domingo, 26 de agosto de 2018

La Liga Española se debate cómo crecer y hacia dónde (Yahoo)





A los 63 minutos, en la Bombonera de Cornellá, en Barcelona, se determinó como válido el gol de Esteban Granero, del Espanyol, ante el Valencia. El árbitro Del Cerro Grande convalidó el gol porque, ayudado por el VAR, dio como acertada la decisión de que el balón, producto de un libre directo, ingresó en la portería rival.

Fue, entonces, el primer gol de los llamados “fantasma” convalidados en la historia de la Liga desde el advenimiento de la tecnología, aplicada desde esta temporada y por la segunda jornada, aunque con algunas limitaciones que ayudan a poner en debate muchos aspectos que la conducción del fútbol español deberá estudiar a fondo para que haya una evolución real y que no genere mayores polémicas a futuro.

En verdad, para determinar si el balón ingresó o no a la portería contraria, la mejor tecnología existente hoy en el fútbol es el llamado “Ojo de Halcón”, un sistema que verifica exactamente esto, y no el VAR, que es el que utiliza el fútbol español para todas las jugadas dudosas de alcance reglamentario para el uso de estas herramientas.

Tampoco, en la Liga, se está sancionando, con el uso del VAR, utilizando todos los pasos que aconsejó la FIFA durante el pasado Mundial de Rusia. En dos conferencias de prensa, al inicio y cerca del final del máximo torneo de selecciones nacionales, los dos encargados del Comité de Árbitros de la entidad, el italiano Pierluiggi Collina y el suizo Massimo Busacca fueron claros y contundentes en cuanto a que es el juez del partido el que debe tomar a cargo la decisión en cada jugada polémica y no guiarse por lo que le digan por la cucaracha en el oído desde los controles.

En otras palabras, cuando aparece una jugada como la del libre directo de Granero ante el Valencia, o cuando hay un penalti o un fuera de juego en un gol polémico, es el árbitro del partido el que debe cobrar o no para validar la jugada por una cuestión psicológica: en la FIFA no quieren que la decisión llegue, en forma definitiva desde la tecnología, sino que cuando desde el VAR se le avisa al juez que hubo una situación determinada, éste se acerque a la pantalla y con esa ayuda, decida por sí mismo, algo que de momento no parece ser tendencia en la Liga.

“Y pensar que se decía que con el VAR, al Madrid le pitarían menos penaltis”, se mofó en estos días un diario deportivo de la capital española, en referencia a los dos que le señalaron a favor durante el partido ante el Girona, y que ganara 1-4. Sin embargo, en ese mismo partido, subió al marcador un gol de Karim Benzema en leve posición adelantada. Todo sigue formando parte de la interpretación, pero como indica la FIFA, el árbitro debe ser el que tome la última decisión.

Pero no todo pasa por mejorar la tecnología, algo con lo que está en deuda la propia UEFA para sus prestigiosos torneos continentales (aunque ahora parece ser proclive a estudiarlo y analizarlo), o la Premier League inglesa. También la Liga debe velar por estadios en perfectas condiciones.

Si por un lado la Liga de Fútbol Profesional (LFP) está enfocada en ampliar sus horizontes a otros continentes, y en especial el asiático, y aumenta entonces su exigencia para que no haya flancos en las tribunas y que en las transmisiones televisivas no aparezcan planos en los que haya demasiados espacios vacíos en los estadios, para lo cual se multa a los clubes que no los llenen en esos sitios estratégicos, no se concibe que pueda jugarse en algunos casos, sobre un césped tan poceado o poco cuidado como el del José Zorrilla del Valladolid, al que visitó el Barcelona en el fin de semana pasado.

Son esos detalles los que alejan a la Liga Española de la Premier League, aunque luego sus dirigentes se encuentren horas y horas pergeñando formas de llegar más a fondo al nuevo continente en disputa: desde horarios estrambóticos para que se sintonicen los partidos por TV o hasta buscar disputar partidos lejos de casa para recaudar fondos.

En este punto, ya estaba avanzado el acuerdo para jugar partidos oficiales en suelo estadounidense (máxime, luego de que los clubes más grandes de la Liga hayan conocido las mieles de los dólares en el verano en un soccer en constante crecimiento y con una industria en expansión, con un envidiable promedio de asistencia en la Major League), pero los dirigentes españoles se encontraron con tal cerrada negativa de los jugadores, que incluso se planteó una huelga en caso de que se tomara la inédita medida.

Con el Real Madrid y el Barcelona como líderes en solitario al cabo de dos jornadas, y con el Atlético Madrid a dos puntos, la tendencia vuelve a ser la misma de los últimos años, algo que, a esta altura, también es para rever aunque sea muy complicado por la enorme diferencia de presupuestos existente entre los de la élite y el resto.

El otro punto de debate pasa por las estrellas. La salida de Cristiano Ronaldo del Real Madrid al calcio italiano no parece, de momento, haber generado un grave problema ni al club ni a la competición, aunque le falte ese punto de altas temperaturas en aquellas competencias establecidas durante una década entre los dos mejores jugadores del mundo, el referido portugués y Lionel Messi.

La LFP deberá estudiar también el sentido de continuar con las cláusulas de rescisión, porque tal como ocurriera con Neymar y su salida escandalosa al PSG, el hecho de que algunos magnates se hayan hecho de clubes y les hayan insuflado tanto dinero, los tornan muy peligrosos en el acecho de las figuras que, de momento, permanecen porque siguen privilegiando la gloria deportiva.


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