miércoles, 26 de junio de 2019

Los dilemas argentinos en Brasil, ante un rival que ya no es la Cenicienta (Jornada)




                                                     Desde Río de Janeiro



Ya no es la Cenicienta de los torneos sudamericanos, Se acabó aquella etapa que llegó hasta los años Noventa, cuando el fútbol venezolano recién comenzaba y estaba condenado al último lugar de la tabla en cada campeonato sudamericano. Ya es impensable que, como en 1975, una selección de Santa Fe (sólo reforzada con Osvaldo Ardiles, de Instituto de Córdoba) le gane 11-0. Hoy, ni la mayor puede generar muchísimo menos que eso.

La selección argentina sabe, a su llegada al Hotel Barra, en la punta final de la alta zona de Barra, a diez kilómetros a pie por la costa llegando en metro a la última estación, Jardín Oceánico, que el viernes no lo tendrá fácil porque el rival, la “Vinotinto”, ha crecido mucho, y porque tampoco los albicelestes, aún con Lionel Messi en el equipo, están para tirar manteca al techo con su rendimiento.

Tras el primer entrenamiento en el calor húmedo del día en esta zona carioca (de noche refresca bastante y cambia todo bruscamente), en Fluminense, Lionel Scaloni va estudiando si será necesario hacer cambios y cuáles de ellos, aunque a esta altura ya debería tomar nota de que este equipo tiene problemas tácticos, estructurales, y de conceptos, que no parece que se puedan corregir en tan poco tiempo.

Lo que es claro, es que Venezuela no parece estar dispuesta a perdonarle a la selección argentina (ya se pudo comprobar en los últimos partidos que jugaron) que no marque bien, que no anteponga alguna resistencia en el medio, o que sus delanteros no definan.
Venezuela, ahora, con Rafael Dudamel, ya creció demasiado. Puede molestar mucho arriba con un potente Salomón Rondón, de gran oficio en el ataque luego de años de la Premier League, o también puede crear mucho desde la usina en el medio que es Tomás Rincón.

Scaloni deberá trabajar mucho en lo defensivo y entender que el problema comienza en el medio, no atrás. Porque cuando el rival llega al medio con pelota dominada, nadie del equipo argentino sale en la marca al menos para ordenar al equipo atrás. No hay ya un Javier Mascherano o Lucas Biglia (no sus últimas versiones sino aquella, por ejemplo, de Brasil 2014) para marcar y no dejar que el rival se proyecte con pelota dominada hasta tres cuartos donde recién allí la línea de cuatro (tantas veces alterada por jugadores que entran y salen) piensa en cómo parar la ofensiva pero acaba en un tembladeral. No coordina para achicar, no marca bien en los centros ni por arriba ni por abajo, y ni sabe armar una barrera en los tiros libres.

Por todo eso, Franco Armani se convirtió en figura, atajando un penal ante Paraguay y sacando varias ante una débil Qatar, que casi no atinó a atacar.

En cambio, en el ataque, Scaloni encontró una lucecita de esperanza. Establecidos Sergio Agüero y Lautaro Martínez por delante de Messi, las dudas pasan por cómo ayudar a Giovani Lo Celso y a Leandro Paredes a contener a los venezolanos sin un “cinco” puro y desde Rodrigo De Paul o Marcos Acuña, y también, cómo mejorar el circuito entre Messi y los dos atacantes, pero al menos, ya es claro que aquella idea de un 4-4-2, va muriendo ante la posibilidad de Messi flotando entre los dos delanteros.
Así es que como consejo de este enviado especial, los jugadores argentinos deben mirar los programas de TV locales con el rabillo de un ojo, y leer los diarios con cuidado. Eso de ser “amplios favoritos” ante esta Venezuela, está por verse, y menos que menos, eso de que hoy es “el rival más molesto de Brasil en esta Copa”.

Lo ideal es concentrarse en lo que viene, trabajar, y tener la consciencia de las enormes limitaciones tácticas y estratégicas, a la espera, sea cual fuere el resultado en Brasil, de regresar del torneo y que, por fin, esta AFA convoque a un entrenador a la altura de lo que merece la rica historia de la selección argentina, tan manchada por tantos disparates como los que vemos en estas tierras cariocas.

martes, 25 de junio de 2019

24 de junio en Brasil




                                                    Desde Río de Janeiro



Quiere el tiempo, caprichoso, que un 24 de junio me encuentre en Brasil, en Río de Janeiro, para recordar lo que ocurrió hace ya 41 años pero en Buenos Aires y alrededor de una selección brasileña, por cierto, muy distinta a la actual.

El Mundial 1978 llegó a nuestros quince años, con toda la efervescencia que implica semejante acontecimiento a la edad en la que descubrimos cómo la pasión por el fútbol es tan grande, que hasta hacía tiempo que nos había despertado la vocación periodística.

El Mundial, en el que sospechábamos que algo extraño ocurría por el sinsentido de abuelas subidas a los camiones para festejar los triunfos de la selección argentina aunque en esos días el silencio era “salud” y usar barba o pelo largo era delictivo, y ni hablar de pensar algo distinto a la corriente (mejor escrito, de pensar), ya tocaba a su fin. Era sábado a la mañana y acompañaría a mi padre a visitar, en la zona de la Manzana de las Luces (tan común para quien esto escribe que cursaba por allí el tercer año del Colegio Nacional de Buenos Aires), al odontólogo brasileño Álvaro Badra.

No tenía el gusto de conocerlo, pero mi familia sabía muy bien de quién se trataba. Mi hermana había nacido con una malformación arterial, llamada Tetralogía de Falot, y por aquellos tiempos (mediados de los años sesenta), la única garantía de éxito era operarla en Brasil, en San Pablo, y por el equipo de Jesús Zerbini (ya fallecido).

Era una operación de corazón, con riesgos, y hacia allí habían ido mis padres, con mi hermana, a aquella cruzada luego de años de trabajo para juntar el dinero, en diciembre de 1970. Y fue allí donde encontraron tanta solidaridad de Badra y su familia, de origen sirio-libanés. De hecho, se alojaron todos en su residencia, que se llamaba “Joelma Regencia” y quedó el agradecimiento eterno a aquellas bellas personas que tanto ayudaron.

Lo cierto es que aquel 24 de junio de 1978, Badra estaba de visita en Buenos Aires y hacia su hotel nos encaminamos, en Diagonal Sur, a metros de la Manzana de las Luces cuando para mi sorpresa, también allí se alojaba la selección brasileña de Claudio Coutinho, que esa misma tarde, en el Monumental, debía enfrentar a Italia por el tercer puesto.


El recuerdo, ya lejano, nos retrotrae a aquellos instantes en los que descubrimos que por nuestro costado pasaban un joven Zico, Roberto Rivelino, Dirzeu, Gil y tantas estrellas de aquellos tiempos, y entonces corrimos a comprar algún objeto que fuera la base de una colección de valiosos autógrafos.

Desconocemos dónde y cómo apareció en nuestras manos un plato con las banderas de todos los participantes en el Mundial, que desde aquel día reúne las firmas de todos aquellos jugadores, que suponemos que se habrán ido diluyendo.

Permítannos la licencia de que, siendo argentinos, de ninguna manera podamos tener algún sentimiento contra Brasil, acaso atravesados por situaciones estrictamente personales, pero la simpatía siempre vence a circunstancias como por ejemplo lo que sostiene el columnista de Folha de Sao Paulo Sergio Rodríguez, que el actual fútbol de este país al que volvimos una vez más “es una metáfora de la vida actual” y que este equipo que compite como local en el torneo sudamericano (con dos invitados asiáticos como Japón y Qatar) “está vestido de manifestante pro Bolsonaro cinco años después de haber sufrido el mayor vejamen de la historia de los Mundiales ante Alemania, el día del 7-1 en Belo Horizonte).

Rodríguez sostiene que el principal jugador de Brasil, Neymar, que “puede (¿podía?) llamarse genial, está fuera de la Copa América, víctima de golpes en el cuerpo, en el alma, en su imagen pública” y traza paralelos con este momento de “tristeza popular”, como nos dijo un taxista en una interesante charla desde el aeropuerto de Belo Horizonte hasta nuestro hotel.

Este Brasil está mucho más triste y caído que hace cinco o seis años, cuando lo visitamos en nuestras últimas dos veces para la Copa Confederaciones (2013) y el Mundial (2014).  Mucha gente durmiendo en las calles, sin nuevas estaciones de metro, que, además, es muy confuso (en la misma estación, de una entrada se puede sacar boletos de un viaje con tarjeta, del otro lado, no y sólo en efectivo, el turista no sabe qué fila hacer), para todo hay que registrarse (“cadastrarse”). Para poder utilizar un chip telefónico, hay que colocar el CPF (número fiscal brasileño), y lo mismo para viajar en buses de larga distancia o para alquilar un departamento o habitación en Airbnb.

La buroracia es infinita. Decenas de sellos y de maniobras en la PC para cualquier trámite, mientras desde París, el genial Chico Buarque de Hollanda le aclara a OGlobo que para escribir su próximo libro prefirió cruzar el océano para poder concentrarse pero que “no es comparable” Bolsonaro con la dictadura militar “porque no le gustan los intelectuales pero no los persigue, aunque ahora hay otros colectivos que sufren, como las mujeres o los homosexuales”.

Folha de Sao Paulo nos cuenta que después de cuatro años, Brasil no logra llegar a la meta de alfabetización y que si en 2016 era del 7,2 por ciento y en 2017, del 6,9, en 2018 era apenas inferior, de un 6,8, en tanto que en la zona de Maricá, en Río de Janeiro, era asesinado a tiros el periodista Romario Barros, de 31 años, creador del sitio “Lei Seca”. Barros es el segundo periodista en la ciudad en menos de treinta días porque el 25 de mayo habían matado a Robson Giorno, de 45 años, dueño del Jornal Maricá, cerca de su casa.

Mientras tanto, la quiebra de la empresa Avianca fue generando que ante la crisis económica, muchísimos brasileños se volcaran a los autobuses para recorrer el país, y por lo tanto, las compañías tuvieron que abrir otros recorridos y mayores frecuencias y hasta fueron mejorando sus servicios.

Y mientras todos los bares y restaurantes emiten fútbol y novelas sin parar, no logran contagiar demasiado a los torcedores locales, que miran con desconfianza a la Copa América y no están para muchos chistes. El columnista de “O Globo” Martín Fernández, en un gran artículo llamado “El elitismo torpe de la Copa América”, cuenta sobre la oportunidad perdida por la CBF y por el fútbol brasileño con este torneo de estadios vacíos y desinterés por una selección nacional con jugadores en su mayoría “europeos” en la que quedan pocos resquicios para filtrar a un Everton, que a la larga es el que salva los partidos.

Con 120 reales de precio mínimo para las entradas de la fase de grupos, en el Brasil-Bolivia llegaron a costar entre 190 y 590 reales y como bien compara Fernández en su columna, en la Eurocopa 2016 (es decir, el certamen continental de selecciones europeas), en Francia, una entrada costaba 25 euros (108 reales).

En el partido entre Paraguay y Qatar, por el grupo B en el que participó Argentina, hubo un 44 por ciento de entradas de cortesía para tratar de mostrar más público del que iba a haber en un Maracaná completamente vacío (8.428 entradas de favor, sobre 19.071 asistentes totales).

¿Cómo no entender al talentoso humorista Luis Fernando Verissimo cuando en “O Estado de Sao Paulo”, en su columna, tras ver a Brasil ante Venezuela se puso a recordar al gran Nelson Rodrígues cuando describía a Didí como “el príncipe etíope” porque “dominaba el mediocampo como si fuese suyo, con los ojos puestos en el horizonte” porque un pase de Didí “no era apenas un pase de Didí. Un pase de Didí era un regalo, un Huevo de Fabergé (una de las 69 joyas creadas por Carl Fabergé para el zar de Rusia)”.

Nelson Rodrigues es el mismo autor de la maravillosa frase que aparece en las paredes del túnel al campo de juego en el Maracaná acerca de que en el pase “el hombre se convierte en un ser social”.



Si lo sabrá Juan Román Riquelme, un excepcional pasador, quien justo ayer cumplió 41 años y que nació el mismo día en que Brasil jugaba ante Italia por el tercer puesto en el Mundial 78.


domingo, 23 de junio de 2019

Las dos caras de una selección argentina clasificada y nada más (Jornada)




                                            Desde Brasil



Ahora, seguramente, muchos comenzarán a subirse a un carro triunfalista, apenas porque esta gris selección argentina de Lionel Scaloni consiguió la clasificación a los cuartos de final de la Copa América ante una más que tibia Qatar (que ni siquiera puso en la cancha el espíritu de aquella remontada inicial ante Paraguay) pero que deja muchísimas dudas y un puñado de certezas.

El viernes, por ejemplo, espera la selección venezolana en el Maracaná de Río de Janeiro, a la que en pocas horas llegará el equipo albiceleste, y no hay ninguna certeza de que los de Scaloni le vayan a ganar y no se sabe hasta qué punto, que no sea el histórico o que Lionel Messi (quien hoy cumple 32 años) forme parte de sus filas, pero poco más que eso.

Al fin de cuentas, la “Vinotinto” de Rafael Dudamel no sólo está más y mejor trabajada en lo colectivo que la selección argentina, sino que su futuro próximo está mucho más garantizado al irse incorporando jugadores del sub-20 subcampeón mundial en 2018.

La selección argentina, afirmémoslo sin temor, no es, hoy, un equipo. Es, apenas, un conjunto de muy buenas voluntades que deambula por las canchas tratando de dar lo mejor, sin una idea clara, sin un concepto de juego, y en muchas posiciones, sin los ejecutantes justos para cada ocasión.

Un ejemplo de ello es que mientras la selección se entrenaba con miras al partido ante Qatar en Porto Alegre, en Turín era presentado Maurizio Sarri como director técnico de la Juventus y lo primero que manifestó es que el juego de ese equipo debe basarse en sus dos talentos, Cristiano Ronaldo.y Paulo Dybala, quien para Scaloni es sólo un convocado testimonial, es decir, está físicamente, pero no cuenta, y anda siempre en zapatillas consciente de que es difícil que se calce botines por muchos minutos, como si hubiera tanto talento desperdigado que no hiciera falta.

Si hasta Messi, durante buenos pasajes de los partidos, parece perdido, como ido, por no encontrar la fórmula ya no para que haya un juego completamente colectivo sino siquiera poder combinar con su amigo, compañero de cuarto y socio en los Juegos Olímpicos, Mundiales sub-20 y otros torneos, Sergio Agüero. Si Messi no puede acercarse mucho a Agüero, es sólo porque no hay un funcionamiento colectivo que los ampare.

En ese aquelarre en el que la selección argentina no tiene la contundencia necesaria (ante Qatar sus delanteros perdieron demasiadas ocasiones claras), la parte defensiva es tan frágil que preocupa. Al no disponer de un volante de marca, como antes lo eran Javier Mascherano o Lucas Biglia (Scaloni no trajo ni a Ascacibar, ni a Kraneviter ni a Yacob, los tres mejores en esa posición), nadie sale a la marca, y la última línea es demasiado lenta, muchas veces queda en línea y habilita a todos, y falla en el juego aéreo.

Por suerte para Scaloni, y para el equipo, justo cuando la defensa falla tanto y no da la más mínima garantía, apareció en estos dos últimos partidos de Copa el mejor Franco Armani, salvando remates bien colocados, bien ubicado, y por supuesto, atajando ante Derlis González, de Paraguay, un penal decisivo.

La selección argentina no tiene una idea de juego. Sí tiene jugadores de buen pie como Leandro Paredes o Giovani Lo Celso, que no acaban de explotar en parte porque no sienten que haya una estructura atrás y porque todos siguen apocados ante la inmensidad de la figura de Messi, que hasta patea tiros libres de los costados que son más para sus compañeros.

Arriba, Agüero fue una máquina de perderse goles y Lautaro Martínez aparece, junto a Armani, como lo más rescatable de un conjunto que cambia todo el tiempo de nombres porque no encuentra claridad en lo que hay que hacer, aunque enfrente esté Qatar, regale un gol de entrada, y respete demasiado a la camiseta, al punto de entregar tres cuartos de cancha sin disputar la pelota, algo que no parece que vaya a hacer Venezuela el viernes.

¿Hasta dónde puede llegar esta selección argentina? Con esa camiseta, hasta el final, pero las bases para conseguirlo abren un inmenso signo de pregunta. Con este funcionamiento, ¿está Argentina en el nivel de Brasil, Uruguay o Colombia? Lo claro es que no hay ya tiempo para grandes mejoras. Este equipo es lo que es, y sea cual fuere el resultado que venga, lo claro es que al regresar tras la Copa, la AFA debe retomar el timón y comenzar, de verdad, el camino hacia el Mundial 2022 porque ya se perdió un año.

Por todo esto, la selección argentina tiene dos caras en estas horas: la del alivio por haber evitado el escándalo de quedar eliminada de la Copa en la primera fase, pero también la de la preocupación porque de fondo, en cuanto al rendimiento, las cosas no cambiaron demasiado.

Félix Sánchez Bas, el DT que se transformó en ídolo de Catar, lo sacó campeón de Asia y importando las ideas de La Masía del Barcelona




                                                      Desde Brasil





“Es cierto que no nos conocen muy bien en Sudamérica, pero tenemos jugadores súper profesionales y hemos venido a competir, no a sacarnos fotos con Lionel Messi”. La frase, a horas de que la selección que dirige, la de Catar, juegue un partido decisivo ante la argentina de Lionel Scaloni, es, acaso, una muestra del grado de atención y concentración del entrenador catalán Félix Sánchez Bas, que viene realizando una enorme tarea con los juveniles pensando en el Mundial 2022.

Sánchez Bas sabe lo que le espera. “Intentaremos competir contra un gran equipo con el mejor jugador del mundo. Messi puede decidir cualquier partido”, sostiene, y aunque nunca pudo dirigirlo en La Masía, donde se desarrolla el fútbol base y trabajó por diez años, entre 1996 y 2006, siempre afirma que es “el mejor jugador que pasó por el fútbol base del Barcelona al menos mientras yo trabajé allí”.

Sánchez Bas (nacido el 13 de diciembre de 1975) llegó al Fútbol Club Barcelona en 1996 de la mano de Albert Benaigues, coordinador por dos décadas del fútbol base del club, y quien fuera preparador físico tanto de Félix como de su hermano Fran (ex DT del equipo femenino del Barcelona), que comenzaron desde muy pequeños en la escuela Barcelona (nada que ver con el FC Barcelona), y donde conocieron a Sergi Mila (hoy a cargo de la categoría Cadete A del FC Barcelona). “Los tres vivían por y para el fútbol”, recuerda Benaigues.

En el FC Barcelona, Sánchez Bas fue ganando posiciones por su gran trabajo, hasta llegar a dirigir a los Juveniles A. Llegó a dirigir en distintas categorías a jugadores como Martín Montoya, Gerard Deulofeu o Sergi Roberto, hasta que en 2006 lo tentó para trabajar en Doha, en la Academia Aspire, Josep Colomer (director del fútbol base del Barcelona en tiempos del presidente Joan Laporta).

“Los entrenadores, al igual que cada uno de los jugadores, van evolucionando gradualmente. Todos comenzaron desde abajo y fueron consolidando sus aptitudes y su status a base de mucho esfuerzo. Creo que cada partido que se juega, independientemente del torneo o de la categoría, te aporta experiencia. Entrené a futbolistas de todas las edades y he ido adquiriendo experiencias nuevas y variadas en todas las etapas”, reflexionó en una oportunidad.

Marc Muniesa, actual jugador del Girona, recuerda cómo era Sánchez Bas al mando de los juveniles del Barcelona: “A Félix le gustaba mucho el fútbol que impulsamos en el club y lo ponía en acción en cada partido. No importaba el rival o la dificultad del torneo, ya que lo relevante era jugar con la filosofía que nos brindaba en la semana”.
En referencia a su forma de ser, describe que “tenía mucha personalidad. Una medida fue prohibirles a los padres que gritaran en el terreno de juego con la consecuencia de que no podrían volver a ingresare. El fin de esa idea era que nosotros escucháramos a los entrenadores”.

“En esa época teníamos entrenadores con nombre y con mucha fuerza como Félix y Fran –que me dirigieron en mis primeros tres años en el FC Barcelona-, Sergio Lobera (hoy en Goa, India), Rodolfo Borrel (Manchester City), Ignasi Miquel (Getafe) y Cristian Ceballos (Sint Truiden, Bélgica). A Félix le gustaba mucho el fútbol del Barcelona y lo intentaba practicar en cualquier situación”.

Cuando Sánchez Bas llegó a Catar para trabajar en la Academia Aspire, sólo había 800 niños federados y en 2007, sólo 220 de la misma generación trabajando allí con miras al Mundial 2022. El director de Aspire era Roberto Olabe (ex DT de Real Sociedad y Almería) y la metodología de entrenamiento cambió hasta hacerlos entrenar dos veces por día, mañana y tarde, que es mucho más de lo que chicos se entrenan en Europa.

“Sólo La Masía es algo comparable pero con la diferencia es que en Aspire estudian en el mismo centro mientras que los chicos de La Masía deben estudiar en escuelas de fuera de la residencia. Esto nos permite entrenarlos dos veces al día. En La Masía se entrenan una vez porque, además, muchos de los jugadores vienen desde fuera de la ciudad, algo que aquí no ocurre porque la mayoría son de Doha”, explicaba el DT catalán.

Todo se potenció a fines de 2010, cuando en Qatar ya supieron que organizarían seguro el Mundial 2022. Así fue que con el fin de que los jugadores se pudieran foguear y fueran asimilando experiencia, Aspire comenzó a ceder a muchos de ellos a equipos europeos para que fueran constatando cómo es el fútbol europeo. Por eso, antes de dar el salto al profesionalismo, estos jóvenes eran cedidos a equipos como el Villarreal, el Real Madrid, el Auxerre, hasta llegar a cederlos a 17 equipos del continente.

Sánchez sostenía que un condicionante siempre fue en Catar “la escasez de población” y lo explica al ejemplificar que “esto no es como España, que si falla una generación, atrás viene otra. Acá no hay más que esto y hay que ver cómo arreglarse”.

Su trabajo en la Academia Aspire lo proyectó en 2013 al cargo de gerente de la selección catarí que ganó el torneo asiático sub-19 en Birmania. Un año más tarde, estuvo a punto de lograr la clasificación para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Y tras buenas actuaciones  con las selecciones sub-20 y sub-23, lo nombraron director técnico de la selección absoluta, reemplazando al uruguayo Jorge Fosatti, el 3 de julio de 2017 –el uruguayo tenía diferencias con la dirigencia porque creía que había que ir más lento y seguir importando jugadores-, en plena clasificación para el Mundial 2018, y ya a principios de 2019 fue campeón de Asia en Emiratos Árabes Unidos al dar la sorpresa y vencer a Japón por 3-1 en la final.

Catar jugó la Copa Asia en un territorio tan hostil, que los diarios locales ni siquiera mencionaron al equipo campeón sino que titularon con que “Japón perdió el partido decisivo y es subcampeón”, pero aún así, el equipo de Sánchez Bas ganó todos los partidos, con una diferencia de gol de 19-1.

La Copa Asia fue una enorme proyección para Catar, no sólo por el  impensado título continental sino también por la riqueza táctica del equipo, capaz de pasar de un 4-3-3 clásico para eliminar en cuartos de final a la Corea del Sur del portugués Paulo Bento con un 3-5-2, con tres marcadores centrales y dos laterales. En semifinales superó a los locales de Emiratos Árabes Unidos, dirigidos por el italiano Alberto Zaccheroni, por un rotundo 4-0 con el 70 por ciento de posesión de pelota, y antes había despachado a Irak  (dirigido por Carlos Queiroz, actualmente en Colombia), y a la Arabia Saudita de Juan Antonio Pizzi (ahora en San Lorenzo).

“Ganarle a Japón en la final fue un trabajo arduo porque empleamos una técnica meticulosa con el fin de poder sacar provecho de sus debilidades. Aquella noche hicimos un partido perfecto. Vencimos a la selección más importante del fútbol asiático y no nos conformamos sólo con llegar a la final”, declaró Sánchez Bas.

Cuenta en sus filas con jugadores como Ali A,oez (22), goleador del torneo local, y su gran figura, Akram Afif (22), asistidor. El primero jugó en la Cultural Leonesa y el segundo, en el Sporting Gijón y Villarreal. La pareja de centrales, Tarek Salman (21) y Bassam Al Rawi (21), viene trabajando desde hace bastante tiempo. Así como Aspire tiene capitales en la Cultural Leonesa, también los tiene en el Eupen de Bélgica, a donde también envía jugadores.

Su ayudante es Sergio Alegre, también proveniente del fútbol base del Barcelona, y ahora cuentan con el apoyo de Xavi Hernández, recién retirado del fútbol en el Al Sadd, así como antes contaron con el ex madridista Raúl González Blanco, durante su estadía en Catar. “Xavi es de gran ayuda. Es futbolero las 24 horas del día. Viene con nosotros siempre que puede y más ahora que ya no juega. Para nosotros es un privilegio- Imagínese para estos jugadores tener a alguien como Xavi dándoles un consejo”, comenta Sánchez Bas.

“Para nosotros, el objetivo principal es afrontar un hito histórico: organizar la Copa Mundial 2022. Por eso nuestra participación en la Copa América es el paso más importante dentro de los proyectos que tenemos para este año. Aquí nos mediremos con selecciones que están en otra dimensión, diferente a lo que estamos acostumbrados”, indicó.

Tras la derrota con Colombia, luego de remontar un 0-2 ante Paraguay en el debut copero, Sánchez Bas reconoció que “no nos hemos sentido cómodos pero el trabajo defensivo ha sido muy serio hasta el final. Nos ha faltado tener el balón, que es lo que hemos echado en falta, y hemos estado mucho tiempo en campo propio defendiendo acciones del rival”.

Sin embargo, el entrenador ibérico felicitó a sus dirigidos “por el esfuerzo realizado ante un gran equipo que ha jugado un gran partido. Al final, es una experiencia para nosotros, para seguir creciendo, para seguir jugando con equipos de este nivel que te exigen y te presionan de esta manera”, señaló.

Ahora viene el momento de la definición nada menos que ante Argentina en Porto Alegre. “Va a ser muy duro, como el de Colombia que para mí, es uno de los mejores equipos del mundo. Pero no se nos puede olvidar que llegamos con opciones de pasar de fase. Sabemos que va a ser tremendamente difícil porque el potencial de Argentina, todo el mundo lo sabe”.

Una de las pocas veces que Sánchez Bas, ya ídolo absoluto para el público futbolero de Catar, se queda sin respuesta, es cuando le consultal si sabe cómo hacer para parar a Messi. “Hay cientos de entrenadores que lo vienen estudiando. Intenté averiguarlo pero no hay una fórmula mágica que garantice que puedas detenerlo, todo depende de sus pies. A pesar de todos los planes que estoy haciendo, es muy difícil pararlo. Trataremos de minimizar sus toques en el último tercio”, aventuró.












sábado, 22 de junio de 2019

El “Chapa” Suñé, símbolo y capitán, y el autor de uno de los goles más importantes de la historia de Boca que un día dejó de creerse Superman y casi se estrella (Infobae)




Rubén José Suñé, fallecido anoche a los 72 años, es un símbolo de Boca Juniors –tiene una estatua en la Bombonera- , autor de uno de los goles más importantes de la historia del club, el de la final del torneo Nacional de 1976 a River Plate, y uno de los jugadores con más partidos jugados con su esta camiseta (527, con 57 goles).

Ex marcador de punta derecho en sus primeros años como profesional en Boca (entre 1967 y 1972) y heredero de la cinta de capitán que portaba Antonio Ubaldo Rattín, a su regreso en 1976, tras pasar por Huracán y Unión de Santa Fe, ocupó la posición de volante central cuando le tocó levantar dos Copas Libertadores de América en 1977 y 1978 y la Copa Intercontinental 1977.

El 22 de diciembre fue un día muy importante en la vida de Suñé. En 1976 fue el autor de un gol de gran importancia en la historia de Boca cuando consiguió el bicampeonato del año al ganarle la final del Nacional a River en el Cilindro de Avellaneda y ocho años más tarde, intentó suicidarse arrojándose desde el séptimo piso del edificio en el que vivía en Pompeya pero su cuerpo encontró un obstáculo contra el que chocó y eso derivó en una internación de cuatro meses en un hospital para regenerarse, y nueve más en un psiquiátrico.

Al salir, pasó a dirigir la reserva de Boca, y recibió permanentes muestras de afecto de los hinchas. “Me creía Superman, hasta que un día me estrellé”, llegó a reconocer ante este periodista en una entrevista de 1991, donde confesaba el vacío que le generó retirarse como futbolista en 1981, con el sinsabor del descenso a Primera B con San Lorenzo de Almagro.

La historia de Suñé en el fútbol comienza en 1961, cuando se fue a probar a Boca con su primo Juan Carlos y su amigo Omar Larrosa a las viejas canchas lindantes del Hospital Argerich, gracias a los oficios de un tío, y todos fueron aceptados. “Íbamos los domingos a la tribuna y en la semana nos entrenábamos en La Candela”, recordaba.
Comenzó como centrodelantero, se hizo “cinco” por su admiración a Rattín, debutó en un partido amistoso como “diez”, luego lo retrocedieron en la cancha como “seis” y acabó jugando de “cuatro”, como marcador de punta derecho, cuando ya se asentó como titular y formó parte de equipos históricos de Boca como los de 1969 y 1970. 

“En las divisiones inferiores llegamos a jugar los tres juntos en el medio, mi primo Juan Carlos por la derecha, yo en el centro, y Larrosa por la izquierda. Salvo de wing izquierdo y de arquero, jugué de todo, aunque en el arco me la rebuscaba bien”, recordaba.

Su debut llegó en una fecha que sería emblemática en su vida de futbolista, el 22 de diciembre de 1966, justo diez años antes de su gol más trascendente. El rival fue Atlanta, aunque su primer partido oficial fue tres meses más tarde, el 17 de marzo de 1967, diez días después de cumplir los 20 años.

En 1969, con Alfredo Di Stéfano de director técnico, fue campeón de la Copa Argentina al ganarle la final a Atlanta, y del Nacional, cuando en la última fecha empató 2-2 ante River en el Monumental (con dos goles de Norberto Madurga) y resistió hasta el silbato final porque un tercer gol de los “Millonarios” hubiera forzado un partido de desempate.

Fue tan trascendente el partido ante River en 1969 que dio lugar a una película en la que participó todo el plantel de Boca, “Paula contra la mitad más uno”, estrenada en febrero de 1971, dirigida por Néstor Paternostro y protagonizada por Federico Luppi, Héctor Pellegrini y Raimundo Soto.

Al año siguiente, ya con José María Silvero como director técnico, Boca volvió a dar la vuelta olímpica en el Monumental al vencer en la final del Nacional a Rosario Central 2-1. Ese año, las carreras de Suñé y Larrosa se separaron porque el volante emigró al Pachuca de México.  “En ese tiempo éramos el dúo de la joda, los piratas del plantel, pero un día, Omar vino y me dijo que tenía que hablar conmigo en serio, que estaba saliendo con mi hermana Mabel y me quedé duro. Al poco tiempo se casaron”.

Ya en 1971, jugando la Copa Libertadores como local ante Sporting Cristal de Lima, Suñé, como capitán, fue protagonista de un escándalo en la Bombonera. Fernando Melian tocó levemente a Roberto Rogel en el área, el referí uruguayo Otero no cobro nada, y ante los reclamos de los jugadores de Boca la situación se desmadró. Suñé, recibió una impresionante patada voladora de Alberto Gallardo que le produjo un corte en el pómulo izquierdo. Varios jugadores de Boca terminaron en la comisaria de Villa Devoto, el partido fue suspendido y luego, 19 jugadores fueron expulsados excepto los arqueros Rubén Sánchez y Luis Rubiños, y el zaguero central boquense Julio Melendez, peruano.

En 1972, Suñé entró en conflicto con el entonces presidente de Boca, Alberto J. Armando por una cuestión gremial. “Fui colgado, y gracias a los oficios de Larrosa, terminé firmando para Huracán en el Nacional 1973”, contó en una entrevista. Allí se encontró con el equipo de César Luis Menotti que venía de ganar brillantemente el Metropolitano y se quedó hasta finales de 1974, siempre como protagonista.

En Huracán es que, según Suñé, realizó su mejor gol como futbolista. “Fue a Vélez Sársfield con Huracan, rompí el offside y al salirme el arquero, la empalé por encima de su cabeza. Me salió un golazo”, detalló.

Para 1975, ya siendo volante central, fue tentado por Juan Carlos Lorenzo para jugar en Unión de Santa Fe, recién ascendido a Primera A, y dispuesto a una revolución, y que terminó realizando una gran campaña con jugadores como Hugo Gatti, Victorio Cocco y Eber Mastrángelo, que luego pasaron todos a Boca en 1976, para tratar de igualar lo hecho por River en el año anterior y conseguir el bicampeonato, que lograría con aquel gol de Suñé en el Superclásico final del Nacional 1976.

Antes de comenzar el partido, el árbitro Arturo Ithurralde reunió a los dos capitanes, Roberto Perfumo y Suñé, y les advirtió que una nueva regla permitía jugar la pelota en los tiros libres sin la orden del árbitro. Esto fue aprovechado perfectamente por el capitán de Boca, que mientras Ubaldo Fillol armaba la barrera, sacó un remate que terminó con la pelota en el ángulo superior izquierdo y con este tanto, Boca obtuvo el bicampeonato (un año antes, Osvaldo Potente le había convertido a Fillol, en el Monumental, un gol muy parecido).

Ese bicampeonato, con Lorenzo como director técnico, sería el envión para ganar después dos Copas Libertadores (1977 y 1978) y una intercontinental (1977), y la llegada a una tercera final de América perdida ante Olimpia de Paraguay en 1979, además de rozar el título del Metropolitano 1978, perdido en el final ante Quilmes.
En 1980, como producto de varias lesiones, se alejó de Boca y pocos meses después, igual que su cuñado Larrosa, firmó para San Lorenzo. Era la tercera vez que coincidían en un equipo, pero esta vez, la experiencia terminó mal, con el descenso a Primera B a fines de 1981, y decidió retirarse.

Fue Suñé, ya con el apodo de “Chapa”, el encargado de levantar las copas como capitán y símbolo xeneize, al punto de que luego de un partido nocturno en San Martín ante Chacarita Juniors, tuvo un encontronazo con un rival, Carlos Horacio Salinas, después del cual, según distintos relatos, se dirigió con su coche directamente a la casa del presidente Armando, para sugerirle que lo contratara, que se trataba “de un jugador para Boca”, y así ocurrió.

“Uno experimenta una verdadera conmoción interna cuando comienza a subir por la escalerilla del túnel y se encuentra con todo eso. Claro, a medida que pasan los años se va acostumbrando. Pero no deja de ser un impacto. ¿La piel? Sí, se me pone como piel de gallina... Y hay cosas que uno no puede olvidarse nunca. Y personalmente no puedo ocultar el orgullo que siento al salir a la cancha con el brazalete de capitán. Porque en cierta manera representa el símbolo de Boca, el símbolo de un club muy famoso y muy querido, además de ser el representante de todos mis compañeros. El cargo de por sí está significando un consentimiento por parte del equipo, una ratificación de amistad, una prueba de que hay aprecio, de que se es buen compañero, de que se tienen condiciones morales. Y como esta estima no es de ahora sino que viene de antes, como sé que hay sinceridad, la distinción que me dieron mis compañeros me representa un halago enorme. Máxime en una institución que es conocida en todo el mundo”, dijo alguna vez, como resumen de su sentimiento como capitán de Boca.

Capaz de tirarse de cabeza para buscar una pelota, y casi siempre con mangas cortas hasta en tiempos más fríos como desafiando incluso a la temperatura, Suñé, fallecido anoche en el Hospital Británico, forma parte de la historia grande de Boca.








En la Copa América de Brasil, el VAR aporta cada vez mayor confusión (Interia)



                                                       Desde Brasil



En cualquier momento de cualquier partido de la Copa América, el resultado puede cambiar sin que ninguno de los dos equipos reclame nada ni haya considerado que una mano involuntaria, o un choque sin falta pudieran derivar en un impensado penalti, gracias al exagerado protagonismo del VAR.

Sorprendió que Brasil, siendo local, tuviera dos goles anulados (uno de ellos, mal anulado) ante Venezuela, lo que le terminó significando apenas empatar con un decepcionante 0-0 en el Grupo A, y si la Argentina de Lionel Messi no perdió ante la modesta Paraguay fue por un penalti que sólo el VAR vio y le avisó al árbitro brasileño Wilton Sampaio, que corrió a mirar la pantalla y estuvo varios minutos frente a ella para dilucidar la situación (una mano involuntaria que ni los albicelestes vieron ni reclamaron).

En el partido entre Uruguay y Japón, se imponían bien los asiáticos 1-0 cuando Edinson Cavani intentó rematar, su pierna fue bloqueada por un defensor (es decir, no hubo falta sino bloqueo) y ante la estrafalaria caída del delantero celeste, el árbitro fue avisado por el VAR de que había ocurrido una jugada polémica y minutos más tarde, otorgaron un penalti que convirtió Luis Suárez.

El ex director de la Escuela de Arbitros de la Federación Argentina (AFA) Miguel Scime, explicó que el gran problema del uso del VAR en la Copa América pasa por el apuro de la Conmebol por utilizar este sistema en este torneo cuando aún la institución no estaba preparada para el uso de la tecnología, y que el árbitro con más experiencia en cursos de este tipo, debe tener dos o tres, nada más, y que es por eso que en la UEFA se tomaron más tiempo para su utilización.

El muy interesante sitio de Twitter  “Árbitro Internacional” mostró  cómo los integrantes del VAR en torneos de la FIFA pueden escoger lo que desean estudiar señalando la pantalla, mientras que en la Conmebol, los operadores sólo pueden seleccionar el momento exacto a partir de una serie de botones y un joystick, lo cual es algo mucho más complejo y lento.

Además, en decisiones como el fuera de juego, se necesita crear un modelo 3D apenas se selecciona la jugada en el momento preciso, lo que demora muchísimo más el proceso de la decisión del cuerpo colegiado sentado en la cabina, para asistir al árbitro del partido.
Asistimos entonces a un nuevo modelo de espectáculo futbolístico. ¿Es penalti uno que ninguno de los dos equipos reclaman, o que ningún jugador ni espectador ve, y que hace perder mucho tiempo en un partido? ¿Es necesario cobrar un penalti que molesta y que de no cobrarlo, nada cambiaría? ¿No le quita espontaneidad a un grito de gol que debe ser corroborado tres minutos más tarde?

“En Sudamérica todo comenzó con la Copa América Extra de 2016 en los Estados Unidos, cuando el suizo Massimo Busacca (director del Comité de Árbitros de la FIFA) nos dijo que hay que tratar de usar la tecnología para evitar gruesos errores nuestros, pero pasamos de eso a querer cobrar lo imperceptible y así llevamos a los árbitros a perder la libertad porque lo que él vio en milésimas de segundo es una foto, pero después, lo llama el VAR y le hace ver que tal vez lo que él vio no es lo que ocurrió, o sea que es una película, no una foto”, sostiene Scime.

El promedio de tiempo utilizado para determinar una jugada por el VAR en esta Copa América es de 3 minutos y 30 segundos desde que el árbitro para el partido para consultar hasta que toma la decisión final, lo cual es mucho mayor que el tiempo para lo mismo en el pasado Mundial de Rusia.

Scime cree que la diferencia está en la preparación y la experiencia de los árbitros y en el apuro de la Conmebol por utilizar la tecnología, cuando es algo que debió necesitar más tiempo y aplicarse más adelante.

Pero hay otro hecho polémico alrededor del VAR y es que cuanto más tiempo se pierde en la decisión, más gente en todo el mundo tiene tiempo de apostar en las distintas casas o agencias, porque ahora en las apuestas se agregó jugar a qué decisión tomará el árbitro, y eso necesitaría de profundas investigaciones al más alto nivel.


viernes, 21 de junio de 2019

El “milagro al revés” de la selección argentina en Brasil (Interia)




                                                            Desde Brasil



A pocas horas de jugarse el tercer y último partido de la fase de grupos de la Copa América de Brasil, parece insólito pero es real que alrededor de la selección argentina, que tiene a Lionel Messi en sus filas, se hacen cálculos sobre sus escasas chances de clasificarse a los cuartos de final, y probablemente, si no vence a Qatar el domingo por la tarde, quedará última entre cuatro equipos, lo que debería desembocar en una crisis sin precedentes.

En esta Copa América, compuesta por tres grupos de cuatro equipos, se clasifican a los cuartos de final los dos mejores de cada uno, y los dos mejores terceros, es decir que sólo cuatro selecciones nacionales sobre las doce participantes, quedan eliminadas en primera ronda, y Argentina, segunda ganadora de títulos de este torneo en la historia (14 sobre 15 de Uruguay), podría ser una de las cuatro que se vuelven a casa desde el inicio.

La gran pregunta que podrían formularse los lectores es cómo, con Messi en sus filas, se ha llegado a tanto. ¿Cómo se pudo caer tan bajo, con jugadores como Sergio Agüero, Ángel Di María, Nicolás Otamendi o Paulo Dybala? El equipo argentino, de momento, jugó dos de los tres partidos en su grupo y perdió en su debut ante Colombia (2-0) y empató (gracias a un penalti otorgado por el VAR) ante Paraguay (1-1) y sólo le resta jugar ante Qatar, pero ya no puede ser primera (Colombia ganó el grupo) y si Paraguay gana su partido, tampoco segunda, por lo que lo máximo que podría aspirar sería a un mísero lugar como uno de los dos “mejores terceros”.

La respuesta a la insólita situación de la selección argentina es que todo comienza muy arriba, en la propia conducción de la federación nacional (AFA), que va sin rumbo y con muchísimos problemas que no resuelve y que vienen de lejos, desde la estructuración centralista de los torneos locales (que tienen demasiados equipos de Buenos Aires y no del resto de las ciudades, en un país muy extenso pero muy concentrado), la permanente exportación de jugadores y con ello, la pérdida de nivel de los torneos, y especialmente, el desorden en el que entró la selección argentina desde que renunciara José Pekerman en 2006, luego del Mundial de Alemania, donde Argentina fue eliminada en cuartos de final por los locales, desde los penaltis.

Para tener una mayor precisión, desde 1974 hasta 2006, la selección argentina había tenido seis entrenadores (Menotti, Bilardo, Basile, Passarella, Bielsa y Pekerman), y desde 2006 hasta hoy, ocho entrenadores (Basile otra vez, Maradona, Batista, Sabella, Martino, Bauza, Sampaoli y Scaloni), con la gran chance de que una vez que transcurra la Copa América y el equipo regrese a casa, la AFA elegirá un noveno.

Es decir que en 32 años, la selección argentina tuvo seis entrenadores, y en los últimos13 años, tuvo ocho. Un ejemplo puede ser contundente: Sergio Agüero, del Manchester City, era centrodelantero para Batista, extremo izquierdo para Sabella, nuevamente centrodelantero para Martino, jugaba de segundo delantero con Bauza, variaba entre delantero y jugando de segunda punta con Sampaoli. Un mismo jugador, cambiando de tres hasta cuatro posiciones en un lapso de cinco años.

A la falta de continuidad y de línea de juego (los entrenadores que pasaron no obedecían a la misma filosofía, por lo que la selección argentina fue variando desde un intento por jugar más ofensivo, con 4-3-3, a otro más conservador, con 4-4-2), hay que sumarle también un hecho más estructural, y es que por razones económicas, el fútbol argentino fue dejando de producir jugadores en funciones claves, porque para poder vender a Europa hacía falta generar las funciones que el mercado europeo requiere.

En el fútbol argentino, siempre fue un clásico la función del “diez”, un número mítico que utilizaron desde Maradona o Ricardo Bochini (un extraordinario jugador de los años setenta y ochenta) o Juan Román Riquelme y, por supuesto, Messi, pero como ahora en Europa no se utiliza, ya entonces tampoco aparecieron más, al no tener a quien vendérselo. Así podemos sumar a los extremos, que siempre fueron otra característica de los albicelestes. Una tercera posición es la de mediocentro. El fútbol argentino siempre tuvo jugadores altos y de muy buena presencia allí, muy elegantes, y ahora necesita a dos para que hagan lo que antes podía realizar uno solo.

La consecuencia es lo que hay. Una selección argentina con tanta historia, a punto de quedar eliminada pronto de una Copa América, sin que se entienda a qué quiere jugar, con sus jugadores derrumbados anímicamente, y con un entrenador que no estaba en condiciones de dirigir a este equipo.

Bebiendo de su propio veneno, la selección argentina corre el riesgo de encaminarse a ser en el siglo XXI lo que fue Hungría en la segunda mitad del siglo XX (aunque en ese caso, la causa fue la guerra): una selección que vive del recuerdo de lo que fue, y que nunca pudo recuperar aquellos años de brillo.