jueves, 6 de junio de 2019

La Super Champíons europea ya es una cuestión de Estado (Infobae)



                                                           Desde París



Gianni Infantino acababa de ser reelecto por aclamación como presidente de la FIFA y tras una larga conferencia de prensa de más de una hora, parecía que iba a saludar para irse a descansar. Sin embargo, como si fuera un tema aparte, volvió sobre sí mismo y primero en italiano y luego en inglés (todas las preguntas las había respondido en una sola lengua) quiso referirse a la Súper Champions.

“Creemos en la mundialización del fútbol. Buscamos que todos los que compitan tengan cada vez más posibilidades de ganar y que no quede todo en una élite de pocos equipos. La mundialización es todo lo contrario a la elitización”, afirmó Infantino en lo que sonó a dura respuesta al presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin y a los más importantes clubes del Viejo Continente, nucleados en la Asociación de Clubes Europeos (ECA).

El tema de la llamada “Súper Champions”, competencia que pretenden comenzar a desarrollar los clubes poderosos de Europa, que ahora cuentan con el apoyo de la UEFA (lo que nunca antes), ya es una cuestión de Estado, porque varios mandatarios de los países de Europa occidental observan con temor (trasladado desde sus federaciones nacionales) de que las ligas locales vayan perdiendo lugar, tapadas por la nueva Champions League pensada (y prácticamente aprobada) a partir de 2024.

La idea de la nueva Champions es que en vez de una fase de ocho grupos de cuatro equipos como hasta ahora, haya cuatro grupos de ocho equipos cada uno, lo que significaría que cada equipo jugaría no menos de catorce partidos europeos en una sola temporada, y podría llegar a veintiuno en el caso de llegar a la final, lo que representa más de media liga local (suelen ser de treinta y ocho fechas).

Esto sería devastador para los torneos locales europeos y es lo que puso en alerta a cada federación, que no quiere depreciar la joya de su corona, y por lo tanto, lo fue trasladando a sus mandatarios nacionales para que hagan presión ante los poderosos clubes europeos y la UEFA.

No es de extrañar entonces que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, le enviara una carta al presidente de la Federación Francesa (FFF), Noël Le Graët donde le manifiesta su apoyo “en su oposición a la reforma prevista por la UEFA”.

“Creo que debemos defender nuestro modelo, nuestros clubes, y no creo que sea una buena idea sacrificar la fiabilidad de nuestro modelo en beneficio de unos pocos a escala europea. A menudo se ha denunciado que en los últimos años hay mucho dinero en el fútbol y especialmente en el fútbol masculino. Estas reformas conducen a lo peor y quiero decirles a todos los presidentes de clubes que sé que están preocupados, que estaré encima y que ese es el mensaje que le transmitiré a la FIFA y al presidente de la UEFA”, sostuvo Macron en la durísima carta.

La idea de una “Súper Champions” con clubes de élite viene de muy lejos, incluso antes del actual mandato de Ceferin, cuando la UEFA (con Michel Platini en la presidencia) se oponía, varias veces la ECA amenazó con armar un torneo por fuera de la confederación europea y retirarse de la Champions League y de la Europa League porque una competencia entre los equipos grandes tendría mucha más venta de derechos de marketing y de TV.

Pero desde la llegada del esloveno Ceferin, la UEFA, para no perder a estos clubes de élite ante las amenazas cada vez más fuertes de separación, fue cediendo poder hasta llegar a aprobar el nuevo formato para 2024, que contempla un inicio con la mayoría de los clubes de élite y por el que aquellos clubes medianos o pequeños del continente deberán hacer malabares para poder acceder, con muy pocas plazas.

Por esta misma razón es que la FIFA sigue sin aprobar el Mundial de Clubes de 2021 con 24 equipos, debido a que la UEFA considera que este torneo molestaría a las competencias europeas por jugarse en diciembre, y sigue resistiéndose al nuevo formato.
Se especula también con que una vez que se concrete la idea de la “Súper Champions” para 2024, los clubes poderosos europeos avanzarían todavía más y propondrían cambiar los días de disputa con las ligas locales, dejando a éstas la mitad de la semana y pasando a los domingos los torneos europeos.

Entre los que resisten estos avances, además de los mandatarios nacionales y los presidentes de cada federación, está el propio Infantino, presidente de la FIFA.

miércoles, 5 de junio de 2019

Daniel Angelici: “Estamos estudiando con la Conmebol que los Mundiales de Clubes y de selecciones se jueguen cada dos años y no cada cuatro” (Infobae)




                                                    Desde París



Una vez reelecto el ítalo suizo Gianni Infantino como presidente de la FIFA, y mientras el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia escapaba literalmente del periodismo, el presidente de Boca Juniors, Daniel Angelici, asistente al Congreso de París como vicepresidente de la AFA, dialogó con Infobae.

-         ¿Qué conclusiones se pueden extraer del Congreso de la FIFA en el que se reeligió a Infantino como presidente por cuatro años más?
-         Yo estoy acá en representación de la AFA, como vicepresidente, y debo decir que en estos tres años y cuatro meses que lleva Gianni Infantino, la FIFA se ha renovado completamente. Se ha visto en las reglamentaciones, en los eventos, en las organizaciones. Se han dado pasos importantes en las decisiones acerca del fútbol femenino. Entonces ha logrado algo que se lo merecía y es que hubiera una sola lista y se lo haya votado por aclamación.

-         Hoy se planteó una vez más, por parte de la FIFA, la posibilidad de que desde 2021 se juegue un Mundial de Clubes con 24 equipos, pero parece más favorable a los equipos europeos desde lo deportivo, porque los sudamericanos no pueden conservar tanto tiempo sus planteles campeones y sólo llegaría bien el que gane las copas en los años de Mundiales.
-         Bueno, eso le suele pasar a todos los clubes que forman parte de países exportadores de jugadores, como nos pasa a nosotros en Sudamérica. Pero son las reglas de juego. Nosotros celebramos y esperemos que Boca pueda estar en ese Mundial de Clubes. Recién estaba hablando con Infantino y creo que Sudamérica tendrá ocho plazas así que vamos a ver cómo se define todo esto.

-         ¿Y usted le comentó esto que conversamos sobre la ventaja que tienen los europeos, que con su poder económico no sólo mantienen a sus planteles campeones sino que los engordan con más estrellas?
-         No, porque es la realidad que nos toca y en este momento contra Europa no podemos competir principalmente por la moneda, los sueldos, o la jerarquía que tienen torneos como el inglés, el español, el italiano. Son ligas que tienen a los mejores jugadores y los equipos que participan en ellos, como el Manchester City, el Bayern Munich o cualquiera de ellos tienen presupuestos que no pueden manejar los clubes sudamericanos.

-         Boca es uno de los pocos clubes sudamericanos que económicamente tiene la posibilidad de traer a jugadores muy caros pero…¿no es muy europea la FIFA? Quiere organizar un Mundial que favorecerá a los poderosos, la mayoría de los integrantes de sus comisiones son europeos, el calendario anual es el que se usa en Europa…
-         Eso pasa por la potencia que tiene el fútbol europeo. El fútbol, hoy, es el europeo. El poder que tiene el fútbol europeo no lo tiene ningún otro continente, y la excepción puede pasar por Argentina o Brasil. Gracias a Dios existe una selección argentina, un Lionel Messi, Brasil, y eso hace que podamos tener una representación en el Comité Ejecutivo de la FIFA y en la Conmebol somos apenas diez países sobre 211 que hoy estaban acá. Es una Confederación que en el momento de votar, reúne 10 sobre 211.

-         O sea que si Conmebol tuviera ocho plazas en el Mundial de Clubes, sería una visión optimista.
-         Claro, gracias a los jugadores que fuimos sacando, brasileros, argentinos, uruguayos, colombianos, el fútbol sudamericano también es una potencia, pero después, es muy difícil competir con los presupuestos que tienen los clubes europeos.

-         ¿Se habló de alguna fecha para votar el Mundial de Clubes?
-         No, todavía no. Va a salir primero por el Comité Ejecutivo de la FIFA y luego lo llevarán al próximo Congreso.
-         Es decir que si sale votado, sólo habría un Mundial de Clubes cada cuatro años y en el resto…

-         Vamos a ver. Yo creo que cuatro años es mucho tiempo para esperar para un Mundial y que podría haber una alternancia cada dos años para que podamos estar siempre en competición de nivel internacional, tanto con la selección argentina como los principales clubes sudamericanos.

-         ¿Y eso es una posibilidad real?
-         Estamos viendo, lo estamos estudiando en la Conmebol.

-         Sin hacer nombres de posibles contrataciones, este es el último gran mercado para Boca antes de regresar al último tramo de la Copa Libertadores. ¿Boca va a mirar para el extranjero, ya que puede hacerlo?
-         Es que no tenemos de dónde mirar. Sólo para Europa, México y Estados Unidos. En los demás casos, ya han jugado Copa Libertadores y no nos sirve incorporar. Así que con lo difícil que es, con la situación que está atravesando nuestro país, con la costumbre que tienen los jugadores, que  cobran en moneda dura, vamos a tratar de traer tres o cuatro refuerzos de jerarquía para ser un plantel competitivo.

-         Sería raro si se concreta la incorporación del italiano Daniele De Rossi porque no hay muchos antecedentes de europeos en el fútbol argentino en el último medio siglo.
-         Es difícil si viene. Es una decisión que debe tomar él para venir a jugar su último año de la carrera a Boca Juniors. Nosotros tenemos la puerta abierta para esa clase de jugadores que jerarquizan nuestro equipo.

-         Hace pocos días, apareció el belga Eden Hazard con la camiseta de Boca, y lo mismo con el goleador francés Antoine Griezmann. ¡Qué le genera al presidente de Boca imágenes como esas?
-         También Roberto Baggio y tantos otros. Nos genera orgullo porque sabemos lo que es Boca y me pasa cada vez que vengo a estos congresos, se acercan muchos representantes de federaciones o clubes a saludarme y muchos te dicen “En Argentina somos de Boca”, y eso produce un orgullo muy grande porque es lo que hizo que Boca sea tan grande y reconocido internacionalmente

Las guerras y los desafíos de Infantino en la FIFA (Interia)




                                                   Desde París


Esta vez, a diferencia del 24 de febrero de 2016, no hubo tanta emoción, ni la incógnita sobre si sería el más votado, ni la esposa corriendo a abrazarlo al escenario. El ítalo suizo Gianni Infantino fue reelecto como presidente de la FIFA por otros cuatro años, por aclamación y con un  comicio en el que obtuvo 202 sufragios contra 3. Apenas lagrimeó cuando se enteró que había ganado, y dedicó su éxito “a los que me quieren y a los que me odian”.

Infantino tiene varios desafíos en su gestión pero también, por estos días, debe librar algunas guerras. Una de ellas aparece como la más dura y la otra, en cambio, circunstancial. La segunda está relacionada con las fuertes declaraciones en su contra del ex presidente de la FIFA, el suizo Josephn Blatter, y con el ex titular de la UEFA, Michel Platini, suspendido hasta octubre porque los tribunales consideraron que no pudo probar de dónde recibió un pago de 1,8 millones de euros por parte de Blatter, con fondos de la FIFA.

Platini y Blatter, en líneas generales y cada uno a su manera, coinciden en atacar a Infantino por el lado de una supuesta incapacidad para el cargo que tendrá por otros cuatro años más, y no resulta nada casual que lo hayan explicitado. Para diciembre de 2015, se produjo en Zurich una reunión trascendente entre altos dirigentes del fútbol internacional provenientes de Europa y Sudamérica. Del cónclave tenía que surgir un candidato para las elecciones de presidente de FIFA de principios de 2016 y no resultaba nada fácil decidirlo.

Desde ambos lados del Océano Atlántico sabían que no había demasiados dirigentes que reunieran el carisma, la trayectoria o el poderío para presentar su candidatura: Blatter, defenestrado políticamente, al punto de que siendo reelecto en mayo de 2015, tuvo que renunciar a los tres días al no tener el respaldo de los mandatarios más importantes de Europa a causa de la corrupción. Platini, suspendido por el dinero que había recibido de Blatter sin justificativo. Desde el lado sudamericano, la gran mayoría de los dirigentes estaba involucrada en el “FIFA-Gate”, un caso en la justicia norteamericana por haber vendido los derechos de TV a grandes consorcios por módicas cifras y por muchos años de grandes torneos como Mundiales y Copas América, a cambio de importantes sobornos.

El único que quedaba con chances era Angel María Villar, el presidente de la Real Federación Española (RFEF), de mucha fuerza en la UEFA y cuyo hijo, el joven abogado Gorka Villar, había sido funcionario de la Conmebol (la Confederación Sudamericana). Parecía todo perfecto, pero Villar tampoco quiso ser candidato. Sabía que su situación empeoraba cada día, por casos de corrupción, al punto de que pocos meses más tarde sólo saldría de la cárcel pagando una fianza.

¿Qué hacer, entonces? “De aquí no se va nadie sin que salga el nombre de nuestro candidato porque no podemos darnos el lujo de que el fútbol se vaya con los jeques”, dijo alguien muy influyente. Y fue allí que surgió el nombre de Gianni Infantino, el ex secretario general de la UEFA de Platini. El simpático hombre políglota de los sorteos de la Champions League, de repente, encontraba su lugar en el mundo a falta de otros protagonistas. El único que garantizaba la continuidad “occidental” en la FIFA.

La otra guerra que tiene Infantino, y que sin dudas llevará más tiempo y acaso se vaya agigantando con el paso de los meses, es contra la UEFA, justamente la entidad de la que proviene, porque todo ha cambiado demasiado allí. Es llamativo que un presidente como el esloveno Aleksander Ceferin, se haya consustanciado tanto con los clubes poderosos de la ECA (Asociación de Clubes Europeos), cuando la UEFA siempre estuvo enfrentada a ellos.

La ECA, que reúne a muchos clubes pero que es manejada básicamente por la élite del fútbol europeo, desde hace rato que tiene como objetivo priorizar un súper torneo continental sobre las competiciones de Liga y en este sentido, la Champions actual les quedaba pequeña. Quieren mucho más: vender un gran torneo, una “Súper Champions” desde 2024 con cuatro grupos de ocho equipos cada uno, a la que será muy difícil acceder cada año desde países periféricos europeos porque sólo habrá cuatro plazas para decenas de federaciones, mientras que en el gran torneo europeo cada equipo jugará un mínimo de 14 partidos en la fase de grupos, que podrían llegar a ser 21 si se llegara a la final. Esto implicaría jugar casi una segunda liga (además de la nacional) e iría dejando al torneo nacional en un segundo plano (sólo faltaría que la Super Champions pase a los fines de semana y las ligas, a los miércoles).

Ante esta situación, sorprendió que Infantino dejara para el final de la conferencia de prensa, una vez reelecto, cuando ya se acabaron las preguntas, una referencia a la posibilidad de una “Súper Champíons” desde 2024: “Como presidente de la FIFA, abogamos por ampliar las posibilidades de los equipos en todo el mundo. Estamos por la globalización, que es lo contrario a la elitización”.

La próxima guerra de la FIFA pasa entonces por una alianza con las federaciones nacionales europeas contra la UEFA y la ECA.

El otro foco de tormenta pasa por el Mundial de Clubes cada cuatro años, que pretende imponer la FIFA en los próximos meses, y aunque Infantino asegura que se votará, no parece tan sencillo porque la élite europea de la ECA (respaldada por esta UEFA que juega siempre a su favor)  no quiere saber nada de suspender todo a mitad de temporada (se jugaría en diciembre) para disputar una competencia que taparía de gran modo a la Super Champions de ese año.

Al margen de las guerras que enfrenta la FIFA, también hay otros desafíos, como acabar con la corrupción endémica en las confederaciones africana, asiática o Sudamericana, darle mayor preponderancia al fútbol femenino y propender a que más equipos, en todo el mundo, puedan competir con el mismo nivel que los europeos.

No será una tarea fácil.


Infantino, reelecto por aclamación en la FIFA, entre la realidad y las promesas (Jornada)




                                                      Desde París



“Estoy en un mil por ciento de acuerdo con usted”, le respondió Gianni Infantino a este periodista de Jornada en una de sus dos preguntas durante la conferencia de prensa apenas minutos después de ser reelecto presidente de la FIFA por otros cuatro años y por aclamación (sin rivales a la vista).

La pregunta no era nada fácil. Se refería al historial de corrupción en las federaciones sudamericanas, por qué la FIFA hace la vista gorda con hechos graves como los que ocurren en Perú, y por qué, con el antecedente del FIFA-Gate, se permite que los grandes consorcios, involucrados en esta megacausa, siguen recibiendo los derechos de TV para luego hacer con ellos lo que quieren (básicamente, un monopolio).
Infantino prometió tomar cartas en el asunto y que las cosas no van a seguir igual. Incluso, nos permitimos sugerir que sea la propia FIFA la que administre per se esos derechos y los venda por su exclusiva cuenta, sin necesidad de intermediarios que revendan (o no) a terceros.

El ejemplo tal vez sea bueno como para mostrar cómo se desenvuelve Infantino, de manera muy distinta a como lo hacían sus antecesores Joao Havelange o Joseph Blatter. El actual mandatario del fútbol mundial es políglota, en sus conferencias va cambiando de idiomas (utilizó el inglés, francés, italiano y español) y va prometiendo que por fin llegaron los tiempos del fin de la corrupción y el inicio de una etapa de gran solvencia económica (“no puede estar el dinero en los bancos. Lo que llega para el fútbol debe ser invertido en el fútbol”).

Infantino se muestra ansioso por dar vuelta la historia de tantos años de cuestionamientos y los gráficos con los datos de los números de los ingresos parecen ser muy alentadores, pero da la sensación de que el mandamás de la FIFA va a chocar en cualquier momento con algunos golpes de la realidad.

Una de sus grandes batallas es, sin dudas, contra la UEFA, enfrascada como nunca con lo que se dio en llamar la Asociación de Clubes Europeos (ECA), que no es otra cosa que la agrupación de los más poderosos clubes de la élite, que desde hace años vienen amenazando con irse de las competencias continentales para organizar sus propios torneos y así asegurarse mayores ingresos de marketing y televisión.

Ahora, estos clubes pudieron conseguir que ante sus reiteradas amenazas a los dos anteriores presidentes de la UEFA (Lennart Johansson, fallecido justamente ayer, y Michel Platini, suspendido como dirigente hasta octubre por hechos de corrupción), quien ahora preside la entidad europea, el esloveno Aleksander Ceferin, aceptara sus condiciones a partir de 2024 con un nuevo formato de Champions League que puede acabar derrumbando a las ligas nacionales de tanto prestigio.

La nueva Champions League contempla, en vez de 8 grupos de 4 equipos como hasta ahora, 4 grupos de 8, por lo que cada equipo participante se asegura jugar un mínimo de 14 partidos y un máximo de 21, lo cual es, en promedio, media liga nacional. Por esto mismo, esos clubes tampoco aceptan la nueva idea de Infantino para 2021, la de jugar un Mundial de Clubes de 24 equipos cada cuatro años, porque al realizarse en diciembre, molestaría a la nueva Champions, a la que los clubes que no son ricos podrán acceder muy limitadamente porque sólo se abrirán cuatro plazas para decenas de clubes de Europa del Este o que no sean de élite.

Lo que se dio en llamar “Super Champions” ya llegó a ser un tema de Estado porque los preocupados dirigentes de cada federación nacional ya fueron a pedir ayuda a los presidentes de gobierno de sus países ante la amenaza europea y buscando respaldo político apelando a una cuota de nacionalismo. Y así fue que Emmanuel Macron le envió una durísima carta de respaldo al presidente de la Federación Francesa (FFF), Noël Le Graët, en la que le dice que luchará para que los clubes franceses no queden afectados y presionará en todo lo posible porque el camino de la Super Champions conduce al desastre.

Por eso mismo, tampoco fue casual que Infantino dijera que lo que la FIFA busca es la “mundialización”, la idea de que más clubes o más selecciones sin tanta historia puedan acceder a ganar torneos en el futuro y que eso va “en contra de la elitización”, y sorprendentemente lo declaró una vez que finalizó la conferencia de prensa y tanto en inglés como en italiano, para enfatizar la situación.

A propósito del Mundial de Clubes con 24 participantes desde 2021, la resistencia europea de los más ricos es tal que aún no pudo votarse (ni se conoce sede) pero nosotros hemos consultado al presidente de la FIFA desde un ángulo estrictamente deportivo, sobre que de jugarse un torneo con tanto espacio de tiempo y por las características vendedoras de los clubes sudamericanos, los equipos de la Conmebol tendrán poca chance porque ningún club podrá conservar sus jugadores por tan largo lapso.

Sin embargo, Infantino volvió a apelar al optimismo e indicó que los jugadores tienen que tratar de llegar al Mundial porque eso les dará prestigio y en el futuro, mucho dinero. Lo que acaso no entienda el presidente de la FIFA es que cuando llega una buena oferta, en moneda dura, el jugador es el primero que se quiere ir y no puede esperar porque siente que el tren puede pasar una sola vez en la vida.

Infantino se consolida como presidente de una FIFA que ahora tiene el VAR para solucionar muchos conflictos de un partido, y que trata de impulsar cada vez más a la mujer, con más torneos y posiciones dirigenciales dentro de la estructura.
Mientras todos aplauden a Infantino, a pocos metros, en la calle, un centenar de hinchas del Wydad Casablanca manifestaban con canciones y banderas contra los dirigentes de la Confederación Africana, que se alojaban en un hotel justo enfrente. El motivo es que su equipo se había retirado de la final de la Champions League continental ante el Esperanza de Tunez porque ante un reclamo, el VAR no funcionó por una hora.

Una vez más, las intenciones chocaban contra la realidad. Y ese es un gran desafío para la FIFA que viene.

martes, 4 de junio de 2019

En un día agitado en París, la Conmebol aprobó su estatuto a toda velocidad y Brasil impidió que se subieran las multas hasta un máximo de un millón de dólares (Infobae)




                                                       Desde París



“No news, good news”, parece querer demostrar la Conmebol, que con dos deliberaciones express, de poco más de una hora, logró aprobar en una de ellas su nuevo estatuto completo y reemplazar el criterio de “idoneidad” para sus dirigentes por el de “integridad” en el ejercicio de sus tareas, en tanto que en la otra, se decidió en forma unánime votar por aclamación, mañana, la reelección de Gianni Infantino como presidente de la FIFA por otro período de cuatro años.

Los movimientos frenéticos alrededor de la zona parisina de Neuilly Porte Maillot, justo a unos pocos metros de los trenes de cercanías RER y el metro, en una zona de oficias, no podían disimularse porque si de un lado de la avenida, en el Palacio de los Congresos, deliberaba desde el mediodía el Consejo de la Conmebol, justo enfrente, en el Hotel Meridien, se alojaban los dirigentes de todo el continente sudamericano, así como japoneses y qataríes, casualmente, los dos países cuyas selecciones fueron invitadas a participar de la Copa América de Brasil.

Infantino, el presidente de la FIFA, aprovechó que en el Palacio de los Congresos sesionaban a puertas cerradas los Consejos de la Conmebol y de la UEFA para pasar a saludar en ambas reuniones y sacarse la foto correspondiente, si bien la relación con los sudamericanos no es la misma que con los europeos.

En la Conmebol, Infantino logró que se votara un estatuto (ya aprobado anteriormente) que contempla “la promoción del fútbol base, el impulso al futsal y al fútbol femenino y el criterio de “integridad” de forma general en el texto, sustituyendo al de “idoneidad”, lo cual significa que desde ahora no habrá defensa en un sumario o juicio a cualquier dirigente con que se trata de un mal manejo de un club, sino que la causa irá siempre por el lado moral y no por el de una mala administración.

Uno de los puntos más calientes de la reunión del Consejo estuvo relacionada con el intento de la Conmebol de elevar las multas hasta un millón de dólares, pero que fue resistida de tal manera por la Confederación Brasileña (CBF) que ni siquiera se llegó a votar la iniciativa.

Todo esto ocurría entre manifestaciones que fueron sofocadas por agentes de seguridad privada contratada para la zona. Un grupo de veinte personas, con banderas marroquíes, protestaban ante dirigentes de la Confederación Africana que también se alojaban en un hotel de la cuadra por la escandalosa final de hace cuatro días por la Champions de ese continente, cuando los jugadores de Wydad Casablanca se retiraron ante el Esperanza de Túnez, en el minuto 63, al anulársele un gol por fuera de juego y el partido había estado parado por una hora al no funcionar el VAR.

Al mismo tiempo, una lluvia torrencial impedía salir a la calle a muchos dirigentes sudamericanos, mientras otros se enteraban que hasta Roland Garrós se había suspendido momentáneamente, pero en menos de media hora, el sol había vuelto a brillar y el calor era otra vez sofocante.

A la espera de lo que ocurra en el Congreso de la FIFA de mañana, el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, indicó que las ventas de las entradas para la próxima Copa América de Brasil “están muy bien” y que hay algunos partidos que tienen “récords de venta” aunque reconoció que otros “tienen menos audiencia pero estoy seguro de que al final la gente va a reaccionar y va a acudir también”.

Domínguez se refirió al balance que presentará mañana la Comisión de Finanzas de la FIFA, que preside, al señalar que “los números hablan por sí solos” y que los números “están muy por delante de lo que se había propuesto la administración” y que se trata de “un gesto de transparencia que se conozcan los números (6425 millones de dólares), que es un ingreso récord en el fútbol mundial”.

En cuanto a la votación por la reelección de Infantino como presidente de la FIFA, sostuvo que se trata “de un voto de confianza sobre que es la persona adecuada para llevar adelante y liderar el trabajo en el fútbol mundial.

En cuanto a que la FIFA finalmente no aprobó los 48 seleccionados para el Mundial de Qatar 2022 pese a la iniciativa de Conmebol en ese sentido, Domínguez reconoció que “sabíamos que era una limitación pero soy un convencido de que en la medida que más seleccionados sudamericanos participen del Mundial, será mejor el producto final de ese Mundial”.

Para mañana, se contempla que Commebol insistirá con el Mundial de 24 equipos desde 2021 y cada cuatro años (en estas horas ya se aprobó que los Mundiales de Clubes de 2019 y 2020 se jugarán en Qatar y en la misma fecha del Mundial de selecciones 2022 para ir probando estadios e infraestructura), pero la UEFA seguirá resistiendo la medida y probablemente busque aplazar la decisión.

La UEFA se fue alineando con el grupo de clubes poderosos europeos, nucleados en la ECA, en la búsqueda de que desde 2024, la Champions League cambie de formato y en lo posible, gane terreno sobre las ligas nacionales de cada país europeo.
En este sentido, se conoció el apoyo del presidente francés Emmanuel Macron al presidente de la Federación Francesa, Le Graët “contra la reforma prevista por la UEFA. Creo que debemos defender a nuestro modelo, nuestros clubes, y no creo que sea una buena idea sacrificar la fiabilidad de nuestro modelo en beneficio de unos pocos a escala europea”.

Cuando ya por fin todo parecía desmontarse a la espera del congreso de la FIFA de mañana, no paraban de desfilar por la puerta del hotel las van con azafatas de una aerolínea qatarí, la misma que auspicia los torneos sudamericanos de Conmebol, y otras con jugadores de tenis de Roland Garros, que volvían en la búsqueda de un descanso reparador mientras empresarios mediáticos de calado, se escabullían entre la multitud de oficinistas en la calle, con anteojos oscuros y zapatillas, a la espera de un taxi que los aleje todo lo posible de esa zona tan bulliciosa de París.


lunes, 3 de junio de 2019

Liverpool, un equipo de autor que recupera la gloria (Interia)




                                                Desde Madrid



“Quiero a ese jugador, o no me traigan a nadie si no lo consiguen”. La frase del entrenador alemán sobre el corpulento defensor holandés Virgil Van Dijk, dicha a la dirigencia del Liverpool a fines de 2017, acaso pueda demostrar lo que es este equipo desde que Jürgen Klopp lo dirige.

El Liverpool, que se coronó el caluroso sábado pasado como campeón de Europa en el estadio Wanda Metropolitano de Madrid, es un equipo de autor, de esos que se necesita apenas un rato para entender que fue construido día a día, con mano de orfebre, por uno de los mejores entrenadores del mundo, alguien que tiene demasiado claro lo que pretende.

Así es que los “Reds” pagaron una fortuna, 85 millones de euros (récord hasta hoy en el mercado por un defensor) al Southampton para poder contar con Van Dijk, anunciado a los hinchas en las redes sociales oficiales para las fiestas de fin de año, y apenas 18 meses más tarde, el holandés se consagraba como mejor defensor del mundo y recibía, además, el premio como mejor jugador de la final y es, a día de hoy, uno de los únicos dos jugadores que podrían arrebatarle el Balón de Oro del año al argentino Lionel Messi, del Barcelona, junto a Eden Hazard, del Chelsea.

Ni el Liverpool ni el Tottenham Hotspur jugaron en Madrid una final memorable. Entre el clima pesado de la capital española, y el penal que cobró el esloveno Damir Skomina por una supuesta mano de Moussa Sissoko que creo que no fue tal (la pelota pegó primero en su cuerpo y luego en su axila), que puso rápidamente en ventaja a los “Reds”, el partido se afeó demasiado, porque en situaciones extremas como cuando hay en juego un título, los equipos se vuelven conservadores una vez que consiguen una ventaja.

Esto es lo que pasó con el Liverpool, mientras que el Tottenham necesitó toda la primera parte para salir de su letargo y buscar el empate con todo lo que tenía, como hizo en la segunda. Entonces, todo se hizo tedioso porque uno no quería (Reds) y el otro no estaba con la mente en el partido (Spurs).

Recién en la parte complementaria, tras que el entrenador argentino Mauricio Pochettino habló duro en el vestuario, el Tottenham salió igual que ante el Ajax en Amsterdam, dispuesto a la remontada, pero chocó una y otra vez con una sólida defensa, y especialmente, contra un Van Dijk que cortó todo en lo individual, y que bloqueó cada uno de los remates hacia la portería de un gran Alisson Becker, que sacó las que había que sacar.

Pero el haberse retrasado en la final, el haber querido conservar por instinto el resultado a partir de la suerte de haber tenido un penal a favor tan pronto, no cambia el concepto de lo que es el Liverpool como equipo, porque vino a mover los cimientos de un fútbol internacional con tendencia a querer copiar modelos que ya existen, que no busca romper las estructuras, como sí lo consiguió Klopp.

¿Qué fútbol siente Klopp? Para el alemán, el mediocampo (antes, poblado de volantes por izquierda, derecha, centro, más adelantados o más atrasados), es apenas un lugar de paso, una transición rápida para pasar todos al ataque, o para regresar todos a la marca, siempre en bloque.

El Liverpool se transformó en un equipo insoportable si presiona al error rival, pero todavía más, si tiene el balón y entonces se adelantan los laterales, Van Dijk va en busca de un centro aéreo, y llegan los volantes, que se suman a los tres delanteros (Mané, Salah y Firmino), que tuvieron una temporada excepcional.

Tampoco fueron casuales las palabras de Pochettini, el entrenador derrotado en la final: “Tenemos que redoblar esfuerzos para la temporada que viene a partir de saber que hemos llegado hasta aquí”. Están tomadas de su admirado Klopp hace apenas un año, en Kiev, cuando el Liverpool caía en la final de la Champions ante el Real Madrid por tremendos errores de su portero Loris Karius, que le costó el puesto y el exilio. Esa noche, la misma en la que Cristiano Ronaldo comunicó su salida del equipo blanco español, Klopp comenzaba a pensar en la reconstrucción, que llegaría meses más tarde, en Madrid.

“Nunca me consideré perdedor”, dijo Klopp al terminar la final, con la Copa entre sus manos. Nunca se pensó así, ni cuando llegó a las finales de la Europa League ante el Sevilla en 2015/16 o de la Champions League ante el Real Madrid en 2017/18. Y tampoco cuando en 2012/13 cayó en otra final de Champions con el Borussia Dortmund ante el Bsyern Munich de Josep Guardiola.

Para Klopp, siempre hay un motivo para aprender algo y aplicarlo después, de forma superadora. No importó tampoco que el Liverpool vendiera a su estrella Philippe Coutinho al Barcelona, o que los Reds se hayan quedado sin Premier League (que nunca la ganaron con el actual formato, desde 1992) con una sola derrota en la temporada, ni tampoco haber caído en la ida de cuartos de final 3-0 antye el Barcelona en el Camp Nou, mereciendo como mínimo el empate. Siempre se puede empezar de cero, especialmente si se trata de un fútbol de autor.


domingo, 2 de junio de 2019

El Liverpool, una máquina y un equipo de autor (Jornada)




                                                       Desde Madrid



Era la tercera final en cuatro años para este Liverpool al que dio vuelta como una media el entrenador alemán Jürgen Klopp, y era la cuarta definición europea para el germano, que nunca había podido ganar alguna hasta la calurosa noche del sábado en el estadio Wanda Metropolitano del Atlético Madrid.

Ante el Tottenham Hotspur de Mauricio Pochettino, el Liverpool se encontró con un dudoso penal a su favor antes del minuto inicial, por una supuesta mano de Moussa Sissoko, que transformó Mohamed Salah, e inmediatamente las sensaciones comenzaron a ser las opuestas que un año antes en Kiev ante el Real Madrid, cuando el arquero Loris Karius fue responsable de dos goles imposibles.

Ni el Liverpool ni el Tottenham jugaron bien, entre los nervios de una final (que les hicieron fallar demasiados pases poco habituales) y el tremendo calor reinante, pero además, porque un equipo con tanta vocación ofensiva como los “Reds” esta vez entendió que era demasiado preciado lo que estaba consiguiendo (la última Champions había sido en 2005 y nunca ganó una Premier League desde su nuevo formato en 1992), y prefirió conservar la ventaja antes que arriesgar, mientras que los Spurs no podían salir de su letargo, impactados por el penal en contra demasiado pronto.

Recién en el segundo tiempo, cuando Pochettino pudo utilizar el descanso para motivar al plantel, el Tottenham salió distinto, pero chocó siempre contra el arquero brasileño Alisson Becker pero más aún contra el fornido defensor holandés Virgil Van Dijk, elegido mejor jugador del partido, y uno de los escasos jugadores que podrían pelearle el Balón de Oro a Lionel Messi.

Lo de Van Dijk es una prueba cabal de que el Liverpool es un equipo de autor, como pocas veces se vio con tanta claridad. Cuando se abrió el mercado invernal europeo de 2017, Klopp pidió a los dirigentes que le trajeran al holandés, que en ese momento jugaba para el Southampton. “Es ese, o no me traigan a nadie”, exigió el alemán.

El club de Anfield pagó 85 millones de euros, lo máximo que hasta hoy se gastó en un defensor en el mundo, pero después, no hubo debate. La llegada de Van Dijki había sido un notable acierto, y el Liverpool no sólo ganó la Champions, sino que peleó la Premier League hasta el mismísimo final ante el poderoso Manchester City de Josep Guardiola.

El Liverpool es un equipo muy particular, por sus frenéticos ataques, o retrocesos, en bloque. Contrariamente a la moda, el mediocampo casi no existe para los “Reds”. Es un lugar de paso por el que se transita a velocidad hacia adelante o atrás, mientras su presión, cuando la pelota la tiene el contrario, es asfixiante.

Es cierto que en semifinales pudo quedarse afuera de la Champions. Había perdido 3-0 ante el Barcelona en el Camp Nou en la ida (sobre la hora, Dembélé se perdió el cuarto de manera increíble), y con varios lesionados, pocos creían en una remontada en Anfield, que sin embargo ocurrió.

El Liverpool, que llega a su sexta Copa de Europa, es un merecido ganador de esta Champions porque desde hace rato viene dominando en Europa y porque tiene muy claras sus ideas. Y va por más.