lunes, 7 de diciembre de 2020

La historia de Dennis Taylor, campeón mundial y sudamericano de motonáutica en los años ochenta y padre de Anya Taylor-Joy, la actriz criada en la Argentina que se destaca en la serie de Nétflix “Gambito de Dama” (Infobae)


 

Anya Taylor-Joy, la actriz nacida en Miami pero criada en la Argentina, a la que viaja en cada fin de año para las fiestas, y que brilla en la serie de Nétflix “Gambito de Dama”, es la hija de un argentino-escocés campeón mundial y sudamericano de motonáutica de los años Ochenta, Dennis Taylor, en tiempos en los que se destacaba en la actividad el embajador en Brasil y ex vicepresidente y gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli.

Taylor-Joy, de 24 años,  dice ser “de lugares diferentes” cuando le consultan de qué nacionalidad es, pero vivió en sus primeros años en la Argentina junto a sus cinco hermanos, cursó en el tradicional colegio Nothlands, habla a la perfección el castellano con acento argentino y suele decir que sus comidas favoritas son las empanadas y los churros de dulce de leche.

Es una de las actrices protagónicas de “Gambito de Dama”, de Scott Frank y Allan Scott, basada en el libro homónimo del legendario novelista Walter Tevis, publicado en 1983, donde interpreta a Berth Harmon, una niña huérfana que termina siendo una prodigio del ajedrez, aunque  la serie de Nétflix abarca otros temas como la superación constante o las adicciones.

Si la madre de Anya Taylor-Joy es hija de Jennifer Marina, una anglo-española que se crió en Zaragoza (de donde es originaria su abuela), y cuando conoció a su marido, el motonauta y banquero argentino-escocés Dennis Taylor, ambos decidieron irse a vivir a Buenos Aires. La actriz contó en varias entrevistas que aprendió a hablar inglés a sus ocho años y que debido a su experiencia en varios países, se define como dueña de un acento “raro”.

Más tarde se mudó a Londres, donde estudió en el colegio elitista “Hill House” y uno de los rastreadores de la agencia “Storm Model Management” la descubrió y convenció para que se iniciara en el mundo de la moda y luego de varios años en diferentes campañas, un actor la escuchó recitar un poema y le aconsejó que fuera actriz. Tras algunos castings, finalmente se estrenó con un papel secundario en la serie de TV “Vampires Academy” hasta que llegó su gran debut en el cine en la película de terror “La Bruja”, dirigida por Robert Eggers, en 2015.

A partir de allí, llegó a filmar en dos años hasta siete películas de distinto género y con personajes muy diferentes como en la nueva versión de “Emma” de Jean Austen, que se estrenó a fines de octubre en España, o ahora, relevando a Charlize Theron para interpretar a “Imperator Furiosa”, el personaje de ciencia ficción, como protagonista de “Mad Max: Fury Road”.

Lo cierto es que mientras Taylor-Joy desarrollaba su niñez en Buenos Aires, su padre Dennis y su tío Juan, competían en el más alto nivel de la motonáutica argentina, en Off Shore, y Dennis llegó a ser campeón mundial en 1987 y 1988, así como campeón sudamericano en 1982, 1986 y 1988, en distintas categorías, en tanto Juan Taylor fue campeón mundial en 1978.

Sin embargo, algunos éxitos de Dennis Taylor de esos años se vieron opacados por otros de Daniel Scioli, cuyas competencias se transmitían por Canal 9 (el padre de Scioli era socio de Alejandro Romay en esa emisora) y era habitual escuchar relatos del periodista Enrique Moltoni, en el programa “Nuevediario” gritando “¡Pasó, pasó a la punta el catamarán “Frigidaire Turbo” de Alba.! Ganó Daniel Scioli, espectacular, esto ya supera lo que hizo (Carlos) Reutemann”. El acompañante de Scioli en el Campeonato Argentino fue un joven de 16 años, Leandro Larrosa, hijo de Horacio Larrosa, productor del noticiero del canal.

“Tengo un gran afecto y mucho respeto ´pr Dennis Taylor, un fuera de serie. Gracias a su generosidad, pude integrar, una vez que él se retiró, el equipo Malboro”, afirmó Scioli, actual embajador argentino en Brasil, en diálogo con Infobae. “Taylor es una persona de excelencia y de una gran calidad humana. Lo recuerdo meticuloso, organizado. Cuando dejó de correr, me ayudó con mi lancha “La Argentina” y hasta competimos juntos en la Venecia-Montecarlo. Fue una semana inolvidable. Es un señor”.

El ex vicepresidente, por ese tiempo, escribía una columna en “Clarín” y “La Nación” y “El Gráfico” le otorgaban un importante espacio a la competencia,  y si una relación entre motonáutica y ajedrez es la de Any Taylor-Joy y su padre Dennis, otra es la de éste y otro de los protagonistas de la época, Scioli, cuyo jefe de prensa era un ajedrecista, Miguel Ángel “El negro” Quinteros.  “Yo soy un fanático del ajedrez, tengo pasión por este juego y lo promociono todo lo que puedo como valor educativo, táctica, estrategia y administración del tiempo, y por eso, es una doble alegría saber que la hija de Dennis se destaca mundialmente en una serie que se refiere a esta temática”, resaltó, al tiempo que sostuvo que “no me extraña este éxito de la hija porque tanto él como su mujer eran de un excelente nivel cultural”.

Si Scioli fue campeón mundial en 1992 y 1997, también lo fueron otros argentinos de esa misma época como Héctor Boniface (1991), Armando Perales (1990), Franco Sant Elía (1990), Santelia Bridas (1989), mientras que Taylor lo consiguió en 1987 junto con Oscar Rodríguez en Off Shore Clase III 4 litros y en 1988 junto a Juan Eduardo Ferreyra en Clase III 6 litros, Clase 3S), y también fue campeón sudamericano en 1986 en Clase III 4 litros y en 1982 y 1988 en Clase III 6 litros.

En 1988. Cuando ganó por segunda vez el título del mundo, Taylor competía con una nueva embarcación, un Cougar Marine construido por José Cordó, de 8,40 metros de eslora y 2,40 metros de manga, aunque con los mismos motores EFI de inyección electrónica de 240 HP cada uno. Contaba con el auspicio de “Marlboro”, que fue la empresa de distribuir imágenes de su triunfo, y ya acumulaba una decena de récords mundiales de velocidad en quince años de trayectoria.  Este logro le permitió ganar a fines de año el “Olimpia de Plata”, superando a Daniel Scioli, frecuente ganador del galardón en ese tiempo.

Un año antes, cuando ganó el campeonato mundial de 1987, su compañero de equipo, el también argentino Oscar Rodríguez, asumió hasta dónde podían llegar sus posibilidades económicas y dijo que “si en la Clase III surgiera el profesionalismo no tendríamos nada que hacer porque nos faltaría hasta para empezar. En la Clase I de hasta 16 litros, el dinero es ilimitado y ya empezó a poner sus leyes, como el caso de Stefano Casiraghi, el marido de Carolina de Mónaco, que a pesar del respaldo de los bancos del principado no alcanza a terminar una carrera porque siempre rompe el motor”.

“No había pica entre nosotros cuando competíamos- aclara Scioli, quien dice estar ahora “en otra carrera, aquella fue una hermosa etapa de mi vida que ya pasó”- porque Dennis era un competidor formidable. Y eso que corríamos a 200 kilómetros en el agua, pero él era de una profesionalidad y de una prolijidad absoluta. Fue uno de los pioneros de la motonáutica en la Argentina”.

Para ese entonces, la revista “El Gráfico” describía al ambiente del Off Shore como “Príncipes hastiados, mujeres hermosas, millonarios aventureros, sponsors atrevidos, pilotos ambiciosos, guerras secretas y públicas, nombres célebres que están dejando de serlo, desconocidos capaces de matarse por ser célebres”.

Al año siguiente, en 1988, Taylor volvió a consagrarse campeón mundial en una competencia de tres días de regatas y compitiendo contra otras trece embarcaciones en una categoría cuya paridad estaba fijada por la cilindrada máxima establecida en los 6 litros y la exigencia de que los motores utilizados fueran de serie, con una producción mínima de mil unidades.

Taylor se consagró en Messina, Italia, junto a su copiloto Juan Eduardo Ferreyra al sumar 927 puntos al cabo de tres jornadas de competencia a bordo de la “Marlboro 5”, una embarcación construida con material de terciado marino, con os triunfos espectaculares en las dos primeras jornadas, sumando 800 puntos y asegurándose prácticamente el campeonato, al que accederían con el solo hecho de cumplir el recorrido en el tercer día y además, era necesario que su inmediato perseguidor, el italiano Atilio Cavallieri, resultara ganador de la prueba. Sin embargo, el domingo, en la jornada final, hubo una tempestad y ya el objetivo no parecía tan seguro, especialmente cuando la embarcación de los argentinos pinchó una gigantesca ola, se hundió un metro, y al salir, se encontró con la novedad de que el copiloto Ferreyra no tenía el casco y además, en un estado de conmoción que le llevó unos cinco minutos de recuperación y la reglamentación indicaba que la falta de casco ya era motivo para la descalificación y por esta razón, perdieron unos veinticinco minutos buscando el casco, mientras Taylor apareció con un hematoma cerca del ojo derecho. Pero terminaron venciendo.

Taylor, además, llegó a ser el titular de la Cámara de Comercio Argentino-Británica.

 

 

 

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