domingo, 3 de marzo de 2019

El Barcelona sigue siendo un problema para el Real Madrid y volvió a ganarle en el Bernabeu (Interia)




Este Clásico resultaba muy interesante desde varios ángulos. Por un lado, generaba la pregunta desde lo psicológico acerca de si Real Madrid podría superar tan rápido un 0-3 en su estadio ante este mismo rival apenas tres días atrás- Por otro, llegaban empatados en sus enfrentamientos históricos por lo que si ganaba el Barcelona, por primera vez se pondría adelante en los enfrentamientos entre sí. Y además, resultaba la última chance de los blancos por sumarse a la lucha por el título de la Liga, en la misma semana que se quedaron fuera de la Copa del Rey.

Desde la misma salida de los equipos al campo de juego del estadio Santiago Bernabeu, ya pudo notarse un cambio fundamental en la alineación del Barcelona. Su entrenador, Ernesto Valverde, hizo caso a lo que dijo tras el partido del pasado miércoles, cuando admitió que aunque hubo a su favor una ventaja de tres goles, no le gustó el funcionamiento de su equipo.

Entonces, Valverde optó por quitar al portugués Nelson Semedo como lateral derecho para bajar a ese lugar a Sergi Roberto, con lo cual tuvo más posibilidad de sumarlo al mediocampo por su experiencia en esa zona, y sumó a la zona de volantes a Arthur, una especie de “Xavi Hernández” brasileño. De esta manera, armó un rombo, con Sergio Busquets más atrás, Lionel Messi más adelante, y el citado Arthur e Iván Rakitic por los costados.

Así fue que el Real Madrid, a diferencia del miércoles, cuando dominó absolutamente en la primera parte ante un Barcelona muy metido atrás, esta vez no encontró las mismas posibilidades de atacar porque se encontró con un equipo azulgrana más clásico, más cercano a su juego de siempre, si bien Messi otra vez no lució (extrañamente fuera del partido, más allá de sus pinceladas geniales), Ousmane Dembélé apareció errático por la banda, y por si recibía alguna jugada de peligro, Gerard Piqué volvió a demostrar su gran jerarquía como defensa central.

Este Real Madrid, además de que no le puede encontrar la vuelta al juego del Barcelona, sigue teniendo algunos déficits propios, como la aguda falta de definición desde que perdió a Cristiano Ronaldo, y porque cuenta con jóvenes valores de mucha proyección (Vinicius Junior, Reguilón, Asensio, Lucas Vázquez) pero que aún no han madurado lo suficiente, y en cambio, enfrente, ha tenido por dos veces en una misma semana, a un conjunto ya muy amalgamado, con jugadores hechos.

Uno, el Barcelona, se encuentra tratando de aceitar sus mecanismos para el abordaje final a los tres frentes para llevarse todos los títulos, Liga, Copa del Rey, y Champions League. El otro, se encuentra en una etapa de transición, a la espera de que finalice la temporada y su presidente, Florentino Pérez, tenga que decidir a qué entrenador traer y seguramente, la salida de históricos como Marcelo, Isco, Vale, y acaso Toni Kroos, Luka Modric y Keylor Navas. Habrá renovación casi total.

Mientras tanto, el Real Madrid salió como pudo a buscar el partido y chocó contra un muro defensivo, un mediocampo con mucho más juego que el miércoles, y a los 26 minutos de la primera parte, con un golazo de Rakitic por la derecha, que definió magistralmente a la salida de Thibaut Courtois.

Desde entonces, los blancos entraron en una aceleración que no les era conveniente ante un rival mucho más sereno, confiado, y que tuvo esta vez la táctica adecuada para hacer circular la pelota, con un impecable Busquets en el quite, y una defensa bien parada.

Solari, en la segunda parte, buscó variantes primero apelando a la técnica en velocidad del joven uruguayo Federico Valverde, pero no le alcanzó. Tampoco con sumar a Asensio, y ya desde los últimos quince minutos, lo intentó con Isco, para lo cual quitó del campo al único volante de marca y equilibrio que le quedaba, el brasileño Casemiro. De esta forma, se jugó todo al empate y rompió el partido: era matar o morir, ataque y defensa, sin mediocampo, que sólo se convertía en zona de tránsito.

Pero eso, ante este Barcelona, es muy difícil. Messi siempre es motivo de preocupación, aunque se haya movido menos que otras veces. Suárez (más aún después de los goles del miércoles), también, y Valverde hizo ingresar a Semedo y al chileno Arturo Vidal para dar aire en el medio, así como a Coutinho por el errático Dembélé, aunque no cambió el panorama ofensivo (el volante chileno, en cambio, sí funcionó).

No puede decirse que haya sido un Clásico brillante. Incluso, hubo algunas acciones muy duras, como el manotazo de Sergio Ramos a Messi al final de la primera parte, sin sanción por parte del experimentado árbitro Undiano Mallenco, pero se generó un partido de muchas llegadas (la mayoría mal finalizadas) y nos entregaron un concepto claro: a este Real Madrid de transición sólo le queda la Champions y marzo recién comienza. Y si bien es un torneo que últimamente le ha sonreído, no siempre sale todo perfecto y un mal paso lo dejará vacío y con demasiada comidilla para los rumores a futuro.

El Barcelona, por contrario, tiene el desafío, además de pelear en los tres frentes (Copa, Liga y Champions), que si su juego se parece más al de hoy tendrá muchas más chances de conseguir sus objetivos que si se parece al del miércoles. Ganó las dos veces, pero su juego no fue el mismo una y otra vez. De su inteligencia para interpretar ambos partidos dependerá su futuro en esta temporada.

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