viernes, 18 de octubre de 2019

El Clásico español, la seguridad y los problemas de calendario (Interia)





El siempre tan esperado Clásico entre el Barcelona y el Real Madrid por la Liga Española estaba previsto para el sábado 26 de octubre. Sin embargo, los sucesos de violencia tras el fallo de la Justicia contra el movimiento independentista del 1 de octubre de 2017, en toda Cataluña, provocaron un cambio y la intención del Gobierno nacional, la Federación Española y la Liga, de postergar el partido para diciembre, esperando que la situación se calme un poco, algo que no tiene ninguna garantía.

El fallo de la Justicia determinó la prisión de 9 a 13 años para la mayoría de los líderes independentistas catalanes, lo que a su vez derivó no sólo en un estallido de violencia en muchos sectores de Cataluña, sino también marchas de todo tipo, huelgas y colapso en sitios emblemáticos, entre ellos, el aeropuerto de El Prat, en Barcelona.

El partido entre Barcelona y Real Madrid debe jugarse en el Camp Nou y además, a las 13 horas, por esta nueva costumbre de establecer horarios acordes con otros mercados mundiales, pero en este caso, eso dificulta mucho las cosas porque obligaría al Real Madrid a dormir la noche anterior en Barcelona, cuando se conoce que el club blanco representa justamente todo aquello que el independentismo aborrece, y eso traería mayores problemas de seguridad.

Por este motivo, más allá del Gobierno, que teme muchos mayores problemas apenas a dos semanas de las nuevas elecciones presidenciales en España, previstas para el 10 de noviembre, Federación y Liga, que tienen muy malas relaciones, han buscado soluciones para aplazar el partido o para que, al menos, no se juegue el 26 de octubre en el Camp Nou.

Primero se pensó en alterar la localía y que se juegue esta vez en el Santiago Bernabeu, el estadio del Real Madrid, y recién en la revancha, ya para avanzado el 2020, en el Camp Nou, pero ambos clubes lo rechazaron de plano porque les cambia la organización. Luego se buscó aplazarlo para diciembre, pero los distintos dirigentes van viendo que la única fecha disponible sería el 18 porque hay dos jornadas de Champions League en el medio y la gala del Balón de Oro de la France Football.
Por su parte, el entrenador del Barcelona, el siempre tranquilo Ernesto Valverde (al que muchos creen que ya el Barcelona le busca sucesor para 2020 y hasta sondearon a un argentino a tal efecto), insistió en estas horas en que “falta mucho” para el 26 de octubre “y las cosas pueden mejorar en la ciudad hasta ese día”.

Mientras tanto, desde la Argentina se ironiza sobre ese partido y muchos, en las redes sociales, preguntan por qué no se juega el Barcelona-Real Madrid en Buenos Aires, si en diciembre de 2018 hubo que jugar una final de Copa Libertadores, el máximo torneo sudamericano, en el Santiago Bernabeu, entre River Plate y Boca Juniors, argumentando motivos de seguridad.

Entre esas ironías, se dicen algunas grandes verdades, como que si el fútbol español y sus grandes anunciantes pudieron usufructuar una final de una Copa que no les pertenecía, y hasta con algún sponsor que también se encuentra en Sudamérica, ¿por qué no devolver gentilezas ahora del otro lado del Océano Atlántico?

Aquel partido de diciembre de 2018 entre River y Boca se trasladó a Madrid (además, del calor casi veraniego al frío casi invernal) cuando se podía jugar sin problemas en Buenos Aires porque esa definición, a doble encuentro, tuvo en la ida, en la mítica Bombonera, el estadio de Boca, un espectáculo sin ningún problema, y la vuelta se complicó por los piedrazos al bus en el que los jugadores de Boca llegaban al Monumental, el estadio de River.

Tal vez era correcta la decisión de no jugar ese partido en River pero…¿no era posible jugarlo en otro estadio argentino, por ejemplo en otra ciudad? Suponiendo que la Conmebol quisiera castigar a la Federación Argentina (AFA) por los incidentes, ¿no había otra buena sede en todo el continente sudamericano, siendo la Conmebol la Confederación Sudamericana de Fútbol? ¿No era posible jugarlo en el Maracaná de Río de Janeiro, en San Pablo, en Santiago de Chile, en Lima, en Bogotá?

No, se llevaron el gran clásico argentino, en una final del máximo torneo sudamericano, a España, bien lejos, en otro contexto, otro clima, para favorecer a los sponsors y los negocios. ¿No sería hora, entonces, de que si hay problemas de seguridad en Cataluña, el Clásico español, con algunos sponsors coincidentes, se juegue en Buenos Aires?

Aún así, no es el único problema que tiene el fútbol español respecto a fechas y lugares. Ya en 2018, el presidente de la Liga de Fútbol profesional (LFP), Javier Tebas, intentó, por esto de seguir buscando mercados, llevar el partido entre Girona y Barcelona a Miami, Estados Unidos, pero cuando parecía que tenía todo arreglado, chocó con el presidente de la Federación Española (RFEF), Luis Rubiales, quien explicó que no se puede defraudar a los abonados a los asientos en el estadio de Girona, que pagan por todo el año y en gran medida, para ver partidos contra el Barcelona, Real Madrid, Atlético Madrid, Valencia o Sevilla, y que en el caso de trasladar el partido a Miami, se debía asegurar pasaje, estadía y entrada a cada abonado al club.

Ahora, Tebas insiste en jugar en Miami otro partido de Liga, el del Villarreal ante el Atlético Madrid del 8 de diciembre, y el conflicto es el mismo que en 2018 con el Girona-Barcelona. Tebas se defiende sosteniendo que Rubiales acepta que la Supercopa de España (en la que ahora participan cuatro equipos y antes eran dos) pueda jugarse en otro país, como está previsto en Arabia Saudita. La diferencia, insiste Rubiales, es que en la Supercopa no cuenta el abono ya que no se trata de un torneo regular, sino uno corto y que solo en ese caso puede cambiar de sede a otro país.
Más allá de todas estas especulaciones, si hay algo claro es que el fútbol sigue un camino cada vez más asociado a los negocios y si no, que lo diga la UEFA, que va cediendo ante el reclamo de los clubes más poderosos, combatiendo por todos lados al llamado “Virus FIFA”.

Ya no alcanza con la implementación de la Liga de las Naciones para terminar con los amistosos contra selecciones nacionales de otros continentes y que ellas se arreglen como pueden y pierdan la chance de competir con la élite, sino que le agregaron que en las llamadas “ventanas FIFA” de partidos de selecciones nacionales, éstas no pueden jugar el segundo partido de la serie en un destino que implique más de cinco horas de viaje en avión, cosa de que los jugadores, la mayoría de ellos en el fútbol más poderosos, no se cansen y lleguen mejor a las ligas de los fines de semana, aunque si pudieran (y es el deseo a futuro) también cambiarían el calendario de Liga y Champions, pasando la competencia europea para los fines de semana, y el de las ligas, para los miércoles.

Por eso, lo que se comienza analizando como tema de seguridad, se deriva siempre en el negocio, que es lo que termina prevaleciendo.

martes, 15 de octubre de 2019

La selección de Scaloni va ganando confianza paso a paso (Jornada)




No es lo ideal y lo sostuvimos desde siempre en esta columna. El fútbol argentino dispone, en el mundo, de un gran abanico de directores técnicos con los estilos y las filosofías más variadas, reconocidos de manera unánime y candidatos a los premios más importantes.

Pero asumiendo que ninguno de los más prestigiosos quiere asumir en la selección argentina (la excusa de lo que cobran no alcanza, y el tema pasa por la absoluta falta de seriedad de la actual AFA), se echó mano de Lionel Scaloni como interino, y luego fue confirmado como definitivo tras una participación de menor a mayor en la Copa América, en la que el equipo bien pudo haber quedado eliminado en la primera fase, como también pudo haber sido campeón, si no fuera por el descarado robo del arbitraje en la semifinal ante Brasil.

Lo de Scaloni si basa, por ahora, en algunas líneas maestras generales: encarar una renovación total dejando atrás, por fin, a la gran mayoría de jugadores de la Selección que aunque estuvieron en la élite, no consiguieron títulos, tratar de ir generando la idea de un juego más estético, volviendo (en lo que se puede, cuando ya no abundan los extremos ni los “diez” ni los “cincos tapones”) a las fuentes, y en lo posible, transmitir confianza a sus jugadores, con un clima de tranquilidad y de cercanía al cuerpo técnico.

Si se toma en cuenta estos dos compromisos de la serie de octubre, que acaba de finalizar, nuevamente se observa que el equipo fue de menor a mayor, con un comienzo más que dubitativo ante Alemania en Dortmund, donde quedó claro que sin Lionel Messi, Sergio Agüero y una defensa más sólida, puede llegar a sufrir mucho ante las potencias y si se iba al descanso con una diferencia de cinco goles en contra, no había motivos para la queja.

Ante Alemania quedó claro que hay algunos jugadores que no se encuentran al nivel para la titularidad. En el caso de Marcos Rojo, es evidente que la falta de partidos como titular en el Manchester United le juega en contra, mientras que a Nicolás Otamendi, fuerte en el juego aéreo, se lo ve lento y no sólo con la camiseta albiceleste sino que también pagó cara su falta de velocidad días antes con el Manchester City, cuando no pudo parar nunca a Adama Taoré, el autor de los dos goles del Wolverhampton, que por la Premier League venció como visitante a los “Ciudadanos”.

Lo más rescatable de los dos partidos fue la actitud. Si bien el conjunto alemán, que también se encuentra en plena etapa de renovación, fue obnubilado por la soberbia en el segundo tiempo, el equipo argentino tuvo reacción y los tres cambios más importantes (los ingresos de Lucas Alario, Marcos Acuña y Lucas Ocampos) fueron acertados y no sólo pudo empatar 2-2 sino que casi logra el triunfo sobre el final.

Ante Ecuador, en el otro amistoso en Elche (no se entiende el por qué de esta sede si no fuera porque, casualmente, el agente más poderoso de jugadores en la Argentina, Christian Bragarnik, compró la mayoría de acciones de este club, apuntalado por su amigo, el presidente saliente de Boca, el influyente Daniel Angelici), el equipo argentino, ya con varios jugadores a prueba y dándole menos importancia que a Alemania, hizo otra vez lo que tenía que hacer y más allá de la evidente debilidad de su adversario, que no cuenta con la mayoría de sus mejores valores por una absurda sanción interna por cuestiones disciplinarias, desplegó otra vez todo su repertorio sin perder la motivación.

Sin dudas, un saldo positivo para una Selección que avanza paso a paso, mientras no hay ninguna clase de debate serio alrededor de su estilo y un silencio absoluto en torno de su organización (a un mes de la serie siguiente de amistosos, no se conoce el rival del segundo partido en Asia, y tanto la Asociación Uruguaya como la Federación Paraguaya sostienen que sus equipos serán los rivales de los albicelestes en la misma fecha sin que la AFA diga absolutamente nada al respecto). Ni siquiera el director general, César Menotti, emite opinión alguna.

Si la idea es, por fin, armar un equipo, una estructura, a la que luego pueda incorporarse Messi, acaso, por fin y más allá de las discrepancias y las enormes carencias estructurales y organizacionales, se puede llegar a estar en un buen camino. 

El hecho de que cobren protagonismo Marcos Acuña, Lautaro Martínez, Leandro Paredes, Lucas Alario, Lucas Ocampos, Nicolás Tagliafico, Germán Pezzella, o que haya tres arqueros de la dimensión de Franco Armani, Esteban Andrada o Agustín Marchesín, genera buenas sensaciones de futuro,  a cinco meses de comenzar la clasificación sudamericana para el Mundial de Qatar 2022, todavía lejano, pero ya no tanto.

lunes, 14 de octubre de 2019

La dictadura de los futbolistas (Interia)



En una misma semana, tuvimos dos declaraciones que llamaron mucho la atención y en todo el mundo. Gerard Piqué, todavía jugador del Barcelona, pese a sus múltiples compromisos como empresario ligado al deporte, afirmó que todo lo que rodea al fútbol “es una farsa” y que muchas declaraciones que hacen los jugadores es simplemente para un montaje como para que la prensa hable sobre ello.

Por su parte, el ex lateral izquierdo del Real Madrid, el brasileño Roberto Carlos, admitió que una plantilla es capaz de hacer echar a un entrenador de un club, jugando mal a propósito, si no se sienten cómodos con él, ya sea por su disciplina o por no respetar sus costumbres, aunque éstas atenten contra el juego del equipo.

Es más, Roberto Carlos dio el ejemplo de lo que ocurrió con su compatriota Vanderlei Luxemburgo entre 2004 y 2005, al que, según dijo, la plantilla blanca no sólo no ayudó sino que contribuyó a que fuese despedido por no respetar sus tardíos horarios de entrenamiento y por exigirles demasiado. “En cambio –dijo- Vicente Del Bosque (DT entre 1999 y 2003, cuando ganaron Ligas, Champions Leagues y Copas Intercontinentales) era nuestro amigo y llegamos a comenzar los entrenamientos a las 17 porque era la única manera de que todos llegáramos porque viajábamos tanto por cuestiones personales que nos encontrábamos en los aeropuertos con nuestros vuelos privados”.

Hay algo evidente en las declaraciones de Piqué y Roberto Carlos. Este tipo de frases en las que se admiten cuestiones tan profundas sólo pueden provenir en el ambiente del fútbol de parte de alguien que ya se retiró y no tiene nada que perder, o de alguien que se siente mucho más allá de su actividad y que, además de haber ganado muchos títulos y no sentirse cuestionado, también se sabe ya cerca del final de su actividad.

En el fútbol hay tantos intereses que sus protagonistas tienen poca sinceridad y cuando olfatean que el medio o el periodista irá más allá, suelen no prestarse a la entrevista y prefieren siempre un ambiente más arropante o festivo, pero que no los ponga en aprietos como para decir algo que luego les pueda traer problemas de disciplina. A sabiendas de eso es que ya en todo el mundo, los jefes de Prensa de los clubes y de la mayoría de las selecciones nacionales importantes están mucho más para proteger a sus jugadores y limitar las tareas de la prensa, que para facilitarlas.

Los casos de Roberto Carlos y de Piqué son excepcionales, además, por el tipo de carácter de ambos. Expansivo, sin pruritos a la hora de declarar, y sin demasiada importancia por sus consecuencias. Roberto Carlos, en sus tiempos de jugador, llegó a participar de un tremendo clásico como el Argentina-Brasil en Buenos Aires, con terrible clima en contra, siempre con una sonrisa y luego del partido, llegó a quedarse en la ciudad para conocerla. Algo parecido vive el todavía jugador en actividad y compatriota suyo, Daniel Alves, tal vez un poco menos y más centrado en sí mismo, el sueco Zlatan Ibrahimovic, o el argentino Carlos Tévez (también cerca del retiro). Pero no parece casual que todos los que hablan mucho y sin cuidarse, suelen ser veteranos.

En el caso de Piqué, reúne una característica inusual, la de ser empresario y organizador de torneos (como la nueva Copa Davis o ahora está negociando por un nuevo torneo internacional de fútbol de equipos) mientras permanece como jugador. Es decir, un “subordinado” mientras es un “par” de los dirigentes. Esto le permite un plus en sus declaraciones, sumado, claro, a su evidente alto coecifiente intelectual.

De todos modos, declaraciones como las de Roberto Carlos y Piqué nos remiten a reflexionar acerca de que, entonces, los jugadores hoy hacen lo que quieren con la prensa, los entrenadores y hasta con los dirigentes, si nos guiamos por el inicio de temporada del Barcelona, justo cuando pareciera que la plantilla no estuvo de acuerdo con la dirigencia del club en fichar a Antoine Griezmann y no hacerlo con Neymar. 

Lionel Messi llegó a decir hace pocos días que “no sé si los dirigentes hicieron todo” para fichar nuevamente a su amigo brasileño y la prensa española cuenta los pases que el argentino le da al francés en cada partido que comparten con la camiseta blaugrana.

Vivimos, todo indica, tiempos en los que los jugadores, que ganan fortunas por la globalización y los efectos de las redes sociales, hacen lo que quieren con el sistema, conscientes, cada vez más, de que el fútbol puede cambiar de entrenador, de estadio, de dirigentes, pero no puede prescindir de ellos, y ya con millones de euros en sus cuentas bancarias y asesorados para inversiones de todo tipo, dicen “no” cuando se les da la gana: no a los entrenamientos en horarios muy tempranos, no a los entrenadores exigentes, no a los periodistas muy preguntones (incluso hoy, si quisieran decir algo para que llegue al público, tienen el Twitter o el Instagram sin necesidad de intermediarios). Viven en una caja de cristal.

Estamos, los futboleros, en una dictadura, la de los jugadores. Recién cuando se alejan del sistema y se vuelven de carne y hueso, nos cuentan la verdad, sin compromisos, miedos o culpas.


domingo, 13 de octubre de 2019

La selección ecuatoriana, entre el sueño de contratar a Klinsmann y la apuesta por la renovación (Infobae)





Apenas pasaron poco más de tres meses desde que la selección ecuatoriana finalizó una decepcionante Copa América que significó la salida de su director técnico colombiano Hernán “Bolillo” Gómez, cuando ya resuena el nombre de otro extranjero, pero en este caso más extravagante, el alemán Jürgen Klinsmann, con la idea de cambiar completamente el rumbo y mientras, de manera mucho más terrenal, se apuesta a una renovación del plantel a partir de los éxitos de los juveniles a cargo del argentino Jorge Célico.

“Klinsmann no salió bien de la selección de los Estados Unidos y excluía a los jugadores de doble nacionalidad”, sostuvo días pasados en una entrevista radial uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol ecuatoriano, Alex Aguinaga, quien se inclinó por una vía más accesible y a mano: “prefiero a Célico o a Paul Vélez, de gran trabajo en el Macará de nuestro país”.

Algunos creen que lo de Klinsmann es sólo una expresión de deseos, porque en principio cobraría tres veces más que lo que la Federación Ecuatoriana le pagaba hasta julio a “Bolillo” Gómez, pero otros dirigentes dan por cerrada la negociación con el alemán y hay unanimidad en que para el amistoso de noviembre durante la próxima fecha FIFA, ante Colombia, ya tiene que estar contratado el DT definitivo con miras al comienzo de la clasificación mundialista para Qatar 2022, que comienza en marzo para el continente sudamericano.

Klinsmann generó un cambio de mentalidad en el fútbol alemán tras el fracaso en el Mundial de Francia 1998, cuando poco tiempo más tarde, la Federación Alemana decidió apostar a un fútbol más lírico y estético, y el ex delantero del Inter y Tottenham asumió secundado por Joachim Löw y obtuvo el tercer puesto como local en el Mundial 2006 y luego emigró a los Estados Unidos, donde consiguió clasificarse a octavos de final en Brasil 2014 junto a Alemania, en un grupo que completaban nada menos que Portugal y Ghana. Ya en esa instancia, su equipo fue eliminado por Bélgica (2-1).

“Lo que más le duele al hincha es la indisciplina”, sostuvo también Aguinaga en esa misma entrevista radial y la referencia no fue casualidad, porque tras el último compromiso en la reciente Copa América de Brasil se hizo un escándalo porque una cantidad de jugadores aparecieron tomando unas cervezas en el piso 17 del hotel y más allá de que la Federación no informó nada oficialmente, todo indica que hubo una resolución por la que algunos quedaron relegados y no fueron citados nuevamente para los amistosos siguientes, entre ellos Alexander Domínguez, Arturo Mina, Gabriel Achiller o el ex Manchester United y actual jugador de Liga de Quito, Antonio Valencia.

Si a esto se le suma que un delantero de peso como Felipe Caicedo sostiene que no vuelve más al equipo por la mala administración o mucho mal trato, por un gran resentimiento con la dirigencia ecuatoriana (la anterior y la actual), prácticamente quedó como único referente Enner Valencia y aunque no se lo expresa públicamente, la dirigencia ecuatoriana habla puertas para adentro de una etapa de transición que debe terminar en un mes como máximo, para encarar la etapa de la clasificación mundialista.

Por eso confiaron en esta corta etapa en el argentino Célico, de gran trabajo con los juveniles, con los que obtuvo el tercer puesto en el reciente Mundial sub-20 de Polonia, ganó el título sudamericano de la categoría en Chile y ahora apunta al Preolímpico de Colombia de enero de 2020, y parte de esa base estará el domingo en Elche ante la selección argentina y ya integró el plantel en los dos amistosos de septiembre, en los dos triunfos ante Perú (en Estados Unidos) y ante Bolivia (3-0 como local). Para noviembre, hay fijado un solo compromiso, ante Colombia.

Un analista del fútbol ecuatoriano sostuvo a Infobae que los juveniles como Diego Palacios, Gonzalo Plata, el arquero Johan Padilla, Jackson Porozo, Jhon Espinoza, Mario Pineida, José Cifuentes, Leonardo Campana, Alexander Alvarado o Jhojan Julio, “son jugadores con hambre” y que lo que intenta el presidente de la FEF, Francisco Egas, es “un lavado de cara”.

También en Ecuador se separa mucho a la selección de los desempeños de algunos clubes como Liga de Quito (que llegó a cuartos de final de la Copa Libertadores, donde fue eliminado por Boca) o Independiente del Valle (finalista ante Colón de la Copa Sudamericana), que, sostienen, tiene una estructura propia que funciona muy diferenciada al resto.

La selección que enfrentará a la Argentina, tiene una mezcla de juveniles, jugadores del fútbol local, y otros que militan en el extranjero como Palacios y Jhegson Méndez (de la MLS de los Estados Unidos), el ex Independiente Fernando Gaibor (Al Wasl, de Emiratos Árabes Unidos), Junior Sornoza (Corinthians), Jackson Porozo (Santos) o Erick Castillo (Santos Laguna de México).

Con un esquema 4-1-4-1, Castillo fue el autor del gol ante Perú mientras que Michael Estrada, Sornoza y Plata, convirtieron ante Bolivia.
“Cuando uno siente que lo atacan por todos lados, lo único que quiere es mostrar los dientes para que crean que manda, y eso es lo que le pasa a esta dirigencia del fútbol ecuatoriano”, insiste Aguinaga.

Sin embargo, todos creen que ante la selección argentina, el equipo ecuatoriano puede cumplir un papel “decoroso”.


domingo, 6 de octubre de 2019

De remontadas, autocríticas y tecnología (Jornada)





La semana del 20 al 27 de octubre será decisiva para comprobar si hubo o no ya no una sino dos remontadas. La más sonada, la de las elecciones del domingo 27, y la que se acaba de sumar, la del martes 22 en la Bombonera. Ambas, directa o indirectamente, involucran al Presidente argentino Mauricio Macri.

Si nos atenemos a la segunda, a la del fútbol, parece una empresa muy complicada para Boca Juniors no sólo por lo que se pudo ver en la ida de las semifinales de la Copa Libertadores en el Monumental, cuando perdió 2-0 el martes pasado ante River Plate, sino por la sideral distancia existente entre los dos equipos en cuanto al juego.

Habíamos advertido en estas páginas que si el director técnico de Boca, Gustavo Alfaro, o sus jugadores, tomaron como bueno el empate 0-0 en el Monumental de unos días atrás, por la Superliga, como bueno, estarían incurriendo en un grave error de lectura porque la Copa Libertadores se juega de otra manera, y de hecho, el gol de visitante vale doble, pero además, porque River suele anotar como visitante y hace dos años que no pierde en esta condición.

El partido de ida en el Monumental era crucial para Boca. Marcar un gol allí era clave por las razones esgrimidas en el párrafo anterior, pero Alfaro volvió a repetir el mismo esquema de siempre y su único interés sigue siendo el cero en el arco propio para luego, si cabe, tratar de solucionar el problema “del otro lado”. Tanto es así, que anoche, en Florencio Varela, tras vencer a Defensa y Justicia por la Superliga, uno de sus mejores jugadores, el marcador central Carlos Izquierdoz, evaluó la actuación del equipo como “buena en el primer tiempo, porque aguantamos bien”.

Esto lo dice todo. Para este Boca, un buen partido es “aguantar bien”. No se habla mucho de “jugar”, de “tocar”, de “llegar”, sino de “aguantar”, “defender”, “oficio” y palabras semejantes, todas relacionadas con la obtención del resultado que se vino a buscar. Todo vale (dentro del reglamento, claro) en pos del beneficio posterior. El espectáculo queda relegado en pos del objetivo.

El gran problema es cuando a los pocos minutos todo se derrumba, ya sea con o sin justicia, como el martes en el Monumental, por un penal que puede ser muy discutible (se reclama mano anterior de Nicolás De la Cruz que todo indica que existió, o es para debatir si el VAR debe entrometerse cuando no lo llaman y todo sigue sin problemas tras un fallo arbitral y nadie se queja de él) pero los grandes equipos, los campeones, son los que tienen la capacidad de recuperarse, de resiliencia, y Boca no sólo no la tiene, sino que además de jugar mucho menos que su rival, no se detiene un segundo para una autocrítica y desvía el tema con un abanico de excusas.

Boca tiene un serio problema que no comenzó ahora sino hace, por lo menos, seis años, y es que está confundido sobre lo que significa jugar al fútbol. Hay una desesperación por ganar un torneo internacional, que sería acorde al crecimiento económico de la institución, que se transmite a los jugadores y entonces los cartuchos se queman antes de tiempo, se cambian planteles y directores técnicos, y se parte, además, de la creencia de que el sistema tradicional es el de apretar los dientes, meter, trabar, transpirar la camiseta, sin dejar un mínimo lugar a la idea del disfrute y de la técnica.

Muchos hinchas y simpatizantes suelen opinar en las redes sociales, haciéndose eco de cierta prensa que cree que el mundo comenzó cuando nació, acerca de que el esquema tradicional de Boca es el 4-3-1-2. O el 4-4-2, cuando fue campeón en los años treinta y cuarenta con el 2-3-5, en los sesenta con el 4-4-2, en los setenta con el 4-3-3 (cuando Juan Carlos Lorenzo era el DT y fue bicampeón de América), y en la primera década de este siglo, con el 4-3-1-2. Esto significa que el esquema es relativo y que lo que se debe plantear es qué ocurre con el juego, con el disfrute, con la creatividad.

River viene de la catacumba, del descenso al Nacional B en 2011 que significó una mancha importante para su historia, pero desde 2014 supo cambiar con una dirigencia inteligente que además, acertó en la contratación de un gran entrenador como Marcelo Gallardo, recientemente muy elogiado nada menos que por Josep Guardiola y acaso candidato a dirigir al Barcelona en poco tiempo.

River tiene un esquema claro, una línea de juego, además, lógicamente, de la tranquilidad que dan los títulos. Pero no resulta casualidad que casi todos los refuerzos que trae le rinden, se consustancian con el plantel, suelen tener buen pie, y por si fuera poco, los jóvenes surgidos de las divisiones inferiores tienen materia prima como para proyectarse, incluso, a la selección nacional (Gonzalo Montiel, Exequiel Palacios, Lucas Martínez Quarta).

Si además de jugar infinitamente mejor, le sumamos que River va generando una superioridad sobre Boca también en lo psicológico desde que le viene ganando todas las definiciones importantes, el partido del martes 22 cobra una importancia fundamental para el equipo de Alfaro, aunque si éste sigue creyendo que todo pasa por lo mágico, por “creer que se puede”, o por el factor “Bombonera” en vez de superar por el juego, volverá a cometer otro grave y decisivo error, del que no habrá vuelta atrás.

Y probablemente otra eliminación le signifique a Boca no sólo ya un nuevo cambio de entrenador para 2020, sino incluso de comisión directiva, porque el club tiene elecciones en diciembre, y todavía queda por verse si los efectos van más allá del fútbol.

Párrafo aparte para el VAR. La tecnología siempre es bienvenida para reparar actos injustos (por ejemplo, anoche en Florencio Varela hubo un claro penal para defensa y Justicia por mano de Frank Fabra no cobrada justamente por la falta de una repetición que corrija lo que el ojo del árbitro no pudo ver), pero habría que debatir si es necesaria cuando nadie la reclama y hay un tácito acuerdo entre los dos equipos sobre el fallo del juez.

¿Debe ser penal aquél que ninguno de los veintidós jugadores vieron y nadie reclamó? ¿Tenía sentido otorgar un penal para River ante Gremio, en Porto Alegre, por la semifinal de Copa Libertadores de 2018, cuando los propios jugadores de River reclamaban córner tras el remate que pegó en la mano del defensor brasileño Bressan?¿Lo tenía cuando a los 5 minutos de un Superclásico tan importante, el VAR resolvió recordar un penal que incidió tanto en un partido cuando nadie se había percatado de la falta?

Acaso quede la chance de seguir revisando este buen sistema (pero no infalible) que, al fin y al cabo, manejan los hombres y que da lugar a que lo hagan los sistemas, y que finalmente, y por eso mismo, también termina cometiendo fallas (como bien lo saben quienes siguieron la pasada Copa América de este año en la semifinal entre Brasil y Argentina).

Tal vez una opción pueda ser la de tomar como modelo lo que sucede en otros deportes y, por ejemplo, que cada DT pueda tener derecho a pedir el VAR dos veces como máximo por tiempo.

De cualquier modo, más allá de este planteo, si Boca se queda en estas cuestiones, o simplemente en continuar sin plantearse a qué juega, es muy probable que siga atravesando situaciones conflictivas. Sin autocrítica no se llega muy lejos. Tendrá que jugar, porque no hay más remedio, si es que quiere remontar una serie muy complicada. Y en la cancha se verán los pingos.

sábado, 5 de octubre de 2019

Nacho Fernández, amigo de los jockeys y gran jugador de golf, de prestado a Témperley sin ser tenido en cuenta a Gimnasia, a ser uno de los preferidos de Gallardo en River y “cerebro” del plantel (Infobae)




Con otro gol a Boca en un partido decisivo por la ida de la semifinal de la Copa Libertadores de América, “Nacho” Fernández viene convirtiéndose en una de las figuras del River ganador de Marcelo Gallardo, con una gran proyección internacional, al punto de que un ídolo de los xeneizes, Juan Román Riquelme, sostuvo días pasados que se trata del ”mejor jugador del fútbol argentino desde hace mucho tiempo”.

Hoy se cumplen exactamente nueve años del debut de Ignacio Martín Fernández (1,82 metro, 67 kilos) en Primera División con la camiseta de Gimnasia y Esgrima La Plata, club en el que se formó en sus divisiones inferiores desde la prenovena. En aquella oportunidad, con su equipo peleando por no descender al Nacional B (no conseguiría el objetivo), “Nacho” ingresó en el segundo tiempo en el partido que su equipo perdió 2-4 ante Argentinos Juniors con los seis goles ya marcados, cuando su DT, Pablo Morant, decidió que entrara como suplente aquel 2 de octubre de 2010, aunque ya había integrado el banco de suplentes con Ángel Cappa y Diego Cocca.

Si bien “Nacho” Fernández nació el 12 de enero de 1990 en la localidad de Castelli, en la provincia de Buenos Aires, se crió en Nueve de Julio, alternando con la localidad de Dudignac, a 40 kilómetros de esta ciudad, donde su padre, Pablo, médico, al igual que su madre, sigue ejerciendo la profesión en el hospital público.

No es casualidad que “Nacho” Fernández sea futbolista. Su bisabuelo materno llegó a ser director técnico interino de Estudiantes en los años cincuenta, y Pablo, su padre, fue un buen enganche, y a veces delantero, muy hábil, jugando para el equipo San Agustín, del colegio marianista de la zona, pero como dice irónicamente el crack de River, “necesitaba dos pelotas, una para él solo, porque no se la pasaba a nadie”.

Parecida a la situación familiar de otro ídolo de Gimnasia, Guillermo Barros Schelotto, Fernández proviene de una familia de universitarios. Además de sus padres médicos, su abuelo Irineo fue odontólogo y su tío, Enrique, ingeniero civil, pero él eligió el camino del fútbol y en 2005, le apareció la oportunidad de irse a probar a Gimnasia tras haber comenzado en el Club Social y Deportivo de Dudignac, donde ya se podían notar algunas de sus condiciones: habilidad, repentización, y especialmente su visión de campo.

Las chances de irse a probar a Gimnasia aparecieron gracias a que su hermana mayor estudiaba en la universidad, en La Plata, y como fue aceptado por el club, en la pre novena, decidieron que se quedara a vivir allí con su hermana, su tía y su abuela, y pudo  atravesar todas las divisiones inferiores del club.

Al terminar su primera temporada en Primera con Gimnasia, a mediados de 2011, la crisis del club era evidente. El equipo había descendido al Nacional B, se había ido el DT Darío Ortiz, y el que lo reemplazó, en el receso, Osvaldo Ingrao, decidió ceder a Fernández a préstamo a Térmperley, que jugaba en la Primera B Metropolitana.

Lejos de ser un problema, la temporada 2011/12 en Témperley fue muy provechosa para “Nacho”, que se quedó con la titularidad y llegó a marcar 10 goles en el torneo y otro en la Copa Argentina, y los focos de varios equipos se pusieron sobre él, aunque regresó a Gimnasia para la temporada siguiente, cuando el “Lobo” pudo regresar a Primera tras acnender en 2012/13.

Al principio de la temporada en Gimnasia, no era considerado titular para el DT Pedro Troglio, pero desde que tuvo una chance en la quinta fecha, justamente ante River, ya no volvió a salir y lo ayudó mucho que enseguida marcara un gol a Rosario Central en ese Torneo Inicial 2013. De a poco se fue convirtiendo en figura y en un jugador muy querido para los hinchas, hasta que sus destacadas actuaciones atrajeron a River a finales de 2015, cuando el club también recibió ofertas de Brasil y de México.

River se había desprendido del uruguayo Carlos Sánchez y de Matías Kranevitter y era claro que su DT Marcelo Gallardo quería reforzar la mitad de la cancha, por lo que Fernández llegó como tercer refuerzo tras Nicolás Domingo y Joaquín Arzura, tras el pago de 2.100.000 dólares por el 70 por ciento del pase. Pocos meses más tarde de su salida de Gimnasia, llegó como DT Gustavo Alfaro, el actual de Boca, para reemplazar a Troglio, pero no llegaron a coincidir.

Desde ese entonces, “Nacho” Fernández se transformó en uno de los jugadores preferidos de Gallardo y decisivos en los partidos clave, con goles importantes como el de anoche o con jugadas fundamentales como la del gol del empate de Lucas Pratto en Madrid, también ante Boca, por la final de la Copa Libertadores de 2018.

No fue casual que un ídolo de Boca comoJuan Román Riquelme dijera hace pocos días que “Nacho”  “es el mejor jugador del fútbol argentino desde hace mucho tiempo, fue el que nos complicó la vida y nos dio vuelta la final en Madrid. El culpable fue él”. “Lo tomé como un halago enorme viniendo de Riquelme. Es un orgullo para mí pero todo es gracias al funcionamiento colectivo. Hoy en River todo el equipo juega bien y no hay una figura, y eso nos hace destacar a los que jugamos de mitad de cancha para arriba”, respondió entonces el volante.

Si hay una característica en Fernández es su repentización, su velocidad para la resolución, y su entorno destaca mucho su evolución a partir del trabajo en el plantel de River de la neurocientista Sandra Rossi. “Nacho” es uno de los jugadores que mejor rinde en estos ejercicios, algo que todos sus compañeros destacan.

Por esta misma razón, se ganó el apodo de “Iniesta” o “cerebro” (como también le dicen al ex jugador del Barcelona). “Es un jugador que cinco segundos antes sabe lo que va a hacer y eso le hace sacar diferencias sobre sus rivales”. “Tiene un gran control de pelota aunque físicamente es rarísimo”, contó hace poco su ex compañero Carlos Auzqui.

Con River ganó seis títulos hasta ahora,  dos Copas Argentinas (2016 y 2017), una Supercopa Argentina (2018), la Copa Libertadores 2018 y las Recopas Sudamericanas 2016 y 2019. Tiene 50 goles en 297 partidos en su carrera, 23 en 151 en River.

“Nacho” no es bueno sólo para jugar al fútbol sino que se destaca en todos los deportes que practica. Es, por ejemplo, un excelente jugador de golf, con 11 de hándicap. “Sus golpes dan rabia, de tan buenos”, comenta alguien que suele compartir con él algunos momentos.  También demuestra sus dotes en el paddle y en el ping pong y todos lo destacan como muy competitivo y autoexigente aunque también observan que dentro de la cancha de fútbol ““parece distraído pero está muy concentrado en el juego y aparece en cualquier momento, en cuestión de segundos, y define o hace definir a su compañero”.

El 23 de diciembre de 2017 se casó con Juliana, que está a cargo de una cervecería en La Plata, y suele salir poco aunque se relaciona con el mismo grupo de amigos de hace muchos años, y entre ellos cuenta con algunos jockeys, porque es muy seguidor del turf. También últimamente se lo suele ver mucho con su compañero de River Lucas Pratto, quien es nacido en La Plata.

Una característica de “Nacho” Fernández es que se lo ve siempre con aparatos dentales. Según cuentan entre los que lo frecuentan, es porque cuando era niño solía quitárselos y tuvo que continuar el tratamiento a esta edad, aunque se encuentra ya en la fase final y en poco tiempo ya no los necesitará.

A algunos les sorprendió que “Nacho” apareciera en las tribunas del estadio de Gimnasia el pasado 15 de setiembre, mezclado con los hinchas, para ver en vivo el debut de Diego Maradona como DT de Gimnasia en el partido ante Racing Club. Pero para la mayoría de los hinchas “triperos” se trata de alguien muy querido, casi familiar, tras años de haber jugado con esta camiseta.

Con nueve años en Primera división, ya aparecieron varios carteles y banderas en el Monumental o en el Juan Carmelo Zerillo, que dicen “Scaloni, Nacho es argentino”.











martes, 1 de octubre de 2019

River no debe creérsela y Boca no debe ilusionarse por el empate anterior (Jornada)




El fútbol es así. La revancha, aunque no sea exactamente igual, puede estar a la vuelta de la esquina. River y Boca saben que jamás será lo mismo que una final como la de 2018 pero que se tengan que encontrar a dos partidos en apenas una instancia menos, en semifinales de Copa Libertadores apenas nueve meses y medio después, suena a que todo es muy veloz.

Para el River de Marcelo Gallardo, es la oportunidad de la ratificación del imperio que fue construyendo en el plano internacional desde 2014, aunque con algunas dudas en cuanto a importantes fallos arbitrales y decisiones polémicas desde la dirigencia sudamericana tanto en aquel partido no terminado en los octavos de final en 2015, como en tantas circunstancias de 2018, pero también es indudable que se trata del equipo que mejor juega en la Argentina, y ganarle a Boca otra vez sería ya dejar una enorme huella en los enfrentamientos entre ambos en los últimos tiempos.

Para Boca, se trata de revertir una historia complicada en los últimos años y la última chance de su presidente, Daniel Angelici y de su comisión directiva, de ganar un torneo internacional que proyecte al equipo porque no le alcanzó con haber sido el claro dominador de los torneos locales (de los últimos cuatro de los largos, ganó tres y va puntero en esta Superliga).

Angelici finaliza su mandato en diciembre y sabe que tuvo la Copa muy cerca de sus manos en diciembre pasado, cuando Boca estuvo tres veces arriba en la final, pero River siempre logró emparejarla hasta darla vuelta en el alargue de Madrid con aquellos recordados goles de Juanfer Quintero y Gonzalo “Pity” Martínez.

Si Boca no pudo con River en estos años ni con el “Vasco” Rodolfo Arruabarrena ni con el “Mellizo” Guillermo Barros Schelotto, dos ex jugadores del club que no tuvieron como directores técnicos el nivel o la sapiencia necesaria, la tercera oportunidad es para Gustavo Alfaro, un entrenador de mucha experiencia, aunque casi siempre en equipos humildes, mucho más conservador, y que a principios de temporada llegó con la idea de cambiar el chip derrotista de un plantel que venía de una derrota muy dura, y comenzó con la idea de que los equipos se arman de atrás para adelante.

Entonces Boca fue cambiando figuritas y nueve meses más tarde, son muy pocos los que quedan de aquella final de Madrid. Apenas el arquero Esteban Andrada, los defensores Julio Buffarini, Carlos Izquierdoz y Emmanuel Mas, dos creativos que tienen poca continuidad, como Mauro Zárate y Carlos Tévez, el colombiano Sebastián Villa y Ramón “Wanchope” Ábila. Muy pocos son titulares y Alfaro fue generando un equipo duro, rocoso, muy molesto a la hora de marcar y no dejar jugar, aunque en el debe es claro que tiene el ataque, porque llega poco y con escasa cantidad de jugadores.

A Alfaro, el esquema le resultó y en general, llegó con justicia tanto a la punta de la tabla en la Superliga como a semifinales de la Copa, pero el alerta rojo está dado en que el DT pueda confiarse en el 0-0 que consiguió hace pocos días en el Monumental por el torneo local, cuando Boca no se pareció a sus equipos históricos y más bien estuvo cerca de otros conjuntos dirigidos en el pasado por Alfaro. Se dedicó a bloquear a River sin optar por jugar y se fue conforme por no haber perdido y, según el entrenador, por haber puesto “de pie” al club en el primer Superclásico después de la final de Madrid.

Pero en la Copa Libertadores, el gol de visitante vale doble. Y aquel 0-0 puede llegar a generar una vana ilusión en este caso. Porque si bien Boca es un equipo sólido al que casi no le marcan goles (apenas 2 en 13 partidos en la temporada, y uno solo a Andrada), River es el más ofensivo de todos, al punto de que en la Superliga, aún con una campaña irregular, es uno de los pocos que marcó tres goles o más en tres partidos del torneo local (3 a Lanús, 4 a Huracán y 6 a Racing), y las dos goleadas más fuertes ocurrieron fuera del Monumental.

Entonces, si sumamos que hace dos años que River no pierde un partido de visitante en la Copa (el último fue ante Lanús en la semifinal de 2017), se puede concluir que un 0-0 en el Monumental de ninguna manera garantiza la clasificación y ni siquiera una cierta comodidad en la vuelta en la Bombonera.

Pero por el otro lado, los muy buenos resultados de River ante Boca en las Copas internacionales con Gallardo desde 2014 y la final de la Supercopa Argentina en 2018, tampoco son ninguna garantía para que Gallardo, que cuenta con un equipo superior, más trabajado, más completo y más ofensivo, crea que tiene todo cocinado, porque Alfaro ha demostrado ya sus conocimientos tácticos y que al menos para anular el juego, parece estar hecho a la medida. Su desafío es el ataque propio.

Alguna vez, al comenzar la temporada, escribimos que lo que Boca necesitaba, tras la dura derrota en Madrid, era una especie de “Toto” Lorenzo como DT, alguien que, como en 1975 cuando el River de Ángel Labruna ganaba todo y se proyectaba al nivel internacional, pusiera un freno inmediato.

En aquel tiempo (verano de 1976), Lorenzo lo consiguió cambiando a casi todo el plantel y comenzando a parar a su equipo mucho más atrás que lo que jugaba hasta 1975 con Rogelio Domínguez. La gran diferencia es que aunque al DT de aquel tiempo lo tildaban de conservador, contaba con un “diez” como Mario Zanabria, dos extremos como Heber Mastrángelo y Darío Felman, y un nueve que se retrasaba como Carlos Veglio.

El Boca de hoy tiene mucho menos ambición y esa es su gran deuda y puede ser su talón de Aquiles. El de River, el exceso de confianza y la falta de gol de sus delanteros en condición de local.

Serán dos partidos de una enorme tensión. Esperemos que eso no sea un obstáculo para que ambos equipos brinden un gran espectáculo.