Pero estos muchachos tienen la personalidad para jugar bien al fútbol, la mejor manera de llegar al éxito. Estamos aprendiendo a defender mejor cuando hay que hacerlo, pero hay que tratar de jugar bien. Se puede llegar a ganar jugando mal, pero trato de inculcar a mis jugadores que si fuera ese el caso, no hay nada que festejar

-         Por lo que dice, usted parece defender la línea del fútbol estético…
-         Nací y me crié en Parque Patricios y pude vivir de cerca la gloria del Huracán de 1973 y entonces creo en el fútbol bien jugado, y no en la dinámica, a dos toques, el juego directo de los europeos. Yo no le recorto a mis jugadores las posibilidades de tirar caños, de los sombreros, los tacos, porque me gusta la belleza del juego. A veces uno hace todo bien y pierde y a veces uno hace todo mal y gana, pero tiendo siempre a querer ganar jugando bien y por eso, la alegría de haber ganado el sudamericano sub-20 fue única.

-         Si usted es de Parque Patricios y llegó a dirigir brevemente a Huracán, ahora no debe estar muy contento…
-         Veo fútbol argentino pero estoy muy metido con el ecuatoriano. Me hice un especialista acá y estoy metido en lo que pasa en esta realidad, aunque sigo a Huracán, veo sus partidos por TV y hasta fui a verlo contra Emelec por la Copa Libertadores.

-         ¿Qué opina del fútbol argentino local?
-         Lo veo con altibajos, aunque el mejor creo que es River, que trajo jugadores acordes con su historia.

-         ¿Y a la selección argentina, cómo la ve? ¿Qué cree que le ocurre?
-         ¿Cómo veo a la Argentina desde acá? Como todo. Nosotros acá tenemos una inflación del 4% mensual, hay una estabilidad económica, y allá…creo que el fútbol no escapa a la realidad social, cultural, económica, y todo está cada vez peor. Yo pasé allá las crisis de Alfonsín, De la Rúa y el fútbol es consecuencia de que tampoco el país permite estabilizarse. No hay un proyecto claro y lo que veo, no me gusta. De todos modos, no sé cuántos países tienen la posibilidad de ser una potencia como Argentina y tienen todo el material y la infraestructura de allá. Lo hablamos siempre con Hernán “Bolillo” Gómez, el DT de la selección mayor.

-         Interesante lo que dice, porque el DT de la selección, Lionel Scaloni, dijo días pasados que Argentina no es una potencia en fútbol.
-          No estoy de acuerdo con eso. Cuando fui a jugar a Buenos Aires con el juvenil, me quedé encantado, orgulloso, con el predio de Ezeiza, que lo tiene todo. Sacaba fotos por todos lados y resulta que luego en el Sudamericano Argentina llegó a jugar contra nosotros con la soga al cuello. Y les ganamos las dos veces, 1-0 en la fase de grupos y 2-1 en el hexagonal. Y tienen muy buenos futbolistas como ese chico Pedro de la Vega, pero son lo contrario a nosotros, que hicimos una muy buena preparación, y ellos, con Fernando Batista, trabajaron dos meses como mucho, y cuando un seleccionador no le puede errar en la selección de jugadores. Y estamos hablando de que Ecuador tiene un tamaño diez veces menor a la Argentina y cabe en la Provincia de Buenos Aires, y por eso, mi recorrido buscando jugadores es diferente al de Batista.

-         ¿Por qué cree que el fútbol argentino llegó a esta situación, si tiene los jugadores y la infraestructura necesarios?
-         Creo que es un camino errado por dos motivos: porque confundió copiar la organización europea con copiar la forma de jugar de ellos, su estilo. Creo que debió conservar las raíces del trabajo para el Mundial 78, con laterales con técnica y movilidad, extremos y un número diez, y se empezó a copiar lo que ellos ya no usan, porque al mismo tiempo, ellos se mueren por copiar nuestro estilo de juego de antes. Ahora, aparecieron tipos que creyeron que inventaron la pólvora, cuando ellos buscan jugadores de buen pie. Yo soy un admirador de Riquelme, como antes lo era de Brindisi o Babington y necesitamos ahora otros que se adapten a nuestra idiosincrasia.

-         Se desaprovecharon cuatro Mundiales con Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, en el equipo.
-         Es increíble lo que pasa con él. Somos una máquina de matar ídolos, ya sea con él, con Bergoglio, y tantos más. Si Messi fuera ecuatoriano, le cortarian la cabeza al que hablara mal de él. Porque además, él es un pibe, un muchacho con un don para jugar al fútbol. Es muy injusto que carguen las tintas sobre él cuando lo que no hay es un proyecto.

-         O sea que pensando en la Copa América de Brasil, a apenas tres meses, no parece muy optimista. ¿O no tiene eso nada que ver con lo que pueda pasar?
-         No creo que la selección pueda revertir esto en tres meses. Tenemos el pecado capital, que es la soberbia. Nos pusimos soberbios pensando en que somos los mejores y que entonces nos va a alcanzar cuando hoy todo el mundo trabaja con las tecnologías para los entrenamientos. Salen muy buenos jugadores pero es como todo, si en su casa usted es una buena persona, y su mujer también, pero todo es un cambalache, lo más probable es que todo resulte un cambalache y hay que encauzar las cosas.

-         Con el éxito que usted tiene en Ecuador, ¿piensa en alguna chance de dirigir en la Argentina en el futuro?
-         La patria siempre tira, es normal. Tengo en Buenos Aires mis amistades, y sigo con las costumbres argentinas como el mate, los asados, pero también aprovecho cuando puedo, en los momentos libres, para repasar mi inglés, lo que sé, preparándome para el futuro. Por suerte, en Ecuador conseguí un gran respeto profesional y una gran consideración, pero uno nunca sabe lo que puede pasar. En este momento, estoy abocado a los proyectos, cuando en el fútbol argentino esa palabra no existe, sólo el respaldo de la gloria pasada.

lunes, 1 de abril de 2019

Racing, un merecido campeón por continuidad, juego y coherencia (Jornada)




No siempre ocurre como esta vez. Muy pocos pueden discutir un título tan justamente logrado como éste de Racing Club en la Superliga 2018/19. Campeón de punta a punta, con muy escasas derrotas, con la mayor diferencia de gol entre los veintiséis equipos (27), resistiendo los embates del dignísimo Defensa y Justicia, y con figuras estelares, encabezadas por Lisandro López, su caudillo, capitán y goleador.

No resulta nada casual que tras una larga travesía de treinta y cinco años en el desierto, desde aquel título de 1966, que incluye un descenso en 1983 que le hizo perder dos años en la segunda división, Racing haya ganado ya tres títulos en el siglo XXI (2001, 2014 y 2019) para completar ahora un palmarés de 18 torneos locales en su riquísima historia.

Racing se fue consolidando como uno de los clubes más serios de la Argentina cuando Víctor Blanco asumió para terminar con la puja entre dos sectores políticos y de a poco, fue solucionando las mayores dificultades económicas y fue apostando por el regreso de jugadores que son símbolos para su leal y ruidosa hincha, como Diego Milito y Lisandro López, luego de sus experiencias europeas.

Milito, de enorme influencia en el torneo de 2014, se convirtió en manager cuando abandonó el fútbol, y López fue fundamental en el logro actual, a partir de transmitir no sólo un liderazgo positivo y una total identificación con el club, sino también con el aporte de sus goles decisivos en partidos claves.

Otro acierto notable de la dirigencia fue la contratación de un director técnico que gusta del fútbol ofensivo como Eduardo Coudet, quien supo amalgamar un equipo con jugadores de buena calidad en todas sus líneas y con un gran nivel de paridad, y que aparecieron individualmente cada vez que hizo falta, y por si fuera poco, lo coronó con la búsqueda y el posterior convencimiento de Darío Cvitanich, un delantero inteligente y con experiencia, que se integró rápidamente a la idea general.

Sólo puede decirse que Racing fue superado con claridad en un partido, ante River Plate en el Monumental, el mismo equipo que lo eliminó en el mismo escenario apenas meses atrás por la Copa Libertadores.

Seguramente Racing es, aún, menos que River en un análisis como equipo, en cuanto al asentamiento de su juego, pero los “académicos” tienen el mérito de haberse dedicado de lleno a la Superliga, especialmente desde que quedaron fuera de la Copa Libertadores, y ni su rápida salida de la Copa Sudamericana, en 2019, alteró su principal atención.

Racing accedió al título una fecha antes y eso nos privó de un espectacular desenlace de la Supercopa, que habría sido un último partido en el Cilindro de Avellaneda ante su inmediato perseguidor, Defensa y Justicia, cuyo mérito es innegable porque no sólo peleó la punta hasta donde pudo con un presupuesto notablemente menor, sino que lo hizo practicando un fútbol de alta calidad, con un consagratorio trabajo de su entrenador, Sebastián Becaccese, y la aparición de jugadores para tener muy en cuenta como Domingo Blanco, Gastón Togni y Lisandro Martínez, entre otros.

Es cierto que, como en temporadas anteriores, el equipo grande que se queda sin competencias internacionales, suele tener ventaja en la lucha por el título, abocados como estuvieron en el plano internacional tanto River como Boca, pero Racing lo hizo con autoridad y buenos pasajes de fútbol y en todo caso, no es su culpa lo que pudieron haber resuelto sus competidores.  Cuando ganó la medalla dorada olímpica en 2004, Marcelo Bielsa, entrenador de la selección argentina, respondió con calidad cuando le comentaron que los rivales no habían traído lo mejor: “Me invitaron a una fiesta de etiqueta y fui como me dijeron. Si los demás van de jeans, es problema de ellos, no mío”.

Este torneo relanza también la figura de Coudet como uno de los DT de mayor proyección, luego de la gran campaña anterior con Rosario Central. Se trata de un entrenador equilibrado en los planteos, pero sin descuidar jamás el ataque, y que supo manejar bien algunas minicrisis, como aquella exclusión de Ricardo Centurión o cuando el equipo fue ampliamente derrotado en el Monumental y tuvo que demostrar que seguía en los primeros planos.

Por todo esto, Racing es un merecido campeón de la Superliga 2018/19 y amenaza con ser uno de los equipos que seguirán peleando por títulos en estos años.

sábado, 30 de marzo de 2019

Pepe Costa, el amigo inseparable de Messi (Infobae)




Durante los primeros días de su gestión como entrenador del Fútbol Club Barcelona, Ernesto Valverde recién pudo tranquilizarse cuando recibió el mejor consejo para relacionarse con el mejor jugador del mundo, Lionel Messi. “No le digas nada, ya se le va a pasar”, le dijo Pepe Costa en el campo deportivo del club en San Joan Despí.

Valverde estaba preocupado porque veía enojado a Messi porque no le salían las cosas como quería y no sabía cómo acercársele. “Hazme caso, es mejor así, se cabrea, pero se le pasa rápido”, le insistió Costa, tal vez, desde hace unos años, quien mejor lo conoce y más trata al crack argentino en el ambiente del fútbol.

Algunos lo llaman “el conseguidor” del Barcelona, porque es el encargado de encontrar soluciones para los jugadores del plantel futbolístico, aunque todos saben que hoy por hoy cumple, especialmente, las funciones de vocero, acompañante, gestor y si hace falta, guardaespaldas de Messi. Lo que se dice, un amigo inseparable del diez azulgrana.

A Pepe Costa Moix, alto, fornido, casi siempre sonriendo y mostrando casi toda su dentadura, se lo puede ver al lado de Messi al llegar o salir de un aeropuerto, observando un partido en el palco, en un entrenamiento del Barcelona o la selección argentina, en el túnel que conduce a la cancha en cualquier partido, junto al resto de jugadores azulgranas, o en cualquier foto de “La Pulga” relacionada con temas futbolísticos.

Marcador central, salido de las divisiones inferiores del Barcelona en La Masía, Costa terminó jugando en el Murcia y en el Sabadell (otro equipo catalán), y el permanecer en el ambiente futbolístico le permitió relacionarse con Sandro Rosell, entonces ejecutivo de la empresa Nike en Brasil, y allí vivió varios años.

Cuando Rosell asumió como vicepresidente del Barcelona en la gestión de Joan Laporta, en 2003, se llevó a Pepe Costa para gestionar la oficina de atención al jugador, aunque terminó mucho más cerca de Messi que del resto de sus compañeros por una cuestión de afinidad.

Cuando se produjo el conflicto con Laporta y Rosell salió de la vicepresidencia del Barcelona, se creyó que la suerte de Costa estaba jugada, pero no sólo resistió y continuó ya con su amigo en la presidencia, sino que pudo seguir incluso con Josep María Bartomeu, el actual mandatario, aunque vivió también algunas zozobras.

Costa lo pasó mal a fines de 2014, cuando hubo movimientos políticos internos cuando Luis Enrique Martínez era el director técnico del equipo en su primera de las tres temporadas y la relación con Messi y otros de sus compañeros era muy tirante.

Luis Enrique, ahora entrenador de la selección española, no tenía buena relación ni con Costa ni con Marcelo “Daddy” D’Andrea, fisioterapeuta de la selección argentina y otro de los mejores amigos de Messi, y además, el vestuario tampoco se llevaba bien con el entonces team manager del equipo, Emili Sabadell, quien respondía al director general del club, Antoni Rossich.

El plantel endilgaba a Sabadell que por sus acciones había sido despedido del club el legendario utilero Txema Corbella, el primer día de la pretemporada y que Costa, en ese tiempo, estaba apartado del vestuario.

En medio de ese tenso clima, el viernes 2 de enero de 2015, el plantel del Barcelona debía regresar de un mini descanso por Navidad, que había sido otorgado a regañadientes por Luis Enrique. En la primera sesión del entrenamiento vespertino, el DT dividió al grupo en tres equipos para un mini torneo. Estaban 4-4 en la final cuando Messi gambeteó a algunos rivales y Javier Mascherano fue con todo abajo, a barrer y se llevó jugador y pelota, pero el entrenador, árbitro del partidito, no cobró nada. Además, en el desconcierto, el equipo rival del de Messi marcó el 5-4.

 “Nunca cobrás nada, eso es un foul clarísimo”, le dijo Messi, con mala cara, pero Luis Enrique le respondió que “no fue nada, no te quejes más” y el crack remató “lo que pasa es que me tenés ganas desde hace tiempo”, según contó un testigo privilegiado de los hechos. La conversación fue subiendo de tono, y entonces apareció Xavi Hernández para llevarse al DT fuera del campo y el entrenamiento finalizó abruptamente.

Tras no dirigirse la palabra el sábado, Messi descubrió que no estaba entre los titulares para el domingo en Anoeta ante la Real Sociedad. Desde el departamento de Prensa se optó por disfrazar la situación por “un cuadro de gastroenteritis”, y aunque entró en el segundo tiempo por Munir, el Barcelona perdió 1-0 con gol en contra de Jordi Alba. El lunes 5 de enero, horas previas al Día de Reyes, unos diez mil niños concurrieron al Miniestadi para ver en acción a los jugadores, aunque en especial a Messi, pero éste no aparecería por el entrenamiento.

Tras todo tipo de llamados y whatsapps a Messi, y a su pareja Antonella y a Costa, sin ninguna respuesta, Luis Enrique fue agrandando la idea de expedientar al crack, sin que nada pudiera hacer siquiera el director deportivo, Andoni Zubizarreta, quien pendía de un hilo y a los pocos días sería destituido.

Recién hay un contacto al final del día, a través de Xavi y siempre por intermedio de Costa, y en el que el amigo de Messi le reitera la receta para que se la traslade al DT. “Hay que dejarlo tranquilo”. A lo que Xavi le agrega de su propia experiencia: “esto ya lo viví otras veces, él es así”. Todo se zanja el miércoles con un diálogo a solas entre jugador y entrenador, de casi una hora, previo al entrenamiento. Entre los mayores reclamos de Messi aparecieron las distantes relaciones con Costa, por parte del cuerpo técnico, y lo ocurrido con el utilero Corbella. Como corolario, Costa –apartado de los viajes del plantel- ocupó el lugar de Sabadell como team manager del club de allí en adelante.

Si bien la función de Costa es asistir a los jugadores en su integración a la ciudad y al club, puede decirse que está mucho más abocado a solucionar los problemas de Messi que del resto. Tiene vía libre para viajar con él a la Argentina en cada convocatoria de la selección (función en la que reemplazó al fisioterapeuta del club, Juanjo Brau) y fue reemplazando al padre, Jorge Messi, en algunos trámites y representaciones.

Para Messi, es más que un amigo, una especie de segundo padre. En determinadas ocasiones suelen hablar en código (“¿me trajiste aquello?”, “¿vas a hacer lo que me decías?”) y se suele ir de vacaciones con la familia, además de haber estado, lógicamente, en su casamiento. Después, se quedó en Rosario, en unas mini vacaciones, con las familias de Luis Suárez y Cesc Fábregas, dos de los mejores amigos del crack argentino. También suele viajar con Messi a los distintos acontecimientos, como las promociones publicitarias o las entregas de premios por todo el mundo.

Algunos prefieren definirlo como “guardia de seguridad” de su acompañante y suele ser muy estricto resguardando la privacidad del futbolista. Le ha llegado a decir que no a Gerard Piqué en grabaciones caseras en aviones para que “La Pulga” descanse y hasta puede llegar a exagerar como cierta vez cuando unas niñas se le acercaron a Messi para sacarse una foto con él. Eran las sobrinas de Tamara Gorro, presentadora de TV y pareja de Ezequiel Garay. Pero atrás de ellas estaba Pepe, con su ceño fruncido, y él también salió en la imagen, al fondo, atrás del astro.

También es capaz de generar reacciones adversas, pese a su habitual sonrisa, como el día de la goleada de la selección española a la argentina por 6-1 en el Wanda Metropolitano de Madrid poco antes del Mundial de Rusia, cuando se unicó en un palco privado junto con Messi, quien no jugó ese partido. La prensa española destacó que Costa se lamentaba en cada gol de “La Roja” pese a que en este equipo participaron tres jugadores del Barcelona, y festejó el gol albiceleste en pleno primer plano de las cámaras de TV tomando a su estrella amiga.

En noviembre de 2017, justo cuando Messi se aliviaba por la clasificación para el Mundial, Costa tuvo un accidente con su bicicleta, con una fractura de pelvis que lo mantuvo alejado del vestuario azulgrana por varios meses y no pudo estar cuando le dieron a Messi el Botín de Oro.

El hijo de Pepe Costa, Álvaro, también vivió en Brasil y resultó muy importante para el Barcelona por su muy buen dominio del portugués y su heredada capacidad para relacionarse con los jugadores y el ambiente del fútbol, como por ejemplo, en la adaptación de Neymar al Barcelona, cuando llegó en 2012 procedente del Santos.

Álvaro también fue muy importante para el acercamiento del agente André Cury al Barcelona a partir de la amistad que hicieron en los tiempos  de Nike Brasil. Costa acercó a Cury a Rosell y de hecho, se le atribuye haber sido el autor de la foto de Rosell con Ronaldinho de 2003 durante la campaña electoral que le dio el triunfo a Laporta,  así como fue  el responsable de traer jugadores brasileños sin éxito como Keirrison en 2009- costó 14 millones de euros y no jugó ni siquiera amistosos- o Henrique en 2008 - 10 millones, no jugó ningún partido oficial-.

Lo más trascendente de Cury fue haber transformado en nada el acuerdo de Neymar y su padre con el Real Madrid en 2012 para que recalara en el Barcelona. En 2017, el club catalán intentó retener a Neymar ante las presiones del PSG pero no pudo hacer nada, aunque luego, el agente participó en el fichaje de Arthur. Hoy, es el representante de la entidad en Brasil.

Alvaro Costa acabó sumándose, en tiempos de Neymar, a lo que el jugador y sus amigos llaman “Los Toiss”, que empezó siendo “Nois”, por “nosotros”, y fue derivando hacia reemplazar la “n” por la T”, que de hecho, es el símbolo que mostraban sus amigos uniendo los brazos, en un gesto que define una canción que Neymar bailaba muchas veces. Se popularizó con esta canción, “Eh tudo toiss”, que es como Neymar y sus amigos se llaman cuando están de buen humor.

Varios de estos amigos terminaron viviendo en Barcelona con Neymar, cobrando desde 4000 a 6000 euros por distintos servicios al jugador, disfrutando de fiestas o jugando al póker hasta altas horas de la noche, con croupieres facilitados por el casino, que por distintas normativas no podía mandarle una mesa directamente. En esas mesas jugaba el hijo de Pepe Costa, que luego acabó marchándose con Neymar al PSG, cumpliendo una función muy similar a la de su padre con Messi.

Si bien el Barcelona negó pago alguno del club a Cury, el amigo de Álvaro Costa,  por el pase de Neymar al PSG, no puso el mismo énfasis en cuanto a un posible acuerdo desde los tiempos de Rosell para que el agente se llevara un tres por ciento de un futuro pase del brasileño  (6,6 millones de euros, en este caso).


viernes, 29 de marzo de 2019

La noche en que Bánfield le quitó a Boca las chances de ser campeón y se lanzó la carrera internacional de La Volpe (Infobae)





Fue la noche del 30 de julio de 1975. Boca llegaba al partido de la 35a fecha del campeonato Metropolitano, con una remontada espectacular desde el inicio de la segunda rueda, después de haber terminado la primera a 16 puntos de River, que no sólo era el puntero (en tiempos en los que cada triunfo valía dos puntos y no tres como ahora) sino que se encaminaba a salir campeón después de dieciocho años de sequía.

En esa segunda rueda, Boca había acumulado 12 triunfos y 3 empates, y sorpresivamente, tras un muy mal inicio (seis de sus jugadores se habían declarado en huelga por un reclamo de aumento en sus salarios al presidente Alberto J. Armando: Rubén Sánchez, Miguel Nicolau, Roberto Rogel, Osvaldo Potente, Carlos García Cambón y Enzo Ferrero), se había colocado a apenas tres puntos de River, que había tenido una pronunciada caída en esa misma etapa del torneo.

Boca estaba a 5 puntos de River cuando lo visitó en el Monumental el 27 de julio y le ganó 1-0 con un gol de tiro libre de Potente y el fútbol argentino estalló. Parecía que como en los años anteriores, los Millonarios zozobrarían al final cuando habían armado un gran equipo, con Ángel Labruna como DT, y con jugadores como Ubaldo Fillol, Roberto Perfumo, Juan José López, Norberto Alonso, Pedro González y Oscar Mas.

Tres días más tarde, un miércoles por la noche, en la Bombonera, Boca recibía a Bánfield en la misma fecha en la que River visitaba a Témperley. Los Millonarios tampoco pudieron ganar en el sur (1-1) pero un Boca ultraofensivo, dirigido por Rogelio Domínguez, en su tercera temporada, y que atacó por todos lados, chocó siempre contra el arquero Ricardo La Volpe y no pudo ganarle a Bánfield. El partido terminó 0-0.

La Volpe, que treinta y un años después llegó a dirigir a Boca (y no pudo obtener el tricampeonato consecutivo aunque estuvo como puntero a 4 puntos del segundo a dos fechas del final), era apodado “El Loco” porque era de gambetear a los rivales y como él mismo recordó en una entrevista “me gustaba cancherear, agarrando la pelota con una mano por encima de los contrarios porque yo era salidor, como se estilaba en la época. No era un atajador”.

La Volpe tenía como ídolo a Amadeo Carrizo, al que iba a ver al Monumental con su tío Roberto, hincha de River, y de allí tomó el estilo de arquero. Tras ese partido (en el que en Bánfield jugó un ex crack de Boca, Nicolás Novello), la revista “El Gráfico” se preguntó en un título “¿Quién es ese La Volpe?”.

“Esa noche le sacamos el campeonato a Boca y nos cagaron a piedrazos a la salida de la Bombonera”, recuerda el ex arquero, de largos bigotes en aquel tiempo, ahora director técnico residente en México.

A partir de allí, su ascenso fue meteórico. Tres fechas después, cuando terminó el campeonato, La Volpe fue adquirido por San Lorenzo para jugar el Nacional de ese mismo 1975 y poco tiempo más tarde, fue convocado por César Luis Menotti para la selección argentina, con la que ganó el Mundial de 1978 aunque no jugó ningún partido (llevaba el número 13 en su espalda), y era el segundo suplente de Fillol, detrás también de Héctor Baley.

“Yo creo que pudo haber influido en mi convocatoria que el periodista Osvaldo Ardizzone, que era muy influyente en la época, vivía en el sur y me habría visto jugar y le habrá comentado de mí a Menotti”, especuló La Volpe, con el paso de los años, en una entrevista con la revista “El Gráfico”.

No era fácil parar a ese Boca, con enorme poderío ofensivo. En la segunda rueda de ese Metropolitano, el DT Domínguez había optado por ir sacando a los jugadores que habían tenido el conflicto salarial inicial. El arquero Enrique Vidallé reemplazó a Sánchez, Roberto Mouzo a Rogel, Hugo Paulino Sánchez a García Cambón, y fueron ingresando con más asiduidad Abel Alves y Darío Felman, y le había descontado a River 13 de los 16 puntos que le llevaba.

Tras el empate ante Bánfield (de haber ganado, habría quedado a 2 puntos de River a falta de tres fechas), Boca sufrió su única derrota de la segunda rueda ante Huracán (1-0) en el partido siguiente, y en cambio, River volvió a la senda de triunfos al vencer 2-0 a San Lorenzo con dos goles de Alonso, y ya la distancia se estiró a cinco puntos, inalcanzable para los xeneizes, que perdieron una gran chance al chocar contra Bánfield y La Volpe.

Luego, River sería campeón en la anteúltima fecha en el estadio de Vélez ante Argentinos Juniors (1-0) con el recordado gol de Rubén Bruno, en medio de la huelga de Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA) y en los festejos de la última fecha, ya con los titulares, vencería 2-0 a Racing en un partido que se suspendió en el entretiempo por invasión de público.

Boca, por su parte, le ganaría 7-0 a All Boys y 4-0 a Independiente en Avellaneda, aunque ya de nada le serviría esta extraordinaria segunda rueda. Pocos meses después, de los seis jugadores en rebeldía, sólo quedaría García Cambón para la llegada de Juan Carlos Lorenzo como DT en 1976, mientras que Potente regresaría en 1980.

El árbitro de ese partido entre Boca y Bánfield en la Bombonera fue Roberto Goicochea.

Boca: Vidallé, Pernía, La Fuente, Mouzo, Tarantini; Benitez, Trobbiani (Hugo Sánchez), Potente; Felman, García Cambón y Ferrero.
Banfield: La Volpe; Barril, Astudillo, Sotelo, Volk; Mateos, Logatto, Flotta (Langone); Roselli, Novello, Corvo (Facal).


miércoles, 27 de marzo de 2019

Un triunfo ante Marruecos que no disimula la confusión de este desteñido seleccionado argentino (Jornada)



Habían pasado grises 83 minutos cuando Ángel Correa, que había ingresado en el segundo tiempo, realizó una jugada individual y concretó el único gol del partido ante la batalladora pero insípida Marruecos en Tánger. El festejo, sin embargo, con los suplentes que saltaron desde la línea de cal para treparse al autor, junto al resto de los compañeros, sonó a desmedido para el contexto en el que ocurría. Al cabo, se le estaba ganando a un rival sin historia, por un gol en el final, y habiendo estado en el mismo nivel que el derrotado.

El seleccionado argentino, acaso con un partido amistoso más que podría concretar como local en junio, se encamina así a la Copa América de Brasil en un momento de absoluta confusión, sin un norte determinado, por más que la mayoría de sus integrantes, especialmente los que toman decisiones, quieran venderle peces de colores a quienes están acostumbrados, por muchos años, a otra cosa, con o sin resultados favorables.

Se entiende que Lionel Scaloni, director técnico interino, pruebe jugadores y busque en una nueva generación luego de la frustración esperada en el pasado Mundial de Rusia. De hecho, que sea éste el entrenador y no otro no es culpa suya, sino de quien lo contrató, de quien le cedió este espacio a partir de su aceptable roce internacional de sus tiempos como jugador, de su capacidad motivadora, de la llegada a Lionel Messi (posiblemente, lo que haya sido más determinante), y de su indudable optimismo.

En todo caso, la Copa América a la que ya parece que llegará al frente del equipo nacional, será la prueba más palpable de su capacidad y la gruesa raya roja que determinará su futuro en la estructura, pero hay que afirmar con claridad que sus declaraciones tras el triste partido de ayer ante Marruecos, no se condicen en absoluto con la realidad.

Con y sin Messi, es decir, ante Venezuela y luego ante Marruecos, el seleccionado argentino volvió a mostrar la misma cara. Jugadores que podrían ser, en la mayoría de los casos, aceptables en lo individual, aunque no los cracks de otrora, y en muchos casos, sobredimensionados por una prensa ávida de éxitos y a las puertas de un gran torneo, en el que se arriesga el papelón de no haber una idea madre que sostenga al conjunto.

Porque más allá de nombres, lo que desde hace mucho que perdió el fútbol argentino (y se refleja en su equipo principal, su representativo más importante) es la idea acerca de qué se pretende, a qué se quiere jugar, y con qué ejecutantes.

Venimos señalando en estas páginas, desde hace mucho tiempo, que el fútbol argentino no se debate sobre cuál es el juego que pretende, desde que en 1958 comenzó a copiar el modelo europeo y luego, el sistema global de negocios terminó imponiendo, desde el Viejo Continente hacia aquí, las normas a partir de la economía, y entonces si les queremos vender jugadores, tenemos que sacarlos en los puestos que ellos utilizan.

Entonces, se acabaron los “reggistas”, los “diez” de antes que manejaban al equipo, los marcadores centrales elegantes y tiempistas, los marcadores de punta con oficio y proyección, los “cincos” que se las arreglaban solos en el centro de la cancha, los “ochos” goleadores, los wines desbordantes y los “nueves” técnicos que iban a buscar la pelota unos metros atrás y definían adelante.

Por si faltara poco, para acoplarnos a este “nuevo orden económico”, los torneos locales se juegan en verano y con un calor intolerable y descansan en los meses del frío para ajustar el calendario a los europeos, con el solo objetivo de poderles vender jugadores en su mercado.

El fútbol argentino, en síntesis, es hoy consecuencia de todo aquello. Es lo que puede ser. Es esto. Esto que vimos ayer. Esto tan triste de quedar, por momentos y ante un rival que en otra época hubiera sido menor, sin un solo delantero de punta, y con los jugadores discutiendo y peleándose con los rivales en cada cruce, en cada falta, para luego festejar un gol en acaso la única llegada clara en noventa minutos como si fuera la final del Mundial.

Tras la merecida derrota del viernes en Madrid ante Venezuela, y con el pobre Messi, (que sigue viniendo aunque la Selección no lo merezca), tratando de divisar a lo lejos algún socio para su excelso pero solitario juego, esto de ayer, por más que haya sido un triunfo, es un evidente paso atrás, que se nos disfrazará con aquel canturreo de que “ya está casi” el equipo para la Copa América, pero esta selección tan desteñida como lo indica el diseño de su actual camiseta, sigue dependiendo de los Messi, Sergio Agüero, Ángel Di María, Nicolás Otamendi (por más que se fogonee que son “perdedores” quienes llegaron a tres finales luego de décadas de no arribar a ninguna), y por ahora, con muy pocos agregados de calidad de esta nueva generación, como Nicolás Tagliafico o Lautaro Martínez, y, tal vez, Paulo Dybala, aunque éste no tiene muchas posibilidades de mostrarse.

Pero sin un esquema madre, sin una idea general, que ahora parece que podría aportar por fin el nuevo director general de Selecciones, César Luis Menotti, con toda su experiencia, es muy difícil llegar a buen puerto.

La selección argentina se debate dentro de una AFA sin rumbo, con movimientos que generan más dudas que certezas, en un ambiente de alarmante mediocridad, y con un entrenador que hace lo que humanamente puede, con el material con que cuenta en estos tiempos, y en medio de la marea.

Sin mucho más tiempo para la Copa América de Brasil, será lo que será y a la espera de que salga justo la bolilla que estudiamos para el examen, allí vamos, a que la suerte nos acompañe y el viento, como el de ayer en Tánger, nos pueda soplar a favor. Es lo que hay.



Los Beatles no fueron fanáticos del fútbol, pero lo abordaron muchas veces (Infobae)




Si bien puede afirmarse que Los Beatles no fueron fanáticos del fútbol, pese a haber sido originarios de una ciudad que lo sigue intensamente como Liverpool, llegaron a abordarlo en muchas ocasiones tanto en canciones, como en escenas de películas o las portadas de sus discos.

Muchos creen que si Los Beatles no se pronunciaron mucho sobre fútbol en una época en la que justamente la selección inglesa ganó su único Mundial (1966) y en su propio país, fue porque el mánager de la banda, Brian Epstein (fallecido en agosto de 1967) les sugería que no lo hicieran para no tener que definirse por un equipo u otro.



Randolph Peter Best, más conocido como “Pete” Best, baterista cuando la banda se llamaba primero “The Silver Beatles”, era un fanático del Everton FC, uno de los dos equipos de la ciudad,  y confesó que en los días de Hamburgo (donde residieron entre 1960 y 1962),  jugaban al fútbol y que John Lennon era el que mejor lo hacía. “No éramos especialmente hábiles aunque John era, indudablemente, el mejor con el balón en los pies. Un día me confesó que siempre había soñado jugar en el Liverpool. Yo, en cambio, prefería Goodison Park” (sede del estadio del Everton).

La mayoría de los que los conocieron de cerca, coincide en que de los cuatro,Lennon era el que más destreza mostraba con la pelota, aunque según el historiador de una de las mejores bandas musicales de la historia, Ray O’Brien, John era un desentendido absoluto del deporte, aunque su padre era fanático del Liverpool y por eso fue quien sugirió al jugador Albert Stubbins en la tapa del LP “Sargent Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (1967).


Para el armado de esa portada, Paul McCartney había sugerido que se incluyera también a Dixie Dean, un ídolo del Everton FC, el otro club de la ciudad  y del que es hincha, aunque por sugerencia también de su padre, pero no prosperó. Una vez que el álbum salió a la venta, Los Beatles le enviaron a Stubbins  una copia autografiada con la inscripción “Bien hecho, Albert, por todos esos gloriosos años de fútbol”, a pesar de que su carrera futbolística no trascendió demasiado.

Treinta y siete años más tarde, el artista Peter Blake, creador de la famosa y revolucionaria portada, fue requerido para armar una nueva en formato digital con motivo de haber sido elegida Liverpool como Capital de la Cultura 2008. Allí  utilizó el mismo concepto que antes pero agregó a los jugadores Michael Owen (reds) y a Wayne Rooney (blues), símbolos de cada uno de los dos equipos de la ciudad.


Por ese tiempo, según distintas versiones no oficialmente confirmadas, - aunque en 2011 el musicalizador y conductor Bobby Flores le dijo a Perfil que él vio ese video en un viaje a Londres en los 90 y que Juan Alberto Badía también conocía esta historia-, John se hizo de Racing cuando le ganó la final intercontinental al Celtic, aunque no estaba en tema, y le tiraba algo más el cricket. Una vez le preguntaron si le interesaba el fútbol. “La verdad que no”, respondió, aunque luego dijo “espera…¿cómo se llama el equipo que juega contra el Celtic? ¿Racing?  ¡Ey! ¡Me gusta Racing! ¡Viva Racing! ¡Soy de Racing!”. Treinta años después, el “Chango” Cárdenas llegó a decir que “mi gol lo festejó hasta John Lennon. Por el odio entre los ingleses y los escoceses, Lennon no quería ni a palos que ganara el Celtic”. Lennon llegó a ponerse una vez (se desconocen los motivos exactos) la camiseta de Chacarita Juniors.





Un año más tarde, en 1968, cuando el Manchester United ganó la Copa de Europa, Lennon formó parte de los festejos junto a su amigo George Best, hábil delantero de los “Diablos Rojos” y conocido como “El Quinto Beatle”.

También en 1968, Los Beatles aparecieron en la famosa sesión de fotos de “Mad Day Out” cubiertos con la bandera del Liverpool, aunque podría tratarse de una forma de referenciar su origen y no estar relacionado con nada futbolístico, así como otros creen que los LP Rojo y Azul, que resumían las dos grandes etapas de su carrera, están relacionados con los colores de los dos equipos de la ciudad, aunque salieron cuando el grupo ya estaba disuelto.

En 1970, en el LP “Let it be”, aparece nombrado el escocés sir Matt Busby, quien fuera un exitoso director técnico del Manchester United entre 1945 y 1969, para regresar en la temporada 1970-71 y sobrevivió al accidente aéreo de Munich de 1958 en el que el avión que llevaba al plantel se estrelló, con el saldo de ocho jugadores fallecidos. Busby, quien reconstruyó al Manchester United con jugadores muy jóvenes, aparece en el tema “Dig it”.

Así como Lennon estaba más relacionado al Liverpool, Paul Mc Cartney lo está con el rival de la ciudad, el Everton FC. En una oportunidad, se lo vio en las gradas en la final de la FA Cup de 1968 entre el WBA y el Everton (que ganó West Bromwich Albion), a la que concurrió con su primo.

Linda Eastman, su ex esposa, fallecida en 1998 y seguidora del Manchester United, comentó que en 1977, Paul escuchó por radio la final de la Copa Inglesa entre el Liverpool y el Manchester United y que ganaron éstos por 2-1 en Wembley. También concurrió a otra final de Copa entre Everton y Liverpool en 1986, con el triunfo “red” por 3-1.

“Este es el trato. Mi padre nació en Everton, mi familia es oficialmente del Everton, así que si se trata de un derby o una final de Copa inglesa entre ellos, debería apoyar al Everton”, le dijo una vez a Radio Merseyside. Pero luego admitió que después de un concierto en Wembley “me hice amigo de Kenny Dalglish (ídolo del Liverpool), que había venido a verme y me dije “sabes qué? Voy a apoyar a los dos porque no tengo esa cosa católica (Everton)-protestante (Liverpool), así que tuve que obtener un permiso especial del Papa para hacer esto. Los apoyo a los dos, aunque si hay una definición entre los dos, soy del Everton”, según le dijo en 2008 a la revista “Observer Sports” previo a un concierto suyo en Anfield, el estadio de Liverpool.

En 2011, Paul concurrió con su hija Beatrice a ver en Wembley la final de la Champions League entre el Manchester United y el Barcelona, o sea que vio en directo a Lionel Messi saliendo campeón de Europa. Previo a su concierto en Brasil en 2017, los jugadores del Corinthians vistieron camisetas que decían “#Sing4LifePaul” en referencia a una campaña de donación de órganos que buscaba el apoyo del ex Beatle. 
Y en 2012, en el primer concierto de Paul en Uruguay, el Liverpool oriental le dio un carnet como socio de honor.


Dos años después, cuando volvió al Uruguay, Luis Suárez (ex jugador de los Reds) le hizo una entrevista online e hicieron bromas por el futuro enfrentamiento entre Uruguay e Inglaterra en la fase de grupos en el Mundial de Brasil, a dos meses del torneo. Esa entrevista terminó con Paul hinchando por Uruguay y por el Everton. Suárez le pidió que en el caso de que la selección celeste eliminara a la británica “hinches por nosotros y te prometo que si hago un gol, te lo dedicaré”, a lo que el músico respondió que “todos sabemos que Inglaterra saldrá campeón, pero igual dedicame un gol cuando lo hagas, en cualquier caso”.

A Paul también se lo puede ver jugando al fútbol con el resto de los Wings en los minutos finales del video de “Mary had a Little lamb” del Paul Mc Cartney Show de 1973 como también presenciando cómo los soldados ingleses y franceses se unen en un partido en el barro en “Pipas de la Paz”, Y ya años más tarde aparecieron fotos de Paul y su banda jugando al fútbol en su granja, aunque vistiendo pantalón largo.

El reconocido productor y compositor Andy Thompson ratifica que Paul “era (y acaso todavía lo es) definitivamente un evertoniano, al igual que se padre, pero su hermano Mike es un gran red y parte de su banda “The Scaffold”, la película promocional de “Thank you very much”, fue filmada frente a un lleno total frente a Spion Kop (la tribuna principal del estadio de Anfield) a su pedido”.

En la canción “We got married” de su LP “Flowers in the dirt (1989), Paul hace referencia al fútbol en “scoring goals for the other team” (haciendo goles para el otro equipo) y en el LP “Flaming Pie” (1997) , en la canción “Somedays” dice “Is not good asking me what time of day it is, who won the match or scored the goal. Somedays I look, somedays I look into your soul” (“No está bien estar preguntándome qué momento del día es, quién ganó el partido o marcó el gol. Hay días que miro, hay días que miro dentro de tu alma”).

Dhani Harrison, el hijo del fallecido George, aunque londinense, es fanático del fútbol y de Liverpool y va siempre a ver los partidos a Anfield. Pero George es considerado el Beatle más desinteresado en el fútbol y se encargó de decirlo: “Hay 3 equipos en Liverpool y yo soy del otro”, tal vez en referencia a los Tranmere Rovers, de la Ligue Two (cuarta división), pero ni siquiera es verdad, y sólo era una frase para mostrar su distancia El único antecedente conocido de George se aprecia en “Anthology”, el libro escrito por los propios Beatles, donde aparece como un entusiasta joven de 14 años disfrutando la final de la Copa inglesa de 1957 en la que Aston Villa venció al Manchester United 2-1.


Por su parte, Ringo Starr es fanático del Arsenal y como su padrastro era de Londres, lo llevaba a ver a los Gunners  cada vez que visitaba la ciudad, aunque ya sus hijos van siempre a ver al Liverpool y tienen un abono en Anfield.

Del entorno Beatle, el más cercano al fútbol era su road manager, Neil Aspinall, quien iba siempre a los partidos del Liverpool en Anfield antes de tener que mudarse a Londres y hasta incluso ya viviendo allí, volvía cuando encontraba una posibilidad.
Las referencias al fútbol también aparecen en las películas de Los Beatles. En la película “Submarino Amarillo”, en la escena de la canción “Eleanor Rigby”,  aparece el fútbol y posiblemente tenga como destinatario al derby de Merseyside (Everton-Liverpool).

El fútbol aparece también en “¡Help!”. Se ve un estadio lleno y supuestamente a Ringo dominando una pelota. Y en “Magical Mistery Tour” se ve a Los Beatles jugando al fútbol durante el videoclip “Blue Jay Way” en 1967. Allí consideraron positivo incluir al fútbol luego de la fiebre desatada en Inglaterra tras el Mundial ganado en 1966. De hecho, en muchas fotografías tomadas detrás de cámara puede verse a Ringo tratando de dominar la pelota.



Ese mismo año, la versión preliminar de “Glass Onion” originalmente cerraba con un loop de la voz del comentarista Kenneth Wolstenholme gritando “¡Its a goal!” tomado de sus transmisiones del Mundial 66, aunque este segmento luego fue descartado por el productor George Martin.

También los estadios de todo el mundo cantaron sus canciones. Después del lanzamiento del disco “Yellow Submarine” uno de los temas favoritos era “All Togheter Now”. En Argentina llegó a fines de los 60 el “Ob-La-Di Ob-La-Da”, que se canta también en Japón,
O también, en la actualidad, “Hey Jude”,
Con el tiempo, el club español Villarreal fue bautizado como “Submarino Amarillo” por los colores, y sus hinchas suelen utilizar su iconografía y tipografía en las gradas.

En “Flaming Pie” (1997), el 9no álbum de estudio de Paul, hay una canción que dice “Is not good asking me what time of day it is, who won the match or scored the goal. Somedays I look, somedays I look into your soul” (canción Somedays).
En “We got married” (Paul), de “Flowers in the dirt”

La mayor conexión entre Los Beatles y el fútbol fue un telegrama que le mandaron en 1965 al DT del Liverpool, el legendario Bill Shankly, deseándole suerte en la final de la Copa inglesa, y que está exhibido en el Hotel Shankly de Liverpool. “La mejor de las suertes, muchachos. Los estaremos viendo por la tele. John, Paul, George y Ringo”.

La portada de “Walls and Bridges” de Lennon (1974) refiere al partido de Newcastle ante Arsenal de la final de la Copa inglesa del 3 de mayo de 1952. John tenía 11 años cuando dibujó una escena de ese partido - cuando el chileno Jorge Robledo marcó el único gol de “Las Urracas” con un cabezazo (1-0), y puede verse también a un jugador de Newcastle con el número nueve en su espalda, Jackie Milburn-.  Sin embargo, en la edición remasterizada, Yoko Ono cambió la portada. En ese LP hay una canción que se llama “9 Dream” (el nueve era el número favorito de John).

Años más tarde, Néstor Flores estaba escribiendo una biografía de los hermanos Robledo, Jorge y Ted, futbolistas chilenos de la Liga Inglesa. Consiguió fotos del gol por la prensa local y creía recordar que esa imagen ya la había visto alguna vez y como buen beatlemaníaco, recordó que la foto era exactamente igual a la de la tapa del disco.