miércoles, 11 de marzo de 2020

En una dramática definición, Boca le arrebató la Superliga a River a 18 minutos del final del torneo (Kicker)




Cuando el 24 de enero se reanudó la Superliga argentina a siete jornadas del final, pocos hubieran apostado a que Boca Juniors podía arrebatarle el título a sui clásico rival, River Plate, que parecía en carrera imparable para conseguir, luego de seis años, un título que se le negaba.

De hecho, River llegó a la definición de la última jornada en Tucumán ante Atlético con un punto de ventaja sobre Boca, que recibía en un clima especial al último equipo en la tabla de promedios para el descenso de categoría, Gimnasia y Esgrima La Plata, dirigido nada menos que por un ídolo de la Bombonera, Diego Maradona.

River ganó once copas desde que en 2014, Marcelo Gallardo es su entrenador, tres argentinas, una Supercopa argentina, dos Libertadores de América, una Sudamericana, tres Recopas sudamericanas y una Suruga Bank en Japón, un gran imperio en el que postergó cuatro veces a Boca, lo que ya parecía generar un complejo en su adversario, y acostumbrados como están sus jugadores a los partidos decisivos, era el gran candidato para ganar esta Superliga que además, era su gran oportunidad porque muchas veces descuidó el torneo local para volcarse a los internacionales.

Pero esta vez, la segunda en menos de tres meses (la anterior fue a fines de 2019, cuando le ganaba 1-0 a Flamengo y perdió la final de la Copa Libertadores 2-.1 en los últimos dos minutos), venía desgastado y con una ventaja mínima porque en la jornada anterior desperdició una gran ocasión al empatar en su estadio Monumental apenas 1-1 ante el modesto Defensa y Justicia y la sensación que quedó es que se había complicado su chance.

Lo de Boca, entre 2019 y 2020, fue de un cambio radical. Ocupando el segundo puesto en el torneo, hubo elecciones en el club, triunfó la oposición luego de 24 años de gobierno de los mismos dirigentes, su ex jugador Juan Román Riquelme ocupó la vicepresidencia, y decidieron terminar el contrato del entrenador Gustavo Alfaro para reemplazarlo por quien había ganado la última Copa Libertadores en 2007, Miguel Russo.

Russo hizo algunos movimientos importantes en el equipo. Lo adelantó varios metros (Alfaro era criticado por ser excesivamente conservador) y sorpresivamente, cuando era considerado casi un ex jugador a sus 36 años, Carlos Tévez terminó marcando seis goles en los siete partidos (entre ellos, el decisivo, con el que Boca le ganó a Gimnasia 1-0 a sólo 18 minutos del final).

“Desde 2015, fue una batalla interna en mi cabeza pensando si me retiraba o no. Me costó mucho hasta encontrar la motivación para seguir. Recién ahora lo conseguí, pero fue un proceso muy largo y complicado y no lo pasé bien por momentos”, dijo en los festejos, en referencia a que se planteó retirarse de la actividad, cuando era cuestionado por muchos hinchas por haberse ido a China, aunque luego regresó.

Pese a que en la Bombonera sabían que el otro partido, jugado al mismo tiempo, iba empatado 1-1 desde el final del primer tiempo en Tucumán (perdía pero empató su atacante Matías Suárez), Boca no lograba vencer a Gimnasia y ese empate le seguía dando el título a su rival, hasta que Tévez sacó un potente remate que venció las manos del arquero Jorge Broun y se desató el festejo loco, con la incertidumbre sobre si River podría o no marcar el gol que le quitara la alegría, aunque al final no lo consiguió.

“En el fútbol se suele ganar menos de lo que se pierde y nosotros nos habíamos acostumbrado a lo contrario en estos años, pero siempre se aprende algo. Atlético Tucumán puso hoy un plus contra nosotros y hubo errores arbitrales (a River le anularon un gol válido del colombiano Rafael Borré en el inicio del partido), pero no quiero entrar en polémicas”, dijo un medido Gallardo.

Boca fue campeón con dos entrenadores muy distintos y en un torneo partido, que se paró por casi dos meses (desde el 6 de diciembre hasta el 24 de enero) y que volvió con sólo siete jornadas finales, por lo que la sensación mayor es que fue River el que lo perdió.

Boca se clasificó directamente para la Copa Libertadores de 2021. Otras plazas se definirán sumando los puntos de la Superliga y los de la Copa de la Superliga, que en dos grupos de doce equipos cada uno comenzará a jugarse el próximo fin de semana, y lo mismo ocurrirá con los promedios para descender, aunque en este caso, también se tomarán los partidos de las dos temporadas anteriores.

lunes, 9 de marzo de 2020

Boca, aún en formación, campeón en una Superliga que perdió un River con algunos síntomas repetidos de agotamiento




El fútbol argentino da para todo. Un torneo partido, con un descanso largo entre principios de diciembre y fines de enero, que determinó una seguidilla de siete fechas como si todo comenzara de nuevo y que a la larga permitió que Boca, que estaba jugando muy mal con Gustavo Alfaro, se renovara con la llegada de Miguel Russo y un par de refuerzos y más que todo, un cambio táctico y posicional para acabar ganando de arremetida una Superliga que iba claramente orientada para River, pero los “millonarios”, tal como dos meses atrás con la Copa Libertadores, la perdieron en los últimos minutos.

Boca, en las veintitrés fechas de este torneo que parece que será el último con esta estructura (todo indica que en mayo se votará su regreso a la AFA aunque se organizaría algo parecido), casi nunca pudo redondear una buena actuación a tiempo completo. Con Alfaro, su sistema táctico no sólo era un 4-4-2, sino que los cuatro del medio jugaban demasiado atrasados, y a veces se sumaba un quinto para la marca, dejando arriba sólo y aislado a un delantero.

Con Russo, el equipo no sólo cambió de sistema. Obligado por la intempestiva salida de Alexis Mac Allister al fútbol inglés, y la de Nicolás Capaldo al Preolímpico sub-23, el experimentado entrenador aprovechó para ir propendiendo a un 4-1-3-2, con algunos cambios sustanciales: eliminó el insustancial y aborrecible (para el espectáculo, que al fin y al cabo es el que genera la atención del público) “doble cinco” para colocar un único eje en el postergado y muy técnico colombiano Jorman Campuzano, y adelantar al resto de los volantes como Guillermo “Pol” Fernández, con dos extremos abiertos como Eduardo Salvio y el colombiano Sebastián Villa (con el anterior DT sólo jugaba uno, por lo general), aunque en el centro prefirió colocar a Carlos Tévez, relegado en el ciclo anterior, junto con Franco Soldano en vez de Ramón “Wanchope” Ábila.

Tal vez el talón de Aquiles del Boca de Russo, de apenas siete fechas y cuando las matemáticas juegan a su favor (aunque el fútbol no es sólo eso) pase por lo que muchos consideran “el centro del ataque” y nosotros creemos que fue, más exactamente, “el centro de la línea más adelantada del equipo”, que no significa “ataque” porque tanto Tévez como su inexistente compañero (de escasísimas condiciones técnicas y que para muchos hizo el incomprobable “trabajo sucio” para que el Apache pudiera rendir), se paraban demasiado lejos del arco rival.

Salvando las enormes distancias, la ausencia de Wanchope para que jugara Soldano no está justificada por el título conseguido in extremis, porque lo mismo podría aplicarse para justificar que Diego Maradona no haya sido convocado para jugar el Mundial 1978. Al contrario, aunque se trata de una ucronía, creemos que con él, la selección argentina habría ganado en forma más brillante y sin sufrir. De la misma manera, creemos que con esta estructura, y parados unos metros más adelante Tévez y Ábila, acaso Boca habría obtenido la Superliga con mayor claridad.

¿Mereció Boca ganar esta Superliga? Al promediar la misma  y especialmente desde que River comenzó a encarrilar sus triunfos que lo llevaron al liderazgo, quedó claro que el mejor equipo de la Argentina (y uno de los mejores de América, al punto de haber perdido su tercera Copa Libertadores en cinco años en los dos minutos finales, hace tres meses) es, en lo colectivo y en muchos casos en lo individual, el de los “millonarios”.

Tal como le ocurrió a Boca con Mac Allister, a River le pasó con la salida de Exequiel Palacios a la Bundesliga, aunque con la continuidad del mismo entrenador. Marcelo Gallardo debió reinventar un equipo que parece cansado, con algunos jugadores agotados (Javier Pinola, Lucas Pratto, Ignacio Scocco entre ellos) y que deposita prácticamente todo lo que pueda crear en los pies del muy completo Ignacio Fernández, o en la magia de un recién recuperado colombiano Juanfer Quintero, pero casi todo su basamento es en el juego colectivo, en la presión y en las subidas de sus laterales Gonzalo Montiel y Milton Casco, o el despliegue de sus volantes.

Gallardo reconvirtió al equipo en un 3-5-2, que le dio resultado hasta que en las últimas fechas comenzaron a notarse algunos síntomas de cansancio porque, como Boca (aunque jugando mucho mejor cuando aceita los mecanismos entre sus componentes), dispone de poca gente que pueda crear fútbol a la hora de necesitar desequilibrar.

Si bien ganó sus partidos como local ante Bánfield y Central Córdoba de Santiago del Estero, se notó ya que no le resultaron fáciles, y la clave de su quedo final fue su última posibilidad como local ante Defensa y Justicia, cuando no sólo no pudo ganar sino que estuvo al borde de perder, y como pocas veces, no tuvo siquiera el control de la pelota en casi todo el primer tiempo y lo salvó su carácter en el complemento.

Con los dos puntos perdidos ante el “Halcón” de Florencio Varela, River tuvo que jugarse el título teniendo que ganar en un estadio complicado como el tucumano José Fierro y ante un rival fuerte, que no jugó por muy poco su segunda Copa Libertadores consecutiva, y aunque como visitante rindió más que como local (seguramente porque en ese caso se le abren los espacios que en el Monumental no dispone), y aunque pudo haberlo conseguido (un gol mal anulado al gran goleador colombiano Santos Borré, y posiblemente un penal no sancionado a Matías Suárez en el segundo tiempo), le volvió a faltar esa cuota de determinación del pasado, la misma que estuvo ausente en Lima ante Flamengo meses atrás.

Ni Boca ni River, de todos modos, se pueden engañar. El objetivo de los xeneizes, amplios dominadores del fútbol local, más ahora con este nuevo título (ganaron cuatro de los últimos seis torneos de liga), sigue siendo la Copa Libertadores y para poder llegar a fines de año con chances, tendrán que jugar mucho mejor de lo que lo vienen haciendo.

Boca es un equipo que puede golear cuando se le abre el arco porque dispone de un plantel rico y de un esquema fue mejorando en la zona que más lo complicó en este tiempo, la de gestación de juego, pero no puede desperdiciar a sus extremos dándoles tanto trabajo de retroceso para la marca, y claramente, Wanchope Ábila es muy superior a Soldano como centrodelantero.

Párrafo aparte para Carlos Tévez: es cierto que ha crecido y que éste fue su mejor torneo desde su regreso a Boca en 2015, pero se lo sobredimensiona de una forma notable, en parte por una extraña simbiosis con algunos medios en particular, pero también, seguramente, por la urgente necesidad de ídolos que tiene un fútbol argentino desbarrancado y que pierde figuras al poco tiempo de emerger, que emigran a otras ligas apenas cuando se destacan un poco.

Tévez hizo el gol decisivo del título, tuvo algunas apariciones en momentos clave, pero no es ni el treinta por ciento del crack que supo ser. Hay una explicación lógica en su edad (36 años) pero cuando regresó en 2015 de la Juventus tenía 31 y sin embargo, desperdició un lustro de su carrera. No es aquel que gambeteaba, que desequilibraba con notables definiciones o con asistencias. El “Apache” no es un nueve, sino un mediapunta que rinde más jugando detrás del goleador. Boca necesita un ataque con dos extremos y un centrodelantero, y tiene jugadores para todas esas posiciones. Acaso ya con tiempo y con menos presión, Russo pueda trabajar en ese sentido.

sábado, 7 de marzo de 2020

Ronaldinho, el imprevisible crack de la sonrisa eterna, guía y protector de Messi en el Barcelona, y amante de las fiestas y la noche (Infobae)




A punto de cumplir 40 años y tras 21 temporadas como futbolista profesional que deleitó al mundo con su talento, Ronaldinho sigue siendo imprevisible tanto como lo fue en los campos de juego como en su vida cotidiana, y pareciera que no puede evitar los escándalos, como el que está viviendo en Paraguay, en el que se encuentra con prisión preventiva después de haber ingresado con un pasaporte falsificado, igual que su hermano mayor, el también ex futbolista Roberto de Assís Moreira.

Ronaldinho nació el 21 de marzo de 1980 en Porto Alegre, se crió en una favela (una de las zonas más pobres) y siendo muy pequeño, a sus ocho años, debió sufrir la muerte de su padre Joao (soldador y a veces, guardia de seguridad en el estadio Olímpico Monumental, donde en aquel tiempo Gremio oficiaba de local) al ahogarse en la piscina de la casa que el club le había entregado a su otro hijo, Roberto, que era una estrella de los tricolores gaúchos, justo el día en que éste festejaba sus 18 años.

A partir de entonces, Roberto, su hermano mayor, que luego tuvo una grave lesión de rodilla que no le permitió explotar pero emigró al Sion (Suiza), pasó por el Sporting Lisboa,Vasco da Gama, Fluminense, el fútbol japonés y el Montpelier, se convirtió en una especie de padre para Ronaldinho.

En 2017, a punto de finalizar su carrera de 21 temporadas, Ronaldinho le escribió una carta al Ronaldinho de ocho años: “Papá fue el que siempre te dijo que jugaras al fútbol con creatividad. Él fue el que te dijo que jugaras libre, que simplemente jugaras con la pelota. Él siempre creyó en ti más que nadie…Papá era un superhéroe. No vas a sentir tristeza enseguida. Eso vendrá más tarde. En unos años podrás aceptar que papá nunca volverá. Pero quiero que entiendas que cada vez que tengas una pelota en tus pies, papá estará ahí contigo”.

La otra persona que lo acompañó tras la muerte de su padre fue su padrastro Vanderlei, pero también falleció de un paro cardíaco a los 64 años, en 2012. Ronaldinho jugaba al otro día con el Atlético Mineiro ante el Fluminense por el Brasileirao y metió un triplete. En el primero de los goles se arrodilló y miró al cielo.

Ronaldinho continuó el legado de su hermano Roberto y completó 21 temporadas. Debutó como él en el Gremio, en 1997. Su padre ya había hecho una premonición al club de Porto Alegre cuando su hijo mayor, firmó su primer contrato. “Acaban de contratar a Roberto, pero quien será un auténtico fuera de serie es mi otro hijo, Ronaldo, que está en casa. Hace cosas increíbles con la pelota”.

Ronaldinho se inició en Gremio, como su hermano,  pero jugó también muchos años en Europa, primero en el PSG, luego cinco años en el Barcelona, y después en el Milan, antes de regresar a Brasil a terminar su carrera.

Su mentor y primer entrenador es Jeiner Celin, quien lo ubicó en las divisiones inferiores de Gremio, en el que debutó en 1997 y ganó un torno estadual. No duró mucho, porque en enero de 2001 se anunció su pase al PSG (que no tenía el poder de la actualidad), aunque fue muy polémico y llegó hasta la FIFA porque los brasileños decían que no lo habían autorizado. Los franceses fueron sancionados y debieron pagarle a Gremio cinco millones de dólares. Estuvo dos temporadas en las que brilló aunque no pudo ganar títulos. Llegó a la final de la Copa de Francia pero la perdió ante el Auxerre. Allí compartió equipo con Gabriel Heinze y Mauricio Pochettino.

En julio de 2003 se anunció su contratación por el Barcelona por 24 millones de euros. “Fue la elección correcta. A los brasileños siempre nos ha gustado el Barcelona, tenemos historia ahí. Además, fuera de los campos de juego, mejor vivir allí que en el resto de Europa. Pasé cinco temporadas maravillosas. Es un club al que le gustan los delanteros y los jugadores con talento”, le dijo años más tarde a la revista inglesa “Four Four Two”. Ya en su primera temporada, aunque  salió segundo, fue elegido para ganar el FIFA World Player deslumbrando al mundo.  Ya era una gran estrella y con la selección brasileña había ganado la Copa América de 1999 y el Mundial 2002, en el que fue el autor de un gol de tiro libre ante Inglaterra en los cuartos de final.

Al Barcelona llegó justo en tiempos de cambios institucionales, cuando Joan Laporta ganó la presidencia y produjo un cambio en la idea de juego, buscando deleitar al público reencontrando el estilo perdido desde los tiempos de Johan Cruyff como jugador y luego, entrenador. El crack brasileño era reconocido por sus jugadas imprevisibles como “la elástica”, el “autopase”, la “cola de vaca” o la “espaldinha”.

Sus brillantes jugadas le valdrían ser considerado el mejor jugador del mundo al ganar el premio FIFA World Player en 2004 y 2005, ya en el Barcelona, y el mejor de Europa en 2004, 2005 y 2006 y Balón de Oro de la revista “France Football” en 2005, y mejor del mundo 2004 y 2005 para la revista inglesa “World Soccer, que también lo declaró, poco tiempo después, como el mejor futbolista del mundo de la primera década del Siglo XXI y la FIFA lo incluyó en la llamada “Lista 100” de los mejores 125 jugadores de toda la historia.

En la segunda temporada en el Barcelona fue campeón de la Liga 2004/05 aunque uno de sus días más gloriosos lo tuvo en 2005/06, también por el torneo español, ante el Real Madrid en el estadio Santiago Bernabeu, cuando marcó dos goles y fue aplaudido de pie por los hinchas locales, algo que sólo habían logrado Diego Maradona y Cruyff, y luego, Lionel Messi, con quien hizo una amistad especial y al que protegió desde el primer día en el club. “Siempre intenté ser una buena influencia sobre él, como Ronaldo (Nazario) hizo conmigo. Él siempre fue muy tímido pero un grandísimo futbolista. Vivíamos en la misma calle y teníamos una muy buena relación con él y su familia, e incluso en un momento supe que era mejor jugador que yo”, comentó años más tarde.

El holandés Henk Ten Cate, ayudante de campo en ese equipo, admitió con el tiempo que “sabíamos que Messi iba a superar a Ronaldinho”. Al inicio de la temporada 2004/05, el entrenador Frank  Rikjaard aprovechó las salidas de Edgar Davids, Patrick Kluivert, Michael Reiziger y Phillip Cocu, y que se retiraron Luis Enrique y Marc Overmars, y armó un equipo para mayor protagonismo de Ronaldinho con la llegada de Deco, Giuly, Belleti, Edmilson, Larsson, Sylvinho y Eto’o más el protagonismo cada vez mayor de Xavi e Iniesta desde la cantera.

“¿Qué hacés, boludo?” fue lo primero que le dijo Ronaldinho a Messi en el parking del predio de entrenamiento del Barcelona la primera vez que se vieron. Tras el primer día, el brasileño llamó a su amiga Cristina Cubero: “acaba de entrenar con nosotros alguien que va a ser mejor que yo”. “Eres un exagerado”, le dijo ella. En el primer viaje con el plantel, fue el brasileño nacionalizado portugués Deco, el que le dijo “tú serás el único argentino que se siente en nuestra mesa”, que era la de más peso, que también integraban Ronaldinho, Sylviho, Edmilson y el mexicano Rafa Marquez.

Ten Cate hacía de “policía malo” para poner en caja a un Ronaldinho que ya tenía tendencias a las fiestas nocturnas. El lateral holandés Gio Van Brockhorst, otro de los que llegaron, cuenta que en el primer entrenamiento de Messi en la Primera, 
Ronaldinho le dijo a Deco que iba a ser mejor que él y los demás se le rieron, pero ya en ese primer entrenamiento los brasileños del plantel se lo apropiaron. En los entrenamientos, utilizaban un espacio amplio, rectangular, con tres paredes, en la zona entre el vestuario y el gimnasio, colocaban una venda a falta de red y se jugaba uno contra uno a tres toques máximos por equipo y un solo pique, antes de pasar la pelota al otro lado, y ganaba el que primero llegaba a once puntos. Sylvinho era el rey de ese juego, jugando en compañía de Ronaldinho, hasta que llegó Messi y les ganó a todos.

En el primer gol oficial de Messi ante el Albacete, Ronaldinho le dijo “te voy a dar un pase para que metas un gol, mañana salís vos en las tapas de los diarios”. Messi convirtió por encima del arquero Valbuena, pero el gol fue mal anulado por offside. El brasileño no se amilanó: “te la voy a dar otra vez”, y como mediapunta, le dio un pase con el empeine a espalda de los defensores. Messi la dejó picar una vez y la colocó suavemente por encima del guardameta y salió con los brazos aleteando, Ronaldinho se dobló y el argentino se trepó a su espalda y así recorrieron unos metros. Luego Messi dijo “Todo el vestuario me trata muy bien pero con “Ronnie” tenemos una relación especial, de ahí la celebración”.

“Ronaldinho fue el culpable del cambio del Barcelona. La época era mala y el cambio experimentado con su llegada fue terrible. En el primer año no ganó nada pero la gente se enamoró de él. Después llegaron los títulos e hizo felices a todas esas personas. Creo que el Barcelona le debe estar siempre agradecido por todo lo que hizo”, insistió Messi en una entrevista a “Barꞔa TV”

Ronaldinho le proponía nuevos retos en los entrenamientos. “¿A que no te atreves a esto?” El brasileño le enseñó a Messi la realidad del fútbol competitivo, la vida de élite, mecanismos de juego, y salía en los malos resultados en las conferencias de prensa para protegerlo. Le decía (recuerda Cubero en el libro “Messi”, de Guillem Balagué) “tú quédate en la punta y sal cuando te diga”, le enseñó a ver la NBA para aplicarla en el fútbol, a bloquear, a leer los partidos. Le enseñó muchas más cosas que lo que la gente cree”.

En 2006, cuando el Barcelona ganó la Champions League en París ante el Arsenal, en la final  que Messi no pudo jugar por lesión, Ronaldinho,  Deco y Motta le llevaron el trofeo para que pudiera festejar porque estaba triste y desganado.

No era fácil llegar a ser un protegido de Ronaldinho por aquellos tiempos. El islandés Eidur Gudjohnsen destacó que cuando llegó al Barcelona, enseguida le dijeron que en el plantel “había jerarquías”. Con el correr de los meses, sin embargo, la situación del equipo se fue desbarrancando. Algunos creen que el inicio del fin fue cuando Ten Cate se marchó al Ajax como primer entrenador y aumentó el descontrol. Las salidas nocturnas de Ronaldinho se hicieron frecuentes y ya la comisión directiva se planteó alejarlos a él y a su amigo Deco, cuyos comportamientos eran criticados por los catalanes y los holandeses del equipo, aunque se decidió darles una segunda oportunidad tras la mala temporada 2006/07 en la que emergieron también los desencuentros entre Ronaldinho y Samuel Eto’o y había versiones de dos grupos, uno detrás de cada uno de ellos.

En 2005 Messi se había mudado con su padre a una casa de dos pisos en Casteldellfels, su hermano Rodrigo se quedó en Barcelona con su flia y su padre Jorge iba y venía a la Argentina. Vivía al lado de Ronaldinho. “Ronnie le enseñaba lo que tenía que hacer y lo que no tenía que hacer como profesional. Fue el mejor entrenador para Messi”,- reconoció Ten Cate-. El grupo de Ronaldinho, más que un mal grupo, era uno con una filosofía diferente”. “Hubo un día en que el futbolista de la sonrisa eterna, que con la magia de su fútbol había devuelto la autoestima a la afición culé tras cinco oscuras temporadas sin título alguno, se dejó arrastrar por la tentación de largas noches de fiesta, con las correspondientes resacas que dormía en la taquilla del gimnasio del vestuario. Fue una caída en picada sin retorno”, afirmó el prestigioso periodista catalán LLuis Canut.

Lo cierto es que todo indica que a Ronaldinho  lo afectó mucho el Mundial 2006 que no pudo ganar con Brasil, luego de la ilusión de la Copa América 2004 y la Copa Confederaciones 2005. Una noche, en Alemania, llamó a un amigo a las tres de la mañana. “Me siento solo”. “Salí, despéjate”, le respondió. “Es que tengo un montón de paparazzi en la puerta. Vente tú, ven a verme”. Regresó a Barcelona con pocas ganas de fútbol, alicaído y triste. Tras otra mala temporada, la 2007/08, la comisión directiva decidió contratar a Josep Guardiola, quien consideró que lo mejor sería dejarlo marchar. Laporta se dirigió a Castelldelfels, a la casa de Ronaldinho, y ambos coincidieron que el Mundial de dos años atrás fue decisivo, que las críticas fueron injustas, pero que no había logrado reponerse.

“Te quiere el Milan, te quiere el Manchester City. Eres tú el que decide a dónde quieres ir”, le dijo el presidente. Se dieron un abrazo y lloraron los dos. Ronaldinho eligió el Milan, que pagaba mucho menos (25 millones de euros). Al salir, el dirigente tomó el teléfono y llamó a Jorge Messi “¿Están en casa? Quiero que sean los primeros en saber algo” “Leo, debes tomar el liderazgo y el relevo de “Ronnie” en el club. Asumilo y quedate con la camiseta duez”. Los dos crackse volvieron a ver el 19 de agosto, en la semifinal de los Juegos Olímpicos de Pekín, y se dieron un abrazo en el final, cuando Messi lo fue a buscar y lo encontró decepcionado por la derrota de 3-0 en semifinales. Ronaldinho dejaba el Barcelona con 204 partidos y 94 goles.

Frank Rijkaard, su entrenador en esos años, llegó a decir que "cuando se tiene a disposición un jugador como éste, hay que dejarle una libertad total sobre el terreno. Yo no le doy ninguna consigna. Él es libre de colocarse a la izquierda, en el centro, o a la derecha. “Ronnie” no me ha decepcionado nunca. Yo sabía que sería eficaz de cara a la portería. Pero su facilidad a la hora de encontrar soluciones para sus compañeros no dejó de asombrarme partido tras partido". “El mejor DT que tuve sin dudas fue Rikjaard”, dijo a su vez Ronaldinho. “Irse en 2008 fue fácil. Era hora de irse. Quería seguir los pasos de él, que había sido mi DT y me habló grandes cosas sobre el Milan”.
En el equipo italiano jugó con el número 80 porque el 10 lo usaba Clarence Seedorf. Empezó bien pero fue discontinuo y terminó en el banco con la llegada de David Beckham. Fuy criticado por los hinchas, la prensa y su DT, Carlo Ancelotti. Cuando comenzó la temporada 2009/10, el magnate y accionista Silvio Berlusconi le hizo prometer a sus compañeros y DT que iba a tomarse la temporada en serio. No empezó bien pero terminó siendo fundamental para la levantada del equipo al punto de que en Brasil hubo una campaña para que regresara a la selección para el Mundial de Sudáfrica, pero no lo consiguieron.

En enero de 2011 regresó a Brasil para fichar por el Flamengo, con el que si bien ganó la Copa Guanabara y mostró destellos de su talento, irritó a los hinchas cariocas por sus eternas fiestas, al punto tal de que se llegó a habilitar una línea telefónica para denunciar sus salidas nocturnas (“Disque Dentico” – “Marque dentudo”-, con cinco equipos de voluntarios para constatar llamadas). El DT era Wanderlei Luxemburgo.

A la semana siguiente, silenció a todos con un triplete al Atlético Mineiro. Jugó la Copa Libertadores en la que por momentos fue figura, pero a mediados de 2012, tras criticar la situación económica del club y supuesto impago, rescindió su contrato por la vía judicial y fichó entonces por el Atlético Mineiro y terminó siendo considerado el mejor jugador del Brasileirao y ya en 2013 se proyectó a la Copa Libertadores que ganó con toda justicia (el mejor de todos en la fase de grupos y le ganó la final a Olimpia). Fue el máximo asistidor y mejor jugador de la Copa y se convirtió en uno de los únicos  ocho jugadores que ganaron Copa Libertadores y Champions (Cafú, Dida, Roque Junior, Tévez, Samuel, Sorín, Ronaldinho y Neymar). También fue elegido mejor jugador sudamericano en la tradicional encuesta de “El País” de Montevideo.
Entre mediados de 2014 y 2015 jugó en el Querétaro de México, siempre con destellos pero criticado por sus fiestas, y luego terminó jugando en el Fluminense.

En la selección brasileña pasó por todas las categorías. Fue campeón mundial sub-17 y desde 1999, en la selección mayor, ganó la Copa América de Paraguay, y fue el máximo goleador de la Copa Confederaciones, y luego, campeón mundial en 2002 junto a Rivaldo, Ronaldo, Roberto Carlos, Cafú y otras figuras. El DT Dunga no lo tuvo en cuenta para la Copa Confederaciones 2009 ni para el Mundial 2010 pese a la campaña porque “debía tomar decisiones por lo visto en el césped” aunque volvió a fin de ese año en Qatar en un amistoso Argentina donde volvió a perder 1-0 con gol de Messi pero no volvió a ser un fijo del “scratch” y tampoco estuvo en la Copa Confederaciones 2013 pese a su alto nivel en el Atlético Mineiro ni Luiz Felipe Scolari lo citó para el Mundial 2014 como local. La ilusión creció cuando Neymar se lesionó durante el certamen, pero el DT no quiso saber y luego fue muy criticado por eso al caer 7-1 ante Alemania en la semifinal. El DT no aceptó que cuando fue citado para un amistoso ante Chile en el Mineirao, había sido el único que llegó tarde al hotel Ourominas a mediados de 2013 y eso le valió la salida.

En su carrera marcó 266 goles en 695 partidos en clubes y 85 en 167 con la selección, para un total de 351 en 862 partidos.
"Mi juego se basa en la improvisación. Un delantero no puede parar de improvisar. Mi objetivo es desequilibrar a mi adversario. Para eso no hay mejor manera que inventar y por eso estoy siempre en busca de nuevos quiebres. Me afano en probar trucos. Aún me quedan muchas cosas por aprender para sorprender al contrario", dijo alguna vez. Michel Platini, Balón de oro 1983, 1984 y 1985, afirmó que Ronaldinho “hace el fútbol más bello y artístico. Hace feliz a todo el mundo. Es la representación del fútbol que me gusta. Con él, el fútbol es un arte, además, no sólo es brillante individualmente sino que es altruista".

Ronaldinho, que tiene un sobrino llamado Diego justamente por él, siempre fue un admirador de Maradona, que una vez dijo que él fue su sucesor.. “Aunque yo sea brasileño, al que más veces vi jugar fue a Diego y es un gran referente como mejor jugador del mundo. Hizo cosas increíbles.

Se retiró del fútbol el 16 de enero de 2018 y el 17 de octubre de 2019, se organizó en su homenaje a modo de despedida con un amistoso en el estadio Nemesio Camacho, El Campín, en el que jugó 75 minutos con la camiseta de Independiente Santa fe de Bogotá ante Atlético Nacional de Medellín.

En 2016 se conoció que mantenía una relación amorosa con dos mujeres al mismo tiempo, Priscilla Coelho y Beatriz Sousa, y se llegó a decir que tenía pensado casarse con ambas en agosto de ese año y a las que les regaló un anillo de compromiso para la fiesta pensada para su mansión privada en la Barra de Tijuca en Río de Janeiro, aunque sería informal porque la bigamia no es legal en Brasil y se castiga con prisión. El jugador nunca lo confirmó oficialmente (las dos son de Belo Horizonte y él fue a muchos eventos acompañado por ambas) y hasta su hermana Deise se manifestó contraria y que por eso no iría a la fiesta, pero eso duró muy poco.

El 27 de diciembre de 2006 se inauguró, en el sur de Porto Alegre, el Instituto Ronaldinho, un complejo de alta gama para ayudar a los niños de bajos recursos en 11,7 hectáreas aunque cuatro de ellas eran para preservación ambiental con actividades deportivas, y clases de informática, teatro, música e idiomas. Años más tarde, la Fiscalía local lo acusó, igual que a su hermano Roberto, de haber hecho esa construcción sin licencia de la entidad ambiental municipal, ignorar las peticiones para interrumpir las obras e impedir el acceso de inspecciones en el terreno, y también, por el uso privado de un área pública de un lago navegable. La Justicia los condenó a los dos hermanos en 2015 a pagar 800.000 reales (en ese momento 305.000 USD) pero al incumplirlo, en noviembre de 2018 les retuvieron los pasaportes con una multa de 8.5 millones de reales, diez veces más que en 2015.

Desde ese momento,  con su hermano hicieron muchas gestiones políticas hasta que que en 2019, el presidente brasileño Jair Bolsonaro designó a Ronaldinho embajador de Turismo de Brasil (Embratur) con el objeto de “recuperar la imagen internacional”, justamente acosado por algunos países europeos por el daño a la zona amazónica. Ellos habían apoyado la candidatura de Bolsonaro. El presidente de Embratur, Gilson Machado Neto, había dicho que el objetivo era aprovechar los 100 millones de seguidores de Ronaldinho en las redes sociales para resaltar los valores del fútbol y el carnaval en Brasil y hasta se estudiaba su participación en un reality show con turistas que desearan conocer el país aunque había funcionarios que se negaban a que formara parte.

En la campaña, Ronaldino usó la camiseta brasileña 17 y reveló su voto “por un Brasil mejor, deseo paz, seguridad y alguien que nos devuelva la alegría”. Otros que posaron con Bolsonaro y que tenían una alta deuda por el impuesto a la Renta, Cafú y Neymar padre e hijo. Dos días antes, su hermano Roberto cerró su participación en el “Juego de las Estrellas”, un evento apoyado por la red Havan, cuyo dueño es uno de los sostenedores de la campaña de Bolsonaro. Para eso cobró un cachet de 800.000 reales. En junio de 2019, Ronaldinho conoció a Bolsonaro en un almuerzo.

“¡Qué gol en contra, embajador!”, escribió con ironía en un artículo el reconocido periodista brasileño Claudio Arreguy.
La gran pregunta, ahora, es cuál será la salida imprevisible de Ronaldinho para gambetear esta nueva situación.







viernes, 6 de marzo de 2020

Luis Blanco, tipo recto, periodista comprometido y amigo por siempre




Si hubiera algo más allá de esta vida (llamémoslo “cielo”, “paraíso” o como queramos), seguramente en este momento, Luis Blanco estará reencontrándose con su querida madre, a la que tanto admiraba, y que hace poco se le había ido. Y con su padre, fallecido mucho tiempo atrás. Alternará seguramente con alguna que otra guitarreada hasta el amanecer, donde alternará con sus amigos canciones que escuchamos en la voz de Mercedes Sosa, o de Horacio Guaraní, o de Alberto Cortés. 

No querrá saber nada de la grieta política argentina, aunque mantendrá firmes sus ideas y aunque alguno le planteará, posiblemente, por qué hizo tal cosa y no tal otra, puede que los remita a su libro, escrito en los últimos años, “Decir o no decir”, que puede leerse libremente en la web de FM Contacto Las Parejas, http://www.contactoradio.net/libros/index.html#p=1  del que orgullosamente formo parte y tuve la suerte de asistir a la presentación. 

Luis ya no estaba bien de salud, y no esperaba que me convocaran a la mesa, una vez iniciado el acto con tanta gente presente, para que dijera algo sobre mi amigo. Me costó mucho porque me quebré más de una vez pero lo saqué adelante porque me conocía tanto que pidió que contara anécdotas del Mundial de Rusia, del que acababa de regresar, y todo se fue para el lado más cómico, disparatado, porque creo que con Luis estábamos predestinados para ser amigos. 

Nos une el milagro de las casualidades, desde la forma en que nos conocimos antes de iniciarse el Mundial de México 1986, en el centro de prensa del hotel Presidente Chapultepec, como un insólito encuentro años más tarde en las calles de París cuando ninguno de los dos sabía siquiera que el otro estaba allí, o lo ocurrido en Moscú. Yo salía al aire en su programa matinal cada día durante el Mundial y una tarde (por la diferencia horaria con Argentina) lo hice desde las famosas tiendas Gum, que dan a la plaza Roja. Llovía mucho y decidí quedarme para recorrer un poco más las lujosas galerías y cuando paró, salí, caminé unas cuadras hasta el túnel que da al metro, y me detuve porque vi una simpática imitación de Stalin, Lenin y Putin, rodeados de gente, la mayoría, turistas, que se sacaba fotos con ellos. Lo primero que vi, lo juro, fue a tres mujeres con clásico acento argentino, dándole una indicación al muchacho que se colocaba con los imitadores. Le pregunté a las mujeres de qué lugar eran y me dijeron que “de Santa Fe pero no de la ciudad sino de una más chica, Las Parejas”. Les comenté que acababa de salir al aire para la radio y me dijeron “noooo, ¿usted es el ruso?”. Porque yo, para Luis, para la gente de Las Parejas pero siempre a partir de Luis, soy “El ruso”. “Presentan al ruso Levinsky…..” así empiezan mis salidas, habitualmente. 

En este mundo de las casualidades es que, sin embargo, hoy no me imagino que el destino no nos hubiera cruzado en algún momento, pero no sólo que lo hizo, sino que eligió el momento más maravilloso. Porque lo que para Luis y para mí era, separadamente hasta allí una aventura (el primer Mundial para ambos), tuvo el final más feliz y más emocionante posible, aunque es inevitable comentar lo que pasó en el medio. Nos descubrimos como personas. Él, con 35 años y con cinco hijos, salía por primera vez muy lejos, desde Las Parejas, a dos horas de Rosario, con la idea inquebrantable de ampliar su mundo, aunque le costara horrores. Fui testigo (ahora lo puedo contar) de cómo lloraba el Día del Padre extrañando a los suyos, al punto de que tuvimos que convencerlo para que no abandonara todo y se fuera. 

Yo, con 23, en mi primera gran cobertura, desde Buenos Aires, clase media profesional. Se formó un grupo variopinto y extraordinario, con Gabriel Pedula, más cercano a mi generación, y Juan Scursoni, un ex futbolista que luego practicó once deportes y que ya andaba por los ochenta y pico. Contratamos a un chofer  (“Don Alejo Fonseca Pastrana, P’a servirle”), al que le pagamos el doble de lo que cobraría por mes en un taxi para que nos llevara a los entrenamientos de la selección argentina en el predio de Las Águilas del América, y a los partidos de México DF y sus alrededores gracias a la devaluación del peso mexicano en pleno Mundial, que nos hizo repensar todo, y con Luis terminamos viajando en avión a cada partido de Brasil en Guadalajara, con tanta suerte que allí hicimos una gran relación con Joao Saldanha, el DT del mejor equipo de la historia, el de México 1970, con quien desayunábamos. 

Los viajes en el taxi de Don Alejo eran una fiesta. Íbamos y volvíamos todos cantando, algunas canciones argentinas, otras mexicanas, y allí descubrí que Luis no entonaba como nosotros sino mucho mejor, casi que parecía profesional, aunque él lo negaba. Recién años más tarde, cuando lo visité en su casa y encontré sus fotos con los más grandes cantantes, lo comprendí. Luis le preguntaba a Don Alejo con detalle sobre cantantes mexicanos, como siete años más tarde lo vi haciendo lo mismo con los ecuatorianos. Era un gran conocedor de la música popular, desde Sandro a Mercedes Sosa.

Con Luis aprendí yo, el porteño, que la lentitud de los mexicanos para traer la comida no es un defecto, sino una característica de ese pueblo. Algunas de nuestras quejas motivaron un gran enojo de él pero creo que se ablandó cuando le pedí disculpas y entendió que no había mala voluntad. Luis era del mismo pueblo que Jorge Valdano, protagonista de ese Mundial, y eso le daba (y nos daba) algún tipo de ventaja. 

Recuerdo como si fuera hoy que antes de uno de los partidos decisivos, Luis estaba ilusionado y se llevó sus catalejos “porque Jorge me dijo que cuando toquen los himnos, él levantará el pulgar y ese saludo será para mí”. Nunca estuve tan pendiente de un himno en una cancha y efectivamente, Valdano levantó el pulgar durante el himno argentino, pero no sabíamos si era para él. Cuando ya anochecía el 29 de junio, día glorioso para el fútbol argentino y de una emoción tremenda para nosotros, íbamos caminando como tantos compatriotas hacia el restaurante “Mi Viejo” del ex jugador Jorge Paolino, en el barrio de Polanco, cuando escuchamos que desde atrás, cada vez más cerca, alguien gritaba “Luis, Luis”. Cuando nos dimos vuelta, era Valdano que estaba dentro del micro de los jugadores y que con un brazo fuera de la ventana levantaba, sonriente, su pulgar. Horas antes no fue otro que Luis quien puso el pecho para que este joven de 23 años sacara todo el llanto contenido de la emoción cuando terminó el partido con Alemania.

Más tarde conocí a su familia, a Alicia, a sus hijos María Eugenia, Paulo, Martin y Candela, aunque cuando mencionaba al más chico, que se le fue pronto y al que seguramente estará reencontrando ahora, los ojos se enrojecían, y también pude conocer mejor de sus luchas y compromisos en su ciudad y su zona, y fui testigo de su independencia de pensamiento (progresista de verdad, sin ostentaciones).

Pudimos compartir el Mundial de Italia 1990 junto a otros amigos, todos santafesinos, como Horacio Schiavoni, Osvaldo El Negro Ahumada y el Pelado Giordano. Todavía recuerdo hoy nuestras especulaciones y broncas por el juego de aquel equipo de Bilardo que milagrosamente terminó llegando a la final, y nuestros viajes atravesando el “Grande Raccordo Anullare” para llegar a Trigoria, donde se encontraba la selección argentina.

Más tarde, tras el Mundial de Estados Unidos 1994, Luis ya no siguió cubriendo torneos, más abocado a la situación local, pero la mayor sorpresa, y una de las mayores alegrías, la tuve en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Yo ya me encontraba en la villa olímpica, en mi habitación, cuando me comentaron por teléfono que tenía una llamada y era Luis para preguntarme cómo estaba todo. Colgué y a los dos minutos, golpearon la puerta y era Luis, que se había acreditado. Allí vivimos otra experiencia memorable, y me acompañó en una rara intuición que creo que tuvo una dosis de oportunidad y fortuna: al terminar la famosa carrera de los 100 metros llanos que ganó Ben Johnson a Carl Lewis, la premiación se hacía rogar, no empezaba nunca. Le comenté a Luis que olfateaba algo raro y que creía que lo mejor era ir hacia la zona de los camarines, porque Johnson le había mostrado su puño a Lewis al llegar. Luis me acompañó. Escuchamos algunos gritos desde lejos pero no entendíamos de qué se trataba.  Y vino, luego, el gran escándalo.

Hay mil anécdotas como éstas. Algunas, están reflejadas en mi libro “Maradona, rebelde con causa”. Otras, en el suyo “Decir o no decir”. Luis fue (me cuesta hablar en pasado) un gran amigo, un tipo al que quise mucho y al que le agradezco por tantos ejemplos y por todo lo que compartimos. Sé que él disfrutaba mucho de nuestras charlas. Solía tomarme el bus de Buenos Aires a Rosario, y otro desde allí a Las Parejas, donde me esperaba en la estación, y al otro día iba a su radio, que montó en 2001, en medio de la enorme crisis económica argentina, yendo a contracorriente.
Tipo solidario y leal, lo vi llorar cuando entré del brazo de mi esposa en mi casamiento. Llegó a dejar todo para estar presente en muchos acontecimientos (cumpleaños, lanzamientos de libros) y me llegó a filmar porque sí, porque quería tener esas imágenes. En estos días estaba juntándome fotos de México 1986 porque perdí al regresar una valija donde tenía casi todas las que me había sacado.

Si Luis leyera todo esto, les guiñaría un ojo a ustedes y les diría “no le crean nada al Ruso”, como solía decir.  Se solía reir y utilizaba mi frase “como que no hay Dios que va a pasar esto”. Ya lo estoy extrañando. Hasta siempre, amigo querido.

miércoles, 4 de marzo de 2020

El Caracas, un club manejado por un grupo farmacéutico, acostumbrado a ganarle a los argentinos, y que generó un boom en 2007 gracias a un episodio con la dirigencia de River, al que venció en una Copa Libertadores (Infobae)




Si bien fue fundado el 12 de diciembre de 1967 y desde 1984 comenzó a participar profesionalmente en los torneos venezolanos, cuando se llamó Caracas Yamaha, los propios aficionados consideran como origen del Caracas Fútbol Club al año 1989, cuando el empresario farmacéutico Guillermo Valentiner compró simbólicamente las acciones con un bolívar y lo salvó de la quiebra y la desaparición.

Desde 1967 a 1979, en la etapa amateur del fútbol venezolano, el Caracas había ganado 14 títulos, a los que hay que sumarles los 17 (doce ligas y cinco Copas nacionales) obtenidos en el profesionalismo, lo que lo convierten en el club con más campeonatos del país.

Antes de que el 4 de octubre de 1989 Valentiner, dueño del laboratorio Vargas y apasionado del fútbol, se hiciera cargo del club bajo el nombre de la Organización Deportiva Cocodrilos, la entidad había pasado a ser conducida por Radio Caracas TV.
Por aquellos primeros años, el Caracas jugaba en su pequeño estadio, el “Brígido Iriarte”, y sólo lo acompañaban unas doscientas personas, por lo general familiares de los jugadores y dirigentes y los empleados del laboratorio, que aportaban una banda musical, y al grito de “Eh, Caracas”, su canción principal, aunque a Valentiner le gustaba traer jugadores extranjeros, especialmente de Alemania o Ghana.

“Aún en ese contexto, ya a partir de 1992 comenzó a crecer y a ganar títulos aunque el club supo aprovechar la notable expansión del fútbol venezolano a partir de dos hechos fundamentales, los cuatro triunfos consecutivos de la selección venezolana, “La Vinotinto” en 2001, con la dirección técnica de Richard Páez y con la televisación de los partidos de las copas internacionales sudamericanas, donde los hinchas podían ver ya lo que ocurría fuera de sus fronteras”, indica el experimentado y muy respetado Edgardo Broner, argentino que vivió muchos años en Venezuela y es considerado uno de los pioneros en las coberturas periodísticas en ese país.

A ese boom se le sumó que Venezuela estaba muy cerca de organizar la Copa América de 2007, por lo que el Caracas pasó a jugar luego en el Estadio Olímpico Ciudad Universitaria. Poco antes, ese mismo año ocurrió un episodio clave en la historia del club, cuando debía disputar un partido ante River por la fase de grupos de la Copa Libertadores, y la Conmebol aceptó los reclamos de los dirigentes argentinos para que no se pudiera jugar en el pequeño “Brígido Iriarte”, y el estadio Olímpico estaba en refacciones, y los venezolanos debieron trasladar la localía a Cúcuta, Colombia.

 La indignación se apoderó no sólo de los hinchas del Caracas sino de muchos aficionados en todo el país, enterados de la situación. Los venezolanos acabaron ganándole a River 3-1 tras vencerlo también, para sorpresa de muchos, por 1-0 en el Monumental, y terminaron segundos en el grupo, detrás de Colo Colo de Chile, igualados en puntos, y clasificados para los octavos de final, donde serían eliminados por el Santos de Brasil.

Para ese partido ante el Santos, jugado un miércoles a la tarde, volvió a habilitarse el Estadio Olímpico y tras la victoria ante River, acudió una multitud, un hecho tan inesperado como impactante y ya nada volvió a ser como antes. Si bien la hinchada de Caracas no suele llenar completamente las tribunas, hay un núcleo fuerte, asisten miles de hinchas (que utilizan cánticos de los estadios argentinos y hasta suelen usar un peligroso lanzallamas), y se fue generando una gran rivalidad con el Deportivo Táchira, uno de los equipos más populares del país junto a Estudiantes de Mérida.

Caracas ya contaba con el antecedente de una aceptable participación ante los equipos argentinos, que le tocaron en la fase de grupos, en 1996. A San Lorenzo le pudo empatar en Venezuela, y a River le iba ganando 1-0 con gol del ghanés Ibrahim Salisú pero luego el equipo de Ramón Díaz, que sería el campeón del certamen, le marcaría cuatro tantos.

Los buenos rendimientos del Caracas ante equipos argentinos seguirían. Al año siguiente de haber llegado a los octavos de final ante el Santos, en 2008, volvió a vencer a San Lorenzo 2-0 en la fase de grupos de la Copa Libertadores, aunque perdió 3-0 en su visita a Buenos Aires, y ya en el torneo de 2009 pudo vencer 3-1 a Lanús y empató 1-1 en la Argentina. Quedó primero en el grupo, también eliminó a deportivo Cuenca de Ecuador en octavos de final, y recién en cuartos fue eliminado por Gremio de Porto Alegre. Mucho más recientemente, tuvo que enfrentar a Huracán por la primera fase eliminatoria de la Copa Libertadores 2016 y aunque quedó eliminado por el “Globo”, al perder 1-0 en Buenos Aires, alcanzó a ganarle 2-1 en Venezuela.

“La última década no fue fácil. No consiguió ganar títulos hasta el Torneo Clausura 2019 (en Venezuela los campeonatos se llevan a cabo en año calendario), en el segundo semestre en buena parte debido a que muchos equipos reciben aportes de capital de fondos opacos y en cambio, el Caracas se sigue manejando como una empresa y desde que se hizo cargo Philip Valentiner, ante la muerte de su padre Guillermo, el club se maneja muy austeramente, tratando de autofinanciarse con las ventas de jugadores y otros ingresos”, cuenta el periodista Alfredo Coronís, de “DirecTV Sports Venezuela” y conductor del programa radial “Conexión Goleadora”.

Si bien la mayoría de los clubes venezolanos de primera División tienen algún vínculo con los gobiernos regionales, no es lo que ocurre con el Caracas, que prefirió apostar a sus divisiones inferiores o bien, proyectarse a los torneos internacionales, porque los fondos que paga la Conmebol en estos casos, sirven para reforzar el plantel. También estas diferencias políticas hacen que el club de la capital venezolana tenga menos peso en la Federación (FVF).

De hecho, antes de 2010, el Caracas reunía en su plantel a buena parte de la selección “Vinotinto”. Vistieron su camiseta jugadores reconocidos como Miguel Echenausi, el hijo del argentino Ramón Echenausi , Juan Arango, José Manuel Rey, Josef Martínez, el arquero Wuilker Faríñez (ahora en Millonarios de Colombia), el ex Rosario Central y Lanús Oswaldo Vizcarrondo, “el Maestrico” César González, Gabriel Urdaneta, Stalin Rivas, José Luis Dolgetta (goleador de la Copa América 1993), y Gabriel Miranda.

Un hecho fundamental para el cambio en estos últimos años fue el retorno a la dirección técnica de Noel “Chita” Sanvicente (ganador de seis de los doce títulos de Liga en la historia del club,  y otros dos con el Zamora), que llegó a tener a cargo a la selección venezolana y que regresó en 2017 para un proyecto de largo plazo con talentos jóvenes y ya consiguió obtener el Torneo Clausura 2019 y luego, el título de Liga al ganarle la final al ganador del Apertura, Estudiantes de Mérida.

La clasificación a la presente Copa Libertadores le significó al club un ingreso superior a los tres millones de dólares, con los que pudo contratar, por ejemplo, al goleador argentino Alexis Blanco (31 años, jugó en Independiente, Platense y Gimnasia de Jujuy) o los jugadores con proyección como los defensores Diego Osio y Carlos Rivero, que se suman a figuras como el experimentado lateral izquierdo Bernardo Añor (ex jugador de la Vinotinto y la MLS estadounidense, aunque arrastra problemas musculares), al delantero Richard Celis, goleador del último campeón que pasó por el fútbol de Eslovaquia, y su máxima estrella, el volante Robert Henández, que juega por izquierda o por derecha, con gran remate de media distancia y por el que el Caracas rechazó varias ofertas. En cambio, perdió al marcador central Rubert Quijada, que emigró al Alianza Lima.

El Caracas, que suele jugar actualmente con un esquema de 4-2-3-1 y tiene en su plantel a varios integrantes de la selección sub-20 como los volantes Jorge Echeverría y el muy técnico Anderson Contreras, y el defensor Eduardo Ferreira,  participó en los últimos años de dos Copas Sudamericanas en las que fue eliminado por el equipo que posteriormente fue campeón, como Atlético Paranaense en 2012 e Independiente del Valle de Ecuador en 2018, luego de pasar, en este caso, dos llaves. En esta ocasión, había llegado desde la fase preliminar de la Copa Libertadores, en la que fue el mejor de los equipos eliminados.

Entre los argentinos que jugaron en el Caracas se destacan el ex Boca Alfredo Graciani (aunque con un paso muy fugaz), Carlos Cembal, Carlos Genovese, Carlos Pajurek, Pablo Funes, Sergio “La Fiera” Maciel, Rodrigo Riep (ex River),  Darío Figueroa, y Héctor Bidoglio, reciente DT de Newells, que jugó en varios equipos venezolanos y en la selección Vinotinto.

En el actual torneo Apertura, el Caracas era puntero pero en la quinta fecha sólo pudo empatar 1-1 con la Academia Puerto Cabello como local, debido a que el DT Sanvicente decidió jugar con un equipo de suplentes, pensando en el compromiso ante Boca en el inicio de la nueva Copa Libertadores 2020.

“Para este partido, las entradas costarán alrededor de 30 dólares, un valor carísimo para el ingreso medio de los venezolanos y tampoco se sabe cómo hará la gente para llegar al estadio, porque casi no hay transporte público desde las 19 y casi todos los negocios cierran a las 18, cuando el inicio está previsto para las 20,30”, sostiene el periodista Alfredo Coronís.

Uno de los pocos estudios de mercado hecho en el fútbol para marcas en Venezuela, indica que el setenta por ciento de ellas invertiría hoy en el Caracas, que hoy ya tiene hinchas en todo el país, “por empatía”, acaso el mejor ejemplo sobre cómo creció el club que un farmacéutico rescató de la quiebra hace 31 años.










martes, 3 de marzo de 2020

El día que el Barcelona aplastó al Real Madrid 2-6 en el Bernabeu y Messi se estrenó como goleador y sorprendió como “falso nueve” (Infobae)




Fue un 2 de mayo de 2009 y ese Clásico definía buena parte de la Liga Española porque quedaban apenas cinco fechas y para el Real Madrid, que se había colocado a cuatro puntos del Barcelona, líder del torneo, era la gran oportunidad de ponerse a tiro después de ganar siete partidos seguidos, y además llegaba justo después de caer eliminado en la Champions League por el Liverpool, con la necesidad de cambiar su imagen.

“Juande”  Ramos (Juan de la Cruz Ramos Cano), el entrenador del Real Madrid que había conseguido notables éxitos con el Sevilla, no podía contar con el suspendido Pepe, ni con los lesionados Guti y Sneijder. Para el Barcelona, ese partido representaba la gran ocasión para lanzarse definitivamente al título, aunque caía en un momento complicado: justo en el medio de sus dos enfrentamientos contra el Chelsea, por la Champions League.

Mientras el Real Madrid se encontraba terminando una transición como equipo, el Barcelona había comenzado la temporada 2008/09 con complicaciones. Josep Guardiola, con apenas un año de experiencia dirigiendo al Barcelona B no lograba manejar la relación con Lionel Messi, que apenas si lo saludaba y no le manifestaba lo que le ocurría mientras esperaba, en la pretemporada en Saint Andrews, Escocia, que el club lo dejara ir a los Juegos Olímpicos de Pekín del 8 al 24 de agosto pero justo en esas fechas, el equipo debía enfrentar al Wisla Cracovia por la previa de la Champions League.

Con el paso del tiempo, Guardiola reconoció que fue clave el presidente del Barcelona de entonces, Joan Laporta, cuando le recomendó que “sería un error que se quede cuando él quiere irse a los Juegos. Hay que dejarlo ir” y lo mismo le recomendó su entonces mano derecha Manel Estiarte, considerado el mejor jugador de la historia del waterpolo. La ventaja es que el propio Guardiola había ganado la medalla dorada de fútbol en 1992 y sabía lo que significaba. Lo dejaron ir y Messi ganó la medalla y volvió de la mejor forma posible.  Guardiola dice que en ese tiempo entendió cómo hay que tratarlo, que el choque de trenes con él no sirve y que hay que respetar sus encierros (Messi no quería hablar con él ni cuando le preguntaba qué le pasaba). Hasta las instrucciones para él eran indirectas en una charla técnica: “Hoy los delanteros van a presionar arriba, porque Leo lo va a hacer también y no podemos dejarlo solo”, como se cuenta en el libro “Messi”, de Guillem Balagué.

“Guardiola se fue ganando la confianza de todos. A medida que se iban sucediendo los partidos, que iban pasando las cosas, uno trabajaba más contento, con ganas. Veíamos que las cosas salían. Guardiola es una persona que sabe muchísimo de fútbol y nos dio su sabiduría para que a nosotros, dentro de la cancha, nos fuera todo más fácil”, dijo Messi al sitio web de la UEFA al terminar la temporada, en 2009.

El inicio de la Liga y el debut de Guardiola como DT de Primera División no fue el esperado. El Barcelona comenzó cayendo 1-0 ante el Numancia y luego no pudo pasar del empate en el Camp Bou ante el Racing de Santander. Recién en la semana siguiente, tras vencer por la Champions League 3-1 al Sporting Lisboa, llegó la tranquilidad con un rotundo 1-6 en Gijón ante el Sporting, aunque el equipo había jugado muy parecido a los dos partidos anteriores, sólo que con mayor contundencia.

El Clásico del Bernabeu tenía otro aditamento: el cuerpo técnico del Barcelona pidió en la semana a sus jugadores que no hicieran mención ante la prensa del “Pasillo de Honor” que habían tenido que hacerle al Real Madrid en la temporada anterior, en el mismo escenario, como ganador de la Liga 2007/08. Esa noche, además, los azulgranas cayeron por 4-1 aunque Messi reconoció que “lo más doloroso para nosotros fue lo del pasillo”.

Pocos días antes del Clásico ante el Real Madrid, cuando ya el andar del Barcelona era seguro en las tres competencias (Copa del Rey, Liga y Champions), Messi estaba almorzando con un colaborador suyo cuando recibió un llamado de Guardiola , que le quería comentar algo y le pidió que acudiera a la ciudad deportiva. Había estado estudiando cómo ganarle al Real Madrid. El DT le aseguró que iba al Bernabeu a ganar y tenía preparados unos videos para convencerlo de aplicar una variante táctica que confundiera a la defensa blanca. “Observamos –recordó Pep años más tarde- que si Leo se movía por el centro, podría recibir muchas pelotas. Eso era importante y siempre fue nuestro principal objetivo: que pudiera participar mucho del juego. Él miraba y se reía. Imagino que pensó “¡voy a estar solo en esa posición!”. Pero claro, esto es lo fácil. Luego queda la otra parte, lo más importante: “Tengo el espacio, pero ahora tengo que avanzar unos quince o veinte metros y meter goles”, y eso, claro, no hay video ni imágenes que se lo resuelvan. Cuando hablamos de táctica, siempre hablamos de jugadores. Sin ellos, la táctica no tiene sentido. Al final, los entrenadores estamos aquí sólo para estar al servicio de los mejores futbolistas. Yo siempre he intentado hacer jugar a los mejores que tengo, cada uno en su lugar, y que toquen los mejores balones posibles”.

Piqué recuerda que en una charla, Guardiola les explicó cómo iba a jugar Leo, de “falso nueve”, y no recuerda ni una sola práctica con ese esquema “y con Samuel Eto’o en punta”, algo que ya habían hecho Nandor Hidekuti en la Hungría de los 50 o Adolfo Pedernera o Alfredo Di Stéfano en “La Maquina” de River, o Johan Cruyff con Rinus Michels en Holanda, o Michael Laudrup en el Barcelona del “Dream Team” en los Noventa. En ese video, el DT le explicó a Messi que si se colocaba delante de los dos centrales, eso les iba a crear dudas. Si uno de ellos decidía salir de su zona defensiva y apretarlo, podía escaparse de él y buscar el “uno contra uno” contra el otro central, o podía servir para dejar a otro delantero azulgrana “uno contra uno” contra el central fijo.

“La jugada salió fantásticamente –reconoció Piqué-. El Madrid no contó con esa posibilidad y los centrales decidieron no salir, no sabían qué hacer y Leo tenía un espacio brutal para girar y encarar”.

Si bien el impetuoso Real Madrid se puso en ventaja muy pronto, con un gol de Gonzalo Higuaín a los 14 minutos, enseguida empató Thierry Henry a los 18, aumentó Carles Puyol a los 20 y Messi marcó el 3-1 a los 36. Tras el descanso, pareció acercarse en el marcador (aunque nunca en el juego) el Real Madrid con el descuento de Sergio Ramos a los 11 minutos pero Henry a los 14, Messi a los 30 y Gerard Piqué a los 38 terminaron con todas las dudas y ayudaron a un triunfo aplastante del Barcelona, que lo catapultó no sólo a ganar esa Liga sino también a la Champions League, a la Copa del Rey y al Mundial de Clubes.

Ese partido, además de la sorpresa del cambio posicional, significó para Messi estrenarse como goleador en el Santiago Bernabeu ante el Real Madrid, para llegar luego a los 15 tantos sobre los 26 totales que le convirtió hasta ahora a los blancos en 39 partidos.

El periodista Cayetano Ros, escribió luego en el diario “El País” de España que “Guardiola alejó a Messi de la punta para que midiera las veces que pudiera a los dos centrales madridistas, Metzelder y Cannavaro. Los masacró. No solamente a ellos sino también a los volantes centrales, puesto que Messi se dejaba caer  al mediocampo para arrancar” y su colega Ramón Besa sostuvo que   “La llave del Clásico se llama Messi. 

La clave estaba en mover a Messi desde su posición habitual de puntero derecho hasta la línea media como falso nueve o cuarto volante central. La Pulga se movió entre líneas para asociarse con Xavi e Iniesta hasta conseguir situaciones de superioridad de tres contra dos ante Gago y Lass y provocar la salida de los centrales madridistas, más adelantados que nunca, desbordados por la profundidad de Henry y Eto’o, siempre verticales.

Mientras que en la conferencia de prensa, Guardiola decía “Hemos dado un paso grandioso, inmenso”, y afirmaba que “Messi, Xavi e Iniesta hacen buena cualquier idea que pueda tener”, Juande Ramos admitía la superioridad del rival. “Reconozco, aunque duela, que ellos están un escalón por encima nuestro y así como Liverpool nos superó el otro día, ahora pasó con el Barcelona. Si recuerdan, en la ida jugamos unos metros más atrás y nos criticaron por parecer un equipo chico. Hoy no tuvimos más remedio que jugar más adelantados y asumir riesgos porque sólo nos quedaba ganar para tener chances en la Liga y ellos aprovecharon los espacios, hicieron goles rápidos, nos fallaron en la definición y con el marcador arriba, son muy difíciles de parar”.
El arquero internacional del Real Madrid, Iker Casillas, tampoco ahorró elogios para el Barcelona: “Cuando juegas contra un rodillo, no puedes hacer nada”.

“El vestuario estaba como loco –recuerda el brasileño Sylvinho, suplente en aquel partido-. Festejé tanto como los que jugaron. Fue una satisfacción colectiva enorme. Lo que habíamos trabajado, estudiado, hablado, se había concretado en 90 minutos perfectos de fútbol”.

Hacía más de cincuenta años que el Real Madrid no recibía seis goles en un partido en el estadio Santiago Bernabeu. Había sido en la temporada 1950/51, con un  3-6 ante el Atlético Madrid y antes, otro 3-6 en 1946/47 contra el Athletic de Bilbao, que ya le había ganado 0-6 en la temporada 1930/31. Para el Barcelona, la máxima goleada en el Bernabeu la había concretado en el 0-5 de la temporada 1973/74 con Johan Cruyff.

Para el Real Madrid, la derrota significó un golpe duro que derivó en un importante cambio para la temporada siguiente, la última con Ram´´on Calderón como presidente, con la llegada del chileno Manuel Pellegrini como entrenador y de Cristiano Ronaldo como gran apuesta y la llegada de estrellas como Karim Benzema y el brasileño Kaká.

Sin embargo, Messi no seguiría como “falso nueve” en los partidos siguientes pese al resonante éxito. Volvería a la punta derecha y sólo recuperaría el centro ante el Manchester United en Roma, en la final de la Champions, cuando también su entrenador, sir Alex Ferguson, se encontró con la sorpresa táctica.

Real Madrid: Casillas; Ramos (van der Vart), Cannavaro, Metzelder, Heinze; Lasanna Diarrá, Gago, Marcelo (Huntelaar); Raúl, Higuaín, Robben (Javi García). DT: Juande Ramos (Juan de la Cruz Ramos Cano).

Barcelona: Víctor Valdés; Dani Alves, Puyol, Piqué, Abidal;  Xavi, Yaya Touré (Busquets), Iniesta (Bojan);  Messi, Eto’o, Henry (Keita). DT: Josep Guardiola.

Arbitro: Undiano Mallenco