jueves, 19 de diciembre de 2019

Un Real Madrid en ascenso y un Barcelona en claro declive (Interia)




Si algo dejó en claro el Clásico español pendiente de la primera ronda de la Liga y aunque los dos equipos compartan el liderato, es que uno de ellos, el Real Madrid, se encuentra en franco ascenso, luego de que por fin su entrenador, Zinedine Zidane, fue encontrando un funcionamiento, y el otro, el Barcelona, hace tiempo que está en un pronunciado declive, disimulado por un empate como local que puede haber disimulado importantes carencias en el juego colectivo.

Hacía muchos años, por lo menos desde hace más de una década, antes de que el holandés Frank Rikjaard asumiera como entrenador del Barcelona, que en el Camp Nou el Real Madrid no tenía tanta posesión del balón, lo que refleja con claridad el momento que atraviesa cada uno de los dos equipos más fuertes de la Liga.

El Real Madrid viene de una temporada aciaga como la anterior, con jugadores desgastados y un público que en las últimas jornadas iba sin ganas al Santiago Bernabeu y que reclamaba una renovación urgente de la plantilla. Ni siquiera el regreso de Zidane, luego de meses fuera del equipo por decisión propia, parecía poder torcer el rumbo.

Sin embargo, el francés, con mucha paciencia y como si fuera un orfebre, fue moviendo piezas de a poco. Se dio cuenta de que Cristiano Ronaldo es irreemplazable pero que creció mucho, desde su salida a la Juventus, la figura de Karim Benzema como delantero global, al que fue acompañando de Eden Hazard, cuando comenzó a tomar forma luego de un inicio de temporada excedido de peso, y fue emergiendo la figura del joven Rodrygo, que le fue ganando la pulseada a su compatriota Vinicius Jr.

Y cuando se lesionó el belga, optó por una fórmula de 4-4-2, con Isco suelto por una de las bandas y con el despliegue del uruguayo Federico Valverde, jugando como mediocentro más ofensivo al lado de Casemiro, más atento a la contención.

Ya ante el PSG, en la revancha del Santiago Bernabeu por la Champions, si vio un Real Madrid muy mejorado y esos síntomas volvieron a aparecer en el Camp Nou, con un gran Gareth Bale, alfo que pocos hubieran previsto hace escasos meses, cuando parecía claro que su destino estaría fuera de los blancos. Y aún falta el regreso de Hazard. Esto, más la lenta pero segura recuperación de Luka Modric le va dando al Real Madrid certezas de su funcionamiento.

En cambio, el Barcelona, con Ernesto Valverde como entrenador, va de más a menos. Parece un equipo sin resto físico pero mucho peor que eso, sin demasiada idea táctica y entonces cuesta ver que a los 32 años, Lionel Messi deba retroceder tantos metros hasta el círculo central para buscar un balón que nadie le asiste, con tres volantes de juego parecido y entre los que el único con cierta visión de llegada es el holandés Frenkie De Jong, y en un ataque de a dos en el que Griezmann sigue sin terminar de adaptarse.

Antes de comenzar la temporada 2018/19, la anterior a la actual, ya Messi había otorgado una entrevista en la que se planteaba qué sería del Barcelona sin Andrés Iniesta, sin ese jugador que tuviera la chance de conducir las acciones del equipo y de jugar entrelíneas, y el crack argentino adelantó que creía que acaso él era, dentro de la plantilla que había, el mejor intérprete de Iniesta y que no veía mal retrasarse para jugar aquel rol, pero que eso necesitaría que el club fichara o tuviera en la cantera otro delantero que hiciera un rol como el que él mismo venía cumpliendo. Algo así como que Messi aceptaba jugar “de Iniesta” y que entonces alguien debería jugar, en el futuro, “de Messi”.

Pasados los meses, el Barcelona cuenta ahora con Griezmann, acompañando a Luis Suárez, y de la cantera tuvo una brillante aparición el jovencito Ansu Fati (por otra parte, representado por Rodrigo Messi, el hermano mayor del futbolista argentino). Es decir que el Barcelona bien pudo aprovechar esta ocasión para mantener aquel original 4-3-3, pero con Messi como organizador, acompañado por la dinámica de De Jong y un mediocentro como Sergio Busquets o Arturo Vidal o incluso, Iván Rakitic (pero siempre uno de los tres para un lugar, y el brasileño Arthur disputándole la plaza a De Jong).

Sin embargo, Valverde sigue enfrascado en un esquema que no le rinde frutos. Porque desguarnece el ataque, con un delantero menos, y porque puebla el centro del campo con jugadores, todos, de características parecidas, y obliga al genio a retrasarse, desesperado y como tuvo que hacer tantos años en la selección argentina, para buscar el balón, trasladarlo demasiados metros, y encontrar a algún compañero sin marca o que logre desmarcarse en el último instante. Pero no hay un esquema táctico que lo salve y son todas improvisaciones.

Ante el Real Madrid, en verdad, este Barcelona tuvo su primer gran compromiso “Champions” en serio de la temporada (acaso el otro fue ante el Inter en la fase de grupos) y no pasó la prueba. Es más, es evidente que jugando así, tiene muy difícil poder levantar la Copa de Europa al final de la temporada, aunque como alguna vez dijo Josep Guardiola, “un equipo que en sus filas tiene a Messi siempre es el principal candidato”. Puede ser, hoy, pero en todo caso, sólo por eso.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

El último gran escándalo en el Clásico español en el Camp Nou: cuando los hinchas del Barcelona le tiraron a Figo una cabeza de cerdo (Infobae)





Así como el Clásico español corre peligro de suspenderse por segunda vez en un mes, por amenazas de incidentes de organizaciones independentistas catalanas, hace diecisiete años, en otro partido de la Liga Española  se vivieron momentos complicados cuando el Real Madrid visitó el Camp Nou y una importante cantidad de hinchas locales agredieron a Luis Figo, ex jugador del club pasado a las filas blancas, al que le llegaron a arrojar una cabeza de cerdo cuando iba a patear un córner.

Durante ese Clásico, jugado el sábado 23 de noviembre de 2002 por la undécima fecha de la Liga 2002/2003,  y cuando se trataba de la segunda visita de Figo desde que había pasado del Barcelona al Real Madrid, los  blancos de la capital española fueron recibidos con estruendosos silbidos y les arrojaron todo tipo de elementos desde las tribunas, al punto de que el árbitro Luis Medina Cantalejo tuvo que parar las acciones por quince minutos y en ese lapso, y los jugadores del Real Madrid se fueron inmediatamente a los vestuarios hasta que recibieron la orden de regresar para continuar el partido.

Nadie en el Barcelona imaginaba la salida de Figo, una de sus grandes estrellas, que había llegado desde el Sporting Lisboa en 1995. Para mediados de 2000, había elecciones presidenciales en el Real Madrid en las que todo indicaba que ganaría con comodidad el entonces mandatario blanco Lorenzo Sanz, a pocos días de que el equipo ganara su segunda Champions League en tres años (se había impuesto al Valencia 3-0 en París el 24 de mayo) y tras 32 años sin imponerse en Europa.

Sin embargo, la difusión de algunos actos de corrupción de Sanz y especialmente el impacto que causó el anuncio del opositor Florentino Pérez, acerca de que había llegado a un preacuerdo con Figo para que vistiera la camiseta del Real Madrid si él ganaba por diez mil millones de pesetas (60 millones de euros), torcieron los comicios.

El pase de Figo, uno de los mejores jugadores del mundo (ganaría meses después el Balón de Oro), significaba el comienzo de la llamada “Era de los Galácticos” a la que se sumarían después Zinedine Zidane (2001), Ronaldo Nazario (2002) y Davis Beckham (2003), y al mismo tiempo, arrebatarle al Barcelona a una de sus estrellas, tal como había ocurrido con Alfredo Di Stéfano en los años Cincuenta.

Si bien Figo llegó a decir que “tomé la decisión justa al cambiar Barcelona por Real Madrid porque sentí que los dirigentes no me reconocían como me merecía”, pocos le creyeron y eso le generó muchos más problemas, porque los hinchas azulgranas no soportaron que en vez de reconocer que se había enfrascado en un compromiso que pensó que no ocurriría (porque lo lógico era que Sanz se impusiera en los comicios),  Figo había preferido cambiar el eje del debate.

Para la prensa catalana, Figo se fue del Barcelona al Real Madrid por dinero. “La estrella portuguesa ingresó en su cuenta 500 millones de pesetas (poco más de 30 millones de euros) comprometiéndose a dejar el Barcelona y vestir la camiseta blanca si Pérez lograba la presidencia. La jugada del portugués tenía la posibilidad de salirle “gratis total” ya que nadie daba como ganador a Florentino”, escribió Emilio Pérez de Rosas.

Pero todo salió al revés y Figo se vio obligado a firmar con el Real Madrid porque de lo contrario, tenía que pagar de su bolsillo la penalización del contrato, y aunque trató de convencer al presidente del Barcelona, Joan Gaspart, de que el club se hiciera cargo de la multa, obtuvo una rotunda negativa.

Ya incorporado a las filas madridistas, Figo seguía sin estar convencido y quienes lo rodean suelen comentar que un mes después de llegado, tuvo una reunión con el presidente Florentino Pérez en el hotel Eurobuilding de Madrid, en la que le comentó que si intención era marcharse, pero allí apareció el delantero Raúl González, quien como capitán inició un acercamiento al portugués para convencerlo de seguir.

Raúl y su esposa, Mamen Sanz, fueron fundamentales como pareja, acompañando a Figo y a su esposa, la modelo sueca Helen Svedlin, para que cambiaran de parecer y de hecho, hoy siguen viviendo en la capital española, ya con el delantero portugués retirado del fútbol desde hace años.

Figo tuvo que jugar un primer Clásico en el Camp Nou el 21 de octubre de 2000 por la sexta fecha de la Liga 2000/2001, que ganó el Barcelona 2-0 y en la temporada 2001/2002 no pudo estar presente, pero lo peor llegó en la temporada 2002/03, cuando fue marcado por un joven Carles Puyol como lateral derecho, que no lo dejó mover en todo el partido y que le valió al defensor como carta de presentación para una gran carrera en los azulgranas y en la selección española.

Esa noche, Figo se encontró con carteles que decían “Judas”, “Traidor”, “no soy madridista, soy mercenario” y una silbatina que llegó a los 110 decibeles por parte de 120.000 personas, el equivalente al ruido de un motor de un avión en marcha.

Pero lo peor llegó en un córner para el Real Madrid. Figo se acercó para ejecutarlo y comenzaron a caer al campo de juego botellas de agua, de whisky, sándwiches y hasta una cabeza de cerdo recién asada, que llegó a rozarle el pie, aunque el portugués ni se inmutó, mientras el entrenador holandés del Barcelona pedía calma a los hinchas y el presidente Gaspart caminaba desesperado en el Palco de Honor.

“Yo no lo había visto. Si no, me habría comido un poco del cerdo. Un aperitivo”, dijo Figo años más tarde. “No te puede pasar por la cabeza que alguien pueda meter en el estadio una cabeza de cerdo o una botella de whisky”, reflexionaba. “Esto no es deporte. Entiendo lo que es la rivalidad y lo que está más allá de la rivalidad. He jugado Juve-Inter, Inter-Milan y el mundo no llega a su fin”, comentó para el libro “Miedo y asco en la Liga”, del periodista británico Sid Lowe.

"Debo ser uno de los primeros deportistas que tuvieron que jugar un partido con ciento veinte mil personas en contra. Me preocupaba que algún loco pudiera perder la cabeza. El ruido era ensordecedor", admitió Figo años más tarde.

Gaspart, el entonces presidente del Barcelona, tiene un recuerdo muy diferente de lo ocurrido. “Le puedo asegurar que si se le hubiese querido tocar, se le hubiese tocado, con la cantidad de objetos que se tiraron, cabeza de cerdo incluido. Nadie quiso tocarlo, él iba provocando, yendo a tirar córners y moviéndose por la zona de la hinchada. Sí, sí, provocando. Lo digo con toda la palabra. Si fuese inteligente y sabe que la gente está descontenta, lo habría evitado”.

Michel Salgado, lateral derecho del Real Madrid, recuerda que en el camino al Camp Nou “nos rompieron cuatro o cinco ventanas del autobús. Cuando llegamos, estábamos todos tumbados en el suelo, con botellas y piedras entrando por las ventanas”.

Salgado recuerda que en un momento del partido, decidió no apoyar más a Figo en los córners. Después del primero, sacado en corto y después de que nos pasara un cuchillo volando, le dije a Figo “ya no hacemos más córners en corto esta noche, limitate a ponerla en el área porque te quedas tú solo”.

Sin embargo, el córner siguiente a que desde la tribuna arrojaran la cabeza de cerdo casi termina en gol olímpico, pero el arquero argentino Roberto Bonano la despejó por encima del arco y una vez más, Figo tuvo que ir a patear otro córner, aunque ahora del otro lado.

“Creo que en ese partido, cuando se dio cuenta de que tenía a todos en contra en Barcelona, Figo se hizo definitivamente madridista”, sostiene su ex compañero José María Gutiérrez, “Guti”.

Tras los incidentes, el Comité de Competición de la Real Federación Española de Fútbol sancionó al Barcelona con 4000 euros y con la suspensión del Camp Nou por dos partidos, pero luego quedó sin efecto y apenas permaneció la leve multa.
Cuando por estos días le consultaron a Figo por los peligros de este nuevo Clásico entre Barcelona y Real Madrid, recordó que “yo jugué en Barcelona y no estaba garantizada la seguridad. No veo por qué no tiene que jugarse ahora este partido”.

Barcelona (0): Bonano; Puyol, Frank De Boer, Cocú, Reiziger; Gabri, Xavi, Motta (Overmars), Mendieta; Riquelme (Saviola), Kluivert.

Real Madrid (0); Casillas; Michel Salgado, Helguera, Pavón, Roberto Carlos; Makelele (Mac Manaman), Cambiasso, Guti (Miñambres); Figo, Raúl, Solari (Raúl Bravo).














lunes, 16 de diciembre de 2019

Mauro Icardi, el goleador argentino del PSG del que nadie quiere hablar en la Selección Nacional (Interia)




Este fin de semana, ante el Saint Etienne y por la Liga Francesa, el delantero argentino Mauro Icardi marcó su gol 13 en 16 partidos de esta temporada para el poderoso París Saint Germain, al que acaba de arribar procedente del Inter. Con 26 años, lleva 148 goles y 37 asistencias en 268 partidos, y sin embargo, nadie quiere saber de él en su selección nacional.

La historia de Icardi se parecía, en principio, a la de muchos jugadores argentinos de su generación. A los 9 años, y como consecuencia de la crisis económica que vivió la Argentina a fines de 2001, cuando el sistema estalló y la gente salió a la calle a pedir “que se vayan todos”, su familia emigró a España, y él comenzó a jugar en un equipo de la zona de Gran Canaria, el Vecindario, donde marcó más de 500 goles en las categorías menores y tras destacarse en un torneo internacional en 2008, entraron en la puja por él clubes como Real Madrid y Barcelona, que le hizo un contrato hasta 2013, pero como tantos chicos de la cantera (Gerard Piqué, Cesc Fábregas, Jordi Alba, etc), prefirió ganar tiempo e irse a la Sampdoria en 2011.

Hasta aquí, una historia normal, exitosa. Tanto, que creció en la Sampdoria como goleador y dos años más tarde eso le provocaría su pase al Inter de Milán. Pero en el equipo genovés, coincidió con un delantero compatriota, Maxi López, con más años de trayectoria, a quien comenzó a frecuentar fuera de las canchas, junto a su familia.
López estaba casado con una modelo muy conocida en la Argentina, Wanda Nara, de mucha exposición mediática y con la que tenía tres hijos.  Tiempo después, se supo que Icardi y Nara se habían enamorado y que incluso ella abandonó su hogar para irse a vivir con él y el escándalo estalló en la Argentina y tuvo repercusiones en Italia y en el resto del mundo del fútbol.

Es que Icardi y Nara no silenciaron la situación sino que la hicieron pública y hasta cobraron suculentas cifras para aparecer en publicidades televisivas mostrando la infidelidad, lo que llevó a una victimización exagerada de López.

El problema para Icardi vino después, porque López comenzó su carrera en River, donde pudo conocer a dos ex jugadores de peso en la selección argentina como Javier Mascherano y Gonzalo Higuaín, y posteriormente pudo jugar la Champions League con Lionel Messi en el Barcelona que fue campeón de Europa en 2006.

De esta forma, silenciosamente, y sin dar jamás una explicación oficial, las puertas de la selección argentina se fueron cerrando para Icardi. Apenas en la desesperación por quedar eliminada del Mundial 2018 en el grupo sudamericano, el entonces ya goleador y capitán del Inter (quien ahora tiene dos hijas con Wanda Nara, quien es su representante y participa en tertulias en la televisión italiana) fue convocado por el último de los tres entrenadores que tuvo el equipo nacional, Jorge Sampaoli, aunque no tuvo éxito en los pocos partidos que jugó, y evidentemente sin demasiado respaldo de sus compañeros.

Ya una vez que finalizó el Mundial de Rusia (al que, obviamente, no fue convocado y en cambio sí Higuaín, mucho más cercano a los históricos del plantel, aunque Sampaoli prefería a Icardi), el entonces goleador del Inter fue convocado para algunos amistosos sin mucho peso ante México a fines de 2018, cuando, ausente Messi de esos compromisos, así como ya defintivamente renunciados otros jugadores históricos por considerar su ciclo cumplido (Mascherano, Higuaín Lucas Biglia entre ellos), Icardi se unió a otra joven estrella emergente argentina como el delantero de la Juventus, Paulo Dybala, para poner distancia con la etapa anterior.

Dybala había tenido unas palabras demasiado sinceras justo el día previo a un Barcelona-Juventus por la Champions League, cuando manifestó que le resultaría difícil jugar al lado de Messi en la selección argentina “porque los dos jugamos de lo mismo”, lo que para Sampaoli resultó clave para no contar demasiado con él antes del Mundial de Rusia y no incomodar a la máxima estrella argentina.

Por eso no fue casual que en el contexto de aquellos amistosos ante México a fines de 2018, Dybala e Icardi, los dos jugadores más populares de todos los convocados para la selección argentina, manifestaran que “ahora sí somos una familia”, marcando claramente la distancia con lo que ocurría “antes”.

Pero bastó que Messi regresara a las convocatorias para que Icardi no regresara más, incluso hasta hoy, y ya sin Higuaín en el equipo. El medio futbolístico argentino llegó a tener manifestaciones muy duras contra él. Carlos Tévez, uno de los jugadores de mayor trayectoria, aunque fuera de la selección argentina desde hace años, dijo que “si de mí dependiera, Icardi no sería convocado” y Diego Maradona lo tildó, directamente, de “traidor”.

Lo cierto es que aunque Dybala encontró un lugar en las convocatorias desde que Lionel Scaloni se hizo cargo de la selección argentina tras el Mundial de Rusia, Icardi jamás fue vuelto a convocar, sin importar siquiera que justo en ese momento, cuando terminó el torneo de Rusia 2018, pasó del Inter al PSG y su marca de goles es espectacular, y no desentona al lado de Kyllian Mbappé, Neymar, Edinson Cavani y el resto de las estrellas del poderoso club francés.

Lo extra futbolístico puede más, por ahora, entre murmuraciones, silencios, odios y escándalos mediáticos.


Ni Pessoa (Un cuento de Marcelo Wío)




De antemano te digo que no es este un decir que vaya a adentrarse en los detalles de la controversia, del asunto. De hecho, no avanzará siquiera sobre aquello a lo que aluda. Así pues, bastará con un par de palabras, un nombre – pues designa, resume un complejo de asociaciones e impresiones. Uno como cualquier otro y, como cualquier otro, único – sus sinónimos no alcanzan su significado, su núcleo conceptual; apenas lo rondan con las precauciones propias de todo aquello destinado a servir como inadecuado sustituto (con esa tibieza de los inseguros). Como decía, bastará un nombre para comenzar a elaborar el discurso, el argumento. Espere, no se impaciente. Este prólogo, ya verá, es tan necesario como el desarrollo que seguirá a continuación.

Prosigo, pues. Podría decirse, entonces – y con cierta razón, aunque con cierta injusticia – que a fuer de ser pronunciado, ha perdido mucho de su carácter categórico y la resonancia de los elementos… a falta de mejor palabra, metafísicos, que lo componen, a la manera de un núcleo atómico, donde los ideales abstractos orbitan en una nueve alrededor del centro firme del concepto como imágenes que dejan entreverse someramente (y que los religiosos llaman visiones y los psiquiatras alucinaciones), sugiriendo ánimos, pulsiones, representaciones, premoniciones y acciones.

Pero lo mismo puede decirse de cada elemento del lenguaje utilizado con la impune y pragmática negligencia de la cotidianeidad. Mas, cuando todo nombre se pronuncia como componente de un discurso elevado (el de la filosofía, el de la confesión, el pronunciado ciertas noches en una mesa lateral en un bar), o como único elemento o unidad sonora y espiritual vocalizado ante ningún testigo más que la propia existencia que lo emite; entonces, recupera la configuración original: es decir, se restablece la integridad del símbolo, el significado y las claves de interpretación en la singularidad de quien dice (que deviene médium entre símbolo, sentido y destinatario) y quien recibe el mensaje, que, en este caso, es el mismo sujeto que lo dice; cerrando el circulusperfectus que describía Laringio el joven en su Aerspiritus.

El nombre en cuestión, pues, es Deportivo Laprida. El suceso, de sobra conocido, la derrota (por qué no utilizar un adjetivo que en nada imprime de sesgo personal, sino que describe acabadamente el suceso) bochornosa del último partido.

Ahora, querido Carlos, siguiendo al sociólogo francés Pierre Desolé, y su teoría de la construcción personal y colectiva sobre el entramado de supuestos y emociones (relación simbiótica – y muy posiblemente de índole parasitaria) que suscitan aquellos hechos de carácter sobresaliente, ¿me podés explicar cómo mierda hago yo para construir una autoestima más o menos creíble; una compostura razonable? ¿Cómo se enfrenta a la vida cuando aquello la apuntala se derrumba? ¿Sabés, Carlos?, no existe enfermedad entre el catálogo de las conocidas que sea suficiente para poder deseársela a los jugadores y al cuerpo técnico. ¿Sabés qué les desearía?; este desasosiego que, te juro, ni Pessoa. Ni Pessoa, Carlitos; mirá lo que te digo. Estoy como un fervoroso creyente al que lo hubiesen enfrentado con la prueba irrefutable y brutal de la inexistencia de su dios, y al que ni la fe escrupulosa puede salvarlo de la veracidad de la evidencia.

Y ni siquiera, Carlos. Ni siquiera ese símil: a mí me sacaron la realidad y me dejaron ante un vacío sin explicación. Te la garanto, Carlitos, ni Pessoa padeció esta inquietud del espíritu, esta angustia existencial…, este estado de negación absoluta del ser.

sábado, 14 de diciembre de 2019

Norberto Madurga: “Boca logró que mucha gente que no era hincha viniera a vernos porque les gustaba nuestro juego” (Infobae)




-         - ¿Qué recuerdos tiene usted de aquel partido en el que Boca fue campeón en el   Monumental hace cincuenta años?
-         - Parece mentira, qué viejos estamos (risas)

-         - Aunque usted se mantiene muy bien.
-         - Sí, por el tiempo que pasó, debo reconocer que sí, por suerte. En aquel tiempo se jugaba por dos puntos para el ganador y justo se dio así que nos tocara ante River, que estaba segundo, en la última fecha del Nacional, y aunque hice dos goles, ellos reaccionaron y nos empataron, pero pudimos resistir.

-         - Fueron veintitrés minutos dramáticos hasta que el partido terminó.
-         - Es que ellos también se jugaban mucho, pero nosotros teníamos un gran equipo, con mucha técnica y jugadores de muy buen pie. Boca siempre se había caracterizado en su historia por tener equipos de garra, de lucha, pero cuando vino Di Stéfano le agregó el juego. Y nos venía a ver mucha gente que no era hincha de Boca, porque le gustaba cómo jugaba el equipo.

-         - Siendo Boca, no parece muy normal eso…
-        -  Lo que ocurre es que hacía pocos meses que la selección argentina había quedado eliminada del Mundial de México 1970 ante Perú y la gente estaba ávida de ver buen fútbol y nosotros lo teníamos. Creo que también es por eso que la platea de River nos aplaudió en la vuelta olímpica, porque reconocieron nuestro juego, más allá de todo.

-        -  ¿Cómo vivieron ustedes los días previos?
-       -   En ese momento, el jugador estaba todo el día con el fútbol y uno lo vivía a pleno. Y después de los partidos, también por mucho tiempo. Una anécdota es que la noche anterior yo soñé que convertía un gol y lo grité en voz alta, mientras dormía.

-        - ¿Cómo fue el festejo del campeonato?
-         - Fue una locura, de las mayores alegrías que viví como jugador. Cuando terminó el partido fuimos desde el Monumental a dar otra vuelta olímpica a la Bombonera con nuestra gente pero íbamos por las calles a paso de hombre. Era imposible llegar.

-        -  Usted se había perdido un gol increíble en el Superclásico anterior en el Monumental ante Amadeo Carrizo.
-       -   Fue el día de los tristes episodios de la Puerta 12, en 1968, pero no fue como dicen. Ese día, Carrizo atajó todo, pero en una oportunidad, quedé solo ante él, la pelota picó y yo se la quise colocar por encima, de emboquillada, y él, que estaba fuera del área, hizo mano. Pero muchos se tomaron de un medio deportivo que escribió que Carrizo me quiso engañar diciéndome “dámela pibe, que estás en offside” y yo se la entregué. Eso no fue así y si me dijo eso, yo no lo escuché y a esa velocidad, no parece posible tanto diálogo.

-       -   Usted era una de las estrellas de ese equipo de Boca y casi se va a jugar al Cosmos de Nueva York, con Pelé.
-       -   Sí, pero antes, ya pelé quiso llevarme al Santos. Para mí eso era un sueño. Ir a jugar con Pelé y que me quisiera en su equipo, pero es una de mis grandes amarguras como jugador porque en ese momento, Boca sólo me vendía el pase para que fuera libre y pedía una fortuna. Al año siguiente, me vendieron por menos al Palmeiras.

-         - En ese tiempo, Boca salía campeón muy seguido y nunca fue vencido tantas veces seguidas por River. ¿Qué cree que sucede ahora?
-        -  Creo que se tienen que dar uno o dos resultados a favor. A Boca llegan muchos extranjeros o gente que hace poco que está y creo que falta el conocimiento de lo que es el Mundo Boca. Hay muy pocos referentes, acaso solamente lo es Carlos Tévez. Son rachas, como River la tuvo con 18 años sin salir campeón.

-        -  ¿Cuál es la diferencia a favor de River hoy?
-         - Que tiene un director técnico surgido de las divisiones inferiores, que sabe lo que es el club y Boca trae siempre DT de afuera, que necesitan tiempo para adaptarse, y con ideas diferentes de juego.

A 50 años de la primera vuelta olímpica de Boca en el Monumental ante River, y con códigos de otros tiempos (Infobae)




Con dos goles de una de sus principales estrellas, Norberto Madurga, un 14 de diciembre de 1969, Boca se consagraba campeón del torneo Nacional 1969 y ante su público, que ocupaba la tribuna visitante, se dio el lujo de dar la primera y única vuelta olímpica en ese estadio enfrentando a su clásico rival.

El 6 de enero de 1932, Boca había conseguido dar la vuelta olímpica como campeón del primer campeonato profesional de la historia del fútbol argentino, el de 1931, al vencer a su clásico rival 3-0 con goles de Alberino, Mutis y Francisco “Pancho” Varallo, pero fue en el viejo estadio de River de Avenida del Libertador y Tagle.

Ya en 1944 pudo dar su primera vuelta olímpica en el Monumental pero enfrentando a Racing, en 1970 volvió a festejar por el Torneo Nacional pero ante Rosario Central, y en 1976, por el Torneo Metropolitano pero ante Unión de Santa Fe.

Para muchos, el Boca del Nacional 1969 fue uno de los mejores equipos de su historia, armado con paciencia por un ex jugador de River como Alfredo Di Stéfano, al que el presidente xeneize de entonces fue a buscar a Madrid en 1968 para ofrecerle el cargo de manager para que se ocupara de todas las categorías, porque el entrenador de Primera era José D’Amico, pero con la renuncia de éste en el verano de 1969, el camino quedó despejado para que la ex “Saeta Rubia” se hiciera cargo de los profesionales.

Para ese entonces, Boca contaba con un equipo caracterizado por su dureza defensiva y con jugadores veteranos como Antonio Roma, Silvio Marzolini y Antonio Rattín, pero con paciencia, Di Stéfano fue cambiando todo a lo largo de 1969. En el primero de los dos torneos, el Metropolitano, Boca arrancó con el arco invicto por nueve partidos y recién en el décimo, Vélez Pudo convertirle. Recién en la segunda rueda perdió el invicto en la Bombonera ante Chacarita (que sería el campeón) pero la derrota ante San Lorenzo en el Viejo Gasómetro fue el mayor detonante, porque ese día se fueron expulsados los defensores Miguel Nicolau, Roberto Rogel y el volante Rattín, y entonces Di Stéfano tuvo que encontrar una solución en el rendimiento. Colocó entonces al criterioso Norberto “Muñeco” Madurga como volante central, con Orlando Medina cubriéndole las espaldas, y con el talentoso italiano Nicolás Novello para devolverle las paredes  y ser el cerebro del equipo.

Si bien Boca terminó como puntero del Grupo A, en semifinales tuvo que enfrentar a River como segundo del grupo B en la cancha de Racing, empataron 0-0 y los “Millonarios” se clasificaron a la final por la diferencia de un gol en el average total del torneo. Luego Chacarita vencería a River 4-1 en la final.

Sin embargo, Boca pudo ganar la Copa Argentina y ya Di Stéfano hizo los retoques que faltaban en el equipo para el Nacional. Rubén Sánchez reemplazó a Roma en el arco, decidió jugar con dos extremos bien abiertos (Ramón Ponde e Ignacio Peña) y un recién adquirido marcador central peruano, plástico y de muy buena conducta, Julio Meléndez Calderón, ocupó el lugar de Nicolau.

Del mediocampo hacia arriba se agregaba el muy habilidoso Ángel Clemente Rojas para abrir las defensas, aunque el veterano Raúl Savoy tuvo que reemplazar a Novello, quien se lesionó ante San Martín de Tucumán y apenas si pudo estar presente en tres partidos.

Boca arrancó otra vez muy bien en el Nacional, perdió el invicto cerca del final, en la Bombonera, ante San Martín de Mendoza, y llegó a la última fecha ante River en el Monumental con 27 puntos contra 25 de su rival, en tiempos en los que el ganador conseguía dos puntos, por lo que River se veía obligado a ganar para forzar otro partido.

Con enorme expectativa se jugó ese partido por la última fecha del torneo Nacional. Ya a los 2 minutos iba a producirse una jugada como anuncio de lo que vendría, cuando Madurga se cortó solo, enfrentó al arquero José “Perico” Pérez pero no pudo convertir aunque sí lo haría diez minutos más tarde aprovechando un gran pase al vacío de Savoy. Cuando le salió Pérez adelantó la pelota de cabeza y ya solo con el arco libre, la empujó a la red.

A los 35 minutos, luego de un quite de Rogel, Ponce colocó otro pase en profundidad hacia la derecha y Madurga venció a Pérez (que minutos antes le había desviado brillantemente un tiro libre a colocar) con un remate cruzado y parecía todo terminado, pero tres minutos más tarde descontó Más, con un remate de media distancia tras recibir un pase corto desde un tiro libre, y a los 22 minutos del segundo tiempo empató Víctor Marchetti con un cabezazo, tras un centro del lateral “Pipo” Ferreiro desde la derecha.

Los minutos finales fueron dramáticos porque River se encontraba a un gol de forzar un partido extra con 23 minutos por delante, y Boca era campeón con el empate, pero además, River llevaba ya 12 años sin títulos y no sólo había eliminado a Boca en la semifinal del Metropolitano sino que había perdido la final de ese torneo ante Chacarita.

Si bien Boca se cerró completamente, los nervios eran ostensible y en una mala salida de Sánchez en un centro, Suñé tuvo que sacar una pelota en la línea de su arco tras un córner de Oscar Mas, pero los xeneizes pudieron soportar el asedio local y fueron campeones en un gran festejo en el Monumental.

Muy distinto a la actualidad, los jugadores de Boca pudieron dar la vuelta olímpica, algunos, incluso, con la camiseta de River tras haberla cambiado con sus rivales, y aplaudidos por buena parte del sector de plateas con hinchas locales. Apenas cuando terminó la vuelta olímpica, se encendieron los grifos pese a lo cual, el lateral Silvio Marzolini quiso desafiarlos dando otra vuelta olímpica en solitario.

Ese clásico de 1969 marcó tan a fuego a los hinchas de Boca que poco después de un año más tarde se estrenó la película “Paula contra la mitad más uno”, de Néstor Paternostro, con actores como Héctor Pellegrini, Raimundo Soto y Federico Luppi, y que trata del secuestro del plantel de Boca justo a horas del trascendental partido ante River en el Monumental.

River: José Pérez; Ferreiro, Miguel Ángel “Zurdo” López, Recio, Vieitez; Carlos “Chamaco” Rodríguez,Reinaldo Merlo; Montivero, Trebucq, Víctor Marchetti, Oscar Mas.

Boca: Rubén Sánchez; Rubén Suñé, Julio Meléndez, Roberto Rogel, Silvio Marzolini; Orlando Medina, Norberto Madurga; Ramón Ponce, Ángel Clemente Rojas, Raúl Savoy, Ignacio Peña.

Árbitro: Oscar Veiró

Goles: 12m y 35m Madurga (BJ), 38m Mas (RP), 67m Marchetti (RP).

lunes, 9 de diciembre de 2019

Riquelme se quedó con uno de los últimos bastiones del macrismo: nada menos que con Boca




El macrismo perdió uno de sus últimos bastiones. No es la Argentina ni tampoco la provincia de Buenos Aires pero sí es Boca Juniors, lo que prácticamente equivale a un territorio con gran influencia política. Y no cayó en manos de desconocidos sino en las de Juan Román Riquelme, acaso el ex jugador más idolatrado por los hinchas, que se decidió a meterse en el barro electoral y consiguió salir victorioso.

El macrismo se va de Boca tras 24 años en el poder, desde que, rechazado por Antonio Alegre y Carlos Heller –quienes, en un trabajo monumental, levantaron a Boca de una situación terminal y en pocos años en los años ochenta-, el ingeniero Mauricio Macri, que les propuso unírseles con la idea de dar luego el salto a la política nacional, se postuló desde la oposición para ganarles el poder en diciembre de 1995.

Aquel día, el Boca de Silvio Marzolini y de los veteranos Claudio Caniggia y Diego Maradona, caía ante Racing en la Bombonera, por la sorpresa, 4-6 y de esta manera decía las chances de ser campeón al Vélez de Carlos Bianchi. Luego, ya con Macri en el poder, vino aquel remate de los palcos en la Bombonera en otro desastre en la cancha (0-6 ante el Gimnasia de Carlos Griguol, Alberto Márcico y los mellizos Barros Schelotto), las contrataciones de Carlos Bilardo y Héctor Veira como DT hasta desembocar en Carlos Bianchi y el imperio que el club construyó entre 1998 y 2005.

Macri generó un Boca “fashion”, con concesiones de todo tipo, negocios por todos lados, y una venta exitosa de jugadores al exterior que lo fue separando económicamente de un River que iba derrapando hasta descender en 2011.

Efectivamente, las discusiones y peleas de Macri contra Diego Maradona (que lo llamó “Cartonero Báez”), o Juan Román Riquelme, que le dedicó un Topo Gigio en un gol ante River, habían tenido sentido y en 2007, el presidente del club decidió no presentarse para postularse como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, tal como les comentó a Alegre y Heller doce años antes. Pero el macrismo siguió con Pedro Pompilio (fallecido un año más tarde) y Jorge Amor Ameal, cuando un tesorero rebelde, llamado Daniel Angelici, se opuso, y utilizó como lema de campaña, a que Riquelme, convertido ya en el máximo ídolo de Boca, tuviera una renovación de contrato por cuatro años.

Angelici ganó en 2011 pero tuvo que lidiar con Riquelme primero, y el regreso de Bianchi después, aunque sin éxito (en especial, cuando Boca se quedó a las puertas de la Copa Libertadores 2012 ante el Corinthians, con Julio César Falcioni aún en el banco, cuando el ídolo estuvo a punto de irse del club aunque al final se quedara hasta 2015, cuando ya la relación con el presidente se tornó imposible y decidió finalizar su carrera en Argentinos Juniors, al que ayudó a ascender a Primera A.

Parecía, cuando en 2015 Angelici fue reelecto justo cuando Macri ganó las elecciones para presidente argentino, que serían los mejores años en Boca. ¿Qué mejor que tener a un ex presidente del club en el poder del país y a Angelici, un influyente amigo suyo, como titular de la entidad xeneize?

Y sin embargo, aquella promesa de los inicios de Angelici en 2011 para que los hinchas prepararan sus pasaportes porque él se dedicaría del resto, quedó en la nada pero además, tras cinco eliminaciones ante nada menos que River, cuatro de ellas en torneos internacionales. Y lo peor, con entrenadores sin una gran idea de fútbol, a los que Marcelo Gallardo, desde la otra costa, se los fue deglutiendo.

Ni Carlos Tévez, y su regreso, primero con gloria desde la Juventus en 2015 y luego sin ella, al volver cabizbajo desde China, pudo salvarse del incendio y cuando ya no parecía haber nada demasiado motivante, apareció Riquelme a los 41 años, propuso primero la unidad y luego se volcó a las filas de Ameal y el conductor mediático Mario Pergolini, para quedarse con todo.

Tras 24 años de macrismo, Riquelme parecía y es el encargado de cerrar un círculo perfecto. Ahora el desafío es enorme: recuperar a Boca en lo deportivo, darle entidad al juego del equipo, y abrir las puertas de su gran condición de club popular.

Riquelme deberá jugar ahora sin la pelota. Con ella, nadie duda de lo que fue capaz.