jueves, 21 de marzo de 2019

La última novedad, las citas rápidas para pases en el fútbol, con Barcelona como sede y con la presencia de Boca, River y Talleres de Córdoba





La idea se lanzó en 2017. Una cumbre de “citas rápidas”, como si fuera un match para parejas, pero de dirigentes clubes para comprar y vender jugadores justo antes de la apertura de los dos mercados de pases al año, con la presencia de los más importantes del mundo, y la ventaja de la rapidez en el contacto y de paso, de eludir a los intermediarios y ahorrarse las comisiones.

Este martes, Barcelona será la sede de una nueva  “Transfer Room Summit”, la cumbre de las transferencias de futbolistas en una sala de reuniones, organizada por la plataforma www.transferroom.com, en la que habrá 150 clubes de todo el mundo como participantes, y entre ellos, Boca Juniors, River Plate y Talleres de Córdoba, por Argentina.

Se trata de una cumbre cara a cara de los tomadores de decisiones en el futbol, justo antes de la ventana de transferencias de verano europeo y según los organizadores “permite ver qué jugadores hay disponibles y con qué perfiles específicos, y los clubes se comunican unos con otros por un sistema de mensajería en forma directa, a través de la plataforma”. Este sistema de fútbol online permitió ya unos 200 pases en las últimas tres ventanas internacionales de transferencias.

La plataforma web refiere que antes, los clubes compradores no tenían información sobre cuáles jugadores estaban disponibles y a qué precio –tarea que desarrollaba siempre el intermediario-, y los vendedores no tenían información creíble sobre los perfiles de jugadores que los compradores buscaban, y por eso, se intentó cambiar facilitando la comunicación entre las partes.

La Transfer Room Summit tiene como audiencia principal a los propietarios de clubes, presidentes, directores deportivos y directores ejecutivos, y la plataforma web, creada en 2017, incluye más de 500 entidades de 41 países (entre ellos, el Manchester United, el Leeds United, la Juventus y la Roma) y 70 ligas.

Este tipo de reuniones, precisamente, intentan salir de la comunicación online entre los clubes para llevarlos a la situación “cara a cara” con una mesa de por medio y una duración de 15 minutos por reunión, y de esta forma, se amplían las posibilidades de transacciones. . “Es como las citas rápidas del fútbol”, dice Jonas Ankersen, ex agente danés y CEO de Transfer Room. El encuentro incluye oradores y sesiones de preguntas y respuestas por parte de los participantes.

En la pasada cumbre de Londres, en noviembre pasado, el director deportivo saliente de la Roma, Ramon Rodriguez Verdejo, más conocido como “Monchi”, de gran trabajo anterior en el Sevilla, fue considerado un orador clave de la reunión cuando  abogó por la transparencia del fútbol a través de una red online que vincule a los clubes en las transferencias.

“Este sistema redujo los costos de la Roma y ayudó a vincularnos con otros clubes, y además, al simplificar los procesos, nos hizo ahorrar tiempo”, explicó Monchi a la audiencia.

Este martes, en Barcelona,  el orador principal será el español Victor Orta, director de futbol del Leeds United (a punto de ascender a la Premier League con Marcelo Bielsa de entrenador) y ex periodista, que trabajó en clubes como Valladolid, Sevilla, Zenit, Elche y Middlesborough.  Hablará sobre sus técnicas de reclutamiento, el renacimiento del Leeds y cómo concretó cinco transferencias para el Leeds en un solo mercado de pases gracias a este sistema.

La plataforma sostiene que hay sólo 1 minuto y 52 segundos desde que un club lanza un jugador a sus registros hasta que recibe interés de otra entidad en ese jugador. Se paga una suscripción por pertenecer, pero se ahorran las comisiones por transferencias en la plataforma. Y de paso, se gambetea a los agentes externos.



martes, 12 de marzo de 2019

Zidane, la carta inesperada del Real Madrid (Interia)





Cuando pocos lo esperaban, por lo poco que resta para terminar la temporada pero especialmente porque ya no tiene nada importante en juego hasta fines de agosto próximo, el Real Madrid generó un gran impacto con el regreso, apenas nueve meses después de su renuncia, de Zinedine Zidane como nuevo entrenador de la plantilla de fútbol.

“Zidane es la unidad. No creo que a nadie molestase su regreso. Mourinho es la división. Tiene pros y contras. Gente de su lado, y gente en contra”, había manifestado horas antes Jorge Valdano, ex jugador, entrenador y director deportivo del Real Madrid.

Fueron exactamente 283 días entre que anunciara su salida, con la tensión en el rostro del presidente del club, Florentino Pérez, el pasado 31 de mayo, y su retorno, que explicó simplemente desde sus ganas de retomar su trabajo luego de un período en el que siguió viviendo en Madrid y que aprovechó para “recargar las baterías”.

Zidane tiene un tipo natural para decir las cosas que lo ayuda mucho. No se contradijo nunca y fue simple. En mayo consideró que el equipo necesitaba “un cambio” luego de ganar tantos títulos (nueve, en dos años y medio) y ahora cree que es el momento de regresar (justamente, cuando el sentido común indicaba que la lógica era esperar a que terminara esta temporada para asumir un nuevo ciclo desde la siguiente). Y lo atribuyó a las razones del corazón y a que no podía decirle que no a la llamada del presidente y de un club al que quiere tanto.

También es claro que más allá de la victoria de 1-4 ante el Valladolid, en este pasado fin de semana, el club no veía que el trabajo del interino Santiago Solari rindiera sus frutos.

Zidane tampoco se siente en deuda por haberse ido como se fue, en mayo, aunque afirma que comprende a la gente que pudo haberse decepcionado por su decisión.
Sí, en cambio, fue muy autocrítico. Cuando le preguntaron en la conferencia de prensa de presentación si cree que se equivocó en algo, dijo que en mucho y citó que pese a haber ganado la Champions en 2018, entregó muy pronto la Liga Española tanto como la Copa del Rey y no es casualidad que haya afirmado esto.

Zidane es francés pero como entrenador, pertenece a la escuela italiana, luego de haber jugado tantos años en la Juventus (no por nada sonaba para reemplazar a Massimiliano Allegri desde 2019/20), y entonces cobra mucha importancia ganar la Liga, porque ese es el torneo largo, que indica la regularidad de un equipo.

Tampoco quiso referirse al regreso de Cristiano Ronaldo (algo que parece muy difícil) ni sobre si concentrará más poder que en su etapa anterior, pero todo indica que así será y que el Real Madrid le fichará algunas estrellas para encarar un nuevo ciclo. Lo que suceda con algunos jugadores que él ya conoce bien (Isco, Marcelo, Bale, Keylor Navas) dependerá en mucho de lo que produzcan en estos once partidos que quedan.

Lo cierto es que el regreso de Zidane, una estrella como futbolista, pero con un notable sentido común que le permite no engañarse nunca, al banquillo del Real Madrid, es un muy posible retorno a la senda ganadora del club.

Pocos como él tienen la capacidad de discernir acerca de cuáles son los jugadores que deben quedarse, y cuáles serán los que deberán buscar otro camino. Su estilo de juego siempre busca lo estético y saca el mejor rendimiento de cada uno de sus dirigidos. En todo caso, la pregunta que surge es si con un listón tan alto, el francés podrá igualarlo en una segunda etapa.

Así es Zidane. Y así (como canta su gente en las tribunas) es el Real Madrid. De la desazón a la esperanza en cuestión de horas.

El fracaso del PSG en Europa: 1168 millones de euros en fichajes y nunca pudo pasar de los cuartos de final de la Champions League (Infobae)




De nada sirvieron los 1168 millones de euros gastados en las mejores estrellas desde que los grandes capitales cataríes se hicieron cargo del club con el propósito de relanzarlo. El París Saint Germain (PSG), fundado en 1970, jamás pudo pasar los cuartos de final de la Champions League y debe seguir conformándose con las ligas y las copas de Francia, algo que está lejos de sus objetivos.

Tras sufrir una increíble remontada del Barcelona en los octavos de final de la Champions de 2017 cuando ganó 4-0 en París pero cayó 6-1 en la vuelta del Camp Nou (cuando estaba perdiendo 3-0 marcó un gol que obligaba a los catalanes a meter tres más en pocos minutos), volvió a quedarse en la misma ronda en 2018 ante el Real Madrid, y ya en 2019 fue eliminado en una noche insólita, en su estadio, ante un remendado Manchester United al que le había ganado 2-0 en la ida en Old Trafford.

Todo parecía encarrilarse esta vez. El catarí Nasser Al Khalaiffi, dueño del club desde las empresas Qatar Sports Investments y el consorcio mediático Bein Sports  (que posee los derechos de transmisión de la Champions), había tomado todos los recaudos posibles tanto en el organigrama del club como en los fichajes de nuevas estrellas y en el reemplazo del anterior director técnico para que nada quedara librado al azar.

Pese a ser investigado por la misma UEFA a la que acaba de ingresar como miembro del Comité Ejecutivo en representación de la Asociación de Clubes Europeos (ECA) –junto a Andrea Agnelli, de la Juventus, debido a que el PSG se sobrepasó en gastos de acuerdo con el programa del Fair Play Financiero, Al Khelaiffi invirtió primero 400 millones de euros en los pases de Neymar y Kyllian Mbappé, y por las dudas, también contrató al veterano arquero Gianluiggi Buffon. Cambió al director deportivo holandés Patrick Kluivert por Antelo Henrique, y al entrenador español Unai Emery por el alemán Thomas Tuchel.

Para los principales analistas franceses, Tuchel había logrado importantes avances tácticos. El equipo aparecía más dúctil a los cambios de sistema, y aun que con dificultades, habría logrado pasar una difícil etapa de grupos junto al Liverpool, dejando afuera al Nápoli. Ya en la ida de octavos de final había conseguido vencer 2-0 nada menos que al Manchester United y en Old Trafford, cuando los ingleses venían remontando el desastre inicial cuando José Mourinho estuvo como DT, reemplazado por el noruego Ole Gunnar Solskjaer.

Nunca antes en la Champions un equipo había quedado eliminado tras ganar 0-2 como visitante, y por si fuera poco, el Manchester United llegó a París con un equipo diezmado entre lesiones y suspensiones. Soskjaer no pudo contar con Paul Pogba, Anthony Martial, Ander Herrera, Alexis Sánchez, Juan Mata, Jesse Lingard, Nemanja Matic ni Antonio Valencia y tuvo que apelar a jóvenes de las divisiones inferiores y cambios posicionales.

Pero ni de esta forma pudo pasar el PSG en su estadio –con su ex goleador Carlos Bianchi en la tribuna-, con tres goles del Manchester United de los que dos fueron errores propios (un muy mal pase atrás de Thilo Kehrer y un inexplicable rebote que otorgó Buffon), aprovechados por Romelu Lukaku, y el tercero, un penal mediante el VAR por mano de Kimpembe que concretó Marcus Rashford en el final.

Con esta eliminación, el PSG debe conformarse con ganar nuevamente la Liga Francesa, que viene dominando desde la temporada 2012/13 de manera consecutiva, con excepción de la 2016/17, que finalizó segundo, y en la que lidera con 17 puntos sobre el Lille a falta de 12 fechas, o con la Copa de Francia, en la que debe enfrentar al Nantes el próximo 3 de abril por la semifinal, o con haber ganado la Supercopa francesa a principios de temporada cuando todo era ilusión, con un 4-0 sobre el Mónaco.

El prestigioso periodista inglés Jonathan Wilson, del semanario “Four Four Two” y de la revista “The Blizzard”, sostuvo que la eliminación del PSG es “un espectáculo extraordinario, una lección sobre el efecto corruptor del dinero y la arrogancia” y que el dinero “todavía no pudo comprar todo el fútbol”, en referencia a las acusaciones de “doping financiero” del club francés, que recibe fondos desde el propio estado catarí a partir de publicidad de empresas estatales que inyectan sumas imposibles de igualar para la mayoría de sus competidores.

Vicent Duluc, del diario deportivo “L’Equipe”, dijo que el PSG “hizo el ridículo ante los ojos del mundo” y lo calificó como “especialista en fallar”. Para el 56 por ciento de los lectores del sitio web de este reconocido periódico, fue la decepción deportiva más grande de sus vidas. La tapa de “L’Equipe” lo decía todo: “Peor aún” y desarrolló ocho páginas de cobertura en las que habla de “cataclismo” y se pregunta “qué hacemos ahora”. “Le Monde” cambió la frase “Remontada” del Barcelona en el 6-1 de 2017 al “Comeback” del Manchester United.

“Fans Culture”, del PSG, llegó a decir que el equipo estaba “maldito” y para “Ouest France” se trató de “un terremoto” mientras en Marsella, donde silban el himno francés, se burlaron publicando en la tapa de “La Provence” a Didier Deschamps alzando la Copa de Europa de 1993 con el Olympique (la única vez que un equipo francés la ganó) y el título “para siempre, primero”.

Tras el partido, Al Khelaiffi llegó a admitir que notaba “un cierto clima de dudas” en los jugadores, mientras que el brasileño Thiago Silva se animó a plantear que tanto él como sus compañeros sintieron “un estrés desde el principio hasta el final” y que no pudieron seguir las indicaciones del entrenador, mientras que su compañero de zaga y compatriota Marquinhos utilizó la frase de Javier Mascherano tras la final de la Copa América 2015 en Chile: “Ahora tenemos que comer nuestra propia mierda”.

Mientras tanto, los medios especulan con lo que puede ocurrir de ahora en más, si Tuchel seguirá en el banco, o critican el mal manejo de Adrien Rabiot, el joven volante que se encuentra en conflicto con el club y a punto de salir, o las constantes lesiones de Neymar, que no pudo jugar ante el Manchester United.

Si esta caída del PSG es difícil de digerir para el fútbol francés, mucho más complicado es explicar cómo nunca consiguió equipos competitivos que tuvieran cierto dominio europeo cuando Francia es uno de los países fundadores de la FIFA, y la idea de una copa europea de equipos nació justamente de la redacción de “L’Equipe”,  promediando los años cincuenta, ayudada por los dirigentes españoles Santiago Bernabeu y Raimundo Saporta.

Originalmente se llamó, por esta razón, Coupe des Clubs Champions Européens y el estadio de Parque de los Príncipes Real Madrid le ganó la primera final al Stade de Reims por 4-3 (los franceses ganaban 2-0).

Sin embargo, si alguna vez los equipos franceses llegaron lejos en las competiciones europeas, fue más por el lado del Olympique de Marsella, campeón en 1993 ante el Milan, y finalista de 1991 ante el estrella Roja de Belgrado, o por el Saint Etienne, con el defensor argentino Osvaldo Piazza, finalista en 1976 ante el poderoso Bayern Munich tricampeón de Franz Beckenbauer y Gerd Müller.

Hasta la fundación del PSG en 1970, París tuvo equipos como Racing Matra, Red Star o el París Futbol Club, aunque la capital francesa no había encontrado un club poderoso que la representara en la élite del fútbol. Fernando Segura Trejo, sociólogo de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París y miembro de la ONG argentina Salvemos al Fútbol, recuerda que fue Jacques Chirac –posteriormente presidente del país- quien como alcalde de la ciudad comenzó a darle impulso al fútbol, impulsando el fichaje de estrellas al PSG y la llegada de capitales como el del Canal Plus como accionista cuando a principios de los noventa el club entró en agonía financiera.

Al recibir el 40 por ciento de los ingresos de los partidos televisados de la liga francesa, el PSG se fue convirtiendo de a poco en un club rico. Canal Plus quedó como accionista mayoritario en 1997 y como único en 2005, y esos tiempos fueron dorados, con nueve títulos ganados por la entidad.

Pero tras una primera década del siglo XXI con idas y vueltas y con el grupo inversor estadounidense Colony Capital como accionista principal, luego de que Canal Plus vendiera las suyas, apareció en 2011 Al Khalaiffi para quedarse con el control del club, aunque ayudado por las gestiones del entonces presidente Nicolás Sarkozy, fanático del PSG y quien llevó las negociaciones al terreno de la política con Catar y con la UEFA, dirigida entonces por el ex futbolista Michel Platini.

Así fue que comenzaron a llegar estrellas como los argentinos Javier Pastore y Ezequiel Lavezzi y en uno de los primeros grandes golpes mediáticos, el sueco Zlatan Ibrahimovic, y ya más adelante, el uruguayo Edinson Cavani y Neymar, como para apuntar a lo máximo. El PSG, que arrasaba ya en las competiciones locales, parecía preparado, por fin, para el asalto europeo y para disputar desde Francia un lugar de poder futbolístico.

El reconocido sociólogo Patrick Mignon también introdujo otro tema relacionado con el crecimiento de poder político del PSG con la necesidad de incentivar a las tribunas, para contraponer la pasión a la que llegaba desde Marsella, donde se ha llegado hasta a silbar La Marsellesa, como oposición a la capital. Así es que una tribuna del estadio Parque de los Príncipes, la que da a la Bois de Boulogne (donde se encuentra el estadio que suele ser sede del Abierto de tenis de Roland Garros) comenzó a albergar a los “Boulogne Boys”, xenófobos y racistas, mientras que, del otro lado, en la tribuna de Auteil, se ubicaron los afro descendientes, especialmente los marroquíes. Esto dio ligar a situaciones de gran violencia y enfrentamientos internos.

En 2006, falleció un “boulogne boy” que intentó agredir a otro del Hapoel Tel Aviv, disparado por un policía que protegía al israelí, y en 2010, en otro enfrentamiento interno, en el contexto de un partido ante el Olympique de Marsella en la capital francesa, murió un hincha de 38 años.

A partir de allí, las autoridades del PSG intentaron terminar con estas situaciones y disolvieron estos grupos al introducir un sistema aleatorio de abonos para asistir a los estadios, copiando el modelo por el que el Barcelona disolvió en el Camp Nou lo que se llamaba “La grada de animación” detrás de uno de los arcos. De esta forma, ya no se podía llegar más en grupos al Parque de los Príncipes.

Sin embargo, ni esta elitización de los hinchas, ni el “doping financiero”, ni los grandes fichajes, ni los cambios de DT, ni las ayudas políticas, ni el ingreso de su principal accionista a la UEFA, y ni siquiera un rival diezmado como el Manchester United, alcanzaron para avanzar en la Champions League.

El PSG se sigue preguntando qué pasó, qué debe hacer ahora, y París sigue buscando por todos lados la manera de ser, algún día, una potencia del fútbol europeo de clubes.



El Real Madrid deberá atravesar medio año de rumores y controversias para definir su futuro (Interia)




La sorpresiva eliminación de la Champions League en los octavos de final dejó al Real Madrid sin nada en juego en lo que resta de la temporada a falta de tres meses para que ésta acabe, y con otros tres meses de receso hasta el inicio de la 2019/20, con los rumores y controversias que eso implica y con la necesidad de resolver uno de los mayores interrogantes de estos tiempos: ¿será posible encontrar un reemplazo para Cristiano Ronaldo?

Es claro que el argentino Santiago Solari no va a continuar como entrenador. Fue designado en el cargo como apagador del incendio que se generó con el desastre de la gestión de inicios de temporada de Julen Lopetegui y se encargó de llevar a cabo lo que el presidente del club, el poderoso Florentino Pérez, le sugirió.

Solari vislumbró el problema mayor del equipo: que nadie podría reemplazar la capacidad goleadora de Cristiano Ronaldo.

Solari no pudo contar con un irascible Isco Alarcón, a quien terminó reduciendo a cumplir una función mínima, notó escaso compromiso en Gareth Bale, y comprendió rápidamente que con Marcelo ocurrían dos cosas diferentes: que interiormente sentía que había cumplido un ciclo en el Real Madrid y que entonces quería marcharse a la Juventus con su amigo CR7 al finalizar esta temporada, y que lo que el equipo necesitaba era un lateral izquierdo que marcara primero, antes de sumarse al ataque.

Entonces, Solari recurrió a Sergio Reguilón, y a otros jugadores jóvenes no muy tenidos en cuenta como Lucas Vázquez o Vinicius Junior, aunque los resultados de esta mezcla de campeones demasiado acomodado y juveniles aún no pulidos, más allá de muchos partidos ganados, no dio el resultado esperado y el entrenador argentino tiene ahora los días contados y llegará, como máximo, a terminar esta temporada.

Si fuera por Florentino Pérez, desde hace rato que tendría cerrado todo con José Mourinho, su preferido. Pero el portugués no se fue bien del club y lo peor es que pocas veces, con su gestión, el Real Madrid tuvo una imagen tan antipática, más allá de provocar divisiones internas entre los aficionados que lo querían u odiaban. Sumado a eso, aún queda un remanente de jugadores que no terminaron bien con él, como Sergio Ramos y Marcelo (poco menos Benzema). Todo esto hace dudar al presidente, por más que el entrenador se ofrezca a regresar cada vez que puede.

Quien reúne más posibilidades es Mauricio Pochettino, el entrenador argentino del Tottenham inglés, que ya era el elegido en mayo pasado, cuando sorpresivamente Zinedine Zidane anunció su salida, pero el presidente de los Spurs, Dany Levy, pidió 50 millones de euros por su traspaso, lo que fue considerado excesivo por Pérez, quien ahora está dispuesto a volver a la carga, y va encontrando cierta apertura por parte del DT, que en el mercado del verano pasado se mantuvo en silencio y ahora dice que no estaría mal una “nueva experiencia”.

El otro problema con Pochettino es que en julio podría aparecer una oferta de la selección argentina dependiendo de cómo le vaya en la Copa América de Brasil de junio próximo. El equipo argentino tiene un entrenador interino desde que terminó el Mundial de Rusia, Lionel Scaloni, pero si le va bien en el torneo sudamericano (esto significaría llegar a una final) podría continuar. En otro caso, Pochettino será el primer buscado por la Federación (AFA) y en ese caso, para el Real Madrid será complicado competir.

En carpeta de los blancos también están los alemanes Jürgen Klopp (quien parece demasiado cómodo en el Liverpool y va para más) y Joakim Low (con cierto desgaste en la selección nacional),  Massimiliano Allegri y hasta un insólito retorno de Zidane.

En cuanto a Cristiano Ronaldo, es evidente que el Real Madrid necesita buscar un jugador que tenga un buen promedio de gol porque es lo que le falta desde que emigró el crack portugués aunque éste es irreemplazable, sencillamente, porque no hay en el planeta un jugador que reúna sus números salvo Lionel Messi, que está muy identificado con el Barcelona.

Por esta razón, el Real Madrid debería modificar su juego hasta llevarlo al de un equipo moderno, que no dependa de un solo jugador. Acaso Eden Hazard (quien parece que se irá del Chelsea en verano) pueda aportarle creatividad en los últimos metros, y decididamente, un goleador que defina en los últimos metros el fútbol que se genere desde los otros sectores del campo, como Sergio Agüero o Gabriel Jesús (Manchester City) o Pierre Aubameyang (Arsenal) o Robert Lewandowski (Bayern Munich), acostumbrados a marcar en equipos que les llevan el balón hasta los últimos metros y que dominan los partidos con mucha posesión de balón.

Pero los tiempos aquellos de jugar todos para un goleador, para que éste definiera las jugadas, como con Cristiano Ronaldo, parecen haber terminado.

viernes, 8 de marzo de 2019

El PSG, otra vez eliminado de la Champions League en el último minuto, esta vez ante un diezmado Manchester United (Interia)





La Champions League ya parece un karma para el Paris Saint Germain. Sus poderosos dirigentes cambian de entrenador, fichan jugadores más allá de lo que el reglamento les permite, parece que por fin consiguieron todo para apuntar al gran objetivo de la temporada, el título europeo, pero otra vez tuvieron que vivir, desde el Palco de Honor del estadio del Parque de los Príncipes, cómo su equipo quedaba eliminado muy lejos de una final, en los octavos, en el último minuto y ante un rival que casi no hizo nada para merecerlo, el Manchester United.

En 2018, el PSG se había gastado 400 millones de euros solo en los fichajes del brasileño Neymar y de la joven estrella francesa Kyllian Mbappé, y tras un 4-0 al Barcelona en París, aún con un rival complicado, la vuelta de los octavos de final parecía un trámite. Más aún cuando tras estar 3-0 abajo, pudo marcar un gol y los catalanes entonces necesitarían llegar a seis. Sin embargo, el “milagro” ocurrió y todas las críticas apuntaron a un club sin alma y con demasiado dinero, con jugadores acomodados y sin espíritu de lucha. Desde ya que su entrenador, el español Unai Emery (ahora en el Arsenal) fue despedido, aunque ganara el resto de los torneos en disputa.

El dueño del PSG, el catarí Nasser Al Khelaiffi, poderoso dirigente a partir de las empresas Qatar Sports Investments y de BeIn Sports (consorcio mediático que forma parte de Al Jazeera), decidió redoblar esfuerzos, reforzar algunas zonas del campo (lo más resonante fue la llegada del portero italiano Gianluiggi Buffon) y por si fuera poco, ingresó hace escasos días al Comité Ejecutivo de la UEFA junto a Andrea Agnelli (Juventus) como representante de la Asociación de Clubes Europeos (ECA) justo cuando la entidad europea investiga a su club por incumplir las normas del Fair Play Financiero (no se puede superar un techo de gastos por cada club).

Lo que investiga la UEFA cada vez con lupa más grande es si los fondos con que ficha jugadores el PSG no provienen directamente desde Catar, camuflado en empresas estatales. En la jerga del fútbol eso se dio en llamar “doping financiero”. En el caso del PSG, según cifras de principios de 2018, facturaba alrededor de 540 millones de euros anuales, cuya mayor parte provenía de Qatar Airways y de Bein Sports, que posee los derechos de TV de las competencias europeas.

Mientras tanto, y con todos esos fondos, lo único que parece importarle al PSG es el salto hacia la Champions League, para tratar de colocarse definitivamente entre las potencias, y el club decidió fichar como entrenador al alemán Thomas Tuchel, de gran trabajo anterior en el Borussia Dortmund.

Pero de poco le sirve al club haber ganado la Supercopa francesa (4-0 al Mónaco) a principios de temporada, o haber llegado a la semifinal de la Copa de Francia (enfrentará al Nantes el 3 de abril), o marchar como líder de la Liga a 17 puntos del segundo, el Lille, a falta de 11 jornadas, lo que significa que tiene el título prácticamente ganado.

Esta vez, por los octavos de final, había que asegurarse el pase ante un Manchester United en recomposición, dirigido por un ex futbolista de sus tiempos de gloria cuando era dirigido por sir Alex Ferguson hace dos décadas, el noruego Oleg Gunnar Solskjaer, tras el estrepitoso fracaso del portugués José Mourinho.

Parecía que ahora sí, con Tuchel en el banquillo, las cosas no serían como en la temporada pasada y el PSG se impuso 0-2 en Old Trafford cortando una seguidilla de triunfos de los “Red Devils”.  La vuelta en el Parque de los Príncipes de París parecía aún más llevadera que la revancha ante el Barcelona de 2018 por los mismos octavos de final y por si fuera poco, los ingleses llegaban con un equipo diezmado por las ausencias por lesiones y suspensiones, de Paul Pogba, Anthony Martial, Ander Herrera, Alexis Sánchez, Juan Mata, Jesse Lingard, Nemanja Matic y Antonio Valencia.

A cambio, el entrenador Solskjaer tuvo que apelar a lo que le quedaba, con Victor Lindelöf (habitual defensa central) en el lateral derecho, a Ashley Young, junto a Fred, Scott Mc Tominay y Andreas Pereira, en un mediocampo improvisado, dejando arriba a Romelu Lukaku y a Marcus Rashford. Demasiado poco para remontar un 0-2 en contra en la ida.

Pero el Manchester United se encontró, desde el inicio, con un inesperado regalo. Un muy mal pase atrás del lateral Kehrer dejó a Lukaku solo ante Buffon y el 0-1 llegó pronto. El PSG pareció absorber enseguida el error, dominó completamente el partido, y lo empató con un centro desde la derecha de Mbappé para que definiera por la izquierda su lateral Bernat.

La diferencia era enorme entre uno y otro. El PSG llevaba todo el peso del partido, y el United soportaba como podía, a la espera de una nueva posibilidad, aunque fuera aislada. Y llegó el segundo regalo, cuando un remate de Rashford no pudo ser retenido por Buffon y Lukaku aprovechó el rebote. Era el 1-2 y los ingleses, otra vez a un gol de la clasificación.

Lo extraño llegó en la segunda parte. Porque el PSG seguía perdiendo pese a que tuvo el 69 por ciento de la posesión del balón y ante un United que ni siquiera en los últimos minutos salió a buscar el tercer gol que necesitaba, aunque más no fuera, por la tradición de este club tan ganador y con un entrenador que supo ser el autor del tanto que en 1999 le dio un título de Champions en la última jugada de la final.

Incluso, ingresaron en el United dos jóvenes de la cantera como Mason Greenwood y Tahith Chong en los últimos diez minutos, reforzando la idea de que sólo un milagro podría darle la clasificación. Y en la última jugada, un disparo de otro de los suplentes, Diogo Dalot, pareció rebotar en el cuerpo de Kimpembe hacia el córner, pero el árbitro esloveno Damir Skomina (compatriota del presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin), fue convocado por el VAR y se comprobó que la pelota, en verdad había rebotado en el codo del defensor francés. Penal, y la tranquilidad de Rashford para marcar el gol que le dio la inesperada clasificación a los ingleses en medio de un silencio sepulcral.

Otra vez el PSG quedaba eliminado en los octavos de final de la Champions en la última jugada y cuando parecía que en la ida tenía todo atado. Una vez más, se quedaba sin su principal objetivo. Y otra vez, Buffon, a los 41 años, se quedaba sin ganar una Champions.

Si la eliminación del tricampeón consecutivo de Europa, Real Madrid, había sido noticia de impacto, la del PSG también lo es, por lo inesperada y porque habrá que estudiar en profundidad un caso como este, con tantas estrellas y todo a favor, otra vez eliminado en el último minuto.

miércoles, 6 de marzo de 2019

En un año horrible, el Real Madrid se queda sin motivaciones demasiado pronto al quedar eliminado también en la Champions League (Interia)




No hay dudas. El Real Madrid terminó de cerrar un año horrible, el peor en muchísimo tiempo, al caer por tercera vez en la misma semana en su estadio, Santiago Bernabeu, pero por el torneo que más le gusta y el que siempre representa su apuesta máxima, la Champions League. El resultado de 1-4 para el Ajax de Amsterdam puede sonar, acaso, algo exagerada, pero los holandeses merecieron clasificarse a los cuartos de final en el total de la serie.

La temporada pasada del Real Madrid había finalizado con un duro golpe a los pocos días de ganar en Kiev la tercera Champions consecutiva (y la decimotercera de su historia), cuando su entrenador, el francés Zinedine Zidane, había anunciado, intempestivamente, su salida del equipo, lo que su sumó a la de Cristiano Ronaldo, no sólo el goleador, sino el máximo referente del club desde los tiempos de Alfredo Di Stéfano en los años cincuenta, cuando ganó cinco Copas de Europa seguidas entre 1956 y 1960.

La reacción del presidente del club, Florentino Pérez, no pudo ser peor. Primero buscó afanosamente contratar al argentino Mauricio Pochettino, pero el Tottenham pidió por él una suma imposible de considerar, y entonces el mandatario blanco optó por una solución muy antipática: el fichaje de Julen Lopetegui, entrenador de la selección española, anunciándolo a dos días del debut de “La Roja” en el Mundial. Eso provocó el enojo del nuevo presidente de la Federación Española, Luis Rubiales, que inmediatamente cesó al entrenador, y el equipo nacional se derrumbó en Rusia y quedó eliminado pronto.

Pero con la temporada nueva, Lopetegui no logró encontrarle la vuelta a un plantel acomodado, demasiado relajado tras tantos títulos internacionales. Perdió enseguida la Supercopa Europea ante el Atlético Madrid, y, extrañamente, sus delanteros marcaban pocos goles para lo que era costumbre en los últimos años, aunque la línea de juego no disgustaba.

Una dura derrota en un Clásico ante el Barcelona motivó el pronto cese de Lopetegui (que se quedó sin selección española y sin el Real Madrid), y Pérez decidió confiar el plantel al argentino Santiago Solari, del que tenía muy buen concepto por su trabajo en la cantera y porque se trata de un ex jugador del club que seguía, de alguna forma, la línea de su amigo Zidane.

Pero Solari se encontró con el mismo problema que Lopetegui y decidió hacer algunos cortes de raíz, como por ejemplo, desplazar algunos jugadores de peso como Marcelo, Isco Alarcón o Gareth Bale, para confiar en los jóvenes de la cantera (Lucas Vázquez, Marco Asensio, Sergio Reguilón y Vinicius Junior), pero el problema estructural continuó. Se generaban muchas situaciones de gol, incluso con un Karim Benzema mucho más completo que en los tiempos en los que estaba obligado a jugar para Cristiano Ronaldo. Sin embargo, se convertía mucho menos que en el pasado, y la defensa comenzó a crujir, sufriendo mucho más que en el pasado.

Si la eliminación de la Copa del Rey fue el primer golpe, al caer 0-3 ante el Barcelona en el Santiago Bernabeu tras el 1-1 en el Camp Nou, la Liga Española, que estaba siempre muy lejos porque el Barcelona había sacado una distancia considerable, tras la derrota por 0-1 del pasado sábado en el segundo Clásico se colocó ya casi en un lugar imposible (a doce puntos, cuando restan doce partidos y en caso de empate igual ganarían los azulgranas porque se consideran los dos partidos jugados entre ellos).

Desde ese momento y hasta el martes, todos se aferraron, igual que en los pasados tiempos de Zidane, de la bala de plata de la Champions League. La tradición de que el Real Madrid siempre acabó ganando la Copa europea cuando no había nada más en juego, y el 1-2 a favor en el polémico partido de ida en Amsterdam ante el Ajax, invitaba a un moderado optimismo para la vuelta.

Sin embargo, no sólo el Ajax jugó un gran partido con un enorme Eric de Jong (centrocampista, además, ya transferido al Barcelona desde julio próximo) y un muy serio juego colectivo, sino que los holandeses se encontraron con un rápido gol de Hakim Ziyech y eso les generó una confianza especial en que, a un gol de la clasificación, las posibilidades crecían.

El Real Madrid siempre fue un equipo agresivo. Tuvo dos remates cuyos balones se estrellaron en los palos, y para colmo de males, en lo que ya se intuía como una muy mala noche, durante la primera parte se lesionaron los dos extremos, Lucas Vázquez y Vinicius Junior, que debieron irse reemplazados por Gareth Bale y Marco Asensio.

Para colmo de males, el Real Madrid se fue al descanso en condición de eliminado tras el gol de David Neres y aunque salió con todo al gol que igualaba la serie en la segunda parte, llegó el tercer gol del talentoso Dusan Tadic (de gran partido), que partió de un balón que el Ajax rescató de un lateral y que se había ido completamente afuera y que sin embargo, esta vez, el VAR convalidó después de varios minutos de incertidumbre.

No era, definitivamente, la noche del Real Madrid. Lesionados, tiros en los palos, el VAR convalidando un tanto que no debió aceptarse, y situaciones de gol perdidas una y otra vez y ante un Ajax que jamás optó por meterse atrás y defenderse sino que, al contrario, atacó todas las veces que pudo y que estuvo mucha veces cerca de aumentar el marcador.

Aún así, Asensio descontó a veinte minutos del final y cuando todo el Santiago Bernabeu soñó con una remontada que necesitaba dos goles más, a los dos minutos llegó el golazo, desde la izquierda y al segundo palo de Thibaut Courtois, de Lasse Schone.  Era 1-4 para los holandeses, quedaban 18 minutos, pero el mensaje fue claro: el estadio se iba vaciando, en silencio, con los espectadores yéndose camino al metro, a sus coches, hacia el transporte, resignados.

Para el Ajax, entonces, una clasificación resonante a cuartos de final de la Champions, con la sensación de que por fin, luego de muchos años, aparece una generación de jugadores talentosos y con mucho futuro. Para el Real Madrid, una situación muy incómoda. Cuando recién comienza marzo, y en una temporada que finaliza  en los últimos días de mayo, ya no hay nada en juego. No hay muchas chances en la Liga, y fuera de la Copa del Rey y de la Champions.

Los días de Solari y de varios jugadores resistidos por los aficionados, parecen contados (Marcelo, Keylor Navas, Bale, Kroos) y muy pronto, comenzarán los rumores de fichajes (¿Eden Hazard?, ¿Neymar?) y de la llegada de un nuevo entrenador (¿José Mourinho?, ¿Mauricio Pochettino?¿Massimiliano Allegri?).

Pero este año horrible del Real Madrid no es producto de los últimos resultados, sino de acciones que comenzaron hace mucho tiempo, apenas días después de ganar la final de la Champions 2018.  Pocas veces como aquella, una Copa emborrachó de éxito a los que la levantaron.


En un año horrible, el Real Madrid tira la temporada en marzo al caer en el Bernabeu por goleada ante el Ajax (Jornada)




Empezó con el pie izquierdo y no podía terminar peor. El Real Madrid, tricampeón consecutivo de la Champions League y ganador del título en 13 ocasiones en su historia, se quedó sin nada por jugar hasta fines de agosto al caer por un contundente 1-4 ante el Ajax en su estadio Santiago Bernabeu y quedar eliminado del torneo europeo en la temprana fase de los octavos de final.

En una misma semana, el Real Madrid perdió por un contundente 0-3 ante su clásico rival, el Barcelona, por la Liga Española, y quedó a 12 puntos de los azulgranas, líderes de la competencia, a 12 fechas del final, y ocupa la tercera posición, a 5 del segundo, el Atlético Madrid. A los cuatro días volvió a perder, y otra vez en el Bernabeu, ante el Barcelona 0-1 y quedó afuera de la Copa del Rey en semifinales, luego de empatar 1-1 en la ida en el Camp Nou. Y como no hay dos sin tres, volvió a caer en su estadio anoche, ante el Ajax de Amsterdam.

De esta forma, ya sin Copa del Rey ni Champions, y con 12 puntos de diferencia del Barcelona en la Liga (que en caso de quedar iguales, ganarían los catalanes porque cuentan los dos enfrentamientos entre ellos),  y a 8 puntos del quinto, Alavés, cuando los primeros cuatro clasificados de la Liga irán a la Champions 2020, ya el Real Madrid no tiene nada interesante que jugar hasta que acabe la temporada, a fines de mayo.

Líneas arriba escribimos que los blancos comenzaron la temporada con el pie izquierdo. Esto fue cuando, inexplicablemente, y sólo para echarle un pulso al entonces nuevo presidente de la Federación Española, Luis Rubiales, el titular del Real Madrid anunció, a dos días de iniciarse el Mundial para la selección española, que el DT del equipo nacional, Julen Lopetegui, había sido fichado por el club para cuando acabara el certamen de Rusia, lo que produjo un cimbronazo en la delegación y el despido inmediato del entrenador.

Lopetegui tampoco hizo pie en el Real Madrid. No pudo administrar la salida intempestiva de Zinedine Zidane (con el que Real Madrid ganó tres Champions seguidas) en mayo, y mucho menos, la de Cristiano Ronaldo, el mayor símbolo del club desde Alfredo Di Stéfano, para irse a la Juventus. Nunca pudo reemplazarlo como goleador y un equipo acostumbrado a marcar en casi todos los ataques, repentinamente se quedó sin ese recurso.

Con los malos resultados de Lopetegui, y la necesidad de poner cierto orden en un plantel retobado, Pérez recurrió al argentino Santiago Solari, de buena sintonía con Zidane en los tiempos de las divisiones inferiores blancas, pero aunque el equipo tuvo buenos partidos y se impuso en varios de ellos, nunca tuvo la continuidad necesaria y especialmente en estas últimas semanas, fue perdiendo confianza hasta desinflarse.

Todo indicaba que a Solari le pasaría lo mismo que a Zidane. Quedaba jugar la revancha de los octavos de final de la Champions tras vencer al Ajax en Amsterdam (no sin polémicas por el VAR) 2-1, y así como con el francés acabó ganando el título europeo, muchos se ilusionaron que ahora podría dedicarse a buscar “La Decimocuarta”, pero se encontró con un duro golpe en un Bernabeu impaciente y que ya no tolera a algunos jugadores (Marcelo, Gareth Bale y Toni Kroos, entre ellos), a los que censura por indolencia.

Por si fuera poco, el Real Madrid tuvo dos tiros en los que la pelota dio en los palos, se le lesionaron en el primer tiempo los dos extremos (Lucas Vázquez y Vinicius Junior, reemplazados por Bale y Marco Asensio) y al Ajax le convalidaron en el VAR el tercer gol (decisivo, porque los holandeses se ponían 3-0) que partió de una pelota que había salido completa por el lateral.

Lo único que le espera al Real Madrid, desde ahora, son los rumores de salidas y fichajes de jugadores, la contratación de un nuevo DT, y las duras críticas por el rápido final de temporada. Serán cinco meses de versiones y de chismes para cerrar un año horrible.