martes, 24 de noviembre de 2020

Genio y figura, Maradona resucitó mil veces y ahora es inmortal (Jornada)


 

Mientras estas líneas comienzan a escribirse, seguramente Diego Maradona debe haber gambeteado todos los obstáculos que se le aparecieron en vida y acaso ya debe haber llegado a algún lugar especial donde comience a encontrar una paz que tanto necesitó pero la tierra no fue el lugar adecuado para ese fin. Si historia se forjó de otra manera, opuesta, en la que pudo, pese a fallecer apenas a los sesenta años, vivir muchas vidas en una y convertirse en  uno de los grandes íconos de la argentinidad. Genio y figura, es llorado en todo el mundo y pocos permanecen ajenos a lo ocurrido.

Este periodista tuvo el enorme privilegio de ser testigo de sus grandes momentos, los buenos y los malos. Estuvo en el estadio Azteca el glorioso día de “la mano de Dios” y del mejor gol de la historia de los Mundiales, ante Inglaterra, en 1986, y en el mismo lugar, apenas una semana más tarde, para presenciar su consagración definitiva ante los alemanes. Pudo contemplar en el San Paolo de Nápoles, que desde hoy llevará su nombre (lo que tal vez resuma todo el amor que allí se siente por él), aquella histórica eliminación de los italianos como locales, la noche del “Siamo Fuori” que le costaría muy caro en la temporada siguiente del Calcio. Pero también estaba, quien esto relata, a unos pocos metros en el hotel de Dallas en 1994, cuando con una enorme tristeza y tratando de no llorar, manifestó que le cortaron las piernas con un doping que nunca fue tal, como se probó más tarde, pero fue crucificado igual por el poder del fútbol.

También quien esto escribe tiene decenas de anécdotas para contar sobre sus vivencias con “el diez”, como cuando en la Copa América de Brasil 1989 le relataba apesadumbrado, que deseaba la tranquilidad de Marsella por una gran oferta del Olympique de Marsella de Bernard Tapie, pero que el presidente del Nápoli, Corrado Ferlaino, le dijo que si aceptaba transferirlo, lo mataban a él y el contrato con los italianos era por siete años y aún le quedaban cuatro por cumplir. En esa misma Copa, excedido de peso, recibía cantitos de la hinchada local en el Maracaná, mientras jugaba ante Uruguay, y de repente, magia pura, vio adelantado al arquero Javier Zeoli, y sacó un remate desde mitad de la cancha y la pelota terminó pegando en el travesaño y provocó que los mismos espectadores se pararan inmediatamente para aplaudir. La magia no se compra y el talento, tampoco.

Pero Maradona fue mucho más que un brillante futbolista, uno de los cuatro o cinco que pueden sentarse en el Olimpo de los mejores de todos los tiempos junto con Pelé, Johan Cruyff, Lionel Messi y Alfredo Di Stéfano. Porque así lo decidió desde muy joven y por ese carácter tan particular que derivó en una mezcla de líder y contestatario, ocurrente e intuitivo, amigo o enemigo, pero nunca tibio.

Este periodista creyó siempre que un factor determinante en su vida fue el inmenso amor que recibió desde pequeño, porque son esos los momentos que determinan muchas cosas en la vida de las personas. Y si fue muy pobre, aunque en aquella pobreza de los años Sesenta que no es la misma que la de la Argentina actual, la protección de sus padres fue fundamental, porque en ningún momento, esas carencias le generaron presiones o apuros. Todo lo contrario: su padre, don Diego, lo acompañó siempre, renunciando a todo, y para su madre fue una especie de novio, la luz de sus ojos.

Y esa seguridad hizo que siempre fuera a cada pelota con un plus, sabiéndose el mejor, teniendo la certeza de que todo dependía de sus pies y de su talento, y se fue abriendo paso y se permitió crecer desde el ambiente del fútbol hacia el mundo, y denunció todo aquello que no le gustaba, desde Bernardo Neustadt en la TV hasta los horarios de los partidos que imponía la FIFA en México 1986 o cuando denunció los sorteos arreglados en Italia 1990, o más tarde, con la política, cuestionando el oro de El Vaticano, pero también, sosteniendo contra viento y marea al sistema cubano. Había estado en Cuba y pudo conocer con sus propios sentidos, que en aquel país “no había chicos descalzos por las calles”, aunque eso generara que algunos medios le juraran odio eterno. Las casualidades, o la coherencia, acaso, quisieron que muriera el mismo día que Fidel Castro, al que más admiró, aunque cuatro años después.

Pese a tantos éxitos en el Nápoli y en la selección argentina, de la que no sólo fue estandarte futbolístico sino capitán, con la cinta más que bien puesta, el mejor Maradona fue el de Argentinos Juniors y un poco (por un año irregular por lesiones aunque dejó su estela en el Metropolitano 1981 en una excepcional dupla con Miguel Brindisi) el de la primera etapa en Boca, antes de irse al fútbol europeo. Eran otras épocas y hasta alguien de su talento podía permanecer más tiempo en el país, aunque también es cierto que pudo haberse ido antes cuando la Juventus tenía todo arreglado y la dictadura militar no le permitió emigrar porque formaba parte de una lista de jugadores intransferibles pensando en el Mundial de España 1982.

Aquel Maradona era el puro, el joven, el pibe, sin nada pesado en el cuerpo, el que brilló en el Mundial juvenil de 1979 en Japón que nos hizo madrugar para poder gozar con uno de los mejores seleccionados argentinos de la era moderna.

Pero resultó que aquel chico que le contaba a Nicolás Mancera en sus “Sábados Circulares” por Canal 13 en los principios de los años Setenta que su sueño era jugar en primera y salir campeón con Argentina, ahora se entreveraba con un sistema que por un lado lo llamó “Dios”, y luego, sin prepararlo, le exigió utilizar los cubiertos adecuados para cenar con Mirtha Legrand o vestir la ropa adecuada para tal o cual fiesta, y se horrorizó ante algunas de sus declaraciones, como si tuviera que estar preparado por el hecho de ser un eximio futbolista, y cuando cayó antipático, le comenzaron a preguntar quién se creía que era, si creía, acaso, que era Dios, ¿Y quién se lo hizo creer?

Se lo juzgó con mucha facilidad, sin comprenderlo demasiado, porque nadie puede ponerse en su lugar. Nadie, cuando regresa a su casa, tiene en su contestador telefónico un mensaje de su hermana, del rey de España, del kiosquero de la esquina, de un funcionario cubano, de un ministro argentino y de Eric Cantona o de parte del Papa. A nadie le ocurre asistir al Vaticano y que sea el Papa el que le bese la mano. Pero todos se creen con derecho a opinar sobre su vida, lo que debe hacer o lo que no. Nadie tiene, en una casa de fin de semana, a los periodistas trepados a la ligustrina, relatando lo que uno come en su casa, o que una de sus hijas no quiere comer pollo. Le llegaron a cuestionar hasta su casamiento de 1989 en el Luna Park.

No es para nada casual que más allá de haber sido campeón mundial y deslumbrado en tantos estadios del mundo, la imagen de Maradona aparezca en cientos de miles de banderas, escudos, tatuajes o fotos, o que se hayan escrito más de veinte libros sobre él, o películas de afamados directores. Es que es también símbolo de la rebeldía, de lo popular por esa rara intuición que da la inteligencia natural, esa que se adquiere en la calle, en la experiencia pero que no da ninguna universidad, aunque en Oxford, en 1995, se hayan quedado boquiabiertos cuando hizo algunas declaraciones o jueguito con una pelota de golf.

Alguna vez, Fernando Signorini, alguien que lo conoció como pocos, porque fue su preparador físico personal e integró planteles de seleccionados argentinos en los que Maradona formó parte, y trató de cerca a su familia, se preguntaba lo que pudo haber sido de no haber tenido los problemas que tuvo: alguien que se hizo cargo de una familia numerosa desde adolescente, que tuvo droga (jamás de los jamases doping) en su cuerpo (y que lo pagó con creces), que fue suspendido dos veces por quince meses para jugar al juego que mejor juega y que más le gusta. ¡Más todavía? Puede ser, seguramente que sí, pero alguien que fue capaz de darle los dos únicos Scudettos de su historia al Nápoli y una Copa UEFA, y que no obstante, fue quien dividió las aguas del país cuando en 1990 les recordó a los italianos que no tratan a los del Sur como compatriotas pero ahora pretendían aliento contra la selección argentina en el Mundial.

Maradona fue mucho más que uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos y con los años, su intuición lo llevó a entender que se había convertido en un poder en sí mismo y que su palabra podía alcanzar una repercusión como tal vez ninguna otra en el planeta y se fue convirtiendo en un defensor de distintas causas y se atrevió a cuestionarlo todo, mientras no dejó de alentar a cualquier compatriota de cualquier deporte, y acompañarlo si fuera necesario, porque sí, porque era lo que sentía.

Maradona llenó de gloria el suelo argentino, como cantaba el “Potro” Rodrigo, y es quien dio una de la pocas grandes alegrías a los argentinos, apenas comparable al regreso de Juan Domingo Perón o la recuperación de la democracia en 1983, y seguramente, su desaparición física generará que su figura se vaya colocando en la cima de la historia nacional, aunque trascienda al país y se haya convertido en otro ícono mundial, como el “Che” Guevara, aunque con la enorme popularidad y la masividad a escala global que sólo el fútbol puede tener.

Es una pena que se haya ido tan joven, cuando pocos como él generaron tanto, de sus propias piernas, como para vivir de la mejor manera la consecuencia de sus acciones. Queda el consuelo de entender que también pudo irse mucho antes y que tuvo la capacidad de sobrevivir tantas veces, cuando se lo daba por muerto, hasta que, humano al fin (aunque muchas veces no lo pareciera), terminó cediendo.

Quienes lo vimos jugar, sólo podemos agradecer por la inmensa suerte de coincidir en el tiempo. Quienes lo tuvimos cerca, pudimos gozar de las experiencias inigualables. Sólo nos queda decirle gracias, gracias por  tantos momentos incomparables y por la belleza de su arte con una pelota. Ho visto Maradona.

 

 


Rogerio Ceni, el ex arquero goleador que batió récords en el San Pablo y ahora busca adaptar su fuerte personalidad a las estrellas del Flamengo (Infobae)


 

Si Rogerio Ceni dijo que sabe bien lo que es Racing, su rival de esta noche por los octavos de final de la Copa Libertadores, y también lo que piensa Sebastián Beccacese, desde hace días que debe tener una radiografía completa del rival de su equipo, Flamengo, actual campeón de la Copa Libertadores, a partir del trabajo de su ayudante francés, Charles Embert, a quien conoció pocos años atrás en un curso de fútbol en un instituto inglés.

Ceni, ícono del San Pablo, en el que jugó durante un cuarto de siglo entre 1990 y 2015, es el arquero con más goles en la historia del fútbol (131) y el segundo jugador con más partidos (1237) apenas por debajo de otro guardameta, el inglés Peter Shilton (1390), y además, con una estatura de 1,88 metro, es dueño de una fuertísima personalidad que en casi cuatro años como entrenador, lo que ya le trajo varios problemas en sus casi cuatro años de ejercicio.

Rogerio Ceni nació en Palo Branco, Paraná, el 22 de enero de 1973 y debutó en 1990 con el Sinop y fue campeón matogrossense, y ese mismo año fue contratado por el que sería su club de toda la vida como jugador, el San Pablo, que en poco tiempo ingresaría en el ciclo acaso más brillante de su historia, y como suplente de otro ídolo de la institución, Zetti (a su vez, suplente de Claudio Taffarel en la selección brasileña campeona del Mundial de Estados Unidos 1994).

Ese San Pablo, conducido por Telè Santana y Muricy Ramalho llegó a ganar dos Copas Libertadores (1992 y 1993, y perdió por penales la de 1994 ante el Vèlez de Carlos Bianchi), dos Intercontinentales (1992 y 1993), las Supercopas sudamericanas 1993 y 1994, y la Copa Conmebol 1994, que el “Tricolor” jugó con muchos suplentes y que entonces le dio a Ceni la oportunidad de lucirse. Ese equipo ganó once títulos en total.

Pero su gran momento llegaría en 1997, cuando definitivamente se quedaría con la titularidad al terminar Zetti su ciclo en el arco, y no sólo se consolidaría como figura y capitán, sino que le agregaría un elemento muy importante que lo distinguiría en su carrera, el de goleador en tiempos en los que el paraguayo José Luis Chilavert se destacaba ampliamente en esa función.

Ceni coincidió por una década en el San Pablo con el ex guardavallas chileno Roberto “Cóndor” Rojas, que era entrenador de arqueros y que había protagonizado en 1989 con la selección chilena, en el Maracaná y ante Brasil, por la clasificación al Mundial de Italia 1990, aquel escándalo de la “Fogateira” por el que simuló haberse cortado la muñeca por una bengala lanzada desde la tribuna por una hincha, y que en verdad había caído muy lejos, como lo demostró una excelente foto del argentino Ricardo Alfieri (hijo), lo que le generó una suspensión de por vida.

Con Rojas fue que trabajó por días y días los lanzamientos de tiros libres y penales. “Me acuerdo que siempre me insistía en que no me quedara solamente con atajar, que debía trabajar mucho mi juego con los pies”, recordó hace pocos meses Ceni, cuando se enteró de que Rojas estaba afectado por coronavirus y lo saludó a la distancia.

“En esos años, todos hablaban de Chilavert, pero Rogerio no lo conocía. Muchos creían que él pateaba los tiros libres para imitarlo pero jamás fue así la historia. Me acuerdo cuando Muricy Ramalho, miembro del cuerpo técnico,  le dejó ejecutar su primer remate. Su vigencia fue impresionante y uno no esperaba que fuera tan importante durante tantos años”, sostuvo Rojas.

Pero otro que tuvo una notable influencia en sus remates con pelota parada es el ex ídolo del Corinthians y gran lanzador de faltas y ahora comentarista televisivo, Neto. Ceni estuvo practicando seis meses con una barrera hecha con una cortina metálica, y con más de cien remates diarios, algo que terminó generando que Ramalho confiara en él para los remates de pelotas paradas. Su primer gol de tiro libre fue el 15 de febrero de 1997 ante el Uniao Sao Joao.

Muchos años más tarde, en 2005, ya con muchos años en el San Pablo, Ceni tuvo la posibilidad de levantar la Copa Libertadores por tercera vez para su club, ahora como capitán, y el primer Mundial de Clubes de la historia, ante el Liverpool, en un conjunto que contaba con figuras como Cicinho, Edcarlos, Lugano, César Sampaio, Danilo, Denilson, Hernanes y Grafite. En aquella oportunidad fue elegido como el mejor jugador del torneo y un año más tarde, fue reconocido por la FIFA al marcar su gol 62 como máximo arquero goleador de la historia, superando a Chilavert, al convertir los dos goles de su equipo (uno de tiro libre y el otro de penal) en el 2-2 ante Cruzeiro el 20 de agosto.

Cinco años más tarde, el 27 de marzo de 2011, logró su gol número cien ante el Corinthians, a los 8 minutos del segundo tiempo, de tiro libre, y el 7 de septiembre de ese año llegó a disputar su partido número mil, convirtiéndose en el jugador con más partidos con la misma camiseta en todo el mundo (1117 contra 1116 de su compatriota Pelè, en el Santos).

Se terminó retirando en diciembre de 2015 aunque varias veces antes anunció que colgaba los botines. En 2014, el entonces presidente del San Pablo, Carlos Miguel Aidar, le pidió que lo reconsiderara.

"¿Se quiere retirar? Que no haga tal cosa. Si aún le quedan un par de cosas más por hacer en el fútbol. Que vea el ejemplo de Dino Zoff, que con más de 40 años fue campeón del mundo. Lo que hizo ante la Universidad Catòlica fue espectacular y debe servirle de motivación para esta última etapa de su carrera. Si todavía hay alguien que lo cuestione, entonces que vea el video del partido del martes", le retrucó entonces el chileno Rojas, en relación a uno de sus tantos grandes partidos en torneos internacionales.

Otra vez anunció que dejaba de ser futbolista cuando en los octavos de final de la Copa Libertadores 2015, el San pablo fue eliminado por penales ante Cruzeiro 5-4 (luego Cruzeiro sería eliminado por el River de Marcelo Gallardo), pero otra vez lo convencieron para que siguiera con el propósito de intentar ganar el único título que le faltaba, la Copa de Brasil.

Finalmente, tuvo su despedida con un partido homenaje en un repleto estadio Morumbí el 11 de diciembre de 2015 que consistió en enfrentar a los bicampeones de 1992/93 con los de 2005 y con figuras como el uruguayo Diego Lugano, Raí, Zetti, Cafú, Muller, Pintado, Valber, Ronaldao, el director técnico Ramahlo y hasta René Santana. En representación de su padre Telé, ya fallecido. En esa oportunidad, Ceni llegó a sumarse a una banda musical, que dio un recital como parte del show para cantar “Envelheꞔo na cidade” (Envejezco en la ciudad), mientras la tribuna cantaba “Todos tém goleiro, só nós temos Rogerio, goleiro matador” (Todos tienen arquero, sólo nosotros tenemos a Rogerio, arquero matador).

Como jugador, Ceni ganó cinco campeonatos paulistas, cuatro brasileños, un torneo Río-San Pablo, un  Matogrossense, tres Copas Libertadores, dos Intercontinentales, un Mundial de Clubes, una Copa Master (1996) y una Copa Sudamericana (2012).

Pudo jugar 17 partidos en la selección brasileña, con la que ganó la Copa Confederaciones 1997 en Ryad y el Mundial 2002 (aunque no ingresó). Estuvo también en el Mundial de Alemania 2006.y en la medalla de bronce conseguida en los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996.

Su fuerte personalidad ya apareció en el caso conocido como “Episodio de los Carecas (pelados)” durante la Copa Confederaciones de 1997 cuando los jugadores más experimentados como Romario o Dunga generaron que todo el plantel se pelara la cabeza, pero el entonces joven arquero se opuso rotundamente y lo llegó a manifestar en los medios y dijo que si lo hizo fue por respetar la voluntad del grupo pero contra la suya y este hecho fue determinante para que el presidente de la Confederación Brasileña (CBF), Ricardo Teixeira, decidiera colocar a Zico como una especie de manager para controlar al cuerpo técnico de Mario Lobo Zagallo, algo que fue visto por los observadores como una intromisión institucional justo en el año del Mundial de Francia, cuando comenzaba 1998.

Meses más tarde, Romario señaló a Zico como responsable de no haber integrado la lista definitiva de jugadores para el Mundial de Francia cuando estaba lesionado pero sostuvo que Zagallo le había prometido que contaría con él para la segunda parte del Mundial, una vez recuperado.

Ceni conoce bien a Beccacece, porque el actual director técnico de Racing fue el que le provocó una de sus primeras crisis cuando asumió en su amado club, el San Pablo, en su debut en el manejo de un equipo (dejó el fútbol en diciembre de 2015 e inmediatamente pasó a ser asistente de Dunga en la selección brasileña durante 2016). Lo tuvo que enfrentar cuando el argentino estaba a cargo de Defensa y Justicia, en la Copa Sudamericana de 2017, y lo eliminó luego de dos empates y por diferencia de goles.

Ceni llegó naturalmente al San Pablo el 5 de diciembre de 2016, pero inesperadamente, debió marcharse a mediados de 2017 por los magros resultados con tres eliminaciones, la citada ante Defensa y Justicia, otra en el torneo paulista, y también en la Copa de Brasil. Fueron 35 partidos en apenas siete meses pero ya dejó una imagen de director técnico innovador, que no se casa con nadie y que quiere aportar ideas nuevas que renueven el ambiente.

Es por eso que en el armado de su cuerpo técnico se rodeó de europeos. Además de Hembert, con el que continúa trabajando y que formó parte del equipo de Camerún en el Mundial de Brasil 2014, y que para sumarse al plantel paulista tuvo que dejar su empresa de logística de fútbol y que en 2019 conoció las estructuras de clubes como Liverpool, Chelsea, Leicester y Sevilla, también se sumó el inglés Michel Bale, que estaba trabajando en las divisiones inferiores de los “Reds” de Anfield.

Hembert tiene una personalidad tan fuerte como la del propio Ceni, y ya fue expulsado cuatro veces en el último “Brasileirao”, y la idea del entrenador era que los colaboradores europeos aportaran algo distinto, pero chocaron con un club que estaba desmontando su plantel y que ofreció una gran resistencia a estos cambios.

Cuando abandonó el San Pablo, en el horizonte de Ceni apareció un club pequeño, con mucho menos recursos, el Fortaleza, del nordeste brasileño, pero con la posibilidad de ensayar allí todas sus ideas de avanzada. Y efectivamente, allí pudo realizar su objetivo entre 2018 y 2019, obteniendo el 62 por ciento de los puntos en 153 partidos durante dos años y medio de trabajo, con un ascenso a la Primera división y dos campeonatos cearenses (estaduales) y la Copa Nordeste, pero además, obtuvo un festejado décimo lugar en el Brasileirao que le permitió al club clasificarse por primera vez a una copa continental.

Sin embargo, ese trabajo sufrió una breve interrupción en 2019, cuando fue convocado por un Cruzeiro en situación de crisis en lugar del experimentado Mano Menezes. Duró cuarenta y cinco días (apenas siete partidos) y volvió a encontrarse con un problema parecido al del San Pablo: quiso apartar a los jugadores más veteranos para apostar por los jóvenes, pero se encontró con un boicot de los futbolistas de más peso en el plantel (Thiago Neves, Fred, Dedé, entre otros) y meses después de que se fue, y regresó al Fortaleza, a terminar su ciclo exitoso, el club de Belo Horizonte perdió la categoría.

Tras su exitoso paso por el Fortaleza, fue convocado hace pocas semanas por el Flamengo, actual campeón de América, tras la inesperada salida del portugués Jorge Jesús y el fracaso del catalán Doménec Torrent, avalado por Josep Guardiola, con la idea de innovar y de europeizar las estructuras futbolísticas del club, para lo cual ahora incorporó a su cuerpo técnico al italiano Gianni Vio, un especialista en jugadas con pelota parada que trabajaba para varias entidades europeas y que colabora a distancia, vía internet.

Ceni apuesta a la interdisciplina para poder relacionarse con las estrellas del Flamengo, luego de sus duras experiencias en el San Pablo y en el Cruzeiro, en las que su carácter lo hizo chocar con los jugadores más experimentados, mientras trata de controlarse.

Si bien le gusta el fútbol ofensivo, ya probó jugar con sus equipos de distinta forma, y especialmente en el Fortaleza, donde tuvo su éxito mayor como entrenador, alternó la presión alta en campo rival como esperar para salir rápido de contraataque, y suele decir que todo depende del rival que le toque, y sus características.

Los que conforman el entorno del Flamengo tienen dudas acerca de si a Ceni no le volverá a ocurrir lo mismo que en otros clubes históricos como San Pablo o Cruzeiro, porque la cantidad de partidos de los rojinegros no le daban mucho margen para innovar en los entrenamientos, pero la reciente eliminación ante el San Pablo por la Copa de Brasil puede darle la frecuencia que necesita.

 “Es un entrenador de ideas que necesita tiempo para ejecutarlas con precisión y eso puede ser un problema en el Flamengo por la falta de entrenamientos pero quizá ahora con la eliminación en la Copa de Brasil contra el San Pablo, tendrá más tiempo porque sólo Libertadores y Brasileirao”, sostiene el experimentado columnista de “Extra”. De Rìo de Janeiro Gilmar Ferreira.

Flamengo lidera el Brasileirao con 39 puntos junto al Atlètico Mineiro, seguido a dos puntos por el San Pablo, aunque éste tiene tres partidos menos.

 

 

 

 


domingo, 22 de noviembre de 2020

La selección argentina y el dilema de los espacios (Jornada)


 

Por primera vez en mucho tiempo, desde que el director técnico era Alejandro Sabella - aunque pasaron seis años parece que fueran décadas por los continuos cambios de conductor- , el entrenador de la selección argentina, Lionel Scaloni, podrá descansar con cierta tranquilidad hasta marzo de 2021.

El equipo nacional obtuvo diez  puntos sobre doce en las cuatro primeras fechas de clasificación mundialista, se encuentra en un cómodo segundo puesto, y tiene asegurado un lugar entre los cuatro primeros luego de la quinta fecha, cuando enfrente como local a Uruguay (todo indica que será en el nuevo estadio de Santiago del Estero, salvo cambios de último momento),  e incluso de vencer en ese partido y que Paraguay no le gane a Chile en Santiago, se iría a seis puntos de sus perseguidores en la tabla de posiciones, con lo cual se aseguraría estar entre los clasificados al Mundial de Qatar 2022 hasta la octava fecha, casi la mitad del torneo.

Sin embargo, el equipo argentino parece tener más seguras las cosas en las matemáticas que en el juego, y no porque éste no funcione en ningún sector o porque se haya encendido ninguna alarma y de hecho, salvo Brasil (rival en la sexta fecha y en condición de visitante en lo que parece el partido más complicado de los dieciocho), el resto de los conjuntos sudamericanos no genera ningún temor y en todo caso, los “celestes” del Maestro Oscar Tabárez aparecen como los más ordenados pese a haber caído el martes pasado en Montevideo ante la “verdeamarelha” de Tité, que se dio el lujo de no contar con Neymar, Philippe Coutinho ni Casemiro.

El gran dilema, luego de los cuatro partidos disputados por la selección argentina, pasa por resolver cómo enfrentar aquellos partidos en los que el rival se repliega y arma un enorme vallado de jugadores contra su propio arco, algo que a los dirigidos por Scaloni ya les pasó en la Bombonera ante Ecuador y Paraguay, y que seguramente encontrarán otra vez, y con un equipo mucho más sólido y experimentado en Uruguay en marzo próximo.

Si bien la selección argentina obtuvo cuatro puntos sobre seis posibles como local, ante Ecuador, apenas si pudo ganar por un penal y ante un rival que tuvo la particularidad de que sus jugadores y su entrenador, el también argentino Gustavo Alfaro, se conocieron personalmente casi a punto de abordar el avión y pese a esta situación, un equipo cuya base lleva más de dos años de trabajo, casi no pudo pasar el vallado de los visitantes y casi no generó situaciones de gol ni remates entre los tres caños.

Y si esto ocurrió en el partido debut, no fue muy diferente en el tercero, ante un conjunto de más oficio como Paraguay, que se puso en ventaja con un penal, y apenas un cabezazo de Nicolás González, el joven ex jugador de Argentinos Juniors y ahora en el Stuttgart alemán –su convocatoria fue un gran acierto de Scaloni- pudo conseguir un magro empate, al cabo, el único de los cuatro partidos que no terminó en victoria.

Si cuesta analizar con seriedad los noventa minutos en la altura de La Paz, donde todo siempre es irregular por el cambio de la velocidad de la pelota y la falta de aire, y se toman por buenos los tres puntos que no se obtenían desde 2005 (casualmente, cuando Scaloni aún era jugador y participó en ese partido de clasificación mundialista con José Pekerman como entrenador), en cambio sí es mucho más factible de hacerlo en el triunfo de 0-2 en Lima ante Perú, el martes pasado.

Y en este caso, hay que hacer una importante salvedad. El equipo del también entrenador argentino Ricardo Gareca llegaba  a enfrentar a los albicelestes con una magra cosecha de un punto sobre nueve posibles, algo poco frecuente en una selección que fue protagonista de los últimos años, habiendo llegado al Mundial de Rusia 2018 luego de 36 años de ausencia en este torneo, y en 2019 fue finalista de la Copa América de Brasil.

Este pobre comienzo determinó una estrategia muy ofensiva en busca de recuperar terreno en la tabla de posiciones, con una línea de tres defensores, y otra de tres creativos (André Carrillo, Christian Cueva y Edison Flores), detrás del ítalo-peruano Gianluca Lapadula.

Sin dudas este sistema favoreció a la selección argentina, que aún más que en La Paz encontró los espacios que nunca tuvo en la Bombonera ante Ecuador y Paraguay y entonces, allí sí, puede transformarse en un equipo temible porque en sus filas cuenta con buenos administradores si el rival se abre, y no sólo aprovechó a la perfección esta situación (tácticamente, el partido estaba resuelto apenas en media hora) sino que la diferencia, en el segundo tiempo, pudo haber sido mayor si Lionel Messi no atravesara un momento tan extraño en su carrera, perdiendo goles por detalles en la última puntada.

El mayor dilema táctico de la selección argentina pasa, entonces, por resolver esta cuestión, la de qué hacer ante los rivales que se le cierran, algo que seguramente se incrementará en cada partido en condición de local (más aún, al enterarse todos de lo que ocurrió ante ecuador y Paraguay), porque como visitante, probablemente se encuentre con equipos que saldrán a buscar el triunfo por su condición y por necesidad, y también es factible que de sacar una distancia al quinto de la tabla de posiciones, pueda desarrollar su estrategia con una creciente tranquilidad.

Pero este equipo argentino tiene varios puntos a resolver, desde una defensa que no ofrece una total seguridad con el eje central en Nicolás Otamendi, quien ha sido fundamental en el pasado (no sólo en la Selección sino que hasta Josep Guardiola llegó a decir que si había un jugador titular en su Manchester City, era él, ahora en el Benfica) pero al que ahora se ve dubitativo en el fondo, hasta la superposición de volantes en el medio, que le quita la chance de un delantero más, que sería prioritario para ocupar el otro extremo, que se suele dejar libre, en vez de explotar todas las zonas del campo. También sería interesante que Scaloni permitiera soltar un poco más a los dos laterales, Gonzalo Montiel y Nicolás Tagliafico, que se muestran un poco atados, por el momento.

En cambio, hay elementos positivos para rescatar, desde el recambio que significa la llegada de Nicolás González, la consolidación de Lautaro Martínez como goleador y emblema del futuro, la sobriedad y el tiempismo de Lucas Martínez Quarta como defensor, o la notable evolución de Giovani Lo Celso, quien agregó recuperación de pelotas a su cada vez mejor andar como “Plan B” para Lionel Messi.

Lo importante es que ya van dos años con la misma base y que por fin, el cuerpo técnico argentino (que parece ir experimentando mientras la clasificación se desarrolla, cosa que no es lo más aconsejable) parece determinado a un recambio, dando una importante vuelta de página luego de tantos años y en cierto modo, por una cuestión generacional.

Pero Scaloni deberá tener cuidado.  Después de las fiestas, que seguramente atravesará sin estrés, llegarán en marzo los dos rivales más complicados. Brasil, por ser hoy el que mejor juega de toda Sudamérica, pero antes, un equipo uruguayo que demostró ante una inexplicable Colombia y en el calor y la humedad de Barranquilla, que tiene un esquema suficientemente trabajado como para complicar, con un claro 4-4-2, con dos delanteros potentes y goleadores como Edinson Cavani y Luis Suárez, y una línea de volantes (Lucas Torreira, Rodrigo Bentancur y Nahitán Nández) que hicieron un trabajo perfecto para llevarse un triunfo rotundo de 3-0.

Si Ecuador y Paraguay, con mucho menos, pudieron complicar tanto a la selección argentina cerrándose cerca de su arco, nos podemos imaginar lo que puede ser el conjunto uruguayo. Por eso, estos meses deben servir al cuerpo técnico para pensar otra estrategia para esta clase de partidos, asesorarse, y acaso, olvidarse del vallado de volantes y rodear a Messi de más opciones de pase, como tener extremos que puedan abrir a una defensa tan cerrada. Será la forma de resolver el enigma principal de este equipo con buena cosecha de puntos, pero a no engañarse, todavía en formación.

 


miércoles, 18 de noviembre de 2020

Con otro gol de Nicolás González, la selección argentina se consolida en la clasificación sudamericana (Kicker)


 

Con otro gol de Nicolás González, delantero del Stuttgart, su segundo consecutivo luego de marcarle otro a Paraguay, y otro de Lautaro Martínez, ambos en el primer tiempo, la selección argentina venció claramente a la de Perú por 0-2 en Lima y terminará el año en un cómodo segundo puesto de la tabla clasificatoria sudamericana al Mundial de Qatar cuando se jugaron cuatro fechas sobre 18 posibles,  y la quinta recién volverá en marzo de 2021.

La selección argentina tuvo muchas posibilidades de aumentar la distancia pero desaprovechó muchas ocasiones ante un equipo peruano que con una magra cosecha de un punto sobre 9 posibles, salió a atacar ciegamente dejando muchos espacios, bien aprovechados por Lionel Messi y Giovani Lo Celso, los dos armadores de juego.

El entrenador de la selección argentina, Lionel Scaloni, volvió a confiar en Nicolás González como titular, aunque esta vez como extremo izquierdo, cuando ante Paraguay comenzó como lateral, y el delantero del Stuttgart volvió a responder con un muy buen partido, para terminar siendo una de las sorpresas más agradables de estos últimos meses y convirtió un gol con un remate cruzado que dejó sin chances al arquero Pedro Gallese.

“Somos un equipo difícil y creo que damos esa sensación, y cuando hay que ponerse el overol, este equipo se lo pone. Ganamos con justicia en una cancha difícil y el partido fue todo nuestro, de principio a fin”, concluyó un conforme Scaloni.

With another goal from Nicolás González, the Argentine team is consolidated in the South American classification (Kicker)


 

With another goal from Nicolás González, Stuttgart forward, his second in a row after scoring another against Paraguay, and another from Lautaro Martínez, both in the first half, the Argentine team clearly beat Peru’s 0-2 in Lima and will finish the year in a comfortable second place in the South American qualifying table for the Qatar World Cup when four dates were played out of 18 possible, and the fifth will only return in March 2021.

The Argentine team had many possibilities to increase the distance but wasted many opportunities against a Peruvian team that with a meager harvest of one point out of 9 possible, went out to attack blindly leaving many spaces, well used by Lionel Messi and Giovani Lo Celso, both game owners.

The coach of the Argentine team, Lionel Scaloni, once again trusted Nicolás González as a starter, although this time as a left winger, when he started as a lateral defender against Paraguay, and the Stuttgart forward returned to respond with a very good game, to end up being one of the most pleasant surprises in recent months and hescored a goal with a cross shot that left goalkeeper Pedro Gallese without a chance.

“We are a hard team and I think we give that feeling, and when you have to put on the overalls, this team puts it on. We won fairly on a difficult court and the game was all ours, from start to finish”, concluded a satisfied Scaloni.

martes, 17 de noviembre de 2020

Franco Navarro: “Hoy, con la patada que me dio aquel día de 1985, Camino se queda un año en su casa” (Infobae)


 

Franco Navarro, aquel recordado centrodelantero peruano que pasara por Independiente y Unión,  y que jugó el Mundial 1982 y las Copas América de 1983, 1987 y 1989, acaba de cumplir 59 años el pasado 10 de noviembre y recordó con Infobae el contexto de aquel partido de 1985 en el que la selección argentina de Maradona y Passarella estuvo a minutos de quedar eliminada del Mundial de México 1986 y en el que tuvo que salir por una fractura a los pocos minutos de su comienzo.

 

- El día que la selección argentina se clasificó al Mundial de México 1986 (30 de junio de 1985), usted vivió un momento especial porque lo lesionaron muy pronto y tuvo que irse de ese partido. ¿Cómo fueron sus vivencias?

- Quiero decir que fueron dos partidos sumamente intensos. El primero en Lima, que ganamos 1-0 con gol de Juan Carlos Oblitas, como la vuelta, que empatamos 2-2 y estuvimos a menos de diez minutos de lograr el boleto a otro Mundial, luego de haber jugado en Argentina 1978 y en España 1982 con una gran generación de futbolistas. La selección argentina era un equipo muy importante, con la solidez del “Pato” (Ubaldo) Fillol en el arco, y jugadores como (Daniel) Passarella, (Enzo) Trossero, (Ricardo) Giusti, (Diego) Maradona, (Jorge) Valdano. Sabíamos que iba a ser duro y complicado y siempre lo va a ser contra Argentina porque siempre tiene grandes jugadores. Ya había sido duro el partido de la semana anterior en Lima pero fue todavía peor en Buenos Aires porque además, nosotros llegamos un punto abajo (en esa época eran dos puntos para el ganador) porque perdimos algunos puntos en el camino, ante Colombia. Pero hicimos lo que correspondía y nadie puede decir que no pusimos todo, porque incluso nos estaban ganando con gol de (Pedro) Pasculli y lo dimos vuelta y estuvimos cerca de ganarlo. Lamentablemente, un cambio de frente de Burruchaga terminó en el pecho de Passarella, que fue la figura, la pelota recorrió la línea en una cancha que estaba embarrada y el “Flaco” (Ricardo) Gareca la empujó a la red.

- Usted se queda afuera muy pronto por una durísima falta de Julián Camino, que era el lateral derecho argentino.

- Sí, fue enseguida, como a los 5 minutos y me dolió no poder jugar ese partido. Es ya parte de la historia de nuestro fútbol. La falta fue durísima. Yo creo que en este tiempo, con una falta así, Julián se va a su casa y se queda un año allí (risas) pero en aquel tiempo se permitían esas cosas al local y fue sólo tarjeta amarilla.

- ¿Y cómo pudo seguir el partido desde afuera?

- Recuerdo que en el Monumental de River estaba todo muy bien armado para primeros auxilios, salió pronto el diagnóstico (fractura de tibia y peroné) y volví a ver los últimos minutos en el banco de suplentes. Estuve tres meses sin jugar al fútbol.

- ¿Y Camino se disculpó con usted?

- Sí, al año siguiente firmé para Independiente y cuando me tocó enfrentar a Estudiantes (ganamos 5-1 con cuatro goles míos), se disculpó y ya está todo bien, pero en Perú no se olvidaron nunca de aquella patada increíble.

- ¿Y qué les pasaba a ustedes por la cabeza cuando un año después, esa misma selección a la que casi eliminan, fue campeona del mundo?

- Lo que al menos me impresionó a mí fue cómo superaron esa ansiedad y todo lo que ya significaba Maradona, y tantas críticas en contra de la gente, de la prensa y ganaron con toda justicia. Pero los argentinos fueron los primeros que decían “pensar que casi nos elimina Perú y ahora somos campeones”. Para mí y para mi generación (entre los que se encontraba, por ejemplo, Julio César Uribe), era duro pensar que con 23 años pudimos jugar otro Mundial y no pudimos. No se dio y fue muy triste todo ese día, aunque hayamos dejado la vida en la cancha. Fue un partido muy bien jugado, y en el que Fillol tuvo dos tapadas extraordinarias y sacó al córner un último remate que iba al gol. En Lima les habíamos ganado muy bien.

- ¿Se sorprendió cuando vio que Fillol no estuvo en el Mundial de México 1986?

- Pude conversar con “El Pato” un par de veces. Es una bellísima persona y por lo que dice y lo que leí en declaraciones que él hizo públicas, hasta ahora no sabe por qué se quedó afuera, como Passarella que sí fue y no pudo jugar, o tampoco fueron Trossero o Camino. Me comí tremenda patada de él y al final no fue (risas).

- Bueno, Gareca tampoco fue…

- ¡Cierto! Pero cómo es la vida, que nos elimina con su gol y treinta y pico de años después. Dios lo premió y nos llevó a nosotros a un Mundial por su don de gente, su tranquilidad, la paz que transmite, su humildad para fortalecer un grupo que necesitaba de eso, crear y recuperar la confianza y lo apoyamos y sé que le va a ir muy bien.

- En aquellos dos partidos de la selección peruana contra Argentina, quedó para la historia la marca pegajosa de Luis Reyna a Maradona.

- Increíblemente, nunca le pegó una patada. Lo esperaba a Maradona en la línea de cal cuando salía fuera de la cancha para tomar agua o ser atendido por los médicos (risas). Reyna fue uno de los mejores jugadores de Sporting Cristal. Tenía una enorme capacidad física y no paraba de correr, y nuestro director técnico, Roberto Chale analizó la situación, porque Argentina llegaba a Lima con puntaje ideal, porque ganó sus dos partidos a Venezuela y Colombia, y para ganar necesitaba eso, alguien que siguiera a Maradona los noventa minutos. Esa función también la podía realizar (Jorge) Olaechea, pero se decantó por Luis, que igual hizo cosas que hoy no se podría hacer, como agarrarle la camiseta, chocarlo, pero no le pegó. Y se dijeron tantas cosas…pero lo terminó anulando.

- ¿Es cierto que Reyna se enoja cuando le hablan de ese partido?

- Sí, se enoja, se molesta (se ríe). Es que seguramente se acuerda de que el día anterior al partido en Buenos Aires, en el último partido del grupo, unas cinco mil personas nos movían nuestro autobús de un lado para el otro y a Luis le recordaban a toda su familia por su marca a Maradona en Lima (risas).

- Después tuvieron ustedes la chance de ir al Mundial en el repechaje, pero no pudieron llegar.

- Lamentablemente no, porque justo después de aquel partido con Argentina hubo elecciones presidenciales en el Perú, que ganó Alan García, y renunció toda la dirigencia del fútbol y entonces nos quedamos mucho tiempo sin entrenarnos porque a los que jugábamos en clubes del exterior (yo estaba en el Independiente de Medellín) nos traía una empresa privada y entonces volvimos a nuestros clubes ante la falta de un presidente de la Federación que moviera los hilos. Entonces perdimos ante Chile 4-2 en Santiago y 1-0 como locales y Paraguay luego eliminó a Chile.

- ¿Por qué a la selección argentina le cuesta tanto a la peruana? La sufrió en clasificaciones mundialistas para 1970, 1986, 2010, 2018…

- De hecho, somos la única selección que eliminó a la argentina de un Mundial, con aquellos goles de Oswaldo “Cachito” Ramírez en la Bombonera en 1969. Yo tenía ocho años  cuando eso pasó. Después tuve la suerte de jugar con muchos de mis ídolos (Chumpitaz, Cubillas, Velázquez, Cueto) entre 1980 y 1982 y fue un sueño. De todos modos, esa pregunta para que respondan los jugadores argentinos. Supongo que puede ser en buena parte porque nos motiva jugar contra Brasil, Uruguay o Argentina y hacerlo de igual a igual porque nosotros jugamos bien al fútbol y la gente de la generación anterior que mencioné, como Chumpitaz  o el “Panadero” Díaz o La Rosa nos enseñaron a querer a la Selección.

- ¿Cómo está ahora la selección peruana?

- Con Gareca, la selección peruana perdió el temor, sabe a qué juega, tiene un fútbol atrevido, jugadores de buen pie. Y si bien sacó pocos puntos, jugó muy bien contra Brasil aún perdiendo y el problema que veo es que como necesita sumar, puede que esté obligada a salir a buscar contra Argentina, que es un equipo de muy buenos jugadores que sabe explotar bien esos espacios que se generan. Por otra parte, estamos sufriendo mucho las ausencias en el ataque de (Jefferson) Farfán y de (Paolo) Guerrero, lesionados, pero eso posibilitó que jugaran otros como Gianluca Lapadula, italiano que se nacionalizó peruano.

- ¿Cree que le puede ganar a la selección argentina?

- A Argentina le costó muchísimo contra Paraguay y aunque tiene muy buenos jugadores, los partidos hay que jugarlos. En general, los partidos entre Perú y Argentina son intensos porque se trata de dos equipos atrevidos, sin complejos. Pero si Perú mantiene un nivel como en los últimos tiempos, puede tener un buen resultado. El único partido no tan bueno fue en Santiago ante Chile y en verdad, nos ganan por dos goles de (Arturo) Vidal. Uno fue un golazo y en el otro, aprovechó que la defensa se durmió, pero tampoco es que Chile la haya matado a pelotazos.

- ¿Y en general, qué le parece la clasificación sudamericana hasta ahora?

- Es complicado para todos. Ecuador arrancó mal, pero fue a La Paz y ganó. Perú le pudo ganar a Paraguay en Asunción. Fue un tiempo para cada uno. Uruguay arrancó con lo justo ante Chile y perdió en Ecuador, pero ganó en Colombia. Todo muy parejo.

- Usted jugó en Independiente. ¿Qué recuerdos tiene de ese tiempo?

- Me contrató Independiente a través de su presidente Jorge Bottaro, pero especialmente por su director técnico, José Omar Pastoriza, una vez que terminó la clasificación mundialista y en la primera temporada metí 19 goles, aunque el “Negrito” Omar Palma, de Rosario Central, hizo 20. Ese equipo de Independiente venía de ser campeón mundial de clubes ante el Liverpool en  Japón y conservaba a muchas de sus figuras como Ricardo Giusti, Claudio Marangoni y Ricardo Bochini en el medio, y bajo estaban Néstor Clausen, Carlos “El Loco” Enrique, Hugo Villaverde y Osvaldo Ingrao y llegó Luis Islas para el arco. También estaban Gerardo Reinoso y  José Percudani, Alejandro Barberón. Hice un gol en mi debut contra Platense y me lesioné por un codazo de (José Luis) Chilavert que me generó una fractura del hueso propio de la nariz. Recuerdo también enfrentar a un durísimo juvenil Pedro Monzón en los entrenamientos. Fueron dos años importantísimos en mi carrera y conservo una amistad con muchos de aquellos compañeros, con los que nos seguimos comunicando seguido. En ese tiempo, jugar en el fútbol argentino era como jugar en Europa. Había muy pocos extranjeros y de calidad.

- Después volvió a la Argentina para jugar en Unión de Santa Fe.

- Sí, eso ya fue a mi regreso, en 1990. Yo estaba sin club en Perú y buscaba uno en la Argentina porque quería que mi primer hijo naciera allí y me contactó Mario Zanabria para llevarme. Me dijo que estaba armando una linda banda con el arquero Jorge Bartero, el goleador Víctor Ramos, Claudio Borghi, el “Huevo” Julio Toresani, Eduardo Magnín, el entonces joven Darío Cabrol. Era un lindo equipo pero no le pude dar lo mejor de mí y cuando renunció Zanabria, le expliqué a los dirigentes, que me trataron muy bien, que necesitaba volver a Perú y nos dimos la mano y me dejaron ir. El presidente era José Manuel Corral. Mi hijo Franco (tengo tres) terminó naciendo en Santa Fe. Luego salí campeón en el Sporting Cristal, con la dirección técnica de Juan Carlos Oblitas (hoy director de Selecciones Nacionales en Perú) pero a partir de allí me rompí la mandíbula, me rompí dos veces la rodilla (me operaron en Buenos Aires) hasta que hice allá el curso de DT en 1995/96 junto a Oscar Ruggeri y después ya volví a dirigir a Perú.

- Estuvo en el Toluca como ayudante de campo del “Tolo” Américo Gallego.

- Sí, en 2007 y tras dirigir a la selección peruana en siete partidos amistosos a pedido de la Federación en 2006. Fue una linda experiencia pero muy corta porque Gallego había ganado todo y ya quería regresar a la Argentina, pero le estoy muy agradecido. Otra experiencia en el exterior, aunque como jugador, fue antes de haber ido a la Argentina, cuando pasé por Independiente de Medellín, donde tuve compañeros como Luis Carlos  Perea, Leonel Alvarez o Hernán Darío Gómez.

- ¿Qué hace hoy Franco Navarro?

- Dirijo, por suerte y desde 2016,  a Universidad Técnica de Cajamarca, un club fundado en 1964 y ya llevo 23 años como entrenador en distintos clubes, siempre ligado al fútbol.

 

 

 


domingo, 15 de noviembre de 2020

Que el árbol del VAR no tape el bosque del juego (Jornada)


 


El director técnico argentino, Lionel Scaloni, llegó a responder en la conferencia de prensa post partido ante Paraguay, ante la pregunta sobre el VAR, que primero lo dejaran tomar aire unos segundos para luego arrancar pidiendo “unificar criterios” con el uso de la tecnología en el fútbol,  se quejó de quedar ahora “con un jugador menos y por varios días o meses”, en referencia al lesionado Exequiel Palacios, y manifestó que su equipo “hizo un gol más que ellos”, por el anulado a Lionel Messi desde la cabina por una falta cometida 27 segundos antes y en campo propio.

Por supuesto que todos estos argumentos expuestos por el director técnico de la selección argentina, que se va haciendo camino al andar –algo no deseable en esta instancia, porque la selección argentina debería ser como un doctorado y no un bachillerato- pueden ser atendibles, más allá de que si es por el uso de la tecnología, hubo una mano clara de Nicolás Otamendi, y con el brazo extendido, que era penal para Paraguay y ni siquiera hubo una consulta al VAR.

Pero más allá de algún acto de injusticia (mucho más apuntado a la durísima falta de Ángel Romero a Palacios en el primer tiempo, que le motivó una fractura lumbar y no menos de dos meses de ausencia de las canchas con el Bayer Leverkusen y la selección nacional, y a la que muchos atribuyen una venganza por otra que el argentino le hizo a su hermano en el River-San Lorenzo de diciembre pasado), siguen sin aparecer demasiados elementos de autocrítica cuando se comenta un partido.

La selección argentina sigue sin encontrar un camino definido, más allá de partidos mejores o peores, y entonces deposita en el “afuera” casi todas sus frustraciones, porque si todo pasa por el gol anulado a Messi, la gran pregunta es cuántas situaciones de peligro se crearon como para no depender de un fallo adverso, la suerte, o las atajadas del arquero rival. Y la respuesta es “muy pocas”.

Hay algún atenuante para considerar, como algunas ausencias, especialmente la de Nicolás Tagliafico en el lateral izquierdo, o la de Paulo Dybala del medio hacia arriba, pero en el resto de los casos, casi todos los que no estuvieron, por distintas dolencias, salvo Sergio Agüero, no fueron determinantes en el juego de la selección argentina de los últimos tiempos, y con este entrenador.

Por lo tanto, el problema no pasa ni por el VAR ni por las ausencias, sino por lo conceptual. Por un lado, venimos sosteniendo que a diferencia de otros tiempos, se van acentuando algunas carencias del fútbol argentino, maquilladas hasta ahora por algunas estrellas que equilibraban el panorama, como Messi, Agüero, en tiempos pasados Otamendi, la intermitencia de Ángel Di María, y ahora las apariciones de Lautaro Martínez, Tagliafico y Lucas Ocampos, pero el resto de los casos, tratándose de jugadores aceptables, acompaña como puede.

Lo manifestó hace unos años el ex director técnico de la selección argentina, Alejandro Sabella, a este escriba en una larguísima charla: “Es un tiempo en el que sacamos muchos delanteros, pero pocos defensores. A veces toca así”, y el gran interrogante comienza a llegar en cuanto a qué va a ocurrir el día que Messi deje de formar parte del equipo y cada vez tenga menos salvación desde el costado individual y sea necesaria, por fin, la aparición de un equipo.

La selección argentina es, como nunca, la consecuencia de años sin planificación, de demasiados de sus componentes jugando día a día en un fútbol de élite pero que es técnica y tácticamente distinto al de nuestro medio, y en tiempos en los que los entrenadores de equipos nacionales son sólo seleccionadores y no tienen muchos días a sus futbolistas, ya no pueden ejercer una gran influencia en el juego colectivo.

Y sumado a esto, se trata de un fútbol que mira más al mercado que al juego, y que entonces transfiere a cuanta promesa aparece cuando ésta aún no ha madurado, y que muchas veces lo tiene que hacer en el destino final, sufriendo las consecuencias. Entonces, aquellos “ocho” goleadores dieron lugar a los “volantes mixtos”, aquellos “wines” pasaron a ser reemplazados por “laterales que hacen la banda” y de aquellos polvos son estos lodos.

Se juega como se puede y con lo que hay, y ni siquiera se pudo conseguir una estructura para rodear al genio, para permitirle un equipo en el que se sienta cómodo, y no frustrado porque la única manera de llegar al arco rival es con pelotas paradas, errores del arquero rival, o que a alguien se le ilumine por una vez la lamparita.

Y si le agregamos las carencias de un entrenador con buenas intenciones pero con escasa experiencia en el cargo, todo se complica, y entonces la selección argentina hasta puede llegar a ser dominada como local por la paraguaya durante 25 minutos por no poder entender el ABC táctico de su adversario, que era tratar de llegar con peligro por su jugador más hábil y veloz, Miguel Almirón, a quien ni siquiera hacía falta descubrir porque jugó en el fútbol nacional con la camiseta de Lanús.

Se trata de un equipo argentino que no se pregunta para qué le sirve un sistema en el que se superponen volantes de función parecida para quitarle jugadores al ataque, dejando un campo completamente libre en una de las puntas por falta de uso, y cuando por fin ingresa otro extremo, como Di María el pasado jueves en la Bombonera, decide sacar al otro, por la otra banda…

Cuando un Messi cada vez más resignado levanta la cabeza y mira hacia adelante, encuentra a un Lautaro Martínez bien tomado por la defensa rival, y a Ocampos (o Di María) por la banda, y a nadie más. Todo el resto del equipo está a sus espaldas o, como máximo, a su lado, como ocurrió desde que Giovani Lo Celso, el mejor jugador albiceleste ante Paraguay, reemplazó al lesionado Palacios. Demasiado poco para pretender algo importante, y casi imposible de imaginar hace treinta o cuarenta años, para no ir ya directamente a los tiempos de los recitales sudamericanos con cinco delanteros y la admiración de todos por la abrumadora superioridad técnica. Todo eso ya es pasado.

En el fútbol de hoy se menciona mucho la palabra “equilibrio” pero hay muy poco de base en este concepto, porque si en un juego de once, ocho se dedican a macar y tres a crear, no parece haberlo, y menos se entiende cuando el rival no parece de tanto cuidado como para que no se lo pueda controlar con uno o dos volantes y cuatro defensores y el arquero.

Si delante de los cuatro defensores, Leandro Paredes está para el primer pase y la contención, y puede ser ayudado por Rodrigo de Paul o Palacios en esa labor, ¿no alcanza con ellos dos para sumar un extremo y atacar con tres delanteros, como –ya que estamos en tren de copiar al supuesto modelo exitoso europeo- proponen los equipos a los que mejor les fue en los últimos años? (Liverpool, Bayern Munich, Manchester City).

Entonces, no hay duda de que este uso del VAR (porque el problema no es la ciencia sino el uso que se hace de ella) pueda generar quejas airadas (si bien el gol anulado a Messi nos pareció correcto), como en la permisividad hacia Ángel Romero en la descalificadora falta que lesionó a Exequiel Palacios y que no mereció ni siquiera tarjeta amarilla, pero que el árbol del VAR no tape el bosque del juego.

Con este fútbol, jugando así, no se llega demasiado lejos. Podrá alcanzar, tal vez, para una clasificación mundialista, y poco más que eso. Hay que apostar al juego, sin miedo y con convicción. Y sin buscar culpables afuera, cuando hay demasiados problemas que resolver adentro.