lunes, 17 de junio de 2019

La selección argentina, aún con Messi, sigue diluyéndose por su desastre institucional y su caída no se detiene (Interia)



                                                       Desde Belo Horizonte



Faltan apenas horas para un nuevo entrenamiento de la selección argentina que, pese a todo, sigue teniendo en sus filas al mejor jugador del mundo, Lionel Messi, y acaso sólo por eso concita tanto interés de la prensa. Sin embargo, no hay noticias ni sobre cuándo se ejercitarán nuevamente los jugadores, ni si la prensa podrá estar presente o no. Recién se resuelve sobre el final del día, casi en el borde del día siguiente.

Esto que parece apenas un nimio detalle, no lo es. El fútbol argentino tiene un presidente de la federación (AFA) al que todos llaman por el apodo (“Chiqui”, abreviatura de “Chiquito”) aunque se llame Claudio Tapia, quien se manifiesta hincha de Boca Juniors, el club más popular del país, aunque representa a un club pequeño de la Tercera División, Barracas Central, que acaba de ascender a Segunda en un escandaloso torneo que cambió de formato en la mitad de su transcurso.

Y entonces, tampoco puede sorprender que el entrenador de una selección nacional que ganó dos Mundiales, catorce Copas América, dos medallas doradas olímpicas, y que disputó cinco finales de Mundiales, sea Lionel Scaloni, alguien que cae bien al plantel desde lo personal pero que, aunque parezca mentira, jamás había dirigido a un equipo, ni siquiera de clubes, antes de llegar a este máximo cargo.

Scaloni, quien jugó más de dos décadas, fue campeón mundial juvenil con la camiseta argentina en Malasia 1997, formó parte del cuerpo técnico de Jorge Sampaoli en la frustrante participación albiceleste en Rusia 2018 y cuando los demás renunciaron, a él le ofrecieron seguir en el máximo lugar porque aunque Argentina tiene en el exterior entrenadores como Mauricio Pochettino (Tottenham), Diego Simeone (Atlético Madrid), Eduardo Berizzo (selección de paraguay), Ricardo Gareca (selección de Perú), Marcelo Bielsa (Leeds United) o Jorge Célico (tercero con Ecuador en el reciente Mundial sub-20 de Polonia), casi nadie quiere tomar ese cargo porque no encuentran seriedad institucional.

Entonces, no es de extrañar que Scaloni atribuya la clara derrota en el debut argentino por 2-0 ante Colombia, al, mal estado del césped (como si para el rival sí estuviera en buenas condiciones) o no haga en público la más mínima autocrítica.

Colombia también comenzaba, oficialmente, un ciclo nuevo en esta Copa América, con el portugués Carlos Queiroz (ex selección de Portugal y Real Madrid) y muchos otros equipos se están armando, pero ya se ve en este conjunto una idea de equipo, una pretensión de juego, algunos conceptos de ataque o defensa.

En cambio, el equipo argentino da una imagen anárquica en los buenos momentos, muy pocos, o en los malos (la mayoría). No hay una idea madre y da la sensación de que aún teniendo a Messi, prefiere entregarle el balón a su rival porque no sabe muy bien qué hacer con él cuando lo tiene.

Chances de seguir en la Copa América tiene, porque lo ayudó la suerte y Paraguay no pudo vencer a Qatar por el mismo grupo (2-2) por lo que si Argentina vence a Paraguay el miércoles próximo en Belo Horizonte, hasta alcanzará el segundo puesto del grupo B y a los cuartos de final se clasifican dos de cada uno de los tres grupos y hasta dos de los tres terceros.

El problema no está, entonces, tanto en la clasificación o no a la fase siguiente, sino en la pregunta sobre por qué pasan los años y la selección argentina no encuentra un rumbo, mientras Uruguay (que goleó 4-0 a Ecuador), Brasil (que debutó con un 3-0 a Bolivia y sin Neymar) o Colombia, cada vez se alejan más.

Y la respuesta no parece comenzar en el césped sino bastante más afuera, en las instituciones que rigen el fútbol argentino. En la Argentina hay una frase que dice que la culpa no la tiene el cerdo, sino quien le da de comer. Aquí, en esta Copa América, por cómo van las cosas, podría emplearse perfectamente.

No hay comentarios: